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viernes, 21 de marzo de 2025

LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL (1939-1945)

La Segunda Guerra Mundial fue el conflicto bélico más importante del siglo XX. Entre 1939 y 1945, Europa vivió el enfrentamiento de dos grandes alianzas: las potencias del Eje, con Alemania, Italia y Japón como principales protagonistas, y los Aliados, con Estados Unidos, Reino Unido, Francia y Rusia, entre otros. Desde el comienzo de la guerra con la invasión de Polonia y las posteriores guerras relámpago desarrolladas por los nazis hasta el Día de la Victoria, tuvieron lugar batallas de relevancia como Dunkerque, Stalingrado, Iwo Jima o Berlín, así como asesinatos masivos como el Holocausto o el bombardeo de Hiroshima y Nagasaki. La pérdida en vidas humanas se cifra entre 50 y 70 millones de personas, al tiempo que el Viejo Continente quedó dividido en dos bloques antagónicos. Descubre cómo la mayor alianza militar de la historia fue capaz de frenar el ascenso del nazismo y el fascismo y aprende más sobre personajes decisivos como Churchill, Stalin, Hitler, Mussolini o Goebbels.


Guerra total, guerra mundial 

El 1 de septiembre de 1939 el ejército alemán cruzaba la frontera con Polonia. El 3 GB y Francia declaraban la guerra a Alemania. Comenzaba la IIGM. Se originó en Europa y, en sus primeros compases, fue un conflicto interno, después extendió por todo el planeta y alcanzó a la mayoría de la población mundial. Fue una guerra de gran duración, en parte por las victorias iniciales alemanas y su control en toda Europa, lo que obligó a una larga etapa de recuperación. Fue una guerra total ya que afectó a soldados y población civil. Los bombardeos aéreos sobre ciudades y las actuaciones de los ejércitos de ocupación provocaron una sangría de la población civil sin precedentes. A diferencia de la anterior, puede ser considerada más una guerra ideológica que entre estados; en más de un país hubo fuertes divisiones y enfrentamientos internos, cuando no una guerra civil entre simpatizantes del fascismo y antifascistas, que agrupaban desde liberales a comunistas.


La guerra condicionó la economía de los países, cuyos recursos se emplearon con un objetivo bélico. Además, impulsó la investigación en la industria de guerra y en aquella cuyo objetivo era producir materiales para el frente, como los productos sintéticos. El Estado, de nuevo, tomó las riendas de la economía, y la mujer volvió a ocupar puestos de trabajo en fábricas y oficinas, esta vez sin la pretensión de abandonarlos luego. 

En innovaciones técnicas en materia militar, la más importante fue la aviación. Aparecieron los bombarderos cuatrimotores, capaces de transportar gran número de bombas. Antes de la guerra ya se pensaba en el uso de bombarderos para la destrucción de la industria enemiga o debilitar psicológicamente a la población. Alemania ya lo había probado en la Guerra Civil. Fue usado con cautela en los primeros momentos, pero con la Batalla de Inglaterra, ambos contendientes atacaron ciudades enemigas. En ataque de centros industriales, los bombardeos fueron ganando, según avanzaba el conflicto, en táctica y exactitud, aumentando los daños. La superioridad aliada se evidenció con los B-17, capaces de transportar bombas a gran distancia. Tanto las potencias del Eje como los aliados mantuvieron una carrera por conseguir la bomba atómica. Los primeros fueron los estadounidenses, con ayuda de científicos huidos de Alemania. 

En tierra lo más destacado fue el uso masivo de carros de combate. En principio Alemania utilizó los tanques en situaciones en las que había una superioridad del enemigo. Esta táctica fue clave en la guerra relámpago durante los primeros meses. En años siguientes los aliados perfeccionaron carros y su uso, y terminaron siendo superiores. Aparecieron armamentos individuales como armas anticarro y fusiles de asalto, que aumentaban la capacidad de fuego. 

Los alemanes continuaron fabricando cañones de grandes dimensiones, aunque sin efectividad. 

En el mar, los submarinos volvieron a destacar, al igual que los grandes buques. Más novedosos fueron los portaaviones. Otros barcos y lanchas para el traslado de tropas y desembarcos cumplieron una misión fundamental. El radar fue importante para la guerra aérea y marítima. Las armas químicas y bacteriológicas apenas se utilizaron a diferencia de la anterior contienda. 

El desarrollo de la contienda 

“Blitzkrieg” (1939-1941) 

El avance de las fuerzas armadas alemanas —Wehrmacht— en Polonia fue rápido. Las divisiones acorazadas con el apoyo de la aviación —Luftwaffe— facilitaron la penetración de los soldados alemanes que invadieron en poco más de un mes el territorio polaco. Era la guerra relámpago (Blitzkrieg). Alemania no podía permitirse una guerra de desgaste. El Estado nazi no pensaba entrar en guerra hasta 1944, por lo que al inicio del conflicto el ejército no estaba completamente preparado. 

Necesitaba una victoria rápida para ganar tiempo. A los pocos días del ataque alemán, el 17 de septiembre, la URSS había penetrado en la Polonia oriental, de acuerdo al pacto firmado en agosto. El 28 de septiembre Varsovia era ocupada y el 6 de octubre desaparecía la resistencia. Alemania se anexionaba Danzig, Posnania y Alta Silesia, y la URSS volvía a ocupar los territorios arrebatados el fin de la IGM. El estado polaco quedó como un pequeño territorio alrededor de Varsovia y Cracovia. A su frente se situó al nazi Hans Frank, como gobernador al servicio del Reich. 


Guerra de Invierno (1939-1940)

A las puertas de una nueva guerra total en Europa, tanto la Unión Soviética, como la Alemania Nazi vieron la necesidad de cubrir sus territorios para estar preparados para la contienda. De este modo, los soviéticos quisieron proteger su territorio en el norte, próximo a Finlandia. Así, la URSS exigió al gobierno finlandés que replegara la frontera 25 kilómetros para que el Ejército Rojo pudiese fortificar la zona ante una posible incursión enemiga.

A diferencia de Suecia, Finlandia nunca intentó fingir neutralidad. Durante la guerra, 8.000 soldados finlandeses lucharon junto a los nazis contra la URSS. Muchos sirvieron en las divisiones Panzer SS nazis entre 1941 y 1943. Un informe de 248 páginas publicado por el gobierno finlandés en 2019 documentó que al menos 1.408 voluntarios finlandeses sirvieron en la división Panzer SS y llevaron a cabo atrocidades masivas, incluido el exterminio de soviéticos y otros crímenes de guerra.

Finlandia compartía una frontera de más de 1.300 kilómetros con la URSS, que incluye un área a 40 kilómetros de distancia de lo que entonces era Leningrado y hoy San Petersburgo, un objetivo muy goloso para los nazis.

Los dirigentes soviéticos habían estado observando la preparación de la maquinaria de guerra nazi, que se dirigía hacia ellos desde el momento en que se alcanzó el Acuerdo de Munich de 1938, que vio la destrucción de Checoslovaquia con el beneplácito de las potencias occidentales.

El rechazo de Finlandia al acuerdo de cooperación dio lugar a que en noviembre de 1939 la URSS tomara la iniciativa atacando primero, lo que provocó la pérdida de 20.000 soldados finlandeses, el 11 por cien de su territorio, que representaba la tercera parte de su potencial económico. La “guerra de invierno”, que duró cuatro meses, terminó en marzo de 1940 con una Finlandia reducida y humillada por la URSS.  

El 30 de noviembre de 1939, los soviéticos atacaban y los finlandeses se refugiaban tras la línea Mannerheim. URSS era expulsada de la Sociedad de Naciones en diciembre por ello. A pesar de la ayuda que ingleses y franceses enviaron a finlandeses, la guerra concluyó en marzo de 1940. Por el tratado de Moscú, URSS ocupaba Hango, las islas Åland, Carelia y Besarabia, aunque Finlandia mantenía su independencia. 

Después de casi 5 meses luchando, la Guerra de Invierno concluyó con el “Tratado de Paz de Moscú” en el que los dos países acordaron terminar con la guerra bajo unas condiciones. Finlandia acabó cediendo cerca del 10 % de su territorio, un 20 % de su capacidad industrial y el 33 % de sus instalaciones productoras de energía hidroeléctrica, a la Unión Soviética. 

Aunque, objetivamente la URSS logró satisfacer sus demandas iniciales en tierras finlandesas, la Guerra de Invierno fue un duro golpe para la URSS y el Ejército Rojo, puesto que la contienda fue un desastre militar para los soviéticos. De esta manera, el odio que Finlandia cogió a la URSS sirvió para que los finlandeses se aliaran con los nazis y comenzaran la “Guerra de Continuación” año y medio más tarde.


Frente occidental

El frente occidental se había convertido en una guerra de posiciones. Los franceses detrás de la línea Maginot, mientras los alemanes tras la de Sigfrido. Ambas se consideraban seguras contra el ataque de carros de combate. 

Este estancamiento sin enfrentamientos supuso que se hablara de “guerra de pega” o “guerra en broma”. Todavía se pensaba que el conflicto se podía solucionar sin lucha. Hitler realizó una oferta de paz a las dos potencias occidentales que fue rechazada. Ambas partes intentaban ganar tiempo. 

Pasado el invierno los alemanes reiniciaron su política de expansión. El 9 de abril atacaban Noruega. Esgrimían que los ingleses intentaban cortar la llegada de hierro sueco a la industria alemana mediante minas en aguas noruegas. A principios de mayo el sur del país escandinavo estaba ocupado. El Rey Haakon huyó a Inglaterra, mientras se instauraba un gobierno provisional presidido por Vidkun Quisling, militar noruego fundador del partido nazi en su país. 

Al mismo tiempo, los alemanes invadían Dinamarca. Debido a la superioridad alemana y a la política de neutralidad danesa, el país capituló en apenas seis horas, convirtiéndose en la campaña militar más corta de los alemanes en la Segunda Guerra Mundial.

El 10 de mayo, el ejército alemán atacaba el frente occidental. La guerra relámpago con ataque masivo de carros de combate combinado con bombardeos y paracaidistas surtió efecto demoledor. En dos días los alemanes ocupaban Países Bajos y Bélgica. Los holandeses capitularon. Los aliados esperaban el ataque por Bélgica, pero el avance se produjo en las Ardenas, que los franceses consideraban imposible de traspasar con carros de combate. El 27 el rey belga, Leopoldo III, pidió el armisticio. El ejército aliado quedaba en situación comprometida y se retiraron a Dunquerque para evacuar a Inglaterra el mayor número de soldados, embarcando más de 330.000 hombres, aunque 40.000 franceses que cubrían la retirada fueron hechos prisioneros. 

Las divisiones de carros blindados alemanes cruzaron la línea Maginot en el extremo noroccidental, donde no había terminado de construirse. Avanzaban hacia el sur de Francia, mientras el gobierno de Paul Reynaud se instalaba en Burdeos. El 13 de junio el ejército alemán desfilaba por París. Reynaud dimitió, sustituido por el mariscal Petain, que firmó el armisticio el 22 de junio. El III Reich ocupó 2/3 del territorio, quedando el restante en manos del gobierno colaboracionista ubicado en Vichy, bajo presidencia de Petain. 


Mussolini también atacó Francia, pero cuando las posibilidades de defensa eran mínimas. El 10 de junio invadía territorios fronterizos y luego se dirigió a Grecia y el norte de África. La entrada de Italia en la guerra implicaba que el Mediterráneo se convertía en lugar de conflicto. En este punto la ayuda de España era fundamental. Dos días después de la entrada de Italia, Franco abandonaba la neutralidad y se declaraba “no beligerante”. El 14 ocupaba la ciudad internacional de Tánger y planificaba invadir Gibraltar, lo que supondría la entrada de España en guerra. Pero el agotamiento de España por la guerra civil y la falta de buen equipamiento del ejército no lo facilitaba. 

En la reunión entre Hitler y Franco en Hendaya, el 23 de octubre de 1940, el Führer se mostró dispuesto a ayudar a España, y Franco expresó su interés por participar en la guerra al lado del Eje, convencido de la victoria fascista, y admitió la futura adhesión al Pacto Tripartito, pero no fijó el momento de la incorporación a las operaciones bélicas. En los meses siguientes, Hitler presionó para la incorporación de España a la guerra, pero entre los dirigentes franquistas se imponía la prudencia. 


La Batalla de Inglaterra 

Tras caer Francia, los alemanes consideraron invadir GB. Allí, el conservador Winston Churchill era primer ministro en un gobierno de Unidad Nacional tras la salida de Neville Chamberlain, quien continuó vacilando incluso tras la ocupación alemana de Noruega. Churchill en su primer discurso dijo que no tenía nada más que ofrecer que “sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor”, y se comprometió a luchar hasta el final.

Tras la evacuación de las tropas británicas en Dunkerque y la derrota francesa, era evidente que el siguiente paso que adoptaría Hitler sería la conquista de las Islas británicas. Sin embargo, la superioridad de la marina británica sobre la alemana, alejaba el peligro de un desembarco inmediato. 

El julio de 1940 se iniciaba el “Blitz”, una batalla fundamentalmente aérea en la que grandes formaciones de aviones alemanes llevaron a cabo constantes incursiones en territorio británico. Las principales ciudades del Reino Unido, especialmente Londres, fueron bombardeadas, a pesar de la contundente oposición de la RAF (Royal Air Force) británica.

La Batalla comenzó el 10 de julio de 1940. Hitler, en un último intento de conseguir la desunión entre las potencias aliadas lanzó una proposición de paz a los ingleses el 19 de julio, que fue rechazada. La invasión no podría realizarse sin dominar antes el espacio aéreo, así que la Luftwaffe bombardeó intensamente ciudades y fábricas (Blitz). Los objetivos no eran solo militares, sino también y, esencialmente, civiles. Los bombardeos se desarrollaron con la pretensión de desmoralizar a los británicos y forzar la capitulación del gobierno. Londres, Coventry, Liverpool, Portsmouth y otras importantes ciudades sufrieron graves desperfectos, la población civil cuantiosas bajas. Muchos niños fueron evacuados a las áreas rurales para ponerlos a salvo de las bombas.

Pero los alemanes nunca controlaron el mar y el aire como para ocupar Inglaterra. En octubre de 1940, tras la grave derrota sufrida el 15 de septiembre por la mayor concentración de aparatos alemanes que volaban hacia Londres, el Alto Mando Alemán dio por concluidas las misiones aéreas. La invasión de Inglaterra quedó aplazada sine die. Hitler decidió posponer la invasión y avanzar hacia el este. 


Otros frentes: Norte de África

La entrada de Italia en la guerra vaticinaba un enfrentamiento en el Norte de África. Los italianos, con sus colonias de Libia y Abisinia, entraron en colisión con los ingleses, asentados en Egipto y África Oriental. El 13 de septiembre, penetraron en Egipto con objetivo de avanzar al Canal de Suez, lo que implicaba el control del Mediterráneo. El ejército italiano contó con la ayuda del Afrika Korps alemán, dirigido por el mariscal Erwin Rommel, y con colaboracionistas franceses de Vichy, que aportaron suministros a través de Túnez. 



En el sur de Europa el avance italiano sobre Grecia coincidió con el ataque alemán sobre Yugoslavia, lo que provocó la retirada de más de 10.000 soldados ingleses hacia el mar. Países de la zona como Hungría, Rumanía y Bulgaria se adhirieron a la alianza militar de las potencias del Eje. En los meses siguientes nuevos países como Yugoslavia y Croacia entraban en la órbita de los dominadores de Europa. 

La “Operación Barbarroja”: el ataque a la Unión Soviética

El pacto germano-soviético de 1939 nunca fue entendido por las potencias occidentales y seguramente tampoco gozó de plena confianza entre los firmantes. El avance de la URSS hacia los Balcanes y los intereses alemanes en la zona, con la incorporación de parte de estos territorios, llenaba de interrogantes el mantenimiento del pacto. Hitler, consciente de las riquezas naturales de la URSS, inició el 22 de junio de 1941 el plan Barbarroja. Más de 3 millones de soldados atacaron la URSS. El avance fue espectacular. En otoño, los alemanes se habían apoderado de la Rusia Blanca, ocupaban parte de Ucrania, Leningrado estaba sitiado y sus tropas estaban a 35 km de Moscú. Pero el invierno y la resistencia rusa detuvieron el avance a principios de diciembre. 



Mientras, los japoneses bombardeaban la base norteamericana de Pearl Harbor (7 de diciembre de 1941), en las Islas Hawái. Japón llevaba a cabo una política expansionista en Asia y reclamaba su “gran espacio oriental”. 

En China, había colocado un gobierno títere en Nan-Kin, en verano de 1937, y habían ocupado Indochina en julio de 1941. EE.UU. reaccionó embargando exportaciones de productos importantes para la economía japonesa (hierro y acero), y en noviembre de 1941 exigió el fin de ambas ocupaciones. 

A pesar de que los intereses de ambas naciones terminarían chocando en el Pacífico y que sus relaciones estaban deterioradas, el ataque a Pearl Harbor fue una sorpresa. Al día siguiente, EE.UU. y GB declaraban la guerra a Japón. El 11 de diciembre, Alemania e Italia hacían lo propio con EE.UU. 

1942, el dominio del Eje 

Las potencias del Eje consiguieron durante 1942 la máxima extensión de su dominio. Cuatro zonas van a marcar el fuerte empuje de sus ejércitos: el Pacífico, el Norte de África, el Atlántico y la Unión Soviética. 

En enero de 1942, 26 países, entre ellos las principales potencias, GB, URSS y EE.UU., decidieron no acabar la contienda hasta la derrota total del Eje. EE.UU. y GB coordinaron sus actuaciones bélicas en un Estado Mayor 

Combinado y dieron prioridad a la guerra en Europa postergando el Pacífico. Así, los japoneses lograron importantes avances tras Pearl Harbor. En los primeros 5 meses de 1942 ocuparon: Malasia, Indonesia, Filipinas, Birmania, Hong Kong, Guam, Nueva Guinea y amenazaban Australia. 

En el Norte de África, tras el avance italiano, los ingleses, a comienzos de 1941, habían entrado en Libia y Etiopía, poniendo fin al dominio italiano en la zona. El protagonismo pasó a manos del Afrika Korps de Rommel, que a mediados de 1942 había penetrado en Egipto. Los panzer alemanes lograron avanzar, a finales de agosto, hasta El Alamein, a 100km de Alejandría, con lo que la amenaza se cernía sobre el Canal de Suez. 

Los submarinos alemanes controlaban las aguas del Atlántico. A principios de 1942, EE.UU. no estaba completamente preparado para la guerra y pasaba por un momento de movilización y producción de material bélico. 

Así que buena parte de ese año, barcos ingleses y norteamericanos sufrieron ataques incluso cerca del continente americano, imposibilitando la salida de tropas estadounidenses a Europa. 


La ofensiva alemana en la URSS tuvo su punto álgido en 1942. Hitler destituyó al general Von Brauchtisch y tomó el mando de las operaciones. En mayo de 1942, intensificó el ataque sobre Crimea. En los meses siguientes dirigió sus fuerzas a los campos petrolíferos del Cáucaso y Stalingrado, donde más de 22 divisiones intentaron cruzar el Volga. 

Los rusos perdieron en esta batalla, la más atroz de toda la guerra, a más hombres que EE.UU. en toda la contienda. 

Igual de terrorífico fue el asedio de Leningrado que duró 900 días, de septiembre/1941 a enero/1944. La resistencia rusa en todos los frentes fue excepcional en unos momentos muy delicados: la cuenca industrial del Don estaba ocupada, al igual que la zona de Ucrania, lo que provocaba escasez de alimentos. Los soviéticos decidieron el traslado de la industria hacia el este. Con esta decisión se aseguraban la continuidad de una producción que, a pesar de todo, no había sido seriamente dañada. 


Todo comenzó a cambiar a finales de 1942. Los estadounidenses, al mando del general Douglas MacArthur, consiguieron victorias importantes liberando a Australia de la presión japonesa. Al final de año los americanos desembarcaban en Guadalcanal, en Islas Salomón, lo que suponía el fin del avance japonés y el inicio de la contraofensiva. La fuerza submarina alemana fue perdiendo efectividad en el Atlántico, con lo que los aliados empezaron a planificar la invasión de Europa desde Inglaterra. En el Norte de África las tropas inglesas de Montgomery lograron contener en octubre de 1942 a los alemanes en El Alamein; un mes más tarde, el general Eisenhower, al mando de tropas estadounidenses, desembarcaba desde el oeste. Ambos ejércitos vencieron en Túnez a Rommel en mayo de 1943. Por último, los soviéticos lograron la victoria en Stalingrado, en febrero de 1943, donde capitularon 330.000 alemanes. Los rusos comenzaron a avanzar hacia el oeste. 

La victoria aliada 

Batalla de Kursk: el enfrentamiento de tanques más grande de la historia

Entre julio y agosto de 1943 , las fuerzas soviéticas🔰 infligieron una aplastante derrota a los invasores fascistas en la Batalla de Kursk. Este enfrentamiento, librado entre julio y agosto de 1943, marcó un punto de inflexión en la Segunda Guerra Mundial.

Fue el escenario de uno de los mayores enfrentamientos de blindados de la historia. El Ejército Rojo, decidido a detener la ofensiva enemiga, sorprendió a los alemanes con su superioridad numérica y una estrategia de desgaste. 

Por un lado, las fuerzas alemanas contaban con aproximadamente 2.828 a 3.253 carros de combate y cañones de asalto, respaldados por 9.467 piezas de artillería y morteros. En el bando soviético, entre 4.900 a 5.500 carros de combate, junto con 25.000 piezas de artillería y morteros. 
Pero no olvidemos a los valientes soldados, según fuentes de la época: el Ejército Rojo desplegó una fuerza de 1.910.361 hombres, mientras que las filas alemanas habían entre 777.000 y 957.000 combatientes. La batalla fue un choque titánico, donde la maquinaria de guerra y la valentía humana se entrelazaron en una lucha épica por la supervivencia
.
A medida que los tanques de ambos bandos se enfrentaban en un caos inicial, los defensores soviéticos resistieron tenazmente. La batalla se convirtió en un campo de acero y fuego, donde cada metro ganado costaba sangre y sudor.


Frente Occidental

Desde África, las tropas aliadas cruzaron el Mediterráneo y en julio de 1943 entraron en Sicilia. Ante el avance aliado, Mussolini dimitió y fue detenido. Víctor Manuel II, nombró un gobierno que solicitó el armisticio —3 de septiembre— y declaró la guerra a Alemania. Italia fue admitida como “cobeligerante” por los aliados. Los alemanes invadieron el norte de Italia, mientras que Mussolini escapaba de su encierro ayudado por tropas alemanas el 22 de septiembre y se desplazaba al norte donde fundó la República Social Italiana —República de Saló— bajo protección alemana. El 4 de junio de 1944, los aliados entraban en Roma; y en abril de 1945, los partisanos detenían a Mussolini cuando intentaba huir. Fue fusilado y descuartizado. 

República de Saló

Dos días después de la entrada aliada en Roma, el 6 de junio de 1944, empezaba  El Desembarco de Normandía u operación Overlord: 100.000 hombres, principalmente ingleses y norteamericanos, desembarcaban al mando de Eisenhower en Normandía, el mayor desembarco de tropas por mar realizado en la historia. 

Garbo, el doble agente español Juan Pujol, fue crucial para el desembarco de Normandía al engañar a los alemanes durante la Operación Fortitude, haciendo que creyeran que la invasión principal sería en Calais, no en Normandía. Su credibilidad era tal que incluso tras el desembarco de Normandía los alemanes siguieron creyendo la mentira, concentrando a dos divisiones acorazadas y diecinueve de infantería en Calais en vez de contraatacar la cabeza de puente conseguida por los aliados. Con esta artimaña Pujol contribuyó de manera decisiva al éxito de la campaña de Normandía, y a la caída de la Alemania nazi.
Normandía

Con los problemas en casa bajo control, Garbo se lanzó a su engañó más audaz hasta la fecha: amenazar con un falso desembarco en Calais para desviar la atención alemana de Normandía antes del Día D. Como parte de la operación Fortitude, que incluía a creación de un ejército fantasma de 150.000 soldados la mando de Patton en Dover equipados con tanques hinchables, Pujol confirmó a sus contactos en la Abwehr la inminencia de un ataque a Calais, ciudad que estaba siendo bombardeada día y noche por los aliados. 

Su credibilidad era tal que incluso tras el desembarco de Normandía los alemanes siguieron creyendo la mentira, concentrando a dos divisiones acorazadas y diecinueve de infantería en Calais en vez de contraatacar la cabeza de puente conseguida por los aliados. Con esta artimaña Pujol contribuyó de manera decisiva al éxito de la campaña de Normandía, y a la caída de la Alemania nazi.

El avance fue más complicado que la entrada por el sur de Italia debido a las importantes fortificaciones construidas por el ejército alemán. Además, el mejor estado de las carreteras hacía que la comunicación entre las zonas de defensa fuera más fluida. París fue liberada el 25 de agosto. 


En el sur los aliados desembarcaron en Provence el 15 de agosto y ocuparon Marsella el 23. Ambos contingentes se unieron en la zona de Dijon a mediados de septiembre. A finales del mismo mes cruzaban la frontera con Alemania en dirección a Berlín. 


En 1944, los rusos expulsaron a los alemanes de Ucrania, la Rusia Blanca, los Estados Bálticos y Polonia oriental. 

Levantamiento de Varsovia

El martes 1 de Agosto de 1944 a las 17.00 (nombre en código "W", por la libertad), estalló el Levantamiento de Varsovia . Fue uno de los hechos más importantes y, al mismo tiempo, más dramáticos registrados en la historia de la ciudad. Planeado para varios días, duró más de 2 meses!!

En el verano de 1944, el Ejército Nacional Polaco clandestino (Armia Krajowa) lanzó la operación. Polonia había sufrido cinco años de una brutal ocupación alemana, pero esperaba que los soviéticos llegaran pronto a la capital polaca al acercarse por el Este.

La insurrección de Varsovia comenzó el 1 de agosto de 1944, a las 17.00 horas. Ese momento se llama ahora en la historia polaca "Godzina W" (la hora W), en la que la W representa a Varsovia.
Del lado polaco había entre 25.000 y 35.000 combatientes. Pero los historiadores dicen que sólo uno de cada 25 combatientes estaba armado. Los alemanes, por su parte, tenían un número comparable de soldados, pero estaban mucho mejor equipados.

El plan de los comandantes de la 'Armia Krajowa' era mantener la ciudad durante 14 días, pero la insurrección duró 63.

Durante los primeros cuatro días, la resistencia de los alemanes no fue muy fuerte y los insurgentes pudieron capturar, con la ayuda de los habitantes, una parte significativa de la ciudad. Para el 5 de agosto, los alemanes comenzaron a intensificar sus esfuerzos, luchando no sólo contra los insurgentes sino también contra civiles.

'Armia Krajowa' perdió progresivamente todas las partes confiscadas de la ciudad y se rindió el 3 de octubre.


En agosto llegaban a Varsovia, y en los meses siguientes a Rumania, Bulgaria y Hungría. En febrero alcanzaban el Oder, a menos de 100km de Berlín, donde el general Zhukov reagrupó fuerzas. 

La Batalla de Berlín

Mientras, los aliados se detuvieron en el oeste cerca de Berlín. Eisenhower permitió que fueran las tropas rusas las primeras en entrar en la capital, como reconocimiento al sacrificio realizado. De este modo, los mariscales Gueorgui Zhúkov y Ivan Kónev comandaron la ofensiva soviética hasta llevar al Ejército Rojo hasta las mismas puertas de Berlín. La batalla por la toma de Berlín duró 16 días, pero finalmente los soviéticos lograron doblegar a los nazis y forzaron la rendición de éstos. Así pues, los soviéticos consiguieron izar la bandera con la hoz y el martillo en el corazón del III Reich.

El mariscal Zhukov escribe: "El 20 de abril, a las 13:50, la artillería de largo alcance del 79º Cuerpo de Fusileros, comandada por el coronel general Kuznetsov, abrió fuego contra Berlín. Comenzó el histórico asalto a la capital de la Alemania nazi".

El consejo militar del 1er Frente Bielorruso se dirigió a las tropas con un llamamiento: "Ante ustedes, héroes soviéticos, Berlín. Deben tomar Berlín, y tomarlo lo más rápido posible, para no devolver al enemigo a sus sentidos. Hagamos caer sobre el enemigo todo el poder de nuestro equipo militar, movilizamos toda nuestra voluntad para la victoria, todas nuestras mentes. No deshonremos el honor de nuestro soldado, el honor de nuestro estandarte de batalla ".

El comandante de las armas, el sargento Nikolai Vasiliev, recuerda: "Por la noche, nuestra batería alcanzó las alturas y vimos una ciudad enorme. Actuaron disparando".
"El 20 de abril, la división 150 se acercó a la carretera de circunvalación que rodea el Gran Berlín", escribe el coronel general Shatilov.

"Este día, como el cumpleaños de Hitler, se celebraba generalmente en la Alemania nazi con un desfile, recepciones y tributos festivos. Pero esta vez, poderosos golpes de artillería pesada de largo alcance del Ejército Rojo empujaron a los líderes fascistas a la clandestinidad, a un búnker ubicado a 16 metros de profundidad y cubierto con una capa de hormigón de ocho metros. Fue allí, según datos posteriores, donde el Tuvieron lugar las últimas "felicitaciones" a Hitler por su cumpleaños. Regalos "- proyectiles de gran calibre con la inscripción:" Personalmente a Hitler en su cumpleaños ".
El mariscal Rokossovsky, cuyas tropas cruzaron el Oder al norte de Berlín, escribe sobre los zapadores, cuyo trabajo vio ese día. "Trabajando hasta el cuello en el agua helada entre las ráfagas de proyectiles y minas, dirigieron el cruce. Cada segundo eran amenazados de muerte, pero la gente entendía su deber como soldado y pensaba en una sola cosa: ayudar a sus compañeros". en la orilla oeste y por lo tanto acercar la victoria ".

Berlín fue ocupada entre el 25 de abril y el 2 de mayo. El 30 de abril, Hitler se suicidaba en el búnker de la Chancillería. Ocho días después el almirante Karl Dönitz, designado sucesor por el Führer, firmaba la capitulación el 9 de mayo . La caída de Alemania era el fin de las acciones en Europa, pero no el de la guerra. 


Derrota japonesa

En el Pacífico, las fuerzas americanas fueron ocupando entre enero de 1944 y marzo de 1945 Filipinas, las Marshall, las Carolinas y las Marianas. Pusieron bases en islas cerca de Japón. Desde ellas y portaaviones desencadenaron un intenso bombardeo sobre Japón desde mayo de 1945 que destruyó la flota y la industria nipona. 

A pesar de todo se pensaba que la rendición iba a ser larga y costosa. Truman, que había sustituido a Roosevelt fallecido el 12 de abril de 1945, decidió lanzar la primera bomba atómica de la historia. El 6 de agosto de 1945, el Enola Gay, bombardero cuatrimotor B-29, despegaba de Tinian y dejaba caer a «Litte Boy», bomba atómica de unos cuatro mil kilos, a las 8:15h en Hiroshima. La ciudad de 200.000 habitantes fue destruida, pereciendo más de 70.000 personas. Tres días más tarde lanzaban «Fat Man» sobre Nagasaki que mató a más de 80.000 personas. Los japoneses pidieron la paz inmediatamente. El 2 de septiembre de 1945 firmaban la rendición en el acorazado Missouri. Japón pasaba a ser ocupado por EE.UU., pero mantenía a su emperador, Hirohito, como jefe del Estado. 


Las retaguardias 

Las potencias combatientes 

La IIGM influyó en mayor medida en la población porque las acciones bélicas dejaron de circunscribirse exclusivamente al frente de batalla y los habitantes de ciudades y pueblos pasaron a ser un objetivo más. 

Las potencias democráticas anglosajonas exigieron un gran esfuerzo productivo a su población. Su fuerza estaba en el nivel de producción, y entendían que alargando la guerra aumentaban sus posibilidades de victoria. EE.UU. incrementó de forma excepcional su producción; al final de la guerra, alcanzaba 2/3 de la producción mundial. En el orden político, GB y EE.UU. mantuvieron el funcionamiento de sus instituciones. Las libertades y derechos ciudadanos fueron respetados. Los medios de comunicación pudieron ejercer su libertad de informar de forma amplia y mantuvieron una actitud crítica frente al poder. Aunque los ciudadanos británicos soportaron peores condiciones que los estadounidenses, hubo un ambiente de ayuda colectiva que facilitó la superación de dificultades. En este ambiente de sacrificio y unidad, Churchill fue elegido para conducir al país en la guerra, siendo relevado una vez finalizada. Los ingleses reconocían la actuación de su primer ministro durante la contienda, pero dudaban de su capacidad para gestionar los tiempos de paz, en que los avances sociales debían ser importantes. 

Uno de los problemas fundamentales a los que tuvo que enfrentarse GB fue la pérdida de control de sus colonias. Mientras que en algunos casos la guerra estrechó los lazos con la metrópolis, como con Australia y Canadá, en otros se vio la posibilidad de poner fin a años de sumisión. Dirigentes de países del Norte de África y asiáticos apoyaron a alemanes o japoneses con el objetivo de acabar con el imperialismo occidental. La defensa inglesa del colonialismo les separaba de su gran aliado, E.EU.U., que, a pesar de temer el contagio de las ideas alemanas en América Latina, mantuvo su oposición al control colonial. 

En EE.UU., en los primeros compases de la guerra, la opinión pública estaba dividida entre los que apoyaban la intervención y los que se oponían. Roosevelt era partidario de intervenir y su política facilitó la ayuda a los aliados. Si en los 30 el gobierno defendió la neutralidad, en noviembre de 1939 aprobaba la ley “Cash and Carry”, que permitía la venta de armas a los aliados al contado. Esta política se puso de manifiesto con el envío de armas a Inglaterra en verano de 1940. En marzo de 1941, Roosevelt aprobaba la ley de “Préstamo y Arriendo”, que permitía la compra de armas o materias primas y alimentos a crédito. El país se preparaba para la posible entrada en el conflicto, lo que incluía reorganización del ejército y ampliación de la fuerza aérea y la flota. Con el ataque a Pearl Harbor la opinión cambió. Algunas minorías, como la población negra, mejoró sus condiciones de vida por su participación en la guerra, mientras que los japoneses, en su mayoría ciudadanos norteamericanos, perdieron sus derechos y fueron internados en campos de concentración ante una posible colaboración con el enemigo. 
Roosevelt

La Unión Soviética movilizó desde el principio todos sus efectivos. El sacrificio exigido a su población fue excepcional, y a pesar de que buena parte de sus recursos y territorios estuvieron en poder alemán, mantuvo una producción alta, consecuencia de la decisión de trasladar la industria al Este. La política de tierra quemada durante el avance alemán supuso una reducción considerable en su Renta Nacional. Además de los sacrificios derivados de un trabajo agotador para mantener el nivel productivo, lo que incluyó disminución de salarios, la brutal acción de tropas alemanas en suelo ruso castigó de forma especial a la población. Los dirigentes políticos y militares soviéticos y las autoridades en ciudades y pueblos tomaron medidas que crearon un sentimiento de resistencia y resiliencia en el pueblo. Las tropas fueron obligadas a mantener la resistencia o iniciar el contraataque a cualquier precio. La Guerra Mundial en la URSS se convirtió en la Gran Guerra Patriótica, aunó el sentimiento nacional y a la que se supeditaron los esfuerzos para conseguir la victoria. 

Stalin

En las potencias del Eje se intentó, en los primeros meses, que la población no sufriera los efectos de la contienda. 

En Alemania, los ciudadanos no soportaron ningún tipo de restricción. La estrategia de Hitler de realizar una guerra relámpago estaba relacionada con la necesidad de victoria rápida, ante la superioridad material de los aliados, que le permitiera acceso a las materias primas para la industria. El Estado no acaparó todos los resortes de la economía, así que se mantuvo la iniciativa privada, aunque en todo momento estuvo supeditada a las necesidades nazis. La economía se benefició por el expolio de los países ocupados: se incrementó la producción de petróleo en Hungría, en Noruega se puso en marcha una importante industria de aluminio y de Polonia se desviaron grandes cantidades de minerales para la industria germana. 

En otros casos, países denominados neutrales colaboraban con Alemania. España aportó productos alimenticios y wolframio. Franco pagaba la ayuda de Hitler en la guerra civil. La falta de hombres en la industria, requeridos para engrosar el ejército, no fue suplida con mujeres alemanas, en parte por la ideología nazi, pero también porque usó mano de obra forzosa de prisioneros, miembros de razas consideradas inferiores o alemanes opositores. La sociedad nacida de la victoria nazi implicaba unidad de pensamiento, con lo que se exacerbó el totalitarismo y la marginación y eliminación de cualquiera que disintiera. 


Italia tuvo que imponer restricciones a la población en los primeros meses de guerra. Mussolini unió su destino a Hitler convencido de la superioridad alemana y su victoria. Sin embargo, la actuación de los dirigentes italianos fue menos previsora que la de sus correligionarios e hicieron gala de una mayor improvisación. El régimen italiano mantuvo el totalitarismo que había presidido su actuación desde la subida del Duce al poder y continuó ejerciendo la represión contra los opositores de forma sistemática. 

Japón tenía graves problemas con el suministro de productos, especialmente petróleo, que compraba a EE.UU. La ocupación de territorios en Asia facilitó la llegada de materias primas a la industria japonesa. A estas carencias se unía el problema de mantener a una población sin recursos alimenticios adecuados, base de la justificación de su expansión colonial. La sociedad japonesa estaba educada en una férrea disciplina. Sus enfrentamientos bélicos en las últimas décadas se habían saldado con victoria, lo que unido a su avanzada tecnología militar y su concepto de honor y patriotismo los hacían enemigo difícil. Mantuvieron la unidad y estuvieron dispuestos a defender cada isla y casa hasta el final. Solo las explosiones nucleares doblegaron su espíritu de resistencia. El Consejo Supremo de Guerra dudó hasta el último momento aceptar la rendición por miedo al levantamiento del ejército y la oposición de la población que prefería su sacrificio en defensa del Emperador. Pero Hirohito aconsejó la aceptación. A pesar de esta decisión, hubo militares que, desperdigados por las islas del Pacífico, se negaron a aceptar la derrota y se mantuvieron en guerra hasta la década de los setenta. 


El colaboracionismo 

La victoria de las potencias del Eje llevaba implícito un Nuevo Orden con bases en la ideología fascista. Pero como sus victorias fueron temporales y su derrota final impidió su instauración, sus realizaciones fueron parciales y tuvieron diferente aplicación dependiendo de la nación ocupada, ya fuera considerada inferior o asimilable. Entre las naciones «inferiores», URSS y Polonia. En ambos, los alemanes buscaban la explotación del territorio y sus habitantes. En la URSS las tierras fueron consideradas propiedad de Alemania y sus ciudadanos utilizados como mano de obra servil, cuando no asesinados con la aplicación del terror. En Polonia la población fue tratada de forma inhumana; se les redujo el suministro de alimentos a la mínima, se prohibieron derechos fundamentales y parte importante de la población, incluidos niños, fueron desplazados a Alemania como mano de obra esclava. 


En el lado opuesto, países que los alemanes consideraban racialmente asimilables. Austria, cuyos dirigentes fascistas ocuparon puestos relevantes en el III Reich. En Dinamarca la ocupación se realizó de forma incruenta. La colaboración que se estableció, como en Bélgica y Holanda, fue circunstancial y basada en mínimos que facultara la continuidad de servicios básicos. Lo que no impedía la colaboración de aquellos que mantenían misma base ideológica. En Noruega tuvo lugar uno de los casos más representativos de colaboracionismo, el de Vidkun Quisling, dirigente del partido fascista noruego, cuyo apellido pasó a ser utilizado como sinónimo de colaborador o simpatizante nazi. Fue primer ministro de Noruega entre 1942 y 1945. 

En otros países preferían usar a partidos autoritarios y anticomunistas en la administración del país ocupado, lo que no impedía la colaboración estrecha con partidos fascistas. En Rumania, apoyaron al militarista conservador Antonescum, en lugar de a Horia Sima, miembro de la Guardia de Hierro fascista. En Hungría se mantuvo en el poder al regente Miklós Horthy, con un gobierno conservador. En 1944 el dirigente fascista húngaro del Partido de la Cruz Flechada, Ferenc Szálasi se hizo con el poder. Por su parte, Yugoslavia fue dividida en el estado croata, bajo dominio italiano, y la zona de Serbia, con administración alemana. 

La rápida derrota francesa dejó sin respuesta a una mayoría de franceses. Entre ellos, miembros del parlamento, que aceptaron la derrota y concedieron plenos poderes a Petain. El régimen autoritario de Vichy contó con importantes colaboradores como Pierre Laval, que alcanzó la presidencia del gobierno entre 1942 y 1944. La colaboración estrecha entre el gobierno de Laval y la Alemania nazi perjudicó a los miles de refugiados españoles que habían huido de la represión franquista. Laval pretendió anular el acuerdo entre México y Francia que permitía la salida de refugiados a América, con la pretensión de utilizarlos en los campos de trabajo alemanes. Su gobierno aprobó una disposición administrativa que incrementaba las dificultades de los españoles que quisieran salir de Francia y estuvieran en edad de trabajar. Los dirigentes de los partidos fascistas franceses no estuvieron en Vichy, sino colaboraron con la administración alemana en París, como Jacques Doriot, dirigente del Partido Popular Francés.

Petain

La colaboración incluyó en algunos casos la formación de ejércitos que combatieron junto con el alemán. Fue especialmente relevante a raíz del ataque a la URSS. En buena parte de los países ocupados o los que se declararon neutrales, pero eran afines a Alemania, se formaron ejércitos para combatir al comunismo: la Legión Walona en Bélgica, la División Vikingo en Noruega, la Legión de Voluntarios Franceses o la División Azul en España. 

Colaboracionistas

Japón llevó una política similar a la alemana. Explotaron territorios sin consideración. El discurso se basaba en el antioccidentalismo. No faltaron colaboracionistas o nacionalistas que apoyaron las tropas japonesas para conseguir la independencia de las metrópolis europeas, como el caso de Sukarno en Indonesia. De hecho, la descolonización de Asia tuvo su punto álgido con el fin de la Segunda Guerra Mundial. 

Muchos fueron los rusos anticomunistas que vieron con decepción la derrota alemana y no quisieron resignarse a tener que vivir bajo un régimen bolchevique, por lo que se alistaron como voluntarios a la Wehrmacht, creándose así un Movimiento de Liberación de Rusia formado tanto por ciudadanos que nunca habían tenido vinculación alguna con el mundo militar como por soldados del Ejército rojo que habían decidido desertar (por discrepancias políticas e incluso personales con sus superiores) y un nutrido grupo de exmilitares pertenecientes al desaparecido Ejército Blanco que un par de décadas atrás habían luchado contra los bolcheviques en la Revolución de Octubre y posterior Guerra Civil Rusa. Los miembros de ese ejército extraoficial formado por anticomunistas rusos fueron integrados en diferentes unidades del Ejército Alemán. No se sabe a ciencia cierta el número de voluntarios rusos que se unieron pero se calcula que fueron varios cientos de miles.

Todo cambió en 1944 cuando se puso al frente de este movimiento el general Andréi Vlásov, un experimentado y condecorado militar que había pertenecido al Ejército Rojo que había desertado tras ser apresado (en 1942) por la Wehrmacht y se puso al servicio de ésta.

Los nazis, debido a la gran experiencia de Vlásov, pusieron a su disposición a un buen número de voluntarios rusos para que formase un ejército de antibolcheviques rusos.

Previamente se concertó una entrevista en Berlín entre el militar ruso y Joseph Goebbels, Ministro de propaganda del Tercer Reich que vio en la creación del ROA (acrónimo de Rússkaya Osvobodítelnaya Ármiya: ‘Ejército de Liberación de Rusia’, aunque en ruso se utilizaba POA). La Russkaia Osvoboditelnaia Armiia (ROA), al mando del Teniente General Andrei Andreievich Vlassov llegó a contar con una gran fuerza de 750 mil hombres sumándoseles las fuerzas del Rona. Reorganizado el RONA, pasaron a formar parte de la 29 División Waffen-SS y enviados a Württemberg, donde se incorporaron a las fuerzas del ROA del General Vlassov. Mientras que los 50.000 refugiados civiles de Kaminski, fueron enviados a Pomerania para trabajar como obreros y agricultores.

El general Andréi Vlásov fue considerado en su día un comandante militar de talento y prometedor en la URSS. Su 20º Ejército apoyó un papel nada desdeñable en la derrota del enemigo cerca de Moscú en el invierno de 1941.

En julio de 1942, el comandante fue capturado cerca de Leningrado y pronto pasó al bando de los nazis. Según la caracterización de la Gestapo, no lo hizo por sus convicciones políticas, sino por la desesperanza y la incapacidad de realizar sus ambiciones personales.

Vlásov se convirtió en una figura clave del movimiento colaboracionista ruso. Participó directamente en la creación del Ejército de Liberación de Rusia (ROA) y del Comité para la Liberación de los Pueblos de Rusia (KONR), y luego los dirigió.

En la Unión Soviética se utilizaba la palabra peyorativa "Vlasovtsi" para referirse a todos los colaboradores de habla rusa, aunque no formaran parte del ROA.

Vlásov expuso el «Manifiesto de Praga» ante el Comité para la Liberación de los Pueblos de Rusia, recién creado, el 14 de diciembre de 1944. Este documento indicaba los objetivos de la lucha contra Stalin y enumeraba 14 puntos de carácter democrático por los que luchaba el ROA. Vlásov rechazó los reiterados intentos de Hitler para que el documento incluyese postulados antisemitas, pero se vio obligado a incluir una declaración criticando a los Aliados occidentales, calificándolos de «plutocracias aliadas de Stalin en su conquista de Europa».

Durante la marcha hacia el sur, la primera división de la ROA acudió en ayuda de los insurgentes checoslovacos en el Levantamiento de Praga, que comenzó el 5 de mayo de 1945 contra la ocupación alemana. Andréi Vlásov se mostró reacio, pero al final no se opuso a la decisión de Bunyachenko de combatir a los alemanes.

Las tropas soviéticas capturaron al general en territorio de Checoslovaquia el 12 de mayo de 1945. Fue declarado culpable de alta traición y ahorcado en Moscú el 1 de agosto de 1946, junto con un grupo de colaboradores.

Andreí Vlasov y el Ejército de Liberación de Rusia (ROA)

Las resistencias 

La diversidad en la colaboración con Alemania se repite en la resistencia que surgió en los países ocupados. Patriotas, defensores de la libertad, luchadores antifascistas, personas que habían sufrido la represión nazi formaron parte de los grupos de resistencia. Esta oposición al Nuevo Orden tuvo un momento clave en la invasión alemana de la Unión Soviética. Desde este momento, los miembros de los partidos comunistas de los países ocupados desempeñaron un papel fundamental en la resistencia y en la reconstrucción y reorganización política de sus países una vez finalizada la contienda. 

Las decisiones del Parlamento francés y la asunción de poderes de Pétain retrasaron la formación de la resistencia francesa que tuvo diferentes puntos de organización: la interior que se formó desde los primeros momentos de ocupación y tuvo en los “maquisards” los grupos más significativos; la exterior protagonizada por el General De Gaulle, quien se opuso a la claudicación y tomó el exilio. En Inglaterra constituyó “Francia Libre”, con objetivo de expulsar de suelo francés a las fuerzas de ocupación. Churchill le reconoció como “jefe de los franceses libres”. La Colaboración entre la interior y el exilio fue más intensa desde 1942. 


El dirigente de la resistencia interior, Jean Moulin, promovió, a principios de 1943, la unificación de los grupos en el Comité Nacional de la Resistencia; labor que continuó George Bidalut, tras la detención y asesinato del primero por la Gestapo. La actuación de la resistencia francesa fue dirigida a la realización de atentados y sabotajes y a la captación de información, clave para los ejércitos aliados, además de la publicación de folletos. De Gaulle supo incluir a Francia entre los países vencedores, con lo que pudo desempeñar un papel importante en la inmediata posguerra. 

Jean Moulin

En países como Italia y Yugoslavia la guerra desembocó, prácticamente, en guerra civil. En los primeros años, los italianos formaron la resistencia en el exterior, aunque desde el armisticio en septiembre de 1943, la resistencia partisana tuvo presencia destacada. El punto álgido es la constitución de la República Social de Mussolini en el norte del país, y su final en la rendición de los alemanes en abril de 1945. Las acciones más frecuentes de los partisanos consistieron en sabotajes contra las tropas de ocupación. 
Partisanos

En Yugoslavia los enfrentamientos entre resistencia y fuerzas que apoyaron a los alemanes fueron especialmente duros. La ocupación provocó la creación de un Estado croata dirigido por los ustachis de Ante Pavelic, líder fascista croata, controlado por el III Reich. En Serbia, los chetniks del coronel monárquico Dragoljub Mihailovic, apoyados por los alemanes se enfrentaron a la Resistencia partisana del comunista Joseph Broz, “Tito”. Este sería el vencedor y Yugoslavia se convirtió en el único caso de implantación de un régimen comunista en la Europa Oriental sin la intervención de las tropas soviéticas en su avance a Berlín. 

En Alemania, la resistencia al régimen nazi tuvo alcance limitado. La forma expeditiva con que los dirigentes se enfrentaban a cualquier tipo de oposición hizo que fuese prácticamente inexistente. Al estallar la guerra mundial en Alemania ya había 8.000 personas en campos de concentración. Según avanzaba la guerra y se vislumbraba la derrota, la disidencia se hizo más presente. El ejemplo más representativo fue el intento de asesinato de Hitler en el complot liderado por el coronel Claus Von Stauffenberg, la operación Walkiria. 


Represión y holocausto 

La brutalidad de los alemanes en la IIGM quedó patente en los países que ocuparon: torturas, ejecución de rehenes, trabajos forzosos, campos de concentración, experimentación con seres humanos, cámaras de gas... En Croacia, el líder fascista Pavelic promulgó, a semejanza de los nazis, leyes antisemitas y abrió el campo de exterminio de Jasenovac, con 80.000 personas asesinadas entre gitanos, serbios y comunistas. De la brutal represión no se libraron los alemanes: tras el fracaso de la operación Walkiria fueron ejecutadas 7.000 personas. Uno de los países que sufrió la represión de forma especial fue Polonia, donde el 20% de la población murió en la guerra. El general Hans Frank, gobernador del III Reich en Polonia, ejecutaba 100 rehenes por cada soldado alemán asesinado. Más de 200.000 niños polacos fueron utilizados como mano de obra esclava en Alemania. En el campo de Liblin fueron fusilados o gaseados miles de prisioneros soviéticos. 


En campos de concentración se realizaron experimentos médicos utilizando seres humanos como cobayas. Huesos, nervios y músculos fueron extraídos de los prisioneros para luego realizar trasplantes o injertos en operaciones que se realizaban sin anestesia; se experimentó sobre el efecto de determinadas drogas...

Japón no se quedó atrás en este tipo de experimentos. La Unidad 731, que llevó a cabo su actuación en Manchuria, estaba formada por unos 2.000 japoneses que formaban un grupo de investigación sobre las armas biológicas. Para sus estudios realizaron experimentos con humanos: disección en personas vivas, estudios sobre la agonía y la muerte, … A las atrocidades cometidas por la Unidad 731, se puede añadir la actuación de las tropas japonesas en buena parte de Asia: torturas, fusilamientos, represalias, violaciones… como en 1938 Nan-Kin (China), donde las tropas japonesas violaron unas 30.000 mujeres. Unas 200.000 asiáticas —filipinas, tailandesas, chinas, coreanas, etc.— fueron hechas prisioneras para ser entregadas como esclavas sexuales a soldados nipones durante la guerra. 



Mención aparte merece el Holocausto judío. El antisemitismo de Hitler estuvo detrás de su intento de hacer desaparecer a todo un pueblo. Las medidas represivas supusieron la emigración de Alemania de cerca de 250.000 personas antes del inicio de la guerra. Pero las victorias alemanas volvieron a colocar bajo su dominio a miles de judíos que vivían en las naciones ocupadas. Los dirigentes nazis pensaron, en un principio, en deportar a los judíos; aunque con la llegada de las derrotas la actuación contra los judíos se fue endureciendo hasta desembocar en la “Solución final”, que no era otra cosa que su completa eliminación. En la guerra con la URSS ya se pusieron en marcha medios de exterminio como asesinatos masivos mediante fusilamientos, ejecuciones sumarias mediante un tiro en la nuca o la utilización de camiones como cámaras de gas móviles. La eliminación racial o política realizada en los campos de exterminio aplicaba los criterios de mínimo coste y máxima eficacia. En total, unos 6 millones de judíos fueron asesinados. 

domingo, 16 de marzo de 2025

OTRA OPORTUNIDAD

La temporada del amor va y viene
Los deseos casi nunca envejecen con la edad
Si pienso en cómo malgasté mi tiempo
Quien no volverá, no volverá
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De repente, sin darte cuenta, la vivirás, te sorprenderá. Hemos tenido oportunidades
No te arrepientas de perderlas, nunca te arrepientas
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Y los horizontes perdidos nunca se olvidan
La temporada del amor volverá
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Esta vez, ¿cuánto durará?
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La temporada del amor va y viene
Los deseos casi nunca envejecen con la edad
Hemos tenido oportunidades
Perdiéndolas, no te arrepientas de ellas, nunca te arrepientas de ellas

LAS RELACIONES INTERNACIONALES EN EL S. XVIII

El predominio político en el s. XVIII, desaparecida la hegemonía española y al final la francesa, se repartirá entre varias potencias → inestabilidad. Ello, unido a la gran cantidad de conflictos sucesorios, dio lugar a intensas guerras. 

Se profesionalizó la diplomacia (reservada a súbditos del príncipe al que se representaba, normalmente nobles), con el desarrollo de los grados propios de una carrera, impartida en centros específicos como la École Diplomatique de Estrasburgo (1752), aunque lo habitual es que se aprendiera con la práctica y con libros sobre la materia. Aumentó el número de embajadas y de representaciones, al igual que la red consular para las cuestiones económicas y comerciales. 



La Guerra de Sucesión de España (1701-13) 

Las causas y los contendientes 

A la muerte de Carlos II en 1700 se inició un conflicto que afectaría a buena parte de Europa, en el que entraban en juego dos cuestiones esenciales: la hegemonía continental vinculada a la posesión de toda o una parte sustancial de la herencia de Carlos II, y el comercio colonial. 


En un principio, la mayor parte de las potencias europeas reconocieron como heredero a Felipe V, nombrado heredero por Carlos II, a excepción del Imperio (que defendía los derechos del Archiduque Carlos). Luis XIV no tardó en sacar beneficio de la situación: proclamó los derechos de Felipe al trono francés, envió tropas a los Países Bajos españoles (de donde expulsó a las guarniciones neerlandesas establecidas en virtud de la Paz de Ryswick) y mandó flotas y comerciantes franceses a los puntos estratégicos del comercio hispano con las Indias. Su prepotencia alertó a Inglaterra y a las Provincias Unidas, que decidieron apoyar al Emperador, con quien constituyeron la Gran Alianza de la Haya (1701). La respuesta de Luis XIV fue reconocer como rey de Inglaterra al pretendiente Estuardo, Jacobo III. 

En mayo de 1702, la Gran Alianza declaró la Guerra a los Borbones. El conflicto dividió al continente europeo en dos bandos antagónicos: 
  • LOS ALIADOS, a quienes se unieron Dinamarca, Prusia, la mayoría de los príncipes alemanes, Saboya y Portugal. 
  • FRANCIA Y ESPAÑA, a los que únicamente apoyaron el elector de Baviera y el Duque de Mantua y Colonia. 
En el interior de los bandos había sin embargo importantes desavenencias: Inglaterra y las Provincias Unidas tenían sus propios objetivos, y más que defender los derechos del Archiduque, pretendían un reparto de la Monarquía de España. El 12 de septiembre de 1703, los Aliados proclamaron rey de España al archiduque Carlos de Habsburgo con el nombre de Carlos III. 


El desarrollo de la guerra 

Se luchó en principio en el norte de Italia, los Países Bajos, el Rin, y ocasionalmente Francia. Las primeras batallas importantes se dieron en Baviera en verano de 1704, cuando los Aliados vencieron en dos ocasiones sucesivas a las tropas francesas y bávaras, que pretendían tomar Viena → Baviera permanecería ocupada por los austriacos hasta el final de la guerra, y Francia, amenazada, hubo de abandonar los territorios alemanes. Los franceses también sufrieron retrocesos en los Países Bajos y en el norte de Italia, donde su alianza con Saboya se había roto en 1703. A España no llegó la lucha hasta 1705, cuando los austracistas consiguieron dominar los territorios de la Corona de Aragón; también se desarrollaron acciones menores en ambas Américas. 

En 1705, Luis XIV intentó ya negociar, dispuesto a un reparto de los territorios de la Monarquía de España, y la situación aún empeoraría durante 1706. En mayo los franceses debieron abandonar buena parte de los Países Bajos Españoles y en Italia tuvieron que levantar el asedio a Turín, tras lo cual los aliados conquistaron los ducados de Milán y Mantua. 

1707: primera gran divergencia entre la guerra internacional y la que se combatía en España. Los austriacos tomaron el Reino de Nápoles → en dos años, España había perdido ante ellos sus dos principales enclaves italianos. Pero en España, el duque de Berwick, hijo de Jacobo II Estuardo, derrotó a las tropas aliadas en la Batalla de Almansa → cambio del rumbo de la guerra en la Península Ibérica, facilitando la reconquista de los reinos de Valencia y Aragón y el inicio de la de Catalunya. 

El avance aliado en Europa continuaría en los años siguientes. En 1708 conquistaron el reino de Cerdeña y con el triunfo de Oudenarde, obligaron a los franceses a retroceder a la zona entre Gante y Brujas. Meses después entraron en Francia tomando una serie de localidades, entre ellas Lille, punto clave de la línea defensiva construida por Vauban en la frontera norte. La situación de las tropas de Luis XIV llegó al límite tras la rendición de Tournai y Mons, a lo que se añadía la mala cosecha, extendiendo la carestía y el hambre. Con su territorio invadido por el ejército procedente de los Países Bajos y el país exhausto, solo la presión excesiva de los aliados, quienes le exigieron que contribuyera a expulsar a su nieto del trono (a lo cual se negó), evitaron que abandonara a Felipe V a su suerte en las Conversaciones de Paz de Gertruydenberg (1710). 

En 1710 el emperador José I pudo enviar tropas a Barcelona y reconquistar el Reino de Aragón, que no pudieron conservar. Se evidenciaba la dependencia de los austracistas españoles del auxilio exterior, mientras Felipe V apenas contaba con apoyos. 

La situación favorable para los aliados en Europa cambió con la nueva década por acontecimientos ajenos a la guerra que, junto a otros hechos, aceleraron las conversaciones de paz: 
  • Llegada al poder de los tories en 1710, que cansados de la guerra y los daños a sus intereses mercantiles se inclinaban al pacifismo. 
  • Muerte del Emperador José I en 1711 → archiduque = nuevo emperador Carlos VI → La solución austriaca pasaba a ser más bien una amenaza para sus aliados. 
Por otra parte, la Guerra de España se había decantado claramente en favor de Felipe V, gracias sobre todo al apoyo de los castellanos. Aun así, dos enclaves tardaron en caer: el 11 de septiembre de 1714 el duque de Berwick tomó Barcelona, y al año siguiente fue conquistada Mallorca. 


La paz y el Sistema de Utrecht 

Las paces reorganizaron Europa mediante el reparto de los territorios que habían pertenecido a la Monarquía de España, pero marcaron la derrota final de Luis XIV y el fin de la hegemonía francesa. 



Los acuerdos políticos 

En las conversaciones de paz se temía que se reforzaran demasiado las Casas de Borbón o Habsburgo, pero Luis XIV no aceptaba la renuncia de Felipe V al trono de Francia, lo que llevó a propuestas de que un tercero, el duque de Saboya (descendiente de Felipe II) se convirtiera en Rey de España. 

Al final, Felipe V aceptó la exigencia británica de renunciar a sus posibles derechos a la Corona de Francia, haciéndolo formalmente ante las Cortes de Castilla el 5 de noviembre de 1712. El Emperador se negó a reconocer a Felipe y seguiría utilizando el título de Rey de España como Carlos III. 

Luis XIV se vio obligado a interrumpir su apoyo a los Estuardo. Dos soberanos europeos fueron elevados a la categoría de Reyes: el elector de Brandeburgo, que ya en 1701, dentro de la preparación diplomática del conflicto, había obtenido del emperador el título de rey de Prusia, y el duque de Saboya, quien pasó a ser también rey al recibir de España el Reino de Sicilia. Se aceptó la creación del noveno electorado imperial, el ducado de Hannover, vinculado a Inglaterra por el Act of Settlement de 1701, que adjudicaba a los duques la sucesión del trono inglés →en 1714, el duque elector Jorge Luis se convirtió en Jorge I de Gran Bretaña. 


Los acuerdos territoriales 

La derrota del bando borbónico en la guerra europea impidió que el objetivo de Carlos II en su testamento de mantener íntegra su Monarquía se cumpliera. → España se reducía básicamente al territorio actual, aunque conservó su imperio ultramarino. 
  • AUSTRIA: mantuvo el ducado de Mantua y recibió todos los dominios europeos españoles excepto Sicilia: Países Bajos, Luxemburgo, Ducado de Milán, los presidios de Toscana, Reinos de Nápoles y Cerdeña. 
  • SABOYA: el duque obtuvo Sicilia, territorios de la Lomellina y la Valsesia, y el ducado de Monferrato. 
  • FRANCIA: perdió algunas de las localidades más avanzadas conseguidas recientemente en los Países Bajos, y debió demoler las fortificaciones de Dunquerque. Pero sus pérdidas principales fueron en América, donde tuvo que ceder a Inglaterra Acadia y la Isla de Terranova, la Bahía de Hudson, y la Isla de San Cristóbal, en las Antillas. A cambió incorporó definitivamente el ducado de Orange. 
  • PROVINCIAS UNIDAS: sólo obtuvieron el derecho a situar guarniciones defensivas en una zona fronteriza entre los Países Bajos y Francia, la llamada “barrera”.
  • PRUSIA: pasó a dominar el Güeldres español y el principado de Neuchâtel en Suiza. 
  • GRAN BRETAÑA: obtuvo Gibraltar (1704) y Menorca (1708), tomados ambos en el curso de la guerra. Su interés prioritario estaba en el ámbito marítimo y mercantil. 

Los acuerdos comerciales y el predominio británico 

Gran Bretaña salió consolidada como gran potencia mercantil. Las llamadas “cláusulas comerciales” abrieron a Gran Bretaña unas enormes posibilidades en las Indias Españolas. Aparte del título de nación más privilegiada, recibió el derecho de asiento (monopolio del comercio de esclavos, 4.800 anuales) y el navío de permiso (derecho a enviar, una vez al año con cada flota española y libre de aranceles, un buque mercante de 500 toneladas a las Indias Españolas). Estas concesiones, superadas con creces en la realidad, supusieron la primera quiebra legal del monopolio hispano sobre el comercio con sus Indias. Francia también hubo de hacerle concesiones comerciales, a lo que se unían las grandes ventajas que el reciente Tratado de Methuen le otorgaba en relación con Portugal y sus colonias. 

La Paz de Utrecht consolidó así el predominio comercial británico frente a Francia e inclinó la balanza colonial a su favor, pese a que la rivalidad colonial anglo-francesa no estaba aún resuelta y se agudizaría durante el s. XVIII. Los territorios cedidos por Francia fueron el primer paso hacia el monopolio británico de América del Norte, situación que llevaría a nuevos conflictos entre ambas potencias. 

El objetivo principal de los tratados era evitar que pudiera surgir una nueva hegemonía, y en ausencia de Derecho internacional, la alternativa era la fuerza disuasoria → establecimiento del sistema del equilibrio europeo o balance of power. Su base eran Francia y Austria, dos poderes continentales fuertes y enfrentados, quedando Gran Bretaña como el garante exterior desde su aislamiento insular y su dominio de los mares. Para obtener la colaboración de todos se pasó a organizar congresos para la solución pacífica de problemas, aunque con poco éxito. 

Great Britain rules the waves

Gran Bretaña y Francia como garantes de la paz 

El sistema era inestable por Austria. El emperador Carlos VI seguía reivindicando la herencia española, pero fue el no tener hijo varón lo que le obligó a una negociación diplomática continua en el Imperio y en las Cancillerías europeas para conseguir que reconocieran la Pragmática Sanción de 1713, que establecía el derecho preferente de sus hijas en caso de ausencia de varón. Muchos países lograron sacar partido de esta debilidad. Inglaterra, molesta por las ambiciones mercantiles del emperador, no la aceptó inicialmente, mientras Francia, que vio la ocasión para debilitar al enemigo, estimuló movimientos en contra. 

Ambos problemas impidieron a Austria ejercer el papel como segundo centro de gravedad de la política de equilibrio → rectificación del esquema inicial, sustituido en 1716 por una alianza entre Gran Bretaña y Francia que no se rompería hasta 1731. 

El primer ataque al equilibrio surgió con el revisionismo español de Utrecht, consecuencia del malestar de Felipe V por la pérdida de los territorios italianos, que seguía considerando parte de su patrimonio dinástico. Por otra parte, su segunda esposa, Isabel de Farnesio (Farnese), tenía evidentes posibilidades sucesorias tanto a los ducados de Parma y Piacenza, pertenecientes a su familia, como al de Toscana, carente de heredero. Con el pretexto de un incidente motivado por la detención en Milán del inquisidor general José Molines, una flota conquistó Cerdeña en 1717, mientras el emperador luchaba contra los turcos. La facilidad de la conquista, a la que colaboró el apoyo de los sardos, estimuló una segunda expedición, en la que se apoderó, también con apoyo interior, del Reino de Sicilia, en manos desde Utrecht del duque-rey de Saboya, 1718. 



Pero no se había logrado el apoyo francés a dichas expediciones → Francia, las Provincias Unidas, Gran Bretaña y Austria constituyeron la Cuádruple Alianza (1718). En agosto, la flota inglesa derrotó a la española en la Batalla del Cabo Passero, en Sicilia, y después de que Francia tomara Fuenterrabía y San Sebastián, España se vio obligada a negociar →

TRATADO DE LA HAYA (1720): Felipe V renunció a las conquistas, se adhirió a la alianza, aceptó sin condiciones las cláusulas de Utrecht y renunció nuevamente a sus aspiraciones al trono francés. Ingleses y franceses habían acordado satisfacer tanto a Austria como a España → el emperador recibiría el Reino de Sicilia, inmediato a Nápoles, que cambiaría al duque￾rey de Saboya por el menos importante de Cerdeña en 1720, a cambio de que abandonara cualquier tipo de reivindicación sobre España. Y el infante Carlos de Borbón, hijo mayor de Felipe V e Isabel de Farnesio, sería reconocido como heredero del gran ducado de Toscana. De momento, sin embargo, solo tuvo efecto el cambio de Sicilia por Cerdeña. 
Felipe V e Isabel de Farnesio

La primera crisis del sistema de Utrecht había reforzado la alianza franco-británica. El acuerdo entre ambas coronas fue, sin embargo, una solución débil y provisional. La emergente supremacía rusa en el Báltico y las ambiciones de Austria en el comercio marítimo amenazaban la hegemonía marítima británica. En cuanto a Francia, la mala sintonía con los borbones españoles era un fuerte elemento de debilidad. Para reforzar la relación familiar firmaron un tratado defensivo en 1721, que estipulaba un doble matrimonio hispano-francés que incluía a Luis XV y al Príncipe de Asturias y acordaba la colaboración francesa para la recuperación de Gibraltar; acuerdo al que se unió el rey de Inglaterra, que no tenía buenas relaciones con el emperador, comprometiéndose a solicitar al Parlamento la devolución de Gibraltar. 

El malestar español constituía en los primeros años 20 el principal motivo de inquietud en la política europea. El objetivo en Italia no era ya tanto la recuperación de los antiguos reinos del sur, cuanto los ducados de Parma, Piacenza y Toscana, sin sucesor directo. En 1724 se reunió el Congreso de Cambrai, para resolver las tensiones entre Austria y España al respecto, que resultó un fracaso (resistencia del emperador a renunciar a la soberanía sobre Parma y Piacenza, conflicto hispano-inglés sobre Gibraltar, alejamiento entre Francia y España) → Cambio de alianzas que acercó a Madrid y Viena, ambos necesitados de apoyo internacional para sus aspiraciones →abandono de la alianza hispano-francesa. El 30/4/1725 se firmó el Tratado de Viena: alianza defensiva frente a Francia e Inglaterra y: 

  • Carlos VI reconocía a Felipe V como rey de España, prometía en matrimonio a una de sus hijas al infante Carlos y aceptaba su herencia a los tres ducados italianos. 
  • Felipe V reconocía la Pragmática Sanción. 
Tratado de Viena

Como reacción se formó la Liga de Hannover: Francia, Provincias Unidas (y brevemente Prusia, que abandonó la Liga intimidada por la alianza entre Austria y Rusia en 1726). 

La situación no llegó a la guerra, gracias sobre todo a la llegada al poder en Francia del cardenal André Hercule de Fleury, principal consejero de Luis XV entre 1726-43, y partidario de una política de paz y de la alianza entre los Borbones, para lo que negoció con Viena y con Madrid, obteniendo concesiones en base a las cuales se organizó un congreso en Soissons en 1728, para resolver los contenciosos entre Inglaterra y España, y para lo que se celebró también la Convención de El Pardo en 1728. 

El entendimiento entre Viena y Madrid duró poco tiempo, por la reticencia austriaca a formalizar el matrimonio de Carlos y María Teresa y permitir la entrada de guarniciones españolas en los ducados italianos → restablecimiento de las alianzas entre Francia, Gran Bretaña y España: Tratado de Sevilla de 1729, que aseguraba al infante don Carlos la herencia de los ducados de Parma, Piacenza y Toscana. A la muerte del duque de Parma y Piacenza en 1731, el emperador ocupó los ducados, pero Inglaterra medió para que se mantuvieran los acuerdos. 

Las Guerras de Sucesión en Polonia y Austria 

Nuevos conflictos sucesorios harían imposible el mantenimiento de la paz. 

Polonia (1733-38) 

En Polonia, de trono electivo, la muerte del rey Augusto II en 1733 dio lugar a la Guerra de Sucesión, con dos candidatos: 
  • Estanislao Leczinski, suegro de Luis XV y apoyado por parte de la poderosa alta nobleza polaca, y por Suecia. 
  • El hijo del rey, Augusto, apoyado por el emperador (a cambio de reconocer la Pragmática Sanción), y por Rusia, enemiga de Suecia. 
Estanislao Leczinski y Augusto III
Pese a que en un primer momento Leczinski consiguió ser proclamado Rey de Polonia con el apoyo de la mayoría de la Dieta polaca, un ejército ruso invadió Polonia y logró que el sector de la Dieta proclamara a Augusto III. La guerra que siguió fue la primera ocasión en que se enfrentaron los dos grandes poderes de la balanza diseñada por Utrecht, Francia y Austria. 

Francia contaba con los apoyos de España y de Saboya-Cerdeña. El acuerdo con España (Primer Pacto de Familia -entre Borbones-, 1733), garantizaba la restitución de Gibraltar y la entrega al Infante don Carlos de los dominios que se conquistaran en Italia. Inglaterra prefirió mantenerse al margen y ejercer su papel arbitral. También las Provincias Unidas se mantuvieron neutrales. 

El ducado de Lorena fue, junto a Alemania, el Rin, Lombardía o Nápoles, uno de los frentes de batalla pese a su neutralidad, ya que era uno de los objetivos prioritarios de Francia, que además quería alejar la guerra de la zona del Báltico para evitar que las Provincias Unidas o Inglaterra rompiesen su neutralidad. 

La participación rusa y la ausencia sueca determinaron la victoria de Augusto III. Sin la ayuda de Inglaterra y Prusia, que habían sido sus aliados, perdió el Reino de Nápoles tras la batalla de Bitonto (1734) frente al Ejército español del Conde de Montemar y posteriormente el de Sicilia. 

En 1735 se establecieron en Viena los acuerdos de paz básicos, pero no fueron definitivos hasta 1738 por la no conformidad con los mismos de Inglaterra, España y Saboya: 
  • El trono polaco sería para Augusto III de Sajonia. 
  • En compensación, Estanislao Leczinski recibiría el ducado de Lorena, que debía pasar a Francia a su muerte. 
  • Francisco III perdía Lorena, pero era confirmado como gran duque de Toscana. Además, se comprometía con la hija mayor del emperador, María Teresa. 
  • Los ducados de Parma y Piacenza pasaban al emperador. 
  • El infante español Carlos de Borbón tuvo que renunciar a los ducados italianos concedidos en el Tratado de Sevilla, pero a cambio recibió un botín más jugoso: los reinos de Nápoles y Sicilia y los presidios de Toscana. 
  • El duque-rey de Saboya recibía las ciudades de Novara y Tortona. 
  • Francia aceptaba la Pragmática Sanción. 
Así, España lograba revertir en beneficio de su dinastía buena parte de las pérdidas sufridas en Utrecht, equilibrando el predominio austriaco sobre Italia con su presencia en Nápoles y Sicilia. Francia perdía influencia en el Este y en el Báltico, en beneficio sobre todo de Rusia, lo que unido al alejamiento franco-británico llevó a Francia a formar una entente con Austria, cuyo entendimiento derivó, entre otras cosas, al freno de las ambiciones españolas en Italia. 

Las rivalidades en el mundo colonial no tardarían en enfrentar a franceses y británicos, pero antes llevaron a un conflicto entre Gran Bretaña y España, conocido como la guerra de la oreja de Jenkins, iniciada en 1739 y que acabaría convirtiéndose en un apéndice del nuevo enfrentamiento europeo. 

Europa en 1738 tras el Tratado de Viena, que concluyó la guerra de Sucesión Polaca.

Austria (1740-1748)

A la muerte del emperador Carlos VI, pese a que muchos países habían reconocido la Pragmática Sanción, la presencia de una mujer en el trono austriaco dio pie a la reclamación tanto del duque Carlos Alberto de Baviera como del duque-rey de Sajonia y Polonia, Augusto III, ambos casados con sendas hijas del emperador José I, predecesor y hermano mayor de Carlos VI. 

El detonante de la guerra fue la acción de Federico II de Prusia, que aprovechó para ocupar en 1740 la rica región de Silesia. Francia, que inicialmente había reconocido a María Teresa, apoyó ahora a Carlos Alberto de Baviera, organizando con Prusia una coalición a su favor, a la que se sumaron los electorados de Sajonia, el Palatinado, y los tres eclesiásticos (Maguncia, Colonia y Tréveris). Siete de los nueve votos. 
María Teresa y Francisco Esteban en la comida de boda. Carlos VI con sombrero de plumas rojo. Autor Martin van Meytens

Las tropas francesas y bávaras tomaron Linz y Praga en 1741; al mismo tiempo Carlos Alberto se coronaba rey de Bohemia y, en 1742, apoyado por la mayoría de los electores, se convirtió en el Emperador Carlos VII. Pero los austriacos, con respaldo húngaro, entraron en Baviera y tomaron Múnich. La coalición que respaldaba a Carlos VII empezó a deshacerse: en 1742 Prusia firmó la paz con Austria, y también Sajonia cambió de bando. Gran Bretaña tardó en intervenir porque estaba ocupada en la guerra colonial con España. El primer ministro británico William Pitt consideraba necesario respaldar a Austria y convertir Alemania en un ámbito de oposición a Francia → alianza defensiva con Prusia (Tratado de Westminster, 1742). La Guerra de Sucesión austriaca fue por tanto escenario del primer choque entre británicos y franceses desde el conflicto de la Sucesión de España. 
En septiembre de 1743 el duque-rey de Saboya y Cerdeña se pasó al bando de los Habsburgo a cambio de cesiones territoriales en el ducado de Milán. 

En octubre de 1743, el Segundo Pacto de Familia entre Borbones (Tratado de Fontainebleau) unía a España al bando francés, centrando de nuevo sus objetivos en las aspiraciones a la herencia italiana de Isabel de Farnesio. 

En junio de 1743 el ejército anglo-hannoveriano había podido unirse al austriaco, penetrando en la Baja Alsacia. Pero Federico II, alarmado por el avance austriaco, firmó en mayo y junio de 1744 sendos pactos con el emperador Carlos VII y con Francia, dando lugar a la 2ª Guerra de Silesia (1744-45), en la que su ejército invadió Sajonia y Bohemia y tomó Praga, lo que obligó a Austria a concentrar allí sus fuerzas. No obstante, la llegada de las tropas de Carlos de Lorena obligó a Federico a replegarse y firmar la paz con María Teresa a finales de 1745. 

Mientras tanto en el Norte tropas francesas iniciaban la conquista de los Países Bajos tomando buena parte del territorio incluida Bruselas (1746). Las tropas austriacas, menguadas por la necesidad de atender otros frentes, fueron ayudadas por Gran Bretaña y las Provincias Unidas. 

En Italia, los enfrentamientos franco-españoles y austro-saboyanos se dieron en Niza, Saboya, Génova, Milán y el Valle del Po. También en las colonias hubo enfrentamientos (Norteamérica y la India). 

La muerte de Carlos VII en 1745, y el cansancio de los contendientes, facilitaron el acercamiento, pues su hijo Maximiliano Alberto firmó la Paz con María Teresa y reconoció como emperador a su marido, Francisco de Lorena. Francia, Inglaterra y España deseaban concluir las hostilidades → congreso en Aquisgrán, en base a cuyo tratado (1748) los contendientes se devolvieron las conquistas territoriales y se reconocía definitivamente la Pragmática Sanción, y por tanto a María Teresa como heredera de su padre y a su esposo como emperador. A cambio Austria hubo de ceder a Saboya parte del Milanesado; y al infante Felipe de Borbón (segundo hijo de Felipe V e Isabel de Farnesio) los ducados de Parma, Piacenza y Guastalla → Instalación en Italia de los dos primeros hijos varones del segundo matrimonio de Felipe V → aumento de la presencia borbónica en Italia y fin del revisionismo español post-Utrecht. 

La peor pérdida para Austria fue Silesia, que hubo de ceder a Prusia. 

Los acuerdos de Aquisgrán dejaron insatisfechos a varios contendientes: Austria (pérdidas) Francia (devolución de territorios ocupados, los Países Bajos austríacos) y España (no recupera Gibraltar ni Menorca). Además, los dos grandes problemas de fondo (rivalidad austro-prusiana y enfrentamiento colonial anglo-francés) no estaban resueltos, lo que hizo que muchos viesen los pactos de Aquisgrán como una simple tregua. 

La Guerra de los Siete Años (1756-63) y los conflictos posteriores 

El ascenso de Prusia alteró la balanza de poderes establecida en Utrecht. María Teresa, con el objetivo de recuperar Silesia, intentó establecer una alianza secreta con Francia. Y en septiembre de 1755 se produjo también un acercamiento ruso￾británico. 

La guerra llegaría derivada de los enfrentamientos coloniales anglo￾francesas. Las tensiones derivaron en choques en la desembocadura del rio San Lorenzo, la zona de los Grandes Lagos y el Valle de Ohio, lo que llevó a Francia a declarar la guerra a Inglaterra en enero de 1756. 

Mientras tanto, Federico II de Prusia, receloso de Rusia y del poder francés, había firmado con Inglaterra el Tratado de Westminster (1742), que garantizaba sus posesiones continentales mutuamente. Era un compromiso pensado sobre todo para proteger las posiciones respectivas de silesia y Hannover en caso de que fueron atacadas, pero el que se excluía la guerra marítima que acababa de declararse. Francia, indignada (había apoyado a Prusia en Aquisgrán), se alió con Austria → Primer Tratado de Versalles (1756), pacto defensivo en caso de agresión británica o sus aliados, al que atrajeron a Rusia, también disgustada por el Tratado de Westminster, que consideraba violaba el pacto ruso-británico de carácter antiprusiano → Triple Alianza. 

La alteración de alianzas dio estabilidad a Italia, el Imperio y los Países Bajos, y despertó oposiciones en Inglaterra y Francia. Aun así, los hechos consolidaron los bloques y llevaron a la guerra, cuando en agosto de 1756 Federico II invadió Sajonia, perteneciente a Augusto III de Polonia, aliado de Austria (casado con María, hija del emperador José I), y suegro de Luis, delfín de Francia → Segundo Tratado de Versalles (1757), que convirtió la Triple Alianza defensiva en ofensiva, incorporándose a la misma Suecia. Por su parte Gran Bretaña y Prusia lograron el apoyo de algunos príncipes alemanes. 

Comenzaba así la Guerra de los Siete Años, de la que sólo quedaban fuera la España de Fernando VI (neutral) y las Provincias Unidas, caracterizada por la incorporación de las colonias a los conflictos europeos, y por el hecho de que tanto a Francia como a Gran Bretaña les interesó mucho más la guerra marítima que la continental → Dos conflictos paralelos: 
  • Uno continental, entre Federico II y la coalición de sus adversarios, librada en Alemania oriental, Silesia y las fronteras de Bohemia y Polonia. 
  • Otro entre Francia e Inglaterra, en los mares, las colonias y la parte occidental de Alemania. 
El desarrollo de la guerra 

La guerra en el continente 

Después de la invasión de Sajonia, Federico II entró con su Ejército en Bohemia con la intención de conquistar Praga, pero fue derrotado por los austriacos en Kolin (junio de 1757), lo que le obligó a retirarse. Por las mismas fechas, el Ejército francés ocupó Hannover. Sin poder contar con la ayuda británica Prusia se vio acometida por varias zonas. Los suecos desembarcaron en Pomerania y los rusos entraron por el este en sus territorios, mientras franceses y austriacos amenazaban sus posiciones en Sajonia, y un destacamento austriaco se acercaba a Berlín. 



Sin embargo, aplastó a una coalición franco-austriaca en Rossbach (Sajonia) en noviembre de 1757, a continuación, recuperó Silesia y expulsó a los rusos de sus estados en 1758. Francia tuvo que abandonar el dominio de Hannover ante la ofensiva de tropas británicas, decididas a recuperarlo, y más tarde retirarse más allá de la orilla occidental del Rin, tras la batalla de Krefeld en junio de 1758. En el este, austriacos y rusos conseguían victorias sobre Prusia, como en Kunersdorf (1759), la mayor derrota sufrida por Federico II, y llegaron a amenazar Berlín. Pero las indecisiones de aquellos y la habilidad de Federico II le permitieron derrotarles en 1760 tanto en Silesia como en Sajonia. No obstante, era patente su agotamiento y contaba con muy poco apoyo de Jorge III, que apenas se sentía alemán y deseaba la paz → salida de Pitt del gobierno en octubre de 1761. 

En el frente europeo, la posición de la alianza franco-austriaca se debilitó con la defección de Rusia, cuyo nuevo zar, Pedro III, admirador del Rey prusiano, firmó con él una paz que le salvó otra vez del desastre en mayo de 1762. 

También Suecia llegó poco después a la paz con Prusia restituyéndole Pomerania. 

La guerra en el mar y las colonias 

En el frente marítimo-colonial, los franceses tomaron Menorca a los ingleses en 1756 → crisis política británica → nombramiento de Pitt como secretario de Estado. Francia decidió limitar su papel en la guerra continental para centrarse en mejorar la crítica situación colonial → nuevo acuerdo con Austria (Tercer Tratado de Versalles, 1759), lo que no evitó que en ese mismo año los británicos avanzaran en el frente marítimo, cosechando victorias navales y atacando los puertos de los dominios franceses, con el consiguiente perjuicio a su comercio marítimo. 

En Norteamérica las operaciones se iniciaron en 1758, ya con Pitt en el poder. Los británicos disponían de fuerzas superiores y avanzaron en los dominios franceses en Canadá, la zona de los Grandes Lagos, el valle del río Ohio o la Luisiana. 

Conquistaron Duquesne, donde construirían Pittsburg en honor al ministro. En 1759 tomaron Quebec y en 1760 Montreal, última plaza francesa en Canadá. Las pérdidas francesas se completaron en el Caribe con las ricas islas azucareras de Guadalupe (1759) y Martinica (1762) y en la India, donde la toma de Chandernagor en 1757 permitió a los británicos extender su dominio a toda Bengala. 


Ante el avance y poderío británicos y las pérdidas en su flota, Francia logró involucrar a Carlos III mediante el Tercer Pacto de Familia de agosto de 1761. A los españoles tampoco les interesaba el poderío marítimo británico, pero su incorporación tardía al conflicto no cambió la dinámica de victorias inglesas y solo sirvió para que Francia compartiese la derrota con España. 


Los tratados de paz 

El agotamiento de todos los contendientes llevó a principios de 1763 a sendos tratados, que pusieron fin al enfrentamiento austro-prusiano y al conflicto marítimo-colonial. 
  • TRATADO DE HUBERTSBOURG: Prusia adquiría finalmente Silesia y el condado de Glatz, y devolvía Sajonia a Augusto III. Federico II se comprometía a apoyar la elección del hijo de María Teresa como emperador. 
  • TRATADO DE PARÍS: Indiscutible triunfo británico. Francia debió cederles la mayoría de sus territorios en Canadá. En el Caribe Francia recuperaba Martinica, Guadalupe y Santa Lucía, pero perdía Dominica, Granada, San Vicente y Tobago. Debió devolver Menorca a los ingleses y cederles sus factorías senegalesas, y en la India mantuvo escasos enclaves. Poco después se disolvía la Compañía Francesa de las Indias Orientales. En cuanto a España, recuperó de los británicos La Habana y Manila, cediéndoles a cambio Florida. En compensación por su involucración Francia le cedió Luisiana occidental, territorio enorme y en su mayoría por ocupar que incluía Nueva Orleans. 
TRATADO DE HUBERTSBOURG

El resultado de la guerra 

Pese a lo cerca que estuvo de la derrota, se acabó ratificando la expansión y poderío de Prusia → peligrosa bipolaridad con Austria en el Imperio. 

También Rusia aspiraba a un poder creciente en la zona. 

La victoria inglesa redujo a la mínima expresión la presencia colonial francesa en América y la India. Pero, pese a su indiscutible hegemonía marítima y colonial, Inglaterra quedaba aislada diplomáticamente los veinte años siguientes, tras romper con Prusia en 1762 a raíz de la paz de esta con Rusia. 

Las relaciones diplomáticas se estructurarían sobre los dos ejes formados por las alianzas Francia-Austria y Prusia￾Rusia. Desde la Paz de París hasta el inicio de las guerras derivadas de la Revolución Francesa (1792) los conflictos tendrían lugar en Europa oriental, casi siempre vinculadas a las complicadas sucesiones al trono electivo polaco, mientras que la parte central y occidental sólo se produjo la breve Guerra de Sucesión de Baviera (1778-79), que enfrentó nuevamente a Prusia y Austria. 

Las potencias occidentales, exhaustas, concentrarían sus esfuerzos en la competencia colonial, al tiempo que perdían importancia en el este, especialmente Francia, cuya diplomacia tuvo como objetivo mantener el aislamiento británico, lo que facilitó el que la prevista anexión de Lorena a la muerte de Estanislao Leczinski se realizará sin problemas (1766), lo mismo que el fortalecimiento de su posición en el Mediterráneo occidental con la compra a Génova de la isla de Córcega (1768). Buscando romperlo, Inglaterra firmaría en 1786 un tratado comercial con Francia, pero el inicio de la Revolución provocaría un profundo cambio en las relaciones internacionales. 

La rebelión de las colonias británicas 

La rebelión de las colonias británicas contra Jorge III daría a Francia y España la oportunidad de resarcirse, mediante la intervención (junto a las Provincias unidas) en apoyo de los colonos. Los países del norte de Europa formarían la Liga de los Neutrales (1780). El conflicto acabó con el Tratado de Versalles (1783), por el cual Francia recuperó el archipiélago de Saint-Pierre y Miquelon, la isla de Tobago, sus posesiones en Senegal y la factoría de Pondichéry en la India. A España le fueron devueltas Menorca y las dos Floridas (oriental y occidental), pero no Gibraltar. 

Transformaciones militares y navales

Las guerras del s. XVIII fueron tan sangrientas para los soldados como en el siglo anterior. Lo que más estragos causó fue el tiro a corta distancia y la mejora de la cadencia. En cambio, la población sufrió menos debido a la difusión de la disciplina y la generalización del uso de uniformes. 

Técnicas, armamento y táctica militar 

El s. XVIII consolidó los avances del siglo anterior, sin grandes novedades: 
  • Abandono de las picas en favor de la bayoneta → unificación del arma de infantería; 
  • Sustitución de las armas de mecha por fusiles de chispa, más rápidos y ligeros y mejoras en la artillería y las armas de fuego → Prestigio de artilleros e ingenieros;
  • Difusión del cartucho;
  • Multiplicación de las academias militares; 
  • Organización más flexible de las tropas suecas, que ofrecía mayor capacidad ofensiva; 
  • Desde 1759 se desarrollan en Francia las divisiones, que permiten controlar contingentes mayores;/ Orden de ataque oblicuo, y columnas de ataque;
  • También se irá instituyendo el servicio militar obligatorio.

Organización 

Los principales avances del s. XVIII se dieron en la organización, jerarquización y dependencia de los ejércitos respecto a los monarcas, convirtiéndose Rusia y Prusia en modelos a imitar. Se fue reduciendo el porcentaje de extranjeros y voluntarios gracias a la implantación progresiva de un sistema de servicio militar de los propios súbditos. Conviene recordar no obstante que ninguna de las guerras posteriores del s. XVIII movilizó tantos hombres como los que combatieron entre 1689 y 1713. 
  • Prusia 
La organización y la disciplina en el ejército prusiano se regularon con Ordenanzas Militares que sirvieron de modelo a otros países. Destacaron sobre todo el sistema de abastecimiento y la disciplina de las fuerzas prusianas, lo que permitía desplazar los contingentes con rapidez, siempre que no se alejaran mucho de Prusia. No obstante, la Guerra de Sucesión en Baviera (1778-79), librada en terreno bohemio principalmente, puso de manifiesto también puntos flacos prusianos, como la falta de suministros, una caballería indisciplinada o la falta de recursos médicos. 
  • Rusia 
El zar Pedro I se apoyó en avances anteriores, como los impulsados por su padre Alexis I. Al igual que este, no quería depender de la caballería nobiliaria, por lo que creó el primer ejército permanente ruso (1698). Creó un sistema de reclutamiento general basado en el modelo sueco. Como era costumbre en Rusia, muchos oficiales eran extranjeros, pero Pedro I impulsó un proceso de nacionalización. También hizo construir una flota naval para la campaña de Azov de 1696, creó academias navales y militares, y convirtió durante su reinado al ejército en verdadero eje de unidad nacional, haciendo de Rusia una potencia militar temible. 
  • Austria 
Austria se marcó como objetivo tras concluir la Guerra de Sucesión (1748) contar con un ejército potente, dependiente del poder real y capaz de hacer frente a turcos y prusianos. El resultado fue un ejército profesional con oficiales formados en academias que pronto constituyeron una nobleza de servicio, prescindiendo de los empresarios militares. En 1758 se estableció el Estado Mayor austriaco, coordinador de las operaciones militares. 

Francia, Gran Bretaña y la primacía naval 

Francia no aplicó reformas hasta después de la derrota ante Federico II en Rossbach (1757). Sus resultados empezarían a verse a partir de 1792. Su ejército era de los mayores de Europa. Se crearon escuelas navales. Gran Bretaña: Ejército pequeño; en las escasas participaciones británicas en el continente, solían recurrir a la contratación de tropas de príncipes aliados. Ello contrasta con su poderosa armada naval, que le dio un predominio indiscutible: 137 navíos en 1790, frente a los 75 franceses, los 74 españoles o los 49 rusos. La combinación de las armadas francesa y española era la verdadera amenaza para los británicos.