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POEMAS, CUENTOS Y ESCRITOS REVOLUCIONARIOS DE DANIEL FERNÁNDEZ ABELLA is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License. Para utilizar primero y siempre sin ánimo de lucro ha de consultar al autor. Daniel Fernández Abella todos los derechos reservados.

Mostrando entradas con la etiqueta poesía social y revolucionaria. Mostrar todas las entradas
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viernes, 24 de julio de 2026

MANIFESTACIÓN

El silencio se extiende
mientras una multitud ocupa las calles y avenidas
las consignas enmudecen
mientras te pierdes entre el oleaje humano

la marea roja se extiende imparable
mientras las banderas ondean y se agitan, 
oleaje que se convierte en marejada
que rompe la monotonía y la calma 

Como un reloj, los latidos se sincronizan 
la voz erguida en la boca
entonan canciones de emancipación
y florecen como un campo de amapolas

un mar de puños levantados os saludan 
¡Siempre de pie!, sin rodillas,unidos
de nuestra sangre sin yugos, las montañas rojas
crecen y se expanden en cordilleras

martes, 28 de abril de 2026

LAS CARTAS PERDIDAS

Los libros se amontonaban en las mesas mientras los estantes, antes impenetrables aparecían desnudos ante los ojos de los bibliotecarios. La antigua librería llevaba más de un siglo en el barrio, pero había sido comprada hace poco y los nuevos propietarios querían deshacerse de los antiguos muebles. Seguro que para crear un bar o un nuevo apartamento turístico: la zona del centro estaba muy solicitada últimamente y, para los turistas, querían evitarse el engorro del metro y de las estacione para moverse libremente por la ciudad. En una época de grandes cambios y globalización, los antiguos negocios desaparecían engullidos por la oferta y la demanda de un sector que proporcionaba más dinero a sus propietarios en un mercado más global.

Los obreros apilaban los libros y los colocaban en cajas. Su destino era incierto: los vendedores no querían saber nada de aquellos viejos volúmenes y los nuevos propietarios estaban más interesados en las tabletas y las pantallas electrónicas para leer e informarse. Era el fin de una era y el nacimiento de la era digital. Los viejos volúmenes se convirtieron en las víctimas involuntarias de esta nueva tendencia, muertos silenciosos que observan desde las estanterías desconociendo su destino.

Columnas y filas de ejemplares se amontonaban esperando ser trasladas a un destino incierto. Los paseos de los obreros eran el único ruido en la antigua librería, que veía cómo sus días de gloria habían pasado y su desnudez era cada vez más evidente.

En uno de los viajes, una de las columnas se derrumbó por el golpe inesperado de uno de los trabajadores y  su estructura se desmoronó ante los ojos de los demás, quienes, con fastidio, se apresuraron a  recoger y ordenar los libros del suelo. Algunos de los volúmenes  estaban abiertos, con las hojas dobladas y algunos ocultaban viejas fotografías y papeles.

Algunas eran fotografías de los autores, recortes de prensa donde había una crítica del libro o del propio autor: nada fuera de lo habitual. Pero algunos de los ejemplares habían dejado caer sobres y papeles demasiado largos y elaborados para ser simplemente una reseña o un recorte de prensa. Uno de los obreros llamó al capataz avisándole del hallazgo, y entonces se dedicaron a recopilar los manuscritos mientras el resto seguía con la faena.

El sobre y los papeles, ajados y amarillentos por el paso del tiempo, aun conservaban una escritura fuerte y legible. Algunos eran antiguos informes militares, partes dirigidos a señores de nombre Líster, Modesto y otros apellidos raros donde se detallaban datos y fechas con algún tipo de operaciones militares o escaramuzas que los obreros desconocían; otras eran cartas escritas a mano, que, a pesar del tiempo eran más o menos legibles.

Algunos de los autores escribían a sus familias “Querida mía. Hoy 22 de septiembre  de 1936. Sin novedad en el frente. El aburrimiento pesa. Hace una semana un grupo de falangistas intentó entrar en nuestra trinchera, pero acabamos repeliéndoles. ¡Salieron con el rabo entre las piernas! Pero los días suelen pasar sin novedad: cavar trincheras, mantenerla limpias, hacer guardia, otear el horizonte… lo único que rompe la monotonía son las clases  que tenemos por la tarde: después de comer un soldado que fue maestro nos enseña a leer y a escribir mientras nos da una lección de historia y nos recita versos de Machado o miguel Hernández. A veces nos enseñan a hacer números. Las cuentas no se me dan tan mal: voy cogiendo experiencia. La monotonía es lo más habitual.”

La carta continuaba.  La dejó a un lado y encontró más misivas. Historias olvidadas de un pasado cercano, silenciado pero a vista de todo aquel que oteara un poco con interés. Otra carta contaba  sobre sus compañeros de trinchera: "Paco, mi compañero en la guardia, es un tío bastante afable con una historia trágica como la mayoría de los que conozco. Ya de pequeño empezó a trabajar en una finca de Extremadura a las órdenes de un señorito (no entendí el nombre que me dijo) y sus calamidades no habían hecho más que empezar.  Su primer recuerdo era el del día que perdió uno de los cerdos que le habían encargado que vigilase y regresó a la finca llorando. El capataz le rebajó la ‘ración’, es decir, el pedacito de tocino que echaban en el potaje los jornaleros y que prácticamente era ‘la única cosa nutritiva que en él había’. Paco había comenzado su aprendizaje”. “Pronto salió a trabajar en los campos. Araba, sembraba y segaba con la hoz en las fincas donde los jornaleros contratados pasaban temporadas fijas, ‘siempre hambrientos a causa de lo poco que nos daban para comer, delgados como esqueletos’, durmiendo sobre paja en el suelo de tierra de los cobertizos, ‘todos juntos como en un cuartel’. La paja era la que las mulas y los bueyes no querían como forraje."

Como luego me confesó: (...) “Odiábamos a la burguesía, que nos trataba como a animales. Los burgueses eran nuestros peores enemigos. Cuando les mirábamos creíamos estar viendo al mismo diablo. Y lo mismo pensaban ellos de nosotros. Había odio entre nosotros, un odio tan grande que no hubiera podido ser peor. Ellos eran burgueses, ellos no tenían que trabajar para ganarse la vida, vivían cómodamente. Nosotros sabíamos que éramos trabajadores y que teníamos que trabajar, pero queríamos que ellos nos pagasen un jornal decente y que nos tratasen como a seres humanos, con respeto. Sólo había una forma de conseguirlo: luchando como ellos...”. En ese momento entiendes que la lucha no es sólo contra aquellos militares y moros que vinieron, sino contra aquellos que quieren que nada cambie para seguir explotando con la infamia como norma…

Las cartas continuaban narrando las desventuras, idas y venidas del autor. Algunas relataban su amargura y aburrimiento en las trincheras infinitas de una guerra pasada, pero otras eran más personales: Cariño, recibí tu paquete y tu carta ¡cómo me ha alegrado el día! Aquí los días se vuelven largos y eternos, pero dentro de poco tendré un permiso y podré irme a verte a Valencia. ¡Qué ganas de coger unas naranjas grandes y hermosas y tomar una buena paella alejado del campo de batalla junto a todos vosotros! Cuento los días esperando ese momento…

Más cartas aparecieron. “Un tipo hablando inglés vino a vernos junto a más compañeros. Ninguno de nosotros entendía qué decía, excepto cuando empezaron a entonar la Internacional. Todos nos pusimos de pie  con los puños en alto y empezamos a cantarla. Fue un buen momento…. Otras eran más trágicas Salí de la trinchera por un momento. De repente un ruido sordo retumbó por toda la estructura y salí disparado. La nube de polvo me entró en los ojos y la garganta. Los oídos me pitaban.  Me arrastré cuando puede y, cuando el polvo se disipó, todos estaban muertos. Muertos, muertos…

Los papeles amarillentos iban acompañados de fotografías del mismo color, donde a pesar del tiempo, las imágenes seguían nítidas. Imágenes de soldados vestidos en un cerro con fusiles, comiendo en tiempo de descanso, hablando entre ellos rodeados de paisajes agrestes, de ciudades y pueblos donde el color amarillo hacía su presencia y lamía lentamente los negativos. Historias de una época pasada. La última carta sonaba a despedida: “todo ha acabado. ¿El mundo? El mundo ha cerrado los ojos ante lo que estaba pasando aquí, dándonos la espalda: ha preferido arrancarse los ojos antes de toparse con la realidad. El mundo no quiere ver: ha mirado hacia otro lado y ha enmudecido. No quiere saber qué ha pasado aquí. Han callado y han cerrado los ojos mientras la gente era masacrada. Nunca quiere ver... no les importamos lo más mínimo.

Guardó las cartas en el viejo sobre.  Historias olvidadas de tiempos pasados, de tiempos cercanos desconocidos por la mayoría, historias desconocidas pero que no caería el olvido. Se encargaría de guardarlas y contra su historia. De difundirla. La gente tiene que conocerlo. Tiene que saber, pues el olvido es la muerte del alma, la maldición del hombre que tropieza con la misma piedra varias veces. En épocas donde los monstruos renacen bajo las sombras del miedo y la incertidumbre, los ejemplos de antiguas generaciones son necesarios para aprender.

El obrero dobló la carta en el sobre y la guardó mientras continuaba con su faena. Todavía quedaban muchas cajas y la jornada iba a ser larga, pero esa historia no caería en el olvido, sería contada sería recordada. Ecos de un pasado cercano, historias anónimas que forman parte de la historia colectiva, vidas anónimas que abren el camino para nuevas generaciones. Historias que merecen ser escuchadas. Cargó en sus manos todas las cajas que pudo y se apresuró a la furgoneta. La hora del bocata estaba cerca y se merecía un descanso. 

lunes, 13 de abril de 2026

NUESTRO PAPEL

¿Cuál es nuestro oficio?
¿Cuál es nuestra función?
¿qué podemos aportar nosotros, los comunistas?

Si todo está escrito
Si todo está hecho y no queda nada por hacer
Si las grandes batallas no volverán
Si la derrota parece extenderse por el mundo
Si el pesimismo es imperante
Si las banderas rojas yacen rotas y embarradas

¿Cuál es nuestro oficio?
¿cuál es nuestro papel?

Seguir denunciando la explotación del hombre
Seguir denunciando la acumulación de riqueza
Seguir abriendo los ojos y las mentes
Rompiendo la alienación de la matrix capitalista

¿Cuál es nuestro oficio?
¿cuál es nuestro papel?

Ver, observar la realidad
Oír, escuchar los gritos de los oprimidos
Y no callar ante tanta injusticia

Seguimos escribiendo páginas en la historia
Con tinta roja, papeles que se acumulan
Vidas anónimas, manos anónimas que fabrican y crean

Quieren quitarnos nuestro protagonismo
Que seamos testigos mudos e imparciales de la historia
Pero nosotros tomamos conciencia
Y escribimos nuestro destino

Tomando el papel que nos corresponde
En la eterna lucha contra el imperialismo
Contra la injusticia
En la eterna lucha de clases

martes, 10 de febrero de 2026

VIDAS ANÓMINAS

La historia está llena de grandes hombres
grandes conquistadores
grandes reyes
grandes emperadores

grandes construcciones
grandes batallas
grandes naciones
grandes imperios

y su legado pervive en la memoria
en canciones, cantares, poemas épicos
en inscripciones en palacios y templos
en libros, crónicas, anales e historias

pero nadie recuerda quienes edificaron esas grandes construcciones
quienes sangraron en esas épicas batallas
quienes defendieron los imperios derrotados
quienes reconstruyeron las ruinas creadas
quienes cayeron y sangraron escribiendo con tinta roja páginas de la historia

Tantos relatos desconocidos
Tantas preguntas que hacerse
vidas anónimas de trabajadores y gente humilde
cimientos que sustentan la memoria de los pueblos y su historia colectiva

viernes, 3 de octubre de 2025

FLOTILLA DE LA LIBERTAD

Desde el río hasta el mar, renace la solidaridad
y nuevos vientos traen la esperanza y el apoyo del mundo
a tierras palestinas donde la sangre mana libre, sin ataduras
donde llueven bombas desde el cielo en un continuo diluvio de muerte

Que no lo hundan, que no lo toquen 
En ese barco va la última gota de amor , la última carga de dignidad 
que todos los dioses lo protejan y le lleven a buen puerto
dentro va la última esperanza de la humanidad 

desde todas partes un grito mudo de la humanidad
responde y supera los obstáculos de un inmundo
sistema que oprime y masacra, desangra y tortura
intentando ayudar, intentando cambiar su destino y su suerte

mientras Palestina se convierte en un enorme cementerio
Y paso largas horas preguntando por qué se pudren lentamente nuestras almas
por qué se pudren miles de cadáveres en Palestina
por qué la humanidad y la solidaridad se pudren lentamente en el mundo.

Dime, ¿qué mundo quieres abonar con nuestra podredumbre?

lunes, 22 de septiembre de 2025

LA COLUMNA DE LOS OCHO MIL

En septiembre de 1936 los últimos enclaves del suroeste extremeño estaban a punto de ser tomados por tropas del ejército sublevado. Ante esta situación, un grupo formado por miles de personas intenta escapar del terror y la muerte huyendo de manera organizada hacia zona republicana. Muchos huían de sus pueblos por sus ideas políticas. Otros simplemente por miedo. No sabían el terrible final que les esperaba.

La huida de la represión y de la guerra

Las guerras no solo enfrentan a militares en el campo de batalla. La mayoría de las víctimas de los conflictos bélicos no caen con las armas en la mano. Muchas de ellas muere no penan sin poder defenderse. Forman parte de la población civil: ancianos, niños y niñas, mujeres y hombres que intentan sobrevivir a la barbarie escondiéndose o huyendo de los soldados.

Durante la Guerra Civil Española de 1936 a 1939 hubo muchos episodios de huidas masivas. Los pueblos y ciudades quedaban despoblados ante el avance de los militares, ante la ocupación de los enemigos. Los dos desplazamientos de población civil más renombrados fueron el éxodo final de los republicanos hacia la frontera francesa en el norte de Cataluña (febrero de 1939) y la huida de Málaga a Almería de febrero de 1937 tras la entrada de las tropas franquistas en la ciudad andaluza.

Centenares de miles de personas integraron esos éxodos, pero hubo otro más modesto y más temprano: la huida de ocho mil personas desde el suroeste de la provincia de Badajoz hacia el noreste republicano de La Serena a mediados de septiembre de 1936, huyendo del avance de las tropas sublevadas. La llamada Columna de los ocho mil fue diezmada en las inmediaciones de Fuente del Arco (Badajoz) por fuerzas militares franquistas tras dos días de marcha. Aunque muchos pudieron proseguir su huida, al menos dos mil fueron apresados, trasladados a sus localidades de origen y asesinados


Los éxodos desde el sur de Extremadura

La columna de los ocho mil y los refugiados de Barrancos

La ocupación de la provincia de Huelva por los militares sublevados y su avance durante el mes de agosto desde Sevilla a Badajoz, vía Mérida, provocó el acorralamiento a comienzos de septiembre de 1936 de miles de personas en el suroeste de la provincia de Badajoz. Estaban rodeados por territorios al norte y al sur ya en manos franquistas, con la frontera portuguesa al oeste y con las poblaciones situadas en la Vía de la Plata tomadas por los militares.

La única opción era escapar campo a través. Varios centenares lo intentaron hacia occidente, hacia Portugal y acabaron refugiados en fincas cercanas a Barrancos, para luego ser trasladados a Lisboa y en barco regresar a territorio republicano por Tarragona. Y otros tantos miles integraron varias columnas quea mediados de septiembre se atrevieron a atravesar hacia oriente la carretera general Sevilla-Mérida a la altura de Fuente de Cantos buscando los extremos de la Campiña Sur y de La Serena.

Si los primeros son conocidos hoy como los refugiados de Barrancos, los que fueron hacia el este formaron parte de la columna de los ocho mil. 

Las columnas del Ejército de África avanzan por la carretera nacional desde Sevilla en dirección a Mérida y luego a Badajoz, ocupando los pueblo a su paso: Monesterio, Fuentes de Cantos, Zafra,Almendralejo, Lobón, Talavera… Buena parte del vecindario abandona las localidades y va de un lugara otro, buscando refugio. Las operaciones de los sublevados en esta zona, una vez ocupada Badajoz,obligan a los huidos a desplazarse hacia el sur durante la segunda quincena de agosto y la primera de septiembre de 1936

La ocupación militar de los pueblos de la carretera se amplía con otras operaciones secundarias de conquistas de localidades alejadas de las vías principales. El acoso se convierte en acorralamiento.


Los sublevados siguen avanzando y los republicanos retroceden. Miles de personas se concentran en Jerez De los Caballeros y Fregenal de la Sierra. El 14 de septiembre se toma Burguillos del Cerro. La cabeza de puente de la huida republicana se establece en Valencia del Ventoso, donde se concentran dirigentes republicanos y socialistas, que organizan la huida.

Mientras que algunos centenares optan por ir hacia el oeste y se atreven a cruzar la frontera con Portugal, varias columnas de huidos buscan el 16 de septiembre la salida hacia zona republicana a través de la Campiña Sur. Son unas ocho mil personas, agrupadas en varias columnas que se unen y separan al ritmo de la marcha. Sobre todo, mujeres y hombres indefensos, niños y niñas, ancianos y ancianas andando y cargados con algunos enseres en carros y animales. Pocos van armados. Atraviesan la carretera a la altura de Fuente de Cantos hacia Azuaga. 

En el trayecto entre Reina y Fuente del Arco, posiblemente al anochecer del 17 de septiembre de 1936, son interceptados en una emboscada por militares dirigidos por el comandante Gómez Cobián.

Habían apostado ametralladoras en los montes cercanos en la zona de La Arconocosa y dispararon contra la columna de paisanos huidos. Una gran confusión se generó entre los refugiados. Unos lograron pasar, otros retrocedieron y se dispersaron y alrededor de un centenar murió y sus cadáveres quedaron en medio del campo

Al día siguiente, 18 de septiembre, el capitán Tassara le monta una trampa a otro tramo de la columna, que sigue pasando por las inmediaciones de Fuente del Arco. Haciéndose pasar por un miliciano, desarma a los pocos huidos que iban armados con la esperanza de darles mejores armas y los conduce con engaños al pueblo, donde son detenidos. En trenes especiales, seguidos de los animales requisados, son trasladados más de 2.000 prisioneros a Llerena, donde los encierran en locales como La Maltería y la Plaza de Toros

En Llerena los presos son identificados y agrupados por pueblos. Se cursan telegramas a las localidades de origen que han sido ocupadas y van a buscarlos guardias civiles y falangistas que, en camiones, los llevan de vuelta a sus pueblos. Aunque algunos logran salvar la vida por la mediación de amigos y familiares, otros muchos son fusilados nada más llegar. Decenas de personas ni siquiera sufren este último traslado y son acribillados a balazos en el cementerio de Llerena sin ser inscritos en registro alguno.

Mientras otras miles de personas han logrado proseguir su camino y acaban llegando a zona republicana. Algunas participarán en la defensa de Madrid, en noviembre de ese mismo año, integrando unidades militares de extremeños como Los Castúos.

Otros regresan a la región, a la denominada Bolsa de La Serena, o se integran en el ejército republicano.
Además, quienes habían optado por el oeste, tras permanecer un tiempo en campos de refugiados cerca de Barrancos, son trasladados a Lisboa y embarcan en el buque Nyassa rumbo a Tarragona


El avance de las tropas franquistas por la provincia de Badajoz

Nada más celebrarse las elecciones de febrero de 1936, con el triunfo de la coalición de izquierdas del Frente Popular, comenzó la conspiración de las fuerzas reaccionarias, bajo la dirección técnica del general Mola, para derribar la República. En la tarde del 17 de julio de 1936 se inició la sublevación en Melilla. Legionarios y regulares controlaron con facilidad las posesiones españolas del Magreb. El general Franco se trasladó desde Canarias a Marruecos el día 18 de julio para encabezar la insurrección en el sur mientras el general Queipo de Llano sublevaba Sevilla. El golpe triunfó también en algunas capitales españolas, pero la mayoría del territorio nacional se mantuvo fiel a la República. El fracaso del golpe de Estado trajo consigo la Guerra Civil.

La Columna de la Muerte

Con ayuda de la aviación alemana e italiana, varios miles de soldados profesionales que integraban el Ejército de África, el mejor preparado de la milicia española, fueron trasladados a la Península. Gracias a estos legionarios y regulares, muchos de ellos magrebíes, Queipo de Llano dominó Andalucía Occidental y Franco formó una columna, una parte de la cual salió de Sevilla hacia Extremadura el 2 de agosto, al mando del teniente coronel Asensio Cabanillas, y otra al día siguiente, mandada por el comandante Castejón. La Columna Madrid, conocida después como «Columna de la Muerte», a la que unos días después se incorporaron las tropas de Tella y que acabó bajo la dirección del teniente coronel Juan Yagüe Blanco, irá ocupando los pueblos sin más oposición que la batalla de Los Santos de Maimona el 5 de agosto y la efímera resistencia de la capital de la provincia.

La columna fue tomando todas las localidades importantes de la carretera general, como Monesterio (4 de agosto), Fuente de Cantos (5), Zafra, Villafranca de los Barros y Almendralejo (7), Mérida (11), Montijo (13) y Badajoz (14), desviándose solo en alguna ocasión, como cuando fue ocupada Llerena el 5 de agosto.
Juan Yagüe

Fueron centenares los huidos de cada pueblo ocupado, que deambulaban por el campo o buscaban el amparo de localidades cercanas aún no conquistadas por los sublevados. En ocasiones, acosados, iban trasladándose de un pueblo a otro, a medida que el Ejército avanzaba. Hubo concentraciones de huidos en zonas como la Sierra de Monsalud, cerca de Almendral y Torre de Miguel Sesmero

Las columnas de Castejón, Asensio y Tella ascienden por la Vía de la Plata sembrando el terror. Las órdenes eran claras: subvertir la democracia republicana y neutralizar a los responsables de sindicatos, partidos y organizaciones de izquierda. El procedimiento era siempre el mismo tras la ocupación militar de cada pueblo: con ayuda de los falangistas y otros partidarios locales de los sublevados, se destituía a las autoridades republicanas, se nombraba una gestora integrada por personas de extrema derecha, se detenía a los dirigentes de izquierdas y, sin formación de causa judicial alguna, se los fusilaba. El terror era parte de la estrategia militar de ocupación.

Concentración de huidos y organización de las columnas en el suroeste extremeño

Tras la toma de Badajoz, el número de los huidos se incrementó muy notablemente. Durante algunos días se concentraron en Olivenza, pero la ocupación de ésta y de La Albuera el 17 de agosto, de Almendral y Torre de Miguel Sesmero el 19 y de Feria y Fuente del Maestre el 20, provocaron nuevas huidas hacia el sur. Durante la primera quincena de agosto los golpistas se habían hecho, además, con el control de Almendral, Torre de Miguel Sesmero, Feria, Santa Marta de los Barros, Villalba de los Barros, Solana de los Barros, Valverde de Leganés, Cheles, Corte de Peleas, Alconchel, Barcarrota, Higuera de Vargas, Villanueva del Fresno, Salvaleón y Salvatierra de los Barros. Estas conquistas dificultaban más aún los movimientos de los huidos, que tuvieron que buscar como refugio las localidades más meridionales de Burguillos del Cerro, Fregenal de la Sierra y Jerez de los Caballeros


La ocupación de la serranía onubense

Durante la segunda quincena de agosto y primera de septiembre fueron ocupados la mayoría de los pueblos de la serranía de Huelva. Berrocal cayó el 14 de septiembre; al día siguiente, Cañaveral de León; el 19, Hinojales y Cumbres Mayores... La ocupación de estos pueblos tuvo dos consecuencias: se incrementó el número de huidos y se cerró por el sur la bolsa suroeste extremeña

A partir del 14 de septiembre cayeron definitivamente las localidades restantes del sur de Badajoz: Burguillos del Cerro, Valverde de Burguillos, Segura de León, Fuentes de León, Valencia del Ventoso, Bodonal de la Sierra, Fregenal de la Sierra, Higuera la Real, Jerez de los Caballeros, Oliva de la Frontera, Valencia del Mombuey, Zahínos y Cabeza la Vaca.

La ocupación de estos núcleos cerraba la bolsa en la zona occidental de la provincia

Alrededor del 14 de septiembre hubo una reunión en Valencia del Ventoso de algunos dirigentes de izquierdas, como José Sosa Hormigo, diputado socialista natural de Barcarrota y los también socialistas José González Barrero y José Lorenzana, alcaldes de Zafra y Fuente de Cantos, respectivamente. A punto de ser tomada la población, que lo sería el 16 de septiembre, organizaron la huida definitiva de la bolsa donde estaban atrapados. Utilizando los caminos y veredas, cruzarían la Vía de la Plata e intentarían llegar al sureste de la provincia, aún territorio republicano

HUIDOS

Las numerosísimas personas acorraladas en los últimos pueblos republicanos del suroeste de la provincia de Badajoz solo tenían dos opciones de huida y ambas con riesgo: o iban hacia el este, para intentar llegar al territorio republicano de la zona de Azuaga y de La Serena, arriesgándose a pasar por lugares ya tomados por los sublevados y ser capturados, o iban hacia el oeste y atravesaban la frontera portuguesa, arriesgándose también a ser capturados y devueltos a España.

La primera opción fue la primera y la mayoritaria, elegida por siete u ocho mil vecinos a partir del 13 y 14 de septiembre, a medida que eran tomados pueblos como Burguillos del Cerro, Valverde de Burguillos, Fuentes de León y Segura de León. Formaron lo que conocemos como la columna de los ocho mil.

La segunda opción, la de Portugal, más tardía y minoritaria, la eligieron a partir del 20 de septiembre unas mil personas, vecinas de los pueblos pegados a la frontera, como Jerez, Oliva y Villanueva del Fresno, que acabaron siendo conocidos como los refugiados de Barrancos



Hacia el oeste: Portugal

La solidaridad de un carabinero y de un pueblo portugués

El responsable de la acogida de los españoles fue un teniente de carabineros portugués, Augusto de Seixas (1891-1958), que desde el mes de agosto había venido controlando el paso a Portugal de muchos refugiados derechistas,organizando la solidaridad en Barrancos, y que ya en septiembre preparó la estancia de los centenares de huidos izquierdistas e incluso ocultó a sus superiores la existencia de otras doscientas personas para protegerlas. Ayudado por sus hijos evitó cacerías de refugiados por incursiones de fascistas desde España, devoluciones y represalias. Su bondad le costó la apertura de un expediente disciplinario, la prisión durante dos meses en Elvas y el retiro forzoso 

Augusto de Seixas (1891-1958)

Junto al Castillo de Noudar

Nada más cruzar la frontera, en ese cuerno que penetra en el mapa de España desde Portugal está el Castillo De Noudar. Y en sus proximidades,cerca del municipio de Barrancos, en las heredades de Coitadinha y Russianas, se concentraban el 21 de septiembre 340hombres de Jerez de los Caballeros, 294de Oliva de la Frontera y 68 de Villanueva del Fresno, además de 54 mujeres y niños y 32 carabineros españoles. Las autoridades portuguesas, desbordadas,permitieron en un primer momento el paso, pero acabaron cerrando la frontera e impidiendo a disparos la entrada demás refugiado

Castillo de Noudar

El buque Nyassa y regreso por mar a la España republicana

Para resolver el enorme problema de abastecimiento que estaba provocando la presencia de los españoles en la cercanía de Barrancos, Portugal decidió trasladarlos a Lisboa y sacarlos del país. Más de mil personas fueron llevadas a Moura, donde hicieron noche en la plaza de toros, y de ahí al puerto de Lisboa para embarcar en el buque Nyassa. El día 10 de octubre de 1936, tras una travesía que rodeó la península Ibérica por el estrecho de Gibraltar, llegaron a la Tarragona republicana 1435 personas salvadas del horror en que se había convertido Extremadura

buque Nyassa


Hacia el este: la España republicana

Inicio de la marcha hacia Azuaga

La partida hacia el este se produjo desde varios sitios. Por esa razón, aunque hablemos de «la columna de los ocho mil», realmente fueron varias columnas que totalizaron esa cifra de huidos. Desde Fregenal de la Sierra partió el grueso. Unas seis mil personas se agolparon en el pueblo, y la situación llegó a ser caótica. De Bodonal de la Sierra salió otro núcleo importante compuesto por gente de la cuenca minera onubense. En Valencia del Ventoso se formó el tercer núcleo de la marcha.

Seguramente, cada una de estas columnas salió en fechas distintas. Valencia del Ventoso fue ocupada el miércoles 16 de septiembre, mientras que Fregenal y Bodonal no cayeron hasta el 18 y 19. 

De Valencia del Ventoso quizá salieran el día 15 de septiembre. Al principio la columna se dirigió a Llerena, pero al enterarse los dirigentes que ya había sido ocupada, cambiaron la trayectoria hacia Fuente del Arco y Azuaga. Hombres mujeres, niños, ancianos y muchos animales marchaban con los enseres más preciados y esenciales. La columna estaba encabezada por miembros que conocían el terreno. Entre ellos, Peñas, un minero de Río Tinto, y Juan Francisco Gómez Rodríguez, antiguo secretario del Ayuntamiento de Almendralejo. El alcalde de Zafra, José González Barrero, se quedó un día más en Valencia del Ventoso para dejar organizado el pueblo tras la salida

No era una columna militar. Se sabía que contaban con poco armamento. Unos cuantos fusiles, escopetas de caza y bombas de fabricación casera era todo lo que llevaban. Desde la capitanía de la Segunda División sabían  cuánto armamento llevaban. Las armas que tenían eran las que faltaban en los distintos cuarteles de la Guardia Civil. El avance de la columna era conocido en todo momento por los sublevados gracias a los aviones que sobrevolaban la zona. La columna no suponía una amenaza para los militares sublevados, aunque el número de personas que la integraban dificultaban su control

ATACADOS

En el cerro de La Alcornocosa de Fuente del Arco

La marcha de la columna

Aunque la primera intención había sido llegar a Llerena, la columna de huidos supo que esa localidad ya estaba tomada por los sublevados y decidió dirigirse a Azuaga, con la intención de atravesar la vía del tren a la altura de Fuente del Arco. La marcha de la columna era controlada desde su arranque por el Ejército sublevado. Era imposible ocultar a miles de personas caminando por el campo durante dos días. Un avión de reconocimiento hizo varias pasadas durante el trayecto y, además de los avistadores a pie, no hay que descartar que algún espía estuviera mezclado entre los huido


Los atacantes

Los sublevados decidieron atacar a la columna antes de que atravesara la vía férrea. La operación se encomendó al Regimiento Granada, destinado en Llerena al mando del teniente coronel Alfonso Gómez Cobián, reforzado con guardias civiles y falangistas, Los hombres armados movilizados para la operación fueron unos quinientos. Aunque los huidos eran miles, no eran militares, eran civiles, y estaban indefensos, con apenas un centenar de fusiles y escopetas en la vanguardia

La encerrona

Al atardecer del 17 de septiembre de 1936 la columna fue atacada desde lo alto del paraje de la Alcornocosa, cerca de Reina y Fuente del Arco. Habían dejado la Senda y se internaban en la cañada real del Pencón, pasada la sierra de la Jayona. El lugar elegido para acometerlos fue el cerro de La Alcornocosa, a apenas dos kilómetros y medio de la vía férrea de Fuente del Arco a Llerena, tras la cual comenzaba el terreno aún fiel a la República en las inmediaciones de Valverde de Llerena. Los militares habían apostado en los cerros cercanos varias ametralladoras. A una señal, comenzaron a disparar.
Una lluvia de fuego diezmó la comitiva

El jefe de la operación

El teniente coronel Alfonso Gómez Cobián (Sevilla, 1891-1970) había pasado por diversos empleos como militar profesional en África antes de ser destinado al Regimiento Granada. En agosto de 1932, ya comandante de Infantería, se sublevó por primera vez contra la II República. El jefe de la conspiración de Sevilla, general Sanjurjo, le encargó el mando de las fuerzas de Asalto. Fue detenido, procesado y absuelto después de pasar dos años en prisiones militares. El 30 de abril de 1936 fue destinado a la Caja de Reclutas nº 12 y tras el golpe de Estado los sublevados le encargaron el mando del cuarto batallón del Regimiento Granada como teniente coronel

Los cadáveres

Según las cifras oficiales anunciadas en prensa, los muertos en el ataque fueron unos ochenta, pero no hay que descartar que fueran muchos más. Como vestigios de la tragedia quedaron numerosos cadáveres esparcidos por el campo que, durante los días siguientes, fueron devorados por los animales. Los propietarios de tierras cercanas apilaron algunos restos y les dieron fuego o echaron los cuerpos en pozos mineros. Se conservan algunos enterramientos, como uno a los pies de una encina en la que se grabaron dos cruces en su tronco.

La desbandada

La gente huyó en desbandada, La columna se disgregó. Algunos —en solitario o en pequeños grupos— consiguieron pasar, aunque dos kilómetros más adelante, en la vía del tren, también había apostados soldados, que les disparaban. Otros dieron marcha atrás, volvieron a sus pueblos o fueron capturados o abatidos por partidas de guardias civiles y falangistas. Y muchos se ocultaron en las sierras vecinas, donde hubo algunos incendios provocados por la refriega.



APRESADOS

Dos mil prisioneros en Llerena

El apresor

El capitán Gabriel Tassara Buiza (Sevilla, 1901-1992). era uno de los principales ayudantes de Gómez Cobián en Llerena. Era un militar “africanista” que se había posicionado contra la República en el golpe militar.

El 18 de septiembre de 1936 ideó una celada a la “columna de los ocho mil”, por la que consiguió una medalla militar individual. En 1939, conseguiría otra medalla por una acción en Córdoba. Terminó la guerra como comandante y luego fue ascendido a coronel y a general

 Gabriel Tassara Buiza

El engaño

El apresamiento posiblemente ocurriera al día siguiente del ataque. El hambre, el calor y la sed, junto al miedo a volver ser atacados, convirtieron a la columna en una masa de personas sensibles a ser engañadas. Los militares querían neutralizar al mayor número de personas, capturarlas y conducirlas a Fuente del Arco. El 18 de septiembre de 1936 se presentó al paso de la columna vestido como un miliciano y con una bandera de la República.

El capitán convenció a parte de la columna con guiarla en su huida y dotarla de mejores armas en Fuente del Arco, que decía que no había sido ocupada todavía.

La captura

Aunque no todos se fiaban, más de dos mil integrantes de la columna siguieron hasta Fuente del Arco al capitán Tassara. De camino, en el cortijo “La Castora”, desarmó a todos ellos, convenciéndoles de que les iba a facilitar mejores armas. Tassara los condujo hasta Fuente del Arco, donde fueron recibidos con banderas tricolores republicanas. Tras los primeros momentos, las banderas fueron sustituidas por rojigualdas y los gritos de los sublevados llenaron la plaza. La estratagema surtió efecto, y consiguió capturar a unas dos mil personas. Aunque ese mismo día, algunos fueron fusilados en Fuente del Arco, la mayoría fue trasladada en tren a Llerena, al mismo paso que los numerosos animales que iban atados al convoy

El encarcelamiento

En Llerena, La Maltería, la Plaza de Toros y varias casas particulares sirvieron para alojar de manera temporal a todos los prisioneros. El propio Queipo de Llano informó esa noche por radio: Según las últimas noticias se han recogido más de 50 caballos y una gran cantidad de armas y municiones que no pueden detallarse todavía porque se está procediendo a clasificarlas. A los prisioneros se les está alojando en los corrales de las casas y se procede a darles de comer, pues se hayan extenuados y en situación lastimosa. Entre ellos hay diversos heridos, como consecuencia de la confusión que se promovió en sus filas. Hay varias mujeres, algunos maestros de escuela y otros hombres de carrera.

La identificación y el traslado

Los centenares de prisioneros que llegaron a Llerena fueron identificados y clasificados por pueblos. Se solicitó información a cada una de las localidades de origen y de estas llegaron emisarios y autoridades para recogerlos. La mayoría no estuvo encerrada más de dos días en Llerena. O bien eran recogidos por los enviados desde su pueblo o, con la información suministrada, se les fusilaba en el cementerio de Llerena

ASESINADOS

Trasladados a sus poblaciones de origen, muchos de los cautivos son fusilados

Todas las personas que formaron la columna de los ocho mil fueron víctimas, bien porque o acabaron muertas o heridas o bien porque sufrieron las penalidades de la huida o el destierro. Ahora bien, entre las varios centenares, quizá hasta miles, que murieron hubo cinco tipos, según el momento y las circunstancias en que perdieron la vida: quienes abandonaron la columna y regresaron a sus pueblos con la esperanza de que no les pasara nada, quienes fueron acribillados en medio del campo, quienes fueron fusilados en Llerena, quienes fueron trasladados a sus pueblos y allí fusilados y, finalmente, quienes acabaron en el barco-prisión Cabo Carvoeiro de Sevilla

Los que abandonaron

Este grupo lo forman quienes abandonaron la columna y regresaron a sus pueblos antes del 17 de septiembre, cuando aún la columna no había sido atacada, o tras serlo el mismo 17, y fueron fusilados al llegar a sus localidades.

Quizá el caso más famoso de estos fue el de José Modesto Lorenzana Macarro, alcalde de Fuente de Cantos. Dejó su pueblo el 5 de agosto de 1936 y se mantuvo hasta mediados de septiembre en la bolsa del suroeste de la provincia. En la reunión de Valencia del Ventoso de principios de septiembre fue uno de los dirigentes que organizó la columna y se integró en ella. Pero, al enterarse de que su mujer y sus hijos habían sido capturados en su pueblo, decidió regresar y, al entregarse, fue atado a la cola de un caballo, salvajemente torturado y fusilado en una silla en la plaza de Fuente de Canto

Los que fueron acribillados

Quienes murieron bajo el fuego de las ametralladoras o en medio del desbarajuste del ataque del 17 de septiembre al pie del Cerro de la Alcornocosa. Estos son de los únicos que hay una cifra más o menos oficiosa: 80 dicen las fuentes, aunque posiblemente fueran más. Uno de esos casos, aunque al parecer asesinado por sus propios compañeros, fue el de Juan Antonio Flores Gordillo, de Burguillos del Cerro, que según testimonio de su hija fue muerto por los milicianos al negarse a seguir avanzando, por querer buscar a sus hijos, a quienes había perdido en el ataque

Los capturados y fusilados en Llerena

Quienes, una vez capturados tras el engaño del capitán Tassara el 18 de septiembre, fueron fusilados en Fuente del Arco o en Llerena antes de ser devueltos a sus pueblos.

Ya en Fuente del Arco hay testimonios de fusilamientos ejemplificadores, con exposición pública, en la misma plaza.

Después, en Llerena, durante varios días y semanas salieron los camiones todas las noches desde La Maltería o la Plaza de Toros hasta el cementerio, donde eran ametrallados los prisioneros tras ser obligados a cavar sus propias tumbas.

Nunca fueron inscritos en el Registro Civil


Los capturados y trasladados al barco-prisión Cabo Carvoeiro de Sevilla

La oligarquía sevillana puso a disposición de la sublevación un vapor de 80 metros de eslora y 12 de manga llamado Cabo Carvoeiro, fondeado en el muelle de Sevilla y cuyas bodegas albergaron a centenares de detenidos de izquierdas. Era conocido como “el barco de la muerte”. Allí fueron trasladados muchos de los apresados en Llerena. Según el historiador Francisco Espinosa, los destinados al barco fueron especialmente los andaluces y los dirigentes y personalidades relevantes de la izquierda local detenidos. Uno de ellos, aunque no es seguro que perteneciera a la columna, fue el antiguo alcalde de Maguilla, Aurelio Urbano Vera Dávila.

Cabo Carvoeiro

Los capturados y fusilados en sus pueblos

Quienes, a partir del 18 de septiembre y de los días posteriores, tras ser trasladados a sus localidades de origen, fueron asesinados por sus paisanos. A muchos se les llevó en camiones a sus pueblos de origen. Los que cayeron en la trampa de Gabriel Tasara fueron repatriados a sus lugares de origen en camiones. Muchos de ellos tuvieron la mala suerte de ser fusilados en sus propios pueblos. No se conoce el número exacto de víctimas

SUPERVIVIENTES

En Valverde de Llerena

De las miles de personas que habían logrado pasar tras el ataque de La Alcornocosa y la trampa de Tassara, la mayoría ni paró en Valverde de Llerena por miedo a que estuviera en manos fascistas. Solo unos centenares se atrevieron a entrar y descansaron durante unos días en la iglesia. Según algunos testimonios se mataron veinte ovejas para darles de comer. A los tres días, el alcalde de Valverde, Miguel Doñoro, encomendó a un joven, Juan Durán Cerrato, que los llevara por caminos seguros a Azuaga. Debemos suponer que, si llegaron a Valverde el mismo 18 de septiembre, no se fueron a Azuaga hasta el 20 de septiembre, tras descansar un día completo. Tres  días después, el 23 de septiembre, Valverde de Llerena era ocupada por los militares

En Azuaga

Por Azuaga pasaba la vía férrea Fuente del Arco-Peñarroya. Las miles de personas que se concentraron en Azuaga, unas provenientes de Valverde de Llerena y otras directamente de Fuente del Arco, acabaron en trenes fletados especialmente para trasladarlas hacia el centro de la Península, vía Almorchón. A partir del 21 de septiembre saldrían los trenes hasta Peñarroya y de ahí subirían por la línea Córdoba-Almorchón hasta esta última estación, desde donde saldrían hacia el centro. El 24 de septiembre de 1936 Azuaga fue ocupada por los sublevado

En Valdepeñas

A medida que avanzaba la evacuación, la gente iría quedándose en estaciones intermedias, según posibilidades y preferencias, pero sabemos que una buena parte de los huidos llegaron a Valdepeñas, posiblemente a través de Puertollano y Ciudad Real. En muchas localidades de esa provincia hubo numerosos problemas provocados por el hacinamiento de miles de refugiados.
Se conservan fragmentos de dos fotografías propiedad de uno de los huidos de Valencia del Ventoso, Julián Indiano. En ellas se ve a más de un centenar de personas (adultos, ancianos y niños), con los puños en alto delante de un arboleda, alrededor de unos calderos con comida. Algunos llevan armas en la mano y otros enarbolan periódicos, como si su hazaña hubiera sido publicada en alguna prensa

En Madrid

Madrid estaban llegando desde hace más de un mes un goteo de refugiados extremeños que a principios de septiembre habían formado un llamado Batallón de los Castúos Esta unidad militar se engrosó considerablemente con voluntarios salidos de los centenares de personas salidas de las columnas que a mediados de septiembre habían huido de Extremadura. Muchos de ellos participaron en la defensa de Madrid de noviembre de 1936. 



Seguid caminando, corred, seguid adelante, sin mirar atrás, 
huid de la matanza y la muerte que siembran aquellos traidores
que riegan de sangre nuestras tierras, campos y llanuras
dejando tras de si un cementerio eterno de llantos silenciosos

¡Huid, escapad si podéis! Seguid caminando huyendo de tan cruel destino
mientras los cuervos festejan tan reciente banquete de cuerpos en la tierra
regados y esparcidos por doquier mientras los lamentos se enmudecen
y los ojos se quedan secos después de tanto llanto

Ocho mil almas escapamos de tan cruel destino, sin saber que pasará
en busca de esperanza y salvación,huyendo de la muerte y los horrores
que dejan a su paso militares traidores en Extremadura
mientras el pueblo sufre en sus carnes la huella de militares facciosos

¡Huid, escapad! !No miréis atrás! ¡No os desvieis del camino!
ocho mil almas huyendo de los horrores de la guerra
que les persigue en su caballo mientras la tierra agoniza y perece
la vida a su paso, mientras enmudecen las voces y los cantos

martes, 16 de septiembre de 2025

LUCHA DE CLASES

Dicen que la lucha de clases es algo desfasado
algo olvidado, algo del pasado, algo lejano
algo antiguo, algo arcaico, ecos de otra época

y veo en televisión a ricos burgueses ostentado su nivel de vida
veo sus mansiones
veo sus negocios
veo su prepotencia
veo sus aires de grandeza
veo cómo miran por encima del hombro

y veo por la ventana como la lluvia y el frío aparecen
y recuerdo a trabajadores camino a la fábrica y la oficina
veo las largas caminatas 
veo la humedad y el frío calando sus cuerpos
veo una bolsa de la compra cada vez más vacía
veo más horas extras en una nómina que agoniza

y entonces me hierve la sangre
mientras observo todo esto
mientras el odio y la rabia van creciendo


jueves, 8 de mayo de 2025

RECUERDO DE LA GUERRA PATRIA

Te recuerdo, muchacha, siempre camarada
codo con codo, hombro con hombro siempre en la trinchera, combatiendo, 
pasamos juntos los días más felices y más terribles de nuestras vidas
En la barricada principal, en el blanco paisaje, miramos juntos a la muerte.

Compartimos una frontera. La línea del frente. La línea de la vida. Una frontera helada
Soñamos con la otra, Esto es todo lo que nos queda ahora. Seguimos resistiendo.
Y comenzó la guerra. y la muerte llegó a nuestras puertas, esperanza perdida
los nombres de los héroes se escribieron con sangre en la historia, recordando su suerte

Nuestros campos de amapolas silvestres, del color de la pluma, se regaron con sangre de los caídos
Y las trincheras como cinta negra recuerdan como cicatrices en un rostro lo acontecido
Y el cuerpo del soldado se convierte en  una fotografía en blanco y negro en unas manos ancianas
que recuerdan el dolor y lo sufrido.Se convirtió en un héroe. Una roja página en la historia.

eran nuestros soldados, nuestros hijos, nuestros esposos, nuestros camaradas, aquellos que perdimos
son los que apuntan al enemigo, los que resisten las heladas, la peste, la sangre, el dolor y han vencido
Hay muerte en sus ojos a la luz de sus pupilas dilatadas, mirando al horizonte, recordando época lejanas
para algunos que han olvidado lo acontecido, pero las cicatrices siguen marcadas en nuestra memoria

Día de la victoria. Qué lejos estaba de nosotros, inalcanzable, a cada paso que dábamos se alejaba
en un invierno eterno con vientos helados, como una brasa escondida en la fogata apagada
Recorrimos kilómetros, quemados y polvorientos siguiéndola como una estrella que nos guía
por nuestros camaradas, amigos, y los que cayeron. Hicimos lo que pudimos por apresurar este día.

domingo, 13 de abril de 2025

RECUERDOS TRICOLORES REPUBLICANOS

¿Qué fue de aquel pueblo revolucionario
Contra la dictadura de Rivera
De la monarquía traicionera
Del Berenguer reaccionario
que trajo la república?

¿Qué ha sido de José Díaz, la Pasionaria
Manuel Azaña, Companys, Caballero
De aquella furia revolucionaria
Del pueblo, del campesino y del obrero?

¿Qué fue de Durruti, Ascaso, García Oliver,
de todos aquellos que lucharon por el pueblo
de los poetas del Veintisiete y de la Barraca
de los maestros que rompieron las cuerdas de la estaca

de la ignorancia donde estábamos atados
y que con sus palabras fuimos liberados
qué fue de aquellos que lucharon
para enseñar al pueblo y con su sangre regaron
los campos de la libertad para un nuevo amanecer?

¿Dónde se fue la furia roja, del martillo y la hoz
Que luchó contra el militar
En nombre de la revolución social
Clamándola a viva voz?

¿dónde están aquellos pendones tricolores
que clamaban Libertad, Igualdad y Fraternidad
en un mundo donde surgían nuevos monstruos y nuevos horrores
que sumergían en el mar de la barbarie a la humanidad?

¿Dónde están, ahora? Enterrados en el olvido
El pueblo muerto, en las cunetas enterrado
El pasado con heridas aún no cicatrizadas
El golpismo triunfante sus ideas ha callado
Pero nada ni nadie ha sido olvidado
Vuestra voz no ha sido silenciada

lunes, 18 de noviembre de 2024

ACCIDENTE LABORAL

hoy vuelve a haber un accidente de trabajo
otro más en una larga lista interminable
para la prensa otro dato más
para el gobierno otro número más
para la patronal otra incidencia más
tardarán en echarle la culpa
por no hacer el curso de riesgos laborales
para su clase otra herida más
para su familia un sueldo y una vida menos



martes, 22 de octubre de 2024

MI TIERRA ES PALESTINA

Yo soy la tierra, la tierra donde habito
la tierra donde nacieron mis hijos
donde vivieron mis padres
donde vivió mi familia

Invasor, Ve y róbate el último pedazo de mi tierra,
abandona mi cuerpo joven en mazmorras,
saquea mi herencia,
arranca mis olivos y siembra mis huertos con sal

derrumba mi casa con tus máquinas sin alma
pisotea mi cuerpo y quema mis libros
derruye los ladrillos hasta convertirlos en polvo
la sangre de los mártires riega ya la arena

pero recuerda la verdad:
Mi nombre es palestino,
palestinos son también mis ojos, mi tatuaje,
palestinos mis pensamientos, mis ropajes,
Mis pies, mis formas,
palestinas mis palabras,
palestina mi voz,
palestina vivo,
palestina muero

lunes, 7 de octubre de 2024

NUESTRO HOGAR

Hay un puñal en mi corazón.
Estoy herida, herida.Sangro.Tiemblo.Grito
La muerte cae del cielo
intermitentemente

No ha amanecido.
La noche en la ciudad es oscura,
excepto por el brillo de los misiles.
sigue lloviendo muerte

La noche en la ciudad es oscura,
aterradora, excepto por la promesa
tranquilizadora de la oración;
negra, excepto por la luz de los mártires.

¿Ya terminó el bombardeo?
¿Cuántos fueron asesinados?
Detente, Señor.
Detén los aviones.
¿Van a venir más?
¿Van a venir más?

Recuérdanos.
Nosotros te recordamos como un verdor
que surge de cada sangre,
barro y sangre
sol y sangre
flores y sangre
noche y sangre

nosotros, malos y buenos poetas,
con los latidos de la luz
y el martillo de la esperanza
vamos construyendo tu casa

 tu Patria
tus mañanas
Creo en tu sueño de banderas desveladas, Palestina.
empuñemos el fusil
la luz, el corazón,
en esta injusta y cruenta guerra.

miércoles, 11 de septiembre de 2024

PARTE DE GUERRA DESDE GAZA

Ya no hay ruido. Solo silencio
y sin embargo la muerte sigue cayendo del cielo
y sigue cabalgando por las calles
podando de raíz las hierbas con su guadaña

Ya no hay ruido. Solo silencio
y sin embargo los gritos de dolor crean un coro de muerte
los llantos de los niños llamando a sus madres muertas
sin apenas pronunciar las palabras aprendidas bajo tierra

Ya no hay ruido. Solo silencio
y sin embargo la noche en la ciudad es oscura,
excepto por el brillo de los misiles;
silenciosa, excepto por el sonido
del bombardeo;

siguen cayendo las bombas
y los gritos de dolor continúan
sin embargo para mi, ya no hay ruido. Solo silencio
mi cuerpo y el de mi familia están sepultados bajo los escombros

jueves, 9 de mayo de 2024

LAS RAPADAS

Llegaba la primavera. A pesar de que la nieve ya empezaba a derretirse, el viento helado todavía hacía temblar a los soldados que estaban de guardia. Intentándose calentar frente al fuego, éstos se afanaban en mantener vivas las llamas echando más leña, papeles o cualquier cosa que fuera de utilidad.

El camino al pueblo donde estaban era difícil, lleno de piedras afiladas y duras.  Una interminable senda que les separaba del mundo y la civilización, aislados de todo lo que había ocurrido de lo pasado y de lo sufrido, de todo aquello que era necesario olvidar y callar. Los ojos ya estaban secos de lágrimas y de llenos de dolor. No era importante.  No era necesario.

El silencio fue roto por la llegada de los camiones.  Una fila interminable de vehículos rompió la monotonía del lugar. Los camiones fueron estacionándose y de ellos bajaron más soldados acompañados de prisioneras. Una multitud de personas desfiló por aquel páramo helado.  Llamados por el ruido, la gente del pueblo empezó a  arremolinarse cerca de los camiones. Los soldados daban gritos y órdenes, empujando y bajando a las prisioneras  Envueltos en mantas, la gente observaba en silencio y con temor la escena ....  los rostros de las mujeres reflejaban el cansancio y la tristeza. Llevaban varios días de camino y no había nada de comer. 

Colocadas en la plaza del pueblo, empezó la tortura. El sonido de las tijeras rompía la monotonía del silencio mientras la plaza se llenaba de pelos y cabello cortado. Los vecinos se fueron aglomerando ante el denigrante espectáculo, gritando a las mujeres cada vez más fuerte.  El suelo se llenó de pelo y lágrimas mientras la multitud abucheaba y gritaba, rostros henchidos de rabia y otros llenos de lágrimas que evitaban mirar tan horrible espectáculo.

Las mujeres arrodilladas, abrazadas en aquel suelo repleto de piedras y arena, humilladas, temblando de miedo, protegiéndose unas a otras con sus cuerpos de las agresiones verbales, de los escupitajos de algunos, de las patadas y golpes de aquellas caras conocidas, de hombres que habían visto alguna vez en las calles, en sus trabajos, en los bailes y fiestas de los pueblos, varones de los que nunca imaginarían un comportamiento tan atroz, tan violento contra mujeres que no habían cometido ningún delito, solo defender la libertad, la democracia, un mundo mejor para el pueblo canario, para la gente más desfavorecida de unas islas sometidas a la esclavitud, a los caprichos del caciquismo ancestral, el que junto a la Iglesia Católica, durante cientos de años, había sometido a todo un pueblo a vejaciones y abusos indescriptibles.

Lo peor son los domingos, cuando la Plaza del Castillo se llena de gente después de la salida de misa de doce y todos están tomando el aperitivo. Es cuando aprovechaban para pasear en fila a las mujeres que pasaban por rojas, desaliñadas del todo, cortado el pelo al rape y afeitadas las cejas. ¡Hay que ver cómo las insultan y qué cosas no se les dicen!  Se veía una gran fila de mujeres con extrañas ropas, y hombres que les gritaban empujándolas. Ninguna tenía pelo, llevaban las cabezas rapadas. Muchas iban vomitando y casi sin poder hablar 

Una interminable fila de mujeres que desfilaban en silencio, con miradas gachas y lágrimas secas, viviendo su propio vía crucis,  donde la humillación y los gritos estaban a la orden del día. Un eterno paseo, un aviso a viandantes, un recuerdo de quienes vencieron, una advertencia a quien hablara demasiado, una  nueva España había nacido.

sábado, 13 de abril de 2024

MUERTE DE UN MAESTRO

En la entrada del pueblo existe una una fuente donde sigue saliendo del agua como antaño. recuerdo de una época pasada, sigue en pie a pesar del paso del tiempo y al abandono, ha visto pasar miles de personas, miles de acontecimientos: Eterno túmulo del que brota el agua, recordando el crimen acontecido, lo pasado y lo ocurrido.

Los años pasan, Don Miguel y conforme lo hacen y me aproximan inexorables a esa edad en la que ya aparte de pasar también pesarán, lejanos ya los tiempos en que tuve la inmensa fortuna de ser uno de sus alumnos, van marcándonos golpe tras golpe. La memoria aún funciona ¿Cómo no recordar lo acontecido y lo ocurrido cuando te marca de por vida?  hay personas que dejan una huella imborrable y siempre vuelven como recuerdos de un pasado ya ocurrido.

Don Miguel estaba marcado desde el primer día: desde que empezó a enseñar a los obreros, desde que empezó a enseñarles a leer y a escribir, desde que empezó a tratarles como personas después de años siendo humillados y expuestos peor que las bestias de carga. El maestro que vino de lejos a un pueblo perdido, abandonado por el mundo y la humanidad, a enseñar, a hacer que disfrutaran la lectura y la cultura tanto como a los titiriteros, abriéndoles  una ventana a un mundo desconocido y más amplio de lo que habían visto hasta ahora.

"Creo que los libros, al igual que las matemáticas y la biología, mejoran la vida humana. Los libros educan al individuo en los valores de la civilización, que se basan en una conciencia crítica de la relación con los demás. A través de los libros nos conocemos mejor, porque la lectura nos enseña a comprender la mente creativa y el mundo que despliega ante nuestros ojos; aprendo a dar sentido a mi individualidad y al ámbito en el que se desenvuelve; y así, sabiendo interpretarme, podréis comportaros con mayor humanidad con los vecinos, con mi esposa, con vuestros hijos, con vuestros padres; leeréis sus intenciones, sus palabras, sus gestos, y no actuaréis por ignorancia, no malinterpretaréis las señales, no tendréis sentimientos equivocados. Tampoco, si sabéis leer, daréis demasiada importancia a los pequeños problemas; y, si sabéis leer, los grandes no os asustarán, y cuando  sobrevenga una pena o tristeza, encontraréis consuelo. Los libros también constituyen una ciencia: la de los sentimientos y el comportamiento humanos; la de la identidad y de diversidad. A través de los libros aprendemos sobre la variedad del mundo. Aprendemos a comprender a los demás y a juzgarnos a nosotros mismos; nuestra existencia se expande. Los libros dan vida, toda la vida que nunca tendremos tiempo de vivir, y hacen que la vida que vivimos sea más clara, más rica y más gratificante. Los libros son reservas de tiempo. Un buen lector será necesariamente un mejor estudiante, un mejor abogado, un mejor médico."

Llegó la guerra y con ella acabaron las clases. La felicidad se tornó en miedo, el bullicio en silencio incómodo. Los soldados ocuparon el pueblo y aplicaron la ley marcial: el miedo se apoderó a del pueblo y de sus gentes, el miedo debía propagarse, alguien tenía que servir de ejemplo y alguien debía recordar lo que pasaría.

Dos agentes uniformados llamaron a la puerta de la casa y su madre, la noche ya encima, le rogó que no abriese la puerta. Se lo llevaron. Fue, precisamente este agente el primero que arremetió contra él tirándolo al suelo y luego, ayudado por el otro, lo golpearon con la culata de sus fusiles. De camino a la sierra, les esperaba un grupo de falangistas. Los agentes pararon en una taberna a abrevar y a él, mientras, lo amarraron a una argolla. Se lo llevaron con cuatro hombres más. El Verdugo, el jefe del pelotón, les daba duro, la ropa se les quedó roja de sangre en un momento. Entonces continuaron su camino: mientras subíamos al llano, allí esperaban dos hombres, dos picadores de cantera, que tenían ya terminada una fosa de unos cuatro metros, poco profunda, pero que cabían bien varios cuerpos. El Verdugo no dejaba de pegarles, yo tenía hasta fatigas, ganas de marcharme, me iba a vomitar de ver tanta sangre, de escuchar los gritos de aquellos pobres diablos. Entonces el sargento dio la orden. 

Monte arriba, los verdugos cabalgaron sobre unas monturas ya preparadas. Venía un viento frío, aunque fuera agosto del 36. Al llegar a la cima, el sufrimiento de los hombres apaleados no había terminado aún “le cortaron los testículos, se los metieron en la boca, le cortaron la lengua y le quitaron los ojos… Y todo eso vivo, claro”. Luego lo molieron a palos y abrieron fuego. “Eran tiros de escopeta, porque la cabeza estaba desfigurada”. Lo cogieron por los brazos y lo colocaron de espaldas a una pared de tierra que aún se mantiene en pie. Entonces se oyó el estruendo, era como un trueno, el fin del mundo, todos dispararon a la vez sobre los hombres, Don Miguel cayó fuera de la fosa, boca arriba, entonces el perro vino corriendo y empezó a dar aullidos y a lamerle la sangre que le salía por los ojos. "Aquello era terrible, nunca había visto algo tan triste". Los dos agentes se acercaron y le dispararon también al perro en su cabeza y en el lomo, el animal se fue redondo al suelo encima de su dueño.  Metió a patadas al perro en la fosa, el perro seguía vivo, "nos miraba con aquellos ojos tan dulces". En menos de cinco minutos los taparon, parecía que allí no había pasado nada. "Me quedé paralizado, sentado mirando la tierra mientras casi amanecía, al rato miré a mi alrededor y estaba solo, se habían marchado todos, no supe jamás cuánto tiempo estuve allí…" La cuadrilla de verdugos había terminado su trabajo.

Los dos picaderos arrojaron sin piedad a los muertos al agujero. Sin embargo, don Miguel no acabó en la fosa: el cuerpo del maestro encadenado, roto por el destino que vislumbra, fue paseado por sus captores  por las calles de su pueblo natal.  Arrastraron su cuerpo. Se ensañaron con su cuerpo exhausto hasta límites inenarrables. Acabaron con su vida y abandonaron su cadáver en la plaza del pueblo.

El silencio se instaló en el pueblo, el miedo estaba presente en cada mirada gacha y cada silencio incómodo. El dolor, las lágrimas secas... las gentes no olvidaban lo que allí pasó, y a pesar de las palabras mudas, la memoria seguía presente. La sangre derramada, el barro que recogió el testigo, el polvo que recuerda lo pasado... El agua siguió brotando de la fuente, quien moldeó el barro y, junto la sangre depositada, dio a la tierra más calor y más fuerza para que en el futuro nacieran nuevos brotes de esperanza, pensamientos que recuerdan un pasado ya ocurrido. A pesar del paso del tiempo, el olvido nunca hizo mella en aquellos que sufrieron y vivieron en sus carnes las huella de la bestia fascista.