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martes, 1 de abril de 2025

DESARROLLO Y DEMOCRACIA SOCIAL EN LOS SESENTA

La década de los 60 es, sin duda, una de las épocas más recordadas del pasado siglo XX. Años de gran convulsión política: empieza la guerra de Vietnam, triunfa la Revolución cubana, empieza la descolonización del África negra, surgen las guerrillas en Latinoamérica, En Europa la juventud se alza en lo que posteriormente se conoció como el "Mayo Francés". Los movimientos sociales adquieren cada vez mayor importancia en América Latina, particularmente en Chile, donde en 1970 un gobierno socialista llegaría al poder por la vía democrática. La China de Mao vivió en esta década la llamada "Revolución cultural", que supuso una transformación de la milenaria sociedad de este país. Mientras tanto, Japón continuó desarrollando su reputación de potencia tecnológica y los productos provenientes de este país empezaron a alcanzar prestigio en todo el mundo, impulsando la economía del país, mientras la sociedad era reestructurada radicalmente pero conservando sus raíces culturales.La guerra de Vietnam, el racismo, la opresión de la educación, el avance del comunismo y otros factores, marcaron el nacimiento de un sinnúmero de movimientos contraculturales,  entre ellos, el más importante fue el movimiento hippie, el cual se extendió por todo el mundo con su originalidad e ideas progresistas. El “Mayo Francés” había mostrado las ambiciones de libertad de la juventud europea, pero también las de Latinoamérica, especialmente en países como  Chile, que, en 1970, alumbró un gobierno socialista llegado al poder por la vía democrática. Nuevo tiempo en Europa y en Latinoamérica. Aires de cambio, que asignaban nuevos roles sociales en colectivos como el de las mujeres.



Años de reivindicaciones de libertad

Derechos de la mujer y Derechos raciales 

Y es que, fue en los 60, cuando el feminismo adquirió carta de naturaleza. Surgió el Movimiento de Liberación de la Mujer. Tal y como señala Echols, si bien todas  las feministas estaban de acuerdo en la necesidad de separarse de los varones, disentían respecto a la naturaleza y el fin de la segregación. El feminismo radical dividió a las mujeres en "políticas" y "feministas" y, aunque todas ellas formaban inicialmente parte del movimiento  radical por su posición antisistema y por su afán de distanciarse del feminismo liberal, sus diferencias eran claras y son una referencia fundamental para entender la lucha de las mujeres.

Aquella década fue también un tiempo para  retomar  con fuerza el conflicto racial en Estados Unidos, que había estado silenciado por el Comité Creel. Una segregación racial que  fue practicada hasta mediados del siglo XX.

Crecimiento y desarrollo en el mundo capitalista: cambios sociales y políticos 

En los 60 se vivió una coyuntura económica mundial de crecimiento sostenido, con incremento anual de PIB en torno al 5% en Europa Occidental y 11% en Japón. El milagro alemán (6,5%) y el milagro italiano (5,3%) son los más conocidos, pero en países como España, por ejemplo, el PIB pasó de 2.397 a 8.739 dólares entre 1950 y 1973. 

América Latina y Asia experimentaron porcentajes de crecimiento en torno al 8%. Pero sólo en Occidente se consiguió desarrollo sostenido con una rápida industrialización y el consumo de energía se cuadruplicó, sobre todo la derivada de hidrocarburos, con un precio por barril estable hasta 1973. Los sectores con papel motor fueron el siderúrgico (acero) y el petroquímico (plástico, textiles sintéticos…); a los que se unieron las industrias electrónica, aeroespacial y nuclear. También fue el momento de expansión de la circulación por carretera y la industria automovilística, que dinamizó otros sectores. Estos progresos industriales estuvieron ligados a los científico-técnicos (cibernética), que se aplicaron con rapidez a las comunicaciones y a la automatización de la industria. Además con estos avances las empresas no solo mejoraron su aparato de producción, sino también sus métodos de gestión. 

Creció la importancia de la distribución, el marketing y la publicidad para estimular la demanda. 
Las industrias crecieron y se concentraron, aparecieron las grandes multinacionales que aplicaron el principio de la división internacional del trabajo. Los países occidentales industriales acapararon el 72,7% de las exportaciones mundiales. La interdependencia de las economías se vio favorecida por el mejor funcionamiento de los mecanismos creados en 1944 en Bretton Woods y el compromiso de los estados de mantener la convertibilidad de monedas, equilibrar balanza de pagos y liberalizar intercambios. En Europa, el proceso de integración reforzó estas tendencias. 

En algunos países se mantuvo un potente sector público. En la mayoría proporcionó a las empresas financiación privilegiada y pedidos. Además, lanzó programas de modernización, se preocupó por reducir los desequilibrios regionales, desarrolló infraestructuras, promovió la escolarización y la investigación y también fomentó el empleo público. En la RFA y los países escandinavos prestaron mucha atención a mitigar los conflictos sociales. El modelo consensuado desde 1945 de gasto público elevado, servicios sociales, fiscalidad progresiva y aumentos salariales moderados se manifestó exitoso y alcanzó su apogeo en los sesenta. 



El sector agropecuario experimentó una revolución por mecanización, aplicación científica, mejores abonos, fertilizantes, técnicas de regadío, más especialización, más formación y mejora de redes comerciales. Se incrementó mucho la productividad. Este progreso terminó alcanzando áreas del Tercer Mundo (México, Filipinas, India, Pakistán), ayudadas por el programa de 'revolución verde' de la FAO.
Se habla de una segunda revolución agrícola. 

Estos avances provocaron enormes transformaciones sociales. El crecimiento demográfico, el baby boom se tradujo en incremento de población por la combinación de seguridad social, empleo y paz.
También creció la esperanza de vida, pero, sobre todo, la pirámide poblacional rejuveneció. Este elemento, junto con la mayor escolarización, favoreció el espíritu de empresa, de innovación y una mayor cualificación laboral. La mujer se incorporó con más intensidad al mercado de trabajo. Hubo una disminución de la mano de obra agrícola y el consiguiente éxodo hacia las ciudades. Los emigrantes de la Europa meridional, junto con los procedentes de excolonias, constituyeron un formidable caudal de mano de obra barata para los países más industrializados. 


En el mundo laboral, fue el apogeo del sector obrero industrial y la generalización del taylorismo y fordismo (especialización de tareas, trabajo en cadena, varios turnos). En muchos países el crecimiento económico garantizó casi el pleno empleo y amplias posibilidades de promoción, las condiciones laborales mejoraron y la jornada laboral disminuyó. También se afirmó el sector terciario o servicios. En cambio el primario retrocedió de manera imparable. 

Los salarios se multiplicaron, lo que sumado a las prestaciones sociales del estado y a los sistemas impositivos redistributivos, permiten explicar el crecimiento de las clases medias y la mejora de la situación de las clases populares. Al crecer el poder adquisitivo, los hábitos de consumo cambiaron: menos gasto en alimentación y vestido y más en bienes duraderos como coches y electrodomésticos. La sociedad de consumo se generalizó en Occidente: publicidad, mecanismos de crédito, nuevas fórmulas comerciales (supermercados), turismo de masas y otras actividades ligadas a las vacaciones y al ocio. No todo fueron bondades: hubo sectores que perdieron pie o tardaron en recoger los frutos de la nueva economía; zonas con industrias anticuadas (carbón, textil), pequeños comerciantes, trabajadores inmigrantes no cualificados y minorías raciales en EEUU. Otros inconvenientes fueron la contaminación y otros daños al medio ambiente, la urbanización descontrolada. A final de década se percibe descontento por la bajada de salarios por la disminución del crecimiento. 

La venta masiva de radios y televisores permitió una rápida difusión de la información revolucionando las formas de movilizar y hacer política. Los jóvenes dispusieron por primera vez de poder adquisitivo y utilizaron la moda para marcar inconformismo. Se produjo una ruptura cultural que afectó a toda la sociedad. Un cambio de valores, rechazo a los convencionalismos y secularización que afectaron a toda Europa: los estilos aceptados de autoridad, disciplina y urbanidad quedaron en entredicho. Nació la "contracultura" con su impulso iconoclasta, que tuvo su reflejo en todas las artes. En el mundo laboral los trabajadores dejaron de demandar sólo salarios mejores y jornadas más cortas, para pedir cambios en sus relaciones con los jefes, una mayor autonomía profesional, incluso la autogestión. 


En política, su plasmación más conocida fueron los movimientos de protesta de 1968, los más famosos en Francia, pero también en Italia, Alemania, Checoslovaquia, Yugoslavia, Japón, México o EE.UU. En Europa, los jóvenes universitarios más radicales, cansados del reformismo de la izquierda tradicional, atraídos por corrientes marxistas heterodoxas (Herbert Marcus), que se identificaban con prácticas revolucionarias del Tercer Mundo, con la guerra de Vietnam como catalizador de las movilizaciones, dieron vida a una nueva izquierda, con un espíritu en esencia libertario, que en algunos países empezó a coquetear con la violencia. Los movimientos estudiantiles comenzaron protestando atención por problemas educativos, adquirieron importancia pública con los medios de comunicación y terminaron atrayendo sectores sociales más amplios, porque permitieron expresar un cierto malestar social escondido tras el bienestar económico. Su influencia política fue efímera, pero sus efectos culturales, sobre las conciencias, valores y costumbres, fueron mucho más duraderos. 



El demócrata John F. Kennedy se impuso en las elecciones de 1960 a Nixon, con un programa optimista e idealista, la Nueva Frontera: proyecto en consonancia con la fase de crecimiento económico. Fijaba nuevas metas nacionales, desde la conquista del espacio y los avances científicos a la resolución de problemas sociales pendientes. Sus primeros pasos no fueron rompedores ni en política interior ni exterior. Buscó impulsar la economía norteamericana con una bajada de impuestos, para favorecer inversiones y consumo, acompañada de un incremento del gasto público. No consiguió sacar adelante un seguro de salud universal, ni crear un Departamento de Asuntos Urbanos, ni ayuda federal para educación, pero planteó el programa social que su sucesor cumpliría. En integración racial, supo 
atraer el voto negro al identificarse con la lucha de Martin Luther King, pero inicialmente no legisló sobre ello porque no quería perder el apoyo de los demócratas del Sur. Fue la lucha de los activistas contra la segregación en espacios públicos y la falta de derechos electorales en muchos estados lo que obligó a los hermanos Kennedy a tomar conciencia de las implicaciones morales y su contradicción con los principios de libertad y democracia del sistema político. El asesinato en Dallas, en noviembre de 1963, supuso tremenda sacudida psicológica para la sociedad. 

La clase media mayoritaria seguía disfrutando de una vida confortable y de la nueva cultura de masas que difundía los valores nacionales y cierto conformismo. Pero desde los 50 se estaban produciendo transformaciones sociales por los movimientos migratorios desde zonas rurales y regiones pobres hacia zonas prosperas. Desde las universidades, los jóvenes hippies rechazaban los valores capitalistas y se manifestaban a favor del retorno a la naturaleza, la vida en comunidad, la liberación sexual y uso de drogas. El feminismo fue otro movimiento relevante. Mayor trascendencia tuvieron las movilizaciones antisegregacionistas, con apoyo de iglesias y asociaciones religiosas de base que utilizaron métodos de resistencia pacífica. Su impacto popular hizo que, a los pocos meses de llegar, Jonhson hiciera aprobar la Civil Rights Act, el fin de toda discriminación racial en lugares públicos. Un año después la Voting Rights Act eliminaba la desigualdad electoral. 

Kennedy

Tras ganar las elecciones de noviembre de 1964, Lyndon B. Johnson se volcó en cumplir su programa que buscaba igualdad de derechos para todos y acabar con la pobreza. Pero su fructífera política social se vio empañada por la guerra de Vietnam: por el peso del gasto militar y por su impopularidad. En este clima surgieron los movimientos Black Power y Panteras Negras, inspirados en Malcolm X (asesinado en 1965), que defendía la independencia del movimiento negro y se oponía a las políticas de integración y a la línea moderada de Luther King. En 1968 Johnson renunció a presentarse a la reelección y en plena campaña electoral fue asesinado M. L. King. Al poco mataron a Robert Kennedy, que se perfilaba como candidato demócrata. En noviembre ganaba el republicano Nixon en un país noqueado por los magnicidios, la crisis económica, la agitación social y una guerra inacabable en Vietnam que provocó un colapso moral duradero en la sociedad norteamericana. 

Las democracias de Europa Occidental siguieron administrando sus estados de bienestar sin muchos problemas hasta final de década. El proceso de integración económica abierto con el Tratado de Roma de 1957 prosiguió con la entrada en vigor en 1962 de la PAC (Política Agraria Común), sistema de subvenciones y precios comunes para determinados productos agropecuarios que suponía una protección al sector frente a las importaciones más baratas de fuera de la CEE. En julio de 1968 se cerró la Unión Aduanera cuando todas las tarifas comerciales entre miembros fueron eliminadas. No se avanzó en aspectos políticos. La aceptación de la atribución de recursos para la PAC, que beneficiaba sobre todo a Francia, fue posible gracias a la colaboración de RFA. El entendimiento entre ambos fue el 
motor de la CEE en esta etapa. Pero De Gaulle se opuso a cualquier avance hacia mayor supranacionalidad o federalismo y optó por boicotear las decisiones retirándose del Consejo (crisis de la “silla vacía” en 1965). Su proyecto alternativo era una Europa de la Patrias, una confederación política homogénea. Al final, aunque llevó a la CEE al borde de la quiebra, logró mantener el voto por unanimidad en todas las decisiones de la Comunidad y bloquear dos veces el ingreso de GB y, por tanto, de otros países de la EFTA. El único avance institucional fue la fusión (1967) de los ejecutivos de las tres instituciones CECA, CEE y EURATOM y el compromiso para una cierta división de poderes entre la Comisión y el Consejo de Ministros de la CEE. 

CECA

En la RFA tras la retirada de Adenauer en 1963, la CDU siguió gobernando, con Erhard como canciller y desde 1966 con Kiesinger, quien optó por un gobierno de coalición con el SPD e incorporó a Willy Brandt, el líder socialdemócrata, como ministro de Exteriores. Este gabinete obtuvo grandes éxitos económicos, aprobó leyes trascendentes y promovió la normalización de relaciones con países del Este.
En Austria desde 1964 a 1970 gobernaron conservadores, empeñados en mantener el dinamismo económico y dar mayor impulso al sector privado. 

En Francia, De Gaulle gobernó hasta 1969 con un parlamento dominado por su partido UDR (Unión de demócratas por la República desde 1967). Se dedicó, primero, a estabilizar la economía francesa. Acentuó el aspecto presidencialista del régimen republicano, con matices autoritarios (control de los medios de comunicación, policías paralelas…): en 1962 ganó un referéndum para la elección directa del presidente por sufragio universal directo, convirtiendo la V República en lo que la oposición llamó una 'monarquía republicana' al actuar el primer ministro como mero ejecutor de la política del presidente. Una vez que se desembarazó del problema argelino, se dispuso a frenar la decadencia de Francia y recuperar la condición de potencia económica y política. Para ello puso en marcha una política exterior ambiciosa que complementó la industrialización y la modernización económica del país.
 
De Gaulle

Su control sobre la política francesa comenzó a resquebrajarse desde las legislativas de 1967. La oposición se reorganizó, el clima social se deterioró, se incrementaron las huelgas y la agitación universitaria, hasta desembocar en la crisis de mayo de 1968. La represión contra protestas de universitarios de Nanterre provocó una huelga estudiantil general respaldada por parte de la intelectualidad. Además sirvió de detonante de más huelgas y encierros que generaron un movimiento de protesta social masiva. Gobierno, partidos y sindicatos se vieron desbordados ante la explosión de resentimiento social que un movimiento universitario de fils a papá (jóvenes de la clase media), más bien frívolo y apolítico, había catalizado. Tras la disolución de la Asamblea y una inmensa manifestación de los gaullistas en París, en las elecciones de junio venció la UDR por mayoría absoluta. Pero a los pocos meses, De Gaulle perdió un referéndum planteado para revalidar su confianza. Dimitió en abril de 1969, relevado por George Pompidou, y murió poco después. 

Mayo del 68

En Italia se consolidó el crecimiento económico de años anteriores, con un proyecto industrializador muy dirigido por el estado, que provocó profundas transformaciones sociales. La emigración desde el sur pudo ser aprovechada en las regiones industriales del norte y también otros países europeos. El marco político no fue muy estable teniendo en cuenta las frecuentes crisis de gobierno y la alta conflictividad laboral por el bajo nivel de los salarios y el protagonismo político de los sindicatos, inspiradores de los programas reformistas de los gobiernos. Desde 1963  terminó la hegemonía de la DC y se sucedieron gobiernos de centroizquierda. Aldo Moro inició gobiernos de coalición con los socialistas del PSI, partido que había roto el pacto de unidad de acción con el PCI a raíz de la crisis de Hungría de 1956. Se abrió un nuevo ciclo político caracterizado por el reformismo social. 

Aldo Moro

GB siguió con problemas económicos, por deudas arrastradas de la guerra más el costoso programa de rearme de posguerra y, sobre todo, por la pérdida de competitividad, entre otras razones por la rigidez de las relaciones laborales y la falta de planificación industrial. Los gobiernos, conservadores hasta 1964 y laboristas después, siguieron alternando políticas restrictivas, de control de inflación y devaluación, con otras para promover el consumo y mejorar la situación de las clases más desfavorecidas. El intento de Macmillan en 1961 de negociar la adhesión a la CEE como remedio no dio resultado. En 1970 los conservadores volvieron al poder con Edgard Heath. Sólo en los  países escandinavos se consolidó en esa década el monopolio de los socialdemócratas, con un consenso basado en la bonanza económica, un sólido estado de bienestar y la concertación entre gobierno, sindicatos y empresarios. 



Las excepciones autoritarias fueron España, Portugal y Grecia. En España, siguió la dictadura de Franco, cuyos gobiernos tecnócratas pusieron en marcha desde 1959 una política de racionalización y liberalización económica e industrialización dirigida, que permitió un espectacular crecimiento económico. El proceso de modernización social se aceleró. El régimen impulsó una mínima apertura, pero hubo una creciente demanda de cambios políticos entre sectores jóvenes y más concienciados. La oposición antifranquista se renovó y a los grupos tradicionales se unieron parte de los católicos socialmente comprometidos, estudiantes, movimiento obrero, más los grupos regionalistas y nacionalistas. La elección en 1969 de Juan Carlos de Borbón como príncipe y heredero de Franco no terminó de zanjar las incertidumbres de la sucesión, agudizada con el asesinato de Carrero Blanco en 1973. Se había abierto la crisis final de la dictadura. 



En Portugal los 60 estuvieron marcados por el problema colonial. El fracaso del golpe de Estado de Botelho Moniz al frente de la cúpula militar en abril de 1961 decantó la dictadura hacia el inmovilismo interno y la resistencia colonial. 

Ese año había comenzado la guerra en Angola, seguida en 1963 por Guinea y el año siguiente en Mozambique. El esfuerzo militar conllevó cierta liberalización económica, sin embargo, el aislamiento internacional y los acelerados cambios sociales generaron una creciente contestación interna. 

Guerra de Angola


En Grecia, las esperanzas reformistas que suscitó en 1964 el triunfo de Papandreu se vinieron abajo con el conflicto civil de Chipre. El arreglo de independencia acordado con GB en 1960 se rompió al estallar una guerra civil entre la mayoría griega y la minoría turca, que enfrentó a los gobiernos de Atenas y Ankara. El clima de tensión dio pie a un golpe de estado militar en Grecia: la dictadura de los Coroneles, hasta 1974. 
Chipre


La “segunda NEP” en la URSS y el bloque del Este

Las reformas de Kruschev no supusieron cambios esenciales en el centralismo democrático y el control de la economía por el estado. Hubo mejoras salariales y del índice general del consumo. La jornada laboral y la edad de jubilación se recortaron y los habitantes rurales recibieron pasaporte interior, lo que permitió legalizar el éxodo a las ciudades. Estos logros, sumados al programa espacial y nuclear, expansión de la red de gas natural y el programa de construcción de viviendas no compensaron los fracasos de Kruschev. Sus iniciativas agrarias no dieron resultado. El bienestar alcanzado fue inferior al prometido. Kruschev también perdió credibilidad con los intelectuales que querían más libertad y terminó de perderla con sus fracasos exteriores. En octubre de 1964 era defenestrado por el Comité 
Central del partido comunista mientras estaba en Crimea. 

Kruschev

Le sucedió Leonidas Brezhnev, burócrata del partido. Con él la élite del partido, la administración y el ejército siguió adquiriendo más poder. URSS se convirtió en una dictadura colectiva ejercida por un aparato del estado envejecido y privilegiado. La hipertrofia burocrática, la corrupción y el anquilosamiento ideológico paralizaron el sistema. Se abandonó cualquier proyecto reformista. La producción agrícola e industrial siguió en ascenso, pero se mantuvo el ineficaz modelo económico de la planificación centralizada, que convivía con una creciente economía sumergida, tolerada por el estado comunista. El creciente descontento se manifestó con la resistencia pasiva de la mayoría, pero también con la multiplicación de organizaciones de base y la difusión literaria clandestina de los disidentes. 
Breznev

En los países satélites, después de 1956 fue más fácil proseguir en la vía revisionista buscando alternativas, sobre todo económicas, dentro del comunismo y aportando soluciones “nacionales” en el camino de construcción del socialismo. El grado de reformismo aplicado varió según el país. En RDA, a principios de década se relajó un poco la represión y se aprobaron en 1963 reformas económicas descentralizadoras y liberalizadoras que permitieron un significativo crecimiento económico. En Polonia Wladislaw Gomulka volvió en los años 60 a la represión contra intelectuales y clero católico disidente y retomó el proceso de colectivización agrícola. La mala situación económica, el descontento católico e intelectual llevó al país a una fuerte crisis en 1968. La respuesta fue una reacción antisemita 
y la alineación con la URSS en el tema checo. Se procedió a mejorar las relaciones políticas con la RFA para alentar las comerciales: en 1970 se reconocían por fin las fronteras de Postdam. 

En Hungría, János Kádár procedió a una liberalización desde 1959. Permitió viajes al extranjero y mayor autonomía a los católicos. En economía favoreció la industria de consumo y autorizó la venta libre de productos agrícolas privados. 

En 1968 aprobó el Nuevo Mecanismo Económico, que permitía establecer pequeñas empresas privadas. Con él se abrió una etapa de crecimiento económico en un clima de libertad no igualado en otras repúblicas comunistas. En Checoslovaquia hubo un proceso paralelo, pero con distinto final. Hasta 1960 siguió el proceso de colectivización de los medios de producción, pero desde 1961 se abrió una segunda desestalinización, que permitió la rehabilitación de líderes depurados en la era anterior, mejores relaciones con la Iglesia católica, la práctica del turismo y una amplia libertad de pensamiento, aunque continuase la censura. La difícil situación económica, sobre todo en la región eslovaca, obligó a reformas profundas desde 1965 para estimular la competencia en el mercado. En 1967 el Congreso de Escritores se convirtió en un foro de debate político muy crítico con el sistema. Pocos meses después el máximo dirigente Novotný fue relevado por el reformista Alexander Dubcek, que en abril del 68 presentó un avanzado programa. Dubcek creía en una tercera vía, un socialismo compatible con la libertad individual. Las presiones para rectificar que llegaron de Moscú fueron inútiles. El 20 de agosto el sueño de la Primavera de Praga terminó en unas horas cuando soldados y tanques, soviéticos y de países vecinos, ocuparon el país. Los dirigentes checoslovacos tuvieron que abandonar el programa reformista. La desesperanza cundió entre la izquierda y los partidos comunistas de Francia, Italia y España acentuaron su autonomía respecto a Moscú: nacía el eurocomunismo. 

El modelo yugoslavo siguió su camino. En 1965 Tito introducía la “economía socialista de mercado”, con liberalización del comercio y las inversiones extranjeras, convertibilidad monetaria y mayor autonomía de las empresas, que facilitaron el crecimiento económico hasta 1973. También se consolidó el sistema autogestionario de las empresas y el proceso de federación, aunque las tensiones nacionalistas persistieron, como se puso de manifiesto en Croacia en 1971. El contrapunto fueron dos países que optaron por el nacionalestalinismo. 



Albania, país bajo el poder de Enver Hoxha hasta 1985, optó en 1961 por el aislamiento al salirse del CAME y del Pacto de Varsovia para alinearse con China. En Rumania tampoco hubo desestalinización: G. Gheorghiu-Dej hasta 1965 y Nicolaw Ceauçescu hasta 1989 mantuvieron una de las dictaduras comunistas más duras, con la Milicia y la securitate como instrumentos de control. En economía siguieron la vía ortodoxa: colectivización agrícola e industrialización acelerada. 


En China el fracaso del “Gran Salto hacia adelante” y la ruptura con la URSS, provocaron descontento entre los dirigentes del partido. Mao se vio obligado a ceder la presidencia a Liu Shaoqi, aunque conservó el control sobre el partido. El cambio se tradujo en una política económica más racional desde 1961-1962, que dio prioridad a la agricultura, con una reestructuración profunda de las comunas para dar más facilidades a los campesinos. El gran líder se había retirado del primer plano tras el fracaso del Gran Salto, pero desde 1962, cuando vio que el poder se le escapaba, Mao denunció la deriva derechista de la revolución y lanzó un “movimiento de educación social”: la “Revolución cultural proletaria”. Esta campaña de movilización se inició en 1966, con apoyo de una parte del ejército y de la dirección del partido. Lo que se inició como una purga masiva, que debía afectar sobre todo al ámbito urbano, se descontroló y llevó en 1967 al borde de la guerra civil y al colapso de la autoridad gubernamental. Para frenar el movimiento, en septiembre de 1967 hubo que recurrir al ejército en defensa del orden y aplastar las resistencias. En principio Mao se había deshecho de los “derechistas”, pero en los años siguientes siguió la lucha entre facciones: los radicales fieles al maoísmo y los pragmáticos de Deng Xiaoping. En 1970 los principales partidarios de la revolución cultural habían perdido posiciones. No obstante, hasta la muerte de Mao en 1976 no se produjo el triunfo definitivo de la línea moderada concentrada en la modernización económica al estilo occidental y la apertura hacia el exterior. 



Rebrote y deshielo de la Guerra Fría 

Kruschev dejó patente en la Asamblea General de la ONU de 1960 que estaba decidido a convertirse en el azote del colonialismo. En enero de 1961 declaraba que su país apoyaría las “guerras de liberación nacional” para que, de esta manera, se decantaran hacia el socialismo y el Tercer Mundo se alinease con la URSS.

Tampoco las declaraciones iniciales de Kennedy fueron alentadoras. Tenía un discurso anticomunista duro, que contemplaba la Guerra Fría como lucha entre el Bien y el Mal. No quería mostrar debilidad ante las amenazas de Kruschev, máxime tras el fracaso de Bahía de Cochinos (abril 1961): una acción militar encubierta contra el nuevo régimen revolucionario de Castro, que supuso una humillación para el Presidente y minó las relaciones cubano￾norteamericanas. Estaba dispuesto a detener a la URSS dónde y cómo hiciera falta, sin prescindir de operaciones encubiertas de la CIA o la contrainsurgencia. 
En consecuencia, la primera cumbre entre ambos líderes (Viena, junio de 1961) no produjo resultados.
Como Kennedy se negó a acceder a las peticiones soviéticas sobre la retirada occidental de Berlín, Kruschev optó por volver a presionar en esa ciudad. Ante la avalancha de emigrantes de la parte oriental autorizó a la RDA a construir el muro (agosto 1961) para separar las dos zonas de Berlín. Y relanzó la carrera nuclear, anunciando que ponía fin a la moratoria de suspensión de pruebas nucleares acordada en 1958, aprobó más de 50 ensayos, algunos aterradores, y logró enviar al primer hombre al espació en 1961. 


La administración Kennedy alteró su doctrina nuclear. Se diseñó una estrategia que permitiera responder a cada agresión comunista adaptando los medios a la naturaleza de la agresión, sin comprometerse a un enfrentamiento directo y nuclear con URSS desde el principio. Así nació la doctrina de la respuesta flexible, del general Maxwell Taylor, más eficaz en la reacción contra cualquier intento comunista de expandir su influencia por el Tercer Mundo, con la posibilidad de llegar hasta las armas atómicas si la escalada de tensión obligaba. Este cambio conllevó un incremento de fuerzas convencionales y nucleares. Por tanto, hubo un aumento del presupuesto militar y del programa espacial: en 1962 John Glenn orbitó sobre la tierra. 

Kennedy se atuvo a la contención y siguió actuando contra cualquier posible ampliación de la esfera de influencia mundial soviética. El lanzamiento de un programa anticomunista preventivo que ayudase al desarrollo de América Latina y sus tentativas de derrocar a Castro después de 1961 se enmarcan en esa línea. En cambio, su apoyo inicial a los procesos de descolonización y su respeto al neutralismo de los nuevos países africanos se quedaron más bien en nada, como se demostró en la crisis del Congo y en la escasa presión ejercida sobre el régimen racista de Sudáfrica y sobre Portugal para poner bases en la Azores. También hubo continuidad en la política asiática; creía en un efecto dominó de cualquier avance comunista: así que impidió el avance del Pathet Lao izquierdista en Laos, ordenó un compromiso militar más decidido en Vietnam y apoyó a India contra China en 1962. 

En 1962 Kruschev estimó compensar la inferioridad nuclear soviética para contrarrestar la posición de fuerza de EE.UU. y obligarle a ceder en problemas pendientes, como Berlín. También se sintió obligado a sostener el régimen de Castro en Cuba, único foco revolucionario de América Latina. Kruschev decidió instalar rampas de lanzamiento de misiles nucleares en Cuba. En septiembre empezaron a llegar los misiles de alcance medio e intermedio. Cuando los aviones espía norteamericanos descubrieron las instalaciones en construcción, Kennedy lo denunció públicamente y decretó un bloqueo naval para impedir la llegada de buques soviéticos, movilizó tropas para preparar una invasión y puso en alerta misiles y bombarderos atómicos. La crisis de los misiles fue uno de los momentos en que la guerra nuclear estuvo más cerca. Pero ambas partes vieron el riesgo y se esforzaron por resolver la cuestión negociando. 


Se cerró un acuerdo entre Robert Kennedy y el embajador soviético en EE.UU. La URSS no instalaría los misiles a cambio de que EE.UU. no invadiese Cuba, Washington se comprometía a retirar los misiles Júpiter de Turquía. 

La crisis tuvo consecuencias relevantes en URSS y en la evolución de la Guerra Fría. Kennedy salió reforzado. Kruschev perdió prestigio ante Cuba y China y su imagen interna también quedo dañada. Su relevo en octubre de 1964 no puede desligarse de la crisis de los misiles. 

La conciencia general del riesgo corrido creó el clima para retomar negociaciones sobre el control de armamentos. En junio de 1963 se instaló una línea directa entre el Kremlin y la Casa Blanca para evitar malentendidos en momentos de crisis. En agosto, ambos países y Gran Bretaña firmaban un acuerdo para poner fin a los experimentos nucleares atmosféricos; no hubo acuerdo para paralizar el programa nuclear chino, pero sí se inició el desarrollo de relaciones comerciales este-oeste: la URSS pudo importar cereales de Occidente, los países del COMECON incrementaron sus relaciones comerciales con el bloque enemigo. Comenzaba la coexistencia pacífica. 



Los problemas de las superpotencias con sus aliados desde 1964 

Con Johnson de presidente, aunque mantuvo a los asesores de Kennedy, su prioridad no era la distensión, sino sus programas sociales domésticos. Se proponía frustrar los triunfos revolucionarios en el Tercer Mundo e impedir una derrota en Vietnam que pudiera destrozar la credibilidad de EEUU, erosionar la posición del país en la Guerra Fría y reforzar la versión china del comunismo. Johnson y su equipo creyeron que EE.UU. tenía capacidad para afrontar semejantes tareas: pero la guerra en Indochina demostró lo contrario y terminó convirtiéndose en su pesadilla. 

Kruschev fue relevado en octubre de 1964 por una troika del Politburó que dejó paso a la hegemonía de Brezhnev, que optó por volver a la ortodoxia ideológica y la represión de disidencia. Poco preparado en temas internacionales y rodeado de consejeros hostiles a Occidente, no se mostró en principio partidario de mejorar las relaciones con EE.UU, menos aun cuando en 1965 se produjo la escalada de la guerra en Vietnam. Aumentó las ayudas a Vietnam del Norte para mejorar relaciones con China aunque las empeoró con EEUU. 


Pasado un tiempo, tanto Brezhnev como Johnson se mostraron interesados en recortar la tensión: el norteamericano por las dificultades de Vietnam; el soviético por su deseo de evitar una guerra y para ganar tiempo a fin de cerrar la brecha armamentística y tecnológica. Había un incentivo común, el peligro nuclear chino agravado desde 1966 por la Revolución Cultural. 

Por último, ambas superpotencias se vieron afectadas a la vez por problemas de cohesión y liderazgo en el seno de sus respectivos bloques. 

Las relaciones de EE.UU. con sus aliados europeos se habían ido tensando. Las metas norteamericanas eran tratar de equilibrar la balanza comercial y de pagos con la región, cada vez más deficitaria para EE.UU., abriendo una ronda de negociaciones comerciales en busca de una mayor libertad en los intercambios en el marco del GATT, pero sin obtener resultados. Los europeos se negaron a revisar su proteccionismo agrícola con De Gaule a la cabeza. Otro objetivo de EEUU consistía en incrementar la contribución de los socios europeos a la defensa del continente, la idea del equal partnership con Europa. La doctrina de respuesta flexible podía dañar la seguridad europea si no había una reacción 
nuclear desde el principio. Las suspicacias aumentaron tras la crisis de los misiles. Desde Washington habían intentado tranquilizar a sus aliados. 

De Gaulle fue tajante. Empeñado en recuperar la potencia francesa, se negó a renunciar a su autonomía nuclear y vetó a los británicos en la CEE, sobre todo por su relación con Washington. Para compensar, buscó un acuerdo con Alemania que contrarrestase la influencia de Washington sobre la RFA. Los problemas con Japón fueron similares. El dinamismo de su economía y su proteccionismo perjudicaban los intereses económicos de EE.UU., que deseaba mayor contribución japonesa para financiar la defensa del Pacífico. Además, desde 1965 se forjó gran consenso nacional a favor de la devolución por parte de EE.UU. de la soberanía sobre la base militar de Okinawa. Se llegó a un acuerdo en 1969 y en mayo de 1972 la isla era restituida a Japón. Finalmente la posición anticolonialista de Estados 
Unidos enfrió las relaciones con Portugal durante la década de los 60 y el conflicto de Chipre, que enfrentó a dos aliados de la OTAN (Grecia y Turquía), también creo dificultades a la diplomacia norteamericana. 

En la Europa bajo su influencia Kruschev trató de compensar desde 1956 la obediencia política exigida con unas relaciones económicas algo más favorables a los intereses nacionales de sus satélites, aunque el de la URSS siguiera primando por encima. Sin embargo, aparte del tradicional no alineamiento yugoslavo, tuvo que consentir el viraje de Albania hacia Pekín y la actitud nada dócil de Rumania. La reacción nacionalista de los dirigentes rumanos a las directrices económicas soviéticas se tradujo en la negativa a autorizar maniobras del Pacto de Varsovia en su territorio; tampoco participaron en la intervención militar en Checoslovaquia. Se acercaron a la Yugoslavia de Tito y mejoraron sus relaciones con el bloque capitalista en busca de financiación para su proyecto de industrialización. 

Ceaucescu también incumplió las reglas del bloque comunista al reconocer a la RFA en 1967. Con su alejamiento de Moscú mejoró automáticamente su imagen en Occidente. Nixon visitó el país en 1969 y Rumanía se convirtió en el primer país comunista en entrar en las organizaciones de Bretton Woods (1971-1972) y firmar un acuerdo comercial preferente con la CEE en 1973. En cambio, la disidencia de Checoslovaquia no fue permitida por Moscú. Su situación estratégica, su avanzada industria armamentística y sus minas de uranio hacían de él un elemento relevante del Pacto de Varsovia. La soberanía de sus satélites tenía un límite, si la hegemonía comunista se resquebrajaba, la intervención militar soviética sería la respuesta. 


También hubo tensión en las relaciones con Cuba tras la crisis de los misiles por el apoyo que Castro dio a los movimientos guerrilleros latinoamericanos. Pero el gran problema de Moscú en los 60 fue China. Mao quería desafiar la supremacía soviética en el mundo comunista y abogaba por la confrontación con el imperialismo norteamericano como alternativa revolucionaria a la diplomacia de distensión. Las raíces del enfrentamiento con la URSS venían de lejos. La neutralidad de Moscú en el primer choque con India (1959) fue el último incidente antes de la ruptura oficial en 1960. Kruschev retiró sus técnicos de China y en 1961 condenó a Mao por sostener la línea estalinista. 


Desde ese momento los chinos desautorizaron la actitud soviética en las crisis de Berlín y Cuba, su neutralidad en el conflicto chino-indio de 1962 y las iniciativas de coexistencia pacífica. Comenzó la rivalidad en el Tercer Mundo. China se presentaba como nuevo líder ideológico del Tercer Mundo, como tercera vía, y sostuvo movimientos revolucionarios de todo tipo. Desde Moscú se reprendió el dogmatismo de China. Esta tensión ideológica explica que en marzo de 1969 un litigio fronterizo en torno al río Ussuri y en el Sing Kiang llevara al borde de la guerra. El inesperado apoyo de Nixon a China abrió el camino para un diálogo chino-norteamericano que fructificó cuando en 1971 China era reconocida miembro permanente del Consejo de Seguridad en lugar de Taiwán, pero la rivalidad con Moscú por el liderazgo del comunismo no se cerró. 

Enfrentamientos en el Tercer Mundo 

Aunque desde 1964 funcionaron las reglas de la coexistencia pacífica, la competencia siguió en los países en desarrollo, convertidos en teatros de guerras convencionales muy sangrientas: unas, producto directo de la Guerra Fría (Vietnam), otras, resultado de conflictos ajenos a la misma pero de repercusiones globales, como la crisis árabeisraelí de 1967. La ONU no pudo hacer casi nada,paralizada por la regla del veto de su Consejo de Seguridad. 

En Oriente Medio, tras Suez, EE.UU. había amarrado mejor su influencia estrechando lazos con Israel y los países árabes moderados (Jordania, Arabia Saudí y Líbano) y había afianzado sus intereses petrolíferos. URSS aflojó sus relaciones con Israel, utilizó a regímenes socialistas y nacionalistas árabes y apoyó el nacionalismo palestino encauzado por la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), creada en 1964. Pero ni la influencia de la URSS ni la de EE.UU. fueron decisivas en el equilibrio de Oriente Medio. En junio de 1967, las tensiones regionales estallaron en la “Guerra de los seis días”. Nasser, que quería conseguir la unidad política árabe utilizando la causa antisionista, había multiplicado sus provocaciones en 1966. Pidió en mayo la retirada de los cascos azules de la 
frontera del Sinaí, firmó un acuerdo militar con Jordania y cerró el golfo de Áqaba, vital para la economía israelí. Israel bombardeó por sorpresa la aviación egipcia el 5 de junio del 67, se apoderó de los territorios egipcios del Sinaí y Gaza más la Cisjordania jordana, ocupó todo Jerusalén y los Altos del Golán sirios. Además había provocado un inmenso flujo de refugiados palestinos que primero huyeron a Jordania y luego al Líbano. A partir de ese momento la OLP bajo el liderazgo de Yaser Arafat empezó a cobrar autonomía. La resolución 242 de la ONU determinó la retirada israelí de los territorios ocupados a cambio de garantías de seguridad, pero fue rechazada por las dos partes. 



El potencial desestabilizador de este conflicto en la zona y fuera de ella se puso muy pronto de manifiesto. EE.UU., que había apoyado a Israel en la guerra, anudó aún más su alianza con este país. Moscú optó por romper relaciones diplomáticas con Israel, que no restableció hasta 1991. 

La guerra de Vietnam implicó a los tres países de la península de Indochina y terminó con derrota de EE.UU. y el triunfo revolucionario en 1975. Desde finales de los 50 la situación en Vietnam del sur fue cada vez más difícil con la dictadura represiva de N.D. Diem, protegida por Estados Unidos. En su contra luchaba el Frente Nacional de Liberación de Vietnam del Sur, brazo político de la guerrilla del Vietcong, con el apoyo de Vietnam del Norte. En Vietnam del Sur, el éxito de las acciones armadas del Vietcong, su control de amplias zonas rurales gracias a la reforma agraria que impulsaba, frente al malestar ocasionado por la estrategia del gobierno de Saigón de reagrupamiento forzados de población en aldeas estratégicas para evitar el contacto con el Vietcong fueron los factores clave del golpe de estado con apoyo de EE.UU. La nueva dictadura militar no consiguió dominar la situación. 

Así que, tras el supuesto ataque a un buque estadounidense en el golfo de Tonkín (agosto de 1964), se inició una intervención militar masiva de EE.UU. Johnson consiguió un cheque en blanco del Legislativo. De inmediato, ordenó una campaña de bombardeo masivo sobre Vietnam del Norte y la ruta por la que le llegaban los suministros a través de Laos, decretó el reclutamiento obligatorio y el envío masivo de tropas regulares norteamericanas. 

Guerra de Vietnam

Sin embargo, ni estas medidas, ni la recurrente estrategia de search and destroy (aniquilación de cualquier vietnamita que permaneciera en las áreas consideradas limpias fuera de las aldeas estratégicas) con el uso de bombas antipersona, bombas de napalm y herbicidas (agente naranja), utilizada desde los tiempos de Kennedy, se tradujeron en una victoria decisiva. Al contrario, el 31 de enero de 1968, una centena de poblaciones del Sur e instalaciones norteamericanas sufrieron graves ataques del Vietcong y los norvietnamitas. Fueron repelidos, pero supusieron una derrota psicológica para EE.UU. Se desvaneció la esperanza de una victoria militar a lo que se sumaron los problemas de financiación del conflicto, el creciente rechazo a la guerra de la opinión pública internacional e interna y la caída de la popularidad del presidente. En marzo de 1968 Johnson prometió no enviar más soldados, renunció a presentarse a la reelección y anunció su disposición a negociar. Pero las conversaciones de París no fructificaron y desde 1969 la guerra se extendió además contra las guerrillas camboyanas y laosianas aliadas del Vietnam del Norte lo que supuso la expansión del conflicto a toda la península indochina. La llegada de Nixon a la presidencia en 1969 abrió la etapa de repliegue militar norteamericano, que acabó en 1973. 


El camino hacia la distensión 

Entre 1967 y 1972 se conjugaron diversos procesos internos y externos a las superpotencias que abrieron la senda de la llamada distensión. En primer lugar, la desesperación de Johnson por acabar con la guerra de Vietnam. En plena guerra árabe-israelí (junio de 1967), para conseguir la mediación soviética en dicho conflicto ofreció negociar una reducción del armamento estratégico. La hostilidad china, la represión anticomunista en Indonesia y la derrota de sus aliados árabes flexibilizaron la posición soviética. Ya en junio de 1968 la URSS, preocupada por las aspiraciones atómicas de la RFA y la carrera nuclear china, secundaba en la ONU el Tratado de No Proliferación de Armas Atómicas, para evitar que más estados dispusieran de éstas. 

Otros procesos siguieron allanando más el diálogo. Brezhnev consiguió dominar el aparato del partido y se rodeó de consejeros de mentalidad más abierta. El final de la crisis de Checoslovaquia, sin la temida intervención de la OTAN, dio a Brezhnev confianza en su capacidad para resolver crisis internacionales. 

Las iniciativas de los líderes occidentales vinieron a converger con la evolución soviética. Por un lado, la firma del Tratado de Moscú, un pacto de no agresión entre la RFA y la URSS, tras convertirse Willy Brand en Canciller en 1969. El nombramiento de Erich Honecker al frente de la RDA abrió el camino a la normalización de relaciones entre las dos Alemanias. 

Del lado norteamericano, la obsesión del equipo del nuevo presidente Nixon seguía siendo Vietnam. Moscú se desentendió hasta 1971. El nuevo apoyo de la URSS a EE.UU. en Vietnam y los contactos personales BrezhnevKissinger, abrieron el camino para la visita de Nixon a Moscú en 1972, quecambió por completo el clima de las  relaciones bilaterales y sirvió de base para varios acuerdos políticos y económicos. Empezaba la era de la Distensión

Otros sucesos reivindicativos de los 60

En otros lugares, también afloraban aires de cambio. La China de Mao vivió la llamada "Revolución cultural", que supuso una transformación de la milenaria sociedad de este país. Mientras tanto, Japón continuó desarrollando su reputación de potencia tecnológica y sus productos  empezaron a alcanzar prestigio en todo el mundo, impulsando la economía del país, mientras la sociedad era reestructurada radicalmente, aunque conservaba sus raíces culturales.

Otros acontecimientos destacados de la historia universal que repercutieron en México del 68, trascurrieron entre 1960 y 1970. Entre 1962 y 1968 se produjeron los asesinatos de cuatro personalidades mundiales: el del Presidente Kennedy, en 1962; el de Malcolm X, en 1965; el del “Che” Guevara, dirigente de la revolución cubana,  en 1967 y el de Martin Luther King, en 1968.

En esos años, también se gestaron los movimientos de independencia de los países africanos, como el golpe militar de Bokssa en la República Centroafricana; la  toma  de poder  en el Congo-Kinshassa, por parte de Mobutu; la Independencia de la Guinea Española, que pasó  a llamarse Guinea Ecuatorial o la Independencia de Lesotho y Botswana. Mientras tanto, en Estados Unidos, el presidente Johnson, sucesor de Kennedy, organizaba la campaña por los Derechos Civiles y contra la Pobreza (1964)  e impulsaba la posterior intervención en Vietnam.  En 1966, en China, Mao Zedong lanzaba la revolución cultural.

En Europa también se sucedían los acontecimientos. En 1967 había muerto  Konrad Adenauer, primer Canciller de la República Federal de Alemania. En 1968, Francia acogía una revuelta juvenil, que conmovió al gobierno y a los países democráticos de todo el mundo. Rusia intervino en la "primavera" checoeslovaca y en la capital de Francia se  iniciaba la  Conferencia de París para poner fin a la guerra de Vietnam, mientras Portugal veía la caída de  la dictadura de Salazar. Hechos que fueron el  preludio de lo que vino luego.

Un año después de los JJOO de México, en 1969, se produjo el abandono de Vietnam por parte de  las primeras tropas norteamericanas. Gadaffi dio un golpe de estado en Libia. Nixon fue elegido Presidente de Estados Unidos y  See proclamó el gobierno provisional revolucionario en Vietnam del Sur. En definitiva, una  década (la de los 60), que situó en primer plano a los jóvenes y a las mujeres; que proclamó los derechos de los negros en los Estados Unidos, la independencia de África, la guerrilla de liberación en América Latina y la puesta al día de la Iglesia Católica.

En los 70 y en años posteriores se  rebajó el impulso revolucionario. La irrupción del neoliberalismo, defendido por Margaret Tatcher y Ronald Reagan, la caída de las últimas dictaduras en Portugal, España y Grecia, la aparición de grupos terroristas en diversos países ( ETA y FRAP en España; Brigadas Rojas en Italia; RAF en Alemania e IRA en Irlanda del Norte) son ejemplo y reminiscencias de una década agitada. Sin embargo, no hay que olvidar que, en el sur de Europa y debido las condiciones socio-políticas, la revolución de los 60 se manifestó con retraso, generando sus propios movimientos culturales rupturistas y reivindicativos. En España, hay dos ejemplos claros: la “Movida Madrileña” y el “Rock Radical Vasco”.

Estos son algunos datos de Interés.

1960
  • Leopold Senegor, es elegido Presidente de Senegal.
  • Ghana se convierte en República. Su primer presidente es Nkrumah.
  • Independencia de Nigeria.
  • Se constituye la República de Somalia.
  • Independencia del Congo-Kinshasa, antiguo Congo belga.
  • Se crea la OPEP, países exportadores de petróleo.
  • El ejército toma el poder en Turquía.
1961
  • Se proclama la República independiente de Sudáfrica.
  • Insurrección nacionalista en Angola.
  • Hasan II, rey de Marruecos.
  • Independencia de Sierra Leona.
  • Cuba y Estados Unidos rompen sus relaciones diplomáticas
  • Kennedy es elegido Presidente de Estados Unidos.
  • Yuri Gagarin realiza el primer viaje al espacio
1962
  • Argelia se proclama independiente.
  • Se produce la crisis de los misiles en Cuba.
  • Guerra entre la India y China.
  • U Thant elegido secretario general de las Naciones Unidas.
  • Uganda y Tanganyika se declaran independientes.
  • Linus Pauling - premio Nobel de Química en 1954 - recibe el Premio Nobel de la Paz.
1963
  • El Presidente Kennedy es asesinado. Lee Harvey Oswald, a quien se acusó del asesinato, al salir del juzgado rodeado de policías, es baleado por Jack Ruby. Las cámaras de televisión, que estaban presentes, transmitieron ambos asesinatos a todo el país y al mundo.
  • Rodesia se declara independiente.
  • En Addis Abeba se funda la OUA (Organización para la Unidad Africana)
  • Autonomía de Gambia
  • En Guinea-Bissau se inicia la lucha armada contra los portugueses
  • Independencia de Kenya, en el marco de la Commonwelth
  • Nigeria se convierte en República
  • Ben Bella es elegido Presidente de Argelia
  • Indonesia se anexa la parte oeste de Nueva Guinea en poder de Holanda
  • En Vietnam del Sur deponen a Ngo Dinh Diem
  • En Siria, el partido Baaz toma el poder
1964
  • Johnson organiza la campaña por los Derechos Civiles y contra la Pobreza en Estados Unidos.
  • Estados Unidos alega que ha sido atacado uno de sus destroyers en el Norte de Vietnam y lanza un ataque aéreo contra bases vietnamitas, como represalia. Y se recrudecen las acciones de guerra.
  • Kenyatta es el Presidente de la República de Kenya
  • Independencia de Malawi, antigua Nyasalandia.
  • Rhodesia del Norte, se independiza con el nombre de Zambia
  • Zanzíbar se une a Tanganyika y forman Tanzania.
  • Johnson decide intervenir directamente en Vietnam.
  • Independencia de Malta
  • Se funda la Organización para la Liberación de Palestina (OLP)
1965
  • Estalla la guerra entre India y Pakistán.
  • Malcolm X, dirigente negro musulmán, es asesinado.
  • Golpe militar de Bokssa en la República Centroafricana
  • Mobutu toma el pode en el Congo-Kinshassa
  • Independencia de Singapur
  • Leonov es el primer cosmonauta en salir al espacio
1966
  • Indira Gandhi, hija de Nehru, gana las elecciones y es elegida Primera Ministra de la India.
  • Día Internacional de Protesta por las acciones de Estados Unidos en Vietnam.
  • Independencia de Lesotho y Botswana
  • La antigua Guayana británica se independiza como República de Guyana
  • Mao Zedong lanza la revolución cultural
1967
  • Tercera guerra árabe-israelí, llamada de Los 6 días.
  • Muere Konrad Adenauer, primer Canciller de la República Federal de Alemania (1949-1963) que propulsó la comunidad del Carbón y Acero, la Comunidad de la Defensa Europea, la OTAN y Comunidad Económica Europea. Desde 1958 estableció una verdadera alianza con De Gaulle, temiendo una entente Anglo- norteamericana-soviética.
  • Guerra civil en Nigeria.
  • Muere en Bolivia, asesinado, el "Che" Guevara, dirigente de la Revolución Cubana a los 39 años.
  • Golpe militar en Grecia
  • En Rumanía, Ceausescu es nombrado Jefe de Estado
  • Tercera guerra árabe-israelí, la llamada de los seis días.
  • Israel ocupa el Sinaí, Cisjordania y Gaza
  • Estalla la guerra de Biafra por secesión de la parte oriental de Nigeria
1968
1969
  • Un ingenio norteamericano aluniza y el primer hombre da un paseo por la superficie de la Luna.
  • Golda Meir, Primera Ministra de Israel.
  • Se produce el abandono de Vietnam de las primeras tropas norteamericanas, mientras miles de ciudadanos en diversos puntos del país aumentan sus manifestaciones de protesta por la guerra de Vietnam.
  • Gadaffi da un golpe de estado en Libia.
  • Nixon es elegido Presidente de Estados Unidos.
  • See proclama el gobierno provisional revolucionario en Vietnam del Sur
  • El IRA comienza su acción terrorista en el Ulster
  • En Francia dimite el general De Gaulle
En los 70 y en años posteriores se  rebajó el impulso revolucionario. La irrupción del neoliberalismo, defendido por Margaret Tatcher y Ronald Reagan, la caída de las últimas dictaduras en Portugal, España y Grecia, la aparición de grupos terroristas en diversos países ( ETA y FRAP en España; Brigadas Rojas en Italia; RAF en Alemania e IRA en Irlanda del Norte) son ejemplo y reminiscencias de una década agitada. Sin embargo, no hay que olvidar que, en el sur de Europa y debido las condiciones socio-políticas, la revolución de los 60 se manifestó con retraso, generando sus propios movimientos culturales rupturistas y reivindicativos. En España, hay dos ejemplos claros: la “Movida Madrileña” y el “Rock Radical Vasco”.

Y es que, como decía Karl Marx, la historia se repite, primero como tragedia y luego como comedia. La sociedad  fluye y el mundo está en constante cambio.  Basta con volver la mirada a algunos hechos recientes como el repunte de los asesinatos racistas en Ferguson, en 2014, con la muerte de Michael Brown a manos de un policía y numerosas protestas y manifestaciones Misuri, que  se han equiparado con casos como el de Trayvon Martin, en Florida, y que  también evoca los disturbios raciales de los años 60 en Estados Unidos. A ello, hay que sumar las intervenciones militares en Libia y Siria, el recorte del Estado de Bienestar, el aumento del gasto militar, tanto en Europa como Estados Unidos, la creación de un mundo multipolar frente la dicotomía Estados Unidos-Unión Soviética, el resurgimiento de la Rusia de Putin y la creación de un bloque que rompe la hegemonía estadounidense o  la aparición de los BRICS, el banco que integra a Brasil, Rusia, China, India y Sudáfrica.




lunes, 31 de marzo de 2025

LA EUROPA DEL CENTRO Y EL SUR DE LA BAJA EDAD MODERNA

El absolutismo ilustrado
 
La actuación de diversos príncipes europeos en la segunda mitad del siglo XVIII se inscribe dentro de la corriente del “absolutismo ilustrado”, resumido en el impulso de reformas que pretendían al mismo tiempo la mejora económica y social de sus territorios y el reforzamiento de su poder. Este deseo de modernizar rápidamente el territorio supuso que los países más avanzados (Gran Bretaña, Francia y las Provincias Unidas), quedaran al margen, al haber aplicado dichas reformas ya con anterioridad. Muchos ilustrados consideraban que la única forma de realizar reformas profundas era por medio del poder real, que debía ser reforzado en el sentido absolutista. Y a su vez, los monarcas del absolutismo ilustrado se rodearon de destacados representantes de la Ilustración para impulsar dichas reformas. Una relación de conveniencia entre teóricos contrarios.


Objetivos del absolutismo ilustrado
  • Incremento y centralización del poder real, con una mayor burocracia, que amplía su eficacia en todo el reino.
  • Aumento del prestigio internacional de la dinastía.
  • Incremento de los ingresos de la Hacienda real, reorganizando la fiscalidad y haciéndola más eficaz.
  • Reordenación y clarificación de la justicia, incluyendo la recopilación y modificación de códigos para hacer la justicia más dependiente del soberano y mejorar su aplicación a los súbditos.
  • Estímulo de la actividad económica, removiendo obstáculos que impidan el crecimiento (restricciones a la circulación, propiedad en manos muertas, etc.).
  • Promoción de la educación, la ciencia y la cultura.
  • Secularización de la sociedad y la enseñanza, para superar viejas intolerancias religiosas.
Especialmente importante era el regalismo dentro del ataque a los privilegios de la Iglesia. Los monarcas ilustrados (incluso los católicos convencidos como Carlos III y María Teresa de Austria) toleraban mal que la Iglesia de sus territorios dependiera de una instancia exterior como el papado. Además, se conseguía así aumentar el patrimonio y los ingresos de la corona, clarificar y simplificar la estructura jurídica, reordenar la propiedad de la tierra y lograr la laicización de la cultura.
 
También los privilegios de la nobleza eran un límite al poder de los monarcas y un obstáculo para las reformas de la propiedad de la tierra que proyectaban los ilustrados. Pero aquí las resistencias fueron mayores que en el caso de la Iglesia, por lo que muchas de estas reformas no pudieron ponerse en práctica, lo que es un síntoma de los límites del absolutismo ilustrado, que en realidad nunca pretendió cambiar en profundidad las estructuras del Antiguo Régimen. Tradicionalmente se ha señalado que el absolutismo ilustrado coincide con la fase de madurez de la ilustración. Su inicio se situaría en 1740, fecha en que accedieron al trono dos de sus principales representantes:
  • Federico II de Prusia y María Teresa de Austria, y su final en 1790, año de la muerte del hijo de ésta, José II, cuando se inició la Revolución Francesa que alertaría a los gobernantes europeos sobre el peligro de las ideas ilustradas, interrumpiendo bruscamente el tiempo de las reformas.
  • Aparte de Federico II y María Teresa de Austria, otros destacados representantes del absolutismo ilustrado fueron Catalina II de Rusia, el rey de España Carlos III o el gran duque de Toscana Pedro Leopoldo, a los que podríamos unir una amplia serie de soberanos y gobernantes que ponen en práctica medidas reformistas basadas en la ilustración.
Las Provincias Unidas
 
A la muerte de Guillermo III de Orange en 1702, se inició un enfrentamiento entre los partidarios del régimen republicano y los defensores de la dinastía Orange. El republicanismo se impuso durante 45 años, pero siempre con la presión orangista presente. Solo Frisia le reconoció como estatúder, por lo que se impuso el republicanismo, con el poder en manos de una oligarquía burguesa encabezada por el gran pensionario Antonio Heinsius.
 
Dicha presión hizo que cuando durante la Guerra de los Sucesión de Austria las Provincias Unidas fueran invadidas por el ejército francés (1747), se produjera una reacción nacional, apoyada por Gran Bretaña, que aupó a Guillermo IV (1747-51) al poder como estatúder. A su muerte, su hijo, Guillermo V (1751-95), era menor de edad → regencia, primero de su madre Ana de Hannover y después de su preceptor Ernesto de Brunswick, hasta su mayoría de edad en 1766.

Guillermo IV (1747-51)


Guillermo V contaba con el apoyo de Gran Bretaña (nieto de Jorge II) y Prusia (sobrino de Federico II), pero con el tiempo fue creciendo la oposición republicana, inspirada en el federalismo norteamericano. Este movimiento patriótico fue sobre todo respaldado por la baja burguesía. Los patriotas organizaron corporaciones libres de burgueses para acabar con los gobiernos municipales orangistas y en muchos municipios se abolieron los derechos del estatúder. En una reunión de la Federación Nacional de todas las corporaciones libres, celebrada en Utrecht en 1786, se llegó incluso a discutir el establecimiento de una asamblea representativa de todo el pueblo de los Países Bajos. Los patriotas organizaron milicias y se pidió ayuda a Francia. En 1787 muchas ciudades se levantaron contra Guillermo V, lo que propició la intervención del ejército prusiano, apoyado navalmente por Gran Bretaña → La autoridad de Guillermo V fue restablecida, dado que Francia no pudo intervenir en el conflicto, agobiada por sus propios problemas. Sin embargo, en 1795 la Francia revolucionaria, invadirá las Provincias Unidas y creará en ellas la República Bátava, en la práctica un estado vasallo de Francia.

Guillermo V

Esta debilidad política contrastaba con su economía. Tras un inicio de siglo complicado, con enormes gastos bélicos que llevaron a la suspensión de pagos en 1715, y pese a que habían perdido el protagonismo mercantil y que sus manufacturas tampoco presentaban el vigor de antaño, la evolucionada economía neerlandesa volvería a ocupar un lugar destacado, con las finanzas como sector más importante: las Provincias Unidas prestaban dinero a buena parte de Europa, incluyendo una importante participación en la deuda nacional británica.

Por último, en las Provincias Unidas existía una mayor libertad política que en otros países europeos, con una prensa abundante y una actitud bastante más permisiva hacia el debate político e ideológico.
 
El auge de Prusia
 
La monarquía prusiana comienza en 1701, cuando el margrave elector de Brandeburgo y duque de Prusia, Federico I (1688-1713), se convierte por concesión imperial en Rey de Prusia. Se trataba de una monarquía de agregación, fruto de la incorporación de territorios de forma sucesiva y que irán incrementándose hasta que en el s. XIX Prusia logrará la unificación de Alemania. Las señas de identidad del reino de Prusia (centralización del poder y la administración y fuerza militar) se ponen de manifiesto con el sucesor de Federico I, Federico Guillermo I (1713-40). La propia estructura social se fue adaptando progresivamente al modelo de monarquía militar, donde el ejército era el elemento fundamental para la integración de los diversos territorios de la monarquía. Reformó el ejército (con oficiales procedentes de la nobleza), la Hacienda (duplicando los ingresos de la corona) y la
administración, para reforzar el poder central. Se creó un amplio cuerpo burocrático, bien formado y dependiente directamente del poder real. Dos instituciones se encargaban del Gobierno, la Comisaría General De Guerra, creada en 1674, y el Directorio General De Finanzas, instituido en 1713
.
Federico Guillermo I (1713-40)

A partir de 1723 el órgano clave de gobierno en Prusia es el Directorio General y Supremo de Hacienda, Guerra y Dominios (Generaldirektorium), un auténtico consejo de gobierno bajo la dirección del monarca. Lo componía 6 departamentos que se dividían las provincias, encabezado cada uno de ellos por un ministro, y un número indeterminado de consejeros que llegó a alcanzar las dos decenas. No obstante, los Asuntos Exteriores y la justicia formarían departamentos distintos, separados del Directorio en tiempos de Federico Guillermo I. El gobierno se situó en Berlín y extendía su poder a las restantes provincias de la monarquía, en buena medida gracias a las cámaras provinciales de guerra y dominios, que tenían importantes competencias gubernativas y judiciales y dependían fuertemente de Berlín.
 
En materia económica aplicó doctrinas mercantilistas, a la vez que favoreció la agricultura mediante nuevas roturaciones y la migración a Prusia oriental de más de 20.000 protestantes expulsados por el obispo de Salzburgo.
 
La economía experimentó un fuerte crecimiento durante su reinado.
  • El apogeo de Prusia con Federico II (1740-86)
Uno de los máximos exponentes del absolutismo ilustrado (por sus tintes autocráticos se podría hablar de despotismo ilustrado). Heredó una estructura institucional sólida, que apenas tuvo que modificar. El órgano principal del Gobierno continuó siendo Directorio General y Supremo de Hacienda Guerra y Dominios, cuyos departamentos se incrementaron, sobre todo por la creación de una serie de ellos dedicados a las diversas actividades económicas (Comercio e Industria, correos, minas, montes), así como otros para el territorio recién conquistado de Silesia o la administración militar. Mejoró el funcionamiento de la administración y de la fiscalidad, pasando los ingresos de los 7 a los 18 millones de taleros. En el campo de las reformas propiamente ilustradas destacan la eliminación de la tortura y la pena de muerte. Impulsó un amplio proyecto de codificación, que culminaría con el nuevo Código Civil
de 1794. Aplicó el principio de libertad religiosa, lo que permitió la presencia de gente de distintas confesiones en sus reinos. Además, trató de reducir las discriminaciones hacia los judíos. Aunque impulsó la extensión de la enseñanza, teóricamente obligatoria hasta los 13 años en 1763, faltaron los maestros necesarios para ponerla en práctica.

Federico II (1740-86)

La universidad tuvo un importante auge, pero en los campos de la opinión o la prensa puso el límite de la crítica a su poder y a su obra de gobierno. No pudo mejorar la situación de los siervos, ya que no pudo implementar las medidas a favor del campesinado por la presión de los grandes terratenientes (junkers).

Durante su reinado se vivió un fuerte crecimiento económico, favorecido por su protección de la agricultura y su política mercantilista. Favoreció las manufacturas de lujo (porcelana, seda, terciopelo), las minas de carbón y de hierro y la metalurgia. Mejoró las infraestructuras (canales) y redujo al mínimo las barreras internas para favorecer el comercio interior. En 1765 creó un banco nacional, con el Banco de Inglaterra como modelo. También intensificó la colonización interior de sus territorios (incrementados con la conquista de Silesia, 1740), especialmente en el este.
 
A su muerte le sucedió su sobrino Federico Guillermo II (1786-97). Continuó la política expansiva de sus antecesores gracias a los repartos de Polonia, pero no mantuvo el absolutismo ilustrado de sus predecesores, sino una política de ortodoxia cristiana, contraria a la Ilustración.

 
Austria y la Monarquía de los Habsburgo
 
La monarquía austriaca del s. XVIII es la más compleja de todas las monarquías de agregación europeas. Los estados patrimoniales de los Habsburgo, más Bohemia y Hungría y los territorios en Italia y Países Bajos, obtenidos tras la paz de Utrecht, conformaban un imperio extenso, variado y disperso, donde no era fácil construir estructuras de gobierno eficaces. Especialmente en Hungría, cuyos derechos y libertades debió respetar el emperador.
  • Carlos VI (1711-1740)
El gran problema de los Habsburgo volvía a ser la falta de sucesores masculinos. Cuando el archiduque Carlos fue nombrado emperador como Carlos VI, promulgó la Pragmática Sanción en 1713, a fin de beneficiar a su propia descendencia. Consiguió el respaldo de todas las dietas para proteger los derechos sucesorios de su hija mayor María Teresa, nacida en 1717.
 
Carlos VI mantuvo las instituciones centrales heredadas, pero se apoyó sobre todo en una Conferencia Privada, más restringida que el Consejo Privado. Creó además consejos y secretarías para los territorios que llegó a controlar en España, Italia y Países Bajos. En sus años finales hubo de hacer frente de nuevo a otra revuelta de la inestable Hungría (1737-1739), dirigida hasta su muerte en 1738 por José Rákóczi, hijo de Ferenc, líder de la guerra de independencia húngara de 1703-1711. El resultado final, con la Paz de Belgrado, supuso para el emperador un retroceso en los Balcanes.

Carlos VI (1711-1740)
  • María Teresa I (1740-1765)
Superó hábilmente las dificultades vinculadas a su herencia. Consiguió el apoyo de los húngaros y se convertiría en uno de los modelos más típicos del absolutismo ilustrado, cuyas prácticas usó para aumentar su autoridad y fortalecer sus estados. Sus primeras reformas se realizaron en los territorios patrimoniales de los Habsburgo y en Bohemia, núcleo de su poder. Centralizó las competencias judiciales en una Magistratura Suprema, la política exterior en una Cancillería Estatal, y las cuestiones militares las mantuvo en el ya existente Consejo de Guerra. El resto de la administración quedaba bajo el Directorio, con amplísimas competencias de gobierno interior, junto con las diputaciones y las divisiones territoriales (kreise), dirigidas por nobles locales.
 
Creó un cuerpo burocrático dependiente de la corona, que reemplazó a los estamentos en tareas tan importantes como la recaudación de impuestos o el reclutamiento, haciendo cada vez más efectiva la presencia del poder real.
 
Así fue creando poco a poco una administración civil, separada de la judicial. La justicia se fue unificando y centralizando, con ayuda de un nuevo Código Penal (1768), que ponía fin a los procesos de brujería, aunque mantenía la tortura.
 
En el plano de la Hacienda se reorganizó la recaudación y se crearon nuevos impuestos, como la contribución sobre la tierra. También introdujo reformas en la educación, como la secularización de la Universidad de Viena y la creación de academias militares y diplomáticas. Su aversión a los judíos le llevó a expulsarlos de Bohemia en 1744, aunque la presión internacional le hizo anular dicha medida en 1748.
 María Teresa I (1740-1765)
  • Regencia de María Teresa I y José II (1765-1780)
En 1765, al morir su esposo Francisco de Lorena, su hijo José II es coronado emperador, por lo que madre e hijo comparten el poder. Se apoyó en Wenzel von Kaunitz, verdadero director del Imperio hasta la muerte de María Teresa. A partir de esa fecha las reformas centralizadoras se aceleran, en un sentido más absolutista, al tiempo que se extienden a más territorios dependientes de la monarquía Habsburgo. Se centraron en los problemas financieros,administrativos y militares producidos por la Guerra de los Siete Años.

En economía se aplicaron medidas mercantilistas, de apoyo a la producción y al comercio, complementadas con mejoras en las comunicaciones. Pese a fuertes resistencias, se logró introducir reformas que mejoraban la situación del campesinado con la intención de impulsar la agricultura.
Para vencer el principal obstáculo a la reforma, la resistencia de la Iglesia, se iniciaron en estos años las medidas regalistas, donde se ve la influencia de José II. En 1768 se impuso una contribución al clero y más adelante fueron desamortizados algunos bienes de monasterios y conventos. La supresión de la Compañía de Jesús en 1773, aparte de ser un símbolo de la subordinación de la Iglesia al Estado, formaba parte del programa de reforma de la educación: la Corona se hizo cargo de los niveles básicos de la enseñanza y potenció la enseñanza universitaria, que estaba en manos de los jesuitas.
  • José II (1780-90)
María Teresa muere en 1780 → reinado en solitario de José II, que dota a la política reformista de un tono muy ilustrado, más laico y anticlerical (se ha llegado a hablar de “josefismo”, como una variante peculiar del regalismo). Influido por el febronianismo, deseaba una Iglesia nacional al servicio de los intereses dinásticos de una monarquía de derecho divino. Por ello gobernó la Iglesia de sus territorios como si de un Papa se tratase. Así trató de convertir obispos y párrocos en dependientes del poder real, al tiempo que subordinaba los seminarios a las universidades.
 
Decretó la libertad de culto, eliminó las órdenes contemplativas, redujo el clero regular, etc. En el campo del ceremonial y la religiosidad popular también introdujo novedades, como la supresión
de las procesiones, las cofradías religiosas y las peregrinaciones. Permitió que el matrimonio fuera validado por autoridades civiles y permitió el divorcio. Abolió la Inquisición y la censura eclesiástica sobre la prensa y la imprenta, además de dictar una ley de tolerancia religiosa, que beneficiaba a luteranos y judíos. Se asumió la enseñanza a cargo de la Corona en 1783, lo que fue otro golpe al dominio de la Iglesia en este campo → Alejamiento de la Iglesia.
 
Fusionó organismos, a fin de lograr una mayor centralización y reducir gastos. Impuso progresivamente el uso del alemán. Dividió el territorio en distritos bajo el mando de gobernadores nombrados por él mismo. Fue revolucionario en el campo del derecho penal: nuevo Código Penal de 1787, que limitaba la pena de muerte y abolía la tortura.
 
Intentó repartir la fiscalidad de forma más equilibrada, para lo que realizó un censo y un catastro; acabó con exenciones de la nobleza y los diezmos y abolió la servidumbre en Hungría (1785).
 
Pese a tal cantidad de reformas, al final de su reinado se estaban produciendo revueltas en diversos territorios de su reino, además de un intento de reparto de Austria entre Prusia, Turquía y Polonia, que fue abortado por la intervención de Gran Bretaña.

 José II (1780-90)
  • Leopoldo II (1790-92) y Francisco II (1792-1806)
Ante la resistencia a las importantes reformas “josefinas” y la reacción anti-ilustrada que provocó la Revolución Francesa, su hermano y sucesor Leopoldo II hubo de negociar con los estamentos y moderar las reformas, suprimiéndose muchas de las medidas del absolutismo ilustrado “josefino”. El sistema fiscal volvió a los tiempos de María Teresa y se restableció la servidumbre. A Leopoldo II le sucederá su hijo Francisco II, que será el último emperador del Sacro Imperio, pasando a ser Francisco I, primer emperador de Austria (1804-35).

Leopoldo II (1790-92) y Francisco II (1792-1806)

Los territorios italianos
 
La Italia del s. XVIII fue, especialmente en la 1ª mitad de siglo, el reflejo de los intereses y acuerdos de las grandes potencias europeas, definiendo los tratados entre ellas el mapa italiano:
  • Guerra de Sucesión de España (Tratado de Rastadt, 1714): Italia bajo influencia austriaca.
  • Guerra de Sucesión de Polonia (Tratado de Viena, 1738): se ratificó la presencia de Carlos de Borbón (futuro Carlos III) en Nápoles y Sicilia.
Tras la paz de Aquisgrán (1748), la segunda mitad de siglo fue de relativa tranquilidad, rota por las secuelas de la Revolución Francesa y las guerras napoleónicas. Las políticas internas de los estados italianos fueron muy diversas: el Piamonte desarrolló un modelo absolutista y centralizador; Venecia, Génova y los Estados Pontificios cayeron en una decadencia fruto de su inmovilismo; la Lombardía austriaca, el Nápoles borbónico y la Toscana bajo los Lorena participaron del reformismo ilustrado.
  • Las Dos Sicilias y el reformismo borbónico
Durante el corto dominio austriaco (1713-34), el Reino de Nápoles asistió a un fuerte regalismo.
Tras la Guerra de Sucesión de Polonia renació el reino de las Dos Sicilias, gobernado por Carlos de Borbón (1734- 82), hijo de Felipe V y futuro Carlos III de España. Este monarca ilustrado llevó a cabo una amplia política reformista.
 
Contó a su favor con una coyuntura económica favorable y una buena acogida de sus súbditos, descontentos con las imposiciones fiscales de los austriacos. Sus reformas buscaban imponer la superioridad política e institucional del monarca, recortando para ello poderes de los barones, la nobleza togada y la Iglesia. Para ello suprimió el poderoso Consejo Colateral y lo sustituyó por una Junta de Gabinete y varias secretarías, siguiendo el modelo de su padre Felipe V en España. De acuerdo con las doctrinas mercantiles creó una Junta de Comercio en 1735 y en 1739 instituyó el Magistrado de Comercio, tribunal con amplias competencias en materias económicas (no sólo mercantiles). También reformó la jurisdicción feudal y reorganizó la hacienda. Impulsó la actividad manufacturera, como las fábricas de seda, porcelana, cristales y espejos, arcabuces, etc. En 1737 inició un catastro general.
 
Con su acceso al trono de España como Carlos III en 1759 se inició el larguísimo reinado de su hijo Fernando IV (1759-1825), claramente continuista hasta 1776 con las reformas administrativas y legislativas, al tiempo que luchaba contra los privilegios feudales y eclesiásticos, aunque con resultados poco satisfactorios.
Carlos III

En Sicilia el virrey Caracciolo, hombre fuerte a partir de 1776, no consiguió impulsar las reformas de forma satisfactoria, aunque limitó la jurisdicción señorial y trató de elaborar un catastro, que no llegó a concluirse.
 
El regalismo napolitano era conocido como “jurisdiccionalismo” y destacó por su gran fuerza, ya que arranca desde finales del s. XVII, y por tanto ya presente en época austriaca, hasta desarrollarse completamente en la época de la plena Ilustración. Este jurisdiccionalismo se plasma sobre todo en conflictos y tensiones con Roma. En 1741 Carlos de Borbón y el Papa Benedicto XIV firmaron un concordato, que confería al rey de Nápoles derechos fiscales y jurisdiccionales sobre la Iglesia y que era preludio de la supresión de la Inquisición romana en este reino en 1746.
 
Fernando IV también tuvo tensiones con la Iglesia, como la expulsión de los jesuitas y la expropiación de muchos de sus bienes en 1767. También intentó reformar la enseñanza mediante la creación de escuelas públicas. Quizá el punto culminante de la política regalista se dio en 1789, cuando se suprimió la chinea, la ofrenda simbólica que reconocía la dependencia feudal de Nápoles respecto a Roma.
 
Pese a todo lo anterior el balance de las reformas fue escaso y ambos reinos permanecieron en su retraso casi feudal, debido a la resistencia de los grupos poderosos: Iglesia, nobleza, señores feudales. Los avances se debieron más a las nuevas fuerzas sociales (burguesía, letrados, intelectuales) que a la propia dinastía borbónica. Al estallar la Revolución Francesa, los Borbones napolitanos también abandonaron la política reformadora.


 
El reformismo en Milán y Toscana
 
Durante los reinados de María Teresa y José II tanto la Lombardía austríaca como la Toscana sufrirán un intensísimo proceso de reforma, gracias a la existencia de ciertos grupos sociales abiertos al cambio a partir del ideal ilustrado,convirtiéndose en la zona más dinámica y desarrollada de la península.
  • El ducado de Milán
En el ducado de Milán el reformismo fue más eficaz y prolongado, también con un fuerte componente regalista, que se fue intensificando y llegó al máximo con la incorporación al poder de José II. El norte de Italia se convirtió en un campo de pruebas de muchas de las medidas de José II, especialmente las relativas a la Iglesia y a la religión, y que después aplicaría a sus territorios austriacos. Se intentó realizar un catastro para establecer una fiscalidad más justa, pero la fuerte oposición, especialmente por parte de la Iglesia, frenó el proyecto. Se suprimieron monasterios(apropiándose la Corona de sus bienes).También en línea con la Ilustración se procedió a la abolición de gremios,a la supresión de aduanas interiores, a la abolición del Senado (1786) y a la división del ducado en 8 intendencias.
 
A la muerte de José II, al igual que pasó en otros territorios, la mayoría de estas reformas fueron anuladas.
  • El ducado de Toscana
Las principales reformas fueron las llevadas a cabo por Pietro Leopoldo (1765-90), futuro Leopoldo II de Austria tras la muerte de su hermano José II. Estimuló la producción agrícola con medidas como la liberalización del comercio de granos en 1767 o la entrega a los aparceros de las tierras pertenecientes a la corona, a cambio de un canon anual. En 1770 inició la supresión gradual de los gremios y posteriormente abolió las aduanas interiores. Su colaborador Giulio Rucellai fue el principal artífice de la política regalista, que se plasmó en medidas como la abolición del derecho de asilo en sagrado, el cierre del Tribunal del Santo Oficio y la supresión de la nunciatura en Florencia. En 1786 se publicó el nuevo Código Penal, que suprimía la tortura, la pena de muerte y la confiscación de bienes a los condenados. En cambio, el proyecto de redactar una nueva constitución que implicaba la separación
de poderes se quedó en un simple proyecto. Ya en 1790, cuando Leopoldo partía hacia Viena, se manifestaba un fuerte descontento popular hacia muchas de sus medidas.
 
 Los ducados de Parma, Piacenza y Guastalla
 
Atribuidos a Felipe de Borbón (1748-65), destacó en ellos el regalismo impulsado por el francés Dutillot (1756-71), uno de los más marcados de Europa en la década de 1760. En 1765 se tasaron muchas de las propiedades eclesiásticas → recorte en la inmunidad fiscal del clero. En 1768 se prohibió la apelación a tribunales extranjeros (es decir, a Roma) y se expulsó a los jesuitas → reforma educativa → Roma anuló los edictos en materia eclesiástica, reafirmó el origen pontificio del ducado y amenazó con excomuniones. Dutillot respondió confiscando bienes de congregaciones religiosas y suprimiendo la Inquisición (1769). El nuevo duque, Fernando I (1765-1802), destituyó a Dutillot y se reconcilió con Roma (1771), al tiempo que retrocedió en muchas de las medidas regalistas de los años anteriores.

El reino de Piamonte
 
Construido a raíz del tratado de Utrecht como una fórmula de estado-barrera entre austríacos y borbones. Su base era el reino de Saboya, más Monferrato, Cerdeña (tras ser permutada en 1718 por Sicilia), parte de Lombardía y Niza → gran heterogeneidad, con nobleza y clero poderosos.
  • Víctor Amadeo II (1675-1730)
Las reformas centralizadoras bajo un modelo absolutista ya venían produciéndose desde el s. XVII, sobre todo con Víctor Amadeo II, que durante la Guerra de Sucesión española consiguió el título de rey de Saboya (era duque), que le será de gran ayuda a la hora de impulsar sus reformas. Creó nuevos consejos de gobierno y reforzó las competencias de los intendentes, que extendió a los nuevos territorios incorporados de Monferrato y Cerdeña. También promovió la codificación de leyes en las llamadas constituciones piamontesas (1723-29), a la vez que suprimía la venta de los cargos de justicia. Reformó los estudios universitarios, lo que le llevó a enfrentarse a las órdenes religiosas, que dominaban hasta entonces la universidad. Además de reforzar su poder, las reformas hicieron del reino uno de los mejor administrados de Europa: burocracia eficaz y obediente, ejército poderoso y clero sumiso.
Víctor Amadeo II (1675-1730)


  •  Carlos Manuel III (1730-73)
Intentó culminar el proceso centralizador iniciado en 1713, con Battista Bogino como máximo exponente del reformismo. Se reorganizó la administración local (reforzando el papel de los intendentes) y se inició un catastro. Decretó la abolición de la feudalidad en Saboya (1771). Desde 1759 se ocupó de la reorganización de Cerdeña.

Carlos Manuel III (1730-73)
  • Víctor Amadeo III (1773-96)
Continuó la política reformista de su padre, pese a la desaparición de Bogino, y en 1783 fundó la Academia de Ciencias de Turín (tendencia a la tolerancia intelectual). En definitiva, estabilidad gracias a la eficacia administrativa y la creciente convergencia de la sociedad a los ideales de la Corona.

Víctor Amadeo III (1773-96)

Inmovilismo y decadencia: Venecia y Génova. Los Estados Pontificios
 
Apenas puede hablarse de reformismo ilustrado en las repúblicas oligárquicas de Venecia y Génova (petrificación política y estancamiento económico), ni en los Estados Pontificios
  • Venecia
Seguía gobernada por una oligarquía encerrada en sí misma y refractaria a cualquier reforma que pusiera en peligro sus privilegios → descontento de los sectores aristocráticos y burgueses excluidos del poder. Pero la clave de su retraso y anquilosamiento estuvo en la crisis de su sistema comercial, quedando su papel reducido al ámbito regional, bajo la tutela de los Habsburgo, pese a cierto desarrollo de la marina mercante a partir de 1780.
 
En referencia con lo ilustrado, lo más destacado es el regalismo, que contaba con importantes precedentes. Se logró reducir las competencias de la Inquisición romana o suprimir algunos conventos. En el terreno económico se liberalizó la exportación de cereales en 1754 o el desarrollo de la marina mercante en los años ochenta, que no frenó su decadencia en el comercio internacional a la que se unía el malestar de sectores burgueses excluidos del poder político.
  • Génova
Más tradicional aún fue la política de Génova, donde el descontento popular condujo a la insurrección de 1746, tras una breve ocupación austríaca. La situación continuó sin cambios, agudizando el malestar de territorios como Córcega, que se encontraba en situación de permanente rebeldía desde 1729, hecho este que llevó al Senado genovés a vendérsela a Francia en 1768.
 
Sin embargo, pudo mantener cierto vigor comercial y financiero → ascenso de grupos burgueses y la nobleza media, partidarios de reformas de tipo ilustrado en la vida institucional.
  • Los Estados Pontificios
El poder del Papado experimentó un claro retroceso en el s. XVIII, debido a la política regalista seguida por numerosos príncipes católicos, las críticas del pensamiento ilustrado, el avance de la descristianización o la crisis financiera por el descenso del dinero que los papas recibían de los países católicos. Ello alentó las tensiones separatistas en el interior de los Estados Pontificios (especialmente Bolonia). Estas tensiones se agudizaron por el efecto negativo de las campañas militares de las guerras de la primera mitad del s. XVIII.
 
Durante los pontificados de Clemente XII (1730-40), Benedicto XIV (1740-58) y Pío VI (1775-79) se llevó a cabo una política de reformismo político y económico, se mejoraron las comunicaciones y el comercio, se intentó establecer cauces de entendimiento con soberanos católicos, por medio de concordatos, y se inició la elaboración de un catastro de propiedades.
 
La España de los Borbones
  • Felipe V (1700-46)
La llegada al poder de los Borbones con Felipe V propició reformas tanto en la estructura constitucional del reino como en su forma de gobierno, de inspiración francesa → reducir el poder político de la alta nobleza y reordenar el sistema de gobierno, para lograr un incremento del poder real y una mayor centralización.
Felipe V
 
Felipe V debía enfrentar la costumbre de los reinos y territorios de la monarquía de agregación de mantener sus instituciones, leyes y personalidad constitucional, pero la sublevación de parte de los territorios de la corona de Aragón le dio una oportunidad perfecta para la centralización → Promulgación de decretos de Nueva Planta entre 1707 y 1716, que abolían las constituciones y privilegios de los territorios de Aragón, culpables de delito de lesa majestad, a medida que se iban reconquistando. Se fueron creando nuevos organismos de gobierno, dependientes del poder real, a la vez que se abolían los ordenamientos jurídicos particulares, a excepción del derecho civil catalán,
imponiéndose las leyes de Castilla. Se creó un nuevo impuesto a imagen de las rentas provinciales de Castilla, se suprimieron las aduanas entre Castilla y Aragón → incremento de las exportaciones catalanas y valencianas a Castilla. La presencia de los comerciantes catalanes fue tal que en 1783 lograrían quebrar el monopolio madrileño de los 5 gremios mayores. Asimismo, la Nueva Planta facilitó a los súbditos de la corona de Aragón el acceso al comercio con América, que alcanzó en el siglo XVIII su fase de mayor rentabilidad. Sólo Navarra y las provincias vascas, leales, mantendrán sus privilegios y particularidades.

Se creó un Consejo de Gabinete, inspirado en el Conseil d’en haut y formado por un reducido grupo de personas que dirigían el gobierno. Fue perdiendo importancia frente a una serie de secretarías de estado, antecedente remoto de los futuros ministerios, siendo cinco las principales: Estado, Guerra, Marina e Indias, Hacienda y Justicia. El único consejo que sobrevivió fue el de Castilla, que extendió su poder a la corona de Aragón, y que contaba con amplias competencias en el gobierno interior y en la administración de justicia. Las Cortes de Castilla también se extendieron a Aragón, pero su importancia fue irrelevante. Etapa de mejora económica, basada en el mercantilismo, y de reconstrucción militar y naval; pero las continuas guerras dejaron la Hacienda en situación precaria.
  • Fernando VI (1746-59)
La paz y la mejora de la Hacienda permitieron poner en marcha una serie de proyectos, protagonizados por el marqués de la Ensenada. Se impulsó la reconstrucción naval y la construcción de canales y caminos. El principal proyecto fue el intento de sustituir las rentas provinciales de Castilla por un impuesto único proporcional a la riqueza, a imagen del introducido en Aragón. Para ello se realizó el llamado Catastro del marqués de la Ensenada (1749- 59), para conocer la población y la estructura económica de Castilla. El proyecto fiscal fracasó por las resistencias, pero proporcionó una valiosísima información sobre Castilla. En 1753 se firmó un concordato con Roma, que ponía fin a los conflictos regalistas anteriores a cambio del reconocimiento del patronato universal al rey de España.

Fernando VI (1746-59)
  • Carlos III (1759-88)
Culminación del absolutismo ilustrado en España. En la cúspide del poder comenzaron a aparecer una serie de juntas o reuniones de los secretarios de Estado y del despacho, cuya importancia progresiva llevó a la creación de la efímera Junta Suprema de Estado 1787-1792, que encabezaría el Conde de Floridablanca. Cuando el Conde de Aranda le sustituyó como secretario de Estado, la Junta fue suprimida y el decaído Consejo de Estado se convirtió en la principal institución de la monarquía. Su política reformista, cuya principal instancia impulsora fue el Consejo de Castilla, abarcó múltiples campos: ejército, economía, educación o el sistema de valores sociales. Gobernantes ilustrados, como los condes de Campomanes y de Aranda o Jovellanos trataron de conseguir con el impulso de muchas reformas el progreso económico y social, respaldado por una minoría social reformista, agrupada en las
llamadas sociedades económicas de amigos del país.
 
En economía se realizó una política mercantilista, con proyectos de reforma agraria, repoblaciones, el ataque a los privilegios de la Mesta, la libertad de comercio interior de granos, construcción de canales y caminos, el establecimiento de manufacturas reales, la protección de los artesanos o la erosión del sistema gremial. Se creó el Banco de San Carlos, primer banco nacional (1782).
 
En lo social se tendió a limitar el poder de los estamentos privilegiados, favoreciendo un cambio en los valores sociales. En este sentido merece la pena referirse a la tímida política de incorporación de señoríos a la corona o a la más decidida encaminada a disminuir las atribuciones jurisdiccionales de los señores y evitar abusos.

En lo que a la Iglesia se refiere, siguió la política regalista. Se expulsó a los jesuitas y se trató de controlar la Inquisición, mermando progresivamente sus atribuciones. La expulsión de los jesuitas, que dominaban la enseñanza en los colegios mayores, hizo posible la apropiación de sus bienes por la corona. En la senda regalista de sus antecesores, Carlos III confirmó unilateralmente el exequator o pase regio en 1768, imprescindible para la ejecución de las disposiciones pontificias.
 
Pese a todo lo anterior, y a la mejora económica apoyada en la coyuntura positiva, muchas de las iniciativas reformistas no fueron eficaces o simplemente no pasaron de ser proyectos. Al morir Carlos III seguían vigentes todas las instituciones que habían denunciado los ilustrados (Mesta, Inquisición, señoríos, mayorazgos, privilegios estamentales, etc.). El ataque a los estamentos privilegiados, por tímido que fuera, acabó generando reacciones que provocaron el fracaso de las iniciativas reformistas, como el famoso motín de Esquilache (1766), promovido por aristócratas descontentos. Se inició una división política en dos: partidarios y enemigos de las reformas ilustradas.

Carlos III (1759-88)
  • Carlos IV (1788-1808)
El estallido de la Revolución Francesa puso en cuestión el sentido de la ideología ilustrada → fuerte reacción contra sus presuntos excesos. Los propios impulsores, como Floridablanca, dieron marcha atrás, alarmados por lo que pasaba en Francia. Así, Carlos IV mantuvo ciertas iniciativas reformistas, como la desamortización de Godoy (1798), pero las guerras, la progresiva dependencia de la Francia revolucionaria, la mala coyuntura económica, el desastroso estado de la Hacienda o la crisis política que provocará la caída de Godoy y la abdicación de Carlos IV → inicio del desmoronamiento del Antiguo Régimen.
Carlos IV (1788-1808)
 
Portugal
  • Pedro II (1683-1706) y Juan V (1706-1750)
A inicios de la Guerra de Sucesión de España, Pedro II cambió su alianza con Luis XIV por otra con Inglaterra (tratado de Methuen, 1703), iniciando así una vinculación de dependencia casi colonial pero que aseguró a Portugal el apoyo inglés en la protección de su imperio.

Pedro II (1683-1706)
 
Juan V se vio favorecido por el oro brasileño, que permitió al monarca avanzar en el absolutismo (sin Cortes entre 1698 y 1820), pero que no se empleó en la modernización de la economía del país. Fue sustituyendo los consejos de gobierno por secretarías de estado, al estilo francés o español, destacando las de Asuntos Del Reino, de Territorios de Ultramar y la de Diplomacia y Guerra. Sus relaciones con Roma fueron tensas, incluyendo una ruptura entre 1728 y 1732.

Juan V (1706-1750)
  • José I (1750-1777)
El absolutismo ilustrado portugués se da en el reinado de José I, con el marqués de Pombal como figura principal.
 
Estricto y duro, trató de impulsar el crecimiento económico en Portugal y en Brasil, para lo que necesitaba reducir el dominio que Gran Bretaña ejercía sobre la economía lusa → reducción del contrabando británico y protección de los intereses de la nobleza terrateniente frente al dominio británico del mercado de vino. Pero acabó perjudicando a muchos pequeños productores y el malestar desembocó en el motín de Oporto (1757), sofocado de modo sangriento por Pombal.

 José I (1750-1777)
 
Enemigo de los jesuitas, con cuyas misiones acabó tras la rebelión guaraní contra el gobierno portugués. En 1758 se produjo un intento de asesinato contra José I, hecho que Pombal aprovechó para ajustar cuentas a sus enemigos → el duque de Aveiro y varios miembros de la familia Távora fueron ajusticiados. Además, inculpó a varios jesuitas y aprovechó para declarar su expulsión en 1759, confiscando todos sus bienes y facilitando la reforma educativa, con reorganización de los planes de estudios y subordinación de la enseñanza al poder civil. Estas agresiones contra la nobleza y contra los jesuitas muestran el régimen de terror que Pombal impuso en Portugal.
 
En los siguientes años se incrementaron las reformas. En 1761 se creó el Erario Regio para centralizar la gestión de la hacienda portuguesa. Se rompen las relaciones con Roma entre los años 1760-69. Se establece la superioridad de los tribunales portugueses sobre los jueces eclesiásticos, a la vez que se reducen las competencias de la Inquisición. Las reformas fueron frenadas por hechos como la Guerra de los Siete Años, las presiones británicas contra los monopolios portugueses o la crisis económica de la década de 1770, provocada por la reducción de la llegada de oro brasileño. Los enemigos de Pombal aprovecharon para acercarse a la heredera del trono y así, a la muerte del rey en 1777, Pombal fue cesado y sometido a un proceso por corrupción y abuso de autoridad, que no llegó a concluir. Con él cayeron muchos de sus colaboradores, se liberó a muchos encarcelados y pudieron regresar al país los exiliados.
 
Con María I (1777-1816) prosiguieron las reformas, si bien a ritmo más pausado. Parte de la obra de Pombal fue desmontada al suprimirse las compañías privilegiadas, pero otras disposiciones siguieron vigentes.
 
 María I (1777-1816)

En los años noventa el futuro Juan VI asumió la regencia por enfermedad mental de la reina y con él volvieron a puestos destacados antiguos colaboradores de Pombal, que rescataron reformas anteriores, como la supresión de bienes en manos muertas y la reforma del sistema penitenciario.