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jueves, 11 de noviembre de 2021

JOSEP RENAU

Josep Renau Berenguer nació en Valencia en 1907. Hijo de un pintor y profesor de dibujo de la Escuela de Bellas Artes San Carlos de Valencia ingresó en esta misma escuela con tan sólo doce años, donde estudió Bellas Artes entre 1919 y 1925 y donde trabajaría como profesor entre 1932 y 1936.

En 1930 se afilió al Partido Comunista de España (PCE) y organizó la Unión de Escritores y Artistas Proletarios; pronto se convirtió en un puntal del pensamiento izquierdista valenciano. Dos años más tarde consiguió un premio por el cartel de anuncio de la Exposición Nacional de Bellas Artes. Fue importante en esos años la búsqueda de un lenguaje artístico comprometido ideológicamente cuya plástica implicara mensajes políticos cargados de significado pero a la vez sencillos, de lectura inmediata; en este sentido, el descubrimiento del cartelismo pionero del dadaísta John Heartfield supuso para Renau una revelación.

Entre 1932 y 1936 fue profesor de dibujo y pintura en la Escuela de Bellas Artes de Valencia, y en 1935 fundó la revista Nueva Cultura, una de las publicaciones comprometidas con el comunismo republicano más importantes de toda España. Su popularidad acreció considerablemente tras obtener, también en 1935, sendos primeros premios en el Concurso de Carteles de Ferias y Fiestas de Valencia y en el concurso de la Asociación de la Prensa para la Tradicional Corrida de la Prensa de Madrid.

Josep Renau

En 1936 fue nombrado Director General de Bellas Artes y, mediante la creación de la Juntas de Incautación y Protección del Tesoro Artístico, fue quien decidió el traslado de parte del patrimonio artístico del Museo del Prado a la Torre de Serranos de Valencia para salvarla de los bombardeos de Madrid durante la Guerra Civil.

En 1937 Josep Renau, en nombre del Gobierno de la República, encargó a Picasso la realización de una obra (el “Guernica”) para exponer en el pabellón español de la Exposición Universal de París de 1937 y hacer un llamamiento a la comunidad internacional para romper el aislamiento de la causa republicana.

Sus responsabilidades como Presidente del Consejo Español del Teatro Director de Propaganda Gráfica del Comisariado General del Estado no le impidieron seguir una serie de carteles de compromiso político.

 A lo largo del último año de la Guerra Civil Española realizó una serie de fotomontajes: Los 13 puntos de Negrín, que ilustraban el programa propagandístico del socialista Juan Negrín (basado en buscar apoyos internacionales para la causa republicana) y donde Renau realizó montajes fotográficos con absoluta libertad.

En 1939 el desenlace de la guerra trajo como consecuencia su exilio, primero en México (tras refugiarse en Francia, donde fue internado en el campo de concentración de Argelès-Sur-Mer) y desde 1958 en Berlín Oriental, lugares en donde trabajó como un gran cartelista y publicista.

En México conoció a artistas como David Alfaro Siqueiros y Diego Rivera, con quienes se inició en la realización de pinturas murales.

 En 1976 Renau regresó a España aunque nunca dejó de residir en Berlín.

Su presencia y trabajo empezaron a estar de actualidad, por lo que en 1981 la revista Photovisión lanzó su primer número en España con un fotomontaje de Renau en portada.

Infatigable pintor, cartelista, fotomontador, muralista… Josep Renau fue crucial en la introducción en España del uso de las vanguardias y la conciencia social del cartel.

En 1982 falleció en Berlín dejándonos un inmenso legado artístico donde su concepción del arte y la cultura como medios de agitación le llevaron a convertirse en una figura clave de la resistencia cultural española.

Sabiendo que el arte no es solo un espejo
que refleja la realidad sino que muestra sueños y deseos
de un mundo nuevo que sustituye al viejo
Renau plasma verdades y realidades entre pinturas y óleos

Gritos en las paredes que rompen los muros de la censura
gritos que muestran verdades a los pueblos y a los trabajadores
muestras populares de la realidad y de la cultura
gritos que traspasan fronteras, épocas, regiones y valores

murales que reflejan la realidad pero que la transforman
con el cincel que cincela y el martillo que golpea 
los muros y piedras y les da forma
dándole sentido, transmitiendo un mensaje y una idea

arte necesario como el pan de cada día 
arte que alimenta al hombre y da sustento a su alma
arte que grita, proyectil que impacta, disparo de arma
arte que refleja realidades, sueños, deseos y utopías

Josep Renau, obra creada por Javier Parra

domingo, 9 de febrero de 2020

EL EXILIO REPUBLICANO

En 2019 se cumplieron 80 años del fin de la Guerra Civil española y de la huida de republicanas y republicanos españoles hacia Francia, norte de África y el continente americano. Fue La Retirada una diáspora de masas, calculada en unas 480.000 personas, de larga duración y plural porque incluyó personas de todos los estratos sociales, políticos y económicos, desde simples asalariados o amas de casa hasta un muy elevado número de intelectuales, en torno a unos 5.000.

La caída de Barcelona el 26 de enero de 1939 precipitó la Retirada y, entre finales de enero y el mes de febrero de aquel duro y muy gélido invierno, aproximadamente medio millón de españoles republicanos vencidos, de todas las clases sociales y edades (ancianos, mujeres, milicianos y niños), desarmados y ligeros de equipaje, atravesaron con sus maletas y bultos la frontera francesa.

Para la mayoría de nuestros intelectuales exiliados la primera experiencia de su exilio francés fue la de los campos de concentración: Argelès, Saint Cyprien, entre otros. Los artistas, escritores e intelectuales republicanos internos en estos campos de concentración franceses preferían, por razones obvias de lengua y cultura, exiliarse en América, sin olvidar que muchos exiliados republicanos españoles terminaron por convertir Francia en su residencia definitiva y que permanecieron en una Europa abocada a la Segunda Guerra Mundial. Instalados en sus distintos países de acogida y creadas nuevas instituciones como la Junta de Cultura Española, fundada en París en marzo de 1939, los intelectuales republicanos exiliados pudieron publicar durante aquel mismo año sus primeros libros, editar sus primeras revistas, exponer sus primeros cuadros o dar sus primeros cursos en aquellas universidades americanas.

EL INICIO DE LA RETIRADA

A finales de 1938, tras el hundimiento del frente del Ebro, Franco comenzó su ofensiva en Cataluña. la caída de Barcelona precipitó un éxodo anunciado. Entre el 28 de enero y mediados de febrero de 1939, unos 500000 refugiados cruzaron la frontera entre Andorra y el Mediterráneo. las autoridades francesas aprobaron primero el paso de mujeres, niños, ancianos y militares heridos,y, más tarde el de los militares del ejército republicano.

A pie, en burro, a caballo o en camión este éxodo se dirigió hacía los diferentes pasos fronterizos de los pirineos Orientales todavía abiertos. Los fascistas no llegaron al Coll dÁres hasta el 13 de febrero. en las montañas de la Cerdaña, del Vallespir y de la Albera, a menudo cubiertas de un manto de nieve, la mayorías de los republicanos cruzaron la frontera por senderos de cabras y de contrabando. otros probaron suerte por la costa.

A mediados de febrero de 1939, este éxodo masivo, conocido como "La Retirada", llega a su fin, aunque durante meses miles de refugiados siguieron aún pasando clandestinamente a Francia.

El dispositivo policial y militar francés tenía como objetivo desarmar a los soldados republicanos y dirigirlos a campos de concentración provisionales establecidos en las playas de Argelès-sur-Mer y Saint-Cyprien. Los heridos, los enfermos, las mujeres y los niños serían evacuados gradualmente y traslados a refugios repartidos por toda Francia. no obstante, algunos miles de mujeres y niños quedaron atrapados en los campos de los Pirineos Orientales. Poco a poco, se erigió una segunda red de campos de concentración en el suroeste del país, como los de Le Barcarès, Bram, Agde, le Vernet, Septfonds y Gurs.

Prácticamente unos 250 000 de los exiliados republicanos consiguió regresar a España donde recibieron una dolorosa acogida. De la otra mitad, muchos murieron en campos de concentración franceses tanto como en las filas de la resistencia o en los campos de trabajos y en los de exterminio nazis. los supervivientes de integraron en los países que los recibieron, principalmente en Francia. la mayor parte de estos desterrados no pudo regresar a su patria hasta la muerte del dictador.


La figura de Philippe Gaussot

Philippe Gaussot nació el 28 de agosto de 1911 en Belfort, donde su padre, entonces capitán, estaba en la guarnición. El más joven de ocho hermanos, es prácticamente el único que no acepta ni una carrera militar ni una religión. En 1914, los Gaussots tuvieron que huir de Belfort bajo los bombardeos para refugiarse en Bar-le-Duc, luego en Besançon, antes de establecerse en 1920 en Bayona, donde vivieron muy felices durante cuatro años, aunque sin dinero. En 1924, regresó a Besançon, luego la familia se mudó a París en 1929, para que los dos más pequeños pudieran continuar sus estudios. Atraído por las colonias, ingresó en el Lycée Louis-le-Grand para preparar la Escuela Nacional de Ultramar de Francia. Recibido en 1931, eligió la sección de Indochina, con la esperanza de ser nombrado administrador en Camboya o Laos. Los problemas de salud iniciales arruinarán esta ambición. Al mismo tiempo, Philippe aprobó su licenciatura en derecho, investigó un poco y luego participó activamente en el lanzamiento y la caminata de la Juventud Cristiana Estudiantil (JEC); estuvo a cargo de publicaciones, produjo varios diarios y libros de ruta y escribió un libro sobre la rama Cadete, del cual era responsable, después de haber sido secretario general.
Philippe Gaussot 

Luego estableció contactos con otros movimientos, como los albergues juveniles (donde conoció a Paul-Émile Victor) y los jóvenes socialistas. Para furia de su padre, reemplazó al jefe de los pioneros rojos del distrito 19 por algunos meses. En 1936 vio el advenimiento del Frente Popular intensamente. A partir de este momento, sus primeros viajes a las montañas datan, principalmente, de Barèges (campamento Bernard-Rollot) y Chamonix, donde a los 18 años hará el Grépon a la cabeza de la cuerda, y luego muchas otras carreras importantes. Se fue a hacer su servicio militar en Sospel, deseando alejarse lo más posible de París y vivir en paz como guardián de la montaña durante un año. Reformado después de un problema pulmonar, tuvo que regresar a París y luego recuperarse en Chamonix.

Tras la Guerra Civil Española, ayudado por varios camaradas catalanes y vascos, cruzó a menudo la frontera para abastecer a los republicanos sumidos en los desastres de la guerra. en febrero de 1939, hace su último viaje clandestino y regresa en un camión cargado de niños y mujeres: "Nuestro último viaje fue a Puigcerdà, donde conduje un camión de siete toneladas, con la ayuda de dos milicianos, por calles minadas".

Ya en FranciaPhilippe Gaussot y el Comité abastecen varios campos de concentración y ayudan a fundar asentamientos para acoger a mujeres y niños. Cuando estalla la Segunda Guerra mundial, al no poder ser movilizado por problemas de salud, es nombrado delegado nacional del comité donde se encarga de la reconversión de exiliados.

También participa activamente en la resistencia contra los nazis y se alista en la Fuerzas Francesas del Interior. al acabar la contienda, Philippe Gaussot se establece en los Alpes, en Chamonix, donde trabajo como periodista en septiembre de 1945, finalmente ingresó en Dauphiné libéré, donde permaneció hasta su muerte. Es parte del equipo fundador del periódico, junto con Louis Richerot y Louis Bonnaure. Cubre los principales eventos deportivos como los Juegos Olímpicos de Invierno y los campeonatos mundiales de esquí, y todos los grandes dramas de la montaña

EL EXILIO Y LA CULTURA

El exilio ha sido una constante en la historia moderna española, pero ninguno tuvo la dimensión trágica del de los republicanos expulsados tras la Guerra Civil. durante los primeros meses de 1939, alrededor de medio millón de españoles cruzaron la frontera francesa en sucesivas oleadas, las últimas causadas tras la caída de Barcelona en febrero de ese mismo año. La mayoría de los exiliados fueron internados en campos de concentración improvisados, algunos de los en las propias playas del Rosellón.

En exilio fallecerían Antonio Machado o Manuel Azaña entre otros, cuyas tumbas se convertirían en lugares de peregrinación.
Machado se convertiría en una figura de homenaje. Junto a él, se repetían tres nombres más de la literatura:

Los escenarios se convirtieron en espacios de encuentro para numerosos intelectuales y creadores que colaboraron en la puesta en escena de obras de teatro y danza como dramaturgos, coreógrafos, libretistas, compositores, escenógrafos, figuristas e intérpretes. En los nuevos contextos de guerras y desplazamientos forzados, las compañías de teatro y ballet ofrecieron a los exiliados una oportunidad laboral que permitieron, no solo conocer sus propuestas allá por donde pasaron en gira, también ayudaron a crear redes de apoyo que se tejieron y reforzaron entre los exiliados españoles y los creadores locales, favoreciendo el intercambio, la experimentación y el enriquecimiento mutuo.

El mejor teatro español, al menos durante los años cuarenta, se representó en el exilio y tuvo por escenarios los teatros de América, muy particularmente Buenos Aires y México D.F. entre las numerosas compañías en las que se integraron artistas e intérpretes exiliados, destaca la de Margarita Xirgu, quien en el Teatro Avenida de Buenos Aires estrenó obras de Rafael Albertí, Alejandro Casona y Federico García Lorca.

Al no depender de la palabra, la danza del exilio logró una presencia muy amplia, no solo en Iberoamérica, sino también en otros centros de Francia, Reino Unido, Estados Unidos y la Unión Soviética. El lenguaje de la danza española sirvió de aglutinante para una comunidad dispersa, rememorando y evocando la memoria de una tierra perdida, manteniendo vivos los recuerdos y ayudando a resistir a pesar de la distancia.

LOS PAÍSES DE ACOGIDA

La Unión Soviética

El primer aspecto diferenciador es el hecho de que el colectivo de españoles numéricamente más importante que, al finalizar la guerra, se encontraba en la Unión Soviética eran los casi 3.000 niños que habían sido evacuados en 1937 y 1938. Junto a los niños había otros colectivos que fueron a ese país durante la guerra: los educadores y personal auxiliar que acompañaron a los menores en las expediciones, los alumnos pilotos que iban a estudiar a las escuelas de aviación soviéticas y los tripulantes de los barcos españoles que se encontraban en ese país o navegando hacia él cuando terminó la guerra. 

Los exiliados políticos en cuanto tales empezaron a llegar en abril de 1939, en reemigración desde Francia y el norte de África; fueron solamente algo más de un millar de personas: dirigentes, militares de alta graduación, cuadros medios, militantes de base; con sus familias y con una adscripción política clara al Partido Comunista de España (PCE). No solo se trasladaron La dirección del PCE, incluidos José Díaz, su secretario general, y Dolores Ibárruri, La Pasionaria, quien se trasladó a Moscú, sino también escritores como Celso Amieva, César M. Arconada, José Laín o Julio Mateu; periodistas como Eusebio Cimorra o José Luis Salado; escultores, científicos, militares, deportistas,espías, ingenieros, arquitectos y médicos.

Muchos participaron en la Segunda Guerra Mundial en las filas del ejército soviético, muriendo en el frente oriental como Rubén Ibárruri, hijo de Pasionaria. Otros alcanzarían los más altos honores dentro del Ejército soviético. Más tarde, algunos volverían a España en 1954, en el Semímramis, mezclados con miembros de la División Azul capturados por los soviéticos.

Monumento a Rubén Ibárruri en Volgogrado.
Los "Niños de la guerra"  hicieron su vida en la Unión Soviética, estudiando, trabajando y formando una familia, pero algo los hizo diferentes. Por un lado la añoranza de un país que apenas tuvieron tiempo de conocer y por otra un instinto de supervivencia que les impulsó a mantenerse unidos, a agruparse en sus centros, a practicar el castellano para no olvidarlo, a fijar en las paredes carteles turísticos de Valencia o el País Vasco, a crear grupos de baile y a leer a poetas españoles.

En 1990, mediante la Ley 18/1990, se les facilitó la recuperación de la nacionalidad española. En 1994 se firmó el convenio Hispano-Ruso de Seguridad Social por el que obtuvieron el derecho a pensiones de jubilación, invalidez y supervivencia. En diciembre de 2003 de concedió la Medalla de Honor a la Emigración en su categoría de oro al “colectivo de niños de la Guerra” de Rusia.

Argentina

Argentina fue el gran foco cultural del exilio, si bien toda Iberoamérica  recibió a los exiliados siendo significativos diversos países de Centroamérica, México, Colombia y Venezuela. A Buenos Aires arribaron políticos como Niceto Alcalá Zamora o Luis Jiménez de Asúa, presidente de la República en el exilio; un historiador relevante como Claudio Sánchez Albornoz, quien también ostentaría el cargo de presidente en el exilio; escritores como Rafael Alberí, Francisco Ayala, Alejandro Casona, Rafael Dieste, Maria Teresa León, Arturo Serrano Plaja o Lorenzo Varela; relevantes artistas plásticos; o el fotógrafo José Suárez.

Fue importantísima la contribución de los exiliados españoles a la labor editorial argentina gracias a Gonzalo Losada (fundador del sello Losada), Álvaro de las Casas (emecé), Arturo Cuadrado (Botella del Mar), Antoni López Llausás (Sudamericana), Joan Merli (Poseidón) entre otros. obra del exilio fueron también las grandes revistas Correo literario, Galicia Emigrante, y De Mar a Mar.

Además de gran número de escritores, y de algunos arquitectos y compositores, Buenos Aires, recibió a un importante plantel de artistas plásticos españoles, entre los que destacan el andaluz Manuel Ángeles Ortiz y los gallegos Manuel Colmeiro, Maruja Mallo y Luis Seaone.

El Caribe y Estados Unidos

Cuba, Santo Domingo, Puerto Rico y Estados Unidos fueron países de acogida para numerosos exiliados. En la Habana, transcurrió el primer exilio de Manuel Alto Aguirre, que, antes de instalarse definitivamente en México, imprimió, con el mimo habitual, numerosas obras poéticas y narrativas, así como la revista Verónica.

Pablo Casals, el mundialmente famoso cellista, huyendo de la tiranía de Franco, se refugió en Prades, Francia: Al llegar a Prada, en el sur de Francia (primer destino del exilio), Pau Casals inició la organización de ayuda a los refugiados y su habitación del Grand Hotel se convirtió en una oficina desde la que enviaba miles de cartas a personas y organizaciones internacionales para pedir ayuda.Además de la ayuda individual, colaboró con organizaciones benéficas como la Spanish Refugee Aid (SRA), fundada en EEUU por la anarquista Nancy G. McDonald para ayudar a los exiliados en el sur de Francia.

Tras el estallido de la II Guerra Mundial y la ocupación alemana de Francia, después de un intento frustrado de ir a América, Pau Casals retornó a Prada, donde estuvo hasta 1957, cuando marchó a Puerto Rico, tierra natal de su madre y donde murió en 1973 a los 96 años.

Fijó su posición, así:
"Quiero paz, libertad y respeto para mis compatriotas. Mientras no sea así, no tocaré en España, ni en las naciones que han contribuido a la desdicha de España"
Pau Casals


Francia

El gobierno galo recluyó a los exiliados, sometidos al hostigamiento de las tropas encargadas de la vigilancia en campos de internamiento a menudo improvisados e insalubres en playas como Argelès-sur-Mer, Le Bacrès y Saint-Cyprien. Situación que empeoraba con con la llegada del invierno.

Existe abundante literatura sobre ellos, tanto novelas y poemas, como diarios o memorias. también existen implacables testimonios de fotógrafos internacionales como Capa, Senn o Gaussot y de prisioneros como Agustí Centelles, así como una abundante obra plástica inspirada en los mismos. el Rosellón sería la tierra de acogida de algunos de los exiliados, como el pintor Balbino Giner, que se haría amigo de Pau Caslas, que eligió Prades como sede de su festival musical; o el artista Manuel Pérez Valiente, "Juan de Pena" en su faceta de poeta.  Pero la mayoría tuvo que partir muy lejos.

Campos de concentración franceses como Riveslates, campo rosellonés que vio pasar durante los años de la Ocupación nazi a judíos que después serían deportados y terminarían siendo víctimas del Holocausto, a resistentes, y, mucho más tarde, a harkis que regresaban de la guerra de Argelia, ha sido convertido en un Memorial, inaugurado en 2015.

Otros campos de concentración franceses fueron:

  • Agde
  • Amélie-les-Bains
  • Argelès-sur-Mer
  • Aries-sur-Tech
  • Le Barcarès
  • Bram
  • Brens
  • Gurs
  • La Récébédou
  • Rieucros
  • Rivesaltes
  • Saint-Cyprien
  • Setfonds
  • Le Vernet- d'Ariège
Miles de soldados españoles en pésimas condiciones, tras haber luchado en la guerra civil y huir de la represión franquista, se hacinaban en los campos de refugiados, donde a duras penas sobrevivían. El asilo que Francia les ofrecía, construyendo la Línea Maginot, parecía la mejor solución a la horrible situación que atravesaban. Pero, una vez más, los hechos demostraron que no existen las soluciones perfectas.

La línea se alargó desde Suiza hasta Luxemburgo, aunque una extensión mucho más simple fue ampliada hasta el Canal después de 1934. La línea original de construcción no cubrió el área elegida por los alemanes para su primer ataque, que fue a través de las Ardenas en 1940, un plan conocido como el Fall Gelb. La ubicación de este ataque, probablemente debido a la línea de Maginot, fue a través de las montañas belgas de las Ardenas.

La línea no evitó la derrota de Francia al comienzo de la Segunda Guerra Mundial en 1940. 

Grande fue la contribución de los exiliados españoles a la Resistencia, ya la liberación del país de los nazis, especialmente en el Centro y el Sur. Tampoco se puede olvidar la presencia de los españoles de la Nueve que, a finales de agosto de 1944, y dentro de la división Leclers, participaron en el hecho de armas más simbólico de la lucha contra el ocupante, la liberación de París.

Muchos exiliados, especialmente catalanes, se dispersaron por el Midi. Toulouse fue la segunda capital francesa del exilio español, con una fuerte presencia de la militancia socialista, comunista y anarquista; con la Librairie des Éditions Espagnoles, de Josep Salvador y Antonio Soriano; y con un gran número de publicaciones populares, muchas de ellas de signo anarquista.

En París es importante la actividad de la Unión de Intelectuales Españoles, que editó un longevo boletín. Francia fue, en algún momento de sus vidas, el destino de no pocos exiliados españoles, destacando escritores como Corpus Barga, Jesús Izacaray, Victoria Kent, Jose María Quiroga Pla, Jorge Semprún, Arturo Serrano Plaja... una lista en la que hay que incluir políticos como Manuel Azaña, Jose Antonio Aguirre, Julio Álvarez del Vayo, Diego Martínez Barrio, Santiago Carrillo, Santiago Casares Quiroga, Emilio Herrera, Francisco Largo Caballero, Juan Negrín, Manuel Portela Valladares, José Maldonado, Fernando Valera, Rodolfo Llopis, Federica Montseny o Josep Tarradellas, entre muchos otros.

Desde comienzos del siglo XX, la escuela de París contó entre sus integrantes con numerosos españoles, entre los que destacaría Picasso, llegado durante la primera década del mismo. En 1936, la mayoría de los artistas se movilizaron en pro del gobierno legítimo. En el París de posguerra, el núcleo de artistas españoles lo integraron, entre otros, Manuel Ángeles Ortiz, Xavier Badia Vilató, Antoni Calvé, Manuel Colmeiro, Óscar Domínguez, ApeHes Fenosa, J.Fin, Honorio García Condoy, José García Tella, Jacinto Latorre, Baltasar Lobo, Marino Otero,Joaquín Peinado, Eduardo Pisano o Hernando Viñes.

Tras la Liberación, los exiliados redoblaron sus esfuerzos en Francia en la defensa de la causa republicana. algunos de los artistas participaron en actividades colectivas republicanas importantes en París,Toulouse o Burdeos, así como la que tuvo lugar en la Praga de 1946. Dos de los escultores, Fenosa y Lobo, proyectaron sendos monumentos en homenaje a la contribución española a la Resistencia Francesa. El monumento de Lobo se encuentra en Annecy, junto a un poema de José Ángel Valiente dedicado a los resistentes españoles de la Alta Saboya, que jugaron un papel esencial en su liberación.


BALTASAR LOBO “AUX ESPAGNOLS MORTS POUR LA LIBERTÉ”

México como país de acogida. La figura de Lázaro Cárdenas

A finales de los años 1930 y principios de los 1940, miles de españoles optaron por huir debido a la violencia y la persecución que se vivía en España durante la Guerra Civil y el franquismo. De estos refugiados se estima que la inmigración de intelectuales o élite español se conformaba de aproximadamente un 25% del total (5,500 aproximadamente). A este fenómeno también se calificó como el exilio republicano español debido a que estaban vinculados al gobierno republicano derrotado.

Los Gobiernos de las Repúblicas mexicana y española habían preparado el asilo para un gran número de españoles, cuyo desembarco data del 13 de junio de 1939, fecha en que el barco Sinaia tocó tierra en Veracruz. Los barcos Mexique, Ipanema, Orinoco, Flandre o Nyassa también significan para muchos de ellos la salvación en su nuevo país de acogida: México.

Se destaca también que llegaron además obreros, campesinos, así como militares, marinos y pilotos, hombres de Estado, economistas y empresarios, todos ellos vinculados al Gobierno republicano derrotado en la guerra.

Los primeros exiliados españoles que llegaron lo hicieron durante la guerra. El primer planteamiento del gobierno mexicano fue crear la Casa de España, dirigida por Alfonso Reyes, en México para que los filósofos, arquitectos y médicos siguieran pensando y tuvieran trabajo. Los propios exiliados fundaron revistas como España Peregrina, las Españas, Litorial, Nuestra Música, Romance y Ultramar.

El 21 de Agosto de 1945 en la ciudad de México se constituye el Gobierno español en el exilio, presidido por José Giral tras la disolución de la Junta Española de Liberación (JEL), presidida por Diego Martínez Barrio, que había sido constituida en noviembre de 1943. Desde esa fecha hasta su disolución en 1977, existieron diez gobiernos republicanos hasta que el presidente de la República en el exilio, José Maldonado, aceptó la legalidad de las Elecciones de 1977 (las primeras desde la época de la II República) y acordó la disolución de las instituciones republicanas que seguían activas en el exilio.

Importantísima fue la actividad de los artistas exiliados en México. Entre ellos destacaron pintores como Manuela Ballester, José Bardasano, Josep Bartolí, Enrique Climent, Roberto Fernández Balbuena, Elvira Gascón, Ramón Gaya (que terminaría instalándose en Roma), Mary Martín, José Moreno Villa, Marta Palau, Miguel Prieto (que se convertiría en uno de los grandes renovadores del diseño gráfico mexicano), Josep Renau (que además de continuar con su pintura de caballete y sobre todo con su obra de cartelista, se aventuró en el terreno del mural, colaborando en este campo con Siqueiros), Juana Francisca Rubio, Antonio Rodríguez Luna, Arturo Souto o Maria Teresa Toral y escultores como Tonico Ballester.

En 1951 se celebró en México una muestra conjunta de artistas españoles y mexicanos, anunciada por un cartel de Renau.

A lo largo de cuatro décadas,México sería el país más solidario con los exiliados republicanos españoles. No mantuvo relaciones diplomáticas con la España de Franco,y siguió apoyando a las instituciones republicanas en el exilio.

La figura de Lázaro Cárdenas

El 21 de mayo de 1895, nace Lázaro Cárdenas del Río, general y estadista mexicano, Presidente de México de 1934 a 1940.

Destacó por la reforma agraria, la creación de los ejidos, por la nacionalización de la industria petrolera, por brindar asilo político a los exiliados españoles durante la guerra civil y aportó también con la educación al crear el Instituto Politécnico Nacional IPN.

El gobierno de Lázaro Cárdenas y el pueblo de México apoyaron incondicionalmente a la II República española y a los pueblos antifascistas contra el ataque golpista de los fascismos europeos. Desde 1936, México envió alimentos,medicinas, ropa...armas y combatientes. 20 mil fusiles, 20 millones de balas y el 'Cuerpo de Voluntarios Benito Juárez García' (XV Brigada Internacional) que peleó en la defensa de Madrid, en el Jarama y hasta el Ebro. Desde 1937 a 1942 encontraron refugio y futuro en México 25.000 republicanos españoles, desde los 'niños de Morelia' (1937) a quienes arribaron en los barcos Sinaia (junio 1939), Ipanema y Mexique. Un profundo vínculo que une dos pueblos combativos, a los que solo separa un océano de agua..Nuestro México, generoso el general Lázaro Cárdenas, acoge a los repúblicanos antifascistas españoles y sus familias. Iniciaba la historia de quienes contribuyeron al desarrollo de las ciencias, la cultura, la razón y la lucha política a ambos lados del Atlántico. Seria de todo punto imposible entender el apoyo exterior a la lucha antifranquista y la recuperación de derechos democráticos en España, a la muerte de Franco, sin la enorme contribución de los combatientes republicanos españoles antifascistas transterrados, y la invaluable contribución hasta nuestros días a la transformación social de México..

Lázaro Cardenas


ELOGIO DE LOS REPUBLICANOS VENCIDOS 

«Estos que ves ahora deshechos, maltrechos, furiosos, aplanados, sin afeitar, sin lavar, cochinos, sucios, cansados, mordiéndose, hechos un asco, destrozados, son, sin embargo, no lo olvides nunca pase lo que pase, son lo mejor de España, los únicos que, de verdad, se han alzado, sin nada, con sus manos, contra el fascismo, contra los militares, contra los poderosos, por la sola justicia; cada uno a su modo, a su manera, como han podido, sin que les importara su comodidad, su familia, su dinero. Estos que ves, españoles rotos, derrotados, hacinados, heridos, soñolientos, medio muertos, esperanzados todavía en escapar, son, no lo olvides, lo mejor del mundo. No es hermoso. Pero es lo mejor del mundo. No lo olvides nunca, hijo, no lo olvides».
 Max Aub Campo de los almendros 1968

domingo, 13 de octubre de 2013

La cultura española durante la Edad de Plata y el exilio español

Decía el poeta y revolucionario José Martí que ser culto era la única forma de ser libre. La adquisición de conocimientos (es decir, el incremento de la cultura) permite reducir incertidumbres sobre una materia y da mayor margen de maniobra al ser humano para elegir libremente qué hacer, qué conseguir y qué esperar.

La Segunda República Española enarboló en la bandera tricolor la lucha contra el analfabetismo y la incultura: la creación de la Institución Libre de Enseñanza de Giner de los Ríos, la Generación del 27 y del 36, las misiones Pedagógicas son claros ejemplos de esta batalla contra un pueblo ignorante temeroso de dios.

Junto a novedades como la incorporación de la mujer a la vida democrática, en el terreno científico, la República impulsó un programa de política científica renovadora y modernizadora, iniciada en 1907 con la creación de la Junta para Ampliación de Estudios (JAE), de inspiración institucionista. El objetivo fue superar la distancia que separaban al mundo académico y universitario español con respecto a su entorno europeo. Para ello se dio continuidad y se consolidaron iniciativas procedentes de las décadas anteriores, como la propia JAE o la construcción de la Ciudad Universitaria de Madrid, pero también se pusieron en marcha instrumentos de política científica nueva como la Junta de Relaciones Exteriores o la Fundación Nacional para Investigaciones Científicas y Ensayos de Reformas.


En el ámbito de las artes, el rescate de un hito aislado como había sido la constitución de la Sociedad de Artistas Ibéricos en 1925 permitió la proyección del arte español moderno y vanguardista en distintas exposiciones a nivel nacional e internacional en los primeros años treinta. Igualmente, la Dirección General de Bellas Artes, con Ricardo de Orueta al frente, promulgó la Ley del Tesoro Artístico en 1933, la más importante para la protección del patrimonio español y en vigor hasta 1985. También, a lo largo de estos años, surgieron la Junta Nacional de Música y Teatros Líricos, los teatros nacionales y diversas compañías de voluntad renovadora. Paralelamente, en busca de la democratización de la cultura, durante el periodo republicano se fundaron organizaciones como las Misiones Pedagógicas y el teatro universitario La Barraca, que acercaron a las áreas rurales las propuestas de intelectuales y artistas comprometidos con la paliación del analfabetismo.

La Edad de Plata

Al primer tercio del siglo XX se le ha denominado la Edad de Plata de la cultura española por la calidad y el protagonismo de los intelectuales, literatos y artistas del período. Este brillante grupo de intelectuales ha sido tradicionalmente clasificado en generaciones. La del 1898, la de 1914 y, finalmente, la de 1927.

La Institución Libre de Enseñanza y otras instituciones ligadas a ella como la Residencia de Estudiantes y el Instituto-Escuela, tuvieron un gran protagonismo en esta eclosión cultural. Intelectuales como Machado, Juan Ramón Jiménez, Julián Besteiro o Fernando de los Ríos proceden de estas instituciones.

Es sorprendente como en un país con una mayoría de analfabetos y con treinta y ocho mil estudiantes universitarios en 1930 se dieron unas generaciones literarias de tan alta calidad.

Durante la II República, la creatividad de aquellos jóvenes confluyó con la de los grandes veteranos de las generaciones literarias anteriores, como Antonio Machado, Ramón María del Valle-Inclán, Pío Baroja, Miguel de Unamuno o Juan Ramón Jiménez.

En ese renacer de la creatividad, Madrid volvió a ser una referencia cultural para muchos intelectuales latinoamericanos, como Pablo Neruda, César Vallejo o Vicente Huidobro.

Además de rapsodas y literatos, en aquellos años de auge cultural también destacó la filosofía, con José Ortega y Gasset y su aventajada alumna María Zambrano como máximos representantes.

A ellos se añadían los científicos Severo Ochoa (Premio Nobel de Fisiología y Medicina) o Francisco Grande Covián, fundador y primer presidente de la Sociedad Española de Nutrición, así como pintores de la talla de Pablo Picasso, Salvador Dalí y Joan Miró.

Fue en esos años cuando se dieron a conocer los jóvenes arquitectos agrupados en el GATEPAC (Grupo de Artistas y Técnicos Españoles para el Progreso de la Arquitectura Contemporánea), que convivieron con Antonio Palacios, el veterano maestro que proporcionó algunos de los símbolos arquitectónicos del Madrid del primer tercio del siglo XX (el Palacio de Telecomunicaciones, el Hospital de Maudes o el Círculo de Bellas Artes).

En ese período también destacó la mente innovadora del ingeniero Eduardo Torroja, que coincidió durante unos años con el científico Santiago Ramón y Cajal, cuya vida se apagó el 17 de octubre de 1934.

Tras la generación de 1898, que se mantuvo activa durante todo el periodo, con Baroja, Azorín, Unamuno, Machado, Valle-Inclán o Maeztu, vendrá la generación de 1914, con intelectuales como Juan Ramón Jiménez, Ortega y Gasset, Pérez de Ayala, Marañón o Gómez de la Serna. Finalmente, en la segunda mitad de los años veinte, empezará a destacar la tercera generación, la de 1927,que alcanzará su plenitud intelectual durante la Segunda República.

No sólo la literatura brillará en la Edad de Plata. Junto a hombres de letras, encontramos científicos como Santiago Ramón y Cajal, Premio Nobel en 1906, o filósofos como Ortega y Gasset o María Zambrano.



LA INSTITUCIÓN LIBRE DE ENSEÑANZA

La Institución surgió como una entidad paralela a la educación oficial. “La Institución libre de Enseñanza es completamente ajena a todo espíritu e interés de comunión religiosa, escuela filosófica o partido político; proclamando tan sólo el principio de la libertad e inviolabilidad de la ciencia, y de la consiguiente independencia de su indagación y exposición respecto de cualquiera otra autoridad que la de la propia conciencia del Profesor, único responsable de sus doctrinas.”

La ILE fue fundada en 1876 por un grupo de catedráticos –entre los que se encontraban Francisco Giner de los Ríos, Gumersindo de Azcárate y Nicolás Salmerón– que fueron separados de la Universidad por negarse a ajustar sus enseñanzas a las directrices oficiales en política, moral o religión.

Por esa razón, la ILE tuvo que seguir su labor educativa al margen de los centros universitarios del Estado, creando un proyecto educativo privado en el que participaron importantes personalidades de la época, como Joaquín Costa y Hermenegildo Giner.

En el proyecto participaron Joaquín Costa, Augusto González de Linares, Hermenegildo Giner, Federico Rubio y otras personalidades comprometidas en la renovación educativa, cultural y social.

En su origen y esencia encontramos un proyecto de regeneración moral que no cambió a lo largo de sus años de existencia, el intento de crear el hombre nuevo perfilado idealmente en el proyecto de la filosofía krausista, capaz de enfrentarse con la situación moral del país, profundamente degradada; y lo que es más importante, de superarla y potenciar un nuevo modelo individual y colectivo, más racional, más ético y más humano. Es conveniente recordar que en aquella época las tres cuartas partes de la población española era analfabeta, que la educación continuaba siendo un privilegio sólo al alcance de los hijos de las clases acomodadas y que el tipo de enseñanza impartida era de carácter oscurantista y medieval, y con un férreo control de la Iglesia sobre ella.

El krausismo y la Institución Libre de Enseñanza sembraron la semilla de los mejores logros intelectuales de la España del primer tercio del siglo XX y todavía encontramos huellas de su paso en posturas intelectuales contemporáneas como el colegio concertado Siglo XXI, nacido en los años setenta del siglo pasado en Madrid, continuador de su tradición pedagógica. La introducción de estos métodos pedagógicos supuso una magnífica aportación. La mayoría de ellos conservan su validez, más aún teniendo en cuenta el desfase que caracteriza a la actual situación de la enseñanza en España, bastantes de cuyas deficiencias, cuando no aberraciones y demencias pedagógicas, fueron superadas por la práctica docente institucionista hace ya ciento treinta años.

A partir de 1881 empezaron a formar parte del cuerpo docente de la Institución profesores formados en ella (Manuel Bartolomé Cossío, que sucederá a Giner al frente de la ILE, Ricardo Rubio, Pedro Blanco, Ángel do Rego, José Ontañón, Pedro Jiménez-Landi...), cuya labor afianzará el proyecto institucionista y garantizará su continuidad.

Desde 1876 hasta la guerra civil de 1936, la ILE se convirtió en el centro de gravedad de toda una época de la cultura española y en cauce para la introducción en España de las más avanzadas teorías pedagógicas y científicas que se estaban desarrollando fuera de las fronteras españolas.

La propia Generación del 27 fue, en cierta manera, una hija de la Institución Libre de Enseñanza y obra de ésta fue, sin duda alguna, alcanzar la sintonía cultural y científica con Europa poco antes de que todo este esfuerzo de modernización se viniera abajo con la Guerra Civil española, durante la cual se confiscaron todos sus bienes y la mayoría de los institucionistas tuvieron que exiliarse, mientras que los que se quedaron tuvieron que enfrentarse a la censura, la persecución solapada o abierta o el ninguneo de su labor. Los exiliados se dispersaron por Europa y sobre todo Hispanoamérica, donde ejercieron una labor fecundadora de la vida cultural de esos países. Hasta la guerra entre españoles de 1936, la Institución se convirtió en el centro de toda una época de la cultura española y en cauce para la introducción en España de las más avanzadas teorías pedagógicas y científicas extranjeras.

La labor del personal docente durante la II República fue encomiable y en concreto la de los miles de maestros y maestras que desarrollaron su labor en pueblos y ciudades. Su labor de ser, durante todos estos años, la vanguardia de la cultura y los valores republicanos les supuso un gran coste personal. Cientos fueron asesinados por los secuaces del golpe militar de 1936, y decenas de miles fueron expedientados y/o apartados durante décadas de su profesión. Los más afortunados sufrieron el exilio.

La educación emancipadora buscar formar ciudadanos con valores y principios humanistas trata de lograr la transformación del hombre para convertirlo en un hombre nuevo, un hombre con valores de cooperación, solidaridad y respeto desde sus cimientos.

La lucha por la Tercera república es la lucha por una educación que fomente el pensamiento crítico, que permita a los seres humanos desarrollarse intelectualmente, tomando conciencia de lo que son para así luchar por una sociedad más equitativa y humana.

La primera revolución siempre es la intelectual: sin la toma de conciencia, sin el desarrollo de un pensamiento crítico, nunca habrá cambios. Es la base en la que se sustenta nuestra emancipación y liberación.

La vida cultural de la Segunda República

Los intelectuales tuvieron un protagonismo especial durante la Segunda República. Muchos de los dirigentes republicanos y socialistas, como Manuel Azaña, Fernando de los Ríos o Julián Besteiro, pertenecieron al mundo de la cultura,. Otros, como Ortega y Gasset, Antonio Machado o Gregorio Marañón, apoyaron expresamente al nuevo régimen agrupándose en la Agrupación al Servicio de la República.

Intelectuales de la talla de José Ortega y Gasset, Ramón Menéndez Pidal, Antonio Machado, Leopoldo Alas “Clarín”, Santiago Ramón y Cajal o el pintor Joaquín Sorolla, entre otros, apoyaron aquel proyecto innovador.

El apoyo unánime se fue resquebrajando con el paso del tiempo. A partir de 1932, algunos intelectuales, como Ortega o Unamuno, adoptaron una posición crítica con el Gobierno republicano-socialista.

La mayoría, sin embargo, apoyó la política reformista del gobierno de Azaña y colaboró en la acción de extensión cultural del Gobierno republicano-socialista. Algunas compañías teatrales, integradas por actores profesionales y estudiantes, visitaron pueblos apartados del país llevando las principales obras del repertorio teatral español. La más conocida de ellas fue La Barraca, un proyecto personal del poeta García Lorca.

Las Misiones Pedagógicas tuvieron un objetivo similar, la difusión de la cultura entre una población mayoritariamente analfabeta: bibliotecas ambulantes, conferencias, charlas, recitales de poesía, proyecciones de películas, exposiciones con reproducciones de obras del Museo del Prado...

La Generación del 27 pasó al primer plano durante el periodo republicano. El grupo de poetas fue excepcional. Basta simplemente con mencionar a sus integrantes: Dámaso Alonso, Luis Cernuda, Vicente Aleixandre, Rafael Alberti, Pedro Salinas, Jorge Guillén, Gerardo Diego, Miguel Hernández y García Lorca. Ramón J. Sénder fue el más destacado novelista.


Las sinsombrero

Conocidas también como  las artistas e intelectuales de la Generación del 27, se trataba de pintoras, poetas, novelistas, escultoras e ilustradoras que con sus trabajos y activismo trataron de cambiar la concepción y las normas existentes en la España de los años 20 y 30.  Rompedoras, transgresoras, valientes y luchadoras, entraron sin complejos en el mundo artístico de la época, enfrentándose a las normas sociales, aunque tras la Guerra Civil fueron silenciadas y olvidadas. Estas son algunas de esas mujeres Sinsombrero. 

La mayoría de ellas eran nacidas en Madrid o residían en la ciudad. Muchas cursaban estudios superiores (permitidos a las mujeres desde 1910) y se alojaban en la Residencia de Señoritas, dirigido por la pedagoga María de Maeztu.

Era la Residencia y con posterioridad, el Lyceum Club Femenino (fundado en 1926) donde ellas se sentían libres para expresar sus ideales políticos, sus inquietudes artísticas y culturales o compartían sus poemas y ensayos que se publicaban en revistas como La Gaceta Literaria o en la Revista de Occidente.

Maruja Mallo: Como hemos expresado anteriormente, a su performance en la Puerta del Sol, le debemos el nombre del grupo. Artista plástica, esta gallega lleva la excentricidad al límite. Cultivó principalmente el surrealismo con obras como: La verbena, el canto de las espigas o sus naturalezas vivas.

Fue precisamente, su ansia de libertad creativa y su irreverencia ante la encorsetada formación que se ofertaba en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, lo que le hizo abandonarla. Viajó por distintas escuelas de Europa bebiendo de la diversidad plástica que le brindaban las vanguardias.

El estallido de la guerra civil española y su defensa en pro de una España republicana la llevó a marchar a Argentina. Viajó y expuso por gran parte de Latinoamérica durante los treinta años que permaneció en el exilio. En 1962 regresa a España siendo una desconocida en el panorama artístico, cultural y social.

Tras años rehaciendo su obra y volviendo a integrarse en los círculos artísticos y culturales de la capital española, su reconocimiento le llegará a final de su vida.

Marga Gil Roësset: Débil físicamente y extremadamente sensible. Su madre siempre achacó su fragilidad al difícil parto que ella sufrió́ para que viniese al mundo Marga.

Junto a su hermana Consuelo publicó varios libros de cuentos que ella ilustraba. Algunos de estos dibujos inspiraron al escritor francés Antoine de Saint-Exupéry para ilustrar su famosa obra “El Principito”.

Además de escribir y pintar, cultivó la escultura con gran maestría, fusionando el modernismo y el simbolismo. Una de sus esculturas más conocidas en el busto que realizó a Zenobia Camprubí. Fue precisamente mientras realizaba esta obra cuando afloró su amor hacia Juan Ramón Jiménez, esposo de Zenobia.

Su amor no correspondido, su falta de confianza y su fragilidad tanto física como psicológica la llevaron a acaba con su vida disparándose en la sien, con tan solo 24 años.

Antes de suicidarse entregó a Juan Ramón Jiménez una carpeta que portaba su diario. También dejó unas misivas para sus padres, su hermana y su amiga Zenobia.

Concha Méndez: Poetisa y dramaturga. Fue una firme defensora de los derechos de las mujeres y de la libertad de las mismas dentro del matrimonio.

Sus primeras obras emanan luz y optimismo. Ejemplo de ello es su primer Poemario “Inquietudes”, publicado con 28 años.

En 1932 compra una imprenta y junto a su marido, Manuel Altolaguirre editan la revista Héroe donde se recogían poemas de autores y autoras del momento: Pedro Salinas, Rosa Chacel, Federico García Lorca, Rafael Alberti, Ernestina Champourcín...

Además de los poemas, Concha escribió obras teatrales. Destacando “El carbón y la rosa” o “El personaje presentido”.

La guerra, hizo que el optimismo de sus primeros poemas tornara a mostrar la desilusión y desesperanza sentida por muchas personas obligadas a huir del país.

Ella y su marido viajaron en primera instancia a París, y de allí́ marcharán a la Habana y México. Será en este último donde permanece hasta su muerte en 1986.

María Teresa de León: Reivindicó a ultranza el papel de la mujer como entes propios tan válido como el hombre, anteponiendo su labor de mujer independiente al de esposa y madre.

Poetisa desde muy joven, nos ha dejado obras como “La bellas del mal amor” o “Cuentos para sonar”.

Tras divorciarse de su primer marido conoce a Rafael Alberti. Éste la introduce en el círculo cultural de la Generación del 27 y las Sinsombrero, de las que pronto pasa a formar parte.

Cuando estalla la guerra civil española se instalan en Madrid y fundan “El Mono Azul”: una revista en la que colaboran intelectuales republicanos.

Pero su labor, invisibilizada, no se limitó́ a los escritos que hoy conservamos de ella. María Teresa de León tuvo una relevante labor en la conservación del patrimonio español y que muchas personas desconocen: Formó parte de la Junta de Incautación y Protección del Patrimonio Artístico.

Se trata de un organismo creado por el gobierno de la República a principios de la guerra civil y que salvaron de una destrucción segura las obras que se conservaban en el Museo del Prado y en el Monasterio de El Escorial.

Con el inicio de la dictadura ella y Rafael Alberti tuvieron que marchar del país. Primero a Francia y de allí́ a Argentina donde residieron hasta 1977 que vuelven a España.

De este periodo de exilio se conservan obras como “La historia tiene la palabra”.

Josefina de la Torre: Mujer polifacética (poetisa, cantante, escritora, compositora, actriz teatral...). Nacida en Gran Canaria, en el seno de una familia adinerada, recibió una formación exquisita en arte y música.

Comenzó a escribir a edad temprana. Con solo 7 años realiza sus primeros poemas dedicado a los también gran canarios Benito Pérez Galdós y Alonso Quesada.

Viajó a Madrid para perfeccionar su técnica vocal y llegó a actuar en el Lyceum Femenino. Lo que le permitió entablar amistad con algunas de las mujeres que allí́ se reunían y que pronto la hicieron partícipe de este grupo que venimos denominando las Sinsombrero.

De esta etapa son sus poemarios “Versos y estampas” o “Poemas en la isla”.

La guerra civil la hizo volver a su Gran Canaria natal, donde permanecerá́ hasta que concluye el conflicto bélico. Tras el cual vuelve a trabajar como guionista y actriz de teatro.

Ellas son sólo un ejemplo ínfimo de las mujeres que formaron parte de la vida cultural y artística de la generación del 27 y que hoy conocemos como la Sinsombrero: María Zambrano, Elena Fortún, Margarita Manso, Ángeles Santos, Ernestina Champourcín, Carmen Conde, Delhy Tejero, Rosa Chacel, Ruth Velázquez, Margarita Ferreras, Luisa Carnés... son otros de los nombres de mujeres que pertenecieron a este relevante grupo.

Las SinSombrero

La Feria del Libro

El Gobierno de la Segunda República impulsó en 1933 el evento cultural como una herramienta popular para la difusión de la lectura.

La iniciativa más brillante y de más largo recorrido de la industria editorial española, la Feria del Libro, fue creada por Rafael Giménez Siles, el director de Cenit, en 1933. Las ferias nacieron al amparo del proyecto cultural de la Segunda República y en relación con la participación ciudadana en la sociedad de masas. De este modo los editores respondieron a la nueva demanda de lectura, impulsada por la política bibliotecaria, y que había repercutido muy favorablemente en el mercado del libro. Y al mismo tiempo decidieron sacar el libro a la calle y facilitar el contacto directo con los ciudadanos para mejorar sus negocios. De hecho, la feria representó la culminación de la política del libro, donde confluyeron profesionales, autoridades y público en favor de la difusión social del libro y de la lectura en ese periodo.

En este sentido, el editor y vicepresidente de la Cámara del Libro de Madrid, Manuel Aguilar, reconoció en una entrevista realizada por el periódico El Sol, en enero 1933, que el negocio editorial ofrecía grandes posibilidades de éxito debido a las políticas oficiales de fomento de la lectura:

La labor del Gobierno no puede ser más beneficiosa para la industria del libro. El Gobierno está creando miles de bibliotecas. El resultado va a ser que a la vuelta de algunos años el público que concurre a ellas se habrá habituado a leer y encontrará más cómodo poseer una biblioteca en casa, sin las exigencias y determinaciones de horas, lugares, etc. Ya lo verá usted: dentro de cinco o seis años tenemos en España quinientos libreros más y un aumento de veinte o veinticinco mil lectores que comprarán libros[2].

Las ferias del libro y las rutas del camión-stand por distintas localidades del país fueron unas de las iniciativas más exitosas de la etapa republicana y de más largo recorrido en el mundo del libro, ya que las ferias siguen celebrándose anualmente y los camiones librería son el antecedente más inmediato de los bibliobuses[4].. Rafael Giménez Siles, el padre de las ferias, era consciente de las nuevas posibilidades del mercado interior con la extensión de las escuelas y bibliotecas. Pero debido a la débil red de distribución y puntos de venta, consideró que debían fomentar la difusión del libro, acercando las obras al público. Interesado en la búsqueda de nuevos lectores, en la creación de canales de propaganda efectivos, y en la ampliación de los sistemas de comercio optó por llevar el libro a las manos de la gente. Las bibliotecas públicas habían creado la necesidad de leer, y los editores se adaptaron a la situación para vender sus publicaciones a estos nuevos lectores. De este modo contribuyeron a la divulgación del libro en consonancia con el proyecto cultural republicano y mejoraron sus negocios. Giménez Siles fue un editor comprometido con su oficio y con la sociedad que le tocó vivir. Cumplió con la función de agitador de conciencias, dinamizador cultural, y promotor del libro y de la lectura. Siempre consideró que el pensamiento y la reflexión haría más libres y felices a los hombres y mujeres de esta joven República.

La Fiesta del Libro se estableció en España por Real Decreto de 6 de febrero de 1926 el día 7 de octubre, fecha supuesta del nacimiento de Cervantes, para fomentar la difusión del libro durante la Dictadura de Primo de Rivera. En 1928 la Fiesta a efectos comerciales se convirtió en Semana del Libro por acuerdo de las Cámaras del Libro, y aumentaron considerablemente las ventas. Tres años después, en 1931, se trasladó la fiesta al 23 de abril, día en que se conmemoraba la muerte del escritor del Quijote, para alejar la fiesta de las compras de textos escolares de septiembre y colocarla en primavera con un tiempo más favorable[6]. El éxito y la popularidad de la Fiesta del Libro sirvieron de acicate y de experiencia previa a los editores para lanzarse a la aventura de las ferias. De hecho, la I Feria coincidió con el Día del Libro en 1933, pero el conflicto de intereses que desató esta iniciativa entre el gremio de editores y de libreros por la venta directa al público con descuento, provocó la separación temporal de ambas celebraciones en los años posteriores, capitalizando la fiesta los libreros y las ferias los editores, aparte del interés comercial por explotar ambas citas, evitando solapamientos. Además, a partir de la Fiesta del Libro de 1934 se sustituyó el descuento del 10% en las ventas con la entrega de un ejemplar de regalo.

LA BARRACA 🎭

14 de abril de 1936, fue la fecha de la última representación teatral de la agrupación "LA BARRACA" en la Ciudad Condal. Prosiguió su andadura por otros lugares de nuestra geografía hasta su disolución involuntaria tiempo después.

En 1931 tuvo su origen y su primera toma de contacto con ayudas gubernamentales, aunque no fue hasta el verano de 1932 cuando empezó su primera gira por España. Se prolongó su trayectoria hasta la guerra civil. Posteriormente el grupo se disolvió.

Sus primeros directores fueron FEDERICO GARCÍA LORCA y EDUARDO UGARTE, más tarde ya en periodo de contienda le sucedieron MANUEL ALTOLAGUIRRE y MIGUEL HERNÁNDEZ.

El objetivo de este proyecto era acercar a todos los rincones de España, el teatro y dar a conocer obras que promocionaban argumentos clásicos de autores como Tirso de Molina, Cervantes, Calderón de la Barca ...

Los actores que integraban el elenco eran estudiantes universitarios, independientemente pertenecían a carreras de ciencias o letras. Actuaban de manera altruista, totalmente gratuita. El formato era ambulante, llenaban plazas y otras ubicaciones principalmente de pueblos y ciudades pequeñas donde era más complicado llevar la cultura a grandes dosis.

Su éxito fue arrollador, fue una iniciativa propiciada en la Segunda República, en beneficio de la cultura y su divulgación; durante mucho tiempo la prensa y las críticas estuvieron de su lado.

Más tarde se tornaron las opiniones y finalmente esta formación artística fue clausurada. Los vetos a las libertades fue un objetivo de los sublevados. Muchos de sus integrantes fueron ejecutados o encarcelados por la causa franquista y otros marcharon al exilio.

La Barraca

La Generación del 36

La generación de 36 nace como consecuencia de la guerra civil española vivida entre 1936 y 1939. Cada uno de los escritores que forman parte de este grupo compartieron en sus obras su visión sobre lo que estaba pasando en la España de aquella época: la división entre los vencedores y los vencidos, las penurias materiales y sociales y la censura de la posguerra.

Las principales características que se sitúan en esta generación son:
  • Presenta un lirismo tierno. Significa que el autor intenta transmitir sus sentimientos, sensaciones o emociones frente a la persona u objeto que es fuente de su inspiración.'
  • Cierto afán de búsqueda y experimentación. 'Intenta recurrir a cosas nuevas.
  • Se preocupa por el hombre y su realidad.
  •  Es un estilo sencillo también llamado espontáneo o natural y servía para tratar cosas o temas más humildes.
  • Domina el pulcro, es decir, es aseado, ordenado y delicado.
  • Es prosaico. El prosaísmo es el defecto de una obra en verso que se caracteriza por la falta de armonía.
Los principales escritores padecieron las consecuencias de la dura España de la autarquía y la división entre vencedores y vencidos, la censura y las penurias y miserias morales y materiales que imponía la situación. En resumen los años de pujanza del existencialismo.
Los escritores principales de esta generación son:


La Junta de Incautación y Protección del Tesoro Artístico

Seis días después de la sublevación militar, a la vista del peligro que corría el incalculable volumen de obras de arte que había repartido por multitud de instituciones públicas y propiedades privadas de todo el país, la Dirección General de Bellas Artes creó la Junta de Incautación y Protección del Tesoro Artístico, con el objetivo de poner a buen recaudo todo ese patrimonio y evitar que pudiera verse dañado por los combates o acabar siendo víctima del pillaje. Al frente de esta institución fue nombrado el pintor Timoteo Pérez Rubio, una figura que acabaría siendo decisiva en esta historia.

Desde los primeros compases de la guerra, la Junta Delegada de Madrid empezó a depositar en diversos centros cívicos y religiosos, como la iglesia de San Francisco el Grande o el monasterio de las Descalzas, los bienes artísticos que iban incautando las milicias.

El 23 de julio de 1936, cinco días después del inicio de la guerra, la Dirección General de Bellas Artes crea en Madrid la Junta de Incautación y Protección del Tesoro Artístico; germen de las diversas Juntas que se formaron en la España republicana, coordinadas por la Junta Central establecida en Valencia. Integradas por funcionarios y personal voluntario, su labor se centró en la salvaguarda del patrimonio artístico, bibliográfico y documental de los riesgos inherentes a la guerra.

A partir de finales de agosto de 1936, algunas estancias del Museo del Prado también sirvieron de improvisado almacén de socorro, y en sus sótanos comenzaron a apilarse multitud de obras procedentes de colecciones particulares junto a las creaciones más señeras de la pinacoteca, que habían sido descolgadas de sus paredes y cubiertas con mantas y lonas tras el cierre al público del centro.

El traslado de las casi 2000 obras comenzó en el otoño de 1936 y tuvo como destino la ciudad de Valencia, aunque posteriormente una parte de las obras continuaron viaje a Cataluña, hasta que finalizaron en la sede de la Sociedad de Naciones en  Ginebra 
(Suiza).

El decreto de 1 de agosto de 1936,se creó el organismo Junta de Incautación y Protección del Patrimonio Artístico, fijaba entre sus funciones la de proceder a la conservación en nombre del Estado de las obras, muebles o inmuebles de valor artístico/histórico o bibliográfico

Tenía como finalidad la intervención directa en palacios, museos, iglesias y otros edificios con el objetivo de  inventariar y trasladar a depósitos convenientemente acondicionados para su conservación durante la contienda.

En muchos casos las obras que se deseaba rescatar pertenecían bien a la iglesia, bien a colecciones privadas. En ocasiones el anticleralismo y la rabia de la población dificultaban las labores de los restauradores del patrimonio, en contra de las posiciones del gobierno legal.

El Museo del Prado se cerró preventivamente el 30 de agosto de 1936 y la primera orden de evacuación se produjo en el enfrentamiento de Ciudad Universitaria.

Entre el 7 y el 18 de noviembre, con las tropas nacionales asentadas a las afueras de la ciudad y el frente de guerra extendido a lo largo de la Casa de Campo y la Ciudad Universitaria, la capital de España fue duramente asediada por la artillería franquista. En esos días cayeron bombas sobre emblemáticas edificaciones madrileñas, como la Academia de Bellas Artes, la Biblioteca Nacional o los museos Arqueológico y Antropológico, causando importantes daños en sus instalaciones.

Durante ese periodo intenso en las cercanías de Moncloa, se produjeron fuertes bombardeos aéreos y artilleros que causaron estragos en el interior de la ciudad. Esta situación provocó que el gobierno republicano decidiese evacuar el patrimonio artístico inmediatamente.


Bajo un clima de pánico y confusión, a principios de diciembre comenzaron a partir rumbo a Valencia convoyes cargados de cuadros. A mediados de mes ya había 64 lienzos y 181 dibujos trasladados a la capital del Turia. La escritora María Teresa León, que en esos momentos formaba parte de la dirección del Museo, y su pareja, el poeta Rafael Alberti, fueron los encargados de organizar los primeros envíos, que adolecieron de llamativas deficiencias técnicas.

De hecho, la falta de materiales para embalar las obras acabó provocando daños en varios lienzos, como El conde duque de Olivares a caballo, de Velázquez, que quedó desfigurado por efecto de la lluvia que cayó sobre su barniz, o Carlos V en la batalla de Mühlberg, de Tiziano, que se magulló al cruzar el río Jarama a la altura de Arganda ya que, debido a su altura, superior a la del puente, tuvo que ser suspendido sobre los laterales del camión que lo transportaba.

En vista del riesgo que entrañaban aquellos primeros viajes, llevados a cabo de forma precipitada y bajo evidentes limitaciones, la Junta Delegada de Madrid detuvo cautelarmente el operativo para preparar mejor los embalajes. A esta tarea se dedicó un equipo de operarios y restauradores del museo capitaneados por los hermanos Macarrón, expertos en el tratamiento de obras de arte, que elaboraron un meticuloso sistema de envoltorio consistente en varias capas de papel, tela y cartón impermeable. A continuación, cada elemento era acondicionado en una estructura de madera hecha a la medida, que garantizaba su seguridad.

El gobierno de la República concedía la máxima prioridad al plan de salvamento artístico y esta vez no faltaron clavos, tornillos ni tablones para que el tesoro del Prado pudiera viajar sin temor a verse dañado. El protocolo incluía un detallado sistema de seguridad para el transporte: escoltados por varios vehículos militares, los camiones debían viajar a una velocidad máxima de 15 kilómetros por hora para evitar que los baches del camino pudieran causar desperfectos en los cuadros o sus envoltorios. Los automóviles iban provistos de extintores y sus conductores tenían la orden de repostar lejos de los surtidores de gasolina para prevenir cualquier posibilidad de incendio.

Entre finales de año y mediados de febrero de 1937, se realizaron 22 envíos a bordo de 70 camiones en los que viajaron 390 pinturas y 180 dibujos de la colección del Prado, así como el Tesoro del Delfín –conjunto de piezas de orfebrería perteneciente también a la pinacoteca– y diversas obras provenientes del Monasterio del Escorial, la Academia de San Fernando, el Palacio Real y el Palacio de Liria. Era tal la delicadeza con que fue tratado aquel patrimonio artístico, que cada viaje empleó 32 horas en recorrer los 350 kilómetros que separan Madrid de Valencia.

En marzo de 1938, a bordo de siete expediciones, el tesoro del Prado inició un nuevo viaje, en esta ocasión hacia el norte, que estuvo plagado de peligros debido al precario estado en que se encontraban las vías de comunicación y a la cercanía de los combates. De hecho, al pasar por la localidad castellonense de Benicarló, un ataque aéreo provocó el desprendimiento de un balcón de una vivienda justo cuando pasaba debajo de ella la camioneta que portaba La carga de los mamelucos y Los fusilamientos, causando severos desperfectos a los dos lienzos de Goya.

En Cataluña, la operación de salvamento del Prado iba a vivir sus momentos más angustiosos. Tras hacer parada y fonda en el Monasterio de Pedralbes y dos villas de las localidades gerundenses de Viladrau y Sant Hilari de Sacalm, las obras quedaron ubicadas en la fortaleza de Figueres, la mina de talco de La Vajol, situada a pocos kilómetros de la frontera francesa, y el Castillo de Perelada. En la cocina de este edificio monumental, con el sonido de las bombas cayendo cada vez más cerca, el restaurador del Prado, Manuel Arpe, se vio obligado a montar un improvisado taller para reparar los dos Goyas que se habían dañado en el traslado desde Valencia.

Ilustración que recrea el traslado de las obras del Prado a camionetas para su salvaguarda. Foto: Midjourney/J.C

Hora de España


Hora de España fue una revista cultural de carácter mensual editada en Valencia (capital de la Segunda República en el momento) y, posteriormente, en Barcelona, fundada por intelectuales leales a la Segunda República durante la Guerra Civil Española. Se editaron un total de 23 números, entre enero de 1937 y enero de 1939.

Sus fundadores fueron Rafael Dieste, Antonio Sánchez Barbudo, Juan Gil-Albert, Ramón Gaya y Manuel Altolaguirre. El objetivo declarado en el primer número era dar continuación a la "vida intelectual o de creación artística en medio del conflicto".

A los meses de su fundación, se incorporaron dos nombres de gran altura intelectual a la dirección: María Zambrano y Arturo Serrano Plaja. En el último número, la dirección estaba compuesta por Rafael Alberti, María Zambrano, José María Quiroga Plá y Emilio Prados.

El número y calidad de los colaboradores, algunos más habituales que otros, es muy destacable: Antonio Machado (el más activo a través de heterónimos como Juan de Mairena), León Felipe, José Bergamín, Tomás Navarro Tomás, Rafael Alberti, José Gaos, Dámaso Alonso, José Moreno Villa y Alberto y Rodolfo Halffter.

Tras la entrada en Vinaroz de las tropas franquistas, con el consiguiente cierre de comunicaciones en el mediterráneo republicano, la edición se trasladó de Valencia a Barcelona. El último número (el 23) terminó de editarse a finales de enero de 1939, apenas unos días antes de la caída de Barcelona. Oficialmente no fue distribuido, y "su existencia fue desconocida a la mayoría de los estudiosos y de los mismos redactores y colaboradores". Pero se descubrió mucho más tarde, durante el exilio republicano.

Durante su destierro en México, miembros del llamado "Grupo Hora de España" comenzaron la revista Romance.

De la revista Hora de España, dijo en 1939 Waldo Frank en The Nation de Nueva York: "Hora de España [es], a mi entender, el mayor esfuerzo literario que ha salido de cualquier guerra y prueba de que la lucha de España contra la traición del mundo es el nacimiento de una cultura que no debe morir."

Los números 1-22, y posteriormente el 23, fueron reimpresos en Alemania por Kraus Reprint, 1972.4​ De los 23 números existe un CD-ROM, editado en Valencia por Faximil Edicions Digitals en 2005, y se puede comprar números sueltos en forma digital de Digitalia Hispánica.​”

MILICIAS DE LA CULTURA DE LA II REPÚBLICA ESPAÑOLA 

Las Milicias de la Cultura fueron creadas por el Ministerio de Instrucción Pública de la República española al estallar la guerra con la finalidad de alfabetizar a los soldados enviados al frente. Estaban formadas mayoritariamente por docentes pero también por estudiantes y profesionales de los sectores más diversos que se adscribían de manera voluntaria.

En los primeros meses de la guerra la Federación de Trabajadores de la Enseñanza (FETE) de la Unión General de Trabajadores (UGT) creó una unidad de combate para la defensa de Madrid conocido como el Batallón Félix Bárzana,Formado por unos tres mil y encuadrado en el Quinto Regimiento. Los docentes se dieron cuenta de la necesidad que existía dentro del bando republicano de ofrecer una educación y formación a las masas analfabetas antifascistas y para ello el arquitecto Manuel Sánchez Arcas creó la unidad “Cultura del Miliciano” para cumplir esta misión. 

Esos cuerpos formados por docentes fueron conocidos como las Milicias de la Cultura que emprendieron su propia guerra contra el analfabetismo dentro de la Guerra Civil española. La idea convenció al gobierno republicano y el 2 de febrero de 1937 se crearon las Milicias de la Cultura. Estas milicias estaban compuestas por maestros e instructores y tenían el objetivo de: "Dar enseñanza de tipo elemental a combatientes necesitados de ella en la medida en que lo consientan las necesidades de la guerra y en los lugares adecuados para este servicio aprovechando los momentos de descanso de la tropa” 
(Decreto fundacional de las Milicias de la Cultura)

Gracias a las Milicias de la Cultura se redujo el analfabetismo, miles de hombres y mujeres fueron formados a través de la edición de revistas y periódicos en los regimientos y batallones. Un total de más de 75 000 soldados y milicianos aprendieron a leer y a escribir,

Se impartieron más de medio millón de clases colectivas y se superaron las 390 000 individuales.

Respecto a las actividades de enseñanza que desarrollaban, el plan tenía tres niveles: elemental (lectura, escritura y operaciones aritméticas sencillas); cultura mínima (profundización de la aritmética, geometría, caligrafía, ortografía, gramática, ciencias naturales, geografía e historia) y cultura media (taquigrafía, contabilidad, francés y dibujo). También, y a requerimiento de los mandos centrales del ejército, las Milicias de la Cultura se ocuparon de la formación de mandos en cursillos intensivos de quince días o un mes, a fin de completar la escasa formación de muchos oficiales y suboficiales y donde se daban, además, clases de táctica y técnica militar, a cargo de profesionales del ejército.


1937, un año decisivo

En el ámbito cultural, el año 1937, segundo de la Guerra Civil, fue el de dos acontecimientos de gran importancia simbólica. por un parte, la presencia de la República Española en la Exposición Internacional de París. Responsabilidad directa del cartelista y fotomontador Josep Renau, director General de Bellas Artes, el pabellón español en esa muestra fue obra conjunta de Luis Lacasa, arquitecto madrileño, y de su colega catalán Josep Lluis Sert. para él se encargaron obras de Picasso (Guernica), Julio González (Montserrat gritando), joan miró (campesino catalán con una hoz) y del norteamericano Alexander Calder ( fuente de mercurio de Almadén). presidia el exterior del mismo un tótem de Albero, de once metros de alto, titulado El pueblo español tiene un camino que conduce a una estrella.

Tanto dentro como fuera del edificio, Josep Renau colaboró con eficaces foto montajes. En el pabellón se celebraron diversas exposiciones y espectáculos. Su librería vendía un variado conjunto de publicaciones, entre las que destacan los grabados de Picasso Sueño y mentira de Franco; el pochoir de Miró Aidez l'Espagne; y un cuaderno bilingüe en homenaje a Federico García Lorca, el poeta asesinado.

El otro acontecimiento fue el Congreso de Intelectuales Antifascistas de Valencia, Madrid y Barcelona, publicitado por un cartel de Ramón Gaya que representó la solidaridad con la República en lucha de un amplio conjunto de intelectuales, entre otros, Pablo Neruda, Octavio Paz, Antonio Machado, Rafael Alberti, Maria Teresa de León, André Malraux, César Vallejo, Alejo Carpentier, Miguel Hernández y muchos más.

El II Congreso Internacional de Escritores fue uno de los foros donde se expresa esta heterogeneidad en el compromiso en defensa de la república, su carácter internacional está relacionado con la convulsa situación de los años treinta, con el ascenso del fascismo en diversos países y en el importante papel que realiza la Unión Soviética en el campo de la difusión cultural en su país y en la agrupación de escritores en 1934, que promueven la celebración del I Congreso Internacional de Escritores en París en 1935.

Se constituye allí la Asociación Internacional de Escritores en Defensa de la Cultura ya con sección española, decidiendo celebrar el siguiente congreso en Madrid en 1937, la guerra civil precipita la situación, algunos escritores vienen a las Brigadas Internacionales, lo que hace que la convocatoria al realizarse tenga una enorme repercusión internacional. Desde 1936 la dirección es llevada por Bergamín y Alberti.


La figura de Josep Renau

Josep Renau Berenguer nació en Valencia en 1907. Hijo de un pintor y profesor de dibujo de la Escuela de Bellas Artes San Carlos de Valencia ingresó en esta misma escuela con tan sólo doce años, donde estudió Bellas Artes entre 1919 y 1925 y donde trabajaría como profesor entre 1932 y 1936.

En 1930 se afilió al Partido Comunista de España (PCE) y organizó la Unión de Escritores y Artistas Proletarios; pronto se convirtió en un puntal del pensamiento izquierdista valenciano. Dos años más tarde consiguió un premio por el cartel de anuncio de la Exposición Nacional de Bellas Artes. Fue importante en esos años la búsqueda de un lenguaje artístico comprometido ideológicamente cuya plástica implicara mensajes políticos cargados de significado pero a la vez sencillos, de lectura inmediata; en este sentido, el descubrimiento del cartelismo pionero del dadaísta John Heartfield supuso para Renau una revelación.

Entre 1932 y 1936 fue profesor de dibujo y pintura en la Escuela de Bellas Artes de Valencia, y en 1935 fundó la revista Nueva Cultura, una de las publicaciones comprometidas con el comunismo republicano más importantes de toda España. Su popularidad acreció considerablemente tras obtener, también en 1935, sendos primeros premios en el Concurso de Carteles de Ferias y Fiestas de Valencia y en el concurso de la Asociación de la Prensa para la Tradicional Corrida de la Prensa de Madrid.
Josep Renau

En 1936 fue nombrado Director General de Bellas Artes y, mediante la creación de la Juntas de Incautación y Protección del Tesoro Artístico, fue quien decidió el traslado de parte del patrimonio artístico del Museo del Prado a la Torre de Serranos de Valencia para salvarla de los bombardeos de Madrid durante la Guerra Civil.

En 1937 Josep Renau, en nombre del Gobierno de la República, encargó a Picasso la realización de una obra (el “Guernica”) para exponer en el pabellón español de la Exposición Universal de París de 1937 y hacer un llamamiento a la comunidad internacional para romper el aislamiento de la causa republicana.

Sus responsabilidades como Presidente del Consejo Español del Teatro Director de Propaganda Gráfica del Comisariado General del Estado no le impidieron seguir una serie de carteles de compromiso político.

 A lo largo del último año de la Guerra Civil Española realizó una serie de fotomontajes: Los 13 puntos de Negrín, que ilustraban el programa propagandístico del socialista Juan Negrín (basado en buscar apoyos internacionales para la causa republicana) y donde Renau realizó montajes fotográficos con absoluta libertad.

En 1939 el desenlace de la guerra trajo como consecuencia su exilio, primero en México (tras refugiarse en Francia, donde fue internado en el campo de concentración de Argelès-Sur-Mer) y desde 1958 en Berlín Oriental, lugares en donde trabajó como un gran cartelista y publicista.

En México conoció a artistas como David Alfaro Siqueiros y Diego Rivera, con quienes se inició en la realización de pinturas murales.

 En 1976 Renau regresó a España aunque nunca dejó de residir en Berlín.

Su presencia y trabajo empezaron a estar de actualidad, por lo que en 1981 la revista Photovisión lanzó su primer número en España con un fotomontaje de Renau en portada.

Infatigable pintor, cartelista, fotomontador, muralista… Josep Renau fue crucial en la introducción en España del uso de las vanguardias y la conciencia social del cartel.

En 1982 falleció en Berlín dejándonos un inmenso legado artístico donde su concepción del arte y la cultura como medios de agitación le llevaron a convertirse en una figura clave de la resistencia cultural española.

Recordando a Baltasar Lobo

Baltasar Lobo nace el 22 de febrero de 1910 en un pequeño pueblo zamorano, Cerecinos de Campos. Entra como aprendiz en el Taller de Arte de Ramón Núñez y, a partir de 1923, asiste a los cursos de modelado del Museo de Bellas Artes de Valladolid. Con 17 años obtiene una beca para la Academia de Bellas Artes de San Fernando en Madrid, pero abandona a los pocos meses, aunque continúa tomando clases de dibujo en turno de noche en la Escuela de Artes y Oficios. Por esa época, se gana la vida esculpiendo piedras para tumbas.

Durante la Guerra Civil, un bombardeo causa la muerte de su padre y destruye el estudio de Lobo, que se une al bando republicano. En 1939, huye a Francia junto a su compañera, Mercedes Guillén.  Estuvo en el campo de concentración en Argelès-sur-Mer. Después de escapar de allí, puedo rehacer su vida como artista en el barrio de Montparnasseen, París. Entabla amistad con Picasso y Henri Laurens, quien le abre además las puertas de su taller. En una exposición colectiva en la Galería Vendóme de París -junto a artistas como Matisse, Picasso y Leger-, gana el interés del público y la crítica.

Su primera exposición individual se celebra en la Galería Blanche de Estocolmo, en 1951. Gracias al encargo de la escultura "Matemite" para la Universidad Central de Venezuela en Caracas, inicia una estrecha relación con este país que durará toda su vida.

Hasta su fallecimiento en septiembre de 1993, Lobo vive en París. Su obra recorre el mundo entero en numerosas exposiciones. Villand & Galanis de París, Nathan de Zürich, Nichido de Tokio, Freites de Caracas y Daniel Malingue de Paris son algunas de las galerías que acogen su obra. En 1984, su obra regresa por fin a su tierra natal, con la primera exposición individual del artista en Zamora. Se crea el Museo Baltasar Lobo de Zamora, que cuenta con una importante colección de obras donadas por el artista y por sus sucesores. Una exposición itinerante en 1992 con sus esculturas y dibujos llega hasta Austria, Alemania y Japón.

Entre los premios y distinciones concedidos al artista, figuran el Premio André Susse de Escultura (1958), el Premio Jacques Lenchener (1974), el Premio Oficial de las Artes y las Letras (Francia, 1981), el Premio Nacional de Artes Plásticas (España, 1984), el Premio Medalla de Oro Castilla y León (1986), la Orden Andrés Bello del Gobierno de Venezuela (1989) y la Medalla de Oro Susse Fréres Fondeul (1990).

Sus esculturas están en museos de Europa, Japón y América y también en colecciones privadas y públicas de más de medio centenar de países. Aunque el artista es muy conocido en Suecia, Suiza, Alemania o Francia, en España su figura no ha tenido el mismo reconocimiento. De hecho, su muerte en 1993 pasó prácticamente inadvertida para la prensa española.
Baltasar Lobo

La figura de Max Aub

Max Aub  no ha querido ser sólo una víctima de la Historia, aunque efectivamente lo fue, dado que tuvo que aguantar una serie de campos y prisiones entre 1940 y 1942. Desde su nacimiento el 2 de junio de 1903 hasta el término de su vida en México el 22 de julio de 1972, escribe no solamente para exorcizar el trauma resultante de esas pruebas, sino también para reivindicar su papel de testigo que se expresa contra el olvido. La escritura es un medio para comprender –« escribo para entender el mundo » afirma varias veces-, además de una herramienta para dar cuenta y « dejar rastro » en la Historia del destino de innumerables seres desconocidos : la palabra « desconocido » conviene tal vez mejor que « anónimos » ; pues no porque el apellido de un hombre esté ausente del marco histórico significa que no lo tenga. Testimonio en nombre de todos quienes han tenido un papel, han asumido sus ideas y sus compromisos al precio de la libertad o de la vida ; desconocidos a menudo valientes, a veces heroicos, a ratos sobrepasados, triturados por los sobresaltos despiadados de esos años de fuego y sangre.

Max Aub cultivó además una literatura de textos y autores apócrifos, en que lo inventado se presenta como realidad histórica: Antología traducida (1963), Vida y obra de Luis Álvarez Petreña (1943-70), en que expande su obra de 1934, y Josep Torres Campalans (1958), novela que incluye una entrevista al protagonista de la obra, una lista de hechos del momento y un catálogo de los escritos de ese imaginario personaje.

Su pasión por los cuentos abarca desde No son cuentos (1944) hasta Los pies por delante (1975), entre otras muchas colecciones. Como autor teatral, pasó por tres épocas repletas de títulos: la vanguardista de la preguerra; la comprometida (lo que llamó "teatro de circunstancias") de la Guerra Civil, y su fase final mexicana. Algunos de los títulos más célebres de esos tres períodos son Narciso (1928), Espejo de avaricia (1935), San Juan (1943), Morir por cerrar los ojos (1944), Deseada (1950) y Retrato de un general (1969).



Recordando a Josep Bartoli

Bartolí colaboró en diversas publicaciones, como La Humanitat, L’Opinió, L’Esquella de la Torratxa con dibujos de tema político, y trabajó también como escenógrafo.

Discípulo de Salvador Alarma Tastás, entre 1933 y 1934 presentó en Barcelona una exposición de dibujos y fue uno de los organizadores del Sindicato de Dibujantes de Cataluña, de la Unión General de los Trabajadores (UGT), sindicato del que llegó a ser dirigente en 1936.

Después de la Guerra Civil española se exilió a Francia; cruzó la frontera el 14 de febrero de 1939 con otros españoles y miembros de las brigadas internacionales.

Estuvo en los campos de refugiados improvisados en un primer momento en el río Tec y en los campos de concentración que fueron apareciendo (en la Menera, Ribesaltes, Sant Cebrià y Adge). Con la llegada de la Segunda Guerra Mundial tuvo que salir de París; tras ocultarse en varias ciudades, fue llevado al campo de Barm, le arrestó la Gestapo y le enviaron al campo de la muerte de Dachau en Alemania, pero consiguió escaparse. Tras muchas peripecias, finalmente llegó a Veracruz en los últimos meses de la Segunda Guerra Mundial. Allí siguió su exilio, ya sin sobresaltos, en México y Estados Unidos.

En México colaboró con Ediciones Iberia, le publicaron Campos de concentración, testimonio desgarrado de su paso por los Campos, con poesías escritas por el periodista, también exiliado y prisionero en los campos del norte de África, Narcís Molins i Fàbrega. Los dibujos de Bartolí, según sus propias palabras, “no pretenden ser un ensayo más, de literatura o de arte, sino un documento vivo, doloroso y brutal”.

En las láminas de Bartolí hay escenas aisladas que buscan impactar con una sola mirada; dibujos detalle que muestran los utensilios o juegos que los internos construían; retratos de prisioneros, a menudo primeros planos; escenas concretas o panorámicas.
Josep Bartolí i Guiu

Las artes

La arquitectura vive en los inicios del nuevo siglo el período de apogeo del modernismo en Barcelona. Doménech y Montaner construye el Palau de la Música Catalana y Antonio Gaudí marca la trama urbana de la ciudad con obras como la Casa Milá, la Casa Batlló y la Sagrada Familia.

Mientras con un estilo más convencional, en Madrid se construyen buena parte de los edificios que bordean la Gran Vía, el Palacio de Comunicaciones en la Plaza de Cibeles, y muchos de los palacetes que aún sobreviven en la Castellana y en el barrio de Salamanca.

En la pintura y la escultura conviven grandes artistas ligados a la tradición figurativa del escultor Mariano Benlliure o los pintores Zuloaga y Romero de Torres, con figuras clave en el desarrollo del arte mundial del siglo XX. Sobre todas ellas destaca Pablo Picasso, que a lo largo de este primer tercio del siglo evoluciona hasta la creación del cubismo. Junto a Picasso, inician por entonces su carrera pintores geniales como Juan Gris, Joan Miró o Salvador Dalí, y escultores como Pablo Gargallo. Como a menudo ocurre estos artistas de vanguardia eran solo conocidos por una exigua elite social. En el cine, destaca la figura de Luis Buñuel, perteneciente a la Generación de 1927 y ligado al círculo de García Lorca y Dalí. Sus primeras películas se integran en el movimiento surrealista.

Por último, hay que mencionar que este primer tercio del siglo XX es también la época más brillante de la historia de la música española. Figuras como Isaac Albéniz, Enrique Granados y, sobre todo, Manuel de Falla marcan un momento muy brillante de nuestra música.