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miércoles, 13 de noviembre de 2024

DE COLONIAS A NACIONES: IBEROAMÉRICA Y LA CONSTRUCCIÓN DE LOS NUEVOS ESTADOS

La mayor parte de las colonias americanas de los dos imperios ibéricos culminaron sus procesos de independencia durante el primer cuarto del siglo XIX. Aunque se desarrollen prácticamente a la par, los procesos de emancipación de Brasil y de las colonias españolas tomaron rumbos diferentes: Brasil acabó por convertirse en una única monarquía parlamentaria, mientras que las colonias españolas se fragmentaron en diversas repúblicas. 

El vacío de poder generado en la metrópolis durante 1808 fue el detonante para iniciar la emancipación iberoamericana. Al constatar la indefensión ante la falta de tutela del Imperio, se inició un largo proceso en el que las élites criollas optaron por la independencia. 

Una serie de procesos externos actuaron como referentes: la emancipación de Estados Unidos, la revolución francesa y la independencia de Haití. A ellos hay que unir otras causas internas que distanciaron a las colonias de sus metrópolis como fueron las reformas administrativas y económicas iniciadas por los Borbones y los Braganza a mediados de 1700. Asimismo hay autores que contemplan las luchas indígenas como movimientos precursores de la independencia. 


Ideas Y Contexto 

A las revoluciones políticas y tecnológicas de finales del siglo XVIII les acompaño una profunda revolución intelectual que se denomina Modernidad. Este proceso se gestó al margen de los círculos estamentales del Antiguo Régimen, sin la vigilancia de la Monarquía y de la Iglesia. A su vez, la imprenta permitió su difusión con gran celeridad. 

Fue en este ambiente donde, de manera individual y voluntaria, burgueses y aristócratas, comerciantes y funcionarios, letrados y clérigos debatieron sobre una serie de principios producto del pensamiento ilustrado. De entre ellos sobresale el de soberanía popular, es decir, que la soberanía reside en el pueblo. 

Alrededor de esta idea se incardinan conceptos como gobierno representativo, estado de derecho, colonialismo y republicanismo, definidos por matices diferentes según el espacio geopolítico en el que germinen. 

El sistema filosófico, político y económico que se expandió en Iberoamérica, estimulado por los principios de la revolución francesa y de las Trece colonias norteamericanas, el impulso de la Ilustración laica y el constitucionalismo gaditano fue el liberalismo y el republicanismo. Los intelectuales latinoamericanos confiaban en que una legislación bien elaborada fuera suficiente para regir una sociedad instaurando la libertad individual. 

Durante la consolidación de los procesos de independencia y la formación del pensamiento político iberoamericano, el liberalismo presentó un amplio abanico formal, desde el más extremista, anticlerical y jacobino, hasta el más conservador y doctrinario apoyado en la actitud reaccionaria de la iglesia Católica. 

En general, sus seguidores, en su mayor parte criollos, tendieron a un modelo intermedio, que pretendía el entendimiento con los sectores más moderados del conservadurismo. 

Por el contrario, el conservadurismo basado en un principio casi intuitivo de defensa del Antiguo Régimen, se afianzó entre los peninsulares, la Iglesia y parte de los criollos. La vuelta al absolutismo monárquico europeo posterior a 1815 reforzó esta tendencia entre las élites latinoamericanas. La necesidad de consolidar los gobiernos autóctonos fortaleció el conservadurismo; el orden resultaba imprescindible para desarrollar la economía y construir los estados-nación independientes. 


El viaje de las ideas ilustradas a América

Las ideas de la Ilustración llegaron a América a través de dos cauces, uno oficial, controlado por la corona y denominado “ilustración católica” y otra extraoficial o civil. El primero se caracterizó por un dirigismo estatal en los planos cultural y educativo, que se manifestó en un impulso laico otorgado a la educación. 

Por esta razón se fundaron diferentes centros de enseñanza superior. Éstos suplieron la docencia impartida por la Iglesia. Por otra parte, estas reformas facilitaron el contacto de las élites criollas con un cierto eclecticismo filosófico, la física moderna y la nueva cosmogonía, alejándose del aristotelismo y de la Escolástica dominante, mientras se formaban para gestionar la administración borbónica. En Brasil, la corona no promovió ningún centro universitario por miedo a crear focos de pensamiento autónomo, lo que resultó contraproducente puesto que las clases acomodadas optaron por enviar a los jóvenes a Coímbra y Salamanca, de donde regresaron con ideas aún más avanzadas. 

Respecto a la “ilustración laica”, hasta 1790 las ideas circularon con total libertad. Pero la Inquisición puso en marcha su maquinaria al arribar algunos conceptos nacidos tras la revolución francesa como, los principios generales sobre la igualdad de todos los hombres y las ideas contrarias a la quietud de los estados y reinos. 

Sin embargo, las ideas que posiblemente tuvieron mayor influencia fueron las de los fisiócratas, quienes defendían la preeminencia de las actividades agrícolas sobre cualquier otro sector económico. Difundidas por los clérigos españoles afincados en América tuvieron una gran acogida entre los criollos al estar la economía colonial sustentada por la agricultura y la minería. Los fisiócratas europeos eran liberales respecto a la economía pero se manifestaban muy autoritarios en cuanto a lo político, defendiendo formas de gobierno despóticas dispuestas a intervenir en lo económico y lo social. Estas tendencias conservadoras y autoritarias, necesarias frente a la falta de consenso entre las elites criollas y las dificultades de los grupos hegemónicos para gobernar, influirán en los futuros sistemas de gobiernos de los estados americanos. 

Las ideas ilustradas fueron penetrando en un grupo de criollos considerados como los “precursores” de la independencia. El primero en concebir “la libertad e independencia de todo el continente americano” fue en 1784 Francisco de Miranda, quien había leído a los filósofos franceses mientras realizaba el servicio militar en España. Miranda redactó en 1790 un plan de gobierno federal para aplicar a Hispanoamérica en el que definía el concepto de ciudadanía al defender el derecho a voto para los mayores de 21 años nacidos de padres libres. Éstos compondrían unas nuevas asambleas que gobernarían en todo el territorio, suprimiendo cabildos y ayuntamientos, así como gran parte de los tributos. Declaraba la libertad religiosa, aunque la religión católica romana seria la nacional. La federación estaría regida por una liga imperial y gobernada por dos ciudadanos, los Inca, nombrados para cinco años. 
Francisco Miranda

También destaca como precursor entre los criollos de ideas liberales Simón Bolívar. Nacido en Caracas, después de viajar por España, Europa y Norteamérica dedicó su vida a la independencia de la Gran Colombia. Inspirándose en la propuesta federalista de Miranda, su pensamiento político evolucionó hacia el conservadurismo. Asimismo el rioplatense Manuel Belgrano fue otro de los grandes lectores de los filósofos ilustrados; comenzó como un liberal pleno de entusiasmo para finalizar su discurso político como un convencido monárquico. 
Simón Bolívar

El contexto económico y social de la emancipación 

La estructura económica en América había permanecido prácticamente inmutable desde la colonización hasta 1750. La función de las colonias era la de producción y envío de materias primas a Europa y la absorción de las manufacturas ultramarinas enviadas a través de las metrópolis. 

A mediados del siglo XVIII los Borbones y los Braganza pusieron en marcha unas medidas liberalizadoras del comercio con el fin de recuperar el dinamismo económico peninsular. En respuesta a los progresos de la revolución industrial era imprescindible aumentar la producción colonial e incorporar al mercado mundial nuevos recursos productivos de zonas tan marginales como Venezuela, Río de la Plata, El Salvador, Ecuador o el Alto Perú y sus planicies costeras que aportaban cacao, añil, cueros, azúcar y algodón. El azúcar y el algodón, explotados según el modelo esclavista, gozaban de una posición destacada. De todas formas, los metales preciosos seguían siendo el elemento esencial de la exportación y gracias a estas reformas económicas, la entrada de metales al tesoro español se duplicó. 

Además, Carlos III reorganizó el sistema impositivo y la recaudación de la alcabala (impuesto indirecto sobre cualquier tipo de compraventa), monopolizó el tabaco, incrementó la extracción de plata y aumento el control sobre el comercio de cacao, el azúcar y el café. Para aplicar sus reformas en las regiones limítrofes del Imperio reordenó el territorio de los dos nuevos virreinatos escindidos del inmenso del Perú: el de Nueva Granada y el de Río de la Plata. Las reformas obtuvieron un resultado espectacular pues durante el primer decenio, de 1778 a 1788, el tráfico de mercancías se multiplicó y supero al comercio ilegal. Desgraciadamente, veinte años después, en 1808, la situación era bastante peor porque la metrópoli no era capaz de absorber la producción indiana ni su escaso desarrollo industrial le permitía abastecer de productos manufacturados al mercado de ultramar, lo que afectaba a la economía colonial. 


Asimismo la Corona se había interesado por la situación de la propiedad de la tierra y de la mano de obra, hasta el punto de iniciar una discreta reforma agraria. Por la Real Instrucción de 1754 se confirmaron las propiedades anteriores a 1700, aunque para las posteriores hubo que presentar títulos y pagos. Respecto a la mano de obra, los indios se beneficiaron con las leyes de las encomiendas al convertirse en propietarios de las tierras por las que pagasen tributos al rey. Las oligarquías terratenientes consideraron como una injerencia intolerable de la Corona tanto en los modos de producción como en la propiedad, manifestándose en contra de las pequeñas propiedades indígenas al perder parte de su mano de obra en régimen de semiesclavitud. Esta situación deterioró tanto el marco político y jurídico entre colonos y metrópoli que hizo inviable la convivencia. 

Peor aún resultó para una gran parte de los criollos la implantación en 1788 del libre comercio que iba destinado a los negociantes y mercaderes peninsulares. Al liquidarse el monopolio de Cádiz y Sevilla, los puertos catalanes introdujeron sus manufacturas en las colonias en detrimento de las americanas. 

Ciertamente se estimuló el comercio con la península al atenuarse el contrabando y se institucionalizó lo que venía sucediendo desde décadas atrás, pero aumentó todavía más el resentimiento de las élites criollas. Como consecuencia de esta política, la producción textil mexicana sufrió unos efectos catastróficos.

Por el contrario, la zona del Río de la Plata recibió un fuerte impulso al convertirse en suministradora de cueros y carne salada para exportar a las regiones esclavistas. De esta forma, las leyes del libre comercio forzaron una redistribución de los flujos comerciales internos en el subcontinente, modificando las relaciones interprovinciales e interregionales de las colonias, tanto entre ellas como con la metrópoli. 

Por otra parte, la mayor demanda agrícola supuso un aumento de la población esclava y un incremento en la explotación de la mano de obra indígena, lo que provocó levantamientos de negros y pardos. Para exacerbar aún más los ánimos, las leyes recogidas en la Constitución de 1812 relativas a las colonias, que impulsaban libertades como la abolición del tributo indígena o de los privilegios jurisdiccionales fueron mal recibidas por los oligarcas locales. Tras la invasión napoleónica, los criollos comenzaron a considerar inútil una metrópoli que no defendía sus intereses económicos ni de clase. 

Tampoco fue tan dramática la injerencia imperial, aunque sí resulto preciso considerar estos agravios para justificar el corte radical con España; agravios construidos a posteriori por las élites criollas contra la Corona. 

De ejecutar las órdenes se encargaban los peninsulares afincados en Hispanoamérica. A principios del siglo XIX suponían una pequeña parte de la población blanca, en su mayoría criollos. Desde esta perspectiva, la independencia fue la victoria de una mayoría, eso sí, minoritaria, frente al conjunto de la población americana. 

Las discrepancias que separaban a criollos y peninsulares resultaban bastantes nimias. Las pugnas eran más que nada ideológicas pues ni todos los peninsulares eran realistas, ni todos los criollos independentistas. El juego de intereses entre los poderes locales y regionales muchas veces era mayor que el enfrentamiento con la Corona o con sus representantes.

La situación varió al iniciarse el proceso emancipador. Los peninsulares fueron desposeídos de sus cargos públicos en las zonas controladas por los rebeldes, que comenzaron a llamarse patriotas. Si reconocían a los nuevos gobiernos revolucionarios, pagaban los impuestos para la revolución y apoyaban la independencia se les consideraba americanos. A los criollos que respaldaban a los realistas se les persiguió y muchos huyeron a España junto a los peninsulares. 

En realidad, el Antiguo Régimen en Hispanoamérica, a principios del XIX, era un modelo anquilosado, un sistema político que no fue capaz de canalizar las tensiones de los diferentes grupos para dar una mínima satisfacción a los distintos intereses sociales y económicos, étnicos y raciales. 


De la emancipación a la revolución y la guerra 

El proceso de las colonias españolas para convertirse en naciones se fraguó en dos etapas. La primera, la de emancipación, abarca desde 1809 hasta la derrota de Napoleón en 1815. Está definida por los análisis provincialistas y reformistas que realizan los intelectuales y políticos locales sobre las futuras naciones. La segunda se explica por la radicalización, al adoptarse la vía revolucionaria que desemboca en una guerra contra la metrópoli. Culmina con la independencia de Iberoamérica en 1825, excepto Cuba y Puerto Rico. 

Los estertores de un Imperio 

Al conocer los sucesos de Bayona y la revuelta del 2 de mayo de 1808 en Madrid, las colonias reaccionaron de manera similar a la metrópoli frente a la invasión francesa. El deterioro de la situación militar obligó a que en todo el Imperio se reconociera como autoridad suprema la Junta Central. Por primera vez una metrópoli convocaba a los representantes de sus colonias. La Junta decretó que las posesiones españolas de América eran reinos y provincias con los mismos derechos que los peninsulares. El Imperio quedaba definido como una federación de provincias cuya unión constituía la nación española a ambos lados del  Atlántico. También era una declaración formal del estatuto político de las colonias y sus habitantes. La Junta dispuso el envío de representantes a Sevilla desde las posesiones americanas para iniciar un proceso constituyente. Fue el acta de nacimiento de los procesos electorales del Imperio. A partir de ese momento, entre 1809 y 1814, se pusieron en marcha cinco procesos electorales distintos, que se convirtieron en un referente de participación ciudadana muy significativo para toda Hispanoamérica. 

La Junta decretó que el número de representantes para la Península fuera de 36 y 11 para las colonias. 

Las discrepancias y sublevaciones en lugares como Chile o Río de la Plata alargó tanto el proceso electoral que, al disolverse la Junta Central para constituir el Consejo de Regencia, y convocar elecciones a Corte Generales en enero de 1810, seguían sin resolverse. 

Pero el desequilibrio en el número de delegados acentuó las protestas de las élites criollas que negaron la legalidad del Consejo de Regencia al considerar el reparto discriminatorio. 

A esto se sumó, en los primeros meses de 1810, lo que parecía un hecho consumado, la derrota ante los franceses. La trágica situación condujo a la formación de juntas en América para convocar cabildos abiertos que reemplazaran a los antiguos gobernantes. Aunque las colonias seguían fieles a Fernando VII, se enfrentaban a la posibilidad de pasar a manos del gobierno francés. El futuro del Imperio era incierto y las élites criollas tenían que improvisar las relaciones con la metrópoli, dotarse de instrumentos de gobierno autónomo para controlar la situación interna de sus regiones y definir las actuaciones respecto a las oligarquías locales, a las castas y a los burócratas peninsulares. 



Un primer paso: el proceso emancipador 

Enseguida emergieron las diferencias entre fidelistas y autonomistas, iniciándose la revolución que llevaría a la independencia. Defendido por las milicias criollas que apostaron por la libertad de comercio y el fin de los privilegios de los peninsulares, el cabildo de Buenos Aires, el 25 de mayo de 1810, decretó la igualdad jurídica de blancos, indios y mestizos y sancionó su autonomía frente a España. 

Por el contrario, el miedo de las oligarquías criollas de Venezuela y Nueva España a los indígenas, mestizos, negros y pardos obligó a las clases altas a alinearse con los fidelistas, intentando evitar una situación como la haitiana. Por eso fracasó la primera revolución. Aun así, en Venezuela, Simón Bolívar se puso a la cabeza del movimiento, intentado conseguir de los ingleses el apoyo para su causa. Los británicos tampoco se resistieron demasiado, después de evaluar los beneficios del comercio directo con las colonias hispanas. En 1813 Bolívar declaró la guerra a muerte a los españoles, y tras huir a Jamaica inició allí la formación de un ejército. 

En Nueva España los intentos del cura Manuel Hidalgo, secundado poco tiempo después por el también sacerdote criollo José María Moleros, para alzar a 25.000 peones y mineros a favor del rey, la virgen de Guadalupe y en contra de los peninsulares, resultaron fallidos. Hidalgo declaró la abolición de la esclavitud por primera vez en América, la supresión del tributo indígena y la nulidad de las castas. Adoptó alguna reforma agraria como el retorno de las tierras comunales a las comunidades indígenas, lo que le alejó de los terratenientes. A las élites mexicanas se les escapó el control de esta insurrección agraria y los resultados fueron dramáticos llegando a masacrar a peninsulares y criollos en varias ciudades. La violencia apartó del movimiento a los segmentos elitistas. La intervención de las tropas imperiales terminó con la revuelta. 

 Manuel Hidalgo y José María Moleros (México)


A partir de diciembre de 1813, con el retorno de Fernando VII del exilio, comenzó un período de lucha, en este caso contrarrevolucionario, definido por el absolutismo y la imposibilidad de negociar con la Corona. 

En un primer momento, al Rey le resultó imposible reunir tropas para enviar contra las provincias sublevadas, pues la Península seguía envuelta en su guerra contra el francés. Pero, tras la caída de Napoleón en 1815, se organizó una expedición que arrasó todo signo evidente de rebeldía en Hispanoamérica, excepto en Buenos Aires. Los reductos revolucionarios insistieron en sus propósitos emancipadores. 

El trienio liberal que se inició en España el 1 de enero de 1820 con el pronunciamiento militar del teniente coronel Rafael Riego jugó a favor de la independencia. El levantamiento impidió que la flota concentrada para intervenir en las colonias se hiciera a la mar. La restauración absolutista de 1823 llegó demasiado tarde para restablecer una unidad imperial excesivamente debilitada. 

Tampoco resultó propicia para el viejo sistema la coyuntura internacional. Los ingleses, tras la derrota de Napoleón, decidieron apoyar abiertamente a los sublevados. Lo mismo ocurrió con Estados Unidos; después de su segunda guerra contra Gran Bretaña (1812-1815), que hizo incuestionable su independencia, resolvió ayudar a sus vecinos del sur. La compra de Florida a España en 1822 y la definición de su política exterior a partir de proclamar la doctrina Monroe (1823), sintetizada en “América para los americanos”, no dejaba ninguna duda sobre su posición frente a los imperialismos europeos. 

Un segundo paso: las independencias 

Como los propios libertadores desconfiaban de la capacidad de sus sociedades para constituir gobiernos republicanos modernos, decidieron organizar ejércitos capaces de vencer a los realistas y así obtener la autonomía. A base de campañas militares en que mestizos, indios y negros constituyeron el grueso del ejército, comenzó la segunda fase del proceso emancipador.

Tras decretar su autogobierno, en mayo de 1810, el cabildo de Buenos Aires pretendió separarse del virreinato de Río de la Plata pero sin conseguirlo: Montevideo continuó bajo el control de la marina española y Paraguay se retiró para proseguir su propio camino al declarar su autonomía. Dentro de la propia Buenos Aires, se desataron fuertes enfrentamientos entre conservadores y radicales, que se prolongaron hasta 1813 cuando se suprimieron los mayorazgos, la Inquisición y los títulos nobiliarios, a la vez que se otorgó la libertad a los hijos de las esclavas. Finalmente, el 9 de julio de 1816 en el Congreso de Tucumán se proclamaba la independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata, actual Argentina. 

Las luchas también se sucedieron en Chile, donde se enfrentaron los reformistas, que defendían una mayor autonomía dentro de la nación española, contra los revolucionarios, que querían la independencia total. En 1812 se refrendó un reglamento constitucional que reconocía la autoridad del rey de España además de establecer un Ejecutivo y un Legislativo unicameral. 

Un año después desembarcaba por el sur de Chile un cuerpo expedicionario peruano independentista que prácticamente tomó el país. Perseguido por el ejército realista al mando del general Osorio, hubo de refugiarse en Mendoza, al otro lado de la cordillera. Allí, José de San Martín, que acababa de llegar de España, organizó un regimiento muy eficaz y disciplinado para invadir Chile. En enero de 1814 San Martín atravesó los Andes, facilitando a Bernardo O’Higgins y a los independentistas chilenos la toma de Santiago.
José San Martín

El 5 de abril tras una encarnizada batalla en Maipú, se proclamó la independencia de Chile. 

Al mando del Ejército libertador de los Andes, San Martín decidió conquistar Perú. Para superar la barrera del desierto de Atacama, pidió apoyo a las flotas norteamericana e inglesa, y en agosto de 1820 desembarcó en Pisco. Allí se enfrentaron a los realistas que apenas opusieron resistencia. En julio de 1821 San Martín era proclamado en Lima protector del Perú independiente. Para ganarse a las oligarquías locales estableció un gobierno muy conservador que, sin embargo, consiguió la animadversión de los limeños. San Martín tuvo que solicitar auxilio a Simón Bolívar para culminar la independencia. En julio de 1822 ambos próceres se entrevistaron en Guayaquil, donde San Martín optó por abandonar Perú, exiliarse en Europa y dejar a Bolívar la tarea de concluir la emancipación. 

Bolívar ya había dominado Venezuela y Colombia. Con la ayuda de partidas del interior, de mercenarios ingleses y de esclavos a quienes había prometido la manumisión, se encaminó hacia Lima. 

Después de la victoria de Junín (Perú) el 6 de agosto de 1824, y la de Ayacucho (Perú) justo seis meses después, el general independentista Antonio José de Sucre derrotaba al virrey José de la Serna. Al año siguiente, el 1 de abril de 1825, en Tumusla (Bolivia), concluía el proceso independentista cuando el coronel Carlos Medinaceli acababa con el último bastión realista. Simón Bolívar, ese mismo verano de 1825, entró en el territorio de Charcas para dar nombre a un nuevo Estado: la república de Bolivia. 

Sucre

La emancipación mexicana 

Impulsada por las protestas india y mestiza, la emancipación mexicana fue distinta a la de América del sur. 

Tras el fracaso de la revolución emprendida por Hidalgo y Moleros, la crueldad del movimiento impidió quela oligarquía escuchara las reclamaciones campesinas. Aun así, Morelos dio a los proyectos independentistas una estructura ideológica con un contenido igualitario, religioso y nacionalista. Los mexicanos Morelos e Hidalgo fueron los únicos independentistas en todo el continente que intentaron una cierta alianza con las poblaciones indias y mestizas. 

Posteriormente, las disposiciones llegadas desde Madrid en 1821, durante el trienio liberal, provocaron una revolución conservadora. Las medidas contra la iglesia y la anulación de los fueros militares sublevaron a la élite criolla contraria a cualquier cambio que modificara el estricto orden impuesto. Un antiguo general criollo y realista, Agustín de Iturbide, pactó con el guerrillero Vicente Guerrero el llamado Plan de Iguala para proclamar la independencia adaptada a una monarquía, garantizar los privilegios de la Iglesia católica y propiciar la unión de las diferentes tendencias políticas: conservadores y liberales, rebeldes y realistas, criollos y españoles. Este compromiso sirvió de nexo para aglutinar a grupos muy heterogéneos hasta el punto de solicitar la independencia al virrey O’Donojú, a quien no le quedó otra opción que aceptarla. 

A las Cortes españolas llegó en febrero de 1822 la propuesta del Congreso Nacional mexicano para que un príncipe español iniciara una nueva monarquía. Pero las Cortes lo rechazaron, así como el Tratado de Córdoba, firmado entre Iturbide y O’Donojú el 24 de agosto de 1821 por el que México se constituía en un imperio con una monarquía constitucional moderada. De este modo se consumó la separación política entre México y España. Iturbide accedió al trono y fue coronado emperador de México como Agustín I en mayo de 1822. Pero al año siguiente México se declaraba república federal, separándose del resto de los países de las Provincias Unidas de América Central. 



La excepción brasileña 

Si bien el proceso emancipador brasileño se produjo a la par que el de las colonias españolas, posee unas características bien diferentes. También en Brasil a lo largo del siglo XVIII se habían articulado una serie de reformas para estimular la producción de azúcar e impulsar la de algodón. 

Sin duda, desde muchos puntos de vista, Brasil es un país peculiar. Desde luego, ha sido el único que, de colonia se transformó en imperio, lo que no es poco decir. Lo curioso es que Napoleón, que estaba tan lejos, fuera el factor más influyente de este acontecimiento y, ello, como consecuencia del bloqueo que decretó contra Inglaterra; entonces, Francia, quiso intentar la conquista de Portugal, la vieja aliada de los ingleses. Rey de Portugal era Juan VI, quien, enterado de los propósitos franceses, comprendió de inmediato la inutilidad de pensar en resistir a las fuerzas napoleónicas. Secretamente, decidió embarcarse con toda su familia hacia Brasil.

Llegó a Bahía, el 22 de enero de 1808. Los brasileños recibieron con gran entusiasmo a la familia real, previendo que era un factor que prometía progreso para el país, como ocurrió en el tiempo siguiente. A poco de llegar, el rey decretó la apertura de los puertos al comercio exterior, poniendo término a las viejas restricciones coloniales. Juan VI concibió convertir a Brasil en un imperio: estableció la corte en Río de Janeiro, creó Ministerios y órganos administrativos y jurídicos; también, el desarrollo del comercio fue muy importante y, por cierto, favoreció a sus amigos ingleses con muy especiales condiciones aduaneras. Incluso, abrió el país a científicos, artistas y viajeros curiosos; en resumen, estas tierras desconocidas en Europa, tomaron dimensión muy diferente e importante En el Congreso de Viena, el embajador francés, que era Talleyrand propuso que Portugal, el Algarve y Brasil, tuvieran la categoría de un reino unido, ponencia que fue aceptada. No obstante, Juan VI decidió permanecer en Río de Janeiro. Mientras tanto, en Portugal habían ocurrido cambios, debido a las ideas liberales que invadían Europa y a que la regencia , había tomado los visos de un tiranía; además, prácticamente, había puesto el país en manos de la diplomacia inglesa. Estos hechos forzaron el regreso de Juan VI a Lisboa, pero dejó en Brasil , como regente al príncipe Pedro, heredero de la corona; éste también debió afrontar los problemas creados por los ánimos nacionalistas, que se exaltaron, todavía más, cuando la Cortes portuguesas quisieron revocar la autonomía y los derechos comerciales, que ostenta Brasil, desde que fue elevado a la categoría de reino unido. Entonces, surgió José Bonifacio, naturalista, poeta y exprofesor de la Universidad de Coimbra, a quién llamaron después patriarca de la independencia, quien recomendó la monarquía constitucional, bajo el mando del regente. Es el momento en el que, las Cortes de Lisboa deciden revocar los poderes que Juan VI había otorgado a su hijo. Los dirigentes brasileños, proponen la ruptura con Portugal y, al mismo tiempo, que Don Pedro sea designado como Defensor perpetuo de Brasil. designación que acepta y nombra Ministro a José Bonifacio. Sin embargo, la ruptura definitiva la sella la Asamblea el 1º de diciembre de 1822 y se corona como Pedro I, emperador.

El 27 de octubre de 1807, Napoleón y Godoy firmaron el tratado de Fontainebelau por el que acordaron invadir Portugal, que se había opuesto al bloqueo continental contra Gran Bretaña. Ante el avance de las tropas napoleónicas, la familia real huyó a Brasil. 

Al convertirse Río en la capital del Imperio, a partir de marzo de 1808, se desarrollaron sus infraestructuras,se agilizó el cobro de impuestos y la administración de justicia, se abrieron el Banco Nacional de Brasil, varias Reales Academias y se creó la Biblioteca Real. Brasil se puso a la altura de cualquier corte europea. 

Un pacto político entre las élites, garante de una transición incruenta y una estabilidad económica y social, llevó a la independencia. Una vez resueltas las guerras napoleónicas, los notables brasileños se negaron a retornar a la situación preimperial y solicitaron en 1820 al príncipe don Pedro, que rompiera con la dinastía de los Braganza y se quedara en Brasil mientras la corte regresaba a Portugal. 

Pedro I, emperador de Brasil

Así se hizo, y al ser nombrado regente, en 1822, destituyó al gobierno establecido y nombró uno probrasileño. A continuación, el 7 de septiembre de 1822 se proclamaba la independencia del Brasil. El 1 de diciembre, Don Pedro fue coronado emperador en Río de Janeiro con el nombre de Pedro I. Apenas sin violencia, y con tan sólo una pequeña oposición de unos cuantos reductos afines a la metrópoli, se alcanzó la independencia. 

Las tensiones entre la élite y el emperador saltaron enseguida debido a la disparidad de intereses. Se acusaba al monarca de estar demasiado cerca del entorno portugués. En diciembre de 1823, el emperador disolvió la Asamblea Constituyente y promulgó una Carta otorgada en 1824, lo que provocó la rebelión armada. El Brasil independiente costó una guerra civil con las regiones que habían permanecido fieles a Portugal (Bahía, Maranhao y Uruguay). Con la ayuda de Lord Cochrane, almirante inglés, Pedro I, dominó la situación, pero en 1828 - tras una guerra con Argentina - Uruguay se declaró independiente. Estados Unidos fue el primero en reconocer el nuevo imperio, luego, lo hicieron Inglaterra, Francia, Austria, el Vaticano y, más tarde, todos los países europeos y, desde luego, los restantes países de las Américas; Portugal lo hizo solo en 1825. El malestar de los federalistas, las pérdidas territoriales fronterizas, la incomunicación con el Parlamento, la crisis económica y las costosas intervenciones en los problemas sucesorios de Portugal, llevaron a Pedro I a abdicar en su hijo de 5 años el 7 de abril de 1831 y regresar a Portugal. 

En 1824 se dictó la Constitución que tuvo vigencia hasta 1891.Pedro I abdicó en 1831 y tras el breve reinado de Pedro II, se proclama la República el 15 de noviembre de 1889.

El territorio de la República Federal alcanza a los 8.511.996 kilómetros cuadrados; su población es de 153.300.000; su capital es Brasilia y algunas ciudades principales son Sao Pablo (más de 15.000-000 de habitantes), Río de Janeiro, Salvador y Belo Horizonte.

Un gobierno conservador se ocupó de la regencia. En 1840 se declaró al régimen imperial como la mejor opción de futuro, al garantizar la integridad territorial del nuevo Estado, un régimen que duró cerca de 60 años. En 1899, una revolución republicana impuso la república federal. 



Tras la independencia, la desilusión: fragmentación política e inestabilidad institucional 

En 1825, tras alcanzar la independencia, los antiguos dominios se repartían en los siguientes estados: México, las Provincias Unidas de América Central, la Gran Colombia, Perú, Bolivia, Chile y las Provincias Unidas del Río de la Plata. Cada uno de ellos tuvo que definir su territorio, su sistema político y delimitar el modo de integración económica en el mercado local, regional e internacional. Pero las diferencias regionales y las disputas frustraron los proyectos panamericanistas. Las grandes potencias, sobre todo Inglaterra, también se ocuparon de que así fuera. 

En 1830 la Gran Colombia se dividió en tres repúblicas enfrentadas en guerras por asuntos territoriales: Nueva Granada (Colombia y Panamá), Venezuela y Quito (Ecuador). Además de la conciencia diferenciada que existía, se unió la falta de una red de transporte entre ellas. En los nuevos países la guerra había arruinado la ha cienda, los empréstitos extranjeros habían conducido a la bancarrota, no existía una mínima estructura estatal eficaz y demasiados militares estaban dispuestos a ocupar puestos relevantes en la vida pública. 

Gran Colombia

Las fuerzas centrípetas también trucaron el federalismo de las Provincias Unidas de América Central. 

Nacidas en 1823 y separadas de México después de la caída de Iturbide, los cinco países: Honduras, Guatemala, El Salvador, Nicaragua y Costa Rica, se rigieron por un gobierno y una constitución federal. 

Guatemala fue designada capital pero sus fuertes tendencias centralistas resultaron opresivas para el resto de las regiones. En 1838 la federación se desmembró cuando el congreso trató de fiscalizar las rentas de los estados. A partir de entonces se convirtieron en repúblicas independientes aunque, a lo largo del siglo XIX, intentaron sucesivas unificaciones, que resultaron inviables por las continuas disputas entre liberales y conservadores, las intrusiones de Estados Unidos e Inglaterra y el limitado desarrollo económico de la región. 



Tampoco fue posible el nacimiento de un estado único entre Bolivia y Perú. Bolivia se encontraba entre dos virreinatos, el de Perú y el del Río de la Plata. En 1828 se convirtió en un país independiente, gobernado por el general Andrés de Santa Cruz a partir de 1829. Partidario de la unión del Alto y Bajo Perú, en 1836 Santa Cruz aprovechó un período de anarquía en Perú para incorporar esta república a una nueva Confederación. Tanto la clase política peruana, chilena y argentina se opusieron y, tres años después, Santa Cruz fue derrotado por una expedición chilena. 

Algo después, en 1828, se separó de Brasil la República Oriental del Uruguay y la colonia española que había quedado dependiendo de Haití, la República Dominicana, en 1844 haría lo propio. 


Planteamientos y logros de los nuevos estados 

Al terminar el siglo XIX, Hispanoamérica se hallaba dividida en diecinueve naciones, gran parte de ellas sumidas en enfrentamientos entre los distintos grupos sociales. Los nuevos Estados nacieron condicionados por una economía de guerra. 

La tarea principal de los gobiernos fue la de obtener fondos para sufragar el coste de los ejércitos. Una vez pacificado el territorio, hubo que financiar el déficit arrastrado por cada conflicto e iniciar la construcción de los aparatos estatales que permitieran la gobernabilidad. También hubo que afrontar aspectos como el latifundismo, el caudillismo, el militarismo o la corrupción. Además de las fronteras y el control territorial,hubo que establecer patrones métricos y monetarios así como crear sistemas legislativos para variar los usos indianos en materia de propiedad y de contratación y las reglas para los intercambios entre las distintas repúblicas. Fue necesario abrir nuevas rutas de intercomunicación regional en las que el ferrocarril y el barco de vapor desempeñaron un papel relevante. Los ingresos aduaneros se convirtieron en la principal fuente de ingresos fiscales. 

Las guerras de independencia también generaron cambios sociales importantes. Aunque, en principio, los nuevos estados se negaron a abolir el sistema esclavista, por lo general se adoptaron soluciones de compromiso, como la prohibición de la trata o la libertad para los hijos de los esclavos. El alistamiento general obligó a los gobiernos a conceder amplias manumisiones hasta casi desaparecer los esclavos domésticos. Al resquebrajarse la disciplina en los emporios negreros y aumentar la dificultad de abastecimiento, a finales de siglo el sistema de producción esclavista prácticamente despareció. Las masas indígenas también se vieron afectadas por la independencia y aumentaron donde antes había grandes núcleos de población. 

La ruralización y la militarización fueron dos fenómenos emergentes en las nuevas sociedades que impulsaron el caudillismo y el fomento del clientelismo, ya existente en la época colonial, pero que amenazaba de manera continua a las democracias. La ineficacia y debilidad de los gobiernos impulsaron el nacimiento del caudillo como único garante de la estabilidad económica y social.

La revolución latinoamericana no fue una revolución económica, puesto que las estructuras productivas y mercantiles siguieron siendo las existentes antes de la emancipación. Tampoco fue la emancipación una revolución social, si bien la ruptura traumática con la metrópoli tuvo efectos no deseados en las relaciones sociales, éstos se debieron, en parte, a la movilización popular de los dos bandos antes de la guerra. 

Pero si fue una verdadera revolución política, basada en el nacimiento del ciudadano y de la ciudadanía y en cuestiones como la soberanía nacional, el gobierno representativo o el Estado de derecho. 

Pese a sus contradicciones, la sociedad colonial hizo posible el avance del proceso emancipador, provocando nuevas formas de representación basadas en el individuo. Por eso se apeló repetidamente a la ciudadanía para elegir autoridades y representantes populares mediante comicios. El nacimiento de la individualidad fue paralelo a la desaparición de los súbditos del rey y a la supresión gradual de las corporaciones del Antiguo Régimen. Las libertades y los derechos resultaron ser sobre todo individuales, afectando a todos los estratos de la sociedad. 

Lo importante de todo este proceso fue el asentamiento de las bases del desarrollo democrático en América Latina. Allí se votaba cuando apenas se hacía en Estados Unidos y en un reducido número de países europeos. Así pues, el origen revolucionario de las repúblicas latinoamericanas provocó en el pensamiento decimonónico una idea mítica: el ideal republicano, que estuvo en la base de las revoluciones del siglo XIX.

miércoles, 12 de julio de 2017

PABLO NERUDA

El joven Ricardo Elecier Neftalí Reyes Basoalto, mencionado al hablar de Gabriela Mistral, también hizo célebre su seudónimo,- Pablo Neruda- y él, también fue galardonado, en 1971, por la Academia Sueca con el Premio Nobel de Literatura. 

Neruda había nacido en Parral, en la región del Maule al sur de Santiago Su padre, un trabajador ferroviario fue trasladado a Temuco en el sur-sur del país.; paisaje grabado permanente en el alma del poeta. Su padre, viudo, contrajo matrimonio con Trinidad Candia Marverde (que es la "madre" que está presente en muchos poemas de Neruda). 


Sus primeros versos los publicó en revistas como "Correhuela" o "Revista Austral". Al terminar sus estudios y rendir bachillerato, conoció a Gabriela Mistral, buena consejera, que le hizo leer a los escritores rusos; por esos años, el poeta adoptó su seudónimo. En 1921 y hasta 1927, residió en Santiago En 1923 publicó "Crepusculario", luego apareció "El hondero entusiasta" - libro del que destruyó muchos poemas-. Y en 1924, saltó a la fama, con su tercer libro "Veinte poemas de amor y una canción desesperada". Siguieron "Tentativa del hombre infinito" y "Anillos", en 1926. Al año siguiente fue nombrado cónsul en Rangún y casó con una holandesa de sangre malaya - María Antonieta Agenaar. En 1932 regresó a Chile, preparó la edición definitiva de "Veinte poemas" y también del libro rescatado "El hondero entusiasta" En abril de 1933 reunió sus poemas escritos desde 1925 a 1931 y los tituló "Residencia en la tierra".

Nombrado cónsul en Buenos Aires, conoció a García Lorca; .en 1934 lo destinaron a Barcelona y al año siguiente a Madrid, donde participó plenamente con la generación del 27, especialmente, con una estrecha amistad con Rafael Alberti.

Tomó partido durante la Guerra Civil , participando en diversas actividades; naturalmente, esta actitud lo convirtió en persona incómoda y, por eso, fue llamado por el gobierno chileno. Entonces, en 1937, publicó "España en el corazón", y el gobierno del Frente Popular fue nombrado cónsul en París para ocuparse de los refugiados republicanos . Durante la Guerra Civil los milicianos del frente del Ebro fabricaron el papel y reimprimieron España en el corazón. Himno a las glorias del pueblo en la guerra (1936-1937), donde Pablo Neruda funde historia y poesía en la denuncia de la barbarie como muestra en el desgarrador poema Explico algunas cosas: “Y por las calles la sangre de los niños/corría, simplemente como sangre de los niños”.

El nudo social y político se certifica en el episodio del carguero Winnipeg. Ya con la guerra sentenciada, en agosto de 1939 el poeta convence al gobierno de Chile para acoger a 2.000 refugiados republicanos, mujeres, hombres y niños, que partirán desde Francia en el vetusto barco rumbo a Valparaíso donde arrancarán una nueva vida.

Durante la estadía en México entre 1940 y 1943, Neruda tendrá una actuación pública que siempre se mantendrá dentro de los márgenes de la política soviética, a pesar de que su cargo consular lo obligaba a mantener una actuación neutral.5 Esto puede percibirse tanto en su actuación política como en su programa literario. Ejemplos de lo primero es la ayuda que Neruda prestó al muralista mexicano David Alfaro Siqueiros a salir de la cárcel y viajar a Chile. En estos años, Neruda vuelve a escribir poemas y artículos combatientes y políticos, como había ocurrido durante la Guerra Civil Española, que se publicarán en México, Chile y otros países del continente americano. “7 de noviembre. Oda a un día de victoria”, “Canto a Stalingrado” y “Nuevo canto de amor a Stalingrado” son ejemplares en este sentido. También lo es el artículo “Zweig y Petrov”, donde resalta la heroica lucha soviética contra los nazis, contraponiendo el escritor Jewgeni Petrov, que muere como corresponsal de guerra, a la “cobardía” de Stefan Zweig, cuyo suicidio, afirma Neruda, personifica la “muerte de un hombre que no tiene qué hacer sobre la tierra en momentos de grandes tareas”. Al mismo tiempo, su paso por México y la intensificación de la lucha política aceleran un proceso de toma conciencia de América, cuyo mayor ejemplo es el poema “América no invoco tu nombre en vano”, el último escrito antes de salir de México, que luego formará parte de Canto General, el libro cúspide de este proceso

Neruda publicó "Las furias y las penas"y "Chile os acoge", escritos para los más de 2.000 republicanos que viajaban en el "Winnipeg", barco que contrató para salvar a los españoles , rescatándolos de las prisiones y del abandono. Entonces su literatura entró de lleno en lo social y político, como lo demuestra su enorme "Canto General", que contenía Un canto para Bolívar, El canto de amor a Stalingrado Las alturas de Macchu Picchu.y Que despierte el leñador, obra escrita en 1950. También hay que mencionar que, en 1952, casi anónimamente, apareció en Nápoles, su libro "Los versos del capitán", que ha tenido varias interpretaciones de la ida sentimental del poeta.

Con el término, en 1943, de su cargo consular en México, Neruda manifiesta en varias ocasiones su deseo de dedicarse a la política.En 1945 fue elegido senador por el Partido Comunista.  En su trabajo parlamentario, Neruda se integra a la Comisión de Relaciones Ex te riores del Senado, dedicándose
a temas como el fascismo, las relaciones con la URSS y la situación en Europa. Con el comienzo de la Guerra Fría y merced a su influencia en la vida política de Chile, Neruda se transforma en uno de los más fuertes adversarios del Presidente chileno Gabriel González Videla. Como en toda su vida política,
también en esta época pone su discurso al servicio de la causa del PCCH y la URSS y asume públicamente sus, en ocasiones polémicas, posiciones en la Guerra Fría. La confrontación de Neruda con González Videla, acentuada por tres discursos del poeta en el Senado y un artículo publicado en Caracas cida “Carta íntima para millones de hombres”),10 lleva a que el gobierno chile no eleve a la justicia una petición de desafuero por infringir la Ley de Seguridad Interior del Estado e injuriar al Presidente y por denigrar a Chile en el exterior. El miedo a que fuera tomado preso obliga a que el PCCH ayude a Neruda a vivir en la clandestinidad a partir de febrero de 1948. Más tarde, el partido mis mo será declarado ilegal (30 de septiembre de 1948). La noticia divulgada por el mundo sobre un poeta perseguido por el Gobierno chileno fomenta la fama de Neruda, tanto en la izquierda comunista del mundo occidental como en los países comunistas. En marzo de 1949 logra huir a Buenos Aires y después a París

Los viajes y estadías en los países socialistas se multiplican, así como los poemas y las declaraciones de apoyo a la política de Stalin. Por esa época, además, recibe los dos premios más importantes del mundo comunista. El primero en noviembre de 1950, el “Premio Internacional de la Paz” —anunciado en Varsovia durante el Segundo Congreso Mundial de la Paz— le es otorgado por el poema “Que despierte el leñador”. Publicado en 1948 (más tarde, con pequeñas modificaciones, formará parte de Canto General), el poema es un homenaje a Stalin en el plena Guerra Fría, ataca la política norteamericana y la contrapone a Abraham Lincoln, un ejemplo para la esperanza de un “despertar” pacífico de los Estados Unidos.

En sus viajes, Neruda asume en diversas ocasiones la política y propaganda soviética. En septiembre de 1949 participa en México del Congreso Continental Americano por la Paz, junto a 1500 delegados de casi todos los países americanos. Su discurso es uno de los puntos culminantes del encuentro y será traducido y difundido en cerca 20 países. Por el lado político, allí acepta que hay dos fuerzas principales que operan en la política mundial, el imperialismo antide mocrático bajo la tutela de los Estados Unidos y las fuerzas anti-imperialistas y democráticas encabezadas por la URSS, dejando en claro su posición en favor de esta última. Por el lado cultural, muestra su acercamiento a la hegemonía cultural zhdanovista y al “realismo socialista”, lo que lo lleva a rechazar partes importantes de su propia obra temprana. Tampoco faltan las críticas a Jean-Paul Sartre, al “silencio cómplice” de John Steinbeck y Ernest Hemingway y a la novela Los días terrenales, del escritor mexicano José Revueltas (quién se había retirado del PC mexicano por su esquematismo y oportunismo), un libro que, según Neruda, contenía un “misticismo destructor que conduce a la nada y la muerte”, esto a pesar de que en los años 40 él mismo consideraba a Revueltas como una de las figuras literarias más importantes de México

Neruda había conocido a la argentina Delia del Carril., con ella vivió hasta 1955., fecha en que se separó de la artista argentina,, porque su vida, desde entonces, se unió a la tercera mujer que había conquistado su amor, Matilde Urrutia. Pero no por eso había dejado de publicar y de esa época pueden mencionase "Extravagario", "Las uvas y el viento", "Odas elementales", "Nuevas odas elementales", "Tercer libro de odas elementales," "Cien sonetos de amor" - dedicados a Matilde -,"Canción de gesta", "Navegaciones y regresos", "Las piedras de Chile, "Cantos ceremoniales" y  "Plenos poderes" y "Memorial de Isla Negra".También Neruda escribió para teatro. "Fulgor y muerte de Joaquín Murieta" que obtuvo el premio Viarieggo -Versilia, de Italia 


A mediados de septiembre de 1952 Neruda vuelve a Chile, después de que el presidente Gabriel González Videla indultara a las personas que, como él, se hallaban procesadas por delitos políticos.
Su vuelta a Chile y la fama que le ha otorgado el mundo comunista durante su exilio, es el crédito moral que tiene para difundir sus posiciones políticas, o las de su partido, sin la necesidad de ser un miembro activo en la lucha cotidiana, como en los años 40. Como en su vuelta de 1937, ayuda a su partido a salir
del aislamiento político en que se encontraba desde su prohibición en 1948. La cultura es el arma de influencia más poderosa que tiene el PCCH y Neruda está en su centro. Participa en la campaña para las elecciones presidenciales apoyando la candidatura de Salvador Allende, la primera de sus diversas postulaciones antes de las elecciones en 1970. El gobierno de Salvador Allende en 1971 lo nombró embajador de Chile en Francia y la Unesco.

Ahí escribió "La espada encendida" y "Las piedras del cielo".


Por último, con carácter póstumo, se han publicado "Confieso que he vivido"- que completa las memorias esbozadas anteriormente-, "El mar y las campanas", "Jardín de Invierno", "El corazón amarillo", "El río invisible" y "El fin del viaje"

El hallazgo de la bacteria botulinica en los restos de Pablo Neruda, y el dictamen  de los expertos forenses, chilenos, canadienses y daneses, permite decir, tal y como han informado, que su muerte se debió a un envenenamiento con dicha bacteria. Una bacteria mortal si no se detecta en un plazo de dos o tres horas desde la contaminación. La familia , encabezada por su sobrino Rodolfo Reyes, siempre sospechó que su fallecimiento se debía a un asesinato y no a una evolución repentina y fatal del cáncer de próstata del que era tratado desde 1969, y por eso no ha descansado hasta conseguir un estudio riguroso.

Como tú, querido Ricardo confieso que he vivido
y si vuelvo a vivir será de la misma manera
aceptando lo que fui, seré y lo que he sido
aun cortando las flores, no acabaron con la primavera

Con la palabra como arma que toma partido
con veinte poemas de amor y una canción desesperada
admito que lo que fui y lo que he sido
y lo asumo ante el mundo y mis camaradas

aunque escriba los versos más tristes bajo la noche estrellada
entre Chile y España, dos lugares en mi memoria y en mi corazón
sigo pidiendo castigo a aquellos que mi patria traicionaron

y que acudan a mis venas y a mi boca aquellas personas perseguidas y torturadas
que hablen por mis palabras y mi sangre los muertos del dictador Pinochet felón
siempre recordados, siempre en la memoria, vuestros hijos nunca os olvidaron


miércoles, 16 de septiembre de 2015

VÍCTOR JARA

Tras la muerte de Allende, los militares apuntan un cañón contra la universidad y disparan a la rectoría. No hay resistencia: estaban desarmados. Destrozan puertas y cerrojos y toman prisioneros a los 600 que encontraban allí, Víctor Jara entre ellos.

Víctor Jara fue salvajemente torturado antes de ser asesinado por los golpistas chilenos un 16 de septiembre de 1973. Los militares no perdieron el tiempo, El Estadio Chile, se fue llenando de estudiantes, profesores con las manos entrelazadas en la nuca fueron llenando el Estadio, eran quienes habían resistido en la universidad en defensa de legitimo Gobierno de Chile, esto ocurría el día 12 de septiembre, 4 días después Víctor Jara era asesinado.

Pronto un oficial reparo en la presencia de Víctor Jara:

-¡A ese hijo de puta me lo traen para acá!
-¡Así que vos sos Víctor Jara, el cantante marxista, comunista concha de tu madre, cantor de pura mierda!
-gritó el oficial.

Le golpearon una y otra vez con violencia criminal, patadas, puñetazos, culatazos, él no perdía la compostura, incluso sonreía, lo cual provocaba más al criminal uniformado, que sacó la pistola, todos pensaron que lo iba a matar delante de todos, pero no, le golpeo con la pistola hasta destrozarle el rostro, cuando el hijo de su madre, se cansó de golpear a cantante ordeno que lo llevasen y lo matasen si se movía, jugaron a la ruleta rusa antes de asesinarlo.

Asesinaron su cuerpo con 44 balas asesinas, pero su voz continuara siempre viva, será, es un referente de lucha de los oprimidos. Dónde derramó su sangre ayer, hoy lleva su nombre: Estadio Víctor Jara.

Te recuerdo compañero de la lucha y el canto
cuando entonabas con tu guitarra letras de libertad
frente a la barbarie, la guerra, la tortura, el espanto
que Pinochet instauraba con crueldad

Te recuerdo con tus cantos revolucionarios
llamando a desalambrar 
frente a los abusos de la patronal
recordando que la calle es del campesino y del proletario

Te recuerdo reclamando el derecho a vivir en paz
Cantando las verdades verdaderas
Del que morirá cantando por el socialismo y la libertad
frente a bombas imperialistas extranjeras

Te recuerdo con la guitarra como fusil que disparaba
verdades, como cantautor de la revolución
del chileno consecuente

que nunca bajó la cabeza y agachó la mirada
que entonó como himno y como canción
el lema: Allende, el pueblo te defiende

Te recuerdo, compañero y no te olvidaré de mi memoria
fusilado y asesinado, pero nunca silenciado
en mi recuerdo huella imborrable de la historia
de un pueblo que no olvida su pasado

Víctor Jara

jueves, 3 de septiembre de 2015

RECORDANDO A SALVADOR ALLENDE

El golpe de Estado en Chile del 11 de septiembre de 1973 fue una acción militar llevada a cabo por las Fuerzas Armadas de Chile conformadas por la Armada de Chile, la Fuerza Aérea de Chile y el Ejército de Chile en conjunto con Carabineros de Chile para derrocar al presidente socialista Salvador Allende Gossens y al gobierno izquierdista de la Unidad Popular.

Allende fue presidente de Chile desde 1970 hasta el golpe de estado dirigido por el general Augusto Pinochet el 11 de septiembre de 1973, día en que falleció en el Palacio de la Moneda, que fue bombardeado por los golpistas.

Salvador Allende perteneció a una familia de clase media acomodada. Estudió medicina y, ya desde su época de estudiante universitario, formó parte de grupos de tendencia izquierdista. Más tarde, alternó su dedicación a la política con el ejercicio profesional. Participó en la elección parlamentaria de 1937, y salió elegido diputado por Valparaíso. Fue ministro de sanidad del gabinete de Pedro Aguirre Cerdá entre 1939 y 1942. A partir de entonces se convirtió en líder indiscutible del partido socialista.

En 1952, 1958 y 1962 se presentó a las elecciones presidenciales. En la primera ocasión fue temporalmente expulsado del partido por aceptar el apoyo de los comunistas, que habían sido ilegalizados, y quedó en cuarto lugar. En 1958, con el apoyo socialista y comunista, quedó en segundo lugar tras Jorge Alessandri.

En 1964 fue derrotado por Eduardo Frei Montalba, que propugnaba un programa de "revolución en libertad", cuyos puntos sustantivos eran la reforma agraria, el establecimiento de un programa destinado a incrementar la participación de la ciudadanía, la chilenización del cobre (es decir, el control por el estado de los beneficios de su explotación) y la realización de una reforma educacional. La candidatura de Allende, que encabezaba el FRAP, conformado por la alianza de socialistas y comunistas, sólo suponía diferencias de ritmo y envergadura. El FRAP proponía nacionalizar la totalidad de las empresas cupríferas, transformándolas en propiedad social por medio del Estado, y una reforma agraria de mayor alcance.

El resultado de las elecciones presidenciales del 4 de septiembre de 1964 fue claro y definitivo. Eduardo Frei obtuvo el 56,9% de los votos, en tanto que Salvador Allende lograba el 38,93% del total. La "revolución en libertad" estaba concebida como un intento de modificar las estructuras fundamentales del país, pero en un marco de democracia y respeto al orden institucional. Las críticas que desde un comienzo surgieron hacia el gobierno de Frei tuvieron su origen en la naturaleza de las medidas a tomar. Para la derecha, las transformaciones propuestas tenían un repudiable carácter socialista. Para la izquierda, eran sólo intentos reformistas, condenados al fracaso por su propia banalidad.

En paralelo con el avance de importantes medidas sociales, el panorama político durante el gobierno de Frei Montalva fue de aumento de la polarización, incluso en el interior del Partido Democratacristiano, que sufrió importantes divisiones, así como el desligamiento de sectores de su juventud hacia posturas más vinculadas a la izquierda. Por fin, las elecciones parlamentarias de 1969 mostraron la nueva situación política del país, en tanto sus resultados apuntaron a perfilar tercios irreconciliables, en gran medida debido a la disminución del apoyo al centro político y el fortalecimiento de las opciones de izquierda y de derecha.



Esta situación se reflejaría con mayor claridad en las elecciones presidenciales de 1970, marcadas por el enfrentamiento de proyectos de sociedad antagónicos e imposibles de conciliar. En ellas resultó victoriosa la alianza de comunistas, socialistas, sectores del radicalismo y el MAPU en la llamada Unidad Popular, que estaba encabezada por Allende, con el 36, 3 % de los sufragios. El estrecho margen de diferencia con los votos recibidos por los otros dos candidatos, Jorge Alessandri por la derecha y Radomiro Tomic por la Democracia Cristiana, obligó a que la elección de Allende fuera ratificada por el congreso, en el que se enfrentó a una fuerte oposición. Por fin, el 24 de octubre de 1970, tras lograr el apoyo del Partido Demócrata Cristiano con la firma de un Estatuto de Garantías Democráticas que se incorporaría al texto constitucional, Salvador Allende fue proclamado presidente.

Desde la fecha de comienzo del mandato (el 3 de noviembre), las dificultades que el nuevo gobierno debió enfrentar fueron inmensas. Ya antes de la asunción presidencial se realizaron intentos por abortar el proceso, el más grave de los cuales terminó con el asesinato por parte de un comando de ultraderecha apoyado por la CIA del Comandante en Jefe del Ejército, general René Schneider, que era un decidido partidario de la subordinación del poder militar al civil.

A pesar de ello, la Unidad Popular, una vez en el gobierno, emprendió la realización de su plan de acción, el cual ponía énfasis en la profundización de las medidas reformistas iniciadas por la administración anterior. Así, se amplió el volumen de tierras expropiadas y se inició la socialización de importantes empresas hasta entonces en manos privadas, las cuales pasaron a ser dirigidas por cooperativas de trabajadores asesorados por funcionarios proclives al Gobierno. Además, se concretó la nacionalización del cobre, sin pago de indemnizaciones a las empresas norteamericanas, lo cual significó el enfrentamiento con los Estados Unidos, quienes a partir de ese momento apoyaron abiertamente a los grupos opositores al gobierno socialista.

Esta oposición se estructuró en distintos frentes; en lo político, en un parlamento en el cual representantes de derecha y democratacristianos actuaban unidos; en el plano de lo ilegal, en los grupos de carácter terrorista que dinamitaron torres de alta tensión y líneas férreas. A pesar de esta rígida oposición, el Gobierno de Allende contó con un apoyo importante por parte de la ciudadanía, en particular de los sectores populares, que se veían directamente beneficiados. En efecto, el Estado subsidiaba gran parte de los servicios básicos, además de apoyar a organizaciones de trabajadores, campesinos y pobladores urbanos en sus demandas de participación.

Este apoyo a la presidencia de Allende se demostraría claramente en las elecciones parlamentarias de 1971 y las municipales de 1973, en las cuales los partidos de la Unidad Popular crecieron en número de votos. Junto con ello, el discurso político de los partidos de izquierda fue adquiriendo tintes cada vez más radicales, en tanto que el enfrentamiento abierto con los grupos opositores se hacía realidad en las calles e indicaba una situación de lucha de clases a sus ojos inevitable.

Acciones de grupos como el MIR y sectores del Partido Socialista venían a confirmar este diagnóstico, al considerar urgente la creación y el fortalecimiento de instancias de "Poder Popular" que fueran alternativas a los estrechos marcos que la institucionalidad prefijaba para una posible construcción de una sociedad socialista. Este intento, conocido como la "Vía chilena al socialismo", conoció el interés y el apoyo de sectores de todo el mundo, en particular desde el Bloque Soviético, Cuba y los Países No Alineados, lo que se traducía en el envío de ayuda material y asesores industriales.

A pesar de todo ello, una serie de problemas vinieron a polarizar aún más a la sociedad chilena bajo la presidencia de Allende, en gran medida debido a causas económicas. La inflación se hizo incontrolable, ya que las alzas salariales y los gastos del Estado fueron financiados con emisión de circulante sin base de sustentación en la producción, la cual se vio disminuida y contraída como consecuencia del bloqueo iniciado por los Estados Unidos y el permanente conflicto que vivían muchas empresas, en virtual paralización permanente por la falta de recursos. A ello se agregaban problemas de distribución de alimentos y bienes, lo que hacía difíciles las condiciones de vida del común de la población.

Este clima de desabastecimiento y crisis, azuzado por los distintos sectores políticos, se tradujo en numerosas movilizaciones a favor y en contra del gobierno de Allende, la más importante de las cuales fue la paralización del yacimiento de cobre de El Teniente, junto a la huelga de los gremios de transportistas, que prácticamente inmovilizó el traslado de bienes de un punto a otro del país. A ello se sumaban conflictos en la universidad y en los colegios profesionales (médicos y profesores fundamentalmente), que dibujaban una división profunda en todos los ámbitos de la vida nacional.

Ante tal situación, el presidente decidió tomar, ya en 1973, medidas que sirvieran como vehículos de diálogo y negociación con la oposición democratacristiana, tales como el ingreso de importantes figuras militares al gabinete, representadas por el Comandante en Jefe, general Carlos Prats, y la oferta de realizar un plebiscito para consultar a la ciudadanía en torno a la continuidad del régimen o la convocatoria a nuevas elecciones. A estas medidas siguió un endurecimiento en las posiciones más radicales de la izquierda, que proponían al Primer Mandatario el cierre del Congreso y la utilización de Facultades Extraordinarias para gobernar.

La derecha y algunos sectores de la Democracia Cristiana consideraron la situación insoluble, por lo que decidieron, de forma más o menos abierta, recurrir al recurso del golpe de estado militar contra el presidente Allende. En junio de 1973 hubo un primer intento de golpe, conocido como "El Tancazo": un regimiento de blindados de la capital se alzó contra el gobierno, pero las fuerzas leales, encabezadas por Prats, lograron dominar la situación.

Finalmente, el 11 de septiembre de 1973, el general Augusto Pinochet encabezó un golpe militar, durante el cual bombardeó el palacio de la Moneda, sede del gobierno. El presidente Allende rechazó las exigencias de rendición y murió en el palacio presidencial. En 1990 su cuerpo fue exhumado de la tumba anónima en la que se hallaba, y recibió en Santiago un enterramiento formal y público.


Último Discurso de Salvador Allende, el 11 Sept 1973

Seguramente ésta será la última oportunidad en que pueda dirigirme a ustedes. La Fuerza Aérea ha bombardeado las torres de Radio Postales y Radio Corporación. Mis palabras no tienen amargura sino decepción Que sean ellas el castigo moral para los que han traicionado el juramento que hicieron: soldados de Chile, comandantes en jefe titulares, el almirante Merino, que se ha autodesignado comandante de la Armada, más el señor Mendoza, general rastrero que sólo ayer manifestara su fidelidad y lealtad al Gobierno, y que también se ha autodenominado Director General de carabineros. Ante estos hechos sólo me cabe decir a los trabajadores: ¡Yo no voy a renunciar! Colocado en un tránsito histórico, pagaré con mi vida la lealtad del pueblo. Y les digo que tengo la certeza de que la semilla que hemos entregado a la conciencia digna de miles y miles de chilenos, no podrá ser segada definitivamente. Tienen la fuerza, podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen ni con la fuerza. La historia es nuestra y la hacen los pueblos.

Trabajadores de mi Patria: quiero agradecerles la lealtad que siempre tuvieron, la confianza que depositaron en un hombre que sólo fue intérprete de grandes anhelos de justicia, que empeñó su palabra en que respetaría la Constitución y la ley, y así lo hizo. En este momento definitivo, el último en que yo pueda dirigirme a ustedes, quiero que aprovechen la lección: el capital foráneo, el imperialismo, unidos a la reacción, creó el clima para que las Fuerzas Armadas rompieran su tradición, la que les enseñara el general Schneider y reafirmara el comandante Araya, víctimas del mismo sector social que hoy estará en sus casas esperando con mano ajena reconquistar el poder para seguir defendiendo sus granjerías y sus privilegios.

Me dirijo, sobre todo, a la modesta mujer de nuestra tierra, a la campesina que creyó en nosotros, a la abuela que trabajó más, a la madre que supo de nuestra preocupación por los niños. Me dirijo a los profesionales de la Patria, a los profesionales patriotas que siguieron trabajando contra la sedición auspiciada por los colegios profesionales, colegios de clases para defender también las ventajas de una sociedad capitalista de unos pocos.
Me dirijo a la juventud, a aquellos que cantaron y entregaron su alegría y su espíritu de lucha. Me dirijo al hombre de Chile, al obrero, al campesino, al intelectual, a aquellos que serán perseguidos, porque en nuestro país el fascismo ya estuvo hace muchas horas presente; en los atentados terroristas, volando los puentes, cortando las vías férreas, destruyendo lo oleoductos y los gaseoductos, frente al silencio de quienes tenían la obligación de proceder. Estaban comprometidos. La historia los juzgará.

Seguramente Radio Magallanes será acallada y el metal tranquilo de mi voz ya no llegará a ustedes. No importa. La seguirán oyendo. Siempre estaré junto a ustedes. Por lo menos mi recuerdo será el de un hombre digno que fue leal con la Patria.

El pueblo debe defenderse, pero no sacrificarse. El pueblo no debe dejarse arrasar ni acribillar, pero tampoco puede humillarse.
Trabajadores de mi Patria, tengo fe en Chile y su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo en el que la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor.

¡Viva Chile! ¡Viva el pueblo! ¡Vivan los trabajadores!

Estas son mis últimas palabras y tengo la certeza de que mi sacrificio no será en vano, tengo la certeza de que, por lo menos, será una lección moral que castigará la felonía, la cobardía y la traición.



CHILE Y PINOCHET: EL GOLPE AMPARADO POR NIXON Y LA CASA BLANCA

El laboratorio chileno

Esa diferencia se consolidó por medio de otro factor que hizo de este golpe memorable.
Si bien es cierto que Allende estaba ensayando algo que no se había hecho antes, los que se tomaron el poder también tenían un proyecto nuevo: los llamados "Chicago Boys" llevaron los principios del economista estadounidense Milton Friedman a Chile antes de las experiencias neoliberales o neoconservadoras de las naciones de Occidente.

Los que se tomaron el poder, "tenían un profundo sentido de misión: eliminar el comunismo y crear un nuevo orden, un nuevo Chile", recuerda Alan Angell.

"Pinochet llegó con un plan económico que era casi diametralmente opuesto al de Allende", le dice a BBC Mundo el canadiense Kristian Gustafson.

Las dictaduras – ninguna que se sepa- consideran los males que acarrean en el entorno de los individuos que someten a su implacable acción : hijos que nacen en otras latitudes, que hablan un idioma distinto, que asimilan costumbres diferentes, es decir, que carecen de arraigo-Y, así. desde siempre, incluso en el siglo en que vivimos. Muchos libros se han escrito sobre el tema y no hay cuenta para los que es escribirán, aunque no todos dan un enfoque realista de lo que viven y sufren esos pueblos. Sobre el tema de Allende y la dictadura del innoble Pinochet, en España, pasan del centenar los libros editados.

LOM ediciones, para guiar al lector en el entramado de Milico, del escritor chileno José Miguel Varas, Premio Nacional de Literatura, ilustrando la contraportada, escribió lo que sigue:

“Algunas novelas se desmarcan por haber sabido encarnar la verdad íntima de una época. En ellas la Historia deja de ser mayúscula, se quiebra en historias múltiples y dice la magnitud de lo vivido por todos precisamente a través la vivencia singular. Son novelas generosas, prolijas en personajes, a la vez que ceñidas a un hilo: el del destino que urde cada vida cuando nos tocan tiempos tempestuosos.

Milico es quizás la novela del Golpe. Generosa sin duda, capaz de abrir los brazos a los personajes más dispares: a los ambientes más contrastados -militares y barberos, periodistas y campesinos, hombres y mujeres-. Compleja por su reparo en lo que todos tienen de más contradictorios: desde el milico a la antigua, forjado en la obediencia, que desacata una orden bajo el gobierno de Ibáñez, hasta el verdugo uniformado de los 70 que cree obrar por una sociedad más civilizada; desde el hijo de caballero que deviene en militante comunista hasta la madre que abandona al hijo por otra lealtad más fuerte. Novela increíblemente fina de oído, atenta al canto particular de cada una de sus criaturas, pues en Milico las conversaciones se escuchan, los personajes tienen voz y dejo. Quizás sea esa pluralidad de voces lo que da a Milico su categoría de una novela-mundo que no excluye a ninguna figura, cada cual aquí se encontrará.

Y en esa otra dimensión que es la literatura, escucharse es posible.”

La presencia del dictador Pinochet parece estará presente en Chile por muchos años, no solo por sus crímenes sino por ser el sátrapa más corrupto y cínico, de los que han gobernado en Latinoamérica y porque ha creado un país singular en el mundo entero al darle al territorio de los chilenos una estructura militar.

Patricio Orellana escribió un artículo titulado "La inteligencia militar y las regiones" y dice al comenzarlo: "Chile es el único país del mundo que reconoce sus regiones por las denominaciones ¡Primera! ¡Segunda! ¡Tercera! ¡etc! Igual como ellos designan a sus divisiones de mando militar.

Pero, lo curioso es que los políticos que han gobernado a Chile, desde la caída del honrado general Augusto Pinochet Ugarte, su nombre como militar, no han demostrado mayor preocupación por dejar que viva su recuerdo con esto de las regiones: nada hizo el ex Presidente Lagos y, según ha comentada a su paso por Madrid, la actual mandataria tampoco borrará el recuerdo la dictadura, porque mantendrá la numeración de las provincias chilenas. Además, ella, durante la ceremonia de transmisión del mando, escuchó el himno nacional, que dice "que Chile será de los libres o el asilo contra la opresión"- con el estilo de Bush, es decir, con la novedad de llevar su mano derecha sobre el corazón.