¿POR QUÉ ESCRIBIMOS?

AL NO PODER ACEPTAR QUE SOMOS LIBRES EN JAULAS, NOS MOVEMOS EN MUNDOS DE PALABRAS QUERIENDO SER LIBRES

TRADÚCEME

COMPAÑEROS DE LUCHA EN PLUMA AFILADA

AVISO TODOS LOS TEXTOS ESTÁN REGISTRADOS

Blog bajo licencia Creative Commons

Licencia de Creative Commons

TODOS LOS TEXTOS ESTÁN REGISTRADOS

POEMAS, CUENTOS Y ESCRITOS REVOLUCIONARIOS DE DANIEL FERNÁNDEZ ABELLA is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License. Para utilizar primero y siempre sin ánimo de lucro ha de consultar al autor. Daniel Fernández Abella todos los derechos reservados.

Mostrando entradas con la etiqueta Latinoamérica. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Latinoamérica. Mostrar todas las entradas

miércoles, 11 de junio de 2025

TEMA 2: EL NEOLÍTICO EN ASIA, ÁFRIA, AMÉRICA Y OCEANÍA

 ASIA

Asia occidental y las regiones loéssicas de la gran llanura central de China son los centros originarios de la primitiva actividad agrícola. En la primera de ellas hay, desde el 7.000aC, una agricultura de trigo y cebada, junto con cría de ovejas, cabras y ganado vacuno, que se extenderá hasta el oeste de Pakistán un milenio después.
 
El desarrollo cultural del sureste asiático, Corea y Japón estuvo vinculado al de China,en la India las influencias básicas provienen de Asia occidental y central. En Japón se desarrolló el período conocido como Jomón, con pueblos básicamente cazadores y recolectores, pero que cultivaban plantas como la calabaza, aunque la transición a la agricultura tendría lugar mucho más tarde con el cultivo del arroz. Cazadores y recolectores habitan, hasta cerca del 4.000aC, la mayor parte de la India y el sureste de Asia.
  • China
La transición entre la anterior etapa mesolítica y el neolítico chino, entre el 10.000 y el 2.000aC, es poco conocida. El comienzo de la agricultura en China se sitúa a principios del Holoceno, pero sin pruebas de domesticación animal a excepción de la gallina. Existen dos grandes zonas: el norte de China (valle del río Amarillo o Huang-He), y la China del sur (valle del río Yangtsé).
 
El norte de China proporciona unas tierras áridas y secas adecuadas para el cultivo del mijo. Los datos arqueológicos más antiguos son del VI milenio aC (6.000-5.000aC), con restos de mijo en las culturas de Peiligang en el Henan central y la cultura Cishan más al norte.
 
A partir del 5.000 y hasta el 3.000aC aparece la cultura de Yangshao, la mejor definida de esta zona. En la misma zona del valle medio del río Amarillo aparece la cultura de Longshan, en muchos casos superponiéndose a la de Yangshao.
 
En el nordeste de China aparece una cultura relacionada con la llanura central,constituida por grupos con economía mixta de caza, pesca y cría de ganado, y un papel casi inexistente de la agricultura, útiles microlíticos de piedra y cerámicas pintadas de tipo Yangshao. La cultura más antigua es la de Xinle, que se desarrolló en la Mongolia interior y el sur de la cuenca de Manchuria entre el 5.500 y el 2.500aC.

Hay aldeas pequeñas con casas semi excavadas rodeadas de fosos para almacenamiento del grano y existen también vasijas grandes para conservar maíz. En la cultura de Yangshao los asentamientos están generalmente ubicados en el curso medio del río Amarillo, con casas de planta circular, ovoide y/o cuadrada, semiexcavadas, pero también sobre el suelo y construidas con madera, paja y barro. Los suelos son de tierra batida, aunque hay algunos enlucidos.
 
Los asentamientos de la cultura de Longshan se ubican en cerros o colinas, y se conserva una muralla de tierra apisonada en Chengziya (Shandong).
 
En el sur de China hay influjos del norte, con una diferencia con respecto a éste en cuanto a modos de subsistencia que es el cultivo del arroz. Los yacimientos, en menor número, abarcan una cronología desde el 5.000 al 4.700aC. El yacimiento más importante es Hemudu, ubicado en una zona de marismas ideal para el cultivo del arroz.
 
Al norte del río Jiangsu aparece la cultura de Qingliangang, heredera de Hemudu. Y enlas provincias costeras de Shandong y Zhejiang la cultura de Majiabang.
 
En la costa oriental china, la cultura de Dawenkou en el punto de confluencia entre el norte y el sur de China. En ella encontramos adornos de piedra, jade y hueso, cerámica,enterramientos con ajuares y hábitat con murallas entre el 4.500 y el 2.700aC.
 
Las regiones más al sureste de China aparece la cultura de Baiyang, con una economía mixta de agricultores sedentarios de arroz y otros cereales, cría de ganado, caza y pesca. En el Tíbet, la cultura de Karuo con cultivo de mijo, cría de cerdo doméstico y restos de caza, con casas semisubterráneas de piedra, junto a cerámica incisa, impresa y con relieves, microlitos de piedra tallada y utillaje en piedra pulimentada.
 
Las casas son sostenidas por pilotes, construidas en madera. En el Tíbet aparecen casas semisubterráneas de piedra.
 
En algunos asentamientos del VI milenio aC en China hay enterramientos infantiles en vasijas de cerámica entre las casas. En la cultura Yangshao aparecen recipientes cerámicos con maíz en su interior como ajuar en los enterramientos.
 
La subsistencia de los grupos neolíticos chinos se basó en la agricultura y La domesticación animal. En las zonas septentrionales predominó el mijo, y desde el III milenio aC en la cultura de Longshan aparecen el trigo y la cebada junto a la col, la legumbre más antigua documentada en China. En el sur el arroz es el cultivo básico. Existen cerdos y perros domésticos.
 
La cultura material en China está representada por hoces y algunos microlitos en piedra tallada; molinos con tres o cuatro pies y azadas de piedra pulimentada; algunos útiles óseos, a veces decorados; y cerámica a mano con formas de platos, escudillas o jarras, y decoración incisa, impresa y cordada con motivos geométricos. En el Sur de China se usan una especie de hoces para el cultivo del arroz fabricadas en omóplatos de búfalos acuáticos,arpones y puntas de flecha y objetos de madera.

  • Sureste Asiático
En el Sureste Asiático los yacimientos más conocidos han aparecido en Tailandia. Se cultivó el arroz al noroeste de Tailandia en torno al 3.000aC, junto con cría de cerdos, perros,aves de corral y ganado vacuno. Desde el 2.500 aC los agricultores se extendieron por la península del sur de Tailandia hasta Malasia, dejando restos de cerámica cordada, a menudo con pedestales o trípodes de patas huecas.
En Indonesia y Filipinas las sociedades agrícolas aparecen con cronologías más tardías cuanto más al sur. Entre el 3.000 y el 2.000aC los agricultores del sur de China colonizan Taiwán.
 
Del sureste asiático se conservan concheros en la costa o en los estuarios de los ríos, y también cuevas y abrigos. En Taiwán las casas están construidas sobre el suelo, son de planta rectangular con muros de piedra trabada en seco y tienen almacenes subterráneos.
 
En el Sureste Asiático los enterramientos tienen ajuares de gran riqueza. En una necrópolis al este de Bankok usada entre el 2.000 y el 1.500aC, los inhumados aparecen envueltos en un tejido, con ocre rojo y ajuar consistente en cerámica, adornos de concha,azuelas de hueso, cazuelas de piedra y ofrendas de arroz. Al sureste de Taiwán aparecen enterramientos bajo el suelo de las casas, con inhumaciones individuales en fosas revestidas con losas de pizarra y con ajuares en jade de una datación ya del año 1.000aC.
 
En las islas del Sureste Asiático hay pocos restos de actividades agrícolas, pero parece que cultivaron arroz, ñame, caña de azúcar, cocos, y pocas veces mijo.
 
En el Sureste Asiático la introducción de la cerámica bruñida con decoración incisa y cordada es hacia el 6.000aC en el continente, y en las islas en torno al 2.500aC.
  • Subcontinente Indio
En el subcontinente Indio la neolitización comienza con las comunidades mesolíticas de las regiones del noreste y centro de la India, que llevarán a cabo las primeras prácticas agrícolas y ganaderas, asentándose en pequeños poblados permanentes.


Entre el 4.000 y el 2.000aC se producen cambios importantes en el subcontinente indio, parece que hacia el año 3.000aC hay una economía pastoril de vacuno desde Rajastán hasta el oeste y el centro de Decán, y tras estos pastores primitivos aparecen los primeros agricultores del noroeste de la India. Hacia el 2.500aC se produce un cambio importante con la cultura de Harappa.

Las comunidades mesolíticas que iniciaron el Neolítico en India se asentaron en pequeños poblados permanentes. Aparece un relevante grupo de aldeas, con el yacimiento de Mehrgarh como más representativo, ubicado en una terraza del río Bolan, con la cronología más elevada de todo Asia, el VII milenio aC. Tiene casas construidas con ladrillos de adobe y revestimientos de barro, al interior y al exterior, de planta cuadrada y compartimentada en dos o tres piezas, con ventanas y techumbre de vigas de madera cubiertas de ramas, barro y paja. También hay silos y un foso de protección en cuyo exterior
se encontraron hornos domésticos, y una necrópolis. Parece posible que existiera una organización social avanzada y una clase artesanal.

 

En Mehrgarh hay sepulturas de inhumación en fosa dentro del poblado con el cadáver flexionado y ajuar a base de objetos líticos y cuentas de collar en hueso, concha y piedra caliza.

En la India aparecen especies de animales domesticables como la oveja, la cabra, el buey y restos salvajes de trigo y cebada.

La cultura material de la India del Neolítico se reduce a cerámicas de cuerdas y cuentas de collar de hueso y de terracota.


  • Japón
Japón fue ocupado desde el 10.000aC, algunos creen que desde milenos antes, posiblemente desde finales del Paleolítico y durante el Mesolítico y Neolítico hasta el 300aC, por la cultura de Jomón. Su nombre se debe a las cerámicas de marcas de cuerdas encontradas en el conchero de Oomori, y que posiblemente son las más antiguas del mundo. Tuvieron una  economía de caza, pesca y recolección, así como una agricultura de cereales bastante primitiva.
 
De la cultura de Jomón se conservan despensas subterráneas. En torno al II milenio aC vivían en pequeñas aldeas ubicadas cerca de fuentes de agua y constituidas por chozas bastante grandes semiexcavadas, de planta circular y sobre todo rectangular, con estacas que sostienen una techumbre de ramas o caña, que se conocen como "viviendas de pozo". Existen hogares fuera de ellas, y con frecuencia las casas se reconstruyen unas encima de otras, e incluso se usan de basureros una vez abandonadas. En etapas más avanzadas las casas son circulares y tienen hogares en el interior.
 
Los enterramientos neolíticos japoneses aparecen casi siempre en las proximidades de los lugares de habitación. En las fases finales hay un intento de organización en necrópolis. La posición del cadáver es generalmente flexionada, pero también de lado, espaldas o boca abajo, y a veces la cabeza se cubre con una vasija, o se coloca una gran piedra sobre el inhumado. Los ajuares son muy escasos y se limitan a brazaletes de piedra y pendientes.
 
La cultura de Jomón comenzó con una economía basada en la caza de ciervo y jabalí, pesca de salmón y crustáceos, recolección de frutos y los primeros cultivos como el mijo, la cebada y el trigo procedentes de China.
 
En Japón existe la cerámica y el tejido de telas. La cerámica de Jomón se decora a base de impresiones de cuerdas en la arcilla blanda sin cocer. (Jomón significa "vasija de cuerdas").

  • Corea
Los primeros agricultores de Corea cultivaron mijo en torno al 3.000aC, así como cebada y trigo. Destaca la cultura de Chulmún, que ocupan la península coreana desde el 6.000 al 1.500aC, con asentamientos en zonas costeras o en las orillas de los ríos.

En Corea la base económica era la caza y la recolección, con restos de pesca, crustáceos  y caza de ciervos y jabalíes y recolección de nueces.


ÁFRICA
 
En torno al 4.000 aC se producen cambios medioambientales que llevan a los cazadores-recolectores a convertirse en agricultores y pastores. A estos cambios habría que sumar un gran crecimiento demográfico. Todo esto dará lugar a un Neolítico con personalidad propia durante bastante diferente al de otros continentes.

Muchos cultivos como el ñame, el cacahuete, la espadaña y algunos tipos de mijo son originarios de África, y posiblemente se cultivaron por primera vez en este continente.
 
También es probable que la domesticación del ganado vacuno tuviese lugar en fechas tempranas en los desiertos del norte de África.
 
El proceso de neolitización se inicia en la región noroccidental, entre el 7.000 y el 5.000aC, y culmina a comienzos del siglo I dC en el extremo sur del mismo. Hay dos aspectos a tener en cuenta: 1) en el valle del Nilo (Egipto y Sudán) hubo contactos externos o llegadas de nuevas gentes; 2) se considera posible una evolución autóctona, de algunos grupos mesolíticos en regiones del interior del Magreb y el Sáhara.
 
En África se distinguen tres grandes áreas para el estudio del Neolítico: el Norte (Valle del Nilo, Egipto, Sudán, Magreb y Sáhara), África Oriental y África Occidental.


NORTE DE ÁFRICA
 
Dominado por el clima mediterráneo con inviernos lluviosos y veranos secos y cálidos, condiciones muy adecuadas para el cultivo de los cereales que fueron la base de la economía neolítica, el trigo y la cebada. Los yacimientos agrícolas más antiguos conocidos están en el Valle del Nilo y el Sáhara, que entre el 10.000aC y primeros siglos del 4.000aC, contenía regiones bastante húmedas con algunos lagos y charcas.
 
En torno al VI milenio aC los grupos mesolíticos comienzan a desarrollar una economía de producción, dando lugar a diferentes grupos culturales.
 
El Valle del Nilo recibe gentes del exterior que desarrollaron las culturas de Fayum en el oasis del mismo nombre, y de Jartum o Shaheinab en el Nilo medio, en Sudán.
  • Cultura de Fayum
Los yacimientos representativos son el de Fayum y el de Merimda Beni. Se trata de la primera cultura neolítica de la región, fechada en mediados del V milenio aC. Son evidentes en ella las influencias de dos áreas diferentes: del Sáhara provienen las hachas y gubias en piedra pulimentada y las cáscaras de huevo de avestruz, junto con algunas decoraciones cerámicas; del área levantina del Próximo Oriente llegarían las puntas de flecha con aletas en piedra tallada, algunos útiles en piedra pulimentada, la ganadería de ovicápridos, la agricultura de cebada, trigo y lino, y posiblemente también el tejido y el hilado.
 
En el oasis de Fayum hay restos de asentamientos grandes, con población en torno a doscientas personas según se cree por el tamaño de los silos. Están formados por cabañas de madera con hogares en el interior, y silos, generalmente concentrados, lo que ha hecho pensar en que fueron comunales, fechados en torno al 3.850aC. Su base económica era mixta, conservando pesca y caza, incluso de animales como elefantes e hipopótamos, cría de bóvidos, cerdos y sobre todo ovicápridos, y cultivo de trigo y cebada. En la cultura material hay puntas de flecha bifaciales de base cóncava y restos de piezas de hoz en piedra tallada; molinos, hachas, arpones y punzones óseos y cerámica de formas simples, lisa y en ocasiones bruñida.
 
Se han establecido dos fases para esta cultura: entre 4.450 y 3.550aC, con una industria de lascas y útiles bifaciales; y entre 3.550 hasta 2.850aC con industria laminar y microlaminar, que podrían ser grupos llegados del Sáhara oriental.
 
Merimda Beni, ubicado en el delta del Nilo, pudo tener hasta dos mil habitantes. Con una cronología entre 3.950 y 3.450aC. Las primeras casas son cabañas de madera, y posteriormente se construyen en adobe, con planta ovalada de entre uno y medio y tres metros, semiexcavadas y con acceso por la parte superior. Entre ellas aparecen sepulturas sin ajuar. La cultura material es similar a la de Fayum, salvo algunas cerámicas nuevas como vasos con pie y geminados y decoraciones incisas, y unas toscas estatuillas humanas. En la fase final, que enlaza con el predinástico, se advierte cierta diferenciación social con casas de distinto tamaño y graneros dentro de ellas.

  • Cultura de Jartum o de Shaheinab
Se desarrolla en el valle medio del Nilo, en Sudán, entre finales del V milenio hasta los dos primeros siglos del IV milenio aC. Esta cultura está relacionada con una tradición mesolítica local y con el Sahara. Los yacimientos son algo más tardíos que los egipcios y están localizados en las cercanías de Jartum.
 
La economía se basa en la pesca y la caza, la recolección de vegetales y la cría de ovicápridos y bóvidos. Hay diferencias entre los yacimientos: pequeños y dedicados a la pesca con muchos arpones y microlitos cerca del Nilo; y grandes lejos del Nilo con mayor consumo de vegetales y la existencia de morteros y cerámica. Algunos ven esta diferencia en un modelo de ocupación cíclico. Hay indicios de estratificación social con algunos ajuares muy ricos con cerámicas "de lujo", conchas del mar Rojo o amazonita del Sahara.
 
La cultura material tiene microlitos geométricos y gubias en piedra tallada y otras en pulimentada, morteros, arpones en hueso, anzuelos de concha y cerámica fina y bruñida, incisa e impresa, con algunos vasos de borde negro al final de la etapa.
 
El tamaño de los asentamientos va disminuyendo hasta que desaparecen en el Neolítico final.
 
  • Magreb y Sáhara
La primera colonización del Sahara de la época postglaciar se produce sobre mediados del IX milenio aC (≈8.500aC), aparecen microlitos en campamentos provisionales de cazadores y recolectores de gramíneas. A comienzos del VII milenio (≈7.000aC) empiezan a elaborar cerámica decorada con la espina del barbo, formando líneas onduladas, que se difunde rápidamente hacia el este (Nilo y valle del Rift) y el oeste (río Níger), por medio de pastores nómadas. No hay prácticamente urbanismo hasta el I milenio aC, con la expansión de los bantúes hacia el centro y sur de África. Hay magníficas representaciones de arte rupestre.
 
Aparecen tres grupos neolíticos en esta zona: el Neolítico Mediterráneo en la zona costera del Magreb; el Neolítico de tradición capsiense en el interior del Magreb y bajo Sahara; y el Tenereense en el Sahara Central. Todos presentan aspectos comunes como la continuidad de la caza, y en menor medida la pesca, una economía pastoril y un utillaje en piedra tallada y pulimentada bastante similar, así como cerámicas incisas e impresas.

  • Neolítico Mediterráneo
Los yacimientos más representativos son la Cueva de Oued Guettara cerca de Orán sobre el 4.900aC, y el "cementerio de los escargots". Cuentan con industria lítica post iberomauritana.
 
Se aprecia una relación con pueblos mediterráneos europeos, prueba de ello serían los hallazgos de obsidiana procedente de las islas Lipari y Pantelleria, en el sur de Italia en yacimientos de Túnez y Argelia oriental, así como presencia de cerámica cardial en el norte de Marruecos.
  • Neolítico de tradición capsiense
Se da al sur del actual Túnez, ocupando regiones del Atlas, el bajo Sahara y zonas interiores del Magreb. Se aprecia una continuidad de fuerte componente microlítico capsiense. Los rasgos neolíticos se acentúan cuanto más al sur, pero las fechas más antiguas de domesticación animal se dan en el norte (Libia y norte de Argelia), debió comenzar con los ovicápridos procedentes de Oriente Próximo.
La cultura material cuenta con puntas de flecha bifaciales y piezas de piedra pulimentada. También cuentan con una abundante industria ósea con agujas de coser, aunque sin arpones. La cerámica es escasa. Hay numerosos recipientes y adornos en cáscaras de huevo de avestruz y cuentas de collar en caparazón de tortuga. El yacimiento más representativo es Ain Naga en el Atlas con la cronología más antigua para este área (≈5.550aC).
  • Tenereense 
En el Sahara central, al norte de Níger, y se extiende hasta el Chad por el este, y hasta el sur de Argelia. Su datación está comprendida entre el 3.850aC y el 2.450aC. (yacimiento de Adrar Bous). Entre sus útiles destacan los realizados en sílex y en jaspe verde volcánico, puntas de flecha bifaciales de forma triangular y de base cóncava, perviven microlitos geométricos y puntas de dorso. En piedra pulimentada aparecen hachas de tipos diversos, azuelas, molederas y discos planos, y la cerámica presenta formas esféricas y cuellos cilíndricos, con decoraciones incisas e impresas. Son muy relevantes las manifestaciones de arte rupestre y mobiliar, en piedra, con figuras animales y antropomorfas, destaca el arte de Tassili.
yacimiento de Adrar Bous

 
ÁFRICA ORIENTAL
 
Abarca toda el área africana al sur del Sahara. El Neolítico se origina aquí por contactos con los grupos de pastores que emigran hacia el sur a medida que se produce la desecación del Sahara. Las fechas van desde los comienzos del IV milenio aC y la segunda mitad del II milenio aC (≈4.000-1.500aC). Hay pocos yacimientos, pero suficientes para definir una cultura llamada Neolítico Pastoral, que ocupa la zona de los lagos de Kenia y el norte de Tanzania. Etiopia jugó un papel importante en la difusión de la agricultura. Existen restos de cebada y guisantes en la Cueva de Lalibea de mediados del III milenio aC, y ganadería de bóvidos en zonas del lago Besaka desde comienzos del IV milenio aC.
 
En los yacimientos del Neolítico Pastoral no hay pruebas de cultivo de plantas, aunque es casi seguro que recolectaban las silvestres hasta la Edad del Hierro, como lo prueba la existencia de morteros. La fecha más antigua para una variedad doméstica es del 1.200aC para el mijo.
 
Se conocen yacimientos con útiles líticos de obsidiana, lascas y hojas, cerámica y recipientes de piedra pulimentada, sobre todo cuencos y platos, generalmente procedentes de enterramientos.
 
Se han propuesto tres fases: inicial, evolucionado y final. Con diferenciasfundamentalmente en la cerámica. La inicial estaría formada por grupos cazadoresrecolectores que ocasionalmente tenían pequeños rebaños domésticos, la segunda laganadería sería su base de subsistencia y tendrían grandes poblados, y en la final parecehaber regresión, con poblados de nuevo pequeños.


ÁFRICA OCCIDENTAL
 
Existen restos de microlitos y cerámica y hachas o azadas de piedra pulimentada entre el V y el IV milenio aC, lo que parece indicar la existencia de grupos de pastores o agricultores.
 
Pero de momento la presencia de animales domésticos tan sólo se ha podido documentar desde mediados del III milenio aC (≈2.500aC), y de plantas domésticas a partir del 1.200aC.
 
La primera cultura neolítica que se da en esta zona es la cultura de Kintampo. Se desarrolla en Ghana, Costa de Marfil y Togo en torno al 1.650aC.
 
Hay indicios de sedentarización, con pequeños asentamientos, constituidos por viviendas construidas con bloques de piedra unidos con barro. La cerámica es abundante, con cuencos decorados, y los útiles líticos son puntas de flecha de base cóncava de influencia sahariana. También hachas pulimentadas en piedra metamórfica verde, de pequeño tamaño.
 
La economía estaba basada en ovicápridos y ganado vacuno, así como agricultura de guisante y recolección de mijo y sorgo.
 
Se constata, por la presencia de materias primas y objetos manufacturados, la existencia de un intercambio a larga distancia. La cultura de Kintampo tiene su fase final en torno al 1.050aC.

 
AMÉRICA
 
En torno al 10.000aC los grupos recolectores se vieron obligados a especializarse tras las transformaciones climáticas del Holoceno, pasando a una protoagricultura, con caza y pesca como actividades complementarias. Dos mil años después hay indicios de calabazas cultivadas en México, y posiblemente patata al norte de Bolivia. Entre el 7.500 y el 6.200aC aparecen fríjoles domésticos al norte de Argentina.
 
La planta doméstica más importante de América es el maíz, siendo el más antiguo de en torno al 4.300aC. En el llamado período arcaico (4.500-2.500aC) se produce la transición hacia la plena economía agrícola.
 
La domesticación de animales en la zona central de los Andes se inicia con la llama y la alpaca a mediados del V milenio aC, pero aún son animales semidomésticos hasta un milenio después.
 
El proceso urbano es tardío, siendo los poblados permanentes más antiguos Puerto Charco y Puerto Hormiga en Colombia, y Real Alto y Loma Alta en Ecuador, datados entre mediados del V y del IV milenios aC. En Mesoamérica no aparece urbanismo hasta mediados del II milenio aC, y en Norteamérica aparecen los grandes túmulos del Mississippi antes del 4.000aC., pero su carácter urbano no queda claro.
 
Podemos establecer tres grandes áreas con manifestaciones diferentes para el Neolítico americano: Mesoamérica, Sudamérica y Norteamérica.
 
MESOAMÉRICA
 
Está limitada al norte por los desiertos de Sonora y Sinaloa, y al sur por Honduras y el Salvador. En este área se conoce muy bien el paso de la recolección a la agricultura. Tehuacanes el yacimiento donde se han obtenido las secuencias más completas. Posiblemente desde mediados del IX milenio (≈8.500aC) existían campamentos y cuevas que eran el hábitat de gentes recolectoras y con caza menor. Para esta zona se han distinguido cuatro fases:
  • Fase de El Riego. (7.000-5.000aC)
En torno al 7.000aC se inicia la secuencia del denominado período arcaico, con la fase de El Riego que durará dos milenios, con grupos nómadas que tienen morteros variados y manos de moler en piedra pulimentada. Aparecen restos de semillas de aguacate, amaranto,algodón y nueces
  • Fase Coxcatlán. (5.000-3.200aC)
En esta fase existe maíz doméstico, cultivo de chile, calabazas, aguacate y amaranto, y asentamientos no permanentes aunque sí más prolongados, con viviendas semiexcavadas en el suelo.
  • Fase Abejas. (3.200-2.300aC)
Ya aparecen poblados y pequeñas aldeas de gentes sedentarias que incorporan nuevos cultivos, vasijas de piedra y cuchillos de obsidiana.
  • Fase Purrón. (2.300-1.500aC)
Aparece la cerámica con formas globulares y base plana y figurillas en barro. Las casasson chozas de barro y paja, hay perros y pavos domésticos. Se documentan sistemas de irrigación, canales y terrazas, un crecimiento demográfico, excedentes alimenticios, grandes poblados con centros ceremoniales, complejidad social y jerarquización, y el establecimiento de rutas comerciales de materias exóticas.
 
SUDAMÉRICA
 
El Neolítico en Sudamérica se desarrolla principalmente en el área andina, fundamentalmente Perú y Ecuador, aunque también en Colombia y norte de Argentina.
 
El período arcaico andino comienza en torno al 7.000aC hasta mediados del III milenio aC, con las evidencias más claras de domesticación de plantas en torno al V milenio aC, una agricultura que en los primeros momentos complementó a la caza, pesca y recolección. El maíz y la quinoa se documentan a mediados del V milenio aC, así como la papa, cuyo origen se cree que está en la zona del lago Titicaca. Un milenio después aparecen nuevos cultivos y técnicas, así como producción de excedentes que posiblemente están en la génesis de los asentamientos del período formativo, etapa que se inicia con la aparición de la cerámica.
 
Los primeros recipientes que son de almacenamiento y transporte aparecen en lasregiones andinas septentrionales a finales del IV milenio aC en yacimientos con una baseeconómica agrícola-ganadera. Posteriormente hay otras formas ya decoradas con incisión,pintura y modeladas que darán paso a vasijas antropomorfas y zoomorfas que preludian lasprecolombinas. La cerámica de Valdivia (Ecuador) se considera la más antigua del continente,es similar a la japonesa de Jomón y da nombre a una cultura de genes que tenían una economía diversificada con caza, pesca, recolección de plantas y cultivo de maíz, con el yacimiento de Real Alto como más representativo, con fechas desde el IV hasta el II milenio aC, momento en el que aparece un edificio religioso o ceremonial que se considera el más antiguo de Sudamérica. El asentamiento tiene unas ciento cincuenta casas comunales alineadas en torno a una plaza o espacio central con dos montículos enfrentados, ovales, con los suelos a veces cubiertos de conchas marinas. Se documentan materiales fruto de intercambios a larga distancia, como obsidiana y las conchas.
 
Otro yacimiento importante es el de Huaca Prieta en Perú, que fue ocupado desdemediados del III milenio hasta el 1.200aC, y que conserva restos de más de cien viviendasconstruidas a base de cantos rodados trabados con barro, y un gran muro de contención.
 
Durante el I milenio aC se perfecciona la agricultura peruana y llega a las tierras altas.
 
Entre el 2.250 y el 1.320aC se desarrolla la Cultura de Machalilla, que supone la transición del período formativo al tardío y que tiene cerámicas decoradas con motivos geométricos y antropomorfos.
 
En el noroeste de Argentina aparece la Cultura de Aguada, de la que se han establecido tres fases. Las dos primera se caracterizan por una cerámica monocroma conocida como"estilo la Ciénaga", y la tercera es ya una fase con metalurgia y cerámica policroma. Tienen agricultura de maíz y poblados de cabañas circulares bien organizados, y de la fase reciente son unas fortificaciones que reciben el nombre de Pucará en Argentina.

La periferia andina abarca una enorme zona que engloba las tierras bajas tropicales de la cuenca del Amazonas y el Escudo brasileño. La transición de la caza y recolección a una agricultura se produce aquí entre el 4.000 y el 2.000aC, y es consecuencia de la evolución de los pueblos conocidos como "forrajeros" de los que se conservan restos desde dos milenios antes en cuevas de Brasil y Venezuela. La transición se puede rastrear en concheros de la desembocadura del Amazonas y el Orinoco.



NORTEAMÉRICA
 
Después del repliegue glaciar, con climas más suaves hacia el 8.000 aC la caza mayor nómada es sustituida por la de animales pequeños y un aumento de recursos vegetales,constituyendo la etapa arcaica hasta aproximadamente el 1.000aC, y se caracteriza por grupos seminómadas con caza y recolección intensivas incluidas especies marinas y lacustres. Hay utillaje en piedra, hueso, arcilla y concha, y de este período son las primeras sepulturas conocidas, en muchas ocasiones con ocre rojo.
 
La zona del Suroeste, que comprende Arizona, Nuevo México, parte de Utha, Colorado y California, para el período arcaico (7.000aC-1.000dC), comprende tres zonas culturales: Mogollón, Hohokam y Anasazi.
  • Mogollón
Hay asentamientos sedentarios de casas pequeñas y chozas, semiexcavadas y de planta oval o circular, un poco después rectangular y, a partir del 1.000dC, son ya casas de varias habitaciones y sobre el suelo, con recipientes y hoyos dentro y fuera de las casas en donde también enterraban a sus muertos, en posición flexionada y con ajuar cerámico. Hay metates(morteros de piedra de forma rectangular) en piedra volcánica (granito o barro cocido). Las manos de mortero se llaman metlapilli. Cuentan con una cerámica llamada de "mimbres" por sus complicados dibujos geométricos pintados sobre la arcilla, que posteriormente incluirán motivos zoomorfos.

  • Hohokam
Hay dudas de la fecha de su origen, pero comparte características al principio con Mogollón. Las fechas que se barajan como comienzo varían desde el 1.400 aC, al 300 aC o el 100 aC según los autores. Se desarrolla en el desierto de Sonora en el sur de Arizona. Existen cientos de kilómetros de canales de riego. Son expertos agricultores que recogen dos cosechas anuales, con casas al principio de adobe y de planta cuadrada plurifamiliares, y más tarde unifamiliares con plantas ovaladas y rectangulares. Los enterramientos son en fosas cubiertas con tierra y grava, y en ocasiones en tinajas, y el rito de la incineración. Hay figurillas de arcilla y la cerámica es clara, pintada de rojo con motivos geométricos y posteriormente antropomorfos.
  • Anasazi
Ocupan Arizona, Nuevo México, algunas regiones de Utha y Colorado. Los primeros poblados aparecen en torno al siglo II aC. No tienen cerámica pero sí una magnífica cestería,por lo que también se les conoce como Cesteros. A esta cultura le siguen las etapas de Pueblo (I-IV) ya desde el siglo VIII dC con poblados con casas de varios pisos que albergan hogares en su interior y en algunos casos depósitos subterráneos a modo de grandes cistas. También hay caza, recolección y cultivo. Los poblados están construidos con piedras, como el de Pueblo Bonito, con una planta en forma de D con grandes muros curvilíneos y una muralla de cuatro pisos que lo rodea, un patio central, almacenes y hasta ochocientas estancias.


Tradición del Desierto del Oeste
 
Se da en la zona de la costa noroccidental y California. Son cazadores-recolectores nómadas o seminómadas. Se conservan piedras de moler, puntas arrojadizas y objetos en hueso, madera y fibras vegetales. Tienen una magnífica cestería. Las casas son de madera, semiexcavadas, y en la costa con cubierta a doble vertiente, y la cerámica se introduce por el suroeste.
 
Zona del Este
 
Comprende la zona entre las montañas Rocosas y el Atlántico, desde el sur canadiense al golfo de México. Se dan dos áreas: los bosques orientales y las llanuras. En los primeros, a los cazadores-recolectores del período arcaico les siguen cultivos hortícolas del I milenio aC, y la verdadera agricultura desde finales de éste. La cerámica aparece en torno al 2.000 aC, no se puede asegurar que fuera un invento local o una importación de Mesoamérica. Hasta el 1.700 dC se han establecido cuatro etapas: Túmulos I y II y Templos I y II. En Túmulos Aparecen las primeras sociedades mixtas de cazadores-recolectores y cultivadores de maíz, en Templos I aparecen los primeros asentamientos agrícolas estables.
 
En el valle de Ohio aparece la Cultura de Adena, y la continúa la Cultura de Hopewell,extendiéndose ésta hasta Mississippi y Minesota, la cultura del Mississippi ya cuenta con verdaderas ciudades con fortificaciones.
 
Región del Ártico y Subártico
 
En este área hay restos de presencia humana desde el 9.000aC, y un mesolítico que se desarrollaría entre el 4.000 y el 3.000aC. En el I milenio aC se inicia la tradición esquimal con yacimientos como Ipiutak en Alaska con más de seiscientas casas de madera que no superan los seis metros cuadrados y están alineadas, y enterramientos en sarcófagos de troncos con muy poco ajuar. Se dedican a la caza y a la pesca, con arcos y lanzas, redes y anzuelos. 

OCEANÍA
 
Oceanía se habitó desde hace 30.000 años, primero Nueva Guinea y Australia y luego las islas de Nueva Bretaña y Nueva Irlanda. Pero no será hasta el 2.000 aC cuando se colonizan las islas remotas de Nueva Caledonia, Islas Fiji, Hawai, Nueva Zelanda y la isla de Pascua. Lo Más representativo del período que nos ocupa es la producción de hachas de piedra pulimentada, el desarrollo agrícola y la elaboración y gran difusión de cerámica.
 
Los cambios que se producen en estas regiones se originan de manera autóctona, eso no quiere decir que no existieran contactos con el sureste asiático.
  • Australia
En el interior del continente, hacia el 10.000 aC, los asentamientos se concentran básicamente a lo largo de las vías fluviales, zonas en las que se recogían semillas de mijo silvestre. Existen inhumaciones y cremaciones, y en torno al IV milenio aC aparecen el arte rupestre y nuevos tipos de armas. Dos milenios después se produce un crecimiento demográfico con asentamientos que pueden tener hasta setecientos habitantes que se alojan en casas redondas de piedra. Parece probable la existencia de rituales. Sin embargo, no había agricultura.

  • Nueva Guinea
La información más antigua sobre agricultura en estas zonas se obtuvo en el yacimiento de Kuk, en una zona pantanosa, que conserva restos de huertos y sistemas de drenaje de 9.000 años de antigüedad. Se conservan zanjas de hasta dos kilómetros de longitud y tres metros de profundidad, una de ellas fechada en el 7.000aC por C14. Con respecto a los animales apenas hay datos, pero algunos creen que el cerdo pudo llegar antes del VIII milenio aC. Hay cerámicas lisas, incisas o con bordes dentados en Ramu; y entre el 4.000-700 aC,incisas con líneas onduladas en la cueva de Seraba. Una compleja red de intercambio de obsidiana procedente de Manus, en Papúa.

  • Oceanía Remota
En las islas menores se ha identificado un tipo cerámico que ha dado nombre a una cultura: Lapita, con los primeros yacimientos en la isla Watom, al norte de Nueva Bretaña. La aldea mejor estudiada es Nenumbo, en la isla de Ngava. Los yacimientos aparecen por lo general en espacios abiertos en el interior o bien en las regiones costeras. Estas gentes fueron sin duda los primeros colonizadores de estas islas y es casi seguro que llegaron a América del Sur, y que sus descendientes lo hicieron a Hawai, isla de Pascua y Nueva Zelanda.

Las casas se construían con estacas de las que se conservan los hoyos y paja, y poseían hogares de piedra, hornos de tierra y fosos subterráneos para almacenamiento. En Nenumbo aparecen restos de lo que debió ser una construcción de siete por diez metros, en el centro de la aldea, rodeada de otras más pequeñas. Hay restos de cerdos, perros y gallinas domésticos.

La cerámica es hecha a mano y está mal cocida con formas de jarras, cuencos y platos,decorada con motivos geométricos impresos en la arcilla blanda. También la hay lisa e incisa, y en ocasiones decorada con rostros estilizados.

miércoles, 13 de noviembre de 2024

DE COLONIAS A NACIONES: IBEROAMÉRICA Y LA CONSTRUCCIÓN DE LOS NUEVOS ESTADOS

La mayor parte de las colonias americanas de los dos imperios ibéricos culminaron sus procesos de independencia durante el primer cuarto del siglo XIX. Aunque se desarrollen prácticamente a la par, los procesos de emancipación de Brasil y de las colonias españolas tomaron rumbos diferentes: Brasil acabó por convertirse en una única monarquía parlamentaria, mientras que las colonias españolas se fragmentaron en diversas repúblicas. 

El vacío de poder generado en la metrópolis durante 1808 fue el detonante para iniciar la emancipación iberoamericana. Al constatar la indefensión ante la falta de tutela del Imperio, se inició un largo proceso en el que las élites criollas optaron por la independencia. 

Una serie de procesos externos actuaron como referentes: la emancipación de Estados Unidos, la revolución francesa y la independencia de Haití. A ellos hay que unir otras causas internas que distanciaron a las colonias de sus metrópolis como fueron las reformas administrativas y económicas iniciadas por los Borbones y los Braganza a mediados de 1700. Asimismo hay autores que contemplan las luchas indígenas como movimientos precursores de la independencia. 


Ideas Y Contexto 

A las revoluciones políticas y tecnológicas de finales del siglo XVIII les acompaño una profunda revolución intelectual que se denomina Modernidad. Este proceso se gestó al margen de los círculos estamentales del Antiguo Régimen, sin la vigilancia de la Monarquía y de la Iglesia. A su vez, la imprenta permitió su difusión con gran celeridad. 

Fue en este ambiente donde, de manera individual y voluntaria, burgueses y aristócratas, comerciantes y funcionarios, letrados y clérigos debatieron sobre una serie de principios producto del pensamiento ilustrado. De entre ellos sobresale el de soberanía popular, es decir, que la soberanía reside en el pueblo. 

Alrededor de esta idea se incardinan conceptos como gobierno representativo, estado de derecho, colonialismo y republicanismo, definidos por matices diferentes según el espacio geopolítico en el que germinen. 

El sistema filosófico, político y económico que se expandió en Iberoamérica, estimulado por los principios de la revolución francesa y de las Trece colonias norteamericanas, el impulso de la Ilustración laica y el constitucionalismo gaditano fue el liberalismo y el republicanismo. Los intelectuales latinoamericanos confiaban en que una legislación bien elaborada fuera suficiente para regir una sociedad instaurando la libertad individual. 

Durante la consolidación de los procesos de independencia y la formación del pensamiento político iberoamericano, el liberalismo presentó un amplio abanico formal, desde el más extremista, anticlerical y jacobino, hasta el más conservador y doctrinario apoyado en la actitud reaccionaria de la iglesia Católica. 

En general, sus seguidores, en su mayor parte criollos, tendieron a un modelo intermedio, que pretendía el entendimiento con los sectores más moderados del conservadurismo. 

Por el contrario, el conservadurismo basado en un principio casi intuitivo de defensa del Antiguo Régimen, se afianzó entre los peninsulares, la Iglesia y parte de los criollos. La vuelta al absolutismo monárquico europeo posterior a 1815 reforzó esta tendencia entre las élites latinoamericanas. La necesidad de consolidar los gobiernos autóctonos fortaleció el conservadurismo; el orden resultaba imprescindible para desarrollar la economía y construir los estados-nación independientes. 


El viaje de las ideas ilustradas a América

Las ideas de la Ilustración llegaron a América a través de dos cauces, uno oficial, controlado por la corona y denominado “ilustración católica” y otra extraoficial o civil. El primero se caracterizó por un dirigismo estatal en los planos cultural y educativo, que se manifestó en un impulso laico otorgado a la educación. 

Por esta razón se fundaron diferentes centros de enseñanza superior. Éstos suplieron la docencia impartida por la Iglesia. Por otra parte, estas reformas facilitaron el contacto de las élites criollas con un cierto eclecticismo filosófico, la física moderna y la nueva cosmogonía, alejándose del aristotelismo y de la Escolástica dominante, mientras se formaban para gestionar la administración borbónica. En Brasil, la corona no promovió ningún centro universitario por miedo a crear focos de pensamiento autónomo, lo que resultó contraproducente puesto que las clases acomodadas optaron por enviar a los jóvenes a Coímbra y Salamanca, de donde regresaron con ideas aún más avanzadas. 

Respecto a la “ilustración laica”, hasta 1790 las ideas circularon con total libertad. Pero la Inquisición puso en marcha su maquinaria al arribar algunos conceptos nacidos tras la revolución francesa como, los principios generales sobre la igualdad de todos los hombres y las ideas contrarias a la quietud de los estados y reinos. 

Sin embargo, las ideas que posiblemente tuvieron mayor influencia fueron las de los fisiócratas, quienes defendían la preeminencia de las actividades agrícolas sobre cualquier otro sector económico. Difundidas por los clérigos españoles afincados en América tuvieron una gran acogida entre los criollos al estar la economía colonial sustentada por la agricultura y la minería. Los fisiócratas europeos eran liberales respecto a la economía pero se manifestaban muy autoritarios en cuanto a lo político, defendiendo formas de gobierno despóticas dispuestas a intervenir en lo económico y lo social. Estas tendencias conservadoras y autoritarias, necesarias frente a la falta de consenso entre las elites criollas y las dificultades de los grupos hegemónicos para gobernar, influirán en los futuros sistemas de gobiernos de los estados americanos. 

Las ideas ilustradas fueron penetrando en un grupo de criollos considerados como los “precursores” de la independencia. El primero en concebir “la libertad e independencia de todo el continente americano” fue en 1784 Francisco de Miranda, quien había leído a los filósofos franceses mientras realizaba el servicio militar en España. Miranda redactó en 1790 un plan de gobierno federal para aplicar a Hispanoamérica en el que definía el concepto de ciudadanía al defender el derecho a voto para los mayores de 21 años nacidos de padres libres. Éstos compondrían unas nuevas asambleas que gobernarían en todo el territorio, suprimiendo cabildos y ayuntamientos, así como gran parte de los tributos. Declaraba la libertad religiosa, aunque la religión católica romana seria la nacional. La federación estaría regida por una liga imperial y gobernada por dos ciudadanos, los Inca, nombrados para cinco años. 
Francisco Miranda

También destaca como precursor entre los criollos de ideas liberales Simón Bolívar. Nacido en Caracas, después de viajar por España, Europa y Norteamérica dedicó su vida a la independencia de la Gran Colombia. Inspirándose en la propuesta federalista de Miranda, su pensamiento político evolucionó hacia el conservadurismo. Asimismo el rioplatense Manuel Belgrano fue otro de los grandes lectores de los filósofos ilustrados; comenzó como un liberal pleno de entusiasmo para finalizar su discurso político como un convencido monárquico. 
Simón Bolívar

El contexto económico y social de la emancipación 

La estructura económica en América había permanecido prácticamente inmutable desde la colonización hasta 1750. La función de las colonias era la de producción y envío de materias primas a Europa y la absorción de las manufacturas ultramarinas enviadas a través de las metrópolis. 

A mediados del siglo XVIII los Borbones y los Braganza pusieron en marcha unas medidas liberalizadoras del comercio con el fin de recuperar el dinamismo económico peninsular. En respuesta a los progresos de la revolución industrial era imprescindible aumentar la producción colonial e incorporar al mercado mundial nuevos recursos productivos de zonas tan marginales como Venezuela, Río de la Plata, El Salvador, Ecuador o el Alto Perú y sus planicies costeras que aportaban cacao, añil, cueros, azúcar y algodón. El azúcar y el algodón, explotados según el modelo esclavista, gozaban de una posición destacada. De todas formas, los metales preciosos seguían siendo el elemento esencial de la exportación y gracias a estas reformas económicas, la entrada de metales al tesoro español se duplicó. 

Además, Carlos III reorganizó el sistema impositivo y la recaudación de la alcabala (impuesto indirecto sobre cualquier tipo de compraventa), monopolizó el tabaco, incrementó la extracción de plata y aumento el control sobre el comercio de cacao, el azúcar y el café. Para aplicar sus reformas en las regiones limítrofes del Imperio reordenó el territorio de los dos nuevos virreinatos escindidos del inmenso del Perú: el de Nueva Granada y el de Río de la Plata. Las reformas obtuvieron un resultado espectacular pues durante el primer decenio, de 1778 a 1788, el tráfico de mercancías se multiplicó y supero al comercio ilegal. Desgraciadamente, veinte años después, en 1808, la situación era bastante peor porque la metrópoli no era capaz de absorber la producción indiana ni su escaso desarrollo industrial le permitía abastecer de productos manufacturados al mercado de ultramar, lo que afectaba a la economía colonial. 


Asimismo la Corona se había interesado por la situación de la propiedad de la tierra y de la mano de obra, hasta el punto de iniciar una discreta reforma agraria. Por la Real Instrucción de 1754 se confirmaron las propiedades anteriores a 1700, aunque para las posteriores hubo que presentar títulos y pagos. Respecto a la mano de obra, los indios se beneficiaron con las leyes de las encomiendas al convertirse en propietarios de las tierras por las que pagasen tributos al rey. Las oligarquías terratenientes consideraron como una injerencia intolerable de la Corona tanto en los modos de producción como en la propiedad, manifestándose en contra de las pequeñas propiedades indígenas al perder parte de su mano de obra en régimen de semiesclavitud. Esta situación deterioró tanto el marco político y jurídico entre colonos y metrópoli que hizo inviable la convivencia. 

Peor aún resultó para una gran parte de los criollos la implantación en 1788 del libre comercio que iba destinado a los negociantes y mercaderes peninsulares. Al liquidarse el monopolio de Cádiz y Sevilla, los puertos catalanes introdujeron sus manufacturas en las colonias en detrimento de las americanas. 

Ciertamente se estimuló el comercio con la península al atenuarse el contrabando y se institucionalizó lo que venía sucediendo desde décadas atrás, pero aumentó todavía más el resentimiento de las élites criollas. Como consecuencia de esta política, la producción textil mexicana sufrió unos efectos catastróficos.

Por el contrario, la zona del Río de la Plata recibió un fuerte impulso al convertirse en suministradora de cueros y carne salada para exportar a las regiones esclavistas. De esta forma, las leyes del libre comercio forzaron una redistribución de los flujos comerciales internos en el subcontinente, modificando las relaciones interprovinciales e interregionales de las colonias, tanto entre ellas como con la metrópoli. 

Por otra parte, la mayor demanda agrícola supuso un aumento de la población esclava y un incremento en la explotación de la mano de obra indígena, lo que provocó levantamientos de negros y pardos. Para exacerbar aún más los ánimos, las leyes recogidas en la Constitución de 1812 relativas a las colonias, que impulsaban libertades como la abolición del tributo indígena o de los privilegios jurisdiccionales fueron mal recibidas por los oligarcas locales. Tras la invasión napoleónica, los criollos comenzaron a considerar inútil una metrópoli que no defendía sus intereses económicos ni de clase. 

Tampoco fue tan dramática la injerencia imperial, aunque sí resulto preciso considerar estos agravios para justificar el corte radical con España; agravios construidos a posteriori por las élites criollas contra la Corona. 

De ejecutar las órdenes se encargaban los peninsulares afincados en Hispanoamérica. A principios del siglo XIX suponían una pequeña parte de la población blanca, en su mayoría criollos. Desde esta perspectiva, la independencia fue la victoria de una mayoría, eso sí, minoritaria, frente al conjunto de la población americana. 

Las discrepancias que separaban a criollos y peninsulares resultaban bastantes nimias. Las pugnas eran más que nada ideológicas pues ni todos los peninsulares eran realistas, ni todos los criollos independentistas. El juego de intereses entre los poderes locales y regionales muchas veces era mayor que el enfrentamiento con la Corona o con sus representantes.

La situación varió al iniciarse el proceso emancipador. Los peninsulares fueron desposeídos de sus cargos públicos en las zonas controladas por los rebeldes, que comenzaron a llamarse patriotas. Si reconocían a los nuevos gobiernos revolucionarios, pagaban los impuestos para la revolución y apoyaban la independencia se les consideraba americanos. A los criollos que respaldaban a los realistas se les persiguió y muchos huyeron a España junto a los peninsulares. 

En realidad, el Antiguo Régimen en Hispanoamérica, a principios del XIX, era un modelo anquilosado, un sistema político que no fue capaz de canalizar las tensiones de los diferentes grupos para dar una mínima satisfacción a los distintos intereses sociales y económicos, étnicos y raciales. 


De la emancipación a la revolución y la guerra 

El proceso de las colonias españolas para convertirse en naciones se fraguó en dos etapas. La primera, la de emancipación, abarca desde 1809 hasta la derrota de Napoleón en 1815. Está definida por los análisis provincialistas y reformistas que realizan los intelectuales y políticos locales sobre las futuras naciones. La segunda se explica por la radicalización, al adoptarse la vía revolucionaria que desemboca en una guerra contra la metrópoli. Culmina con la independencia de Iberoamérica en 1825, excepto Cuba y Puerto Rico. 

Los estertores de un Imperio 

Al conocer los sucesos de Bayona y la revuelta del 2 de mayo de 1808 en Madrid, las colonias reaccionaron de manera similar a la metrópoli frente a la invasión francesa. El deterioro de la situación militar obligó a que en todo el Imperio se reconociera como autoridad suprema la Junta Central. Por primera vez una metrópoli convocaba a los representantes de sus colonias. La Junta decretó que las posesiones españolas de América eran reinos y provincias con los mismos derechos que los peninsulares. El Imperio quedaba definido como una federación de provincias cuya unión constituía la nación española a ambos lados del  Atlántico. También era una declaración formal del estatuto político de las colonias y sus habitantes. La Junta dispuso el envío de representantes a Sevilla desde las posesiones americanas para iniciar un proceso constituyente. Fue el acta de nacimiento de los procesos electorales del Imperio. A partir de ese momento, entre 1809 y 1814, se pusieron en marcha cinco procesos electorales distintos, que se convirtieron en un referente de participación ciudadana muy significativo para toda Hispanoamérica. 

La Junta decretó que el número de representantes para la Península fuera de 36 y 11 para las colonias. 

Las discrepancias y sublevaciones en lugares como Chile o Río de la Plata alargó tanto el proceso electoral que, al disolverse la Junta Central para constituir el Consejo de Regencia, y convocar elecciones a Corte Generales en enero de 1810, seguían sin resolverse. 

Pero el desequilibrio en el número de delegados acentuó las protestas de las élites criollas que negaron la legalidad del Consejo de Regencia al considerar el reparto discriminatorio. 

A esto se sumó, en los primeros meses de 1810, lo que parecía un hecho consumado, la derrota ante los franceses. La trágica situación condujo a la formación de juntas en América para convocar cabildos abiertos que reemplazaran a los antiguos gobernantes. Aunque las colonias seguían fieles a Fernando VII, se enfrentaban a la posibilidad de pasar a manos del gobierno francés. El futuro del Imperio era incierto y las élites criollas tenían que improvisar las relaciones con la metrópoli, dotarse de instrumentos de gobierno autónomo para controlar la situación interna de sus regiones y definir las actuaciones respecto a las oligarquías locales, a las castas y a los burócratas peninsulares. 



Un primer paso: el proceso emancipador 

Enseguida emergieron las diferencias entre fidelistas y autonomistas, iniciándose la revolución que llevaría a la independencia. Defendido por las milicias criollas que apostaron por la libertad de comercio y el fin de los privilegios de los peninsulares, el cabildo de Buenos Aires, el 25 de mayo de 1810, decretó la igualdad jurídica de blancos, indios y mestizos y sancionó su autonomía frente a España. 

Por el contrario, el miedo de las oligarquías criollas de Venezuela y Nueva España a los indígenas, mestizos, negros y pardos obligó a las clases altas a alinearse con los fidelistas, intentando evitar una situación como la haitiana. Por eso fracasó la primera revolución. Aun así, en Venezuela, Simón Bolívar se puso a la cabeza del movimiento, intentado conseguir de los ingleses el apoyo para su causa. Los británicos tampoco se resistieron demasiado, después de evaluar los beneficios del comercio directo con las colonias hispanas. En 1813 Bolívar declaró la guerra a muerte a los españoles, y tras huir a Jamaica inició allí la formación de un ejército. 

En Nueva España los intentos del cura Manuel Hidalgo, secundado poco tiempo después por el también sacerdote criollo José María Moleros, para alzar a 25.000 peones y mineros a favor del rey, la virgen de Guadalupe y en contra de los peninsulares, resultaron fallidos. Hidalgo declaró la abolición de la esclavitud por primera vez en América, la supresión del tributo indígena y la nulidad de las castas. Adoptó alguna reforma agraria como el retorno de las tierras comunales a las comunidades indígenas, lo que le alejó de los terratenientes. A las élites mexicanas se les escapó el control de esta insurrección agraria y los resultados fueron dramáticos llegando a masacrar a peninsulares y criollos en varias ciudades. La violencia apartó del movimiento a los segmentos elitistas. La intervención de las tropas imperiales terminó con la revuelta. 

 Manuel Hidalgo y José María Moleros (México)


A partir de diciembre de 1813, con el retorno de Fernando VII del exilio, comenzó un período de lucha, en este caso contrarrevolucionario, definido por el absolutismo y la imposibilidad de negociar con la Corona. 

En un primer momento, al Rey le resultó imposible reunir tropas para enviar contra las provincias sublevadas, pues la Península seguía envuelta en su guerra contra el francés. Pero, tras la caída de Napoleón en 1815, se organizó una expedición que arrasó todo signo evidente de rebeldía en Hispanoamérica, excepto en Buenos Aires. Los reductos revolucionarios insistieron en sus propósitos emancipadores. 

El trienio liberal que se inició en España el 1 de enero de 1820 con el pronunciamiento militar del teniente coronel Rafael Riego jugó a favor de la independencia. El levantamiento impidió que la flota concentrada para intervenir en las colonias se hiciera a la mar. La restauración absolutista de 1823 llegó demasiado tarde para restablecer una unidad imperial excesivamente debilitada. 

Tampoco resultó propicia para el viejo sistema la coyuntura internacional. Los ingleses, tras la derrota de Napoleón, decidieron apoyar abiertamente a los sublevados. Lo mismo ocurrió con Estados Unidos; después de su segunda guerra contra Gran Bretaña (1812-1815), que hizo incuestionable su independencia, resolvió ayudar a sus vecinos del sur. La compra de Florida a España en 1822 y la definición de su política exterior a partir de proclamar la doctrina Monroe (1823), sintetizada en “América para los americanos”, no dejaba ninguna duda sobre su posición frente a los imperialismos europeos. 

Un segundo paso: las independencias 

Como los propios libertadores desconfiaban de la capacidad de sus sociedades para constituir gobiernos republicanos modernos, decidieron organizar ejércitos capaces de vencer a los realistas y así obtener la autonomía. A base de campañas militares en que mestizos, indios y negros constituyeron el grueso del ejército, comenzó la segunda fase del proceso emancipador.

Tras decretar su autogobierno, en mayo de 1810, el cabildo de Buenos Aires pretendió separarse del virreinato de Río de la Plata pero sin conseguirlo: Montevideo continuó bajo el control de la marina española y Paraguay se retiró para proseguir su propio camino al declarar su autonomía. Dentro de la propia Buenos Aires, se desataron fuertes enfrentamientos entre conservadores y radicales, que se prolongaron hasta 1813 cuando se suprimieron los mayorazgos, la Inquisición y los títulos nobiliarios, a la vez que se otorgó la libertad a los hijos de las esclavas. Finalmente, el 9 de julio de 1816 en el Congreso de Tucumán se proclamaba la independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata, actual Argentina. 

Las luchas también se sucedieron en Chile, donde se enfrentaron los reformistas, que defendían una mayor autonomía dentro de la nación española, contra los revolucionarios, que querían la independencia total. En 1812 se refrendó un reglamento constitucional que reconocía la autoridad del rey de España además de establecer un Ejecutivo y un Legislativo unicameral. 

Un año después desembarcaba por el sur de Chile un cuerpo expedicionario peruano independentista que prácticamente tomó el país. Perseguido por el ejército realista al mando del general Osorio, hubo de refugiarse en Mendoza, al otro lado de la cordillera. Allí, José de San Martín, que acababa de llegar de España, organizó un regimiento muy eficaz y disciplinado para invadir Chile. En enero de 1814 San Martín atravesó los Andes, facilitando a Bernardo O’Higgins y a los independentistas chilenos la toma de Santiago.
José San Martín

El 5 de abril tras una encarnizada batalla en Maipú, se proclamó la independencia de Chile. 

Al mando del Ejército libertador de los Andes, San Martín decidió conquistar Perú. Para superar la barrera del desierto de Atacama, pidió apoyo a las flotas norteamericana e inglesa, y en agosto de 1820 desembarcó en Pisco. Allí se enfrentaron a los realistas que apenas opusieron resistencia. En julio de 1821 San Martín era proclamado en Lima protector del Perú independiente. Para ganarse a las oligarquías locales estableció un gobierno muy conservador que, sin embargo, consiguió la animadversión de los limeños. San Martín tuvo que solicitar auxilio a Simón Bolívar para culminar la independencia. En julio de 1822 ambos próceres se entrevistaron en Guayaquil, donde San Martín optó por abandonar Perú, exiliarse en Europa y dejar a Bolívar la tarea de concluir la emancipación. 

Bolívar ya había dominado Venezuela y Colombia. Con la ayuda de partidas del interior, de mercenarios ingleses y de esclavos a quienes había prometido la manumisión, se encaminó hacia Lima. 

Después de la victoria de Junín (Perú) el 6 de agosto de 1824, y la de Ayacucho (Perú) justo seis meses después, el general independentista Antonio José de Sucre derrotaba al virrey José de la Serna. Al año siguiente, el 1 de abril de 1825, en Tumusla (Bolivia), concluía el proceso independentista cuando el coronel Carlos Medinaceli acababa con el último bastión realista. Simón Bolívar, ese mismo verano de 1825, entró en el territorio de Charcas para dar nombre a un nuevo Estado: la república de Bolivia. 

Sucre

La emancipación mexicana 

Impulsada por las protestas india y mestiza, la emancipación mexicana fue distinta a la de América del sur. 

Tras el fracaso de la revolución emprendida por Hidalgo y Moleros, la crueldad del movimiento impidió quela oligarquía escuchara las reclamaciones campesinas. Aun así, Morelos dio a los proyectos independentistas una estructura ideológica con un contenido igualitario, religioso y nacionalista. Los mexicanos Morelos e Hidalgo fueron los únicos independentistas en todo el continente que intentaron una cierta alianza con las poblaciones indias y mestizas. 

Posteriormente, las disposiciones llegadas desde Madrid en 1821, durante el trienio liberal, provocaron una revolución conservadora. Las medidas contra la iglesia y la anulación de los fueros militares sublevaron a la élite criolla contraria a cualquier cambio que modificara el estricto orden impuesto. Un antiguo general criollo y realista, Agustín de Iturbide, pactó con el guerrillero Vicente Guerrero el llamado Plan de Iguala para proclamar la independencia adaptada a una monarquía, garantizar los privilegios de la Iglesia católica y propiciar la unión de las diferentes tendencias políticas: conservadores y liberales, rebeldes y realistas, criollos y españoles. Este compromiso sirvió de nexo para aglutinar a grupos muy heterogéneos hasta el punto de solicitar la independencia al virrey O’Donojú, a quien no le quedó otra opción que aceptarla. 

A las Cortes españolas llegó en febrero de 1822 la propuesta del Congreso Nacional mexicano para que un príncipe español iniciara una nueva monarquía. Pero las Cortes lo rechazaron, así como el Tratado de Córdoba, firmado entre Iturbide y O’Donojú el 24 de agosto de 1821 por el que México se constituía en un imperio con una monarquía constitucional moderada. De este modo se consumó la separación política entre México y España. Iturbide accedió al trono y fue coronado emperador de México como Agustín I en mayo de 1822. Pero al año siguiente México se declaraba república federal, separándose del resto de los países de las Provincias Unidas de América Central. 



La excepción brasileña 

Si bien el proceso emancipador brasileño se produjo a la par que el de las colonias españolas, posee unas características bien diferentes. También en Brasil a lo largo del siglo XVIII se habían articulado una serie de reformas para estimular la producción de azúcar e impulsar la de algodón. 

Sin duda, desde muchos puntos de vista, Brasil es un país peculiar. Desde luego, ha sido el único que, de colonia se transformó en imperio, lo que no es poco decir. Lo curioso es que Napoleón, que estaba tan lejos, fuera el factor más influyente de este acontecimiento y, ello, como consecuencia del bloqueo que decretó contra Inglaterra; entonces, Francia, quiso intentar la conquista de Portugal, la vieja aliada de los ingleses. Rey de Portugal era Juan VI, quien, enterado de los propósitos franceses, comprendió de inmediato la inutilidad de pensar en resistir a las fuerzas napoleónicas. Secretamente, decidió embarcarse con toda su familia hacia Brasil.

Llegó a Bahía, el 22 de enero de 1808. Los brasileños recibieron con gran entusiasmo a la familia real, previendo que era un factor que prometía progreso para el país, como ocurrió en el tiempo siguiente. A poco de llegar, el rey decretó la apertura de los puertos al comercio exterior, poniendo término a las viejas restricciones coloniales. Juan VI concibió convertir a Brasil en un imperio: estableció la corte en Río de Janeiro, creó Ministerios y órganos administrativos y jurídicos; también, el desarrollo del comercio fue muy importante y, por cierto, favoreció a sus amigos ingleses con muy especiales condiciones aduaneras. Incluso, abrió el país a científicos, artistas y viajeros curiosos; en resumen, estas tierras desconocidas en Europa, tomaron dimensión muy diferente e importante En el Congreso de Viena, el embajador francés, que era Talleyrand propuso que Portugal, el Algarve y Brasil, tuvieran la categoría de un reino unido, ponencia que fue aceptada. No obstante, Juan VI decidió permanecer en Río de Janeiro. Mientras tanto, en Portugal habían ocurrido cambios, debido a las ideas liberales que invadían Europa y a que la regencia , había tomado los visos de un tiranía; además, prácticamente, había puesto el país en manos de la diplomacia inglesa. Estos hechos forzaron el regreso de Juan VI a Lisboa, pero dejó en Brasil , como regente al príncipe Pedro, heredero de la corona; éste también debió afrontar los problemas creados por los ánimos nacionalistas, que se exaltaron, todavía más, cuando la Cortes portuguesas quisieron revocar la autonomía y los derechos comerciales, que ostenta Brasil, desde que fue elevado a la categoría de reino unido. Entonces, surgió José Bonifacio, naturalista, poeta y exprofesor de la Universidad de Coimbra, a quién llamaron después patriarca de la independencia, quien recomendó la monarquía constitucional, bajo el mando del regente. Es el momento en el que, las Cortes de Lisboa deciden revocar los poderes que Juan VI había otorgado a su hijo. Los dirigentes brasileños, proponen la ruptura con Portugal y, al mismo tiempo, que Don Pedro sea designado como Defensor perpetuo de Brasil. designación que acepta y nombra Ministro a José Bonifacio. Sin embargo, la ruptura definitiva la sella la Asamblea el 1º de diciembre de 1822 y se corona como Pedro I, emperador.

El 27 de octubre de 1807, Napoleón y Godoy firmaron el tratado de Fontainebelau por el que acordaron invadir Portugal, que se había opuesto al bloqueo continental contra Gran Bretaña. Ante el avance de las tropas napoleónicas, la familia real huyó a Brasil. 

Al convertirse Río en la capital del Imperio, a partir de marzo de 1808, se desarrollaron sus infraestructuras,se agilizó el cobro de impuestos y la administración de justicia, se abrieron el Banco Nacional de Brasil, varias Reales Academias y se creó la Biblioteca Real. Brasil se puso a la altura de cualquier corte europea. 

Un pacto político entre las élites, garante de una transición incruenta y una estabilidad económica y social, llevó a la independencia. Una vez resueltas las guerras napoleónicas, los notables brasileños se negaron a retornar a la situación preimperial y solicitaron en 1820 al príncipe don Pedro, que rompiera con la dinastía de los Braganza y se quedara en Brasil mientras la corte regresaba a Portugal. 

Pedro I, emperador de Brasil

Así se hizo, y al ser nombrado regente, en 1822, destituyó al gobierno establecido y nombró uno probrasileño. A continuación, el 7 de septiembre de 1822 se proclamaba la independencia del Brasil. El 1 de diciembre, Don Pedro fue coronado emperador en Río de Janeiro con el nombre de Pedro I. Apenas sin violencia, y con tan sólo una pequeña oposición de unos cuantos reductos afines a la metrópoli, se alcanzó la independencia. 

Las tensiones entre la élite y el emperador saltaron enseguida debido a la disparidad de intereses. Se acusaba al monarca de estar demasiado cerca del entorno portugués. En diciembre de 1823, el emperador disolvió la Asamblea Constituyente y promulgó una Carta otorgada en 1824, lo que provocó la rebelión armada. El Brasil independiente costó una guerra civil con las regiones que habían permanecido fieles a Portugal (Bahía, Maranhao y Uruguay). Con la ayuda de Lord Cochrane, almirante inglés, Pedro I, dominó la situación, pero en 1828 - tras una guerra con Argentina - Uruguay se declaró independiente. Estados Unidos fue el primero en reconocer el nuevo imperio, luego, lo hicieron Inglaterra, Francia, Austria, el Vaticano y, más tarde, todos los países europeos y, desde luego, los restantes países de las Américas; Portugal lo hizo solo en 1825. El malestar de los federalistas, las pérdidas territoriales fronterizas, la incomunicación con el Parlamento, la crisis económica y las costosas intervenciones en los problemas sucesorios de Portugal, llevaron a Pedro I a abdicar en su hijo de 5 años el 7 de abril de 1831 y regresar a Portugal. 

En 1824 se dictó la Constitución que tuvo vigencia hasta 1891.Pedro I abdicó en 1831 y tras el breve reinado de Pedro II, se proclama la República el 15 de noviembre de 1889.

El territorio de la República Federal alcanza a los 8.511.996 kilómetros cuadrados; su población es de 153.300.000; su capital es Brasilia y algunas ciudades principales son Sao Pablo (más de 15.000-000 de habitantes), Río de Janeiro, Salvador y Belo Horizonte.

Un gobierno conservador se ocupó de la regencia. En 1840 se declaró al régimen imperial como la mejor opción de futuro, al garantizar la integridad territorial del nuevo Estado, un régimen que duró cerca de 60 años. En 1899, una revolución republicana impuso la república federal. 



Tras la independencia, la desilusión: fragmentación política e inestabilidad institucional 

En 1825, tras alcanzar la independencia, los antiguos dominios se repartían en los siguientes estados: México, las Provincias Unidas de América Central, la Gran Colombia, Perú, Bolivia, Chile y las Provincias Unidas del Río de la Plata. Cada uno de ellos tuvo que definir su territorio, su sistema político y delimitar el modo de integración económica en el mercado local, regional e internacional. Pero las diferencias regionales y las disputas frustraron los proyectos panamericanistas. Las grandes potencias, sobre todo Inglaterra, también se ocuparon de que así fuera. 

En 1830 la Gran Colombia se dividió en tres repúblicas enfrentadas en guerras por asuntos territoriales: Nueva Granada (Colombia y Panamá), Venezuela y Quito (Ecuador). Además de la conciencia diferenciada que existía, se unió la falta de una red de transporte entre ellas. En los nuevos países la guerra había arruinado la ha cienda, los empréstitos extranjeros habían conducido a la bancarrota, no existía una mínima estructura estatal eficaz y demasiados militares estaban dispuestos a ocupar puestos relevantes en la vida pública. 

Gran Colombia

Las fuerzas centrípetas también trucaron el federalismo de las Provincias Unidas de América Central. 

Nacidas en 1823 y separadas de México después de la caída de Iturbide, los cinco países: Honduras, Guatemala, El Salvador, Nicaragua y Costa Rica, se rigieron por un gobierno y una constitución federal. 

Guatemala fue designada capital pero sus fuertes tendencias centralistas resultaron opresivas para el resto de las regiones. En 1838 la federación se desmembró cuando el congreso trató de fiscalizar las rentas de los estados. A partir de entonces se convirtieron en repúblicas independientes aunque, a lo largo del siglo XIX, intentaron sucesivas unificaciones, que resultaron inviables por las continuas disputas entre liberales y conservadores, las intrusiones de Estados Unidos e Inglaterra y el limitado desarrollo económico de la región. 



Tampoco fue posible el nacimiento de un estado único entre Bolivia y Perú. Bolivia se encontraba entre dos virreinatos, el de Perú y el del Río de la Plata. En 1828 se convirtió en un país independiente, gobernado por el general Andrés de Santa Cruz a partir de 1829. Partidario de la unión del Alto y Bajo Perú, en 1836 Santa Cruz aprovechó un período de anarquía en Perú para incorporar esta república a una nueva Confederación. Tanto la clase política peruana, chilena y argentina se opusieron y, tres años después, Santa Cruz fue derrotado por una expedición chilena. 

Algo después, en 1828, se separó de Brasil la República Oriental del Uruguay y la colonia española que había quedado dependiendo de Haití, la República Dominicana, en 1844 haría lo propio. 


Planteamientos y logros de los nuevos estados 

Al terminar el siglo XIX, Hispanoamérica se hallaba dividida en diecinueve naciones, gran parte de ellas sumidas en enfrentamientos entre los distintos grupos sociales. Los nuevos Estados nacieron condicionados por una economía de guerra. 

La tarea principal de los gobiernos fue la de obtener fondos para sufragar el coste de los ejércitos. Una vez pacificado el territorio, hubo que financiar el déficit arrastrado por cada conflicto e iniciar la construcción de los aparatos estatales que permitieran la gobernabilidad. También hubo que afrontar aspectos como el latifundismo, el caudillismo, el militarismo o la corrupción. Además de las fronteras y el control territorial,hubo que establecer patrones métricos y monetarios así como crear sistemas legislativos para variar los usos indianos en materia de propiedad y de contratación y las reglas para los intercambios entre las distintas repúblicas. Fue necesario abrir nuevas rutas de intercomunicación regional en las que el ferrocarril y el barco de vapor desempeñaron un papel relevante. Los ingresos aduaneros se convirtieron en la principal fuente de ingresos fiscales. 

Las guerras de independencia también generaron cambios sociales importantes. Aunque, en principio, los nuevos estados se negaron a abolir el sistema esclavista, por lo general se adoptaron soluciones de compromiso, como la prohibición de la trata o la libertad para los hijos de los esclavos. El alistamiento general obligó a los gobiernos a conceder amplias manumisiones hasta casi desaparecer los esclavos domésticos. Al resquebrajarse la disciplina en los emporios negreros y aumentar la dificultad de abastecimiento, a finales de siglo el sistema de producción esclavista prácticamente despareció. Las masas indígenas también se vieron afectadas por la independencia y aumentaron donde antes había grandes núcleos de población. 

La ruralización y la militarización fueron dos fenómenos emergentes en las nuevas sociedades que impulsaron el caudillismo y el fomento del clientelismo, ya existente en la época colonial, pero que amenazaba de manera continua a las democracias. La ineficacia y debilidad de los gobiernos impulsaron el nacimiento del caudillo como único garante de la estabilidad económica y social.

La revolución latinoamericana no fue una revolución económica, puesto que las estructuras productivas y mercantiles siguieron siendo las existentes antes de la emancipación. Tampoco fue la emancipación una revolución social, si bien la ruptura traumática con la metrópoli tuvo efectos no deseados en las relaciones sociales, éstos se debieron, en parte, a la movilización popular de los dos bandos antes de la guerra. 

Pero si fue una verdadera revolución política, basada en el nacimiento del ciudadano y de la ciudadanía y en cuestiones como la soberanía nacional, el gobierno representativo o el Estado de derecho. 

Pese a sus contradicciones, la sociedad colonial hizo posible el avance del proceso emancipador, provocando nuevas formas de representación basadas en el individuo. Por eso se apeló repetidamente a la ciudadanía para elegir autoridades y representantes populares mediante comicios. El nacimiento de la individualidad fue paralelo a la desaparición de los súbditos del rey y a la supresión gradual de las corporaciones del Antiguo Régimen. Las libertades y los derechos resultaron ser sobre todo individuales, afectando a todos los estratos de la sociedad. 

Lo importante de todo este proceso fue el asentamiento de las bases del desarrollo democrático en América Latina. Allí se votaba cuando apenas se hacía en Estados Unidos y en un reducido número de países europeos. Así pues, el origen revolucionario de las repúblicas latinoamericanas provocó en el pensamiento decimonónico una idea mítica: el ideal republicano, que estuvo en la base de las revoluciones del siglo XIX.