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lunes, 27 de julio de 2026

ARTE Y PODER EDAD MODERNA.IMAGEN Y CIENCIA. COLECCIONISMOS CIENTÍFICOS

INTRODUCCIÓN

Este tema trata de la necesidad de la imagen proyectada sobre la ciencia y los territorios. Conocer los territorios sobre los que se gobernaba requirió de una gran cantidad de imágenes que fueron convenientemente usadas por los gobernantes, y en muchos casos consideradas secretas. Pero tampoco podemos entender lo que supuso Leonardo da Vinci para la historia de la ciencia sin sus álbumes de dibujos, porque pensaba dibujando, y no sólo escribiendo.

Controlar el mundo desde el palacio se hizo a través de muchas vías. A los ojos de los reyes y de sus consejeros llegaba una ingente información para que pudieran tomar decisiones, y la imagen fue vehículo de esa información en muchos casos. En el dominio de los territorios los hechos de armas iban acompañados del uso del compás, para medir y poder así controlar a través de una imagen lo más fidedigna posible lo que se describía, lo que había que transformar, aquello que e¡convertido en imagen llegaba a los ojos de los reyes y de sus consejeros y ministros.

COLECCIONISMOS CIENTÍFICOS

Una forma de controlar todo lo que la naturaleza y el ingenio del hombre eran capaces de producir era conocerlo, y para ello el summun era poseerlo. En el caso del coleccionismo científico los objetos no siempre perdían su utilidad, pero su posesión era signo de una posición de privilegio.

Los oratorios, los studiolos, luego las grandes galerías en las que coleccionar pinturas, esculturas y toda clase de objetos, fueron los lugares de la casa en los que se guardaron, espacios diferenciados y de acceso restringido, en los inventarios podemos encontrar piedras preciosas, joyas, libros, pinturas, objetos religiosos, medallas, mapas, etc.

Johan Zoffany, Charles Towneley y sus amigos en la Galería de Park Street. c. 1770. Burnley, Towneley Hall Art Gallery and Museums.

Conocer el mundo y por lo tanto dominarlo exigió el uso de instrumentos científicos, como la ballestilla o báculo de Jacob, que permitía medir alturas o distancias, o el astrolabio, que servía tanto a astrónomos como a topógrafos. Sin duda las piezas astrológicas fueron de las más codiciadas para pasar a formar parte de las colecciones palaciegas. Las colecciones de los Papas se beneficiaron de tener en el subsuelo de Roma obras extraordinarias ( Grupo Laocoonte - escultura de Plinio el Viejo). Otros se dedicaban, para demostrar su poder absoluto, a coleccionar animales exóticos (Felipe II), plantas, piedras, etc, de países lejanos. En el caso de las plantas muchas de ellas tenían unos poderes curativos que la medicina al servicio de los monarcas exploró, en los jardines botánicos de las cortes se pudieron valorar estas raras especies tan cuidadosamente dibujadas para las colecciones del rey como destiladas para conocer sus características.

Giuseppe Bonito, El elefante de Nápoles. 1742. 
Patrimonio Nacional, Palacio Real de Riofrío (Segovia).


EL CONOCIMIENTO DE LA TIERRA Y EL CIELO

Entramos así en el mundo de la geografía, o estudio de la tierra, la corografía, o estudio de los lugares, y la cosmografía, que estudiaba el cosmos. Para ello fue imprescindible la imagen, captada tanto por los Cosmógrafos, su función hacer cartas e instrumentos para la navegación, como por los pilotos de las naves, que con sus observaciones contribuyan a un mayor conocimiento de los rumbos.. Artistas como Leonardo da Vinci, con una formación científica superior, genio y cartógrafo, o Durero, nos han dejado unos dibujos del territorio (mapas) con gran minuciosidad del detalle, otras obras nos introducen en las calles donde se desarrollaba la vida, otras nos muestran la relación entre la ciencia y el poder mostrándonos hombres absortos en la acción del pensar, o los grandes descubrimientos geográficos en los que puede estar presente todo el universo, podemos comprobar dibujos de plantas y animales de nuevos mundos. Sin embargo, no siempre les movió el deseo de dar a conocer esos nuevos mundos a un público más amplio, permaneciendo inéditas muchas de estas obras durante mucho tiempo.

Johannes Vermeer. El geógrafo. 1668-69. Frankfurt, Städelsches Kunstinstitut.

La pasión por el conocimiento científico de algunos monarcas queda reflejada en algunas obras donde aparecen en aulas con hombres de ciencia.

Llegó un momento en que lo que no existía en imagen prácticamente no existía. Dada la necesidad de conocer el territorio se crearon varios formatos en el arte cortesano, los dibujos ya vistos, los atlas geográficos, realizados con una finalidad militar de descripción del territorio con fines defensivos, informando tanto de las fortificaciones como de las circunstancias geográficas, número de habitantes, cultivos, medio de vida, distancias o profundidad de las costas para los navíos, la imagen va unida a largos textos que dan una información exhaustiva de lo que el ingeniero ha conocido información secreta solo conocida por la corte, y por último las galerías pintadas, con los continentes, los estados o las grandes ciudades (la más famosa la del Vaticano, encargada por el Papa Gregorio XIII).

Louis-Michel Dumesnil (atr.), Cristina de Suecia y su corte asisten a una lección de geometría. Versalles, Chateau de Versailles et de Trianon.

Las Relaciones Geográficas muchas veces fueron acompañadas de dibujos, un mapa permite comprender el espacio, almacena información, tiene atributos de carácter científico como artístico y constituyen un indicador excelente de cultura y civilización.

Egnazio Danti y otros, Venecia. 1578-1581. Galleria delle Carte geographiche. Vaticano.

La cosmografía, en la época no estaba diferenciada de la astrología, ningún edificio se construía sin consultar antes a las estrellas, el nacimiento de un príncipe llevaba consigo las predicciones de los astrólogos, se hacían horóscopos. Todos los gobernantes tenían sus cosmógrafos, también recibían otros títulos como matemáticos, cartógrafos o filósofos, ya que el conocimiento de la tierra y el cielo fue asociado a los grandes matemáticos, ejemplos como Galileo, matemático y filósofo del Gran Duque de Toscaza o de Juan de Herrera, matemático de Felipe II.

Leonardo Torriani, Canarias bajo el signo de cáncer. Descrittione et historia del regno de l’isole Canarie...1592. Coimbra, Biblioteca de la Universidad.

Arte y ciencia siguieron unidas. La imagen era instrumento de conocimiento científico y objeto de colección por parte de los gobernantes.

Esferas armilares en las bibliotecas científicas, compases de extraordinaria belleza, etc, que dieron fruto imágenes del universo. El cielo ha tenido un poder desmesurado sobre la tierra, los dioses estaban en el cielo, los signos del zodiaco ejercían su poder, y los cometas explicaban tantas cosas (catástrofes, grandes cambios…), ello hacia que un cosmógrafo fuera imprescindible al lado del gobernante.

INGENIOS Y FORTIFICACIONES

En la guerra se invirtieron grandes recursos económicos y tecnológicos, ya que es lo que las armas ganan lo que luego conservan las letras, y sin ese poder sobre los enemigos nadie alcanza la fama que los artistas y escritores celebran. Un ejemplo de arte y poder fue el duque de Urbino, hombre que entendía tanto de arquitectura como los mismos arquitectos, y que además de su palacio, edificó muchas fortalezas, en esa corte trabajó uno de esos ingenios casi míticos del Renacimiento, que fue Francesco di Giorgio Martín, cuyos escritos sobre fortificaciones y máquinas, un universo de imágenes fascinantes, no se publicaría, pero cuya obra fue conocida en las otras cortes de su tiempo. En resumen los nobles solían saber ciencias.


Los avances de la artillería desde finales del siglo XV obligaban a una transformación de la arquitectura militar. Algunos de los más grandes artistas y arquitectos del Renacimiento trabajaron como ingenieros en ese mundo en continua guerra, y a los mejores se los disputaron las cortes más poderosas. Las experimentaciones de Leonardo da Vinci, que como experto en ingenios para la guerra y para la paz se ofreció a Ludovico el Moro, o los proyectos de Miguel Ángel para las fortificaciones de Florencia. La arquitectura militar seria "el estilo internacional" del siglo XVI, puesto que en cualquier lugar del mundo bajo dominio europeo podemos encontrar esas formas geométricas que transformaron ciudad y territorio, hasta construir un paisaje asociado a las fronteras en la época moderna.

Señalar la perfecta geometría subyacente en los trazados, siempre adaptados a la topografía, primero dibujados sobre el papel y luego sobre el terreno. Una fortificación renacentista siempre es un sistema en que cada elemento -cortinas, baluartes, fosos, rebellines,etc.- está en relación con los demás para apoyarse unos a otros en la defensa del enemigo, y cada fortificación pasa a formar parte de un sistema defensivo de un todo. Desaparecen las torres redondas, extraordinariamente vulnerables a las nuevas armas, los muros debieron terraplenarse para poder soportar el peso de las armas de artillería, más gruesos y de materiales que pudieran absorber el impacto de la artillería, se hacen grandes fosos, galerías de minas y contraminas, etc. para proteger unas fortificaciones donde la altura disminuyó considerablemente,expandiéndose por el territorio con obras externas. Lógicamente la geometría de esta arquitectura defensiva, de estas maquinas de guerra inmóviles, fue evolucionando, y los distintos sistemas acabaron enseñándose en las Academias de Ingenieros del siglo XVIII.

Los ingenieros militares fueron los artífices de la transformación del territorio, constructores de obras públicas, proyectos de navegación, y autores muchas veces de obras arquitectónicas que en su sentido de la geometría y la desornamentación delatan que su arquitectura constituye un hilo conductor de la arquitectura de la época moderna que en la Ilustración producirá algunos de sus mejores ejemplos, al igual que en el XVIII cuando encontramos proyectos destinados a facilitar el comercio y las comunicaciones (Canal de Castilla).

Fueron también los ingenieros autores de ingenios y máquinas, como ejemplo tenemos a Juanelo Turriano creador de maravillas mecánicas como relojes, molinos, autómatas y su famoso ingenio para subir el agua desde el Tajo a Toledo, la aritmética, las matemáticas y la geometría fueron los instrumentos que le permitieron transformar la realidad y el espacio. Conservamos muchos tratados de ingeniería, unos manuscritos y otros impresos, además de múltiples informes dados con ocasión de una inundación, de la necesidad de máquinas para facilitar la navegación, de la construcción de puentes o el abastecimiento del agua a una ciudad. El famoso libro de los Ingenios y las máquinas nos permite conocer el poder de la imagen en la transformación del conocimiento para el progreso del hombre. Los muelles permitieron la creación de puertos artificiales para el dominio del mar. Los canales para la navegación y el riego se extendieron por las cortes europeas, las cuales atraían a los mejores profesionales para dominar el agua, la obra hidráulica, fue a lo largo de la época moderna un factor determinante en la organización territorial de los estados, y el progreso que implicaba la convertía en un bien codiciado.

Recordar que mediante la imagen se conoce, que la imagen es pensamiento, y por consiguiente también pensamiento científico, y por otra parte que la imagen acompañó siempre a la ciencia. Ejemplo es una imagen, del libro de Valverde de Hamusco (1566) que debe mucho a la de San Bartolomé desollado con la piel colgante, para así poder mostrar los músculos del cuerpo, ilustra los estudios anatómicos practicados en cadáveres y fundamentados en la obra de Vesalio (1543), que hicieron avanzar tanto la medicina como la representación del cuerpo humano que llevaron a cabo artistas como Miguel Ángel.

 Juan Valverde de Hamuco, Vivae imágenes partium corporis humani.Amberes, 1566. Madrid, Biblioteca Nacional de España.

domingo, 26 de julio de 2026

ARTE Y PODER EDAD MODERNA. LA COLECCIÓN

INTRODUCCIÓN

La colección ha sido uno de los espacios básicos para la exhibición, contemplación e interpretación de objetos artísticos desde la Edad Moderna hasta nuestros días. Muchas obras maestras fueron disfrutadas originariamente en colecciones. Aunque la mayor parte de las colecciones históricas tenían contenían un repertorio variado, en este contexto nacieron las formas de experiencia que sustentan nuestro concepto actual de autonomía artística.

Pero, ¿qué es una colección? No toda reunión de objetos lo es.

“Colección es un conjunto de objetos naturales o artificiales, mantenidos temporal o definitivamente fuera del circuito de actividades económicas, sometidos a una protección especial y expuestos a la mirada dentro de un lugar cerrado dispuesto a tal efecto”. K. Pomian

De esta idea desprende que la existencia de una colección no reside en la naturaleza del repertorio, sino en las condiciones de organización y lectura de la misma. Podemos decir que esta aparece cuando podemos verificar la existencia de lecturas que transfiguren o superen la función original de los objetos. En muchas ocasiones es más correcto hablar de “modos de coleccionar” que de colecciones.

#D. Remps, Gabinete de curiosidades. C. 1689. Museo dell´Opificio dekke Pietre Dure, Florencia.

El estudio de las colecciones nos enseña que los objetos son interesantes por sí mismos y por las lecturas que se le aplican. En paralelo, el análisis de las narrativas que articulaban las cámaras o galerías, nos ofrece la posibilidad de ahondar más en las implicaciones sociales y políticas de estos modelos de experiencia. Pomian habla así, de los objetos coleccionados, como “semióforos”, que acarrean un significado haciendo visible conceptos e ideas; y A. MacGregor propone que las colecciones pueden ser entendidas como “la concreción física de modelos de pensamiento”. Estas atribuciones son dotadas de manera conjunta por coleccionistas y su audiencia —que para M. Bal constituyen “agentes narrativos”—.

Normalmente, un mismo repertorio ofrecía y recibía diferentes discursos y significados que implicaban modos de coleccionar diversos. Un simple hueso podía ser una reliquia religiosa que narra la historia eclesiástica y un arma enemiga podía convertirse en un trofeo de victoria

Frecuentemente las colecciones permiten apreciar la que la diferenciación entre arte y otras categorías no siempre funcionaba en la E. Moderna. Sin embargo, a lo largo del s. XVII se produjo una progresiva especialización. Con más importancia, y esto es lo que hace que pueda hablarse con propiedad de coleccionismo artístico, se dispusieron narrativas que estructuraban las piezas a partir del gusto estético o la incipiente hª del arte. La articulación ideológica de las colecciones tiene mucha importancia para entender los niveles de lectura las piezas además de dar pista sobre la posición del arte y su valor social e ideológico en la época moderna. 

LAS CÁMARAS DE ARTE Y MARAVILLAS

En 1908 J. von Schlosser publicó Las cámaras de arte y maravillas del Renacimiento tardío, obra fundacional para el estudio moderno del coleccionismo. Recoge la descripción de distintas colecciones de E. Moderna con su foco central en los soberanos centroeuropeos del s. XVI. Creo un modelo de explicación general sobre el coleccionismo humanista que ha sido aplicado habitualmente a todo el continente. La lectura tradicional de estas colecciones entendía que sus bienes estaban articulados para ejemplificar el poder del soberano. Estos objetos constituían un microcosmos que recogía simbólicamente el mundo (naturalia y artificialia), para que pudiera reflejar el dominio del monarca sobre el macrocosmos.

También, con una proyección muy relevante en el s. XVII, los tesoros eclesiásticos compartían el interés por la maravilla, con atención a la taxonomía del conocimiento y la voluntad de crear identidades políticas. San Marcos de Venecia, los monasterios centroeuropeos o el Museo Jesuita de Roma eran ejemplo de ello.

# Museum Kircherianum, en Georgius de Sepibus, Romani Collegii Musaeum Celeberrimum, Amsterdam, 1687

Por su parte, los gabinetes de los humanistas, combinaban su función de espacio de trabajo con la recopilación y exhibición de objetos; como sucede con el de B. Amerbach, U. Aldrovandi, N. Fabri de Peiresc, J. Tradescant, O.Worm o el V. J. de Lastanosa. Así pues, las colecciones no estaban reservadas únicamente a los poderosos. Estos modelos compartían parte de los repertorios y lecturas de las grandes escenografías principescas. Por ejemplo, el studiolo — modelo básico de gabinete humanista italiano—, se convirtió en un espacio básico del palacio cortesano.

# Musei Wormiani Historia, en Ole Worm, Museum Wormianum seu Historia rerum rariorum… Amsterdam, 1655


# L. Lotto, Andrea Odoni. 1527, Hampton Court

La 1ª de las colecciones a las que Schlosser dedica atención es la del archiduque Ferdinand II de Austria (1529-95), situada en el castillo de Ambras, tenía 3 apartados: armería, biblioteca y cámara artística. La armería, la más importante para él, contenía: armas de los capitanes más importantes de la época, piezas históricas, trofeos y piezas de sus antepasados. La biblioteca tenía unos 4000 volúmenes. La cámara artística contaba con armarios con objetos de diverso tipo —conchas, corales, orfebrería, instrumentos musicales, instrumentos científicos, curiosidades etnográficas americanas, porcelana y tapices orientales— además de retratos y animales disecados. Podemos ver que el término “cámara artística” no se corresponde con la noción de arte actual, sino una combinación de naturalia y artificialia apreciada por su curiosidad o exotismo.

# Schloss Ambras, en Martin Zeiller, Topographia Provinciarum Austriacarum, Austriae,… Frankfurt, 1649

# Anónimo, Escribanía de coral. Segunda mitad s. XVI, Schloss Ambras

Otras relevantes son la del emperador Rodolfo II (1552-1612) —que posteriormente recibió mayor atención historiográfica— con mayor atención a la extravagancia y obras de artistas contemporáneos (Durero,Tiziano, Corregio, Arcimboldo, Giambologna o Leoni), donde estas, aparentemente desorganizadas, ocupaban armarios, suelos y mesas de 4 habitaciones; y la de los archiduques Alberto V (1528-79) y Guillermo V (1548-1626) de Babiera.

En 1565 Samuel van Quiccheberg publicó Theatrum Sapientae que clasifica los ámbitos de conocimiento a partir de la experiencia de las colecciones muniquesas. Dice que hay 5 espacios intelectuales: la historia (con énfasis en el linaje, geografía y mapas), las cámaras artísticas (en el sentido de Ambras), el gabinete de historia natural (animales, plantas, piedras raras y anatomía humana), las artes mecánicas (instrumentos musicales, científicos y máquinas) y una cámara de pintura. Varias colecciones del centro y norte europeo mantendrían este sistema hasta el s. XVII.

En paralelo, en otras regiones, se desarrollaban experiencias similares con diferentes modelos. En Italia, desde el s. XV, existió una tradición de coleccionismo aristocrático con particularidades propias. Su soporte ideológico se basaba, en cierta medida, en Petrarca y los clásicos, con énfasis en la historia y las antigüedades. En pocos años, las cortes de la península, se dotaron de colecciones que interactuaban en un rico mercado de adquisiciones cruzadas y humanistas como consejeros. Ej. de ello: las colecciones papales o las de Francesco II Gonzaga (1466-1519) e Isabella d´Este (1474-1539). La de los Medici incluso nos enseña cómo este afán por la hª y el arte no defendían un modelo tan diferente de Centroeuropa, pq al margen de la amplia colección artística, contaban con una sobresaliente armería (Cosimo I, 1519-74). Tb sus reliquias americanas (piezas de plumas, mascaras y objetos de oro y piedras preciosas) simbolizan su riqueza e interés por el nuevo continente.

En estos conjuntos de artificialia, naturalia y exótica, no podemos olvidar también el aprecio por los primeros jardines botánicos y casas de fieras de Florencia; que R. Borghini definía en Il Riposo (1584) como un espacio lleno de maravillas.

# Frans II Francken, Gabinete de curiosidades. C. 1625, Kunsthistorisches Museum, Viena.


El resto de las cortes creo conjuntos parecidos como la de los Austria en Madrid y Belgica.

Además de las de Carlos V (1500-58) y Mª de Hungría (1505-58), destaca la de Felipe II (1527- 98) en el Alcázar, El Escorial y sus otras residencias. Sus colecciones miraban a las de Italia y Flandes y a su vez servían de referente a la 2ª generación de coleccionistas centroeuropeos.

Además de las reales, habría que señalar las colecciones de la nobleza europea, de la que existen decenas de ej., como la de los duques de Infantado de Guadalajara en la que destacaba, junto al repertorio habitual, la biblioteca, los tapices y una armería extraordinaria.

Hemos tener en cuenta, a la hora de analizar estas colecciones, la importancia del patronazgo, que nos introduce en un horizonte de expectativas relativo a las marcas visuales del linaje para la percepción del valor de las obras de arte. Esta idea afecta por igual a monarcas, nobles y humanistas. Podemos decir así, que existió un modo de coleccionar y unas narrativas específicamente ligadas al linaje que se aplicaron a todo tipo de piezas, cuyos discursos tenían un anclaje clásico en el ius imaginum romano. La recuperación humanista de este modelo coincidió con la adopción del coleccionismo en toda Europa.

El horizonte genealógico tenía varios niveles de efecto. Por un lado favorecía la recopilación de objetos que pudieran funcionar como semióforos de las virtudes de los antepasados y por otro, tb explica la transferencia generacional que se da en estas colecciones. La tendencia disgregadora que propiciaba el mercado, convivía con una voluntad de permanencia de determinados objetos ligados al linaje.

LA ESPECIALIZACIÓN DE LAS COLECCIONES

En el s. XVII se vivió una progresiva especialización de las colecciones. La idea totalizadora, como taxonomía del mundo, no se perdió en ningún momento, pero fue fortaleciéndose un nuevo modelo que enfatizo la diferenciación de repertorios. Surgieron 3 tipologías básicas: pinturas y esculturas, antigüedades y las colecciones científicas. Aunque estos repertorios solían combinarse entre si y admitían otras categorías como las armas, curiosidades o objetos decorativos, esta particularización se acompaño de una nueva narrativa sobre la colección. Esta separación anticipa lentamente la separación que se dará en los museos dentro del mundo contemporáneo.

Existía un evidente interés por abrumar al espectador, en términos de escala. No se trataba ya solo de mostrar el mundo, sino de recolectar el mayor nº de ejemplares para poseer todas las variantes de una tipología.

Tanto las antigüedades como la hª natural ofrecen multitud de colecciones en los s. XVII-XVIII. Si bien muchas dependieron de iniciativas particulares, no podemos obviar aquellas de organismos educativos, religiosos o políticos.

El epicentro, definición del modelo de galería de pintura y escultura, era Italia, dd ya desde el s. XVI estas categorías eran una sección fundamental. Al fin y al cabo, allí fue dd la literatura artística se desarrollo de manera más clara —las Vite de Vasari (1550 y 1568), el Dialogo della pittura de Dolce (1557) o la Idea del Tempio della Pittura de Lomazzo (1590)— describiendo estas colecciones. Esta sinergia favoreció que el discurso se expandiera por toda Europa. Uno de los pilares punto de partida de este tipo de colección fueron las vaticanas y las cortesanas antes comentadas, pero no debemos olvidar al patriciado veneciano y las galerías cardenalicias de Roma (los Bentivoglio, Borguese, Ludovisi, Aldrobrandini, Barberini y Chigi). Este modelo llego con fuerza al s. XVIII.

# D. Wolkertzoon, El cortile y la colección de escultura del palazzo Valle Capranica de Roma, 1550.

Este discurso tuvo un eco temprano en la corte española. Felipe II formo una pinacoteca extraordinaria con obras de los mejores autores italianos y flamencos. Desde esta tradición Felipe III (1578-1621) y Felipe IV (1605-65) potenciaron la adquisición de pinturas en un contexto de progresiva competencia entre coronas. De este último podemos destacar la decoración del Alcázar, el Buen Retiro, la Torre de Parada u otros espacios madrileños, con Velázquez como ayuda.

También sobresalieron en el ámbito nobiliario, las galerías de aristócratas como el duque de Alcalá, el conde de Benavente, el marqués de Carpio, el de Leganés o el almirante de Castilla. Gaspar de Haro y Guzman —VII marqués de Carpio— contaba con la Venus del espejo de Velázquez y la Madonna Alba de Rafael entre sus más de 3000 obras.

Además de Viena, Paris y Madrid; Bruselas y Londres se convirtieron en 2 centros imprescindibles de coleccionismo. La colección del archiduque de Austria —Leopoldo Guillermo (1614-62)—, el conde de Arundel (1586-1646), el duque de Buckingham (1592-1628) o Carlos I (1600-49) lo ejemplifican. De hecho, la almoneda de los bienes de Carlos I, tras su decapitación, reunió a numerosos embajadores y agentes. Gracias a ellos obras como El tránsito de la Virgen de Mategna, El lavatorio de Tintoretto, la Sagrada familia de Rafael o el Autorretrato de Durero, están hoy en el Prado.

# D. Mytens, Thomas Howard, conde de Arundel. c. 1618. National Portait Gallery, Londres

La difusión del nuevo modelo de las galerías no puede entenderse sin las disposición paralela de discursos ideológicos que avalaron la recolección de piezas con un criterio basado fundamentalmente en el gusto estético.

En Francia, por ej. , la Academia favoreció una discusión más afinada de estos nuevos argumentos. Hacia 1660 las descripciones de obras de arte se habían desplazado desde una vocación narrativa a una analítica (atributos formales). Las lecturas de A. Félibien o R. de Piles no proporcionaban las señales ideológicas que el linaje había buscado tradicionalmente, pero si mantenía una lectura social, que en cierta medida conectaba con la vieja idea de magnificiencia.

Al hablar del patronazgo de Francia, Richelieu (1585-1642) y Mazarino (1602-1661), prácticamente siguieron el modelo previo de los príncipes romanos de la Iglesia. Este último fue de hecho uno de los mayores beneficiarios de la almoneda de Carlos I. La descripción de De Piles de las obras de Rubens que poseía Richelieu ofrecía un perfil claramente estético. Nada estaba aparentemente relacionado con su linaje, simplemente acogía estas pinturas como correspondía a su conocimiento artístico.

LA RECEPCION PUBLICA DE LAS COLECCIONES

La mayor parte de las colecciones de la E. Moderna osciló entre el consumo privado y la exhibición pública. El alcance de esta apertura dependió de factores políticos, sociales o de las mismas transformaciones del sistema artístico. Desde el s. XVI, las cámaras de maravillas y los gabinetes eran espacios de trabajo y representación. Sus mapas, libros, retratos y demás bienes; componían un programa ideológico pensado para facilitar la educación de los hijos en las virtudes del linaje y ofrecer a su vez una escenografía que buscaba envolver a los visitantes. Los viajes cortesanos de la E. Moderna encontraron hitos en la visitas de estas colecciones. Por ej: el felicísimo viaje de príncipe Felipe II (1552) fue un recorrido por palacios, fiestas y colecciones.

Estas colecciones favorecían la creación de espacios de interacción determinados por la comunicación cultural y social. Los relatos de viajeros ofrecen abundantes testimonios sobre ello.

Como el de A. Gölnitz (1631) por Francia, que describía desde salas de armas hasta curiosidades eruditas como las del farmacéutico Paul Contant.

# Tabla de animales con malformaciones, en P. Contant, Le Jardin et cabinet poetique, Poitiers, 1609.

Desde el s. XVI se hizo frecuente la reproducción visual de las colecciones en estampas o pinturas. Estas son una evidencia muy relevante de los modos de socialización en gabinetes y galerías. Particularmente, en Amberes, nació un género que consistía en representar estos escenarios, reales o imaginarios. Algunas de estas obras eran encargadas por sus propios poseedores —como podemos observar de las distintas versiones de la galería del archiduque Leopoldo Guillermo o de la vista de la colección del cardinal Silvio Valenti Gonzaga—.

# Escuela Flamenca, Cognoscenti en una habitación con pinturas. c. 1620. National Gallery, Londres.

# G. P. Pannini, Vista de la colección del cardinal Silvio Valenti Gonzaga. 1749, Hartford, Conn., Wadsworth Athenaeum.

La misma existencia de estas imágenes es evidencia tb del interés de difusión más allá de la propia posibilidad de visita. En el s. XVI comenzaron a imprimirse los primeros catálogos —como el del archiduque Fernando sobre su Armería de Ambras, editado por J.S. von Notzing —. Esta edición de catálogos alcanzó en el s. XVII también los inicios de la prensa, que en publicaciones como el Mercure François publicaba entradas sobre las colecciones. También empezaron a editarse descripciones en verso como las de G. Marino y G. de Scudéry. Uno de los primeros catálogos razonados fue el de J. de Julliene —director de Gobelinos— en el que destaca el grupo más importante de pinturas de Watteau.

# G. Fdez. de Córdoba. En J.S. von Notzing, Armamentarium Heroicum. Die Heldenrüstkammer Erherzog Ferdinans II auf Schloss Ambras…, Inssbruck, 1601


# Escuela Francesa, Catalogue des tableaux de Mr. Jullienne. Cabinet de Monsieur: Côté de la Porte. c. 1756. Pierpont Morgan Library, NY.

Conforme avanzó el s. XVIII, el proceso de discusión pública de las colecciones se intensifico mediante el nacimiento de otro tipo de modelo de exhibición que reforzaba su apertura pública.

Hacia mediados, la mejora de accesibilidad fue patente. La galería del príncipe elector de Düsseldorf, J. Wilhelm II von der Pfalz (1658-1716) fue abierta entre 1709-14 en un edificio pensado para la exhibición y en tiempos de su sucesor C. Theodor, el director de la academia de la Academia (L. Krahe) redistribuyo la colección por escuela reduciendo el nº de pinturas por sala y encargó un catálogo a De Pigage, Mechel y Laveaux.

# Cinquiéme Salle, partie à droite de la Seconde Facade, en De Pigage, Mechel y Laveaux, La galerie électirale du Dusseldorff; ou , Catalogue raisonné et figure de ses tableaux. Basilea, 1778

Paralelo a estos usos aristocráticos, fue creándose una audiencia situada en la nueva esfera pública de la ciudadanía. Las exposiciones de la Academia y los primeros museos se alimentaron de un primer público artístico que, aunque muy limitado, comenzó a crear esta demanda en ciudades como París.

Esta progresiva apertura está acompañada de una importante transformación en la naturaleza conceptual de las colecciones. Es interesante constatar, en este sentido, que colecciones estudiadas por Schlosser, como las de la emperatriz Mª Teresa y su hijo el emperador José II fueron distribuidas siguiendo la estela de la recién nacida hª del arte y más tarde, con las revoluciones del s. XIX, quedaron firmemente constituidas como museos públicos. Otro ej. es la colección de Ambras, que en 1814 pasó a constituir una gemäldegalerie en el Belvedere Vienes.

El cambio en las expectativas de los poseedores y del público podía tener distintas consecuencias. En el caso de las colecciones americanas de los Medici, la pérdida de la novedad del descubrimiento llevo a que las piezas se vendieran como ferralla en el s. XVIII al desaparecer su valor como semióforos. En el caso de Ambras, la provisión de una nueva narrativa llevó a la constitución de una nueva colección con las mismas piezas. Al igual que Paracelso y Pretarca habían proporcionado soporte ideológico para el primer coleccionismo humanista, Winckelmann estaba avalando la nueva mirada estetizante.

El transito del s. XVIII al XIX entendió que la colección, constituida en museo, era un nuevo templo en el que consagrar la nueva mirada artística. En paralelo, las viejas colecciones de naturalia de las cámaras de maravillas fueron dando paso a los museos de historia natural y antigüedades.

El inmenso movimiento de piezas artísticas que ocasionaron las guerras marcaron este cambio de siglo. Aunque estas muestras estuviesen motivadas por la celebración de victorias militares, los catálogos evidenciaban una voluntad didáctica. Con todo, lo más interesante es que los espectadores convalidaban absolutamente esta percepción. El desplazamiento de obras desde iglesias italianas y españolas al Louvre solo se entiende gracias a la transformación paralela del fiel parroquiano en ciudadano connoisseur.

miércoles, 9 de abril de 2025

EL BÁLTICO Y EL ESTE EUROPEO EN LA BAJA EDAD MODERNA

Conflictos en el Báltico y el NE. Los repartos de Polonia
 
La Gran Guerra del Norte (1700-1721)

Resultado de la nueva relación de fuerzas frente al predominio sueco, comenzó cuando Augusto II de Sajonia, rey de Polonia, formó una coalición con Rusia y Dinamarca. A comienzos del s. XVIII los daneses invadieron Gottorp, Augusto II atacó Riga y los rusos Narva. En respuesta, Carlos XII de Suecia marchó sobre Copenhague obligando a Federico IV a separarse de la coalición, derrotó a Pedro I de Rusia en Narva, levantó el sitio de Riga y se apoderó de Curlandia. A continuación, en 1702 invadió Polonia, derrotó a Augusto II en Klissow y puso como rey a Estanislao Leczinski. Luego invadió Sajonia, forzando a Augusto II a dejar la coalición y a renunciar a la corona polaca.

 
Entre 1701 y 1705 el zar había arrebatado a Suecia Ingria, Carelia, Estonia y Livonia, buscando salida al Báltico y fundando San Petersburgo en 1703. El mayor error de Carlos XII fue marchar sobre Moscú en 1707, pero los rusos recurrieron a la táctica de tierra quemada y derrotaron a las debilitadas fuerzas suecas enPoltava, en julio de 1709. La derrota reactivó la coalición antisueca (Rusia, Polonia y Dinamarca) → Augusto II recuperó Polonia, los daneses ocuparon Escania y los rusos Riga, Reval y Viborg, 1719. La Pomerania sueca fue invadida y los coaligados recibieron la adhesión de Prusia (1713) y de Jorge I de Inglaterra y Hannover (1715). Tras su fuga de prisión, Carlos XII decidió conquistar Noruega (salida al Atlántico y debilitamiento de Dinamarca) e inició un acercamiento antibritánico a Rusia. Pero en 1718 murió en el sitio de Friedrikshald → Suecia debiófirmar la paz con Hannover, Prusia y Dinamarca (tratados de Estocolmo, 1719-1720) y con Rusia (tratado de Nystad, 1721):
  • ESTOCOLMO: Suecia cedió a Dinamarca Schleswig, a Prusia buena parte de Pomerania occidental con Stettin, y a Hannover los territorios de los obispados de Bremen y Verden.
  • NYSTAD: Suecia recuperó Finlandia meridional y Rusia fortalecía su presencia en el Báltico con Ingria, Estonia y Livonia, una parte de Carelia con Viborg, y las isas Dago y Ösel.
 
El equilibrio en el Báltico
 
Estos repartos del Imperio sueco dieron lugar a una situación de equilibrio en el Báltico → siglo XVIII bastante pacifico, pese a la inquietud británica frente a la aparición de Rusia. La mediación diplomática francesa no logró acercar ambos países, pero, cuestiones comerciales aparte, la realidad es que el Báltico vivió un siglo XVIII bastante pacífico, sólo interrumpido por las repercusiones tangenciales de los grandes conflictos europeos: la guerra sueco￾rusa 1741-1743, que fue un conflicto menor en el marco de la Guerra de Sucesión de Austria, y la intervención de Suecia en la Guerra de los 7 Años, dentro del bando francés entre 1757 y 1762, o bien el conflicto de Suecia con Rusia entre 1788 y 1790, aprovechando una de las guerras ruso turcas.
 
Rusia pasó a ser la potencia en la zona. Alianzas con la pacifista Dinamarca y con Prusia, tutela sobre Polonia y ocasionalmente sobre Suecia. La Alianza del Norte entre Prusia y Rusia de 1764 tenía como objetivo regular la zona sin intervención de potencias occidentales, comprometiéndose a mantener la situación en Polonia y Suecia, ya que los dos objetivos en la zona eran la estabilidad polaca, amenazada con cada nueva ascensión al trono, y mantener el statu quo en Suecia. Dicho acuerdo fue continuado por la posterior alianza de Catalina II con José II en 1781.
 
Primer tratado de reparto de Polonia (1772)
 
Dado el interés en el territorio polaco de Rusia, Prusia y Austria, este fue utilizado como base de un acuerdo entre las tres, a costa de dividírselo.
  • RUSIA: parte de la Livonia polaca y la Rusia Blanca hasta el Dvina y el Dniéper. Catalina II
  • AUSTRIA: Galitzia oriental y la Pequeña Polonia (excepto Cracovia). María Teresa y José II
  • PRUSIA: Prusia occidental (menos el puerto de Danzig) y el territorio polaco hasta el rio Netze. Federico II


La situación de Suecia
 
Rusia se oponía al absolutismo de Gustavo III y alentaba la oposición contra él. En 1788, aprovechando el conflicto ruso￾turco, el monarca sueco ataco San Petersburgo. En 1790, mientras Suecia obtenía algunos éxitos, se creaba una alianza antirrusa (entre Gran Bretaña, Prusia y las Provincias Unidas), ante la que Catalina II hubo de firmar un acuerdo de paz ese mismo año, sin cesiones territoriales, pero por el cual se comprometía a no intervenir en la política interior sueca. En 1791, Gustavo III estableció una alianza con Rusia que le asegurara protección ante posibles movimientos revolucionarios como el de Francia.
 
Segundo tratado de reparto de Polonia (1793)
 
El temor a que los movimientos revolucionarios franceses estimularan a los nacionalistas polacos llevó a Catalina II a pactar con Prusia un segundo reparto de Polonia:
  • RUSIA: Podolia, Ucrania occidental y el oeste de Bielorrusia (gran parte de Lituania).
  • PRUSIA: Danzig, la región de Thorn y Posnania.

Tercer tratado de reparto de Polonia (1795)
 
El general Tadeus Kosciusko recogió el malestar y proclamó el Acta de Insurrección → intervención de Rusia, Prusia y Austria → tercer y último reparto de Polonia, que hizo desaparecer al país:
  • RUSIA: Curlandia y el resto de Lituania.
  • AUSTRIA: Polonia meridional, con Cracovia.
  • PRUSIA: el territorio restante, que incluía Varsovia.


El retroceso internacional de Turquía
 
La victoria de Pedro I sobre los suecos en Poltava creó un cierto paneslavismo que le llevó a intervenir en la zona para expulsar a los turcos. Sin embargo, la derrota del río Prut en 1711 lo obligó incluso a devolver Azov a los turcos. El sultán entregó entonces los principados autónomos de Moldavia y Valaquia a griegos del barrio ortodoxo de Fanar, en Estambul, que en adelante serían conocidos como los príncipes fanariotas. El contraataque turco en 1715 para reconquistar Morea (cedida a Venecia en 1699), provocó la alianza austriaco-veneciana y una nueva guerra tras la que Turquía, merced a la paz de Passarowitz (1718), recuperaba Morea, pero perdía territorios e iniciaba su decadencia. Austria, la gran beneficiada, recibía Temesvar, que completaba su dominio sobre Hungría, así como parte de Bosnia, el norte de Serbia con Belgrado, y la pequeña Valaquia.
 
A partir de ese momento, los rusos (con apoyo austríaco) y los turcos (con apoyo diplomático francés) se enfrentaron a menudo en la zona, especialmente en torno a Crimea:
  • 1735-39: Los rusos recuperaron Azov, invadiendo Crimea en 1736. El emperador invadió la Serbia en poder turco, Valaquia y Bulgaria. Los turcos reconquistaron Nis e infringieron varias derrotas al ejército imperial, mientras obligaban al ejército ruso a retroceder hasta Ucrania. Por los tratados de paz de 1739 firmados en Belgrado y Nis, Rusia devolvió sus conquistas, las provincias del Cáucaso serían independientes, quedando el mar negro cerrado a los barcos rusos. Austria devolvía la ciudad de Nis y las posesiones arrebatadas en la paz de Passarowitz de las que Carlos VI únicamente conservaría el banato de Temesvar (Timisoara, frontera hasta 1914).
  •  1768-1774: Rusia invadió de nuevo Crimea y avanzó por Besarabia, Moldavia y Valaquia, infringiendo una derrota naval a los turcos en el Mediterráneo, 1770. Tras la petición de armisticio por los turcos y el reparto de Polonia, Rusia volvió a atacar los Balcanes, llegando hasta Bulgaria y obligando a Turquía a capitular en 1774. Por la paz de Kütchük-Kaynarda, Rusia devolvió Valaquia, Moldavia y Besarabia, pero a cambio, logro importantes concesiones: la libre circulación por el Mar Negro y los estrechos de Dardanelos y el Bósforo, el derecho a proteger los ortodoxos del Imperio turco y la independencia de Crimea, que se anexionó en 1783 y donde fundó Sebastopol. Su posesión le fue reconocida por la convención de Edirne de 1784.
  •  1787-92: Turquía declaró de nuevo la guerra a Rusia, que recibió el apoyo de Austria, cuyas operaciones militares resultaron un fracaso y acabó abandonando la guerra. Con la paz de Jassy (1792), Rusia adquirió los territorios entre los ríos Dniéster y Bug, consolidando así su dominio sobre la costa norte del Mar Negro (donde funda Odessa en 1794), y dificultando una alianza turco-polaca.
Los tratados firmados entre Rusia y Turquía entre 1774 y 1804 hicieron desaparecer casi todas las zonas autónomas entre ambos. El largo enfrentamiento acabo con un retroceso turco y la confirmación del avance ruso en el SE europeo.
 


Dinamarca y el reformismo
 
El de Dinamarca-Noruega (ambos reinos pasaron a estar en pie de igualdad, Reinos Gemelos) fue el principal ejemplo de absolutismo ilustrado en el mundo báltico que se mantendría hasta 1848. Los monarcas de la casa Oldemburgo se apoyarían en una nueva nobleza de servidores civiles y militares extranjeros, y también en la burguesía danesa, manteniendo al margen a la anteriormente poderosa aristocracia terrateniente danesa. El rey gobernaba con su Consejo o Gabinete, por debajo del cual se situaban diversos colegios (Kollegier) encargados de la administración.
 
Federico IV (1699-1730), Cristian VI (1730-46) y Federico V (1746-66)

Los primeros reinados fueron de recuperación económica, gracias a la ausencia de conflictos bélicos tras la Gran Guerra del Norte, que agravó sin embargo la situación en el campo. Lo cierto es que, pese a figurar entre los vencedores, apenas logró compensaciones en el tratado de paz de Estocolmo, y aunque consiguió en ellos cesiones importantes, no logró su aspiración de incorporar la totalidad de los ducados de Schleswig y Holstein, que garantizaban su seguridad. El mayor problema, que arrastraría hasta 1773, procedía de su enemigo y anterior vasallo el ducado de Holstein-Gottorp, vinculado habitualmente a la política sueca y, más adelante, a Rusia, a cuyos tronos accederían sendos miembros de dicha casa. En 1702 Federico IV había abolido la servidumbre y la fijación del campesinado a la tierra, pero el despoblamiento del campo llevó a Cristian VI a restablecerla parcialmente en 1733, fijando a la tierra a los campesinos mientras pudieran ser reclutados (de los 14 a los 36), lo que garantizó el trabajo en el campo y el suministro de soldados.
 
Se tomaron otras medidas de corte mercantilista: compañías privilegiadas, apoyo a la marina, promoción de manufacturas, el Banco de Copenhague de 1736, etc. Asimismo, y con el ánimo de reforzar la instrucción popular y facilitar la lectura de la Biblia, en tiempos de Federico IV se promovió la creación de 240 escuelas rurales en los dominios pertenecientes a la corona. En estos años tuvo lugar también la construcción de Copenhague tras el incendio sufrido en 1728.
 
Con Federico V la alta nobleza volvió a la dirección de los asuntos públicos, en la que intervinieron también algunos alemanes, como Johann Bernstorff, que mantuvo a Dinamarca fuera de los conflictos entre las potencias. Si durante la Guerra de los Siete Años permaneció en la órbita francesa, el debilitamiento posterior francés le llevaría a la alianza con Rusia (1765).

Federico IV (1699-1730), Cristian VI (1730-46) y Federico V (1746-66)
Cristian VII (1766-1808) y regencia de Federico VI (1784-1808)

Aunque el rey no participó por su enfermedad mental, su reinado vivió dos grandes periodos reformistas:
  • Johann Friedrich Struensee (1770-72) disolvió el Consejo y prescindió de los colegios de la administración, e impuso autoritariamente medidas reformistas basadas en ideas ilustradas, para lo que emitió miles de decretos: libertad ilimitada de prensa y expresión, abolición de la tortura, tolerancia religiosa, reducción de fiscalidad campesina, asistencia pública, protección a la infancia… → oposición generalizada → caída, proceso y ejecución →abolición de la mayoría de sus medidas.
  • Ove Hoegh Guldberg (1772-84), gobierno conservador con tintes nacionalistas y contrario al reformismo. Se reinstauró el Consejo y gracias a la mediación de Rusia, se logró por fin incorporar el ducado de Hosltein-Gottorp.
En 1784, el futuro Federico VI asumió la regencia, apartó a Guldberg y se rodeó de ministros eficaces que llevaron a cabo una serie de reformas. Destacaron las agrarias (abolición de la servidumbre, contrato libre en sustitución de la corvea, acceso de los campesinos a la propiedad, desaparición de los privilegios económicos aristocráticos) y la liberalización de las manufacturas y el comercio, acabando con los monopolios. Noruega dejó de ser un mercado exclusivo del grano danés, Copenhague perdió sus privilegios en relación con otros puertos, el mercado de Islandia se abrió a todos los súbditos de la corona, y los terratenientes nobles perdieron sus privilegios de explotación de ganado. En 1792 se abolió la trata de esclavos. Las medidas fueron fruto de la negociación y contaron con el apoyo de una opinión pública muy desarrollada desde la Ley de Libertad de Prensa de 1794.
 
A finales de siglo diversos factores, como la Revolución Francesa, pusieron fin al reformismo.


Suecia, entre el parlamentarismo y el absolutismo
 
Tras la derrota en la Gran Guerra del Norte, la política sueca del siglo XVIII se centró en el gobierno interior. La larga ausencia de Carlos XII por las campañas militares y el gran esfuerzo militar y financiero aumentaron la oposición al absolutismo, y su repentina muerte sin descendencia permitió al Parlamento (Riksdag) asumir la mayor parte de los poderes y crear los tres instrumentos que darían paso a un sistema más parlamentario: la Forma de Gobierno (1719), la Constitución (1720) y el Reglamento (1723) → Frihetstiden, o Era de la Libertad, que duraría hasta 1772, periodo complejo por los desacuerdos entre los 4 estados del parlamento (nobleza, clero, burguesía y campesinado libre), con un claro predominio del primero.
 
Entre las diversas comisiones que nombraba el Riksdag, destaca el Comité Secreto, auténtico centro del poder por su condición de Diputación Permanente en el intervalo entre las sesiones del Riksdag, que se reunirá al menos cada 3 años. Lo componían 50 nobles, 25 eclesiásticos y otros tantos burgueses, quedando fuera de él los campesinos.
 
El rey presidía un Consejo integrado por 18 consejeros nombrados y responsables ante el Riksdag, el principal de los cuales era el presidente de la cancillería, que hacía las veces de primer ministro. La pequeña y mediana nobleza de servicio monopolizaba los cargos civiles y militares a costa de la aristocracia terrateniente → tensiones entre los diversos sectores nobiliarios.
 
Para el trono vacante había dos candidatos: Carlos Federico de Holstein-Gottorp (hijo de la hermana mayor de Carlos XII) y Federico (príncipe heredero de Hesse y esposo de la hermana pequeña de Carlos XII, Ulrika Leonor).
 
No fue elegido ninguno de los dos, sino Ulrika Leonor (1718-20), a quien se exigió renunciar a sus derechos hereditarios y jurar la forma de gobierno. Pero por sus tendencias absolutistas fue obligada a abdicar 14 meses después en su esposo Federico I, que carecía de derechos sucesorios.

Federico I de Suecia

Federico I (1720-1751) y los gorros y sombreros

Gobierno de Arvid Horn (1720-38)
 
Partidario de la paz como sus contemporáneos Walpole y Fleury. Recuperación económica gracias al proteccionismo mercantilista, y al saneamiento de la hacienda pública. En su época se forman los dos partidos que lucharán más tarde por el poder:
  • SOMBREROS (hattarna), por el sombrero militar. Formado por oficiales del ejército, aristócratas de servicio y burgueses, que se constituyen en torno a la idea de una revancha con Rusia con apoyo francés, y una restauración como gran potencia con una política económica mercantilista más agresiva.
  • GORROS (mössorna), partidarios de Horn, compuestos por nobleza terrateniente, dignatarios del clero y clase media. Apoyados por Gran Bretaña, Dinamarca y Rusia.

Predominio de los sombreros (1738-1765)

Suecia se enfrentó con Rusia (1741-43) dentro de la Guerra de Sucesión de Austria, al término de la cual hubo de cederle parte del sur de Finlandia y la sucesión de la Casa de Holstein-Gottorp, emparentada con los Romanov. Adolfo Federico I (1751-71) fue el primero de esa familia y el ultimo de la Era de la Libertad. Intentó un fallido golpe de estado en 1756 para aumentar su limitado poder. Tras su alineamiento con Prusia en la Guerra de los Siete Años, los sombreros salen del poder y entran los gorros.
 
Predominio de los gorros (1765-1769 y 1771-1772)
 
Política menos mercantilista y más centrada en la agricultura, la iniciativa privada, la libertad de prensa y la eliminación de privilegios. Esto alarmó a la nobleza y no obtuvo resultados, trayendo de nuevo a los sombreros al poder en 1769. Tras su victoria electoral en 1771, los gorros plantearon la igualdad de nobles y plebeyos en el acceso a las funciones públicas.


Gustavo III (1771-92)
 
A la muerte de Adolfo Federico I subió al trono Gustavo III, que dio dos golpes de estado (en 1772 y 1789) acabando con la Era de la Libertad. El primero le permitió asumir totalmente el poder ejecutivo y la dirección de gobierno, compartiendo el legislativo con el Parlamento. En los años siguientes, hasta 1786, los rusos favorecieron la oposición al rey y el separatismo finlandés, y hubo varias reformas: libertad del comercio de grano, tolerancia religiosa, abolición de la tortura, orden y eficacia en la administración... Pese a que la política fue en general favorable a la nobleza, el Rey no logró su apoyo, deseosa de un mayor poder y descontenta por la postergación del Riksdag, que no fue convocado hasta 1778.
 
En 1789, la nobleza censuró en el Parlamento al rey por haber entrado en guerra con Rusia sin su autorización.
 
Gustavo III reaccionó haciendo que el Riksdag aprobara en 1789 el Acta de Unión y Seguridad, que le otorgaba plenos poderes, iniciando una etapa más absolutista. Los privilegios nobiliarios se redujeron, aboliéndose los derechos feudales del campo; los campesinos pudieron acceder a la propiedad de la tierra y sus representantes tuvieron acceso al Comité Secreto. Esto, unido a las malas finanzas por la guerra llevó a varios nobles a asesinar al rey en 1792 → regencia de su hermano menor, el duque Carlos (1792-96), hasta que subió al trono su hijo Gustavo IV Adolfo (1792-1809), que sería depuesto por un golpe de estado, poniendo fin al absolutismo en Suecia.

Gustavo III (1771-92)
 
El fortalecimiento de Rusia
 
Pedro I (1689-1725)
 
En el siglo XVIII Rusia y Prusia serían los grandes poderes emergentes europeos. Para ello fue esencial el reinado de Pedro I. Realizó un viaje de incógnito por Europa que fue fundamental para su formación, e hizo que apostara por la occidentalización y se interesara por la construcción naval. Hubo de interrumpirlo por la conjura de los streltsi (cuerpo militar de élite que pretendía el retorno de su hermanastra Sofía), con cuya derrota afianzó su poder, asumiendo el título de emperador en 1721. Consiguió una salida al Mar Negro en Azov y en el norte fundó San Petersburgo y la cercana base de Kronstadt, que le permitía una salida al Báltico.

Su política reformista pretendía superar los atrasos del país, apoyado en su gran poder autocrático, de base sagrada. Debió afrontar resistencias, sobre todo de los Antiguos Creyentes, y del pueblo contra las reformas occidentales (calendario juliano, ropa, afeitado, etc.), la fiscalidad, las prestaciones forzosas de mano de obra o el reclutamiento. Afrontó también revueltas como la de los cosacos de Bulavin en el Don o Iván Mazepa en Ucrania.
  • REFORMAS ADMINISTRATIVAS Y POLÍTICAS: Disminuyó el poder de la Duma con la creación en 1700 de una Cancillería dependiente del Zar, formada por 8 prikazy y encargada de dirigir el gobierno y las finanzas. Estos fueron convertidos en colegios al estilo sueco tras la creación de un Senado en 1711. El Reglamento General de 1720 organizaba el territorio en varios gubernii, y estos en provincias.
  • REFORMAS MILITARES: Fortaleció el ejército a imagen de los occidentales, y creó una marina de guerra, lo cual estimuló el desarrollo de la siderurgia de los Urales y de diversas manufacturas estatales, arsenales, astilleros, etc.
  • REFORMAS RELIGIOSAS: La oposición del patriarca Adriano a su política absolutista lo llevó a dejar vacante el patriarcado a la muerte de aquel, aboliéndolo finalmente en 1721. Dio un nuevo estatuto a la Iglesia ortodoxa, situando a su frente al Santo Sínodo (14 eclesiásticos elegidos por el zar), sometiendo la Iglesia al poder real, situación que duraría hasta la Revolución de 1917.
  • REFORMAS SOCIALES: Introdujo el principio de primogenitura (1714) (similar al mayorazgo castellano) y la Tabla de Rangos (1722), que mantenía la preeminencia de las antiguas familias de boyardos, convertía el servicio al rey en la única vía posible de ascenso social y que iba en la dirección de crear una élite burocrática, civil y militar, profundizando su separación respecto a la masa popular.
  • REFORMAS EDUCATIVAS: Se creó el Colegio de Matemáticas y Náutica de Moscú, tanto para la armada como para la sociedad civil y, posteriormente, varias academias militares. Para la enseñanza primaria ordenó la creación en cada provincia de escuelas de números (por la importancia que se le daba las matemáticas), y escuelas episcopales vinculadas a la iglesia. En 1718 financió la academia de Ciencias, que se inauguraría poco después de su muerte.
Pedro I (1689-1725)

Período de inestabilidad (1725-1762)
 
El enfrentamiento de Pedro I con su hijo Alexis (encarcelado y muerto en prisión en 1718) lo dejó sin heredero. Cambió el sistema sucesorio para que el zar pudiera elegir su sucesor, pero no llegó a hacer uso de tal prerrogativa, y al morir 3 años después se inició un periodo de inestabilidad con varios zares y zarinas intrascendentes, con poder de la nobleza y las camarillas, durante el que se suprimieron algunas reformas (primogenitura, e.g.). Los dos únicos periodos de cierta estabilidad fueron los de las zarinas:
  •  ANA (1730-40): hija de Iván V y duquesa de Curlandia. Dominio político de la nobleza del Báltico.
  • ISABEL PETROVNA (1741-61): hija de Pedro I, restableció la administración central frente al incremento de autonomía de provincias y municipios, abolió las aduanas interiores, creó el Banco de Empréstitos de la Nobleza y avanzó en la occidentalización de la cultura rusa. Nombró sucesor a su sobrino Pedro, duque de Holstein-Gottorp, que se casaría con la princesa alemana Sofía Federica Augusta de Anhalt, Catalina al convertirse al cristianismo ortodoxo.
 


Catalina la Grande (1762-96)

Pedro III fue obligado a abdicar en su esposa por una facción de la nobleza, esperando que ella proclamara zar a su hijo Pablo y se quedara como regente. Pero esta decidió reinar, rodeándose de aliados como los hermanos Orlov. Pedro III e Iván VI fueron asesinados. Catalina sería uno de los monarcas europeos más importantes del s. XVIII.
 
Continuó con la centralización y engrandecimiento de Rusia basándose en los principios del despotismo ilustrado autocrático. Su reinado tuvo dos etapas: unos primeros años de proyectos reformistas, que se abandonaron en su mayoría tras la revuelta de Pugachov, para reforzar la unión con la nobleza en la que se apoyaba su poder →Absolutismo ruso = equilibrio entre nobleza, burocracia y trono.

Pretendió crear una especie de absolutismo constitucional, basado en El Manifiesto (1762), en que animaba a extranjeros a asentarse en Rusia, y la Instrucción (1767) para la codificación del derecho por parte de una Comisión Codificadora, demasiado heterogénea en su composición, que se disolverá a los 2 años. Concentró el poder en el Senado formado por 25-30 dignatarios, a costa del Consejo Imperial, y creando seis departamentos que se repartían los asuntos de gobierno. En 1758 creó el Consejo de la Alta Corte con gentes cercanas a ella, como Potemkin. En lo religioso, acabó con la poca autonomía de la Iglesia, suprimiendo conventos y quedándose con sus bienes.
 
En el terreno religioso su política fue una clara continuación de la de Pedro I, pues no solo acabó con los resquicios de autonomía de la Iglesia, sino que suprimió conventos y utilizó los bienes de la Iglesia para financiar su política.
 
No obstante, con ella cesaron las persecuciones a los disidentes ortodoxos y acogió a jesuitas expulsados.
 
Asimismo, permitió que los musulmanes de los territorios conquistados a los turcos mantuvieran sus mezquitas.
 
Tras los repartos de Polonia, varios millones de súbditos católicos, tanto de rito latino como rutenos, es decir, de rito bizantino, pasaron a depender de Rusia. Aunque en menor medida, también las iglesias de rito latino padecieron la intolerancia rusa, si bien en 1783 la zarina creó para todos los católicos de Rusia la archidiócesis de Moguiliov en la actual Bielorrusia.
 
Tras la rebelión de Pugachov, ejecutado en 1775, avanzó en la centralización de la administración y la elevación del número de gobernaciones a 50, con gobernadores dotados de amplios poderes, divididas en distritos, al frente de los cuales puso a la nobleza local. Su política social fue favorable a la nobleza que formaba parte del aparato burocrático. La Carta de la Nobleza (1785) reafirmaba su autonomía, dignidad y privilegios; dándoles el monopolio de la posesión de tierras con siervos y el dominio del subsuelo y las actividades industriales y mercantiles. Todo ello en detrimento del campesinado. También promulgó una Carta de las Ciudades que reglamentó el gobierno urbano y los derechos de sus habitantes.
 
Favoreció el libre comercio, las manufacturas y la industria, liquidando monopolios y basándose en ideas de la fisiocracia → Gran crecimiento económico. También favoreció las instituciones y sociedades científicas y culturales, así como el teatro y la música. Inició la colección artística que decoraría el Palacio de Invierno, origen del museo del Hermitage. Promovió la enseñanza elemental estableciendo una escuela pública principal en cada ciudad cabecera de los guberniya (1786, Estatuto de Escuelas Públicas).
 
Los ecos de la Revolución Francesa frenaron el reformismo y originaron un cierto aislamiento y represión.

Catalina la Grande (1762-96)

El final de Polonia
 
El fracaso de Polonia se debió a su incapacidad de crear un poder político centralizado, debido a su enorme extensión (850.000 km2), la carencia de fronteras naturales y sobre todo a la resistencia de la nobleza a aceptar un poder monárquico fuerte. Polonia era de hecho una república aristocrática sometida al poder de las grandes familias, que contaban con ejércitos privados y dominaban la media y pequeña nobleza, slachta. El poder de veto de cualquiera de los miembros de las dos cámaras de la Dieta (sejm) era la demostración de la ineficacia del sistema que conduciría a la desaparición de Polonia a finales del siglo. El gobierno provincial estaba en manos de las asambleas de nobles (dietinas).
 
Augusto II (1697-1733) y Augusto III (1733-63)

Tras la muerte de Juan III Sobieski, la Dieta eligió rey al elector de Sajonia Federico Augusto I, que reinaría como Augusto II.
 
Los primeros años de su reinado estuvieron marcados por los desastres económicos y políticos ocasionados por la Gran Guerra del Norte, con la nobleza dividida entre los partidarios de Suecia y de Rusia. De hecho, Suecia le depuso y entronizó a Estanislao Leczinski (1704-09), y sólo pudo recuperar el trono tras la Batalla de Poltava. Tras la paz, Rusia mantuvo guarniciones en Polonia, confirmando su dependencia, y respaldó a la Dieta para debilitar aún más el poder del rey. A la muerte de Augusto II, la guerra de sucesión, y la intervención extranjera volvió a poner de manifiesto la dependencia polaca, y aun más con la entronización de Augusto III apoyado por Rusia.
 
Augusto III demostró escaso interés por el poder, permaneciendo en Dresde, la capital de su electorado de Sajonia.
 
Curiosamente la economía agraria y latifundista polaca vivió una fase positiva a partir de los años 30 por la buena coyuntura y la poca intervención en las guerras.

Augusto II y Augusto III
 
Estanislao II (1764-95)
 
Al morir Augusto III, accedió al trono el candidato apoyado por Rusia, el noble polaco Stanislas Augusto Poniatowski, como Estanislao II. Fue un monarca ilustrado que trató de frenar la anarquía y el declive exterior con medidas del absolutismo ilustrado, pero su poder estaba muy lejos del absolutismo, lo que frustró muchas de sus iniciativas. En sus primeros años creó una especie de Gabinete, con ministros dependientes de él, eliminó el veto de la Dieta sustituyéndolo por el voto de la mayoría y restringió las atribuciones de esta a la economía y administración.

Estanislao II (1764-95)
 
La Dieta aceptó la libertad de culto y acceso de los no católicos a cargos públicos, pero los desórdenes internos contra Rusia llevaron a la intervención militar de Catalina II en 1767 y Rusia pasó a tutelar Polonia, deshaciendo las reformas absolutistas. Federico II propuso el primer reparto de Polonia (1772), entre Rusia, Prusia y Austria, por el que Polonia perdió el 30% de su territorio y el 35% de su población.
 
En lo siguiente fue la nobleza la que impulsó reformas, a través de la Dieta de la Partición (1773-75), tratando de reorganizar el poder en beneficio propio, para lo que se creó un Consejo Permanente, encargado del gobierno y dividido en 5 ministerios. Pero la oposición interna conservadora y la intromisión del embajador ruso limitaron su éxito.

Una última iniciativa reformista, con el objetivo desesperado de salvar el país de la crisis, fue impulsada por el Partido Patriota en la Gran Dieta (1788-1792), aprovechando la guerra de Rusia con Suecia y Turquía. Se elaboró la Constitución de 1791, que establecía la soberanía nacional, la separación de poderes y el carácter hereditario del poder real, que reforzaba. Al mismo tiempo se reunía un ejército de 65 mil hombres. Despertó una reacción interna conservadora y pro-rusa, la contrarrevolución de Targowica, y provocó que las tropas de Catalina II invadieran Polonia y anularan la Constitución.
 
En 1793 Rusia y Prusia impusieron un nuevo reparto por el que se apoderaron de 3/5 de lo que quedaba de Polonia, dejándola en un pequeño protectorado ruso. La reacción fueron una serie de revueltas, que trataron de aglutinar el general Tadeus Kosciusko, quien proclamó el Acta de Insurrección, estableciendo una especie de jacobismo radical confuso que sirvió de excusa para que Austria, Rusia y Prusia invadieran el país y procedieran al tercer y último reparto, y a la desaparición de Polonia (1795)