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viernes, 24 de julio de 2026

MANIFESTACIÓN

El silencio se extiende
mientras una multitud ocupa las calles y avenidas
las consignas enmudecen
mientras te pierdes entre el oleaje humano

la marea roja se extiende imparable
mientras las banderas ondean y se agitan, 
oleaje que se convierte en marejada
que rompe la monotonía y la calma 

Como un reloj, los latidos se sincronizan 
la voz erguida en la boca
entonan canciones de emancipación
y florecen como un campo de amapolas

un mar de puños levantados os saludan 
¡Siempre de pie!, sin rodillas,unidos
de nuestra sangre sin yugos, las montañas rojas
crecen y se expanden en cordilleras

martes, 28 de abril de 2026

LAS CARTAS PERDIDAS

Los libros se amontonaban en las mesas mientras los estantes, antes impenetrables aparecían desnudos ante los ojos de los bibliotecarios. La antigua librería llevaba más de un siglo en el barrio, pero había sido comprada hace poco y los nuevos propietarios querían deshacerse de los antiguos muebles. Seguro que para crear un bar o un nuevo apartamento turístico: la zona del centro estaba muy solicitada últimamente y, para los turistas, querían evitarse el engorro del metro y de las estacione para moverse libremente por la ciudad. En una época de grandes cambios y globalización, los antiguos negocios desaparecían engullidos por la oferta y la demanda de un sector que proporcionaba más dinero a sus propietarios en un mercado más global.

Los obreros apilaban los libros y los colocaban en cajas. Su destino era incierto: los vendedores no querían saber nada de aquellos viejos volúmenes y los nuevos propietarios estaban más interesados en las tabletas y las pantallas electrónicas para leer e informarse. Era el fin de una era y el nacimiento de la era digital. Los viejos volúmenes se convirtieron en las víctimas involuntarias de esta nueva tendencia, muertos silenciosos que observan desde las estanterías desconociendo su destino.

Columnas y filas de ejemplares se amontonaban esperando ser trasladas a un destino incierto. Los paseos de los obreros eran el único ruido en la antigua librería, que veía cómo sus días de gloria habían pasado y su desnudez era cada vez más evidente.

En uno de los viajes, una de las columnas se derrumbó por el golpe inesperado de uno de los trabajadores y  su estructura se desmoronó ante los ojos de los demás, quienes, con fastidio, se apresuraron a  recoger y ordenar los libros del suelo. Algunos de los volúmenes  estaban abiertos, con las hojas dobladas y algunos ocultaban viejas fotografías y papeles.

Algunas eran fotografías de los autores, recortes de prensa donde había una crítica del libro o del propio autor: nada fuera de lo habitual. Pero algunos de los ejemplares habían dejado caer sobres y papeles demasiado largos y elaborados para ser simplemente una reseña o un recorte de prensa. Uno de los obreros llamó al capataz avisándole del hallazgo, y entonces se dedicaron a recopilar los manuscritos mientras el resto seguía con la faena.

El sobre y los papeles, ajados y amarillentos por el paso del tiempo, aun conservaban una escritura fuerte y legible. Algunos eran antiguos informes militares, partes dirigidos a señores de nombre Líster, Modesto y otros apellidos raros donde se detallaban datos y fechas con algún tipo de operaciones militares o escaramuzas que los obreros desconocían; otras eran cartas escritas a mano, que, a pesar del tiempo eran más o menos legibles.

Algunos de los autores escribían a sus familias “Querida mía. Hoy 22 de septiembre  de 1936. Sin novedad en el frente. El aburrimiento pesa. Hace una semana un grupo de falangistas intentó entrar en nuestra trinchera, pero acabamos repeliéndoles. ¡Salieron con el rabo entre las piernas! Pero los días suelen pasar sin novedad: cavar trincheras, mantenerla limpias, hacer guardia, otear el horizonte… lo único que rompe la monotonía son las clases  que tenemos por la tarde: después de comer un soldado que fue maestro nos enseña a leer y a escribir mientras nos da una lección de historia y nos recita versos de Machado o miguel Hernández. A veces nos enseñan a hacer números. Las cuentas no se me dan tan mal: voy cogiendo experiencia. La monotonía es lo más habitual.”

La carta continuaba.  La dejó a un lado y encontró más misivas. Historias olvidadas de un pasado cercano, silenciado pero a vista de todo aquel que oteara un poco con interés. Otra carta contaba  sobre sus compañeros de trinchera: "Paco, mi compañero en la guardia, es un tío bastante afable con una historia trágica como la mayoría de los que conozco. Ya de pequeño empezó a trabajar en una finca de Extremadura a las órdenes de un señorito (no entendí el nombre que me dijo) y sus calamidades no habían hecho más que empezar.  Su primer recuerdo era el del día que perdió uno de los cerdos que le habían encargado que vigilase y regresó a la finca llorando. El capataz le rebajó la ‘ración’, es decir, el pedacito de tocino que echaban en el potaje los jornaleros y que prácticamente era ‘la única cosa nutritiva que en él había’. Paco había comenzado su aprendizaje”. “Pronto salió a trabajar en los campos. Araba, sembraba y segaba con la hoz en las fincas donde los jornaleros contratados pasaban temporadas fijas, ‘siempre hambrientos a causa de lo poco que nos daban para comer, delgados como esqueletos’, durmiendo sobre paja en el suelo de tierra de los cobertizos, ‘todos juntos como en un cuartel’. La paja era la que las mulas y los bueyes no querían como forraje."

Como luego me confesó: (...) “Odiábamos a la burguesía, que nos trataba como a animales. Los burgueses eran nuestros peores enemigos. Cuando les mirábamos creíamos estar viendo al mismo diablo. Y lo mismo pensaban ellos de nosotros. Había odio entre nosotros, un odio tan grande que no hubiera podido ser peor. Ellos eran burgueses, ellos no tenían que trabajar para ganarse la vida, vivían cómodamente. Nosotros sabíamos que éramos trabajadores y que teníamos que trabajar, pero queríamos que ellos nos pagasen un jornal decente y que nos tratasen como a seres humanos, con respeto. Sólo había una forma de conseguirlo: luchando como ellos...”. En ese momento entiendes que la lucha no es sólo contra aquellos militares y moros que vinieron, sino contra aquellos que quieren que nada cambie para seguir explotando con la infamia como norma…

Las cartas continuaban narrando las desventuras, idas y venidas del autor. Algunas relataban su amargura y aburrimiento en las trincheras infinitas de una guerra pasada, pero otras eran más personales: Cariño, recibí tu paquete y tu carta ¡cómo me ha alegrado el día! Aquí los días se vuelven largos y eternos, pero dentro de poco tendré un permiso y podré irme a verte a Valencia. ¡Qué ganas de coger unas naranjas grandes y hermosas y tomar una buena paella alejado del campo de batalla junto a todos vosotros! Cuento los días esperando ese momento…

Más cartas aparecieron. “Un tipo hablando inglés vino a vernos junto a más compañeros. Ninguno de nosotros entendía qué decía, excepto cuando empezaron a entonar la Internacional. Todos nos pusimos de pie  con los puños en alto y empezamos a cantarla. Fue un buen momento…. Otras eran más trágicas Salí de la trinchera por un momento. De repente un ruido sordo retumbó por toda la estructura y salí disparado. La nube de polvo me entró en los ojos y la garganta. Los oídos me pitaban.  Me arrastré cuando puede y, cuando el polvo se disipó, todos estaban muertos. Muertos, muertos…

Los papeles amarillentos iban acompañados de fotografías del mismo color, donde a pesar del tiempo, las imágenes seguían nítidas. Imágenes de soldados vestidos en un cerro con fusiles, comiendo en tiempo de descanso, hablando entre ellos rodeados de paisajes agrestes, de ciudades y pueblos donde el color amarillo hacía su presencia y lamía lentamente los negativos. Historias de una época pasada. La última carta sonaba a despedida: “todo ha acabado. ¿El mundo? El mundo ha cerrado los ojos ante lo que estaba pasando aquí, dándonos la espalda: ha preferido arrancarse los ojos antes de toparse con la realidad. El mundo no quiere ver: ha mirado hacia otro lado y ha enmudecido. No quiere saber qué ha pasado aquí. Han callado y han cerrado los ojos mientras la gente era masacrada. Nunca quiere ver... no les importamos lo más mínimo.

Guardó las cartas en el viejo sobre.  Historias olvidadas de tiempos pasados, de tiempos cercanos desconocidos por la mayoría, historias desconocidas pero que no caería el olvido. Se encargaría de guardarlas y contra su historia. De difundirla. La gente tiene que conocerlo. Tiene que saber, pues el olvido es la muerte del alma, la maldición del hombre que tropieza con la misma piedra varias veces. En épocas donde los monstruos renacen bajo las sombras del miedo y la incertidumbre, los ejemplos de antiguas generaciones son necesarios para aprender.

El obrero dobló la carta en el sobre y la guardó mientras continuaba con su faena. Todavía quedaban muchas cajas y la jornada iba a ser larga, pero esa historia no caería en el olvido, sería contada sería recordada. Ecos de un pasado cercano, historias anónimas que forman parte de la historia colectiva, vidas anónimas que abren el camino para nuevas generaciones. Historias que merecen ser escuchadas. Cargó en sus manos todas las cajas que pudo y se apresuró a la furgoneta. La hora del bocata estaba cerca y se merecía un descanso. 

lunes, 13 de abril de 2026

NUESTRO PAPEL

¿Cuál es nuestro oficio?
¿Cuál es nuestra función?
¿qué podemos aportar nosotros, los comunistas?

Si todo está escrito
Si todo está hecho y no queda nada por hacer
Si las grandes batallas no volverán
Si la derrota parece extenderse por el mundo
Si el pesimismo es imperante
Si las banderas rojas yacen rotas y embarradas

¿Cuál es nuestro oficio?
¿cuál es nuestro papel?

Seguir denunciando la explotación del hombre
Seguir denunciando la acumulación de riqueza
Seguir abriendo los ojos y las mentes
Rompiendo la alienación de la matrix capitalista

¿Cuál es nuestro oficio?
¿cuál es nuestro papel?

Ver, observar la realidad
Oír, escuchar los gritos de los oprimidos
Y no callar ante tanta injusticia

Seguimos escribiendo páginas en la historia
Con tinta roja, papeles que se acumulan
Vidas anónimas, manos anónimas que fabrican y crean

Quieren quitarnos nuestro protagonismo
Que seamos testigos mudos e imparciales de la historia
Pero nosotros tomamos conciencia
Y escribimos nuestro destino

Tomando el papel que nos corresponde
En la eterna lucha contra el imperialismo
Contra la injusticia
En la eterna lucha de clases

viernes, 2 de agosto de 2024

JAPÓN DURANTE LA PRIMERA MITAD DEL SIGLO XX: LA CREACIÓN DE UN IMPERIO

Japón es un país donde conviven a la par la tradición y la modernización. A finales de siglo XIX, en 1866 tiene lugar la restauración Meiji, la cuál permite la modernización de Japón gracias a la implantación de un sistema liberal parecido al modelo occidental y la industrialización del país.

La guerra Boshin (1868-1869), entre partidarios y detractores del shogún imbuidos de un acentuado frenesí xenófobo, se saldó con la caída del régimen y la restauración del emperador como figura central de la política japonesa. La nueva élite gobernante encontró un delicado balance entre xenofobia por principio y pragmatismo por necesidad, mirando de reojo a Occidente con el objetivo de modernizar el país e incorporando finalmente a Japón a la inercia de la Revolución Industrial a partir de los años 80 del siglo XIX.

Estas medidas chocaron con la oposición de los samuráis y los señores feudales, con bien refleja la película El último samurái de Tom Cruise. Sin embargo, la era Meiji permitió a Japón convertirse en una potencia mundial tras la Primera Guerra Mundial. Uno de los principios motores del período Meiji fue situar a Japón en el mapa de las potencias internacionales y terminar de una vez por todas con los odiosos “tratados desiguales”, sacudiéndose las humillaciones de las últimas décadas sin por ello dejar de imitar todos aquellos aspectos que aceleraran la integración de Japón, con relaciones de igual a igual, en el sistema internacional. Estas necesidades políticas y económicas convivían con el auge imparable de un nacionalismo que cambió de orientación a medida que Japón ganaba terreno y confianza en la escena internacional.


La integración japonesa en el mundo occidental 

Hasta mediados del siglo XIX, su insularidad y una estricta política de retraimiento había preservado a Japón del expansionismo comercial de las grandes potencias. Poseía una peculiar estructura política, basada en la existencia de una mítica, remota y divina dinastía imperial, factor de unidad y continuidad, que habitaba en su palacio de Kioto apartado de la realidad, y un gobierno efectivo y pacificador ejercido desde el siglo XVI por el clan guerrero de los Tokugawa. El jefe político-militar era el Sogún, apoyado por los nobles feudales, para los que el cultivo del arroz era la base de la economía. 

Un cierto paralelismo asemeja la evolución de la sociedad japonesa con la europea. Tras el período de las luchas feudales se impuso un absolutismo en el que la paz civil era preservada por una burocracia imperial, a su vez respaldada por una privilegiada y anticuada clase militar, los samuráis. Existía asimismo una clase mercantil y artesana enriquecida por sus servicios a las otras dos, encasillada en una especie de tercer estado. A partir del siglo XVIII, los grandes señores fueron obligados por los sogunes a establecerse en la corte del Yedo (antigua Tokio). En 1800, Yedo era una ciudad con más de un millón de habitantes, mucho mayor que Londres, París o Moscú. En esta metrópoli los negocios habían permitido a algunos comerciantes adquirir el rango de samurái, lo que significaba un principio de resquebrajamiento de las estructuras tradicionales. 

Durante el período Tokugawa, una activa vida intelectual propició una cierta desacralización de la sociedad, por lo que el budismo dejó de tener influencia en parte de la población. Se volvió la vista hacia el Bushido, “el camino del guerrero”, código de conducta personal y moral de los samuráis basado en el honor y la lealtad, que adquirió un gran predicamento entre la sociedad civil. 

También resucitó el Shinto, la antigua religión del Japón, que aseguraba que el emperador era el hijo del Cielo. El interés hacia el pasado había aumentado la atracción por los estudios históricos y se había llegado a la conclusión de que los sogunes eran unos usurpadores del poder. 

Los Tokugawa se aferraban a una política autárquica, cerrando la entrada de misioneros y comerciantes extranjeros, para evitar la subversión a través de las ideas occidentales. Sólo habían permitido a los chinos y a los holandeses acercarse hasta Nagasaki. Pero la situación cambió cuando la flota norteamericana se adentró en la bahía de Yedo en 1853. A continuación, los estadounidenses obligaron a los japoneses a abrirse al comercio internacional firmando en 1854 en tratado de Kanagawa, seguido de otros similares como los de Aigun y Tientsin, ratificados en 1858, por los que Gran Bretaña, Rusia, Holanda y Francia finalmente obtenían ventajas comerciales. Los japoneses pronto comprendieron que los occidentales habían abusado al hacerles firmar acuerdos en los que estos ponían los aranceles y les obligaba a mantener una tarifa baja para las importaciones, así como cláusulas de extraterritorialidad, es decir, que los ciudadanos occidentales no se hallaban bajo las leyes japonesas, sino bajo la jurisdicción de sus respectivos países impartida por funcionarios consulares. Los japoneses, según se abrieron más al conocimiento del mundo occidental, comprendieron que habían sido tratados como un pueblo atrasado e ignorante, lo que produjo una fuerte reacción xenófoba. En 1862, una infracción protocolaria de unos soldados ingleses, por la que uno de ellos fue ajusticiado, desencadenó la sublevación de los sogunes de las islas occidentales contra los Tokugawa al no sentirse respaldados. Su intención era derrocarlos y encabezar una insurrección nacional acaudillada por el Emperador para expulsar, de paso, a los extranjeros. La artillería japonesa cañoneó varios barcos occidentales por lo que Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña y Holanda destruyeron las fortificaciones y la flota de las islas occidentales e impusieron una fuerte indemnización. Lo grave no fue que el sogún de Yedo no supiera resolver la situación, sino que de pronto los occidentales descubrieron que no era el gobernante supremo. 

Los shogunes de las islas occidentales comprendieron que debían conocer bien al enemigo para hacerles frente y adoptar sus maneras. Una de ellas fue modernizar sus armas y adoptar la tecnología propia de Occidente. El contacto generó un cambio de mentalidad en algunas capas sociales japonesas que se inclinaron por la modernización. 

Por otra parte, en 1865 y en 1867 van a suceder dos acontecimientos que variaron el rumbo de la política japonesa. Por un lado una fuerte crisis económica causada por el aumento del precio del arroz, que desencadenó múltiples revueltas urbanas y campesinas, a las que se unieron también los samuráis. El poder cada vez más socavado del sogún de Yedo le llevó a la dimisión en 1867. 

Ese año también fallecía el emperador, lo que produjo un vacío de poder que utilizaron los reformadores para apoyar a su sucesor Mutsu-Hito con la intención de que asumiera el gobierno. El nuevo emperador aceptó el reto y tomó para su reinado el nombre de Meiji “el gobierno de las luces”. Los grupos contrarios a la modernización fueron eliminados y se iniciaron las reformas necesarias para la occidentalización del archipiélago. 

En “El Juramento de los 5 artículos” el emperador dio las claves de su nueva gestión basada en reformas políticas, económicas y jurídicas que abolían el feudalismo. Suprimió las instituciones medievales, separó los poderes, centralizó el gobierno y creó un ejército imperial siguiendo el modelo prusiano. En cuanto a las reformas económicas, inició un amplio programa de desarrollo industrial y viario, estableció un sistema fiscal y una moneda única, el yen. Respecto a las jurídicas, eliminó los estamentos y se igualó el derecho para todos; el samurái perdió el privilegio de portar dos espadas, comenzó a depender de los oficiales del ejército y no de los jefes del clan. Se confiscó la propiedad de los monasterios budistas, se nacionalizó la enseñanza y se estimuló el culto al Shinto. En 1889 se promulgó una Constitución similar a las occidentales aunque con rasgos autoritarios. 

El Imperio Mejí comenzó un período de expansión, cuyo primer hito fue el enfrentamiento chino-japonés de 1894-1895 donde Japón demostró al resto del mundo su modernización. La causa del conflicto surgió al esgrimir China una serie de reivindicaciones sobre el reino de Corea, después de varias anexiones realizadas por los nipones. China sufrió una tremenda derrota y Japón consiguió la península Liaodong, Formosa y Port Arthur e inició una remodelación de su flota. En 1905 se enfrentaba a Rusia aniquilando a la escuadra zarista. Por la paz de Portsmouth adquirió la isla de Sajalín, el sur de Manchuria y Corea, iniciando de este modo una expansión imperialista que le enfrentará con los intereses occidentales en el continente asiático. Sin perder su sentido moral, su cultura, su arte, sus concepciones religiosas, pero apoyada en la modernización occidental, Japón había logrado un alto grado de independencia respecto a la influencia europea y norteamericana que la convertiría en breve en un gran imperio


La economía japonesa

Japón desarrolló una gran capacidad industrial centrándose en dos sectores: la industria textil con la producción de seda y algodón, haciendo competencia a Inglaterra y con la producción de acero a través de la empresa Yawata. El desarrollo de su economía vino acompañada de una política exterior expansionista y militar debido a su falta de materias primas, necesarias para el desarrollo de su industria que luego revendería sus colonias convertidas en manufacturas, convirtiéndose en la metrópolis del posterior imperio.

Al igual que sus homólogos europeos, nace una industria militar doméstica estrechamente controlada. En segundo lugar, debido a la falta de recursos en las islas de Japón, para poder mantener un sector industrial fuerte y con gran crecimiento, las materias primas como el hierro, petróleo y el carbón en gran parte se habían de importar a pesar de que el país disponía de una pequeña parte de éstas. Gran parte de estos materiales llegaba de Estados Unidos. Así, por el esquema de desarrollo militar industrial y el crecimiento industrial, las teorías mercantilistas prevalentes, hacían imprescindibles las colonias. Estas eran necesarias para competir con las potencias europeas. Corea (1910) y Formosa (Taiwán, 1895) fueron anexionadas muy pronto como colonias agrícolas. Además, el hierro y el carbón de Manchuria, la goma de Indochina y los vastos recursos de China eran los principales objetivos para la industria japonesa.

Este desarrollo industrial provocó un gran crecimiento demográfico ( la población pasó de 35 millones a 55 millones de habitantes) y la instauración de un sistema parlamentario a imagen y semejanza de la Prusia de Otto von Bismark: se creó un sistema de Cortes Bicamerales elegidas por sufragio censitario masculino.( se elaboró un sistema de turnismo de partidos similar al creado en España tras la Restauración borbónica).

La victoria en la guerra chino-japonesa (1894.-1895) y la firma del tratado de Shimonosekie, el cual permite a Japón anexionar Taiwan y la posterior victoria frente al imperio ruso de Nicolás II en 1905 son fundamentales para comprender la creciente hegemonía japonesa en el extremo oriente. La participación en la I Guerra Mundial a favor de los aliados y el crecimiento de las exportaciones durante el periodo bélico permitirán desarrollar la industria japonesa: empresas como Mitsubishi aparecen en estas fechas.


La deriva totalitaria

A pesar de que Japón era un sistema liberal sus ansias expansionistas lo irán transformando gradualmente en una potencia imperialista. De un nacionalismo basado únicamente en el rechazo aislacionista de todo lo extranjero se pasó a otro mucho más agresivo, de corte netamente imperialista, que se miraba en el espejo del modelo de construcción nacional alemán, con un componente étnico muy acentuado que explica la exitosa difusión de los prejuicios xenófobos. La vertebración de un nuevo Estado en el que los militares jugaban un papel extraordinariamente protagonista fomentó el complejo de superioridad racial y el mesianismo civilizador –muy especialmente, con respecto a las otras naciones asiáticas–, así como un nacionalismo exacerbado que se establecía en torno al progresivo reconocimiento como religión de Estado del sintoísmo (en detrimento del budismo, de origen foráneo), que llevaba aparejado un fervoroso culto a la persona del emperador y un patriotismo excluyente.


La historia del Japón contemporáneo, marco en el que situar la formación del imperialismo japonés, se divide en tres fases. 
  • La primera, entre 1868 y 1912, es la época de la revolución Meiji. Significa la modernización y occidentalización. Liberado Japón de la incipiente dependencia colonial occidental, se permite un completo desarrollo que le transforma en gran potencia mundial. Hay dos momentos en este proceso: de 1868 a 1881 es el período de las reformas y la consolidación de la revolución Meiji; reformas que tienden a transformar ampliamente la sociedad japonesa, aunque manteniendo su base tradicional. El segundo momento, de 1881 a 1912, corresponde al apogeo del Japón Meiji, con la nueva organización e institucionalización del Estado y la sociedad, y a los comienzos de la expansión territorial e imperial que, en su plenitud, configura un imperialismo propio, rival del occidental.
  • La segunda fase, de 1912 a 1937, es la época del Japón potencia mundial: entre la Primera y Segunda Guerra Mundial se suceden las llamadas era Taisho, entre 1912 y 1926, y era Showa, desde 1926. Japón se convierte en un nuevo centro de poder mundial. Su vida política y económica está dominada por los grupos oligarcas, financieros y militares, que mantienen el crecimiento capitalista y la prosperidad económica, el control político y la expansión exterior. Con ello, en el orden interno, desde las bases de un sistema que se considera liberal, se tiende a formar un régimen autoritario, y en el plano externo, a construir un Nuevo Orden en Asia oriental que consagre el poderío japonés.
  • La tercera fase, de 1937 a 1945, es durante la Segunda Guerra Mundial: en el orden interno se llega al gobierno de los militares, y en lo internacional, a la alianza con las potencias del Eje, llevando el proceso bélico a la derrota japonesa en el año 1945. A lo largo de este proceso se formula el imperialismo nipón, que entra en rivalidad y conflicto con los imperialismos occidentales hasta entonces dominantes en Extremo Oriente. Configuran este imperialismo tres factores: la ascensión diplomática e internacional de Japón a potencia mundial, la concreta expansión territorial exterior impulsada por las necesidades de ese mismo crecimiento económico y político que lleva al país a construirse un imperio colonial propio en Asia oriental y, por último, los fundamentos ideológicos y sociales del ultranacionalismo e imperialismo japoneses en el seno de su propia identidad histórica. Resultado de todos estos elementos es la construcción del Nuevo Orden japonés en Extremo Oriente.
 En 1925 Japón permite el sufragio universal masculino. En esas mismas fechas, los japoneses empiezan una persecución contra los comunistas a través de la ley de Preservación de la Paz. El auge del ultranacionalismo perjudica gravemente a la población coreana que trabaja en territorio japonés, la creación de sociedades secretas ultranacionalistas de carácter militar (Escuela Imperial, Escuela del orden) y movimientos ultranacionalistas (Dragón oscuro, Océano Oscuro) afianzan la transformación de Japón en potencia imperialista.

El enfrentamiento con la China de Chang Kai Shek en 1928, la ocupación de Manchuria en 1931 tras el incidente Mukden, la conquista de la península coreana y la creación del estado de Manchuko son fundamentales para entender el imperialismo japonés: Japón es un país que carece de materias primas para su industria. Las diferentes conquistas del imperio del Sol Naciente permitirán a Hiro Hito conseguir las materias primas necesarias para que las industrias japonesas las conviertan en manufacturas, revendiéndolas a los territorios conquistados creando así un imperio colonial donde Japón sería la metrópolis. La firma del pacto Antikommintern con la Alemania de Hitler en 1936 y el posterior ataque a la China de Mao y Chang Kai Shek en 1937 afianzarían la política exterior japonesa: La creación de un Nuevo Orden asiático.


El 20 de febrero de 1937, en Japón; obtiene la victoria electoral el partido liberal “Minseitō” imponiéndose sobre los conservadores ortodoxos del reconocido partido conservador “Rikken Seiyūkai” ("Amigos del Gobierno Constitucional"). Este acto será considerado un duro revés para el gobierno conservador de la época que estaba a punto de invadir China e iniciar la Segunda guerra chino-japonesa. El 27 de septiembre de 1940, el Imperio de Japón firmó el Pacto Tripartito con la Alemania Nazi y el Reino de Italia, siendo sus objetivos "establecer y mantener un nuevo orden de las cosas" en sus respectivas regiones del mundo y esferas de influencia, con la Alemania nazi en Europa, Japón Imperial en Asia y el Reino de Italia en el norte de África. Los firmantes de esta alianza son conocidos como las Potencias del Eje. El pacto también pide asistencia mutua si alguna de las potencias fuera atacada por un país aún no implicado en la guerra, con excepción de la Unión Soviética, y de la tecnología y la cooperación económica entre los signatarios.

Con la ocupación de la Indochina francesa en los años de 1940-41 y la continuación de la guerra en China, los Estados Unidos embargaron a Japón materiales estratégicos, tales como la chatarra y el petróleo, que eran sumamente necesarios para su esfuerzo de guerra. Los japoneses se enfrentaban con la opción de retirarse de China y de perder su influencia, o la captura y obtención de nuevas fuentes de materias primas en las colonias ricas en recursos del sudeste de Asia controladas por las potencias europeas - específicamente la Malasia británica y las Indias orientales holandesas.

Hiro Hito

El holocausto asiático del siglo XX: las atrocidades del Ejército japonés

El Ejército Imperial Japonés ha sido responsable de las matanzas y otros crímenes cometidos contra varios millones de civiles y prisioneros de guerra en el transcurso de la primera mitad del siglo XX. Se ha culpado a la Casa Imperial japonesa de tener responsabilidad en la masacre. De hecho, aunque el ejército japonés disponía de autonomía para tomar decisiones, el emperador Hirohito era el jefe supremo de las fuerzas armadas. Por otra parte, era el ejército el que mantenía en el poder al emperador y tal vez éste prefirió mirar hacía otro lado y no involucrarse. 



Destrucción de ciudades

En su afán expansionista, Japón planeó la invasión de diferentes países del sudeste asiático para lograr su objetivo de construir una Gran Asia Oriental y liberarlo del dominio europeo. Para ello hicieron uso de bombardeos que mayoritariamente asolaron barrios residenciales centrando casi exclusivamente los ataques a la población civil, pero también destruyendo el legado arquitectónico y cultural de muchas de las ciudades. Durante el periodo de 1895 a 1945 el Gobierno y personal militar japonés participó en saqueos extensos en la que la propiedad robada incluía terrenos privados, así como diferentes clases de bienes valiosos robados de los bancos, depósitos, templos, iglesias, museos y casas privadas.

Ejecuciones

Entre 1937 y 1945, el ejército japonés asesinó entre tres y más de diez millones de personas. Ejecutaron a millones de chinos, indonesios, coreanos, filipinos e indochinos, entre otros, incluyendo prisioneros de guerra occidentales. Asesinaron alrededor de 10,2 millones de personas a lo largo de la guerra, a veces a sangre fía y otras para hacer un alarde de poder o servir de lección a cualquiera que quisiese revelarse contra el Emperador.

Masacres

Uno de los más crueles de este periodo fue la Masacre de Nankín de 1937-1938, cuando el Ejército japonés asesinó a 200.000 civiles y prisioneros de guerra, según a documentado el Tribunal Penal Militar Internacional para el Lejano Oriente, aunque el número aceptado se encuentra en centenas de miles.​ Los soldados nipones llevaron a cabo el homicidio masivo en la ciudad china de Changjiao, donde murieron 30.000 personas en mayo de 1943. 

Otras fuentes apuntan a que el silencio imperial podría deberse a la aquiescencia de la Casa Imperial con la estrategia militar japonesa en China. Sea como fuere, la masacre de Nankín se enmarcó dentro de las políticas con tintes racistas de expansión que Japón impulsó para justificar su imperialismo, algo habitual entre las potencias coloniales. Así, se presentaban a la población china como una "raza inferior" que debía ser gobernada por Japón, y también se inculcaba entre la población nipona la idea de que lo más noble que podía hacerse era morir por el emperador. Así, si la vida de un soldado japonés valía poco, podríamos preguntarnos entonces qué valor tendría la vida de un enemigo al que se consideraba infrahumano.

Se presentaban a la población china como una "raza inferior" que debía ser gobernada por Japón, y también se inculcaba entre la población nipona la idea de que lo más noble era morir por el emperador.

En el Sureste Asiático, la Masacre de Manila, Filipinas, tuvo como resultado cien mil civiles muertos; mientras que en la Masacre Sook Ching fueron masacrados entre veinticinco y cincuenta mil chinos en Singapur.



Memorial a las víctimas de la masacre de Nanjing

Experimentos con humanos

Existieron varias unidades militares japonesas especiales que realizaron experimentos en civiles y prisioneros de guerra en China. Una de las más sonadas fue el Escuadrón 731 que promovió la creencia en la supremacía racial japonesa. Las víctimas sufrieron vivisecciones sin anestesia, amputaciones... fueron usadas para probar armas biológicas, entre otros experimentos. Realizaron todas estas operaciones sin anestesia porque consideraban que afectaría a los resultados. Fueron alrededor de diez mil personas tanto civiles como militares de origen chino, coreano, mongol y ruso.

Las fuerzas imperiales japonesas utilizaron ampliamente la tortura entre los prisioneros como método para sacarles información de manera rápida. El trato que daban al preso consistía en palizas, amputación de miembros, inanición y falta de suministros médicos. También se ha reportado que se utilizó mano de obra forzosa, uno de los incidentes más sonados fue la construcción del ferrocarril que unía Birmania con Siam que provocó la muerte de cien mil civiles y prisioneros de guerra. Las personas que fueron torturados, a menudo, fueron ejecutados más tarde.

Se utilizaron eufemismos como los términos «mujeres de consuelo» o «mujeres de consuelo militar» para referirse a las mujeres en los burdeles militares japoneses en países ocupados, muchas de las cuales fueron reclutadas por la fuerza o engañadas con la promesa de una vida mejor, trabajo y bienestar, pero la realidad fue que se convirtieron en objeto de agresión sexual o esclavitud sexual. Mujeres y niñas entre doce y veinte años procedentes de Vietnam, Taiwán, China, Malasia, Filipinas y Corea fueron víctimas de este espantoso tráfico. Muchas veces fueron seleccionadas después de arrasar y masacrar alguna aldea obligándolas a elegir entre prostituirse o morir. Hasta día de hoy se desconoce el número real de víctimas pues viendo la derrota cerca, el ministro de guerra japonés ordenó quemar cualquier documento que pudiese incriminar al país.

Japón durante la Segunda Guerra Mundial

El comienzo de la Segunda Guerra Mundial, en septiembre de 1939, dio a Japón una nueva oportunidad para extenderse por Sudeste asiático, después de haber alcanzado varios acuerdos diplomáticos. En septiembre de 1940 Japón estableció una alianza tripartita con Alemania e Italia, el denominado Eje Roma-Berlín-Tokio, que aseguraba ayuda mutua y total durante un periodo de diez años. Sin embargo, Japón consideró que el pacto firmado en 1939 entre Alemania y la URSS había liberado al Imperio de cualquier obligación contraída en la alianza anticomunista de 1936. Por tanto, en abril de 1941, Japón firmó un pacto de neutralidad con la URSS, que garantizaba la protección del norte de Dongbei(-)Pingyuan.

Al mismo tiempo, Japón intentó obtener acuerdos económicos y políticos en las Indias Orientales Neerlandesas. Estas acciones provocaron el embargo de petróleo estadounidense e incrementaron la hostilidad entre ambos países, bastante fuerte desde la invasión japonesa de China en 1937. En octubre de 1941 el general Hideki Tōjō se convirtió en el primer ministro japonés y ministro de Guerra, lo que no favoreció la normalización de las relaciones.

El 7 de diciembre de 1941 (domingo) sin aviso y mientras todavía se estaban celebrando negociaciones entre los diplomáticos estadounidenses y japoneses, varias oleadas de aviones japoneses bombardearon Pearl Harbor, en Hawái, la principal base naval estadounidense en el Pacífico ; poco después se lanzaron ataques simultáneos contra Filipinas, la isla de Guam, isla Wake e islas Midway, Hong Kong, Malasia británica y Tailandia. El 8 de diciembre (lunes), Estados Unidos declaró la guerra a Japón tras la declaración del presidente Franklin D.Roosevelt en el senado, al igual que el resto de los poderes aliados, excepto la URSS.

Un año después del éxito de estos ataques por sorpresa Japón mantenía la ofensiva en el Sudeste asiático y en las islas del Pacífico Sur. El Imperio designó el Este asiático y sus alrededores como la ‘Gran Esfera de Coprosperidad de Asia Oriental’ e hizo efectiva la propaganda del lema ‘Asia para los asiáticos’. Además, los elementos nacionalistas en la mayoría de los países de Asia Oriental daban apoyo tácito, y en algunos casos real, a los japoneses, porque vieron un camino aparente para liberarse del imperialismo occidental.

En diciembre de 1941, Japón invadió Tailandia, a cuyo gobierno obligó a firmar un tratado de alianza. Las tropas japonesas ocuparon Birmania, Malasia británica, Borneo, Hong Kong y las Indias Orientales Neerlandesas. En mayo de 1942, las Filipinas cayeron en manos niponas.

A diferencia de ésta, no pretendía una indefinida expansión, sino que quería limitar su área de influencia tan sólo al Extremo Oriente. Fueron las derrotas de los aliados las que llevaron a Japón a elegir una nueva vía de expansión diferente de China. La Indochina francesa, la Indonesia holandesa y las posesiones británicas del Extremo Oriente satisfacían de un modo mucho más completo sus necesidades de materias primas pero, aun así, la decisión bélica tardó en tomarse. Para Japón, las potencias occidentales eran, en efecto, el enemigo por excelencia y no sólo por motivos estratégicos sino también por un cierto antioccidentalismo muy enraizado en sus núcleos dirigentes. De ahí que Japón ingresara en el pacto tripartito en septiembre de 1940, de modo que creó con ello una comunidad de intereses con Alemania e Italia. El siguiente paso fue suscribir un acuerdo de no-agresión con Moscú, en abril de 1941. Los dirigentes japoneses carecían de la obsesión antisoviética de Hitler y, en la práctica, llegaron incluso a hacer un inapreciable favor a Stalin, puesto que es muy probable que no hubiera podido soportar una guerra en dos frentes. A diferencia de alguno de sus colaboradores más destacados, Hitler fue incapaz de percibir esta realidad y se limitó a esperar de Japón que mantuviera ocupados a los norteamericanos ante la eventualidad de un conflicto con ellos. Pero, porque era consciente de que antes o después tendría que enfrentarse con los norteamericanos, prometió declararles la guerra en el caso de que Japón, que complementaba su ausencia de suficiente fuerza naval, también lo hiciera.

Volviéndose hacia Australia y Nueva Zelanda, las fuerzas japonesas desembarcaron en Nueva Guinea, Nueva Inglaterra (actualmente parte de Papúa-Nueva Guinea) y las islas Salomón. Un destacamento especial japonés también invadió y ocupó Attu, Agattu y Kiska en las Islas Aleutianas frente a la costa de Alaska, en Norteamérica (cf. Batalla de las Islas Aleutianas). Al final, la guerra se convirtió en una lucha naval por el control de las vastas extensiones del océano Pacífico.

A comienzos de 1942, los aliados tenían muchas razones para sentirse profundamente descorazonados. En el plazo de seis meses, Japón, un adversario al que los anglosajones no habían tomado en serio, había construido a sus expensas y a las de terceros un Imperio que cubría una séptima parte del globo. Las victorias las había obtenido demostrando tener una Marina muy moderna, cuya fuerza principal estaba constituida por los portaaviones. Los japoneses habían logrado sus éxitos muy a menudo con inferioridad numérica y en un momento en que se podía interpretar que los alemanes todavía estaban en condiciones de aplastar a la Rusia soviética. La caída de Singapur era un hecho de tal gravedad que podía suponer una directa amenaza a la India e incluso al Medio Oriente. No puede extrañar que un protagonista esencial de la guerra, como fue Churchill, anote en sus Memorias que el peor momento de la guerra fue precisamente éste, algo en lo que coincidieron también algunos de los mandos militares británicos. Fue entonces cuando se sometió a un voto parlamentario de confianza, que superó, pero que revelaba la sensación de que la victoria aliada estaba todavía muy lejana. Sin embargo, en los meses iniciales de 1942 si, por un lado, las potencias del Eje llegaron al máximo de su expansión, al mismo tiempo empezaron a testimoniar sus limitaciones, no sólo materiales sino también de otra clase.

domingo, 26 de mayo de 2024

MAD MAX Y LA CRÍTICA AL CAPITALISMO SALVAJE

En un futuro apocalíptico signado por las escasez de combustible y el desorden social, las pandillas de motociclistas dominan las carreteras de Australia. Se puede apreciar un entorno desordenado y distópico. Mientras la sociedad se desmorona, una patrulla de policías conocidos como la Patrulla de Fuerza Central (MFP, Main Force Patrol en inglés) se encarga de mantener la seguridad vial. En ella se encuentra Max Rockatansky (Mel Gibson), considerado como el mejor de los patrulleros de su división. Max trabaja en un edificio de Juzgado arruinado por dentro y por fuera, que a la vez es el cuartel central de la Patrulla.

Mad Max: The Fury Road no es una secuela sino un homenaje al clásico del cine distópico, repleto de guiños hacia la primera versión.


MAD MAX: LA CRÍTICA AL CAPITALISMO

Sin civilización, tenemos depravación. Sin orden, tenemos caos. Y sí, ese es un tema común en el cine apocalíptico, quizás incluso más que las franelas de leñador. Nos volvemos primarios. 

La acción se sitúa en una ciudadela poblada de hombres y mujeres apodados "media vida" por las secuelas sufridas por la radiación de las guerras nucleares que derrumbaron a la humanidad, gobernada por un caudillo militar apodado "Immortan Joe" que controla los escasos recursos como el agua, el combustible y la leche materna.

Mad Max: Fury Road es la redefinición del imaginario de Miller para el fin del mundo, una suerte de capitalismo gore con soldados leucémicos kamikazes, prisioneros que se inyectan en vena y ninfas del desierto con cinturones de castidad dentados al son de una endemoniada banda de tambores acompañados de un ciego guitarrista con lanzallamas.

La imagen del capitalista, ridiculizada en un obeso acaparador de combustible con elefantiasis -que a bordo de un camión carrozado con una limusina Mercedes Benz desentona vestido de ejecutivo y piercings en sus pezones- completan a ese mundo como un espejo deforme de la actualidad, donde la transformación de la sociedad sobre la base social de los explotados se presenta hasta en las más adversas condiciones.

Parece que un sujeto adulto en esta distopía alcanza una edad equivalente o menor a la que estaban condenados los varones proletarios de nuestro siglo XIX. Aquellos andrajos deshumanizados desfilaban hacia las catacumbas de la tierra, donde arrancaban con su mirada de insecto la materia prima que hacía mover el mundo industrial. Su propia dignidad era a su vez expoliada para servir a los medios de producción burgueses. La esperanza de vida era un lujo diametralmente opuesto al valor de su fuerza de trabajo. Esta funesta imagen corresponde al capitalismo diagnosticado por Marx (El Capital, 1867); capitalismo como generador de muerte que encubre la explotación de los seres humanos. Se presenta como un aparato vampírico que encubre la desigualdad y cuyo alimento son los exangües cuerpos que él mismo flagela. De igual forma, el fascismo de Immortan Joe parasita vidas. Al esclerotizar la vida, gestiona la muerte, dándole un propósito mítico, una proyección trascendental que canaliza el relato político y que justifica la ideología. Joe funda un imperio justificado por la teología, que da sentido primero y último a la existencia más allá de los tormentos terrenales. Luego, dispone para la muerte, relata sobre muerte. Naturaliza la muerte por explotación y legitima el poder. No en vano su nombre referencia la inmortalidad; codicia el fascismo eterno.

Mientras Joe fecunda a las que atesora como mujeres-laboratorio, muestra asimismo exhaustivos esfuerzos por el cultivo de plantas. Una vida verde en pleno crecimiento que se opone a los arenosos fotogramas de estériles dunas y moribundos famélicos. El ominoso invernadero se instala en sus antecámaras palaciegas, corazón de la ciudadela. En este bioma baldío, Immortan Joe arma un botánico que beneficia, sin metáfora, el florecimiento y regeneración del eterno fascismo. Botánica y esclavas son para él la misma cosa, atenida a una razón instrumental y totalizadora. El sujeto ideal que ansía radica en la supervivencia de su dinastía. No podemos olvidar, como decíamos, que este caudillo dota de sentido al mundo, confecciona un relato de sentido, verosímil en este mythos distópico. Los gestores simbólicos del saber se extinguieron en algún momento indeterminado del pasado mítico. No hay espacios para la construcción crítica. La tradición cultural previa, la de un presunto estado de derecho, se extingue para dar paso a otra tradición autoritaria. El holocausto nuclear muta el propio cuerpo político. Obviamente, la filosofía solo aparece cuando unas condiciones de riqueza material se ven saciadas. La brutal desolación que presenta el filme imposibilita esta o cualquier otra práctica del pensar distante. En semejante páramo solo subsisten los analfabetos, los lumpen, la prole. Aquellos testigos de otro tiempo mejor han sido devorados por la senectud, las enfermedades o la hambruna.

Miller es fastidioso casi hasta el extremo al describir la interrelación de la Ciudadela, Gastown y la tercera ciudad fortaleza productora necesaria de Wasteland, Bullet Farm. , y la economía cruda pero efectiva que ha surgido en la interrelación del uso del agua por parte de la Ciudadela para producir alimentos hidropónicos y proteínas orgánicas con las granjas de insectos y el material producido por las otras fortalezas para construir el poder militar de Joe. Miller hace un guiño a Mad Max Beyond Thunderdome (1985) y Happy Feet en su mordaz retrato de los líderes sociales: People Eater (John Howard), un aliado de Joe con una nariz postiza y un traje andrajoso, es una sátira de la idea. de un político como fachada maligna del poder real de Joe y su culto.

El agua como base de la dominación

Desde su ciudadela, Immortan Joe ha cambiado el nombre del agua a "Aqua Cola". Se pone de pie en lo alto, la liberación de una cantidad insuficiente de agua potable a una multitud harapienta de ciudadanos desposeídos y desfigurados.

Durante el siglo XX, la población del planeta Tierra ha aumentado en casi un 400%. El costo de tener agua lista para el consumo en nuestros hogares es muy alto, debido a que el planeta tiene sólo alrededor del 3% del agua dulce y no toda el agua puede ser utilizada por el hombre, ya que gran parte se encuentra en glaciares e icebergs. Otra razón por la que el agua es un recurso limitado es su mala distribución en todo el mundo. Hay lugares con una escasez del producto y otros en los que aparece en abundancia. Con el rápido desarrollo de la tecnología, el hombre empezó a interferir con la agresividad en la naturaleza. Para construir una represa, desvía el curso de los ríos, mantiene una cantidad elevada de agua e interfiere en la temperatura, en la humedad, en la vegetación, en la vida animal y en las personas que viven en las proximidades.


 Mad Max y el feminismo

En esta entrega, además de la gasolina y el agua, hay otros dos recursos muy preciados que escasean: la sangre (especialmente del grupo O-, como la de Max) y la leche materna. Immortan Joe es el líder de una multitudinaria secta formada en su mayor parte por seres deformes y estúpidos. Por eso utiliza a sus cinco mujeres con el único fin de procrear, para tener más hijos, a ser posibles hombres y sanos, lo cual no dista mucho de cualquier religión y secta al uso.

Si bien el patriarcado surgió mucho antes que apareciera el capitalismo, es precisamente con la aparición del último donde se refuerza y profundiza la división sexual del trabajo: el trabajo para el mantenimiento de la vida (trabajo reproductivo o del cuidado) atribuido a las mujeres, y el trabajo para la producción de los medios de vida atribuido a los hombres. Cuando aparece la producción excedentaria surge la necesidad de la acumulación de la riqueza y la división del trabajo en la familia sirvió de base para distribuir la propiedad entre hombre y mujer, como sostiene Engels “el primer antagonismo de clases que apareció en la historia coincide con el desarrollo del antagonismo entre el hombre y la mujer en la monogamia; y la primera opresión de clases, con la del sexo femenino por el masculino” .

Por un lado se visibiliza la esclavitud sexual a la que son sometidas las jóvenes que incluso llevan un cinturón de castidad con una vagina dentada, puro marcaje patriarcal, que dejan tirado en el desierto. Cuando Furiosa las ha liberado tras una alianza entre mujeres, huyen no sin antes dejar escrito en las paredes que no son cosas, que no son meros úteros inseminables para que el Gran Jefe tenga una descendencia sana. 

Capitalismo y patriarcado, en última instancia forman un pareja letal para la mujer, ya que el techo de cristal económico, político y social se ve reforzado por el factor dominación del hombre, auxiliado por el capital y patriarcado. Lo que se ve, en cambio, es que las relaciones sociales han regresado a lo que podríamos identificar como sociedades tribales (pre-mercado), en algunos casos, o a formas de despotismo en otras, que se concentran en lo que parece ser alguna especie de “ciudades estado”, o “granjas” basadas en la producción de algunos valores de uso (la granja de la gasolina, la granja de las balas, la granja de la leche), que después son intercambiados por sus patriarcas a través de ciertos rituales; sociedades, en suma, en las que es evidente la esclavitud y la servidumbre.

Así, lo que queda de la humanidad ha aceptado la restauración de relaciones sociales autoritarias, verticales, basadas en un (hiper)patriarcado, donde los sujetos, para poder vivir dentro de lo invivible, tienen que recurrir al opio de la religión, al fanatismo del culto a la personalidad falocéntrica, que adora como deidad al motor V8, excelente metáfora de como las cosas producidas por lo hombres dominan a éstos porque algunos de ellos dominan de manera privada a las cosas (Brecht). Ello es lo que devela el culto cuasi-religioso al Immortan Joe (Hugh Keays-Byrne), déspota patriarcal que domina “la ciudadela”, lugar desde el cual se desencadenará toda la acción del drama de Miller.

La forma en que mujeres y hombres se relacionan entre sí a lo largo de la película señala la eterna tensión humana entre individuo y comunidad: las mujeres viven dentro del círculo de la vida; los hombres en un paisaje árido, lineal y finito. Mad Max recuperará la esperanza y retomará el telos de la lucha por la sobrevivencia pero con un sentido profundamente comunitario vía el amor-filial-afectivo-sexual, asumiendo un sentimiento de comunidad con las otras mujeres, que es afianzado en una alianza entre sexos. Todos los principales personajes pasarán por un trance similar.

En medio del caos y la matanza que esparcen cuerpos y metal (engranajes y tripas) por los caminos del páramo, Furiosa se erige como contrapunto a Dementus. Representa la familia, la camaradería y la posibilidad del amor. Aunque ella lleva más acción de la que le corresponde, en última instancia elige la nutrición y el renacimiento.

La propia Furiosa se abre camino entre estos campos, negándose a convertirse en una orquídea cuidada en el invernadero de Joe; sabe, después de haber visto a una de las esposas de Joe dar a luz a gemelos siameses nacidos muertos y, por lo tanto, ser relegada a una vaca para ser ordeñada, que tal nominal La bendición no es permanente, incluso si ella estaba dispuesta a ser utilizada sexualmente por monstruos malformados. Ella ya ha probado ese tratamiento, en uno de los comentarios alegremente grotescos pero peculiarmente sensatos de Miller, cuando el Mecánico Orgánico a veces extraía su sangre para hacer morcilla para Dementus: una variación relativamente sutil pero sombríamente divertida del motivo recurrente de Miller de personas convertidas en ganado en el último reino del capitalismo darwiniano. 

Las mujeres, en especial Imperator Furiosa, tendrán que asumir su utopía de manera racional (E. Bloch) y no de manera ingenua, lo que de ninguna manera supone una renuncia a ésta sino su radicalización: no hay tal tierra prometida, no hay otro mundo, sólo éste. Correr, huir, resistir sólo alargará el momento de la muerte. Si quieren realmente vivir y no sólo sobrevivir un día más, deberán asumir que la salvación no puede ser en un más allá y que no podrá ser sólo individual, aun cuando esa individualidad sea una “pequeña comuna de mujeres en rebeldía”. Deberán asumir el viejo apotegma brechtiano: “o nos salvamos todos o no se salva nadie”. Las madres del paraje verde devienen en mujeres sabias y viejas. Han resistido a los continuos secuestros y aunque hayan perdido el paraje verde, mantienen las semillas. Nueva referencia al futuro que pasa por la feminidad. Pero no son sabias y apacibles ancianas que guardan con celo la vida y las plantas. Son aguerridas guerreras y moteras, procedentes de viejas estirpes, alguna de ellas, como Furiosa, incluso del clan de las perras. Pura genealogía guerrera.


Furiosa: su precuela

Arrebatada de un lugar seguro (el Paraje Verde), Furiosa (interpretada por Ayla Browne cuando era niña y Anya Taylor-Joy como adulta) se cría entre un culto a la muerte de motocicletas, liderado por el profeta loco Dementus (Chris Hemsworth, luciendo una impresionante prótesis). Con el tiempo, ella es cambiada por Immortan Joe, el gran villano de Fury Road , y aprende a sobrevivir y prosperar entre su clan de cultistas con caras pintadas y inhaladores de aerosoles. Construyendo el mundo de Fury Road , Furiosa rastrea la frágil dinámica comercial entre tres líderes fuertes, cada uno de los cuales acapara un recurso clave: agua dulce, combustible y balas. Mientras Furiosa navega por estas violentas rutas comerciales, trama su propio plan para vengarse de Dementus y quemar caucho de regreso a Paraje Verde.



Furiosa se ubica, en un mundo postapocalíptico devastado por un conflicto nuclear, donde recursos como el agua y la gasolina han generado guerras y enfrentamientos entre distintos grupos de señores, en una tierra que ya no da más de sí, en medio del desierto australiano, con pequeños caudillos que emergen la violencia y el poder, como el nuevo villano de esta saga, Dementus, con un guasón Chris Hermsworth. Furiosa rastrea la frágil dinámica comercial entre tres líderes fuertes, cada uno de los cuales acapara un recurso clave: agua dulce, combustible y balas.El agua será, sin duda, motivo de guerra, ya no el petróleo.  

La gente se volverá cruel para sobrevivir y las sociedades se desintegrarán en lo que Darwin había predicho: sólo los más aptos sobrevivirán. Y las pandillas harían cualquier cosa por comida, balas y gasolina. Como dice Dementus: "No podemos ser blandos". Furiosa se erige como contrapunto a Dementus. Representa la familia, la camaradería y la posibilidad del amor. Aunque ella lleva más acción de la que le corresponde, en última instancia elige la nutrición y el renacimiento.

La historia del origen de la feroz guerrera de la carretera de Charlize Theron en Fury Road, la película comienza en “el Lugar Verde”: un jardín edénico gobernado por una tribu de mujeres guerreras, que se destaca como un exuberante oasis en el desierto.  La navegación de la narrativa por la guerra de pandillas, el deterioro ambiental y la corrupción sistémica de la sociedad muestra lo peor de la humanidad (rasgos que se ven realzados por la desesperación que trae el apocalipsis ), sin embargo, esta película aboga por la empatía, la resiliencia y el honor que abarca la humanidad en su mejor momento.

En este mundo brutal, la supervivencia depende de rasgos tradicionalmente masculinos como la fuerza bruta y la agresividad. Furiosa escapa de su destino de esclava sexual adoptando la apariencia de guerrera, pero su sufrimiento continúa simplemente por ser mujer. Su viaje culmina en un poderoso acto de autosacrificio al amputarse un brazo, rompiendo simbólicamente los lazos con su pasado y abrazando plenamente su nuevo destino.

“Furiosa” brilla con su rico comentario social, como corresponde a su ambientación. Ambientada en un páramo apocalíptico que refleja los fracasos de la sociedad industrial moderna, la película pinta un panorama sombrío de un mundo donde las mujeres son reducidas a meros objetos, valoradas únicamente por su capacidad de procrear varones. El contraste entre el desolado páramo y la exuberante Tierra Verde es impactante. Tierra Verde, dirigida por mujeres, simboliza la abundancia y la esperanza, en marcado contraste con Tierra Verde, dominada por los hombres, donde las mujeres son subyugadas. Trágicamente, Tierra Verde finalmente sucumbe a los páramos circundantes en “Fury Road”, reflejando la dura realidad de un mundo dominado por estructuras patriarcales.

Tiene un alcance más amplio e intenta tener un diálogo más matizado sobre el capitalismo, la degradación ambiental y la capacidad de los seres humanos para infligir perversidad.  La década de 2020 se ha caracterizado por la pandemia de COVID-19, la emergencia climática global, las guerras imperialistas y el genocidio, y la agitación económica en forma de inflación galopante y aumento vertiginoso del costo de vida. El reloj apocalíptico del Boletín de Científicos Atómicos está actualmente fijado a 90 segundos para la medianoche, lo más cerca que jamás ha estado. 


Con Dementus a su merced, Furiosa decide que no puede vivir solo para la venganza, rechazando las incesantes afirmaciones de Dementus de que ella no es más que una copia en miniatura de él mismo. Su negativa a reproducir la mezquina brutalidad de la extravagante clase dominante del Yermo, junto con la alternativa liberada del Lugar Verde, puede leerse como, en el último momento, el rechazo de la saga a la noción pesimista de que es naturaleza humana construir distopías. Para demostrar la existencia del Lugar Verde a los esclavizados e iniciar la infame fuga de Fury Road , Furiosa usa el cuerpo vivo de Dementus para cultivar un melocotonero a partir de una semilla que le dio su madre (es complicado). Al hacerlo, pasa de buscar venganza personal a encontrar la redención en la lucha por crear un mundo nuevo a partir de su inmensa e irrecuperable pérdida y las cenizas del Yermo.

Dementus

Dementus es una evolución del personaje de Inmortan. A pesar de que estamos ante una precuela, el nuevo personaje parece hablarnos desde un futuro. Donde Inmortan es un fiero cacique local obsesionado por tener descendencia y que guarda una fortaleza con recursos básicos (fundamentalmente agua), Dementus es un nómada, es alguien que no tiene anclaje fijo, que se mueve por el desierto generando caos por dónde pasa y, sobre todo, mintiendo. Es el gran mentiroso. El que sistemáticamente engaña a propios y extraños, traiciona y manda a la muerte a sus propios hombres, a los que sacrifica sin pudor. Es aquel cuyos pactos no son fiables y con quien toda alianza será temporal.

Donde Inmortan es terrorífico, Dementus es carismático. Donde Inmortan es una masculinidad deprimida, Dementus es sexy. Donde Inmortan es la vieja extrema derecha, Dementus es un Trump, o un Milei. Donde Inmortan gobierna, Dementus sólo corroe, destruye, degrada. En la película llega a explicar que lo hace no con un objetivo, sino porque no siente nada. Por la emoción. Por la dopamina. Por la adicción a un tipo de atención muy particular.


Inmortan Joe

El villano Immortan Joe, por ejemplo, encarna muchos de los peores elementos de la humanidad. Vive junto a sus hijos en una fortaleza, disfrutando de cierto lujo. El personaje de Hugh Keays-Byrne logra dominar a la población a través del control del agua, que libera al pueblo en determinados periodos para mantener el control y evitar revueltas. La visión elitista y cruel del personaje se puede resumir en una de sus líneas: “No te hagas adicto al agua, ella te cuidará y resentirás su ausencia”. Lamentablemente, aunque parezca absurdo, este tipo de pensamiento se puede encontrar en varios gobiernos y empresarios alrededor del mundo.

Asusta darse cuenta de que este villano refleja en su forma de gobernar y en su pensamiento personajes reales (y actuales) de la historia del mundo. Otra forma de control empleada por Immortan Joe es la religión. El déspota también se muestra como un líder religioso y obtiene la obediencia de sus War Boys prometiéndoles el Valhalla, un paraíso donde vivirían una vida de reyes. Con esto obtiene más que sirvientes que mueren por él; La maldad de Joe es lograr que los seres humanos deseen la “gloria” de sacrificarse en su nombre.

El déspota robó la idea y el nombre Valhalla de la mitología nórdica, y hace lo mismo con otros elementos culturales. Llama al agua, por ejemplo, agua de cola y dice que hay un gran McBanquet esperando a sus súbditos en el paraíso. Al utilizar estos términos y en base a las acciones del personaje, queda claro que todo el universo creado por George Miller es una crítica al capitalismo. El cineasta sugiere que la propia explotación de los recursos naturales, la división desigual de los ingresos y el control cada vez mayor de las grandes corporaciones conducirán a la humanidad a un cataclismo. Immortan Joe no es más que el hijo generado por este capitalismo extremo: una figura cruel y deshumanizada. Por eso, no es de extrañar ver que uno de los dioses de este universo esté representado por un volante, ya que los automóviles son esenciales para este mundo, y al mismo tiempo son símbolos del capitalismo.

Su posición dictatorial sobre la comunidad proviene de su retención de recursos a cualquiera que no se doblegue a su voluntad. Luego, esas personas se enfrentan a la elección entre morir por exposición si salen solos o morir si Joe les niega comida, agua, etc. Esto efectivamente esclaviza a la gente. Además de eso, esas personas no tienen medios para lograr cambios en su comunidad. No tienen voz, individual ni colectivamente, excepto un puñado de miembros de la comunidad y la mayoría de ellos se encogen de miedo ante Joe.

Sin embargo, los mayores crímenes del villano están dirigidos a las mujeres. Joe es sexista hasta el extremo y trata a cualquier mujer como un objeto. Durante su reinado, las mujeres sirvieron como lecheras o parturientas. El déspota cuenta con varias esclavas sexuales, a las que viola frecuentemente en busca de un niño sin ningún problema de salud.



El criadero de Balas

Bullet Farmer, también conocido por su antiguo rango militar y apellido Major Kalashnikov , es un antagonista secundario en Mad Max: Fury Road . Es un viejo aliado y hermano de armas del líder de la Ciudadela, Immortan Joe (Coronel Joe Moore), y es interpretado por Richard Carter en Fury Road y Lee Perry en Furiosa . Era el líder de una facción conocida como Bullet Farmers .

Durante su ataque a ciegas, tiene un sorprendente parecido con Lady Justice, una personificación alegórica del sistema judicial, y su diálogo durante esta escena confirma que se trataba de un paralelo intencional.

Juega con la dualidad entre armamento y cultivo. En nuestra sociedad actual, hay tantos fondos asignados al avance de armamento que parece que el mundo está siempre en una carrera armamentista, pero esto tiene un costo. Cuando nos centramos en las armas, perdemos de vista las necesidades de la vida, como revertir el calentamiento global. Asignamos todos nuestros fondos a algo que no se usa para sustentar la vida, pero sí para sustentar el poder . Este futuro demuestra a qué conduce ese pensamiento extremo. Las armas son excepcionales y abundantes, con máquinas de guerra gigantes y una plétora de tácticas de guerra, pero el mundo ha sido ignorado hasta el punto de que no queda lugar para cultivar alimentos. Dejaron que todo se secara y el suelo se convirtiera en arena. Sabemos que esto es algo que sucedió durante la vida de la generación actual porque un grupo de mujeres mayores hablan de cómo crecieron en las granjas. Dejan claro que el mundo todavía tiene granjas, pero no son granjas de hortalizas. Son granjas de balas. 


El Banquero

People Eater es el alcalde de Gas Town y un antagonista secundario en Mad Max: Fury Road y la precuela Furiosa: A Mad Max Saga . Es interpretado por John Howard .

Antes de tomar el control de Gas Town, People Eater sirvió directamente como asesor y estratega militar de Immortan Joe en la Ciudadela. Está presente cuando Dementus llega por primera vez a la Ciudadela e intenta reclamarla. Desconcertados por el patético intento, él y Immortan Joe ni siquiera miran cómo Dementus y su Horda de Motociclistas son fácilmente ahuyentados por los War Boys .

People Eater es uno de los aliados de Immortan Joe y lo ayuda a perseguir a Imperator Furiosa y las esposas . Su vehículo preferido es una limusina modificada . Durante la batalla final, People Eater mata a Valkyrie atropellándola, pero su vehículo es secuestrado por Max Rockatansky . Después de ser dominado, Joe mata a tiros a People Eater cuando Max lo usa como escudo humano.

Su vestimenta y comportamiento sugieren fuertemente una desviación sexual, disfruta matando y sufriendo. No es ajeno al canibalismo y la glotonería, que son la causa de su obesidad, algo poco común en Wasteland. Sus pies están terriblemente hinchados y tumorales, ambos causados ​​por enfermedades de Wasteland o simplemente por gota, otra sugerencia de su acceso poco común a la comida y al lujo. Es el calculador humano, un hombre de negocios autoproclamado de Wasteland, que realiza un seguimiento constante de su déficit. Su vehículo es una limusina que también funciona como plataforma móvil de refinación de petróleo. Llamativo y más grande que la vida, representa con precisión la actitud de The People Eater hacia el dinero y la estética.



Warboys
 
Son los fanáticos soldados de Immortan Joe, a quienes les ha lavado el cerebro para que crean que irán al Valhalla por su valentía en la batalla. Esnifan cromo y realizan ataques suicidas contra los enemigos de Joe. Para mí, parecen representar a los jóvenes varones del mundo, a quienes se les promete la gloria y el cielo por servir lealmente al ejército de su país. Han crecido en sociedades que glorifican la violencia y son utilizados como herramientas desechables de los capitalistas para luchar en sus batallas. Esto se ve reforzado por una de las esposas de Joe, que se refiere al chico de guerra capturado Nux como "un ignorante".


El mensaje de Mad Max

Karl Marx ya planteó hace dos siglos que el capitalismo no podría sostenerse por su tendencia a acumular la riqueza en unas pocas personas que romperían el esquema básico de la economía (la ley de oferta y la demanda) ya que la demanda disminuiría y, aunque la oferta se mantuviera estable, el consumo sería menor lo que obligaría a bajar los precios, por lo que la riqueza generada (la plusvalía) sería menor.

Mad Max deja una buena reflexión: vivimos en un sistema consumista provocado, quizá, por las carencias materiales de anteriores generaciones debido a su bajo nivel salarial y la falta de elementos básicos como una casa, agua, libros, ropa, alimentos… Por eso, el propio sistema se basa en la educación para mantenerse, enseñando a la gente que el capitalismo es el único sistema que funciona para ser feliz.

Hay una cita gastada atribuida al fallecido crítico y teórico Mark Fisher, acerca de cómo "es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo". La destrucción de la fuerza natural del hombre y de la tierra, si bien actuaban con ritmos relativamente diferentes antes del capitalismo, tiende a interrelacionarse, como veremos más adelante. Si en la segunda mitad del siglo XIX se aceleraban la tendencia a la unión entre la gran industria y la gran agricultura industrializada, en la segunda mitad del siglo XX las grandes agroindustrias adquirían ya un poder sobrecogedor aunque lo peor estaba a punto de llegar con la irrupción del poder omnívoro del capital financiero desde finales de ese siglo y con la omnipotencia del capital ficticio desde el inicio del siglo XXI.

La privatización de la naturaleza responde a la objetividad ciega de la ley de la acumulación ampliada del capital en general y a la agudización de las contradicciones interimperialistas por la posesión de los cada vez más escasos recursos energéticos y materiales. Frente a esta voracidad depredadora basada en la propiedad de la naturaleza, el marxismo opone lo irreconciliablemente opuesto: la naturaleza es de ella misma y no de la burguesía. Decir que la naturaleza se pertenece a sí misma y no al capital implica que ni siquiera la humanidad concreta que existe físicamente en un momento preciso de la historia, lo que se dice «ahora mismo», ni siquiera ella es propietaria de la tierra. En el libro III de El Capital Marx escribe que: «Ni la sociedad en su conjunto, ni la nación ni todas las sociedades que coexistan en un momento dado, son propietarias de la tierra. Son, simplemente, sus poseedoras, sus usufructuarias, llamadas a usarla como boni patres familias y a trasmitirla mejorada a las futuras generaciones»

Cuando el deterioro de una situación es gradual, podemos aceptar nuestra propia destrucción como algo inevitable, las malas costumbres son las más difíciles de cambiar. El capitalismo intenta convertir en oro, esa materia brillante y muerta, todo lo que toca y llevarlo a los bancos. Pero eso no tiene sentido. No puede durar, es cuestión de tiempo. 

¿Cuál es el sueño dominante de nuestro paradigma civilizatorio que colocó el mercado y la mercancía como eje estructurador de toda la vida social? Es la posesión de bienes materiales, la mayor acumulación financiera posible y el disfrute más intenso que podamos de todo lo que la naturaleza y la cultura nos pueden ofrecer hasta la saciedad. Es el triunfo del materialismo refinado que alcanza hasta lo espiritual, hecho de mercancía, con la engañosa literatura de autoayuda, llena de mil fórmulas para ser felices, construida con retazos de psicología, de nueva cosmología, de religión oriental, de mensajes cristianos y de esoterismo. Es pura engañifa para crear la ilusión de una felicidad fácil.

Aunque algunos consideren el capitalismo más feroz una posibilidad eterna la madre tierra será la última que con su respuesta dicte sentencia. Tal y como expresa el reconocido sacerdote franciscano y teólogo de la liberación Leonardo Boff solo un nuevo paradigma en comunión con la Madre Tierra garantizará nuestra supervivencia. 

El lance final es concluyente. Max posibilita la creación de nuevas subjetividades emancipadoras, gracias a la colaboración y el sacrificio de la comunidad, entre los que no pueden menospreciarse espléndidos personajes como Furiosa. No obstante, este es el corolario de Max: sin él no se pueden crear las condiciones de posibilidad para derrocar un régimen totalitario que parasita la existencia. En estos últimos planos aparece Max como un ente incapaz de adherirse al nuevo proyecto político presumiblemente liberador. Max escapa a cualquier institucionalización. Una vez que la comunidad se burocratiza, ya forma parte de los tentáculos del poder, aunque sea de otro poder. A Max le es extraña esta fase de fijación. Asume que cualquier institucionalización de la revolución es aporía, dinamita la revolución del acto. Mad Max abandona el acontecimiento tras haberlo viabilizado. Él pertenece a otro orden de cosas, al devenir del baldío desierto. Retoma su condición de guerrero de la carretera. La carretera como metáfora de la cinemática, de la acción en sí misma, de lo transitable. Max se aleja entre la multitud liberada, dejándola justo donde debe dejarse. El héroe esquizofrénico desaparece entre el extasiado tumulto, como un elemento que destiñe. Está hecho de otras fuerzas ingobernables por el poder. Max se arroja a la mutabilidad incesante de la existencia, al éxodo afirmativo. Mad Max es el heraldo que destruye el fascismo.

Si las tres primeras entregas fueron una alegoría a la guerra fría, la crisis del petróleo de los 70, la cultura nihilista del punk y la crítica al consumismo de los años 80, este nuevo filme nos presenta un universo en el que la humanidad, rehén de dementes que prometen un paraíso mientras privan de los más básicos recursos a su pueblo, encuentra en la figura de la mujer luchadora su única esperanza de liberación.