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miércoles, 26 de marzo de 2025

FRANCIA, GRAN BRETAÑA Y LOS ESTADOS UNIDOS EN LA BAJA EDAD MODERNA

Francia y Gran Bretaña eran los dos grandes poderes europeos. La primera era el modelo más acabado del absolutismo y la segunda un régimen parlamentario que limitaba el poder real. En común tenían la solidez de sus economías, los intereses coloniales y el comercio mundial, la disputa por el papel hegemónico o la importancia del pensamiento y la cultura ilustrada. En el s. XVIII, Francia se vería abocada a la crisis del Antiguo Régimen y la Revolución, y Gran Bretaña perdería las colonias de Norteamérica y alcanzaría gran estabilidad política, respaldada en lo económico por el inicio de la Revolución Industrial. 

Francia después de Luis XIV 

La Regencia de Felipe de Orléans (1674-1723) 

Luis XIV murió en septiembre de 1715, tras 72 años de reinado. Heredó su biznieto Luis XV (1715-74), de 5 años, dado que tanto su abuelo, el gran delfín, como su padre, el duque de Borgoña (hermano del rey de España Felipe V), y sus dos hermanos mayores, habían muerto. La regencia le correspondió al duque Felipe de Orléans, sobrino del fallecido rey y primero de los príncipes de la sangre, y que consiguió que el Parlamento de París le otorgara plenos poderes. Le enfrentaba a Felipe V la ambición de poder reinar si el joven rey fallecía. 

Felipe de Orleans

En un inicio se apoyó en los descontentos de la política de Luis XIV, la noblesse d’epeé y de robe, trasladó la corte de Versalles a París, y prodigó el lujo y las fiestas, a pesar de la enorme deuda, superior a los 2.300 millones de libras, que causó varias bancarrotas durante la regencia. A instancias del duque de Saint Simon modificó la estructura administrativa, creando un sistema polisinodial, pero en 1718 empezó una regencia más autoritaria e inició la restauración de las secretarías de Luis XIV, acabada en 1723. El año 1718 significó en realidad el paso de una regencia más alegre y permisiva marcada por la relajación de las costumbres, a otra autoritaria, en la que la figura principal fue el abad Guillaume Dubois, secretario de Asuntos Exteriores. 

Dos asuntos enfrentaron al regente con el Parlamento: la lucha contra el jansenismo frente al galicanismo del Parlamento y la quiebra bancaria de John Law. 

Luis XIV había querido acabar con el peligro que representaban los jansenistas y arrancó de Clemente XI la Bula Unigenitus (1713), que condenaba 101 proposiciones de la obra del jansenista Pasquier de Quesnel. Al morir Luis XIV, el Parlamento, de mayoría galicana, se opuso a la bula por considerarla una intromisión del papa en la Iglesia de Francia. La tolerancia inicial del regente cambió, como toda su política, en 1718. En septiembre el papa excomulgó a quienes se opusieran a la bula → aumento de las protestas y petición de un concilio general, ya no solo por parte del Parlamento. La observancia de la bula fue ordenada en agosto de 1720 por declaración real. Las protestas fueron acalladas por el influjo del obispo preceptor de Luis XV André Hercule de Fleury, que hizo de la defensa de la bula una cuestión de principios, considerando a los jansenistas rebeldes frente a la autoridad real. 

Cuando las especulaciones del banquero escocés John Law causaron la quiebra de la Banque Royale en 1720, que causó grandes pérdidas a los inversores y dejó sin resolver la crisis de la deuda, el Parlamento puso fin a la Regencia adelantando la mayoría de edad del monarca. El regente reaccionó desterrando los diputados a Pontoise. La corte regresó a Versalles y Dubois, cardenal desde 1721, fue nombrado primer ministro en agosto de 1722. En octubre se coronó rey a Luis XV. Al morir Dubois en 1723, el duque volvió unos meses a la regencia hasta su muerte en diciembre. 

Luis XV

El reinado personal de Luis XV (1723-74) 

El gobierno de Condé (1723-26) 

El duque de Borbón y príncipe de Condé gobernó durante los primeros años de reinado, aunque el rey mantenía como consejero a su preceptor Fleury. 

  • Gestionó el matrimonio del rey con María Leczinska, hija del ex rey de Polonia Estanislao. 
  • Tomó impopulares decisiones contra la crisis financiera, como crear en 1725 la cinquantième, tributo directo que gravaba en un 2% la producción y las rentas sin excluir a los privilegiados. Su política tuvo resultados favorables, reduciendo la deuda y la carga anual de intereses. 
  • Se recrudeció la persecución a los protestantes → migraciones a las Provincias Unidas o Prusia. 

El gobierno de Fleury (1726-43)

En 1726 el duque de Borbón fue remplazado por Fleury, que dio gran estabilidad política, y aunque no pudo evitar guerras, buscó la paz para poder centrarse en los problemas interiores: 

  • SITUACIÓN DE LA HACIENDA REAL: Controló el gasto y siguió intentando estabilizar la moneda. Suprimió el cinquantième y, más que elevar los impuestos (excepto durante las guerras de sucesión de Polonia y Austria), exigió una mayor contribución a los arrendatarios de estos. Gracias a esto redujo significativamente la deuda. 
  • JANSENISMO Y GALICANISMO: Continuó el enfrentamiento respecto a la bula Unigenitus, que el Parlamento se resistía a registrar como ley del reino. En 1732 Fleury hizo que Luis XV les obligara a registrar una Declaración de Disciplina que restringía el derecho de los parlamentarios a oponerse a las disposiciones reales → El parlamento suspendió su actividad y 139 parlamentarios fueron castigados al exilio a Pontoise → Bloqueo institucional y presión de la opinión pública → El rey suspendió la Declaración de Disciplina. 

Este enfrentamiento parecía un contrasentido, pero el Parlamento utilizaba el galicanismo para reivindicar su papel constitucional frente al absolutismo, mientras la corona persiguió el jansenismo y el galicanismo por las consecuencias que estos podían tener sobre la Iglesia y la sociedad. Otra corriente perseguida fue el richerismo, que extendía la idea de la superioridad colectiva frente la individual, no solo de los concilios frente a los papas sino también de los sínodos diocesanos frente al obispo o las asambleas parroquiales frente a las parroquias → riesgo de que estas ideas se aplicaran al ámbito político. 

Los años de Fleury fueron positivos para la economía francesa, gracias a la fase expansiva de la economía, pero también gracias a la política mercantilista de Philibert d'Orry, que facilitó el auge de las manufacturas y el comercio. 

Fleury (1726-43)

El período sin ministro principal. La época de Madame Pompadour (1743-58)

Tras la muerte de Fleury, Luis XV quiso gobernar personalmente. Los problemas seguían siendo los mismos: 

  • SITUACIÓN DE LA HACIENDA REAL

 Tras la Guerra de Sucesión de Austria, la deuda era de 1200 millones de libras y el déficit anual de 100 millones. Se creó en 1749 el vingtième, que gravaba con un 5% todos los ingresos y rentas, incluido los privilegiados, y que se recuperaría durante la Guerra de los Siete Años en 1756. En su contra se desató una fuerte campaña anticlerical. La corona reaccionó con dureza contra la Asamblea del Clero, que fue disuelta, y contra los Estados del Languedoc y Bretaña, pero acabó cediendo y a finales de 1751 eximió al clero del nuevo tributo. 

  • JANSENISMO Y GALICANISMO

 Continuó el enfrentamiento antijansenista entre Parlamento y magistrados y Corona e Iglesia. La oposición del Parlamento al absolutismo se vio alentada por el auge de la Ilustración. Los obispos trataron de imponer su autoridad a los jansenistas, lo que llevó al Parlamento a publicar en 1753 las Grandes Remonstrances, reivindicando su papel de garante del orden constitucional y se atribuía la representación nacional en ausencia de los Estados Generales no convocados desde 1614 → El rey suspendió su actividad y desterró a los magistrados a Pontoise. 

A su regreso los miembros del Parlamento continuaron sus ataques hacia los obispos antijansenistas → Luis XV impuso en 1755 una ley del silencio sobre la bula Unigenitus, hizo publicar una nueva Declaración de Disciplina que limitaba aún más la capacidad del Parlamento a objetar sus disposiciones y prohibía la huelga de sus magistrados (muchos de los cuales dimitieron), e intentó evitar el Parlamento reforzando el Grand Conseil. Finalmente, el clima de tensión y la necesidad de financiar la guerra llevaron a un acuerdo: el rey suspendió la Declaración de Disciplina a cambio de que los magistrados que habían dimitido volvieran a sus puestos. 

 Madame Pompadour (1743-58)

El gobierno de Choiseul (1758-70)

Étienne François de Choiseul debió afrontar como ministro principal la Guerra de los Siete Años → nuevas tasas incluyendo una tercera vingtième de 1760-63. Sus grandes problemas fueron los ya anteriores: 

  • OPOSICIÓN DEL PARLAMENTO, extendida a la alta magistratura formada por dinastías de noblesse de robe, deseosa de intervenir en la política del reino. La oposición tenía que ver ahora con la fiscalidad. 
  • DIFICULTADES FINANCIERAS, agravadas por la deuda generada por la guerra, que además causó la pérdida de parte de sus colonias. Las iniciativas en el terreno financiero fueron muchas, algunas de ellas en línea con las propuestas de la fisiocracia de crear un impuesto territorial, pero fracasaron en su mayor parte por la oposición a pagar impuestos de los privilegiados, principales propietarios de la tierra, que contaron con frecuencia con el respaldo de los parlamentos. 

El clima antijesuítico, especialmente fuerte entre las mayorías galicanas y jansenistas del Parlamento, dieron lugar en 1762 a la expulsión de los jesuitas de París, decisión imitada por varios parlamentos provinciales → Triunfo de los magistrados frente a la Corona. 

Mientras tanto, el predominio del entorno de la amante del rey, madame Du Barry, debilitaba la posición de Choiseul, una de cuyas últimas gestiones fue el matrimonio del delfín con María Antonieta de Austria, siendo sustituido en 1770 por el duque de Aiguillon, el cual constituyó un triunvirato junto a Maupeou (enemigo de los parlamentos y canciller desde 1768) y el abate Terray (al frente de las finanzas desde 1769), ambos miembros del partido devoto al igual que madame Du Barry.

Choiseul (1758-70)

El Triunvirato (1770-74)

Los años del Triunvirato se caracterizaron por la reacción de la corona contra los parlamentos. En 1770 un nuevo reglamento de disciplina provocó la declaración en huelga del Parlamento de París → disolución de este y otros parlamentos díscolos. Maupeou inició una reforma con la intención de restar poder a estas instituciones, incluyendo la supresión de la Cour d’Aides y el Grand Conseil. 

En la Hacienda, Terray, aplicó también una política autoritaria, logrando una importante reducción del déficit. En la fiscalidad prorrogó las dos vingtièmes y creó algunos impuestos. Su liberalismo económico le llevó a suprimir la Compañía de las Indias Orientales y los bienes comunales. 

Las iniciativas del Triunvirato provocaron muchas críticas y descontentos (despotismo ministerial) → oposición de los magistrados tratando de frenar el absolutismo (como en Inglaterra). 

Luis XVI (1774-93) y el planteamiento de la crisis 

Nieto de Luis XV y último rey del Antiguo Régimen, Luis XVI, tuvo como principal cargo del gobierno al conde Jean￾Frederic de Maurepas, mientras Chales Gravier, conde de Vergennes, se encargaba de los Asuntos Exteriores y el fisiócrata Anne Robert Jacques Turgot de la Hacienda. El reinado comenzó conciliador → suspensión reforma de los parlamentos, siendo restablecidos, aunque con capacidad de huelga y oposición reducidas, debilitados → 1774-87 débil oposición a las iniciativas del gobierno. Los mayores problemas fueron los financieros, sobre todo a partir de 1778, con el inicio de una coyuntura negativa, con graves tensiones sociales. 

La fiscalidad seguía aplicándose básicamente al comercio y las manufacturas y poco a la tierra, a lo que se sumaba la exención de los privilegiados, la desigualdad entre los diversos territorios, las injusticias y abusos en los sistemas de recaudación, todo lo cual no sólo tenía unos efectos sociales negativos, sino que suponía un obstáculo para el crecimiento económico. La mayor recaudación provenía de un tributo directo (taille), seguido de la gabelle, impuesto indirecto sobre el consumo de sal. 

En 1774, Turgot liberalizó el comercio de cereales, pero la coincidencia con una mala cosecha favoreció la especulación → motines en abril de 1775 (“guerra de la harina”), duramente reprimidos. Su propuesta más ambiciosa fue un impuesto territorial pagadero por todos los propietarios rurales, excepto el clero → oposición de los parlamentos y sus enemigos de la corte → su caída en mayo de 1776. Su sucesor, Jacques Necker hubo de hacer frente a los gastos de la guerra de independencia de Norteamérica → créditos, sin nuevos impuestos. Proyectó crear asambleas consultivas provinciales con miembros de representación estamental (idea de que no cabe introducir un impuesto sin representación) inicialmente limitado a Berry (1778) y Guyena (1779); el intento de generalizarlas encontró la oposición del Parlamento de París → Necker presentó su dimisión en mayo de 1781 al no lograr que el rey ampliara sus poderes. 

En 1783, por los gastos de la guerra americana, se impone durante 3 años la tercera vingtième. Se encarga de la Hacienda Charles Alexandre de Calonne, que insiste en establecer un impuesto territorial en especie, liberalizar el comercio de grano o crear asambleas provinciales consultivas de propietarios. Para evitar la oposición del Parlamento recurrió a la Asamblea de Notables, que también rechazó sus propuestas → le sustituye el arzobispo Lomenie de Brienne, que mantuvo las propuestas de su antecesor, volviendo a chocar con la Asamblea de Notables. 

Ante el bloqueo, en agosto de 1787 el Parlamento indicó que sólo los Estados Generales podían corregir las decisiones de la Asamblea, en lo que insistieron cuando el rey les obligó a registrar los nuevos edictos fiscales →Inicio de la revolución de los privilegiados, que implicó a muchos nobles. Finalmente, el 8/8/1788, el rey convocó los Estados Generales para mayo de 1789. Unos días después declaró la bancarrota y volvió a poner a Necker al frente de la Hacienda. 

El endeudamiento de los estados de la época era muy elevado, pero no significa que estuvieran en quiebra ni les impedía nuevas guerras. En 1789 Francia destinaba el 60% de los ingresos a pagar deuda, aunque podía ser soportada al no superar el doble del PIB. Pero el problema estaba en su administración financiera, incoherente e ineficaz, y en el hecho de combinar la crisis financiera con una profunda crisis política. 

La crisis financiera y el desmoronamiento del Antiguo Régimen fueron el resultado de muchos factores: políticos, económicos, sociales, ideológicos, etc. El empeoramiento de la situación política que llevó a la revuelta de los privilegiados, y la mala coyuntura económica desde finales de los 70, contribuyeron a las posteriores propuestas revolucionarias. También influyó la Ilustración, la independencia americana y el aumento de la participación política entorno a la convocatoria de elecciones de los delegados a los Estados Generales de 1789. 

Maria Antonieta y Luis XVI

Gran Bretaña 

Consolidación del parlamentarismo británico 

El reinado de Ana I (1702-14)

A la muerte de Guillermo III subió al trono Ana I, hija del primer matrimonio de Jacobo II, con la que acabo la dinastía Estuardo, ya que ninguno de sus hijos sobrevivió. 

En 1707, los parlamentos británico y escocés firmaron sendos Acts of Union → unión política, Reino Unido de la Gran Bretaña (cuando en 1800 se unió Irlanda, seria Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda). Esta unión fue acordada: los escoceses, minoritarios en el nuevo parlamento común, deseaban participar en la prosperidad mercantil británica y en la aventura colonial, y los ingleses querían acabar con los problemas en las relaciones entre ambos reinos. 

Otro hecho importante de su reinado fue el triunfo internacional de Gran Bretaña en la Guerra de Sucesión española → paso hacia su hegemonía del s. XVIII: cesiones territoriales francesas en América, privilegios en el comercio con las Indias españolas, más el Tratado de Methuen con Portugal (1703). 

La política británica postrevolucionaria fue dominada más de medio siglo por los whigs, que representaban sobre todo los intereses mercantiles y propiciaron por ello las dos coaliciones contra Francia (1688-1697 y 1701-1713) para consolidar la implantación colonial y el dominio marítimo. Sólo en 1711 perdieron el gobierno en beneficio de Los toires, opuestos a la guerra y los gastos militares, que se mantendrían en el poder hasta 1714. Conviene tener en cuenta que la sociedad británica era la más evolucionada de Europa a comienzos del siglo XVIII, con una opinión pública cuyo peso influye en el Gobierno y en los cambios políticos. 

 Ana I (1702-14)

La nueva dinastía (Jorge I, 1714-27) 

Al final del reinado de Guillermo III, el Act of Settlement de 1701, que exigía que el rey fuera anglicano, había asignado la sucesión al duque elector de Hannover, Jorge. En los últimos años del reinado de Ana I cuando los tories tenían mayoría, hubo intentos de cambiar la ley sucesoria para favorecer a los Estuardo, por lo que una de las primeras medidas de Jorge I fue alejar del poder a los tories. En las siguientes elecciones ganarían de nuevo los whigs y nada más constituirse el nuevo parlamento en 1715, varios líderes tories fueron procesados por traición →protestas populares contra el proceso → la oposición a la nueva dinastía no se limitaba a un sector de los tories. 

Ese mismo año fracasó una rebelión jacobita en Escocia con el pretendiente Jacobo III al frente, llegado desde Francia. Para evitar más problemas, el gobierno decidió consolidar la mayoría que tenía en la Cámara de los Comunes consiguiendo que esta aprobara el Septennial Bill, que prolongaba a 7 años el plazo previsto en la Triennial Act para convocar nuevas elecciones. 

Jorge I, 1714-27

Jorge I viajaba mucho a su ducado alemán, apenas hablaba inglés y tenía poco interés en los asuntos británicos. 

Pese a ello, la nueva dinastía se consolidó frente a la opción de los Estuardo, cuya corte permanecía en la cercana Francia, debido a la amplia oposición al catolicismo de estos y por la intromisión de potencias extranjeras en la política británica que hubiera supuesto su reinado. 

Dentro de una sociedad con una opinión pública que influía en el gobierno y en los cambios políticos, era muy importante la difusión de la prensa. Whigs y tories tenían sus propias publicaciones y sus autores favoritos. Sin embargo, los partidos eran agrupaciones no estructuradas sin necesariamente una política común. La Cámara de los Comunes reflejaba los intereses de los propietarios de la tierra y del mundo urbano mercantil. Cada circunscripción elegía 2 diputados, y por lo obsoleto de la lista de dichas circunscripciones había poblaciones “podridas” casi despobladas con 2 diputados y otros importantes núcleos de población como Liverpool o Manchester, que no tenían representación. Por otra parte, las elecciones no eran limpias, había un alto grado de manipulación y corrupción. 

Menos importante era la Cámara de los Lores cuyos poderes eran más judiciales que políticos, al tratarse del máximo tribunal de apelación. 220 miembros, 26 obispos y el resto pares o altos nobles ingleses y 16 escoceses, cuyos puestos eran hereditarios. El poder de los grupos dirigentes se extendía al territorio, a través sobre todo de dos instituciones: el lord liutenant y los jueces de paz, controlados respectivamente por la aristocracia terrateniente y la gentry. 

James Stanhope controló el gobierno entre 1717 y 1720 basándolo en la buena relación con Francia. A ambos les interesaba la paz en un momento de inestabilidad política, IAE fuera en Gran Bretaña por la implantación de la nueva dinastía y la amenaza jacobita, hoy en Francia por la minoría de edad de Luis XV y las ambiciones sobre el trono del regente Felipe de Orleans. Más complicadas fueron las cosas en la política interior. En 1711 los tories habían aprobado la Occasional Conformity Act, que aplicaba de forma estricta la ley que reservaba los cargos públicos a los anglicanos. Stanhope fracasó en el intento de modificarla, como también en el Peerage Bill (1719), un proyecto que, al limitar la prerrogativa real de crear pares, hubiera garantizado la mayoría que tenían en ella los whigs. Le sucedió Robert Walpole (1721-42), coincidiendo con el cardenal Fleury en Francia, a quien le unía su inclinación a la paz. Ligado a Stanhope en los comienzos de su carrera política, desde el ascenso de aquel al poder encabezó la oposición dentro del partido whig, con el apoyo del heredero del trono, cuyas relaciones con el rey no eran buenas. La política de Walpole abandonó el tradicional belicismo de los whigs para centrarse en el desarrollo económico y social de Inglaterra, con el respaldo del sistema de paz y equilibrio europeo diseñado en Utrecht, que la alianza con Francia trataba de garantiza. 

El reinado de Jorge II (1727-60) 

Walpole mantuvo el poder con Jorge II, gracias sobre todo al apoyo de la reina consorte Carolina de Brandeburgo￾Ansbach, y a su capacidad de ganar elecciones con las alianzas con magnates locales, el clientelismo, la habilidad para controlar las mayorías o la corrupción. Abandonó el belicismo whig para centrarse en el desarrollo económico y social de Inglaterra. La inclinación de Walpole a la paz y la neutralidad supuso la pérdida de influencia en el continente. Sólo en 1739 no tuvo más remedio que declarar la guerra a España ante la reacción del Parlamento y la opinión pública tras los incidentes del comercio con América. En política interior tomó medidas para evitar una posible nueva conspiración jacobita, intentó reducir la deuda pública y los intereses, luchó contra el fraude y el contrabando, y mejoró el sistema fiscal basado en los impuestos indirectos sobre el comercio y en las aduanas. 

Bajo su mandato se dio un importante crecimiento manufacturero y mercantil gracias al cual Inglaterra vivía a mediados de siglo un extraordinario desarrollo comercial. Su habilidad para controlar la Cámara de los Comunes y las elecciones le permitió, no obstante, enfrentarse a ellos, como lo prueban sus victorias en las elecciones de 1727 y 1734, la última de las cuales hizo que Brolingbroke abandonara la lucha retirándose a Francia. Desde entonces su principal opositor fue William Pitt, quien representaba políticamente a los grupos más dinámicos del comercio y las finanzas, que defendía una política exterior más agresiva, sobre todo en las colonias. El descenso de apoyos en las elecciones de 1741 le hizo abandonar el poder en 1742 → Cambio en la política exterior, con mayor intervención en Europa a favor de los intereses de Hannover y en contra de Francia. 

En 1745, estando el rey en Hannover, se inició en Escocia un nuevo levantamiento jacobita encabezado por el hijo del pretendiente, Carlos Estuardo (conocido como Bonnie Prince Charlie), con apoyo de Francia. Tomaron Edimburgo y llegaron a invadir el norte de Inglaterra. Sin embargo, en abril de 1746 sufrieron una derrota ante el ejército del duque de Cumberland y el levantamiento se deshizo lentamente y la represión fue muy dura → El movimiento jacobita se extinguió prácticamente a finales de los 80 con la muerte de Carlos Estuardo, último descendiente de Jacobo II. 

Henry Pelham estuvo al frente del Gobierno hasta su muerte en 1754, sucediéndole su hermano mayor Thomas, duque de Newcastle. Ambos contaron con Pitt, que no sólo controlaba la mayoría whig en el Parlamento, sino que tenía un fuerte apoyo del mundo de negocios y la opinión pública. 

A finales del reinado de Jorge II ganó importancia en el gobierno la figura de William Pitt, que dirigió la política militar durante la Guerra de los Siete Años. 

 Jorge II (1727-60) 

El reinado de Jorge III (1760-1811) 

A la muerte de Jorge II le sucede su nieto Jorge III, ya que su padre Federico había muerto en 1751. Su reinado consolida la dinastía, no solo por la desarticulación del movimiento jacobita, si no por ser el primer monarca Hannover nacido y formado en Gran Bretaña. Intervino en política de forma más directa que sus antecesores. Su tendencia a reforzar las prerrogativas reales le inclinó hacia los tories, más cercanos a tales ideas → Se inmiscuyó en el control de las cámaras con sobornos y prebendas para acabar con la mayoría whig. En 1761 puso al frente del Gobierno al tory escocés John Stuart, conde de Bute, que había sido su preceptor. Con él se concluiría la Guerra de los Siete Años, que disgustó a los intereses mercantiles partidarios de continuarla (representados por Pitt y su gente), y a la opinión pública → dimisión de John Stuart (al frente del gobierno de la mano del rey) en abril de 1763 → años de gobiernos whigs inestables. 

Jorge III (1760-1811)

  •  El gobierno de North (1770-82) 

La guerra llevó a incrementar la presión fiscal sobre las colonias, agravando su descontento. En la vida política aparecían corrientes radicales, que no se sentían representadas por los partidos. En 1770 el rey puso al frente del gobierno al tory lord Frederick North (1732-92) que se mantuvo en el poder hasta 1782 → Estabilidad y saneamiento financiero que permite reducir momentáneamente los impuestos, hasta que la guerra con las colonias obligó a volver a subirlos → oposición en el Parlamento y la opinión pública, que además lo responsabilizaban a él y al rey de la pérdida de las colonias. 

Se trató de calmar el desarrollo del sentimiento nacionalista en Irlanda, sometida a un trato colonial, con medidas que concedían mayor autonomía política y tolerancia hacia los católicos, como la anulación de los Test Acts, la concesión de autonomía legislativa al Parlamento de Dublín (1782) o iniciativas para mejorar la situación legal de los católicos en Gran Bretaña (Papists Act, 1778), que provocaron en Londres los llamados Gordon's riots, a comienzos de junio de 1780, unos botines en contra de tales cambios organizados por el diputado escocés Lord George Gordon, presidente de la Protestant Association of London. 

North (1770-82)

  • El gobierno de William Pitt (1783-1801) 

La marcha negativa de la guerra contra las 13 colonias marcó el final del gobierno de lord North, que dimitió en marzo de 1782. La derrota definitiva supuso la vuelta de los whigs al gobierno, de la mano de William Pitt (1759-1806), conocido como el Joven para distinguirlo de su padre el Viejo. Controlará la política hasta 1801, huyendo de los whigs más radicales, que desean limitar el poder real, y favoreciendo la renovación de los tories. 

 William Pitt (1783-1801)

Se dedicó a reducir la enorme deuda causada por la guerra contra las colonias (232 M libras en 1783) creando impuestos indirectos sobre numerosos y variados artículos. Gran Bretaña contaba con un sistema de deuda respaldado por el Banco de Inglaterra, lo que garantizaba su devolución y permitía así pagar tipos de interés en préstamos más bajos a largo plazo. 

En estos años Gran Bretaña reafirmó su hegemonía marítima y colonial y se inició la Revolución Industrial. Desde finales de los ochenta la enfermedad mental del rey y las repercusiones de la Revolución Francesa reforzaron su gobierno. La decapitación de Luis XVI llevó a un sector tory a coaligarse con él en 1794 → giro conservador contra el radicalismo. En Irlanda, el ejemplo de Francia alentó el independentismo → revuelta en 1798 → En 1800 Pitt promovió la incorporación de Irlanda a la Unión, formándose el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda. Intentó abolir las leyes contra los católicos, pero la oposición de Jorge III le llevó a dimitir en 1801. 

Estados Unidos. La independencia de las colonias de Norteamérica (1776-1783) 

El levantamiento de las colonias de Norteamérica, junto con la Revolución Francesa y la emancipación de Latinoamérica de España y Portugal inició la crisis del sistema del Antiguo Régimen. Las causas son complejas, aunque en el trasfondo está su dinamismo económico y su gran crecimiento demográfico: 

  • ECONÓMICAS: Presión fiscal y obligación de comercio con la metrópoli (materias primas por manufacturas). 
  • POLÍTICAS: Desarrollo de la conciencia política, de la propia identidad de una serie de personas que en muchos casos se vieron obligadas a huir de la metrópoli por diferencias religiosas o políticas. Dicha singularidad acabó vinculándose a valores como la libertad, la tolerancia o los derechos individuales, muy influenciados por la Ilustración, como también en la idea de progreso implícita en la aspiración a una sociedad basada en principios como el utilitarismo o el bienestar. 

Pese a sus anhelos compartidos, había importantes diferencias entre las colonias: 

Norte 

  • Connecticut, Massachussets, Rhode Island y New Hampshire. 
  • Puritanos ingleses dedicados a la agricultura, la madera y la pesca. Su ciudad más importante era Boston, con 20.000 habitantes. 

Centro 

  • Nueva York, Nueva Jersey, Pensilvania y Delaware. 
  • Ingleses, holandeses y alemanes dedicados a la agricultura de cereales y a la madera. Su ciudad más importante era Filadelfia, con 45.000 habitantes. 

Sur 

  • Maryland, Virginia, Georgia, Carolina del Norte y Carolina del Sur. 
  • Economías de plantación basadas en los esclavos africanos. 
  • Agricultura subtropical de algodón, tabaco o arroz. 

En las colonias del norte y el centro, el comercio aumentó constantemente a lo largo del siglo, pero la balanza comercial negativa y la exigencia de la metrópoli de que le pagaran en efectivo los artículos que enviaba llevaron a los colones a resarcirse en el comercio con el Caribe, al que exportaba cereales, carne y madera, a cambio de algodón, azúcar y, sobre todo, melazas, de las que obtenían el ron. Mayor era la dependencia de las colonias del sur, cuyos productos eran exportados en su totalidad a Gran Bretaña a cambio de manufacturas, cuyo precio superior generó un endeudamiento crónico de los colonos, que animó a muchos a la revuelta. 

Todas las colonias se regían políticamente por un gobernador (representante del rey) y una asamblea de propietarios. 

La Guerra de los Siete Años agrandó la brecha política entre colonias y metrópoli. Los colonos habían dado la victoria a Inglaterra contra Francia, pero en vez de ser recompensados con mayores tierras o poder colonizar más allá de los Apalaches, la metrópoli les subía los impuestos para paliar los gastos de la guerra. Ello aumentó el sentimiento común creado por la movilización y que se vería plasmado en el Congreso de las Siete Colonias, en el cual Benjamín Franklin propuso la creación de un Comité Federal en Albany en 1754. Los años de la posguerra pusieron en evidencia o crearon otros motivos de malestar, como la falta de tierras para los recién llegados, la promesa incumplida de concedérsela en el oeste a los veteranos americanos de la guerra, o la prohibición de los asentamientos más allá de los Apalaches, cuyas tierras fueron adscritas a la corona en 1763. 

Tras la guerra Inglaterra continúo con la asfixia económica con medidas como la Ley del Azúcar de 1764, el incremento de aranceles, o la Ley del Timbre de 1765 → Delegados de nueve colonias, reunidos en Nueva York, plantearon boicotear los productos británicos. Las primeras protestas surgieron efecto, con la caída del responsable del Tesoro y la abolición de las leyes del Timbre y el Azúcar en 1766. Pero un año después, las leyes Townshend gravaban la entrada de productos como el té, el papel o el vidrio en América → Nuevas protestas y nueva abolición, con la excepción del té. En 1773 se dictó la Tea Act, por la cual la Compañía de las Indias Orientales podía vender té a las 13 colonias sin pasar por Gran Bretaña, con la consiguiente disminución de precios, pero manteniendo el impuesto Townshend → reacción de las colonias, con el motín del té en Boston en diciembre de 1773, durante el cual se arrojó al mar el cargamento de un barco de las Indias Orientales → el parlamento británico sancionó al puerto de Boston, envió tropas y negó el derecho de reunión. 

En 1774, Benjamín Franklin convocó el primer Congreso Continental de Filadelfia, donde se impusieron los partidarios de la negociación con la metrópoli. Sin embargo, no se producían acercamientos y los colonos comenzaron a organizar milicias armadas. 

La guerra 

La guerra se inició por un pequeño incidente, cuando en abril de 1775 se produjo en Lexington un enfrentamiento no buscado entre las milicias y el Ejército del general Thomas Gage, que mandaba las tropas en Boston. Este y otro combate sangriento junto a dicha ciudad, en Bunker Hill, hicieron que Lord North, que encabezaba el Gobierno británico, tratara de evitar la guerra mediante la negociación, para lo que Franklin fue enviado a Londres como embajador, donde se reunió con Pitt. Pero en diciembre, el segundo Congreso Continental decidió organizar un ejército al mando de George Washington. El envío de tropas británicas llevó al Congreso de Filadelfia a aprobar la Declaración de Independencia el 4 de julio de 1776, redactada por Thomas Jefferson e inspirada en la Ilustración. 

Se inició entonces una guerra de casi siete años, en la que los colonos compensaban su ausencia de gobierno central e inferioridad militar (sin experiencia, industria ni fuerza naval), con su entusiasmo, luchar en su terreno y la capacidad militar de Washington. Además, Franklin buscó apoyos en Europa y consiguió de Francia financiación, armamento y voluntarios. 

En septiembre de 1776 un destacamento británico desembarcó en Nueva York (mayoritariamente realista), pero su avance pudo ser frenado. En 1777 los británicos atacaron con las tropas de Nueva York y otro ejército que bajaba de Canadá. Los primeros llegaron a conquistar la capital de las colonias, Filadelfia, pero el segundo, agotado, se rindió en Saratoga, lo que decidió a Francia a entrar en la guerra, imitada por España en 1779 y los Provincias Unidas en 1780, después de que Inglaterra les declarara la guerra. Deseoso de crear una gran coalición contra Gran Bretaña, Vergennes supo explotar el error británico de interferir en el comercio de algunos países que no intervenían en la guerra, lo que llevó a estos a la creación de una Liga en favor de la libertad de los mares, conocida como la Liga de los Neutrales (1780), en la que participaron las Provincias Unidas, Prusia, Rusia, Suecia, Dinamarca, Nápoles y Portugal. La guerra se trasladó también al mar en las Antillas y el Índico. 

La victoria de los colonos con ayuda francesa, en la batalla de Yorktown en octubre 1781, supuso prácticamente el fin de la guerra → Tratado de Versalles de 1783, donde Gran Bretaña reconocía la independencia de las trece colonias → Primera república independiente fuera de Europa. 

Tras la independencia las colonias hubieron de organizar un Estado, afrontar la deuda de la guerra, frenar la inflación, dotarse de moneda única, organizar la fiscalidad, organizar la expansión al oeste, etc. En mayo de 1787 se reunió en Filadelfia una Convención con poderes constituyentes, con 55 representantes de los estados → Primera constitución de los EE. UU., surgida como un compromiso entre federalistas y autonomistas. Dicha Constitución, aún vigente con las ligeras enmiendas introducidas desde entonces, distingue las competencias de los estados y del poder federal. En este último se establece una clara separación de poderes: legislativo (Cámara de Representantes y Senado), jurídico (Tribunal Supremo independiente), y el ejecutivo (un presidente que elige su gobierno). George Washington sería el primer presidente desde marzo de 1789. La Constitución, avanzada y con clara base ilustrada, será un modelo reivindicado en Europa por países en crisis político-sociales (Irlanda, Provincias Unidas e incluso Francia).

domingo, 16 de marzo de 2025

LAS RELACIONES INTERNACIONALES EN EL S. XVIII

El predominio político en el s. XVIII, desaparecida la hegemonía española y al final la francesa, se repartirá entre varias potencias → inestabilidad. Ello, unido a la gran cantidad de conflictos sucesorios, dio lugar a intensas guerras. 

Se profesionalizó la diplomacia (reservada a súbditos del príncipe al que se representaba, normalmente nobles), con el desarrollo de los grados propios de una carrera, impartida en centros específicos como la École Diplomatique de Estrasburgo (1752), aunque lo habitual es que se aprendiera con la práctica y con libros sobre la materia. Aumentó el número de embajadas y de representaciones, al igual que la red consular para las cuestiones económicas y comerciales. 



La Guerra de Sucesión de España (1701-13) 

Las causas y los contendientes 

A la muerte de Carlos II en 1700 se inició un conflicto que afectaría a buena parte de Europa, en el que entraban en juego dos cuestiones esenciales: la hegemonía continental vinculada a la posesión de toda o una parte sustancial de la herencia de Carlos II, y el comercio colonial. 


En un principio, la mayor parte de las potencias europeas reconocieron como heredero a Felipe V, nombrado heredero por Carlos II, a excepción del Imperio (que defendía los derechos del Archiduque Carlos). Luis XIV no tardó en sacar beneficio de la situación: proclamó los derechos de Felipe al trono francés, envió tropas a los Países Bajos españoles (de donde expulsó a las guarniciones neerlandesas establecidas en virtud de la Paz de Ryswick) y mandó flotas y comerciantes franceses a los puntos estratégicos del comercio hispano con las Indias. Su prepotencia alertó a Inglaterra y a las Provincias Unidas, que decidieron apoyar al Emperador, con quien constituyeron la Gran Alianza de la Haya (1701). La respuesta de Luis XIV fue reconocer como rey de Inglaterra al pretendiente Estuardo, Jacobo III. 

En mayo de 1702, la Gran Alianza declaró la Guerra a los Borbones. El conflicto dividió al continente europeo en dos bandos antagónicos: 
  • LOS ALIADOS, a quienes se unieron Dinamarca, Prusia, la mayoría de los príncipes alemanes, Saboya y Portugal. 
  • FRANCIA Y ESPAÑA, a los que únicamente apoyaron el elector de Baviera y el Duque de Mantua y Colonia. 
En el interior de los bandos había sin embargo importantes desavenencias: Inglaterra y las Provincias Unidas tenían sus propios objetivos, y más que defender los derechos del Archiduque, pretendían un reparto de la Monarquía de España. El 12 de septiembre de 1703, los Aliados proclamaron rey de España al archiduque Carlos de Habsburgo con el nombre de Carlos III. 


El desarrollo de la guerra 

Se luchó en principio en el norte de Italia, los Países Bajos, el Rin, y ocasionalmente Francia. Las primeras batallas importantes se dieron en Baviera en verano de 1704, cuando los Aliados vencieron en dos ocasiones sucesivas a las tropas francesas y bávaras, que pretendían tomar Viena → Baviera permanecería ocupada por los austriacos hasta el final de la guerra, y Francia, amenazada, hubo de abandonar los territorios alemanes. Los franceses también sufrieron retrocesos en los Países Bajos y en el norte de Italia, donde su alianza con Saboya se había roto en 1703. A España no llegó la lucha hasta 1705, cuando los austracistas consiguieron dominar los territorios de la Corona de Aragón; también se desarrollaron acciones menores en ambas Américas. 

En 1705, Luis XIV intentó ya negociar, dispuesto a un reparto de los territorios de la Monarquía de España, y la situación aún empeoraría durante 1706. En mayo los franceses debieron abandonar buena parte de los Países Bajos Españoles y en Italia tuvieron que levantar el asedio a Turín, tras lo cual los aliados conquistaron los ducados de Milán y Mantua. 

1707: primera gran divergencia entre la guerra internacional y la que se combatía en España. Los austriacos tomaron el Reino de Nápoles → en dos años, España había perdido ante ellos sus dos principales enclaves italianos. Pero en España, el duque de Berwick, hijo de Jacobo II Estuardo, derrotó a las tropas aliadas en la Batalla de Almansa → cambio del rumbo de la guerra en la Península Ibérica, facilitando la reconquista de los reinos de Valencia y Aragón y el inicio de la de Catalunya. 

El avance aliado en Europa continuaría en los años siguientes. En 1708 conquistaron el reino de Cerdeña y con el triunfo de Oudenarde, obligaron a los franceses a retroceder a la zona entre Gante y Brujas. Meses después entraron en Francia tomando una serie de localidades, entre ellas Lille, punto clave de la línea defensiva construida por Vauban en la frontera norte. La situación de las tropas de Luis XIV llegó al límite tras la rendición de Tournai y Mons, a lo que se añadía la mala cosecha, extendiendo la carestía y el hambre. Con su territorio invadido por el ejército procedente de los Países Bajos y el país exhausto, solo la presión excesiva de los aliados, quienes le exigieron que contribuyera a expulsar a su nieto del trono (a lo cual se negó), evitaron que abandonara a Felipe V a su suerte en las Conversaciones de Paz de Gertruydenberg (1710). 

En 1710 el emperador José I pudo enviar tropas a Barcelona y reconquistar el Reino de Aragón, que no pudieron conservar. Se evidenciaba la dependencia de los austracistas españoles del auxilio exterior, mientras Felipe V apenas contaba con apoyos. 

La situación favorable para los aliados en Europa cambió con la nueva década por acontecimientos ajenos a la guerra que, junto a otros hechos, aceleraron las conversaciones de paz: 
  • Llegada al poder de los tories en 1710, que cansados de la guerra y los daños a sus intereses mercantiles se inclinaban al pacifismo. 
  • Muerte del Emperador José I en 1711 → archiduque = nuevo emperador Carlos VI → La solución austriaca pasaba a ser más bien una amenaza para sus aliados. 
Por otra parte, la Guerra de España se había decantado claramente en favor de Felipe V, gracias sobre todo al apoyo de los castellanos. Aun así, dos enclaves tardaron en caer: el 11 de septiembre de 1714 el duque de Berwick tomó Barcelona, y al año siguiente fue conquistada Mallorca. 


La paz y el Sistema de Utrecht 

Las paces reorganizaron Europa mediante el reparto de los territorios que habían pertenecido a la Monarquía de España, pero marcaron la derrota final de Luis XIV y el fin de la hegemonía francesa. 



Los acuerdos políticos 

En las conversaciones de paz se temía que se reforzaran demasiado las Casas de Borbón o Habsburgo, pero Luis XIV no aceptaba la renuncia de Felipe V al trono de Francia, lo que llevó a propuestas de que un tercero, el duque de Saboya (descendiente de Felipe II) se convirtiera en Rey de España. 

Al final, Felipe V aceptó la exigencia británica de renunciar a sus posibles derechos a la Corona de Francia, haciéndolo formalmente ante las Cortes de Castilla el 5 de noviembre de 1712. El Emperador se negó a reconocer a Felipe y seguiría utilizando el título de Rey de España como Carlos III. 

Luis XIV se vio obligado a interrumpir su apoyo a los Estuardo. Dos soberanos europeos fueron elevados a la categoría de Reyes: el elector de Brandeburgo, que ya en 1701, dentro de la preparación diplomática del conflicto, había obtenido del emperador el título de rey de Prusia, y el duque de Saboya, quien pasó a ser también rey al recibir de España el Reino de Sicilia. Se aceptó la creación del noveno electorado imperial, el ducado de Hannover, vinculado a Inglaterra por el Act of Settlement de 1701, que adjudicaba a los duques la sucesión del trono inglés →en 1714, el duque elector Jorge Luis se convirtió en Jorge I de Gran Bretaña. 


Los acuerdos territoriales 

La derrota del bando borbónico en la guerra europea impidió que el objetivo de Carlos II en su testamento de mantener íntegra su Monarquía se cumpliera. → España se reducía básicamente al territorio actual, aunque conservó su imperio ultramarino. 
  • AUSTRIA: mantuvo el ducado de Mantua y recibió todos los dominios europeos españoles excepto Sicilia: Países Bajos, Luxemburgo, Ducado de Milán, los presidios de Toscana, Reinos de Nápoles y Cerdeña. 
  • SABOYA: el duque obtuvo Sicilia, territorios de la Lomellina y la Valsesia, y el ducado de Monferrato. 
  • FRANCIA: perdió algunas de las localidades más avanzadas conseguidas recientemente en los Países Bajos, y debió demoler las fortificaciones de Dunquerque. Pero sus pérdidas principales fueron en América, donde tuvo que ceder a Inglaterra Acadia y la Isla de Terranova, la Bahía de Hudson, y la Isla de San Cristóbal, en las Antillas. A cambió incorporó definitivamente el ducado de Orange. 
  • PROVINCIAS UNIDAS: sólo obtuvieron el derecho a situar guarniciones defensivas en una zona fronteriza entre los Países Bajos y Francia, la llamada “barrera”.
  • PRUSIA: pasó a dominar el Güeldres español y el principado de Neuchâtel en Suiza. 
  • GRAN BRETAÑA: obtuvo Gibraltar (1704) y Menorca (1708), tomados ambos en el curso de la guerra. Su interés prioritario estaba en el ámbito marítimo y mercantil. 

Los acuerdos comerciales y el predominio británico 

Gran Bretaña salió consolidada como gran potencia mercantil. Las llamadas “cláusulas comerciales” abrieron a Gran Bretaña unas enormes posibilidades en las Indias Españolas. Aparte del título de nación más privilegiada, recibió el derecho de asiento (monopolio del comercio de esclavos, 4.800 anuales) y el navío de permiso (derecho a enviar, una vez al año con cada flota española y libre de aranceles, un buque mercante de 500 toneladas a las Indias Españolas). Estas concesiones, superadas con creces en la realidad, supusieron la primera quiebra legal del monopolio hispano sobre el comercio con sus Indias. Francia también hubo de hacerle concesiones comerciales, a lo que se unían las grandes ventajas que el reciente Tratado de Methuen le otorgaba en relación con Portugal y sus colonias. 

La Paz de Utrecht consolidó así el predominio comercial británico frente a Francia e inclinó la balanza colonial a su favor, pese a que la rivalidad colonial anglo-francesa no estaba aún resuelta y se agudizaría durante el s. XVIII. Los territorios cedidos por Francia fueron el primer paso hacia el monopolio británico de América del Norte, situación que llevaría a nuevos conflictos entre ambas potencias. 

El objetivo principal de los tratados era evitar que pudiera surgir una nueva hegemonía, y en ausencia de Derecho internacional, la alternativa era la fuerza disuasoria → establecimiento del sistema del equilibrio europeo o balance of power. Su base eran Francia y Austria, dos poderes continentales fuertes y enfrentados, quedando Gran Bretaña como el garante exterior desde su aislamiento insular y su dominio de los mares. Para obtener la colaboración de todos se pasó a organizar congresos para la solución pacífica de problemas, aunque con poco éxito. 

Great Britain rules the waves

Gran Bretaña y Francia como garantes de la paz 

El sistema era inestable por Austria. El emperador Carlos VI seguía reivindicando la herencia española, pero fue el no tener hijo varón lo que le obligó a una negociación diplomática continua en el Imperio y en las Cancillerías europeas para conseguir que reconocieran la Pragmática Sanción de 1713, que establecía el derecho preferente de sus hijas en caso de ausencia de varón. Muchos países lograron sacar partido de esta debilidad. Inglaterra, molesta por las ambiciones mercantiles del emperador, no la aceptó inicialmente, mientras Francia, que vio la ocasión para debilitar al enemigo, estimuló movimientos en contra. 

Ambos problemas impidieron a Austria ejercer el papel como segundo centro de gravedad de la política de equilibrio → rectificación del esquema inicial, sustituido en 1716 por una alianza entre Gran Bretaña y Francia que no se rompería hasta 1731. 

El primer ataque al equilibrio surgió con el revisionismo español de Utrecht, consecuencia del malestar de Felipe V por la pérdida de los territorios italianos, que seguía considerando parte de su patrimonio dinástico. Por otra parte, su segunda esposa, Isabel de Farnesio (Farnese), tenía evidentes posibilidades sucesorias tanto a los ducados de Parma y Piacenza, pertenecientes a su familia, como al de Toscana, carente de heredero. Con el pretexto de un incidente motivado por la detención en Milán del inquisidor general José Molines, una flota conquistó Cerdeña en 1717, mientras el emperador luchaba contra los turcos. La facilidad de la conquista, a la que colaboró el apoyo de los sardos, estimuló una segunda expedición, en la que se apoderó, también con apoyo interior, del Reino de Sicilia, en manos desde Utrecht del duque-rey de Saboya, 1718. 



Pero no se había logrado el apoyo francés a dichas expediciones → Francia, las Provincias Unidas, Gran Bretaña y Austria constituyeron la Cuádruple Alianza (1718). En agosto, la flota inglesa derrotó a la española en la Batalla del Cabo Passero, en Sicilia, y después de que Francia tomara Fuenterrabía y San Sebastián, España se vio obligada a negociar →

TRATADO DE LA HAYA (1720): Felipe V renunció a las conquistas, se adhirió a la alianza, aceptó sin condiciones las cláusulas de Utrecht y renunció nuevamente a sus aspiraciones al trono francés. Ingleses y franceses habían acordado satisfacer tanto a Austria como a España → el emperador recibiría el Reino de Sicilia, inmediato a Nápoles, que cambiaría al duque￾rey de Saboya por el menos importante de Cerdeña en 1720, a cambio de que abandonara cualquier tipo de reivindicación sobre España. Y el infante Carlos de Borbón, hijo mayor de Felipe V e Isabel de Farnesio, sería reconocido como heredero del gran ducado de Toscana. De momento, sin embargo, solo tuvo efecto el cambio de Sicilia por Cerdeña. 
Felipe V e Isabel de Farnesio

La primera crisis del sistema de Utrecht había reforzado la alianza franco-británica. El acuerdo entre ambas coronas fue, sin embargo, una solución débil y provisional. La emergente supremacía rusa en el Báltico y las ambiciones de Austria en el comercio marítimo amenazaban la hegemonía marítima británica. En cuanto a Francia, la mala sintonía con los borbones españoles era un fuerte elemento de debilidad. Para reforzar la relación familiar firmaron un tratado defensivo en 1721, que estipulaba un doble matrimonio hispano-francés que incluía a Luis XV y al Príncipe de Asturias y acordaba la colaboración francesa para la recuperación de Gibraltar; acuerdo al que se unió el rey de Inglaterra, que no tenía buenas relaciones con el emperador, comprometiéndose a solicitar al Parlamento la devolución de Gibraltar. 

El malestar español constituía en los primeros años 20 el principal motivo de inquietud en la política europea. El objetivo en Italia no era ya tanto la recuperación de los antiguos reinos del sur, cuanto los ducados de Parma, Piacenza y Toscana, sin sucesor directo. En 1724 se reunió el Congreso de Cambrai, para resolver las tensiones entre Austria y España al respecto, que resultó un fracaso (resistencia del emperador a renunciar a la soberanía sobre Parma y Piacenza, conflicto hispano-inglés sobre Gibraltar, alejamiento entre Francia y España) → Cambio de alianzas que acercó a Madrid y Viena, ambos necesitados de apoyo internacional para sus aspiraciones →abandono de la alianza hispano-francesa. El 30/4/1725 se firmó el Tratado de Viena: alianza defensiva frente a Francia e Inglaterra y: 

  • Carlos VI reconocía a Felipe V como rey de España, prometía en matrimonio a una de sus hijas al infante Carlos y aceptaba su herencia a los tres ducados italianos. 
  • Felipe V reconocía la Pragmática Sanción. 
Tratado de Viena

Como reacción se formó la Liga de Hannover: Francia, Provincias Unidas (y brevemente Prusia, que abandonó la Liga intimidada por la alianza entre Austria y Rusia en 1726). 

La situación no llegó a la guerra, gracias sobre todo a la llegada al poder en Francia del cardenal André Hercule de Fleury, principal consejero de Luis XV entre 1726-43, y partidario de una política de paz y de la alianza entre los Borbones, para lo que negoció con Viena y con Madrid, obteniendo concesiones en base a las cuales se organizó un congreso en Soissons en 1728, para resolver los contenciosos entre Inglaterra y España, y para lo que se celebró también la Convención de El Pardo en 1728. 

El entendimiento entre Viena y Madrid duró poco tiempo, por la reticencia austriaca a formalizar el matrimonio de Carlos y María Teresa y permitir la entrada de guarniciones españolas en los ducados italianos → restablecimiento de las alianzas entre Francia, Gran Bretaña y España: Tratado de Sevilla de 1729, que aseguraba al infante don Carlos la herencia de los ducados de Parma, Piacenza y Toscana. A la muerte del duque de Parma y Piacenza en 1731, el emperador ocupó los ducados, pero Inglaterra medió para que se mantuvieran los acuerdos. 

Las Guerras de Sucesión en Polonia y Austria 

Nuevos conflictos sucesorios harían imposible el mantenimiento de la paz. 

Polonia (1733-38) 

En Polonia, de trono electivo, la muerte del rey Augusto II en 1733 dio lugar a la Guerra de Sucesión, con dos candidatos: 
  • Estanislao Leczinski, suegro de Luis XV y apoyado por parte de la poderosa alta nobleza polaca, y por Suecia. 
  • El hijo del rey, Augusto, apoyado por el emperador (a cambio de reconocer la Pragmática Sanción), y por Rusia, enemiga de Suecia. 
Estanislao Leczinski y Augusto III
Pese a que en un primer momento Leczinski consiguió ser proclamado Rey de Polonia con el apoyo de la mayoría de la Dieta polaca, un ejército ruso invadió Polonia y logró que el sector de la Dieta proclamara a Augusto III. La guerra que siguió fue la primera ocasión en que se enfrentaron los dos grandes poderes de la balanza diseñada por Utrecht, Francia y Austria. 

Francia contaba con los apoyos de España y de Saboya-Cerdeña. El acuerdo con España (Primer Pacto de Familia -entre Borbones-, 1733), garantizaba la restitución de Gibraltar y la entrega al Infante don Carlos de los dominios que se conquistaran en Italia. Inglaterra prefirió mantenerse al margen y ejercer su papel arbitral. También las Provincias Unidas se mantuvieron neutrales. 

El ducado de Lorena fue, junto a Alemania, el Rin, Lombardía o Nápoles, uno de los frentes de batalla pese a su neutralidad, ya que era uno de los objetivos prioritarios de Francia, que además quería alejar la guerra de la zona del Báltico para evitar que las Provincias Unidas o Inglaterra rompiesen su neutralidad. 

La participación rusa y la ausencia sueca determinaron la victoria de Augusto III. Sin la ayuda de Inglaterra y Prusia, que habían sido sus aliados, perdió el Reino de Nápoles tras la batalla de Bitonto (1734) frente al Ejército español del Conde de Montemar y posteriormente el de Sicilia. 

En 1735 se establecieron en Viena los acuerdos de paz básicos, pero no fueron definitivos hasta 1738 por la no conformidad con los mismos de Inglaterra, España y Saboya: 
  • El trono polaco sería para Augusto III de Sajonia. 
  • En compensación, Estanislao Leczinski recibiría el ducado de Lorena, que debía pasar a Francia a su muerte. 
  • Francisco III perdía Lorena, pero era confirmado como gran duque de Toscana. Además, se comprometía con la hija mayor del emperador, María Teresa. 
  • Los ducados de Parma y Piacenza pasaban al emperador. 
  • El infante español Carlos de Borbón tuvo que renunciar a los ducados italianos concedidos en el Tratado de Sevilla, pero a cambio recibió un botín más jugoso: los reinos de Nápoles y Sicilia y los presidios de Toscana. 
  • El duque-rey de Saboya recibía las ciudades de Novara y Tortona. 
  • Francia aceptaba la Pragmática Sanción. 
Así, España lograba revertir en beneficio de su dinastía buena parte de las pérdidas sufridas en Utrecht, equilibrando el predominio austriaco sobre Italia con su presencia en Nápoles y Sicilia. Francia perdía influencia en el Este y en el Báltico, en beneficio sobre todo de Rusia, lo que unido al alejamiento franco-británico llevó a Francia a formar una entente con Austria, cuyo entendimiento derivó, entre otras cosas, al freno de las ambiciones españolas en Italia. 

Las rivalidades en el mundo colonial no tardarían en enfrentar a franceses y británicos, pero antes llevaron a un conflicto entre Gran Bretaña y España, conocido como la guerra de la oreja de Jenkins, iniciada en 1739 y que acabaría convirtiéndose en un apéndice del nuevo enfrentamiento europeo. 

Europa en 1738 tras el Tratado de Viena, que concluyó la guerra de Sucesión Polaca.

Austria (1740-1748)

A la muerte del emperador Carlos VI, pese a que muchos países habían reconocido la Pragmática Sanción, la presencia de una mujer en el trono austriaco dio pie a la reclamación tanto del duque Carlos Alberto de Baviera como del duque-rey de Sajonia y Polonia, Augusto III, ambos casados con sendas hijas del emperador José I, predecesor y hermano mayor de Carlos VI. 

El detonante de la guerra fue la acción de Federico II de Prusia, que aprovechó para ocupar en 1740 la rica región de Silesia. Francia, que inicialmente había reconocido a María Teresa, apoyó ahora a Carlos Alberto de Baviera, organizando con Prusia una coalición a su favor, a la que se sumaron los electorados de Sajonia, el Palatinado, y los tres eclesiásticos (Maguncia, Colonia y Tréveris). Siete de los nueve votos. 
María Teresa y Francisco Esteban en la comida de boda. Carlos VI con sombrero de plumas rojo. Autor Martin van Meytens

Las tropas francesas y bávaras tomaron Linz y Praga en 1741; al mismo tiempo Carlos Alberto se coronaba rey de Bohemia y, en 1742, apoyado por la mayoría de los electores, se convirtió en el Emperador Carlos VII. Pero los austriacos, con respaldo húngaro, entraron en Baviera y tomaron Múnich. La coalición que respaldaba a Carlos VII empezó a deshacerse: en 1742 Prusia firmó la paz con Austria, y también Sajonia cambió de bando. Gran Bretaña tardó en intervenir porque estaba ocupada en la guerra colonial con España. El primer ministro británico William Pitt consideraba necesario respaldar a Austria y convertir Alemania en un ámbito de oposición a Francia → alianza defensiva con Prusia (Tratado de Westminster, 1742). La Guerra de Sucesión austriaca fue por tanto escenario del primer choque entre británicos y franceses desde el conflicto de la Sucesión de España. 
En septiembre de 1743 el duque-rey de Saboya y Cerdeña se pasó al bando de los Habsburgo a cambio de cesiones territoriales en el ducado de Milán. 

En octubre de 1743, el Segundo Pacto de Familia entre Borbones (Tratado de Fontainebleau) unía a España al bando francés, centrando de nuevo sus objetivos en las aspiraciones a la herencia italiana de Isabel de Farnesio. 

En junio de 1743 el ejército anglo-hannoveriano había podido unirse al austriaco, penetrando en la Baja Alsacia. Pero Federico II, alarmado por el avance austriaco, firmó en mayo y junio de 1744 sendos pactos con el emperador Carlos VII y con Francia, dando lugar a la 2ª Guerra de Silesia (1744-45), en la que su ejército invadió Sajonia y Bohemia y tomó Praga, lo que obligó a Austria a concentrar allí sus fuerzas. No obstante, la llegada de las tropas de Carlos de Lorena obligó a Federico a replegarse y firmar la paz con María Teresa a finales de 1745. 

Mientras tanto en el Norte tropas francesas iniciaban la conquista de los Países Bajos tomando buena parte del territorio incluida Bruselas (1746). Las tropas austriacas, menguadas por la necesidad de atender otros frentes, fueron ayudadas por Gran Bretaña y las Provincias Unidas. 

En Italia, los enfrentamientos franco-españoles y austro-saboyanos se dieron en Niza, Saboya, Génova, Milán y el Valle del Po. También en las colonias hubo enfrentamientos (Norteamérica y la India). 

La muerte de Carlos VII en 1745, y el cansancio de los contendientes, facilitaron el acercamiento, pues su hijo Maximiliano Alberto firmó la Paz con María Teresa y reconoció como emperador a su marido, Francisco de Lorena. Francia, Inglaterra y España deseaban concluir las hostilidades → congreso en Aquisgrán, en base a cuyo tratado (1748) los contendientes se devolvieron las conquistas territoriales y se reconocía definitivamente la Pragmática Sanción, y por tanto a María Teresa como heredera de su padre y a su esposo como emperador. A cambio Austria hubo de ceder a Saboya parte del Milanesado; y al infante Felipe de Borbón (segundo hijo de Felipe V e Isabel de Farnesio) los ducados de Parma, Piacenza y Guastalla → Instalación en Italia de los dos primeros hijos varones del segundo matrimonio de Felipe V → aumento de la presencia borbónica en Italia y fin del revisionismo español post-Utrecht. 

La peor pérdida para Austria fue Silesia, que hubo de ceder a Prusia. 

Los acuerdos de Aquisgrán dejaron insatisfechos a varios contendientes: Austria (pérdidas) Francia (devolución de territorios ocupados, los Países Bajos austríacos) y España (no recupera Gibraltar ni Menorca). Además, los dos grandes problemas de fondo (rivalidad austro-prusiana y enfrentamiento colonial anglo-francés) no estaban resueltos, lo que hizo que muchos viesen los pactos de Aquisgrán como una simple tregua. 

La Guerra de los Siete Años (1756-63) y los conflictos posteriores 

El ascenso de Prusia alteró la balanza de poderes establecida en Utrecht. María Teresa, con el objetivo de recuperar Silesia, intentó establecer una alianza secreta con Francia. Y en septiembre de 1755 se produjo también un acercamiento ruso￾británico. 

La guerra llegaría derivada de los enfrentamientos coloniales anglo￾francesas. Las tensiones derivaron en choques en la desembocadura del rio San Lorenzo, la zona de los Grandes Lagos y el Valle de Ohio, lo que llevó a Francia a declarar la guerra a Inglaterra en enero de 1756. 

Mientras tanto, Federico II de Prusia, receloso de Rusia y del poder francés, había firmado con Inglaterra el Tratado de Westminster (1742), que garantizaba sus posesiones continentales mutuamente. Era un compromiso pensado sobre todo para proteger las posiciones respectivas de silesia y Hannover en caso de que fueron atacadas, pero el que se excluía la guerra marítima que acababa de declararse. Francia, indignada (había apoyado a Prusia en Aquisgrán), se alió con Austria → Primer Tratado de Versalles (1756), pacto defensivo en caso de agresión británica o sus aliados, al que atrajeron a Rusia, también disgustada por el Tratado de Westminster, que consideraba violaba el pacto ruso-británico de carácter antiprusiano → Triple Alianza. 

La alteración de alianzas dio estabilidad a Italia, el Imperio y los Países Bajos, y despertó oposiciones en Inglaterra y Francia. Aun así, los hechos consolidaron los bloques y llevaron a la guerra, cuando en agosto de 1756 Federico II invadió Sajonia, perteneciente a Augusto III de Polonia, aliado de Austria (casado con María, hija del emperador José I), y suegro de Luis, delfín de Francia → Segundo Tratado de Versalles (1757), que convirtió la Triple Alianza defensiva en ofensiva, incorporándose a la misma Suecia. Por su parte Gran Bretaña y Prusia lograron el apoyo de algunos príncipes alemanes. 

Comenzaba así la Guerra de los Siete Años, de la que sólo quedaban fuera la España de Fernando VI (neutral) y las Provincias Unidas, caracterizada por la incorporación de las colonias a los conflictos europeos, y por el hecho de que tanto a Francia como a Gran Bretaña les interesó mucho más la guerra marítima que la continental → Dos conflictos paralelos: 
  • Uno continental, entre Federico II y la coalición de sus adversarios, librada en Alemania oriental, Silesia y las fronteras de Bohemia y Polonia. 
  • Otro entre Francia e Inglaterra, en los mares, las colonias y la parte occidental de Alemania. 
El desarrollo de la guerra 

La guerra en el continente 

Después de la invasión de Sajonia, Federico II entró con su Ejército en Bohemia con la intención de conquistar Praga, pero fue derrotado por los austriacos en Kolin (junio de 1757), lo que le obligó a retirarse. Por las mismas fechas, el Ejército francés ocupó Hannover. Sin poder contar con la ayuda británica Prusia se vio acometida por varias zonas. Los suecos desembarcaron en Pomerania y los rusos entraron por el este en sus territorios, mientras franceses y austriacos amenazaban sus posiciones en Sajonia, y un destacamento austriaco se acercaba a Berlín. 



Sin embargo, aplastó a una coalición franco-austriaca en Rossbach (Sajonia) en noviembre de 1757, a continuación, recuperó Silesia y expulsó a los rusos de sus estados en 1758. Francia tuvo que abandonar el dominio de Hannover ante la ofensiva de tropas británicas, decididas a recuperarlo, y más tarde retirarse más allá de la orilla occidental del Rin, tras la batalla de Krefeld en junio de 1758. En el este, austriacos y rusos conseguían victorias sobre Prusia, como en Kunersdorf (1759), la mayor derrota sufrida por Federico II, y llegaron a amenazar Berlín. Pero las indecisiones de aquellos y la habilidad de Federico II le permitieron derrotarles en 1760 tanto en Silesia como en Sajonia. No obstante, era patente su agotamiento y contaba con muy poco apoyo de Jorge III, que apenas se sentía alemán y deseaba la paz → salida de Pitt del gobierno en octubre de 1761. 

En el frente europeo, la posición de la alianza franco-austriaca se debilitó con la defección de Rusia, cuyo nuevo zar, Pedro III, admirador del Rey prusiano, firmó con él una paz que le salvó otra vez del desastre en mayo de 1762. 

También Suecia llegó poco después a la paz con Prusia restituyéndole Pomerania. 

La guerra en el mar y las colonias 

En el frente marítimo-colonial, los franceses tomaron Menorca a los ingleses en 1756 → crisis política británica → nombramiento de Pitt como secretario de Estado. Francia decidió limitar su papel en la guerra continental para centrarse en mejorar la crítica situación colonial → nuevo acuerdo con Austria (Tercer Tratado de Versalles, 1759), lo que no evitó que en ese mismo año los británicos avanzaran en el frente marítimo, cosechando victorias navales y atacando los puertos de los dominios franceses, con el consiguiente perjuicio a su comercio marítimo. 

En Norteamérica las operaciones se iniciaron en 1758, ya con Pitt en el poder. Los británicos disponían de fuerzas superiores y avanzaron en los dominios franceses en Canadá, la zona de los Grandes Lagos, el valle del río Ohio o la Luisiana. 

Conquistaron Duquesne, donde construirían Pittsburg en honor al ministro. En 1759 tomaron Quebec y en 1760 Montreal, última plaza francesa en Canadá. Las pérdidas francesas se completaron en el Caribe con las ricas islas azucareras de Guadalupe (1759) y Martinica (1762) y en la India, donde la toma de Chandernagor en 1757 permitió a los británicos extender su dominio a toda Bengala. 


Ante el avance y poderío británicos y las pérdidas en su flota, Francia logró involucrar a Carlos III mediante el Tercer Pacto de Familia de agosto de 1761. A los españoles tampoco les interesaba el poderío marítimo británico, pero su incorporación tardía al conflicto no cambió la dinámica de victorias inglesas y solo sirvió para que Francia compartiese la derrota con España. 


Los tratados de paz 

El agotamiento de todos los contendientes llevó a principios de 1763 a sendos tratados, que pusieron fin al enfrentamiento austro-prusiano y al conflicto marítimo-colonial. 
  • TRATADO DE HUBERTSBOURG: Prusia adquiría finalmente Silesia y el condado de Glatz, y devolvía Sajonia a Augusto III. Federico II se comprometía a apoyar la elección del hijo de María Teresa como emperador. 
  • TRATADO DE PARÍS: Indiscutible triunfo británico. Francia debió cederles la mayoría de sus territorios en Canadá. En el Caribe Francia recuperaba Martinica, Guadalupe y Santa Lucía, pero perdía Dominica, Granada, San Vicente y Tobago. Debió devolver Menorca a los ingleses y cederles sus factorías senegalesas, y en la India mantuvo escasos enclaves. Poco después se disolvía la Compañía Francesa de las Indias Orientales. En cuanto a España, recuperó de los británicos La Habana y Manila, cediéndoles a cambio Florida. En compensación por su involucración Francia le cedió Luisiana occidental, territorio enorme y en su mayoría por ocupar que incluía Nueva Orleans. 
TRATADO DE HUBERTSBOURG

El resultado de la guerra 

Pese a lo cerca que estuvo de la derrota, se acabó ratificando la expansión y poderío de Prusia → peligrosa bipolaridad con Austria en el Imperio. 

También Rusia aspiraba a un poder creciente en la zona. 

La victoria inglesa redujo a la mínima expresión la presencia colonial francesa en América y la India. Pero, pese a su indiscutible hegemonía marítima y colonial, Inglaterra quedaba aislada diplomáticamente los veinte años siguientes, tras romper con Prusia en 1762 a raíz de la paz de esta con Rusia. 

Las relaciones diplomáticas se estructurarían sobre los dos ejes formados por las alianzas Francia-Austria y Prusia￾Rusia. Desde la Paz de París hasta el inicio de las guerras derivadas de la Revolución Francesa (1792) los conflictos tendrían lugar en Europa oriental, casi siempre vinculadas a las complicadas sucesiones al trono electivo polaco, mientras que la parte central y occidental sólo se produjo la breve Guerra de Sucesión de Baviera (1778-79), que enfrentó nuevamente a Prusia y Austria. 

Las potencias occidentales, exhaustas, concentrarían sus esfuerzos en la competencia colonial, al tiempo que perdían importancia en el este, especialmente Francia, cuya diplomacia tuvo como objetivo mantener el aislamiento británico, lo que facilitó el que la prevista anexión de Lorena a la muerte de Estanislao Leczinski se realizará sin problemas (1766), lo mismo que el fortalecimiento de su posición en el Mediterráneo occidental con la compra a Génova de la isla de Córcega (1768). Buscando romperlo, Inglaterra firmaría en 1786 un tratado comercial con Francia, pero el inicio de la Revolución provocaría un profundo cambio en las relaciones internacionales. 

La rebelión de las colonias británicas 

La rebelión de las colonias británicas contra Jorge III daría a Francia y España la oportunidad de resarcirse, mediante la intervención (junto a las Provincias unidas) en apoyo de los colonos. Los países del norte de Europa formarían la Liga de los Neutrales (1780). El conflicto acabó con el Tratado de Versalles (1783), por el cual Francia recuperó el archipiélago de Saint-Pierre y Miquelon, la isla de Tobago, sus posesiones en Senegal y la factoría de Pondichéry en la India. A España le fueron devueltas Menorca y las dos Floridas (oriental y occidental), pero no Gibraltar. 

Transformaciones militares y navales

Las guerras del s. XVIII fueron tan sangrientas para los soldados como en el siglo anterior. Lo que más estragos causó fue el tiro a corta distancia y la mejora de la cadencia. En cambio, la población sufrió menos debido a la difusión de la disciplina y la generalización del uso de uniformes. 

Técnicas, armamento y táctica militar 

El s. XVIII consolidó los avances del siglo anterior, sin grandes novedades: 
  • Abandono de las picas en favor de la bayoneta → unificación del arma de infantería; 
  • Sustitución de las armas de mecha por fusiles de chispa, más rápidos y ligeros y mejoras en la artillería y las armas de fuego → Prestigio de artilleros e ingenieros;
  • Difusión del cartucho;
  • Multiplicación de las academias militares; 
  • Organización más flexible de las tropas suecas, que ofrecía mayor capacidad ofensiva; 
  • Desde 1759 se desarrollan en Francia las divisiones, que permiten controlar contingentes mayores;/ Orden de ataque oblicuo, y columnas de ataque;
  • También se irá instituyendo el servicio militar obligatorio.

Organización 

Los principales avances del s. XVIII se dieron en la organización, jerarquización y dependencia de los ejércitos respecto a los monarcas, convirtiéndose Rusia y Prusia en modelos a imitar. Se fue reduciendo el porcentaje de extranjeros y voluntarios gracias a la implantación progresiva de un sistema de servicio militar de los propios súbditos. Conviene recordar no obstante que ninguna de las guerras posteriores del s. XVIII movilizó tantos hombres como los que combatieron entre 1689 y 1713. 
  • Prusia 
La organización y la disciplina en el ejército prusiano se regularon con Ordenanzas Militares que sirvieron de modelo a otros países. Destacaron sobre todo el sistema de abastecimiento y la disciplina de las fuerzas prusianas, lo que permitía desplazar los contingentes con rapidez, siempre que no se alejaran mucho de Prusia. No obstante, la Guerra de Sucesión en Baviera (1778-79), librada en terreno bohemio principalmente, puso de manifiesto también puntos flacos prusianos, como la falta de suministros, una caballería indisciplinada o la falta de recursos médicos. 
  • Rusia 
El zar Pedro I se apoyó en avances anteriores, como los impulsados por su padre Alexis I. Al igual que este, no quería depender de la caballería nobiliaria, por lo que creó el primer ejército permanente ruso (1698). Creó un sistema de reclutamiento general basado en el modelo sueco. Como era costumbre en Rusia, muchos oficiales eran extranjeros, pero Pedro I impulsó un proceso de nacionalización. También hizo construir una flota naval para la campaña de Azov de 1696, creó academias navales y militares, y convirtió durante su reinado al ejército en verdadero eje de unidad nacional, haciendo de Rusia una potencia militar temible. 
  • Austria 
Austria se marcó como objetivo tras concluir la Guerra de Sucesión (1748) contar con un ejército potente, dependiente del poder real y capaz de hacer frente a turcos y prusianos. El resultado fue un ejército profesional con oficiales formados en academias que pronto constituyeron una nobleza de servicio, prescindiendo de los empresarios militares. En 1758 se estableció el Estado Mayor austriaco, coordinador de las operaciones militares. 

Francia, Gran Bretaña y la primacía naval 

Francia no aplicó reformas hasta después de la derrota ante Federico II en Rossbach (1757). Sus resultados empezarían a verse a partir de 1792. Su ejército era de los mayores de Europa. Se crearon escuelas navales. Gran Bretaña: Ejército pequeño; en las escasas participaciones británicas en el continente, solían recurrir a la contratación de tropas de príncipes aliados. Ello contrasta con su poderosa armada naval, que le dio un predominio indiscutible: 137 navíos en 1790, frente a los 75 franceses, los 74 españoles o los 49 rusos. La combinación de las armadas francesa y española era la verdadera amenaza para los británicos.