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sábado, 8 de agosto de 2026

EL BIENIO CONSERVADOR O BIENIO NEGRO DE LA SEGUNDA REPÚBLICA ESPAÑOLA

El Bienio Conservador

El Bienio de derechas, llamado Bienio Negro por los izquierdistas, supuso la llegada de partidos conservadores al poder y la paralización de todas las reformas. 

Para las elecciones de noviembre de 1933, la izquierda no triunfó debido a su desunión y al descontento social. Los partidos más votados fueron la CEDA y el Republicano Radical, que, junto a otros partidos republicanos como el de Alcalá Zamora, que rechazaba a Gil Robles por sus tendencias monárquicas y fascistas, se unieron y formaron Gobierno. Lerroux quedó como presidente, aunque realmente Gil Robles siempre dictaminó lo que Lerroux debía hacer. Este ponía como pretexto a la unión con un partido monárquico la intención de acercarse a las clases más católicas.


Para los radicales de Lerroux, la alianza con la CEDA tan sólo intenta atraer a la derecha católica hacia la causa republicana; para Gil Robles se trata de conseguir el control del Gobierno -aun sin pertenecer a él- a la espera de ser llamado para gobernar. Las coincidencias entre el Partido Radical y la CEDA permiten dar marcha atrás a numerosas reformas emprendidas en el bienio reformista: el clero vuelve a cobrar sueldos del Estado, los colegios religiosos no cierran sus puertas… Además, los golpistas de 1932 son amnistiados. Las diferencias, por su parte, impiden la reforma del sistema político. El mayor varapalo es para el Partido Socialista, cuyo reformismo, lejos de afianzar su proyecto, le relega electoralmente. Temeroso de que el autoritarismo acabe con su supresión, tal y como ha sucedido en Italia o Alemania, el sector más izquierdista, encabezado por Largo Caballero, radicaliza su discurso revolucionario.

Se paralizó la reforma agraria, las expropiaciones de tierras mal cultivadas fueron devueltas a sus propietarios y la congelación de arrendamientos fue anulada, permitiendo la libre contratación. Se suprimió la reforma religiosa: se entabló relaciones con la Santa Sede, restituyeron a los jesuitas y se volvió a establecer la enseñanza religiosa y se propuso un presupuesto para mantener el culto y el clero. Se estipuló la amnistía para todos los encarcelados por el golpe de Sanjurjo. Las medidas educativas no se hicieron por falta de presupuesto, y en cuanto a las reformas del Estado centralista, el estatuto catalán fue aceptado, pero el vasco se frenó.

Los dos años de gobierno conservador provocó una reacción del pueblo, alentada por la CNT. En el socialismo aparecieron dos vertientes: la de Largo Caballero, que optaba una vía revolucionaria, y la de Indalecio Prieto, que proponía negociaciones con republicanos para formar una coalición contra los conservadores en las próximas elecciones. Las huelgas se sucedieron y fueron reprimidas por la Guardia Civil, el ejército y la Guardia de Asalto.

Entrada de la CEDA al gobierno: reacción en Cataluña y Asturias

Gil Robles obligó a Lerroux que incluyese a tres miembros de su partido en el equipo de Gobierno, y el Presidente cedió, lo que fue percibido como un golpe bajo a la República por el PSOE. Se produjo un gran movimiento huelguístico para octubre de 1934, especialmente en Asturias y Cataluña, que fue duramente reprimido.

En Asturias, los mineros de Oviedo y alrededores tomaron los medios de comunicación y de transportes, destituyeron a los alcaldes e impusieron el comunismo libertario durante 10 días. La Legión, dirigida por el general Franco, sofocó la situación dando lugar a más de 1000 mineros y 500 militares muertos y más de 5000 detenidos, muchos de ellos fusilados en masa.

En Cataluña, el levantamiento fue respaldado por la Generalitat de Lluis Companys. El 6 de octubre de 1934, Cataluña vuelve a proclamar la República Catalana en protesta de la entrada de las tendencias monárquicas y fascistas de la CEDA en el Gobierno, y se inició una manifestación que terminó con la represión del ejército y el encarcelamiento de Lluis Companys, de toda la Generalitat, de Largo Caballero y de Azaña.

Las consecuencias de esos sucesos fueron:
  • La suspensión de la Generalitat y la supresión de los estatutos de autonomía.
  • El fortalecimiento de la CEDA y el cumplimiento de la política conservadora.
carteles de la CEDA

Protagonistas

Gil Robles

José Mª Gil Robles y Quiñones había nacido en 1898. Catedrático de Derecho Político. Hombre entregado en cuerpo y alma a la Iglesia y sus jerarquías. Se inició en la política en las filas del partido social popular de D. Ángel Ossorio y Gallardo (quien, a raíz del golpe de estado del General Primo de Rivera en 1923, se hizo crítico de la monarquía y fue luego una destacada personalidad en la II República). Gil Robles fue diputado del partido agrario por Salamanca en 1931; luego diputado de la CEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas) por Salamanca en 1933 y 1936. Jefe de la «acción popular» que unos han visto como partido democristiano y otros como clerical-fascista. Su línea era la del reaccionarismo posibilista: llevar a la República tan a la derecha como fuera posible no planteando de momento la cuestión de la forma de gobierno; ministro en el «bienio negro» (1934-35) y responsable máximo de la dura represión del levantamiento obrero de Asturias (oct. de 1934). En 1936, con todas las demás fuerzas de la oligarquía española, se unió a la causa de la conspiración antirrepublicana y apoyó la sublevación fascista capitaneada por Francisco Franco, a cuyas órdenes mandó que se colocaran las huestes de la CEDA, que a menudo fueron de las más sanguinarias en el exterminio de los «rojos».

D. Niceto Alcalá-Zamora caracterizó así a la C.E.D.A.: `Fue el más heterogéneo conglomerado, sin más vínculo que la unión personal en Gil Robles, cuyas dotes de caudillaje se mostraron en eso mucho más que las de gobernante. Había en aquélla (en la C.E.D.A.) una buena parte de democracia cristiana, con gentes modestas y devotas, algunos clérigos transigentes y previsores, y núcleos de abolengo paradójicamente tradicionalista, [...] Hubo también otra parte o ala derecha de origen y de simpatías hacia el régimen monárquico, formada por propietarios asustadizos y aristócratas de segunda o tercera fila. En el centro bullía con agitación violenta una hueste de impulsos, métodos y fórmulas fascistas. [...] El tercero era el inadaptable, el peligroso... y lo peor fue que con éste coincidía, más bien que por la ambición por el temperamente, Gil Robles, con decidida y funesta preferencia.' (Memorias, Barcelona: Planeta, 1977; citado por Manuel Rubio Cabeza, Las Voces de la República, Barcelona: Planeta, 1985, p. 164.)

Gil Robles declaraba en 1937 (Aldo Garosci, Los intelectuales y la guerra de España, p. 203): `El ejército ha sido su iniciador [del alzamiento] y es el instrumento eficaz de la victoria. Pero, detrás de él, sin distinciones de regiones ni de clases sociales, están todos los españoles que no se han resignado a caer en las garras del comunismo. Es el levantamiento de una nación entera que, salvándose a sí misma, salvará a toda la civilización occidental'. O sea, a la propiedad privada. Entre los españoles resignados, según Gil Robles, a caer en las garras del comunismo estaban: Portela Valladares, Alcalá Zamora, Azaña, Prieto, Ossorio y Gallardo, Jiménez de Asúa, Martínez Barrio e incluso Juan Ramón Jiménez, Luis Recaséns Siches, el propio Menéndez Pidal, ninguno de los cuales se sumó al Alzamiento Nacional ni estaban «detrás» del ejército.

Gil Robles

Alejandro Lerroux

Alejandro Lerroux fue un político español  republicano(La Rambla, Córdoba, 1864 - Madrid, 1949). Militó desde joven en las filas del republicanismo radical, como seguidor de Ruiz Zorrilla. Practicó un estilo periodístico demagógico y agresivo en las diversas publicaciones que dirigió (El País, El Progreso, El Intransigente y El Radical). Su discurso populista y anticlerical, así como la intervención en diversas campañas contra los gobiernos de la Restauración, le hicieron muy popular en los medios obreros de Barcelona, que acabaron constituyendo la base de un electorado fiel. 

Fue elegido diputado por primera vez en 1901; y de nuevo en 1903 y 1905, en las candidaturas de la Unión Republicana que había contribuido a formar junto con Nicolás Salmerón. La defección de éste hacia la coalición Solidaridad Catalana en 1906, llevó a Lerroux a separarse, formando el Partido Republicano Radical (1908) en Barcelona, al que rápidamente se adscriben multitud de seguidores gracias al carisma de su líder, un personaje fogoso y algo demagógico, fustigador de los ricos y paladín de la clase obrera. y la primera Casa del Pueblo, dedicándose a enseñar a los obreros.

Hubo de exiliarse en varias ocasiones, primero para escapar a la condena dictada por uno de sus artículos (1907) y más tarde huyendo de la represión gubernamental por la Semana Trágica de Barcelona (1909). De vuelta a España, aceptó entrar en la Conjunción Republicano-Socialista, con la que volvió a ser elegido diputado en 1910. Desde entonces se vio envuelto en una serie de escándalos que le alejaron de su electorado barcelonés, entre acusaciones de corrupción (hasta el punto de que hubo de cambiar de distrito, presentándose por Córdoba en 1914). 

Bajo la dictadura de Primo de Rivera (1923-30) su partido se vio debilitado por la escisión de los Radical-Socialistas de Marcelino Domingo (1929). No obstante, continuó en la política activa, participando en el comité revolucionario que preparó el derrocamiento de Alfonso XIII y la proclamación de la Segunda República en 1931.

Uno de los políticos más singulares y complejos del siglo XX español, Alejandro Lerroux, nació en 1864 en el pueblo cordobés de La Rambla, en el seno de una familia de la clase media baja.
Gran orador y de ideas progresistas, su carrera política se inicia en 1901, cuando es designado diputado a Cortes. Su encendido manejo de la palabra ante nutridos oratorios y sus ataques a la burguesía y a la Iglesia le causan numerosos problemas, siendo varias veces procesado por difamación. Una de las frases más conocidas e incendiarias que se le atribuyen fue "¡Levantemos los velos de las novicias y hagámoslas madres!", pronunciada en un contexto de odio anticlerical que más adelante producirá la quema de iglesias y conventos.

Republicano convencido, en 1908 crea en Barcelona la primera Casa del Pueblo, dedicada a prestar asistencia jurídica, económica y educativa a los obreros. También en Barcelona funda el Partido Radical, al que rápidamente se adscriben multitud de seguidores gracias al carisma de su líder, un personaje fogoso y algo demagógico, fustigador de los ricos y paladín de la clase obrera.

La fama como político le acarrea tantos seguidores como enemigos. Si sus mítines son recibidos con entusiasmo, sus palabras le hacen ser condenado por los tribunales y pasar por la cárcel en varias ocasiones. En estos primeros años de su carrera, a pesar de no haber acabado sus estudios de bachillerato, consigue, mediante un único examen, aprobar de una vez todas las asignaturas de la carrera de Derecho de la Universidad de La Laguna.

Desde el Ayuntamiento de Barcelona, Lerroux promueve una política radical y obrerista, aunque su gestión comienza a estar salpicada por los primeros escándalos de corrupción, unas sombras que, no sin fundamento, no dejarán de acompañar en adelante a Lerroux y al Partido Radical.
En 1909, con motivo de la Semana Trágica de Barcelona, se ve obligado a dejar la ciudad, mientras en las barriadas obreras sus partidarios se enfrentan a tiros a los pistoleros de la patronal. Al mismo tiempo, sus discursos se van haciendo más moderados y conservadores.

Instalado en Madrid y dedicado de lleno a la política nacional, fue diputado en todas las legislaturas. A partir de 1923 se convierte en un feroz opositor a la dictadura de Primo de Rivera, aunque desde posiciones más moderadas que las que representaba en años anteriores. En 1931, forma parte del primer Gobierno provisional de la República, como ministro de Estado, alzándose con el primer plano del protagonismo de la vida pública española. El antiguo líder radical baja el tono de sus discursos, acepta participar en las instituciones y establece lazos de unión con curas y militares, sus viejos enemigos.

Son tiempos revueltos, en los que en la escena política y social española parece haber vientos de confrontación, como así ocurrirá poco más tarde. En 1933, su partido gana las elecciones en coalición con la CEDA del derechista Gil Robles. El nuevo gobierno del que es presidente inaugura un periodo de represión de las izquierdas y del movimiento obrero, el llamado Bienio Negro. Fuertemente presionado por los sectores más reaccionarios, el gobierno Lerroux empieza a revisar la legislación laica, amnistía entre otros a los golpistas Sanjurjo y Calvo Sotelo y paraliza la reforma agraria y el estatuto vasco.

Uno de los mayores problemas que tendrá que afrontar será la revolución de Asturias, en 1934. El rápido deterioro de las condiciones de trabajo y de vida de las minas y el campo asturianos hizo que el salario de un trabajador agrícola pasara de 12 pesetas diarias en 1931 a 4 apenas tres años más tarde. La difícil situación provocó un estallido de violencia revolucionaria que será aplastado a sangre y fuego por las tropas del gobierno.

Un nuevo escándalo de corrupción salpicará, definitivamente, el gobierno de Alejandro Lerroux y la imagen de su líder. La introducción en España de un aparato de juego de azar inventado por Strauss y Perle dio pie a un negocio fraudulento y al enriquecimiento de algunos personajes del entorno de Lerroux. Conocido el asunto y aireado por la prensa con el nombre de "caso del estraperlo", se desató una oleada de críticas hacia su persona y la coalición de gobierno, que quedó definitivamente rota.

En 1936, el estallido de la Guerra Civil le obligó a huir a Portugal, donde vivirá hasta su regreso a España en 1947. Alejado de la vida pública y totalmente desacreditado, muere en junio de 1949 uno de los personajes más controvertidos de la historia política de España en el siglo XX y quizás menos conocido en su faceta periodística, habiendo sido director de los periódicos El Radical, El País y El Progreso.
Alejandro Lerroux

Crisis del Bienio Conservador

Durante los siguientes años, la CEDA siguió dando su giro conservador al Gobierno Republicano: anuló el matrimonio civil y el divorcio, prohibió las expropiaciones de las tierras de la Iglesia y de los terratenientes y estableció el impuesto que mantenía al clero y el culto. La inclusión de la CEDA en el Gobierno no provoca la involución prevista, pero deja clara su escasa vinculación con el proyecto republicano. 

En los meses siguientes a la revolución de Asturias no hay tampoco un plan de Gobierno perceptible más allá de la represión de los revolucionarios o los intentos de inculpar a Azaña en los hechos. Las discusiones en el Parlamento ocultan su infecundidad legislativa. Gil Robles, nombrado ministro de Guerra en mayo de 1935, coloca a algunos de los generales desafectos al régimen (Mola, Franco, Fanjul…) en los puestos más destacados del ejército. A lo largo de 1935 el Partido Radical entra en una profunda crisis afectado por algunos escándalos de corrupción (la concesión de licencia a un tipo de ruleta llamada straperlo -término que se añadiría al castellano, estraperlo, como sinónimo de mercado negro- y el asunto Nombela, sobre los contratos de suministros al ejército). Alcalá-Zamora se resiste a dar el Gobierno a Gil Robles e intenta, en diciembre, una solución personal entregándoselo a Manuel Pórtela Valladares. Las presiones recibidas desde todos los grupos parlamentarios acaban con la disolución de las Cortes y la convocatoria de las elecciones de febrero de 1936.

Pero esta política fue interrumpida por dos sucesos de corrupción:
  • El caso Straperlo. En 1935, Strauss y Perel Lowan intentaron introducir en España unas ruletas trucadas, y sobornaron a miembros del partido de Lerroux para que no denunciaran el fraude. El conocimiento del caso supuso un gran escándalo.
  • El caso Nombela. Antonio Nombela, el inspector de colonias, destapó la estafa de una compañía colonial española que, colaborando con políticos, exigió una indemnización tras la pérdida fingida de un barco perdido.
Los escándalos de corrupción más las malas relaciones entre cedistas y radicales, llevaron a la dimisión de Lerroux para septiembre de 1935. Hasta que Alcalá Zamora convocase elecciones para febrero de 1936, hubo dos presidentes de partidos republicanos en el poder.

caso Straperlo

lunes, 22 de septiembre de 2025

LA COLUMNA DE LOS OCHO MIL

En septiembre de 1936 los últimos enclaves del suroeste extremeño estaban a punto de ser tomados por tropas del ejército sublevado. Ante esta situación, un grupo formado por miles de personas intenta escapar del terror y la muerte huyendo de manera organizada hacia zona republicana. Muchos huían de sus pueblos por sus ideas políticas. Otros simplemente por miedo. No sabían el terrible final que les esperaba.

La huida de la represión y de la guerra

Las guerras no solo enfrentan a militares en el campo de batalla. La mayoría de las víctimas de los conflictos bélicos no caen con las armas en la mano. Muchas de ellas muere no penan sin poder defenderse. Forman parte de la población civil: ancianos, niños y niñas, mujeres y hombres que intentan sobrevivir a la barbarie escondiéndose o huyendo de los soldados.

Durante la Guerra Civil Española de 1936 a 1939 hubo muchos episodios de huidas masivas. Los pueblos y ciudades quedaban despoblados ante el avance de los militares, ante la ocupación de los enemigos. Los dos desplazamientos de población civil más renombrados fueron el éxodo final de los republicanos hacia la frontera francesa en el norte de Cataluña (febrero de 1939) y la huida de Málaga a Almería de febrero de 1937 tras la entrada de las tropas franquistas en la ciudad andaluza.

Centenares de miles de personas integraron esos éxodos, pero hubo otro más modesto y más temprano: la huida de ocho mil personas desde el suroeste de la provincia de Badajoz hacia el noreste republicano de La Serena a mediados de septiembre de 1936, huyendo del avance de las tropas sublevadas. La llamada Columna de los ocho mil fue diezmada en las inmediaciones de Fuente del Arco (Badajoz) por fuerzas militares franquistas tras dos días de marcha. Aunque muchos pudieron proseguir su huida, al menos dos mil fueron apresados, trasladados a sus localidades de origen y asesinados


Los éxodos desde el sur de Extremadura

La columna de los ocho mil y los refugiados de Barrancos

La ocupación de la provincia de Huelva por los militares sublevados y su avance durante el mes de agosto desde Sevilla a Badajoz, vía Mérida, provocó el acorralamiento a comienzos de septiembre de 1936 de miles de personas en el suroeste de la provincia de Badajoz. Estaban rodeados por territorios al norte y al sur ya en manos franquistas, con la frontera portuguesa al oeste y con las poblaciones situadas en la Vía de la Plata tomadas por los militares.

La única opción era escapar campo a través. Varios centenares lo intentaron hacia occidente, hacia Portugal y acabaron refugiados en fincas cercanas a Barrancos, para luego ser trasladados a Lisboa y en barco regresar a territorio republicano por Tarragona. Y otros tantos miles integraron varias columnas quea mediados de septiembre se atrevieron a atravesar hacia oriente la carretera general Sevilla-Mérida a la altura de Fuente de Cantos buscando los extremos de la Campiña Sur y de La Serena.

Si los primeros son conocidos hoy como los refugiados de Barrancos, los que fueron hacia el este formaron parte de la columna de los ocho mil. 

Las columnas del Ejército de África avanzan por la carretera nacional desde Sevilla en dirección a Mérida y luego a Badajoz, ocupando los pueblo a su paso: Monesterio, Fuentes de Cantos, Zafra,Almendralejo, Lobón, Talavera… Buena parte del vecindario abandona las localidades y va de un lugara otro, buscando refugio. Las operaciones de los sublevados en esta zona, una vez ocupada Badajoz,obligan a los huidos a desplazarse hacia el sur durante la segunda quincena de agosto y la primera de septiembre de 1936

La ocupación militar de los pueblos de la carretera se amplía con otras operaciones secundarias de conquistas de localidades alejadas de las vías principales. El acoso se convierte en acorralamiento.


Los sublevados siguen avanzando y los republicanos retroceden. Miles de personas se concentran en Jerez De los Caballeros y Fregenal de la Sierra. El 14 de septiembre se toma Burguillos del Cerro. La cabeza de puente de la huida republicana se establece en Valencia del Ventoso, donde se concentran dirigentes republicanos y socialistas, que organizan la huida.

Mientras que algunos centenares optan por ir hacia el oeste y se atreven a cruzar la frontera con Portugal, varias columnas de huidos buscan el 16 de septiembre la salida hacia zona republicana a través de la Campiña Sur. Son unas ocho mil personas, agrupadas en varias columnas que se unen y separan al ritmo de la marcha. Sobre todo, mujeres y hombres indefensos, niños y niñas, ancianos y ancianas andando y cargados con algunos enseres en carros y animales. Pocos van armados. Atraviesan la carretera a la altura de Fuente de Cantos hacia Azuaga. 

En el trayecto entre Reina y Fuente del Arco, posiblemente al anochecer del 17 de septiembre de 1936, son interceptados en una emboscada por militares dirigidos por el comandante Gómez Cobián.

Habían apostado ametralladoras en los montes cercanos en la zona de La Arconocosa y dispararon contra la columna de paisanos huidos. Una gran confusión se generó entre los refugiados. Unos lograron pasar, otros retrocedieron y se dispersaron y alrededor de un centenar murió y sus cadáveres quedaron en medio del campo

Al día siguiente, 18 de septiembre, el capitán Tassara le monta una trampa a otro tramo de la columna, que sigue pasando por las inmediaciones de Fuente del Arco. Haciéndose pasar por un miliciano, desarma a los pocos huidos que iban armados con la esperanza de darles mejores armas y los conduce con engaños al pueblo, donde son detenidos. En trenes especiales, seguidos de los animales requisados, son trasladados más de 2.000 prisioneros a Llerena, donde los encierran en locales como La Maltería y la Plaza de Toros

En Llerena los presos son identificados y agrupados por pueblos. Se cursan telegramas a las localidades de origen que han sido ocupadas y van a buscarlos guardias civiles y falangistas que, en camiones, los llevan de vuelta a sus pueblos. Aunque algunos logran salvar la vida por la mediación de amigos y familiares, otros muchos son fusilados nada más llegar. Decenas de personas ni siquiera sufren este último traslado y son acribillados a balazos en el cementerio de Llerena sin ser inscritos en registro alguno.

Mientras otras miles de personas han logrado proseguir su camino y acaban llegando a zona republicana. Algunas participarán en la defensa de Madrid, en noviembre de ese mismo año, integrando unidades militares de extremeños como Los Castúos.

Otros regresan a la región, a la denominada Bolsa de La Serena, o se integran en el ejército republicano.
Además, quienes habían optado por el oeste, tras permanecer un tiempo en campos de refugiados cerca de Barrancos, son trasladados a Lisboa y embarcan en el buque Nyassa rumbo a Tarragona


El avance de las tropas franquistas por la provincia de Badajoz

Nada más celebrarse las elecciones de febrero de 1936, con el triunfo de la coalición de izquierdas del Frente Popular, comenzó la conspiración de las fuerzas reaccionarias, bajo la dirección técnica del general Mola, para derribar la República. En la tarde del 17 de julio de 1936 se inició la sublevación en Melilla. Legionarios y regulares controlaron con facilidad las posesiones españolas del Magreb. El general Franco se trasladó desde Canarias a Marruecos el día 18 de julio para encabezar la insurrección en el sur mientras el general Queipo de Llano sublevaba Sevilla. El golpe triunfó también en algunas capitales españolas, pero la mayoría del territorio nacional se mantuvo fiel a la República. El fracaso del golpe de Estado trajo consigo la Guerra Civil.

La Columna de la Muerte

Con ayuda de la aviación alemana e italiana, varios miles de soldados profesionales que integraban el Ejército de África, el mejor preparado de la milicia española, fueron trasladados a la Península. Gracias a estos legionarios y regulares, muchos de ellos magrebíes, Queipo de Llano dominó Andalucía Occidental y Franco formó una columna, una parte de la cual salió de Sevilla hacia Extremadura el 2 de agosto, al mando del teniente coronel Asensio Cabanillas, y otra al día siguiente, mandada por el comandante Castejón. La Columna Madrid, conocida después como «Columna de la Muerte», a la que unos días después se incorporaron las tropas de Tella y que acabó bajo la dirección del teniente coronel Juan Yagüe Blanco, irá ocupando los pueblos sin más oposición que la batalla de Los Santos de Maimona el 5 de agosto y la efímera resistencia de la capital de la provincia.

La columna fue tomando todas las localidades importantes de la carretera general, como Monesterio (4 de agosto), Fuente de Cantos (5), Zafra, Villafranca de los Barros y Almendralejo (7), Mérida (11), Montijo (13) y Badajoz (14), desviándose solo en alguna ocasión, como cuando fue ocupada Llerena el 5 de agosto.
Juan Yagüe

Fueron centenares los huidos de cada pueblo ocupado, que deambulaban por el campo o buscaban el amparo de localidades cercanas aún no conquistadas por los sublevados. En ocasiones, acosados, iban trasladándose de un pueblo a otro, a medida que el Ejército avanzaba. Hubo concentraciones de huidos en zonas como la Sierra de Monsalud, cerca de Almendral y Torre de Miguel Sesmero

Las columnas de Castejón, Asensio y Tella ascienden por la Vía de la Plata sembrando el terror. Las órdenes eran claras: subvertir la democracia republicana y neutralizar a los responsables de sindicatos, partidos y organizaciones de izquierda. El procedimiento era siempre el mismo tras la ocupación militar de cada pueblo: con ayuda de los falangistas y otros partidarios locales de los sublevados, se destituía a las autoridades republicanas, se nombraba una gestora integrada por personas de extrema derecha, se detenía a los dirigentes de izquierdas y, sin formación de causa judicial alguna, se los fusilaba. El terror era parte de la estrategia militar de ocupación.

Concentración de huidos y organización de las columnas en el suroeste extremeño

Tras la toma de Badajoz, el número de los huidos se incrementó muy notablemente. Durante algunos días se concentraron en Olivenza, pero la ocupación de ésta y de La Albuera el 17 de agosto, de Almendral y Torre de Miguel Sesmero el 19 y de Feria y Fuente del Maestre el 20, provocaron nuevas huidas hacia el sur. Durante la primera quincena de agosto los golpistas se habían hecho, además, con el control de Almendral, Torre de Miguel Sesmero, Feria, Santa Marta de los Barros, Villalba de los Barros, Solana de los Barros, Valverde de Leganés, Cheles, Corte de Peleas, Alconchel, Barcarrota, Higuera de Vargas, Villanueva del Fresno, Salvaleón y Salvatierra de los Barros. Estas conquistas dificultaban más aún los movimientos de los huidos, que tuvieron que buscar como refugio las localidades más meridionales de Burguillos del Cerro, Fregenal de la Sierra y Jerez de los Caballeros


La ocupación de la serranía onubense

Durante la segunda quincena de agosto y primera de septiembre fueron ocupados la mayoría de los pueblos de la serranía de Huelva. Berrocal cayó el 14 de septiembre; al día siguiente, Cañaveral de León; el 19, Hinojales y Cumbres Mayores... La ocupación de estos pueblos tuvo dos consecuencias: se incrementó el número de huidos y se cerró por el sur la bolsa suroeste extremeña

A partir del 14 de septiembre cayeron definitivamente las localidades restantes del sur de Badajoz: Burguillos del Cerro, Valverde de Burguillos, Segura de León, Fuentes de León, Valencia del Ventoso, Bodonal de la Sierra, Fregenal de la Sierra, Higuera la Real, Jerez de los Caballeros, Oliva de la Frontera, Valencia del Mombuey, Zahínos y Cabeza la Vaca.

La ocupación de estos núcleos cerraba la bolsa en la zona occidental de la provincia

Alrededor del 14 de septiembre hubo una reunión en Valencia del Ventoso de algunos dirigentes de izquierdas, como José Sosa Hormigo, diputado socialista natural de Barcarrota y los también socialistas José González Barrero y José Lorenzana, alcaldes de Zafra y Fuente de Cantos, respectivamente. A punto de ser tomada la población, que lo sería el 16 de septiembre, organizaron la huida definitiva de la bolsa donde estaban atrapados. Utilizando los caminos y veredas, cruzarían la Vía de la Plata e intentarían llegar al sureste de la provincia, aún territorio republicano

HUIDOS

Las numerosísimas personas acorraladas en los últimos pueblos republicanos del suroeste de la provincia de Badajoz solo tenían dos opciones de huida y ambas con riesgo: o iban hacia el este, para intentar llegar al territorio republicano de la zona de Azuaga y de La Serena, arriesgándose a pasar por lugares ya tomados por los sublevados y ser capturados, o iban hacia el oeste y atravesaban la frontera portuguesa, arriesgándose también a ser capturados y devueltos a España.

La primera opción fue la primera y la mayoritaria, elegida por siete u ocho mil vecinos a partir del 13 y 14 de septiembre, a medida que eran tomados pueblos como Burguillos del Cerro, Valverde de Burguillos, Fuentes de León y Segura de León. Formaron lo que conocemos como la columna de los ocho mil.

La segunda opción, la de Portugal, más tardía y minoritaria, la eligieron a partir del 20 de septiembre unas mil personas, vecinas de los pueblos pegados a la frontera, como Jerez, Oliva y Villanueva del Fresno, que acabaron siendo conocidos como los refugiados de Barrancos



Hacia el oeste: Portugal

La solidaridad de un carabinero y de un pueblo portugués

El responsable de la acogida de los españoles fue un teniente de carabineros portugués, Augusto de Seixas (1891-1958), que desde el mes de agosto había venido controlando el paso a Portugal de muchos refugiados derechistas,organizando la solidaridad en Barrancos, y que ya en septiembre preparó la estancia de los centenares de huidos izquierdistas e incluso ocultó a sus superiores la existencia de otras doscientas personas para protegerlas. Ayudado por sus hijos evitó cacerías de refugiados por incursiones de fascistas desde España, devoluciones y represalias. Su bondad le costó la apertura de un expediente disciplinario, la prisión durante dos meses en Elvas y el retiro forzoso 

Augusto de Seixas (1891-1958)

Junto al Castillo de Noudar

Nada más cruzar la frontera, en ese cuerno que penetra en el mapa de España desde Portugal está el Castillo De Noudar. Y en sus proximidades,cerca del municipio de Barrancos, en las heredades de Coitadinha y Russianas, se concentraban el 21 de septiembre 340hombres de Jerez de los Caballeros, 294de Oliva de la Frontera y 68 de Villanueva del Fresno, además de 54 mujeres y niños y 32 carabineros españoles. Las autoridades portuguesas, desbordadas,permitieron en un primer momento el paso, pero acabaron cerrando la frontera e impidiendo a disparos la entrada demás refugiado

Castillo de Noudar

El buque Nyassa y regreso por mar a la España republicana

Para resolver el enorme problema de abastecimiento que estaba provocando la presencia de los españoles en la cercanía de Barrancos, Portugal decidió trasladarlos a Lisboa y sacarlos del país. Más de mil personas fueron llevadas a Moura, donde hicieron noche en la plaza de toros, y de ahí al puerto de Lisboa para embarcar en el buque Nyassa. El día 10 de octubre de 1936, tras una travesía que rodeó la península Ibérica por el estrecho de Gibraltar, llegaron a la Tarragona republicana 1435 personas salvadas del horror en que se había convertido Extremadura

buque Nyassa


Hacia el este: la España republicana

Inicio de la marcha hacia Azuaga

La partida hacia el este se produjo desde varios sitios. Por esa razón, aunque hablemos de «la columna de los ocho mil», realmente fueron varias columnas que totalizaron esa cifra de huidos. Desde Fregenal de la Sierra partió el grueso. Unas seis mil personas se agolparon en el pueblo, y la situación llegó a ser caótica. De Bodonal de la Sierra salió otro núcleo importante compuesto por gente de la cuenca minera onubense. En Valencia del Ventoso se formó el tercer núcleo de la marcha.

Seguramente, cada una de estas columnas salió en fechas distintas. Valencia del Ventoso fue ocupada el miércoles 16 de septiembre, mientras que Fregenal y Bodonal no cayeron hasta el 18 y 19. 

De Valencia del Ventoso quizá salieran el día 15 de septiembre. Al principio la columna se dirigió a Llerena, pero al enterarse los dirigentes que ya había sido ocupada, cambiaron la trayectoria hacia Fuente del Arco y Azuaga. Hombres mujeres, niños, ancianos y muchos animales marchaban con los enseres más preciados y esenciales. La columna estaba encabezada por miembros que conocían el terreno. Entre ellos, Peñas, un minero de Río Tinto, y Juan Francisco Gómez Rodríguez, antiguo secretario del Ayuntamiento de Almendralejo. El alcalde de Zafra, José González Barrero, se quedó un día más en Valencia del Ventoso para dejar organizado el pueblo tras la salida

No era una columna militar. Se sabía que contaban con poco armamento. Unos cuantos fusiles, escopetas de caza y bombas de fabricación casera era todo lo que llevaban. Desde la capitanía de la Segunda División sabían  cuánto armamento llevaban. Las armas que tenían eran las que faltaban en los distintos cuarteles de la Guardia Civil. El avance de la columna era conocido en todo momento por los sublevados gracias a los aviones que sobrevolaban la zona. La columna no suponía una amenaza para los militares sublevados, aunque el número de personas que la integraban dificultaban su control

ATACADOS

En el cerro de La Alcornocosa de Fuente del Arco

La marcha de la columna

Aunque la primera intención había sido llegar a Llerena, la columna de huidos supo que esa localidad ya estaba tomada por los sublevados y decidió dirigirse a Azuaga, con la intención de atravesar la vía del tren a la altura de Fuente del Arco. La marcha de la columna era controlada desde su arranque por el Ejército sublevado. Era imposible ocultar a miles de personas caminando por el campo durante dos días. Un avión de reconocimiento hizo varias pasadas durante el trayecto y, además de los avistadores a pie, no hay que descartar que algún espía estuviera mezclado entre los huido


Los atacantes

Los sublevados decidieron atacar a la columna antes de que atravesara la vía férrea. La operación se encomendó al Regimiento Granada, destinado en Llerena al mando del teniente coronel Alfonso Gómez Cobián, reforzado con guardias civiles y falangistas, Los hombres armados movilizados para la operación fueron unos quinientos. Aunque los huidos eran miles, no eran militares, eran civiles, y estaban indefensos, con apenas un centenar de fusiles y escopetas en la vanguardia

La encerrona

Al atardecer del 17 de septiembre de 1936 la columna fue atacada desde lo alto del paraje de la Alcornocosa, cerca de Reina y Fuente del Arco. Habían dejado la Senda y se internaban en la cañada real del Pencón, pasada la sierra de la Jayona. El lugar elegido para acometerlos fue el cerro de La Alcornocosa, a apenas dos kilómetros y medio de la vía férrea de Fuente del Arco a Llerena, tras la cual comenzaba el terreno aún fiel a la República en las inmediaciones de Valverde de Llerena. Los militares habían apostado en los cerros cercanos varias ametralladoras. A una señal, comenzaron a disparar.
Una lluvia de fuego diezmó la comitiva

El jefe de la operación

El teniente coronel Alfonso Gómez Cobián (Sevilla, 1891-1970) había pasado por diversos empleos como militar profesional en África antes de ser destinado al Regimiento Granada. En agosto de 1932, ya comandante de Infantería, se sublevó por primera vez contra la II República. El jefe de la conspiración de Sevilla, general Sanjurjo, le encargó el mando de las fuerzas de Asalto. Fue detenido, procesado y absuelto después de pasar dos años en prisiones militares. El 30 de abril de 1936 fue destinado a la Caja de Reclutas nº 12 y tras el golpe de Estado los sublevados le encargaron el mando del cuarto batallón del Regimiento Granada como teniente coronel

Alfonso Gómez Cobián

Los cadáveres

Según las cifras oficiales anunciadas en prensa, los muertos en el ataque fueron unos ochenta, pero no hay que descartar que fueran muchos más. Como vestigios de la tragedia quedaron numerosos cadáveres esparcidos por el campo que, durante los días siguientes, fueron devorados por los animales. Los propietarios de tierras cercanas apilaron algunos restos y les dieron fuego o echaron los cuerpos en pozos mineros. Se conservan algunos enterramientos, como uno a los pies de una encina en la que se grabaron dos cruces en su tronco.

La desbandada

La gente huyó en desbandada, La columna se disgregó. Algunos —en solitario o en pequeños grupos— consiguieron pasar, aunque dos kilómetros más adelante, en la vía del tren, también había apostados soldados, que les disparaban. Otros dieron marcha atrás, volvieron a sus pueblos o fueron capturados o abatidos por partidas de guardias civiles y falangistas. Y muchos se ocultaron en las sierras vecinas, donde hubo algunos incendios provocados por la refriega.



APRESADOS

Dos mil prisioneros en Llerena

El apresor

El capitán Gabriel Tassara Buiza (Sevilla, 1901-1992). era uno de los principales ayudantes de Gómez Cobián en Llerena. Era un militar “africanista” que se había posicionado contra la República en el golpe militar.

El 18 de septiembre de 1936 ideó una celada a la “columna de los ocho mil”, por la que consiguió una medalla militar individual. En 1939, conseguiría otra medalla por una acción en Córdoba. Terminó la guerra como comandante y luego fue ascendido a coronel y a general

 Gabriel Tassara Buiza

El engaño

El apresamiento posiblemente ocurriera al día siguiente del ataque. El hambre, el calor y la sed, junto al miedo a volver ser atacados, convirtieron a la columna en una masa de personas sensibles a ser engañadas. Los militares querían neutralizar al mayor número de personas, capturarlas y conducirlas a Fuente del Arco. El 18 de septiembre de 1936 se presentó al paso de la columna vestido como un miliciano y con una bandera de la República.

El capitán convenció a parte de la columna con guiarla en su huida y dotarla de mejores armas en Fuente del Arco, que decía que no había sido ocupada todavía.

La captura

Aunque no todos se fiaban, más de dos mil integrantes de la columna siguieron hasta Fuente del Arco al capitán Tassara. De camino, en el cortijo “La Castora”, desarmó a todos ellos, convenciéndoles de que les iba a facilitar mejores armas. Tassara los condujo hasta Fuente del Arco, donde fueron recibidos con banderas tricolores republicanas. Tras los primeros momentos, las banderas fueron sustituidas por rojigualdas y los gritos de los sublevados llenaron la plaza. La estratagema surtió efecto, y consiguió capturar a unas dos mil personas. Aunque ese mismo día, algunos fueron fusilados en Fuente del Arco, la mayoría fue trasladada en tren a Llerena, al mismo paso que los numerosos animales que iban atados al convoy

El encarcelamiento

En Llerena, La Maltería, la Plaza de Toros y varias casas particulares sirvieron para alojar de manera temporal a todos los prisioneros. El propio Queipo de Llano informó esa noche por radio: Según las últimas noticias se han recogido más de 50 caballos y una gran cantidad de armas y municiones que no pueden detallarse todavía porque se está procediendo a clasificarlas. A los prisioneros se les está alojando en los corrales de las casas y se procede a darles de comer, pues se hayan extenuados y en situación lastimosa. Entre ellos hay diversos heridos, como consecuencia de la confusión que se promovió en sus filas. Hay varias mujeres, algunos maestros de escuela y otros hombres de carrera.

La identificación y el traslado

Los centenares de prisioneros que llegaron a Llerena fueron identificados y clasificados por pueblos. Se solicitó información a cada una de las localidades de origen y de estas llegaron emisarios y autoridades para recogerlos. La mayoría no estuvo encerrada más de dos días en Llerena. O bien eran recogidos por los enviados desde su pueblo o, con la información suministrada, se les fusilaba en el cementerio de Llerena

ASESINADOS

Trasladados a sus poblaciones de origen, muchos de los cautivos son fusilados

Todas las personas que formaron la columna de los ocho mil fueron víctimas, bien porque o acabaron muertas o heridas o bien porque sufrieron las penalidades de la huida o el destierro. Ahora bien, entre las varios centenares, quizá hasta miles, que murieron hubo cinco tipos, según el momento y las circunstancias en que perdieron la vida: quienes abandonaron la columna y regresaron a sus pueblos con la esperanza de que no les pasara nada, quienes fueron acribillados en medio del campo, quienes fueron fusilados en Llerena, quienes fueron trasladados a sus pueblos y allí fusilados y, finalmente, quienes acabaron en el barco-prisión Cabo Carvoeiro de Sevilla

Los que abandonaron

Este grupo lo forman quienes abandonaron la columna y regresaron a sus pueblos antes del 17 de septiembre, cuando aún la columna no había sido atacada, o tras serlo el mismo 17, y fueron fusilados al llegar a sus localidades.

Quizá el caso más famoso de estos fue el de José Modesto Lorenzana Macarro, alcalde de Fuente de Cantos. Dejó su pueblo el 5 de agosto de 1936 y se mantuvo hasta mediados de septiembre en la bolsa del suroeste de la provincia. En la reunión de Valencia del Ventoso de principios de septiembre fue uno de los dirigentes que organizó la columna y se integró en ella. Pero, al enterarse de que su mujer y sus hijos habían sido capturados en su pueblo, decidió regresar y, al entregarse, fue atado a la cola de un caballo, salvajemente torturado y fusilado en una silla en la plaza de Fuente de Canto

Los que fueron acribillados

Quienes murieron bajo el fuego de las ametralladoras o en medio del desbarajuste del ataque del 17 de septiembre al pie del Cerro de la Alcornocosa. Estos son de los únicos que hay una cifra más o menos oficiosa: 80 dicen las fuentes, aunque posiblemente fueran más. Uno de esos casos, aunque al parecer asesinado por sus propios compañeros, fue el de Juan Antonio Flores Gordillo, de Burguillos del Cerro, que según testimonio de su hija fue muerto por los milicianos al negarse a seguir avanzando, por querer buscar a sus hijos, a quienes había perdido en el ataque

Los capturados y fusilados en Llerena

Quienes, una vez capturados tras el engaño del capitán Tassara el 18 de septiembre, fueron fusilados en Fuente del Arco o en Llerena antes de ser devueltos a sus pueblos.

Ya en Fuente del Arco hay testimonios de fusilamientos ejemplificadores, con exposición pública, en la misma plaza.

Después, en Llerena, durante varios días y semanas salieron los camiones todas las noches desde La Maltería o la Plaza de Toros hasta el cementerio, donde eran ametrallados los prisioneros tras ser obligados a cavar sus propias tumbas.

Nunca fueron inscritos en el Registro Civil


Los capturados y trasladados al barco-prisión Cabo Carvoeiro de Sevilla

La oligarquía sevillana puso a disposición de la sublevación un vapor de 80 metros de eslora y 12 de manga llamado Cabo Carvoeiro, fondeado en el muelle de Sevilla y cuyas bodegas albergaron a centenares de detenidos de izquierdas. Era conocido como “el barco de la muerte”. Allí fueron trasladados muchos de los apresados en Llerena. Según el historiador Francisco Espinosa, los destinados al barco fueron especialmente los andaluces y los dirigentes y personalidades relevantes de la izquierda local detenidos. Uno de ellos, aunque no es seguro que perteneciera a la columna, fue el antiguo alcalde de Maguilla, Aurelio Urbano Vera Dávila.

Cabo Carvoeiro

Los capturados y fusilados en sus pueblos

Quienes, a partir del 18 de septiembre y de los días posteriores, tras ser trasladados a sus localidades de origen, fueron asesinados por sus paisanos. A muchos se les llevó en camiones a sus pueblos de origen. Los que cayeron en la trampa de Gabriel Tasara fueron repatriados a sus lugares de origen en camiones. Muchos de ellos tuvieron la mala suerte de ser fusilados en sus propios pueblos. No se conoce el número exacto de víctimas

SUPERVIVIENTES

En Valverde de Llerena

De las miles de personas que habían logrado pasar tras el ataque de La Alcornocosa y la trampa de Tassara, la mayoría ni paró en Valverde de Llerena por miedo a que estuviera en manos fascistas. Solo unos centenares se atrevieron a entrar y descansaron durante unos días en la iglesia. Según algunos testimonios se mataron veinte ovejas para darles de comer. A los tres días, el alcalde de Valverde, Miguel Doñoro, encomendó a un joven, Juan Durán Cerrato, que los llevara por caminos seguros a Azuaga. Debemos suponer que, si llegaron a Valverde el mismo 18 de septiembre, no se fueron a Azuaga hasta el 20 de septiembre, tras descansar un día completo. Tres  días después, el 23 de septiembre, Valverde de Llerena era ocupada por los militares

En Azuaga

Por Azuaga pasaba la vía férrea Fuente del Arco-Peñarroya. Las miles de personas que se concentraron en Azuaga, unas provenientes de Valverde de Llerena y otras directamente de Fuente del Arco, acabaron en trenes fletados especialmente para trasladarlas hacia el centro de la Península, vía Almorchón. A partir del 21 de septiembre saldrían los trenes hasta Peñarroya y de ahí subirían por la línea Córdoba-Almorchón hasta esta última estación, desde donde saldrían hacia el centro. El 24 de septiembre de 1936 Azuaga fue ocupada por los sublevado

En Valdepeñas

A medida que avanzaba la evacuación, la gente iría quedándose en estaciones intermedias, según posibilidades y preferencias, pero sabemos que una buena parte de los huidos llegaron a Valdepeñas, posiblemente a través de Puertollano y Ciudad Real. En muchas localidades de esa provincia hubo numerosos problemas provocados por el hacinamiento de miles de refugiados.
Se conservan fragmentos de dos fotografías propiedad de uno de los huidos de Valencia del Ventoso, Julián Indiano. En ellas se ve a más de un centenar de personas (adultos, ancianos y niños), con los puños en alto delante de un arboleda, alrededor de unos calderos con comida. Algunos llevan armas en la mano y otros enarbolan periódicos, como si su hazaña hubiera sido publicada en alguna prensa

En Madrid

Madrid estaban llegando desde hace más de un mes un goteo de refugiados extremeños que a principios de septiembre habían formado un llamado Batallón de los Castúos Esta unidad militar se engrosó considerablemente con voluntarios salidos de los centenares de personas salidas de las columnas que a mediados de septiembre habían huido de Extremadura. Muchos de ellos participaron en la defensa de Madrid de noviembre de 1936. 



Seguid caminando, corred, seguid adelante, sin mirar atrás, 
huid de la matanza y la muerte que siembran aquellos traidores
que riegan de sangre nuestras tierras, campos y llanuras
dejando tras de si un cementerio eterno de llantos silenciosos

¡Huid, escapad si podéis! Seguid caminando huyendo de tan cruel destino
mientras los cuervos festejan tan reciente banquete de cuerpos en la tierra
regados y esparcidos por doquier mientras los lamentos se enmudecen
y los ojos se quedan secos después de tanto llanto

Ocho mil almas escapamos de tan cruel destino, sin saber que pasará
en busca de esperanza y salvación,huyendo de la muerte y los horrores
que dejan a su paso militares traidores en Extremadura
mientras el pueblo sufre en sus carnes la huella de militares facciosos

¡Huid, escapad! !No miréis atrás! ¡No os desvieis del camino!
ocho mil almas huyendo de los horrores de la guerra
que les persigue en su caballo mientras la tierra agoniza y perece
la vida a su paso, mientras enmudecen las voces y los cantos

domingo, 13 de abril de 2025

RECUERDOS TRICOLORES REPUBLICANOS

¿Qué fue de aquel pueblo revolucionario
Contra la dictadura de Rivera
De la monarquía traicionera
Del Berenguer reaccionario
que trajo la república?

¿Qué ha sido de José Díaz, la Pasionaria
Manuel Azaña, Companys, Caballero
De aquella furia revolucionaria
Del pueblo, del campesino y del obrero?

¿Qué fue de Durruti, Ascaso, García Oliver,
de todos aquellos que lucharon por el pueblo
de los poetas del Veintisiete y de la Barraca
de los maestros que rompieron las cuerdas de la estaca

de la ignorancia donde estábamos atados
y que con sus palabras fuimos liberados
qué fue de aquellos que lucharon
para enseñar al pueblo y con su sangre regaron
los campos de la libertad para un nuevo amanecer?

¿Dónde se fue la furia roja, del martillo y la hoz
Que luchó contra el militar
En nombre de la revolución social
Clamándola a viva voz?

¿dónde están aquellos pendones tricolores
que clamaban Libertad, Igualdad y Fraternidad
en un mundo donde surgían nuevos monstruos y nuevos horrores
que sumergían en el mar de la barbarie a la humanidad?

¿Dónde están, ahora? Enterrados en el olvido
El pueblo muerto, en las cunetas enterrado
El pasado con heridas aún no cicatrizadas
El golpismo triunfante sus ideas ha callado
Pero nada ni nadie ha sido olvidado
Vuestra voz no ha sido silenciada

viernes, 1 de noviembre de 2024

LA REVOLUCIÓN FRANCESA

Uno de los procesos más influyentes en la sociedad occidental de finales del siglo XVIII fue el cambio, político, social y económico ocurrido en Francia entre 1789 y 1799, la revolución francesa. Durante los diez años que duró se produjo el despertar de la sociedad a un sistema de relaciones entre el pueblo y sus dirigentes. Fue una transformación radical del sistema de poder, no solo en Francia sino en toda Europa, suprimiéndose el dominio absoluto ejercido por la monarquía y se redactaron las Constituciones liberales que proclamaron la separación de poderes para proteger los derechos del ciudadano. 

Este gran cambio político y social dio origen a un “Nuevo Régimen” también en el continente europeo. Francia instauró el primer régimen monárquico constitucional con la total separación de poderes: el Ejecutivo lo ostentaba un rey hereditario con poderes recortados, el Legislativo, con gran capacidad de actuación, estaba en poder de una asamblea y el Poder Judicial quedaba independiente. A partir de la implantación en Francia de la república como nuevo sistema de gobierno, el Ejecutivo pasó a ejercerlo una Comisión de gobierno, el Legislativo estuvo representado por una o dos cámaras y el Judicial continuó siendo independiente de los otros dos poderes. 

Durante la Revolución fueron eliminados los privilegios del clero y la nobleza, considerados como el primer y segundo estamentos de la sociedad, se otorgaron derechos políticos a la población en general y la burguesía se impuso a la anterior aristocracia respecto al poder político y económico. La soberanía, que hasta 1791 había estado depositada en el monarca por “derecho divino”, pasó a ser depositada en la nación. 

El Antiguo Régimen en Francia había dado paso al Nuevo Régimen.


Fundamentos teóricos sobre las causas de la Revolución 

La revolución que estalló en la Francia de finales del siglo XVIII ha sido considerada como el modelo de revolución política, ya que supuso la conquista del poder por la burguesía y el desplazamiento de la aristocracia. Sin embargo, el espíritu revolucionario no surgió sólo en Francia, puesto que antes de 1789 ya había ocurrido una revolución en Norteamérica. El 4 de julio de 1776 el Congreso de las trece colonias británicas de la costa norte de América aprobó la Declaración de Independencia de los Estados Unidos y continuó la lucha contra su antigua metrópoli. Las trece colonias se convirtieron en los Estados Unidos de América por el Tratado de Paz de París de 1783 donde Inglaterra reconoció su independencia. Los movimientos independentistas contribuyeron a crear en las conciencias ilustradas un creciente deseo de cambios políticos, sociales y económicos que pudieran mejorar la vida de los franceses. La mayoría de los historiadores que han escrito sobre estos acontecimientos están de acuerdo en afirmar que en 1789 se inició una nueva etapa histórica con la supresión del sistema señorial, la proclamación de la libertad e igualdad de todos los hombres ante la ley y la afirmación de la soberanía nacional. 

Ya desde el inicio de los conflictos revolucionarios surgió la idea de que no fueron espontáneos, sino que estuvieron ocasionados por intrigas políticas premeditadas. El grupo más relevante estaba dirigido por Luis Felipe, duque de Orleans y primo de Luis XVI. Los valedores del duque fueron destacados protagonistas de la revolución, como el conde Mirabeau, el abate Sieyès o Choderlos de Laclos; así como otros aristócratas, políticos y burgueses de renombre se fueron uniendo desde 1789 contra el sistema de “monarquía absoluta”. Este conjunto de individuos tenía mucha influencia en Francia y se dedicaba a desprestigiar a Luis XVI y a sus sucesivos gobiernos. Los orleanistas proponían la instauración de una Monarquía liberal semejante a la de Inglaterra. Desde la residencia del duque comenzaron a organizar la sublevación de las masas. 

Luis XVI

Estos testimonios, perfectamente documentados, pronto fueron negados y ocultados por no ser convenientes para la Historia de Francia. Los hagiógrafos de la revolución francesa como Napoleón, Sieyès y muchos de los jacobinos participantes en los acontecimientos, basaron las causas del estallido revolucionario a la injusticia social protagonizada por un grupo de privilegiados que oprimían a la población, desigualdad que era necesario eliminar. 

Otra teoría es la esgrimida por los historiadores, sociólogos y políticos de tendencias marxistas que han estudiado esta revolución, en su mayoría franceses. Louis Blanc, Jean Jaurés y Albert Soboul, entre otros, se centraron sobre todo en los problemas económicos como causa fundamental del estallido revolucionario, que al final se concretó en la lucha de clases. Algunos de ellos, han resaltado también la importancia del papel que desempeñaron los sectores más miserables de las ciudades que se organizaban igual que los burgueses, en clubes y sociedades fraternales. 

Para otros especialistas, como François Furet, la economía no fue más que una mera situación de base material para explicar la realidad social. Defiende en su tesis que la revolución francesa fue sobre todo un enfrentamiento de individuos y grupos y no solo una lucha de clases. La falta de entendimiento entre unas clases y otras y los frecuentes enfrentamientos entre los diversos grupos humanos fueron para Furet causas determinantes del estallido revolucionario. 

La Escuela historiográfica de los Annales, fundada en 1929 por Marc Bloch y Lucien Febvre, se ha ocupado extensamente de estudiar la revolución francesa: sobre todo interesaba la búsqueda de la “historia total”. 

La recuperación de la dimensión política de los procesos revolucionarios ha sido defendida por el historiador francés René Remond para justificar que “no hay más historia total que la de la participación en la vida política”. 

Las demás revisiones historiográficas que se han realizado y las que aún se encuentran en ejecución pueden llegar finalmente a resolver el problema sobre las causas y consecuencias de la revolución francesa. 

Sin embargo, para conveniencia de los gobiernos de la República francesa desde finales del siglo XIX, el verdadero protagonista de la Revolución ha sido el pueblo francés que se sublevó contra la tiranía del rey tomando e incendiando la prisión de la Bastilla para manifestar su rechazo a los opresores monárquicos que impedían a la población evolucionar hacia la libertad, igualdad y fraternidad. Éstas son las enseñanzas que se imparten a los franceses desde su primera infancia y por lo tanto difíciles de cambiar pese a las continuas revisiones de estos hechos históricos. Aunque no hay duda de que existieron numerosos factores ideológicos, económicos, políticos y sociales que desencadenaron el estallido revolucionario. El problema es cuantificar y resolver cuál de ellos fue el más influyente. 

Contexto histórico

Durante los últimos años del reinado de Luis XVI, Francia sufría una gran crisis económica. La mayoría de los franceses pertenecía al estado llano o Tercer Estado, compuesto por el común de los vecinos de un pueblo, excepto eclesiásticos, nobles y militares. Francia era por entonces la nación más poderosa de Europa, poseía colonias en varios continentes y su cultura y su lengua dominaban en todas las cortes europeas. Sin embargo, la población francesa se encontraba cada vez estaba más descontenta a causa de un cúmulo de factores como la falta de subsistencias provocada por las malas cosechas y por la actuación de especuladores sin escrúpulos, la sangría en las finanzas debido a la participación de Francia en la guerra de independencia de Norteamérica. 

Las condiciones para el estallido revolucionario en Francia se habían ido gestando desde comienzos del siglo XVIII. La burguesía iba en aumento gracias a su progresivo enriquecimiento, pero continuaba privada de los derechos políticos suficientes para hacerse con el poder y con los privilegios que ostentaban el primer y el segundo estamento. Aunque el creciente acceso a los movimientos filosóficos y literarios fue provocando ambición política. El más influyente de todos fue el de la Ilustración, movimiento filosófico y literario del siglo XVIII caracterizado por la extremada confianza en la capacidad de la razón natural para resolver todos los problemas de la vida humana. Los “Ilustrados” franceses más destacados fueron Voltaire, con su crítica a las instituciones, Rousseau que predicaba la doctrina de la soberanía nacional y Montesquieu, defensor de la separación de poderes. Estas ideas fueron publicadas y difundidas en esa época por la Enciclopedia francesa. También influyeron en el cambio de mentalidad política la reciente Constitución de los Estados Unidos de América con su Declaración de Derechos, así como la revolución industrial que se estaba desarrollando en Inglaterra, que desde finales del siglo XVII era una Monarquía Constitucional. Las normas de convivencia y administración del nuevo Estado republicano de Norteamérica despertaron las conciencias burguesas y las prepararon para lograr la mejora de sus condiciones políticas y sociales. 

El ascenso económico que estaba suponiendo para la población inglesa las innovaciones tecnológicas y sociales, estimularon a la burguesía francesa. Por otra parte, los estamentos privilegiados exentos de pagar impuestos se encontraban insatisfechos con las reformas emprendidas por Turgot, Necker, Calonne y Brienne. Sus medidas hacendísticas no sólo perjudicaban al Tercer Estado sobre el que recaía el mayor peso fiscal, sino que incluso incidían negativamente en las prerrogativas de los privilegiados. Por unos motivos u otros, a finales del siglo XVIII diversos grupos de la sociedad francesa se encontraban preparados para afrontar el cambio político, social y económico que finalmente se precipitó en el verano de 1789. 



Crisis económica y movilización política 

En 1787, ante la inminente reforma social y económica, se había reunido en Versalles una Asamblea de Notables. Eran los representantes del Primer y Segundo Estado que deberían dar su aprobación a las propuestas del ministro Calonne sobre el establecimiento de nuevas subvenciones territoriales, que deberían abonar las propiedades agrarias según su extensión y también el rescate de los derechos señoriales percibidos por la Iglesia. Las nuevas medidas fiscales fueron rechazadas por la Asamblea de Notables. Debido a esto, Luis XVI decidió subir los impuestos y reformar la Hacienda para salir de la crisis financiera. Esta decisión llevó a los estamentos privilegiados a presentar sus protestas y a unirse para luchar contra el absolutismo monárquico. Asimismo, el malestar también aumentó en el Tercer Estado, puesto que las nuevas medidas elevarían su carga fiscal. La constante subida de los precios de los alimentos y las malas cosechas de 1787 y 1788 provocaron una crisis de subsistencia que en la primavera de 1789 se transformó en disturbios y motines. Estos tumultos se fueron convirtiendo en una de las fuerzas fundamentales del movimiento revolucionario. 

En la bancarrota que se produjo en Francia en 1789, la deuda pública desempeñó un papel muy importante. La política de prestigio internacional adoptada durante todo el siglo XVIII provocó un aumento de los gatos del Estado que tuvo que recurrir a los empréstitos, lo que agravó aún más el déficit público. Las reformas económicas habían fracasado. Los estamentos privilegiados y los representantes del Tercer Estado, enfrentados al absolutismo monárquico, exigieron a Luis XVI la convocatoria de los Estados Generales del Reino. Costumbre que se había establecido en Francia a comienzos del siglo XIV de reunir con carácter extraordinario una Asamblea donde los representantes de los tres órdenes deliberaban por separado y se reunían para aprobar las medidas fiscales. 

Ante la urgente necesidad de fondos, el Parlamento de París, haciéndose eco de los tres estamentos y para evitar el hundimiento económico del Reino, impuso a Luis XVI la condición de que para aprobar cualquier futura reforma debía convocar los Estados Generales para que éstos decidieran. El rey tuvo que someterse a las exigencias y el 5 de mayo de 1789 se reunieron en Versalles representantes del clero, nobleza y pueblo llano. Luis XVI anunció que había reunido a los Estados Generales para poner orden en las finanzas del Reino e indicó que tenía intención de mantener su autoridad al invitar a los diputados a resistirse ante el deseo exagerado de reformas. Cuando el rey abandonó la reunión, los estamentos del clero y la nobleza se retiraron a otras salas para deliberar, mientras el Tercer Estado permaneció en la original. En esos momentos comenzaron las discusiones, a la vez que por toda Francia circulaban numerosos cuadernos de quejas y súplicas donde se manifestaban las reivindicaciones del pueblo llano. El primer y segundo estamento aprovechó también este sistema de protesta para exteriorizar su rechazo al absolutismo real. 

Los representantes del Tercer Estado, decididos a rechazar el debate por estamentos, se proclamaron “Comunes”, según el modelo británico. A continuación solicitaron el aumento de sus delegados y la primacía del voto individual, con el fin de igualar su peso en el número de votos a los de los privilegiados. Mientras tanto, en París, fueron calando las protestas del pueblo llano y las insurrecciones, algaradas y tumultos se multiplicaron. El 16 de junio de 1789, ante la intransigencia del monarca y por el enfrentamiento ocurrido entre los representantes del primer y del segundo estamento, considerados como el “poder arbitrario”, los delegados del Tercer Estado, único representante del pueblo, se constituyeron en Asamblea Nacional e iniciaron los debates para la reforma fiscal. Sus miembros, con el apoyo de algunos  representantes del bajo clero, se reunieron en el pabellón del “juego de la pelota” por habérseles impedido la entrada a la sala de reuniones del palacio. Allí se juramentaron para dar al pueblo una Constitución que fuera capaz de solucionar los problemas económicos, jurídicos, políticos y sociales que afectaban a la población. Luis XVI no tuvo más opción que claudicar e invitar al clero y a la nobleza a unirse a la Asamblea del Tercer Estado. 



 La desintegración del Antiguo Régimen y la Asamblea Constituyente

La Asamblea Nacional se transformó en Asamblea Constituyente el 9 de julio de 1789, ya que su fin seria redactar una Constitución que convirtiera el antiguo sistema representativo en otro en el que el pueblo llano tuviera las mismas prerrogativas que las de la nobleza y el clero. También redactó un plan que establecía las condiciones en las que se debía basar la nueva Constitución. En primer lugar formularon una “Declaración de los derechos del hombre”, para después fijar los principios de la monarquía, los derechos de la nación y los del rey, así como los derechos de los ciudadanos bajo el gobierno francés. Además, se tenía que precisar la organización y función de la Asamblea de diputados y de las Asambleas provinciales; también convenía determinar los principios y las obligaciones del Poder judicial y las funciones y deberes del militar. El rey, temiendo una revuelta popular, concentró tropas en Versalles, lo que dio lugar a las protestas de la población. La Revolución comenzó dando fin al Antiguo Régimen. 

En París se fue caldeando el ambiente, los electores populares eligieron un Comité Permanente para dar su apoyo a los representantes del Tercer Estado, mientras que los partidarios del Duque de Orleans conspiraban para derrocar a Luis XVI. Finalmente, el 14 de julio fueron asaltadas las armerías militares con el fin de distribuir las armas entre la población exaltada. A continuación, la multitud se dirigió hacia La Bastilla, que representaba la opresión del absolutismo real, se produjo la quema de la torre y una gran cantidad de muertos y heridos entre el tumulto revolucionario. El asalto de La Bastilla se conmemora en Francia como el principal triunfo de la democracia. 

La Asamblea Constituyente abolió en agosto las prerrogativas del clero y la nobleza al suprimir el diezmo y los privilegios señoriales. Los derechos feudales habían quedado abolidos y la igualdad fiscal aprobada tras establecer la igualdad civil de todos los franceses. El 26 de agosto quedó sancionada la Declaración de derechos del hombre y del ciudadano que proclamaba los principios fundamentales de “Libertad, Igualdad y Fraternidad”. En ese momento se produjo la verdadera revolución jurídica al sustituirse el concepto de absolutismo real por el de soberanía nacional. El Antiguo Régimen había quedado suprimido; comenzaba el Nuevo Régimen. 


El comité permanente se transformó en la Comuna de París, sistema de gobierno revolucionario que comenzó a regir la ciudad desde el 16 de julio de 1789 hasta 1794, sustituyendo al gobierno del ayuntamiento parisino. La Comuna de París organizó una milicia urbana, la Guardia Nacional. El ejemplo parisino se extendió por toda Francia y rápidamente los revolucionarios se fueron haciendo con los ayuntamientos. Se organizaron también milicias armadas para reprimir a los que protestaban por el cambio de poderes que se estaba produciendo. El rey, presionado por la Iglesia y por los privilegiados, se negó a firmar las decisiones tomadas por la Asamblea. No obstante, a finales del verano tuvo que sancionar los decretos cediendo a las exigencias de la Asamblea Constituyente. 

En octubre de 1789, Luis XVI, obligado por una manifestación de mujeres parisinas que fueron a Versalles para denunciar la crisis de subsistencias y la intransigencia real, se trasladó al Palacio de las Tullerías de París. La Asamblea Constituyente estableció su sede en el mismo Palacio de las Tullerías. Con la multiplicación de los disturbios por toda Francia, se produjo la huida masiva de la nobleza y de los grandes terratenientes que contemplaban atemorizados cómo las instituciones tradicionales se iban aboliendo. 

Desde julio se había impuesto el “Gran Miedo” en todo el territorio. Los campesino soliviantados por los acontecimientos y por la escasez y carestía de los alimentos, se dirigieron a los castillos y residencias señoriales para exigir los títulos de los derechos feudales. Al resistirse los señores a entregarlos, muchos de ellos fueron ahorcados y sus castillos y palacios quemados. 
Entre febrero y julio de 1790 una comisión de la Asamblea Constituyente elaboró la Constitución Civil del Clero, que suprimió las antiguas instituciones como los cabildos catedralicios y restructuró las diócesis y parroquias. Se otorgaron derechos civiles a todos los religiosos para permitirles abandonar sus cargos y convertirse en ciudadanos, sin privilegios ni regalías. 


Con esta nueva ley, Francia consiguió la desamortización y nacionalización de los bienes de la Iglesia que dependía del Estado y no del Papado. Los obispos y sacerdotes se convirtieron en “funcionarios públicos eclesiásticos” y debían jurar la futura Constitución, los que se negaron fueron perseguidos y considerados como contrarrevolucionarios. Los bienes eclesiásticos fueron vendidos a cambio de asignados, bonos de la Deuda pública emitidos por el Estado, auténtico papel moneda. Esta medida provocó la inflación y la depreciación de su valor, aunque favoreció a la burguesía porque se hizo con gran parte del patrimonio eclesiástico. 

En 1791 se aprobó la ley Chapelier que decretó la abolición del feudalismo, instauró la libertad de empresa y prohibió las asociaciones y corporaciones gremiales. Fueron suprimidos los gremios y los monopolios y quedó regulada la actividad industrial por la ley de la oferta y la demanda. Esta ley impedía a los trabajadores y a los dueños de las industrias tomar acuerdos o deliberaciones sobre pretendidos intereses comunes. 


El Papa Pío VI manifestó su rechazo a las medidas que estaba implantado Francia e instó a Luis XVI a evitar sancionar la Constitución. El rey comenzó a solicitar ayuda a las monarquías europeas para hacer fracasar la Revolución. Impulsado por el miedo y ante la tardanza de la ayuda, el 20 de junio de 1791 huyó con su familia del palacio de la Tullerías, burlando la vigilancia de la Asamblea y de la Comuna de París. 

No obstante, los miembros reales y sus seguidores fueron descubiertos y detenidos en Varennes. Inmediatamente fueron obligados a regresar a Palacio donde quedaron en arresto domiciliario. Luis XVI fue suspendido por la Asamblea de todas sus funciones. Esta huida precipitó los acontecimientos y ocasionó la consolidación de la conciencia republicana entre los revolucionarios. 

El mundo revolucionario lo constituían varios grupos políticos. El club de los cordeleros, llamados así por reunirse en un antiguo convento de los Franciscanos o “cordeleros”, era un grupo extremista liderado por Danton y Marat, considerado plenamente demócrata porque deseaba la igualdad social y exigía la supresión del régimen monárquico y la instauración de la República. Estos republicanos junto a los jacobinos, revolucionarios exaltados que tenían sus reuniones en el expropiado convento dominico de San Jacobo, incitaron a la población parisina para que se unieran a sus reivindicaciones. El 17 de julio de 1791, una gran multitud se presentó ante el “altar de la Patria” para exigir que se suprimiese la Monarquía y se instaurase la República. Asustada la Asamblea ordenó su disolución a las fuerzas del orden que cargaron contra el pueblo. “La Matanza del Campo de Marte” aumentó la división entre los moderados monárquicos y los revolucionarios demócratas. 

La Matanza del Campo de Marte
Los grupos de los revolucionarios moderados, preocupados por la situación de Francia, fueron los girondinos y los cistercienses. Los primeros, pequeños burgueses defensores de la Monarquía constitucional y procedentes en su mayoría de la región de La Gironda. Los cistercienses, monárquicos liberales, tomaron ese apodo por haber establecido su club en el expropiado convento de los monjes del Císter. Ambos procedían del club de los jacobinos pero se separaron por ser contrarios a la República. No obstante, muchos de los diputados que compusieron las diversas Asambleas en esta época revolucionaria evitaron adscribirse a los clubes políticos, siendo considerados “de centro” por colocarse en los escaños del medio del hemiciclo. 

Danton, Marat y Robespierre

La Constitución de 1791 y la Asamblea Legislativa 

El 3 de septiembre de 1791 se proclamó la primera Constitución francesa y jurada el 14 de septiembre por Luis XVI, que fue repuesto en sus atribuciones. 

La Constitución garantizaba la libertad económica al abolir los monopolios, los privilegios y los gremios e instauró el principio de libre iniciativa en la creación de empresas y en las relaciones laborales. También se reformó el sistema fiscal al crearse el impuesto directo, denominado “contribución”. Otro de los logros administrativos lo constituyó la organización del Estado con la desaparecieron las antiguas provincias y su sustitución por 83 departamentos, gobernadas por un Procurador general y un Consejo elegido por los ciudadanos activos de cada departamento. 


El régimen de Monarquía constitucional y la división de poderes quedaron establecidos en diecisiete artículos. El Ejecutivo lo ostentaba un rey con poderes recortados, como representante hereditario de la soberanía nacional. Al monarca le correspondía designar a los Secretarios y dirigir el ejército y la diplomacia; el Poder Judicial debía ser independiente y el Legislativo quedaba depositado en una Asamblea Nacional Legislativa. 

Esta nueva Cámara se encontraba integrada por 745 diputados varones mayores de 25 años, que iban a ser renovados cada dos años y elegidos por los ciudadanos “activos” entre los ciudadanos “elegibles”. Estos diputados debían tener una renta superior a la media establecida de los “activos”, grupo económico al que pertenecía cualquier contribuyente que pagara impuestos directos. Así, los ciudadanos “pasivos” no podrían intervenir en la política oficial, lo que convenía a los burgueses. 

La nueva Asamblea agrupaba 264 diputados de “derecha”, en su mayoría pertenecientes al grupo de los girondinos y al club de los cistercienses, más los 345 diputados de “centro”. Estos asamblearios carecían de adscripción política y se encontraban sentados en la parte baja de la sala, en la “Llanura”. Completaban la Asamblea los 136 delegados de la “izquierda”, los pequeños burgueses partidarios de la democracia y de la República como sistema de gobierno. La mayoría pertenecía al club de los jacobinos. 

Todos los diputados elegidos como representantes del pueblo por la Asamblea Legislativa lo eran por primera vez. La vida política se había polarizó entre los grupos asamblearios, que trataban de imponer sus ideas desde los clubes, periódicos, salones aristocráticos, etc. En el exterior, los círculos de emigrantes y los gobiernos europeos alentaban a la contrarrevolución. 

El pueblo francés continuaba sufriendo las subidas de precios, las represiones contra las insurrecciones llevadas a cabo por la Guardia Nacional y los sermones de muchos eclesiásticos que aconsejaban rebelarse contra la Constitución y el gobierno revolucionario. Los monarcas europeos decidieron unir sus fuerzas y en agosto de 1791 Austria y Prusia firmaron la declaración de Pilnitz, donde alentaban a los demás gobiernos del continente a combatir a la Francia revolucionaria. En abril de 1792, Austria y Prusia formaron la Primera Coalición e invadieron Francia con sus tropas, lo que dio lugar a que la Asamblea les declarase la guerra. El ejército francés, que todavía se encontraba dirigido por aristócratas contrarrevolucionarios, fue derrotado debido a su inferior preparación. 

jacobinos contra girondinos

La Revolución popular, la convención y el terror 

La asamblea y el pueblo culparon al rey y sus fieles del fracaso militar. Se formó la “Comuna insurreccional” para luchar contra la Monarquía. A la Comuna parisina se unieron los sans-culottes, hombres del pueblo y revolucionarios partidarios del régimen republicano que vestían el pantalón popular. El 10 de agosto 1792, una multitud provista de armas asaltó el palacio y apresó al rey y a su familia y los condujeron a la prisión del Temple, momento que aprovechó la Asamblea Legislativa para despojar a Luis XVI de todas sus prerrogativas. La población, exaltada por los acontecimientos, comenzó a asesinar a todo contrarrevolucionario, produciéndose el “Primer Terror”. 

Se decidió convocar nuevas elecciones por sufragio universal masculino, lo que produjo la disolución de la Asamblea y la elección el 20 de septiembre de 1792 de una Convención. Este cambio político renovó el entusiasmo del ejército francés que ese mismo día consiguió una gran victoria en Valmy contra los ejércitos europeos invasores. La nueva Asamblea o Parlamento se radicalizó hacia la izquierda al quedar apartados los monárquicos fieles a Luis XVI. Para dirigir la nación se formó un Consejo Ejecutivo, cuyo ministro más relevante fue Danton. 

Danton

La Convención nacional comenzó siendo dirigida por los girondinos y tuvo como primera misión redactar una nueva Constitución que declarara al Estado francés como República. Al rey se le abrió un proceso judicial para culparle de los intentos contrarrevolucionarios. El 20 de septiembre de 1792, y en contra de los dirigentes girondinos, se le consideró culpable de traicionar la Revolución. La Monarquía, como sistema de gobierno había quedado abolida, ya que el 22 de setiembre de 1792 se instituyó la República como sistema político que se fundamenta en la Constitución y en la igualdad ante la Ley de todos los ciudadanos. 

Se sustituyó la era cristiana por la revolucionaria, quedando abolido el calendario gregoriano. El 20 de enero de 1793, por escasa mayoría, la Convención decidió la inmediata ejecución del rey. 
Poco tiempo antes había comenzado a prepararse una máquina para decapitar a los reos, ya utilizada en siglos anteriores, pero ahora perfeccionada y aconsejada por el cirujano y miembro de la Asamblea Nacional, Guillotin, a quien debe su nombre. El gobierno republicano impuso la guillotina como medio más rápido de ejecución y para la pena de muerte fuera igual para todos, sin distinción de rangos ni clases sociales. 

El 21 de enero de 1793 Luis XVI fue guillotinado, dando fin así a la Monarquía constitucional. La ejecución del rey Borbón produjo el rechazo de los Estados europeos. Gran Bretaña, España, Holanda y otros países se unieron a la Primera Coalición antifrancesa. Para reforzar el ejército, la Convención ordenó una leva que provocó el levantamiento del campesinado y revueltas en las regiones más católicas, deprimidas y contrarias a la Revolución. El principal movimiento campesino armado se produjo en la región de la Vendée, secundado por monárquicos y religiosos. La Convención quedó dividida y los montañeses fueron consiguiendo poder por el apoyo de los sans-culottes, que deseaban una rápida mejora de las clases desfavorecidas. 

Decapitación Luis XVI

A la Convención girondina se le acumulaban los problemas: rebeliones, la huida de nobles y burguesía por el miedo a la guillotina, el aumento de la inflación, falta de víveres, las guerras exteriores, etc. Para paliar tantas dificultades comenzaron a crearse comités que controlarían cada aspecto social y político. 
Primeramente la Convención instituyó en marzo de 1793 el Tribunal Revolucionario Extraordinario para que las personas contrarias al régimen fueran juzgadas inmediatamente. También se repartieron por las ciudades los Comités de Vigilancia y de Seguridad General con el propósito de detectar y solucionar las insurrecciones. 

En abril, los diputados más radicales, como Robespierre, formaron el Comité de Salud Pública presidido por Danton, para perseguir, encarcelar y ejecutar a los enemigos de la Revolución y para controlar la actuación del gobierno girondino. Por su parte, éste creó la Comisión de los Doce que vigilaría y juzgaría a los perturbadores del orden público. Finalmente, el malestar general favoreció a los jacobinos, que tras hacerse con la Guardia Nacional, fueron arrestando a los diputados girondinos. El 2 de junio de 1793 comenzó el gobierno del Terror. 


Robespierre, la figura más destacada del club de los jacobinos, se puso al frente de la nueva Convención jacobina, dirigida ahora por los montañeses. Robespierre quería transformar la sociedad francesa que se basaría en los ideales ilustrados y en el radicalismo democrático fundado en la sola razón (la diosa Razón), debiendo estar dirigida por un Estado centralizado en el que todos sus habitantes fueran iguales en derechos y deberes. Robespierre intentó sustituir el Cristianismo por un culto de Estado dedicado al Ser Supremo. El comité de salud pública suprimió los últimos privilegios del clero, la nobleza y la alta burguesía, así como de juzgar y guillotinar a todos los sospechosos antirrevolucionarios. En el verano de 1793 quedó impuesta la “Dictadura del Terror”

Robespierre

También fue elaborada la segunda Constitución francesa. La Constitución del Año I (junio de 1793) no terminó de implantarse, pero ha sido considerada como la más democrática y avanzada. Recogía el sufragio universal masculino y directo, el poder ejecutivo debía ser elegido por la Asamblea entre los candidatos de los departamentos, se consolidaban los derechos de trabajo, asistencia e instrucción gratuita,obligatoriedad de la enseñanza primaria, la abolición de la esclavitud y el derecho a la rebelión. 

La nueva Constitución no resolvió los problemas de la sociedad francesa. Continuaron las insurrecciones en varios departamentos. Charlotte Corday, seguidora del club de los girondinos, asesinó el 12 de julio de 1793 a Marat, líder de los sans-culottes. A causa de este homicidio se desató el “Gran Terror” por parte de los jacobinos. Se suspendieron las garantías constitucionales y aumentaron las persecuciones. Durante el año que dominó la Convención jacobina se ajustició a la reina María Antonieta y su familia, varios revolucionarios, los diputados girondinos de la primera Convención y otros políticos como Danton y Desmoulins, partidarios de la extrema izquierda aunque contrarios a la extensión del Terror. Robespierre justificaba la represión como exigencia de la “virtud” que predicaba, y no dudó en ejecutar a destacados líderes de los sans-culottes, como Hebert. 

Sans Cullotes

Robespierre se convirtió en el “gran dictador” a finales de 1793, dominaba el ejecutivo y el legislativo. La oposición casi había sido anulada y aunque el ejército, conseguido gracias al servicio militar obligatorio, estaba cosechando triunfos contra las monarquías europeas, el elevado número de soldados había dejado al campo sin brazos. La crisis económica no terminaba de solucionarse, pese a la nueva ley de precios y salarios y la requisa de alimentos que Robespierre había decretado para evitar especulaciones ante las malas cosechas. 

En septiembre de 1793 se publicó la ley del Máximum general que fijaba los precios máximos que podían alcanzar las subsistencias y los salarios. Esta economía dirigida triunfó en ese momento y permitió alimentar a la población y al ejército, medida que propicio la aceptación del “dictador” por el pueblo francés. 

Por el contrario, la burguesía revolucionaria partidaria de la libertad económica se apartó de este gobierno que imponía todas las medidas a base del “Terror”. Robespierre con su intervencionismo político y económico dirigía todo el Estado. 

En 1794 las crisis políticas y sociales fueron en aumento. El Comité de Salud Pública fue perdiendo la conformidad de la mayoría parlamentaria, que ya estaba cansada de la represión y la intervención económica. En la Llanura, los representantes más significativos de este sector de la Convención, comenzaron a conspirar contra Robespierre y sus seguidores para hacerse con el gobierno de la Convención. El 9 de Termidor (27 de julio de 1794) dieron un golpe de Estado apresando a Robespierre y a los partidarios del terror y guillotinados inmediatamente. La República de la Virtud, patrocinada por Robespierre había finalizado. 

 9 de Termidor (27 de julio de 1794)

De esta forma se produjo otro cambio político, ahora eran los burgueses de la Llanura los que desataron lo que se ha denominado “reacción termidoriana”. Se suprimió el Comité de Salud Pública, se depuró el tribunal revolucionario y los girondinos regresaron del exilio. Se decretó la persecución contra los jacobinos dándosele el nombre de “Terror blanco”. Fue restablecido el culto católico y suprimido la ley del Máximum general, quedando restablecida la libertad de precios. Estas medidas produjeron mayor pobreza en las clases populares. La inflación y la escasez de alimentos provocada por las malas cosechas de 1795 agravaron la situación y dieron lugar a levantamientos populares que fueron reprimidos por el ejército al mando de un joven general, Napoleón Bonaparte. 


El final del final de la Revolución: El Directorio 

La tercera Constitución francesa, que supuso un amplio retroceso respecto a las dos anteriores, fue aprobada en setiembre de 1795. Sólo se mantenía la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley y el derecho a la propiedad, mientras se anulaban muchos de los derechos conseguidos en las anteriores etapas revolucionarias. 

La Asamblea de diputados fue dividida en dos cámaras: el Consejo de Ancianos, que tenía la misión de aprobar las leyes; y el Consejo de los Quinientos, encargado de elaborar los proyectos de ley que debía de ratificar el Consejo de Ancianos. 

El poder ejecutivo lo ejercía un Directorio formado por cinco miembros designados por el Consejo de Ancianos sobre una lista de diez, propuesta por el Consejos de los Quinientos. Había quedado suprimido el sufragio universal, que fue sustituido por el censitario. Se mantuvo la división de la administración territorial de la primera Constitución. 

Las reformas políticas y sociales llevadas a cabo por el Directorio no consiguieron la paz interior ni exterior y el problema financiero continuaba sin resolverse. Se produjeron varias sublevaciones contra el gobierno del Directorio, como la Conjura de los Iguales, que deseaba instaurar un régimen de tipo comunista con la supresión de la propiedad privada y el establecimiento de una administración común. Estos idealistas fueron condenados y guillotinados en mayo de 1797. 

Mientras tanto, el gobierno del Directorio tuvo que volver a la moneda metálica, acción que provocó la deflación, favorecida también por las buenas cosechas de 1796 y 1797. El déficit del Tesoro continuaba sin resolverse. Para pagar las deudas del Estado, los “directores” resolvieron recurrir a banqueros, abastecedores, especuladores, etc. y gracias a las victorias obtenidas frente a las coaliciones extranjeras, decidieron abordar una reforma financiera para reducir la deuda. También se restructuró el sistema fiscal con nuevos impuestos. 

En el exterior, gracias a su ya poderoso ejército, continuó conquistando territorios europeos. Se fundaron “Repúblicas hermanas” tributarias del Estado galo. En julio de 1798, Bonaparte fue enviado a Egipto para interceptar la colonización inglesa hacia la India. Sus tropas consiguieron la ocupación del noreste africano tras el triunfo en la Batalla de las Pirámides. Sin embargo, en agosto de ese año, la flota francesa fue aniquilada frente a Egipto por el Almirante inglés Nelson. Este éxito propició la formación de una Segunda Coalición antifrancesa compuesta por Inglaterra, Austria, Rusia, Turquía y el rey de Nápoles. En la primavera de 1799 Francia perdió toda Italia y Alemania. 

El directorio se encontraba en su fase más baja. Sus fracasos militares, administrativos y políticos incitaron a que algunos de sus directores decidieran recurrir a la fuerza del ejército para solucionar los problemas. 

Llamaron a Napoleón Bonaparte y de acuerdo con él organizaron un golpe de Estado, que se produjo el 18 de Brumario del año VIII (9 de noviembre de 1799). El triunfo de este golpe de Estado incruento puso fin a la etapa revolucionaria del Directorio e inició la del Consulado, comenzando la dominación napoleónica. 
Directorio Francés

 El difícil proceso de cambio: Alcance y trascendencia de la Revolución 

Cuando surgieron los acontecimientos revolucionarios en 1789, el Tercer Estado no pretendía derrocar a Luis XVI. El pueblo aceptó que un monarca gobernase la nación, hasta que los procesos revolucionarios fueron cambiando su mentalidad. Rápidamente, el pueblo llano asumió las ideas republicanas y el deseo de un Estado sin dirigentes privilegiados, donde todos los hombres tuviesen oportunidad de progresar. La mayoría de la sociedad francesa se fue radicalizando hacia la izquierda. En diciembre de 1792, la presión de las masas junto con la traición del rey llevaron a los diputados de la Convención a declarar la República como nuevo régimen de gobierno. 

La Revolución modificó la demografía francesa. Se produjo un retroceso de la natalidad y un aumento de la mortalidad por las sublevaciones, represiones, emigraciones, guerras, epidemias, escasez de alimentos, etc. No sólo París y las grandes urbes sufrieron enfrentamientos y revueltas, también el campo fue muy perjudicado por esas luchas, malas cosechas y la falta de brazos jóvenes. No obstante, el avance de la democracia en Francia, a partir de la instauración del nuevo régimen de gobierno, tuvo consecuencias muy positivas para el progreso mundial. El afán de Robespierre de imponer un sistema científico en todos los aspectos de la vida del hombre que pudiese mejorar y normalizar el sistema social y económico, dio como resultado la racionalización del sistema de pesos y medidas. 

A partir del triunfo de la revolución surgió la sociedad de clases que suplantó a la sociedad estamental. Esta revolución contribuyó a que en muchos de los Estados europeos del siglo XIX se proclamara la libertad e igualdad de todos los hombres ante la ley y se establecieran regímenes constitucionales cimentados en la soberanía nacional. Asimismo, fue asimilada la noción del “interés común” por encima del privado. Se consiguió pasar de la monarquía absoluta, característica del Antiguo Régimen a la división de poderes del Nuevo Régimen. 

Europa se comportó de diferente manera durante los años revolucionarios. En Suiza, Bélgica y Gran Bretaña las ideas divulgadas por Francia reavivaron lo deseos de cambio, aunque otros países como España e Italia se fueron incorporando al nuevo proceso por la fuerza de las armas francesas. En Suecia, Dinamarca, Prusia o Polonia, los gobiernos monárquicos intentaron defenderse de la influencia extranjera estableciendo sus propias reformas. En las monarquías más conservadoras como Rusia y Austria los pensamientos revolucionarios también propiciaron avances políticos. Aunque no hay duda de que fueron las tropas francesas las que propagaron las nuevas ideas y sistemas de gobierno constitucionales. 

Así, la historia de las relaciones entre Francia y Europa durante esta época ha quedado definida por el espíritu revolucionario. Los soberanos absolutistas europeos se dieron cuenta de que la única forma que tenían de frenar esa influencia consistía en la unión de todos sus ejércitos y en la total supresión del francés. 

Pero a partir de 1795 las victorias francesas hicieron que las potencias europeas comenzaran a utilizar la vía diplomática. Por el Tratado de Basilea de abril de 1795, Prusia renunció a la orilla izquierda del Rin a cambio de compensaciones en la orilla derecha. Como prolongación de este Tratado fue firmada la paz entre Francia y España el 22 de julio de 1795, acuerdo que establecía la obligación del Directorio de devolver los territorios ocupados en España y a cambio el gobierno de Carlo IV cedió a Francia la parte española de la isla caribeña de Santo Domingo. También fueron normalizadas las relaciones comerciales entre ambos países. La firma del Tratado de San Ildefonso de la Granja del 26 de agosto de 1796 entre Francia y España instauró una alianza con el Directorio para unir sus flotas y mermar el poderío de Gran Bretaña. Austria, en octubre de 1797 firmó la paz de Campoformio donde reconoció las Repúblicas establecidas por Francia. El Directorio centró sus esfuerzos en luchar contra Gran Bretaña, aunque no consiguió someterla.
Fechas
  • 1789 (5 de mayo): Apertura de los Estados Generales en Versalles.
  • 1789 (14 de julio): Asalto a la Bastilla.
  • 1789-1791: Asamblea Constituyente.
  • 1791-1792: Asamblea Legislativa (Monarquía Constitucional).
  • 1792 -1795: Primera República y la Convención (Gobierno del Terror).
  • 1795-1799: El Directorio