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domingo, 17 de noviembre de 2019

SENDERO

Camino en busca de una estrella
Cual peregrino llega al templo de su dios
Cuando la primavera debe decir adiós
A su flor más bella
Si buscas consuelo en mis versos
No encontrarás sino tristeza
En estos tiempos que tocan vivir adversos
Que intentar asaltar de mi cuerpo su fortaleza
Salgo del camino
Pues me niego a obedecer designios
De un dios mezquino
Sin corazón, sin amor y sin destino
Puede la estrella perderse en el firmamento
Puede que mis ojos se cieguen
Y que del otro lado del mundo personas lleguen
Para vivir ese momento
Pero no hallarán a un perro malherido
No a una bestia muda
Me quedaré con el beneficio de la duda
Cuando por fin me haya ido

UN ESPADACHÍN DEL SIGLO DE ORO

No era el hombre más cristiano
Tampoco el más honrado ni el más honesto
Pero era de hablar afilado
del que malvivía alquilando

su fortuna y su acero toledano
al mejor postor por unas cuentas monedas
sea cura, noble o villano
no importaba de donde fuera

Vizcaína y afilada no solo era su espada
también su lengua y su mente
Mercenario que a Dios y al diablo ayudaba
dependiendo de la bolsa de su cliente

comulgando con ruedas de molino
pues poderoso caballero es Don Dinero
a la hora de sembrar su destino
en un mundo cruel y traicionero


viernes, 18 de octubre de 2019

EL RACIONALISMO

La cuestión del conocimiento humano puede tener un sentido psicológico o un sentido lógico. Si se atribuye al pensamiento, a la razón, la única base, estará convencido de la especifidad y autonomía psicológica de los procesos del pensamiento; por el contrario, si se funda solo en la experiencia, negará la autonomía del pensamiento, incluso, en el sentido psicológico.


Si la posición epistemológica se apoya en la razón, como fuente principal, se la llama racionalismo (griego ratio= razón); afirma que un conocimiento es válido solo cuando es lógicamente necesario y universal. Y se confirma este hecho en el juicio el todo es mayor que la parte, algo que tiene que ser siempre así y en todas partes. En cambio, si afirmamos que el agua hierve a 100º,tal cosa, no siempre tiene que ser así, ya que el agua puede hervir a temperaturas superiores o inferiores; es decir, este juicio, no tiene un valor universal, sino limitado. Esto significa que este conocimiento se apoya en la experiencia. Pero si decimos que todos los cuerpos son extensos, tal condición no se basa en la experiencia, sino en el pensamiento, procede de la razón, posee una necesidad lógica y tiene validez universal, condiciones que requiere el racionalismo, porque afirma que la verdadera fuente y base del conocimiento humano, es el pensamiento.


Una forma determinada del conocimiento, el matemático, ha servido de modelo a la interpretación racionalista del conocimiento, por ser éste predominantemente conceptual y deductivo. Tal es el caso de la geometría, disciplina cuyos conocimientos se derivan de algunos conceptos y axiomas supremos: el pensamiento impera con absoluta independencia de la experiencia, siguiendo sus propias leyes.


La forma más antigua del racionalismo la encontramos en Platón, quien creía que los sentidos no pueden procurarnos un verdadero saber, sino una mera opinión, debido a que el mundo de la experiencia está en un continuo cambio. El griego superponía al mundo sensible, otro, suprasensible - el mundo de las Ideas -, el mundo de las esencias ideales metafísicas. Y agregaba que las Ideas son los modelos de las cosas empíricas, que deben su manera de ser, su esencia, a su participación en las Ideas. Según Platón todo conocimiento es una reminiscencia, lo que constituía su teoría de la anámnesis. Preconizaba que el alma había contemplado las Ideas en una existencia preterrena y que se acordaba de ellas al producirse la percepción sensible. Tal teoría no tenía ninguna significación espiritual, aunque Plotino y San Agustín han tratado con este racionalismo trascendente. Plotino coloca el mundo de las Ideas en el NUS cósmico, o sea, el Espíritu del Universo: nuestro espíritu es una emanación del cósmico.


Plotino afirmaba: La parte racional de nuestra alma es alimentada e iluminada continuamente desde arriba, idea que recoge San Agustín y le da sentido cristiano.
El Dios cristiano ocupa el lugar del NUS y las Ideas se convierten en las ideas creatices de Dios. Así, el conocimiento tiene lugar siendo el espíritu humano iluminado por Dios, porque las verdades y los conceptos son irradiados por Dios a nuestro espíritu. Aunque, hacia el final de su existencia, San Agustín reconoce que, junto a este saber de iluminación divina, existe otro, cuya fuente es la experiencia. Esto es lo que llama racionalismo teológico.


En la Edad Moderna, con Malenbranche, se intensifica este racionalismo y con Giobetti - que afirma que conocemos las cosas contemplando inmediatamente lo absoluto en su actividad creadora - denominándose este sistema: ontologismo, porque parte del Ser real absoluto. Ahora se entiende por ontologismo, en general, la teoría de la intuición racional de lo absoluto como fuente única o, al menos, principal, del conocimiento.


Otra forma de racionalismo que adquirió mayor importancia la encontramos en el fundador de la filosofía moderna, Descartes y su continuador, Leibnitz. La teoría de las ideas innatas, de Cicerón, importante en la Edad Moderna, nos dice que nos son innatos ciertos conceptos - justamente los más importantes -, los conceptos fundamentales del conocimiento, que no proceden de la experiencia, sino que representan un patrimonio originario de la razón.
El racionalismo cree poder penetrar en la esfera metafísica por el camino del pensamiento puramente conceptual: deduce de meros conceptos, conocimientos. Tal es: derivar del concepto de Dios, su existencia, o de definir, partiendo del concepto de sustancia, la esencia del alma. Justamente, este espíritu dogmático ha provocado su antípoda, el empirismo


domingo, 25 de agosto de 2019

NIETZSCHE. ALGUNOS CONCEPTOS

Hay una controversia sobre si Nietzsche abogaba por un único punto de vista de comprensión filosófica. Muchos cargan contra Nietzsche por la contradicción de sus pensamientos e ideas.
Una tesis alternativa en la contradicción de los escritos de Nietzsche es el de la perspectiva, o la idea de que Nietzsche usaba múltiples puntos de vista en su trabajo como un medio para retar al lector a considerar varias facetas de un tema. Si uno acepta su tesis, la variedad y número de perspectivas sirven como una afirmación de la riqueza de la filosofía. Esto no quiere decir que Nietzsche viera todas las ideas como igualmente válidas. Tenía aspectos en los que no estaba de acuerdo con respecto a otros filósofos como Kant. Tampoco está claro dónde se posicionaba Nietzsche en cada tema. De cualquier modo, si uno mantiene los elementos en conflicto de sus escritos como algo intencionado o no, hay pocas dudas de que sus ideas siguen siendo influyentes.

Algunos filósofos han signado al estilo aforístico de Nietzsche como el responsable de estas aparentes contradicciones en su pensamiento, llegando a decir por ejemplo que «hay tantos Nietzsches como lectores». Esta afirmación resulta excesivamente cómoda ya que sólo pretende facilitar la explicación de las contradicciones sin intentar desentrañar su sentido final.
La filosofía de Nietzsche se halla atravesada esencialmente por la herencia de la cosmología clásica, en particular por los conceptos de la cosmogonía griega. Esto es, la identificación del carácter más humano del hombre en relación con el vínculo que guarda con sus dioses. Hablamos de la dualidad de lo apolíneo contra lo dionisíaco. Nietzsche, aunque no descarta por completo la regencia de lo apolíneo en la vida como ha sido heredada, particularmente desde la modernidad, se inclina por resaltar y adoptar una postura en esta línea de lo dionisíaco. En ello consiste precisamente su crítica a la sociedad contemporánea y éste será el hilo conductor que permea de forma constante su obra y su vida.

CONCEPTOS FILÓSOFICOS CLAVES PARA ENTENDER LA OBRA DE NIETZSCHE

Nihilismo y muerte de Dios


Para Nietzsche, la sociedad se encuentra sumida en un profundo nihilismo que ha de superar si no quiere ver su fin. El nihilismo (que tiene distintas formas ) es un advenimiento de unas repetidas frustraciones en la búsqueda de significado, o más precisamente, «la desvalorización de los valores supremos». El nihilismo en Nietzsche se refiere al proceso histórico que surge en el reconocimiento de un valor sumo y termina en la asunción o reconocimiento de múltiples cosas valorables, al volverse inoperante lo que antes se mostraba como lo supremo. El nihilismo acontece en nuestro tiempo como manifestación de la ausencia de una medida única y, al mismo tiempo, como la proliferación de múltiples medidas que, en cada caso, pueden aparecer como válidas. Nietzsche ve en el despliegue del nihilismo toda fundación de cultura europea, la que surge como destino necesario de este proceso. La visión religiosa del mundo había sufrido ya un gran número de cambios por perspectivas contrarias, cayendo en el escepticismo filosófico, y en las teorías científicas evolucionistas y heliocéntricas modernas, lo que no hace más que confirmar la desvalorización de los valores supremos. A lo ya señalado, hemos de sumar una creciente presencia de lo democrático, la que se muestra como la afirmación de una individualidad independiente de Dios y acreedora de la igualdad, de la medianía. La democracia aparece, a los ojos de Nietzsche, como un momento del despliegue del nihilismo igualmente negador de la vida que los que la antecedieron. Ambas manifestaciones del nihilismo se muestran a Nietzsche como negaciones de la vida, al negar u olvidar dimensiones de la misma que, a su parecer, aparecen como constitutivas de ella e inalienables a lo que él considera vida. Estas dimensiones negadas de la vida se muestran en ámbitos tan determinantes como el constante darse del devenir y las diferencias entre los hombres.

Nietzsche ve esta condición intelectual como un nuevo reto para la cultura europea, lo que se ha extendido, asimismo, más allá de un pequeño punto de no-retorno. Nietzsche conceptualiza esto con su famosa frase, «Dios ha muerto», que aparece en la gaya ciencia y en Así habló Zaratustra. Esta frase fue dada también por Hegel veinte años antes de que Nietzsche naciera. Este aforismo, por una parte, señala el fin de eso que antes aparecía como lo imperante, y por otra, indica un terreno fértil, un terreno inexplorado, en el cual el propio Nietzsche es un colono. A partir de la frase «Dios ha muerto», Nietzsche se refiere tanto a la ceguera del pasado en tanto incapacidad de ver esto, como a la asunción de una nueva posibilidad de relacionarse con lo que es, posibilidad dada por la asunción de dicha muerte.

Nietzsche trata esta frase más que como una mera declaración provocativa, casi como una revelación, como si representase el potencial de nihilismo que arrastra el alzamiento y el progreso, en el contexto de un concepto absurdo y sin significado.

Según Nietzsche, el hombre europeo descendiente de los hiperbóreos ha de asumir la gran e inevitable consecuencia de la muerte en la sociedad occidental de Dios, del Dios judeo-cristiano, el vengativo y cruel Yahvé. La consecuencia de la muerte de Dios es que los valores vigentes en la sociedad occidental se vienen abajo ellos solos, según el nihilismo, o no se vienen abajo sino que los hombres los destruimos. Según Nietzsche la superación del nihilismo se producirá cuando el Superhombre imponga los nuevos valores de la moral de señores, destruyendo los valores de la moral de esclavos. Resumiendo, destruimos los valores de los hombres para poner en su lugar los valores del Superhombre, que ocupará el lugar de Dios.

“¿No oísteis hablar de aquel loco que en pleno día corría por la plaza pública con una linterna encendida, gritando sin cesar: “¡Busco a Dios! ¡Busco a Dios!”. Como estaban presentes muchos que no creían en Dios, sus gritos provocaron la risa. [...] El loco se encaró con ellos, y clavándoles la mirada, exclamó: ¿Dónde está Dios? Os lo voy a decir. Le hemos matado; vosotros y yo, todos nosotros somos sus asesinos. Pero ¿cómo hemos podido hacerlo? ¿Cómo pudimos vaciar el mar? ¿Quién nos dio la esponja para borrar el horizonte? ¿Qué hemos hecho después de desprender a la Tierra de la órbita del sol? [...] ¿No caemos sin cesar? ¿No caemos hacia adelante, hacia atrás, en todas direcciones? ¿Hay todavía un arriba y un abajo? ¿Flotamos en una nada infinita? ¿Nos persigue el vacío [...]? ¿No hace más frío? ¿No veis de continuo acercarse la noche, cada vez más cerrada? [...] ¡Dios ha muerto! [...] ¡Y nosotros le dimos muerte! ¡Cómo consolarnos nosotros, asesinos entre los asesinos! Lo más sagrado, lo más poderoso que había hasta ahora en el mundo ha teñido con su sangre nuestro cuchillo. ¿Quién borrará esa mancha de sangre? ¿Qué agua servirá para purificarnos? [...] La enormidad de este acto, ¿no es demasiado grande para nosotros?” Friedrich Nietzsche en La Gaya ciencia.

«Moral de señores» y «moral de siervos»

Nietzsche pensaba que había dos clases de hombres: los señores y los siervos, que han dado distinto sentido a la moral. Para los señores, el binomio «bien-mal» equivale a «noble-despreciable». Desprecian como malo todo aquello que es fruto de la cobardía, el temor, la compasión, todo lo que es débil y disminuye el impulso vital. Aprecian como bueno, en cambio, todo lo superior y altivo, fuerte y dominador. La moral de los señores se basa en la fe en sí mismos, el orgullo propio.

Por el contrario, la moral de los siervos nace de los oprimidos y débiles, y comienza por condenar los valores y las cualidades de los poderosos. Una vez denigrado el poderío, el dominio, la gloria de los señores, el esclavo procede a decretar como «buenas» las cualidades de los débiles: la compasión, el servicio —propios del cristianismo—, la paciencia, la humildad. Los siervos inventan una moral que haga más llevadera su condición de esclavos. Como tienen que obedecer a los señores, los siervos dicen que la obediencia es buena y que el orgullo es malo. Como los esclavos son débiles promueven valores como la mansedumbre y la misericordia. Critican el egoísmo y la fuerza.

Enfoque etimológico

La crítica de Nietzsche a la moral tradicional se centraba en la tipología de moral de «amo» y de «esclavo» y en la descripción de la dinámica que generan; esta dinámica o dialéctica debe ser conocida por los «espíritus libres» para conducir a la humanidad a su superación: una sucesión de continuas superaciones — la moral deja de ser algo cerrado para ser visto como una dinámica de morales yuxtapuestas y reconocibles en la dinámica de las lenguas. Examinando la etimología de las palabras alemanas gut («bueno»), schlecht («malo») y böse («malvado»), Nietzsche sostuvo que la distinción entre el bien y el mal fue originalmente descriptiva, o sea, una referencia amoral a aquellos que eran privilegiados (los amos), en contraste con los que eran inferiores (los esclavos). El contraste bueno/malvado surge cuando los esclavos se vengan convirtiendo los atributos de la supremacía en vicios. Si los favorecidos (los «buenos») eran poderosos, se decía que los sumisos heredarían la Tierra. El orgullo se volvió pecado. Caridad, humildad y obediencia reemplazaron competencia, orgullo y autonomía. Clave para el triunfo de la moral de esclavo fue su presunción de ser la única verdadera moral. La insistencia en la absolutidad (Absolutheit) es esencial tanto en la ética religiosa como filosófica. Aunque Nietzsche dio una genealogía de la moral de esclavo y de amo, siempre sostuvo que esta genealogía era una tipología ahistórica de rasgos en toda persona.

Voluntad de poder

La voluntad de poder(der Wille zur Macht) es un concepto altamente controvertido en la filosofía nietzscheana, generando intenso debate e interpretaciones varias, algunas de las cuales, como la notoria interpretación dada por los intelectuales nazis, fueron intentos deliberados de justificación de tácticas políticas.

Una manera de abordar este concepto es por medio de la crítica nietzscheana a la teoria darwiniana de la evolución. Nietzsche veía en los instintos una fuerza que iba más allá del sólo impulso a sobrevivir, protegerse y reproducirse de todos los seres vivos, de sólo ser esto la vida se estancaría. La supervivencia era una de las consecuencias de un deseo aún mayor, impulso hacia una supravivencia, un deseo perpetuo de todo ser vivo por ir más allá de todos, el todo y hasta más allá de sí mismo, más allá de la muerte. Este impulso irracional o deseo perpetuo por expandirse impreso en cada ser es lo único que da sentido a la existencia, paradójicamente «razón de ser» y es la fuerza principal dentro de la visión trágica o dionisiaca de Nietzsche.

Las teorías posteriores de Freud respecto al inconsciente probablemente fueron inspiradas en gran parte por los conceptos de lo Dionisíaco y la voluntad de poder, las cuales Freud relacionó a los instintos sexuales primitivos, por encima de cualquier otro instinto, y su represión y control excesivo por el consciente o parte Apolínea del ser como generadores de la histeria y otras dolencias.

Amor fati y eterno retorno

La idea del eterno retorno ha sido tratada como un concepto importante en Nietzsche por muchos, aunque no en todos los intérpretes.

Nietzsche encuentra la idea en los trabajos de Heinrich Heine, quien especulaba que llegaría el día en el que la persona volvería a nacer con el mismo proceso de él mismo, y con el mismo en todas las demás personas. Nietzsche expandió este concepto para formar su teoría, la cual resaltó en La gaya ciencia y desarrolló en Así habló Zaratustra. En las lecturas de Nietzsche sobre Schopenhauer, le saltó la idea del eterno retorno. Schopenhauer sentenciaba que una persona que firmara en la vida incondicionalmente lo haría incluso si todo lo que le había pasado le ocurriera de nuevo de forma repetida.

En unas pocas ocasiones en sus notas, Nietzsche discurre la posibilidad del Eterno retorno como verdad cosmológica (véase el libro de Arthur Danto Nietzsche como filósofo para un análisis en detalle de estos esfuerzos), pero en los trabajos que él preparó para publicar está tratado como el método más vanguardista de afirmación de la vida. Según Nietzsche, requeriría un sincero Amor fati («Amor al destino»), no simplemente para sobrellevar, sino para desear la ocurrencia del eterno retorno de todos los eventos exactamente como ocurrieron, todo el dolor y la alegría, lo embarazoso y la gloria, esta repetición, más de emociones y sentimientos que de hechos, es lo que configuraría el tipo y la raza universal y global del por venir, no como una raza de las ya existentes, sino como una posibilidad abierta del hombre inacabado como especie genética y lingüística que debe ser perfilada por el eterno retorno de la superación de sus previos pensamientos y hechos.

Nietzsche menciona la idea de lo «horrible y paralizante», y también mantiene que la carga de esta idea es el peso más pesado imaginable (Das schwerste Gewicht). El deseo del eterno retorno de todos los eventos marcaría la afirmación de la vida definitiva.

Según algunos intérpretes, el eterno retorno es más que el mero concepto intelectual o reto, refleja una Kōan, o una característica psicológica que ocupa la estimulación consciente etérea, una transformación de consciencia conocida como metanoia.

Alexander Nehamas escribió en Nietzsche: vida como literatura que hay tres maneras de ver el eterno retorno: (a) Mi vida volverá del mismo modo. Esto es una aproximación fatalista a la idea; (b) Mi vida puede ocurrir del mismo modo. Esta segunda visión es una aserción condicional de cosmología, pero falla al captar lo que Nietzsche se refiere en La gaya ciencia; (c) Es mi vida por re-ocurrir, entonces podría re-ocurrir sólo en idéntico modo. Nehamas muestra que esta interpretación es totalmente independiente de la física y no presupone la verdad de la cosmología. La interpretación de Nehamas es que los individuos constituyen ellos mismos a través de las acciones y la única manera de mantenerse a ellos mismos como son es vivir en una reocurrencia de acciones pasadas.

El Eterno retorno cumple pues dos funciones en la filosofía de Nietzsche. La primera es remarcar el amor a la vida. Los cristianos postulan un paraíso, Platón el mundo de las ideas. Nietzsche dice que después está otra vez la tierra, el mundo: porque no hay nada más. Por otro lado cumple una función ética. Quien acepta el Eterno Retorno, se previene y acepta sus actos. Con el dolor que puedan contraer, con el placer que puedan conllevar: no hay lugar para el arrepentimiento.
El Superhombre

El hombre es un ser incompleto, pues todo animal da lugar a algo superior. Es un puente entre el simio y el Übermensch (término que ha sido traducido con frecuencia, aunque no con excesiva fortuna, como «superhombre» o «suprahombre», existiendo autores que prefieren su traducción como "ultrahombre"). El hombre es, por tanto, algo que debe ser saltado, superado. El Superhombre es aquel ser que tiene una moral de nobles, es un noble, y acepta la voluntad de poder: es un hombre legislador, él crea sus propias normas, morales y de todo tipo, además es un hombre que somete las cosas a su voluntad, es un hombre vital: ama la vida y este mundo. Además es un ser que acepta el Eterno Retorno, pues cuando toma una decisión realmente la quiere tomar, y no se arrepiente de sus actos. Sabe que la vida es en parte dolor y en parte placer, pero no reniega de ello.

Hay controversia sobre qué o a quién consideraba Nietzsche como Superhombre. No sólo hay cierta base para pensar que Nietzsche era escéptico sobre la identidad individual y la noción de sujeto, sino que habría un ejemplo concreto del Superhombre como algo nuclear. Las interpretaciones modernas de Nietzsche, especialmente después del trabajo de Walter Kaufmann, sugieren que la visión de Nietzsche sobre el Superhombre está más en línea con el concepto de hombre renacentista, como Goethe o Da Vinci. Pero Nietzsche ve al niño como el verdadero Superhombre, este que es inocente, cree en su propia moral, sigue sus propios valores.

Normalmente se traduce como «superhombre»; sin embargo esta traducción es errónea ya que el prefijo alemán über significa «superior» como adjetivo, o «sobre» (como el over inglés). Además Mensch significa «humano», «persona», esto es, «hombre» en términos de especie, y no de sexo. En castellano puede dar lugar a equívocos si se lo lee con mala intención. Por lo tanto, la traducción más correcta al castellano sería «suprahumano» o "lo sobrehumano", pero en el uso más convencional sería «suprahombre», o bien, «ultrahombre», tal como el filósofo Vattimo lo ha sugerido.

Siempre debe recordarse que el concepto se contrapone a cualquier término sexista y al de el «último hombre», el que presenciará el gran mediodía que representa el último paso de superación del hombre moral y septentrional, y la etapa final del nihilismo. Es en este sentido en que debe entenderse al super-hombre como uno de los objetivos nietzscheanos, y no como una «calidad» a la que se pueda acceder, o una «categoría» que se pueda obtener.
La cristiandad como institución y Jesús

En su libro llamado El Anticristo, Nietzsche escribe sobre cómo la cristiandad se ha convertido en una ideología establecida por instituciones como la Iglesia, y cómo las iglesias han fallado a la hora de representar la vida de Jesús. Es importante, para él, distinguir entre la religión de la cristiandad y la persona de Jesús. Nietzsche explicó la religión cristiana como si fuera representado por iglesias e instituciones a las que llamaba su «transvaloración» (del alemán Umwertung) de los valores instintivos saludables. Transvaloración es el proceso por el cual el significado de un concepto o ideología puede ser puesto al revés de lo expresado por su etimología. Fue más allá del pensamiento de los agnósticos o ateos de la Ilustración, quienes sentían que la Cristiandad era simplemente falsa. Él afirmaba que ha podido ser deliberadamente infundida como una religión subversiva (como un arma psicológica subversiva) dentro del Imperio Romano por el apóstol Pablo como una forma de cobrar venganza por la destrucción romana de Jerusalén y el Templo durante la Guerra Judía.

Nietzsche contrasta a los cristianos con Jesús, a quien admiraba de gran modo. Nietzsche argumenta que Jesús transcendió las influencias morales de su tiempo creando su propio sistema de valores. Jesús representaba un paso hacia el Übermensch. Al final, Nietzsche clama sin embargo: en contraste con el suprahombre, quien abraza la vida, Jesús negaba la realeza en favor de su «Reino de Dios». La negación de Jesús para defenderse a sí mismo, y su muerte, eran consecuencias lógicas de su desajuste de sistema de ideas. Nietzsche entonces analizó la historia de la Cristiandad, descubriendo una distorsión progresiva de modo grotesco de las enseñanzas de Jesús. Él critica a los primeros cristianos por convertir a Jesús en un mártir y la vida de Jesús dentro de la historia de la salvación de la humanidad como motivo para dominar a las masas, encontrando a los apóstoles cobardes, vulgares y resentidos. Argumenta que las sucesivas generaciones malentendieron la vida de Jesús, mientras la influencia de la cristiandad crecía. En el siglo XIX, Nietzsche concluye, la cristiandad se ha vuelto tan mundana para hacerse una parodia de sí misma, una total manipulación que ha sufrido desde que murió Cristo. Por eso sentenció, en una de sus frases más conocidas: "El último cristiano murió en la cruz", refiriéndose a que nadie siguió las enseñanzas de Cristo, y que Pedro y los que siguieron con la doctrina cristiana sólo hicieron negocio con la figura de Cristo, por lo tanto, él ha sido el único cristiano (al ser el Cristo).

NIETZSCHE Y LA ÉTICA

Nietzsche aborda la ética desde diferentes perspectivas. En términos de hoy en día, podemos decir que sus obras tocan los ámbitos de la metaética, la ética normativa, y la ética descriptiva.

En lo referente a la metaética, Nietzsche puede ser clasificado quizá como un escéptico moral. Esto es en la medida en que afirma que todas las sentencias éticas son falsas, porque cualquier tipo de correspondencia entre sentencias morales y hechos es ilusoria y mendaz. Esta afirmación forma parte de aquella otra más general según la cual no existe una verdad universal, pues ninguna corresponde a la realidad más que de una forma aparente. En realidad, las afirmaciones éticas, como todas las afirmaciones, son meras interpretaciones como mínimo siempre parciales sobrepuestas a la realidad, fundamentalmente ininterpretable.

A veces, Nietzsche puede parecer tener opiniones muy definidas en lo que es moral e inmoral. Hay que notar, no obstante, que las opiniones morales de Nietzsche se pueden explicar sin atribuirle la afirmación de que son ciertas. Según Nietzsche, no necesitamos descartar una afirmación simplemente porque sea falsa. Al contrario, a menudo afirma que la falsedad es esencial para la vida. Curiosamente, en sus discusiones figuradas con Wagner en El caso Wagner menciona la mentira deshonesta, como opuesta a la mentira honesta. Posteriormente menciona a Platón como referente sobre ésta última. Esto debería dar una idea de los múltiples niveles interpretativos, a menudo aparentemente paradójicos si no se toman las debidas cautelas hermenéuticas, de su trabajo.

En la disyuntiva entre ética normativa y ética descriptiva distingue entre la moral de señor y la moral de esclavo. Aunque reconoce que es muy difícil encontrar un ejemplo real de alguien que mantenga una u otra moral pura sin algún tipo de yuxtaposición (de hecho era consciente de estar haciendo historia al vislumbrar «genealógicamente» esta distinción), las presenta, a lo largo de la historia y actualmente en tanto que pulsiones humanas atemporales, una en contraste de la otra. Algunos de estos contrastes de una moral frente a la otra son:
  • Interpretación de lo «bueno» y lo «malo» en oposición a la interpretación de lo «bondadoso» y lo «malvado».
  • Moral de la aristocracia frente a la moral del rebaño, de los esclavos, los oprimidos, los rencorosos por constitución.
  • Determinación de valores independientemente de fundamentos predeterminados (Naturaleza) por oposición a valores establecidos sobre fundamentos determinados previamente y no discutidos (dogma).
Estas ideas fueron elaboradas en su libro La genealogía de la Moral, en el cual además introdujo el concepto clave del resentimiento como base de la moral del esclavo.

También es conocido como hemos dicho por su frase Dios ha muerto, mientras en la creencia popular se cree que es Nietzsche de donde procede esta frase, es puesta en verdad en boca de un personaje, un hombre loco, en La gaya ciencia. Fue más adelante dicha por el Zaratustra de Nietzsche. Estas frases malinterpretadas no proclaman una muerte física, sino un final natural a la creencia de dios. Está altamente malentendido como una declaración de regocijo, cuando es descrito como un lamento trágico por el personaje de Zaratustra.

Dios ha muerto es más una observación que una declaración. Nietzsche no dio argumentos para el ateísmo, sino meramente observó que, para todos los efectos prácticos, sus contemporáneos vivían como si Dios estuviera muerto. Nietzsche creía que esta muerte minaba los fundamentos de la moral y que acabaría por desembocar en el más completo nihilismo y relativismo moral. Para evitar esto, él creía en la revaluación de los fundamentos de la moral para comprender mejor los motivos y orígenes subyacentes de los primeros. De esta manera los individuos podrían decidir por sí mismos si un valor moral es obsoleto o está desviado por imposiciones culturales o quieren realmente tomar ese valor como cierto.

NIETZSCHE Y LA POLÍTICA

Mientras un aire político fue fácil de ver en los escritos de Nietzsche, su trabajo no está de ningún modo pensado para ser un panfleto político. La influencia que Nietzsche ejerció sobre la política de la "nueva derecha" fue realmente extensa. Afirmó que el poder de un sistema es signo de falta de integridad, no propuso un sistema de gobierno específico como solución, y nunca se vinculó a sí mismo con movimientos de masas, organizaciones sociales o partidos políticos. En este sentido, Nietzsche casi podría ser llamado un pensador anti-político. Walter Kaufmann enfatiza la visión de que el poderoso individualismo expresado en sus escritos sería desastroso si se practicara en las bases reales de los políticos. Escritores posteriores, guiados por la izquierda intelectual francesa, han propuesto maneras de usar la teoría nietzscheana en lo que se ha llegado a conocer como las políticas de diferencias, en especial formulando teorías sobre resistencia política y sobre diferencias sexuales y morales.

Revisando ampliamente los escritos de Kauffmann y otros, el espectro del nazismo ha sido hoy en día casi extinto de sus escritos. Nietzsche a menudo se refería como «el rebaño» a los participantes de los movimientos de masas que comparten una psicología común de la masa. Valoraba el individualismo y el lenguaje como obra común que nos construye, y era en especial opuesto a la pena y el altruismo, pero consideraba sus obras como regalos a la humanidad (una de las cosas que más detestaba de la cristiandad era su énfasis en la piedad y como esto supuestamente elevaba a los de mente débil). Despreciaba al Estado moderno, Nietzsche también habló negativamente de demócratas y socialistas y dejó claro que sólo ciertos individuos podían romper la moral del rebaño. Pero son sus propias palabras las que deberían alejar cualquier sospecha de simpatía con el nazismo:

"Nosotros no amamos a la humanidad, pero también estarnos muy lejos de ser lo bastante alemanes (en el sentido en que hoy se emplea la palabra) para convertirnos en voceros del nacionalismo y de los odios de razas, para regocijamos con las aversiones y el modo de hacerse mala sangre los pueblos, a que se debe que en Europa se atrincheren unos contra otros cual si quisieran separarse con cuarentenas. [...] Nosotros, los sin patria, somos demasiado variados, demasiado mezclados de razas y de origen para ser hombres modernos, y por consiguiente, nos sentimos muy poco inclinados a participar en esa mentida admiración de sí mismas que hoy practican las razas y en ese descaro con que hoy se ostenta en Alemania, a modo de escarapela, el fanatismo germánico, ... " La gaya ciencia, § 377 

Al pueblo se refería como "perro de fuego". En Zaratustra desarrolla esta idea como fuerzas dinámicas de las que hay que tomar partido en el desarrollo histórico. El perro de fuego representa los ideales populares por diferenciarse de otros pueblos. En "De viejas y nuevas tablas" desarrolla también la idea de cómo ciertos valores morales acaban por ser institucionalizados en normas de domesticación y a eso llaman nacionalismo... ¡domesticar a favor del estado al perro de fuego que cometió esos desmembramientos de cabeza y dio su apoyo popular a Napoleón! Sólo el individuo alienado de las masas puede comprender su situación con respecto al resto.


NIETZSCHE Y LAS MUJERES

Los comentarios de Nietzsche sobre las mujeres han provocado una gran polémica. El hecho de que Nietzsche también ridiculizara a los hombres y a la masculinidad no le salva de la carga del sexismo. Sin embargo, las mujeres con las que tuvo contacto dijeron que era admirable y que trataba sus ideas y consideraciones con más respeto del esperado en un hombre educado en ese período. Muchos comentarios de Nietzsche sobre las mujeres y los hombres deberían ser leídos a la luz de su revaluación de la moral y de su deseo de evolución del individualismo. Además, algunas de sus afirmaciones sobre las mujeres parecían prefigurar la crítica del post-feminismo contra las versiones primerizas del feminismo, particularmente aquellas que afirman que el feminismo ortodoxo discrimina a las propias mujeres en función de su posición social privilegiada. En este contexto, el pensamiento de Nietzsche ha sido relacionado con el opúsculo de Schopenhauer «Sobre las mujeres» , habiendo sido muy probablemente influenciado por él en algún grado.

La visión de Nietzsche de la mujer no se centra en el papel de madre en potencia sino en la participación de la mujer en la construcción por su propio destino, definir la identidad de las mujeres le compete a las propias mujeres y no a los hombres. Tal vez por eso no quiso explicar su concepto de mujer. Deja a su esperanza decir «¡Quizá tendré al suprahombre en mis entrañas!» («Las jóvenes y las viejas» de Así Habló Zaratustra, libro I, sec. 18).

sábado, 3 de agosto de 2019

MARCEL PROUST

En pocas oportunidades, el lector llega a conocer aspectos de la vida de un autor que admira, pese a que estos conocimientos , le ayudarían a comprender mejor su obra. En el caso de Marcel Proust, a los 21 años, sus biógrafos lo describen como un joven agradable y conocido de sociedad que, a la vez, era excéntrico, frágil de salud, víctima de agobiantes alergias, y que solo apoyado en medicinas y en una voluntad decidida, logró vivir lo suficiente como para escribir "En busca del tiempo perdido", que no es un solo libro, sino un trabajo continuado, formado por 16 libros, sin duda, una de las mejores obras literarias del siglo XX.


Se le ha comparado con Fabre, porque éste analizó las sociedades de los insectos, lo que Marcel hizo con la sociedad humana., pero él no lo hizo como un observador imparcial sino se convirtió en un comentador analítico; también, fue comparado con Bergson que consideraba el tiempo como una fuerza creadora, pero, Proust, más bien calificó al tiempo como una fuerza destructora y en cuanto a la comparación con Joyce, la diferencia radica en que éste es subjetivo, mientras que las asociaciones de Proust no son libres, sino estrechamente ligadas a una cadena de recuerdos. Además, puede decirse que la obra de Marcel Proust, es una autobiografía de inusitada vastedad y, por cierto, una obra maestra de sensibilidad.


Proust nació el 10 de julio de 1871 en Auteuil, un elegante suburbio rural de París. Su familia pertenecía a la alta clase media. Su padre, el doctor Adrien Proust, no sólo ejercía la Medicina, sino que era profesor de la Escuela de Medicina de París y figura prominente del cuerpo médico francés. Su madre era Jéanne Weil, una bella y culta judía alsaciana, que adoraba y mimaba a su pobre hijo desvalido. Robert, el más joven, heredó la robusta salud, la profesión y el gran sentido común de su padre; Marcel, dos años mayor, heredó los nervios y la sensibilidad enfermiza de su madre. A los nueve años padeció un ataque, diagnosticado como asma y que sucesos ulteriores contribuyeron a agravar. Proust se convirtió en un asmático crónico, un ser medio inválido que siguió siendo -quiso seguir siendo- un enfermo toda su vida. Se apegaba apasionadamente a su madre. En uno de los momentos más conmovedores de El camino de Swann, la primera parte de En busca del tiempo perdido, es la gran tristeza que experimenta el autor, cuando niño, motivada porque su madre había olvidado darle el acostumbrado beso a la hora de dormir, el cual, sin poder dormir, proyecta enviarle una nota para que se la deslicen en la mano de su madre durante la comida En La Introducción, escribe "Tanto amaba aquella despedida que llegué al extremo que se prolongara el rato de expectación durante el cual aguardaba la aparición de mi madre. A veces, cuando, después de haberme besado, abría la puerta para irse, ansiaba pedirle que volviera a mi lado, para decirle "bésame otra vez". Pero yo sabía que esto le iba a desagradar, ya que el miramiento que tenía con mi desgracia y su inquietud por ella, siempre molestaba a mi padre, quien consideraba absurdas todas aquellas ceremonias y el verla disgustada me robaba la tranquilidad que me infundía un momento antes, al inclinar su adorable cabeza sobre mi cama, y acercármela como una hostia, para el acto de la comunión en que mis labios bebían con deleite la sensación de su presencia real, y con ella la posibilidad del sueño"


Hay poca diferencia entre el Yo de la novela autobiográfica y el "Marcel" de la vida real. Cuando fue hombre, Proust frecuentemente se dirigía a su madre en el mismo tono quejumbroso y angustiado de niño dolorido. Este es un ejemplo:"La verdad -escribía en una carta a su madre, -después que ella le había amonestado por llevar una vida que no sólo era frívola, sino peligrosa que, tan pronto como me siento mejor, mi género de vida, que me ayuda a mejorar, te irrita. No es ésta la primera vez. La otra noche agarré un resfriado -si se convierte en asma, estoy seguro de que serás benigna, nuevamente conmigo. Pero es algo triste no tener salud y cariño al mismo tiempo." El acento de mortificación frecuentemente se une en Proust a una mezcla de histeria reprimida y propia conmiseración.

Marcel fue criado y educado casi exclusivamente por su madre. Ella trató de fortalecer su espíritu incitándole al trabajo -era muy perezoso para sus lecciones-, pero siempre que le regañaba. Si Marcel tenía un prolongado ataque de tos, su madre se veía obligada a abandonar el papel de preceptora trocándolo por el de enfermera. .Él se retiraba a la biblioteca, donde convertía la vida en literatura; se decía que tragaba los libros y leía a la gente. Esperaba con ansiedad las épocas en que su familia veraneaba en Illiers, donde había una gran biblioteca en casa de su padre. Entretanto recibía una instrucción irregular.

A los 21 años, Proust era un joven de sociedad, agradable y muy conocido. Era como su madre, de tez morena aceitunada, de lustroso cabello negro y soñadores ojos negros "embrujadamente expresivos". Una sonrisa continua, agradable y acogedora se dibujaba en sus labios y su risa estallaba al menor pretexto. Daba la impresión de un niño muy crecido, indolente y extremadamente observador. De constitución delicada, por sus modales tímidos y afeminados, se convirtió en favorito de las damas de mayor edad. Hizo su aparición en el exclusivo mundo de la aristocracia en el salón de madame Geneviève Strauss, que había sido esposa del compositor Bizet y madame Arman de Cailavet, provocativa inspiradora de Anatole France.

Proust tenía 25 años cuando publicó su primer volumen Les plaisirs et le tours, que tuvo el prefacio que obtuvo de France madame Caivallet. La dedicatoria, decía: "A mi amigo Willie Heath, muerto en París el 3 de octubre de 1893". Entonces, Proust tenía 22 años, y su dolor fue tan grande que, pasados tres años, describía de la siguiente manera a su compañero, con el que se solía encontrar en el Bois:
"Acostumbrábamos vernos por las mañanas; tú, que me habías visto llegar, esperándome bajo los árboles, permanecías allí, descansando, como uno de los jóvenes señores que Van Dyck gustaba pintar. Parecías participar de su pensativa elegancia…, pero si el aire distinguido de tu porte pertenecía al arte de Van Dyck, tenías más de Vinci, por la intensidad misteriosa de tu vida espiritual. Frecuentemente, con tu dedo levantado, tus impenetrables ojos, y sonriente en la contemplación de algún enigma que no revelabas, me parecías el joven Juan Bautista de Leonardo. En aquella época teníamos el anhelo, casi el proyecto, de vivir cada vez más próximos el uno del otro, en un ambiente de comprensión y de hombres y mujeres magnánimos, protegidos por ellos de los vulgares ataques de la maldad y de la estupidez… Demasiado débil para desear el bien, demasiado respetuoso para disfrutar del mal plenamente, conociendo solo el sufrimiento, he tenido el valor de hablar de ellos con lástima suficiente para publicar estos ligeros esbozos".


Marcel era bondadoso, delicado y agradecía el más insignificante favor y la menor atención, y cuán terrible e insensata tristeza le invadía si se sentía mortificado, o creía que debía sentirse herido. Le gustaba la compañía de las muchachas, así como de los jóvenes -ya que no podía practicar ningún deporte tan agitado como el tenis, gustaba de planear sus excursiones campestres-, pero ninguna muchacha tomó en serio sus atenciones, y sus compañeros únicamente fingían estar celosos de él, para halagarlo.

Cierto es que el constante cariño por su madre, hizo que su vida emocional fuera equívoca, en cambio. no hubo vacilación en su vida intelectual. Sabía que iba a ser escritor, aun antes de ponerse a escribir. Después de cumplir los veinte años, formó parte de un grupo que, cultivado en los salones de madame Strauss, floreció en una pequeña revista: Le Bouquet. Tenía algo del valor y algunas de las pretensiones del The Yellow Book.

Antes de alcanzar los treinta años Proust mostró tendencia a destruirse a sí mismo. Casi derrotado por una desesperada disyuntiva, vacilaba entre la pureza y la necesidad. Por una parte, deseaba hablar y escribir con franqueza, pero se daba cuenta de la exigencia social de recatarse y sufrir la lucha entre lo que quería revelar libremente y lo que debía ocultar al público, a sus padres y hasta a él mismo. Su vida cotidiana, en esta situación era muy difícil. Vivía ocasiones y momentos en que le resultaba literalmente difícil hasta respirar. Con la muerte de su padre, sucedida en 1903, y la de su madre, dos años después se volvió un hipocondríaco y fue muy desgraciado. La muerte de su madre fue un golpe del cual nunca se recobró. Proust se volvió un huérfano desamparado a los 34 años y se sintió hasta el fin de sus días como un niño abandonado.

Durante la producción de su gran obra, Marcel se encerró, aislándose como un neurasténico, cuyos nervios de irritaban por las cosas más nimias, como los ruidos de la calle, el polen de los árboles, incluso, se sentía afectado por la luz del día. Para evitar escuchar los ruidos, amortiguó con corcho la habitación que ocupaba y las ventanas las cubrió de celosías para evitar la entrada de la luz del sol. En el invierno, dormía completamente vestido y aun, en verano se forraba con un jersey, medias, gorro de dormir, guantes y bufanda. Permanecía en cama por más días, los frascos de medicinas y los pomos vacíos estaban esparcidos por todas partes, mezclados con sus manuscritos. Y en un desorden completo, reposaban los veinte grandes cuadernos que contenían las últimas partes de su obra.

Viviendo a costa de analgésicos y falsos estimulantes, su situación empeoró rápidamente. Tenía que tomar narcóticos para descansar; y, después de dormir tres días merced al veronal, se requería la adrenalina y la cafeína para que permaneciera despierto. A los cincuenta y un años contrajo una pulmonía, pero no quiso llamar al médico. Su hermano, el doctor Robert, tuvo que valerse de la fuerza para atenderle. Proust se negaba a hablarle y desechaba los medicamentos, quejándose de que él tenía que trabajar. Su última hora la dedicó a corregir pruebas. Sobre todo, quería hacer unas modificaciones a su descripción del escritor moribundo, Bergotte, "porque -decía- tengo que hacer varios retoques, ahora que me encuentro en el mismo predicamento".

Proust estaba listo para comenzar su gran obra. Había sabido granjearse el favor de la alta sociedad. Su encanto y afabilidad, reforzada por su reputación de autor de agradables trivialidades, despertaron el interés del conde Robert de Montesquiou, el degenerado que era la comidilla del día, ante el cual se hu­milló, y de la princesa Matilde, sobrina de Napoleón, a cuyos pies se arrodilló literalmente besándoselos. No le importaba ser servil, si con ello conseguía su propósito. Inmoderamente ambicioso y extraordinariamente curioso, Proust lo observaba todo y no olvidaba nada. Sus recuerdos de niño abandonado se convirtieron en una leyenda de decadencia y desintegración universal. Las horas muertas y los momentos magníficos, los maliciosos rumores difamadores y las aventuras francamente escandalosas, lo inocente y virtuoso y lo cínico y vicioso, se mezclaban promiscuamente. 

Imperceptiblemente cambiaban las proporciones, transformada en vasto ejemplo del desmoronamiento de las barreras de clase, la lenta compenetración de la poderosa burgue­sía y la decadente aristocracia. Con un ligero disfraz, Proust incluyó a todas las personas que conoció en su Recuerdo de las cosas de antaño. El infame conde Robert de Montesquiou fue el modelo que tomó para el siniestro barón Palamede de Char­lus; ambos· se jactaban exageradamentede sus tiempos, y eran francamente pervertidos, y no se avergonzaban de su indiscri­minada homosexualidad. Charles Haas, el banquero amigo de la familia, se convertía en el misterioso, estoico y admirable Charles Swann. El ama de llaves de Proust, Céleste Albarret, era el prototipo de la sabia criada campesina, Francoise. Proust negó que éstos, como sus otros personajes, hubieran sido toma­dos de la vida real, y sostenía que todos eran imaginarios; pero no hay casi duda de que estos retratos fueron dibujados, reto­cados y, posiblemente, alterados, sirviéndose de modelos vivos.

Elogiado por la exactitud de sus menores detalles, Proust se negaba a aceptar el cumplido. "Aun aquellos que quedaron impresionados favorablemente -escribía- me felicitarán por la exactitud "microscópica" con que (los detalles) los había mos­trado, cuando, por el contrario, yo había empleado un telesco­pio para revelar cosas que parecían ser tan pequeñas debido sólo a que se encontraban a gran distancia, y eran, en realidad, un mundo, cada una de ellas."

Sólo hay un personaje que no llega a convencer jamás: la joven Albertine, de la que el narrador está perdidamente ena­morado, defrauda al lector por la misma razón que defraudó a su creador. Aunque se pretendió que fuera un enigma, es tan sólo un sustituto sintético. Albertine es descrita como una les­biana típica que acepta los regalos de su amante, su protección y su casa, pero que le traiciona burlando su imperiosidad y engañándole a cada oportunidad que se le brinda. Si uno se imagina a la Albertine real como un homosexual y no como una lesbiana, el fracaso de Proust se comprende, si bien no se justifica del todo. "Está generalmente admitido que esa historia alude -escribe Charlotte Haldane-, en efecto, a un muchacho joven con el que el narrador pudo tener algún enlace sentimental." Como la mayor parte de los personajes de Proust son retratos combinados de varios personajes reales, es posible que hubiera más de un "Albert". Pero si recordamos que la imagi­naria Albertine murió en un accidente automovilístico, cobra gran relieve un ensayo que Proust escribió en 1919. Parte del ensayo se refiere a Agostinelli, chofer de Proust (después su secretario), y contiene esta nota aclaratoria: "No podía prever que siete u ocho años más tarde este joven me pediría que se le permitiese publicar uno de mis libros, y que aprendería a volar bajo el nombre de "Marcel Swann", con lo cual su amis­tad ideó combinar mi nombre de bautismo con el nombre de uno de mis personajes, y que a la edad de veintiséis años encon­traría la muerte en un accidente de aviación."

La obra Recuerdo de las cosas de antaño ha sido caracteriza­da como una novela que fue escrita para explicar por qué había sido escrita. En cierto sentido, esto es verdad, ya que a Proust le preocupó lo que había de ser tanto una confesión personal como una crítica social. El crítico tuvo que alabar al advenedizo; el snob hubo de convertirse en satírico. Proust comenzó su descomunal novela un año después de la muerte de su madre, cuando tenía treinta y cinco años, y trabajó en ella hasta el día de su muerte, acaecida diecisiete años más tar­de. Tardó siete años en acabar las primeras mil quinientas páginas. Ninguna revista quiso publicarla como folletín; por fin, Marcel pagó a un editor de poca importancia, y casi desconocido, para publicar la primera parte, El camino de Swann (1913), que apenas fue tenida en consideración por los críticos. Cinco años más tarde apareció la continuación A`lOmbre de Jeunes filles en Fleurs, que le ganaron el Premio Goncourt, y en los cuatro años siguientes vieron vida Le coté de Guermantes, Sodome et Gomorrhe, Le Prisionniere, Albertine Disparue, el Pasado recuperado.

La memoria subconsciente de Proust fue el medio que le dio la victoria sobre el tiempo destructor. Examinándose a sí mismo, se dio cuenta finalmente de la razón por la cual ya no le preocupaban las contradicciones, "indiferente a las vicisitudes del futuro".

Durante la producción de su gran obra, Proust se encerró en un aislamiento neurasténico. Dormía completamente vestido en Invierno, incluso en Verano se ponía jersey y bufanda y, ya en la cama, agregaba medias, gorro de dormir y guantes.

En cierta ocasión, aventuró a salir de noche, pero a las pocas salidas debió recluirse en su inhóspita habitación. Vivía a base de analgésicos y falsos estimulantes, por lo que su situación empeoró rápidamente. A los 51 años, contrajo una pulmonía, forzándolo, su hermano Robert, médico, lo atendió pero no hizo caso de sus consejos. Por el contrario, sus últimas horas las pasó corrigiendo pruebas, porque quería corregir su descripción del escritor moribundo "ahora que me encuentro en el mismo predicamento."Solo dio término a estas correcciones, hasta que el lápiz se escurrió de su mano.Estaba muerto.

Era el 18 de noviembre de 1922.

viernes, 26 de julio de 2019

GERDA TARO

El 26 de julio de 1937 falleció en un hospital de campaña republicano Gerda Taro, tras ser arrollada accidentalmente por un tanque en la batalla de Brunete. Junto a su compañero Endre Ernö Friedmann, con el que trabajaría conjuntamente bajo el pseudónimo de Robert Capa, Taro nos dejaría algunas de las imágenes más icónicas de la Guerra Civil española.

Murió joven, demasiado joven, y su carrera no tuvo ocasión de desarrollarse: apenas un puñado de fotografías, pero en las que logra mostrar la vulnerabilidad de los seres humanos en situaciones límite. Zúñiga la sitúa en la Alianza de Escritores Antifascistas –en el palacete de los Heredia-Spínola de la calle Marqués del Duero– defendiendo el valor de la imagen frente a la supuesta superioridad de la palabra escrita.

BIOGRAFÍA

Su verdadero nombre era Gerta Pohorylle y nació en Stuttgart, Alemania, el 1 de agosto de 1910. Sus padres eran judíos polacos.

Gerda era una joven que se involucró de movimientos obreros de tendencia socialista. En 1933 tuvo que refugiarse en París a causa de la persecución nazi que sufría Alemania. Fue allí donde conoció a Endre Frieddman.

Gerda y Endre comenzaron una relación sentimental que duraría hasta la muerte de la fotógrafa. Cambiaron sus nombres por Robert Capa y Gerda Taro, supuestamente inspirados en Frank Capra y Greta Garbo. Se inventaron una nueva historia personal para vivir como fotógrafos. Robert enseñó fotografía a Gerda y Gerda arregló el desaliñado aspecto de Robert.

Robert y Gerda se trasladaron a Barcelona para cubrir la contienda. De allí marcharon a distintas ciudades donde fotografiaron los primeros momentos de la guerra. Tras una estancia breve en París en 1937 donde publicaron una serie de imágenes bajo la firma Capa & Taro con gran éxito, volvieron a España.

Gerda y Robert trabajaron en distintos lugares y se reencontraron en París en varias ocasiones. La última, en la celebración de la Toma de la Bastilla de 1937. Gerda regresaba al frente sin saber que aquella iba a ser la última vez que se verían. A principios de julio comenzó la ofensiva contra Brunete. Sus primeras fotografías del pueblo conquistado aparecieron en Ce Soir el día 15. Gerda regresa a la batalla e insiste ante el general Walter, que ordena el repliegue, y se mete en un refugio sin parar de disparar la Leica que Capa le había regalado. Sale de allí finalmente sobre el estribo del coche del general Walter y agarrada por fuera. De repente, un tanque republicano que avanzaba a toda velocidad se abalanza sobre el vehículo, que dio un volantazo para evitar el choque. El tanque la arrolló.  El cuerpo malherido de Gerda fue trasladado al hospital de El Goloso, en El Escorial, donde nada se pudo hacer por su vida. Fallecía al día siguiente. Era el 26 de julio de 1937. No pudo cumplir los veintisiete años.

Los restos mortales de Gerda fueron trasladados a París y enterrados en el cementerio de Père-Lachaise. 


jueves, 11 de julio de 2019

REVOLUCIÓN EN LOS CIELOS

Los cielos truenan enfurecidos
la guerra se entabla entre negros nubarrones y diluvio universal
El Nazareno se levantó contra la tiranía establecida en su Nombre

De Hijo bienaventurado a Hijo proscrito
se rebela contra la dictadura del dolor y el mal
que su Padre ha ocasionado al hombre

Legiones de ángeles se enfrentan en una cruenta batalla
Unos, revolucionarios y maximalistas
otros, defensores del orden público

mientras las bombas y los fusiles estallan
destruyendo un régimen despótico y clasista
en un choque de bandos antagónicos

Y mientras la sangre va derramándose
los hombres, por fin, saborearon la libertad
y empezaron a llamarse como hermanos

Todos, musulmanes, judíos, cristianos
unidos, amando y respetándose
creando una verdadera hermandad






domingo, 23 de junio de 2019

EL BÚHO

Paseo por el bosque, sintiendo la suave brisa cargada de aromas de romeo y flores que hacen sentir en mi ser, una sensación de infinita felicidad, de estar en un Edén dorado, donde las fragancias del mundo fluyen de las manos del Altísimo.
Me siento en una piedra, rodeada de musgo y observo un ejemplar de un árbol desconocido de gigantescas proporciones. Su corteza me recuerda a los rostros llenos de arrugas de los ancianos; arrugas que guardan infinita sabiduría y experiencia que manan en forma de palabras y sonrisas buscando mis oídos, prestos para captar cualquier ruido, cualquier palabra que me reconforta y me sumerge en el mar de la imaginación.
El árbol tiene ramas secas, antaño poderosas como los brazos de un gigante. Oigo un ruido. Un batir de alas. Mas no me refiero al amor narrado por Gustavo Adolfo Bécquer, sino a un búho.
Ese majestuoso animal me observa desde la rama del árbol con curiosidad. su majestuoso plumaje le convierte sin duda en le rey de la noche, quien vigila a sus súbditos y siempre siente curiosidad por  los extraños.
Me mira con sus ojos brillantes, con su iris negro en esas pupilas naranjas. Por un instante, siento miedo y retornan en mí historias de brujos, fantasías infantiles, siervos del diablo que, desde sus oscuros refugios, reaparecen en forma animal.
Pasado el miedo, le miro fijamente a los ojos. Se para el tiempo. Impera el silencio. Sólo estamos nosotros: el búho y yo.
Símbolo de brujería y sabiduría, escudriñando sus ojos intento abrir las puertas al vasto conocimiento del universo. Nuestras miradas se cruzan y el puente del Bifröst  se alza entre nosotros. Parece que me está estudiando y entabla conmigo un silencioso diálogo, roto por los batir de alas de las demás aves. Ese nexo parece profundizarse cada vez más mientras nuestras miradas se sostienen intentando escudriñar nuestras almas. un creciente respeto nace en mi ser ante tan majestuosa criatura. Cada vez que le veo, siento más admiración por él. Es el silencioso maestro que escucha, observa y analiza con sus ojos color ámbar al alumno, mi ser, que se sorprende y guarda silencio mientras lo mira.
El tiempo parece detenerse y el instante se eterniza. Miles de preguntas retumban en mi mente, y siento cómo el animal va respondiendo una a una, sin establecer diálogo, pero saciando mi sed de curiosidad.
Las horas transcurren lentamente pero todo llega a su final. Los rayos del sol anuncian el amanecer de un nuevo día. El búho ulula a modo de despedida y bate las alas, tal vez en busca de un manjar que degustar, tal vez en busca de un hueco en el árbol donde refugiarse… No lo sé.
Mi imaginación se desborda como un río cargado por las lluvias; pero dejo paso a la razón y lo analizo, poco a poco, pluma a pluma.
El búho se interna en el interior del bosque, donde la oscuridad predomina entre la espesura de los árboles y las barbas de plata de un riachuelo.
Con él se van mis dudas y mis pensamientos. ¿A dónde? No lo sé. ¿Volveré a verlo? Lo desconozco. Pero, siempre perdurará en mis recuerdos la imagen de este ser de la naturaleza que me sorprende y me causa respeto al mismo tiempo.

miércoles, 22 de mayo de 2019

EL FUERTE DE CARCHUNA

En la noche del 23 de mayo de 1938 una treintena de republicanos, entre quienes se encontraban cuatro tenientes asturianos del Ejército Popular, lograron llevar a cabo la evasión de más de trescientos presos antifascistas del fuerte franquista de Carchuna, ubicado a escasa distancia de la localidad granadina de Motril.

El comando partió desde Castell de Ferro, pequeña localidad costera cercaba a Carchuna, embarcando en una pesquero y una barca que iba a remolque. Desembarcaron según lo previsto y, tras asegurar los accesos al fuerte para evitar que llevaran refuerzos a la guarnición, lo asaltaron sin sufrir bajas propias. Una vez liberados los prisioneros, estos señalaron al oficial al mando de la guarnición y a unos suboficiales como autores de malos tratos y son fusilados sobre el terreno. Tras una pequeña lucha contra las fuerzas franquistas de la zona, los prisioneros y el comando lograron alcanzar las líneas gubernamentales.

La operación Carchuna, por ir primero al final, a lo que comportó, fue una incursión republicana tras las líneas del bando nacional en la costa granadina, a pocos kilómetros de Motril. Allí, de noche y con lanchas, un grupo de soldados de lo que hoy en día se consideraría un comando de operaciones especiales, se infiltraron en el Castillo de Carchuna, reconvertido entonces en prisión, asesinaron a cuatro crueles carceleros ("por justicia poética", parece que dijo uno de los asaltantes) y liberaron a los alrededor de 300 asturianos allí presos, más ocho soldados del bando nacional que aprovecharon la oportunidad para cambiar de ejército. Es esta, con independencia del color político, la más audaz y cinematográfica operación de un ejército español en la retaguardia del enemigo y, sin embargo, es una acción durante casi 70 años silenciada, hasta que un grupo de historiadores con título y otros simplemente aficionados (Jesús Castillo, Txema Prada y Floren Dimas, entre otros) la repescaron hace unos 10 años y consiguieron dar incluso con supervivientes de aquel rescate, como Marcelono Díaz: "Aquello fue una cosa espectacular, una maniobra relámpago con la que lograron sacarnos del presidio. Éramos cientos de personas y salimos de allí con vida... ¡Y que hoy nadie se acuerde de nosotros!".





Para facilitar el paso del grupo de rescate junto a los 308 asturianos liberados por las líneas del frente nacional de la zona, el 220.º Batallón de la 55.ª Brigada, unidad que cubría el frente granadino, lanzó un «ataque de distracción apoyado por algunas baterías de artillería y de mortero». Así, el grupo de rescate y los prisioneros asturianos liberados conseguirían regresar a posiciones republicanas antes de la amanecida del 24 de mayo, convirtiéndose en los protagonistas de una historia que todavía hoy empieza a escribirse.



La represión en Asturias

Tras la conquista de Asturias, la represión de los sublevados fue muy dura. Sólo en Oviedo unos mil prisioneros republicanos fueron fusilados.​ En otros casos, los presos republicanos fueron enviados a batallones de trabajo, a los Campos de concentración franquistas,​ o se vieron obligados a unirse al Ejército franquista (alrededor de 100.000).​ Además, con la conquista de la franja cantábrica el bando sublevado pasó a controlar el 36% de la producción industrial española, el 60% de la producción de carbón y la casi totalidad de la producción de acero.​ La caída de Asturias también permitió a la Armada franquista poder trasladarse al Mar Mediterráneo para reforzar a las unidades que ya se encontraban allí hostigando a las líneas de suministro de la República.​ Sin embargo, numerosos soldados republicanos que no habían sido hechos prisioneros o que no se habían rendido, se escondieron en las montañas asturianas y formaron partidas de guerrillas que mantendrán un hostigamiento severo y constante contra las autoridades franquistas,​ al punto que el orden público en la zona recién ocupada Asturias quedará en manos del ejército franquista por seis meses más. La actividad guerrillera supuso una demora en posibles nuevas ofensivas del Bando sublevado.






martes, 9 de abril de 2019

A UN MILICIANO

Ve, miliciano, ve
y empuña el fusil y deja la hoz
bajo la bandera tricolor de la libertad
combate hasta tu último aliento
combate hasta perecer

Ve, miliciano, ve
y alza los puños y eleva tu voz
para destruir los muros de la necedad
y reclamar el trabajo y el pan como sustento
como un derecho, como un deber

Ve, miliciano, ve
y combate por todo lo que has conseguido
y te queda por conseguir
porque sino luchas ya habrás perdido
todo aquello por lo que merecer vivir