¿POR QUÉ ESCRIBIMOS?

AL NO PODER ACEPTAR QUE SOMOS LIBRES EN JAULAS, NOS MOVEMOS EN MUNDOS DE PALABRAS QUERIENDO SER LIBRES

TRADÚCEME

COMPAÑEROS DE LUCHA EN PLUMA AFILADA

AVISO TODOS LOS TEXTOS ESTÁN REGISTRADOS

Blog bajo licencia Creative Commons

Licencia de Creative Commons

TODOS LOS TEXTOS ESTÁN REGISTRADOS

POEMAS, CUENTOS Y ESCRITOS REVOLUCIONARIOS DE DANIEL FERNÁNDEZ ABELLA is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License. Para utilizar primero y siempre sin ánimo de lucro ha de consultar al autor. Daniel Fernández Abella todos los derechos reservados.

lunes, 19 de octubre de 2026

ARTE Y PODER EDAD MODERNA: CIUDAD, FIESTA Y CEREMONIAL

INTRODUCCIÓN

Los gobernantes de la época moderna quisieron plasmar el “buen gobierno” en sus transformaciones de las ciudades y en la fundación de las nuevas. - Mundos idílicos donde todos cumplen con sus funciones (un mundo en paz). - Los frescos de Lorenzetti presentan la vida en una ciudad en armonía. - Se representa una ciudad en la que los ciudadanos son los protagonistas del gobierno y las leyes. - Encargados para la Sala del Consejo (donde se reunían los nueve señores). - Su gobierno se sustenta en la fortaleza, la prudencia, la magnanimidad y la templanza. - También. la justicia -> la 1ª de las virtudes del buen gobierno para Aristóteles, Cicerón o Tomás de Aquino.

# Lorenzetti, Alegoría del Buen Gobierno (1337, Palacio Público de Siena).

Las imágenes urbanas del Renacimiento difundieron la idea del orden y formas urbanas que a veces son dependientes de los modelos antiguos. - El Civitates Orbis Terrarum (1572-1618) presentan ciudades prósperas con grandes edificios (sede del poder).

# Hoefnagel, Vista de Toledo (1566). - Destacan dos edificios emblemáticos del poder: la catedral y el alcázar.

Evolución en la concepción de la ciudad: Muchos fueron los filósofos que escribieron sobre la ciudad: Platón y Aristóteles (referentes en el Renacimiento). - Santo Tomás de Aquino fue el filtro medieval. - El modelo de la Antigüedad clásica está presente en la ciudad que se quiso llevar a la práctica. - El tratado de Vitruvio fue determinante -> texto sin imágenes (éstas se crearon en el Renacimiento). - Dio lugar tanto a un modelo de ciudad radial como en cuadrícula. - Ciudad ordenada, de calles rectas y edificios suntuosos. - Alberti (De Re Aedificatoria, 1485) consideraba que una ciudad se hacía para garantizar la existencia pacífica de sus habitantes. - La ciudad ideal para él era la que tenía campos sanos y fértiles, agua en abundancia, salida al mar, unas buenas defensas y espacios para el placer. - Filarete inventaba entre 1451 y 1464 una ciudad ideal para Francesco Sforza. - El perímetro urbano ha de ser fortificado. - Una ciudad con un trazado radial, que colisiona con el trazado ortogonal de la plaza central, con el palacio y la catedral.

# Averlino “Filarete”, Planta de la ciudad de Sforzinda

La plaza es el ombligo, la iglesia el corazón y el castillo la cabeza. Esta imagen antropomórfica trascendió el universo urbano para explicar también el territorio. Así como una ciudad ordenada se podía gobernar, la posición de la ciudad capital en el territorio podía facilitar el gobierno de los reinos.

TRANSFORMANDO LA CIUDAD. LOS ESPACIOS DEL PODER

La cultura simbólica del Barroco proyectó interpretaciones de las ciudades del siglo anterior que necesitaron de una explicación avalada por la erudición para ser comprendidas.

Tanto en Alberti como en Palladio encontramos la comparación entre la ciudad y la casa. - La ciudad como gran casa y la casa como pequeña ciudad. - Se invisten de un fuerte carácter de representación del poder, construidos muchas veces como teatros del poder. - Con un elemento común: el gran espacio central (el patio y la plaza).

El caso de la creación de Pienza, obra del papa Pío II Picolomini en el siglo XV, es paradigmático, y se convirtió en modelo para muchas intervenciones urbanas posteriores, al igual que el patio del palacio Piccolomini es casi un arquetipo del patio renacentista.

La plaza mayor española: En el s. XVI modificaron la imagen de la ciudad, modernizándola.

Modelo de uniformidad: la primera de una serie de plazas regulares (se hizo debido a un incendio previo). - La corte se apropiaba de las plazas con ocasión de las fiestas (se teatralizaba).

En Madrid se convirtió en un emblema de la monarquía. - Su imagen recordaba cuál era el centro político de la monarquía, a base de imágenes que la presentaban como un espacio cerrado -> como un “edificio”. 



# Anónimo, Plaza Mayor de Madrid (Nápoles). 

- La relación palacio/iglesia/plaza fue una de las más ensayadas en la época moderna. - Debido a que se daban cita el poder político, el religioso y el ciudadano. - En Madrid, además de la plaza mayor, hubo otra plaza en la que se intentó llevar a cabo la fusión de arquitecturas del poder: la plaza del alcázar. - La fachada era un desastre desde el pto. de vista de simetría y proporción. - Francisco de Mora había intentado regularizarla. - Pero es su sobrino, Juan Gómez de Mora quien configure la imagen definitiva. - Al avanzar buscando la regularidad permite crear en el espacio interior el Salón de los Espejos. - Donde el rey recibía a los cortesanos y visitantes ilustres. - Detrás estuvo el Salón de Comedias (se bailaba y se representaban obras de teatro). - Fue tan determinante del cambio de imagen la nueva fachada que el rey Felipe IV tenía un modelo coloreado hecho de cera y cartón con la plaza ante ella llena de figuras. - Refleja la integración de la fachada con la plaza. - Enfrente estaban las caballerizas reales y sobre ellas la sala de la Armería de tiempo de Felipe III. - Este edificio demuestra que desde el principio se quiso una plaza delimitada delante del palacio (pues hubo que derribar casas para poder construirlas). - En el s. XVII dos galerías laterales cerrarían ese espacio cortesano. - Adornadas con bustos de emperadores romanos. -

El proyecto de catedral que no se llegó a construir hubiera culminado esa representación del poder urbano. 

# Pallotta, Plaza delante del Alcázar de Madrid el día de la aclamación de Felipe V (Madrid)


Plazas francesas: - La plaza regular no es exclusiva del mundo hispánico. - En el s. XVII las francesas constituyen un episodio de la historia urbana europea de relevancia. - El duque de Sully, favorito de Enrique IV, decide crear a comienzos del s. XVII un espacio urbano magnífico y el resultado es la # plaza Real o de los Vosgos. - Donde los futuros propietarios debían respetar la uniformidad de las fachadas de piedra y ladrillo. - En 1639 se colocó la estatua ecuestre de Luis XIII. - En torno a ella se desarrolla el barrio de Marais (el acceso a él estuvo restringido por puertas para mantener su carácter exclusivo). - En el s. XVIII se introdujeron nuevas tipologías y usos de la arquitectura del poder. - Aparecen edificios pensados para el progreso y la ciencia (jardines botánicos, observatorios astronómicos...) - La ciudad se fue haciendo más compleja en relación con los espacios del poder.

Las calles en los tratados: - En la tratadística militar debían ser rectas y estar conectadas con los baluartes y las puertas para facilitar el movimiento de las tropas. - Alberti (med. s. XV) escribía que en las ciudades de población ilustre las calles debían ser derechas y muy anchas.

Como prolongación de vías militares que la conectaban al territorio. - En las ciudades pequeñas debían, en cambio, tener suaves curvas (así parecería + grande). - Las casas, alineadas y de igual altura, deberían enmarcar las calles principales. - Roma fue la que sirvió de modelo. - Bramante: en medio de la fiebre destructora/constructora de la Roma de los papas protagonizó algunos episodios. - Trabajó (entre otros) para los Reyes Católicos que financiaron: - La ampliación hacia la plaza Navona de la iglesia de San Giacomo degli Spagnoli (1498-1500). - El templete de San Pietro in Montorio (encargo del cardenal López de Carvajal). - El Capitolio: en él se plasmó el poder de la Roma antigua fundida con la Roma papal.

Por orden de Paulo III se colocó en 1538 la estatua ecuestre de Marco Aurelio. -

Configurándose un modelo de plaza en el que se plasmaba el poder político. - Reestructurada por Miguel Ángel. - Al mirarla podemos recordar muchas plazas barrocas: - La estatua del gobernador atrapa la mirada. - Se percibe la voluntad de universalidad del poder.

La arquitectura militar en esta época se explica en relación con la defensa de los estados y sus fronteras. - Las murallas medievales no se renovaban. - Al alejarse la guerra muchas quedaron obsoletas y crecieron los arrabales. - Aunque las puertas quedaron como huella del límite urbano. - En las nuevas fortificaciones la financiación procedió sobre todo del rey (aunque las ciudades contribuyeron a su construcción). - Los expertos militares y los ingenieros dieron forma a una arquitectura cuya construcción dependía de intereses políticos. - Su construcción llevó aparejada la destrucción de monasterios, huertas y barrios. - Con la consiguiente protesta ciudadana pese a las indemnizaciones. - La destrucción afectaba tb. al exterior: a los arrabales. -

Ya que los enemigos debían encontrar un espacio vacío que les impidiera hacerse fuertes. - Y al interior: para que el ejército pudiera acceder a los baluartes. - Los espacios vacíos generados por las nuevas fortificaciones permitieron los amplios bulevares y rondas de los siglos XIX y XX. - La monarquía española: - Una de las que más inversiones hizo para fortificar ciudades estratégicas para la defensa de sus fronteras. - La Península Ibérica, las Canarias, las ciudades del Caribe, los reinos de Italia, el norte de África. - Cádiz: - Reforzó sus defensas para proteger a las flotas de las Indias. - Muchos de los proyectos de fortificación fueron de ingenieros de origen italiano. - A finales del s. XVI se ocupaba de la fortificación Cristóbal de Rojas. - En su Teórica y práctica de fortificación (1598) convirtió a Cádiz en modelo urbano. - Ibiza: - Fortificada en el XVI por Calvi y Fratin. - Uno de los conj. mejor conservados de fortificación renacentista del Mediterráneo Occidental. - Lo importante cuando se construyó fue defender la navegación del Mediterráneo (no el núcleo urbano).

# Puerta de la fortificación: Esculturas romanas de un guerrero y de una diosa guardan la entrada. - Con un fuerte almohadillado y rematada por el escudo del toisón de oro y una inscripción que recuerda el poder de Felipe II. - Al haberse realizado esta puerta tras la anexión del reino de Portugal. - Los venecianos construyeron Palmanova, Viena se fortificó, las fronteras contra el enemigo turco se erizaron de ciudades fortificadas. - A veces se hicieron ciudades nuevas, como las que proyectó el ingeniero Vauban en la Francia del s. XVII. - Uno de los mejores ejemplos es Neuf-Brisach.

# Sebastián Le Preste, marqués de Vauban. La ciudad de Neuf-Brisach. Maqueta de 1703- 1706 por Montaigu.

Los trazados viarios obedecen a esa función defensiva -> calles rectas y amplias. - Tradición ya consolidada desde el s. XVI. - A lo que se suma una gran plaza de armas central.

Las ciudadelas: - Tipología urbana construida en ciudades que podían ser rebeldes (despertaron el rechazo de los ciudadanos). - Se construyeron desde el s. XVI al XVIII. - Formas pentagonales. Eran una “pequeña ciudad del rey” con una gran plaza central y normalmente con trazados radiales. - La plaza central a veces tuvo soportales. - En ella se situaba la casa del gobernador, la iglesia y los edificios del poder. - Tb. era lugar de mercado. - Autosuficientes. - Ej.: la de Amberes, Pamplona o Messina (construidas las tres por la monarquía española). - La ciudadela de Turín: - Construida en 1564. - La ciudad presentaba un trazado ortogonal. - En el s. XVII se le añadió una nueva ciudad integrada con la existente. - Mantuvo las calles rectas pero eran más anchas y con unas parcelas de mayor tamaño. - Con fachadas uniformes. - Urbanismo controlado por Vittozzi.

# Vista de Turín en el siglo XVII. París. - En las transformaciones urbanas los gobernantes son protagonistas, pero tb. los arquitectos y en mayor medida los ingenieros.

LAS NUEVAS CIUDADES

La monarquía española, con sus ciudades fundadas en América, es el mejor ejemplo del poder controlando un continente mediante una red urbana. - Incendios y terremotos permitieron la plasmación de la teoría.

El poder se expresa a través de la ciudad y los nobles reforman sus villas de origen con palacios y nuevos barrios. - Ya no basta con un palacio en la corte. - En ocasiones crean ciudades Sabbioneta: Creada por Vespasiano Gonzaga (virrey de Navarra y Valencia). - Hay influencias de lo que vio en España en ella (los artesonados de madera que decoran el palacio ducal). -

Quiso que fuera una ciudad con una actividad económica que la permitiera subsistir. - Recibió el título de ciudad en 1574 y la consideración de ducado en 1577. - Tuvo unas nuevas murallas en las que plasmó los avances en arquitectura militar. - El trazado viario sigue un diseño ortogonal. -

Plazas: - Una ducal en la que se concentran los edificios del poder político. - Una militar (más amplia) en la que estuvo el castillo. - Con un teatro construido por Scamozzi. # Sabbioneta.

Plaza con el palacio ducal.

# Vista de la ciudad de Lerma.

En España, entre 1602 y 1617, el duque de Lerma crea una ciudad para la celebración del poder alcanzado como valido de Felipe III. - Construir una nueva ciudad no sólo era ambición de los reyes, también de sus ministros. - El cardenal Richelieu (1630’s). - Cuando el duque consiguió que la corte se trasladara a Valladolid (1601-06) su ciudad sirvió como lugar de retiro y fiestas. - En ella culmina el modelo de palacio-plaza-iglesia (al que se suma el parque). Tb se suma un elemento característico de la época: los pasadizos. - Un largo pasadizo une el palacio con la Colegiata de San Pedro. - Los pasadizos aéreos se usaban para el desplazamiento del señor y los cortesanos sin que tuvieran que pisar la calle. - En Florencia los Médicis construyeron en el s. XVI el “corredor vasariano” por encima del puente Vecchio. - Unía el palacio Vecchio con el palacio Pitti. - Los escritores políticos de la época consideraban que el poder oculto generaba más veneración.

El principio del orden marcó la fundación de ciudades en América. - Aristóteles se había referidoal orden que debía regir la ciudad y su gobierno. - Se trazaron con una plaza central que generaba el espacio urbano. - Lugar que ocupaban el Señor y sus oficiales (como en los campamentos militares). - Las grandes ciudades prehispánicas fueron convertidas en ciudades de los españoles. - Superpusieron en muchos casos sus edificios más emblemáticos a los de los antiguos moradores.

# Plano de la fundación de Mendoza (Argentina). 1562, Archivo General de Indias, Sevilla.

Gracias a los planos de fundación conocemos los proyectos para muchas ciudades americanas. La experiencia colonizadora heredada de la Antigüedad clásica se sumó a la tradición medieval. El libro del franciscano Eiximenis (recreaba una ciudad cuadrada) tb. se ha relacionado con el proceso de urbanización durante la conquista. - Los modelos más cercanos sería las ciudades trazadas en la Península a finales del s. XV y comienzos del s. XVI. - Las nuevas poblaciones de la sierra de Jaén y la ciudad de Santa Fe (que los Reyes Católicos habían levantado durante la conquista de Granada). - Las descripciones y relatos contribuyeron a forjar la imagen de las ciudades americanas en las mentes europeas. - Una característica de la mayor parte de estas ciudades es que no tenían murallas. - Salvo en las que eran puertos de entrada y salida de las flotas no eran necesarias. - Los puertos naturales fueron los que llevaron al establecimiento en ellos de grandes ciudades fortificadas. - Cartagena de Indias o Río de Janeiro (sistema de 14 fuertes). - La Habana es otro ej., con el castillo de la Fuerza para guardar el puerto y como residencia del gobernador. - En las Ordenanzas de Descubrimiento dadas por Felipe II (1573) se definía una ciudad abierta, trazada a partir de la plaza y que podía extenderse indefinidamente. -

La orientación de las calles en función de los vientos fue seguido en la Antigüedad y en las medievales, y se mantuvo en esta fundaciones.

# La plaza mayor de Lima en 1860, Anónimo, paradero desconocido.

Es una ciudad en armonía donde en su plaza se ubica la iglesia, y es además el ombligo de la ciudad porque en ella también se encuentran el mercado, lugares de paseo y conversación, lugares donde se visualiza el mestizaje, el poder y la cabeza de la ciudad.

En Europa hubo tb. proyectos de colonización de tierras desiertas mediante la fundación de ciudades. - En España se construyeron las Nuevas Poblaciones de Sierra Morena. - Ej. de la mentalidad ilustrada. - El rey Carlos III y sus ministros fueron los verdaderos promotores. - Con la colaboración de Pablo de Olavide. - En 1761 se había abierto el Camino Real que comunicaba la corte con Andalucía. - Pasaba por un desierto lo que hacía peligroso el viaje. - La Carolina (capital). - El trazado es algo más monumental que el de las otras. - Con una plaza central y otras pequeñas hexagonales o circulares que marcan el eje urbano en la avenida principal.

LA FIESTA Y EL MODELO DE LA ANTIGÜEDAD

El valor de la obra de arte efímera en la construcción de la imagen del gobernante. - No podemos entender las Fiestas de la época moderna sin la existencia del poder. - Llegaron a influir en las transformaciones de las ciudades. - Permanencia de lo efímero: - A veces un espacio urbano creado para una Entrada triunfal se consolidó como espacio de poder durante siglos. - P. ej. el Paseo del Prado: creado para la entrada de la reina Ana de Austria (1570). - La fuente de Neptuno recuerda el programa iconográfico de los aparatos efímeros levantados. - El Greco recrea la escultura efímera del río Tajo que recibió a la reina en la figura del dios Tajo con forma humana que pinta en una de sus vistas de Toledo. # El Greco, Vista y plano de Toledo (c. 1610, Casa y Museo de El Greco). - Se decidió perpetuar en los relieves de la puerta de Castelnuovo la Entrada de Alfonso el Magnánimo en Nápoles. - La Porta Nuova (Palermo) recuperó años después el arco triunfal construido para la entrada triunfal de Carlos V. - Recordándole como el gran vencedor del Turco en las figuras apresadas por el almohadillado. # Porta Nuova, Palermo. -

Las Entradas triunfales podían llegar a arruinar a las ciudades. - Un mundo de imágenes que se desarrollan en paralelo a las construcciones literarias.

Los significados de la imagen son fundamentales en las Fiestas. - Un arco de órdenes clásicos hace referencia a la Antigüedad y el poder imperial. - Unas esculturas doradas a la magnificencia. - Una pintura que narra una batalla justifica el camino de consolidación del poder. - Para saber qué contar estaban los escritores.

La integración de las artes comenzó una larga experimentación en la fiesta desde el Renacimiento.

Los textos escritos son una máscara literaria y pueden dificultar la percepción de lo que fue en realidad la Fiesta. - Inscripciones que identificaban temas o personajes en las arquitecturas efímeras, poesías en forma de concursos, representaciones teatrales... - Todas las grandes Fiestas tuvieron sus Relaciones: - Textos que casi siempre llegaron a la imprenta y describían todos los arcos, altares, historias, razones de la inclusión de unos dioses o unos santos, etc. - Hoy  día son muchas veces el único medio de reconstruir lo que sucedió. - Nos dan esa imagen global de la Fiesta que casi nadie tenía mientras se desarrollaba. - Pretendieron hacer de cada una algo nuevo -> un espacio distinto a los de otras ciudades. - Como si pudieran contribuir a definir la imagen de estas ciudades. - La glorificación de los protagonistas, en el convencimiento de estar haciendo historia con sus escritos sin duda magnificó estos relatos. - En ocasiones el origen de estos programas estaba más ligado a la ciudad que a una propaganda monárquica. -

Ya que las ciudades también reafirmaban su poder, su orgullo histórico, sus derechos y ambiciones ante el rey. - Diálogo entre el poder real y el poder ciudadano que según Strong (1988) desapareció con los absolutismos del Barroco. - Las ceremonias de las entradas triunfales repetían esquemas similares en todas las ciudades: - En primer lugar: el acto del recibimiento.

- Se aunaba por parte de la ciudad con una afirmación de su propia identidad histórica -> los reyes eran recibidos después de jurar que garantizaban los derechos de la ciudad. - Por ello las estatuas o arcos que representaban a las ciudades ocupaban lugares preferentes. - A todo ello se superpone el lenguaje simbólico del poder político y/o religioso, con su concepción de la historia y el papel de un personaje, una familia, etc. traducida en signos e imágenes.

# Entrada triunfal de Alfonso de Aragón, detalle del arco de Castelnuovo (1452-1466, Nápoles)

 Arcos triunfales, una fachada efímera para la catedral, una copia de la estatua ecuestre de Marco Aurelio, una columna trajana,…


# Andrea Mantegna, Los portadores de vasos, de la serie El triunfo de César (1486-92)


No se concibe un recibimiento a un príncipe en el Renacimiento y en el Barroco sin arcos triunfales señalando los puntos. focales del recorrido y los lugares más emblemáticos. . - La serie del Triunfo de César pintada por Mantegna en la corte de los Gonzaga en Mantua entre 1486 y 1492. - Celebraba la victoria sobre los Galos. - Posiciona al espectador en un pto. de vista bajo y cercano (es como iban a ser contemplados en la realidad).

Así las nueve secuencias del cortejo quedan monumentalizadas. - Las fuentes de las que se sirvió el pintor hablan del gusto anticuario de estas cortes, y de la propia cultura de su autor. - Se ha señalado que utilizó: descripciones de la Roma imperial, las Vidas de Plutarco y escritos de autores como Appiano, Flavio Biondo y Valturio.Tuvo una gran influencia en las entradas triunfales de la época moderna.

Los dioses no abandonaron nunca las entradas triunfales. - Al mundo mitológico se unió el de la religión (atribuía a los gobernantes las virtudes del cristianismo). - En la Entrada de Felipe II de España en Mantua en 1549 no podemos dejar de fijarnos en la escultura de Hércules con las dos columnas. - Una de las empresas con las que frecuentemente se representó el imperio de Carlos V. - Remite al mundo de héroes y dioses. 

# Jacopo y Domenico Tintoretto, Entrada de Felipe II de España en Mantua en 1549 (1580,Pinacoteca Antigua,Múnich).

Leyendo las Relaciones nos damos cuenta de la cultura y el dominio de la imagen y la palabra que requería el repertorio de mensajes. - Los “guionistas” de la Fiesta tenían libros a los que recurrir: - Los Emblemas de Alciato (1531). - El Hieroglyphica de Piero Valeriano (1556). - La Iconología de Cesare Ripa. - Los recursos que ponían a su disposición los significados de las imágenes explicados en estos libros se adaptaron al gusto y al discurso histórico que se quería crear. - Para la mayoría de la población era prácticamente imposible comprender lo que veían. - Las relaciones escritas explicaban las razones de que aparecieran unas imágenes u otras.

- Hércules: - Héroe por excelencia: nace hombre y sus hazañas acaban divinizándole. - Símbolo universal del poder del príncipe. - A veces se le identificó con el caballero. - La apropiación política no sólo la hicieron ellos sino también las ciudades. - Quisieron haber sido fundadas por Hércules (sus historiadores así lo recordaron, al tiempo que lo hacían algunos relieves en los Ayuntamientos). - Vence todos los peligros en sus trabajos. - En sus 12 trabajos protege a los hombres como hacen los buenos gobernantes (por eso se asocia al poder).

- Astrea: - Figura recurrente en las Fiestas y en la iconografía en torno a los imperios. - Es la Justicia, la virginidad, la castidad. - Pocos gobernantes se pudieron identificar de la manera que lo hizo Isabel I de Inglaterra. - La encontramos en los arcos triunfales y aparatos efímeros en Francia y España tb. - Había abandonado el mundo después de que los hombres hubieran llegado a la Edad de Hierro y el alejamiento había sido progresivo desde la idílica Edad de Oro. - Su regreso significa que los gobernantes recuperan para sus súbditos la Edad de Oro (época de paz y riqueza).

- Neptuno: recordará el dominio de los mares.

- Atlas: el poder alcanzado. - En los virreinatos americanos encontramos a veces una mutación de los dioses: - Una misma voluntad política adquiría distintas expresiones. - Carlos Sigüenza y Góngora (catedrático de la Universidad de México) elaboró el programa de un arco triunfal en el que los dioses de la Antigüedad clásica fueron sustituidos por reyes aztecas. - Las virtudes que adornaban a los príncipes: la justicia, la fortaleza, la prudencia, la fe... formaron parte de los mensajes de la Fiesta. - Adoptando formas diversas se representaron también la esperanza, la clemencia o la liberalidad.

Los viajes de los príncipes ponían a la corte en movimiento. - Cientos de personajes les acompañaban y las ciudades se esmeraban en mostrar lo mejor. - Viajes famosos fueron: - Los de Carlos V por Italia (después de la victoria de Túnez en 1535). - El de su hijo Felipe II a Italia, Alemania y los Países Bajos. - El de Carlos IX de Francia por su reino. - Los reyes limaban en muchos casos conflictos políticos latentes (viaje como ejercicio del poder). - Reafirmación del poder ante sus súbditos y también frente a otros estados. - Con motivo de la coronación de Carlos V se celebró una cabalgata en Bolonia (1530). - La cabalgata siguió a las entradas triunfales y tuvo lugar tras la ceremonia de coronación celebrada en una iglesia (disfrazada de San Pedro del Vaticano). - Hogenberg hizo una serie de grabados que se difundieron por Europa. - Acabaron p.ej. siendo el modelo de los relieves del ayuntamiento de Tarazona.

# Hogenberg, “Carlos V y Clemente VII bajo palio”. Gran Cabalgata de Bolonia (1530-39,Madrid)

La ciudad se presentaba como una sucesión de perspectivas perfectas. - Mediante puntos. focales construidos con arcos triunfales y otros monumentos efímeros. - Sucedió a lo largo de toda la época moderna. - Se comprueba en los cuadros que pintó Quirós reflejando la entrada en Madrid de Carlos III.

Los recorridos dan pautas sobre cuál era la imagen que esa ciudad quería dar de sí misma. - Los trayectos se adaptaban para pasar por los lugares que tenían mayor significado histórico.

# Gesvaerts, Pompa Introitus..., Arco triunfal para la entrada cardenal-infante don Fernando en Amberes en 1635. Diseños de Rubens, grabados de Van Thulden (1642, Bruselas).

Los arcos triunfales unían arquitectura, pintura y escultura. - En ellos se pudieron ensayar lenguajes nuevos que más tarde pasarían a las arquitecturas perpetuas. - Los mensajes políticos o religiosos eran consustanciales a estas estructuras. - P. ej. en uno de los arcos que diseñó Rubens para la entrada triunfal del cardenal infante don Fernando (hermano de Felipe IV)en Amberes se ve a su antecesora (la infanta Isabel Clara Eugenia) contemplando desde el cielo como el rey nombra gobernador a su hermano. - Llegaba como nuevo gobernador de los Países Bajos. - La entrada llegó a la imprenta (grabados).

# Juan de la Corte, Juego de Cañas en la Plaza Mayor de Madrid (1623, Madrid).

Los “regocijos” que acompañaban a las entradas triunfales y otras Fiestas se diferenciaban de éstas en que el pueblo apenas tenía acceso a ellos. - Los juegos caballerescos estaban destinados a unos pocos (aunque fueran cientos). - P. ej. en las corridas de toros o juegos de cañas de la plaza mayor de Madrid todos los balcones se repartían jerárquicamente entre los miembros de la corte. - Cuando la corte se apodera de las plazas para sus juegos la ciudad desaparece para convertirse en un teatro cortesano. - Príncipes y nobles recordaban que el origen de su poder estaba en las armas. - Los ideales caballerescos nunca desaparecieron en los s. XVI y XVII. - Incluso podían llegar a morir (como le sucedió a Enrique II de Francia). - Dos de los espectáculos cortesanos más celebrados eran el correr toros y el juego de cañas. - Ambos con cortesanos a caballo. - El de cañas era de origen árabe y consistía en grupos que se perseguían lanzando cañas, siendo los perseguidos luego perseguidores y así sucesivamente. -

En el s. XVII los vencedores de torneos seguían siendo celebrados como héroes (como si hubieran vencido en auténticas batallas. - Los colores de los trajes y las joyas tenían un significado. - Los caballeros quedaban identificados por los escudos (miembros de un linaje). - La referencia al papel de las damas no deja dudas sobre el origen medieval de estos espectáculos.

# Stringa, Caballero tras un torneo en “Il trionfo della virtù...”. Fiestas celebradas en 1660 con motivo del nacimiento de Francisco II d’Este. (Módena)


# Anónimo. Miniatura que representa el Torneo en la Plaza Mayor de Bruselas con ocasión de las Bodas de Alejandro Farnesio y María de Portugal. Biblioteca de la Universidad de Barsovia. Último tercio del siglo XVI.

A los torneos y juegos caballerescos hay que sumar los espectáculos que intentaban recuperar aquellos de la antigua Roma. - Por ello la necesidad de estanques en las cortes, y tb.en las residencias de la nobleza. - Para poder celebrar batallas navales figuradas. - Existían castillos efímeros con baluartes, fuegos artificiales que simulaban ataques artilleros. - En el interior del palacio tenían lugar festejos que prolongaban lo que había sido el espectáculo urbano. - P. ej. el teatro y los banquetes. - Las relaciones reflejan lo que comieron, quién asistió,el protocolo y la distancia que los poderosos establecen (los ilustres comensales parecen actuaren un escenario ante los súbditos).

# Túmulo de Felipe IV de la catedral de México (1666, Madrid). –

A las honras fúnebres que celebraba la corte se unían funerales en las ciudades. Con túmulos de arquitectura efímera en iglesias revestidas de terciopelos y damascos negros. - De ellos se hacían dibujos, se escribían descripciones. - Se convertían de nuevo en algo en lo que rivalizar para ser las mejores del reino. - Hubo túmulos famosos, difundidos a través del grabado, como el del papa Sixto V. - Con cúpula, obeliscos, figuras alegóricas y velas. No escaparon del modelo de referencia que fue la Antigüedad clásica.Bautizos, bodas y funerales generaban también un mundo efímero de imágenes y arquitectura. -

Conmemoraban la esencia del poder: la continuidad dinástica. - Los matrimonios garantizaban no sólo la continuidad de una dinastía, sino su engrandecimiento. - Toda clase de festejos se daban cita para magnificar el enlace. - Banquetes, bailes o torneos.

# Sévin, Banquete ofrecido por el papa Clemente IX a Cristina de Suecia en 1667 (Estocolmo). 

- Los “saraos” o bailes completaban estos espectáculos. - Muchas veces era entonces cuando se daban los premios de los torneos.

En una sociedad en la que triunfaban los espectáculos teatrales, el carácter escenográfico de las Fiestas encontraba en los ciudadanos unos receptores de mensajes de extraordinaria permeabilidad. - En las Fiestas de carácter religioso todo el espacio urbano se convertía en prolongación de los espacios sagrados. - Mediante altares en las calles. - A veces teñido de clasicismo (arcos triunfales al servicio de un humanismo católico).

# Anónimo, Auto de Fe en la plaza de Zocodover de Toledo (c. 1656, Museo de El Greco).

Las canonizaciones fueron celebradas con todos los medios al alcance de la iglesia, y en muchos casos de la realeza. - Cuando fueron canonizados san Isidro Labrador, san Ignacio de Loyola, santa Teresa de Jesús, san Francisco Javier y san Felipe Neri (1622), las fiestas en Madrid fueron de las más suntuosas habidas. - También se celebraron en Roma. - El interior de San Pedro se modificó mediante estructuras arquitectónicas efímeras. - Se llenó de pinturas alegóricas. - La política se apoderó de la fiesta: el gran protagonista fue san Isidro Labrador. - Patrono de Madrid -> corte de la monarquía católica. - La monarquía española se adueñó del espacio con unos fines políticos de demostración de su poder en la corte pontificia. - La Iglesia también tuvo sus celebraciones urbanas convertidas en espectáculo: los Autos de Fe. - En 1656, presidido por el Tribunal de la Inquisición, se hicieron los tablados para convertir la plaza toledana de Zocodover en un teatro.

# Grabado con el interior de la Basílica de San Pedro en 1622 preparado para la fiesta de canonización de san Isidro, san Ignacio de Loyola, san Francisco Javier, santa Teresa de Jesús y san Felipe Neri (Londres).


# Regreso de la procesión a la catedral. Serie “Procesión del Corpus Christi” (c. 1680. Cuzco).

- Hubo procesiones que celebraban acontecimientos únicos y otras que todos los años recreaban el milagro de la religión. - Una de estas últimas fue la del Corpus Christi (muy pronto se traslada a América). - Los representantes de la ciudad estaban ubicados en el cortejo en función de su posición social. - La presencia del rey podía añadir solemnidad. - En algunas ciudades las populares tarascas y gigantes abrían el paso del cortejo con tu transgresor desenfado. - Ej.: la serie de pinturas de la procesión del Corpus en Cuzco muestra un estallido de riqueza urbana. -

Posiblemente magnificado en la imagen. - Carrozas tomadas de grabados de unas fiestas valencianas celebradas años antes. - Así el Cuzco resultaba comparable con las grandes ciudades del imperio. - Las procesiones en ocasiones traspasaban los límites urbanos para llegar hasta ermitas o santuarios. - Las reliquias también viajaron y entraron en triunfo en las ciudades. - Las virtudes cristianas se apoderaron de la Fiesta religiosa. - Las de los santos Justo y Pastor en Alcalá de Henares en 1568 recorrieron la ciudad pasando por los grandes edificios hasta finalizar en el túmulo del interior de la iglesia de san Justo. - Una de las más célebres de su tiempo, comparable a las entradas triunfales de los reyes (con arcos, tapices y colgaduras). - Los préstamos entre las Fiestas de la Monarquía y las de la Iglesia se pusieron muchas veces de manifiesto.

jueves, 8 de octubre de 2026

CAPITALISMO

Empezaron a nombrar las cosas y a darles dueño
empezaron con la tierra que antes era de todos
luego con el agua de los ríos
siguieron con el agua de la lluvia

luego limitaron los montes y los bosques
en nombre del progreso y el beneficio
y cambiaron nuestra vida y nuestra mente
porque nadie quiere vivir fuera de lo obvio,
de lo real, del sentido común

empezamos a hablar de productividad y excelencia
de la necesidad de horas extras
del esfuerzo y de la competitividad
y privatizamos nuestro ocio y nuestra vida

y cuando nos dimos cuenta éramos engranajes
en una maquinaria autodestructiva
mientras el tiempo pasaba
y nuestra humanidad se diluía entre beneficios


sábado, 19 de septiembre de 2026

LA FILOSOFÍA DEL LENGUAJE: MOORE, RUSSELL, WITTGENSTEIN

G. E. Moore

 La subordinación lógica de la existencia a la verdad

La filosofía analítica -una de las corrientes de la filosofía contemporánea- surgió en Inglaterra a comienzos del siglo XX. En general se caracteriza por emprender el análisis del lenguaje realizado a partir de la lógica formal (también llamada lógica simbólica o lógica matemática) que se había desarrollado enormemente en la segunda mitad del siglo XIX (“analizar” alude aquí a la actividad de descomponer un todo en partes y atender después a sus conexiones o sus relaciones). Desde luego lenguajes hay muchos ¿cuál es entonces el lenguaje al que principalmente se atendió en esta corriente filosófica? Aunque hay excepciones que ya se mencionarán -la más notable es la del denominado “segundo Wittgenstein”- el lenguaje al que más habitualmente se adoptó como asunto de análisis fue el lenguaje especializado de la ciencia: el lenguaje conceptual y proposicional del conocimiento científico. Por otra parte, en el conjunto de la filosofía analítica se adoptaron una serie de tesis procedentes de la tradición del empirismo inglés (Locke, Hume, etc.); la principal de estas tesis es la siguiente: el conocimiento reposa finalmente en la experiencia sensible: en los datos sensoriales en los que se reflejan hechos objetivos (conectados entre sí, por ejemplo, por relaciones de causalidad).

Moore

La filosofía analítica, en resumen, comenzó realizando análisis lógicos del lenguaje de la ciencia (o, a veces, de otros lenguajes, como el lenguaje de la moral, por ejemplo), un análisis del lenguaje completado con una teoría empirista del conocimiento. Iniciadores de esta corriente fueron G. E. Moore, B. Russell y L. Wittgenstein.

La filosofía analítica del lenguaje toma como modelo el lenguaje científico: el lenguaje que plasma el conocimiento en proposiciones encadenadas en razonamientos según leyes lógicas (implicación, conjunción, disyunción, etc.). En general esto es así en Russell o en el primer Wittgenstein; pero Moore, además de esta línea, también se interesó por analizar -siempre con el recurso de la lógica- el lenguaje ordinario, el lenguaje propio de la vida cotidiana. ¿Qué cabe conseguir cuando a este se le aplica la lógica? Se logra, si se tiene éxito en la tarea, clarificar lo que en él resulta oscuro y distinguir lo que en él está confuso. La meta, en todo caso, está en lograr un lenguaje depurado y claro en el que los significados de las palabras estén nítidamente diferenciados unos de otros y las relaciones entre las frases resulten bien definidas. Este análisis clarificador, por otra parte, se realiza bajo la siguiente premisa: si alcanzamos la realidad a partir del lenguaje entonces sólo si éste está correctamente ordenado la propia realidad nos aparecerá pura, nítida, prístina, sin deformaciones ni desfiguraciones, tal y como es (la filosofía analítica, por lo tanto, se apoya inicialmente en una tesis “realista”: hay una única realidad y puede ser reflejada en el lenguaje).

Significado y verdad

Según esta corriente contemporánea el principal campo temático de la filosofía es el lenguaje con el que accedemos a la realidad. Dicho metafóricamente: el lenguaje es comparado con un “espejo” de la realidad, un espejo en el que ésta se refleja; así una proposición lingüística será verdadera si refleja adecuadamente los hechos del mundo y falso si los desfigura o deforma. Hay pues, por un lado, un vínculo interno entre el significado de las palabras -y las relaciones lógicas entre los enunciados- y la verdad de los hechos. ¿Y cuál es aquí el papel de la lógica? Esta nos permite entender en su raíz cómo es el propio “espejo”, esto es, nos ayuda a explicar cómo es que las palabras se refieren a las cosas. La lógica, en definitiva, se convierte en la base de una teoría semántica.

Moore (1873-1958) es, en general, un defensor del realismo del sentido común, es decir, apuesta por la tesis de que el mundo es como es con independencia de nuestro conocimiento o de lo que digamos de él. En su obra hay una parte empirista -heredera de la tradición de Locke o de Hume, etc.- y otra centrada en la lógica del lenguaje (y la dificultad de su propuesta está en cómo encajan -o de si encajan- estas dos partes). Moore subrayó que no todo puede ser captado por los sentidos; así la lógica y la matemática -aunque también la ética como se verá al final- no tratan de hechos del mundo sino de relaciones ideales que no están propiamente en el espacio o en el tiempo (y, también, hay conceptos científicos que se refieren a fenómenos que no podemos captar sensorialmente de modo directo -por ejemplo, el concepto de “átomo”, o el de “electrón” etc.).

Hay otro aspecto en el que Moore se separa de algunas tesis de la tradición empirista (aunque acepte siempre que en la base del conocimiento tiene que estar la experiencia sensorial en la que la realidad se refleja sin distorsión alguna). Así niega en redondo que los conceptos o los significados -los significados conceptuales de las palabras- sean hechos mentales o estados de conciencia; desde luego cuando alguien profiere palabras o frases tiene ciertos procesos psíquicos en su mente, pero esto no es algo que interese a la filosofía analítica del lenguaje (interesará, por ejemplo, a la psicología, una ciencia que se ocupa de los fenómenos mentales). Los significados de las palabras -los conceptos- son, pues, insiste Moore, independientes de la mente o de la conciencia humana: pertenecen a la esfera de la lógica, es decir, a un “reino ideal” en el que no caben los hechos espaciotemporales (por ejemplo, los hechos físicos o los hechos mentales).

Una proposición (un enunciado, un juicio) es una relación entre conceptos (entre los significados de las palabras). Precisamente la lógica es la ciencia que estudia las distintas y variadas relaciones que pueden establecerse legítimamente entre los conceptos. Las proposiciones verdaderas son las que poseen internamente unas relaciones lógicas correctas, y esto es algo que, una vez se completa el análisis lógico de un enunciado o de una secuencia de enunciados, se capta directamente, es decir, es algo que “se intuye” (por ejemplo, cuando “veo” que una operación matemática ofrece un resultado correcto: “17 + 2 ꞊ 19”). Esta tesis sobre las relaciones lógicas no solo afecta a las proposiciones matemáticas -cuya verdad no depende de los hechos reales- sino que concierne también a los enunciados empíricos: los enunciados referidos a realidades existentes o hechos mundanos. Moore sostiene, en este contexto, que la “verdad material” -comprobable por la experiencia sensorial y consistente en la adecuación o la correspondencia entre los juicios y la realidad empírica- depende de la previa y básica “verdad formal”, es decir, de una serie de relaciones lógicas entre los conceptos y las proposiciones. Un enunciado o una serie de ellos que no respete las leyes lógicas -que no sea lógicamente correcto- no puede por lo tanto ser ni verdadero ni falso. ¿Por qué? Porque carece de sentido (la verdad formal, en definitiva, es una condición previa de la verdad material, de la verdad empírica). Como el resto de los autores de la filosofía analítica Moore pretende así equilibrar las tesis de un realismo empirista con una serie de tesis logicistas (según las cuales el lenguaje -tanto el ordinario como el lenguaje especializado de las ciencias- debe adecuarse a la lógica, es decir, a las relaciones formales entre los conceptos y las proposiciones).

Moore propugna, en última instancia, un realismo pluralista según el cual el mundo está compuesto por una serie de hechos en parte aislados e independientes y en parte relacionados con otros hechos según distintos tipos de relaciones (por ejemplo, las relaciones de causalidad en el plano de la realidad o, en el plano del conocimiento de los hechos, las relaciones lógicas entre conceptos y proposiciones). Estos múltiples hechos son alcanzados y fijados gracias al lenguaje -sea el lenguaje común y corriente o el lenguaje de la ciencia- y éste debe estar filtrado por la lógica pues solo ella -en cuanto nos dice cómo es el “espejo” en el que la realidad se refleja o en el que las palabras se refieren a las cosas- puede limpiarlo de impurezas y permitir que desempeñe completa y plenamente su cometido.

El funcionamiento del método analítico: su aplicación a la ética

Moore publicó en 1903 el libro Principia Ethica en el que expuso, en base al método analítico-lingüístico, una concepción filosófica del bien moral. La pregunta conductora de esta propuesta es la siguiente: ¿qué es el bien en tanto predicado que aparece en los juicios morales refiriéndose a una propiedad que presentan las personas o las cosas?

El bien, sostiene este autor, es la propiedad que tiene algo -sea persona o cosa- que la dota de un valor intrínseco, que la convierte, por ello, en un fin: algo que no puede convertirse en un medio, en algo que lleva o conduce a otra cosa posterior.

Lo difícil de entender, subraya Moore, es que el bien al que alude la ética no se puede definir conceptualmente: es una propiedad indefinible. Así pues, todas las éticas que tradicionalmente han tratado de definir el bien han terminado fracasando (o equivocándose, diciendo cosas como que el bien es el placer o el bien es lo útil, etc.). El bien es una propiedad “simple”-carece de partes en las que se pueda descomponer-, “irreductible” -no se puede explicar o entender desde otras propiedades distintas- y “objetiva” -está o no está en una persona o en una cosa con independencia de lo que nosotros creamos-. Que el bien no sea definible no implica sin más que sea incognoscible: el bien -esa propiedad intrínseca de algunas personas o cosas- se conoce de un modo “intuitivo”, es decir, la captamos en las cosas o en las personas de un modo directo e inmediato (podemos equivocarnos, pero el error se debe entonces en que confundimos la intuición del bien con algo distinto).

Además de la parte puramente teórica de la ética -que reposa sobre la tesis de que el bien se intuye como una propiedad de algo- la propuesta de Moore incluye una parte práctica en la que se aborda el problema de los “medios” para alcanzar el bien: ¿cómo se realiza y alcanza el bien una vez captado intuitivamente? Los “medios” que conducen al fin, al bien, sí son susceptibles de definición y de razonamiento; así en el razonamiento moral se justifican unos medios como apropiados y se rechazan otros como inadecuados a la hora de conseguir el bien que se busca lograr.

La propuesta ética de Moore, pese a su rigor y su claridad, contenía muchos aspectos problemáticos -por ejemplo, ¿cómo se relacionan la parte teórica y la parte práctica de la ética del bien?, etc.-, y por ello fue un tema de debate y discusión dentro de las éticas propuestas en el marco de la filosofía analítica inglesa.

BERTRAND RUSSELL 

Bases lógicas del saber científico

La propuesta filosófica inicial del reputado matemático Bertrand Russell (1872-1970) fue la llamada “metafísica del atomismo lógico” (desarrollada después, con matices nuevos, por su joven discípulo Wittgenstein). Dicho brevemente el atomismo lógico es una teoría del conocimiento y una teoría de la realidad con una parte procedente de la lógica y otra parte de carácter empirista; en su vertiente lógica este “atomismo” sostiene que hay “proposiciones atómicas”, es decir, proposiciones que no se pueden ya descomponer en otras proposiciones más simples (estas proposiciones marcan así el punto final del proceso de la descomposición de las oraciones, el momento límite del análisis); en su vertiente empírica esta propuesta afirma que a las proposiciones atómicas les corresponde los hechos atómicos (hechos reales o mundanos que tampoco se pueden ya dividir más).

Russell, además del planteamiento que se acaba de exponer, se propuso fundamentar el conocimiento matemático -un conocimiento independiente de los hechos del mundo- a partir de la lógica formal (desarrollada en el siglo XIX por autores como Frege, etc.). La obra principal de este proyecto fue los Principia Mathematica publicada en 1910. Russell explica que las proposiciones de la matemática forman un sistema deductivo cuyos axiomas básicos proceden de la ciencia de la lógica (por ejemplo, el principio de identidad, el de no-contradicción, el de tercero excluido, etc.). ¿Por qué se fijó Russell en el conocimiento matemático (intentando para este una fundamentación en la lógica)? Porque sigue, aunque con recursos nuevos, una vieja tradición pitagórica y platónica según la cual “la Naturaleza está escrita en fórmulas matemáticas” (la estructura de la realidad, está, según esta tesis tradicional, en último término en lo matemático, en lo cuantitativo). El conocimiento matemático tiene, por lo tanto, un papel clave en el conjunto del conocimiento. De todos modos -y volvemos de nuevo con la herencia del empirismo inglés tan presente en la filosofía analítica- las ciencias de hechos -como la física o la química- están también basadas en la experiencia sensorial (algo que resulta claro cuando se realiza un experimento en el que se pretende probar tal o cual hipótesis científica). La ciencia, por lo tanto, conjuga dos aspectos: uno lógico y matemático y otro empírico y experimental; ambos son inseparables, se apoyan y se refuerzan entre sí, y si uno de los dos falla el edificio de la ciencia se desmorona.

El conocimiento se plasma en una serie de proposiciones que se relacionan entre sí constituyendo las distintas teorías científicas (el conocimiento tiene, pues, una entraña lingüística –“conocer es nombrar”, en definitiva). Para que el enjambre de proposiciones del conocimiento esté bien organizado es imprescindible acudir a la lógica: un lenguaje formal perfecto gracias al cual se analiza, depura y ordena el lenguaje científico. El propio concepto de “análisis” implica lo siguiente: hay proposiciones compuestas (los “enunciados moleculares”) que pueden ser descompuestas sucesivamente hasta llegar a proposiciones simples; estas últimas son “enunciados atómicos”, frases lógicamente indivisibles. Un ejemplo clásico de proposición atómica es la que tiene la forma “S es P”: en esta clase de enunciado se atribuye un predicado –“blanco”, “marrón”, “amarrillo”- a un sujeto –“el gato que está sentado sobre la alfombra”-.

En su vertiente empirista Russell afirma que en la base del conocimiento hay proposiciones empíricas que se refieren a hechos empíricos (hechos observables en la experiencia sensible). Son estos hechos empíricos -su presencia o su ausencia lo que hace verdadero o falso un enunciado empírico (“el sol sale por el oeste”, por ejemplo). Hay, así, en el conocimiento una estrecha y estricta correspondencia entre las proposiciones y los hechos observables (siempre hechos particulares ubicados en unas concretas coordenadas espaciales y temporales). ¿Qué explica en último término esta “correspondencia” entre hechos y proposiciones? Este fue el tema del que se ocupó su discípulo Wittgenstein en el libro que publicó en 1921.

El denominado “atomismo lógico” implicaba una “metafísica”, es decir, una descripción general de cómo es la realidad, de cómo es el mundo. Sostiene Russell que el mundo está integrado por hechos independientes que, además, se relacionan entre sí; los hechos, además, son múltiples, particulares y cambiantes. Y estos hechos -cuando son conocidos- se reflejan en proposiciones verdaderas. Esta propuesta filosófica enseguida se encontró con una serie de problemas, algunos fueron rápidamente resueltos con éxito pero otros quedaron sin resolver (mostrando así que este planteamiento es deficiente en puntos concretos).

Paradojas insolubles

Hay tres tipos de proposiciones del lenguaje que son difícilmente explicables y entendibles desde el atomismo lógico. Cada uno de estos tipos presenta por lo tanto una paradoja que no se deja abordar satisfactoriamente dentro de este marco teórico. Los herederos de Russell -por un lado, Wittgenstein, por otro el positivismo lógico del Círculo de Viena- intentaron aportar para estas paradojas una solución apropiada. ¿Qué proposiciones son las que plantean dificultades? Principalmente estas: las frases que denotan hechos generales (por ejemplo “todos los cisnes son blancos”); las proposiciones que se refieren a hechos negativos (por ejemplo, “Elvis no está vivo” o “La cuenta corriente no está en números rojos”), y, por último, las proposiciones que se refieren a creencia u opiniones de alguien (por ejemplo, “Pedro cree que hay vida en Marte” o “Luisa cree que Elvis está vivo”, etc.). Estamos aquí, en definitiva, ante los puntos débiles del atomismo lógico.

¿Por qué no soy cristiano?

En el libro, el filósofo va exponiendo los argumentos que se han defendido tradicionalmente para probar la existencia de Dios, y los va desmontando uno a uno.

Russell rechaza por ilógicas todas las pruebas racionales de la existencia de Dios; el argumento de la Primera Causa que hemos visto, pero también todos los demás: el de la ley natural, los argumentos morales…, y asegura que los hombres creen en Dios porque necesitan un padre todopoderoso que los proteja contra la inseguridad y los temores de la vida.

Para Russell, la religión se basa principalmente en el miedo. El miedo, dice, es la base de todo: el miedo a lo desconocido, a lo misterioso, a la derrota, a la muerte. Y el deseo de sentir que se tiene un «hermano mayor» que nos va a defender en todos nuestros problemas y disputas.

"El miedo es el padre de la crueldad y, por tanto, no es de extrañar que la crueldad y la religión vayan de la mano", escribe Russell. "Tenemos que mantenernos en pie y mirar al mundo a la cara: sus cosas buenas, sus cosas malas, sus bellezas y sus fealdades; ver el mundo tal cual es y no tener miedo de él. Conquistarlo mediante la inteligencia y no solo sometiéndonos al terror que emana de él. Toda nuestra concepción de Dios es una concepción derivada del antiguo despotismo oriental (…) Un mundo bueno necesita conocimiento, bondad y valor; no necesita el pesaroso anhelo del pasado, ni el aherrojamiento de la inteligencia libre mediante las palabras proferidas hace mucho por hombres ignorantes. Necesita un criterio sin temor y una inteligencia libre. Necesita esperanza en el futuro, no el mirar hacia un pasado muerto, que confiamos que sea superado por el futuro que nuestra inteligencia puede crear".

Hay quienes entienden que cristiano es la persona que trata de vivir virtuosamente. De este modo serían cristianos muchos mahometanos, confucionanos o budistas, que viven virtuosamente. En la actualidad, hay dos cosas esenciales para todo aquel que se llame cristiano: la primera es de naturaleza dogmática y establece que hay que creer en Dios, en la inmortalidad y deben creer en Cristo. Pero los mahometanos, entre otros, creen en Dios y en la inmortalidad, y no se llaman cristianos. Russell dice, además, que "la gente acepta la religión emocionalmente y que por eso se nos dice que es malo atacar la religión, ya que la religión hace virtuosos a los hombres." Russell, cita la anécdota de Samuel Butler en Erewhon Revisite: "Higgins vive en Erwhom, pero viaja a un país remoto en el que permaneció algunos años. Un día decide marcharse, y lo hace tripulando un globo. Pero 20 años más tarde, vuelve a ese país remoto y observa que ha nacido una nueva religión. En esta religión, él mismo es adorado con el nombre de Niño Sol, porque se dice que ascendió a los cielos. Higgins llega el mismo día en se preparan para celebrar la Fiesta de la Ascensión. Higgins reprocha a los que ofician de sumos sacerdotes y les dice que va a comunicar al pueblo que fue él que subió al cielo en un globo. Los sacerdotes le argumentaron que no podía hacer eso, porque toda la moral del país está basada en este mito y si supieran que el Niño Sol ascendió al cielo en un globo, los hombres se harían malos".

Russell defiende un mundo en el que la educación tienda a la libertad mental en lugar de a encerrar la mente de la juventud "en la rígida armadura del dogma, calculado para protegerla durante toda su vida contra los dardos de la prueba imparcial. El mundo necesita mentes y corazones abiertos, y estos no pueden derivarse de rígidos sistemas, ya sean viejos o nuevos".

Bertrand Russell


Ludwig Wittgenstein

Conocimiento y lenguaje

Wittgenstein (1889-1951) es -junto con Martin Heidegger- uno de los autores más relevantes, influyentes y decisivos de la filosofía del siglo XX. El conjunto de su obra filosófica está marcado por dos periodos diferenciados; en cada uno de esos periodos encontramos un libro principal: a la primera etapa corresponde el Tractatus-logico-philosophicus (1921) y a la segunda las Investigaciones filosóficas (publicado póstumamente en 1953). A pesar de las grandes diferencias entre estos dos periodos hay, de todos modos, un hilo conductor: la filosofía de Wittgenstein estuvo volcada siempre a analizar el mismo campo temático. ¿Cuál? El lenguaje (suponiendo, pues, que si entendemos profundamente en qué consiste el lenguaje podremos introducir claridad sobre qué son y cómo son el resto de las cosas y situaciones del mundo).

¿Qué caracteriza globalmente a la primera etapa de su pensamiento filosófico? Principalmente la tesis -común a la primera fase de la filosofía analítica- de que la entraña última del lenguaje -y, con éste, la estructura misma del mundo- está en la lógica (una ciencia formal a cuyo desarrollo contribuyó el mismo Wittgenstein, por ejemplo, ideando el método de las tablas de verdad, etc.). En el Tractatus Wittgenstein afirma que solo hay dos clases de proposiciones con pleno sentido: los enunciados de la lógica y la matemática y los enunciados empíricos (referidos a los hechos del mundo); los enunciados lógicos y matemáticos son siempre verdaderos -son lo que se denomina “tautologías”- pues su verdad no depende de los sucesos mundanos ni de la experiencia sensorial, en cambio los enunciados empíricos son verdaderos o falsos dependiendo de si ocurren en el mundo tales o cuales hechos comprobables o verificables según algún procedimiento observacional o experimental. El resto de los enunciados -por ejemplo, los de la poesía, los juicios morales, las oraciones religiosas o las proposiciones de la filosofía- simplemente “carecen de sentido” (y por lo tanto no pueden ser ni verdaderas ni falsas). Volveremos sobre esto con más detalle en el apartado siguiente.

¿Qué caracteriza en general la segunda etapa de su obra? En primer lugar, Wittgenstein rechaza enteramente la tesis -defendida inicialmente por él mismo- de que la lógica es la entraña última del lenguaje y del mundo. La lógica, como mucho, puede ser relevante a la hora de organizar y pulir el lenguaje de la ciencia, pero este último es solo un lenguaje entre otros que no debe ser privilegiado en detrimento de los demás (por ejemplo, respecto al lenguaje de la poesía, etc.). Tenemos, pues, como primera tesis del segundo periodo, que hay múltiples “juegos de lenguaje” entre los cuales no hay que establecer de antemano ninguna jerarquía o prioridad: en cada forma de vida, en cada tipo de actividad en la que están involucrados los seres humanos (la ciencia o el arte, por ejemplo), se juega a un juego de lenguaje en el que se emiten mensajes -actos de habla, conductas verbales- siguiendo las reglas propias de ese juego. Por otra parte, ¿dónde reside el significado de las palabras y las frases con las que nos comunicábamos? En su primera etapa Wittgenstein sostenía que un enunciado únicamente tenía sentido si podría ser “traducido” en el lenguaje formal y abstracto de la lógica; pero ahora de nuevo rechaza por completo esta idea. El significado está, afirma ahora, en el uso de las palabras o las frases en los distintos contextos de la vida (en los que son pertinentes unos concretos y específicos juegos de lenguaje). En definitiva, la concepción del lenguaje del segundo Wittgenstein es “pluralista” (hay muchos juegos de lenguaje trenzados con las distintas formas de vida) y “pragmática” (el significado está en el uso de las palabras y las frases por parte de unos agentes humanos que, previo aprendizaje, se comunican entre sí en distintos contextos y con distintos propósitos -la meta del lenguaje científico es, por ejemplo, distinta de lo que pretende el lenguaje de la poesía, pero ambos lenguajes son, en su campo, igualmente legítimos). Supera así Wittgenstein la estrecha y estricta concepción del lenguaje que había defendido –“obnubilado por la exactitud y precisión del lenguaje formal de la lógica”- en su juventud.

Ampliaremos más estas ideas en los siguientes apartados, pero con lo expuesto ya está, en el fondo, resaltado lo principal respecto a la propuesta filosófica de este autor.

El proyecto epistemológico del Tractatus

En general en el Tractatus-logico-philosophicus sostiene Wittgenstein que las proposiciones del lenguaje “representan” hechos del mundo; también se puede acudir aquí a la metáfora del espejo: el lenguaje refleja en su seno los hechos del mundo (y, ambién, se podría comparar al lenguaje con una ‘pintura realista’ o con una ‘fotografía’). Por esta razón, partiendo de una teoría representativa o especular o pictórica del lenguaje, Wittgenstein concluye que el lenguaje primordial o prioritario es el lenguaje de la ciencia. Fijémonos en una proposición empírica en la que se describen estados de cosas del mundo -por ejemplo, por buscar una frase cotidiana “el gato está sobre la alfombra”-, ¿de qué depende su significado? En parte depende de la presencia del referente: de si se da aquí y ahora en el mundo el hecho referido por el enunciado (si es así el enunciado tiene significado y además es verdadero). Pero esto no es lo principal: el significado de las palabras y los enunciados sobre todo depende de que cumplan rigurosamente una serie de condiciones lógicas (condiciones expuestas por las leyes lógicas que explican cómo los conceptos se relacionan entre sí en el lenguaje de la ciencia). Llegamos así exactamente al núcleo de lo que Wittgenstein defiende: si las proposiciones representan hechos -teniendo por un lado significado y por otro pudiendo ser verdaderas- es porque hay una estructura o forma común al lenguaje y al mundo. Y esta estructura o forma está depositada precisamente en la lógica. Estamos aquí, por lo tanto, ante el supuesto principal de la concepción representativa del lenguaje. La filosofía, por su parte, se encarga de explicitar el conjunto sistemático de las condiciones lógicas que vinculan y conectan el lenguaje con el mundo. Pero en este paso despunta enseguida un problema: las proposiciones filosóficas en las que se pone de relieve el armazón lógico común a las proposiciones y los hechos ¿tienen a su vez significado? ¿O tal vez, paradójicamente, carecen de significado (pues no son ni proposiciones empíricas que se refieran a hechos del mundo ni tampoco enunciados lógicos o matemáticos)? ¿Cómo resuelve -o, mejor, cómo intenta resolver- Wittgenstein esta enorme paradoja? Volveremos sobre ello al final del apartado. Ahora nos fijaremos en otros aspectos de lo que se expone en el libro de 1921.

En su atomismo lógico Russell sostenía que la unidad mínima de significado está en la palabra o el concepto aislado (por ejemplo, “árbol”, “mesa”, “electrón”, “triángulo”). Wittgenstein discrepa de esta tesis: un concepto tiene un significado completo y preciso sólo cuando está integrado en una proposición. Así pues, la unidad básica de significado es el enunciado o el juicio.

Profundizando en este tema propuso Wittgenstein lo que se denomina una teoría “pictórica” del significado de la proposición. Esta teoría pretende explicar cómo los enunciados logran referirse con éxito a los hechos del mundo; para ello compara una proposición con un “cuadro realista” -en el que se busca una copia exacta de un modelo: tomemos como ejemplo un retrato de una persona, en él cabe indicar que tal porción representa la nariz y tal otra representa la boca o los ojos (representar significa aquí sustituir, estar por algo o estar en vez de algo). ¿Por qué, pregunta Wittgenstein, una proposición “pinta” un hecho del mundo de un modo reconocible? Porque, como antes expusimos, el lenguaje y el mundo, en el fondo, comparten una idéntica forma lógica. Por esta razón la lógica tiene un papel principal y ocupa un lugar fundamental: en ella se encuentra nada menos que la explicación última del conocimiento de la verdad (gracias a proposiciones con un significado preciso y exacto) y la explicación completa de la realidad en su organización general.

Wittgenstein considera, cuando desarrolla esta teoría del lenguaje, que hay dos tipos de proposiciones provistas de significado: la proposiciones formales y abstractas de la lógica y la matemática y, además, las proposiciones empíricas referidas a hechos del mundo (estamos aquí, por lo tanto, ante el lenguaje de la ciencia). Cuando están bien formadas y correctamente relacionadas las proposiciones lógicas y matemáticas son siempre verdaderas: son tautologías (verdades a priori cuya validez no depende de ningún suceso mundano). En cambio, una proposición empírica no es siempre verdadera, su verdad depende de si actualmente se da el hecho que ella representa (asume en este punto Wittgenstein una tesis del empirismo inglés: es la experiencia observacional de los sentidos la que determina en último término la verdad o la falsedad de una proposición científica).

Dejamos antes pendiente un problema o una paradoja: los enunciados filosóficos exponen la forma lógica común al lenguaje y al mundo; sin embargo, estos peculiares enunciados no son ni los propios de la lógica ni tampoco son enunciados empíricos. En coherencia con sus tesis iniciales Wittgenstein concluye que los enunciados filosóficos carecen de sentido o de significado (por lo cual, por otra parte, no puede ser declarados ni verdaderos ni falsos, entre otras cosas porque ellos enuncian las condiciones de que algo sea o verdadero o falso). ¿Cómo sale de este monumental enredo? Introduciendo una curiosa distinción entre lo dicho y en el lenguaje y los mostrado por el lenguaje. En el lenguaje lógico-matemático y en el lenguaje científico se dice algo, se pinta o fotografía o representa algo. En cambio, el lenguaje de la filosofía -encargado nada menos que de señalar la estructura común al mundo y al lenguaje- no dice nada, no representa nada. ¿Entonces, qué hace este peculiarísimo lenguaje? Solo “muestra” esa forma o ese armazón compartido por proposiciones y hechos. Esta ingeniosa distinción entre lo dicho en el lenguaje de la ciencia y lo mostrado por el lenguaje de la filosofía no convenció a todos, más bien originó encendidos debates: Russell no la aceptó, y en el Círculo de Viena encontró unos pocos partidarios y bastantes detractores (todos reconocían la genialidad de Wittgenstein, pero dudaban de que su distinción resolviera realmente el problema planteado).

Por último, puede destacarse que en la parte final del libro de 1921 afirma Wittgenstein que no todo puede decirse en el lenguaje de la ciencia, o que no todo cabe en el estrecho molde de la lógica: aunque sea “fuera” del mundo de los hechos reconoce que hay también lo que denomina “lo místico”, es decir, lo “inexpresable lingüísticamente”; así la ética, la estética, la religión, por ejemplo, apuntan hacia eso que se sitúa más allá de la frontera de lo que puede ser conocido y verificado científicamente. Y eso, sostiene Wittgenstein, no puede sin más desdeñarse y rechazarse: tiene, al menos vitalmente, mucha importancia.

Conocimiento y juegos de lenguaje

Después de publicar en 1921 el Tractatus-logico-philosophicus Wittgenstein empezó, primero poco a poco, después de un modo más tajante, a distanciarse de su posición inicial hasta llegar rechazarla por completo. Sus rotundas afirmaciones iniciales -la lógica es el molde común al lenguaje y al mundo, sólo tiene sentido y sólo puede ser verdadero el lenguaje de la ciencia, etc.- le parecían ahora, años después de afirmarlas, precipitadas, exageradas, rígidas, demasiado estrechas. En vez de venerar el lenguaje puro, pulcro e idealizado de la lógica empezó a fijarse -por ejemplo, en un periodo en el que trabajó como “maestro de escuela”- en el lenguaje cotidiano, ese lenguaje común y corriente en el que los seres humanos se comunican en distintas y variadas situaciones vitales cuando llevan a cabo una serie de tareas. ¿No es este lenguaje polisémico, público, dialogal, el lenguaje básico y primordial? Esta nueva orientación -en la que se abandona la primacía de la lógica en favor de los múltiples lenguajes que actúan en la vida cotidiana- cuajó finalmente en su último libro, titulado Investigaciones filosóficas, publicado póstumamente en 1953. Muchos autores de la “filosofía analítica” -sobre todo los entonces más jóvenes- se sintieron atraídos por este innovador planteamiento y, cada uno aportando unos peculiares matices, se adentraron en esta línea de indagación (por ejemplo, Ryle, Austin, Strawson, Searle, etc.).

Lo primero en lo que insiste ahora Wittgenstein es en negar una y otra vez que exista algo así como el Lenguaje, escrito con mayúsculas. Lo que hay son múltiples lenguajes irreductibles entre sí y esto es algo que debe respetarse escrupulosamente. Es cierto que la filosofía debe intentar, hasta donde pueda, decir algo relevante sobre el “lenguaje en general”, pero sin perder nunca de vista que esto es una abstracción que no debe confundirse con la realidad: los diversos lenguajes que son hablados o escritos en los distintos contextos de la vida social en los que los seres humanos están implicados. ¿Qué es, pues, el “lenguaje”? Propone Wittgenstein compararlo con un “juego” -por el ejemplo el ajedrez o algo de este estilo. Cuando, en el seno de una actividad cultural, por ejemplo, científica o artística, hablamos o escribimos, estamos jugando a un juego, es decir: realizamos jugadas que siguen unas determinadas reglas (en el caso del lenguaje hay reglas sintácticas, semánticas y pragmáticas). Con esta tesis principal –“el lenguaje es como un juego”- Wittgenstein pretende subrayar que los lenguajes no flotan en el vacío: están siempre incardinados en y entrelazados con formas de vida sociales y culturales concretas; por esta razón por importantes que sean las reglas gramaticales del lenguaje -las reglas sintácticas y semánticas- resultan al final decisivas las reglas pragmáticas: las reglas de uso de las frases en los contextos de la vida ordinaria (esto, entre otras cosas, explica por qué el modo óptimo de aprender un idioma extranjero es, precisamente, practicarlo “in situ”). En definitiva, y esta es la primera tesis del segundo Wittgenstein, el “lenguaje” es un enjambre de juegos complejos y cambiantes provistos de una serie de reglas de uso, unos juegos que están entretejidos con las actividades que desempeñan los seres humanos en su vida mundana.

Wittgenstein -como hará también Martin Heidegger- afirma que no hay un mundo ideal y verdadero, un mundo trascendente, inmutable y permanente, idéntico y universal, eterno y seguro, un mundo perfecto y acabado que se apoye en un fundamento definitivo al que se accede a través de un lenguaje especial (por ejemplo, el lenguaje conceptual organizado desde la lógica). La idea de un mundo así -un mundo que repose sobre entidades autosuficientes como Dios o el Hombre- es una creencia de la tradición occidental desde Platón (el cual suponía que había un reino ideal de esencias que formaban una trama piramidal que lo explica todo). Pero en el siglo XX esa creencia en lo Absoluto se ha desvanecido. El mundo es inestable, incierto, complejo, cambiante, y nada nos indica en serio que repose sobre un Fundamento absoluto. Traducido todo esto al plano del lenguaje resulta lo siguiente: los juegos de lenguaje -trenzados con las formas socioculturales de vida- nacen un día, se desarrollan y al final, por agotamiento, perecen y son sustituidos por otros distintos en un ciclo sin fin.

Volvamos ahora con la teoría del significado del lenguaje propuesta por Wittgenstein en su segunda etapa. En su primer libro, publicado en 1921, el significado de las proposiciones empíricas está en su referente, en un hecho particular del mundo; esta semántica referencialista es el núcleo de la teoría pictórica o representacional del lenguaje. Pero en su segunda etapa Wittgenstein es más cauto: esta teoría vale, en efecto, para algunos tipos de lenguaje -por ejemplo, el lenguaje de la ciencia- pero no es una norma de obligado cumplimiento para todos los lenguajes en su inmensa variedad y riqueza. ¿En qué consiste entonces el significado de las palabras y de las frases (sean orales o escritas)? El significado se define y se concreta en el uso; por lo tanto, los mensajes que intercambian los seres humanos en el seno de las actividades que desempeñan son jugadas en un juego de lenguaje en el que el uso está determinado por reglas. Desde luego esta tesis -el significado reside en el uso- es mucho más amplia y versátil que la que Wittgenstein defendió en un primer momento: hay, sin duda, un uso “pictórico” del lenguaje (cuando las proposiciones representan hechos), pero hay también muchos más usos legítimos (por ejemplo, el uso poético o literario, el uso persuasivo de la retórica política, el uso moral en el que decimos que algo es bueno o malo, etc.).
Una de las implicaciones de la tesis de que el significado se resuelve en el uso es que las palabras y las frases son polisémicas, siendo el contexto el que estipula cuál es el significado pertinente y apropiado en cada caso y ocasión. El significado, por lo tanto, no solo depende del referente, también depende del contexto.

¿Cuál es, según la segunda propuesta de Wittgenstein, el cometido de la filosofía? Por un lado, se encarga describir y clarificar el lenguaje en la variedad de sus usos. Por otro lado, se ocupa de prevenir y de evitar cualquier intento de reduccionismo: por ejemplo, cuando se pretende reducir la multiplicidad del lenguaje a una unidad, o cuando se trata de considerar que hay un único lenguaje privilegiado que debe imponerse sobre los demás, o cuando se cree que hay que eliminar la polisemia en favor de los significados unívocos, etc. La filosofía, así, tiene que contribuir a que se asuma que no hay una esencia fija del lenguaje y, tampoco, una esencia permanente del mundo; tiene, pues, que enseñar a que se respete la pluralidad, complejidad y mutabilidad del lenguaje, pues todo esto son rasgos positivos, no algo que hay que combatir y eliminar a toda costa.

Si el significado de palabras y frases está en los juegos de lenguaje incardinados en formas de vida, ¿qué dice ahora Wittgenstein sobre la cuestión de la verdad? En su primera obra definía la verdad como la correspondencia exacta entre las proposiciones y los hechos, algo que encaja a la perfección con una teoría pictórica o representativa del lenguaje. Pero una vez se reconoce, como ocurre en su segunda etapa, que hay muchos juegos de lenguaje ¿cómo puede entenderse qué sea la verdad? En principio, la verdad es, ante todo, el acuerdo o el consenso de los jugadores sobre la validez de las frases que se emiten o que circulan por el espacio común; en situaciones normales no cabe, por otra parte, ni un acuerdo unánime ni tampoco un desacuerdo completo: y en este punto intermedio, en esta línea de equilibrio, se mueve precisamente la verdad. La verdad, por lo tanto, es un acuerdo entre los participantes en un juego de lenguaje en parte firme y estable -erigiéndose en un vínculo que aglutina una comunidad- y en parte frágil e inestable -un consenso consolidado puede deshacerse si hay motivos o razones para ello, y así, cabe alcanzar después otro acuerdo distinto sobre qué se acepta como verdadero y se rechaza como falso (y así sucesivamente pues no hay un acuerdo definitivo que nunca pueda ser revocado y revisado). Una vez dicho esto, Wittgenstein añade una puntualización importante: en última instancia los procedimientos concretos para fijar lo verdadero y descartar lo falso (o distinguir lo bueno de lo malo, lo bello de lo feo, etc.) son internos y específicos de cada juego de lenguaje; el procedimiento por el cual se concluye, aunque sea provisionalmente, que una película es una obra maestra del cine es distinto del que actúa en el caso del conocimiento científico o en el de una decisión política, etc. En definitiva: la verdad de las frases es el precipitado, en parte fijo y en parte móvil, del acuerdo o consenso de una comunidad implicada en una forma de vida y en un juego de lenguaje que incluye maneras específicas de verificar sus contenidos, de comprobar su validez.

En conclusión, Wittgenstein en su segundo periodo, afirma que la filosofía describe los juegos de lenguaje, define el significado de palabras y frases como su uso reglado y entiende que la verdad es un consenso vinculante para una comunidad que puede eventualmente ser modificado. Por otro lado, la filosofía se afana en contrarrestar los constantes intentos de homogeneizar y estabilizar el lenguaje atándolo a un fundamento fijo y definitivo (por ejemplo, cuando se postula un universo de esencias idénticas y eternas que tiene que ser alcanzado por el conocimiento, etc.). No hay un Fundamento, no hay ningún Absoluto al que agarrarse. Por último, la filosofía posee un papel crítico que la conduce a alentar los cambios, las reformas en los juegos de lenguaje vigentes; sin embargo, este papel crítico tiene que entenderse bien con el fin de no exagerar el modesto papel de la filosofía: no es la filosofía la que, ella sola, efectúa el cambio en un juego de lenguaje, éste cambio, cuando se gesta o cuando cristaliza, proviene de su dinámica propia, son las propias formas de vida las que según se van desprendiendo del lastre del pasado que las anquilosa y agarrota se abren a la novedad de un acontecimiento en el que resultan profundamente transformadas. La filosofía puede, tal vez y en el mejor de los casos, preparar la llegada de ese acontecimiento, aprestar la apertura de un paradigma nuevo, pero no le corresponde realizar por sí sola esa transformación que compete a las propias formas de vida entretejidas con sus propios juegos de lenguaje.


Ludwig Wittgenstein