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domingo, 9 de febrero de 2020

EL EXILIO REPUBLICANO

En 2019 se cumplieron 80 años del fin de la Guerra Civil española y de la huida de republicanas y republicanos españoles hacia Francia, norte de África y el continente americano. Fue La Retirada una diáspora de masas, calculada en unas 480.000 personas, de larga duración y plural porque incluyó personas de todos los estratos sociales, políticos y económicos, desde simples asalariados o amas de casa hasta un muy elevado número de intelectuales, en torno a unos 5.000.

La caída de Barcelona el 26 de enero de 1939 precipitó la Retirada y, entre finales de enero y el mes de febrero de aquel duro y muy gélido invierno, aproximadamente medio millón de españoles republicanos vencidos, de todas las clases sociales y edades (ancianos, mujeres, milicianos y niños), desarmados y ligeros de equipaje, atravesaron con sus maletas y bultos la frontera francesa.

Para la mayoría de nuestros intelectuales exiliados la primera experiencia de su exilio francés fue la de los campos de concentración: Argelès, Saint Cyprien, entre otros. Los artistas, escritores e intelectuales republicanos internos en estos campos de concentración franceses preferían, por razones obvias de lengua y cultura, exiliarse en América, sin olvidar que muchos exiliados republicanos españoles terminaron por convertir Francia en su residencia definitiva y que permanecieron en una Europa abocada a la Segunda Guerra Mundial. Instalados en sus distintos países de acogida y creadas nuevas instituciones como la Junta de Cultura Española, fundada en París en marzo de 1939, los intelectuales republicanos exiliados pudieron publicar durante aquel mismo año sus primeros libros, editar sus primeras revistas, exponer sus primeros cuadros o dar sus primeros cursos en aquellas universidades americanas.

EL INICIO DE LA RETIRADA

A finales de 1938, tras el hundimiento del frente del Ebro, Franco comenzó su ofensiva en Cataluña. la caída de Barcelona precipitó un éxodo anunciado. Entre el 28 de enero y mediados de febrero de 1939, unos 500000 refugiados cruzaron la frontera entre Andorra y el Mediterráneo. las autoridades francesas aprobaron primero el paso de mujeres, niños, ancianos y militares heridos,y, más tarde el de los militares del ejército republicano.

A pie, en burro, a caballo o en camión este éxodo se dirigió hacía los diferentes pasos fronterizos de los pirineos Orientales todavía abiertos. Los fascistas no llegaron al Coll dÁres hasta el 13 de febrero. en las montañas de la Cerdaña, del Vallespir y de la Albera, a menudo cubiertas de un manto de nieve, la mayorías de los republicanos cruzaron la frontera por senderos de cabras y de contrabando. otros probaron suerte por la costa.

A mediados de febrero de 1939, este éxodo masivo, conocido como "La Retirada", llega a su fin, aunque durante meses miles de refugiados siguieron aún pasando clandestinamente a Francia.

El dispositivo policial y militar francés tenía como objetivo desarmar a los soldados republicanos y dirigirlos a campos de concentración provisionales establecidos en las playas de Argelès-sur-Mer y Saint-Cyprien. Los heridos, los enfermos, las mujeres y los niños serían evacuados gradualmente y traslados a refugios repartidos por toda Francia. no obstante, algunos miles de mujeres y niños quedaron atrapados en los campos de los Pirineos Orientales. Poco a poco, se erigió una segunda red de campos de concentración en el suroeste del país, como los de Le Barcarès, Bram, Agde, le Vernet, Septfonds y Gurs.

Prácticamente unos 250 000 de los exiliados republicanos consiguió regresar a España donde recibieron una dolorosa acogida. De la otra mitad, muchos murieron en campos de concentración franceses tanto como en las filas de la resistencia o en los campos de trabajos y en los de exterminio nazis. los supervivientes de integraron en los países que los recibieron, principalmente en Francia. la mayor parte de estos desterrados no pudo regresar a su patria hasta la muerte del dictador.


La figura de Philippe Gaussot

Philippe Gaussot nació el 28 de agosto de 1911 en Belfort, donde su padre, entonces capitán, estaba en la guarnición. El más joven de ocho hermanos, es prácticamente el único que no acepta ni una carrera militar ni una religión. En 1914, los Gaussots tuvieron que huir de Belfort bajo los bombardeos para refugiarse en Bar-le-Duc, luego en Besançon, antes de establecerse en 1920 en Bayona, donde vivieron muy felices durante cuatro años, aunque sin dinero. En 1924, regresó a Besançon, luego la familia se mudó a París en 1929, para que los dos más pequeños pudieran continuar sus estudios. Atraído por las colonias, ingresó en el Lycée Louis-le-Grand para preparar la Escuela Nacional de Ultramar de Francia. Recibido en 1931, eligió la sección de Indochina, con la esperanza de ser nombrado administrador en Camboya o Laos. Los problemas de salud iniciales arruinarán esta ambición. Al mismo tiempo, Philippe aprobó su licenciatura en derecho, investigó un poco y luego participó activamente en el lanzamiento y la caminata de la Juventud Cristiana Estudiantil (JEC); estuvo a cargo de publicaciones, produjo varios diarios y libros de ruta y escribió un libro sobre la rama Cadete, del cual era responsable, después de haber sido secretario general.
Philippe Gaussot 

Luego estableció contactos con otros movimientos, como los albergues juveniles (donde conoció a Paul-Émile Victor) y los jóvenes socialistas. Para furia de su padre, reemplazó al jefe de los pioneros rojos del distrito 19 por algunos meses. En 1936 vio el advenimiento del Frente Popular intensamente. A partir de este momento, sus primeros viajes a las montañas datan, principalmente, de Barèges (campamento Bernard-Rollot) y Chamonix, donde a los 18 años hará el Grépon a la cabeza de la cuerda, y luego muchas otras carreras importantes. Se fue a hacer su servicio militar en Sospel, deseando alejarse lo más posible de París y vivir en paz como guardián de la montaña durante un año. Reformado después de un problema pulmonar, tuvo que regresar a París y luego recuperarse en Chamonix.

Tras la Guerra Civil Española, ayudado por varios camaradas catalanes y vascos, cruzó a menudo la frontera para abastecer a los republicanos sumidos en los desastres de la guerra. en febrero de 1939, hace su último viaje clandestino y regresa en un camión cargado de niños y mujeres: "Nuestro último viaje fue a Puigcerdà, donde conduje un camión de siete toneladas, con la ayuda de dos milicianos, por calles minadas".

Ya en FranciaPhilippe Gaussot y el Comité abastecen varios campos de concentración y ayudan a fundar asentamientos para acoger a mujeres y niños. Cuando estalla la Segunda Guerra mundial, al no poder ser movilizado por problemas de salud, es nombrado delegado nacional del comité donde se encarga de la reconversión de exiliados.

También participa activamente en la resistencia contra los nazis y se alista en la Fuerzas Francesas del Interior. al acabar la contienda, Philippe Gaussot se establece en los Alpes, en Chamonix, donde trabajo como periodista en septiembre de 1945, finalmente ingresó en Dauphiné libéré, donde permaneció hasta su muerte. Es parte del equipo fundador del periódico, junto con Louis Richerot y Louis Bonnaure. Cubre los principales eventos deportivos como los Juegos Olímpicos de Invierno y los campeonatos mundiales de esquí, y todos los grandes dramas de la montaña

EL EXILIO Y LA CULTURA

El exilio ha sido una constante en la historia moderna española, pero ninguno tuvo la dimensión trágica del de los republicanos expulsados tras la Guerra Civil. durante los primeros meses de 1939, alrededor de medio millón de españoles cruzaron la frontera francesa en sucesivas oleadas, las últimas causadas tras la caída de Barcelona en febrero de ese mismo año. La mayoría de los exiliados fueron internados en campos de concentración improvisados, algunos de los en las propias playas del Rosellón.

En exilio fallecerían Antonio Machado o Manuel Azaña entre otros, cuyas tumbas se convertirían en lugares de peregrinación.
Machado se convertiría en una figura de homenaje. Junto a él, se repetían tres nombres más de la literatura:

Los escenarios se convirtieron en espacios de encuentro para numerosos intelectuales y creadores que colaboraron en la puesta en escena de obras de teatro y danza como dramaturgos, coreógrafos, libretistas, compositores, escenógrafos, figuristas e intérpretes. En los nuevos contextos de guerras y desplazamientos forzados, las compañías de teatro y ballet ofrecieron a los exiliados una oportunidad laboral que permitieron, no solo conocer sus propuestas allá por donde pasaron en gira, también ayudaron a crear redes de apoyo que se tejieron y reforzaron entre los exiliados españoles y los creadores locales, favoreciendo el intercambio, la experimentación y el enriquecimiento mutuo.

El mejor teatro español, al menos durante los años cuarenta, se representó en el exilio y tuvo por escenarios los teatros de América, muy particularmente Buenos Aires y México D.F. entre las numerosas compañías en las que se integraron artistas e intérpretes exiliados, destaca la de Margarita Xirgu, quien en el Teatro Avenida de Buenos Aires estrenó obras de Rafael Albertí, Alejandro Casona y Federico García Lorca.

Al no depender de la palabra, la danza del exilio logró una presencia muy amplia, no solo en Iberoamérica, sino también en otros centros de Francia, Reino Unido, Estados Unidos y la Unión Soviética. El lenguaje de la danza española sirvió de aglutinante para una comunidad dispersa, rememorando y evocando la memoria de una tierra perdida, manteniendo vivos los recuerdos y ayudando a resistir a pesar de la distancia.

LOS PAÍSES DE ACOGIDA

La Unión Soviética

El primer aspecto diferenciador es el hecho de que el colectivo de españoles numéricamente más importante que, al finalizar la guerra, se encontraba en la Unión Soviética eran los casi 3.000 niños que habían sido evacuados en 1937 y 1938. Junto a los niños había otros colectivos que fueron a ese país durante la guerra: los educadores y personal auxiliar que acompañaron a los menores en las expediciones, los alumnos pilotos que iban a estudiar a las escuelas de aviación soviéticas y los tripulantes de los barcos españoles que se encontraban en ese país o navegando hacia él cuando terminó la guerra. 

Los exiliados políticos en cuanto tales empezaron a llegar en abril de 1939, en reemigración desde Francia y el norte de África; fueron solamente algo más de un millar de personas: dirigentes, militares de alta graduación, cuadros medios, militantes de base; con sus familias y con una adscripción política clara al Partido Comunista de España (PCE). No solo se trasladaron La dirección del PCE, incluidos José Díaz, su secretario general, y Dolores Ibárruri, La Pasionaria, quien se trasladó a Moscú, sino también escritores como Celso Amieva, César M. Arconada, José Laín o Julio Mateu; periodistas como Eusebio Cimorra o José Luis Salado; escultores, científicos, militares, deportistas,espías, ingenieros, arquitectos y médicos.

Muchos participaron en la Segunda Guerra Mundial en las filas del ejército soviético, muriendo en el frente oriental como Rubén Ibárruri, hijo de Pasionaria. Otros alcanzarían los más altos honores dentro del Ejército soviético. Más tarde, algunos volverían a España en 1954, en el Semímramis, mezclados con miembros de la División Azul capturados por los soviéticos.

Monumento a Rubén Ibárruri en Volgogrado.
Los "Niños de la guerra"  hicieron su vida en la Unión Soviética, estudiando, trabajando y formando una familia, pero algo los hizo diferentes. Por un lado la añoranza de un país que apenas tuvieron tiempo de conocer y por otra un instinto de supervivencia que les impulsó a mantenerse unidos, a agruparse en sus centros, a practicar el castellano para no olvidarlo, a fijar en las paredes carteles turísticos de Valencia o el País Vasco, a crear grupos de baile y a leer a poetas españoles.

En 1990, mediante la Ley 18/1990, se les facilitó la recuperación de la nacionalidad española. En 1994 se firmó el convenio Hispano-Ruso de Seguridad Social por el que obtuvieron el derecho a pensiones de jubilación, invalidez y supervivencia. En diciembre de 2003 de concedió la Medalla de Honor a la Emigración en su categoría de oro al “colectivo de niños de la Guerra” de Rusia.

Argentina

Argentina fue el gran foco cultural del exilio, si bien toda Iberoamérica  recibió a los exiliados siendo significativos diversos países de Centroamérica, México, Colombia y Venezuela. A Buenos Aires arribaron políticos como Niceto Alcalá Zamora o Luis Jiménez de Asúa, presidente de la República en el exilio; un historiador relevante como Claudio Sánchez Albornoz, quien también ostentaría el cargo de presidente en el exilio; escritores como Rafael Alberí, Francisco Ayala, Alejandro Casona, Rafael Dieste, Maria Teresa León, Arturo Serrano Plaja o Lorenzo Varela; relevantes artistas plásticos; o el fotógrafo José Suárez.

Fue importantísima la contribución de los exiliados españoles a la labor editorial argentina gracias a Gonzalo Losada (fundador del sello Losada), Álvaro de las Casas (emecé), Arturo Cuadrado (Botella del Mar), Antoni López Llausás (Sudamericana), Joan Merli (Poseidón) entre otros. obra del exilio fueron también las grandes revistas Correo literario, Galicia Emigrante, y De Mar a Mar.

Además de gran número de escritores, y de algunos arquitectos y compositores, Buenos Aires, recibió a un importante plantel de artistas plásticos españoles, entre los que destacan el andaluz Manuel Ángeles Ortiz y los gallegos Manuel Colmeiro, Maruja Mallo y Luis Seaone.

El Caribe y Estados Unidos

Cuba, Santo Domingo, Puerto Rico y Estados Unidos fueron países de acogida para numerosos exiliados. En la Habana, transcurrió el primer exilio de Manuel Alto Aguirre, que, antes de instalarse definitivamente en México, imprimió, con el mimo habitual, numerosas obras poéticas y narrativas, así como la revista Verónica.

Pablo Casals, el mundialmente famoso cellista, huyendo de la tiranía de Franco, se refugió en Prades, Francia: Al llegar a Prada, en el sur de Francia (primer destino del exilio), Pau Casals inició la organización de ayuda a los refugiados y su habitación del Grand Hotel se convirtió en una oficina desde la que enviaba miles de cartas a personas y organizaciones internacionales para pedir ayuda.Además de la ayuda individual, colaboró con organizaciones benéficas como la Spanish Refugee Aid (SRA), fundada en EEUU por la anarquista Nancy G. McDonald para ayudar a los exiliados en el sur de Francia.

Tras el estallido de la II Guerra Mundial y la ocupación alemana de Francia, después de un intento frustrado de ir a América, Pau Casals retornó a Prada, donde estuvo hasta 1957, cuando marchó a Puerto Rico, tierra natal de su madre y donde murió en 1973 a los 96 años.

Fijó su posición, así:
"Quiero paz, libertad y respeto para mis compatriotas. Mientras no sea así, no tocaré en España, ni en las naciones que han contribuido a la desdicha de España"
Pau Casals


Francia

El gobierno galo recluyó a los exiliados, sometidos al hostigamiento de las tropas encargadas de la vigilancia en campos de internamiento a menudo improvisados e insalubres en playas como Argelès-sur-Mer, Le Bacrès y Saint-Cyprien. Situación que empeoraba con con la llegada del invierno.

Existe abundante literatura sobre ellos, tanto novelas y poemas, como diarios o memorias. también existen implacables testimonios de fotógrafos internacionales como Capa, Senn o Gaussot y de prisioneros como Agustí Centelles, así como una abundante obra plástica inspirada en los mismos. el Rosellón sería la tierra de acogida de algunos de los exiliados, como el pintor Balbino Giner, que se haría amigo de Pau Caslas, que eligió Prades como sede de su festival musical; o el artista Manuel Pérez Valiente, "Juan de Pena" en su faceta de poeta.  Pero la mayoría tuvo que partir muy lejos.

Campos de concentración franceses como Riveslates, campo rosellonés que vio pasar durante los años de la Ocupación nazi a judíos que después serían deportados y terminarían siendo víctimas del Holocausto, a resistentes, y, mucho más tarde, a harkis que regresaban de la guerra de Argelia, ha sido convertido en un Memorial, inaugurado en 2015.

Otros campos de concentración franceses fueron:

  • Agde
  • Amélie-les-Bains
  • Argelès-sur-Mer
  • Aries-sur-Tech
  • Le Barcarès
  • Bram
  • Brens
  • Gurs
  • La Récébédou
  • Rieucros
  • Rivesaltes
  • Saint-Cyprien
  • Setfonds
  • Le Vernet- d'Ariège
Miles de soldados españoles en pésimas condiciones, tras haber luchado en la guerra civil y huir de la represión franquista, se hacinaban en los campos de refugiados, donde a duras penas sobrevivían. El asilo que Francia les ofrecía, construyendo la Línea Maginot, parecía la mejor solución a la horrible situación que atravesaban. Pero, una vez más, los hechos demostraron que no existen las soluciones perfectas.

La línea se alargó desde Suiza hasta Luxemburgo, aunque una extensión mucho más simple fue ampliada hasta el Canal después de 1934. La línea original de construcción no cubrió el área elegida por los alemanes para su primer ataque, que fue a través de las Ardenas en 1940, un plan conocido como el Fall Gelb. La ubicación de este ataque, probablemente debido a la línea de Maginot, fue a través de las montañas belgas de las Ardenas.

La línea no evitó la derrota de Francia al comienzo de la Segunda Guerra Mundial en 1940. 

Grande fue la contribución de los exiliados españoles a la Resistencia, ya la liberación del país de los nazis, especialmente en el Centro y el Sur. Tampoco se puede olvidar la presencia de los españoles de la Nueve que, a finales de agosto de 1944, y dentro de la división Leclers, participaron en el hecho de armas más simbólico de la lucha contra el ocupante, la liberación de París.

Muchos exiliados, especialmente catalanes, se dispersaron por el Midi. Toulouse fue la segunda capital francesa del exilio español, con una fuerte presencia de la militancia socialista, comunista y anarquista; con la Librairie des Éditions Espagnoles, de Josep Salvador y Antonio Soriano; y con un gran número de publicaciones populares, muchas de ellas de signo anarquista.

En París es importante la actividad de la Unión de Intelectuales Españoles, que editó un longevo boletín. Francia fue, en algún momento de sus vidas, el destino de no pocos exiliados españoles, destacando escritores como Corpus Barga, Jesús Izacaray, Victoria Kent, Jose María Quiroga Pla, Jorge Semprún, Arturo Serrano Plaja... una lista en la que hay que incluir políticos como Manuel Azaña, Jose Antonio Aguirre, Julio Álvarez del Vayo, Diego Martínez Barrio, Santiago Carrillo, Santiago Casares Quiroga, Emilio Herrera, Francisco Largo Caballero, Juan Negrín, Manuel Portela Valladares, José Maldonado, Fernando Valera, Rodolfo Llopis, Federica Montseny o Josep Tarradellas, entre muchos otros.

Desde comienzos del siglo XX, la escuela de París contó entre sus integrantes con numerosos españoles, entre los que destacaría Picasso, llegado durante la primera década del mismo. En 1936, la mayoría de los artistas se movilizaron en pro del gobierno legítimo. En el París de posguerra, el núcleo de artistas españoles lo integraron, entre otros, Manuel Ángeles Ortiz, Xavier Badia Vilató, Antoni Calvé, Manuel Colmeiro, Óscar Domínguez, ApeHes Fenosa, J.Fin, Honorio García Condoy, José García Tella, Jacinto Latorre, Baltasar Lobo, Marino Otero,Joaquín Peinado, Eduardo Pisano o Hernando Viñes.

Tras la Liberación, los exiliados redoblaron sus esfuerzos en Francia en la defensa de la causa republicana. algunos de los artistas participaron en actividades colectivas republicanas importantes en París,Toulouse o Burdeos, así como la que tuvo lugar en la Praga de 1946. Dos de los escultores, Fenosa y Lobo, proyectaron sendos monumentos en homenaje a la contribución española a la Resistencia Francesa. El monumento de Lobo se encuentra en Annecy, junto a un poema de José Ángel Valiente dedicado a los resistentes españoles de la Alta Saboya, que jugaron un papel esencial en su liberación.


BALTASAR LOBO “AUX ESPAGNOLS MORTS POUR LA LIBERTÉ”

México como país de acogida. La figura de Lázaro Cárdenas

A finales de los años 1930 y principios de los 1940, miles de españoles optaron por huir debido a la violencia y la persecución que se vivía en España durante la Guerra Civil y el franquismo. De estos refugiados se estima que la inmigración de intelectuales o élite español se conformaba de aproximadamente un 25% del total (5,500 aproximadamente). A este fenómeno también se calificó como el exilio republicano español debido a que estaban vinculados al gobierno republicano derrotado.

Los Gobiernos de las Repúblicas mexicana y española habían preparado el asilo para un gran número de españoles, cuyo desembarco data del 13 de junio de 1939, fecha en que el barco Sinaia tocó tierra en Veracruz. Los barcos Mexique, Ipanema, Orinoco, Flandre o Nyassa también significan para muchos de ellos la salvación en su nuevo país de acogida: México.

Se destaca también que llegaron además obreros, campesinos, así como militares, marinos y pilotos, hombres de Estado, economistas y empresarios, todos ellos vinculados al Gobierno republicano derrotado en la guerra.

Los primeros exiliados españoles que llegaron lo hicieron durante la guerra. El primer planteamiento del gobierno mexicano fue crear la Casa de España, dirigida por Alfonso Reyes, en México para que los filósofos, arquitectos y médicos siguieran pensando y tuvieran trabajo. Los propios exiliados fundaron revistas como España Peregrina, las Españas, Litorial, Nuestra Música, Romance y Ultramar.

El 21 de Agosto de 1945 en la ciudad de México se constituye el Gobierno español en el exilio, presidido por José Giral tras la disolución de la Junta Española de Liberación (JEL), presidida por Diego Martínez Barrio, que había sido constituida en noviembre de 1943. Desde esa fecha hasta su disolución en 1977, existieron diez gobiernos republicanos hasta que el presidente de la República en el exilio, José Maldonado, aceptó la legalidad de las Elecciones de 1977 (las primeras desde la época de la II República) y acordó la disolución de las instituciones republicanas que seguían activas en el exilio.

Importantísima fue la actividad de los artistas exiliados en México. Entre ellos destacaron pintores como Manuela Ballester, José Bardasano, Josep Bartolí, Enrique Climent, Roberto Fernández Balbuena, Elvira Gascón, Ramón Gaya (que terminaría instalándose en Roma), Mary Martín, José Moreno Villa, Marta Palau, Miguel Prieto (que se convertiría en uno de los grandes renovadores del diseño gráfico mexicano), Josep Renau (que además de continuar con su pintura de caballete y sobre todo con su obra de cartelista, se aventuró en el terreno del mural, colaborando en este campo con Siqueiros), Juana Francisca Rubio, Antonio Rodríguez Luna, Arturo Souto o Maria Teresa Toral y escultores como Tonico Ballester.

En 1951 se celebró en México una muestra conjunta de artistas españoles y mexicanos, anunciada por un cartel de Renau.

A lo largo de cuatro décadas,México sería el país más solidario con los exiliados republicanos españoles. No mantuvo relaciones diplomáticas con la España de Franco,y siguió apoyando a las instituciones republicanas en el exilio.

La figura de Lázaro Cárdenas

El 21 de mayo de 1895, nace Lázaro Cárdenas del Río, general y estadista mexicano, Presidente de México de 1934 a 1940.

Destacó por la reforma agraria, la creación de los ejidos, por la nacionalización de la industria petrolera, por brindar asilo político a los exiliados españoles durante la guerra civil y aportó también con la educación al crear el Instituto Politécnico Nacional IPN.

El gobierno de Lázaro Cárdenas y el pueblo de México apoyaron incondicionalmente a la II República española y a los pueblos antifascistas contra el ataque golpista de los fascismos europeos. Desde 1936, México envió alimentos,medicinas, ropa...armas y combatientes. 20 mil fusiles, 20 millones de balas y el 'Cuerpo de Voluntarios Benito Juárez García' (XV Brigada Internacional) que peleó en la defensa de Madrid, en el Jarama y hasta el Ebro. Desde 1937 a 1942 encontraron refugio y futuro en México 25.000 republicanos españoles, desde los 'niños de Morelia' (1937) a quienes arribaron en los barcos Sinaia (junio 1939), Ipanema y Mexique. Un profundo vínculo que une dos pueblos combativos, a los que solo separa un océano de agua..Nuestro México, generoso el general Lázaro Cárdenas, acoge a los repúblicanos antifascistas españoles y sus familias. Iniciaba la historia de quienes contribuyeron al desarrollo de las ciencias, la cultura, la razón y la lucha política a ambos lados del Atlántico. Seria de todo punto imposible entender el apoyo exterior a la lucha antifranquista y la recuperación de derechos democráticos en España, a la muerte de Franco, sin la enorme contribución de los combatientes republicanos españoles antifascistas transterrados, y la invaluable contribución hasta nuestros días a la transformación social de México..

Lázaro Cardenas


ELOGIO DE LOS REPUBLICANOS VENCIDOS 

«Estos que ves ahora deshechos, maltrechos, furiosos, aplanados, sin afeitar, sin lavar, cochinos, sucios, cansados, mordiéndose, hechos un asco, destrozados, son, sin embargo, no lo olvides nunca pase lo que pase, son lo mejor de España, los únicos que, de verdad, se han alzado, sin nada, con sus manos, contra el fascismo, contra los militares, contra los poderosos, por la sola justicia; cada uno a su modo, a su manera, como han podido, sin que les importara su comodidad, su familia, su dinero. Estos que ves, españoles rotos, derrotados, hacinados, heridos, soñolientos, medio muertos, esperanzados todavía en escapar, son, no lo olvides, lo mejor del mundo. No es hermoso. Pero es lo mejor del mundo. No lo olvides nunca, hijo, no lo olvides».
 Max Aub Campo de los almendros 1968

lunes, 30 de octubre de 2017

MIGUEL HERNÁNDEZ POETA DEL PUEBLO

De familia humilde, tiene que abandonar muy pronto la escuela para ponerse a trabajar; aún así desarrolla su capacidad para la poesía gracias a ser un gran lector de la poesía clásica española.
Forma parte de la tertulia literaria en Orihuela, donde conoce a Ramón Sijé y establece con él una gran amistad.

Miguel Hernández estuvo interesado por el teatro y asistía a representaciones que se celebraban en la Casa del Pueblo de Orihuela, incluso llegó a participar en alguna de ellas. Publica algunos poemas en el periódico de Orihuela y la revista El Gallo Crisis.

A partir de 1930 comienza a publicar sus poesías en revistas como El Pueblo de Orihuela o El Día de Alicante. En la década de 1930 viaja a Madrid y colabora en distintas publicaciones, estableciendo relación con los poetas de la época. Lleva sus versos al escritor Ernesto Giménez Caballero director de La Gaceta Literaria, una de las mejores revistas literarias del momento, pero no logra que se los publiquen. Publicó, esta vez en la revista Cruz y Raya, su auto sacramental Quién te ha visto y quién te ve y sombra de lo que eras, fue colaborador de José María de Cossio en Los toros y conoce a poetas como el chileno Pablo Neruda, y los españoles Rafael Alberti, Luis Cernuda y otros.

En su obra, la calidad estilística de sus versos resultado de su apasionada lectura de los clásicos españoles del Siglo de Oro va unida a una estremecedora fuerza expresiva. La voz vehemente y desgarrada del poeta convierte el amor, la vida y la muerte en una experiencia poética marcada por una vitalidad trágica. A su vuelta a Orihuela redacta Su primera colección de poemas fue Perito en lunas (1933) con una clara influencia gongorina, como en El rayo que no cesa (1936), y que se considera su obra más lograda.

Ya establecido en Madrid, trabaja como redactor en el diccionario taurino de Cossío y en las Misiones pedagógicas de Alejandro Casona; colabora además en importantes revistas poéticas españolas. Escribe en estos años los poemas titulados El silbo vulnerado e Imagen de tu huella, y el más conocido El Rayo que no cesa (1936).

Sus poemas tratan del amor, la muerte, la guerra y la injusticia. En la guerra compuso Viento del pueblo (1937), poesía militante. La crueldad de la guerra y el sufrimiento de el campo de batalla es lo aparece en El hombre acecha (1938). Ya preso, termina Cancionero y romancero de ausencias (1938-1941). Esta obra trata del amor hacia la esposa e hijos y la soledad del prisionero. Miguel Hernández colabora en Revista de Occidente y mantiene una relación con la pintora Maruja Mallo, que le inspira parte de los sonetos de El rayo que no cesa.

Se casó el año 1937 con Josefina Manresa. Afiliado al Partido Comunista Español, en la República tomó parte en las Misiones pedagógicas, intentando llevar la cultura a las zonas más deprimidas de España. Durante la Guerra Civil española Miguel Hernández se alistó en el ejército republicano y asistió al Congreso internacional de intelectuales antifascistas de 1937 en Valencia. Tras la guerra fue detenido en la frontera portuguesa.

Durante la guerra compone Viento del pueblo (1937) y El hombre acecha (1938) con un estilo que se conoció como “poesía de guerra”. En la cárcel acabó Cancionero y romancero de ausencias (1938-1941). En su obra se encuentran influencias de Garcilaso, Góngora, Quevedo y San Juan de la Cruz.

Era el 9 de marzo de 1939 y la desbandada en la España republicana era ya una tremenda realidad. El empresario editorial José M.ª de Cossío, para quien Miguel Hernández había trabajado en 1935 en la elaboración de la enciclopedia Los Toros con Espasa-Calpe, le acompañó andando hasta las afueras de la capital. Allí se despidieron y Miguel puso rumbo a Orihuela y a Cox, donde residían su esposa, Josefina, y su hijo, Manolillo. El poeta llegó a Cox el 14 de abril para celebrar un emotivo encuentro como padre y esposo, pero la alegría duró un suspiro. La situación durante los últimos días de marzo fue de auténtica desesperación para miles y miles de personas que llegaban a Alicante como último bastión de la República desde donde escapar en algún barco de la esperanza.

El 28 de marzo de 1939 ha pasado a la historia de este país como fecha clave del exilio español. En ese momento, el puerto de Alicante es un hervidero humano, donde el drama y la desesperación inundan las mentes y los corazones de miles de republicanos españoles que sueñan con escapar de la represión de los vencedores. Al ver la llegada de las tropas, algunos gritan con la angustia de saber que sus días y los de sus familias pueden haber llegado a su fin. Son los soldados italianos del general Gambara los que entran por la zona norte de Alicante cantando «Giovinezza, giovinezza, primavera dibellezza, del Fascismo è la salvezza della nostra libertà per Benito Mussolini […]», con el castillo de Santa Bárbara al fondo. Están llenos de júbilo y cantan su victoria.

No tienen ni tiempo ni lugar para la piedad, y en cuestión de minutos plantan una línea de artillería que bombardea la salida de los barcos ante la angustia de miles de desdichados que claman por su vida en medio de la ratonera en la que se ha convertido el puerto. Al final, y gracias al valor y a la dignidad del capitán del buque británico Stanbrook, Archivald Dickson, cerca de 3.000 refugiados republicanos parten rumbo a Orán en busca de una esperanza convertida en necesidad vital.

A finales del mes de abril de 1939 se encuentra en la provincia de Huelva a cuatro kilómetros del pueblo de Aroche. Atravesando a pie campos y sierras, el poeta cruza la frontera para llegar a un pequeño pueblo portugués: Santo Aleixo. De allí pasa a otro pueblo próximo, Moura, donde, para poder comer, intenta vender el reloj de oro regalo de boda de su amigo el poeta Vicente Aleixandre. Las sospechas caen sobre él como una losa…., un español huido de aspecto lamentable y hambriento, que cruza la frontera, sin documentación y con un reloj de oro, son motivos suficientes para la denuncia. Inmediatamente es detenido por la policía portuguesa y conducido en camión y esposado al cuartel de Sobral da Adiça, perteneciente al municipio de Moura. Miguel es trasladado inmediatamente por los gendarmes portugueses hasta la frontera y entregado a la policía del pueblo onubense de Rosal de la Frontera, primera etapa de su periplo penitenciario por las cárceles franquistas españolas. Es el 3 de mayo, y en el depósito carcelario de este pequeño pueblo de la provincia de Huelva el poeta es sometido a un durísimo interrogatorio con palizas incluidas que le hacen orinar sangre.

Miguel Hernández fue trasladado desde Rosal de la Frontera a la prisión provincial de Huelva con fecha de 9 de mayo e iniciándose un proceso judicial sumarísimo de urgencia con el número 21.001 a cargo del Tribunal Militar de Prensa de Madrid.

Después de pasar una semana en la cárcel de Huelva, el poeta fue trasladado el 15 de mayo a la prisión madrileña de Torrijos, donde pasó cuatro meses. Allí escribió el poeta sus famosas Nanas de la cebolla, dedicadas a su hijo Manolillo, y de ello queda constancia en la actualidad en una placa ubicada en plena calle, en la fachada del antiguo edificio de la cárcel, que recuerda este hecho.

Miguel Hernández fue puesto en libertad el 15 de septiembre de 1939, y, en este momento, tuvo su segunda oportunidad para salir de España y gestionar desde el exilio el reencuentro con su mujer e hijo. Tan solo tenía unos pocos días para tomar esa decisión y escapar, dado que el juez, al percatarse de la situación, emitió con carácter de urgencia una orden de busca y captura del poeta. 

Marchó a Orihuela para ver a sus padres y para visitar a los padres de Ramón Sijé en su domicilio de la oriolana calle Mayor. Al término de esta visita, el poeta recorrió la calle Mayor en dirección a la catedral, y allí mismo, frente a la casa de Eusebio Escolano, volvió a ser detenido. Había sido visto por la calle y denunciado por un vecino del pueblo, José M.ª Martínez Pacheco, El Patagorda. Con esta nueva detención, se había acabado cualquier atisbo de esperanza para el poeta. Continuaría el vía crucis carcelario iniciado en Rosal de la Frontera, y que concluiría el 28 de marzo de 1942 con la muerte del escritor en el Reformatorio de Adultos de Alicante. Miguel estuvo preso en once cárceles franquistas, y este recorrido penitenciario queda perfectamente reflejado en un mural ubicado en la cuarta sala temática del Museo Miguel Hernández/Josefina Manresa de Quesada (Jaén).

Condenado a pena de muerte, se le conmuta por la de treinta años pero no llega a cumplirla porque muere el 28 de marzo de 1942 en la prisión de Alicante.

Estuvo en la prisión de Palencia en septiembre de 1940 y en noviembre pasó al Penal de Ocaña (Toledo). En 1941 le trasladan al Reformatorio de Adultos de Alicante, donde compartió celda con el dramaturgo Buero Vallejo. Padeció de bronquitis y luego tifus, que se le complicó con tuberculosis.

Miguel Hernández falleció de tuberculosis en la enfermería de la prisión a las 5:32 de la mañana del 28 de marzo de 1942, con 31 años de edad. El 30 de marzo fue sepultado en el cementerio de Nuestra Señora del Remedio de Alicante. Sus restos mortales reposan  junto a los de su mujer Josefina y su hijo.






sábado, 28 de marzo de 2015

MIGUEL HERNÁNDEZ

Estás muerto pero aún pesa sobre tus espaldas una condena a muerte por ser de izquierdas, republicano y poeta. Una condena que los intransigentes, los mismos que quieren silenciarte borrando tu nombre de las calles, como si con ello pudieran eliminarte de la Historia y deshacer tu pasado, después de tantos años, se niegan a declarar nula. No tienen suficiente con haberte matado de soledad, frío, hambre, tuberculosis y piojos en una celda cuando tenías tan sólo 31 años, después de un largo viacrucis por las cárceles de España.

Yo quisiera cantarte a ti, compañero
de la pluma, el verso y el fusil, Miguel
voz del campesino y del obrero
filo afilado sangriento ante el papel

tú, que llegaste con tres heridas
la del amor, la del destino, la de la vida
tú, compañero y camarada
que usaste tus versos como un arma cargada

que disparaba contra los muros de la represión
de la tortura, de la incultura y la sinrazón
tú, que luchaste y combatiste
por el pueblo y por la libertad

y que, generosamente, diste
tus ojos, tus escritos y tus manos
para defender a tus camaradas y hermanos
contra la barbarie y la necedad

vientos del pueblo te llevan y te arrastran
con tus versos hasta el último rincón
llevando consigo alma, sangre y corazón
en las enmudecidas gargantas

mientras la sangre de las cebollas alimenta el alma
y frena al cuchillo de ala dulce y homicida,
sangre que se desborda y baña el filo de ese arma,
rayo que nunca cesa, eterna y sangrante herida

del hombre que siempre acecha y canta con la voz del campesino
versos que palian la soledad y las ausencias en la penumbra
romances y canciones que alumbran
la noche más oscura, la que sella nuestra destino

Compañero Miguel Hernández, poeta y camarada
nada ni nadie ha sido olvidado
a pesar de los muros de silencio que edificaron
tu voz y tu palabra no ha sido silenciada