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jueves, 16 de septiembre de 2021

ALFONSO SASTRE. ESCRITOR PROSCRITO

Hoy Guillermo Tell vuelve a tener los ojos tristes, ahogando su pena
y numerosas lágrimas aparecen por su rostro sabiendo de tu suerte
te has ido abandonando la tierra roja entre versos, cuentos y dramas; literario legado
reflejo de una época, de una tierra, de una historia, de un cercano pasado 

Brindamos recordándote en la taberna fantástica, eterna penitencia y condena,
escondiendo nuestro dolor como Celestina, yendo a la batalla como escuadra hacia la muerte
mientras la sangre y la ceniza se mezclan con el dolor que se agrupa en nuestro costado
mientras una lluvia de ángeles cae sobre París, un suicidio pactado

por el dolor y la pena; un drama del que hablan los intelectuales que siguen 
buscando la utopía en el cubo de la basura como el pan para todos que siempre quisiste
y ahora como a Miguel Servet colocarán flores rojas para recordarte 

mientras rezan el evangelio de Drácula intentando revivirte pero no lo consiguen
pasaste tus últimos días como Kant y, como Sancho Panza, el viaje infinito recorriste
mientras la sangre de Dios cae a la tierra alimentando tu obra, tu literatura y tu arte



domingo, 12 de septiembre de 2021

LA NOCHE DE LOS LÁPICES

El 16 de septiembre de 1976 diez estudiantes secundarios de la Escuela Normal Nro 3 de la Plata son secuestrados tras participar en una campaña por el boleto estudiantil. Tenían entre 14 y 17 años. El operativo fue realizado por el Batallón 601 del Servicio de Inteligencia del Ejercito y la Policía de la Provincia de Buenos Aires, dirigida en ese entonces por el general Ramón Camps, que calificó al suceso como lucha contra "el accionar subversivo en las escuelas". Este hecho es recordado como "La noche de los lápices".

En la madrugada de ese día, entre las 12:30 y las 5 hs fueron secuestrados de los domicilios donde dormían los estudiantes secundarios y militantes de la UES: Claudia Falcone, María Clara Ciocchini, Claudio de Acha, Daniel Racero, Horacio Ungaro y Francisco López Muntaner. Hoy continúan desaparecidos.

Muchas veces los muros escriben las verdades
cuando la mentira es hegemónica e impera
en todas partes, rincones y ciudades
repitiendo una y mil veces la misma cantinela

en la noche fría y oscura
la memoria renace y no olvida lo que allí pasó
todo lo que sufrimos, lo que nunca se olvidó
voces que se alzan frente a mordazas y torturas

en la época más larga, en su noche oscura
envuelta entre lágrimas secas y gritos mudos de dolor
caminan los estudiantes dibujando con lápices de color
lo que allí pasó, lo que intentó ocultar la dictadura

dibujos y escritos por lápices que nunca borrarán sus trazos
en la memoria colectiva de aquellos que sufrieron y fueron perseguidos
aquellos que no volvieron a sentir el calor de sus besos y sus abrazos
aquellos que siguen recordando lo allí acontecido

aquellos que no olvidan todo lo sufrido
aquellos que llevan la fotografía de los desaparecidos
evitando que se olviden sus nombres y apellidos
aquellos que claman justicia, gritando ni perdón ni olvido

jueves, 29 de julio de 2021

LA HUELGA

La mañana despuntaba fresca. Un día normal. Un día monótono más para las miles de personas que se levantaban temprano para acudir a su jornada laboral. Un día más como otro cualquiera. Nada indicaba qué iba a pasar.

Como cada día, me desperté y me preparé para ir al trabajo. Un día más ¿o no? Algo pasaba, algo no iba bien, aunque no sabía qué. Me sentía agobiado por un presentimiento de que algo terrible había ocurrido o estaba a punto de ocurrir. Pero ¿de qué se trataba? No lo sabía: no sabía era un mal sueño y o una premonición. O simplemente paranoias mías.

El camino hacia la fábrica era largo y monótono. Un viaje aburrido donde una interminable fila de edificios y calles vacías me recibían soñolientas, despertándose con mi llegada y el lento eco de mis pisadas en el frío suelo. Un recorrido ya conocido, recorrido realizado desde hace años. Un día más.

Llegué por fin a mi destino. Un gran edificio gris, tristón y pagado que llevaba recibiéndome durante más de veinte años. Un día más. Otra jornada más.

Dentro me recibieron  mis  compañeros con indiferencia. Miradas vacías y huecas, más de autómatas que de seres humanos; puede que el trabajo nos haga libres pero acaba convirtiéndose en una monotonía larga que lentamente vacía nuestro espíritu hasta dejar solo una cáscara de lo que fuimos. Tantos años, tanto tiempo haciendo lo mismo que se nos distingue entre el mobiliario y la maquinaria, pero es necesario, es una obligación. Vender nuestro trabajo por la supervivencia, trabajar para sobrevivir, para comer, pagar las deudas y volver al ciclo eterno  que mes a mes se repite haciendo nuestra existencia una agonía que lentamente nos deshumaniza y al final no ningún observador neutral puede distinguir entre maquinaria y operario, siendo ambos eslabones de una cadena de producción que nunca termina.

Iba a ser un día más. Otra jornada más. Como alguien dijo alguna vez: Cuando el trabajo es un placer, la vida es una alegría. ¡Cuando el trabajo es un deber, la vida es esclavitud! No recuerdo a su autor pero después de tantos años la monotonía acaba convirtiéndose en tu única compañera, siempre te acompaña, es una eterna compañera de viaje que siempre está allí, pero, bueno, debo prepararme para rendir al máximo este día. Voy a tomar un café  a ver si me despejo. Tomo tanta cafeína que creo que me he vuelto adicto, la necesito como el aire o como el agua. Esta dependencia no puede ser buena, pero es necesaria, si no sé qué podría hacer. La falta de sueño, el cansancio acumulado, antidepresivos… un cóctel explosivo e inestable que puede estallar en cualquier momento.  Pero no es el momento. Un café caliente me ayudará a sobrellevar la jornada. Lo necesito. Estoy muy cansado.
….

El tiempo transcurría lentamente. Los segundos se convertían en minutos, los minutos en horas, mientras el día iba pasando y nuestra energía vital iba siendo succionada por la maquinaria y engranajes de la empresa, eterna rueda de Sísifo que cae siempre por la ladera cuando llega a su destino. Cada día lo mismo. Nada indicaba que ese día iba a ser diferente.  Un día más. Una semana más. 

Saludé a algunos compañeros que pasaban por mi lado. Entre ellos, había un chaval nuevo, un novato. Carne fresca para la fábrica y un aire fresco para los que estábamos allí. Su juventud, sus ganas de comerse el mundo, sus ideas frescas nos daban una vitalidad que nunca habíamos sentido. La ilusión y la esperanza volvieron a aparecer en algunos de los rostros, rostros cenizos donde el color revivía las calaveras huecas que siempre nos miraban cada mañana, una sensación de frescura que nos ayudaba a respira y oxigenaba nuestras mentes.

Su risa y su buena sintonía era una esperanza para todos aquellos que, por una razón u otra, parecía que habían abandonado su humanidad para convertirse en autómatas. La sangre volvía a fluir por sus venas dándoles ganas de vivir y una razón más allá del trabajo y la pura supervivencia. Nada indicaba que ese día iba a ser diferente

Un ruido sordo nos sobresaltó, rompiendo las cadenas que nos ataban a nuestro letargo. Un sonido seco rompió la monotonía de la fábrica. Nos dirigimos rápidamente a ver qué había sucedido. La imagen que vimos nos sobrecogió el corazón. En el suelo, tumbado en un charco de sangre junto a un cascote yacía el cuerpo del novato. Sus ojos ahora vacíos miraban al horizonte, mientras el cuerpo antes lleno de vitalidad ahora no era más que una cáscara vacía inerte en el suelo frío de la fábrica. Las lágrimas empezaron a aflorar en unos rostros secos, dando vida a unos cuerpos inertes que parecían despertar de un largo letargo dándose cuenta del mundo que les rodeaba,  precipitándose contra el frío suelo tras abandonar su nube de éxtasis. Cogimos el cuerpo y lo envolvimos con una sábana blanca que acabó tiñéndose de rojo púrpura mientras portamos el cadáver del chaval: los gritos y las lágrimas nos acompañaron durante el viaje, ignorando los gritos de los capataces que nos indicaban que volviéramos al trabajo.

El improvisado cortijo fúnebre recorrió lentamente el camino que separaba la fábrica hasta la morgue.   El dolor, la rabia, la impotencia…  iban apareciendo  durante el camino. La culpa surgió entre nosotros como un peso nos lastraba cada vez más. "La culpa es como un saco de ladrillos: solo hay que descargarlo.” Es una de las frases que me repetía a mí mismo más de una vez. Sin embargo, qué fácil parecía decirlo y qué difícil era ponerlo en práctica. Veo esa oscuridad fría y vacía que se extiende hasta el infinito y veo que estamos solos. Vivimos nuestras vidas, puesto que no tenemos nada mejor que hacer, pero una vida basada en la supervivencia. Más adelante, ya les buscaremos un sentido. Venimos de la nada; Tenemos hijos, que se encuentran atados a este infierno al igual que nosotros, y volvemos a la nada. No hay nada más. La existencia es algo fortuito. No hay ningún patrón salvo el que imaginamos cuando nos quedamos mirando fijamente durante mucho tiempo. No tiene ningún sentido, salvo el que decidimos imponer. Este mundo que vaga a la deriva no está moldeado por vagas fuerzas metafísicas. No es Dios quien mata a los hombres. Ni es el destino el que los despedaza, ni es la casualidad la que se los da de comer a los perros. Somos nosotros. Sólo nosotros.

Esa idea surgía en cada uno de nosotros: polvo eres y en polvo te convertirás, ganándote el pan con el sudor de tu frente, mientras otros sorbían ese sudor con sangre para alimentar su riqueza a través de nuestro dolor y sufrimiento. 

El cortijo avanzaba lentamente y llegó por fin a su destino.  Enterramos al chaval con las primeras luces de la tarde. Una sombra cayó sobre nosotros, pero seguro que no era nada importante.

La mañana despuntaba fresca. Parecía que iba a ser un día normal. Un día monótono más para las miles de personas que se levantaban temprano para acudir a su jornada laboral. Un día más como otro cualquiera. Pero esta vez no era así.

Todo estaba tranquilo.  El silencio impera por la fábrica cuando días antes el bullicio era lo habitual El ruido del tráfago de la fábrica había desaparecido misteriosamente. El transporte estaba en silencio: no había ningún alma   Pero no, el silencio era demasiado absoluto. Algo hacía presagiar que no era un día normal.

La empresa había intentado  por todos los medios posibles olvidar el brutal accidente. Tras una rueda de prensa donde indicaron su intención de mejorar las medidas de seguridad, preguntados por ese suceso la empresa indició que ese suceso había sido algo fortuito y que no era lo habitual. El dolor y la rabia brotaron en nuestro interior como una furia roja que quería arrasar con todo a su paso. No era la primera vez que sucedía esto, pero la muerte del chaval había sido el detonante. Demasiado dolor, demasiado sufrimiento, demasiad indiferencia por parte de aquellos que nos veían como ganado, como un elemento más de su propiedad. 

Los patrones son tiranos. Aquí le aprietan a uno el cuello; en el campo insultan al jornalero, le escatiman el jornal, le dan a comer lodo y por remate le violan a sus hijas. Todo anda de esta manera. Yo no sé cómo no ha reventado ya la mina que amenaza al mundo, porque ya debía haber reventado. En todas partes arde la misma fiebre. El espíritu de las clases bajas se encarnará en un implacable y futuro vengador. La onda de abajo derrocará la masa de arriba. La Commune, la Internacional, el nihilismo, eso es poco; ¡falta la enorme y vencedora coalición! Todas las tiranías se vendrán al suelo: la tiranía política, la tiranía económica, la tiranía religiosa. Porque el cura es también aliado de los verdugos del pueblo. El canta su tedeum y reza su paternoster, más por el millonario que por el desgraciado. Pero los anuncios del cataclismo están ya a la vista de la humanidad y la humanidad no los ve; lo que verá bien será el espanto y el horror del día de la ira. No habrá fuerza que pueda contener el torrente de la fatal venganza.

Era la gota que colmaba el vaso. Habíamos dado lo mejor de nuestra vida por ellos, por los dueños, sacrificando nuestras vidas y nuestra vitalidad y ¿Qué habíamos recibido a cambio?  Pobreza, hambre y las enfermedades: eso es lo que conseguimos a cambio de nuestro  trabajo. Todo está contra nosotros, día tras día, toda nuestra vida; reventamos en el trabajo, en el fango, en el engaño, mientras que otros se llenan y se divierten al precio de nuestro dolor y nos tienen como perros encadenados, en la ignorancia, porque no sabemos nada, y en el terror, porque tenemos miedo de todo. ¡Nuestra vida es la noche, una noche sombría!

Habrá que cantar una nueva marsellesa que como los clarines de Jericó destruya la morada de los infantes. El incendio alumbrará las ruinas. El cuchillo popular cortará cuellos y vientres odiados; las mujeres del populacho arrancarán a puños los cabellos rubios de las vírgenes orgullosas; la pata del hombre descalzo manchará la alfombra del opulento; se romperán las estatuas de los bandidos que oprimieron a los humildes; y el cielo verá con temerosa alegría, entre el estruendo de la catástrofe redentora, el castigo de los altivos malhechores, la venganza suprema y terrible de la miseria borracha!

La manifestación empezó sin autorización, como una concentración más. Poco a poco miles de personas se sumaron a esta improvisada marcha que transcurría lentamente por las calles y avenidas. Levantando los puños, manifestamos nuestra rabia y dolor. La policía hizo su aparición, intentando separarnos  Nos  empujaban por el cuello, por la espalda, nos  pegaban en los hombros y en la cabeza.

Pero el dolor no importaba. No era nada comparado con todo lo que habíamos sufrido. Tanto dolor y sufrimiento no eran nada. ¿Por qué tenía que haber muerto ese chaval? ¿Por qué? Tenía toda la vida por delante. Una vida que podría haber sido mejor que la nuestra. No era justo. No era la primera vez, pero esta vez no estaríamos quietos y callados. No permitiríamos que volviera a pasar. Nadie debería sufrir en sus carnes  lo que habíamos pasado.

Seguimos avanzando. La multitud fue recibida por una avalancha de palos, gritos y sangre que salpicaba el suelo. Pero seguimos avanzando. No podíamos seguir como hasta ahora. Se lo debíamos al chaval, a todos aquellos que cayeron y sufrieron, a sus familias que dependían de ellos, a todos  aquellos que luchaban por sobrevivir, trabajando por un miserable salario para llevar pan a sus casas. No podíamos parar.

Mira a tu alrededor. Observa a tus compañeros. ¿Qué sensación te dan sus ojos?. De que no se arrepiente del delito que ha cometido. Seguramente porque no ha cometido ninguno, porque es un obrero que se afilió a un sindicato. Esa mirada es por lo que he traído aquí. Esa es la mirada que tenemos que tener.

La pobreza, el hambre y las enfermedades: eso es lo que recibe la gente a cambio de su trabajo. Todo está contra nosotros, día tras día, toda nuestra vida; reventamos en el trabajo, en el fango, en el engaño, mientras que otros se llenan y se divierten al precio de nuestro dolor y nos tienen como perros encadenados, en la ignorancia, porque no sabemos nada, y en el terror, porque tenemos miedo de todo. ¡Nuestra vida es la noche, una noche sombría! 

¡No temáis nada! No hay tormento peor que el que respiráis durante toda vuestra vida...  ¡La razón no puede ahogarse en sangre! No se apagará la verdad bajo mares de sangre... ¡En vuestra locura no amasáreis más que odio! Y caerá sobre vosotros... Los pobres del mundo... 

Cargaron los antidisturbios y la batalla apareció ante nuestros ojos.  La vorágine nos rodeó y arrastró hacia al fondo mientras intentamos zozobrar ante la creciente marejada. Nos rodeaba  una multitud que se ahogaba en un torbellino de gritos, de aullidos, de sonar de silbatos. Una sensación espesa y ensordecedora penetró en nuestros oídos, llenó nuestras gargantas, ahogándonos. El suelo huyó bajo nuestros pies,  hundiéndose; nuestras  rodillas vacilaron y nuestro  cuerpo, estremecido por las quemaduras del dolor, se tambaleó sin fuerzas. Pero nuestros ojos brillaban aún, veían una multitud de otros ojos que ardían con un fuego vivo y osado que conocíamos bien, un fuego querido a nuestro corazón.

sábado, 26 de junio de 2021

EL ACORAZADO POTEMKIN

Hoy es el aniversario del motín de los marineros del acorazado Potemkin. Denunciaban los crímenes de Estado y exigían el fin de la guerra.

La brutal represión del Domingo Sangriento, que dejó un saldo de cientos de muertos y heridos, fue la chispa que encendió un reguero de huelgas y motines abanderados por los soviets (organizaciones o consejos obreros que operaban en fábricas y ciudades). El ejército también se implicó en varios actos de protesta, como la sublevación protagonizada por los marineros del acorazado Potemkin.

Extenuados tras la guerra japonesa y hartos ya de soportar las pésimas condiciones de vida a bordo del barco, el 14 de junio, durante unas maniobras cerca de la isla de Tendra en el mar Negro, los marineros del Potemkin se amotinaron por el pésimo estado del rancho y tras matar a los oficiales se dirigieron al cercano puerto de Odessa para apoyar a los insurgentes que desde hacía días se estaban enfrentando a los cosacos y las tropas del zar. Cuando llegaron a puerto, el Potemkin se sumó a la lucha y llegó a disparar contra algunos edificios del gobierno, pero la flota del Mar Negro había recibido la orden de zarpar desde Sebastopol con órdenes de hundir el insurrecto buque y el Potemkin salió huyendo hacia Rumanía. El gobierno de Bucarest los acogió de mal talante y devolvió el buque a la marina rusa. Algunos de los amotinados volvieron a Rusia (donde se les juzgó con severidad) y el resto se desperdigó por Europa.





La revolución de 1905

El estallido revolucionario de 1905 sirvió de precedente y referente al de 1917. Fue fruto del malestar que provocó la crisis económica que azotaba Rusia (crisis de subsistencias, desempleo), y del descontento causado por la derrota militar frente a Japón.

El hecho que desencadenó el proceso revolucionario ocurrió el 9 de enero de 1905, cuando una muchedumbre (200.000 personas), desarmada, compuesta por obreros, campesinos, mujeres y niños, dirigida por el pope (sacerdote) Gapón, posible confidente de la policía y colaborador del régimen, se encaminó hacia el Palacio de Invierno, residencia del Zar en San Petersburgo.

Pretendía hacerle llegar una serie de peticiones: convocatoria de una asamblea constituyente, mejoras salariales, jornada de ocho horas, libertad de sindicación, etc.

Por respuesta obtuvieron una violenta represión que se saldó con más de mil manifestantes muertos. Este acontecimiento ha pasado a la historia con el nombre de "Domingo Sangriento".

La reacción de los habitantes de San Petersburgo se materializó en una oleada de protestas, acompañada de la paralización del sistema productivo como consecuencia de las huelgas y motines. En San Petersburgo y Moscú surgieron las primeras asociaciones de obreros y campesinos, los "soviets" (comités de obreros).

El acorazado Potemkin

En junio de 1905 la marinería del acorazado Potemkin, anclado en el puerto de Odessa (Mar Negro), se sublevó contra sus oficiales, iniciativa que se extendió a otras unidades de la marina y del ejército.

El Potemkin fue un acorazado (buque de guerra de gran tonelaje) de la Flota rusa del Mar Negro. El buque se hizo también famoso por la sublevación de su tripulación contra sus opresivos oficiales, el 27 de junio de 1905. Este hecho fue visto posteriormente como un paso inicial hacia la revolución rusa de 1917, y se convirtió en la base histórica para la película muda de Sergei Eisenstein "El acorazado Potemkin". La chispa que hizo estallar el motín fue iniciada por el infante de marina Ippolit Giliarovsky, quien amenazó con tomar represalias contra varios miembros de la tripulación que se negaban a comer la carne, en la que se habían descubierto gusanos, tras ser embarcada desde la torpedera N267, que actuaba como buque de enlace y correo. Al parecer Giliarovsky reunió a dichos marineros en una zona en cuyo suelo se había extendido una lona impermeable, y donde esperaban infantes de marina armados. Los marineros asumieron que iba a celebrarse una ejecución en grupo, y se abalanzaron sobre los infantes desencadenando así el conflicto armado entre de oficiales y marinos de guerra. De un total de 800 hombres a bordo, sólo sobrevivieron 31.

La chispa que hizo estallar el motín fue iniciada por el segundo de a bordo, Ippolit Giliarovsky, quien amenazó con tomar represalias contra varios miembros de la tripulación que se negaban a comer borsch, una sopa de remolacha que elaboraban con carne parcialmente podrida e infestada de larvas de mosca. La carne había sido traída por el buque torpedero "Ismaíl", que actuaba como buque de enlace y correo. Al parecer Guiliarovsky reunió a dichos marineros frente al alcázar en una zona donde esperaban infantes de marina armados. Los marineros asumieron que iba a celebrarse una ejecución en grupo y se abalanzaron sobre los infantes. Guiliarovsky fue asesinado después de que hiriera mortalmente a Grigori Vakulinchuk, uno de los líderes de los amotinados. Los marineros asesinaron a siete de los dieciocho oficiales del buque, entre ellos al capitán Yevgueni Gólikov. Luego organizaron un comité compuesto por veinticinco marineros y liderado por Afanasi Nikolayevich Matushenko para que dirigiera la nave.

El comité decidió navegar a Odesa ondeando una bandera roja, a cuyo puerto arribaron a las 22:00 horas de ese mismo día. En la ciudad se había declarado una huelga general y se estaban produciendo algunos disturbios mientras la policía trataba de calmar a los manifestantes. Al día siguiente los amotinados del Potemkin rechazaron desembarcar marineros armados para ayudar a los huelguistas a hacerse con el control de la ciudad, pues preferían esperar la llegada de otros acorazados de la Flota del Mar Negro. Más tarde ese mismo día capturaron un transporte militar que había llegado a la ciudad. Las revueltas en Odesa continuaron y gran parte del puerto de la ciudad fue arrasado por el fuego. En la tarde del 29 de junio el entierro de Grigori Vakulinchuk se convirtió en una manifestación política en toda regla y el ejército trató de emboscar a los marineros que asistían al funeral. En represalia por ello el acorazado disparó dos proyectiles de 152 mm contra un teatro en el que se iba a celebrar una reunión de militares zaristas de alto nivel, pero ninguno hizo blanco.

Los amotinados del Potemkin tomaron al final del día 30 de junio la decisión de navegar al puerto rumano de Constanza, Rumanía, para aprovisionarse de comida, agua y carbón. Los rumanos se negaron a facilitar los suministros y el comité del acorazado ruso decidió navegar al puerto de Feodosia, en Crimea, donde esperaban conseguir lo que necesitaban. El Potemkin fondeó allí el 5 de julio pero el gobernador de la ciudad tan solo aceptó darles comida. A la mañana siguiente los amotinados trataron de robar varias barcazas de carbón, pero fueron emboscados por la guarnición del puerto, que mató veintidós de los treinta marineros implicados en el robo. El comité del Potemkin tomó esa tarde la decisión de regresar a Constanza.

El Potemkin alcanzó su destino a las 23:00 horas del 7 de julio y los rumanos aceptaron darles asilo si deponían las armas y rendían el acorazado. Antes de desembarcar, Matushenko ordenó abrir las válvulas Kingston del Potemkin para hundirlo en el puerto.

Tras hundir al Potemkin Afanasi Matushenko vivió en el exilio en Rumania, Suiza, Estados Unidos y Francia. El 28 de junio de 1907, Afanasy Matyushenko con un pasaporte a nombre de Fedorchenko volvió a Rusia, desembarcando en Odessa. El 3 de julio de 1907 Matyushenko fue arrestado en Nikolaev, Ucrania, en una investigación por robo. Fue identificado en la prisión de Odessa, donde fue identificado por uno de los presos. Se decidió juzgar al ex líder del levantamiento de Potemkin por un tribunal militar en Sebastopol.

El juicio fue breve y la sentencia la pena de muerte. Los abogados estaban indignados ya que el Manifiesto del 17 de octubre del Zar Nicolás II abolió claramente las condenas a muerte en casos cometidos antes del 17 de octubre, incluido el levantamiento de Potemkin. Al amanecer del 20 de octubre de 1907, la sentencia se llevó a cabo en el patio de la prisión de Sebastopol.

Ante este aluvión de protestas el zar se vio obligado a transigir e hizo algunas concesiones, que se recogieron en un Manifiesto Imperial emitido en octubre de 1905.

El acorazado Potemkin fue reflotado con facilidad, pero el agua salada había dañado sus máquinas y calderas. Fue remolcado a Sebastopol, a donde llegó el 14 de julio.​ El 12 de octubre de 1905 el acorazado fue renombrado "Panteleimón" en honor a San Pantaleón. Antes de su retirada del servicio recibió los nombres de "Potemkin-Tavrícheski" (13 de abril de 1917) y "Boréts za svoboduel" (Luchador por la Libertad) el 11 de mayo de 1917.

El acorazado fue puesto en la reserva en marzo de 1918 pero los alemanes lo capturaron en Sebastopol en mayo del mismo año. Fue entregado a los Aliados en diciembre de 1918 tras la firma del armisticio alemán. Los británicos destruyeron sus máquinas el 19 de abril de 1919 cuando abandonaron Crimea para evitar que los bolcheviques lo usaran contra los rusos blancos. Durante la Guerra Civil Rusa (1917-23) el buque estuvo en manos de ambos bandos, pero fue abandonado por los "blancos" cuando se retiraron de Crimea en noviembre de 1920. El "Boréts za svobodu" fue desguazado a comienzos de 1923, aunque no desapareció de la lista de buques de la armada rusa hasta el 21 de noviembre de 1925.

En 1955 se le cambió el nombre de la Escalera Primorsky por el de Escalera Potemkin en honor al 50º aniversario de la sublevación del acorazado Potemkin.

 

El legado de la revolución de 1905

El gobierno ruso se vio impotente para frenar la oleada de protestas, por lo que el zar Nicolás II decidió ceder en algunas cuestiones introduciendo una serie de reformas, contenidas en el conocido como Manifiesto de Octubre. Aceptó conceder algunas libertades políticas, una ley electoral, que se crease una asamblea más o menos representativa, la Duma, aunque con poderes legislativos muy limitados, ya que el zar podía vetar sus leyes, y una serie de medidas laborales y sociales como el reconocimiento de los derechos sindicales o la jornada laboral de diez horas. También aceleró la paz con Japón. Pero eran medidas muy tímidas en relación con la situación explosiva que se comenzaba a vivir en Rusia. Los soviets siguieron actuando, destacando el de San Petersburgo. Los soviets propiciaron en noviembre la sublevación de los marineros de la base naval de Kronstadt. También el campo continuó revuelto.
El zar declaró la ley marcial y puso en marcha el aparato del estado para reprimir a la oposición. En el campo se destacaron en esta tarea las denominadas Centurias Negras. Se encarceló a los miembros del soviet de San Petersburgo. Muchos líderes de la oposición fueron deportados a Siberia, mientras que otros huyeron a Europa occidental.

La respuesta del zar -el Manifiesto de octubre- consistió en anunciar una reforma política y la creación de una asamblea representativa, la Duma. También se realizaron algunas mejoras en las condiciones de vida y laborales de obreros y campesinos.

La revolución de 1905 sirvió de enseñanza para la de 1917. Sirvió para depurar y esclarecer la estrategia del movimiento obrero y en concreto de los bolcheviques. La figura del zar salió deteriorara de 1905. En la mentalidad popular comenzó a derrumbarse un mito: el padrecito zar que velaba por la prosperidad de los súbditos, aunque aveces estuviera engañando por el mal gobierno.


Eisensentein y el cine

Un 22 de enero de 1898 nacía en Riga Sergei Eisenstein, el director ruso que cambió la forma de entender el cine. El artista firmó obras maestras del cine 'El acorazado Potemkin', 'Octubre' y 'La huelga', todas ellas con un montaje que no se había visto nunca hasta la fecha.

En el Ejército Rojo entró en contacto con el teatro al trabajar como responsable de decorados y como director e intérprete de pequeños espectáculos para la tropa. Su experiencia como director de escena del Teatro Obrero (1920) lo impulsó a estudiar dirección teatral en la escuela estatal, donde desarrolló una personal concepción del arte dramático basada en la yuxtaposición de imágenes de fuerte contenido emocional.

Su primer contacto con el cine fue el rodaje de un pequeño cortometraje incluido en el montaje de la obra teatral El sabio que llevaba por título El diario de Glomov. Empezó a interesarse activamente por el nuevo medio artístico y rodó el largometraje La huelga (1924), con una famosa secuencia en que utilizó la imagen de ganado sacrificado en el matadero intercalada con otra de trabajadores fusilados por soldados zaristas.

La película se estrenó el 21 de diciembre de 1925 en el Teatro Bolshói. Según el testimonio del propio director, el montaje se terminó momentos antes de la proyección del filme y el último rollo lo empalmó con su propia saliva.

El acorazado Potemkin (Bronenósets Potyomkin, 1925) no es solamente la película más importante de Eisenstein (era su segundo largometraje) y la más representativa de todo el cine revolucionario soviético sino que se erige como una de las más notables e influyentes del periodo silente y, en opinión de numerosos historiadores, la mejor. Por supuesto es uno de los filmes más analizados y comentados de la historia.

Nació como uno de los ocho episodios de un proyecto sobre la fallida revolución de 1905 pero ya en Odessa el director letón reescribió casi totalmente el guion, que se separó bastante del inicial, más fiel a los acontecimientos históricos y centrado en este episodio. El rodaje duró poco más de una semana y durante el mismo Eisenstein y su operador Eduard Tissé experimentaron con objetivos, focos, plataformas para mover las cámaras, planos desenfocados... La película tuvo un gran éxito en el extranjero, siendo prohibida en algunos países acusada de revolucionaria.

El desarrollo de este episodio revolucionario es, en realidad, una metáfora de la Revolución Rusa con la representación de las clases que sostienen el zarismo en el barco (los militares aristocráticos y los oportunistas, el clero, los intelectuales que se pliegan al poder como el médico, los indiferentes y los cobardes) y los grupos revolucionarios (el pueblo movilizado como marineros) y sus aliados (la pequeña burguesía en el puerto, las mujeres, los oprimidos...).

Sergei Eisenstein

viernes, 11 de junio de 2021

LÁPIDAS INVISIBLES

La primavera hizo su aparición. Las flores florecieron lentamente tras las nieves del invierno dando nueva vida y esperanza a la tierra que renacía como cada año. La vida siempre volvía después de la muerte, era un ciclo eterno que nunca se rompía. El campo retoma su color verde anunciando una nueva estación y, con ella, nueva vida y nuevos brotes de esperanza que dan calor a la tierra y los corazones. 

Un camino polvoriento recibía a los visitantes rodeado de un castañar, con ejemplares secos y con sus frutos esparcidos por el suelo. Las hojas creaban un tupido manto marrón y verde que animaba a pasear durante largas horas por su caminos y veredas, dejando pasar el tiempo y disfrutando de ese momento. 

Un grupo de personas paseaban admirando el paisaje. Un observador despistado podía haberlos confundido con viajantes o turistas que aprovechan el buen tiempo para salir de su rutina y disfrutar de la naturaleza. Pero nada más lejos de la realidad. 

La tierra y los paisaje siempre ocultan historias, historia pasadas y silenciadas por el tiempo y por aquellos que sufrieron.  Pero nunca del todo olvidadas.

....

El pequeño grupo de personas se arremolinaba dentro del camión. Hacía bastante frío y el viento contribuía a crear una sensación gélida cuando soplaba. La humedad tampoco ayudaba y, aliada con el frío, traspasaba la carne y los músculos haciendo tiritar a los hombres que estaban dentro del camión. Las mantas y las ropas no servían para nada, ya húmedas y gastadas, se convertían en inesperados aliados de un tiempo gélido y lluvioso.

Frotándose las manos, o apurando un cigarro, el pequeño grupo intentaba entrar en calor como podía. Pero el frío no era tan importante: era una molestia pasajera, algo molesto pero nada grave. Sabían cómo iba a acabar el día  y el frío no era su mayor preocupación. 

En eso pensaba Manuel mientras observaba el paisaje, consciente de que sería la última vez que lo vería. Los pequeños momentos siempre son los mejores, aquellos que quedan guardados en nuestra memoria y que nos retraen a mejores épocas y a situaciones felices.  Momentos que siempre volvía, paradójicamente, en los peores momentos.

Su familia recibiría su última carta ese mismo día, misiva que auguraba su final, final que ambos sabían y asumían sin miedo ni vergüenza. Sus últimas palabras serían leídas en silencio y en voz baja, sin que los vecinos y viandantes se percataran. El miedo, el dolor, y la rabia imperaban con un silencio incómodo en los pueblos y ciudades, mientras sus víctimas bajaban la cabeza e intentaban no cruzase con las iradas acusatorias de aquellos que ganaron o que por miedo señalaban a los vencidos y los perdedores. El mensaje, escueto pero firme, sería leído en secreto y guardado en un cajón esperando tiempos mejores, pero sin caer en el olvido, latiendo fuertemente en la memoria.

(Dedicado a los que lucharon por la libertad)

NO ME ARREPIENTO DE MI LUCHA

Aquí yazco en una cuneta por mi lucha, por conservar una democracia por defender a mi pueblo a mi familia... A la gente que quiero. No me arrepiento de haber dejado la vida. Es mi legado. 

Nunca el fascismo entendió nuestro mensaje. De no pasarán. No pasaron por encima de nuestro corazón y alma ni por encima de nuestras creencias de libertad. No pudieron acabar con la esencia del pensamiento. 

Sigo aquí para que el mundo vea y juzgue la vergüenza de unos cobardes que quisieron aniquilar al ser humano y su libertad. No sufráis compañeros y compañeras. Por nosotros. Siempre estaremos en vuestros corazones y en la lucha. 

Siempre caminando a vuestro lado. Si algún día mis restos vuelven a mi tierra a mi gente. Gritad.... LIBERTAD.

El martillo impacta la aguja del fusil mientras la explosión de la pólvora empuja con fuerza los proyectiles, balas de infame jauría que, con un objetivo directo, arrojadas fuera de los cañones pasean seguras y firmes durante su trayecto, hiriendo de muerte al viento. Los proyectiles impactaron en  la carne, sacando sus colmillos de acero, desgarrando el cuero, hiriendo los huesos, sedienta de sangre y hambrienta de carne. Muerden los tejidos con rabia y arrancan el pecho a las arterias para causar hemorragia, disfrutando mientras observan impasable cómo los últimos alientos se diluyen con el viento, desapareciendo mientras el silencio vuelve a ocupar su espacio, roto por ese momento puntual.

Y todo quedó en silencio. Los cuerpos se desplomaron sin vida, y no notaron el impacto del tiro de gracia del sargento mientras un grupo de soldados se afanaba en cavar una gran fosa. Se podía ver en sus rostros el cansancio y el esfuerzo al sacar la tierra. Tenían prisa y no querían perder mucho tiempo.
...

Una pequeña fuente blanca recibía a todos los viandantes. El agua fluía sin interrupción desde su hallazgo y, seguramente fluiría mucho más tiempo. Civilizaciones y asentamientos se crearon alrededor de esta pequeña fuente, que había permanecido impasible con el paso del tiempo, alimentando pueblos y leyendas. 

El agua es sinónimo de vida y de esperanza. Siempre que fluya la vida surgirá a su alrededor y aliviará la sed de viajeros y visitantes. Y al igual que necesitamos agua y alimentos para vivir, la memoria nos ayuda a marcar nuestra camino. El olvido y la amnesia siempre son enemigos y peligroso, nos impiden aprender y nos precipitan a caer en los mismos errores.

El agua alimenta a la tierra, tierra que guarda tesoros y vida. Vidas violentas y olvidadas por el tiempo, pero no por aquellos que sufrieron. Tierra donde están enterradas la dignidad y los restos de épocas pasadas, olvidadas por la mayoría, pero nunca por aquellos que sufrieron y fueron perseguidos. nada ni nadie muere mientras haya alguien que siga recordándote.

La excavación iba lenta. La labor de retirar la tierra era bastante compleja, pues no podían permitirse dañar los tesoros que albergaba bajo ella. Los rostros atentos de los testigos y curiosos miraban impasibles la labor de los forenses y de los voluntarios. Las lágrimas secas ya después de tanto tiempo volvieron a fluir por los rostros marcados por el dolor, la pena y la rabia acumulada después de tanto tiempo. 

Y así, algo nos pesa. Estos incontables muertos, estos masacrados, estos torturados, estos pisoteados, estos ultrajados, son asunto nuestro. ¿Quién hablaría de ellos si nosotros no habláramos de ellos? ¿Quién pensaría en ellos? En la amnistía moral universal concedida durante tanto tiempo a los asesinos, los deportados, los ejecutados, los masacrados, solo nos tienen a nosotros para pensar en ellos. Si dejáramos de hacerlo, terminaríamos de exterminarlos, y serían aniquilados para siempre. Los muertos dependen enteramente de nuestra lealtad... Esto es propio del pasado: el pasado necesita ayuda, ser recordado por los olvidadizos, los frívolos y los indiferentes; nuestras celebraciones lo salvan continuamente de la nada, o al menos retrasan la inexistencia a la que está condenado; el pasado necesita que nos reunamos específicamente para conmemorarlo: porque el pasado necesita nuestra memoria.

Después de tanto tiempo y silencio forzoso, volvían a encontrarse con aquellos que perdieron hace ya tanto tiempo. Aquellos que fueron silenciados y perseguidos, pero nunca olvidados  Heridas nunca cerradas que deforman los rostros y recuerdan historias de un pasado demasiado cercano.

martes, 18 de mayo de 2021

LA TAPIA DEL CEMENTERIO

La mañana despuntaba lluvia. Las nubes iban encapotando el cielo poco a poco eliminando los rayos de luz tiñendo el cielo de tonalidades grises. Iba a ser un día terrible: la lluvia haría acto de presencia antes o después. 

Era un tiempo idóneo para un lugar como el cementerio. Un cementerio antiguo, olvidado por el tiempo y los viandantes con un verja oxidada. Traspasando esa vieja verja, hay una vieja y humilde tapia de ladrillos que, aparentemente al menos, es igual que cualquier otra tapia de cualquier otro lugar. Una tapia sencilla, hecha de ladrillos desgastados por el paso del tiempo y la acción de los elementos.

Eso pensaba Anselmo cuando la observaba. El tiempo iba desmenuzándola poco a poco, destruyendo el humilde adobe de sus ladrillos y la vegetación iba creando un lento camino que traspasaba el muro e iba conquistando la superficie. 

Mientras caminaba con el resto de sus compañeros, notó como el rocío de las yerbas mojaba sus zapatos, y el frescor del ambiente entraba en sus pulmones. Los encantos de nuestra diáfana campiña desaparecen con las neblinas matinales, estaba claro. A escasos metros, la tierra mojada impregnaba el ambiente. El olor a tierra mojada le recordó a su infancia, en el norte cuando la lluvia golpeaba con fuerza en el otoño profundizando los marrones y los verdes de las hojas. La naturaleza en su esplendor estaba presente. Hoy iba a llover. Iba a ser un tarde húmeda.

El tiempo pareció detenerse un momento mientras iban tomando posiciones, ocupando cada uno su lugar.  Separaron las piernas y las manos, podían salir corriendo, podían huir, pero no se movieron. el miedo agarrota los miembros cuando lo llevas dentro. El miedo, la tristeza, el dolor... todas esas sensaciones hicieron acto de presencia y se agolparon en el pecho causándole una sensación de ahogo y de asfixia. pero nada de eso importaba. No duraría demasiado.

Los militares gritaban impacientes, arengando a sus prisioneros para que se pusieran en  fila. Tenían prisa y no querían quedarse allí. Algunos querían volver con la novia, otros no les hacía gracia pasar tiempo con los muertos, y otros, simplemente, querían volver a su casa a descansar un poco.

-¿Alguien tiene un cigarrillo? preguntó uno de los presos.- es bueno cumplir una última voluntad.

Uno de los soldados miró nerviosamente a su superior quien, después de meditarlo durante unos segundos, asintió. Le lio un cigarro y se lo ofreció. Las bocanadas de humo se disipaban con el aire frío pero al menos le calentaban los pulmones. fumar era un vicio, pero era uno de los pocos placeres que podía permitirse. 

Ese cigarrillo le sentó a gloria. Las bocanadas de humo calentaron sus pulmones y le permitieron respirar un aire fresco que hacía tiempo que no disfrutaba. El olor de las flores, el tabaco y la humedad le animaron. Si, iba ser un gran día. Un día precioso.

Sus compañeros fueron tomando posiciones. El miedo apareció en sus ojos. La energía usada en ese pensamiento parece tener un origen químico. El miedo era algo irracional, pero era algo humano. el miedo al fracaso, al no saber qué pasará, al futuro... La última guerra nos dio un ejemplo de conocimiento sin amor. En cada caso, el resultado fue la muerte en gran escala, muerte sufrida por los vencidos, muerte física y muerte en vida, donde el silencio y el miedo imperaban en cada pueblo y en cada ciudad, mientras agachaban la cabeza temerosos de las represalia de los vencedores. Pero ellos no lo padecerían, sufrían un miedo natural, el miedo que siempre acompaña cuando sabes cuál es tu final, eso indicaba que todavía seguían vivos.

En un momento quedaron todos alineados; nadie hablaba, pero sentían con precisión rara todos los movimientos de nuestros ejecutores. El sonido metálico y unísono de la preparación de los rifles causó un fuerte estremecimiento; pero no intentaron huir; todo sucedía muy de prisa. Un ruido seco estremeció el ambiente, y el silencio hizo su presencia, mientras los cuerpos se desplomaban lentamente en el suelo. Los soldados se apresuraron. Iba a llover y no querían mojarse.

viernes, 30 de abril de 2021

AGONÍA

Lloraba. Grandes lágrimas caían como dagas plateadas, rasgando el paisaje desolador y oscuro de su habitación. El dolor era insoportable. Las lágrimas formaban un pequeño charco, iluminado por la tenue luz de la luna que observaba, impotente, el rastro de esa miseria.
Gotas rojas manaban de sus innumerables cortes en sus brazos. Las cicatrices no acaban nunca de desaparecer: las exteriores se pueden cubrir con ropajes, con crema y vendas; pero otras rasgan el corazón, son invisibles a los ojos, cicatrices internas que van royendo los órganos y los huesos, dejando una cáscara, un envoltorio hueco y vacío.
Estaba en una gran sala llena de libros. Grandes volúmenes decoraban la habitación. Necesitaba buscar consuelo entre las hojas y las palabras para obviar el terrible dolor que se agolpaba en su costado. Libros de todo tipo: cuentos, novelas, poesía… inundaban las estanterías. buscar consuelo entre sus páginas y sus versos podía ayudarle: cantos a la muerte, canto al dolor, descripciones precisas sobre la pérdida, cuentos sobre el más allá... miles de narraciones que pueden ayudarle a describir cómo se siente. Cogió un gran libro de tapas negras.
Cogió el volumen, lo hojeó. Era una pequeña novela de su padre. Él había muerto hace unos años a causa de un cáncer. Pese a aquella enfermedad, su padre no perdió su aire juvenil y su gran sonrisa.
El recuerdo de su padre muerto le hizo sollozar. El dolor nunca había desaparecido y volvía siempre en los momentos de desesperación. Un dolor recurrente, que dejaba huella y cicatriz, una herida abierta que siempre estaba allí y a pesar del paso del tiempo, reaparecía una y otra vez. Sabía que era difícil mantenerse en equilibrio, caminando por la cuerda floja de la razón, mientras el dolor se convertía en un peso que amenazaba con precipitarlo al vacío y al abismo.
Lanzó con furia aquel tomo que chocó contra la pared. Todo lo aprendido no le había servido para nada. ¿Qué importaban aquellos libros que lo único que hacen es evadirte de la realidad como si fuera una droga? Los músculos del cuerpo en tensión, los dientes apretados, la sangre hirviendo, mirada congelada, dispuesto a todo y el arrepentimiento que llega tarde, eran fases que ya había experimentado antes pero que volvían una y otra vez, una tras otra cabezada contra la pared.
Se hallaba en la iglesia, solo. El párroco se acercó al ver que sollozaba.
- ¿Qué te pasa, hijo mío?
- Mi padre está muy enfermo- contestó.
- No te preocupes- le consoló el religioso- Después de esta vida hay una vida mejor, donde todos los hombres se dirigen a la casa de Dios, que ha sido quien los ha criado y salvado gracias a su hijo Jesucristo.
- Pero yo no quiero que se muera- dijo, llorando.
- La vida es efímera, pero siempre nos espera un lugar mejor.
¿Un lugar mejor? ¿Qué lugar mejor? Su padre se hallaba metido en una maldita caja de pino, muerto y enterrado. ¿Ese era un lugar mejor? ¡Maldita sea el ser humano que cree tener respuestas para todo¡ La muerte puede ser un nuevo camino, pero eso no alivia el dolor ni la pérdida: el miedo, la impotencia... todo ello se transforma en rabia que ayuda a aliviar toda esa ira que supone el darse cuenta de tu partida y de mi inmensa soledad. sermones de otras vidas, de otros lugares nunca ayudan.
Se dirigió a la biblioteca. Descargando su furia, cogió volúmenes de libros, rompiendo las páginas, arrancando encuadernaciones, derribando estanterías… La lectura nunca consuela la pérdida de un familiar cuando la rabia y el dolor se agolpan en tu costado. No hay suficientes palabras para describir lo que significa una pérdida tan grande. La tristeza deja paso a la rabia, a la impotencia, ala desesperación, al miedo a las nueva situación que surge ante tus ojos.
Lograr el consuelo no es una tarea sencilla ¿Acaso iba a encontrar consuelo leyendo a Unamuno, a Larra, a Quevedo, a Santa Teresa, a los grandes místicos…? ¡Qué se fuera al carajo! Esos eran los intelectuales, personas que tratan de imponer sus ideas al resto de la humanidad, criticando todo aquello que es contrario a sus dictámenes, creyéndose una especie de salvadores de la humanidad, pero que desconocían cómo se sentía en ese momento. Quizás luego los leyera, pero en ese momento la rabia dominaba su ser y necesitaba salir, brotar para dejar paso al dolor y la tristeza.
Alzó los ojos. La furia se desbordaba por sus órbitas. La pena había sido ahogada, pero de ella había brotado una llama roja de odio, rabia y dolor. Esa llama iba extendiéndose como una llamarada que necesitaba yesca seca para prender y arrasar todo a su paso. Como un incendio voraz y hambriento. Luego llegarían las lluvias para eliminar toda huella de su existencia y convertir en humo y cenizas todas su obra, pero en ese momento las llamas necesitaban devorarlo todo para purgar y limpiar todos los matojos y yesca seca. La herida de la culpa se abrió y volvió a recordar el dolor, volviéndose a sentirte mal, sintiéndose un error humano.
Iba a pasar, independientemente de lo que él quisiera, independientemente de lo que sintiera: Ni siquiera ahora era capaz de decirlo. Ni aunque hubieran hablado. Ni aunque lo hubiera sabido todo el tiempo. Porque claro que lo sabía, claro que lo había sabido, por mucho que hubiera querido creer que no era verdad, claro que lo sabía. Pero aun así no podía decirlo. ¡Ya no puedo soportarlo más! ¡No puedo soportar saber que se ha ido! ¡Quiero que pase ya! ¡Quiero que todo esto se acabe! Él seguía vivo. Lo cual era lo peor que podía haber pasado.
Arrancó con furia las páginas de los libros esparcidos por el suelo. Los papeles arrancados formaban grandes montones que, lentamente, iban creciendo más y más, formando una alfombra de historias olvidadas y dolor que iba creciendo poco a poco en el suelo de la habitación.
El sudor brillaba en su rostro, las manos estaban sangrando de los cortes de las hojas arrancadas y no brotaban ya más lágrimas de sus cuencas secas. Ríos de sudor, sangre y lágrimas  corrían por su cuerpo y el suelo eliminando toda su rabia y dolor y se convertían en un pequeño charco. Cansado de la rabia, del sufrimiento y del dolor, lanzó un grito que resonó en toda la habitación:
Dios, dios, dios. ¿Dónde estás? ¿por qué te escondes?¿Por qué te has llevado a mi padre?


lunes, 26 de abril de 2021

SAMUEL MORSE

Hijo de un pastor protestante de ideas sumamente conservadoras, el joven Samuel Finley Morse manifestó muy pronto su carácter independiente y sus inclinaciones artísticas. Su padre, teólogo de cierto relieve, trató de dar al hijo una educación esmerada, pero más bien antiliberal. Aunque nació cerca de la Universidad de Harvard, Morse no se educó en ella, porque ya había adquirido una reputación de radical, lo que asustaba al padre. A los 14 años pasó a la Universidad de Yale, que se mantenía fiel a la ortodoxia puritana y calvinista. En Yale, el joven estudiante empezó a interesarse vivamente acerca de un tema que resultaba en aquella época sumamente exótico y misterioso: la electricidad. A base de las primitivas pilas eléctrica de Volta y Cruishank, sus profesores ejecutaban experimentos y trucos que causaban la admiración de Morse y que. no habían de olvidársele jamás.

Samuel Morse

Desde muy niño, Morse, había dibujado; su inclinación hacia el arte resultaba irresistible; dibujaba retratos de sus compañeros y les cobraba. Hacia fines de sus estudios cobraba un dólar por un retrato al lápiz y cinco por una miniatura sobre marfil. Al terminar sus estudios tomó, repentinamente, y con gran indignación de sus padres, la decisión de seguir la carrera artística para la que su talento parecía destinarle. Entusiasta admirador del pintor Washington Alisten, viajó con él a Londres, en 1811, donde permaneció cerca de cuatro años, sumergido en un torbellino de actividades: estudios académicos, febril esfuerzo por terminar a tiempo los numerosos retratos que se le encargaban, amables veladas pasadas con los amigos fumando habanos, bebiendo vino de Madera y tocando el piano, porque Morse era un músico entusiasta, descubrió el mundo del teatro y adoptó las ideas democráticas de Jefferson y de los jacobinos franceses, que hallaban eco en el círculo de norteamericanos residentes en Londres.

A los cuarenta y un años de edad se hallaba en el punto culminante de su carrera artística; había progresado notablemente como pintor, adquiriendo una fluidez y un dominio técnico que le permitían rivalizar con los mejores retratistas de su tiempo. A su regreso a Nueva Inglaterra, en 1815, el pintor llegaba lleno de esperanzas y con un sólido bagaje artístico; en Londres se había distinguido y había aprendido todos los trucos del oficio; había ganado una medalla de oro en un concurso de escultura, contaba con amigos, admiradores y mecenas. Pero durante el viaje de regreso, ocurrió un incidente que interrumpió casi por completo su carrera artística y que hizo que Samuel recordara la admiración que despertaron en él las clases de sus profesores de Yale, sobre la electricidad. Cierta noche, durante la cena, el Dr. Jackson, habló de los recientes descubrimientos en materia de electromagnetismo y los experimentos de Ampére, y mencionó la longitud del alambre en la bobina de un magnetoimán que se usaba; entonces, uno de los pasajeros quiso saber si no se frenaba la velocidad de la electricidad dada la longitud del alambre. Y el doctor explicó que el fluido pasaba instantáneamente a lo largo de cualquier longitud de alambre, citando los experimentos del propio Benjamín Franklin. Samuel Morse comentó que "si la presencia de la electricidad podía hacerse visible en cualquier parte del circuito, ello haría posible transmitir mensajes instantáneamente por medio de la electricidad.". La conversación pasó a otro tema, pero nadie pudo imaginar esa observación del pintor Morse contenía el germen de uno de los más importantes inventos de la historia.

El caso es que Morse, ya en Nueva York, tras unos cuantos días de intenso trabajo, completó un esquema del aparato que había imaginado, pero es sabido que, con frecuencia, las dificultades de un inventor no hacen sino empezar cuando la idea central se establece en su mente; y la aplicación práctica de un nuevo descubrimiento, junto con su triunfo en la aceptación del público en general. Samuel se pasó doce años perfeccionando el diseño del aparato que había concebido. Durante todos esos años dejó de pintar y tal cosa resintió su economía. Y aunque no poseía los conocimientos técnicos necesarios, él mismo hubo de proyectar y construir las distintas partes del primer transmisor telegráfico, la famosa llave- que era un conmutador eléctrico. Ya había resuelto el modo de hacer los tendidos de los alambres que aislaran la corriente eléctrica (postes de madera y barras transversales también de madera en que ubicaban aislantes de porcelana) Pero surgió un problema crucial ¿Cómo hacer para que el terminal recibiera un mensaje y lo descifrara? No le quedó más remedio que inventar el llamado Código Morse, que consistía en señales cortas y largas para representar las letras del alfabeto y algunos signos de puntuación. Además, en sus transmisiones experimentales descubrió que solo podía cubrir 32 kilómetros; para solventar este hecho, debía instalar relays para acoplarlos a línea telegráfica y hacer avanzar la señal otros 32 kilómetros y, así, sucesivamente para cubrir mayores distancias.

En 1836, tuvo listo su primer aparato telegráfico y solicito una patente para su invento y ayuda económica al gobierno para hacer una instalación y viajó a Europa para obtener patente en diversos países; fracasó en Inglaterra y en Francia, su gobierno declaró que el invento era de utilidad nacional y se apropió de la patente. Por fin, en 1843, el Congreso aprobó la suma de 30.000 dólares para construir la primera línea telegráfica entre Baltimore y Washington, que inaugurada el 24 de mayo de 1844. Y quien ha visto una película de la conquista del oeste sabe que este invento unió el país en todas sus direcciones; sin embargo, Samuel Morse, el pintor del célebre retrato de Lafayette, debió pleitear para mantener los derechos de su patente.

Morse, además, ensayó diversos procedimientos para la instalación de un cable submarino y consiguió introducir los daguerrotipos, primeros intentos de fotografía que Daguerre y Niepce habían introducido con éxito en Francia. En 1858 los gobiernos de Austria, Bélgica, Francia, Holanda, el Piamonte, Rusia, el Vaticano, Suecia, Toscaza y Turquía, como compensación por el uso de su sistema y sus aparatos, le asignaron una cantidad de 400.000 francos para que resolviera sus problemas financieros y viviera con tranquilidad y relativa prosperidad.

El 2 de abril de 1872, el telégrafo difundió al mundo que, rodeado de su familia, había muerto Samuel Morse.
***
La telegrafía se amplió al tipo dúplex y, en 1874, Edison inventó la cuádruplex, que permitía enviar, simultáneamente, dos mensajes en cada dirección, en 1915 se implantó la múltiple, que permitía enviar ocho o más mensajes y, a mediados de los años 20, apareció la máquina de teletipo y, años después, este procedimientos fueron sustituidos por los métodos inalámbricos de transmisión por ondas. 

miércoles, 14 de abril de 2021

14 DE ABRIL

He escrito miles de canciones entonando tu nombre,
te he buscado en cada mirada, en cada eco y en cada garganta silenciada
República, libertad hecha palabra, última esperanza para el hombre
llama de la libertad siempre encendida, nunca apagada

esperanza para que el hombre pueda vivir en libertad
y no tenga que preocuparse por el trabajo y llevar a casa pan y sustento
esperanza para que sea tratado con respeto y dignidad
esperanza tan necesaria como el aire y el pan como alimento

enarbolamos la bandera tricolor de la libertad
en cada lucha, en cada batalla, en cada frente
donde combatimos hasta caer heridos gravemente
en una guerra sin cuartel y sin piedad

pues eres nuestras esperanzas y nuestros sueños hechos realidad
querida república, dama de la libertad, la igualdad y la fraternidad
por la que siempre hemos luchamos hasta conocer la derrota
porque aunque portemos como arma la razón la ilusión quedó rota


lunes, 22 de marzo de 2021

NI UN PASO ATRÁS

El comisario político Alexey Yeremenko, (1942) alentando a sus camaradas a contraatacar posiciones nazis antes de morir en la aldea de Khorosheye (Ucrania). La foto es del soviético Max Alpert. Hasta 1965 se conoció al comisario como 'kom-bat" (comandante del batallón). Su identidad se descubrió 23 años después cuando su mujer e hijos vieron la foto en la portada de Pravda dedicada al 20 aniversario de la victoria sobre el nazifascismo (9 de mayo de 1945). 

El fotógrafo se colocó justo antes de la línea defensiva cuando los alemanes atacaron. El reportero de guerra y fotógrafo soviético Max Alpert tomó la foto. Desconocía la identidad del líder en el momento en que lo tomó. Llamó a la fotografía como "Kom-bat", un acrónimo militar soviético para "comandante de batallón".

Tomada el 12 de julio de 1942 en Luhansk, que era el área de operaciones militares que involucraba al 220º Regimiento de Infantería de la 4ª División de Infantería. Estos fueron los días en que el Ejército Rojo estaba en una sangrienta posición defensiva contra las fuerzas muy superiores del oponente del Eje.

El contraataque dirigido por el comisario político Alexey Yeremenko fue en el campo cerca del pueblo de Good entre los ríos Lugan y Lozova.

Después de los brutales ataques aéreos y de artillería habituales en las sangrientas batallas del frente este. Alpert vio al oficial e instintivamente se levantó para fotografiarle. Momento en el que su cámara se rompió en fragmentos por el extenuante combate.

Alpert pensó que la película se había perdido para siempre. Mientras trasteaba con la máquina rota en su trinchera escuchó a los soldados del Ejército Rojo gritar: Kombat está muerto!

En 1965 se revelaría la identidad del héroe.

La propaganda anticomunista nazi, hollywoodense, etc. dejó en el imaginario colectivo occidental la idea de que los comisarios políticos eran gente oscura que gozaba de privilegios. Cuando generalmente eran ejemplos a seguir para sus camaradas y los primeros en arriesgar su vida.

La foto posiblemente fue usada para el soldado en primer plano del alto relieve que forma parte de la base del monumento al Ejército Rojo en Sofía, Bulgaria. El alto relieve oriental presenta una composición llamada "Octubre 1917" y fue realizado por el profesor Dalchev. Representa a los marineros, soldados, trabajadores, que con entusiasmo revolucionario, formaban el ejército soviético.

Ni un paso atrás, camaradas, seguid resistiendo
al invasor alemán que pretende arrasar nuestra tierra
No Pasarán, frenaremos al fascismo combatiendo
al enemigo que llevó a nuestras puertas la guerra

Bestia que arrasa sin compasión y sin humanidad
pretendiendo borrar nuestra existencia de la historia
pero nuestro pueblo les hará frente y dará combate, ¡Honor y Gloria!
a todos aquellos que cayeron defendiendo la patria y la libertad

Honor al combatiente proletario que se alzó contra el fascismo
Honor y gloria al soldado, al comisario y la clase proletaria que cayó luchando
por nuestra libertad y la vuestra, ¡Recordad quien estaba en cada bando!
honor a la historia de aquellos que combatieron por el socialismo

ejemplo y resistencia de un pueblo que luchó y resistió por nuestra libertad
a pesar de que la historia haya pretendiendo su ejemplo y sacrificio borrar 
los pueblos y la clase obrera no olvidan ¡honor y Gloria! ¡Ni un paso Atrás!
puño en alto os recordamos camaradas, enarbolando la roja bandera de la solidaridad


Alexey Yeremenko

sábado, 13 de marzo de 2021

LOS RAYOS X

¡Hágase una radiografía! Esta es una orden que, a menudo, imparten los médicos en clínicas y hospitales. La radiografía es como una fotografía interior del cuerpo humano, lo que permite a los galenos tener mejor base para sus diagnósticos. ¿Y cómo es posible tal cosa?

El científico que hizo factible este hecho, nació el 27 de marzo de 1845, en Lennep, una pequeña ciudad alemana del Ruhr. La revolución que agitó a Alemania en 1848, obligó a la familia a emigrar a Holanda. Por eso, el pequeño Wilhelm Conrad Roetgen, tomó la nacionalidad holandesa. Se sabe que durante su período escolar, no se distinguió por ser un buen estudiante y ya un joven universitario, se vio envuelto en un incidente del que era ajeno y fue expulsado de la Universidad de Utrecht. Este hecho lo obligó a ingresar en la Universidad de Zürich, titulándose de ingeniero mecánico. Pero, lo que verdaderamente interesaba a Roetgen era la investigación en la Física. Fue alumno de Clausius, a quien la ciencia llama el padre de la termodinámica.

Roetgen, estudiante universitario, casi a diario, visitaba el restaurante "El Vaso Verde", regentado por un intelectual alemán, emigrado. Ahí, se reunían todos los jóvenes científicos, bebían y discutían. Conrad, además, cortejaba a una hija del posadero. (Es curioso consignar que la novia, antes de casarse, debió vivir varios meses en casa de su futura suegra, en Holanda, aprendiendo los secretos de la cocina holandesa). Ya casado, Roetgen aceptó un nombramiento en la Universidad de Würzburg, pero no pudo recibir su sueldo por no tener el grado académico exigido. Se trasladó, entonces, a Estrasburgo, donde permaneció nueve años. Ahí se dedicó a perfeccionar sus técnicas de investigación y publicó muchos trabajos que le dieron gran prestigio en el mundo científico, a tanto que varias universidades se interesaron por él y, curiosamente, también lo llamó la Universidad de Utrech, de la que había sido expulsado. Además, el Claustro de Würzburg, la universidad que le había negado el derecho a enseñar por falta de un requisito académico, le ofreció el cargo de Director del Instituto de Física. Y, en estas tareas, fue tal su capacidad de trabajo y las demostraciones de su talento que, en 1894, fue nombrado Rector. Un año más tarde, se enteró de los trabajos que otros científicos realizaban sobre los rayos catódicos y decidió ampliar sus laboratorios para poder iniciar sus propias investigaciones en estas materias.

Los experimentos se realizaban en tubos Lenard, envueltos cuidadosamente en cartón, pero dejando una pequeña ventanilla para observar las relaciones entre las fluorescencias de la pantalla y la luminosidad en el interior del tubo. Un día, cubrió totalmente el tubo más potente, apagó la luz del cuarto y luego encendió el tubo. Observó, casualmente, que se reflejaba sobre una mesa, a poco más de un metro de distancia, una luz trémula y tenue. Pensó que la luz interior del tubo escapaba por alguna diminuta rendija, pero pese a sus ajustes, el hecho se repetía cada vez que encendía el tubo. Intrigado, prendió una cerilla y vio que sobre la mesa, en el punto en que se reflejaba la débil luz, olvidada por él, estaba una pantalla de platinocianuro de bario que había usado en un experimento anterior.

Todos los científicos estaban de acuerdo en que los rayos catódicos apenas podían atravesar unos pocos centímetros del espacio. ¡Y la pantalla estaba a más de un metro de distancia! Hizo cientos de experiencias para detener la expansión de los rayos y solo lo logró cuando, para interferirlos, empleó una lámina de plomo. Desde hacía algún tiempo, los científicos sabían que los rayos catódicos eran capaces de impresionar una placa fotográfica; Roetgen quiso comprobar, si estos rayos desconocidos eran capaces de hacer lo mismo. Llamó a su mujer y le pidió que pusiera su mano sobre una placa fotográfica; encendió el tubo durante varios minutos. Al revelar la placa, el esqueleto de la mano de su mujer aparecía claramente dibujado en ella, incluso, las dos sortijas que adornaban sus dedos!

Era un descubrimiento importantísimo para la Física. Sin embargo, los primeros en sacarle provecho fue la Medicina. Ahora los médicos, porque ahora podían estudiar las estructuras anatómicas internas de sus pacientes.

Los rayos que debieron llevar el nombre de Roetgen, su descubridor, son conocidos en todo el mundo por su nombre popular de Rayos X.

Rayos X

sábado, 13 de febrero de 2021

LUCÍA SÓCAM: "Es una obligación para mí tomar partido y no ser equidistante con ninguna de las causas que preocupen a los de mi clase"

Lucía Sócam (Guillena, 1986es una cantautora y guitarrista sevillana de Guillena. Es una mujer de la cultura y de la música en partes iguales a lo que es como activista política y social. Cantautora y poeta, memorialista y comprometida, muchas de sus canciones hablan de la Guerra Civil española, homenajean a soldados, fusilados, a represaliados por el franquismo y a quienes siguen en fosas comunes.
  • ¿Cómo empezaste en el mundo musical? 
Yo comencé mis estudios musicales en el aula de música de mi pueblo, Guillena, con la especialidad de flauta travesera. La guitarra llegó a mí en mi adolescencia de la mano del carnaval. Pero, aunque ya había compuesto algunas canciones antes, no es hasta 2005 cuando hago mi primer concierto. 
  • ¿Cómo te sientes ante el público? Tienes muchos seguidores del movimiento memorialista y saben de tu juventud, pero también de tu timidez. 
Sé que no aparento timidez, pero puedo asegurar que lo soy. El público me da un respeto inmenso creándome una gran inseguridad. Es verdad que eso se trabaja y se intenta controlar, pero, al menos en mí, nunca desaparece por completo. También he tenido mucha con las personas que he conocido y que me han acompañado en todo mi aprendizaje sobre la memoria histórica y la defensa de los derechos humanos. Son gente maravillosa que siguen a mi lado desde el principio. 

Lucía Sócam

  • ¿Sigue siendo necesaria la figura de los cantautores? 
Por supuesto. Pero el cantautor con su correcta definición. No soy una cantante que canta sus canciones. Soy una cantautora con el compromiso social que requiere la época y en el entorno en el que vivo. Yo no soy una cantautora que escribe canciones a margaritas y tulipanes. Es una obligación para mí tomar partido y no ser equidistante con ninguna de las causas que preocupen a los de mi clase. 
  • Vivimos en una época donde la música forma parte de nuestras vidas ¿es necesario que exista una música reivindicativa? 
Por supuesto. Siempre ha sido necesario. El flamenco más jondo, la canción protesta, los trovadores latinoamericanos, los raperos… Siempre ha sido necesaria una música social reivindicativa para contar lo que nos preocupa, y así, en colectivo, conseguir armar una unión entre iguales que le haga frente a esas desigualdades. 

  • En tus trabajos anteriores hay uno en el que sacas tu faceta más comprometida, Verdades Escondidas y este también ¿Crees que la música sirve para activar las conciencias? 
Sí y así lo demostró ese disco. El tema de la Memoria Histórica toca de lleno a la gente que tiene familia represaliada o a quienes se han interesado por el tema. Pero es difícil llegar a la gente joven y a quienes no conocen nada del tema. Esta gente no va a conferencias ni lee investigaciones, sin embargo, sí pueden escuchar dos o tres minutos de una canción. Ahí, ése es el momento donde tengo que lanzar mi mensaje y llegar a ellos. Y funciona. 
  • ¿El arte debe ser comprometido? 
El arte no tiene que ser comprometido obligatoriamente, pero el arte que yo defiendo sí. En todas las vertientes representativas debe haber un compromiso que con lo que nos rodea, un compromiso de clase, ya sea en la música, el cine o el teatro. 
  • ¿Te consideras más poeta que música? 
Yo soy músico. De hecho me cuesta mucho escribir poemas. Siempre tengo el nivel de seguridad por los suelos cuando escribo poesía. Tengo un lenguaje directo y poco poético que viene bien a veces, aunque otras es mejor usar el poema de alguien que ya está bien escrito. Yo pienso que si hay ya un poema muy bien hecho sobre un tema, ¿para qué voy a hacer otro con menos calidad sobre lo mismo? Pues puedo ponerle música, hacemos la canción y a difundimos guitarra en mano. 
  • ¿Por qué con Atrapasueños? ¿ es necesario fomentar las cooperativas a nivel cultural? 
Sí. Defiendo el modelo cooperativista de Atrapasueños. La idea de una cooperativa social y cultural, solidaria y de base, me parece genial para construir una alternativa real a las malas praxis que el mercado nos ofrece. 

  • El cante jondo forma parte de la cultura popular andaluza ¿el arte popular es necesario para conocer un pueblo y su historia? 
Claro. De hecho, creo que es la mejor manera de conocer nuestras raíces. Hay una maravilla en nuestra cultura que debemos recordar y conservar porque de ahí venimos y para mí es un orgullo enorme. 
  • Has sido una de las cantautora que más veces ha cantado a pie de fosa ¿Es necesario cantar a pie de fosa? 
No sé si es obligatorio pero, sin duda, cambia tu percepción para romper con los tópicos de “reabrir heridas”, “dejar a los muertos en paz”, “los herederos somos vengativos”. Todos los que han visto de cerca una fosa común sabe que en paz no están, precisamente en paz no están. Cientos, miles de huesos, unos encima de otros, mezclándose brazos con piernas… precisamente en paz no están. Y jamás, en ninguna fosa, he oído comentario alguno sobre venganza o revancha. Para mí fue necesario cantar al principio en la fosa para aprender de primera mano todo lo que pasaba. Ahora, se ha convertido en un acompañamiento a la familia durante todo el proceso de exhumación. 



  • La memoria no es solo cosa del pasado ¿ Cómo podemos involucrar a las nuevas generaciones? ¿ qué papel debe tener el cantautor? 
La música tiene esa fuerza que otras artes no tienen porque se puede acceder a ella en cualquier lugar y todo el mundo oye algún tipo de música. Ojalá consigamos transmitir nuestros mensajes en estilos que sean atractivos y llegar a ellos para que puedan seguir construyendo un futuro limpio para los demás. 
  • ¿Los españoles somos un pueblo desmemoriado? 
El mundo, en general, cada vez quiere recordar menos. Puede ser que duela mucho, pero es que es necesario. Es cierto que, si no hacemos el esfuerzo de la Memoria, es muy probable que cometamos los mismos errores una y otra vez. En general, la gente no quiere ser pobre, reniegan de su clase por tener un coche, un ordenador, un móvil… pretendiendo ser una clase media que no existe y que nos lleva a ser esclavos del capitalismo más salvaje. Pero también somos muchos los que no nos resignamos a vivir así y exigimos el deber de Memoria para con los nuestros, los que quisieron olvidar y que tiene más dignidad que cualquier postmoderno. 


  • Andalucía fue una de las regiones más castigadas durante la guerra y posteriormente: Queipo de Llano, la desbanda,  la columna minera…  la derecha quiere olvidar lo que pasó  ¿¿qué papel deben tener las organizaciones y los cantautores en particular para evitar que esto pase? 
Precisamente el que te estoy contando. Tenemos que recuperar nuestra memoria porque es nuestro derecho a conocer y nuestro deber de memoria. Es una obligación, para los demócratas, la defensa de los derechos humanos universales y los cantautores tenemos que preservar esa obligación durante toda nuestra carrera. 


  • ¿Quiénes son las 17 rosas de Guillena? 
Las 17 rosas de Guillena fueron un grupo de mujeres detenidas en agosto de 1937 como represalia o presión para conocer información sobre sus padres, maridos, hijos o hermanos que estaban, en su mayoría, huidos del pueblo tras la entrada de los fascistas el 26 de julio de 1936. Unos meses después, entre el 4 y 5 de noviembre de 1937, la legan en camión al pueblo vecino de Gerena donde las asesinan y entierran en una fosa común. Tras años de búsqueda de información, pudimos exhumar su fosa y ponerles nombres y apellidos tras el análisis de ADN. Hoy descansan en Guillena, en un panteón en el cementerio municipal. 


  • ¿Quién era Manuel José García Caparrós? ¿Por qué debemos recordar el 4 de diciembre? 
Andalucía ha sido históricamente una tierra muy rica. Buen ejemplo de ello han sido la cantidad de pueblos que pasaron y se asentaron por aquí; además de ser la puerta sur de Europa. Pero el andaluz, contra todos los tópicos, no ahoga su rebeldía con ferias y carnavales sino que lucha y se posiciona en su lugar.  Un gran ejemplo de ello fueron las masivas manifestaciones por la autonomía del 4 de Diciembre de 1977, cuando muerto ya el dictador, se pretendía hacer de Andalucía algo así como una hermana pequeña a la que hay que tutelar. El pueblo andaluz festejó en manifestaciones por todas las ciudades con garras y alegría. Esa alegría se tiñó de luto cuando a algún policía franquista se le fue la mano al gatillo y disparo contra los manifestantes en Málaga. Uno de esos disparos fue al cuerpo de Caparrós. Fue él como pudo ser cualquiera de la manifestación, pero quiso el asesino que un joven trabajador de las cervezas Victoria dejara de vivir por gritar: ¡Viva Andalucía Libre


  • En tus canciones pones voz a las mujeres. A lo largo de la historia las mujeres han sido silenciadas y relegadas a un segundo plano ¿las canciones pueden ayudar a conocer su historia? 
Las mujeres son parte de la historia por los que es de justicia recordar sus historias al igual que se ha hecho con los hombres. Con mis canciones intento romper ese silencio que se impuso por el único motivo de ser mujer. Además, es penoso para nosotros haber perdido tanto tiempo y haber dejado de conocer obras maravillosas escritas por mujeres simplemente porque la norma de entonces (por supuesto, machista) omitió su existencia. 


  • ¿crees que tus canciones pueden ayudar a las nuevas generaciones a conocer su historia y su memoria reciente?  
Ojalá. Yo hago canciones para eso. Siempre digo que el día de mañana no quiero que me recuerden a mí, ni mi nombre, ni mi historia, sino que me encantaría que cantasen mis canciones porque las consideren necesarias. Si conseguimos que algunos jóvenes, aunque sean pocos, presten un poco de atención en nuestros mensajes, tendremos la herencia asegurada. No es fácil hacer una grieta en la televisión, los móviles y el resentimiento, pero tenemos que hacerlo, porque ellos han ganado, pero no nos han vencido. Aún hay esperanzas. 




Sembrando semillas de memoria en una tierra arrasada
usando con herramientas la voz y la palabra
como Blas de Otero, vas recordando la memoria
a un pueblo oprimido y silenciado

en tu Andalucía que tanto sufrió por aquellos militares traidores
que regaron con con la sangre del pueblo sus tierras
haciendo florecer rosaledas cada primavera
que recuerdan cada año el dolor y los horrores

que padecieron aquellos que perdieron
y que callaron y agacharon la mirada, silenciados y oprimidos 
callando la injusticia y la venganza de los que vencieron
que intentaron borrar lo que hicieron en el pasado como si no hubieran existido

Con tus canciones y tus tañidos vas abriendo las mentes y los corazones
recordando qué pasó y el dolor que sufrieron los perdedores
abriendo las mentes y las fosas que recuerdan donde había más y mejores,
donde se ahogaron los sueños y esperanzas de un pueblo y sus revoluciones

Recordando todos los nombres de épocas pasadas
semillas que esperan que la primavera abra
sus flores creando un manto rojo de historia
que cuente lo acontecido en el pasado

verdades escondidas que salen a la luz en cada acorde y cada canción
de esa guitarra guillenera  que canta verdades escondidas y olvidadas
escondidas en la tierra y olvidadas por el tiempo y la sociedad
que florecen cada primavera como diecisiete rosas 

recordando el dolor, la muerte y la represión 
que sufrió la tierra y el pueblo en una época cercana ya pasada 
pero nunca olvidada, donde lucharon y murieron por la libertad
libertad sepultada y enterrada por numerosas y olvidadas fosas