Por las calles de Madrid ondean paños tricolores
bailan la gente el Himno de Riego y el Trágala
gritando: MUERTE A LA MONARQUÍA
Con la llegada de la primavera que trae nuevo olores
se va una institución arcaica y bárbara
y llega una nueva era de paz y armonía
Se oyen vivas a la república de los trabajadores
se toca la marsellesa al compás del acordeón
se crea un nuevo mundo donde sus valores
son la solidaridad, la igualdad,
la libertad y la fraternidad
bajo el manto de la diosa de la Razón
Ya no hay siervos sino ciudadanos
que defienden sus derechos
con la lucha y con sus hechos
y se tratan como hermanos
La República vendrá y ya nunca se irá,
se quedará y sembrar ciudadanía en las mentes y los corazones
de aquellos que siempre la añorábamos en nuestras poesías y canciones
que siempre buscábamos esa tierra llamada LIBERTAD
¿POR QUÉ ESCRIBIMOS?
AL NO PODER ACEPTAR QUE SOMOS LIBRES EN JAULAS, NOS MOVEMOS EN MUNDOS DE PALABRAS QUERIENDO SER LIBRES
TRADÚCEME
COMPAÑEROS DE LUCHA EN PLUMA AFILADA
AVISO TODOS LOS TEXTOS ESTÁN REGISTRADOS
Blog bajo licencia Creative Commons
TODOS LOS TEXTOS ESTÁN REGISTRADOS
POEMAS, CUENTOS Y ESCRITOS REVOLUCIONARIOS DE DANIEL FERNÁNDEZ ABELLA is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License. Para utilizar primero y siempre sin ánimo de lucro ha de consultar al autor. Daniel Fernández Abella todos los derechos reservados.
lunes, 14 de abril de 2014
jueves, 10 de abril de 2014
YO TE NOMBRO LIBERTAD
En tu nombre combatimos, luchamos
y enarbolamos tu bandera tricolor
porque representas la lealtad y el honor
de nuestros compañeros y nuestros hermanos
en tu nombre muchas vidas se han perdido
y la llama de la esperanza casi se apaga
pero la guerra continua, no está finalizada
aún no hemos sido vencidos
por los pueblos que quisieron ser libre,
porque tu nombre es grande
por todo lo que representas
por los oprimidos por los gigantes
por la belleza de tu nombre
por el oprimido y por el que está preso
fin último de los hombres
perdida en cada verso
miércoles, 9 de abril de 2014
DECLARACIÓN DE PRINCIPIOS
En el día de mi nacimiento
ya porte la bandera tricolor
y con los años hice el juramento
de defendedla con honor
siempre llevo bordadas en el pendón
la libertad, la igualdad y fraternidad
para reclamarlas en cada manifestación
entonando sus nombres por toda la ciudad
siempre estoy haciendo política
porque no me gusta que otros la hagan en mi nombre
siempre con una mirada crítica
veo las acciones que realizan los hombres
y sueños con que algún día
ondee la bandera tricolor de la libertad
y se entonen nuevos himnos y melodías
en favor del amor, la igualdad y la fraternidad
ya porte la bandera tricolor
y con los años hice el juramento
de defendedla con honor
siempre llevo bordadas en el pendón
la libertad, la igualdad y fraternidad
para reclamarlas en cada manifestación
entonando sus nombres por toda la ciudad
siempre estoy haciendo política
porque no me gusta que otros la hagan en mi nombre
siempre con una mirada crítica
veo las acciones que realizan los hombres
y sueños con que algún día
ondee la bandera tricolor de la libertad
y se entonen nuevos himnos y melodías
en favor del amor, la igualdad y la fraternidad
jueves, 3 de abril de 2014
RECUERDO A LA II REPÚBLICA
¿Qué ha sido de aquel pueblo hastiado
harto, cansado de tanta corrupción,
que entonaba cantos de revolución
contra un régimen arcaico ya acabado?
¿Qué ha sido de aquellos gritos de libertad
que llevaba consigo banderas tricolores
que, con su cantos y sus olores
de flores anunciaba la primavera
y, con ella, una nueva era
de paz, justicia e igualdad?
¿Qué fue de aquel pueblo español
que mandó al exilio a Alfonso XIII el borbón
y entonó con una sola voz: LIBERTAD Y REVOLUCIÓN
en una nueva mañana de nueva era que anunciaba el despertar del sol?
¿Qué ha sido de la furia guerrera
que entonaron nuestros abuelos y familiares
para conseguir librarse de los grilletes y las cadenas
de la tradición que les condenaba al tormento y la pena
al dolor, al terror, al conformismo y a las maldades
de una monarquía traicionera?
siempre están en mi recuerdo sus cantos y banderas tricolores
que anunciaban paz, trabajo y libertad
en una época de grandes temores, miedos y horrores
de un mundo que se sumergía en el mar de la necedad
harto, cansado de tanta corrupción,
que entonaba cantos de revolución
contra un régimen arcaico ya acabado?
¿Qué ha sido de aquellos gritos de libertad
que llevaba consigo banderas tricolores
que, con su cantos y sus olores
de flores anunciaba la primavera
y, con ella, una nueva era
de paz, justicia e igualdad?
¿Qué fue de aquel pueblo español
que mandó al exilio a Alfonso XIII el borbón
y entonó con una sola voz: LIBERTAD Y REVOLUCIÓN
en una nueva mañana de nueva era que anunciaba el despertar del sol?
¿Qué ha sido de la furia guerrera
que entonaron nuestros abuelos y familiares
para conseguir librarse de los grilletes y las cadenas
de la tradición que les condenaba al tormento y la pena
al dolor, al terror, al conformismo y a las maldades
de una monarquía traicionera?
siempre están en mi recuerdo sus cantos y banderas tricolores
que anunciaban paz, trabajo y libertad
en una época de grandes temores, miedos y horrores
de un mundo que se sumergía en el mar de la necedad
martes, 1 de abril de 2014
1 DE ABRIL: NI OLVIDO NI PERDÓN
El 1 de abril de 1939 es una fecha que aunque queramos, no debemos olvidar. Ese día terminó la Guerra, pero no comenzó la paz. El país se dividió en vencedores y vencidos, y la sangre de los vencidos comenzó a empapar la tierra más que en la misma contienda y las cárceles se llenaron de presos cuyo único delito era haber defendido la legalidad de la República. En la "Nueva España" que había ideado el "caudillo por la gracia de dios" no cabían todos.
"En el día de hoy, cautivo y desarmado el Ejército Rojo, han alcanzado las tropas nacionales sus últimos objetivos militares. La guerra ha terminado.”
Con estas palabras oficialmente terminaba la guerra, pero como es habitual en la derecha de este país, fue otra de sus muchas mentiras, la guerra de trincheras del pueblo español contra las potencias fascistas europeas si terminó ese día. Con el fin de la guerra no llegó la paz.
Tras ese “fin de la guerra,” los muertos, diversas fuentes cifran en más 400.000, de ellas 192.000 en los diversos campos de concentración repartidos por nuestra geografía, a diferencia de los nazis, aquí el método era más tradicional, fusilamiento, situación que se prolongó hasta terminada la Segunda Guerra. Hubo ajusticiamientos "legales", en cumplimiento de sentencias dictadas por tribunales militares pero también hubo asesinatos ilegales, las llamadas sacas, practicadas al margen de las autoridades militares, pero con el pleno conocimiento de que se estaban llevando a cabo. Muchas de las víctimas fueron enterradas en fosas comunes repartidas por toda España, no siempre en los cementerios, sin que su muerte fuese inscrita en los registros civiles y sin que sus familiares en muchos casos fuesen informados, ni dónde ni cuándo ni cómo.
También hubo desapariciones misteriosas nunca aclaradas, presos hacinados en las cárceles, algunos de ellos por haber sido denunciados sin pruebas ninguna. La cultura dejó de escribirse con mayúsculas, poetas fusilados, o encarcelados y dejados morir a propósito.
La posguerra fue mucho peor que la guerra para una parte muy importante de españoles, unos tuvieron tiempo de salir hacía otros países, muchos de ellos terminaron en campo de exterminio nazis, ante el abandono por parte de la dictadura franquista, que al ser consultada, por los nazis, sobre que hacían con los españoles residentes en España, el Gobierno del “padrino” de su católica majestad, replicó que no existían españoles allende las fronteras. Otros lograron enrolarse en la resistencia francesa, otros marcharon a México, Argentina, Venezuela, o la Unión Soviética, con distintas suerte según los casos y países. Para ninguno terminó la guerra.
Represión en la zona sublevada
Una de las consecuencias de la guerra, fueron los prisioneros albergados en campos de concentración. En 1938 había en España 170.000 prisioneros, tras el final de la guerra la población reclusa oscilaba entre las 367.000 y las 500.000 personas. Durante los primeros meses de guerra, cada comandante militar de cada provincia y cada general al mando de una unidad fueron abriendo campos en el territorio de su influencia. Solo a partir de julio de 1937, con la creación de la Inspección General de los Campos de Concentración de Prisioneros (ICCP) por parte de Franco se comenzó a "centralizar la gestión". El impacto de esta orden de Franco fue limitada.
En los campos, y bajo la figura imprescindible del capellán, se dio una identificación absoluta de métodos y objetivos entre la Iglesia, los golpistas y la posterior dictadura. Los sacerdotes lanzaban amenazantes sermones a los prisioneros, resaltando su condición de «rojos» en las diversas clases patrióticas que impartían. No se respetaba en ningún momento la libertad religiosa de los detenidos: La asistencia a misa era obligatoria, siendo la conversión de los internos uno de los principales objetivos. Un bautizo o primera comunión eran celebrados como un gran triunfo que era comunicado al mismísimo Caudillo. El Centro de Documentación de la Resistencia Austriaca recogió testimonios de brigadistas internacionales que fueron coaccionados a oír misa a fuerza de latigazos y patadas. Como ha resumido el jesuita José Ángel Delgado Iribarren: «En esos campos se les sometía a un régimen de vigilancia y reeducación, con la esperanza de reincorporarles un día a la vida social. (...) Después de sacarles la ficha clasificadora se les encuadraba en los batallones de trabajadores, donde se prolongaba esta labor, que podríamos llamar de desinfección, en el orden político y religioso. No puede negársele en esta labor de reconquista de las almas un puesto de responsabilidad a los capellanes, por ser los que estaban más capacitados para influir en ellas».
La explotación económica de los vencidos llevó a la dictadura franquista al extremo de emplear a más de 400.000 presos políticos como trabajadores forzados.
Durante los primeros meses del conflicto provocaron desplazamientos de población como consecuencia de la batalla del Norte, periodo durante el cual cerca de 200.000 personas cruzaron a Francia, de las cuales 165.000 regresaron a España para reincorporarse a la zona republicana. Desde entonces Francia recogería un goteo de exiliados hasta que en los últimos momentos de la guerra, con la caída de Cataluña, se produjera la gran oleada en la que pasaron a Francia otras 350.000 personas.
En los días siguientes al cese de hostilidades y final de la contienda, desde Alicante, zarparon unas 15.000 personas, la mayoría con destino al norte de África y la Unión Soviética. En total se calcula que fueron unos 450.000 personas las que permanecían exiliadas en la primavera de 1939, inmediatamente después de acabada la Guerra Civil, de ellas, casi la totalidad, 430.000, lo estaban en Francia, confinadas, en su mayoría, en campos de concentración habilitados para acogerlas, según el historiador Javier Tussel 1999 V. III. Cap. El exilio y el comienzo de la posguerra en el interior.
Más de 9.000 españoles fueron enviados a campos de concentración en Alemania, principalmente a Mauthausen, pero también a otros, como Auschwitz, Sachsenhausen, etc. de los cuales únicamente lograron sobrevivir unos 2.000 republicanos. Entre 30.000 y 40.000 españoles serían enviados a campos de trabajo en Alemania.
Al iniciarse la Segunda Guerra Mundial, la mayoría de los refugiados que permanecían en Francia se incorporaron a unidades militares para combatir el nazismo y unos 10.000 refugiados, se integraron en la resistencia jugando un papel importante en la lucha contra la ocupación alemana y la liberación de París con ‘la Nueve’. El exilio republicano permanente se cuantifica en 200.000 exiliados, los ‘transterrados’ que nunca pudieron volver a su patria.
El sistema de trabajo esclavo del franquismo
Aunque el trabajo forzado de los presos era algo corriente desde el golpe de Estado, la construcción del Valle de los Caídos será una de las primeras grandes obras en utilizar mano de obra esclava de forma masiva. Franco quería un gran mausoleo, un monumento a la altura de la cruzada que acababa de acometer, y apenas esperó para ponerlo en marcha. El 1 de abril de 1940, en el primer aniversario de la victoria, se ordena el comienzo de las obras mediante decreto. El documento no deja lugar a dudas sobre el propósito, Franco quiere homenajear a los que han caído combatiendo a su lado: “Lugar perenne de peregrinación, en que lo grandioso de la naturaleza ponga un digno marco al campo en que reposan los héroes y mártires de la Cruzada”.
En un panfleto publicado a finales del 39 y que había titulado “La solución de España al problema de los presos políticos”, el jesuita sienta las bases de lo que será su labor al frente del Patronato de Redención de Penas por Trabajo: “es muy justo que los presos contribuyan con su trabajo a la reparación de los daños a que contribuyeron con su cooperación a la rebelión marxista”. Del Pulgar va a hacerles pagar.
El funcionamiento del Patronato era sencillo: las empresas y los entes públicos solicitaban presos para trabajar y los responsables decidían la cantidad que les adjudicaba y la cárcel de donde eran seleccionados. El Archivo General de la Administración conserva los libros de actas que elaboró el Patronato entre 1940 y 1960, donde se detallan los presos adjudicados, el lugar de destino y la labor que van a realizar. Sin embargo, estos datos todavía no se han vaciado de forma sistemática, por lo que los investigadores que trabajan sobre el tema han recurrido a las Memorias de la Dirección General de Prisiones. Las investigaciones muestran que había empresas de todo tipo, incluido pequeño comercio y particulares que solicitan una criada para el servicio doméstico.
Mientras trabajaban, eran encerrados en colonias penitenciarias, en destacamentos penales, o en las propias cárceles. Para tener una imagen general del sistema de encierro, a estas colonias penitenciarias habría que sumarlas a la existencia de campos de concentración destinados al internamiento y la clasificación de los prisioneros de guerra.
Las cifras y la extensión de esta práctica a todos los sectores de la economía muestran que el sistema de trabajo esclavo no fue algo puntual, sino uno de los pilares claves de la economía franquista. Según los historiadores que han trabajado en esta cuestión, la mayor cantidad de presos fueron destinados a infraestructuras y obras públicas, como la construcción de vías férreas, carreteras, canales, cárceles y minas. Un ejemplo es la construcción de la cárcel de Carabanchel en Madrid, donde se sabe que en 1946 había 956 presos trabajando, aunque no se dispone de más datos sobre otros años.
En El Valle de los Caídos: Una memoria de España, una de las investigaciones más detalladas sobre la construcción del monumento, el historiador Fernando Olmeda no se atreve a dar cifras sobre la cantidad de presos que trabajaron en el Valle de los Caídos debido a la dificultad para conocer estos datos. Según las Memorias de la Dirección General de Prisiones, se trataría de unos 500 presos al año entre 1943 y 1950, aunque hay años en los que ni siquiera aparecen cifras.
Las obras fueron adjudicadas a tres constructoras, Banús, Molán y San Román, y los propios directivos se paseaban por las cárceles para seleccionar a los internos. Teodoro García Cañas, preso en la cárcel de Ocaña, recordaba en el libro “Esclavos por la patria” cómo Juan Banús examinaba personalmente los dientes y los músculos de los presos para escoger a los que pudiesen aguantar mejor. Muchos no lo hicieron. A las muertes por las malas condiciones de trabajo y el agotamiento se sumaron las que produjo la silicosis por las obras en las criptas.
Los presos se redimían no solo ante la patria, sino también ante Dios. A cambio de su trabajo, el Patronato había establecido un sistema de reducción de condenas y una paga económica cuyo objetivo era mostrar que era posible volver al buen camino y obtener el perdón. Sin embargo, lo cierto es que apenas se cumplieron. El sistema penitenciario de Cuervo Radigales estaba basado en la arbitrariedad y la tortura sistemática de los internos, a los que se aplicaban medidas como una política de dispersión constante que Radigales bautizó como “turismo penitenciario”. En cuanto al sueldo, se estableció un pago de 2 pesetas diarias de la que el Estado descontaba 1,5 para gastos de manutención.
1 de abril, año de la derrota, inicio de la represión
nos detuvieron, nos raparon, nos humillaron, nos torturaron
y nuestras voces silenciaron, callaron y amordazaron
bajo las botas del fascismo, el cacique, el ejército la religión
Cuarenta años de dictadura fascista, de humillación
de dolor, persecuciones y torturas, de silencios, miradas gachas y silencios sepulcrales
de muertes, represiones y cunetas, de miedo y sumisión
de camisas azules, caciques, sotanas, carlistas, fascistas y botas militares
En este país con ejército Rojo cautivo y desarmado
bajo el imperio de la cruz y la espada
que dejó una España mutilada
de heridas que aún no han cicatrizado
No olvidamos a todos aquellos que dieron su vida
por defender la democracia y la libertad,
ambas mutiladas y vendidas
en el mercado de la ignorancia y la necedad
a todos aquellos perseguidos
a todos los que fueron torturados
a todos aquellos que fueron vencidos
nada ni nadie ha sido olvidado
en cada lucha os seguimos recordando
y estáis siempre con nosotros presentes
en cada lucha y cada frente
seguimos en pie, seguimos luchando
por todos aquellos que sufrieron en silencio, callados
por todos aquellos señalados por los vencedores
recordando quienes fueron los perdedores
y quienes los vencidos y derrotados
Abuelos, no olvidamos ni perdonamos
os recuerdan vuestras hijas y vuestras nietas
"En el día de hoy, cautivo y desarmado el Ejército Rojo, han alcanzado las tropas nacionales sus últimos objetivos militares. La guerra ha terminado.”
Con estas palabras oficialmente terminaba la guerra, pero como es habitual en la derecha de este país, fue otra de sus muchas mentiras, la guerra de trincheras del pueblo español contra las potencias fascistas europeas si terminó ese día. Con el fin de la guerra no llegó la paz.
Tras ese “fin de la guerra,” los muertos, diversas fuentes cifran en más 400.000, de ellas 192.000 en los diversos campos de concentración repartidos por nuestra geografía, a diferencia de los nazis, aquí el método era más tradicional, fusilamiento, situación que se prolongó hasta terminada la Segunda Guerra. Hubo ajusticiamientos "legales", en cumplimiento de sentencias dictadas por tribunales militares pero también hubo asesinatos ilegales, las llamadas sacas, practicadas al margen de las autoridades militares, pero con el pleno conocimiento de que se estaban llevando a cabo. Muchas de las víctimas fueron enterradas en fosas comunes repartidas por toda España, no siempre en los cementerios, sin que su muerte fuese inscrita en los registros civiles y sin que sus familiares en muchos casos fuesen informados, ni dónde ni cuándo ni cómo.
También hubo desapariciones misteriosas nunca aclaradas, presos hacinados en las cárceles, algunos de ellos por haber sido denunciados sin pruebas ninguna. La cultura dejó de escribirse con mayúsculas, poetas fusilados, o encarcelados y dejados morir a propósito.
La posguerra fue mucho peor que la guerra para una parte muy importante de españoles, unos tuvieron tiempo de salir hacía otros países, muchos de ellos terminaron en campo de exterminio nazis, ante el abandono por parte de la dictadura franquista, que al ser consultada, por los nazis, sobre que hacían con los españoles residentes en España, el Gobierno del “padrino” de su católica majestad, replicó que no existían españoles allende las fronteras. Otros lograron enrolarse en la resistencia francesa, otros marcharon a México, Argentina, Venezuela, o la Unión Soviética, con distintas suerte según los casos y países. Para ninguno terminó la guerra.
Represión en la zona sublevada
La represión en la zona sublevada fue una campaña sistemática y violenta llevada a cabo por los sublevados (bando nacional) contra la población leal a la República y las izquierdas durante la Guerra Civil Española (1936-1939). Esta represión incluyó fusilamientos yejecuciones extrajudiciales en los llamados "paseos" y "sacas", que consistían en el asesinato de personas y el abandono de sus cadáveres, y juicios sumarísimos sin garantías procesales. Frente a los 50.000 represaliados en zona republicana, se estima que unas 130.000 personas fueron eliminadas físicamente como resultado de esta represión.
Se pone en marcha el esperpento de los juicios sumarísimos acelerados, una represión institucionalizada bajo los preceptos del Código de Justicia Militar de 1890. Miles de personas —las bases sociales de la República— tuvieron que enfrentarse contra una maquinaria frente a la que no se podían defender, por carecer de cualquier tipo de garantía judicial, propia de un Estado de Derecho.
“Debemos realizar la tarea, necesariamente lenta, de redención y pacificación, sin la cual la ocupación militar sería totalmente inútil. La redención moral de las zonas ocupadas será larga y difícil, porque en España las raíces del anarquismo son antiguas y profundas.”
Francisco Franco (1937)
En las zonas proclives a la rebelión y rápidamente dominadas por los sublevados, se instauró un régimen de terror indiscriminado para evitar que el enemigo pudiera organizar la resistencia. La propia autoridad alentó llevar a cabo una represión y una política de limpieza y exterminio a aquellos que consideraban sus enemigos. Era una represión planificada desde el primer momento. Buena prueba de ello fue lo sucedido en Navarra, Mallorca, Soria, La Rioja … sólo en esta última se produjeron más de 2000 asesinatos. En estas zonas, la Falange asume, con el beneplácito militar, la responsabilidad de llevar a la práctica las consignas fascistas.
El 31 de julio de 1936, desde Radio Pamplona, Mola realizó la primera de varias intervenciones radiofónicas en todas las cuales subrayo su compromiso de continuar sin piedad con la represión: «Yo podría aprovechar nuestras circunstancias favorables para ofrecer una transacción a los enemigos; pero no quiero. Quiero derrotarlos para imponerles mi voluntad, que es la vuestra, y para aniquilarlos. Quiero que el marxismo y la bandera roja del comunismo queden en la Historia como una pesadilla. Mas como una pesadilla lavada con sangre de patriotas»; unas palabras estrechamente relacionadas con las teorías organicistas de la extrema derecha: para Mola, en efecto, el derramamiento de sangre era una necesidad biológica. En privado, expresaba opiniones parecidas. Sus bravuconadas acerca de que se alegraba al firmar tres o cuatro sentencias de muerte cada día figuran entre las muchas revelaciones que llevaron a un indignado Manuel Arias Paz, de la Delegación de Prensa y Propaganda, a ordenar el secuestro del libro de José María de Iribarren sobre Mola. En la misma conversación del 14 de agosto, por cierto, Mola reveló que, de no haber sido soldado, le hubiera gustado ser cirujano.
Conforme la sublevación derivaba en una guerra y las zonas ocupadas se constituían en un nuevo Estado, la represión fue institucionalizándose. La depuración política y la censura alcanzaron todos los niveles y se extendieron a todas las actividades, tanto públicas como privadas. Se pretendió enmascarar esta situación con la emisión de diversos decretos y disposiciones legales, que culminaron con la publicación el 9 de febrero de 1939 de la ley de “Responsabilidades Políticas”. Ley, que ya en su artículo primero violaba uno de los principio irrenunciables del Derecho al sancionar “retroactivamente”: «Se declara la responsabilidad política de las personas, tanto jurídicas como físicas, que desde el 1 de octubre de 1934 y antes de julio de 1936 contribuyeron a crear o agravar la subversión …»
La represión fue primero a los militares leales, militantes y políticos de izquierdas. La represión se dirigió contra las organizaciones vinculadas al Frente Popular. Sus objetivos eran sembrar el terror y eliminar físicamente a sus enemigos políticos e ideológicos. Las primeras víctimas fueron su compañeros militares y fuerzas de orden público que no secundaron la rebelión, luego gobernadores civiles, alcaldes, concejales y dirigentes políticos y sindicales.
Encarcelados, torturados y fusilados, la mayoría sin juicio o con juicio sumarísimo presididos por tribunales militares, en todo caso sin garantías. La represión se desarrolló al compás del avance, Sevilla, Badajoz (1389 ejecuciones y constatadas más de 3800 personas asesinadas), Málaga (3.500 muertos). Esta represión tuvo medios auxiliares al ejército como las milicias de requetés o los grupos de jóvenes fascistas. Existen grandes diferencias entre la violencia revolucionaria en la zona republicana y la de los militares sublevados, la primera se redujo significativamente a finales de 1936 e inicio de 1937 por el esfuerzo de los gobiernos republicanos en contener a los poderes revolucionarios, situación que nunca se dio por parte de los militares, al contrario, la eliminación del enemigo era parte esencial del proyecto político franquista, no perder de vista ese carácter sistemático nos ayuda a comprender las magnitudes de la represión. Los mejores ejemplos son la Ley de Responsabilidades Políticas de febrero de 1939, con efectos retroactivos desde octubre hasta octubre de 1934 y la insistencia en mantener el estado de guerra hasta 1949.
A pesar de que los sublevados fueron generales, comandantes y coroneles, el alzamiento encontró un gran apoyo popular en diversas zonas del Estado.
Durante cuatro décadas el franquismo trató de ocultar la violencia política que provocó, minimizando la cuantificación de los asesinados. Según los últimos estudios de Julián Casanova, autor del libro República y Guerra Civil , hoy en día se conocemos que la Guerra Civil causó 600.000 muertos más 50.000 asesinados después de la guerra por el régimen de Franco.
De los 600.000 muertos, 130.000 son asesinados por los franquistas, mientras que 55.000 son asesinados en zona republicana, el resto muere en el frente de batalla.
Después se contabilizan entre 45.000 y 50.000 en la posguerra, sólo de violencia militar franquista (del 1 de abril hasta agosto de 1946).
Otros historiadores apuntan que la Guerra Civil produjo entre 650.000 y 1.000.000 de muertos, unas cicatrices demasiado duraderas para la sociedad española.
Después se contabilizan entre 45.000 y 50.000 en la posguerra, sólo de violencia militar franquista (del 1 de abril hasta agosto de 1946).
Otros historiadores apuntan que la Guerra Civil produjo entre 650.000 y 1.000.000 de muertos, unas cicatrices demasiado duraderas para la sociedad española.
Represalia a los perdedores
La legislación aprobada durante la propia guerra anunciaba que, lejos de cesar, la estrategia de aniquilamiento continuaría. Ya en julio de 1936, la llamada Junta de Defensa Nacional publicó en Burgos un decreto en el que declaraba el estado de guerra en todo el territorio y, significativamente, castigaba no solo las “acciones”, sino también las “omisiones”. En septiembre, otro decreto sentaba las bases para la confiscación de bienes de los vencidos que luego, ya a las puertas de la victoria, desarrollaría la Ley de Responsabilidades Políticas del 9 de febrero de 1939. Esta disposición se practicó con verdadera rapiña; enriquecerse con lo ajeno formaba parte de la salvación de España, al parecer.
Tras el fin de la guerra y las primeras explosiones de violencia espontánea, con paseos, torturas y actuaciones incontroladas de escuadrones de falangistas, se impuso una violencia fría, institucional, administrada en juicios y consejos de guerra. La característica principal de estos procesos es que eran meras farsas, sin el menor atisbo de imparcialidad o legalidad. Hay un patrón que está ampliamente documentado y que se repite una y otra vez, en el que se aprecia con claridad esta ausencia total de garantías.
Dado que regía el estado de guerra –que se mantuvo hasta 1948–, toda España quedaba sometida a la jurisdicción militar, por lo que los jueces eran militares del bando vencedor. También lo eran los encargados de la defensa de los procesados –que, por supuesto, no elegían ellos, sino sus captores–, siempre oficiales de menor rango sin formación ni experiencia legal alguna, subordinados jerárquicamente al juez y al fiscal. A los reos se los juzgaba en grupos de veinte o treinta, pese a que ni las personas ni los delitos que se les atribuían guardaban relación entre sí.
Las evidencias de que esto era así son innumerables. Entre los muchos casos que recoge Paul Preston en El holocausto español (2011), se encuentra el de un ferroviario juzgado por delitos de sangre al que se condenó con el siguiente argumento: “Si bien se ignora su intervención directa en saqueos, robos, detenciones y asesinatos, es de suponer que haya tomado parte en tales hechos por sus convicciones”.
La población femenina represaliada lo fue desde un doble prisma: por ser vencida y por ser mujer. El ingreso en la esfera pública que protagonizó durante la II República, con la conquista de derechos sociales y políticos, fue duramente castigado por el régimen de Franco. Un régimen, desde su origen, totalmente contrario en su ideología reaccionaria y conservadora a la incorporación de la mujer en un plano igualitario al hombre. El ideal católico y conservador de lo que “debía ser una buena mujer”, dedicada al cuidado del hogar y subyugada al Estado-Hombre, demonizó esos intentos de empoderamiento femenino republicano, de forma que los sublevados represaliaron, castigaron y criminalizaron ese nuevo modelo de fémina. Es así que puede entenderse que la mujer fue sujeto y objeto de la represión.
Las causas de estas condenas, los delitos de Rebelión por los que fueron acusadas, mostraban esa intencionalidad represiva de los tribunales, condenando, dependiendo del grado de participación, determinadas acciones que identificaban a la mujer con el ideal republicano: acudir a manifestaciones durante la República, estar afiliadas o simpatizar con partidos y sindicatos de izquierda, participar en acciones de los Comités de Defensa, la vinculación a hombres con cargos de responsabilidad política republicanos o “incitar a los hombres a la revolución”; relacionando esta última acusación con la parte emocional que se impuso como propia del género.
Cárceles franquistas
Los datos sobre presos en la inmediata posguerra son confusos. Suele citarse el número de 270.000, correspondiente al año 1940, que en 1954 dio el Ministerio de Justicia a una comisión internacional. Pero esto no incluía a los 100.000 que estaban a la espera de juicio ni a los que integraban los batallones de trabajo. En cualquier caso, el sistema penitenciario se encontraba colapsado y las cárceles superaban en diez o quince veces el número de internos previsto.
En la prisión Modelo de Valencia, con capacidad para 528 personas, llegaron a hacinarse 15.000 presos en algunos meses de 1939 y 1940. En la cárcel de Ciudad Real, pensada para 100 internos, hubo, según las fechas, entre 1.300 y 2.200 personas (por allí pasaron 19.000 entre 1939 y 1943, de las cuales más de 2.000 fueron ejecutadas). Las condiciones del cautiverio eran terroríficas en toda España. La altísima mortalidad –en 1941, murieron 510 internos de la cárcel de Córdoba–, consecuencia del hambre, la falta de higiene y las enfermedades, hizo que la población carcelaria descendiera con rapidez (los datos oficiales registraban un disparatado número de ataques al corazón).
Las mujeres reclusas por motivos políticos en la posguerra sufrieron, además de hacinamiento, malnutrición y enfermedad, la violencia sexual de los carceleros.
Las mujeres sufrieron de forma especial. En la cárcel de Ventas, en Madrid, planeada para 500 reclusas, llegó a haber más de 14.000, con doce por celda individual. Además del hacinamiento, la malnutrición y la enfermedad, las presas sufrían la violencia sexual de sus carceleros (violaciones constantes). Muchas estaban embarazadas o tenían con ellas a sus hijos pequeños, que vivían en condiciones infrahumanas. Pero solo podían estar allí los menores de tres años; aquellos que superaban esta edad se quedaban fuera con familiares, si los había, o directamente en la calle.
Vallejo-Nájera: extirpando el "gen Rojo"
Entre 1938 y 1939, en plena Guerra Civil Española, el régimen franquista emprendió uno de los experimentos más siniestros de su historia. Bajo la dirección del psiquiatra Antonio Vallejo-Nájera, jefe por entonces de los Servicios Psiquiátricos del Ejército de Franco, se llevó a cabo un estudio que pretendía encontrar una predisposición biológica al marxismo, lo que él llamaba el Biopsiquismo del Fanatismo Marxista.
En 1938, Franco le asignó la dirección de los Servicios Psiquiátricos del Ejército franquista, lo que le permitió encabezar un programa pseudocientífico basado en la eugenesia, la psicología xenófoba y la psiquiatría coercitiva. San Pedro de Cardeña se convirtió en su laboratorio de experimentación, donde prisioneros republicanos y brigadistas internacionales fueron sometidos a pruebas con el fin de "descifrar" la psique comunista.
Sus conclusiones, publicadas en la Revista Española de Medicina y Cirugía de Guerra, servirían como justificación para una de las políticas más brutales del franquismo: la separación sistemática de los hijos de republicanos de sus familias para evitar su "contagio ideológico", la segregación de prisioneros y la consolidación de una dictadura que se apoyaba en la manipulación científica para erradicar la disidencia.
Tras meses de "investigación", Vallejo-Nájera publicó sus conclusiones en la Revista Española de Medicina y Cirugía de Guerra. Entre sus postulados más aberrantes y extremos, destacaban aseveraciones como que el marxismo está vinculado con la inferioridad mental. Según el psiquiatra, los comunistas eran en su mayoría "psicópatas antisociales" y su segregación desde la infancia evitaría que la sociedad "sufriera su plaga".
Entre sus conclusiones también se encuentra la definición de la raza o espíritu español, que para Vallejo Nájera se trata del "militarismo social, que quiere decir orden, disciplina, sacrificio personal, puntualidad en el servicio, porque la redoma militar encierra esencias puras de virtudes sociales, fortaleza corporal y espiritual". Por tanto, para mejorar la raza española, el régimen franquista debía -según las conclusiones de su psiquiatra- buscar "la militarización de la escuela, de la Universidad, del taller, del café, del teatro, de todos los ámbitos sociales".
Uno de los legados más abominables de las teorías de Vallejo-Nájera fue la implementación de un sistema de separación forzada de los hijos de republicanos. Su teoría sugería que los niños de familias marxistas debían ser apartados de sus padres para evitar su "contaminación ideológica".
Els àngels caiguts, el fanatisme dels psiquiatres de Franco, trata uno de los aspectos más desconocidos de la represión franquista.Enric Novella, psiquiatra y profesor de la Universitat de València, explica que la ciencia franquista identifica el marxismo como una ideología que “nace de las bajas pasiones y que, por tanto, se debe desacreditar no solo ideológicamente sino como un producto de lo más vil y más ruin de la naturaleza humana”. Los psiquiatras del yugo y las flechas llevan a cabo estudios que intentan “demostrar que, efectivamente, la orientación política revolucionaria o marxista implica necesariamente algún tipo de patología o de degeneración y, evidentemente, eso se debe combatir y erradicar”, defiende Novella.
Víctimas: Población destinada al exilio o a campos de concentración
Una de las consecuencias de la guerra, fueron los prisioneros albergados en campos de concentración. En 1938 había en España 170.000 prisioneros, tras el final de la guerra la población reclusa oscilaba entre las 367.000 y las 500.000 personas. Durante los primeros meses de guerra, cada comandante militar de cada provincia y cada general al mando de una unidad fueron abriendo campos en el territorio de su influencia. Solo a partir de julio de 1937, con la creación de la Inspección General de los Campos de Concentración de Prisioneros (ICCP) por parte de Franco se comenzó a "centralizar la gestión". El impacto de esta orden de Franco fue limitada.
Según el autor Carlos Hernández en su obra Los campos de concentración de Franco existieron 296 campos de concentración repartidos por todo el Estado con Andalucía y la Comunidad Valenciana a la cabeza de este ránking de la infamia. El primero de ellos, de hecho, se abrió apenas 48 horas después del golpe de Estado del 17-18 de julio en Zeluán, a unos 25 kilómetros al sur de Melilla, en el antiguo protectorado de Marruecos, donde comenzó el golpe. Pasaron por ellos entre 700.000 y un millón de españoles que sufrieron hambre, torturas, enfermedades y la muerte. La mayoría de ellos además fueron trabajadores forzosos en batallones de esclavos.
La comunidad autónoma que más campos albergó fue Andalucía, pero se extendieron por todo el territorio. El 30% eran campos de concentración en terrenos al aire libre con barracones rodeados de alambradas. El 70% se habilitaron en plazas de toros, conventos religiosos, fábricas o campos deportivos, hoy muchos reutilizados.
Las Comisiones Clasificatorias que funcionaban en los campos eran las que determinaban el destino de los internados. Se investigaba a cada uno de los prisioneros, principalmente mediante informes de alcaldes, curas y de los jefes de la Guardia Civil y la Falange de las localidades natales.
- Los declarados afectos eran puestos en libertad.
- Los desafectos leves y sin responsabilidades políticas eran enviados a los batallones de trabajadores.
- Los desafectos graves iban a prisión y estaban a disposición de la Auditoría de Guerra para ser procesados por un tribunal militar.
- Los clasificados como delincuentes comunes eran enviados también a la cárcel.
Las cifras oficiales dadas por la Inspección de Campos de Concentración de Prisioneros, al finalizar la guerra civil, valoraba en alrededor de cien campos existentes, que retenían a 177.905 soldados enemigos prisioneros pendientes de clasificación procesal. La Inspección informaba también de que hasta entonces habían pasado por los campos 431.251 personas.
Una de las grandes misiones para las que se constituyeron los campos de concentración fue la «reeducación» de los internos, al menos de los considerados «recuperables» para la causa nacionalista. Para ello se utilizaron técnicas de sometimiento, humillación, propaganda y lavado de cerebro con el fin de lograr la progresiva deshumanización de los cautivos. Cada día eran obligados a formar un mínimo de tres veces, cantar el «Cara al sol» y otros himnos franquistas, así como saludar al modo fascista.
En 1946, diez años después del comienzo de la Guerra Civil, todavía estaban operativos 137 campos de trabajo y 3 campos de concentración, en los que estaban acogidos 30.000 prisioneros políticos. Siendo el de Miranda de Ebro (Burgos), el último campo de concentración clausurado en 1947. Los brigadistas internados en San Pedro de Cardeña fueron obligados a participar en estudios pseudocientíficos preparados por Antonio Vallejo-Nájera, jefe de los Servicios Psiquiátricos Militares del Ejército de Franco y conocido como el Mengele español. En esta labor fue ayudado por dos médicos, un criminólogo y dos asesores científicos alemanes. Durante meses, los prisioneros sujetos a investigación fueron fotografiados, sometidos a la medición del cráneo y de otras partes del cuerpo, a pruebas de estrés y cuestionarios personales y de inteligencia.
![]() |
| Campos de concentración de la represión franquista (1936-1947) |
Durante los primeros meses del conflicto provocaron desplazamientos de población como consecuencia de la batalla del Norte, periodo durante el cual cerca de 200.000 personas cruzaron a Francia, de las cuales 165.000 regresaron a España para reincorporarse a la zona republicana. Desde entonces Francia recogería un goteo de exiliados hasta que en los últimos momentos de la guerra, con la caída de Cataluña, se produjera la gran oleada en la que pasaron a Francia otras 350.000 personas.
En los días siguientes al cese de hostilidades y final de la contienda, desde Alicante, zarparon unas 15.000 personas, la mayoría con destino al norte de África y la Unión Soviética. En total se calcula que fueron unos 450.000 personas las que permanecían exiliadas en la primavera de 1939, inmediatamente después de acabada la Guerra Civil, de ellas, casi la totalidad, 430.000, lo estaban en Francia, confinadas, en su mayoría, en campos de concentración habilitados para acogerlas, según el historiador Javier Tussel 1999 V. III. Cap. El exilio y el comienzo de la posguerra en el interior.
Más de 9.000 españoles fueron enviados a campos de concentración en Alemania, principalmente a Mauthausen, pero también a otros, como Auschwitz, Sachsenhausen, etc. de los cuales únicamente lograron sobrevivir unos 2.000 republicanos. Entre 30.000 y 40.000 españoles serían enviados a campos de trabajo en Alemania.
Al iniciarse la Segunda Guerra Mundial, la mayoría de los refugiados que permanecían en Francia se incorporaron a unidades militares para combatir el nazismo y unos 10.000 refugiados, se integraron en la resistencia jugando un papel importante en la lucha contra la ocupación alemana y la liberación de París con ‘la Nueve’. El exilio republicano permanente se cuantifica en 200.000 exiliados, los ‘transterrados’ que nunca pudieron volver a su patria.
El sistema de trabajo esclavo del franquismo
Aunque el trabajo forzado de los presos era algo corriente desde el golpe de Estado, la construcción del Valle de los Caídos será una de las primeras grandes obras en utilizar mano de obra esclava de forma masiva. Franco quería un gran mausoleo, un monumento a la altura de la cruzada que acababa de acometer, y apenas esperó para ponerlo en marcha. El 1 de abril de 1940, en el primer aniversario de la victoria, se ordena el comienzo de las obras mediante decreto. El documento no deja lugar a dudas sobre el propósito, Franco quiere homenajear a los que han caído combatiendo a su lado: “Lugar perenne de peregrinación, en que lo grandioso de la naturaleza ponga un digno marco al campo en que reposan los héroes y mártires de la Cruzada”.
En un panfleto publicado a finales del 39 y que había titulado “La solución de España al problema de los presos políticos”, el jesuita sienta las bases de lo que será su labor al frente del Patronato de Redención de Penas por Trabajo: “es muy justo que los presos contribuyan con su trabajo a la reparación de los daños a que contribuyeron con su cooperación a la rebelión marxista”. Del Pulgar va a hacerles pagar.
El funcionamiento del Patronato era sencillo: las empresas y los entes públicos solicitaban presos para trabajar y los responsables decidían la cantidad que les adjudicaba y la cárcel de donde eran seleccionados. El Archivo General de la Administración conserva los libros de actas que elaboró el Patronato entre 1940 y 1960, donde se detallan los presos adjudicados, el lugar de destino y la labor que van a realizar. Sin embargo, estos datos todavía no se han vaciado de forma sistemática, por lo que los investigadores que trabajan sobre el tema han recurrido a las Memorias de la Dirección General de Prisiones. Las investigaciones muestran que había empresas de todo tipo, incluido pequeño comercio y particulares que solicitan una criada para el servicio doméstico.
Mientras trabajaban, eran encerrados en colonias penitenciarias, en destacamentos penales, o en las propias cárceles. Para tener una imagen general del sistema de encierro, a estas colonias penitenciarias habría que sumarlas a la existencia de campos de concentración destinados al internamiento y la clasificación de los prisioneros de guerra.
Las cifras y la extensión de esta práctica a todos los sectores de la economía muestran que el sistema de trabajo esclavo no fue algo puntual, sino uno de los pilares claves de la economía franquista. Según los historiadores que han trabajado en esta cuestión, la mayor cantidad de presos fueron destinados a infraestructuras y obras públicas, como la construcción de vías férreas, carreteras, canales, cárceles y minas. Un ejemplo es la construcción de la cárcel de Carabanchel en Madrid, donde se sabe que en 1946 había 956 presos trabajando, aunque no se dispone de más datos sobre otros años.
En El Valle de los Caídos: Una memoria de España, una de las investigaciones más detalladas sobre la construcción del monumento, el historiador Fernando Olmeda no se atreve a dar cifras sobre la cantidad de presos que trabajaron en el Valle de los Caídos debido a la dificultad para conocer estos datos. Según las Memorias de la Dirección General de Prisiones, se trataría de unos 500 presos al año entre 1943 y 1950, aunque hay años en los que ni siquiera aparecen cifras.
Las obras fueron adjudicadas a tres constructoras, Banús, Molán y San Román, y los propios directivos se paseaban por las cárceles para seleccionar a los internos. Teodoro García Cañas, preso en la cárcel de Ocaña, recordaba en el libro “Esclavos por la patria” cómo Juan Banús examinaba personalmente los dientes y los músculos de los presos para escoger a los que pudiesen aguantar mejor. Muchos no lo hicieron. A las muertes por las malas condiciones de trabajo y el agotamiento se sumaron las que produjo la silicosis por las obras en las criptas.
Los presos se redimían no solo ante la patria, sino también ante Dios. A cambio de su trabajo, el Patronato había establecido un sistema de reducción de condenas y una paga económica cuyo objetivo era mostrar que era posible volver al buen camino y obtener el perdón. Sin embargo, lo cierto es que apenas se cumplieron. El sistema penitenciario de Cuervo Radigales estaba basado en la arbitrariedad y la tortura sistemática de los internos, a los que se aplicaban medidas como una política de dispersión constante que Radigales bautizó como “turismo penitenciario”. En cuanto al sueldo, se estableció un pago de 2 pesetas diarias de la que el Estado descontaba 1,5 para gastos de manutención.
Los 'topos' del franquismo: retrato de los españoles que se enterraron en vida para huir de la dictadura
Tras la Guerra Civil, fueron muchas las víctimas que se tuvieron que ocultar en agujeros, pasos subterráneos, estrechos pasillos y otros lugares imposibles durante décadas para escapar del destino fatal que les impuso la dictadura. Vencidos, quedaron marcados por las terribles experiencias de la Guerra; de quienes no tuvieron que cruzar ninguna frontera para sentirse extranjeros dentro de su propio país, extraños de sí.
La posguerra significó una prolongación del conflicto que se concretó en una dura represión cuyo objetivo era la eliminación total, “desinfección”, de cualquier elemento disidente, una implacable inquisición contemporánea que arruinó la existencia de muchos españoles
Los topos también fueron víctimas del franquismo y pocas veces se les contabiliza. En la película se denuncia el horror que supusieron los cuarenta años de terrorismo de Estado. Fue ese terror el que mantuvo a miles de hombres aprisionados en verdaderos zulos construidos por ellos mismos. Algunos hasta 30 años. Ningún preso estuvo tantos años encerrado y en tan deplorables condiciones. El paso del tiempo se vive a través de las noticias que llegan por la radio: el final de la contienda con el triunfo del golpismo sobre la democracia, la segunda guerra mundial como continuación internacional del conflicto entre el fascismo y las democracias, la esperanza en que victoria de los aliados implicara el fin del fascismo, los pactos entre el fascismo franquista y el capitalismo aliado… Y las sucesivas amnistías del franquismo que en realidad fueron trampas mortales para los defensores de la democracia. En varias ocasiones se anunciaron amnistías para todas las personas que no habían cometido delitos de sangre, y muchos exiliados fueron detenidos en las fronteras, acusados sin pruebas de todo tipo de delitos y encarcelados o asesinados. Mucha gente no salió ni volvió a España hasta cerciorarse que había muerto Franco y se había reinstaurado la democracia.
Fosas comunes: desaparecidos y olvidados en la geografía española
El segundo país del mundo después de Camboya en número de fosas comunes y personas asesinadas por el estado es España. Da verdadera vergüenza que sus gobiernos sigan encubriendo y protegiendo a los criminales fascistas, humillando y cerrando las puertas a las familias de las víctimas para la reparación, a la justicia internacional que exige la condena de tantos asesinatos cometidos por terroristas uniformados y de coche oficial.
En 2008, el juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón solicitó a Ayuntamientos y otros organismos un listado de desaparecidos durante la Guerra y la posguerra.
El listado, que se reunió el 22 de septiembre de 2008 incluía 143.353 nombres, aunque sus propios autores avisan que faltan muchísimos nombres y, al mismo tiempo, que muchos de los nombres podrían estar duplicados e incluso triplicados (lo que hicieron en el momento de hacer entrega del material para evitar suspicacias).
Presenta la siguiente distribución geográfica (según las actuales comunidades autónomas): Galicia (7.000), Asturias (6.000), Cantabria (2.535), País Vasco (1.900), Navarra (3.920), La Rioja (2.070), Cataluña (3.338), Baleares (1.486), Aragón (9.538), Castilla-La Mancha (8.851),Castilla y León (14.660), Extremadura (9.486), Madrid (3.424), Andalucía (42.131), Valencia (29.034), Murcia (1.000), Canarias (2.211), Ceuta y Melilla (768).
Las cifras oficiales (Ministerio de Justicia) registran 2.567 fosas comunes en España. Se contabilizan ya 58.000 víctimas. Se calcula que puede haber más de 114.000 desaparecidos.
Andalucía (sur del país) es un cementerio de fusilados (546 fosas, 6.667 muertos); Aragón (en el flanco noreste del país) cuenta 598 fosas y 12.988 muertos.
Todas y cada una de las 17 comunidades autónomas del país marcan en su geografía puntos donde fueron abandonados los cadáveres de las víctimas del franquismo. No sólo los que cayeron durante la guerra, sino los que fueron ejecutados durante la dictadura.
En Madrid hay, según el Ministerio de Justicia, 54 fosas comunes. Se han contabilizado 12.116 muertos. Muchas de las fosas aún no se han abierto o, como se dice con la nomenclatura oficial, no se han “dignificado”. En Cataluña hay 153 fosas y 8.012 muertos. En Asturias, 381 fosas y 5.416 muertos. Hay un mapa oficial para buscarlas y averiguar en qué estado se encuentra
Pero aquí no aparecen muchos de los muertos encontrados por la ARMH, que tiene documentación que nunca dará al Estado, hasta que haya una política y un organismo que realmente quiera investigar y esclarecer y juzgar.
Muchas referencias se han perdido, porque la mayoría de testigos de aquéllos momentos han muerto.
Si hacemos caso a estas cifras, a finales de 2021 se habían exhumado totalmente 326 fosas; sobre 899 no se ha intervenido; 496 han sido trasladadas al Valle de los Caídos y del resto, más de 2.200, no se especifica absolutamente nada. Así, solamente el 8,4 % de las fosas registradas por el Estado han sido exhumadas totalmente.
Los datos oficiales difieren de los recogidos en el informe Las exhumaciones de la Guerra Civil y la dictadura franquista 2011-2019. Aquí se cuenta que ya se han exhumado 785 fosas comunes. El número de víctimas totales sería mucho mayor al que se tiene contabilizado.
Las exhumaciones comenzaron en el año 2000. Entonces se abrieron dos fosas. En 2009, 88. Fue el año que más exhumaciones se produjeron. A la sombra de la Ley de Memoria Histórica aprobada por el gobierno del socialista José Luis Rodríguez Zapatero. La Ley de Memoria Democrática se asienta sobre esta.
![]() |
| fosas Comunes en España |
La presencia del franquismo
En Madrid, al lado del Palacio de La Moncloa, residencia oficial de los presidentes de gobierno, se levanta el Arco del Triunfo. Enclavado en la Ciudad Universitaria, uno de los terrenos con los enfrentamientos más duros de la Guerra Civil en la batalla de Madrid, simboliza el triunfo de Franco.
![]() |
| Arco de Triunfo . Moncloa, Madrid |
Es uno ejemplo de los más de 5.596 vestigios del franquismo que según la Fundación Jesús Pereda, del sindicato Comisiones Obreras, hay en España. Otro es el Valle de los Caídos, que la nueva ley cambiará de nombre y donde estuvo enterrado Franco hasta 2019.De estos símbolos catalogados en el sitio deberia desaparecer se indica que 4.614 se encuentran en espacios privados y 982 en espacios públicos.
Hay aún 611 calles en España que recuerdan a personajes del franquismo o eventos vinculados con el golpe de estado de 1936. Golpe de Estado será, además, como se llamará oficialmente, por la nueva Ley, a lo que hasta ahora eufemísticamente se ha denominado en algunos ámbitos levantamientos o sublevación. Hay 290 placas en las que se recuerda a los caídos del bando nacional, placas donde es habitual leer un encabezamiento -”Caídos por Dios y por España”-, seguido de los nombres y con una última línea: ¡Presentes!
Cuelgamuros: La mayor fosa común de la península
Para la inauguración del Valle de los Caídos, Franco escogió otro aniversario de la victoria militar, el de 1959. Aunque en un primer momento se había decidido que solo fuesen enterrados allí los héroes del bando sublevado, en 1958 el régimen cambia de idea: una carta del ministro de Gobernación de ese año especifica que las inhumaciones se harán “sin distinción del campo en el que combatieron”. El lugar nunca dejó de ser un monumento a la victoria franquista, pero se decidió trasladar allí cadáveres procedentes de fosas comunes de prácticamente toda la península, sin tener en cuenta de dónde procedían ni avisar a sus familiares.
La enorme cantidad de traslados, que se prolongaron hasta 1983, convirtieron al Valle de los Caídos en la mayor fosa común de España, con 33.833 cuerpos. De ellos, 12.410 permanecen todavía hoy sin identificar. Aunque las fosas fueron declaradas de titularidad estatal en 2007, el acceso a ellas depende de la Iglesia gracias a los acuerdos de 1979 con el Vaticano, y esta ha utilizado esa potestad para negarse a que se efectuasen las identificaciones incluso cuando había sentencias judiciales favorables a los familiares, como sucedió en 2017 con el caso de Manuel y Ramiro Lapeña.
Estos acuerdos, que tienen el carácter de tratado internacional y por tanto están por encima de las leyes nacionales, son el principal obstáculo que afronta el gobierno para trasladar los restos de Franco. Sin embargo, el destino del monumento abre también otros interrogantes. Uno de ellos es el de su posible conversión a un memorial de las víctimas de ambos bandos, como recomendó el Comité de Expertos nombrado por Zapatero en 2011. La conversión parece complicada para un monumento que desde el principio tuvo clara su finalidad y que ha continuado siendo un lugar de homenaje el franquismo hasta ahora. Pero además, exige responder a preguntas como la financiación de su restauración, cuyo coste se estima en unos 13 millones de euros por el enorme deterioro que sufre el monumento.
En 2011, Joan Tardá propuso en el Congreso que estos costes corriesen a cargo de las empresas que se habían enriquecido con la mano de obra esclava. Para ilustrar su argumentación, utilizó una fotografía de las obras en la que se podía ver un cartel de la constructora Huarte, que después formaría la actual OHL. En el reverso de la foto, una anotación indicaba la necesidad de borrar el cartel para que no se asociase con la empresa. En realidad, la participación de Huarte en las obras se produjo de forma más tardía, en 1950, cuando según los datos de la Dirección General de Prisiones ya no había trabajo esclavo. No obstante, como señalaron los colectivos de memoria histórica de Navarra cuando le concedieron la Medalla de Oro de Navarra a Félix Huarte, la complicidad de este con la dictadura había sido enorme y se cree que utilizó trabajo esclavo en otras obras, como la construcción del aeródromo de Ablitas.
Huarte no fue la única. Las grandes fortunas del IBEX 35, construidas a base de trabajo esclavo, no querían dejar rastros de su pasado. OHL no era la única, como descubrieron las investigaciones del Financial Times en 2003 y La Marea en 2014, muchas otras grandes empresas también habían construido su fortuna gracias a los trabajos forzados, desde mineras como Norte o Duro a constructoras como Acciona y ACS o energéticas como Iberdrola o Gas Natural Fenosa.
Todas coincidieron en negarse a dar explicaciones y proporcionar información sobre ese asunto. El sistema creado por Pérez del Pulgar y Cuervo Rodigales seguía generando beneficios muchos años más tarde.
Para la inauguración del Valle de los Caídos, Franco escogió otro aniversario de la victoria militar, el de 1959. Aunque en un primer momento se había decidido que solo fuesen enterrados allí los héroes del bando sublevado, en 1958 el régimen cambia de idea: una carta del ministro de Gobernación de ese año especifica que las inhumaciones se harán “sin distinción del campo en el que combatieron”. El lugar nunca dejó de ser un monumento a la victoria franquista, pero se decidió trasladar allí cadáveres procedentes de fosas comunes de prácticamente toda la península, sin tener en cuenta de dónde procedían ni avisar a sus familiares.
La enorme cantidad de traslados, que se prolongaron hasta 1983, convirtieron al Valle de los Caídos en la mayor fosa común de España, con 33.833 cuerpos. De ellos, 12.410 permanecen todavía hoy sin identificar. Aunque las fosas fueron declaradas de titularidad estatal en 2007, el acceso a ellas depende de la Iglesia gracias a los acuerdos de 1979 con el Vaticano, y esta ha utilizado esa potestad para negarse a que se efectuasen las identificaciones incluso cuando había sentencias judiciales favorables a los familiares, como sucedió en 2017 con el caso de Manuel y Ramiro Lapeña.
Estos acuerdos, que tienen el carácter de tratado internacional y por tanto están por encima de las leyes nacionales, son el principal obstáculo que afronta el gobierno para trasladar los restos de Franco. Sin embargo, el destino del monumento abre también otros interrogantes. Uno de ellos es el de su posible conversión a un memorial de las víctimas de ambos bandos, como recomendó el Comité de Expertos nombrado por Zapatero en 2011. La conversión parece complicada para un monumento que desde el principio tuvo clara su finalidad y que ha continuado siendo un lugar de homenaje el franquismo hasta ahora. Pero además, exige responder a preguntas como la financiación de su restauración, cuyo coste se estima en unos 13 millones de euros por el enorme deterioro que sufre el monumento.
En 2011, Joan Tardá propuso en el Congreso que estos costes corriesen a cargo de las empresas que se habían enriquecido con la mano de obra esclava. Para ilustrar su argumentación, utilizó una fotografía de las obras en la que se podía ver un cartel de la constructora Huarte, que después formaría la actual OHL. En el reverso de la foto, una anotación indicaba la necesidad de borrar el cartel para que no se asociase con la empresa. En realidad, la participación de Huarte en las obras se produjo de forma más tardía, en 1950, cuando según los datos de la Dirección General de Prisiones ya no había trabajo esclavo. No obstante, como señalaron los colectivos de memoria histórica de Navarra cuando le concedieron la Medalla de Oro de Navarra a Félix Huarte, la complicidad de este con la dictadura había sido enorme y se cree que utilizó trabajo esclavo en otras obras, como la construcción del aeródromo de Ablitas.
Huarte no fue la única. Las grandes fortunas del IBEX 35, construidas a base de trabajo esclavo, no querían dejar rastros de su pasado. OHL no era la única, como descubrieron las investigaciones del Financial Times en 2003 y La Marea en 2014, muchas otras grandes empresas también habían construido su fortuna gracias a los trabajos forzados, desde mineras como Norte o Duro a constructoras como Acciona y ACS o energéticas como Iberdrola o Gas Natural Fenosa.
Todas coincidieron en negarse a dar explicaciones y proporcionar información sobre ese asunto. El sistema creado por Pérez del Pulgar y Cuervo Rodigales seguía generando beneficios muchos años más tarde.
1 de abril, año de la derrota, inicio de la represión
nos detuvieron, nos raparon, nos humillaron, nos torturaron
y nuestras voces silenciaron, callaron y amordazaron
bajo las botas del fascismo, el cacique, el ejército la religión
Cuarenta años de dictadura fascista, de humillación
de dolor, persecuciones y torturas, de silencios, miradas gachas y silencios sepulcrales
de muertes, represiones y cunetas, de miedo y sumisión
de camisas azules, caciques, sotanas, carlistas, fascistas y botas militares
En este país con ejército Rojo cautivo y desarmado
bajo el imperio de la cruz y la espada
que dejó una España mutilada
de heridas que aún no han cicatrizado
No olvidamos a todos aquellos que dieron su vida
por defender la democracia y la libertad,
ambas mutiladas y vendidas
en el mercado de la ignorancia y la necedad
a todos aquellos perseguidos
a todos los que fueron torturados
a todos aquellos que fueron vencidos
nada ni nadie ha sido olvidado
en cada lucha os seguimos recordando
y estáis siempre con nosotros presentes
en cada lucha y cada frente
seguimos en pie, seguimos luchando
por todos aquellos que sufrieron en silencio, callados
por todos aquellos señalados por los vencedores
recordando quienes fueron los perdedores
y quienes los vencidos y derrotados
Abuelos, no olvidamos ni perdonamos
reprimidos y enterrados en fosas comunes y cunetas
seguiremos combatiendo al igual que antaño
en el frente y en las barricadas
en el frente y en las barricadas
os recuerdan vuestras hijas y vuestras nietas
siempre en la memoria aquí seguimos y aquí estamos
recordándolos ,ahora y siempre como antaño
en cada lucha, en cada batalla librada
recordándolos ,ahora y siempre como antaño
en cada lucha, en cada batalla librada
Etiquetas: poesia,
1 de abril,
cultura política,
cultura socialista,
Francia,
homenajes,
Memoria Histórica,
personalidades de izquierdas,
poemas y textos republicanos,
poesía social y revolucionaria,
pueblos,
socialismo
sábado, 29 de marzo de 2014
PRIMAVERAS TRICOLORES
Como cada año, llega la primavera republicana
y vuelven a ondear las enseñas tricolores
que claman democracia frente a los dictadores
de los mercados y la banca alemana
en su bandera tricolor lleva escritas
las palabras libertad, igualdad y fraternidad
en este país siempre prohibidas, siempre proscritas
ahogadas en el océano de la necedad
porque queremos ser ciudadanos
y no súbditos de un parásito social como el rey
porque queremos vivir como hermanos
queremos igualdad real ante la ley
y le pedimos amablemente a su majestad
que se vaya y no vuelva jamás
porque queremos ver ese tierra prometida
que lleva por nombre libertad
y vuelven a ondear las enseñas tricolores
que claman democracia frente a los dictadores
de los mercados y la banca alemana
en su bandera tricolor lleva escritas
las palabras libertad, igualdad y fraternidad
en este país siempre prohibidas, siempre proscritas
ahogadas en el océano de la necedad
porque queremos ser ciudadanos
y no súbditos de un parásito social como el rey
porque queremos vivir como hermanos
queremos igualdad real ante la ley
y le pedimos amablemente a su majestad
que se vaya y no vuelva jamás
porque queremos ver ese tierra prometida
que lleva por nombre libertad
Etiquetas: poesia,
comunismo,
cultura política,
personalidades de izquierdas,
poemas y textos republicanos,
poesía social y revolucionaria,
socialismo
viernes, 28 de marzo de 2014
NO PASARÁN. LA BATALLA DE MADRID
Hoy finalizó la Batalla por Madrid.
La capital de la República resistió 870 días sitiada (2 años y medio!) soportando bombardeos indiscriminados y ausencia de víveres, hasta que finalmente cayó en 1939, ante las tropas del golpista general Francisco Franco y sus aliados alemanes e italianos.
En 1937, en plena contienda, Madrid se defendía del paso de los nacionales y en las calles de la ciudad se colgaban pancartas con frases de conocidas figuras, como Dolores Ibárruri y su "No pasarán", que vociferó a través de las ondas de la radio.
Para la historia, el cartel desplegado en el castizo arco de la calle Toledo de la Plaza Mayor, con una frase que ya es un icono para cualquier resistencia antifascista a nivel mundial.
Un poco de historia
Madrid el día 6 de noviembre era una ciudad desahuciada. las tropas de franco habían llegado a Carabanchel alto y campamento. ante el inminente peligro; el gobierno republicano se trasladó a Valencia dejando al general Miaja como encargado de la constitución de una junta de defensa, ordenándole que resistiera hasta conseguir una concentración de fuerzas en el valle del Jarama que cortase las comunicaciones y aislase a las vanguardias del ejército franquista. durante la madrugada del día 7 de Noviembre, el general Miaja y Vicente Rojo, a quién había nombrado jefe del Estado mayor de la Defensa, inician una vertiginosa carrera para la localización de los recursos humanos y materiales existentes y la organización de la defensa.
La reacción popular bajo la consigna del “No pasarán”, que popularizó la dirigente comunista Dolores Ibárruri, organizó la resistencia con la ayuda de los pocos militares de carrera que eran fieles a la República, destacando Miaja y Rojo. Se producirá un alistamiento en masa de los obreros y jóvenes de los partidos y sindicatos, se constituye el 5º Regimiento en Francos Rodríguez... La única experiencia militar que unos pocos tenían era el asalto al Cuartel de la Montaña en los primeros días de la sublevación. La mayoría no sabían nada de guerra y tuvieron que hacerla a vida o muerte.
Los dos cerros que forman el Cerro de Garabitas sirven de división a los cuarteles los Pinos, Torrecilla y Cobatillas. Su nombre está ligado en el imaginario popular a la Guerra Civil de 1936-39 al convertirse en un lugar privilegiado de observación y ataque con artillería, tanto de la Casa de Campo como de Madrid por parte de las tropas sublevadas. En sus laderas aún permanecen los surcos de las trincheras y edificaciones donde es muy normal encontrar restos de munición.
Carabanchel
Chamartín de la Rosa también fue el lugar del nacimiento del batallón Deportivo. El grueso atiende a la milicia republicana que, formada por deportistas de diferentes disciplinas, usurpó las propiedades del Real Madrid en la capital ; en la fecha llamado Madrid F. C. y despojado del apelativo de Real por sus connotaciones monárquicas. Durante la guerra, la sede del equipo merengue fue demolida en un bombardeo. La ciudad de Madrid fue blanco de ataques aéreos y artillería pesada.
Se destruyeron la gran mayoría de fábricas y talleres que existían, dejando los campos de cultivo inutilizados, encontrándose después de la contienda una industria y una agricultura desoladas. La industria se paró completamente en el periodo de la Guerra Civil y, terminada esta, una gran parte de las fábricas estaban destruidas, abandonadas o saqueadas.
Siempre estarán en mi recuerdo todos aquellos
que dieron su vida por defender la libertad,
uno de los ideales más bellos
por el que el ser humano debería luchar
Por las calles y los barrios
Se levantan barricadas
Donde se organizan los proletarios
con banderas rojas, amarillas y moradas
No pasarán vuelven a gritar
eterno grito de lucha y resistencia
sinónimo de rebeldía y desobediencia
eterna batalla por librar
porque la única lucha perdida es la que se abandona
porque la sangre es el carburante de la historia
porque no olvidamos, tenemos memoria
porque los nietos de los obreros no perdonan
por todos aquellos que buscan a sus familias que bajo el suelo están
donde reposan sus huesos mutilados bajo las losas de la necedad
todos aquellos que fueron ellos presos y fusilados al alba gritando NO PASARÁN
La capital de la República resistió 870 días sitiada (2 años y medio!) soportando bombardeos indiscriminados y ausencia de víveres, hasta que finalmente cayó en 1939, ante las tropas del golpista general Francisco Franco y sus aliados alemanes e italianos.
En 1937, en plena contienda, Madrid se defendía del paso de los nacionales y en las calles de la ciudad se colgaban pancartas con frases de conocidas figuras, como Dolores Ibárruri y su "No pasarán", que vociferó a través de las ondas de la radio.
Para la historia, el cartel desplegado en el castizo arco de la calle Toledo de la Plaza Mayor, con una frase que ya es un icono para cualquier resistencia antifascista a nivel mundial.
Un 28 de marzo, en 1939, las tropas del general Francisco Franco entraron en Madrid después de dos años y medio de asedio de la ciudad. La caída de la capital tuvo lugar justo cuatro días antes de la derrota definitiva del bando republicano en la Guerra Civil. Durante el conflicto, Madrid estuvo situada en pleno frente de guerra, por lo que la ciudad sufrió a una destrucción muy severa, sobre todo en los barrios situados en la zona más occidental.

Un poco de historia
Madrid el día 6 de noviembre era una ciudad desahuciada. las tropas de franco habían llegado a Carabanchel alto y campamento. ante el inminente peligro; el gobierno republicano se trasladó a Valencia dejando al general Miaja como encargado de la constitución de una junta de defensa, ordenándole que resistiera hasta conseguir una concentración de fuerzas en el valle del Jarama que cortase las comunicaciones y aislase a las vanguardias del ejército franquista. durante la madrugada del día 7 de Noviembre, el general Miaja y Vicente Rojo, a quién había nombrado jefe del Estado mayor de la Defensa, inician una vertiginosa carrera para la localización de los recursos humanos y materiales existentes y la organización de la defensa.
Desde el 6 de noviembre de 1936 empezó la esperada ofensiva sobre Madrid del general Varela , lo que provocó la tan discutida marcha del gobierno a Valencia y la constitución de una Junta de Defensa , que dirigió los destinos de la capital hasta finales del siguiente mes de abril , con José Miaja , como encargado de ésta , y el teniente coronel Vicente Rojo como jefe del Estado Mayor de la defensa de la capital . El día 9 de aquel mes ,después de avanzar las tropas sublevadas por la Casa de Campo y Carabanchel , fueron detenidas en la China , Orcasitas y Entrevías , por unidades que mandaba Líster , encargadas de la zona de Villaverde y Entrevías , que , según P. Montoliú ( 2000 : 203 ) , llegaron a defender casa por casa , y donde " ante la eventualidad de que los milicianos no lograran frenar el avance , se aconsejó a las mujeres de estos barrios que pusieran agua a hervir por si había que lanzarla por las ventanas ".
La ciudad vive una intensa actividad propagandística por parte de partidos y sindicatos, que propugnan la resistencia de la ciudad. En la madrugada del día 7 el general Miaja y Vicente Rojo posicionan las tropas y dictan las primeras órdenes para defender la ciudad. Rojo supone que el ataque principal será por el sector comprendido entre los puentes de Segovia y Toledo: Las Brigadas Mixtas recién creadas, consideradas como fuerza de choque, serían colocadas en los lugares más sensibles.
En la zona de Usera se destruye una tanqueta de las tropas franquistas y al examinar el interior, entre las ropas de un oficial muerto, se encuentran unos documentos que son considerados de gran importancia por el teniente coronel Manuel Trucharte: era un copia de las órdenes de Varela para el ataque a Madrid.
Fijadas las cualidades de las fuerzas que iban a atacar la plaza y las posibilidades de todo tipo que en ellas concurrían, sólo nos resta sintetizar su orden de batalla, que era el siguiente:
Jefe: General don José Varela.
Tropas de primer escalón:
- Ala izquierda: Columna 1. Tte. Coronel Asensio (la misión de la esta columna sería ocupar los edificios comprendidos por el Paseo de Moret, paseo de Rosales, calle del Marqués de Urquijo y calle de la Princesa para la base de partida del ataque a Madrid entrando por la Casa de Campo y el parque del Oeste ocupando la Cárcel Modelo y el cuartel de don Juan)
- Columna 4. Tte. Coronel Castejón
- Columna 3. Tte. Coronel Barrón ( la misión de esta columna sería ocupar las calles de Marques de Urquijo, paseo de Rosales, Calle Ferraz, plaza de España y calle princesa trasladándose al aeródromo de Cuatro vientos, entrando por la Casa de Campo)
- Ala derecha: Columna 2. Tte. Coronel Delgado Columna 5. Tte. Coronel Tella
Estas cinco columnas ofrecían una composición similar, a base de tres unidades de choque cada una (fuerzas moras o del Tercio), una batería de 75 o 105 y una compañía de Zapadores. Estaban a las órdenes del coronel Yagüe, jefe del Tercio de Extranjeros.
Tropas de segundo escalón:
- Columna 6. Comandante Alonso.
- Columna 7. Teniente coronel Bartomeu.
Tenían igual composición que las columnas de primer escalón.
Tropas de tercer escalón:
De composición más variada y con mayor dotación de Artillería y de unidades de base política: Falange y Requeté. Sus unidades se hallaban dislocadas en forma dispersa, cubriendo puntos sensibles de la retaguardia y en las líneas del Jarama y del Tajo. Con ellas se formarían dos nuevas columnas, las 8 y 9.
Tropas no encuadradas en las Columnas:
- Columna de Caballería. Teniente coronel Monasterio. Disponía de escuadrones de
- sables, 2 de armas de acompañamiento y una batería.
- 2 Tabores de Regulares.
- 16 Baterías de artillería 65, 105 y 155.
- Compañías de carros de combate (1 de ligeros y 2 de pesados).
- 2 Compañías de Zapadores.
- Varias baterías de morteros de 81, ametralladoras antiaéreas, Mehaznias,
- compañías de marinería y fuerza de la GC. Aviación de caza y bombardeo
- (efectivos desconocidos).
- Servicios diversos.
Podrían concurrir a la maniobra, además de las fuerzas citadas, las unidades que se estaban organizando en Toledo y Talavera y reservas o unidades encuadradas en el frente de la serranía.
Las columnas del norte y el oeste, fueron detenidas en Somosierra y el Puerto del León por las milicias y las pocas unidades militares fieles. Por el suroeste el rápido y sangriento avance a través de Extremadura y el valle del Tajo, podía haber llegado a las puertas de Madrid a finales del verano de 1936, pero Franco decidió desviarse hacia Toledo en una acción propagandística de “liberar” el Alcázar asediado.
Las columnas de Varela y Yagüe llegaron a los pueblos más próximos a la capital y al extrarradio (Villaverde, Carabanchel, Cerro de los Ángeles…) Y ahí es cuando el Gobierno de Largo Caballero se marcha de Madrid, porque no creían que la ciudad pudiese aguantase la embestida.
Las columnas de Varela y Yagüe llegaron a los pueblos más próximos a la capital y al extrarradio (Villaverde, Carabanchel, Cerro de los Ángeles…) Y ahí es cuando el Gobierno de Largo Caballero se marcha de Madrid, porque no creían que la ciudad pudiese aguantase la embestida.
Pero antes, en la misma mañana del 19 de julio, el general Joaquín Fanjul logró entrar con sus tropas en el Cuartel de la Montaña, por la zona de Príncipe Pío. Los republicanos situaron dos cañones en la calle de Ferraz y la Gran Vía y cientos de soldados y milicianos contraatacaron el 20 de julio. Así, la primera escaramuza de la Guerra Civil en suelo capitalino fue abortada, lo mismo que otros asaltos franquistas a otros cuarteles madrileños durante esos días, lo cual liquidó por el momento la intentona golpista en la ciudad.
![]() |
| Toma del cuartel de la Montaña |
La reacción popular bajo la consigna del “No pasarán”, que popularizó la dirigente comunista Dolores Ibárruri, organizó la resistencia con la ayuda de los pocos militares de carrera que eran fieles a la República, destacando Miaja y Rojo. Se producirá un alistamiento en masa de los obreros y jóvenes de los partidos y sindicatos, se constituye el 5º Regimiento en Francos Rodríguez... La única experiencia militar que unos pocos tenían era el asalto al Cuartel de la Montaña en los primeros días de la sublevación. La mayoría no sabían nada de guerra y tuvieron que hacerla a vida o muerte.
El río Manzanares se anteponía a su pretendida entrada en la Capital en prácticamente todo su recorrido urbano, desde un poco antes de los límites con el monte del Pardo, por el norte, hasta los de Villaverde y Vallecas por el sur. Desde el Puente de San Fernando, entre las carreteras del Pardo y de La Coruña, hasta aguas abajo del Puente de la Princesa de Asturias o de Andalucía, por la que se salía y entraba a la ciudad por la carretera de Cádiz.
El rio Manzanares y los puentes que lo cruzan se convertirían en protagonistas destacados no solo de os combates durante el asalto frontal a Madrid en noviembre de 1936, así como a lo largo de todo el asedio que sufrió la capital hasta el final de la guerra. Sus orillas serían escenario de encarnizados combates y algunos puntos como el Puente de los Franceses o la Pasarela de la Muerte pasarían a formar parte de la leyenda de la guerra en Madrid.
![]() |
| Puente de los Franceses |
De este modo, en las semanas siguientes el caos y una indudable euforia se apoderaron de Madrid, euforia que no era sino pánico para otros: comenzaron las incautaciones de edificios, los registros de domicilios y los paseos, eufemismo que escondía el asesinato impune e incontrolado tanto de facciosos como de simples religiosos, conservadores y supuestos desafectos a la República. En las calles, el ambiente era de revuelta radical y, mientras los anarquistas y miles de trabajadores llamaban a la lucha armada, los medios de producción y el poder político pasaron, de facto, a manos de las organizaciones obreras.
En pocos días , el ejército republicano abrió un nuevo frente en el sur de Madrid, en las proximidades del Jarama , sin buenos resultados, pero fue el 6 de febrero cuando las tropas sublevadas, no logrando el objetivo de cerrar la ciudad por el norte , la intentaron incomunicar con Levante , para lo que iniciaron la batalla del Jarama , que narraremos brevemente con el fin de que puedan reducirse los graves daños que causó en Vallecas , sobre todo tomando en consideración que ambos contendientes utilizaron de forma determinante la aviación , llegando a participar 122 aviones , según P. Montoliú. autor que describe del siguiente modo el teatro de operaciones :
Rojo reestructuró las unidades y concentró al sur de Madrid dos brigadas mixtas , mandadas por el Campesino y Líster y distintos batallones de las brigadas internacionales 11 , 12 y 14 , a las que se añadió la 15 brigada internacional que entraba en combate por primera vez .También fue trasladada a la zona la mitad de la artillería que existía en Madrid . La contraofensiva republicana se inició el 17 de febrero .
Las tropas republicanas partieron de Vallecas, cruzaron el Manzanares y atacaron la Marañosa ; a continuación , se luchó en la zona comprendida entre Rivas - Vaciamadrid y Arganda y en el paraje conocido como el Pingarrón , consiguiendo hacer retroceder a las tropas de Franco , si bien cuando se interrumpieron los combates el 28 de febrero , los soldados del general Orgaz habían conseguido adelantar la línea del frente unos 20 kilómetros aunque no cortar la carretera de Valencia
( 2000 : 212 ).
No pudiendo penetrar por esa vía a Madrid, las tropas franquistas intentaron hacerlo por Guadalajara en el mes de marzo , pero tampoco esta operación surtió efecto , por lo que las líneas del frente de Madrid quedaron estabilizadas tomando protagonismo las operaciones en el norte de la península.
En julio de1937 se inicia la batalla de Brunete , bajo el mando de Miaja , con la dirección de Modesto y las divisiones de Líster y El Campesino la 11 Brigada Internacional y el 18°. cuerpo del ejército, que dirigía el coronel Jurado.
Del 7 al 23 de noviembre, fueron 16 días terribles los que duró la batalla de Madrid. Hubo muchos muertos en el frente de la casa de Campo, Usera, el Puente de los Franceses, Moncloa y la Ciudad Universitaria. También en los bombardeos sobre la población civil que inauguró el ejército franquista. Pero se produjo el milagro: Madrid resistió. Aquello sí que fue empoderamiento popular: las masas llegaron a hacer suya la razón de la esperanza.
La Quinta Columna
Así como al hacer la valoración de los medios propios juzgamos necesario decir algo del Estado Mayor y de la Junta de Defensa, ahora, en este análisis del factor adversario, nos sentimos obligados a considerar un elemento nuevo que aparece por vez primera en la historia militar, condicionando la situación de manera premeditada y organizada. Tal es la Quinta Columna.
En todas las guerras hubo quintas columnas; pero su incorporación al arte de combatir como factor integrante de la maniobra y de acción encuadrada en los planes es realmente una innovación que aporta a la belicología la Guerra de España. Forman la Quinta Columna los elementos que, encubiertos en el campo adversario, se mantienen positivamente organizados para participar de manera activa en la lucha, en condiciones de tiempo y espacio previstas, tan pronto como suene la hora de la decisión, tanto en las acciones que la preceden como en la rápida explotación del éxito, cuando éste se alcance.
Actúa esencialmente en el interior del campo enemigo y principalmente en su retaguardia, de tal modo que se desarticulen la organización, las posibilidades materiales de lucha y el manejo de los medios, se interfieran las comunicaciones, se desgaste o abata la moral, se reduzca la potencialidad y todo, en fin, quede desbaratado de una manera acorde con las tropas operantes para hacer más fácil, voluminosa, rápida y decisiva la derrota. Realmente es una columna operativa con fuerza y poder para actuar por la espalda sobre las tropas organizadas que mantienen noblemente la lucha en el frente.
No se trata de simples espías o saboteadores, de agentes desmoralizadores, ni de meros agitadores, sino de una malla fuertemente tejida, que se tiende sobre todas las actividades en las cuales se pueda restringir o anular la capacidad de acción, el poderío de las columnas combatientes o el de los comandos.
Esa Quinta Columna, que ya estaba montada en Madrid desde antes del comienzo de la guerra, según han revelado sus propios componentes, había fracasado al iniciarse el conflicto y durante los cuatro primeros meses de actividad bélica; pero ahora, cuando se trataba del asalto a Madrid, podía entrar en juego de manera decisiva, haciendo imposible que el Gobierno lograra lo que aún podía conseguir: la conservación de la capital.
Pues bien, en el caso de la defensa de Madrid, el peligro de la Quinta Columna resultaba patente, y no porque lo hubieran descubierto los defensores, sino porque el adversario lo había hecho público desde el comienzo de la guerra, a través de su prensa y propaganda; manifiesto y grave error, que provocó represalias sobre los sospechosos de pertenecer a ella.
En lo que se refiere a la batalla de Madrid, los indicios de que dicha columna estaba alerta se manifestaron el mismo atardecer del 6 de noviembre; pero su actividad quedó rápida y automáticamente cortada, por iniciativa de las tropas de Milicias que permanecían en los cuarteles de la capital. Después, durante la batalla, en razón del curso favorable que tuvo para los defensores, la actuación de la Quinta Columna careció de eficacia operativa, aunque supo mostrarse muy activa en algunos períodos, tratando de provocar la desmoralización y las deserciones entre los combatientes, así como desarrollando actividades informativas al servicio de las tropas atacantes.
De la existencia y presencia de la Quinta Columna tuvo el Comando de la Defensa información abundante y constante. Se reveló también a través de innumerables hechos de los que se hablará oportunamente, entre los que destacan el incidente de la Embajada de Finlandia y la explosión en la estación Diego de León del metropolitano.
Era notorio que potencialmente y aunque no estuvieran encasilladas, pertenecían a ellas muchas gentes de las derechas políticas y sociales residentes en Madrid; mas no por esto fueron objeto de represalias. Algunos fueron denunciados con fundamento, o por simples sospechas; los organismos de control los fichaban como «desafectos» y las fuerzas de orden público los vigilaban.
Otros permanecieron encarcelados durante la guerra o gran parte de ella sin más consecuencias; algunos, más hábiles, podían circular y actuar libremente con documentación que lograban a través de los amigos que ignoraban aquella circunstancia, o que aviesamente les facilitaban los propios quintacolumnistas incrustados en organismos militares y civiles, centros políticos de izquierdas, sindicatos, industrias, etc.; constituían una verdadera plaga que habría de salir a la superficie en los momentos de crisis.
Zonas de combate: Episodios de la Guerra
Madrid bombardeado
Desde la finalización de la I Guerra Mundial hasta el comienzo de la Guerra Civil Española, algo menos de 20 años, la aviación militar experimentaría un extraordinario desarrollo, no solamente en la calidad y potencia destructiva de los nuevos aparatos y armas, también se desarrollarían nuevas tácticas y estrategias aprovechando el extraordinario potencial que la aviación ofrecía. Entre estas nuevas posibilidades, la aviación ahora permitía castigar la retaguardia enemiga y objetivos civiles, y de esta forma debilitar la capacidad de resistencia de la población civil quebrando su moral. En noviembre de 1936 la ciudad de Madrid sería bombardeada de manera continuada por aparatos de la Legión Cóndor y de la Aviación Legionaria Italiana, convirtiéndose así en la primera gran ciudad del mundo, donde la moderna aviación pondría en práctica estos perversos métodos, antesala de los que se producirían en la II Guerra Mundial.
Los bombardeos aéreos, combinados con los de la artillería, continuarían durante toda la guerra.A partir de este momento no solo serán objetivos militares sobre los que se dirijan las viles bombas, sino que la población civil se convertirá en destino directo de aquellas. El objetivo es provocar la desmoralización y desesperación de los madrileños para obligar a la rendición. Sin embargo, el efecto provocado con tal medida será inesperado. Lejos de rendirse, los madrileños decidirán resistir con mayor ahínco si cabe contra los fascistas, popularizando la frase “No pasarán”, e incluyendo ahora de forma masiva a toda la población, incluso anteriormente indiferentes o incluso no demasiado amigos del bando republicano, organizando juntos refugios y toda una red de solidaridad para hacer frente a los ataques. “Si es necesario destruiré Madrid” declaró Francisco Franco, justificando así sus ataques.Las consecuencias serían trágicas para la población civil, produciéndose centenares de muertos y un número aún más elevado de heridos. Los daños materiales serían muy cuantiosos, resultando afectadas más de 3500 fincas solamente entre los años 1937 y 1938, quedando centenares de ellas completamente destruidas. En algunos distritos, como el de Palacio donde se incluía el barrio de Argüelles, las fincas afectadas superarían el 75% del total.
El bando nacional sublevado celebró el año nuevo lanzando doce obuses contra la Puerta del Sol. Tampoco la Biblioteca Nacional o el Museo del Prado se libraron de las bombas demostrando la intención de los fascistas. Tan solo el barrio de Salamanca, residencia habitual de muchos de los simpatizantes del golpe militar, se libra de las bombas por orden directa de Franco. En enero del nuevo año se decreta la evacuación de Madrid, pero los madrileños hacen caso omiso de la orden y deciden quedarse masivamente en su ciudad, hasta las últimas consecuencias. En abril del 37 se decide paralizar la estrategia de las bombas ante la férrea voluntad de resistir de los madrileños con el balance de más de 1500 civiles muertos, entre ellos muchísimos niños, y cerca de un millar de edificios destruidos. Desde entonces la nueva estrategia consistiría en rodear Madrid para intentar acabar con los madrileños de hambre y desesperación.
La carretera de la Coruña
Tras el fracaso del ataque frontal a Madrid en el mes de noviembre de 1936, se sucederán una serie de combates entorno a la ciudad y más concretamente al noroeste de la misma, con la idea de cortar la carretera de La Coruña y así ampliar la base de partida para un nuevo intento de tomar la capital de la República.
El ejército sublevado había quedado rodeando la ciudad desde Villaverde y Carabanchel, pasando por la Casa de Campo y llegando hasta la ocupación de parte de la Ciudad Universitaria, retirándose sus posiciones hasta los pueblos de Villaviciosa de Odón y Brunete, conformando un primer frente que en apenas unos días y hasta el mes de enero de 1937 iría modificándose hasta su posterior establecimiento.
Entre los días 29 de noviembre y primeros del mes de diciembre comenzará el operativo para rectificar el flanco izquierdo de los atacantes con el intento de aliviar las posiciones en Ciudad Universitaria y Casa de Campo, así como alcanzar la carretera de La Coruña a la altura de la Cuesta de Las Perdices. No alcanzando los objetivos principales y apenas modificado el frente, salvo una pequeña aproximación en el sector de Pozuelo, se intentará de nuevo a mediados de diciembre de ese mismo año con un plan más ambicioso que ampliaba la zona de ataque e incrementaba notablemente las fuerzas implicadas en el mismo. El resultado no fue el deseado al no conseguir, como estaba previsto, alcanzar la Carretera de La Coruña y tan solo ocupar las poblaciones de Boadilla del Monte y Villanueva de la Cañada. Será al tercer intento y sobre el mismo terreno que el ataque anterior y reforzadas las tropas se partirá de lo últimos pueblos conquistados con la idea de ocupar los pueblos de Majadahonda, Villanueva del Pardillo, Las Rozas, Pozuelo y Aravaca, consiguiendo así el corte de la ansiada Carretera de La Coruña.
El 14 de diciembre se inicia el avance franquista, comienza así lo que se ha denominado la Batalla de la Niebla, por estar ésta muy presente a lo largo de los combates. Las tropas de Varela, tras jornadas de furiosos ataques y contraataques, conseguirán asegurar las conquistas de Boadilla del Monte y Villanueva de la Cañada, de donde ya no serán capaces de pasar. Era el 23 de diciembre de 1936 y el segundo intento de cortar la Carretera de La Coruña había fracasado nuevamente.
Los combatientes republicanos iban ofreciendo cada vez una resistencia más fuerte y organizada, perdían terreno, pero a cambio de infligir muchas bajas a los atacantes, defendiendo correosa y obstinadamente las posiciones y contraatacando con decisión cuando tenían ocasión. Por su parte, las fuerzas franquistas habían fracasado dos veces en sus objetivos, pero no estaban dispuestas a renunciar. Eran tropas muy fogueadas, con una gran experiencia de combate y, a pesar de las muchas bajas sufridas, sobradas de decisión y coraje. Ambos bandos, conscientes de lo mucho que se estaban jugando en el noroeste madrileño, habían ido incrementando sus fuerzas, consolidando, dentro de sus posibilidades, sus respectivos frentes.
Las operaciones comenzaron el día 3 de enero de 1937 y se desarrollarán hasta el día 8 del mismo mes, en que se ocupan los cerros del Águila y La Ermita, la Cuesta de Las Perdices y la Colonia de Valdemarín, protagonistas de esta nueva Ruta de Madrid en Guerra.
El 3 de enero los franquistas rompen nuevamente el frente. Conquistan Villafranca del Castillo, Majadahonda, Las Rozas, el Plantío y avanzan sobre Madrid por la Carretera de La Coruña para enlazar con las tropas que atacan Pozuelo y Aravaca, pueblos que serán ocupados los días 7 y 8 de enero respectivamente. El día 9, con la conquista de la Cuesta de las Perdices y el Cerro del Águila, la ofensiva franquista se detiene. Los contraataques republicanos de los días siguientes, a pesar de algunos éxitos puntuales, no lograran expulsar al enemigo de sus posiciones conquistadas y finalmente, el 16 de enero de 1937, la Batalla de La Carretera de La Coruña llega a su fin.
El corte de la Carretera de La Coruña constituía un objetivo primordial para los franquistas, por ello, a principios de enero de 1937 volverían a intentarlo. Entre ellos, posiblemente alguno pensaría en el clásico dicho: “a la tercera va la vencida”. Para ello concentrarían la fuerza más grande empleada hasta aquél momento: la División Reforzada de Madrid, unos 25.000 hombres, apoyados por una importante masa artillera y aviación al mando del general Orgaz, a la que se sumaban los efectivos de la Legión Cóndor alemana. Frente a esta fuerza los republicanos tenían desplegadas en el terreno a la 8ª y 5ª División, fruto de los esfuerzos del mando de la defensa de Madrid por militarizar a las milicias y dotarse de un ejército profesional, pero cuya organización no se había finalizado por completo, contando por ello con numerosas carencias.
Las tropas franquistas habían logrado avanzar unos 20 kilómetros, conquistando media docena de pueblos y alcanzando la ansiada carretera de La Coruña, ocupándola desde Las Rozas hasta la Cuesta de las Perdices. De esta manera lograban asegurar su flanco izquierdo. Los republicanos, una vez más, habían salvado la capital y, aunque la carretera había sido cortada, quedaba garantizada la comunicación con las guarniciones y los suministros de la sierra por las carreteras secundarias que atravesaban el Monte de El Pardo. La batalla, que había durado cerca de un mes y medio, había supuesto un increíble desgaste para ambos bandos. El número de bajas, como siempre, resulta problemático. Algunos autores hablan de varios miles, entre los muertos, heridos, desaparecidos y prisioneros de ambos bandos. Sea o no exagerada esta cifra, no cabe duda de que fueron muchos cientos los que cayeron para siempre en aquellas jornadas de frío, niebla, furia y fuego.
Casa de Campo
El día 8 de noviembre se realizó un intenso bombardeo de la orilla izquierda del río Manzanares, entre el puente de san Fernando y el puente de la Princesa. La resistencia de los republicanos impiden a las columnas de Asensio y Barotomeu avanzar, aun así han tomado la mayoría de los puntos estratégicos del parque: Casa Quemada, el Cerro de Garabitas, Cerro de las Canteras y Cerro del Cementerio.
La Casa de Campo donde sufrió más fue en su patrimonio monumental, destruyéndose edificios tan emblemáticos como la Iglesia de la Torrecilla, la propia Torrecilla, la Casa de Labor, el Cementerio, la Casa de Vacas, el Cuartel de la Guardia Civil de Rodajos, las instalaciones del Hipódromo y Tiro Pichón y las casas en general que ocupaban los guardas y porteros que de alguna manera quedaron afectadas y después de la guerra reutilizaron el material que quedaba de ellas.
En el conocido como Vértice Paquillo, antes de pasar propiamente hoy a la Casa de Campo desde el Batán pues están en la zona de parque al otro lado de las vías del tren, encontramos los restos de dos bunkers. También veremos restos de edificaciones militares en las proximidades del puente de La Culebra. En el cerro Garabitas, en torno a la zona actualmente ocupada por la torre de vigilancia forestal, podemos apreciar lo que fueron líneas de trinchera: Este cerro fue elegido por el bando nacional durante la Guerra Civil para bombardear Madrid entre los años 1936 al 1939.
| Cerro Garabitas |
El Batallón Dabrowski, integrado por voluntarios polacos, se situó en la zona de Villaverde junto con el Quinto Regimiento, al mando de Enrique Líster; otros batallones se repartieron por toda la Casa de Campo. Los republicanos frenaron así a los franquistas, y los pocos legionarios que lograron cruzar el puente de los Franceses y el de Toledo serían asimismo repelidos por la Brigada Mixta comandada por los oficiales republicanos José María Galán y Carlos Romero. Al mismo tiempo, el Partido Comunista y sus asesores soviéticos recorrieron la capital arengando a la ciudadanía, para que nadie tirase la toalla en una hora tan crítica para la República. Al día siguiente, el 9 de noviembre, los soldados de Varela intentaron una segunda incursión por el barrio de Carabanchel, pero fue nuevamente en vano.
Parque del Oeste
El Parque del Oeste cuenta con apenas cien años de historia, siendo uno de los más bellos y singulares de Madrid. Seguramente la mayoría de las personas que pasean por él desconozcan que durante la Guerra Civil el parque se convertiría en primera línea de frente de batalla, quedando dividido en dos zonas, estando las trincheras y las alambradas de ambos contendientes separadas en algunos lugares por escasos metros.
Este ahora plácido lugar sería escenario de intensos y sangrientos combates durante la Batalla de Madrid en noviembre de 1936, siendo uno de los lugares elegidos por las fuerzas del general Franco para realizar su ataque frontal sobre la capital. Por este parque habrían de subir alguna de las unidades que posteriormente tendrían que avanzar por las calles del barrio de Argüelles hacia el centro de la ciudad. La tenaz resistencia de los defensores de Madrid hizo fracasar este ataque, pero no impidió que los atacantes ocuparan diversas zonas del parque, donde permanecerían hasta el final de la contienda, registrándose durante ese largo periodo numerosos combates y golpes de mano que pretendían desalojar de sus posiciones al contario, o bien consolidar las propias. Tras tres semanas de lucha los asaltantes no conseguirían su objetivo, pero si conseguirían ocupar parte de la Ciudad Universitaria, así como del Parque del Oeste. Tras el intento fallido de asalto de noviembre del 36 el parque quedaría repartido entre ambos contendientes, continuando los combates y escaramuzas, con mayor o menor intensidad, durante prácticamente todo el transcurso de la guerra, lo que acabaría convirtiendo este apacible lugar en un auténtico campo lunar como atestiguan las imágenes tomadas tras la contienda. La gran mayoría de monumentos y otras construcciones, salvo puntuales excepciones, quedarían destruidos durante la guerra, y sus ruinas serían demolidas tras la contienda. Curiosamente algún monumento sobreviviría a la guerra, pero no así al nuevo régimen que ordenaría destruirlo. El parque sería nuevamente replantado, y nuevos monumentos ocuparían el lugar de los desaparecidos.
![]() |
| Fortines en el parque del Oeste |
20 de abril de 1938. En el Parque del Oeste, a las 2:30 de la madrugada, se lanzan al ataque tropas de la 40ª BM, tras una intensa preparación artillera y la voladura de tres minas en el parque (con un total de 15 toneladas de carga) y otras tres en el Instituto de Higiene y el Asilo de Santa Cristina.
La defensa corre a cargo del capitán Antonio Vaquero Santos, jefe de la 1ª Cía. del VI Tabor de Alhucemas, y sus subordinados el teniente de Infantería Emilio González Herrero y el alférez Juan Martín Vallejo.
El primero reúne los pocos hombres de su sección que no quedaron completamente sepultados y logra repeler la primera oleada de asaltantes. Morirá pocos minutos después en la voladura de otra mina.
Algunos soldados combaten semienterrados, como José Varela Sánchez, que se negó a ser asistido hasta finalizar los combates.
Vallejo, herido por una de estas explosiones, logra reunir 10 hombres, algunos sin fusiles, y rechazan hasta tres empujes enemigos en un intenso combate cuerpo a cuerpo, llegando a avanzar a las trincheras enemigas, e incluso alcanzar el monumento a los Héroes Coloniales, hasta que se le ordena retirarse por la imposibilidad de mantener la posición.
El contraataque se realizó con ayuda de ingenieros y artilleros, que repararon las comunicaciones tras haber cruzado la pasarela de muerte de día, bajo fuego enemigo.
Las bajas ascendieron a 39 muertos, 42 desaparecidos (se supone que sepultados) y 91 heridos.
Por estas acciones se concedió la Medalla Militar individual al Alférez Emilio González Herrero (a título póstumo) y al Alférez Juan Martín Vallejo. A la 1ª Compañía del VI Tabor de Regulares de Alhucemas nº 5 se le otorgó la Laureada colectiva, y al capitán Antonio Vaquero Santos, la Laureada individual.
Ciudad Universitaria
Las tropas insurgentes llegaron a los barrios del sur de Madrid en noviembre y desde entonces comenzó el asedio de la capital que duró hasta el final de la guerra y que situó su frente estable en la Ciudad Universitaria.
La lucha se concentró primero en la Casa de Campo, luego en la Universitaria y contó con la llegada a la Facultad de Filosofía y Letras de la XI Brigada Internacional, al mando de Kléber, que preparó allí su cuartel general. Los enfrentamientos fueron cada vez más potentes y las tropas moras llegaron a la Escuela de Arquitectura. Poco a poco se consolidó esa posición que permitió a los atacantes avanzar hacia el Asilo de Santa Cristina, la Casa de Velázquez y la Escuela de Agrónomos. Desde allí, alcanzaron el Clínico. La previsión era inaugurar el Hospital Clínico en el mes de octubre de 1936, coincidiendo con el primer centenario del traslado de la Universidad Complutense de Alcalá a Madrid.
En abril de 1936 el Clínico estaba prácticamente concluido, pero el estallido de la Guerra Civil convirtió el edificio en un frente de guerra en el mes de septiembre, cuando los dos bandos se enfrentaron en el límite noroeste de Madrid. La batalla duró desde el 15 hasta el 23 de noviembre de 1936, tras varios intentos fallidos de cruzar el Manzanares. Los edificios del campus se disputaron entre ambos bandos causando numerosos desperfectos en las facultades y en sus bibliotecas. El Hospital Clínico San Carlos quedó prácticamente destruido por la crueldad de la batalla, los soldados iban matando planta por planta y habitación por habitación, lo que propició muchísimas bajas.
El día 15, los anarquistas que dirigía el mítico Buenaventura Durruti entraron en combate, pero se encontraron con el fuego cruzado de las ametralladoras marroquíes. Su escasa preparación les hizo vacilar y retroceder, un fracaso que enfureció a su líder, que los obligó a contraatacar apenas unas horas después, esta vez con mayor coraje y éxito. Entretanto, la columna del franquista Asensio consiguió llegar al Manzanares sin hallar oposición ni resistencia, y el 16 de noviembre se corrió la voz de que los “moros” ya estaban en la Ciudad Universitaria. Ese día y el siguiente, milicianos y tropas rebeldes lucharon cuerpo a cuerpo para tratar de ocupar las plantas del Hospital Clínico. Junto a los brigadistas y los anarquistas, también combatieron muchos simples ciudadanos de todo oficio y condición, armados para la excepcional circunstancia.
El día 17 de noviembre se produjo el segundo momento decisivo del avance de las tropas atacantes. A primera hora de la mañana la aviación atacante castiga la zona de paseo de Rosales, Moret y las dos orillas del Manzanares. La columna de Asensio, desde la Escuela de Agrónomos, tomó el Asilo de Santa Cristina y atacó por primera vez el Hospital Clínico, edificio en cuyo interior se luchó de forma encarnizada.
El 16 de noviembre, y después de tomar la Casa de Velázquez, la columna del general nacional Asensio Cabanillas toma la Escuela de Ingenieros Agrónomos, y posteriormente se adentra en la Facultad de Filosofía y Letras, importante punto de control por poseer una de las más grandes bibliotecas de España en aquel tiempo. Sin embargo, la XI Brigada Internacional no iba a permitir esto, y combatió a los sublevados en el interior del edificio. Los libros fueron absolutos protagonistas en esta fase de la batalla, pues muchas estanterías fueron utilizadas como parapetos, pudiéndose ver hoy en día las marcas de balas en algunos ejemplares. Desatada a lo largo de las cinco plantas de la Facultad, la batalla por la conquista de este punto de control se saldó con una victoria republicana, quedando instaurado el cuartel general de la XI Brigada. Los nacionales, al mando de Asensio, no se rindieron, y alargaron la batalla en el edificio durante varios días más. Las aspilleras, hechas con libros, fueron un factor bélico determinante para la defensa de este sector por parte del bando republicano. La guerra continuaría por otras Facultades, siendo Filosofía un fuerte punto de resistencia para los gubernamentales.
Durante el decimotercer día de combate, las tropas del Bando Sublevado lograron ocupar el Cerro de Garabitas, situado en la Casa de Campo, pudiendo acercarse así a la orilla del Manzanares. En el transcurso de este día, también tuvo lugar el primer gran enfrentamiento aéreo en el cielo de Madrid. Sobre el Paseo Pintor Rosales, 13 Fiat CR.32 Chirri, pilotados por 9 italianos y 4 españoles, se enfrentaron a 14 Polikarpov I-15 Chato tripulados por pilotos soviéticos y españoles. La victoria se saldó a favor de la aviación del Bando Nacional que, al regresar a la base, avistaron y atacaron a 5 bombarderos Tupolev SB Katiuska, que se encontraban bombardeando Getafe a 5.000 metros de altura.
Del 15 al 17 de noviembre, los combates tuvieron lugar en la Ciudad Universitaria, concretamente en las inmediaciones de las instalaciones del Hospital Clínico. Para los soldados que componían las filas republicanas, defender Madrid suponía la salvación de la España Republicana.
Tras las primeras maniobras exitosas de Varela, Vicente Rojo y el general Miaja prepararon una contraofensiva, ordenando a las columnas catalanas atacar a las plazas de las tropas nacionales, apoyándose en la XI Brigada Mixta de Kléber, en la IV Brigada Mixta y en un batallón del V Regimiento. No obstante, en esos momentos, Asensio acababa de tomar la Escuela de Ingenieros Agrónomos, a través de la carretera de La Coruña, en las inmediaciones de la Puerta de Hierro.
El coronel García Escamez y Varela, mandaron el día 17 de noviembre a sus tres columnas a tomar el Hospital Clínico. El avance comenzó a las 9 de la mañana, dando lugar a una serie de cruentos y fieros enfrentamientos por cada centímetro de terreno, llegando a darse lucha cuerpo a cuerpo. Contando con el apoyo de la artillería y de la aviación, las tropas nacionales sobrepasaron y desbordaron a las republicanas, demostrando una gran efectividad y contundencia. Como resultado de estas acciones, Asensio tomó el Asilo de Santa Cristina y el Hospital Clínico, Delgado Serrano la Fundación del Amo y el Instituto Nacional de Higiene, Barrón la Residencia de Estudiantes y parte del Parque del Oeste. Algunos regulares que hicieron una incursión sobre el Paseo del pintor Rosales, fueron rápidamente derribados por tiradores republicanos.
Surgió así en ambos bandos la figura de los «topos humanos» o «destripacerros», cuya labor era trabajar «bajo tierra» minando las posiciones enemigas o localizando las cargas explosivas ocultas de sus enemigos. El Ejército Republicano, contó con el Batallón de Servicios Especiales del Ejército del Centro, que operaban en Carabanchel y en el Parque del Oeste, colocando cargas de manera sistemática y exhaustiva de entre cuatro y diez toneladas que eran capaces de destruir edificios enteros. Dicho Batallón, renombrado más tarde como Batallón de Minadores nº1, también llevó a cabo labores de construcción de galerías de contramina.
Por parte de las tropas nacionales, trabajaron en Ciudad Universitaria los hombres de la 7ª Compañia del 7º Batallón de Zapadores, acompañados desde noviembre de 1937 de la 8ª Compañía de Minadores del capitán Luis Barber. En verano de 1938 se constituiría el Grupo de Minadores del I Cuerpo de Ejército que aúnaba a todas las compañías de especialistas en minas que había en Madrid.
Este uso de las minas por ambos bandos, no hizo más que destruir un gran número de estructuras tanto de la Ciudad Universitaria como de Madrid en general, sumiendo la ciudad prácticamente en ruinas. Se detonaron más de 200 minas en la zona de Ciudad Universitaria, el Parque del Oeste, Moncloa y Argüelles. En cuanto a bajas, las más numerosas se cuentan en las filas del Bando Nacional, cifrándose en 798 con 314 muertos.
Con los bombardeos de las últimas fases del conflicto, el Ejército Popular de la República, además de Emilio Kléber y su XI Brigada Internacional, resistieron atrincherados antes del derrumbamiento total de los frentes, en marzo-abril de 1939. Moncloa, y las Facultades de Medicina y Filosofía, fueron los últimos reductos del ejército republicano, antes de verse superados por el empuje de los sublevados.
Tras la Guerra Civil, el 40% de la estructura del edificio fue destruida, conservándose el salón de actos y los módulos aledaños. Así, se pudo proceder a la reconstrucción de la Facultad de Filosofía y Letras.
![]() | |
| Trincheras republicanas en Ciudad Universitaria (1937) |
Tetuán
Tetuán, barrio obrero de Madrid, de traperos, comerciantes; cobijo de aquellos que partieron a la Guerra de África en 1860, del que hace honor su nombre, aunque no llegara a hacerlo su deseada entrada a la capital. De los que lucharon por España en la Guerra Civil (1936-1939), aquellos que ponían la mano en el fuego y se quemaban, pero aguantaban, hacinados en 30 metros cuadrados. Y mismo cobijo para los que vienen, ahora, con propósito de echar raíces. Barrio de culturas.
El cine pasó a ser también sede para la celebración de mítines políticos de cualquier signo, lo que de vez en cuando originaba alguna trifulca en las inmediaciones. Por el Europa pasarían intelectuales como Unamuno, pero sobre todo políticos, como La Pasionaria, Santiago Carrillo, Francisco Largo Caballero o José Antonio Primo de Rivera, que expusieron desde aquel escenario encendidos discursos, que dan cuenta del convulso momento que vivía la República.
Especialmente significativo fue para la Falange, ya que fue éste el escenario de un importante discurso de su líder el 2 de febrero de 1936. Aquel fue el día en que se cantó por primera vez el “Cara al sol”, ante un aforo “completamente lleno” en un acto que se simultaneó con otro en el Cine Padilla, donde comenzó el propio José Antonio, antes de trasladarse a Bravo Murillo: “Si después del escrutinio trataran los enemigos de España de asaltar el poder, Falange, sin fanfarronadas pero sin desmayo, estaría en su puesto, como ayer, como siempre”, clamó desde las tablas.
Poco antes, en 1934, el socialista Francisco Largo Caballero ya había hecho en el Europa un llamamiento a la revolución, y meses antes del inicio de la contienda volvió a insistir sobre el mismo escenario: “La transformación del país no se puede hacer echando simplemente papeletas en las urnas (…) estamos ya hartos de ensayos de democracia; que se implante en el país nuestra democracia”.
Al comienzo de la Guerra Civil, el Cine Europa fue inmediatamente incautado por milicianos anarquistas, y convertido en Ateneo Libertario de Tetuán y cuartel de las milicias confederales. En sus sótanos se instaló una de las checas más temidas de la capital, organizada para controlar la represión contra los sublevados, y a su mando se colocó el pistolero anarquista Felipe Emilio Sandoval Cabrerizo, “el doctor Muñiz”, a quien se atribuye la matanza de la Cárcel Modelo. Curiosamente, uno de los últimos asesinatos de Sandoval fue el del bibliotecario de Chamberí y afiliado a la CNT, Florián Ruiz Egea, acusado de quintacolumnista. En la actualidad, Ruiz Egea da nombre a la Biblioteca Pública ubicada en Raimundo Fernández Villaverde.
![]() |
| Cine Europa |
Después del asalto y la toma del Cuartel de la Montaña, en los días siguientes al 18 de julio de 1936, los integrantes de las Milicias Antifascistas Obreras y Campesinas (MAOC) de Cuatro Caminos requisan el Convento y Colegio Salesiano de la calle Francos Rodríguez nº 5, del que habían huido los religiosos salesianos temerosos por sus vidas, ante las iras de las milicias populares en respuesta al alzamiento militar contra la República. Tras esta requisa las Milicias se instalan en el mismo, tomando el nombre de Quinto Regimiento.
Aquella tarde Tetuán fue víctima de la aviación fascista. Parte de esta memoria visual se conservó en el conocido como "el archivo rojo" (en referencia al general Vicente Rojo, Jefe del Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa y principal artífice de la defensa de Madrid). Se trata de un conjunto de más de 3.000 fotografías creado por la Junta de Defensa de Madrid con el fin de denunciar los desastres de la Guerra Civil.
En la mañana del miércoles 16 de diciembre de 1936, 31 bombarderos y 25 cazas nacionales fueron avistados en el norte de Madrid. Volaban más bajo que de costumbre.
Los madrileños no tardaron en identificar a parte de los aviones que conformaban la temible formación aérea. Entre ellos se encontraban los bombardeos Junker 52.
Conocidos como las "pavas" o las "tres viudas", por volar en formación de tres, los grandes trimotores alemanes transportaban en su interior bombas de gran peso, con un inmenso potencial destructor. Cuando la escuadra de 20 aviones republicanos ("los chatos") les dio alcance, muchos contemplaron asombrados la intensa batalla aérea entre los cazas de ambas aviaciones que tuvo lugar entonces en el cielo de Madrid.
Los vecinos de Tetuán tenían otra tarea más urgente que llevar a cabo: buscar a sus familiares y amigos entre los escombros de sus viviendas y calles.
![]() |
| Bombardeo de Tetuán |
Durante la Guerra Civil la plaza de toros se utilizó como depósito de pólvora. Una degradación que llevó a que en agosto de 1936, se produjese una enorme explosión que la destruyó por completo. En el abandono estuvo hasta los años 80, cuando se erigió en el solar un edificio de viviendas en forma de U, en el 297 de Bravo Murillo. Pese al paso del tiempo, y a la desaparición de muchos de los que entonces asistieron a tardes de gloria taurina en Tetuán, no son pocos los que aún hoy se refieren al lugar como “la plaza de toros”.
![]() |
| Plaza de Toros de Tetuán |
Las imágenes y la información del bombardeo tuvieron un eco importante en la sensibilidad artística y obra de varios pintores. Entre ellos, en Picasso.
Para la composición de la viñeta 17 del grabado Sueño y mentira de Franco, expuesto junto al Guernica en el Pabellón Español de la Exposición Internacional de París de 1937, el pintor malagueño se inspiró en una de las sobrecogedoras fotos del bombardeo de Tetuán, en la que el cuerpo de una mujer y su hijo sobresalen entre otras víctimas (Moreno, 2018).
Picasso no fue el único artista en llevar la huella del bombardeo de Tetuán a la exposición de 1937. Los pintores Jesús Molina García de Arias y Santiago Pelegrín mostraron en la capital francesa sus respetivas obras: Madrid, Tetuán de las Victorias y Bomba en Tetuán. La primera de ellas forma parte hoy en día de los fondos del Museo Reina Sofía, y la segunda se puede contemplar en el Museo Nacional d'Art de Catalunya.
Tetuán comenzaría a ser tenida en cuenta tras la Guerra Civil con El Plan General de Ordenación Urbana de Madrid debido a su estado de destrucción, convirtiendo el Paseo de la Castellana en eje de unión con el centro y sus alrededores.
Dichos refugios se diseñaron contiguos, con un tamaño de 55 metros cuadrados, puertas blindadas y salidas independientes a unas antecámaras comunes con escaleras de acceso. El muro de contención quedaba justo debajo del altar mayor, protegido por otro muro de hormigón armado.
El refugio estaba pensado para albergar en caso de bombardeo a los 70 miembros de la congregación (más otros 30 “habitantes eventuales”). El proyecto, quizá poniendo paños calientes, especificaba que en caso de producirse un bombardeo “habiendo gran número de feligreses en el templo”, estos podrían escapar por una de las cuatro salidas de la iglesia a la calle para dirigirse al refugio más cercano.
Usera
Surgido durante los años 1920 y 1930 gracias a la iniciativa inmobiliaria del coronel Marcelo Usera, militar y hombre de negocios, propietario de parte de los terrenos entre el río y el por entonces municipio de Villaverde, el nomenclátor de 1930 registraba una población de 2103 habitantes, la mayor parte de los cuales eran obreros y pequeños artesanos, y 648 edificios, repartidos entre viviendas modestas y diversas instalaciones industriales establecidas hacia el este, aprovechando la proximidad de la línea férrea hacia La Mancha y Andalucía, y de la carretera a San Martín de la Vega.
Durante la Segunda República, el gobierno municipal, a iniciativa de Máximo Carazo, emprendió una serie de actuaciones para la creación de las infraestructuras como alcantarillado y empedrado de calles, y servicios básicos, con el suministro de agua y electricidad y particularmente, el transporte que quedó asegurado por la línea de tranvía Usera-Legazpi-Plaza de Cibeles y la de autobús con la calle de Toledo.
El barrio de Usera antes del golpe de estado de julio del 36 era un enorme terreno dedicado a la agricultura de secano (trigo y cebada), con algunos parajes habitados y aislados de casas bajas con huertas abastecidas con norias. El terreno pertenecía en parte al municipio de Villaverde, al de Carabanchel y al de Madrid. Existía un basurero y un quemadero de basuras. Como el resto de la periferia madrileña Usera creció sin ninguna norma urbanística, sin infraestructuras básicas. Con la Segunda República se denominó como barrio de Usera a todo este sector, se llevaron a cabo las obras de alcantarillado, alumbrado, pavimentación, etc. y se inició la construcción de las llamadas casas baratas y el grupo escolar Marcelo Usera. Había un autobús que unía el barrio con la calle Toledo y un tranvía hasta Cibeles. La mayor parte de las calles ya estaban abiertas antes de la guerra, aunque todavía quedaban muchos solares sin construir. Usera fue prácticamente destruida en la guerra civil.
En la batalla de Madrid iniciada en noviembre de 1936, la línea del frente vino a constituirse en el corazón mismo del barrio, en el emplazamiento elevado de la llamada colonia del Zofío, a unos centenares de metros del río, quedando luego estabilizada por ambos bandos mediante la construcción de trincheras y fortificaciones en los edificios, la mayoría de los cuales quedarían derruidos tras los años de contienda.
Usera funcionó como una zona de primera línea de guerra tras la Batalla de Madrid, con combates intensos en zonas como el Vértice Blanco y pradolongo, bajo el mando republicano de unidades como la 36 Brigada Mixta.
El Frente de Usera fue un episodio bélico de la guerra civil española ocurrido durante la defensa de Madrid ubicada en el distrito madrileño de Usera. El frente era una extensión de terreno que iba desde Carabanchel hasta Entrevías e inicialmente defendida por el Comandante Líster y Valentín González, 'El Campesino'. El objetivo principal de los atacantes era la entrada a Madrid por Moncloa, produciéndose un fuerte combate en la zona de la Ciudad Universitaria de Madrid, pero el frente se extendía a lo largo del tramo urbanizado del río Manzanares. A pesar de ser un objetivo secundario el frente de Usera tuvo una fuerte actividad desde el 8 de noviembre de 1936. Durante el transcurso de la batalla, ya en el año 1937, se produjeron ejecuciones como las del Túnel de la Muerte, llevadas a cabo por efectivos de la 36.ª Brigada Mixta del Ejército Popular.
El "Túnel de la Muerte" de Usera fue un lugar de detención y asesinato de al menos 70 personas entre 1937 y 1938, situado en la línea de frente de la Guerra Civil en Madrid. Investigaciones de GEFREMA han documentado esta zona, marcada por intensos combates, y sus rutas suelen visitar vestigios del frente en Usera y el Parque Lineal del Manzanares.
![]() |
| Túnel de Usera |
Municipios anexionados a Madrid tras la Guerra
Madrid tras la Guerra Civil (1939) vivió una profunda transformación marcada por la destrucción, la escasez y una expansión descontrolada hacia la periferia. Entre 1948 y 1954, trece municipios limítrofes (como Carabanchel, Vallecas, Chamartín, Hortaleza y Barajas) fueron anexionados para absorber el crecimiento poblacional, incrementando la superficie de la capital casi un 800%
Hortaleza
El 12 de abril de 1931 se celebraron elecciones municipales en España, que desencadenaron en el fin del reinado de Alfonso XIII y la instauración de la Segunda República Española. Los partidos republicanos consiguieron mayoría en 43 de las 52 capitales de provincia. Madrid no fue una excepción, ganando en votos la candidatura republicana a la monárquica en los 10 distritos electorales en los que estaba dividida. En Hortaleza, como en el resto de municipios, se nombró una Comisión Gestora Municipal Republicana hasta la convocatoria de las nuevas elecciones el 20 de abril de 1931. De ellas salió elegido alcalde Rafael Ortega López. Su mandato se caracterizó por las dificultades que existían por el paro obrero, el problema con el suministro de agua y los conflictos con la iglesia. En esta época se construye el lavadero municipal de la actual calle Mar de Kara que aun conservamos en perfecto estado. En las elecciones municipales de 1933 fue de nuevo elegido Rafael Ortega López, aunque dimitió posteriormente siendo sustituido por Jonás Aragoneses Molpeceres, que a su vez presentó su dimisión, resultando elegido Andrés Molpeceres Barceló.
Tras el cambio de gobierno nacional con la llegada del ejecutivo conservador fue destituido el alcalde debido a la participación del pueblo de Hortaleza en la Huelga General Revolucionaria de 1934, siendo nombrado por el Gobernador Civil Mariano Morales de la Fuente. No obstante Andrés Molpeceres volvió a ocupar la alcaldía con el nuevo gobierno nacional del Frente Popular resultante de las elecciones generales de 1936, que decidió restituir a los representantes municipales previos a la destitución de 1934.
Fue escenario de combates y retaguardia republicana, destacando el asesinato del secretario municipal en 1936, la incautación de conventos, y fuertes enfrentamientos internos en marzo de 1939 en la Huerta de la Salud
Carabanchel
El 6 de noviembre las tropas nacionales del general José Enrique Varela entraron y ocuparon Carabanchel Alto, provenientes de Leganés y Alcorcón. Las escasas milicias republicanas estaban concentradas principalmente en los alrededores del Instituto San José, y en pequeñas trincheras en la entrada de la actual Avda. de Carabanchel Alto. Fueron vencidas fácilmente por las fuerzas nacionales. Debido a este avance, el presidente del gobierno de la II República, Largo Caballero, decide trasladar el Gobierno a Valencia.
Las primeras víctimas de la guerra civil en Madrid son en Carabanchel (1936)
La primera víctima registrada en Madrid de esta guerra civil lo será en Carabanchel: el teniente coronel Carratalá, oficial al mando del 1º Batallón de Zapadores, con base en este lugar. El 19 de julio de 1936, el teniente coronel Carratalá empezó a organizar la entrega de armamento de su batallón a las milicias socialistas para preparar la defensa ante el golpe. Sobre las 4:00 se presentó en el cuartel de Carabanchel Enrique Puente, jefe de la Brigada Motorizada, con tres camiones conducidos por milicianos socialistas. Cuando los soldados del depósito de armas empezaron a cargar los fusiles a los camiones, aparecieron varios capitanes y tenientes que, pistola en mano, impidieron la carga. Uno de los soldados buscó inmediatamente a Carratalá, que estaba en su despacho, e instantes después el teniente coronel, también pistola en mano, recriminó a los oficiales. Empezó así una acalorada discusión en la que Carratalá intentó imponerse como jefe de la unidad y llamó traidores a los sublevados. Acto seguido ordenó a los soldados que se encontraban allí que detuvieran a los capitanes y tenientes. En esos momentos empezó un tiroteo entre los oficiales rebeldes y Carratalá y varios militares leales. En la refriega, que duró más de veinte minutos, cayó muerto Carratalá con varios impactos en el tórax. También murieron el alférez Marcial Gil Gómez, el brigada Francisco Leal y el sargento Valentín González. Por parte de los oficiales rebeldes resultaron heridos graves los capitanes Becerril, Pelegrí y Herráiz. Fue un tiroteo fundamentalmente entre oficiales: los soldados y cabos que presenciaron la refriega estaban atónitos y no participaron.
El día siguiente a la sublevación militar del bando nacional, el 19 de julio de 1936, el Teniente Coronel Carratalá empezó a organizar la entrega de armamento de su batallón, sede del Regimiento de Zapadores de Carabanchel a las milicias socialistas. Entonces aparecieron varios oficiales que impidieron la entrega del armamento. El Teniente Coronel Carratalá recriminó a los oficiales. Empezó así una acalorada discusión en la que Teniente Coronel Carratalá ordenó a los soldados que detuvieran a los oficiales. En esos momentos empezó un tiroteo entre los oficiales y varios militares leales al Teniente Coronel Carratalá, muriendo el Teniente Coronel Carratalá. También murieron en el tiroteo el alférez Marcial Gil Gómez, el brigada Francisco Leal y el sargento Valentín González. Por parte de los oficiales contrarios a la entrega de armas, resultaron heridos graves los capitanes Becerril, Pelegrí y Herráiz. Fue un tiroteo fundamentalmente entre oficiales. Los soldados y cabos que presenciaron la refriega estaban atónitos y no participaron de ninguna manera en la pelea.
Según el historiador Hugh Thomas «los comunistas la Pasionaria y (el general) Líster acudieron al cuartel de infantería nº 1 y consiguieron ganar a los soldados, bastante escépticos al principio, para la causa del gobierno (republicano)».
A media mañana del 19 de julio un avión dejó caer una bomba en el cuartelillo de la Guardia Civil situada cerca de la Fundación Instituto San José, matando a una persona e hiriendo a tres.
El 20 de julio de 1936, y tras la escaramuza de Carabanchel, se realizó un ataque contra el Cuartel de la Montaña y que fue uno de los episodios más relevantes de la Guerra Civil en Madrid.
Entre el 18 de julio y el 6 de noviembre Carabanchel estuvo dominio republicano. Se organizó el Regimiento Primero de Mayo de los Carabancheles que condujo a numerosos milicianos del pueblo al frente de la guerra para defender Madrid del inminente ataque de las fuerzas sublevadas. Tuvo un órgano de difusión, el boletín ¡Salud!.
El 20 de julio de 1936 los milicianos asaltaron, saquearon e incendiaron el Seminario Salesiano de Carabanchel Alto, e hicieron prisioneros a los profesores y alumnos encerrándoles en el Ayuntamiento de Carabanchel Alto antes de que algunos de ellos fueran fusilados. El Seminario Salesiano fue destinado a Cuartel de Milicias Republicanas. La iglesia de San Pedro también fue saqueada y en el incendio desaparecieron sus archivos.
Las escuelas públicas de Carabanchel Alto fueron convertidas en cárcel, allí los Guardias de Asalto protegieron a los detenidos de la violencia de los incontrolados, hasta que fueron puestos en libertad cuatro días más tarde.
El 21 de julio de 1936 los milicianos asaltaron y destruyeron la iglesia y el convento de las Clarisas. El alcalde de Carabanchel Bajo, Atilano Brell, pudo trasladar a alguna de las Hermanas a casa de sus familiares.
También fue incendiada la iglesia de San Sebastián Mártir, desapareciendo retablos, tallas y el archivo parroquial. La Escuela de Reforma Santa Rita fue saqueada y cinco de sus religiosos fusilados.
La formación de un comité en Carabanchel Alto para la defensa de la República y los avances de las fuerzas franquistas hacia Madrid, posibilitó que algunos militantes republicanos en coches con las siglas UHP-CNT cometieran tropelías por Carabanchel Alto y los pueblos cercanos.
El 29 de julio tres coches con milicianos armados se presentan en la Fundación San José e interrogan a los religiosos sobre la ocultación de armas en el edificio. Los milicianos se retiran tras registrar la casa y sin encontrar ningún arma.
El 10 de agosto fue fusilado el capellán de las Hermanitas Pobres de Carabanchel Alto por oficiar misa a pesar de la prohibición.
El 29 de agosto se presentó en la Fundación San José el alcalde de Carabanchel, su secretario y varios milicianos armados. Se incautaron de los libros de contabilidad, las escrituras y el dinero existente en la casa. El alcalde dijo a que todos religiosos tenían que marcharse de allí. Algunos de ellos se refugiaron en casas de sus familiares, pero otros se quedaron. El 1 de septiembre llegaron tres coches con milicianos armados y una camioneta vacía. Se llevaron a doce religiosos. Antes de arrancar se acercó un guardia civil del puesto «Las Piqueñas» al teniente de asalto para preguntarle «dónde eran conducidos los Hermanos y con qué orden», y le contestó que por orden del Comité iban conducidos a la Dirección de Seguridad. Fueron fusilados en un lugar denominado «Charco Cabrera», cerca de Boadilla del Monte.
Los anarquistas de Carabanchel y el cambio de Gobierno de Largo Caballero (1936)
El 5 de noviembre de 1936 una unidad anarquista se amotinó en Carabanchel, asesinando a sus jefes y dándose a la fuga. Este hecho, unido a más circunstancias, motivó que esa misma tarde del 5 de noviembre de 1936, Largo Caballero hiciera una remodelación del Gobierno de la República otorgando a los anarquistas cuatro Ministerios.
El General Varela, general del bando nacional, había tomado Getafe el 4 de noviembre de de 1936, lo que le permitió avanzar y tomar Carabanchel el 5 de noviembre de 1936, y con él los arsenales, el aeródromo de Cuatro Vientos y el hospital militar. Fuertes contingentes de milicianos republicanos se habían concentrado en los alrededores del Instituto San José, esperando la llegada de las tropas nacionales. el comandante de las milicias ordena la evacuación del Instituto, pero el doctor Rafael Cutanda incita a todo el personal y enfermos a mantenerse ocultos y resguardados en los sótanos de los pabellones. La madrugada del 6 de noviembre las tropas nacionales, procedentes de Leganés y Alcorcón, llegan al Instituto San José. La resistencia de las milicias es escasa, mueren muchos milicianos y su comandante en el Pinar de San José. También aparecen muertos trece enfermos del Instituto que son enterrados en una fosa cerca de la portería el 10 de noviembre.
Este avance hasta las puertas de Madrid hace que Largo Caballero decida trasladar el Gobierno de la República a Valencia.
El 6 de noviembre el general Varela ocupa Carabanchel Alto con todas sus instalaciones militares y las tropas nacionales alcanzan la línea Cerro de los Ángeles-Carabanchel-Villaverde, a sólo seis kilómetros de Madrid. Los generales Asensio, Fernando Barrón, Castejón y Delgado Serrano lanzan un ataque por Villaverde y Carabanchel, pero no consigue avanzar hasta el Manzanares ni atravesar la línea defendida por los generales republicanos: Escobar sobre la carretera de Extremadura, Cipriano Mera (que luego sería encarcelado en Santa Rita), Bueno en la Marañosa y Líster en la carretera de Andalucía. El 6 de noviembre el General Varela también tomó la Casa de Campo.
Los días 8 y 9 de noviembre las tropas de Franco llegaron hasta la Casa de Campo, el Hospital Militar y la plaza de Vista Alegre. Las tropas nacionales contaban en Carabanchel, en noviembre de 1936, con 10 columnas compuestas por 14000 hombres y 18 piezas de artillería. Las republicanas con 7 columnas, 24400 hombres y 45 piezas de artillería.
Madrid resistió bajo el lema: «no pasarán» estabilizándolo.
Chamartín de la Rosa
Chamartín de la Rosa fue el primero de los municipios absorbidos entre 1947 y 1954. Al estallar la guerra se creó en Chamartín el Regimiento de la Rosa, y los socialistas formaron el Regimiento 2 de mayo. Los comunistas de la Quinta Brigada del Ejército republicano tomaron como cuartel el colegio de los Salesianos, con Enrique Líster.
Está documentado que la sede del Ayuntamiento de Chamartín de la Rosa, hoy Junta Municipal de Tetuán en la calle Bravo Murillo, fue uno de los siete edificios que fueron utilizados como checa en el antiguo municipio
Vallecas
Vallecas fue un punto estratégico clave y un bastión obrero de la resistencia republicana durante la Guerra Civil Española (1936-1939) en Madrid. Sufrió intensos bombardeos, destacando la icónica casa de la calle Peironcely 10 fotografiada por Robert Capa, y albergó un campo de concentración en su estadio al final de la contienda.
Vallecas, que desde principios del siglo XX había recibido a muchos inmigrantes procedente de Andalucía y de Castilla-La Mancha, tenía una fuerte presencia de movimientos políticos de izquierda, que jugaron un importante papel en las elecciones de 1931. Fernández García estudia el desarrollo de estas organizaciones de izquierda durante los años de la guerra y la decisiva posición estratégica del barrio a comienzos de la misma.
El Puente de Vallecas, Doña Carlota y Nueva Numancia no sufrieron, en general, grandes destrozos en sus edificios a causa de los bombardeos, como sucedió en otras zonas de Vallecas que estaban en primera línea de frente. La gente se solía refugiar en los sótanos de las viviendas o en el Metro, donde cayó una bomba que destruyó parte del túnel donde se refugiaba un buen número de personas. Desde el Cerro de los Ángeles eran constantes los lanzamientos de proyectiles hacia Vallecas y alrededores; por las noches las personas no encendían ninguna luz ante el temor de ser blanco del enemigo.
Las zonas más afectadas, al estar cerca del frente, fueron el Pueblo de Vallecas y el barrio de Entrevías, que quedó completamente destruido, siendo un mar de escombros junto con el Pozo.
Vicálvaro
Durante la Guerra Civil, Vicálvaro está situado en zona republicana, que deja su huella con la construcción de búnkers y trincheras entre Ambroz y Vallecas, de los que aún se conservan algunos restos. También se instalaron refugios subterráneos en diversas partes del pueblo. Varios vecinos fueron ejecutados durante y después de la contienda civil y gran parte del patrimonio artístico destruído.
coronel jefe del Regimiento de Artillería Ligera —cuerpo instalado en el acuartelamiento de Vicálvaro desde fines de 1930—, Manuel Thomas Romero, ordena el acuertelamiento, comunicando a los oficiales y suboficiales su intención de sumarse al levantamiento, dejando en libertad para abandonar el cuartel aquellos que no quisieran unirse, postura por la que optaron algunos oficiales y la mayoría de los suboficiales.
El 18 de julio el acuartelamiento de Vicálvaro se unió a los de Getafe, Alcalá y Campamento, apoyando el levantamiento militar iniciado por Franco.
La reacción del pueblo no se hizo esperar y pronto comenzaron a llegar paisanos armados de Vicálvaro y alrededores (Coslada y Vallecas), para oponerse a la sublevación militar. En el cuartel, los soldados se dispusieron rápidamente a ello, instalando ametralladoras en posiciones estratégicas: dos encima del edificio de las oficinas, una en cada esquina del tejado y otra en el extremo del último patio.
El día 19 había fracasado el intento de insurrección en los cuarteles de Getafe, Alcalá y Campamento, que se rindieron a las fuerzas republicanas. En Vicálvaro, mientras, el cuartel seguía cercado por milicianos y guardias de seguridad.
Ese mismo día apareció un avión que atacó el cuartel, lanzado dos bombas, que alcanzaron a un artillero y a un cabo, causándoles a ambos heridas leves. El objetivo del avión fue posiblemente el polvorín, instalado en el primer patio de forma provisional. El ataque aéreo lo repelió el fuego de la ametralladora, que hizo blanco, obligando al avión a retirarse.
El día 20, el coronel Manuel Thomas, al enterarse de la toma del cuartel de la Montaña decidió rendirse. A la 1 de la tarde llegaron los camiones de los guardias de asalto para detener a los responsables de la sublevación y llevarlos a la cárcel Modelo.
A esa misma hora se produjo un nuevo ataque de la aviación, resultando muerto un conductor de uno de los camiones. Mientras, las gentes del pueblo corrían hacia el cerro Almodóvar y las fincas colindantes para protegerse de lo que creían era el comienzo de un bombardeo.
El coronel Manuel Thomas Romero (ver fe de erratas), el teniente coronel Rafael Angulo Varela y el comandante Jesús Alvarez de Villamil fueron detenidos y posteriormente fusilados.
día 4 de noviembre el presidente del Gobierno republicano, el socialista Largo Caballero, ordenó acantonarse en Vicálvaro y Vallecas a la XI Brigada Internacional, antes de entrar en combate en el frente de Madrid, amenazado por el Ejército del general Franco, que se hallaba a las puertas de la capital. La XI Brigada, organizada en Albacete el 22 de octubre de 1936, estaba compuesta por tres batallones:
Edgar André, formado por alemanes y austriacos.
Commune de París, por franceses y belgas.
Garibaldi, italianos.
Aunque el pueblo de Vicálvaro no sufrió ningún bombardeo, su cielo fue escenario de frecuentes combates aéreos y vio abatirse contra su tierra numerosos aviones. Un caza ruso cayó en el cerrillo del camino de Vallecas; otro italiano fue abatido cerca de la actual plaza de la Vicalvarada. El hecho que más transcendencia tuvo fue el de un junker 52 alemán, que fue tocado en el cielo de Atocha y vino a estrellarse en nuestras tierras, muriendo todos sus ocupantes. En este avión viajaba el único comandante de la Legión Condor: Friedrich Haerle, que morirá en la acción, como sus tripulantes: un teniente, dos suboficiales y dos sargentos.
Final de la contienda
27 de febrero de 1939. Los gobiernos de Gran Bretaña y de Francia reconocieron oficialmente al de Franco y Manuel Azaña, que había pasado ya a Francia tres semanas antes, dimitió como presidente de la República.
Y lo hizo dirigiendo una carta al presidente de las Cortes de la República, Diego Martínez Barrio, un documento histórico excepcional:
"El reconocimiento de un Gobierno legal en Burgos por parte de las potencias, singularmente Francia e Inglaterra, me priva de la representación jurídica internacional para hacer oír de los Gobiernos extranjeros, con la autoridad oficial de mi cargo, lo que no es solamente dictado mi conciencia de español, sino el anhelo profundo de la inmensa mayoría de nuestro pueblo. Desaparecido el apartado político del Estado, Parlamento, representaciones superiores de los partidos, etc., carezco, dentro y fuera de España, de los órganos de Consejo y de acción indispensables para la función presidencial de encauzar la actividad de gobierno en la forma que las circunstancias exigen con imperio. En condiciones tales, me es imposible conservar ni siguiera nominalmente mi cargo al que no renuncié el mismo día que salí de España porque esperaba ver aprovechado este lapso de tiempo en bien de la paz.
Pongo, pues, en manos de V.E., como presidente de las Cortes, mi dimisión de presidente de la República, a fin de que se digne darle la tramitación que sea procedente"
Era la última expresión de dignidad del político vencido, de quien buscaba, sin conseguirlo, "una paz en condiciones humanitarias, para ahorrar a los defensores del régimen y al país entero nuevos y estériles sacrificios"
Y frente a él, el vencedor, Franco, los militares, las autoridades civiles y la Iglesia católica con su "rendición sin condiciones", el aniquilamiento del régimen republicano y de sus partidarios.
Azaña murió en el exilio, el 3 de noviembre de 1940; Franco, en la cama de un hospital, cerca de su casita de El Pardo, 35 años después.
Siguió un mes frenético donde Madrid, como en 1936, volvió a ser el centro de todas las miradas. En esta ocasión la batalla de Madrid no fue entre leales y sublevados, sino en el seno del bando republicano. Un bando desarticulado en bandas, enfrentadas después de casi tres años de guerra, mermadas por las intrigas, la desconfianza, el agotamiento y la desesperanza. Durante casi una semana los combates entre casadistas y comunistas fueron muy duros. Desde Alcalá de Henares, el coronel Luis Barceló se subleva el 6 de marzo contra Casado. El enfrentamiento alcanza su máxima intensidad el día 10 en Madrid, y el día 12 las fuerzas comunistas, acorraladas en Nuevos Ministerios, se rinden. Pocos días después el Partido Comunista reconoce la autoridad de la Casado. Fueron jornadas sangrientas, aunque el cálculo de bajas, incluido el coronel Barceló, ejecutado por orden de Casado, difiere entre los dos centenares y los 2.000 de algunas fuentes.
Se impuso a continuación en Madrid una calma fúnebre mientras proseguían los contactos con el enemigo. Pero el diálogo resultaba infructuoso. Franco exigía la rendición incondicional. El 23 de marzo acuden a Burgos el teniente coronel Antonio Garijo y el comandante Leopoldo Ortega para proponer una moratoria de un mes para la evacuación y una rendición escalonada de los republicanos. La respuesta será un ultimátum: entrega de la aviación en 48 horas y rendición y entrega de armas del ejército de tierra en cuatro días.
El coronel Prada, sucesor de Casado al frente del Ejército del Centro, fue el encargado de entregar la plaza de Madrid. Lo hizo el 28 de marzo junto a las ruinas del Hospital Clínico, en las trincheras de la Ciudad Universitaria, ante el coronel Eduardo Losas, jefe de la 16ª División franquista, mientras los generales Menéndez y Escobar aguardaban en sus puestos para entregar la fuerza, asumiendo la rendición incondicional.
Madrid que tan bien resistió, fue entregada por la traición de un golpe de Estado interno en 1939, que pretendía negociar la rendición con Franco. La Junta de Casado, Mera y Besteiro, quebraron la estrategia de resistencia de Negrín que estaba convencido de que, más pronto que tarde, estallaría el conflicto europeo y de esta forma se ligaría la suerte de la República Española a la de las democracias europeas. No se equivocaban en el análisis: seis meses después, con la invasión nazi de Polonia el 1 de septiembre de 1939, comenzaría la que sería la Segunda Guerra Mundial. Pero en España ya había llegado la victoria, no la paz.
que dieron su vida por defender la libertad,
uno de los ideales más bellos
por el que el ser humano debería luchar
Por las calles y los barrios
Se levantan barricadas
Donde se organizan los proletarios
con banderas rojas, amarillas y moradas
No pasarán vuelven a gritar
eterno grito de lucha y resistencia
sinónimo de rebeldía y desobediencia
eterna batalla por librar
porque la única lucha perdida es la que se abandona
porque la sangre es el carburante de la historia
porque no olvidamos, tenemos memoria
porque los nietos de los obreros no perdonan
por todos aquellos que buscan a sus familias que bajo el suelo están
donde reposan sus huesos mutilados bajo las losas de la necedad
todos aquellos que fueron ellos presos y fusilados al alba gritando NO PASARÁN
siempre estarán en nuestra memoria, su legado y memoria pervivirá
Recordad siempre la triste verdad
que los herederos de esos asesinos hoy gobiernan el estado
a pesar de que ganaron la guerra ellos nos dirán
humanamente quizás nosotros hayamos ganado
Recordad siempre la triste verdad
que los herederos de esos asesinos hoy gobiernan el estado
a pesar de que ganaron la guerra ellos nos dirán
humanamente quizás nosotros hayamos ganado
Etiquetas: poesia,
5º Regimiento,
cultura política,
historia,
Madrid,
Memoria Histórica,
Personalidades Republicanas,
poemas y textos republicanos,
poesía social y revolucionaria,
pueblos
Suscribirse a:
Entradas (Atom)





.jpg)





.jpeg)

.jpeg)
























.jpeg)


.jpeg)




