, en menos de una semana se tiene constancia de 2.500 fusilamientos civiles. El salvajismo de este general ya había alcanzado fama desde la toma de Sevilla, y quedó patente desde que se hizo con Málaga, por lo que de inmediato cundió el pánico y gran parte de los civiles optaron por huir de los golpistas por la carretera de Almería que bordeaba la costa.
Gonzalo Queipo de Llano, conocido como el General de la Radio, no defraudó. Inmediatamente sus burlas se escucharon por las ondas y el éxodo fue acompañado por la aviación y la marina, 3 buques (Canarias, Baleares y Almirante Cervera).
Nadie creyó que el éxodo voluntario iba a adquirir el carácter de un cataclismo humano desconocido en la historia de Europa. El camino se tornó un infierno bombardeado por los barcos fascistas españoles y los aviones italianos y alemanes. Pronto el camino quedó cubierto de muerte. Norman Bethune.
Al amanecer del día 8 de febrero, llegando a los refugiados a Torre del Mar, donde les esperan otros refugiados de la provincia. Se forma una fila de lado a lado del camino que abarca 30 kilómetros de largo. La carretera discurre junto al mar y ya se contemplan barcos en la costa y aviones que empiezan a bombardearles.
Los cálculos sobre la cantidad de huidos de Málaga son confusos y difíciles. Se calcula que fueron entre 15.000 y 150.000. La acción del ejército franquista sobre los huidos por la carretera de Almería provocó entre 3.000 y 5.000 muertos, la mayoría civiles.
Igualmente, la represión sobre aquellos que habían permanecido en la ciudad fue la más brutal desde la Masacre de Badajoz, en agosto de 1936. El historiador Hugh Thomas calcula en unos 8.000 el número de fusilados y enterrados en fosas comunes como las del cementerio de San Rafael, de los que ya se ha obtenido el nombre de 6100.
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| Queipo de Llano |
Francisco Bastarreche, comandante de El Canarias
Francisco Bastarreche Díez de Bulnes (1877–1957) fue una figura central de la Armada española durante la Guerra Civil Española. Desde el primer día del alzamiento militar del 18 de julio de 1936, se alineó con los sublevados y desempeñó un rol decisivo —y brutal— en la campaña naval del bando franquista. Su nombre quedó ligado a episodios oscuros como el bombardeo de ciudades costeras y su participación en La Desbandá, una de las mayores masacres de civiles del conflicto.
Al estallar la sublevación, Bastarreche estaba al mando del destructor Alcalá Galiano, con base en Marín (Pontevedra). Sin dudarlo, declaró el estado de guerra en la localidad y se autoproclamó alcalde. Coordinó con la aviación rebelde la toma de Pontevedra y ordenó bombardeos sobre núcleos de resistencia republicana en Tuy, Vigo, Noya y Arosa.
Su actuación fue tan contundente que el Gobierno de la República lo expulsó formalmente del Ejército el 26 de julio de 1936.
Bajo su mando, el Canarias se enfrentó al destructor republicano Almirante Ferrándiz el 27 de septiembre de 1936, hundiéndolo en una acción que consolidó la superioridad naval franquista. Posteriormente, el crucero bombardeó ciudades leales a la República como Sagunto, Cullera y Rosas, sembrando destrucción y pánico entre la población civil.
Uno de los episodios más oscuros de su carrera fue su implicación directa en La Desbandá, la huida masiva de civiles desde Málaga hacia Almería en febrero de 1937. Mientras las columnas de refugiados avanzaban por la carretera costera, fueron atacadas sin piedad por tierra, aire y mar.
El crucero Canarias, al mando de Bastarreche, bombardeó desde el mar a miles de civiles desarmados, en coordinación con las tropas del general Queipo de Llano. Se estima que murieron entre 3.000 y 5.000 personas, en su mayoría mujeres, niños y ancianos. Este episodio se considera uno de los crímenes de guerra más graves de la contienda.
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| Francisco Bastarreche |
Salvador Moreno Fernández
Moreno fue un destacado militar franquista, destacando como uno de los líderes de la sublevación golpista contra el Gobierno legítimo de la II República que desembocó en el comienzo de la Guerra Civil. Estaba al mando del Canarias y directamente implicado en la citada barbarie. Fue director del Polígono de Tiro Naval Janer de Marín de 1924 a 1931. Participó en la sublevación de 1936 en el Arsenal de Ferrol, apoderándose del crucero Almirante Cervera con el que bombardeó varias ciudades, entre ellas Gijón.
En julio de 1936, al estallar la Guerra Civil, se encontraba en la Base Naval Principal de Ferrol y se unió al alzamiento contra el gobierno republicano. Tomó el mando del crucero Almirante Cervera, ascendió a capitán de navío y luego comandó el crucero Canarias.
El almirante Moreno es recordado también por sus responsabilidades en 'La Desbandá', la mayor masacre contra la población civil ocurrida durante la Guerra Civil, en el que murieron alrededor de 3.000 personas y 250.000 tuvieron que huir en un duro éxodo. Un episodio cruel que tuvo la Carretera de Málaga a Almería como triste escenario.
Nombrado ministro de Marina en 1939, Moreno desempeñó un papel crucial en la reconstrucción de la Armada tras la Guerra Civil. En agradecimiento a los méritos contraídos, Franco, tras la finalización de la contienda y la victoria del bando 'nacional', nombró en 1939 a Salvador Moreno, ministro de Marina. En esa alta responsabilidad militar, se mantuvo hasta el año 1945, aunque volvería a ostentar el mismo ministerio entre 1951 y 1957.
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| Salvador Moreno |
Norman Bethune, el médico
Henry
Norman Bethune al mismo tiempo que doctor fue un médico innovador que prestó su ayuda y conocimientos a la causa de los que huían en la "Desbandá". Se considera que desarrolló el primer servicio móvil de transfusiones de sangre en España en 1936. También se le conoce además de por sus servicios en la "en la Guerra Civil española por su labor con los ejércitos de China durante la Segunda Guerra Chino-Japonesa. Al estallar la Guerra Civil Española, Bethune aceptó una invitación de la Comisión de Ayuda a la Democracia Española encabezando la Unidad Médica de Canadá en Madrid. Se incorporó al Batallón Mackenzie-Papineau, integrado por militantes comunistas de Canadá .
Bethune nació en Gravenhurst, Ontario, el 3 de marzo de 1890, y llevó una vida completamente dedicada a la medicina socializada y a la revolución. En septiembre de 1909 se matriculó en la Universidad de Toronto, en la facultad de Medicina. Interrumpió sus estudios durante un año en 1911 para incorporarse como maestro voluntario del Frontier College en remotos campamentos madereros y mineros de todo el norte de Ontario, enseñando a los trabajadores inmigrantes a leer y escribir en inglés. En 1914, cuando se declaró la guerra en Europa, volvió a suspender sus estudios de medicina, para servir como camillero en el frente occidental. Allí fue herido por metralla y pasó tres meses de recuperación en un hospital inglés. Cuando se recuperó de las heridas, regresó a Toronto para completar su título de médico, que recibió en 1916.
Bethune fue desinteresándose poco a poco de los tratamientos quirúrgicos y se preocupó cada vez más por el aspecto socioeconómico de la enfermedad. Ejerció como médico en Montreal durante los años de la Gran Depresión, auxiliando con frecuencia a los más desfavorecidos, a los que dio atención médica gratuita. Desafió a sus colegas de profesión y presionó, sin éxito, para que el gobierno realizara reformas radicales en la atención médica y los servicios de salud en Canadá.
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Norman Bethune
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Bethune fue uno de los primeros defensores de la medicina socializada, que formaron el Grupo de Montreal para la Protección de la Salud. En 1935, viajó a la Unión Soviética para observar de primera mano su sistema de atención de salud. Durante ese año se convirtió en un comunista comprometido, y, a su regreso, se afiliaría al Partido Comunista de Canadá.
En 1936, al estallar la Guerra Civil Española, Bethune aceptó una invitación de la Comisión de Ayuda a la Democracia Española encabezando la Unidad Médica de Canadá en Madrid. La idea consistía en crear una unidad médica capaz de almacenar sangre humana, catalogarla por tipos, mantenerla refrigerada y transpórtala al frente de batalla para poder llegar a cabo las transfusiones “brazo a brazo” directamente a los heridos. Este tipo de transfusión ya sabemos no había sido ideada por el doctor canadiense sino por el doctor catalán Frederic Duran i Jordà. Bethune, no obstante, estaba decidido a ponerlo en práctica en todos esos hospitales de campaña en los que la escasez de sangre era un problema letal. Se incorporó al Batallón Mackenzie-Papineau, que estaba integrado por los comunistas de Canadá y otros izquierdistas, y partió para Madrid el 3 de noviembre de 1936.
Bethune había llegado a España el 3 de noviembre de 1936. Independiente y con un punto egocéntrico, pero también muy resolutivo y con un gran sentido de la justicia y el compromiso, pronto dejó huella. A través de anuncios de prensa hace un llamamiento a la población de la ciudad para que donen la preciada sangre. La respuesta, cumpliendo con esa imagen de generosidad y solidaridad inquebrantable que la guerra forjó de la población española, superó con creces las expectativas de la unidad. Desde las primeras horas de la mañana una cola ingente de hombres y mujeres esperaba paciente su oportunidad para ayudar. Sangre no iba a faltarle al doctor Bethune para su iniciativa, lo peor de la jornada fue la indignación de aquellos a los que se les tuvo que decir que sus servicios no eran ya necesarios, que las neveras ya estaban llenas y que no cabían más existencias en aquel piso de la calle Príncipe de Vergara. Creó el Servicio Canadiense de Transfusión de Sangre y aplicó por su cuenta y riesgo un innovador sistema móvil de transfusiones. Primero en los frentes de Madrid; después en el este.
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Norman Bethune
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Para esta segunda fase de su plan, Bethune contaba con el apoyo de un joven arquitecto canadiense llamado Hazen Sise, que se había unido al doctor el 29 de noviembre. Él se encargó del diseño de uno de los grandes protagonistas de esta historia, el camión que había de transportar la sangre y había de dar cobijo a los hombres encargados de la misión.
El “Servicio Canadiense de Transfusión de Sangre” ya contaba con un cirujano y un arquitecto que haría las veces de conductor, pero las largas jornadas de carretera que esperaban al equipo demandaban un tercer elemento, otro voluntario capaz de conducir el camión y dispuesto a viajar sin descanso por los peligrosos frentes de la guerra. Un encuentro casual entre Sise y Worsley propicia a su vez que el 22 de enero el joven británico conozca a Norman Bethune. El doctor le propone al profesor que se una a ellos como conductor. Para Worsley era la gran oportunidad que esperaba para contribuir de alguna manera a la causa que quería defender. La misión que le proponían era humanitaria, no tendría que empuñar un arma, ayudaría pero manteniéndose en los márgenes de esa violencia que tanto odiaba. Así pues, un trío bastante atípico de dos canadienses y un inglés, Norman Bethune, Hazen Sisen y T.C. Worsley, se vuelven a reunir en Valencia el 5 de febrero para iniciar, a lomos de un camión Renault convertido en ambulancia para transportar sangre, una aventura heroica en las carreteras de la Guerra Civil española.
A primeros de febrero de 1937, cuando se entera de que los regulares de Queipo de Llano pretenden tomar Málaga, acude en auxilio de los civiles con su ambulancia llena de sangre y aparatos, junto a Hazen Sise y Thomas Worsley. Para cuando alcanzan Almería, Málaga ya ha caído. Pese a todo, llega a Casteldeferro (Granada), y durante tres días y tres noches transporta decenas de heridos hasta Almería. Fue su ayudante, Sise, quien tomó las fotos que registraron la matanza, y que algunos sitúan entre las inspiraciones del Guernica. Jamás pisó Málaga.
Sería en esta ambulancia que Bethune, su ayudante Size y su treintañero conductor inglés, el aspirante a novelista Thomas Cuthbert Worsley, se pasarían tres días y tres noches haciendo viajes de ida y vuelta en la carretera de Málaga a Almería para ayudar a los huidos. Worsley había viajado a España con el poeta Stephen Spender, a través de quien conoció a Hazen Sise. Los dos vinieron en una misión del Partido Comunista Británico pero también con la esperanza de encontrar a su amante compartido, el prostituto masculino Tony Hyndman, que ya se había unido a las Brigadas Internacionales.
Debemos a Worsley una descripción de cómo fue el camión una vez convertido en ambulancia:
El camión era un artefacto cerrado de dos toneladas. El frigorífico estaba colocado en el otro extremo de la puerta trasera, detrás del asiento del conductor. En cambio, el dínamo y el motor de gasolina estaban cerca de esa puerta trasera, colocados en el centro del camión sobre el chasis. Esta maquinaria era demasiado grande para permitir que las literas que corrían por los costados tuvieran más de medio metro de ancho. Debajo de las literas se encontraban las baterías para el frigorífico, mientras que encima de ellas había cómodos cojines rojos de aire.
A comienzos de 1937, Bethune había preparado planes de llevar sangre hacia la costa andaluza para los combatientes republicanos que se enfrentaban al avance de las fuerzas de Queipo y Roatta. Sise y Worsley llevarían el Renault cargado de sangre para establecer un puesto de transfusión. Bethune vendría en el Ford. Al llegar a Valencia, Bethune fue al cuartel general del Socorro Rojo Internacional donde encontró a Vittorio Vidali y Tina Modotti que estaban allí examinando posibles planes sanitarios para la situación difícil del sur. Sería un encuentro con importantes consecuencias para los refugiados que ya estaban camino a Almería. Vidali, con el pseudónimo del Comandante Carlos Contreras, había sido uno de los principales inspiradores de la creación del Quinto Regimiento. Su compañera “Tina” fue la fotógrafa y actriz italiana Assunta Adelaide Luigia Modotti, amiga de los pintores mexicanos Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros y Frida Kahlo. Afiliada al Partido Comunista, había pasado una temporada en la Unión Soviética con su amante Vidali. Ambos se incorporaron al aparato central del Socorro Rojo Internacional. Trabajaron en varios países, llegando a España a finales de diciembre de 1935. Después de golpe militar de julio de 1936, Tina y la militante comunista Matilde Landa se habían alistado en el batallón femenino del Quinto Regimiento y fueron destinadas al Hospital Obrero. Modotti vivía en el edificio contiguo al de Bethune y tenía su oficina en el piso de arriba. Colaboró con Bethune en la distribución y transfusiones de sangre en Madrid y en los frentes alrededor de la capital
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| Norman Bethune |
Vidali y Modotti informaron a Bethune de que el asalto rebelde a Málaga había comenzado y que sería demasiado arriesgado seguir hacia el sur. La opción más segura habría sido establecer un centro de transfusión de sangre en Valencia pero, a Bethune, esa parecía una idea indigna. Bethune, Sise y Worsley decidieron continuar hacia Málaga. Poco después, llegó a Valencia la noticia de que algunas autoridades civiles habían huido de Almería donde los suministros de agua, gas y electricidad habían sido cortados. El Socorro Rojo decidió enviar un equipo a Almería, encabezada por Matilde Landa y Tina Modotti. Mientras tanto, Bethune abandonó el Ford en Murcia y él, Sise y Worsley en el Renault seguían hacia el sur. Al llegar a Almería en la tarde del día 10 de febrero, encontraron una ciudad hambrienta que había sido bombardeada tanto desde el aire como del mar. En el Gobierno Civil, les dijeron tajantemente que sería demasiado peligroso continuar: “No hay ningún sitio a donde se pueden dirigir. Ni sabemos dónde están nuestras tropas. No habrá nada”. No hicieron caso y después de tomar unas alubias en un hotel, seguían hacía Málaga
A los dieciséis kilómetros tropezaron con una extraña procesión de seres humanos y animales viniendo desde Málaga. Se pararon y Sise tomaba unas fotos que luego se hicieron famosas. Muestran la parte delantera de la caravana no la avalancha espantosa que vino atrás. Al principio, a pesar de las escenas horrendas que presenciaban, Bethune estaba convencido que su misión primordial era llevar la
sangre que transportaban al frente.
"El camión se detuvo bruscamente contra un muro de refugiados y animales. Llenaron la carretera entera. Mujeres gritaron, burros se encabritaron, muchas caras se apretaron contra nosotros, y tan pronto como habíamos llegado a la cima de la colina, el muro de refugiados fue reformado para moverse alrededor del camión. Pero fue la escena de abajo la que nos dejó sin palabras. La llanura se extendía en la distancia hasta donde alcanzaba la vista, y a través de la llanura, donde debería haber estado el camino, se retorcía veinte millares de seres humanos, como una oruga gigante, sus muchos miembros levantando una nube de polvo, moviéndose lenta, pesadamente, extendiéndose desde más allá del horizonte, a través del árido y llano país y hasta las estribaciones de la sierra."
Bethune relató lo que vio en: "Doscientos kilómetros de miseria, […] esta marcha forzada, la más grande, la más terrible evacuación de una ciudad que hayan visto nuestros tiempos. […] venían primero los más fuertes. Los que habrían podido transportar sus cosas en burros, mulas y caballos. Los dejamos atrás, y a medida que íbamos avanzando el espectáculo se hacía más lastimoso. Miles de niños […] niños sin zapatos, con los pies hinchados; niños que lloraban desesperados de dolor, de hambre, de cansancio. Había una mujer de sesenta años que no podía dar un paso más. La sangre de las úlceras de sus piernas hinchadas teñía de rojo sus alpargatas blancas. Muchos viejos abandonaban toda esperanza y, tumbados en la cuneta del camino, esperaban la muerte"
El avance del “Servicio Canadiense de Trasfusión de Sangre” era cada vez más complicado, el vehículo se abría paso lentamente, tocando el claxon para que la aterrorizada gente, que les hacía gestos para que dieran la vuelta, se apartara, incluidos los dispersos grupos de milicianos que conformaban un “ejército de muchachos, derrotados y sin líder”. Pese a la opinión de Worsley, pese a que la muchedumbre seguía aumentando, pese a la presencia de bombarderos enemigos, que hacía que la gente se protegiese en las laderas de la montaña, y pese a que ya empezaba anochecer, Bethune no cejaba en su empeño de continuar hacia Málaga. Hasta que en el kilómetro 12 por fin se detuvo. Era inútil seguir. En medio del torbellino, Bethune intentaba seleccionar los niños que consideraba más necesitados pero en seguida fue abrumado por las mujeres desesperadas. Se llenó la ambulancia y emprendieron el primero de varios viajes a Almería.
En Almería, en el hospital del Socorro Rojo, Matilde Lana y Tina Modotti se hicieron cargo de los niños que les traían Bethune, Sise y Worsley. Luego Modotti le dijo a Vidali que “la guerra es odiosa, pero esta masacre de mujeres, niños y ancianos es el acto más horrible”. De Bethune, dijo: “Era maravilloso, incansable. En lugar de hacer transfusiones de sangre, se preocupó por salvar niños y salvó a cientos de ellos”. Matilde Landa fue designada por el Comité Ejecutivo del SRI para organizar el abastecimiento de alimentos, medicamentos, ropa, alpargatas y la ayuda monetaria. Intentaba reunir familias que habían sido separadas, utilizando la prensa local, la emisora de radio y las distintas oficinas de evacuación. Bajo su dirección, la delegación del Socorro Rojo de Almería atendió a unos 22.000 refugiados, repartiendo unas 500 toneladas de víveres
Cuando hubieron hecho todo lo posible por los refugiados en Almería, Sise y Worsley regresaron a Madrid, mientras que Bethune iba a París para comprar equipamiento adicional de transfusión que se necesitaba. A la vuelta a Valencia, basándose en su diario, escribió su conmovedor relato presencial del éxodo de Málaga que se publicaría como el folleto El crimen del camino Málaga-Almería. Él también reunió a la prensa extranjera para denunciar al mundo los acontecimientos trágicos que había presenciado
Llevábamos de treinta a cuarenta personas en cada viaje, y trabajamos así tres días y tres noches. En el hospital del Socorro Rojo Internacional de Almería, los refugiados recibían atención médica, alimento y ropa. Al incansable esfuerzo de los conductores del camión, Hazen Sise y Thomas Worsley, se debe la salvación de muchas vidas.
Iban y venían, alternando, día y noche, durmiendo a campo abierto entre los turnos, sin más alimento que naranjas y pan. Oíd ahora el final. Como si no fuese bastante haber bombardeado y cañoneado a esa procesión de campesinos inermes a lo largo de su caminata interminable, el día 12 de Febrero, cuando el pequeño puerto de Almería estaba atestado de gente refugiada, cuando la población se había duplicado, cuando aquellas cincuenta mil personas exangües habían llegado al sitio que creían un abrigo seguro, los aeroplanos fascistas, alemanes e italianos, desataron sobre la población nutrido bombardeo. La sirena de alarma sonó treinta segundos antes de que cayera la primera bomba. Los aviones enemigos no buscaron blanco en los buques de guerra del Gobierno español que estaban en el puerto. Deliberadamente arrojaron diez bombas en el centro mismo de la ciudad, en la calle principal, donde, amontonados en el pavimento, dormían exhaustos los refugiados. Cuando se habían alejado los aviones, levanté del suelo los cadáveres de tres niños que habían estado tres horas de pie en una cola frente al Comité Provincial de Evacuación, esperando su ración de una taza de leche condensada y un pedazo de pan, único alimento disponible. La calle parecía un degolladero, con los muertos y los agonizantes, alumbrado por las llamas de los edificios que ardían. En la oscuridad, los quejidos de los niños heridos, los gritos de las madres agonizantes y las maldiciones de los hombres, se alzaban en un lamento de masa basta hacerse intolerable. Sentía yo el cuerpo pesado, como el cuerpo de los muertos, pero hueco y vacío, y en mi cerebro se encendía una llama de odio. Aquella noche fueron ametrallados, desde los aeroplanos, cincuenta paisanos, y hubo más de cincuenta heridos. Murieron dos soldados
Lo que no dijo Bethune en su alegato es que cuando Sise conducía de regreso a Almería, él y Worsley caminaron entre los refugiados; y cuando Worsley conducía, Bethune volvía a caminar, un cuerpo exhausto más en la columna de personas desesperadamente cansadas y hambrientas. La segunda noche, Bethune y Sise llevaron un camión lleno de niños a un sanatorio en las afueras de Almería. Habiendo caminado tanto tiempo desde Málaga, y con tanto miedo, los niños se derrumbaron.
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La estatua de Norman Bethune en Torre del Mar
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Cuando no apareció nadie para alimentarlos, Bethune se puso furioso. Él irrumpió en la cocina, dio órdenes al personal y, con Sise, llenó unas cacerolas inmensas y grandes con toda la leche disponible, las calentó y tiró dentro todo el pan que pudo encontrar, maldiciendo a todos a la vista. Aparecieron cuencos y cucharas. Bethune alimentó a los niños, Sise encontraba la manera de acostarlos y luego volvieron los dos a la carretera para buscar más
Bethune regresa entonces a Madrid, donde edita en inglés, francés y español el librito con las fotografías de su terrible experiencia en la carretera, y vuela a Canadá en mayo de 1937 para recaudar fondos para la República. En esa gira muestra los horrores del fascismo con su libro y un documental, Corazón de España.
"España es una herida en mi corazón. Una herida que nunca cicatrizará. El dolor permanecerá conmigo, recordándome siempre las cosas que he visto...", les dice a sus compatriotas.
"Era un médico muy prestigioso y decidió abandonar su brillante carrera para luchar en favor de la República y contra el fascismo", cuenta Jesús Majada, biógrafo español de Bethune, que añade: "Montó todo el aparataje que llevaba para hacer transfusiones de sangre. Subió a muchos niños y los llevó a Almería. Estuvo haciendo viajes de ida y vuelta durante tres días y tres noches".
Hazen Sise
Hazen Sise, conductor de Norman Bethune se convirtió en un testigo clave del crimen malagueño. Arquitecto y fotógrafo por accidente, sus instantáneas más importantes las hizo en la carretera Málaga-Almería junto a Norman Bethune durante 'La Desbandá'
Cuando estalló la Guerra Civil, Hazen Sise decidió unirse al equipo del Dr. Norman Bethune, en Madrid. Sise fue nombrado entonces jefe de recaudación de fondos para el Comité de Ayuda a la Democracia Española. Se incorporó, junto al escritor inglés Thomas Worsley, como ayudante de Bethune en la Unidad de Transfusión de Sangre de Canadá para apoyar a las fuerzas republicanas.
Hazen Sise conducía la ambulancia en la que se desplazó el equipo médico, dirigido por Norman Bethune, desde Valencia hacia Málaga, pero sólo pudieron llegar hasta Castell de Ferro, en la costa granadina. Su objetivo era socorrer a la población civil que estaba siendo masacrada. Más de 150.000 personas, según el diario de Norman Bethune, salieron huyendo de la capital malagueña, cuando fue tomada por las tropas de Queipo de Llano.
Hazen Sise se transformó en fotoperiodista inesperado documentado la huída desde la población malagueña. La cámara fotográfica de Sise nos ha dejado un documento histórico imprescindible contra los bulos de los negacionistas, para que nadie pueda cuestionar jamás la masacre de La Desbandá.
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| Hazen Sise |
T.C. Worsley
La noche del 10 de febrero de 1937 un británico llamado T.C. Worsley trataba de conciliar el sueño en un establo situado en la carretera que une las ciudades españolas de Málaga y Almería. Pese a la terrible jornada vivida y el cansancio extremo, dormir se hacía imposible. No sólo por causa de la incomodidad del lugar sino, sobre todo, por los llantos y lamentos de los cientos de niños, mujeres y hombres que compartían con él el agotamiento, terror y desesperanza de esa larga noche. Cómo este joven profesor dio a parar a un país extranjero devastado por la barbarie de la guerra y cómo se convirtió en involuntario héroe de uno de los sucesos más dramáticos de la misma, es un relato trágico y fascinante al mismo tiempo
Un encuentro casual entre Sise y Worsley propicia a su vez que el 22 de enero el joven británico conozca a Norman Bethune. El doctor le propone al profesor que se una a ellos como conductor. Para Worsley era la gran oportunidad que esperaba para contribuir de alguna manera a la causa que quería defender. La misión que le proponían era humanitaria, no tendría que empuñar un arma, ayudaría pero manteniéndose en los márgenes de esa violencia que tanto odiaba. Así pues, un trío bastante atípico de dos canadienses y un inglés, Norman Bethune, Hazen Sisen y T.C. Worsley, se vuelven a reunir en Valencia el 5 de febrero para iniciar, a lomos de un camión Renault convertido en ambulancia para transportar sangre, una aventura heroica en las carreteras de la Guerra Civil española. El 6 de febrero el “Servicio Canadiense de Transfusión de Sangre” comienza su viaje a Málaga, ese mismo día ya había comenzado el asedio de la ciudad por parte del ejército nacional y una nueva tragedia había comenzado.
Con la camioneta totalmente atestada, incluida la cabina del conductor, gente agarrada a los faros, al guardabarros y subidos en el techo, Worsley inició su nuevo viaje hacia Almería. No obstante, la peculiar unidad médica diseñada para transportar sangre al frente parecía haber cumplido su última misión. El motor falló y Worsley tuvo que pedirle a su aterrorizada carga que abandonara el vehículo y explicarles que tenían que esperar pacientemente a que llegara otro camión para recogerlos. Como él mismo cuenta, con la ayuda de una botella de brandy, animando a las madres y gastando bromas a los niños, poco a poco consiguió que todos se tranquilizaran e incluso pudo ver a algunos esbozar una sonrisa. En esa tensa espera es cuando el joven inglés, a través del testimonio de las mujeres, pudo reconstruir que había pasado en las últimas horas:
Todas eran de Málaga, algunas de otros pueblos más lejanos. Habían estado caminando durante tres, cuatro, cinco e incluso seis días, y no habían comido. Todas estaban dando pecho y vi que tenían los pies llenos de ampollas, desgarrados, sangrando, destrozados; algunas apenas se podían mover.
Hablaban rápidamente y con amargura, yo entendía pocas cosas; pero por sus gestos y las palabras que pude entender era suficiente. Sólo los maridos de ellas estaban vivos, pero ellas tuvieron que dejarlos para venir en el camión. El resto habían sido abatidos a tiros en Málaga. Tanto allí como en su huida vivieron un infierno. Fueron bombardeados desde el mar y desde el aire, y después ametrallados. El terror todavía seguía vivo, ardiendo en sus retinas mientras imitaban el traqueteo de las ametralladoras. Primero, suavemente; después, más alto al describir con sus manos a los aviones atacando en picado: intenso y poderosos como sus gestos. Sólo una familia conservaba a todos sus miembros.
La presencia de T.C. Worsley en la carretera Málaga-Almería se prolongaría una noche más. Una noche en vela en la que la camioneta volvió a ser de gran utilidad, no para llevar gente ni material médico sino como refugio contra el frio para todos los niños para los que el profesor de Wellington College se había convertido en involuntario protector y salvador. Al día siguiente, por fin, llegó el camión de auxilio que pudo transportarlos a todos a Almería. Allí les esperaría otra tragedia… pero eso es otra
historia.
«La carretera seguía llena de refugiados, y cuanto más avanzábamos peor era su situación. Algunos tenían zapatos de goma, pero la mayoría llevaba los pies vendados con harapos, muchos iban descalzos y casi todos sangraban. Componían una fila de 150 km de gente desesperada, hambrienta, extenuada, como un río que no daba muestras de disminuir…Decidimos subir a los niños al camión, y al instante nos convertimos en el centro de atención de una muchedumbre enloquecida que gritaba, rogaba y suplicaba ante tan milagrosa aparición. La escena era sobrecogedora: las mujeres vociferaban mientras sostenían en alto a los bebés desnudos, suplicando, gritando y sollozando de gratitud o decepción.« T. C. Worsley, recogido por Paul Preston en El holocausto español.
Gerda Greep
Periodista noruega que trabajó en España durante el otoño invierno de 1936-1937. Su padre era del que fuera presidente del Partido laborista Noruego, Kyrre Greep y su madre la periodista Rachel Greep. Los que la conocieron dicen que era todo lo contrario a una mujer nórdica. Era morena, menuda y de carácter apacible y dulce. Se caso muy joven con Mario Pietro Mascarín y tuvieron tres hijos. Finalmente se divorció de Mario y marchó para España como corresponsal y fotógrafa del periódico del Partido Laborista noruego, Arbeiderbladet. Llegó a Barcelona en octubre de 1936 y fue la primera periodista de la península Escandinava. Se centró en Madrid como todos los reporteros y compartió experiencias de los frentes madrileños con otros periodistas extranjeros, como el escritor Ludwing Renn que tras el II Congreso de Escritores en Defensa de la Cultura se alistaría en las BB.II. y el escritor y piloto de bombardero André Malraux, además de otros periodistas nórdicos a los que prestaba su buenos quehaceres de traductora, profesión en la que había trabajado en Noruega. Durante su estancia en Madrid inició una relación sentimental con el periodista Louis Fischer, muy amigo de Negrín y ardiente defensor de los gobiernos republicanos y que tuvo choques con Koltsov por su interés en contar la verdad de las retiradas en los frentes de primera hora defendidos por milicianos, que la censura republicana y en concreto Koltsov querían ocultar.
Llegados a Málaga el 28 de enero, se alojaron en el dislocado hotel Regina, en una ciudad en trance de cambio de bando, con las autoridades en fuga o pensando en ella, y los partidarios de Franco dentro de la ciudad, crecidos y dispuestos a tomar el sangrante relevo. Gerda visitó el frente, acompañó a Koestler, de quien dice la dejó tirada en una visita a Marbella, en la que la reportera tuve que caminar por su cuenta en zona de guerra hasta que un miliciano en moto que oficiaba de correo se apiadó de ella y la montó de paquete y la retornó a Málaga, donde se puso a escribir el primero de los varios reportajes sobre esta ciudad, que por fortuna pudo enviar a su periódico desde la propia ciudad, suponemos que telefónicamente por alguna agencia de prensa inglesa intermediaria.
Gerda, llegó a Valencia tras contemplar "La desbandá" de la carretera de Motril, reveló sus fotografías, escribió varios artículos que mandó cuando la censura militar republicana se relajó en el asunto malagueño, asunto que le costaría el puesto y un proceso nada menos que al subsecretario del Ejército, general Asensio . Después partió para Barcelona desde donde tomó avión para Bilbao, frente en el que ejerció de reportera al parecer poniéndose en continuo riesgo, especialmente en sus visitas al Cinturón de Hierro. Posteriormente regresó a Madrid y es probable que visitara los frentes durante la batalla de Brunete.
Grepp falleció en 1940, víctima de la tuberculosis. En total, publicó cinco reportajes de su paso por Málaga, escritos en un tono optimista, pues debían publicarse en el periódico del Partido Socialdemócrata y servir a la propaganda antifascista. “Gerda vivió la época dorada de la propaganda. Solo había un ángulo. Era el bien contra el mal y se trataba de ganar la guerra”, explica la autora de En el frente.
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Gerda Greep
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El Socorro Rojo Internacional
La organización cominterniana del Socorro Rojo Internacional (SRI) nacía en Rusia en 1922, como una organización de ayuda a todos los prisioneros políticos sin discriminación de país. La sección española de la cual nos ocuparemos en este texto, tuvo sus comienzos en 1923, cuando, ejerció como organismo clandestino, todavía de diminutas dimensiones, con fines sobre todo de propaganda y oposición política a la dictadura militar de Primo de Rivera. Fue una organización nacida de la necesidad de la internacionalización y, al mismo tiempo, de la difusión de la solidaridad y de propaganda comunista. Estos dos últimos términos –propaganda y solidaridad– se pueden encontrar fácilmente enfrentados y, quizás, hayan dificultado que se le haya dedicado más espacio como una organización autónoma con un destacado papel en la ayuda humanitaria
Con motivo de la toma de Málaga y de su puerto, el 8 de febrero de 1937 los esfuerzos del SR junto con las instituciones estatales, “el Consejo de Sanidad, primero, y el Consejo provincial, más tarde, se volcaron a estructurar la nueva red asistencial”, a la evacuación por la carretera Málaga-Almería y a la asistencia a la población. En Almería el SR abrió un Hospital de Sangre, “instalado en el camino de la estación, antiguo Chalet de Valle, además de múltiples dependencias sanitarias y Asistencia Social”, y atendió “a unos 22.000 refugiados, habiendo repartido más de 500 toneladas de víveres y cantidades en metálico por un valor aproximado de quinientas mil pesetas”.
Sufrió, sin embargo, de una endémica falta de personal médico y enfermero que, a veces, no permitió el adecuado funcionamiento de sus estructuras. El ataque a la capital almeriense el 12 de febrero obligó a trasladar a la “casa-refugio” de Vera al personal médico y a los heridos50, y a evacuar a la población civil. En esta dura realidad se halló María, así como más adelante en el traslado de la población desde Almería y alrededores hacia el arco levantino republicano y Cataluña. Pese a que, por supuesto, el SR no fue el único agente de la acción médica y solidaria, seguramente fue uno de los momentos en los que su intervención destacó ante la urgencia de los evacuados
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El crucero Canarias
El Canarias fue un crucero pesado cuya construcción ordenó Primo de Rivera en 1928. Su botadura tuvo lugar en mayo de 1931 ya bajo la presidencia, paradojas de la historia, de un ministro de la II República, Santiago Casares Quiroga, cuya esposa, para mayor ironía, fue la madrina.
Sin embargo, el buque no entró en servicio hasta septiembre de 1936 ya en plena Guerra Civil y siempre en el bando franquista. Su velocidad de 33 nudos y su imponente artillería, que les permitía efectuar intensos bombardeos sobre la costa, provocaron que tanto el Canarias como el Baleares fueran muy temidos por el ejército republicano y la población civil: «Parecía que ambos podían aparecer en cualquier lugar y en cualquier momento» recoge Paul Preston en El Holocausto Español.
Todavía en aguas del sur peninsular protagoniza otras dos intervenciones decisivas: el 12 de diciembre de 1936 hunde al vapor soviético Komsomol frente a Orán, una acción con repercusión internacional que hizo a los soviéticos más reticentes a utilizar sus mercantes en apoyo a la República. Y el 8 de febrero de 1937 tuvo un papel decisivo en la tarea de sembrar de muertos y heridos la carretera de Málaga a Almería, como vimos. Bastarreche aún era su capitán.
Dejó de serlo poco tiempo después para encargarse de coordinar desde las Baleares acciones contra la retaguardia republicana y su población civil en las costas orientales de la Península. Y en esas operaciones volvió a intervenir el Canarias, que en agosto de 1937 bombardeó las costas de las comarcas alicantinas: el 13 de agosto, Dénia. Dos días después, Alicante.
El del Canarias aquel verano de 1937 fue el primero de los 37 ataques que recibió Dénia durante la contienda. Significó su bautismo de sangre, la pérdida de la inocencia de una ciudad de retaguardia que hasta entonces no se había visto inmersa en ninguna acción bélica. Tuvo además un efecto devastador: durante una hora el crucero disparó cuarenta proyectiles sobre el puerto, la zona de la Caldera del Gas y los alrededores de la ciudad, lo que ocasionó la muerte de tres personas, dos mujeres y un adolescente, así como el hundimiento del vapor SAC.
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| Crucero Canarias |
El crucero Baleares
En la madrugada del 6 de marzo de 1938 buques de la Armada Republicana avistaron a tres cruceros nacionales (entre ellos el Baleares y el Canarias) a 75 millas náuticas al nordeste del Cabo de Palos. El enemigo rehuyó el enfrentamiento a la espera de la luz de la mañana que le permitiera aprovechar su mayor potencia de fuego. Los barcos de la República no desistieron en su persecución y, a pesar de su falta de experiencia en combate nocturno, consiguieron que dos torpedos impactaran en el Crucero Baleares que se hundió con rapidez mientras los otros dos barcos nacionales continuaban su huida.
El 9 de febrero de 1937 centenares de miles de personas, la mayoría ancianos, mujeres y niños, huyen despavoridos por la carretera en dirección a Almería. La ciudad de Málaga acaba de caer en manos de las tropas de Franco y se ha iniciado el que probablemente va a ser el mayor crimen de toda la Guerra Civil.
Jesús Majada publicó en el año 2006 el libro Carretera Málaga-Almería, donde recogió los testimonios de decenas de supervivientes de la masacre que permanecían con vida. Muchos de ellos aún recordaban algunos de los momentos más terribles de su huida, cuando el Crucero Baleares y su buque gemelo, el Canarias, se dirigieron hacia la costa para bombardear a la población civil que huía.
En Torre del Mar, nada más abandonar las últimas casas, en una curva situada a la izquierda del camino, la escuadra comenzó a cañonearnos. Aquello era terrible, los cadáveres en la cuneta, las personas mayores, los niños que llamaban a sus madres y no le podían contestar porque estaban muertas.
Para ellos era como un juego, el tiro al plato contra gente que no podía defenderse. Disparaban contra las rocas, y comprendimos que lo hacían así para que estallasen y nos cayesen las piedras encima o que cortasen la carretera. No teníamos escapatoria, atrapados entre aquellas paredes de roca y los acantilados. Moríamos de hambre, sed agotamiento, ametrallados. Si hay un infierno, aquello era lo más parecido que uno pueda imaginar. Fue un milagro que consiguiésemos llegar a Almería, pero nunca he visto tanta muerte, tanta sangre, tanto desprecio por la vida humana.
Fue horrible, nunca lo olvidaré. Eran militares profesionales, de la Marina o la Aviación contra civiles, ancianos, niños, mujeres, sabían a dónde disparaban. Los pocos soldados que iban con nosotros iban en retirada, desarmados. Nos bombardeaban a mansalva. Veíamos sus caras, ellos sabían que éramos civiles indefensos, nos veían perfectamente. Estaban tan cerca, que cuando le acertaban a un burro o a un autobús, podíamos ver sus caras, les podíamos ver cómo saltaban en sus cubiertas, celebrándolo.
Nos tiraban bombas incendiarias desde los aviones, y aquellos barcos enormes de Franco no cesaban de dispararnos con sus cañones. Veíamos a los marineros perfectamente, cómo se movían por cubierta, los cañones cómo se movían y nos apuntaban antes de disparar, es algo que si no lo has vivido no lo puedes comprender. Si los barcos se hubiesen acercado un poco más hubiesen chocado con las rocas, para ellos era como un macabro juego de feria, nos mataban como si fuésemos chinches.
Había gente aplastada por las piedras que caían cuando disparaban desde los barcos a los acantilados. Vi muchos niños muertos en las cunetas. Me acuerdo de una mujer que había muerto y todavía tenía un niño pequeño en brazos. El conductor que nos llevaba a Almería paró varias veces para apartar a los muertos de la carretera. Cada vez que paraba, los niños nos asomábamos a ver. Había trozos de personas por todos lados.
Elizaveta Pashina, una joven rusa de 20 años que servía como traductora, nos relata: Los obuses estallaban entre las rocas, sobre la carretera empezó a caer una lluvia de pedruscos. La gente corría llevando a los niños en brazos y abandonando los últimos restos de sus pertenencias. Se oían los llantos y los gemidos de los heridos. Todos intentaban llegar a alguna curva donde la carretera se alejara del mar. Los viejos, con lágrimas en los ojos suplicaban para que los abandonasen allí e intentasen salvar a los niños.
Cristóbal Criado, que tenía en ese momento 17 años, nos cuenta en su libro “Mi juventud y mi lucha”: Nunca antes había sentido con tanta intensidad el miedo y la muerte tan cercana, protegido tras un malecón que daba al borde mismo del profundo acantilado. Unas bombas caían sin cesar sobre al asfalto ya destrozado de la carretera; otras directamente en el acantilado. Pero al pasar a la altura que ocupaba yo, tras el malecón, el silbido terrorífico que producía en mis oídos su caída, sentí tal pavor que, por unos instantes, pensé que era el último día de mi vida.
El cuaderno de bitácora de los buques recoge las acciones: “A las 12 horas dispararon los cañones de 12cms. De estribor sobre grupos que huían de Málaga por la carretera”.
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Crucero Baleares. Hundido el 6 de marzo de 1938 durante la batalla naval de Cabo Palos |
El crucero ligero Almirante Cervera
El ‘Almirante Cervera’ fue un crucero ligero que perteneció a la Armada española. Debe su nombre a un marino que participó en la Guerra de Cuba, el almirante español Pascual Cervera y Topete. José Ramón Cervera Pery conoce de primera mano sus características: 176 metros de eslora, un desplazamiento de 7.976 toneladas, equipado con 8 cañones y una tripulación de 560 marinos. Botado en El Ferrol el 16 de octubre de 1925 y dado de baja el 31 de agosto de 1965, tuvo un historial de servicio muy activo, en especial durante la Guerra Civil, en manos del bando franquista desde su inicio. Fue apodado ‘El Chulo del Cantábrico’ por la impunidad con la que minaba puertos o cañoneaba localidades costeras como Santander o Gijón.
Bajo el mando de Moreno ‘El Cervera’ participó en bombardeos indiscriminados por costas cantábricas y mediterráneas: Gijón, Valencia, Barcelona, San Sebastián. Pero, además, y como hecho tristemente destacable, participó en el bombardeo de la carretera Málaga-Almería durante lo que se conoce como La desbandá: el éxodo de la población malagueña tras la caída de Málaga, en poder del ejército franquista, el 8 de febrero de 1937, sin duda uno de los episodio más dramáticos, en términos de vidas humanas, de toda la Guerra Civil, muy superior al bombardeo de Gernika (un cómic pretende salvaguardar esa memoria para los más jóvenes).
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| Crucero almirante Cervera |
LA DESBANDÁ EN LA PRENSA
Más allá de esto, las numerosas noticias y editoriales sobre la caída de la ciudad se centraban como venimos señalando en la denuncia de la intervención extranjera, un aspecto que enfatizaba la prensa internacional afín a la causa republicana, azuzando en sus lectores el miedo sobre el expansionismo militar de las potencias fascistas. En este sentido, es destacable la labor de difusión de noticias favorables a la República llevada a cabo por la Agence Espagne, creada a principios de 1937 por el factótum de la Komintern Willi Münzenberg con el apoyo y financiación de Álvarez del Vayo.
El 9 de febrero, en su boletín de Informations télégraphiques et téléphoniques de dernière heure se podía leer: “offensive contre Malaga avait ete decidée pendant la visite du general Goering a Rome”, que refería las entrevistas del alemán con el ministro de Asuntos Exteriores italiano, conde Galeazzo Ciano. Fue también Münzenberg, secundado por el director de la Agence Otto Katz, quien envió a Málaga como informador a su mano derecha el escritor húngaro Arthur Koestler, que había publicado en enero de ese año el libro L’Espagne ensanglantée, basándose en la información obtenida en sus dos viajes anteriores a Sevilla y Madrid como espía de la Internacional Comunista. Koestler llegó a Málaga el 28 de enero como corresponsal del londinense News Chronicle para presenciar el desmoronamiento de la resistencia y, a diferencia de las autoridades militares y civiles y de los miles de ciudadanos que escaparon, decidió quedarse a esperar la llegada del ejército fascista. Quizá lo hizo por valentía, por compromiso con su encargo o quizá movido por la idea de ser el único periodista en cubrir la toma de la ciudad; Koestler describe así el momento dramático en que se proponía huir a bordo de un coche por la carretera de Málaga a Almería

El folleto El crimen de la carretera Málaga-Almería, con texto del doctor Norman Bethune y fotografías del arquitecto Hazen Sise, constituye el mejor testimonio del terrible éxodo de la evacuación en masa de la población civil de Málaga. Con un prólogo del que fuera periodista y subdirector del Ministerio de Propaganda Alardo Prats, se publicó en castellano, inglés y francés por Publicaciones Iberia poco tiempo después de producirse los hechos, como parte de la propaganda de guerra13. Las veinticuatro imágenes impresas que el amateur Sise tomó en el camino, durante los descansos de la evacuación que llevó a cabo junto a Bethune y el escritor Thomas Worsley en la ambulancia que les había llevado hasta allí, son documentos únicos de un sincero dramatismo. Aparte la distribución del folleto, y excepción hecha a la revista Facetas de actualidad española que dirigía desde Cuba el periodista asturiano Adolfo García Fernández, la difusión de estas fotografías no fue demasiado amplia en la prensa, a pesar de su patetismo. A este respecto, leamos como ejemplo de esta divulgación propagandística de fotografías denunciatorias la labor que realizaba en aquellos días el Comissariat de Propaganda de Cataluña liderado por Jaume Miravitlles, quien explicaba en una entrevista aparecida el 15 de febrero

En el caso malagueño, los reporteros gráficos pudieron seguir el largo éxodo de los refugiados por el corredor mediterráneo sobre todo a partir de Almería. Allí, sus cuerpos y almas exhaustos habían sido recibidos con salvajes bombardeos, y muchos sobrevivían calentándose al sol en las aceras del gran campamento que había inundado la ciudad. El semanario de la solidaridad Ayuda, junto al artículo «La tragedia de Málaga» del ruso Iliá Ehrenburg, daba cuenta de su infortunio, especialmente el de los muchos niños, en una doble página titulada “Málaga-Almería. Ruta sangrienta” (6 de marzo, pp. 4 y 5) con diecisiete imágenes “de nuestro servicio cinematográfico” que ilustraban el trágico relato de su desdicha.
El conjunto fotográfico más importante sobre los refugiados malagueños en Barcelona salió de la cámara de Antoni Campañà (Arbúcies, 1906-Sant Cugat del Vallès, 1989) cuyo archivo oculto, llamado la “caja roja”, fue redescubierto por u familia en 2018. Aunque procedía de una exitosa línea pictorialista, durante la guerra hizo de reportero convencido de la vida barcelonesa, colaborando con el Comissariat de Propaganda, la Consejería de Defensa y la Oficina de propaganda de la CNT-FAI. Como los fotógrafos Chim, Centelles y Margaret Michaelis en otros momentos de la guerra, Campañà acudió a documentar la vida de los refugiados en el estadio de Montjuic; en su caso paseó su cámara por la zona donde se acogía a los refugiados de Málaga. Los vio junto a las verjas exteriores del estadio, seguramente para calentarse en aquellos días del invierno después de comer en los abarrotados comedores, sentados mientras hablaban, se despiojaban, dormitaban y sobre todo, esperaban compungidos. A pesar de su fuerza, estas imágenes no encontraron demasiada difusión en la prensa, aunque hemos localizado a una madre de mirada atribulada que sostiene, tras las rejas del estadio, el fardo de su hijo, en The Sydney Morning Herald (22 de marzo, p. 12), con el pie de foto: “Unhappy refugees from Malaga photographed shortly after the end of their long journey to Madrid (sic)”. No obstante, es muy destacable que el maestro del fotomontaje comprometido John Heartfield utilizara la magnífica imagen de la madre abrazada a su hijo tomada por Campañá en el estadio de Montjuic para añadirle unas ruinas como fondo y componer así un montaje titulado “Baskenland”, que publicitaba la Semana de la solidaridad internacional con España (24 al 30 de mayo) en Die Volks Illustrierte, fundada y dirigida por Willi Münzenberg y publicada en el exilio de Praga, que a su vez recogió poco después la también revista checa Španělsko
Ce Soir envió a España a una multitud de corresponsales como Simone Téry, Georges Soria, Édith Thomas, Louis Parrot o Andrée Viollis, y los fotorreporteros Chim, Gerda Taro, Robert Capa o Mathieu Corman enviaron sus clichés a la redacción.
La pareja formada por el húngaro
Robert Capa (Endre Friedmann, Budapest, 1913 –Vietnam, 1954) y la alemana
Gerda Taro (Gerta Pohorylle, Stuttgart, 1910– El Escorial, 1937) merecen especial consideración en el estudio de las fotografías sobre la Desbandá. Con el propósito de documentar la intervención extranjera en España, Capa y Taro llegaron a Almería desde Madrid el día 13 o 14 de febrero armados con la Leica y la Rolleiflex; en los siguientes días, como ya no quedaban refugiados malagueños en la carretera, pudieron fotografiarles en Almería, y también a los marineros del buque republicano Jaime I, antes de unirse a los brigadistas internacionales que se posicionaban en el nuevo frente hacia Motril

Tan temprano como el día 3 de marzo, la recién creada cabecera Ce Soir publicaba cinco fotos suyas sin firmar englobadas como “Retour dʹEspagne” en su contraportada, “Algunas fotografías tomadas al azar entre las llegadas de España esta misma mañana de uno de nuestros enviados especiales”, dos imágenes de refugiados en Almería –una anciana que llora “a dos hijos perdidos en la huida” y otra de gentes junto a un camión de abastecimiento enviado desde Valencia– más una de una defensa antiaérea y dos de los brigadistas aludidos. Poco después, el 13 de marzo y también sin firma, reaparecían de nuevo cuatro de las fotografías de Taro y Capa como “La lamentable cohorte des réfugies sur les routes dʹEspagne”, dos de familias en el camino y un par más de los refugiados exhaustos en Almería, indicando que habían sido tomadas en Murcia.