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POEMAS, CUENTOS Y ESCRITOS REVOLUCIONARIOS DE DANIEL FERNÁNDEZ ABELLA is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License. Para utilizar primero y siempre sin ánimo de lucro ha de consultar al autor. Daniel Fernández Abella todos los derechos reservados.

lunes, 14 de septiembre de 2026

ECOS DEL PASADO

Los fantasmas del pasado vuelven a aparecer
vuelven en hordas asustando y ululando al viento
Surgen extraños cadáveres que viven por partes
Vivos muertos a plazos, siempre entre dos mundos

Se infiltran en los engranajes de las fábricas
moldean las bombas y los fusiles modernos
incitan con susurros a los hombres
los tientan con baños de sangre y gloria efímera

y sueñan por las noches con hogueras,
con ganados ardiendo, fuego fatuo que se extiende
y el miedo y la esperanza van expandiéndose en los corazones
de aquellos que les observan y sienten sus presencia

los fantasmas del pasado regresan
unos les llaman enemigos, antisistemas o terroristas
otros les llamamos compañeros, amigos y camaradas


viernes, 11 de septiembre de 2026

LEIBNIZ

La filosofía de Spinoza estaba guiada por la primacía y la prioridad de la “necesidad” (en el mundo ordenado en razón de la única Substancia rige un orden necesario, una ley implacable). En cambio, en la filosofía de Leibniz la “posibilidad” es prioritaria y más básica que la “necesidad” (así, por ejemplo, nuestro mundo no es sino uno de los mundos posibles).

La filosofía de Leibniz, como lo fueron las filosofías de los siglos XVII y XVIII (hasta Hume), es teocéntrica. “Dios” es el fundamento último del mundo, del conocimiento, de la moral, etc. ¿Cuál es, en este autor, el papel de Dios (la substancia infinita, perfecta, etc.), en el surgimiento del mundo? Dios eligió racionalmente entre todos los mundos posibles uno de ellos; ¿cuál? El mejor, el menos imperfecto (Voltaire dedicó una novela, titulada Cándido, a rebatir esta tesis leibniciana). Pero queda en pie lo subrayado: la posibilidad precede a la necesidad (punto este en el que discrepan Spinoza y Leibniz). El mundo creado por Dios desde la nada es, pues, imperfecto, es, así, una mezcla de necesidad y contingencia (de orden y desorden, regularidad y azar; en él hay además de causas mecánicas también causas finales, y, por ello, un margen de libertad).

Cuando aborda la cuestión del conocimiento Leibniz comienza distinguiendo dos clases de verdades: verdades de hecho y verdades de razón. Las verdades de hecho se obtienen después de la experiencia (a posteriori), son contingentes y particulares y se basan en el principio de “razón suficiente” (según el cual todo sucede según una causa que aunque se ignore inicialmente puede llegar a ser esclarecida). Las verdades de razón son verdades a priori: están en el cognoscente de un modo innato (con anterioridad a la experiencia), son universales y necesarias, y se apoyan en tres principios lógicos: identidad, no contradicción, tercero excluido. El único conocimiento pleno, perfecto, completo y enteramente verificado es el conocimiento de Dios (una substancia omnisciente –que conoce el sistema de la verdad). El conocimiento humano, en cambio, es un conocimiento limitado, finito, un conocimiento que avanza convirtiendo paulatinamente en verdades de razón –ciertas y seguras- las iniciales verdades de hecho (precarias y vacilantes). Es así como, de un modo lento y nunca terminado, el conocimiento humano se va acercando todo lo que puede al conocimiento divino. ¿Cuáles son los principales apoyos a la hora de que se concrete ese acercamiento y aproximación? La matemática y la lógica –dos ciencias formales, ciertas y exactas, deductivas y demostrativas- desempeñan un papel clave en el avance del conocimiento. Este es el motivo principal por el que en el siglo XVII se dedicó un enorme esfuerzo intelectual en el desarrollo de nuevas ramas de estas dos ciencias (geometría analítica, cálculo infinitesimal, lógica combinatoria, etc.).

La metafísica leibniciana, su teoría general sobre la realidad, es una “monadología”. ¿Qué significa esto? La realidad entera está constituida por una multiplicidad de unidades (mónadas) ordenadas según relaciones de muchos tipos (una relación básica es la relación causa-efecto, pero caben otros modos de relación). Lo que radicalmente define cada mónada es su “fuerza”, su impulso interior, su actividad propia. En su entraña última, por lo tanto, los entes del mundo son dinámicos: encierran un dinamismo interno, distinto según la clase de ente que se sea en cada caso. Por esta razón la parte principal de la física, sostiene Leibniz, no es la “mecánica” –como afirmaba Descartes- sino la “dinámica” –punto en el que coincide con Newton.

Hay mónadas simples –sin partes, o sea: indivisibles- y mónadas compuestas (y por lo tanto divisibles, analizables). En general los entes o fenómenos –un ser humano, un árbol- son agregados de mónadas: cada cosa es una precisa y específica combinación de unidades; estamos aquí, por lo tanto, ante mónadas compuestas: un todo divisible en partes (hasta llegar a mónadas simples).

El mundo es el universo de las mónadas. Un universo jerarquizado: piramidal. En la cúspide está la Mónada Suprema: Dios. El resto de las mónadas se organizan según una gradación descendente; el criterio de su ubicación en esta escala de los seres es su mayor o menor potencia de acción o fuerza activa, es decir: su menor o mayor capacidad de percibir y apetecer. Un ser humano es una mónada dotada de razón que consta de percepción, apetición y apercepción (conciencia de sí misma), y su felicidad consiste en su perfeccionamiento (es decir, en el incremento de su potencia de acción).

Considerado en su conjunto el Universo de las mónadas constituye un Orden –con su margen propio de contingencia y azar- regido y gobernado por una “armonía preestablecida”; ésta indica que el orden de las relaciones entre las mónadas que componen el universo es a la vez espontáneo y planificado –siendo Dios, en último término, el principio explicativo de ese orden armonioso y regular.

Leibniz

sábado, 8 de agosto de 2026

EL BIENIO CONSERVADOR O BIENIO NEGRO DE LA SEGUNDA REPÚBLICA ESPAÑOLA

El Bienio Conservador

El Bienio de derechas, llamado Bienio Negro por los izquierdistas, supuso la llegada de partidos conservadores al poder y la paralización de todas las reformas. 

Para las elecciones de noviembre de 1933, la izquierda no triunfó debido a su desunión y al descontento social. Los partidos más votados fueron la CEDA y el Republicano Radical, que, junto a otros partidos republicanos como el de Alcalá Zamora, que rechazaba a Gil Robles por sus tendencias monárquicas y fascistas, se unieron y formaron Gobierno. Lerroux quedó como presidente, aunque realmente Gil Robles siempre dictaminó lo que Lerroux debía hacer. Este ponía como pretexto a la unión con un partido monárquico la intención de acercarse a las clases más católicas.


Para los radicales de Lerroux, la alianza con la CEDA tan sólo intenta atraer a la derecha católica hacia la causa republicana; para Gil Robles se trata de conseguir el control del Gobierno -aun sin pertenecer a él- a la espera de ser llamado para gobernar. Las coincidencias entre el Partido Radical y la CEDA permiten dar marcha atrás a numerosas reformas emprendidas en el bienio reformista: el clero vuelve a cobrar sueldos del Estado, los colegios religiosos no cierran sus puertas… Además, los golpistas de 1932 son amnistiados. Las diferencias, por su parte, impiden la reforma del sistema político. El mayor varapalo es para el Partido Socialista, cuyo reformismo, lejos de afianzar su proyecto, le relega electoralmente. Temeroso de que el autoritarismo acabe con su supresión, tal y como ha sucedido en Italia o Alemania, el sector más izquierdista, encabezado por Largo Caballero, radicaliza su discurso revolucionario.

Se paralizó la reforma agraria, las expropiaciones de tierras mal cultivadas fueron devueltas a sus propietarios y la congelación de arrendamientos fue anulada, permitiendo la libre contratación. Se suprimió la reforma religiosa: se entabló relaciones con la Santa Sede, restituyeron a los jesuitas y se volvió a establecer la enseñanza religiosa y se propuso un presupuesto para mantener el culto y el clero. Se estipuló la amnistía para todos los encarcelados por el golpe de Sanjurjo. Las medidas educativas no se hicieron por falta de presupuesto, y en cuanto a las reformas del Estado centralista, el estatuto catalán fue aceptado, pero el vasco se frenó.

Gil Robles abogaba por el legalismo, porque confiaba en el triunfo electoral después del aplastamiento de la rev. de Octubre.  El Frente Nacional del Trabajo se convirtió en la respuesta cedista al sindicalismo izquierdista, y se transformó en la Confederación Española de Sindicatos Obreros.  Si no se suprimieron los sindicatos fue porque Acción Popular tenía que atenerse a lo establecido por la ley, aunque Gil Robles abogó por su disolución y confiscación de sus bienes.  G. Robles logró evitar la débil reforma agraria de Jiménez Fernández, eliminando a este del gobierno, provocando la derrota de la pequeña ala católico-social de la CEDA.  Lamamié y los ultras cedistas fueron despojando la obra de Jiménez Fernández de sus rasgos progresistas, reduciendo el plazo mínimo para los arrendamientos de 6 a 4 años, suprimiendo el acceso a la propiedad por parte de los arrendatarios y acabando con los tribunales encargados de supervisar las condiciones de los arrendamientos.  El 14 de diciembre de 1934 también se suspendió definitivamente el Estatuto Catalán.  El Debate pedía una nueva Constitución que reforzase la autoridad, disminuyese el poder del Parlamento e introdujese una sistema corporativo de representación, y G. Robles lo ratificaba en una conferencia, citando a Alemania e Italia como ejemplos.  En Marzo de 1935 G. Robles provocó otra crisis de gobierno al no estar de acuerdo con el indulto concedido a Teodomiro Menéndez y Ramón González Peña por su participación en los acontecimientos de Asturias.  Lerroux formó nuevo gobierno, pero con 5 miembros cedistas y G. Robles como Ministro de Guerra.  G. Robles se reunió con varios generales antirrepublicanos (Fanjul, Goded y Franco), nombrando a Franco Jefe del Estado Mayor Central, contra la opinión de Alcalá Zamora, Goded fue nombrado Inspector General, a pesar de formar parte de la UME (conspiradora contra la República).  Alcalá Zamora se escandalizaba por la eliminación de los oficiales liberales y republicanos, y los mismos apologistas de Gil Robles consideran hoy que estas medidas prepararon al Ejército para el futuro levantamiento.  G. Robles inicio un rearme del Ejército en secreto, contando con Alemania como suministrador y considerando al Ejército como el único capaz de detener una revolución.

Tras la caída de Gímenez Fernández la ofensiva terrateniente contra los jornaleros y arrendatarios fue total, y un historiador franquista lo considero "no solamente anticristianos (puesto que los terratenientes españoles jamás se comportaron colectivamente como cristianos, ni antes ni después de 1935), sino además de auténtico ensañamiento". "La actuación de las derechas y de los derechistas en el campo, en el segundo semestre de 1935, fue uno de los principales determinantes del odio de la guerra civil y probablemente de la guerra civil misma" (El Debate del 14 de Mayo y 14 de Junio de 1935, en Historia, La cierva, p. 487).  La reforma de la reforma agraria trajo consigo que de las 900.000 propiedades inventariadas para reforma, 800.000 desaparecieron de la lista.

A mediados de septiembre dimitió Royo Villarroya que no estaba de acuerdo con la cesión a Cataluña del control de sus carreteras, y el asunto del estraperlo, provocó el ofrecimiento de Alcalá Zamora a Chapaprieta para formar gobierno con apoyo de G. Robles y Lerroux, disminuyendo la participación de la CEDA a tres ministros.  Chapaprieta dimitió el 9 de Diciembre de 1935 y Alcalá Zamora no tenía más remedio que llamar a Gil Robles para formar gobierno o convocar elecciones, y G. Robles no dudada que le iba a encargar formar gobierno, pero Alcalá dudada de las convicciones democráticas de la CEDA, ya que la JAP no dejaba de manifestar que las elecciones sólo debían servir para dar el poder a las derechas y acabar con el liberalismo.

Los dos años de gobierno conservador provocó una reacción del pueblo, alentada por la CNT. En el socialismo aparecieron dos vertientes: la de Largo Caballero, que optaba una vía revolucionaria, y la de Indalecio Prieto, que proponía negociaciones con republicanos para formar una coalición contra los conservadores en las próximas elecciones. Las huelgas se sucedieron y fueron reprimidas por la Guardia Civil, el ejército y la Guardia de Asalto.


Principales medidas de paralización y contrarreforma

Reforma agraria 

Se frenó el reparto de tierras y se aprobó la Ley para la Reforma de la Reforma Agraria en agosto de 1935, la cual limitó los fondos y paralizó el Registro de la Propiedad Expropiable. Se desmantelaron organizaciones de jornaleros y dejaron de funcionar los jurados mixtos en el campo.

En cuanto a la reforma agraria, se respetó el ritmo previsto de aplicación de la Ley de Reforma Agraria por lo que en 1934 se asentaron más campesinos que durante todo el bienio anterior, expropiándose el cuádruple de propiedades, aunque la Ley de Amnistía aprobada en abril de 1934 le devolvió a la nobleza "grande de España" parte de las tierras confiscadas por el gobierno de Azaña. La derogación de facto del decreto de Términos Municipales y la reforma de los Jurados Mixtos agrarios les permitió a los propietarios volver a gozar de una casi completa libertad de contratación de los jornaleros. En respuesta a estas rectificaciones de las reformas del bienio anterior, los sindicatos convocaron huelgas y hubo enfrentamientos con las fuerzas del orden.

Cuestión religiosa y educativa

Se aprobó un presupuesto para el sostenimiento del culto y el clero, se frenó la laicización y se iniciaron negociaciones con el Vaticano para frenar los recortes a las órdenes religiosas.

Reforma militar 

Se revirtió la política de Manuel Azaña, devolviendo protagonismo y reincorporando a mandos militares contrarios o de dudosa lealtad a la República (como los generales Franco o Goded), además de amnistiar a los implicados en la Sanjurjada de 1932. El 20 de abril de 1934 las Cortes aprobaron la Ley de Amnistía, que era uno de las tres exigencias de la CEDA y que también figuraba en el programa electoral del Partido Republicano Radical. Esta ley excarcelaba a todos los implicados en el golpe de Estado de 1932 capitaneado por el general San Jurjo (de ahí el nombre de la “Sanjurjada”). Pero el presidente de la República Niceto Alcalá-Zamora se opuso a esta ley y Lerroux, al constatar que había perdido la confianza del presidente, presentó la dimisión. Asume el Gobierno un nuevo dirigente radical, el valenciano Ricardo Samper.

Cuestión territorial y autonómica

Se paralizó en las Cortes la tramitación y discusión de los estatutos de autonomía, como el Estatuto Vasco. los gobiernos del Partido Republicano Radical neutralizaron el impulso estatutario propio del Estado integral definido en la Constitución de 1931, lo que provocó graves tensiones en Cataluña y en el País Vasco. La tramitación del Estatuto de Autonomía del País Vasco fue paralizada y el 12 de junio los diputados del PNV se retiraron de las Cortes en señal de protesta.

Legislación social y laboral 

Se suavizó la legislación protectora de los trabajadores, se suspendió la Ley de Términos Municipales y se incrementó la tensión social que desembocaría en la Revolución de Asturias de octubre de 1934.

«Cuando las derechas llegaron al poder en 1933, los terratenientes y los caciques reafirmaron de nuevo su autoridad: recortaron los salarios (en Córdoba, el de la recogida de las aceitunas bajó de 6,50 a 5,75), se suspendieron las reuniones de los jurados mixtos y las leyes de términos y de laboreo forzoso se infringieron impunemente. Los campesinos que se habían afiliado a un sindicato o se habían distinguido como partidarios de la izquierda sufrieron toda clase de persecuciones, expulsándolos de los lugares en los que trabajaban y negándoles la contratación como jornaleros. Eso sucedió en Andalucía, en Cuenca –donde los trabajadores de Barajas de Melo se lamentaban de que “cuando pedimos trabajo, el alcalde nos dice que ‘comamos zarzas y república”–, en Ciudad Real –donde los de Solana del Pino aseguraban que “para perseguirnos, prefieren dejar la tierra sin cultivar antes que dárnosla a nosotros”–, en Toledo, donde, según explica Arturo Barea, a fines de 1933 los propietarios comenzaban a echar a todos los que se habían afiliado a un sindicato “y a no dar trabajo más que a los que se sometían a lo de antes”. La izquierda aceptó su derrota en las urnas en el 33; la derecha no lo hizo en el 36. Las elecciones de 1933 fueron, en 120 años de historia parlamentaria española, las primeras que perdió un Gobierno que las hubiera convocado. Este aceptó su derrota y cedió el poder a la oposición de derechas. Cuando esto sucedió por segunda vez, en febrero de 1936, las derechas se dispusieron a recuperar el poder por la fuerza, volviendo a una tradición histórica en que las elecciones no eran más que una farsa.» [Josep Fontana]

La labor gubernamental estuvo condicionada por la presión que en las Cortes realizaban los diputados cedistas sobre el Gobierno, necesitado del apoyo de sus votos para sacar adelante su gestión. El objetivo de la CEDA era debilitar el centro republicano, esperando que tarde o temprano fueran llamados a formar parte del Gobierno. Pronto se vio el Gobierno de Lerroux en la necesidad de situar a algunos miembros de la CEDA en puestos de responsabilidad directa. El gran problema que tenía el Partido Radical a la hora de integrar a miembros de la CEDA en el gobierno vino dado por la tibieza con que los cedistas defendían el régimen republicano y por no haberse declarado nunca abiertamente a favor de la República. Cosa explicable dada la procedencia monárquica de una gran parte de sus dirigentes, la indiferencia republicana de sus bases y la oposición dentro del partido a la continuidad de ese tipo de república.

Entrada de la CEDA al gobierno: reacción en Cataluña y Asturias

En el otoño de 1932 se produjeron diversos movimientos en la derecha española aprovechando la crisis política que vivía la coalición gobernante, y que desembocaron en la creación de la formación en los primeros días de marzo del año siguiente. La coalición defendía los principios católicos en la política, la necesidad de una revisión constitucional de acuerdo con estos principios, es decir, planteaba una alternativa al laicismo de la República. La defensa del orden social era otro de sus pilares. 

La CEDA supuso la apuesta más clara por una postura posibilista por parte de la derecha española, separándose de la opción golpista y reaccionaria, lo que provocaría que destacados políticos de la derecha española abandonasen al comenzar el proceso de convergencia política auspiciado por Gil Robles, como Esteban Bilbao o Antonio Goicoechea, entre otros, y que desembarcarían en Renovación Española. Gil Robles se había expresado en El Debate por la necesidad de emplear el camino electoral, es decir, de la legalidad. Por su parte, Luís Lucía fue un político muy destacado del ámbito valenciano y que representaba una opción socialcristiana dentro de su partido, posición que le generó algunos enfrentamientos con los sectores más conservadores del mismo. Por fin, el 4 de marzo de 1933 se constituyó oficialmente la CEDA en un acto.

Gil Robles obligó a Lerroux que incluyese a tres miembros de su partido en el equipo de Gobierno, y el Presidente cedió, lo que fue percibido como un golpe bajo a la República por el PSOE. Se produjo un gran movimiento huelguístico para octubre de 1934, especialmente en Asturias y Cataluña, que fue duramente reprimido.

En Asturias, los mineros de Oviedo y alrededores tomaron los medios de comunicación y de transportes, destituyeron a los alcaldes e impusieron el comunismo libertario durante 10 días. La Legión, dirigida por el general Franco, sofocó la situación dando lugar a más de 1000 mineros y 500 militares muertos y más de 5000 detenidos, muchos de ellos fusilados en masa.

En Cataluña, el levantamiento fue respaldado por la Generalitat de Lluis Companys. El 6 de octubre de 1934, Cataluña vuelve a proclamar la República Catalana en protesta de la entrada de las tendencias monárquicas y fascistas de la CEDA en el Gobierno, y se inició una manifestación que terminó con la represión del ejército y el encarcelamiento de Lluis Companys, de toda la Generalitat, de Largo Caballero y de Azaña.

Las consecuencias de esos sucesos fueron:
  • La suspensión de la Generalitat y la supresión de los estatutos de autonomía.
  • El fortalecimiento de la CEDA y el cumplimiento de la política conservadora.
carteles de la CEDA

Protagonistas

La CEDA

La CEDA o Confederación Española de Derechas Autónomas fue una coalición de partidos resultante de la fusión de varios grupos políticos, y que se puso en marcha en el año 1933. Entre estos grupos destacaron dos: Acción Popular (antes Acción Nacional), dirigida por José María Gil Robles, y la Derecha Regional Valenciana de Luis Lucía. También formaban parte de esta coalición, otras formaciones regionales conservadoras de las Castillas, Andalucía y Galicia. El partido aglutinó a diversos sectores de la derecha: desde elementos de tendencia fascista, muy presentes en las Juventudes de Acción Popular (JAP), hasta democristianos, centralistas y hasta autonomistas, con los representantes de la mencionada Derecha Regional Valenciana.

La Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA), versión española del catolicismo social, tuvo una actitud que osciló entre un prudente distanciamiento y una admiración no siempre disimulada. La fascistización de la CEDA puede entenderse mejor si atendemos a la observación de Jiménez Campo, común por lo demás a todo movimiento, de que «el fascismo no permaneció encapsulado en unos grupos políticos concretos, sino que llegó a impregnar, con mayor o menor intensidad, el conjunto de las prácticas contrarrevolucionarias de la Europa de entreguerras». También si atendemos a las coordenadas del momento republicano: los partidos conservadores percibieron rápidamente la instauración de un proceso revolucionario que potenció su admiración hacia los casos alemán e italiano y justificó, en definitiva, una cierta mímesis respecto de ellos. De un lado, hacía el mensaje conservador más atractivo y renovado; y, de otro, se veía así beneficiario de modo indirecto de los éxitos de aquéllos, en especial por lo que se refiere a la destrucción del movimiento obrero organizado. En realidad no se trataba tanto de una especie de «rapiña política» -inserción de componentes ajenos-, cuanto de una afloración natural de ingredientes propios de su estrategia global contrarrevolucionaria. Consecuentemente, esos elementos no eran discernibles de otros «implícitos», sobre todo del destino final sufrido por la izquierda en Italia, Alemania o Austria.

La radical ambigüedad de sus grandes principios católicos, que compartían otras fuerzas políticas con diferente estrategia y táctica, agravaba todavía más esta circunstancia. En un único partido como la CEDA resultaba posible extraer de la doctrina católica la condena de la democracia, pero también su transformación; la propuesta de Estado Corporativo y los recelos ante él; la simpatía hacia los modelos fascistas y su rechazo. Por eso en marzo de 1933 el líder cedista Gil Robles condenaba el fascismo al hilo de una propuesta política al modo del Zentrum alemán. Lo que no era obstáculo para que en septiembre del mismo año, tras su viaje a Alemania, su juicio se tornara favorable hasta el punto de afirmar que «todo esto traza la directiva de un nuevo orden de cosas, que nosotros estamos en el deber de recoger, para armonizarlo con los postulados de la doctrina católica».

El análisis de la postura de la CEDA ante el fascismo puede ayudarse por las contribuciones de su prensa y de las Juventudes de Acción Popular (JAP), rama juvenil del mismo. En lo que a la prensa se refiere, el juicio sobre los sistemas fascistas reproduce un sabia mezcla de alabanzas y críticas de modo tal que finalmente el lector extraiga un juicio positivo, que deviene entusiástico para el régimen de Dollfuss y sus acciones represivas contra los socialistas vieneses


Gil Robles

José Mª Gil Robles y Quiñones había nacido en 1898. Catedrático de Derecho Político. Hombre entregado en cuerpo y alma a la Iglesia y sus jerarquías. Se inició en la política en las filas del partido social popular de D. Ángel Ossorio y Gallardo (quien, a raíz del golpe de estado del General Primo de Rivera en 1923, se hizo crítico de la monarquía y fue luego una destacada personalidad en la II República). Gil Robles fue diputado del partido agrario por Salamanca en 1931; luego diputado de la CEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas) por Salamanca en 1933 y 1936. Jefe de la «acción popular» que unos han visto como partido democristiano y otros como clerical-fascista. Su línea era la del reaccionarismo posibilista: llevar a la República tan a la derecha como fuera posible no planteando de momento la cuestión de la forma de gobierno; ministro en el «bienio negro» (1934-35) y responsable máximo de la dura represión del levantamiento obrero de Asturias (oct. de 1934). En 1936, con todas las demás fuerzas de la oligarquía española, se unió a la causa de la conspiración antirrepublicana y apoyó la sublevación fascista capitaneada por Francisco Franco, a cuyas órdenes mandó que se colocaran las huestes de la CEDA, que a menudo fueron de las más sanguinarias en el exterminio de los «rojos».

D. Niceto Alcalá-Zamora caracterizó así a la C.E.D.A.: `Fue el más heterogéneo conglomerado, sin más vínculo que la unión personal en Gil Robles, cuyas dotes de caudillaje se mostraron en eso mucho más que las de gobernante. Había en aquélla (en la C.E.D.A.) una buena parte de democracia cristiana, con gentes modestas y devotas, algunos clérigos transigentes y previsores, y núcleos de abolengo paradójicamente tradicionalista, [...] Hubo también otra parte o ala derecha de origen y de simpatías hacia el régimen monárquico, formada por propietarios asustadizos y aristócratas de segunda o tercera fila. En el centro bullía con agitación violenta una hueste de impulsos, métodos y fórmulas fascistas. [...] El tercero era el inadaptable, el peligroso... y lo peor fue que con éste coincidía, más bien que por la ambición por el temperamente, Gil Robles, con decidida y funesta preferencia.' (Memorias, Barcelona: Planeta, 1977; citado por Manuel Rubio Cabeza, Las Voces de la República, Barcelona: Planeta, 1985, p. 164.)

Gil Robles declaraba en 1937 (Aldo Garosci, Los intelectuales y la guerra de España, p. 203): `El ejército ha sido su iniciador [del alzamiento] y es el instrumento eficaz de la victoria. Pero, detrás de él, sin distinciones de regiones ni de clases sociales, están todos los españoles que no se han resignado a caer en las garras del comunismo. Es el levantamiento de una nación entera que, salvándose a sí misma, salvará a toda la civilización occidental'. O sea, a la propiedad privada. Entre los españoles resignados, según Gil Robles, a caer en las garras del comunismo estaban: Portela Valladares, Alcalá Zamora, Azaña, Prieto, Ossorio y Gallardo, Jiménez de Asúa, Martínez Barrio e incluso Juan Ramón Jiménez, Luis Recaséns Siches, el propio Menéndez Pidal, ninguno de los cuales se sumó al Alzamiento Nacional ni estaban «detrás» del ejército.

Gil Robles

Partido Radical

El Partido Republicano Radical, liderado por Alejandro Lerroux, nació en 1908 con un discurso anticlerical y populista que marcaría la política española de entreguerras. Tras participar en el Pacto de San Sebastián y en la proclamación de la Segunda República, pasó de tribuno radical a fuerza centrista de gobierno, hasta hundirse con los escándalos del Straperlo y el caso Nombela. Llegó debilitado a las elecciones de febrero de 1936 y desapareció prácticamente con el inicio de la Guerra Civil.

A partir de 1909, Lerroux gira hacia posiciones más posibilistas y se aviene a “conspirar” para instaurar la República. Su Partido Republicano Radical se hallará, de una forma u otra, en todos los cónclaves organizados en los años sucesivos, hasta el cambio de régimen. Como va desgranando Roberto Villa, Lerroux a pesar de sus claras posiciones respecto al sistema político que prefería, era consciente de los riesgos de una ruptura drástica. Paulatinamente fue empujando a su partido a una posición más centrista y liberal y, por esta razón, cuando se proclamó la Segunda República, en 1931, se convirtió en el partido de oposición a la coalición republicano-socialista liderada por Manuel Azaña. El antiguo Emperador del Paralelo llegó a ser, de un día para otro, la principal opción de la derecha republicana, lo que le permitió presidir el gobierno en varias ocasiones entre 1933 y 1935.

En las elecciones de noviembre de 1933, los radicales presentaron un programa conservador, defendiendo en la campaña lo que denominaron “la voluntad de defensa social”. Se pretendía formar una base electoral amplia entre la clase media urbana y entre los propietarios agrícolas. Al final, la CEDA alcanzó 115 diputados y el Partido Republicano Radical 102, de un total de 570 escaños. Aunque la derecha había vencido, los radicales y otros grupos de centro formaron gobierno.

La Guerra Civil terminó por acabar con el Partido Republicano Radical. 


Alejandro Lerroux

Alejandro Lerroux fue un político español  republicano(La Rambla, Córdoba, 1864 - Madrid, 1949). Militó desde joven en las filas del republicanismo radical, como seguidor de Ruiz Zorrilla. Practicó un estilo periodístico demagógico y agresivo en las diversas publicaciones que dirigió (El País, El Progreso, El Intransigente y El Radical). Su discurso populista y anticlerical, así como la intervención en diversas campañas contra los gobiernos de la Restauración, le hicieron muy popular en los medios obreros de Barcelona, que acabaron constituyendo la base de un electorado fiel. 

Fue elegido diputado por primera vez en 1901; y de nuevo en 1903 y 1905, en las candidaturas de la Unión Republicana que había contribuido a formar junto con Nicolás Salmerón. La defección de éste hacia la coalición Solidaridad Catalana en 1906, llevó a Lerroux a separarse, formando el Partido Republicano Radical (1908) en Barcelona, al que rápidamente se adscriben multitud de seguidores gracias al carisma de su líder, un personaje fogoso y algo demagógico, fustigador de los ricos y paladín de la clase obrera. y la primera Casa del Pueblo, dedicándose a enseñar a los obreros.

Hubo de exiliarse en varias ocasiones, primero para escapar a la condena dictada por uno de sus artículos (1907) y más tarde huyendo de la represión gubernamental por la Semana Trágica de Barcelona (1909). De vuelta a España, aceptó entrar en la Conjunción Republicano-Socialista, con la que volvió a ser elegido diputado en 1910. Desde entonces se vio envuelto en una serie de escándalos que le alejaron de su electorado barcelonés, entre acusaciones de corrupción (hasta el punto de que hubo de cambiar de distrito, presentándose por Córdoba en 1914). 

Bajo la dictadura de Primo de Rivera (1923-30) su partido se vio debilitado por la escisión de los Radical-Socialistas de Marcelino Domingo (1929). No obstante, continuó en la política activa, participando en el comité revolucionario que preparó el derrocamiento de Alfonso XIII y la proclamación de la Segunda República en 1931.

Uno de los políticos más singulares y complejos del siglo XX español, Alejandro Lerroux, nació en 1864 en el pueblo cordobés de La Rambla, en el seno de una familia de la clase media baja.
Gran orador y de ideas progresistas, su carrera política se inicia en 1901, cuando es designado diputado a Cortes. Su encendido manejo de la palabra ante nutridos oratorios y sus ataques a la burguesía y a la Iglesia le causan numerosos problemas, siendo varias veces procesado por difamación. Una de las frases más conocidas e incendiarias que se le atribuyen fue "¡Levantemos los velos de las novicias y hagámoslas madres!", pronunciada en un contexto de odio anticlerical que más adelante producirá la quema de iglesias y conventos.

Republicano convencido, en 1908 crea en Barcelona la primera Casa del Pueblo, dedicada a prestar asistencia jurídica, económica y educativa a los obreros. También en Barcelona funda el Partido Radical, al que rápidamente se adscriben multitud de seguidores gracias al carisma de su líder, un personaje fogoso y algo demagógico, fustigador de los ricos y paladín de la clase obrera.

La fama como político le acarrea tantos seguidores como enemigos. Si sus mítines son recibidos con entusiasmo, sus palabras le hacen ser condenado por los tribunales y pasar por la cárcel en varias ocasiones. En estos primeros años de su carrera, a pesar de no haber acabado sus estudios de bachillerato, consigue, mediante un único examen, aprobar de una vez todas las asignaturas de la carrera de Derecho de la Universidad de La Laguna.

Desde el Ayuntamiento de Barcelona, Lerroux promueve una política radical y obrerista, aunque su gestión comienza a estar salpicada por los primeros escándalos de corrupción, unas sombras que, no sin fundamento, no dejarán de acompañar en adelante a Lerroux y al Partido Radical.
En 1909, con motivo de la Semana Trágica de Barcelona, se ve obligado a dejar la ciudad, mientras en las barriadas obreras sus partidarios se enfrentan a tiros a los pistoleros de la patronal. Al mismo tiempo, sus discursos se van haciendo más moderados y conservadores.

Instalado en Madrid y dedicado de lleno a la política nacional, fue diputado en todas las legislaturas. A partir de 1923 se convierte en un feroz opositor a la dictadura de Primo de Rivera, aunque desde posiciones más moderadas que las que representaba en años anteriores. En 1931, forma parte del primer Gobierno provisional de la República, como ministro de Estado, alzándose con el primer plano del protagonismo de la vida pública española. El antiguo líder radical baja el tono de sus discursos, acepta participar en las instituciones y establece lazos de unión con curas y militares, sus viejos enemigos.

Son tiempos revueltos, en los que en la escena política y social española parece haber vientos de confrontación, como así ocurrirá poco más tarde. En 1933, su partido gana las elecciones en coalición con la CEDA del derechista Gil Robles. El nuevo gobierno del que es presidente inaugura un periodo de represión de las izquierdas y del movimiento obrero, el llamado Bienio Negro. Fuertemente presionado por los sectores más reaccionarios, el gobierno Lerroux empieza a revisar la legislación laica, amnistía entre otros a los golpistas Sanjurjo y Calvo Sotelo y paraliza la reforma agraria y el estatuto vasco.

Uno de los mayores problemas que tendrá que afrontar será la revolución de Asturias, en 1934. El rápido deterioro de las condiciones de trabajo y de vida de las minas y el campo asturianos hizo que el salario de un trabajador agrícola pasara de 12 pesetas diarias en 1931 a 4 apenas tres años más tarde. La difícil situación provocó un estallido de violencia revolucionaria que será aplastado a sangre y fuego por las tropas del gobierno.

Un nuevo escándalo de corrupción salpicará, definitivamente, el gobierno de Alejandro Lerroux y la imagen de su líder. La introducción en España de un aparato de juego de azar inventado por Strauss y Perle dio pie a un negocio fraudulento y al enriquecimiento de algunos personajes del entorno de Lerroux. Conocido el asunto y aireado por la prensa con el nombre de "caso del estraperlo", se desató una oleada de críticas hacia su persona y la coalición de gobierno, que quedó definitivamente rota.

En 1936, el estallido de la Guerra Civil le obligó a huir a Portugal, donde vivirá hasta su regreso a España en 1947. Alejado de la vida pública y totalmente desacreditado, muere en junio de 1949 uno de los personajes más controvertidos de la historia política de España en el siglo XX y quizás menos conocido en su faceta periodística, habiendo sido director de los periódicos El Radical, El País y El Progreso.
Alejandro Lerroux

Crisis del Bienio Conservador

Durante los siguientes años, la CEDA siguió dando su giro conservador al Gobierno Republicano: anuló el matrimonio civil y el divorcio, prohibió las expropiaciones de las tierras de la Iglesia y de los terratenientes y estableció el impuesto que mantenía al clero y el culto. La inclusión de la CEDA en el Gobierno no provoca la involución prevista, pero deja clara su escasa vinculación con el proyecto republicano. 

En los meses siguientes a la revolución de Asturias no hay tampoco un plan de Gobierno perceptible más allá de la represión de los revolucionarios o los intentos de inculpar a Azaña en los hechos. Las discusiones en el Parlamento ocultan su infecundidad legislativa. Gil Robles, nombrado ministro de Guerra en mayo de 1935, coloca a algunos de los generales desafectos al régimen (Mola, Franco, Fanjul…) en los puestos más destacados del ejército. A lo largo de 1935 el Partido Radical entra en una profunda crisis afectado por algunos escándalos de corrupción (la concesión de licencia a un tipo de ruleta llamada straperlo -término que se añadiría al castellano, estraperlo, como sinónimo de mercado negro- y el asunto Nombela, sobre los contratos de suministros al ejército). Alcalá-Zamora se resiste a dar el Gobierno a Gil Robles e intenta, en diciembre, una solución personal entregándoselo a Manuel Pórtela Valladares. Las presiones recibidas desde todos los grupos parlamentarios acaban con la disolución de las Cortes y la convocatoria de las elecciones de febrero de 1936.

Pero esta política fue interrumpida por dos sucesos de corrupción:
  • El caso Straperlo. En 1935, Strauss y Perel Lowan intentaron introducir en España unas ruletas trucadas, y sobornaron a miembros del partido de Lerroux para que no denunciaran el fraude. El conocimiento del caso supuso un gran escándalo.
  • El caso Nombela. Antonio Nombela, el inspector de colonias, destapó la estafa de una compañía colonial española que, colaborando con políticos, exigió una indemnización tras la pérdida fingida de un barco perdido.
Los escándalos de corrupción más las malas relaciones entre cedistas y radicales, llevaron a la dimisión de Lerroux para septiembre de 1935. Hasta que Alcalá Zamora convocase elecciones para febrero de 1936, hubo dos presidentes de partidos republicanos en el poder.

En mayo de 1935 la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA) promueve una crisis gubernamental. Se lleva a cabo una reestructuración ministerial integrando a cinco miembros de la CEDA. El líder de la CEDA; Gil Robles, obtiene la cartera de la Guerra y emprende desde este ministerio una contrarreforma militar, situando en puestos claves a oficiales militares claramente contrarios al gobierno republicano: fue nombrado Subsecretario del Ministro de la Guerra el general Joaquín Fanjul, que en 1936 se sublevó contra la Segunda República Española con el asalto del cuartel de la Montaña de Madrid que él mandaba, siendo luego detenido, juzgado y fusilado; como director del Estado Mayor Central fue nombrado el general Francisco Franco, impulsor, junto a otros altos cargos de la cúpula militar, del golpe de Estado de julio de 1936 contra el gobierno democrático de la Segunda República; como jefe del ejército en Marruecos fue nombrado el general Emilio Mola Vidal, que sería el cabecilla («director») de la sublevación militar de 1936, que —tras su fracaso— dio origen a la Guerra Civil Española; y como director general de Aeronáutica el general Manuel Goded Llopis, que en octubre de 1934 colaboró con Franco por orden del gobierno republicano en la represión de la revuelta de Asturias y el 19 de julio de 1936, al inicio de la guerra civil, aprovechó su puesto para sublevar las plazas de Mallorca e Ibiza y dejarlas en manos de los rebeldes.

La otra posibilidad que barajó el Presidente de la República fue la de conformar un nuevo centro político en torno a su figura, reuniendo algunos elementos del Partido Radical, los republicanos de derechas y y los republicanos de centro-izquierda que rechazaban la alianza con los socialistas. Con este objetivo, Alcalá Zamora encargó la formación de gobierno a un político de su confianza, el liberal Portela Valladares. Pero el gobierno de Portela, constituido el 15 de diciembre de 1935 y formado por republicanos de centro-derecha (dejaba fuera a la CEDA), no obtuvo la confianza de las Cortes.

El presidente de la República todavía tenía la posibilidad de encargar la formación de gobierno al líder de la CEDA, Gil Robles, pero le pareció muy arriesgado y escogió la última posibilidad que le quedaba: disolver las Cortes el 7 de enero de 1936 y convocar nueva consulta electoral para el 16 de febrero de 1936. Las elecciones de febrero serían ganadas por la coalición de izquierdas Frente Popular, lo que puso fin al Bienio restaurador derechista o “bienio negro”.

caso Straperlo

martes, 4 de agosto de 2026

LA SELKIE

La naturaleza es sorprendente. Las colinas se erigen majestuosas, rompiendo la monotonía de la campiña y su manto verde mientras el viento que llega desde el mar mece la hierba, interminable alfombra florida que entona una suave melodía. Aquello era un lujo que ahora estaba vacío y contenía viejas cuerdas de pesca en lugar de agua tratada químicamente.

Las leyendas dicen que criaturas mágicas y seres fantásticos aprovechan los días de tormenta para hacer acto de presencia, aprovechando la ausencia de seres humanos. Amparadas por la lluvia, ocultas entre las sombras, emergen de las profundidades para reclamar una tierra que antes fue suya, arrebatada y olvidada por los hombres.. Aprovechan la ocasión para dirigirse a tierra firme, en busca de incautos que desafían al dios de las tormentas, ignorando sus advertencias y osan aventurarse en su dominios.

El primer día que la vi, solo fue un movimiento en el rabillo del ojo. Una sombra fugaz, encorvada en la playa entre los restos y desechos. No es real, era todo lo que podía oír resonando en mi mente. No puede ser real porque soy el único que queda: los recuerdos se agolpan en mi cabeza, confusos y caóticos, sin saber qué es verdad y qué ficción.

El alma se encoge con su recuerdo. Su mera presencia encoge el corazón y oscurece el alma, que varias veces casi muere por falta de cuidados, el peso de su ser se nota cuando la soledad golpea el alma, que se arrastra en una vorágine hacia la oscuridad y el abismo, mientras los recuerdos se agolpan y se oscurecen por el manto de tristeza y desesperación que se adhiere al alma al recordarla. Hay que tener recuerdos de muchas noches en su presencia, ninguna igual a otra, del silencio existente cuando nuestras miradas se cruzaron por primera vez, noches en calma donde su mera presencia daba calor en la noche más fría y oscura, noches de tormentas donde la lluvia dibujaba su silueta que reconfortaba mi cuerpo y proporcionaba calor en un abrazo eterno, protegiéndome de la agua que empapaba mi ser y del viento frío y cortante. Su mera caricia se convierte en sangre, mirada y gesto, un calor reconfortante sin nombre y ya no separables de nosotros, solo entonces puede ser que en un instante muy singular surja en su centro la primera palabra de un verso y emerja de ellas.

Selkies las llaman algunos. Dicen que aparecen en días de tormentas, perdidas y desorientadas. Criaturas místicas, cambiapìeles que buscan escapar de su soledad y engañan a incautos viajeros y marineros.

...

Desde la ventana de mi habitación la tormenta aumentaba. Al mirar hacia el mar desde la seguridad de mi casa, unas nubes oscuras se cernían amenazadoras en el horizonte. Se acercaba una tormenta, trayendo consigo mareas altas y aguas agitadas. Así que, esa noche, deslicé los tablones protectores por sus guías en cada puerta y aseguré los postigos de todas las ventanas para mantener el exterior fuera; mientras el viento silbaba a través de las rendijas. Permanecí despierto casi toda la noche, recordando tormentas pasadas, mientras el océano rugía y el viento hacía vibrar la casa. Entretenía mis manos con una de las piedras que ella me había dejado, una que tenía un pequeño agujero en el centro. Era una «piedra solar», de la que se decía —según recordaba— que permitía vislumbrar la magia del otro mundo. Sin embargo, me daba miedo mirar a través de ella, por si no mostraba ningún cambio, tan solo la versión del mundo en la que yo estaba solo.

Tras varias semanas de recolección y observación, empecé a formar mis propios montones en las cercanías y, una vez que la bruja dejaba sus ofrendas, me las llevaba todas conmigo. Pensé que algún día se acabarían, pero, aunque los montones siempre disminuían de tamaño, nunca llegaban a desaparecer por completo. Pronto, mi casa estuvo abarrotada de fragmentos de objetos rotos y perdidos. No es que importara; tenía el resto del pueblo a mi disposición si lo necesitaba: las casas vacías de quienes habían vivido allí en tiempos pasados. Al poco tiempo, fueron las casas —y no el mar— las que albergaron los recuerdos de los muertos.
...
Por la mañana, los restos salpicaban la playa como si el mar entero hubiera enfermado y hubiera vomitado todo su contenido en la orilla. Viejas redes de pesca, envases de plástico, cilindros metálicos e interminables montones de algas, enredados y anudados con objetos rotos. De repente, todos nuestros esfuerzos de las últimas semanas parecían haber sido en vano; nuestro pequeño refugio había sido contaminado una vez más. También había seres muertos: aves atrapadas en las redes y peces arrastrados hasta la orilla —muertos antes de ahogarse en el aire, aunque era difícil saberlo con certeza.

Entonces, algo se movió entre los montones de desechos. Habría sido fácil pasar de largo. Fácil pasar de largo y ver solo los restos de una tormenta. Pero, al acercarme, supe que era ella. El corazón me golpeaba el pecho temiendo que ella tampoco estuviera durmiendo.Su cuerpo estaba en posición fetal, envuelto en una red vieja; la piel, gris y desvaída; las escamas, descascarándose.

Me arrodillé, retiré la red con cuidado y le toqué el brazo. Su piel estaba fría, pero su pecho se movía y las branquias palpitaban. Respiraba, aunque apenas, con un siseo lento y tenue.Empecé a preguntarme si ella no sería más que un montón de algas arrastrado hasta la orilla; si mi deseo de no estar solo era tan intenso que buscaba compañía donde no la había. Me quedaba allí, observando aquel montón, hasta que subía la marea y se lo llevaba. Sin embargo, el cúmulo de objetos que ella había reunido permanecía allí; yo los recogía diligentemente y guardaba las piezas en casa.

Deposité allí el pequeño montón que había traído de la playa y corrí la cubierta. Desde el balcón contemplé el mar, albergando la remota esperanza de divisar un barco, una luz o cualquier señal que no fuera la inmensidad infinita del agua. Incluso a la bruja del mar, una vez más. En su lugar, lo único que me acompañaba eran capas de nubes que se desplazaban por el horizonte.

Trencé una pulsera con viejo hilo de pescar, le añadí un trozo de vidrio marino a modo de dije y me la llevé a la playa, antes de la hora en que la selkie solía aparecer, y la dejé con cuidado donde ella acostumbraba amontonar sus cosas. Luego me senté a esperar su llegada. Mientras lo hacía, pensé
en meterme en el agua para buscarla.

Consideré sumergir la cabeza bajo las olas para ver si acechaba allí, en algún lugar de las oscuras profundidades de un frío punzante. Pero no había puesto un pie fuera de tierra firme desde que las olas se llevaron todo y a todos de este mundo y me escupieron de vuelta como restos indeseados, dejándome atrás. Incluso al pensar en tocar el agua de nuevo, sentí un escalofrío recorrer mi cuerpo y me mareé ante la idea. Finalmente, el selkie salió del agua. Y esta vez, no se escondió. La observé mientras se arrastraba por la playa hacia el montón de objetos y tomaba la pulsera entre sus manos. Se volvió hacia mí, y yo no desvié la mirada. Por primera vez, ella vio mi rostro, y yo el suyo. Y fue algo hermoso.

No era humana. Pero tampoco encontraba las palabras adecuadas para describirla. Criatura, bruja, diosa... ninguna parecía encajar. Ella era simplemente ella. Radiante bajo el sol poniente, de piel luminiscente, con una brillante cabellera rojiza llena de algas que fluía, tan larga y densa que parecía brotar de su espalda, sus brazos y sus piernas. Sus ojos eran como guijarros oscuros, redondos y negros; pero también eran bondadosos, y cuando nuestras miradas se cruzaron, descubrí que no podía apartar la vista. Durante tanto tiempo nadie me había visto. Durante tanto tiempo me había preguntado si estaba condenado a ser invisible para siempre. Ser percibido después de tanto tiempo fue como un despertar, una agitación en mis entrañas, y anhelaba más.

Tras una semana, las tormentas se habían disipado por completo, dando paso a cielos despejados y calidez, y ella estaba lo bastante fuerte para volver a la playa. Sentí una punzada al bajar juntos en silenciosa procesión y verla detenerse a la orilla del agua. Tras dedicarme una mirada con sus grandes ojos negros y una sonrisa que dejaba ver los dientes, avanzó hasta que el mar le llegó a la cintura. Entonces se volvió y extendió una mano palmeada, mientras con la otra jugueteaba con la pulsera que yo le había hecho. Emitió un sonido que se perdió en el viento, y lo único que pude oír fue un murmullo.
Ven. Únete a mí.

Pero aunque lo intenté, aunque quise avanzar hacia el azul, no pude obligarme a unirme a ella.

Ven. Únete a mí.

La voz era hipnótica. Una voluntad más fuerte que la mía hacía que mis piernas flaquearan y mi cuerpo se moviera a su comando. Se volvió hacia mí, y yo no desvié la mirada. Por primera vez, ella vio mi rostro, y yo el suyo. Y fue algo hermoso. No encontraba las palabras adecuadas para describirla. Criatura, bruja, diosa... ninguna parecía encajar. Ella era simplemente ella.

Ven. Únete a mí.

Mis pies ya no me obedecían. Los pasos seguían su camino. La voz seguía guiándome como un faro en un día nubloso. Entré en su trance hipnótico, sus ojos redondos apenas se veían entre su figura hecha de restos marinos. enrolló la pulsera en la mano y las comisuras de sus labios se curvaron hacia arriba en una leve sonrisa, mientras las branquias de su cuello palpitaban. Me acerqué más a ella y me senté con las piernas cruzadas donde los guijarros se unían a la arena. Ella Al principio dudó, pero luego hizo lo mismo. Nos quedamos así hasta que cayó la noche y la luna brilló con intensidad sobre su piel. El tiempo se ralentizaba. La oscuridad hizo presencia y lo inundó todo. El eco de su voz resonaba en mi mente.

Ven. Únete a mí.
...

El servicio de emergencias hizo su aparición. Las últimas noticias del hombre desaparecido lo situaban en la playa el día de la tormenta ¿qué loco se aventura a salir al mar un día de tormenta? hay que estar mal de la cabeza. Esa era la última localización que tenían. Nadie sabía qué había pasado o dónde estaba. Las noticias eran contradictorias. Iba a ser un día largo de trabajo.

lunes, 27 de julio de 2026

ARTE Y PODER EDAD MODERNA.IMAGEN Y CIENCIA. COLECCIONISMOS CIENTÍFICOS

INTRODUCCIÓN

Este tema trata de la necesidad de la imagen proyectada sobre la ciencia y los territorios. Conocer los territorios sobre los que se gobernaba requirió de una gran cantidad de imágenes que fueron convenientemente usadas por los gobernantes, y en muchos casos consideradas secretas. Pero tampoco podemos entender lo que supuso Leonardo da Vinci para la historia de la ciencia sin sus álbumes de dibujos, porque pensaba dibujando, y no sólo escribiendo.

Controlar el mundo desde el palacio se hizo a través de muchas vías. A los ojos de los reyes y de sus consejeros llegaba una ingente información para que pudieran tomar decisiones, y la imagen fue vehículo de esa información en muchos casos. En el dominio de los territorios los hechos de armas iban acompañados del uso del compás, para medir y poder así controlar a través de una imagen lo más fidedigna posible lo que se describía, lo que había que transformar, aquello que e¡convertido en imagen llegaba a los ojos de los reyes y de sus consejeros y ministros.

COLECCIONISMOS CIENTÍFICOS

Una forma de controlar todo lo que la naturaleza y el ingenio del hombre eran capaces de producir era conocerlo, y para ello el summun era poseerlo. En el caso del coleccionismo científico los objetos no siempre perdían su utilidad, pero su posesión era signo de una posición de privilegio.

Los oratorios, los studiolos, luego las grandes galerías en las que coleccionar pinturas, esculturas y toda clase de objetos, fueron los lugares de la casa en los que se guardaron, espacios diferenciados y de acceso restringido, en los inventarios podemos encontrar piedras preciosas, joyas, libros, pinturas, objetos religiosos, medallas, mapas, etc.

Johan Zoffany, Charles Towneley y sus amigos en la Galería de Park Street. c. 1770. Burnley, Towneley Hall Art Gallery and Museums.

Conocer el mundo y por lo tanto dominarlo exigió el uso de instrumentos científicos, como la ballestilla o báculo de Jacob, que permitía medir alturas o distancias, o el astrolabio, que servía tanto a astrónomos como a topógrafos. Sin duda las piezas astrológicas fueron de las más codiciadas para pasar a formar parte de las colecciones palaciegas. Las colecciones de los Papas se beneficiaron de tener en el subsuelo de Roma obras extraordinarias ( Grupo Laocoonte - escultura de Plinio el Viejo). Otros se dedicaban, para demostrar su poder absoluto, a coleccionar animales exóticos (Felipe II), plantas, piedras, etc, de países lejanos. En el caso de las plantas muchas de ellas tenían unos poderes curativos que la medicina al servicio de los monarcas exploró, en los jardines botánicos de las cortes se pudieron valorar estas raras especies tan cuidadosamente dibujadas para las colecciones del rey como destiladas para conocer sus características.

Giuseppe Bonito, El elefante de Nápoles. 1742. 
Patrimonio Nacional, Palacio Real de Riofrío (Segovia).


EL CONOCIMIENTO DE LA TIERRA Y EL CIELO

Entramos así en el mundo de la geografía, o estudio de la tierra, la corografía, o estudio de los lugares, y la cosmografía, que estudiaba el cosmos. Para ello fue imprescindible la imagen, captada tanto por los Cosmógrafos, su función hacer cartas e instrumentos para la navegación, como por los pilotos de las naves, que con sus observaciones contribuyan a un mayor conocimiento de los rumbos.. Artistas como Leonardo da Vinci, con una formación científica superior, genio y cartógrafo, o Durero, nos han dejado unos dibujos del territorio (mapas) con gran minuciosidad del detalle, otras obras nos introducen en las calles donde se desarrollaba la vida, otras nos muestran la relación entre la ciencia y el poder mostrándonos hombres absortos en la acción del pensar, o los grandes descubrimientos geográficos en los que puede estar presente todo el universo, podemos comprobar dibujos de plantas y animales de nuevos mundos. Sin embargo, no siempre les movió el deseo de dar a conocer esos nuevos mundos a un público más amplio, permaneciendo inéditas muchas de estas obras durante mucho tiempo.

Johannes Vermeer. El geógrafo. 1668-69. Frankfurt, Städelsches Kunstinstitut.

La pasión por el conocimiento científico de algunos monarcas queda reflejada en algunas obras donde aparecen en aulas con hombres de ciencia.

Llegó un momento en que lo que no existía en imagen prácticamente no existía. Dada la necesidad de conocer el territorio se crearon varios formatos en el arte cortesano, los dibujos ya vistos, los atlas geográficos, realizados con una finalidad militar de descripción del territorio con fines defensivos, informando tanto de las fortificaciones como de las circunstancias geográficas, número de habitantes, cultivos, medio de vida, distancias o profundidad de las costas para los navíos, la imagen va unida a largos textos que dan una información exhaustiva de lo que el ingeniero ha conocido información secreta solo conocida por la corte, y por último las galerías pintadas, con los continentes, los estados o las grandes ciudades (la más famosa la del Vaticano, encargada por el Papa Gregorio XIII).

Louis-Michel Dumesnil (atr.), Cristina de Suecia y su corte asisten a una lección de geometría. Versalles, Chateau de Versailles et de Trianon.

Las Relaciones Geográficas muchas veces fueron acompañadas de dibujos, un mapa permite comprender el espacio, almacena información, tiene atributos de carácter científico como artístico y constituyen un indicador excelente de cultura y civilización.

Egnazio Danti y otros, Venecia. 1578-1581. Galleria delle Carte geographiche. Vaticano.

La cosmografía, en la época no estaba diferenciada de la astrología, ningún edificio se construía sin consultar antes a las estrellas, el nacimiento de un príncipe llevaba consigo las predicciones de los astrólogos, se hacían horóscopos. Todos los gobernantes tenían sus cosmógrafos, también recibían otros títulos como matemáticos, cartógrafos o filósofos, ya que el conocimiento de la tierra y el cielo fue asociado a los grandes matemáticos, ejemplos como Galileo, matemático y filósofo del Gran Duque de Toscaza o de Juan de Herrera, matemático de Felipe II.

Leonardo Torriani, Canarias bajo el signo de cáncer. Descrittione et historia del regno de l’isole Canarie...1592. Coimbra, Biblioteca de la Universidad.

Arte y ciencia siguieron unidas. La imagen era instrumento de conocimiento científico y objeto de colección por parte de los gobernantes.

Esferas armilares en las bibliotecas científicas, compases de extraordinaria belleza, etc, que dieron fruto imágenes del universo. El cielo ha tenido un poder desmesurado sobre la tierra, los dioses estaban en el cielo, los signos del zodiaco ejercían su poder, y los cometas explicaban tantas cosas (catástrofes, grandes cambios…), ello hacia que un cosmógrafo fuera imprescindible al lado del gobernante.

INGENIOS Y FORTIFICACIONES

En la guerra se invirtieron grandes recursos económicos y tecnológicos, ya que es lo que las armas ganan lo que luego conservan las letras, y sin ese poder sobre los enemigos nadie alcanza la fama que los artistas y escritores celebran. Un ejemplo de arte y poder fue el duque de Urbino, hombre que entendía tanto de arquitectura como los mismos arquitectos, y que además de su palacio, edificó muchas fortalezas, en esa corte trabajó uno de esos ingenios casi míticos del Renacimiento, que fue Francesco di Giorgio Martín, cuyos escritos sobre fortificaciones y máquinas, un universo de imágenes fascinantes, no se publicaría, pero cuya obra fue conocida en las otras cortes de su tiempo. En resumen los nobles solían saber ciencias.


Los avances de la artillería desde finales del siglo XV obligaban a una transformación de la arquitectura militar. Algunos de los más grandes artistas y arquitectos del Renacimiento trabajaron como ingenieros en ese mundo en continua guerra, y a los mejores se los disputaron las cortes más poderosas. Las experimentaciones de Leonardo da Vinci, que como experto en ingenios para la guerra y para la paz se ofreció a Ludovico el Moro, o los proyectos de Miguel Ángel para las fortificaciones de Florencia. La arquitectura militar seria "el estilo internacional" del siglo XVI, puesto que en cualquier lugar del mundo bajo dominio europeo podemos encontrar esas formas geométricas que transformaron ciudad y territorio, hasta construir un paisaje asociado a las fronteras en la época moderna.

Señalar la perfecta geometría subyacente en los trazados, siempre adaptados a la topografía, primero dibujados sobre el papel y luego sobre el terreno. Una fortificación renacentista siempre es un sistema en que cada elemento -cortinas, baluartes, fosos, rebellines,etc.- está en relación con los demás para apoyarse unos a otros en la defensa del enemigo, y cada fortificación pasa a formar parte de un sistema defensivo de un todo. Desaparecen las torres redondas, extraordinariamente vulnerables a las nuevas armas, los muros debieron terraplenarse para poder soportar el peso de las armas de artillería, más gruesos y de materiales que pudieran absorber el impacto de la artillería, se hacen grandes fosos, galerías de minas y contraminas, etc. para proteger unas fortificaciones donde la altura disminuyó considerablemente,expandiéndose por el territorio con obras externas. Lógicamente la geometría de esta arquitectura defensiva, de estas máquinas de guerra inmóviles, fue evolucionando, y los distintos sistemas acabaron enseñándose en las Academias de Ingenieros del siglo XVIII.

Los ingenieros militares fueron los artífices de la transformación del territorio, constructores de obras públicas, proyectos de navegación, y autores muchas veces de obras arquitectónicas que en su sentido de la geometría y la desornamentación delatan que su arquitectura constituye un hilo conductor de la arquitectura de la época moderna que en la Ilustración producirá algunos de sus mejores ejemplos, al igual que en el XVIII cuando encontramos proyectos destinados a facilitar el comercio y las comunicaciones (Canal de Castilla).

Fueron también los ingenieros autores de ingenios y máquinas, como ejemplo tenemos a Juanelo Turriano creador de maravillas mecánicas como relojes, molinos, autómatas y su famoso ingenio para subir el agua desde el Tajo a Toledo, la aritmética, las matemáticas y la geometría fueron los instrumentos que le permitieron transformar la realidad y el espacio. Conservamos muchos tratados de ingeniería, unos manuscritos y otros impresos, además de múltiples informes dados con ocasión de una inundación, de la necesidad de máquinas para facilitar la navegación, de la construcción de puentes o el abastecimiento del agua a una ciudad. El famoso libro de los Ingenios y las máquinas nos permite conocer el poder de la imagen en la transformación del conocimiento para el progreso del hombre. Los muelles permitieron la creación de puertos artificiales para el dominio del mar. Los canales para la navegación y el riego se extendieron por las cortes europeas, las cuales atraían a los mejores profesionales para dominar el agua, la obra hidráulica, fue a lo largo de la época moderna un factor determinante en la organización territorial de los estados, y el progreso que implicaba la convertía en un bien codiciado.

Recordar que mediante la imagen se conoce, que la imagen es pensamiento, y por consiguiente también pensamiento científico, y por otra parte que la imagen acompañó siempre a la ciencia. Ejemplo es una imagen, del libro de Valverde de Hamusco (1566) que debe mucho a la de San Bartolomé desollado con la piel colgante, para así poder mostrar los músculos del cuerpo, ilustra los estudios anatómicos practicados en cadáveres y fundamentados en la obra de Vesalio (1543), que hicieron avanzar tanto la medicina como la representación del cuerpo humano que llevaron a cabo artistas como Miguel Ángel.

 Juan Valverde de Hamuco, Vivae imágenes partium corporis humani.Amberes, 1566. Madrid, Biblioteca Nacional de España.

domingo, 26 de julio de 2026

ARTE Y PODER EDAD MODERNA. LA COLECCIÓN

INTRODUCCIÓN

La colección ha sido uno de los espacios básicos para la exhibición, contemplación e interpretación de objetos artísticos desde la Edad Moderna hasta nuestros días. Muchas obras maestras fueron disfrutadas originariamente en colecciones. Aunque la mayor parte de las colecciones históricas tenían contenían un repertorio variado, en este contexto nacieron las formas de experiencia que sustentan nuestro concepto actual de autonomía artística.

Pero, ¿qué es una colección? No toda reunión de objetos lo es.

“Colección es un conjunto de objetos naturales o artificiales, mantenidos temporal o definitivamente fuera del circuito de actividades económicas, sometidos a una protección especial y expuestos a la mirada dentro de un lugar cerrado dispuesto a tal efecto”. K. Pomian

De esta idea desprende que la existencia de una colección no reside en la naturaleza del repertorio, sino en las condiciones de organización y lectura de la misma. Podemos decir que esta aparece cuando podemos verificar la existencia de lecturas que transfiguren o superen la función original de los objetos. En muchas ocasiones es más correcto hablar de “modos de coleccionar” que de colecciones.

#D. Remps, Gabinete de curiosidades. C. 1689. Museo dell´Opificio dekke Pietre Dure, Florencia.

El estudio de las colecciones nos enseña que los objetos son interesantes por sí mismos y por las lecturas que se le aplican. En paralelo, el análisis de las narrativas que articulaban las cámaras o galerías, nos ofrece la posibilidad de ahondar más en las implicaciones sociales y políticas de estos modelos de experiencia. Pomian habla así, de los objetos coleccionados, como “semióforos”, que acarrean un significado haciendo visible conceptos e ideas; y A. MacGregor propone que las colecciones pueden ser entendidas como “la concreción física de modelos de pensamiento”. Estas atribuciones son dotadas de manera conjunta por coleccionistas y su audiencia —que para M. Bal constituyen “agentes narrativos”—.

Normalmente, un mismo repertorio ofrecía y recibía diferentes discursos y significados que implicaban modos de coleccionar diversos. Un simple hueso podía ser una reliquia religiosa que narra la historia eclesiástica y un arma enemiga podía convertirse en un trofeo de victoria

Frecuentemente las colecciones permiten apreciar la que la diferenciación entre arte y otras categorías no siempre funcionaba en la E. Moderna. Sin embargo, a lo largo del s. XVII se produjo una progresiva especialización. Con más importancia, y esto es lo que hace que pueda hablarse con propiedad de coleccionismo artístico, se dispusieron narrativas que estructuraban las piezas a partir del gusto estético o la incipiente hª del arte. La articulación ideológica de las colecciones tiene mucha importancia para entender los niveles de lectura las piezas además de dar pista sobre la posición del arte y su valor social e ideológico en la época moderna. 

LAS CÁMARAS DE ARTE Y MARAVILLAS

En 1908 J. von Schlosser publicó Las cámaras de arte y maravillas del Renacimiento tardío, obra fundacional para el estudio moderno del coleccionismo. Recoge la descripción de distintas colecciones de E. Moderna con su foco central en los soberanos centroeuropeos del s. XVI. Creo un modelo de explicación general sobre el coleccionismo humanista que ha sido aplicado habitualmente a todo el continente. La lectura tradicional de estas colecciones entendía que sus bienes estaban articulados para ejemplificar el poder del soberano. Estos objetos constituían un microcosmos que recogía simbólicamente el mundo (naturalia y artificialia), para que pudiera reflejar el dominio del monarca sobre el macrocosmos.

También, con una proyección muy relevante en el s. XVII, los tesoros eclesiásticos compartían el interés por la maravilla, con atención a la taxonomía del conocimiento y la voluntad de crear identidades políticas. San Marcos de Venecia, los monasterios centroeuropeos o el Museo Jesuita de Roma eran ejemplo de ello.

# Museum Kircherianum, en Georgius de Sepibus, Romani Collegii Musaeum Celeberrimum, Amsterdam, 1687

Por su parte, los gabinetes de los humanistas, combinaban su función de espacio de trabajo con la recopilación y exhibición de objetos; como sucede con el de B. Amerbach, U. Aldrovandi, N. Fabri de Peiresc, J. Tradescant, O.Worm o el V. J. de Lastanosa. Así pues, las colecciones no estaban reservadas únicamente a los poderosos. Estos modelos compartían parte de los repertorios y lecturas de las grandes escenografías principescas. Por ejemplo, el studiolo — modelo básico de gabinete humanista italiano—, se convirtió en un espacio básico del palacio cortesano.

# Musei Wormiani Historia, en Ole Worm, Museum Wormianum seu Historia rerum rariorum… Amsterdam, 1655


# L. Lotto, Andrea Odoni. 1527, Hampton Court

La 1ª de las colecciones a las que Schlosser dedica atención es la del archiduque Ferdinand II de Austria (1529-95), situada en el castillo de Ambras, tenía 3 apartados: armería, biblioteca y cámara artística. La armería, la más importante para él, contenía: armas de los capitanes más importantes de la época, piezas históricas, trofeos y piezas de sus antepasados. La biblioteca tenía unos 4000 volúmenes. La cámara artística contaba con armarios con objetos de diverso tipo —conchas, corales, orfebrería, instrumentos musicales, instrumentos científicos, curiosidades etnográficas americanas, porcelana y tapices orientales— además de retratos y animales disecados. Podemos ver que el término “cámara artística” no se corresponde con la noción de arte actual, sino una combinación de naturalia y artificialia apreciada por su curiosidad o exotismo.

# Schloss Ambras, en Martin Zeiller, Topographia Provinciarum Austriacarum, Austriae,… Frankfurt, 1649

# Anónimo, Escribanía de coral. Segunda mitad s. XVI, Schloss Ambras

Otras relevantes son la del emperador Rodolfo II (1552-1612) —que posteriormente recibió mayor atención historiográfica— con mayor atención a la extravagancia y obras de artistas contemporáneos (Durero,Tiziano, Corregio, Arcimboldo, Giambologna o Leoni), donde estas, aparentemente desorganizadas, ocupaban armarios, suelos y mesas de 4 habitaciones; y la de los archiduques Alberto V (1528-79) y Guillermo V (1548-1626) de Babiera.

En 1565 Samuel van Quiccheberg publicó Theatrum Sapientae que clasifica los ámbitos de conocimiento a partir de la experiencia de las colecciones muniquesas. Dice que hay 5 espacios intelectuales: la historia (con énfasis en el linaje, geografía y mapas), las cámaras artísticas (en el sentido de Ambras), el gabinete de historia natural (animales, plantas, piedras raras y anatomía humana), las artes mecánicas (instrumentos musicales, científicos y máquinas) y una cámara de pintura. Varias colecciones del centro y norte europeo mantendrían este sistema hasta el s. XVII.

En paralelo, en otras regiones, se desarrollaban experiencias similares con diferentes modelos. En Italia, desde el s. XV, existió una tradición de coleccionismo aristocrático con particularidades propias. Su soporte ideológico se basaba, en cierta medida, en Petrarca y los clásicos, con énfasis en la historia y las antigüedades. En pocos años, las cortes de la península, se dotaron de colecciones que interactuaban en un rico mercado de adquisiciones cruzadas y humanistas como consejeros. Ej. de ello: las colecciones papales o las de Francesco II Gonzaga (1466-1519) e Isabella d´Este (1474-1539). La de los Medici incluso nos enseña cómo este afán por la hª y el arte no defendían un modelo tan diferente de Centroeuropa, porque al margen de la amplia colección artística, contaban con una sobresaliente armería (Cosimo I, 1519-74). Tb sus reliquias americanas (piezas de plumas, máscaras y objetos de oro y piedras preciosas) simbolizan su riqueza e interés por el nuevo continente.

En estos conjuntos de artificialia, naturalia y exótica, no podemos olvidar también el aprecio por los primeros jardines botánicos y casas de fieras de Florencia; que R. Borghini definía en Il Riposo (1584) como un espacio lleno de maravillas.

# Frans II Francken, Gabinete de curiosidades. C. 1625, Kunsthistorisches Museum, Viena.


El resto de las cortes creo conjuntos parecidos como la de los Austria en Madrid y Belgica.

Además de las de Carlos V (1500-58) y Mª de Hungría (1505-58), destaca la de Felipe II (1527- 98) en el Alcázar, El Escorial y sus otras residencias. Sus colecciones miraban a las de Italia y Flandes y a su vez servían de referente a la 2ª generación de coleccionistas centroeuropeos.

Además de las reales, habría que señalar las colecciones de la nobleza europea, de la que existen decenas de ej., como la de los duques de Infantado de Guadalajara en la que destacaba, junto al repertorio habitual, la biblioteca, los tapices y una armería extraordinaria.

Hemos tener en cuenta, a la hora de analizar estas colecciones, la importancia del patronazgo, que nos introduce en un horizonte de expectativas relativo a las marcas visuales del linaje para la percepción del valor de las obras de arte. Esta idea afecta por igual a monarcas, nobles y humanistas. Podemos decir así, que existió un modo de coleccionar y unas narrativas específicamente ligadas al linaje que se aplicaron a todo tipo de piezas, cuyos discursos tenían un anclaje clásico en el ius imaginum romano. La recuperación humanista de este modelo coincidió con la adopción del coleccionismo en toda Europa.

El horizonte genealógico tenía varios niveles de efecto. Por un lado favorecía la recopilación de objetos que pudieran funcionar como semióforos de las virtudes de los antepasados y por otro, también explica la transferencia generacional que se da en estas colecciones. La tendencia disgregadora que propiciaba el mercado, convivía con una voluntad de permanencia de determinados objetos ligados al linaje.

LA ESPECIALIZACIÓN DE LAS COLECCIONES

En el s. XVII se vivió una progresiva especialización de las colecciones. La idea totalizadora, como taxonomía del mundo, no se perdió en ningún momento, pero fue fortaleciéndose un nuevo modelo que enfatizó la diferenciación de repertorios. Surgieron 3 tipologías básicas: pinturas y esculturas, antigüedades y las colecciones científicas. Aunque estos repertorios solían combinarse entre sí y admitían otras categorías como las armas, curiosidades o objetos decorativos, esta particularización se acompañó de una nueva narrativa sobre la colección. Esta separación anticipa lentamente la separación que se dará en los museos dentro del mundo contemporáneo.

Existía un evidente interés por abrumar al espectador, en términos de escala. No se trataba ya sólo de mostrar el mundo, sino de recolectar el mayor nº de ejemplares para poseer todas las variantes de una tipología.

Tanto las antigüedades como la hª natural ofrecen multitud de colecciones en los s. XVII-XVIII. Si bien muchas dependieron de iniciativas particulares, no podemos obviar aquellas de organismos educativos, religiosos o políticos.

El epicentro, definición del modelo de galería de pintura y escultura, era Italia, dd ya desde el s. XVI estas categorías eran una sección fundamental. Al fin y al cabo, allí fue desde la literatura artística se desarrolló de manera más clara —las Vite de Vasari (1550 y 1568), el Dialogo della pittura de Dolce (1557) o la Idea del Tempio della Pittura de Lomazzo (1590)— describiendo estas colecciones. Esta sinergia favoreció que el discurso se expandiera por toda Europa. Uno de los pilares punto de partida de este tipo de colección fueron las vaticanas y las cortesanas antes comentadas, pero no debemos olvidar al patriciado veneciano y las galerías cardenalicias de Roma (los Bentivoglio, Borguese, Ludovisi, Aldrobrandini, Barberini y Chigi). Este modelo llego con fuerza al s. XVIII.

# D. Wolkertzoon, El cortile y la colección de escultura del palazzo Valle Capranica de Roma, 1550.

Este discurso tuvo un eco temprano en la corte española. Felipe II formó una pinacoteca extraordinaria con obras de los mejores autores italianos y flamencos. Desde esta tradición Felipe III (1578-1621) y Felipe IV (1605-65) potenciaron la adquisición de pinturas en un contexto de progresiva competencia entre coronas. De este último podemos destacar la decoración del Alcázar, el Buen Retiro, la Torre de Parada u otros espacios madrileños, con Velázquez como ayuda.

También sobresalieron en el ámbito nobiliario, las galerías de aristócratas como el duque de Alcalá, el conde de Benavente, el marqués de Carpio, el de Leganés o el almirante de Castilla. Gaspar de Haro y Guzman —VII marqués de Carpio— contaba con la Venus del espejo de Velázquez y la Madonna Alba de Rafael entre sus más de 3000 obras.

Además de Viena, París y Madrid; Bruselas y Londres se convirtieron en 2 centros imprescindibles de coleccionismo. La colección del archiduque de Austria —Leopoldo Guillermo (1614-62)—, el conde de Arundel (1586-1646), el duque de Buckingham (1592-1628) o Carlos I (1600-49) lo ejemplifican. De hecho, la almoneda de los bienes de Carlos I, tras su decapitación, reunió a numerosos embajadores y agentes. Gracias a ellos obras como El tránsito de la Virgen de Mategna, El lavatorio de Tintoretto, la Sagrada familia de Rafael o el Autorretrato de Durero, están hoy en el Prado.

# D. Mytens, Thomas Howard, conde de Arundel. c. 1618. National Portait Gallery, Londres

La difusión del nuevo modelo de las galerías no puede entenderse sin las disposición paralela de discursos ideológicos que avalaron la recolección de piezas con un criterio basado fundamentalmente en el gusto estético.

En Francia, por ej. , la Academia favoreció una discusión más afinada de estos nuevos argumentos. Hacia 1660 las descripciones de obras de arte se habían desplazado desde una vocación narrativa a una analítica (atributos formales). Las lecturas de A. Félibien o R. de Piles no proporcionaban las señales ideológicas que el linaje había buscado tradicionalmente, pero si mantenía una lectura social, que en cierta medida conectaba con la vieja idea de magnificiencia.

Al hablar del patronazgo de Francia, Richelieu (1585-1642) y Mazarino (1602-1661), prácticamente siguieron el modelo previo de los príncipes romanos de la Iglesia. Este último fue de hecho uno de los mayores beneficiarios de la almoneda de Carlos I. La descripción de De Piles de las obras de Rubens que poseía Richelieu ofrecía un perfil claramente estético. Nada estaba aparentemente relacionado con su linaje, simplemente acogía estas pinturas como correspondía a su conocimiento artístico.

LA RECEPCION PUBLICA DE LAS COLECCIONES

La mayor parte de las colecciones de la E. Moderna osciló entre el consumo privado y la exhibición pública. El alcance de esta apertura dependió de factores políticos, sociales o de las mismas transformaciones del sistema artístico. Desde el s. XVI, las cámaras de maravillas y los gabinetes eran espacios de trabajo y representación. Sus mapas, libros, retratos y demás bienes; componían un programa ideológico pensado para facilitar la educación de los hijos en las virtudes del linaje y ofrecer a su vez una escenografía que buscaba envolver a los visitantes. Los viajes cortesanos de la E. Moderna encontraron hitos en la visitas de estas colecciones. Por ej: el felicísimo viaje de príncipe Felipe II (1552) fue un recorrido por palacios, fiestas y colecciones.

Estas colecciones favorecían la creación de espacios de interacción determinados por la comunicación cultural y social. Los relatos de viajeros ofrecen abundantes testimonios sobre ello.

Como el de A. Gölnitz (1631) por Francia, que describía desde salas de armas hasta curiosidades eruditas como las del farmacéutico Paul Contant.

# Tabla de animales con malformaciones, en P. Contant, Le Jardin et cabinet poetique, Poitiers, 1609.

Desde el s. XVI se hizo frecuente la reproducción visual de las colecciones en estampas o pinturas. Estas son una evidencia muy relevante de los modos de socialización en gabinetes y galerías. Particularmente, en Amberes, nació un género que consistía en representar estos escenarios, reales o imaginarios. Algunas de estas obras eran encargadas por sus propios poseedores —como podemos observar de las distintas versiones de la galería del archiduque Leopoldo Guillermo o de la vista de la colección del cardinal Silvio Valenti Gonzaga—.

# Escuela Flamenca, Cognoscenti en una habitación con pinturas. c. 1620. National Gallery, Londres.

# G. P. Pannini, Vista de la colección del cardinal Silvio Valenti Gonzaga. 1749, Hartford, Conn., Wadsworth Athenaeum.

La misma existencia de estas imágenes es evidencia tb del interés de difusión más allá de la propia posibilidad de visita. En el s. XVI comenzaron a imprimirse los primeros catálogos —como el del archiduque Fernando sobre su Armería de Ambras, editado por J.S. von Notzing —. Esta edición de catálogos alcanzó en el s. XVII también los inicios de la prensa, que en publicaciones como el Mercure François publicaba entradas sobre las colecciones. También empezaron a editarse descripciones en verso como las de G. Marino y G. de Scudéry. Uno de los primeros catálogos razonados fue el de J. de Julliene —director de Gobelinos— en el que destaca el grupo más importante de pinturas de Watteau.

# G. Fdez. de Córdoba. En J.S. von Notzing, Armamentarium Heroicum. Die Heldenrüstkammer Erherzog Ferdinans II auf Schloss Ambras…, Inssbruck, 1601


# Escuela Francesa, Catalogue des tableaux de Mr. Jullienne. Cabinet de Monsieur: Côté de la Porte. c. 1756. Pierpont Morgan Library, NY.

Conforme avanzó el s. XVIII, el proceso de discusión pública de las colecciones se intensificó mediante el nacimiento de otro tipo de modelo de exhibición que reforzaba su apertura pública.

Hacia mediados, la mejora de accesibilidad fue patente. La galería del príncipe elector de Düsseldorf, J. Wilhelm II von der Pfalz (1658-1716) fue abierta entre 1709-14 en un edificio pensado para la exhibición y en tiempos de su sucesor C. Theodor, el director de la academia de la Academia (L. Krahe) redistribuyo la colección por escuela reduciendo el nº de pinturas por sala y encargó un catálogo a De Pigage, Mechel y Laveaux.

# Cinquiéme Salle, partie à droite de la Seconde Facade, en De Pigage, Mechel y Laveaux, La galerie électirale du Dusseldorff; ou , Catalogue raisonné et figure de ses tableaux. Basilea, 1778

Paralelo a estos usos aristocráticos, fue creándose una audiencia situada en la nueva esfera pública de la ciudadanía. Las exposiciones de la Academia y los primeros museos se alimentaron de un primer público artístico que, aunque muy limitado, comenzó a crear esta demanda en ciudades como París.

Esta progresiva apertura está acompañada de una importante transformación en la naturaleza conceptual de las colecciones. Es interesante constatar, en este sentido, que colecciones estudiadas por Schlosser, como las de la emperatriz Mª Teresa y su hijo el emperador José II fueron distribuidas siguiendo la estela de la recién nacida hª del arte y más tarde, con las revoluciones del s. XIX, quedaron firmemente constituidas como museos públicos. Otro ej. es la colección de Ambras, que en 1814 pasó a constituir una gemäldegalerie en el Belvedere Vienes.

El cambio en las expectativas de los poseedores y del público podía tener distintas consecuencias. En el caso de las colecciones americanas de los Medici, la pérdida de la novedad del descubrimiento llevo a que las piezas se vendieran como ferralla en el s. XVIII al desaparecer su valor como semióforos. En el caso de Ambras, la provisión de una nueva narrativa llevó a la constitución de una nueva colección con las mismas piezas. Al igual que Paracelso y Petrarca habían proporcionado soporte ideológico para el primer coleccionismo humanista, Winckelmann estaba avalando la nueva mirada estetizante.

El transito del s. XVIII al XIX entendió que la colección, constituida en museo, era un nuevo templo en el que consagrar la nueva mirada artística. En paralelo, las viejas colecciones de naturalia de las cámaras de maravillas fueron dando paso a los museos de historia natural y antigüedades.

El inmenso movimiento de piezas artísticas que ocasionaron las guerras marcaron este cambio de siglo. Aunque estas muestras estuviesen motivadas por la celebración de victorias militares, los catálogos evidenciaban una voluntad didáctica. Con todo, lo más interesante es que los espectadores convalidaban absolutamente esta percepción. El desplazamiento de obras desde iglesias italianas y españolas al Louvre solo se entiende gracias a la transformación paralela del fiel parroquiano en ciudadano connoisseur.