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viernes, 23 de febrero de 2024

LA GUERRA DE LOS 100 AÑOS

Se da el nombre de Guerra de los Cien Años al largo conflicto que sostuvieron los reyes de Francia e Inglaterra entre 1337 y 1453. En realidad fue una extensa serie de choques militares y diplomáticos, caracterizada por breves campañas bélicas y largas treguas. No fue, por tanto, un estado de guerra permanente, aunque las prolongadas y frecuentes treguas se veían continuamente salpicadas de escaramuzas al estilo de la guerra de guerrillas, y las maniobras diplomáticas más tradicionales estaban al orden del día. Se inició en medio de condiciones feudales y por causa de un litigio típicamente feudal; y terminó en guerra entre dos países que se estaban convirtiendo rápidamente en naciones bajo la administración centralizada de sus respectivas monarquías.

Guerra de los 100 años (1337-1453)

Francia e Inglaterra a principios del siglo XIV. Contexto de crisis general en Occidente en el s.XIV y XV debido a este conflicto. 

Las raíces de la Guerra de los Cien Años se remontan a la conquista del trono inglés por Guillermo el Conquistador en 1066. Como duque de Normandía, Guillermo -y, posteriormente, sus herederos- participaba tan activamente en la política feudal de Francia como en el gobierno de Inglaterra. Tanto económica como culturalmente, Inglaterra se había convertido en colonia de Normandía, y los intereses de los nuevos reyes "ingleses" seguían firmemente asentados en Francia.

Esta situación se acentuó a partir de 1154, al acceder al trono de Inglaterra Enrique de Anjou, fundador de la dinastía angevina o Plantagenet. En su condición de conde de Anjou, duque de Normandía y de Aquitania, y ahora, como Enrique II de Inglaterra, este monarca tenía un pie firmemente plantado a cada lado del Canal. Según los principios feudales, Enrique y, después de él, sus hijos Ricardo y Juan, eran vasallos de la monarquía francesa, que era el poder central; pero el enorme poderío derivado del dominio de las riquezas y de los recursos humanos de Inglaterra, hizo de los primeros Plantagenet todo menos vasallos sumisos del rey de Francia.

Tras la extinción de la dinastía Capeta tras la muerte de de Carlos IV en 1328, entró una nueva dinastía real, los Valois, bajo el reinado de Felipe VI (1328-1350).  Los franceses se negaban a limitar la soberanía de su rey sobre dicha región para dar satisfacción a los ingleses. Estos, por su parte, sostenían los derechos de su rey a la plena soberanía. La siguiente fase de este conflicto se inició en 1337, cuando Felipe VI de Francia decretó una vez más la desposesión del ducado de Eduardo III de Inglaterra y organizó una campaña militar para apoderarse de las tierras por la fuerza. Esta es la fecha que se toma como inicio de la guerra de los Cien Años. La magnitud del conflicto pronto se incrementó cuando Eduardo se proclamó rey legítimo de Francia, en 1340, e invitó a los nobles franceses a reconocer su derecho. De este modo, la disputa sobre Aquitania se convirtió en una guerra por la sucesión de Francia.

Este conflicto entre dos monarcas por la posesión de un reino se complicó aún más por el resentimiento que los nobles franceses venían manifestando desde hacía largo tiempo por la intromisión del gobierno central en su esfera de poder. Y Eduardo III era lo suficientemente astuto para capitalizar ese resentimiento. Les hizo ver que sus esfuerzos eran la lucha de un señor francés que, al mismo tiempo, resultaba ser rey de Inglaterra, frente a la política expansiva de una serie de reyes cada vez más poderosos. Y, efectivamente, logró el reconocimiento de sus derechos en algunos círculos. Por tanto, a partir de 1340, existieron dos reyes de Francia.


Fases de la guerra

Las victorias inglesas

El inicio de la guerra se decantó claramente a favor de las tropas inglesas. Las primeras operaciones militares se desarrollaron en Flandes, muy vinculado a Inglaterra por el comercio de lana, cuando los burgueses flamencos se sublevaron y pidieron la ayuda del rey de Inglaterra. Eduardo III llegó a proclamarse rey de Francia en la ciudad de Gante. En 1340 se produjo la primera gran victoria inglesa en el puerto de La Esclusa, donde la flota francesa sufrió una severa derrota a manos de la armada inglesa. Sin embargo, falto de recursos y de apoyo diplomático, Eduardo III no pudo explotar este primer triunfo y firmó una tregua en Esplechin.(1340).

batalla naval de la Esclusa (1340)

Eduardo III era un rey poderoso y respetado. Coronado en 1327, había restaurado la autoridad real en su país (muy debilitada por el nefasto reinado de su padre Eduardo II), al que había convertido en una potencia europea. En 1345 se reabrieron todos los frentes. Eduardo III estrechó su alianza con Jacobo van Artevelde, pero la crisis económica de Flandes desembocó en su asesinato, la retirada inglesa de la zona y la restauración pro-francesa de la mano del conde Luis de Male (1346-1384). Eduardo III llevó entonces la guerra a la propia Francia: La cabalgada de Lancaster de 1346 fue una serie de incursiones que llevó a cabo Enrique, conde de Lancaster, en la Francia suroccidental durante el otoño de 1346. Marchando en cabalgada, los ingleses saquearon Caen, amenazando Rouen y la propia París, pero, sin fuerzas suficientes, se replegaron hacia el norte perseguidos por el ejército de Felipe VI.

Las famosas batallas de Crécy (1346) y de Poitiers (1356) se produjeron de modo casi fortuito. Crécy rindió escasos frutos a Eduardo, excepto, indirectamente, el puerto de Calais y sus alrededores. Poitiers culminó con la captura del rey Juan II de Francia, aunque, curiosamente, este acontecimiento tuvo escasas consecuencias prácticas. Sin embargo, el efecto de estas dos victorias sobre el prestigio de Eduardo fue tal, que en 1359 se encontraba en una posición extremadamente fuerte.
Miniatura de la batalla de Poitiers (1356)
que ilustra las Crónicas de Froissart
(Biblioteca del Arsenal, París, Francia).



La Grande Jacquerie (1358)

La “Grande Jacquerie” es como se conoce a una de las revueltas sociales más importantes de la historia de Francia que tuvo lugar el 28 de mayo de 1358, en un contexto de grave crisis económica, política, militar y principalmente social; que origina numerosas agitaciones en el país galo.

Las causas de este “levantamiento” no son otras que la indefensión que sufrían los habitantes de la zona, expuestos a saqueos y pillajes, la subida de impuestos y tributos, y la creación del “taille” (un sistema que obligaba a los campesinos a arreglar, mantener y reparar elementos defensivos y construcciones de los nobles, frente a lo que no recibían dinero o contraprestación alguna).

La Grande Jacqueire (1358)

En 1359, Eduardo III había conseguido el apoyo de varias facciones en los ducados de Flandes, Normandía y Bretaña, y estaba negociando la adhesión del duque de Borgoña. Además, seguía teniendo al rey de Francia como prisionero. En ese momento Eduardo III propuso una tregua, bajo cuyos términos le sería cedida toda la mitad occidental de Francia, además de un cuantioso rescate por el rey Juan. Cuando los franceses, en un derroche de valor, rechazaron tales términos, Eduardo III reunió un poderoso ejército y montó una campaña que, según esperaba, iba a resultar decisiva.

Esta ofensiva inglesa fracasó estrepitosamente. Como consecuencia de ello, se firmaron los tratados de Brétigny y Calais (1360), que fueron los primeros acuerdos destinados a poner fin a la guerra. Según estos tratados, Francia reconocía la plena soberanía de Eduardo sobre una Aquitania bastante más extensa que antes. A cambio, Eduardo renunciaba a todo derecho a la corona de Francia. Este fue el primero de dos puntos culminantes del conflicto.

Las hostilidades se reiniciaron debido a que Francia e Inglaterra se involucraron en las guerras civiles que tuvieron lugar en Castilla, uno de los reinos cristianos de la península ibérica. Mientras que los franceses tomaron partido por Enrique de Trastámara, los ingleses apoyaron a Pedro I el Cruel, que fue vencido y asesinado por su hermanastro.

Con posterioridad, los franceses aprovecharon la muerte de Eduardo III de Inglaterra, y de su hijo el Príncipe Negro, para recuperar casi todos los territorios que anteriormente habían cedido a los ingleses.

Eduardo de Woddstock, el Príncipe Negro

Internacionalización del conflicto: la fase ibérica de la guerra con Carlos V (1364-1380)

La monarquía francesa buscó apoyos exteriores, extendiéndose así el conflicto al resto de Europa. Las hostilidades se reiniciaron debido a que Francia e Inglaterra se involucraron en las guerras civiles que tuvieron lugar en Castilla, uno de los reinos cristianos de la península ibérica. Mientras que los franceses tomaron partido por Enrique de Trastámara, los ingleses apoyaron a Pedro I el Cruel, que fue vencido y asesinado por su hermanastro, coronado como Enrique II de Trastámara.

Pedro I recurrió a la alianza inglesa para recuperar su trono y en 1367 volvió a Castilla con un ejército inglés mandado por Eduardo, hijo del rey Eduardo III y gobernador de Guyena. Las tropas inglesas vencieron a las francesas y castellanas en la batalla de Nájera.

Pese a sus victorias iniciales, Pedro I fue perdiendo a sus aliados europeos al no poder hacer frente a las deudas contraídas con los ingleses, lo que llevó a la retirada de las tropas del Príncipe Negro. 

El que más tarde se erigiría como Enrique de Trastámara, financiado firmemente por los franceses, lanzó un duro ataque contra Pedro I y, finalmente, en la batalla de Montiel acabó con su vida en 1369. Enrique II de Castilla fue proclamado rey y la dinastía Trastámara se instauró en Castilla. También como resultado de su derrota, Pedro I pasó a la historia como ''el Cruel'', a pesar de que el pueblo llano lo había apodado como ''el Justiciero''. 

Con posterioridad, los franceses aprovecharon la muerte de Eduardo III de Inglaterra, y de su hijo el Príncipe Negro, para recuperar casi todos los territorios que anteriormente habían cedido a los ingleses.

batalla de Montiel (1369)

Guerra de desgaste y recuperación francesa bajo Carlos V

Eduardo retiró su renuncia a los derechos sobre la corona francesa, y el rey de Francia, en represalia, se negó a declinar su soberanía sobre Aquitania. En consecuencia, la guerra se reanudó. Carlos V de Francia heredó un reino en quiebra, pero, contra todo pronóstico, consiguió revertir la situación. 

Carlos V consiguió imponer a su candidato al trono de Castilla en 1369 y así pudo continuar la guerra: en 1372 la armada castellana derrotó a la inglesa en La Rochela, rompiendo las comunicaciones entre Inglaterra y sus posesiones francesas. Optó por la vía de desgaste, combatiendo al enemigo mediante escaramuzas y golpes de mano, evitando batallas campales. 

El ejército francés, dirigido por el comandante bretón Bertrand du Guesclin, practicó una guerra de desgaste, evitando el enfrentamiento a campo abierto, que causó graves quebrantos a la población pero se mostró muy eficaz. Du Guesclin encadenó diversas victorias y tras el triunfo en la batalla naval de La Rochela (1372), expulsó a los ingleses de casi toda la Bretaña.

batalla naval de La Rochela (1372)

Hacia 1375, Carlos V de Francia había conseguido hacer retroceder a las fuerzas de Eduardo casi hasta el Canal. Todo lo que este rey había conseguido conservar era Calais, una franja costera que incluía Burdeos y Bayona, y unas pocas fortalezas sitiadas en Bretaña y Normandía.

Bertrand du Guesclin, nombrado condestable,
y recibiendo la espada de manos de Carlos V de Francia.

Periodo de treguas: Leulinghen 1389, Ricardo II de Inglaterra y Carlos VI de Francia

Entre el siglo XIV y XV Occidente entró en un periodo de paz. Francia e Inglaterra van acordando periodos de treguas temporales, pero pasan a ser definitivos porque ambos bandos están agotados.

Carlos VI de Francia (1380-1442) y Ricardo II (1377-1399) acordaron una tregua temporal en Leulinghen en 1389 que se fue renovando hasta 1404.

Tregua de Leulinghem 1389 entre Ricardo II y Carlos VI

Inglaterra con los costes de la guerra aumentó al presión fiscal, provocando una rebelión campesina en 1381 y en 1399 triunfa la "revolución Lancaster" donde el rey Ricardo II fue destronado por Enrique de Lancaster, quien se convirtió en Enrique IV de Inglaterra (1399-1413).

A principios del siglo XV, los ingleses tuvieron una nueva oportunidad de apoderarse de gran parte de Francia, por no decir de todo el país. La ocasión fue el estallido de una guerra civil o, más concretamente, un conflicto armado entre los duques de Borgoña y de Orleans. Carlos VI, que había accedido al trono de Francia en 1380 a la edad de once años era un enfermo crónico incapaz de gobernar efectivamente. En el vacío de autoridad así creado sus ducales tíos rivalizaban por el poder personal y por adquirir una influencia dominante sobre la administración central.

Fieles al espíritu de la política feudal francesa, ni el duque de Borgoña ni el de Orleans tuvieron escrúpulo alguno en buscar la ayuda inglesa. Después de haberse asegurado la neutralidad benevolente del primero, Enrique V desembarcó cerca de Harfleur en 1415. Sin embargo, la supuestamente gloriosa victoria que obtuvo en Azincourt poco después resultó ser poco más que una desesperada acción de retaguardia para cubrir su retirada.

batalla de Azincourt (1415)

Enrique V regresó con un nuevo ejército en 1417, encontrando esta vez mejor suerte. Mientras se dedicaba a conquistar Normandía, fortaleza por fortaleza, su reticente aliado, el duque de Borgoña, sitió y se apoderó de París. Cuando el duque fue asesinado en 1419, su sucesor decidió concertar una alianza formal con Enrique. Este acuerdo llevó directamente al tratado de Troyes, de 1420. Fue el segundo punto culminante, al menos aparentemente, de la prolongada guerra.

Con arreglo al tratado de Troyes, Enrique V debía ser reconocido rey legítimo de Francia cuando quedase vacante el trono por la muerte de Carlos. Parecía que todo lo que le quedaba por hacer a Enrique era completar la conquista de aquellas regiones que todavía se resistían al avance de los ejércitos ingleses. Una vez más, los sueños de Eduardo III de crear un imperio que abarcara toda Francia e Inglaterra parecían a punto de realizarse.

Pero Enrique V murió unos meses antes que el incapaz Carlos, por lo que el tratado de Troyes (1420) nunca entró en vigor. El pequeño Enrique VI fue coronado rey tanto de Inglaterra como de Francia, y los ejércitos ingleses prosiguieron la conquista del norte y del sudoeste de Francia. Pronto resultó evidente que, si lograban apoderarse de Orleans y cruzar el Loira, sería militarmente imposible cortar su avance por el resto de Francia.

 tratado de Troyes (1420)

La victoria final francesa de Carlos VII.  Juana de Arco, la doncella de Orleans

Su principal protagonista fue Juana de Arco, una campesina francesa que afirmaba que Dios le había encomendado la misión de derrotar a los ingleses.

Sus victorias elevaron la moral de los franceses y permitieron el acceso al trono de Carlos VII de Valois. Este recuperó la corona que el Tratado de Troyes había cedido a Enrique V de Inglaterra y sus sucesores.

Pero fue precisamente en Orleans, en 1429, donde el signo de la guerra cambió finalmente en favor de Francia. Estando Orleans sometida al tenaz asedio de los ingleses, apareció en escena la enigmática figura de Juana de Arco. A la cabeza de los ejércitos franceses, Juana levantó el asedio y convenció al Delfín, hijo mayor del fallecido Carlos VI, para que se hiciera coronar en Reims como rey Carlos VII de Francia. El país recobró su aliento, porque otra vez tenía un rey, así como un general victorioso. A partir de entonces, las posiciones inglesas fueron deteriorándose continuamente; Borgoña se sometió nuevamente a la casa real francesa en 1435, y París fue por fin reconquistado al año siguiente.

La entrada de Juana de Arco (1412-31)
en Orleans el 8 de mayo de 1429
Luego del ascenso al trono de Carlos VII, Juana de Arco fue traicionada y cayó en manos de los ingleses. En mayo de 1430, Juana y su ejército estaban luchando contra tropas borgoñonas en Compiègne, en el norte de Francia. Cuando intentaban retirarse ante el avance de un escuadrón enemigo, Juana cayó en una emboscada, y fue capturada por los soldados borgoñones. Más tarde, el duque de Borgoña la vendió a los ingleses a cambio de una recompensa de diez mil francos. Esto supuso un triunfo colosal para el enemigo, que odiaba a aquella chica que se creía una embajadora divina y que había humillado a su ejército. Juana fue encarcelada en el castillo de Rouen, en unas condiciones tan duras que intentó escapar varias veces tirándose por la ventana. Esto solo le sirvió para que la castigasen todavía más.

A finales de 1430, los ingleses trasladaron a la prisionera a Ruán, capital de Normandía, ciudad que administraban directamente y donde residían el joven Enrique VI y el duque de Bedford, regente de Francia. Éstos pusieron al frente del proceso a un clérigo francés de su confianza, Pierre Cauchon, obispo de Beauvais; era un antiguo servidor del duque de Borgoña que también había sido miembro del consejo del rey de Inglaterra. Junto a él se puso a un inquisidor, el dominico Jean Le Maître, que, sin embargo, pronto escurrió el bulto.

Después de una pesquisa en el pueblo natal de Juana para recoger «pruebas» de su herejía, el 3 de enero de 1431 se formularon los cargos contra la Doncella. Entre ellos se incluían haber violado la ley divina al vestirse como un hombre e ir armada, haber engañado al «sencillo pueblo» haciéndole creer que Dios la enviaba, creer en supersticiones y «falsos dogmas», y, por último, haber cometido «ofensa divina», o sea, herejía. Unos días más tarde, al abrir el juicio, Cauchon la declaró sospechosa de realizar hechizos e invocar demonios, es decir, añadió una acusación de brujería. Fue acusada de brujería y quemada en la hoguera en 1431.
Quema de Juana de Arco
En la mañana del 30 de mayo, durante una ceremonia pública celebrada en la plaza del Viejo Mercado de Ruán, Juana fue condenada como «hereje relapsa» y de inmediato conducida a la hoguera, donde ardió profiriendo repetidamente, hasta el último aliento, el nombre de Jesús.

Entre el fracaso de Orleans (1429) y 1435 se dieron pasos decisivos hacia la definitiva derrota inglesa. Inglaterra empezó a acusar el enorme esfuerzo bélico que suponía mantener la guerra en el continente y el control sobre territorios cada vez más hostiles. Ni los golpes de efecto de la ejecución de Juana de Arco ni la coronación de Enrique VI (1431) fueron revulsivos suficientes para los anglo-borgoñones. Con todo, el desenlace final del conflicto quedó en manos de Felipe el Bueno, que comenzó a deslizarse hacia un Carlos VII consciente de que sin Borgoña no podría derrotar a Inglaterra. Durante esos años en ambas cortes maduró la posibilidad de un acercamiento franco-borgoñón. En 1435 murió el duque de Bedford, regente inglés, acelerándose unos acontecimientos que harían decisivo ese año. El mutuo acercamiento de armagnacs y borgoñones culminó en el gran Congreso de Arras (agosto-1435), clave en el desenlace del conflicto. Felipe el Bueno rompió su tradicional alianza con Inglaterra a cambio de una fuerte compensación económica y de la práctica independencia política de Borgoña. A cambio de estas duras condiciones Carlos VII destruía el bloque anglo-borgoñón y era reconocido como único rey por el primer noble de Francia. Los tratados de Arras remataron la liquidación de la Doble Monarquía. Consecuencia de la alianza franco-borgoñona fue la entrada de las tropas francesas en París en abril de 1436.

Conférences d'Arras (1435)

En 1435 Carlos VII de Francia logró que el duque de Borgoña rompiera su alianza con Inglaterra a cambio de que su ducado obtuviera una amplia autonomía con Francia (Conférences d'Arras). También realizó importantes reforma administrativas y militares. Como resultado, Francia adquirió una superioridad sobre Inglaterra. 

El poder efectivo de los contendientes quedó patente en 1440 al estallar la revuelta nobiliaria de la "Praguerie" contra el autoritarismo de Carlos VII. El rey aplastó a los nobles levantiscos, demostrando que la monarquía francesa había perdido la debilidad de otros tiempos. Los ingleses, que apoyaron la revuelta, fueron incapaces de obtener ningún beneficio. Para afianzarse en el trono, Carlos VII logró que Inglaterra aceptara las treguas de Tours (1444), en las que su presencia fue reducida a Normandía y Gascuña. Las treguas de Tours (1444-1450) proporcionaron un respiro que franceses e ingleses no aprovecharon de igual forma. 

En 1448 creó los cuerpos de "francs-archers", exentos y reclutados por parroquias y, finalmente, organizó un poderoso parque de artillería. Con ello completó la creación de una poderosa maquina militar de caracteres modernos que daría la victoria definitiva a la monarquía francesa. Las treguas de Tours tampoco fueron duraderas. Inglaterra no quería hacer concesiones y Carlos VII, cada vez más fuerte, tenía la victoria a su alcance. En 1449 se reinició la guerra. Desde esa fecha hasta el final oficioso del conflicto (1453), la Francia de Carlos VII abordó una autentica guerra nacional de liberación del territorio que se desarrolló de triunfo en triunfo. La ofensiva francesa se lanzó primero en Normandía, donde el ejército creado por Carlos VII tomó una a una las ciudades normandas defendidas por pequeñas guarniciones inglesas encastilladas por temor a la población. Enrique VI hizo un último esfuerzo y envió un pequeño ejército a Cherburgo, pero las tropas de Carlos VII derrotaron a los ingleses en la batalla de Formigny (15-abril-1450), poniendo fin a la presencia inglesa en Normandía. A continuación Carlos VII dirigió sus tropas contra Guyena, más difícil de conquistar por la secular presencia inglesa en la región. Inglaterra estaba prevenida, pero el estallido de la revuelta de Jack Cade debilitó aún más sus fuerzas. Entre octubre de 1450 y junio de 1451 la artillería francesa fue rindiendo las principales plazas de la región.

batalla de Formigny (1450)

Cuando lo hizo, reconquistó rápidamente Maine y Normandía. Una alianza de castellanos, aragoneses y escoceses apoyó a los franceses que vencieron a los ingleses en la Batalla de Castillón (1453). Burdeos, la última plaza fuerte inglesa en Aquitania, cayó finalmente a manos de los ejércitos de Carlos en 1453. Eso significó el fin efectivo de la presencia inglesa en Francia, por lo que la fecha es considerada como el final del centenario conflicto.

Batalla de Castillón (1453)

Consecuencias de la guerra

A comienzos de la guerra Francia e Inglaterra eran monarquías feudales, pero después del conflicto se convirtieron en estados modernos. Otra consecuencia fue el surgimiento de un incipiente sentimiento nacional.

Aparte de confirmar a la dinastía Valois como casa reinante de Francia, y de forzar a los Plantagenet a ser más "ingleses" que antes, la guerra produjo otros efectos importantes a largo plazo. La guerra se había desarrollado exclusivamente en Francia, dejándola empobrecida y despoblada. El resurgimiento francés, durante la guerra y después de ella, sólo podría conseguirse bajo una administración central fuerte, y toda Francia reconoció esta realidad.

En Inglaterra, muchos barones se volvieron extremadamente ricos a medida que aumentaba su poder a nivel local y, en consecuencia, el rey se volvió más débil y pobre en tanto que los barones se quedaban con los ingresos locales. El monarca no podía cobrar impuestos a su pueblo sin el permiso del Parlamento y, por lo tanto, este organismo tenía que ser consultado cada vez que el monarca requería más dinero para sus campañas en Francia o en otros lugares. Como resultado de las reuniones frecuentes del Parlamento, no necesariamente ganó nuevos poderes, pero sí creó por sí mismo una identidad y, al participar en discusiones de política diplomática y la ratificación de tratados de paz, la institución empezó a convertirse en parte de la vida política inglesa. El "Parlamento Largo" de 1406 ., por ejemplo, se reunió un tiempo inusualmente largo desde marzo hasta diciembre mientras deliberaba sobre el tema siempre espinoso de las finanzas estatales, y había una gran sensación de que el rey, aunque todavía era un monarca absoluto, era quizás un poco menos absoluto que antes de la guerra.

La pérdida de la guerra para Inglaterra hizo que muchos de los nobles cuestionaran a su monarca y su derecho a gobernar. Esto y la inevitable búsqueda de chivos expiatorios para la debacle en Francia, finalmente llevaron a las disputas dinásticas conocidas hoy como la Guerra de las Rosas (1455-1487).

En Francia, la posición de la monarquía se fortaleció debido al éxito de la guerra, mientras que la nobleza y los Estados Generales (la asamblea legislativa) se debilitaron. Esto se debió a que el rey no necesitaba consultar a nadie sobre las políticas fiscales que podían imponerse a voluntad para pagar la guerra. El conflicto también vio la introducción de impuestos indirectos de larga duración, como el impuesto sobre la sal (gabelle), que no se abolió hasta la Revolución francesa de finales del siglo XVIII. El monarca francés pudo así triplicar sus ingresos a través de impuestos desde el inicio hasta el final de la guerra. Además, dichos impuestos requerían todo un nuevo aparato estatal de recaudadores, encargados de los registros públicos y tasadores para las disputas de pago que asegurarían el enriquecimiento de la Corona.

Los reyes de Francia, en aras de esa necesidad de contar con un gobierno central fuerte, pronto llegaron a adquirir poderes que habrían de desembocar en la monarquía absoluta de tres siglos después. Antes de la guerra, Francia era un mosaico de ducados y condados casi independientes, frecuentemente en conflicto unos con otros o con el rey. Sus duques y condes, así como el pueblo, tenían muy poca conciencia de ser "franceses". Después de la guerra, apareció un embrionario sentido de unidad nacional, bajo la bandera del rey de Francia y de todos los franceses. El viejo estilo feudal había desaparecido para siempre.

  • Saqueos y destrucciones
El territorio más afectado fue Francia, ya que fue el principal campo de batalla. En Inglaterra sufrieron las presión fiscal y el deterior de la economía. Las tierras francesas fueron el escenario del múltiples saqueos donde los mercenarios desmovilizados se dedicaron a a robar y saquear aldeas.
  • Cambios en las técnicas militares
Al principio del conflicto, los esquemas feudales del servicio militar seguían estando vigentes: en el caso de Francia se componía de la caballería pesada, proporcionada por la nobleza cuando era convocada por el rey. Con el transcursos de la guerra, ambos bandos se irán profesionalizando. recurren al uso de soldados profesionales o mercenarios.  Al finales del siglo XV, aparecen los ejércitos permanente compuestos por soldados profesionales pagados por la monarquía. 

El uso de artillería es cada mayor. Militarmente la tecnología se desarrolló durante este período, en particular, el uso de armas de pólvora más eficientes y el fortalecimiento y adaptación de castillos y ciudades fortificadas para hacer frente a las amenaza. Además, al final de la guerra, Carlos VII había creado el primer ejército real permanente de Francia.

También hubo una diplomacia más profesional entre las naciones europeas. También se crearon héroes y se celebraron con canciones, literatura y arte medievales, figuras como Juana de Arco o Enrique V, que todavía hoy se consideran los mejores ejemplos de nacionalidad en sus respectivos países. 
  • Modificaciones administrativas
Hasta el siglo XIV, las guerras se convirtieron en un fenómeno permanente provocó la aparición del impuesto estable.  Al principio era un impuesto directo por cada hogar o familia que debían de ser aprobados por asambleas parlamentarias. En Inglaterra era el parlamento quien les concedía a petición del rey para financiar una determinada empresa militar. En Francia, la reunión de los estados Generales o asambleas de Territorios más reducidos, regional, las conceden.

En un principio se tarta de impuestos de una duración temporal determinada por un cierto número de años y la práctica tarad en consolidarse porque se veía como algo excepcional.

También se desarrolla las contribuciones indirectas por culpa de la guerra. En Inglaterra la principal es la tasa sobre las exportaciones de lana al continente. En Francia con la Guerra de los 100 años, trajo la aparición de la gabela o monopolio por el estado de la venta de sal. este monopolio se mantiene hasta final del Antiguo Régimen.

La guerra va a hacer que la burocracia y el aparato estatal crezcan para poder gestionar tanto por el ejército como la fiscalidad.

Problemas con Borgoña

Los Valois tenían la práctica de conceder " Apanages", grandes señoríos a hijos o hermanos del monarca que no fueran a heredar el trono. Dichos apanages terminaban revirtiendo a la monarquía una vez transcurrido cierto tiempo, pero un caso no sucedió´ así, sino que este apanage se consolidó y desarrolló hasta casi generar  un poderoso y próspero estado entre Francia y el Sacro Imperio Germánico, con los Países Bajos y  sus florecientes ciudades; independiente de facto pero sujeto por vínculos familiares a los  Valois: el ducado de Borgoña.

Dicho ducado surge de una rama menor de los Valois a finales del siglo XIV. el primer duque fue un hermano de Carlos v y tío de Carlos VI de Francia. Poco a poco se expandió por su hábil política matrimonial.

Sus relaciones con la monarquía francesa empeoraron: tras su violento choque con el bando rival de los armagnacs, los borgoñones pasaron a aliarse con el rey inglés. solo rompieron esa alianza a mediados del siglo XV cuando el monarca francés Carlos VII eximió al duque de Borgoña de la prestación de vasallaje.
 Francia durante la segunda mitad del s. XIV
Fechas de interés
  • fin dinastía Capeta tras la muerte de Carlos IV (1328)
  • Felipe VI (1328-1350), primer rey dinastía Valois
  • 1340: Batalla de la Esclusa
  • 1340. tregua en Esplechin eduardo III
  • batallas de Crécy (1346) 
  • batallas de Poitiers (1356) 
  • La Grande Jacquerie (1358)
  • Tratados de Brétigny y Calais (1360)
  • Carlos V (1364-1380)
  • batalla de Montiel (1369)
  • batalla naval de La Rochela (1372)
  • tregua temporal Leulinghen (1389) entre Carlos VI (1380-1442) y Ricardo II (1377-1399)
  • batalla de Azincourt (1415)
  • tratado de Troyes (1420) 
  • Toma Orleáns (1429) por Juan de Arco (muere en 1431)
  • Conférences d'Arras (1435)
  • treguas de Tours (1444-1450)
  • batalla de Formigny (15-abril-1450)
  • Batalla de Castillón (1453)

EL IMPERIO GERMÁNICO EN LOS SIGLOS XIII Y XIV

A la muerte de Enrique VI en 1197, su viuda Constanza logró que los sicilianos en Palermo (1198) reconocieran como rey a a su hijo de 3 años, Federico. 5 meses después Constanza moría quedando la tutela de Federico en manos del papa Inocencio III. el vacío de poder fue aprovechado por Inocencio III, que ocupó el ducado de Espeloto y la marca de Ancona.

La Corte del emperador Federico II en Palermo (1865),
del pintor Arthur von Ramberg.

Federico II y su programa imperial 

En Alemania, cada facción eligió a su propio rey. así, los gibelinos eligieron Felipe de Suabia, apoyados por el monarca francés y, los güelfos eligieron a Otón de Brunswick (Otón IV), que contó con el apoyo del monarca inglés y del papa Inocencio III a cambio de renunciar a los bienes de Matilde de Toscana a favor del Patrimonio de San Pedro y de mantener la separación de Sicilia del imperio. Tras la muerte de Felipe de Suabia (1208), Otón IV es consagrado emperador en San Pedro, pero, al no mantener sus promesas, es excomulgado e Inocencio III cede su apoyo a Federico II, nombrándolo rey de romanos en Maguncia en el 1212, prometiendo éste mediante la Bula de Oro de Eger lo incumplido por Otón IV. Otón IV es derrotado en la batalla de Bouvines (1214) reforzándose la posición de Federico en Alemania.

Federico decidió seguir la misma línea de actuación política que su padre Enrique VI. Se apoyó en Italia decidiendo desatender el control directo de Alemania, lo cual favoreció el creciente poder de los grandes señores, hipotecando así la construcción de una monarquía fuerte.

Federico II, educado en Palermo, era de mentalidad abierta y muy avanzado para su tiempo: rey culto y letrado, se imbuye de la cultura musulmana y helenística de la isla, donde se redescubre a Aristóteles. En 1224 fundó la Universidad de Nápoles, primera universidad estatal sin control eclesiástico. Impulsó los estudios de Mesina y Palermo, dedicados a la medicina y  a la filosofía árabe. 

Hizo de Sicilia la base de su reinado y estableció la primera monarquía autoritaria de Europa: copió la administración fiscal y económica del mundo musulmán y se dejó absorber por su cultura. En 1231 promulgó el Código de Melfi que fortalecía la figura del monarca frente al resto de poderes feudales.

Inocencio III reunió en 1215 el IV Concilio de Letrán en el que se acordó la celebración de una cruzada que debería de celebrarse en 1217 en la que Federico debería de participar. Inocencio III muere en el 121 paralizándose el proyecto. Su sucesor, Honorio III (1216-1227) rogó a Federico que partiera a la cruzada, aunque este dilataba su salida. En el 1220, Federico II logró que la Dieta de Frankfurt eligiera a su hijo Enrique como rey de Alemania. El Papa amenazó de excomunión a Federico, el cual se comprometió a partir en el 1221 a la cruzada y a no unir Alemania y Sicilia. De esta forma obtenía la coronación imperial de Roma en 1220. Federico seguía retrasando su salida a la cruzada.
 
Al enviudar de su primera mujer, Constanza de Aragón, Federico II se casó con Isabel, hija del rey tutelar de Jerusalén. En el tratado de San Germano de 1225, Federico juró partir a la cruzada en 1227 bajo pena de excomunión y pérdida del reino de Sicilia. A cambio, el Papa instaría a las ciudades lombardas a reconocer a Federico la supremacía imperial y a contribuir con 400 caballeros en la inminente cruzada.
Federico II

INOCENCIO III. Un motivo histórico para ser anticlerical

El Papa más poderoso de todos, también fue el más joven de todos. Era un noble romano elegido Papa a los 37 años. Las cruzadas habían transformado al Papa en el jefe de todos los caballeros cristianos, obedientes a la Santa Sede, que se acrecentó, desde 1176, cuando los lombardos, aliados del Papa, derrotaron a Federico Barbarroja y se tuvo la impresión que el Papa era superior al emperador. Inocencio III pronunció frases como estas:

El Papa en la tierra ocupa el lugar de Dios, o El Señor no ha dado a San Pedro la Iglesia, sino el mundo para gobernar.

Inocencio III luchó contra los reyes más poderosos de su tiempo. Excomulgó al Rey de Francia, Felipe Augusto, por repudiar a su esposa, la princesa Ingeburga, de Dinamarca; excomulgó a Juan sin Tierra y en Alemania decidió entre dos príncipes que se disputaban el título de rey. En el 1215, convocó el Concilio Ecuménico de Letrán, la Asamblea más grande la Edad Media, ya que asistieron 412 obispos, 800 abades o priores de conventos, varios patriarcas y obispos de Oriente.

Todos los príncipes al tomar posesión del poder de sus reinos, debían jurar que exterminarían a los herejes.

Inocencio III

Gregorio IX y la Liga Lombarda. La lucha de poder entre Gregorio IX y Federico II

El nuevo papa Gregorio IX (1227-1241) era familiar de Inocencio III. Capaz de enfrentarse al emperador y de  recordarle su voto de cruzado y su compromiso del tratado de San Germano. Tras una nueva petición de  aplazamiento a causa de una enfermedad, Gregorio IX le excomulgó hasta que en junio de 1228 finalmente  partió en la Sexta Cruzada consiguiendo una tregua de diez años con los musulmanes y la devolución de  Jerusalén (en manos musulmanas desde Saladino). En 1239, tras la tregua de 10 años, Jerusalén volvió a manos  de los sultanes ayyubíes

Federico II estuvo ausente un año. La excomunión libraba a los súbditos del vínculo de fidelidad con el rey. En  Alemania, los güelfos quisieron proclamar emperador a un sobrino de Otón IV y en Italia, las tropas pontificias habían entrado en el ducado de Espoleto. Federico II restableció el orden y firmó la Paz de Ceprano (1230)  con el Papa a cambio del levantamiento de la excomunión y la restitución de los bienes conquistados a la Iglesia  en Sicilia. Federico II infringió una gran derrota a la liga Lombarda en 1237 en Cortenuova y nombró rey de  Cerdeña a su hijo Enzo, sin el consentimiento del Papa, que reivindicaba Cerdeña basándose en la Donación de  Constantino.

La derrota de Cortenuova no supuso la sumisión de las ciudades italianas. El emperador tenía unos ideales de  una Cristiandad presidida por un solo soberano temporal y el Papa, viendo la dirección que tomaban las  pretensiones del emperador, en 1239 volvió a excomulgarle como rechazo de la idea que tenía Federico II de organizar Europa bajo un soberano laico y no eclesiástico. Estalló una guerra ideológica entre el Papa y el  Emperador a la cual le seguía otra guerra militar. Federico II invadía los Estados Pontificios y el Papa instó a los venecianos a invadir Puglia y a los güelfos de Baviera y Bohemia a formar una liga contra el emperador. El Papa  organizó un Concilio Ecuménico en Roma en 1241 con el fin de condenar y deponer a Federico II pero este  sitió Roma bloqueando los caminos y apresando a 2 cardenales, obispos y arzobispos. Con la muerte de Gregorio IX, Federico II levantó el sitio de Roma.

Gregorio IX

El final del dominium mundi. El fin de los Honhesfausen (1243-1254)

Tras la muerte de Celestino IV, con un breve pontificado de 17 días, se produjo una situación de Sede Vacante de 2 años. El genovés Sinibaldo Fieschi fue consagrado Papa con el nombre de Inocencio IV (1243-1254) y levantó la excomunión a Federico II a cambio de la restitución de los territorios pontificios que habían ocupado las tropas imperiales. En el 1244 se firma la Paz de San Juan de Letrán con la cual acababan las disputas entre la Iglesia y el Emperador. En el 1245 el Papa, que temía por su vida, convocó un Concilio Universal en Lyon en el que, invocando el principio teocrático, excomulgó y depuso a Federico II e instó a los príncipes alemanes a nombrar a un nuevo Emperador. Se iniciaba una guerra civil en la que güelfos  (deriva de Welf, el nombre de la dinastía de los duques alemanes de Baviera que compitieron por el trono imperial durante el siglo XII y principios del XIII. )y gibelinos, (deriva de Waiblingen, el nombre de un castillo de los oponentes de Welfs, los duques Hohenstaufen de Suabi) en Alemania e Italia, se volvían a enfrentar. Las ciudades alemanas se unían en la Liga del Rin (Maguncia, Colonia, Worms, Estrasburgo, etc.) y las ciudades italianas, encabezadas por Parma, se rebelaron resultando vencedoras las tropas alemanas (1248). El rey Enzo, hijo del Emperador, fue puesto en prisión hasta que falleció. 

Federico II murió a los 56 años (1250) en Castel Fiorentino (Puglia) tras lo cual Inocencio IV se trasladó a Italia para luchar contra los herederos del Emperador: Conrado IV, en Alemania, y su hermanastro, Manfredo, en  Puglia. Conrado IV recibió la excomunión del Papa al solicitar ser nombrado Emperador y Rey de Sicilia. Conrado  IV murió en 1254 dejando a su hijo Conradino como heredero. En el 1268 reclamó el trono de su padre, pero  fue vencido por Carlos de Anjou en la batalla de Tagliacozzo (cerca de Roma). Fue decapitado en una plaza  pública de Nápoles. 

Aquí acababa el sueño de establecer el Dominium mundi en Occidente. En los años siguientes, Gregorio X proclamó la unión de las iglesias griega y latina en el II Concilio de Lyon (1274). Mientras se daba la lucha entre el Imperio y Papado por lograr el poder universal, iba naciendo, de forma paralela, el mundo de las nacionalidades.



El Gran Interregno (1254-1273)

El Gran Interregno corresponde al periodo que va desde la muerte de Conrado IV (1254) hasta la elección de Rodolfo de Habsburgo (1273), caracterizado por el debilitamiento del poder central fortaleciéndose los distintos principados, fruto de la política güelfo-pontificia frente a los Hohenstaufen.

Tras la excomunión de Federico II en el I Concilio Ecuménico de Lyon (1245), el papa Inocencio IV instó a los príncipes alemanes a elegir un nuevo emperador. Guillermo de Holanda fue el elegido, pero Conrado IV y los gibelinos llegaron a controlar la situación. 

Cuando Guillermo falleció (1256), los electores se dividieron entre Ricardo de Cornualles (hijo de Juan Sin Tierra) y Alfonso X de Castilla (hijo de Beatriz de Suabia) emparentado con los Hohenstaufen. Ricardo sería coronado Rey en Aquisgrán, en 1257. Tras la muerte de Ricardo en 1272, Alfonso X albergaba esperanzas de ascender al poder, pero, Gregorio X se opuso rotundamente. Los electores alemanes eligieron al conde Rodolfo de Habsburgo (1273-1291)



Los inicios de la Casa de Habsburgo 

Rodolfo de Habsburgo centró su política en reivindicar en Alemania los bienes y derechos de la Corona. Para ello, buscó el apoyo de las ciudades favoreciendo la paz pública, el comercio y la protección de las ciudades de la Hansa. 

Derrotó a Otocar II, arrebatándole los territorios que poseía en Austria. Mantuvo buenas relaciones con el Papa y en 1278, reconoció al papa Nicolás III la cesión de la Romaña a cambio de recuperar los derechos imperiales  de la Toscana. En una Dieta celebrada en Frankfurt, propuso la elección de su hijo Alberto como rey de Alemania, pero fue rechazada por los electores. Tras la muerte de Rodolfo (1291), fue elegido Adolfo de Nassau, contra el que se levantó Alberto, que fue elegido en 1298. Tras la muerte de Adolfo en la batalla de Golheim (1298), Alberto quedó como rey único hasta 1308. Éste fracasaría en hacer hereditaria la corona alemana.

Casa de Habsburgo


La Casa de Luxemburgo y las últimas tentativas universalistas

A diferencia del primer Habsburgo, Enrique VII de Luxemburgo y Luis IV de Baviera tuvieron que enfrentarse a los Anjou de Nápoles, defensores de la independencia italiana frente al Imperio.

En 1308, Enrique VII de Luxemburgo (1308-1313) fue elegido nuevo rey de Alemania y de Romanos, primer rey consagrado emperador desde Federico II. Intentó reavivar la idea imperial en Italia lo que le hizo chocar con el papa Clemente V y con Florencia, la cual asedió y saqueó. Clemente V nombró Vicario Imperial en Italia al rey de Nápoles, Roberto de Anjou, volviendo Italia a un estado de anarquía. Tras la muerte de Enrique VII, se produce un Interregno de 15 meses, tras la cual se produjo la doble elección de Luis IV de Baviera o de Wittelsbach (1314-1346) y de Federico de Austria. La lucha entre ambos provocó una guerra civil de 7 años que favoreció el nacimiento de Suiza como nación y el fortalecimiento de las ciudades hanseáticas. Federico de Austria fue hecho prisionero en la batalla de Mühldorf (1322) y Luis IV de Baviera convocó una Dieta en Nürenberg (1323) para celebrar el fin del Interregno. Luis IV ejerció una autoridad en Italia no autorizada por el Papa lo que provocó su excomunión por parte de Juan XXII. El rey, apoyado por la nobleza y el clero alemanes, convocó un concilio ecuménico que juzgaría al Papa por hereje y por abuso de poder. 

 Batalla de Mühldorf o de Ampfing 1322. Luis IV de Bavaria derrota a Federico el Hermoso. Autor Hans Werl

Luis IV se presentó en Italia y en 1328 entró en Roma donde fue coronado emperador “en nombre del pueblo romano”. Estableció un Decreto Imperial por el que deponía a Juan XXII y elegía Papa a Pedro de Corvara como Nicolás V, que volvió a consagrar y coronar emperador a Luis IV. Los príncipes alemanes promulgaron la Constitución Licet iuris en la Dieta de Rhense (1338), sosteniendo que el Papa no podía juzgar ni deponer al Emperador.

Carlos IV y la Bula de Oro 

A la muerte de Luis IV, Carlos IV, conde de Luxemburgo (1347-1378), fue elegido rey. Mantuvo buenas relaciones con Francia y con el Papado. En la primera parte de su reinado, fijó definitivamente la forma y número de personas que debían elegir al Emperador. Estableció la Dieta o Reichtag donde se trataban las cuestiones que afectaban a los súbditos del Imperio y donde participaban los grandes príncipes, los nobles y unas 80 ciudades. 

En 1356, Carlos IV promulgó la famosa Bula de Oro en la que se fijaba el procedimiento electivo y se designaban los electores para la elección imperial. Los electores serían 3 eclesiásticos:
  • los arzobispos de Maguncia,
  • Colonia y
  • Tréveris, 
y 4 laicos: 
  • el Duque de Sajonia, 
  • el Conde Palatino del Rin, 
  • el Margrave de Brandeburgo 
  • y el Rey de Bohemia. 
La elección se adscribía a Estados y a quienes ostentasen el cargo en ese momento. De esta forma, el Imperio sería electivo sin intervención alguna del Papa. La elección se haría por mayoría. Al Papa (o a un representante) se le reservaba la coronación imperial, pero no la concesión del Imperio. El arzobispo de Maguncia sería el encargado de convocar a los electores en Frankfurt y la consagración del elegido se realizaría en Aquisgrán. Mientras el cargo estuviese vacante, le correspondía al Conde Palatino del Rin actuar como representante del Imperio.

La Bula de Oro representó el final de una época de continuas injerencias del Papado en los asuntos alemanes. 

En el invierno de 1358/1359, el duque Rodolfo IV redactó en su despacho cinco documentos que debían considerarse originales de los años 1058, 1156, 1228, 1245 y 1283 y que ahora se denominan complejo Privilegium maius. Con ellos se reivindicaron antiguos privilegios para los soberanos de Austria. En noviembre de 1360 entregó a la autoridad decisiva, el emperador Carlos IV, una copia, el llamado Vidimus, que combinaba hábilmente estos certificados falsos con algunos diplomas auténticos.

Sin embargo, Rodolfo IV no pertenecía al grupo de los siete príncipes electores (Kurfürsten) que, como dictaba la bula de Oro, tenían el poder de elegir al siguiente emperador, rex Romanorum. La bula fijaba Fráncfort y elegían los arzobispos de Maguncia, Tréveris y Colonia, el rey de Bohemia, el conde Palatino del Rin, el duque de Sajonia y el margrave de Brandeburgo.

A la muerte de Carlos IV (1378), los electores eligieron a su hijo Wenceslao (1378-1400), con escasas dotes personales y políticas. Su reinado se caracterizó por las luchas entre clanes nobiliarios. Tras muchos años de descontento, los electores eclesiásticos y el Conde Palatino del Rin, le retiraron su apoyo y eligieron a Roberto de Baviera (1401-1410).

Bula de Oro de de 1356 de Carlos IV de Luxemburgo


El nacimiento de Suiza 

Feudo Habsburgo desde Habichtsburg, disputado por los comerciantes que controlaban el paso de mercancías entre el Adriático y Flandes, a través de San Gotardo.

Esta región estaba bajo el señorío de los Habsburgo, donde tenían su fortaleza original: Habichtsburg (de la que tomó nombre dicha familia). Era el paso natural entre Italia y los Países Bajos, por donde discurrían las principales rutas comerciales entre el Adriático y el Mar del Norte. 

El emperador Rodolfo de Habsburgo impuso nuevos peajes a las mercancías y productos que circulaban por estas tierras lo que dio lugar a una revuelta que hizo que, en agosto de 1291, los habitantes de Uri,Schwich y Unterwald se unieran en una Liga o Landfriede. En 1309, los coaligados obtuvieron la confirmación de sus franquicias y el establecimiento de una bailía (territorio bajo la jurisdicción del baile) propia dentro del Imperio. 

Leopoldo I de Habsburgo inicia una campaña en Morgarten (1315) que acaba en derrota afianzándose la Confederación y a la que se añaden las ciudades de Lucerna, Berna y Zúrich. La burguesía y los artesanos tomaron el poder desplazando a la aristocracia feudal. Se crea una federación de ciudades y campesinos que va adquiriendo una estructura republicana al margen del poder señorial. Surgen tensiones entre las ciudades y los  cantones campesinos que se resuelven mediante la creación de una Dieta federal. 

La expansión de Borgoña amenazó la independencia de los cantones suizos, pero reafirmaron su independencia  ante Carlos el Temerario, derrotándolo en Grandson (1476) y Mórat (1476). Firmaron la Paz de Basilea (1499) con  el emperador Maximiliano I de Habsburgo, reconociéndose la independencia suiza, aunque, no se logra  formalmente hasta 1648, con la Paz de Westfalia.



Sicilia y Nápoles 
  • Las Vísperas Sicilianas y la Casa de Aragón (1282)
Conflicto sucesorio en Sicilia entre Carlos de Anjou (y su hijo Carlos II, también reyes de Nápoles) y los infantes de la Casa de Aragón (rey Pedro III, rey Alfonso III, rey Jaime II y Fadrique-Federico II), herederos estos últimos de los últimos Hohenstaufen (Manfredo, bastardo de Federico II; también se postula emperador junto con Ricardo y Alfonso X), al  casar Constanza, hija de Manfredo con Pedro III de Aragón.
El 30 de marzo de 1282 estalló en Sicilia una revuelta popular contra los ocupantes franceses que supondría el ascenso en el Mediterráneo de la Corona de Aragón

Tras la muerte de Conrado IV en 1254, Manfredo (hijo bastardo de Federico II) se alzó con el poder manteniendo la lugartenencia en Sicilia. El papa Inocencio IV quería acabar con la presencia alemana en Sicilia y ofreció la Corona de Sicilia al príncipe Edmundo, hijo de Enrique III de Inglaterra. Tras la derrota del ejército pontificio en Sicilia, el Papa fallecía en diciembre de 1254. Manfredo aprovechó la ocasión y se hizo coronar Rey de Sicilia en Palermo (1258). Edmundo renunciaba al trono de Sicilia por los gastos que ocasionaba una conquista tan alejada de Inglaterra. Manfredo pidió al papa Urbano IV su reconocimiento oficial a cambio de pago un tributo como feudatario de la Santa Sede, de la concesión de territorios a la Iglesia en la frontera sur de los Estados Pontificios, y del apoyo a una nueva cruzada. El Papa, que no quería presencia alemana en Sicilia, concedió la corona de Sicilia a Carlos de Anjou (1264). En enero de 1266, era coronado rey de Sicilia en la basílica de San Pedro y, un mes después, derrotaba y mataba a Manfredo en la batalla de Benevento.

Batalla de Benevento (1266)

En Alemania, los príncipes gibelinos apoyaron al joven Conradino (hijo de Conrado IV) y lo nombraron rey de Puglia y Sicilia. En 1268 se produjo la batalla de Taggliacozzo donde fueron derrotados los gibelinos. Conradino es decapitado públicamente en Nápoles acabando aquí la dinastía de los Hohenstaufen. Carlos de Anjou reinó de manera autoritaria en Sicilia y en Nápoles.

batalla de Taggliacozzo (1268)

Carlos de Anjou inicia una campaña contra el emperador bizantino Miguel VIII. El papa Martín IV cedió las  décimas de los obispados de Hungría y Cerdeña para su cruzada contra el emperador bizantino, aunque los  planes de Carlos de Anjou se frenarían.

El 30 de marzo del 1282 las ciudades sicilianas se levantaron contra los franceses y ofrecieron al Papa su soberanía directa, el cual rechazó. Hicieron entonces la oferta a Pedro III de Aragón. El aragonés desembarcó en la isla en  agosto de ese mismo año, pero el Papa le excomulgó y decretó vacante la corona de Aragón. El Papa ofreció la  corona de Aragón a Carlos de Valois (1284) en feudo y los franceses, que invadieron Cataluña en 1285, sufrieron  grandes derrotas en el Golfo de Rosas y en el Coll de Panisars.

La toma de Sicilia por los aragoneses complicó aún más el conflicto con la Santa Sede, al hacer prisionero en  Nápoles en 1284 al futuro Carlos II. Al morir Pedro III en 1285, cedía la Corona de Sicilia a su hijo el futuro Jaime  II de Aragón y dejaba a su primogénito Alfonso III la corona de Aragón.

De acuerdo con los términos de la Paz de Caltabellotta de 1302, Carlos II de Anjou, renunció a la corona siciliana en el Tratado de Barcelona de 1287 a cambio de su liberación. En consecuencia, Federico II de Sicilia fue confirmado como rey de la isla, pero ostentando el título de “rey de Trinacria“. Por su parte, Carlos II de Anjou mantenía el título oficial de “rey de Sicilia“, pero su soberanía se limitaba a Nápoles. El Papa no aceptó el tratado ni aceptaría el siguiente Tratado de Olorón de 1288, aunque se liberaría a Carlos II. 

el Papa Bonifacio VIII nombra Rey de Cerdeña y Córcega a Jaime II de Aragón.

Alfonso III moría súbitamente en 1291 quedando Aragón y Sicilia bajo el reinado de su hermano Jaime. Jaime II  renunció a Sicilia en el Tratado de Anagni en 1295 a cambio de que el papa Bonifacio VIII le concediera la  investidura de Córcega y Cerdeña. Los sicilianos no aceptaron el Tratado y coronaron rey a Fadrique como  Federico II de Sicilia (1296). Federico II se casó con la hija de Carlos II de forma que a la muerte de Federico II, la isla pasaría al rey de Nápoles.

Tratado de Anagni (1295)

La nobleza siciliana recordó la benevolencia mostrada anteriormente por Pedro el Grande hacia Carlos de Valois y su familia, lo que influyó en la voluntad de poner fin al conflicto. Aunque Carlos de Valois aceptó luchar con cierta reluctancia, propuso una tregua y la firma de la Paz de Caltabellotta (1302). En ese momento, las relaciones entre la Casa de Anjou y el Papa Bonifacio VIII ya habían sufrido desavenencias, y los angevinos decidieron entablar la paz con sus adversarios, los reyes de la Corona de Aragón.

  • Los Anjou en el reino de Nápoles 
La presencia de los Anjou en Nápoles se produce tras la coronación de Carlos de Anjou (1266-1285)  por el papa en 1266. Tras la pérdida de Sicilia, los Anjou se  centran en Nápoles y en auxiliar al papa en su lucha con los florentinos.  Expanden la casa a Hungría (matrimonio de Carlos II con María Árpad) y Durazzo (Albania), dando lugar a dinastías menores que intervinieron activamente en la inestabilidad política napolitana, en tiempos de las dos reinas Juana.

Carlos de Anjou (1266-1285)

Roberto I (1309-1343) fue un fiel aliado del Papado. A fin de recuperar Sicilia, se casó con una hija de Pedro III de Aragón  y, posteriormente,  con una hija de Jaime I de Mallorca.

Roberto I (1309-1343) 

A su muerte sin descendencia, la corona pasó a su nieta Juana I (1344-1382) que, siguiendo las directrices de Francia, se inclina por Clemente VII, futuro papa de Aviñón. El papa napolitano Urbano VI, reaccionó deponiendo a las reina (1380), nombrando en su lugar a su primo Carlos de Durazzo.

Juana I (1344-1382)

Los napolitanos, que no vieron con buenos ojos que su reina se inclinaría por el Papa francés en contra de su paisano, la abandonaron, y tras caer prisionera fue estrangulada por orden del nuevo rey Carlos III (1381-1386). La nueva dinastía Anjou-Durazzo tuvo que luchar contra la rama de los Anjou en Francia. El asesinato de Carlos III en Hungría,  tras ser coronado rey a la muerte sin hijos de Luis I el Grande, hizo que en Nápoles se instalará su hijo Ladislao I (1386-1414), al ser apoyado por el Papa napolitano Bonifacio IX, que volvió a estrechar los vínculos con la corona partenopea, tras los borrascosos días de su predecesor.  El joven rey fue nombrado Vicario del Papa, tanto en Roma como en el Patrimonio de San Pedro, volviendo a tener la influencia de los primeros Anjou. Los Papas y los reyes de Nápoles vivían en una extraña simbiosis en la que cada uno necesitaba del otro para subsistir.  El Papa necesitaba del rey de Nápoles para defenderse de las poderosas familias romanas, y el rey necesitaba al Papa para afirmar su derecho al trono napolitano. 

 Ladislao I (1386-1414)

La muerte por envenenamiento de Ladislao I hizo que el papa Martín V reconociera a su hermana Juana II como reina de Nápoles (1414-1435), tras la promesa de ésta de devolverle Roma, Ostia y Civita Veccia, en poder de los napolitanos. Al no cumplir dicha promesa, entra en conflicto con el Papado, y la reina recurre a Alfonso V de Aragón,  que se impone a Renato I de Anjou, terminado el reinado Anjou en Nápoles y empezando los aragoneses. 

Alfonso V y Renato I de Anjou

A Alfonso V le sucede su hijo natural  Ferrante (Fernando I), asentamiento de la Casa de Aragón con desavenencias con el Papa,  los Visconti milaneses, Florencia,… hasta su conquista definitiva en tiempos de Fernando II. 

Fechas de interés

Imperio germánico
  • Federico II, rey de romanos en Maguncia (1212)
  • batalla de Bouvines (1214)
  • Honorio III (1216-1227)
  • Paz de Ceprano (1230) entre Federico II
  • derrota liga Lombarda en Cortenuova (1237)
  • Inocencio IV (1243-1254)
  • Paz de San Juan de Letrán (1244): fin disputas entre Papa y emperador
  • güelfos  (deriva de Welf, el nombre de la dinastía de los duques alemanes de Baviera que compitieron por el trono imperial durante el siglo XII y principios del XIII. )
  • gibelinos, (deriva de Waiblingen, el nombre de un castillo de los oponentes de Welfs, los duques Hohenstaufen de Suabi)
  • II Concilio de Lyon (1274)
  • Gran Interregno (1254-1273)
  • Rodolfo de Habsburgo (1273-1291), emperador sacro imperio germano
  • batalla de Golheim (1298):  batalla  entre Alberto I de Habsburgo y Adolfo de Nassau-Weilburgo, que murió en el combate. Tras la batalla, Alberto I de fue elegido rey de Alemania.
  • batalla de Mühldorf (1322): FEDERICO III es derrotado por LUIS IV
  • Dieta en Nürenberg (1323)
  • Dieta de Rhense (1338)
  • Carlos IV, conde de Luxemburgo (1347-1378)
  • 1356: bula de Oro
Italia
  • batalla de Benevento (1266)
  • batalla de Taggliacozzo (1268)
  • Tratado de Barcelona de 1287
  • Tratado de Olorón de 1288
  • Tratado de Anagni en 1295
  • Paz de Caltabellotta de 1302
  • Carlos de Anjou (1266-1285) 
  • Roberto I (1309-1343) 
  • Juana I (1344-1382)
  • Ladislao I (1386-1414)
  • Juana II reina de Nápoles (1414-1435)