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jueves, 13 de agosto de 2015

AVATAR Y EL CAPITALISMO

El cine y la ficción recurren a técnicas literarias que siempre han sido el mejor y más estético cauce de transmisión de ideas. El cuidado de la estética es uno de los mejores mecanismos para conseguir que un anuncio permanezca en la memoria de los espectadores. La ficción trata el lado que no se ve de dos cuestiones: el amor y la política.

Lo épico se relaciona con la conciencia histórica, desarrollada en un marco de mayor complejidad social que requiere procesos de identificación colectiva, creando así signos y lazos de identidad y pertenencia.

El cine da la posibilidad de ser utilizado en las aulas de dos maneras fundamentales: como instrumento técnico de trabajo, en primer lugar y como sustento conceptual, ideológico y cultural, por otro. Como instrumento técnico de trabajo, sirve de punto de partida para conocer diversos modos de acceder a la sociedad y descubrir la realidad. Las técnicas propias del lenguaje cinematográfico son un soporte ideal para iniciarse en la investigación de hechos, novedades y formas de comportamiento social. Como sustento conceptual, ideológico y cultural, lo que presenta en cine es normalmente reflejo de la misma vida. Esta vida, o una parte de ella, es la forma de comportarse en un momento dado el país y el mundo, y merece ser tenida en cuenta para profundizarla más y para valorarla e incluirla en las acciones de aprendizaje.

El análisis constante de lo que se introduce en nuestra sociedad a través del cine debe servir para iniciarse en el conocimiento de la vida en grupo, de la cultura y en el perfeccionamiento de los comportamientos sociales. Sin el cine es imposible conocer la realidad contemporánea. Los documentos que aporta el cine se pueden cotejar con facilidad en hemerotecas y en archivos de periódicos, en enciclopedias y en textos especializados.

AVATAR: LA IMAGEN DEL COLONIALISMO Y EL CAPITALISMO

Avatar es una película por tanto, que nuevamente pone a discusión el tema de la guerra justa, de hecho muchos de los diálogos en los que interviene el director de la empresa encargada de la colonización, son diálogos que ironizan sobre los títulos injustos para hacer la guerra, siguiendo a Francisco de Vitoria, la negociación consideran debería ser el darles ‘civilización’ a cambio de tierra, pero la tierra para los na’vi es inalienable, entonces termina todo el derecho diplomático y se da paso a la intervención militar, el espectador fácilmente se identifica con los na’vi lo que genera una crítica al concepto de civilización, los invasores no parecen muy civilizados.

El "capitalismo" en la franquicia Avatar (películas de James Cameron) se representa como una fuerza imperialista y extractivista, encarnada por la corporación RDA que busca recursos valiosos en Pandora a expensas de los Na'vi y la naturaleza, contrastando con sociedades más comunales y ecológicas como la de los Na'vi, criticando la codicia y la destrucción ambiental asociada a la expansión económica occidental. 

La RDA es un ejemplo perfecto de capitalismo sin regular. La historia de Avatar dice que la RDA tiene un monopolio completo sobre todo, desde Pandora y todas las demás ubicaciones fuera del mundo. Además de esto, la RDA también produce todas las algas, que es el alimento básico de todos los humanos en la Tierra. El tamaño, el poder y la monopolización de recursos de la RDA son la razón por la que ni la ONU ni los gobiernos de la Tierra tienen la capacidad de regularla. El mensaje que se puede sacar de la historia de la franquicia Avatar es que si el capitalismo no se regula, conducirá al surgimiento de mega-corporaciones malvadas como la RDA.

La conquista del satélite Pandora, se emprende por parte de una empresa privada de mercenarios compuesta por exmilitares que tiene como objetivo hacerse del unobtainium, metal que se cotiza altísimo en la tierra, se da a entender al final de la película que el planeta tierra ha sufrido una degradación incomparable y sin embargo estos humanos tienen el proyecto de destruir otro espacio vital. La idea de la empresa privada a cargo de esta ‘guerra’ parece una crítica a la privatización de la seguridad nacional o al menos la falta de control por parte de la autoridad pública, un asunto trascendente en Estados Unidos (el ejemplo más emblemático es Dyncorp) y que se ha propagado a otros países y tema de películas como la saga Bourne, Código Flecha Rota, Batman, Watchmen y G.I. JOE. 


La película es extraordinariamente clara en su mensaje de que al imperialismo capitalista solo se le destruye mediante el abandono de cualquier reforma, la inmersión directa en su exterioridad, la solidaridad sin tapujos con los oprimidos y la guerra revolucionaria sin cuartel. Creo que además la película contiene un mensaje aceleracionista, si se quiere, en la medida en que el protagonista, interpretado por Sam Worthington, hace uso de su conocimiento del funcionamiento interno de la maquinaria imperialista para ayudar a los Na’vi a dar al traste con ella. Creo además que desdeñar estas cuestiones por sus elementos genuinamente ingenuos sería caer en una actitud extraordinariamente cínica cuyas perversiones son de sobra conocidas.

AVATAR: COLONIALISMO FANTÁSTICO EN LA GRAN PANTALLA

El argumento es dejarse llevar por la película hacia las metáforas recurrentes de la épica de siempre. En especial aquella desigual batalla entre David y Goliat representada acá entre un invasor pleno de tecnologías y de armas y unos nativos apegados a mitos y territorios, defendiéndose con los recursos que la naturaleza y los dioses les brindan.

Pero también hay metáforas nuevas. Las que colocan en el lugar central del hombre de hoy la defensa del ambiente. Una épica ecológica que descubre una conexión absoluta entre todas las manifestaciones de vida y las expresiones de la materia. La que señala que el hombre y su ambición están destruyendo su propia casa y sucumbirá bajo un derrumbe que ha provocado sistemáticamente sin que pueda detenerlo la compasión o el deseo de supervivencia.

Un país que todos los espectadores asocian con Estados Unidos viene a despojar de un material precioso a Pandora y para ello se dispone a destruir los lugares emblemáticos de ese planeta y a esclavizar a sus habitantes.

Pero un pequeño grupo de los foráneos se rebela y une sus fuerzas a los nativos cambiando con ello la correlación de fuerzas. La trama termina dándole un papel decisivo a una parte de los invasores en la victoria de los Na'vi. La película es el escenario donde se debaten un colonialismo arrasador y uno generoso. Uno que destruye y otro que, movido por el amor y la justicia, termina enarbolando la bandera de los débiles. Todas estas sensaciones se viven a la vez en esta película pródiga en imágenes y mensajes que utiliza la tecnología para volver sobre el imaginario del mundo contemporáneo cada vez más informado y consciente del desastre y cada día más indolente y egoísta para detenerlo y fundar un planeta más amable.

En efecto, Avatar sigue el esquema de algunas crónicas coloniales como Los Naufragios de Alvar Núñez Cabeza de Vaca, la historia de un soldado español que se pierde en la Florida y se hace curandero o la historia de Gonzalo Guerrero, el español que se queda a vivir con los indígenas y rechaza el proyecto imperial español.

El imperialismo y el colonialismo se explican, en último término, por razones económicas: la necesidad de los países donde se había desarrollado el capitalismo industrial de disponer de mercados seguros para la enorme cantidad de bienes que producían y, a la vez, obtener el control de las fuentes de las materias primas requeridas por la industria, al precio más bajo posible.

El colonialismo y el imperialismo fueron una consecuencia del gran capitalismo. El desarrollo de la producción en masa requirió de crecientes mercados y de fuentes de materias primas. Para obtenerlos, cada potencia industrial trató de asegurar la posesión de territorio en calidad de colonias, especialmente en el África y en Asia. Esto es lo que se llama Colonialismo.

Cada potencia industrial requería ser fuerte militar y políticamente con el fin de poder mantener el control sobre sus posesiones coloniales, siempre codiciadas por las otras potencias. La expansión colonial servía para fortalecer desde el punto de vista geopolítico a la potencia que le practicaba. En base a esta lógica, durante la segunda mitad del siglo XIX no se podía ser potencia de primer orden sin practicar el colonialismo y el imperialismo.

El mensaje implícito en Avatar contra el imperialismo, podría ser efectivamente un mea culpa norteamericano muy forzado y artificial, pero lo interesante es que además de esa lectura un poco encriptada y que genera aversión por su hipocresía, es también un mensaje al gran público para que reflexione sobre el modo en que la actual civilización se ha alejado de la naturaleza y ha perdido en el camino algunos valores que el consumismo y la tecnología le han hecho olvidar ¿producirá algo positivo este mensaje

AVATAR 2: LA EXPLOTACIÓN DE LOS OCÉANOS

La película es el escenario donde se debaten un colonialismo arrasador y uno generoso. Uno que destruye y otro que, movido por el amor y la justicia, termina enarbolando la bandera de los débiles. Todas estas sensaciones se viven a la vez en esta película pródiga en imágenes y mensajes que utiliza la tecnología para volver sobre el imaginario del mundo contemporáneo cada vez más informado y consciente del desastre y cada día más indolente y egoísta para detenerlo y fundar un planeta más amable.

En el centro de la película hay unas enormes y maravillosas criaturas parecidas a las ballenas, que son cazadas sin piedad –por el aceitoso elixir de la vida que contienen– por los terrícolas que han regresado a Pandora. La primera sobrepesca se produjo a principios del siglo XIX, cuando los seres humanos, en busca de grasa para el aceite de las lámparas, diezmaron la población de ballenas en torno a Stellwegen Bank, frente a la costa de Cape Cod (en Massachusetts, Estados Unidos). 

El capitalismo explota los océanos al verlos como recursos ilimitados y espacios para la acumulación de capital, a través de la sobrepesca, la minería de aguas profundas, la contaminación (plásticos, tóxicos), la destrucción de costas para turismo/inmobiliario, y el uso como rutas comerciales, resultando en degradación ecológica, calentamiento, acidificación y pérdida de biodiversidad, manifestando la contradicción entre el discurso de sostenibilidad y la práctica extractivista. 

La minería submarina podría tener un inmenso impacto en la diversidad marina, la cadena trófica, y en nuestra alimentación, aunque el impacto total que pueda tener es imposible de calcular por el escaso conocimiento que tenemos de los ecosistemas marinos. En la narrativa hegemónica, el progreso y el crecimiento económico ilimitado van siempre de la mano. El problema es que una vez cubiertas las necesidades básicas, el deseo de adquirir bienes y servicios posicionales, es decir, de estatus, que en muchas ocasiones son entendidos como “necesidades” –cuando en realidad no lo son–, se vuelve ilimitado

Los arrecifes de coral, por ejemplo, son especialmente vulnerables a la sobrepesca. Los peces que se alimentan de plantas mantienen el equilibrio de estos ecosistemas comiendo algas, manteniendo el coral limpio y sano para que pueda crecer. La pesca de demasiados herbívoros (ya sea intencionada o como captura incidental) puede debilitar los arrecifes y hacerlos más susceptibles de ser devastados por fenómenos meteorológicos extremos y el cambio climático. Los equipos de pesca y los desechos también pueden destruir físicamente los frágiles corales que constituyen los cimientos de los arrecifes.


Avatar 3: Fuego y Cenizas

Una estupenda parábola sobre el estado del mundo de hoy en día en materia de la destrucción del planeta y el desvío de recursos desde las mayorías populares hacia los sectores más concentrados de la economía, mensaje que enerva a la prensa clasicista de derecha y la fauna cinematográfica arty porque los pone en la incómoda posición de asumirse como conservadores y/ o filofascistas que no saben cómo reaccionar cuando un blockbuster propone un discurso sincero de choque. 

Complementa el asunto con las Rutas de las Especias de la Edad Media en adelante y con los enfrentamientos entre las distintas tribus del continente americano durante el período precolombino, nos referimos respectivamente a lo que en pantalla se denomina Comerciantes del Viento (Wind Traders), unos Na’vi nómadas y proto capitalistas, y clan Mangkwan, uno de los antagonistas de la realización porque es una estirpe aborigen belicosa volcada a la rapiña ya que vive en las inmediaciones de un volcán que eventualmente incendió toda vegetación o posibilidad de conseguir alimentos de forma pacífica, en esencia el opuesto exacto con respecto a cómo viven -o solían vivir, debido a las guerras de liberación contra esta mafia colonialista- los clanes Omatikaya, de las junglas/ árboles, y Metkayina, perteneciente a mares y océanos.

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