Un Bronce atlántico en regiones ricas en estaños
La región atlántica se destaca por su considerable conectividad marítima en un eje noreste-suroeste y la presencia abundante de estaño, que se convirtió en el recurso principal intercambiado por estas sociedades. El estaño aluvial se encuentra principalmente en la península de Cornualles, el sur de Bretaña y la fachada atlántica de la península ibérica, en particular en Galicia, Beiras y Extremadura. Este estaño se comerciaba hacia regiones vecinas del Báltico, Centroeuropa y el Mediterráneo.
La importancia de las comunicaciones marítimas se refleja en el barco de quilla plana de Dover (Inglaterra), que probablemente se utilizaba para cruzar el Canal de la Mancha alrededor del 2000 a.C. No obstante, lo más destacado del Bronce atlántico, especialmente en Gran Bretaña, Irlanda y Francia, es la gran cantidad de depósitos metálicos de armas y herramientas —espadas, lanzas, hachas, etc.— que no se encuentran en contextos domésticos, sino en ocultamientos rituales en tierra o agua. Estos depósitos rituales han sido descubiertos mediante dragados, obras de infraestructura pública, etc.
En estas sociedades atlánticas, la práctica de ocultar metales en rituales era frecuente, creando una abundancia de metales. Aunque algunas de estas ocultaciones pueden haberse asociado a momentos de inflación de metal por la introducción del hierro, es posible que algunas de estas prácticas rituales fueran ocultaciones previas para su posterior reciclaje, que por alguna razón no se recuperaron. La gran cantidad de hachas, especialmente las de cubo con un hueco en la parte trasera para insertarlas en un mango de madera, podría haber estado vinculada a un aumento de la carpintería de ribera para la construcción de barcos y la navegación marítima.
Este desarrollo también se acompañó de una mayor calidad de los bronces, facilitada por la utilización de la técnica de cera perdida, que permitía la creación de piezas más pequeñas, de bulto redondo o con una mejor acabado en su decoración. Además, se abandonaron los moldes de piedra a favor de moldes de arcilla que, a menudo, no han sobrevivido. En las fases avanzadas, la técnica de forjado mediante laminado se aplicó a piezas excepcionales como cascos, escudos y corazas.
A pesar de estos avances, la falta de enterramientos se compensa con prácticas alternativas, como la deposición directa de cuerpos en el agua, su hundimiento en el mar dentro de barcas o embarcaciones más grandes, o la dispersión de cenizas en ríos, arroyos o lagos, posiblemente relacionado con la idea de la reencarnación del alma en el agua u otros rituales asociados.
La ausencia de tumbas en esta etapa impide disponer de restos antropológicos y ajuares y, asociados, dificultando la interpretación social. Sin embargo, se observa la presencia de una creencia en la reencarnación del alma, similar a conceptos presentes en religiones como el hinduismo, el budismo tibetano y el taoísmo. Estas creencias sugieren que una persona fallecida renacerá en otro cuerpo, con su estatus futuro determinado por sus acciones pasadas.
La falta de tumbas se compensa con la presencia de armas defensivas especiales en depósitos rituales, como cascos e, corazas, grebas y escudos. En el caso de las mujeres, destacan ocultaciones de torques o brazaletes de oro, posiblemente dotes entregadas en el momento del matrimonio. Además, se encuentran piezas excepcionales vinculadas a banquetes, como ganchos de carne, asadores articulados y calderos metálicos, indicando el consumo de carne asada. Estos banquetes podrían estar relacionados con la salida o regreso de expediciones militares de saqueo y rapiña, tanto terrestres como marítimas.
En estas sociedades, la distribución de armas u objetos valiosos tenía un propósito específico: establecer lazos de hermandad entre las élites y fomentar relaciones de hospitalidad. Estas relaciones se basaban en un intercambio paritario de regalos, donde la entrega de un detalle o presente conllevaba la expectativa de una correspondencia futura.
La reciprocidad paritaria era esencial en estas interacciones, y si se presumía una posición social más elevada, se esperaba recibir un regalo más espléndido en retorno.
En este contexto, el ganado, siendo la principal fuente de riqueza, no se consideraba un regalo adecuado, ya que cualquier persona libre podía acceder a él. En cambio, se preferían regalos especiales que estuvieran vinculados con la exhibición pública de estatus social entre la élite, tales como armas, ropas, adornos o elementos asociados a banquetes.
Cada objeto especial tenía su propia historia, que incluía detalles como su anterior propietario, quién lo había regalado y las circunstancias que rodearon ese gesto generoso (una visita, un regalo de boda, parte de una dote, el botín de un combate heroico o de una rapiña por tierra o mar). Cuando la pieza volvía a circular en el futuro, se transmitiría toda su historia previa o biografía, lo que añadía un valor adicional a la pieza.
Durante el Bronce Final, se observan desarrollos distintivos en la zona atlántica.
- Hacia el 1325-1260 a.C., se define un grupo en la región norte, abarcando el sur de Inglaterra y el norte de Francia, evidenciado por depósitos como el de la fase Tauton. Sin embargo, en la región sur, que comprende el sur de Francia y el noroeste de la península ibérica, este grupo es menos definido. Durante esta fase, se generalizaron los escudos de piel, y se ha encontrado un molde de madera utilizado para su elaboración en Cloonlara (Irlanda) alrededor del 1425 a.C..
- La siguiente fase, de 1260 a 1200 a.C., se caracteriza por depósitos importantes en el Bronce Final IA, como Appleby en Inglaterra y Rosnõen en Bretaña (Francia). En esta etapa, se destacan las empuñaduras con 4 clavos cuadrangulares y las puntas de lanza con enmangue tubular para combates a media distancia. Un ejemplo notable es el pecio de Langdon Bay en Dover (Inglaterra), que transportaba numerosas armas de bronce, incluyendo espadas de tipo Rosnóen.
- En el Bronce Final IB, de 1200 a 1130 a.C., el depósito de Penard en Gales destaca por las espadas de tipo Clewer, mientras que en Francia se generalizan las espadas tipo Bellevue.
- En la fase final del Bronce Final, correspondiente al Bronce Final IIIA (930-750 a.C.), se observan desarrollos significativos en la región atlántica. En esta etapa, destacan depósitos como el de Blackmoor en el Reino Unido, caracterizado por espadas del mismo nombre. En el norte de Francia, aparecen espadas tipo Saint Nazaire, mientras que en el sur de Francia se encuentran las tipo Longueville. Durante esta fase, las espadas de filo recto se imponen, combinando lados para cortar y una punta afilada para clavar en combates individuales.
La proliferación de depósitos continúa durante el Bronce Final IIIB (750-700 a.C.). Ejemplos notables incluyen el depósito de Park en el Reino Unido y las espadas del mismo nombre, así como el depósito de Llyn Fawr en Gales. En Francia, destaca el depósito de Vénat en Charente, que contiene espadas de cazo y lanzas tipo Vénat. Este depósito es especialmente significativo, ya que contiene 2720 piezas con un peso total de 75 kg, donde resaltan 376 fragmentos de armas y adornos, constituyendo el 40.60% de las piezas.
Durante este período, se observa una proliferación de depósitos con cientos de hachas de cubo en la costa francesa de Bretaña.
La fase final del Bronce Final III, especialmente durante los años 950-850 a.C., se ha investigado a través de excavaciones en el poblado de Must Farm, ubicado cerca de una zona lacustre cercana a Flag Fen en Cambridgeshire, Inglaterra. Este sitio presenta una fase de destrucción excepcionalmente bien conservada. En él se han identificado cuatro grandes cabañas circulares, hachas de cubo del tipo Ewart Park y una rueda de madera de carro con un diámetro de 1 metro. Además, se han encontrado evidencias de campos de cultivo axiales en lugares como Holne Moor en Devon, Inglaterra (figura 9). Estos hallazgos proporcionan valiosa información sobre las prácticas y el estilo de vida de las comunidades de esta época en la región atlántica.
El Bronce nórdico en los países del Ámbar
En contraste con la relativa abundancia de minerales de cobre y estaño en la fachada atlántica europea, las regiones nórdicas mostraron una clara dependencia de metales importados desde Centroeuropa y la fachada atlántica. Este hecho evidencia una importante interconexión y dependencia externa durante la Edad del Bronce.
El carácter insular de ciertos territorios, como el estrecho que separa Dinamarca y Suecia, con más de 400 islas pertenecientes a Dinamarca, algunas de ellas muy grandes como Zealand (Selandia), Thy o Funen (Fionia), no siempre es evidente desde la Europa continental, favoreciendo una navegación significativa desde fechas tempranas. Esto permitió a estas comunidades acceder a los metales también a través de rutas marítimas, no limitándose únicamente a las rutas terrestres centroeuropeas que aprovechaban los grandes ríos. Inicialmente, utilizaron grandes canoas de cuero y madera con numerosos remeros, pero es probable que desde el Bronce III, hacia el 1325 a.C., estas canoas ya incorporaran velas, ampliando así su rango de navegación en el Atlántico
Se ha sugerido la existencia de jefaturas marítimas en Dinamarca, cuyas incursiones a las costas de Noruega y Gran Bretaña estaban principalmente destinadas a obtener esclavos, pero también objetos metálicos, textiles de lana, ganado, que era menos común en Escandinavia aunque su cría fue progresivamente en aumento, y otros bienes. Parte de los esclavos serían destinados al trabajo agrícola, no solo en grandes fincas, sino también en otras más pequeñas. Mientras tanto, las tripulaciones de los barcos se embarcarían en expediciones marítimas.
Un ejemplo de las estructuras habitacionales es la gran cabaña rectangular con techo a dos aguas de Skrydstrup en Dinamarca. Además, se han identificado campos de cultivo fosilizados en la isla de Gotland en Suecia. Estas granjas, con dimensiones entre 200 y 400 metros cuadrados, podrían indicar la presencia de miembros de la élite y su extensa familia, con posibles sirvientes domésticos o esclavos. También se representan carros de cuatro ruedas en grabados rupestres, utilizados para el transporte de mercancías y personas, o el uso de arados de madera, a menudo tirados por dos bueyes, indicando la propiedad privada del ganado.
La naturaleza militar de las expediciones marítimas se refleja en el armamento de bronce encontrado tanto en tumbas como en depósitos, que incluyen lanzas, escudos, cascos con cuernos y puñales. Estos hallazgos sugieren un carácter belicoso y estratégico en las incursiones marítimas de estas comunidades durante la Edad del Bronce.
No obstante, el enfoque principal de estas comunidades no habría sido solo el saqueo, sino también el comercio. Se buscaba establecer intercambios regulares con otras regiones donde no solo se obtuviera botín, sino que también se mantuvieran relaciones comerciales beneficiosas. El comercio con estas otras regiones era esencial para obtener metales y textiles, y en el caso del bronce nórdico, se contaba con una materia prima especialmente valiosa: el ámbar.
El ámbar, una resina fósil recuperada en las playas del Mar Báltico, particularmente en las costas de Polonia, Lituania, Letonia y la costa danesa del Mar del Norte después de tormentas significativas, era un material de excepcional valor. Su brillo y color amarillo, una vez pulido, lo asociaron simbólicamente con el sol y lo convirtieron en un adorno preciado en las sociedades europeas de la Edad del Bronce. Incluso se encuentra presente en tumbas en Micenas. Dada su alta estima social, es plausible que el ámbar sirviera como un producto de lujo en los intercambios de regalos que facilitaban acuerdos y pactos entre élites que residían en ubicaciones distantes.
Durante el período del Bronce III (1325-1150 a.C.), las comunidades nórdicas mantenían prácticas funerarias que incluían enterramientos bajo túmulos de tierra, algunos de ellos de considerables dimensiones. En el sur de Jutlandia, por ejemplo, se han identificado más de 8,000 tumbas en túmulos. Un túmulo particularmente interesante es el de Kivik en Suecia, datado en el Bronce II (1500-1325 a.C.) o incluso en sus fases iniciales del Bronce III. Este túmulo, de 75 metros de diámetro, contiene una estela de piedra grabada con un casco metálico piramidal de carácter ceremonial, probablemente hecho de oro. Otra estela presenta un carro de guerra o parada de dos ruedas, elementos que también aparecen en grabados rupestres en Frannarv (Suecia). Además, hay representaciones de carros de dos ruedas con figuras antropomorfas, algunas de ellas llevando cascos de cuernos. Estos carros, en ocasiones con ruedas de 4 radios, podrían tener una connotación estelar o representar carros solares. Se observan también figuras antropomorfas tocando grandes trompas o lures, indicando un carácter ritual en estas representaciones funerarias.
Otra tumba destacada es el túmulo de Skrydstrup en Dinamarca, datado en el Bronce III temprano (1300-1200 a.C.). En el centro de este túmulo, se encontró una cista de piedra que contenía el cuerpo de una mujer joven de 16 a 18 años. La mujer llevaba grandes pendientes de oro y tenía el pelo recogido con una malla. Análisis de estroncio indican que la mujer no era originaria de la región donde fue enterrada, sugiriendo que pudo haber llegado a través de un acuerdo matrimonial desde regiones vecinas como Suecia, Alemania, Bohemia o Francia cuando tenía 13 o 14 años. Este hallazgo plantea la posibilidad de que su llegada estuviera vinculada a un acuerdo matrimonial concertado cuando aún era adolescente, aunque no se descartan otras regiones dentro de Dinamarca como su lugar de origen.
Durante el período del Bronce III, se han identificado depósitos rituales significativos, como el de Simons Mose en Dinamarca, que contenía 10 vasos de bronce. Dos de estos vasos eran grandes, posiblemente utilizados para servir o mezclar bebidas, mientras que los más pequeños estaban destinados al consumo. Este tipo de depósitos rituales sugiere la posibilidad de que quienes participaron en el ritual hicieron una promesa o sellaron una alianza, depositando estas piezas como un gesto simbólico.
Otro ejemplo es el depósito ritual de Mariesminde en Funen, Dinamarca, datado en el Bronce IV, que contenía 11 vasos de oro dentro de un vaso de bronce. Estos hallazgos apuntan a prácticas rituales específicas que podrían estar vinculadas a eventos ceremoniales, alianzas o compromisos.
A partir del Bronce IV (1150-950 a.C.), se observa un cambio en los enterramientos, pasando de inhumaciones a cremaciones, lo que indica transformaciones sociales. Las cabañas también experimentan cambios, reduciendo su tamaño a la mitad (entre 100 y 150 m²), sugiriendo que ahora eran unidades unifamiliares en lugar de albergar a familias extensas. Esto podría indicar una concentración de poder en menos líderes. Además, se observa un aumento en la deforestación, obligando a utilizar madera de menor calidad para las cabañas y a depender de la turba como fuente de calor, dada la escasez de arbustos.
También se incrementa la colonización de regiones antes escasamente pobladas debido al crecimiento demográfico.
Los depósitos rituales continúan siendo una práctica destacada, a veces con piezas pares, armas o elementos simbólicos, como los cascos metálicos de cuernos en Viskø (Dinamarca) o los escudos con escotadura en U en Sorup Mose (Dinamarca). Estos depósitos podrían representar rituales de alianza, donde cada guerrero deposita una pieza de su armamento, simbolizando la formación de una nueva alianza. También se sugiere que estos depósitos pueden estar relacionados con ofrendas a divinidades, posiblemente a los gemelos divinos.
En el contexto del Bronce III, algunos depósitos rituales incluyen instrumentos musicales rituales, como las Iures o trompas de bronce halladas en Brudevaelte Mose (Dinamarca).
Esto sugiere la participación de un grupo de músicos en una celebración especial. Estos instrumentos también se han encontrado en depósitos del sur de Suecia y el norte de Alemania.
Asimismo, se han identificado vasos metálicos utilizados para beber en depósitos rituales. Un ejemplo es el depósito de Midskov (Dinamarca), que contenía siete copas de oro. En algunos casos, estos vasos aparecen dentro de una sítula para mezclar o servir, similar a una crátera, como se observa en Mariesmin de Mose (Dinamarca), donde once vasos de oro se encontraban dentro de una sítula de bronce. Estos elementos a menudo presentan asas con protomos o cabezas de caballos. En la sítula se representan barcos con cabezas de aves en la proa y la popa, transportando en el centro un círculo con una cruz, sugiriendo la representación de barcos solares.
En la mitología nórdica de la época, se sugiere que el sol tendría un ciclo similar al egipcio, moviéndose en un carro solar durante el día y siendo transportada por un barco con cabezas de cisne durante la noche. Se cree que estos animales eran especialmente significativos durante el amanecer y el atardecer debido a su capacidad de volar por el día y nadar por la noche.
En el Bronce IV, se observa la generalización de las navajas de afeitar, indicando un cambio en la importancia de las barbas en el cuidado personal del guerrero. Algunas de estas navajas presentan asas con la forma de un protomo de caballo o decoración de barca solar.
En el Bronce V (950-700 a.C.), se generalizan dos tipos de tumbas. Por un lado, túmulos con cremaciones en su interior, como el caso de Luseh0j (Dinamarca), donde se levantó un túmulo en el lugar de la pira funeraria. Por otro lado, aparecen tumbas con piedras hincadas con forma de barco y alineación solar hacia los solsticios, como en Ales Stenar (Suecia).
Estas tumbas refuerzan el carácter marítimo de estas sociedades insulares bálticas, mostrando una conexión importante con el entorno marino.
Las sociedades centroeuropeas con enterramientos en campos de urnas
Durante el Bronce D (1325-1250 a.C.), se produjo un significativo cambio ideológico en el centro de Alemania, Polonia, Austria, Bohemia, Eslovaquia y Hungría. Se observó una transición desde la práctica de enterramientos en túmulos hacia la cremación. Aunque la cremación ya estaba presente en el Bajo Danubio, especialmente en la actual Hungría, durante el Bronce Inicial en grupos como Nagyrév y Kisapostag, se expandió gradualmente.
Este cambio simboliza la disminución de la importancia de la inhumación, marcando el avance de una religión centrada en una divinidad solar.
Los nuevos enterramientos abandonaron la forma de túmulo y adoptaron tumbas planas, lo que sugiere un acceso más generalizado a la creencia en otra vida, ya que la práctica se extendió a una mayor parte de la población. Entre las nuevas opciones de enterramiento se encuentran tumbas en forma de pira o fosas que contenían huesos cremados, evolucionando hacia la práctica predominante de depositar los huesos incinerados en urnas, que se generalizó a partir de Hallstatt A1 (1250-1150 a.C.). La continuidad en el uso de cementerios con urnas es notable, como evidencian ejemplos como el cementerio de
Volders (Tirol del Norte, Austria), que estuvo en uso desde el Bronce D hasta Hallstatt B3 (1325-800 a.C.). Algunos cementerios eran enormes, como Kietrz (Silesia, Polonia), que contaba con más de 3.000 tumbas, y Moravicany (Moravia) con 1.260 tumbas, la mayoría de ellas de cremación.
Es relevante señalar que la práctica de la cremación no fue adoptada de manera sistemática por toda la población, ya que en algunos casos se mantuvo la tradición previa de la inhumación. Un ejemplo es el cementerio de Przeczyce (Silesia, Polonia), donde, de 874 enterramientos, solo 132 fueron cremaciones, mientras que 727 mantuvieron la inhumación.
La importancia de la llanura húngara en la producción de bronces, al abastecerse de cobre y oro en los Cárpatos y distribuir sus productos metálicos mediante intercambios, regalos o lazos matrimoniales hacia la zona nordalpina o el norte de Italia, pudo contribuir a la difusión de estas ideas religiosas. Estas prácticas, aunque específicas de la región, compartían similitudes con las de otras áreas mediterráneas o atlánticas.
Estas sociedades durante la Edad del Bronce eran principalmente agropecuarias, centrándose en el cultivo de cereales como la cebada y la avena, esta última utilizada también para la cría de caballos. Se observó una generalización en el uso del mijo (Panicum miliaceum), adaptándose bien a suelos de secano debido a su bajo requerimiento de agua y corto período de crecimiento antes de la cosecha. Además, se introdujo el cultivo de centeno (Secale cereale), utilizado para la elaboración de pan con una miga más oscura y en la producción de cerveza. Entre las leguminosas, las habas (Vicia faba) eran destacadas, no solo como alimento sino también por su capacidad para fertilizar los campos con nitrógeno cuando se rotaban.
En las fases iniciales, estos asentamientos ocuparon predominantemente áreas con suelos fértiles. Sin embargo, a partir de Hallstatt Bl-B3 (1050-800 a.C.), como se evidencia en Silesia (Polonia), los poblados se expandieron hacia suelos de menor calidad debido al crecimiento demográfico. Esto llevó a un aumento en la superficie dedicada a pastos, principalmente para ovejas, así como cerdos en áreas cercanas a bosques. Mientras tanto, los bosques se mantenían en tierras marginales, áreas con orografía abrupta o en zonas abandonadas debido a la sobreexplotación agropecuaria.
El uso de herramientas de bronce se multiplicó para la siega de los cereales y facilitar la desforestación. Las primeras hoces de bronce, comúnmente encontradas en tumbas femeninas, evolucionaron hacia hachas con enmangue de cubo en fases más avanzadas.
Estos desarrollos variaban regionalmente.
En Hallstatt C (800-650 a.C.), destaca el poblado de Biskupin (Silesia, Polonia), construido en el invierno de 748-747 a.C. con cerca de cien viviendas adosadas protegidas por una empalizada de madera de 450 metros. Este poblado representa la intensificación de los procesos de agregación de la población rural, abandonando las aldeas aisladas para una mayor defensa colectiva.
Desde una fase avanzada del Bronce D (1325-1250 a.C.), se evidencia el carácter militarista de estas sociedades, con guerreros equipados con panoplias metálicas completas que incluyen cascos, escudos y lanzas. En Hungría y el noreste de Italia, destaca la aparición de las espadas Naue IIA con filos rectos, que se generalizaron en Europa durante Hallstatt Al (1250-1150 a.C.).
Las espadas Naue IIA tuvieron una amplia aceptación en diversas regiones durante el Bronce III (1325-1150 a.C.), incluyendo Escandinavia, Centroeuropa, norte y centro de Italia, Grecia y Creta. Se encuentran ejemplares más aislados en Chipre y el Levante, con una localizada en el pecio de Cabo Gelidonia (Turquía) datada en el 1200 a.C. Sin embargo, en la zona del Bronce atlántico y en islas del Mediterráneo centro-occidental, como Sicilia, Cerdeña, Córcega o Baleares, no se han registrado hallazgos de estas espadas.
En el depósito de Sajógómôr (Eslovaquia), también se descubrieron fundas de "arco de violín", lo que indica el uso de túnicas de lana desde el Bronce III (1325-1250 a.C.). Los guerreros de la élite, aunque posteriormente optaron por la cremación, continuaron recurriendo a la deposición dentro de grandes túmulos. Un ejemplo de esto es el túmulo de Ockov (Eslovaquia), con una altura de 6 metros, un anillo perimetral de piedra que rodea el túmulo con un diámetro de 25 metros y una cámara funeraria de 5x4 metros. En este lugar se realizó una pira con el cuerpo durante Hallstatt Al (1150 a.C.), y también contiene objetos metálicos de bronce y otros elementos en su ajuar.
Las piezas más destacadas en el contexto funerario son los carros funerarios rituales que contenían un caldero ritual en el que se depositaba una cremación o sítula. Un ejemplo de esto es el hallazgo en Milavce (Bohemia), donde se encontró una sítula con ruedas depositada dentro de un túmulo. Otro ejemplo es el caldero de Acholshausen (Baviera, Alemania), que albergaba un enterramiento masculino y presentaba ruedas de bronce macizas con 4 radios, que podrían representar un elemento solar. Este carro también cuenta con cabezas de cisnes.
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| caldero de Acholshausen (Baviera, Alemania |
Durante Hallstatt Bl-B3 (1050-1010 a.C.), se observa un incremento en la importancia de la religión solar, como evidencia el depósito de Hajduboszorrneny (Hungría), con una sítula de bronce decorada con barcos solares que tienen cabezas de cisne en la proa y popa, enmarcando un elemento solar central. También se encontró una copa para libaciones.
Estas sítulas húngaras circularon hasta el norte de Alemania y Dinamarca durante el Bronce IV (1150-950 a.C.).
El depósito húngaro de Hajduboszorrneny refleja la evolución de la panoplia guerrera con cascos de punta redondeada y espadas de puño macizo con pomo en forma de disco. Se observa que los guerreros de élite, aunque posteriormente optaron por la cremación, continuaron utilizando grandes túmulos para la deposición funeraria. Este cambio en las prácticas funerarias se expandió desde Hallstatt Al (1150 a.C.) hacia el valle del Rin en el este y oeste de Alemania, Suiza y los Alpes, proyectándose después hacia el centro-este de Francia.
En esta fase, los poblados abiertos sin aparente presencia de murallas se desarrollaron en diferentes regiones, como Unterhaching (Baviera, Alemania) y Zedau (Sachsen-Anhalt, Alemania), lo que sugiere cambios en la organización social hacia estructuras familiares más extensas. Además, se observa una marcada reducción en el número y tamaño de viviendas en sitios como Bad Buchau (Baden-Württemberg, Alemania) durante Hallstatt BI-B2 (1010-950 a.C.), indicando posibles cambios en la organización social hacia familias extensas.
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| depósito húngaro de Hajduboszorrneny |
En el contexto funerario, las copas itálicas y las fíbulas de violín con arco aplanado son piezas relevantes en los ajuares. La presencia de fíbulas de violín indica el uso de túnicas de lana, especialmente por parte de las mujeres. Además, se observa el surgimiento de decoraciones acanaladas verticales en las urnas funerarias, que durante Hallstatt A2 (1150-1050 a.C.) adquieren un perfil bicónico marcado, y durante Hallstatt BI (1050-1010 a.C.) presentan decoración acanalada horizontal.
En las tumbas de Wollmesheim (Renania-Palatinado, Alemania) de Hallstatt A2, se introducen las nuevas espadas pistiliformes diseñadas para dar tajos con los filos. También se incorporan puntas de flecha con un gancho o anzuelo para dificultar su extracción una vez clavadas, indicando una mayor importancia de los arqueros durante los combates.
Otros elementos comunes en el ajuar de las tumbas masculinas son navajas, torques y alfileres para la ropa. Por otro lado, las mujeres suelen llevar dos alfileres de cabeza globular o cónica y brazaletes en los brazos y antebrazos, algunos de tipo espiraliforme.
En contextos rituales relacionados con el Bronce IV nórdico, contemporáneo a Hallstatt A2, en Dobritz-Dresden (Alta Sajonia, Alemania), se encontró una sítula metálica acompañada por 15 copas de oro de los tipos Friedrichsruhe y Fuchsstadt, utilizadas para beber el contenido del recipiente donde se mezclaba la bebida. Estas copas de tipo Fuchsstadt continuaron también durante Hallstatt BI (1050-1010 a.C.) y se intercambiaron hasta Dinamarca.
Se presume la presencia de élites militares encabezadas por individuos que portaban corazas y escudos, acompañados por guerreros bien preparados que combatían con lanza o espada pistiliforme. Además, se menciona la existencia de una infantería de granjeros que utilizaban arcos o lanzas. La presencia de galerías dentro de las minas de cobre austriacas, así como el enterramiento de restos humanos en fosos en algunos poblados de la Edad del Bronce en Bohemia, sugiere la existencia de prácticas rituales y sociales complejas en estas sociedades
A partir de Hallstatt BI (1050-1010 a.C.) hasta Hallstatt B2 (1010-950 a.C.), se observa la desaparición ritual de las espadas en los ajuares de los Campos de Urnas. Estas espadas fueron depositadas en los ríos, indicando un cambio en la importancia de las tumbas. Este cambio ha sido interpretado de varias maneras, sugiriendo que la transmisión de la propiedad ya no se limitaba al hijo mayor primogénito, sino que se extendía a todos los hijos. Esto implicaría una menor deposición de ajuares, ya que la riqueza se distribuiría entre los hermanos. Además, durante Hallstatt B2, 1010-950 a.C., hay una ausencia de enterramientos seguros, con posibles incineraciones depositadas en ríos o lagos, o directamente en tierra sin contenedor cerámico.
Sin embargo, persistieron los depósitos rituales, como el caso de la sítula de bronce de Unterglauchheim (Alemania), que contenía 2 cuencos de bronce grandes y 2 copas pequeñas de oro, durante Hallstatt BI, 1050-1010 a.C.
Un cambio más marcado se produjo durante Hallstatt B2, 1010-950 a.C., con la aparición en las deposiciones rituales de las nuevas espadas de antena y del tipo Moringen. Estas espadas circulan entre el norte de Italia, donde se desarrollan grupos como Este o Etruria, Centroeuropa y llegan hasta Dinamarca. Además, se observa la aparición de puñales de antena, hachas de cubo y fíbulas de anteojos y de arco.
El Bronce atlántico en la península Ibérica
En el contexto del Bronce Final IIB, 1325-1225 a.C., se observa un auge en el área atlántica de la península ibérica, marcado por el incremento de la explotación del estaño. Este periodo se subdivide en el Bronce Final IIA, 1325-1225 a.C., caracterizado por la presencia de espadas Monza y Rixheim, y el Bronce Final IIB, 1225-1150 a.C., con la introducción de las primeras espadas pistiliformes. Algunos estudios sugieren que el Bronce Final I comienza más tarde, a partir del 1200 a.C., y el Bronce Final II desde el 1200 a.C.
Durante este tiempo, se desarrollaron poblados fortificados en zonas elevadas del sur de Galicia, Minho y Alto Douro, extendiéndose a lo largo de los ríos Vouga, Douro y Miño hasta las Rías Baixas con la desembocadura del río Ulla en la ría de Arousa. Estos asentamientos, conocidos como castros, controlaban las rutas de comunicación terrestres y fluviales y tenían acceso al Atlántico. Los grabados rupestres en Galicia, especialmente concentrados en Pontevedra, sugieren que estos castros controlaban también el acceso a las minas de estaño cercanas al mar.
Los yacimientos del grupo Baiões se extienden durante el Bronce Final IIC, a.C., asignable a la fase J, y continúan en el Bronce Final IIIA, 1050-950/925 a.C. Algunos poblados, como Monte do Trigo, muestran evidencias de ocupación desde la segunda mitad del siglo XIII a.C.
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| Baiões-Santa Luzia |
Estos asentamientos eran pequeños y se ubicaban en emplazamientos serranos, siendo los más destacados Santa Luzia (Viseu, Beira Alta), Nossa Senhora da Guía en Baiões (Viseu, Beira Alta) con 1,71 ha, Outeiro dos Castelos de Beijós (Viseu, Beira Alta) con 1,12 ha y Castro do Crasto de São Romão (Guarda, Beira Alta) con 0,44 ha. A pesar de su tamaño reducido, algunos de estos lugares, como Monte do Trigo y Monte do Frade, revelan estructuras de habitación en la cima de las elevaciones.
Se destaca el estudio faunístico de tres de estos asentamientos, Alegrios, Moreirinha y Monte do Trigo, donde se observa un predominio de la ganadería de cápridos, con presencia de bovinos y cerdos, mientras que ovinos y caballos están ausentes. En Nossa Senhora da Guía, Baiões, se encontraron numerosos artefactos metálicos, destacando un trípode bivalvo de hacha de talón de cara plana y una anilla, nueve hachas metálicas con enmangue tubular, y un escoplo o gubia bimetálica de bronce y hierro. Estos hallazgos sugieren la presencia de un metalúrgico y proporcionan pistas sobre las actividades que se llevaban a cabo en estos asentamientos.
Durante el periodo del Bronce Final IIIA (1050-950 a.C.) en la región portuguesa de Baiões, se observa una serie de desarrollos significativos. La presencia de posibles pesos metálicos sugiere una actividad comercial importante, señalando transacciones económicas en la región. Además, se registra la práctica de la incineración en yacimientos como la necrópolis de Paranho en Viseu, Beira Alta, que data del cuarto milenio a.C., evidenciando rituales funerarios específicos durante este periodo.
Sin embargo, el conocimiento del Bronce Final II en el bajo Tajo y el Suroeste portugués es limitado. La información disponible se amplía a partir del Bronce Final IIIA, que coincide con el declive del uso de las estelas del Suroeste. En este contexto, se identifican poblados fortificados como Ratinhos en el Baixo Alentejo, caracterizados por murallas en talud con foso y una extensa superficie de 4.5 hectáreas. De manera similar, Passo Alto destaca por su cerámica distintiva con retícula bruñida externa.
Este periodo también revela la coexistencia de asentamientos en alturas y llanos. Poblados como Casarão da Mesquida presentan estructuras excavadas en el suelo, algunas de las cuales albergan inhumaciones en fosas. Este variado panorama arqueológico subraya las complejas dinámicas sociales y defensivas que caracterizan el Bronce Final IIIA en Baiões, Portugal, ofreciendo una visión más detallada de la historia regional en ese período.
En el periodo del Bronce Final IIIA, diversos grupos en la región portuguesa de Baiões practican tanto la cremación como la inhumación en sus rituales funerarios, como evidenciado en tumbas como Souto, Monte de Sao Domingos y la tumba 2 de Roça do Casal do Meio. La cerámica con decoración bruñida al exterior se destaca como característica distintiva, encontrándose en lugares como la cueva de Lapa do Fumo y el poblado Alto do Castelo de Alpiarça.
En el entorno de la desembocadura del río Guadiana, la ciudad de Huelva, un importante asentamiento portuario, se convierte en un centro redistribuidor crucial para el estaño atlántico, así como el cobre y la plata onubense hacia el Mediterráneo. Se presume que este papel se consolidó entre el Bronce Final IIIA, 1050-950 a.C., cuando Huelva alcanzó entre 25-35 hectáreas de extensión. Aunque la localización exacta del Bronce Final II en Huelva no se ha establecido, se han hallado cerámicas y algunas importaciones del Levante. La información más significativa proviene de un posible pecio en la ría de Huelva, que contenía un impresionante cargamento de metales, incluyendo espadas, puntas de lanza, regatones, puñales y puntas de flecha, datado alrededor del 950 a.C.
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| Bronce final II Huelva |
En términos de organización social, las estelas decoradas del suroeste de la península ibérica, con más de 150 ejemplares identificados, proporcionan una valiosa perspectiva.
Inicialmente categorizadas en cuatro zonas geográficas, estas estelas cumplían funciones indicativas de tumbas, residencias del alma y conmemorativas de guerreros fallecidos. Este complejo panorama arqueológico revela las ricas y diversas prácticas culturales y sociales durante el Bronce Final IIIA en la región.
Esta rica secuencia iconográfica revela la evolución y complejidad de las prácticas funerarias y las representaciones simbólicas durante el Bronce Final IIA-IIIA en la región. La consistencia en la orientación y la distribución geográfica de estas estelas sugiere una importante interacción suprarregional, destacando la coherencia en la iconografía a pesar de las variantes cronológicas y estilísticas a lo largo del tiempo.
En el contexto del Bronce Final IIA-IIIA, que abarca desde el 1300 al 950 a.C., las estelas decoradas del suroeste de la península ibérica revelan una rica secuencia iconográfica que ilustra la evolución de las prácticas funerarias y las representaciones simbólicas. Esta secuencia se compone de al menos seis variantes que se suceden a lo largo del tiempo.
Inicialmente, las estelas presentan lanza, escudo y espada, con una orientación específica de la punta de la lanza y la empuñadura de la espada hacia la abertura externa del escudo.
Con el tiempo, se introducen elementos adicionales como cascos, espejos y otros accesorios. Se observa una progresiva pérdida de importancia ritual de la espada, que pasa a incorporarse al cinto, mientras la figura antropomorfa gana protagonismo.
La consistencia en la orientación y la distribución geográfica de estas estelas sugiere una significativa interacción suprarregional. A lo largo de las fases, los elementos cronológicos más destacados incluyen la presencia de escudos con escotadura en V, indicando una mayor complejidad y desarrollo en las prácticas funerarias. Algunos autores sugieren que las estelas tripartitas podrían representar individuos de menor rango social, mientras que las que contienen más elementos se atribuyen a individuos de élite.
Además, las estelas también representan elementos como cascos, corazas, lanzas, arcos y carros, así como objetos para el acicalado personal como espejos, peines y navajas de afeitar.
Existen dos corrientes de interpretación respecto a la datación de estas estelas. Algunos las sitúan en el Bronce Final II y III, utilizando indicadores como la presencia de espadas Rosnó en y pistiliformes. Otros las fechan entre el Bronce Final III y la etapa tartésica y fenicia del Hierro, sugiriendo que la presencia de objetos como carros, espejos y peines podría ser resultado de contactos con las colonias fenicias en la península ibérica.
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| Estelas decoradas |
Los grupos responsables de erigir las estelas decoradas en el suroeste de la península ibérica demostraron control sobre las minas de estaño que se extendían desde las regiones de Beiras, Cáceres, el valle del Zújar hasta Córdoba. Estas minas presentaban una orientación geográfica específica, siguiendo una dirección NW-SE en las mineralizaciones.
Esta correlación entre la distribución de las estelas y la dirección de las minas sugiere una conexión directa entre las prácticas funerarias y el control de los recursos minerales, evidenciando la importancia de la metalurgia, en particular, del estaño, en la configuración de estas comunidades durante el periodo estudiado.




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