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lunes, 19 de mayo de 2025

KATI HORNA

Fotógrafa nacida en Hungría en 1912. En 1933 comenzó a trabajar como fotógrafa en París y cinco años más tarde viajó a Barcelona donde trabajó como jefa de redacción de la revista Umbral. El mismo año fue comisionada por el gobierno de la República Española para realizar un álbum sobre la guerra civil y fotoreportajes que sirvieron como propaganda exterior.

Kati Horna era una experta estratega de la visión y sabía cómo organizar el material a su disposición para comunicar un mensaje determinado. Lo había aprendido de los mejores artistas de su tiempo como el pintor, escultor y fotomontador László Moholy-Nagy, quien exaltaba la potencialidad creativa de la fotografía e invitaba a la experimentación. Pero también lo aprendió a lo largo de los viajes que emprendió desde Hungría, su país de origen, cuando era tan solo una adolescente. En Budapest se formó como fotógrafa junto a su amigo de infancia Andre Friedman, alias Robert Capa. En Berlín entró en el círculo del Bauhaus y de Bertold Brecht. En París, ciudad en la que había buscado refugio tras las persecuciones raciales sufridas en Alemania, empezó a trabajar de fotógrafa para Agence Photo al tiempo que se iba empapando de los últimos vestigios del movimiento surrealista. Fue en aquel período cuando recibió el encargo del Ministerio de Propaganda Exterior español para realizar un álbum de fotografías sobre el bando republicano.

Katy Horna

Una mirada anarquista sobre la Guerra de España

Kati Horna viajó a España al igual que otros muchos intelectuales, escritores, pintores y fotógrafos. El país llevaba ya un año sumido en una guerra civil que pedía a gritos ser representada. Era necesario dar a conocer al mundo lo que estaba pasando. Cada uno a su manera y con los recursos del que disponía, los artistas se ponían en juego y se comprometían con la causa antifascista. Kati Horna pertenecía a esas personas. Su afinidad ideológica con el bando anarquista hizo que empezara una colaboración con dos revistas gráficas de la época: Libre Studio y Umbral.

Con una "Rolleiflex" que se adecuaba sobre todo a los primeros planos y retratos, Kati Deutsch Blau captó el día a día de las colectividades en Aragón, la resistencia popular en Madrid, la Barcelona revolucionaria, la retaguardia en Valencia o las iglesias y edificios ocupados. Recorrió con su cámara la España en guerra del periodo 1937-1939. Ella se consideró una "obrera de la fotografía", que nunca publicó en las grandes revistas internacionales de la época. No quiso grandes exposiciones, y concedió muy pocas entrevistas. Eligió en cambio, para sus fotos y carteles, las revistas de ideología anarquista como "Umbral", "Libre Studio", "Tierra y Libertad" o "Mujeres Libres".


Horna, que todos los días durante dos años documentó con sus reportajes los horrores de la guerra, entendió que a veces una sola imagen no era suficiente. ¿Cómo contar la destrucción? ¿Cómo mostrar la muerte sin caer en el estereotipo del reportero en busca de fama? ¿Cómo relatar las condiciones infrahumanas que las mujeres vivían en las cárceles franquistas? Y finalmente, ¿cómo explicar que la guerra ya había sobrepasado cualquier límite tanto físico como moral? Recogiendo los trozos de un mundo en pedazos, adjuntándolos visual y temporalmente y disponiéndolos para que de sus divergencias y contrastes nazca el dinamismo que la imagen necesita para enviar su mensaje


En 1939 llegó con su esposo José Horna a México, estableció amistad con el grupo de artistas surrealistas y retrató a las figuras más destacadas de los círculos del arte y la farándula. Colaboró en diversas revistas mexicanas como Nosotros, Mujeres, y Perfumes y modas. En 1962 participó en la formación de la revista S.nob, junto con Leonora Carrington, Jorge Ibargüengoitia y Alberto Gironella, bajo la dirección de Salvador Elizondo y Juan García Ponce. Para esta revista realizó series fotográficas como Fetiches, y cuentos fantásticos en secuencia fotográfica como Oda a la necrofília, Sacramentalia y Vampiro. Horna tuvo una gran labor educativa, impartió clases en la Escuela Nacional de Artes Plásticas y tuvo un taller abierto en la Academia de San Carlos desde 1973; donde dio clases a fotógrafos como Flor Garduño, Elsa Chabaud, Manuel Monroy, Estanislao Ortíz y Sergio Carlos Rey, entre otros. Fue también maestra de fotografía en la Universidad Iberoamericana.

Kati Horna colaboró en diversas revistas anarquistas como ‘Libre Studio’, ‘Mujeres Libres’, ‘Tierra y Libertad’, ‘Tiempos Nuevos’ y ‘Umbral’, de la que fue redactora gráfica y donde conoció a José Horna, su esposo, pintor español que también colaboró en la mencionada publicación.

El hallazgo de más de más de 6.000 negativos de celuloide y más de 200 en placas de cristal en buen estado de conservación, permitirán conocer imágenes y relatos asociados a la vida cotidiana: «El hallazgo abre el encuadre de los años españoles de Horna, considerada hasta el momento como la retratista de retaguardia y de la cotidianidad femenina, cuyo icono es una mujer dando el pecho a su hijo, en la casa de la maternidad de Vélez Rubio (Almería). La foto fue la portada del número 12 de la revista anarquista Umbral e ilustraba un reportaje titulado La maternidad bajo el signo de la Revolución».

Se trata de la localización de «[…] en 48 cajas de madera que contenían los archivos de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT). El sindicato anarquista los sacó de Barcelona en abril de 1939 y tras un largo viaje —con paradas en París y en las ciudades inglesas de Harrogate y Oxford— llegaron en 1947 a su destino: el Instituto Internacional de Historia Social (IIHS), en Ámsterdam. En las cajas reposan más de 500 negativos tomados entre 1937 y 1938 por la fotógrafa, que llegó a España durante la Guerra Civil para ponerse a las órdenes del servicio de propaganda exterior de los anarquistas y anarcosindicalistas de la CNT y de la Federación Anarquista Ibérica (FAI). Se trata de un hallazgo extraordinario que completa la historia que cuentan los 250 negativos que Horna vendió por dos millones de pesetas en 1983 al Estado español y que se conservan en el Centro Documental de la Memoria Histórica de Salamanca».

Se le asocia con la fotografía surrealista, sin embargo, al preguntarle si se consideraba una artista surrealista ella contestó que no, que probablemente la asociaban al movimiento por haber sido amiga de artistas surrealistas mexicanos, pero que en la época ella ni siquiera sabía lo que esa palabra significaba (Horna en Lápiz I, 2001). Muchas de sus fotografías son acercamientos de rostros o ángulos de edificios en ocasiones irreconocibles, a veces notamos que sus imágenes están fuera de foco intencionalmente para producir un efecto de remembranza sin sensación completa de reconocimiento. En sus retratos, el rostro del modelo es el punto central y el resto de la imagen proporciona un ambiente que enfatiza el carácter del personaje. Kati Horna murió en la ciudad de México el año 2000.

sábado, 29 de julio de 2023

TINA MODOTTI

La fotógrafa Assunta Adelaide Luigia conocida como Tina Modotti (Udine, 1896-Ciudad de México, 1942) vivió durante su existencia en el ojo del huracán. Su interesante trayectoria vital y artística discurrió enmarcada por los algunos de los más importantes hechos históricos de los años 20-30 y por su doble y constante dedicación convirtiéndose en una artista-fotógrafa y revolucionaria-militante antifascista.
Tina Modotti

Su vida

Nacida en el seno de una familia obrera en Udine el 16 de agosto de 1896, en el norte de Italia. La pobreza de su infancia la inició en el mundo obrero, a los 12 años comenzó a trabajar en una fábrica textil, y unos años después emigró con su familia a la ciudad de San Francisco, en Estados Unidos.

Allí trabajó en Hollywood como actriz de cine mudo. En 1921 conoció a Edward Weston y en 1922 llega a México para enterrar a su primer marido Plantilla: Roubaix de L`Abrie Richey. En México conoció e hizo íntima amistad con Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros, Blanca Luz Brum, Nahui Ollin,María Tereza Montoya y Frida Kahlo. Se hizo miembro del Partido Comunista Mexicano en 1927. Apoyó activamente la lucha de Augusto C. Sandino y ayudó a fundar el primer comité antifascista italiano. En 1928 conoce a Julio Antonio Mella, dirigente estudiantil cubano, cuando se forma el comité en apoyo a los anarquistas Sacco y Vanzetti. Empezó a ser conocida por sus controversiales fotos de desnudos y por la mirada particular que reflejaba en las fotografías que tomaba de México. Más tarde sería testigo del asesinato de Mella y en febrero de 1930 fue detenida y expulsada del país tras ser falsamente acusada de conspirar para asesinar a Pascual Ortiz Rubio, presidente de México en ese entonces.
Sombrero, martillo y hoz (1927).

Momentáneamente recala en Róterdam, pero, tras huir de la policía fascista, llega a Berlín. En esta época, el activismo gana en interés a la fotografía. Con su nueva pareja, el comunista italiano Vittorio Vidali, se traslada a la URSS en el otoño de 1930 para trabajar en el SRI. Prosigue con su labor política en Francia, Austria y España.
Tina Modotti, Mujer con bandera, 1928.

Debido a su entrega a la lucha política, no dejó una obra abundante. Se reduce a 400 imágenes. Al menos esa es la cifra de negativos que hoy se conservan, en su mayoría en el Archivo Museo Fotográfico de Pachuca, en Hidalgo, y en el Archivo Fotográfico de la UNAM. Pero a pesar de que carrera fue breve, Modotti creó una estética de gran fuerza, que es un paradigma por la sorprendente síntesis de la estética vanguardista artística y el contenido revolucionario y social. Eso la convirtió en una de las máximas representantes de la fotografía de esa etapa. Hoy sus obras se encuentran entre las más caras del mercado fotográfico y tiene el récord de que en 1991 su obra Rosas fue vendida en una subasta de Sotheby’s por 165 mil dólares. Al celebrarse en 2010 una exitosa retrospectiva suya en Viena, el periódico Neue Zürcher Zeitung la definió como “la Juana de Arco de la cámara”.

Su etapa en España

Llegó a España en la primavera de 1936, procedente de Moscú, donde habían vivido los últimos cuatro años junto a su pareja Vittorio Vidali, comisario político del Komintern. Nada más estallar la guerra en España viajó hasta el seno del conflicto para atender tareas solidarias de asistencia sanitaria y comunicativas, como periodista y fotógrafa del semanario Ayuda, órgano del Socorro Rojo Internacional en España.  Al comenzar la Guerra Civil se trasladó a España para formar parte del Quinto Regimiento y trabaja en las Brigadas Internacionales con el nombre de María hasta el fin de la guerra. Colaboró en las unidades móviles de transfusión de sangre del médico canadiense Norman Bethune.

Margarita Nelken, en una de las varias alabanzas que se hacen a su actividad, relata como atendía a los niños que llegaron a Almería tras el éxodo de la población malagueña que se vio acosada durante el trayecto a pie por los bombardeos de las fuerzas franquistas. Se le atribuye un artículo publicado en el periódico “Ayuda” en el que recuerda la situación desesperada de la población que llegaba a Almería:

“[...] La mayoría eran huérfanos ya... pero de todos esos niños ninguno tan adorable como aquel grupito que tenía como cabeza de familia a una encantadora chiquilla de once años, Valeria García Vara, de Vélez Málaga. La metralla los había dejado huérfanos en medio del camino. Se hizo cargo de sus tres hermanos menores incluso el niño de pecho que guardaba en sus frágiles brazos hasta que el socorro Rojo fue a recogerla en la cuneta en la que, probablemente se tumbó para morir” . (22) El artículo, fechado en marzo, cuenta esta historia a su llegada a la carretera de la muerte. Quedaría marcada por el dolor de aquellos casi 300.000 refugiados que hicieron la marcha. Aunque aparece como un artículo anónimo fue atribuido a Tina Modotti, quien, al igual que Matilde Landa, fue enviada a Almería para asistir a los huidos de Málaga.



Modotti también estableció relaciones con intelectuales como Pablo Neruda, Rafael Alberti y Miguel Hernández. A este último lo asesoró en la edición del poemario Viento del pueblo, del cual se puede ver un ejemplar en la muestra. También se exhibe una copia de un libro de Alberti abierto en las páginas donde aparece un poema dedicado a ella. Tras la muerte de la fotógrafa, Neruda hizo algo similar.

Puso en marcha el hospital para tuberculosos del gobierno republicano y colaboró con las Brigadas Internacionales de Albacete. También ayudó a muchos soldados a cruzar la frontera francesa y fue enfermera de confianza, junto a otras compañeras, cuando Dolores Ibárruri Gómez, conocida como La Pasionaria, enfermó de hepatitis. 

El 19 de abril de 1939 Tina Modotti regresaba al puerto de Veracruz, México, con pasaporte falso, donde continúa su actividad política, a través de la Alianza Antifascista Giuseppe Garibaldi. En 1940, el presidente Lázaro Cárdenas anula su expulsión.

Tina Modotti murió a los 46 años, en su amado México. El 6 de enero de 1942 falleció de un paro cardíaco cuando viajaba en un taxi. Poco antes, había logrado recuperar su identidad. Fue enterrada envuelta en una bandera adornada con la hoz y el martillo. Su amigo el grabador Leopoldo Méndez esculpió su perfil en la lápida y Pablo Neruda le dedicó un poema que terminó convirtiéndose en un poético epitafio: «Puro es tu dulce nombre, pura es tu vida frágil. De abeja, sombra, fuego, nieve, silencio, espuma. De acero, línea, polen, se construyó tu férrea, tu delgada estructura», en lo que se convirtió en el epitafio de esta mujer guerrera y artista a partes iguales con vida de leyenda.

Esperan tendidos los negativos en el cuarto oscuro
ver la luz que revelen las imágenes de las fotografías
tus huellas sobre papel fotosensibles toman forman
desvelando la realidad ante los ojos vendados de la sociedad

te encuentro con la mirada que captó tiempos crueles y duros
con el obturador dispuesto a captar la realidad del día a día
de una época y sociedad rota, gentes que crean y deforman
sus vidas en épocas convulsas sumergidas en el caos y la oscuridad

Tengo guardado tu pañuelo verde para cuando vuelvas, Tina querida
luz que guía, faro de esperanza que captura el momento
hermana, no duermas, la nueva rosa es tuya, la nueva tierra es tuya
No dormirás en vano, hermana. Puro es tu nombre, pura es tu frágil vida

La nueva rosa es tuya, la tierra es tuya: te has puesto un nuevo traje de semilla de vida
Son los tuyos, hermana: los que hoy te dicen tu nombre, Tina Modotti, lo proclaman al viento
y a todas partes, al agua y a la tierra, tu suave silencio se llena de raíces haciéndote suya
con tu nombre Tina Modotti el Fuego no muere, eterna llama en tu recuerdo encendida 

lunes, 14 de septiembre de 2020

ALBERTO KORDA

 Alberto Díaz Guitérrez más conocido por su nombre artístico, Alberto Korda fue un fotógrafo cubano que sacó incontables fotos durante la Revolución de Cuba. Alberto Korda es considerado como uno de los fotógrafos más destacados de la fotografía cubana y el fotógrafo más activo durante la Revolución cubana. Korda fue el responsable de la conocida fotografía del Che Guevara titulado “El Guerrillero Heroico”, el cual se ha convertido en una de las imágenes más reproducidas de la historia de la fotografía. Además, Alberto Korda no sólo se dedicó a fotografiar la Revolución cubana, sino que trabajó como el fotógrafo personal del Comandante en Jefe Fidel Castro. Posteriormente, Korda fundó el Departamento de Fotografía Científica Submarina del Instituto de Iconología de la Academia de Ciencias de Cuba convirtiéndose en el pionero de la fotografía submarina en Cuba.

Alberto Korda nace el 14 de septiembre en La Habana el artista de la plástica Alberto Díaz Gutiérrez (Korda). Fotógrafo publicitario y fotorreportero. Está considerado el fotógrafo cubano más conocido internacionalmente y para quien la imagen ejercía enorme atracción. Sólo así se explica que coleccionara los anuncios que aparecían en las revistas de la época, le llamaban la atención las cosas que consideraba bonitas. Podía ser el anuncio de una marca de automóvil o el de un perfume francés que después arrancaría de la revista y lo añadiría a su colección. Indistintamente laboró como investigador de mercado de una firma jabonera, ayudante de cajero de una fábrica de caramelos, vendedor ambulante de bisutería y baratijas, visitador de médicos para promover la venta de sueros de un laboratorio o vendedor de máquinas de escribir o contadoras de la Rémington Rand. Creador de la fotografía de modas en Cuba, junto a la modelo Norka Méndez. En la década de 1940 realizó estudios comerciales en el Candler College y en Havana Business Academy, ambos en La Habana. Montó un estudio en la capital cubana al que denominó Korda, tomado de los nombres de dos artistas húngaros que trabajaban en una película inglesa exhibida en La Habana a finales de los años 50. Desde los propios inicios de la revolución cubana, triunfante en enero de 1959, él acompañaría como fotógrafo a Fidel Castro en sus recorridos por la Isla, en sus encuentros con las personalidades más diversas, desde el escritor norteamericano Ernest Hemingway por ejemplo, y en sus viajes a Venezuela, los Estados Unidos, la entonces Unión Soviética y otros países. El 5 de marzo de 1960 realizó el retrato El Guerrillero Heroico (Ernesto "Che" Guevara), cuando los funerales de las víctimas de la explosión de buque francés La Coubre, considerado por los críticos como uno de los diez mejores retratos fotográficos de todas las épocas y la fotografía más reproducida de la historia de la fotografía mundial, la cual no fue publicada hasta el 15 de abril de 1961. Se utilizó después en 1967 durante los funerales en La Habana del Che. La reprodujeron en tamaño gigante y la colocaron a todo lo alto del edificio del Ministerio del Interior, en la Plaza de la Revolución. Dejó el periodismo luego de 1965, tras trabajar en Granma un breve tiempo. Fue pionero de la fotografía submarina en Cuba cuando en 1968 se dedicó a ella en el Instituto de Oceanología de la Academia de Ciencias realizando el Atlas de corales cubanos (1969-1981). Finalmente, Alberto Korda falleció en París el 25 de mayo del 2001.

La foto icónica del Che

La fama de una fotografía está ligada a un momento concreto, pero también a cuánto uso se haga de ella y al tiempo en que se utilice. Esta fotografía famosa existe, el mundo se ha adueñado de ella, utilizándola en cualquier cosa que sea capaz de reproducir una imagen fotográfica: camisetas, affiches, ceniceros, programas, postales, pancartas...

Al Che se le tomaron muchas fotos, pero sólo ésta se mantiene en la memoria popular y se convierte en "el retrato". Es la transposición visual de elementos intangibles con un alto potencial evocativo en la cual el sujeto fotografiado se transforma en un símbolo icónico para transmitir ideas y conceptos. Es una imagen-mensaje a la cual se ligan muchas historias que a primera vista parecen circunstancias casuales. pero tantas casualidades hacen más bien pensar en un diseño que elude los análisis racionales.

El 4 de marzo de 1960, un día antes de que Alberto Korda tomara su fotografía icónica del revolucionario cubano Che Guevara, la nave francesa La Coubre explotó en el puerto de La Habana, matando a la tripulación y a decenas de trabajadores portuarios. Al día siguiente, al cubrir el funeral para el periódico Revolución, Korda se centró en Fidel Castro, quien en una feroz oración acusó a Estados Unidos de causar la explosión. De improviso, en un espacio, al lado de Fidel, aparece Che Guevara. Fueron unos instantes y se fue. Los dos fotogramas (fotogramas número 40 y 41) que disparó del joven aliado de Castro fueron aparentemente una ocurrencia tardía y no fueron publicados por el periódico.  Cuando Korda reveló los negativos se dio cuenta de la foto del Che era muy buena. Encuadró al ampliar el negativo 40, eliminándole los elementos inútiles; el negativo 41 no era utilizable por la cabeza de un hombre que se superpone en la espalda derecha del Che.

Esta imagen pasó inadvertida en ese momento. Pero después de que Guevara fuera asesinado al frente de un movimiento guerrillero en Bolivia casi siete años después, el régimen cubano lo abrazó como un mártir del movimiento, y la imagen de Korda del revolucionario con boina pronto se convirtió en su símbolo más perdurable. En poco tiempo, Guerrillero Heroico fue apropiado por artistas, causas y publicistas de todo el mundo, apareciendo en todo, desde arte de protesta hasta ropa interior y refrescos. Se ha convertido en la abreviatura cultural de rebelión y en una de las imágenes más reconocibles y reproducidas de todos los tiempos, con su influencia desde hace mucho tiempo que trasciende su tema de ojos acerados.

Alberto Korda

viernes, 26 de julio de 2019

GERDA TARO

El 26 de julio de 1937 falleció en un hospital de campaña republicano Gerda Taro, tras ser arrollada accidentalmente por un tanque en la batalla de Brunete. Junto a su compañero Endre Ernö Friedmann, con el que trabajaría conjuntamente bajo el pseudónimo de Robert Capa, Taro nos dejaría algunas de las imágenes más icónicas de la Guerra Civil española.

Murió joven, demasiado joven, y su carrera no tuvo ocasión de desarrollarse: apenas un puñado de fotografías, pero en las que logra mostrar la vulnerabilidad de los seres humanos en situaciones límite. Zúñiga la sitúa en la Alianza de Escritores Antifascistas –en el palacete de los Heredia-Spínola de la calle Marqués del Duero– defendiendo el valor de la imagen frente a la supuesta superioridad de la palabra escrita.
Gerda Taro

BIOGRAFÍA

Su verdadero nombre era Gerta Pohorylle y nació en Stuttgart, Alemania, el 1 de agosto de 1910. Sus padres eran judíos polacos.

Gerda era una joven que se involucró de movimientos obreros de tendencia socialista. En 1933 tuvo que refugiarse en París a causa de la persecución nazi que sufría Alemania. El 19 marzo de 1933 fue arrestada por los nazis e interrogada sobre una supuesta conspiración comunista para derrocar a Hitler. Su nombre figuraba en una lista de la que tuvo conocimiento las autoridades como miembro de un grupo de jóvenes comunistas que participaban en la distribución de propaganda antifascista.

Tras dos semanas detenida fue puesta en libertad, logró escapar del país usando pasaporte falso y siendo protegida por camaradas en Paris antes de ir a Yugoslavia. Más tarde se convertiría en testigo del sentir republicano dejando un valioso legado.

Fue allí donde conoció a Endre Frieddman.

Consagró amistades con intelectuales antifascistas europeos, como George Orwell y Ernest Hemingway, y su presencia se hacía notar entre ellos con grandes referentes. Su prestigioso talento y su precisión exacta de las instantáneas le dio paso a comercializar publicaciones en 'Illustrated London News', 'Life' y 'Volks Illustrierte'.

Gerda y Endre comenzaron una relación sentimental que duraría hasta la muerte de la fotógrafa. Cambiaron sus nombres por Robert Capa y Gerda Taro, supuestamente inspirados en Frank Capra y Greta Garbo. Se inventaron una nueva historia personal para vivir como fotógrafos. Robert enseñó fotografía a Gerda y Gerda arregló el desaliñado aspecto de Robert.

Robert y Gerda se trasladaron a Barcelona para cubrir la contienda. De allí marcharon a distintas ciudades donde fotografiaron los primeros momentos de la guerra. Tras una estancia breve en París en 1937 donde publicaron una serie de imágenes bajo la firma Capa & Taro con gran éxito, volvieron a España.

Gerda y Robert trabajaron en distintos lugares y se reencontraron en París en varias ocasiones. La última, en la celebración de la Toma de la Bastilla de 1937. Gerda regresaba al frente sin saber que aquella iba a ser la última vez que se verían.

Gerda declinó ser musa de retratos y decidió pasar a primera línea combatiente para documentar "in situ".  Consagró amistades con intelectuales antifascistas europeos, como George Orwell y Ernest Hemingway, y su presencia se hacía notar entre ellos con grandes referentes. Su prestigioso talento y su precisión exacta de las instantáneas le dio paso a comercializar publicaciones en 'Illustrated London News', 'Life' y 'Volks Illustrierte'.

Las mayores aportaciones registradas conjuntas las realizaron durante la Guerra Civil española; apostaron fuertemente hacia la postura republicana y tuvieron importantes aliados en sus trabajos.

La llegaron a conocer en distintos ámbitos por el apelativo "pequeño zorro rojo", no hacía referencia a nada despectivo, todo lo contrario, era una profunda admiración hacia su astucia, juventud, valentía y el color de su pelo.

En 1937 se produjo una ruptura entre ella y André Friedman, él se quedó con el nombre de Robert Capa. A partir de entonces, continuaron sus trayectorias por caminos independientes. Ya en solitario, ella firmó uno de los reportajes más emblemáticos del momento sobre la primera fase de la batalla de Brunete, creando su propia marca denominada "Photo Taro".

Ficha de Gerda Taro.
fotógrafa autorizada por la Junta de Defensa de Madrid

A principios de julio comenzó la ofensiva contra Brunete. Sus primeras fotografías del pueblo conquistado aparecieron en Ce Soir el día 15. Gerda regresa a la batalla e insiste ante el general Walter, que ordena el repliegue, y se mete en un refugio sin parar de disparar la Leica que Capa le había regalado. Sale de allí finalmente sobre el estribo del coche del general Walter y agarrada por fuera. De repente, un tanque republicano que avanzaba a toda velocidad se abalanza sobre el vehículo, que dio un volantazo para evitar el choque. El tanque la arrolló.  El cuerpo malherido de Gerda fue trasladado al hospital de El Goloso, en El Escorial, donde nada se pudo hacer por su vida. Fallecía al día siguiente. Era el 26 de julio de 1937. No pudo cumplir los veintisiete años.

Brunete fue el último asalto de Gerda. El final de su historia. El veinticinco de julio de 1937 el caprichoso azar de la contienda truncó el dúo de lentes aguerridas. Murió arrollada por un tanque mientras huía del avance de los fusiles franquistas, cuatro días antes de soplar sus veintisiete primaveras. La niña judía a la que su hermano enseñó a burlar a los nazis, la joven que sobrevivió a un gélido París bajo la mirilla fascista, que enamoró y dio marca a Friedman (Capa) y conquistó un pequeño espacio dentro de la historia de la fotografía femenina, sucumbió bajo los hierros del carro de combate.

Murió al amanecer, entre sábanas blancas, inquieta por la suerte que habían corrido sus cámaras nuevas. Rafael Alberti trasladó su cuerpo a Madrid, mientras los aviones franquistas escupían fuego desde las alturas. Milicianos y militares, intelectuales y republicanos agradecidos velaron con honores de soldado a la heroína que había arriesgado su vida por la libertad del país.

Aquella iba a ser su última incursión. La noche anterior había anunciado que dejaba el frente y tenía previsto reencontrarse con Capa para volver juntos a París. Al poeta Louis Aragon le tocó el mal trago de darle la noticia al fotógrafo, que nunca se repuso de la pérdida de la que siempre describió como la mujer de su vida.

El 28 de julio de 1937, dos días después, la revista Ce soir para la que trabajaba le dedicó su primera página con el titular “Nuestra reportera, la señorita Taro, ha muerto cerca de Brunete, donde estaba cubriendo la batalla”.

Los restos mortales de Gerda fueron trasladados a París y enterrados en el cementerio de Père-Lachaise. 

lunes, 22 de octubre de 2018

ROBERT CAPA


Robert Capa es el pseudónimo de los fotógrafos Ernö Friedmann, de origen húngaro, y Gerda Taro, de origen alemán, quienes unificaron sus trabajos en la personalidad de Capa para publicar sus fotografías como un solo autor y facilitar las ventas.
Ernö Friedmann y Gerda Taro

Ambos fotógrafos se hicieron un hueco en la historia por ser los primeros corresponsales de guerra que utilizaron cámaras de pequeño formato y por humanizar con sus fotografías la crueldad de las guerras.

La fotografía de Capa se caracterizada por la cercanía con la que tomaba las fotos y el dominio de la velocidad de obturación, el cual le permitía captar el movimiento de las situaciones con especial significado. A pesar de perder nitidez en las imágenes al aumentar la velocidad de obturación, Capa sabía captar el instante, dejándolo para la posteridad.

Ernö Friedmann y Gerda Taró

Ernö Friedmann nació en Budapest, Hungría en 1913, mientras que Gerda nació en Sttutgart, Alemania en 1910. Fueron conocidos por retratar como nadie algunas de las guerras más significativas del siglo XX. Es en Budapest donde una vecina, Eva Besnyö-futura fotógrafa de renombre- le enseña los rudimentos de la fotografía. endre sueña con ser periodista, pero encuentra su primera oportunidad laboral en la agencia berlinesa  Dephot, dirigida por Simon Guttmann. en 1932, por azar es enviado a copenhague para fotografiar a Leon Trotsky: su primer reportaje se publica y marca el inicio de su carrea. en 1933 huyendo del ascenso del nazismo, pasa por Viena y finalmente llega en tren a París.

Friedmann  abandonó su país a los 17 años debido a su ideología de izquierdas para ir a Alemania a estudiar periodismo y comenzó trabajando para la agencia Dephot. Es el rostro visible de Robert Capa y ha pasado a la historia por las coberturas que hizo de conflictos armados y que le llevaron a las primeras líneas de combate por todo el mundo. Sus fotografías mostraban no solo la barbarie de las guerras, sino también su lado más humano y desolador.

Ficha de Ernö Friedmann como fotógrafo autorizado por la junta de Defensa de Madrid

Los años treinta no son fáciles para los extranjeros: parís está lleno de refugiados en busca de trabajo y enfrentados a una fuerte xenofobia: La ciudad rebosa de fotógrafos foráneos, muchos de ellos húngaros. la prensa ilustrada sin embargo, demanda imágenes. endre se integra en este ambiente, se reúne en café con otros compatriotas y recibe el apoyo de André Kertész, a quien considera  como un tío, y que entonces trabaja sobre todo en el seminario Vu.

En septiembre de 134 conoce a Gerda Pohorylle, refugiada alemana que ha pasado por los calabozos de la Gestapo y que trabaja en la agencia Alliance Photo, dirigida desde octubre de 1935 por Maria Eisner. juntos inventan pseudónimos  con resonancia estadounidense para vender mejor sus imágenes: Endre Friedmann pasa a ser Robert Capa y Gerda Pohorylle se convierte en Gerda Taro. el nombre de Capa tarda aún un tiempo en consolidarse. En una carta del 3 de febrero de 1936 a su madre, que planeaba visitarlo en París, le pide que retrase el viaje: le explica que Gerda Taro lo está ayudando mucho a vender sus fotos a la prensa y que él empieza a abrirse camino como fotógrafo independiente. Capa tiene entonces veintitrés años, y junto  a Gerda Taro, está apunto de escribir una de las páginas decisivas en la historia de la fotografía.

Guerra Civil española

El 17 de julio de 1936 estalla la Guerra Civil en España. Robert Capa y Gerda Taro, no dudan: hay que estar allí. Ambos apoyan con caridad a la República y se oponen al golpe militar respaldado por Hitler y Mussolini. Con sus cámaras- él con una Leica, ella con una Rolleiflex-llegan a Barcelona para retrata el ambiente revolucionario de una ciudad que acaba de derrotar a los sublevados.

Desde Barcelona parten hacia Aragón, Madrid, Toledo y Córdoba, siempre en busca del frente. en cerro muriano encuentra el combate; en Espejo, nada. Allí la Leica de Robert Capa capturó el instante en que un soldado republicano es disparado en su sien mientras cae al suelo por el impacto, dejando al vuelo su rifle; otras teorías respaldan el hecho que es un soldado que resbala y cae durante el entrenamiento militar. Por este motivo, y aunque es la fotografía de la Guerra Civil Española más famosa de la historia, hay tanto debate a su alrededor.

Muerte de un miliciano

Bajo la personalidad de Capa, crearon un nuevo modelo de fotógrafo; un fotógrafo que acercaba con su cámara una realidad casi tangible. De hecho, fue el primer corresponsal de guerra en utilizar cámaras de pequeño formato para contar lo que sucedía en el frente. Desde 1936 obtuvo prestigio en todo el mundo por sus reportajes sobre la Guerra Civil española.

La valentía de Robert Capa le condujo a presenciar muchas batallas en primera línea, abandonando la posición neutral que debe tener un periodista, apoyando fervientemente la causa republicana durante la Guerra Civil Española; utilizando sus fotografías para reflejar el dolor y la crueldad de la guerra y buscar la adhesión de los receptores al bando republicano español.

En 1936, en medio de la guerra civil, Endre Ernő Friedmann y Gerda Taro (Robert Capa) pasaron por aquí e hicieron esta foto. Una foto mítica y emblemática de los horrores de la guerra. Vemos a unos niños jugando y a una mujer que sonríe mientras los mira desde la puerta.  Juegan junto a una casa que ha sufrido los golpes de un bombardeo. Y todos, mujer y niños, parecen ajenos al fotógrafo que pasa por allí para inmortalizar el momento.

La foto se hizo muy famosa y se publicó en varios medios de la época. Pero nadie sabía dónde se hizo la foto.  Hasta que en 2010 el fotógrafo José Latova descubrió el lugar. Es una casa de una planta dividida en 14 viviendas de 25 m² cada una. Está en el Puente de Vallecas, en Madrid, en la calle Peironcely, 10. Se construyó en 1927 para albergar a la clase obrera. 

Y siempre ha estado en condiciones muy precarias. Después de 80 años los orificios de la metralla en la pared no se taparon bien y por eso se pudo localizar la casa.

En 2019 la casa se incluyó en el Catálogo de Elementos Protegidos de la Comunidad de Madrid. La idea era expropiar el inmueble, realojar a los inquilinos y destinar la casa a sala de exposiciones sobre los bombardeos en Madrid. Finalmente, la casa se ha expropiado por 870.000€. Los vecinos han sido realojados. Y una foto ha proporcionado una vida más confortable a las familias que quedaban allí.

"Children in front of a bullet-riddled building,
Peironcely, 10, Vallecas, Madrid".

Sus fotografías en blanco y negro muestran el idealismo de los voluntarios y milicianos que defendieron la causa republicana y son un claro ejemplo de cómo la fotografía puede utilizarse como propaganda política: el reflejo del dolor, la tristeza, la crueldad de la guerra y la valentía de los milicianos cautivaban a los receptores, que rápidamente tomaban partido a favor del bando republicano. A diferencia de la propaganda bélica procedente del poder político, Capa humanizaba la guerra mostrando las carestías de los soldados, su rutina diaria en las trincheras, la vida social de las ciudades como Madrid, utilizando su cámara como un arma de denuncia de las guerras y convirtiéndola en un fiel reflejo de la crueldad de los conflictos bélicos.
Miliciana republicana

Además de en el frente, las cámaras de Robert Capa tuvieron la capacidad de mirar hacia la retaguardia, ese lugar donde la población civil esperaba para saber el avance de un bando o de otro. Robert Capa plasmó el sufrimiento, la pobreza y la desesperación de los españoles que sufrieron las consecuencias del conflicto; ancianos, mujeres y niños que veían cómo su vida y su mundo desaparecían bajo el fuego de mortero.

Lanzándose en paracaídas, o arrastrándose a la playa junto a la primera oleada de soldados, logró documentar cinco de las principales guerras del siglo XX. Así, humanizó la guerra civil española, la segunda guerra mundial y la guerra en China entre los nacionalistas del Koumintag de Chan Kai Shek y los comunistas de Mao Tse Tung.

De todos estos conflictos informó con un arrojo que hacía honor a su divisa: “Si no son bastante buenas tus fotos, es que no estás bastante cerca”.

En 1938, cuando sólo tenía 25 años, la revista británica Picture Post no dudó en llamarle “el mejor fotógrafo de guerra del mundo”.

Robert Capa y el exilio republicano

El 15 de enero de 1939, Capa registró con su cámara en 101 tomas la huida de miles de civiles de Tarragona. El bando franquista acababa de tomar Tarragona, el bastión catalán, en los que fueron los últimos coletazos de la Guerra Civil española y comenzaba la larga diáspora para los vencidos: el exilio republicano.

No resulta difícil, por tanto, imaginar el valor del material fotográfico almacenado en el modesto estudio parisino de Capa cuando los alemanes ocuparon la ciudad. Aquí se hallaba la obra íntegra de los tres fotógrafos, con imágenes que han construido una parte importante de la memoria de España: la vida de muchos de nuestros abuelos en las trincheras o en los campos de refugiados, los rostros de sus familias frente a la espera y la incertidumbre, la dureza del día a día y la falta de recursos básicos en el medio rural, los estragos de los ataques aéreos sobre la población civil en las grandes ciudades, heridos en los hospitales, bombardeos que cortan en vertical y exponen, desordenados, rotos y polvorientos, los objetos personales de lo que un día fue un hogar familiar, muertos con identidad republicana en las morgues esperando ser identificados, rostros anónimos de cansancio e incertidumbre en el sombrío caminar hacia el exilio. Cientos de dramas humanos, pero también imágenes que reflejan fuerza y optimismo durante el inicio y desarrollo de la guerra, como los retratos de las jóvenes milicianas catalanas de 1936 o el de los paseantes y vendedores callejeros de las grandes urbes que aspiran a la normalidad manteniendo sus rutinas durante los tres años que duró el conflicto.

Otras muestran momentos íntimos y acontecimientos históricos, como el Segundo Congreso Internacional de Escritores Antifascistas, con los actos públicos de José Bergamín, Anna Seghers, Tristan Tzara o Silvia Townsend Warner en Valencia y los momentos íntimos de Rafael Alberti, Arturo Serrano Plaja o María Teresa León durante sus horas de descanso en la casa madrileña de la Alianza. Más retratos de personajes como Federico García Lorca, André Malraux, Manuel Azaña, Dolores Ibárruri La Pasionaria, Miguel Hernández o Ernest Hemingway. Y la resistencia de Madrid, con los legendarios carteles del ¡No pasarán! como protagonistas. En definitiva, un testimonio excepcional de la memoria española contenida en miles de imágenes de los tres fotógrafos sobre soportes distintos: negativos, copias por contacto, positivados de época y publicaciones

El trabajo de Capa ilustra idóneamente el importante momento que tuvo lugar durante la Guerra Civil española, definida en términos fotográficos como «la línea divisoria entre los principales modelos de fotografía, desarrollados en las dos guerras mundiales» (Fontcuberta, p. 172). Sin embargo, para entender este importante momento no basta con considerar únicamente a los individuos que parecen directamente responsables de un acto único. Su contribución, aunque importante, es sólo un eslabón en una cadena, una fase en un proceso más complejo y vinculado a toda una red social, política, económica, intelectual, artística y tecnológica de una época que favoreció cambios en los principales modelos de comunicación del momento.

Uno de estos cambios decisivos fue el uso de la Leica. Esta cámara de pequeño formato comercializada en 1928 comenzó a popularizarse entre los fotógrafos en torno a los años treinta, de ahí que las imágenes obtenidas durante el conflicto español marcaran un punto y aparte respecto a la representación gráfica de las guerras previas, donde los combates habían estado fuera del alcance de las cámaras.


En China

En 1937, mientras la guerra en España se eterniza. empieza otro conflicto. Siguiendo con su política imperialista, Japón, que ya había ocupado la provincia de Manchuria, invade China. Este conflicto de enorme violencia.(Se calcula que en la masacre de Nainkin murieron 200 mil personas), no llegará a su fin hasta 1945.

El viernes 21 de enero de 1938, Robert Capa zarpa de Marsella para Hong Kong en compañía de John Fernhout, cámara habitual del director de cine Joris Ivenssa, con quien se reúne al llegar a su destino. Ivenssa , documentalista neerlandés, había estado en españa,dirigiendo junto a Ernest Hemingway un documental titulado Spanish Earth.

Ivenssa explicó que quiso "hacer volver a trabajar a Capa" tras la muerte de Gerda Taro, y que para ello le propuso que lo acompañara a China: Para este reportaje, que duró ocho meses, Capa tenía un contrato con la revista Life, que publicó cuatro de sus fotos en color: los cineastas acompañaron a las fuerzas nacionalistas del Kuomintang, aliadas con los comunistas de Mao contra la invasión japonesa.

Zhou Enlai frente a Marx en la sede del Comité Central de Hanou del PCCh

En septiembre, tras dos meses en China, Capa vuelve a París. Se había llevado algunas películas Kodak en color. Cuatro de las fotos resultantes son publicadas por Life en su número 17 de octubre de 1938. El color era algo insólito en la prensa de la época: solo la alemana y la estadounidense usaban la impresión en cuatricromía. fueron las primeras fotos en color publicadas por Capa, que más adelante lo utilizó a menudo, especialmente en sus primeros reportajes de la Segunda Guerra Mundial.

El ya internacionalmente famoso fotoperiodista fue enviado por la revista norteamericana Life a la gran nación asiática, e hizo muchísimas fotografías en blanco y negro de diferentes zonas de China (Hankou, Nanchang, Shandon, Xuzhou, Xi´an, Zhengzhou, Tai´erzhuang y Wuhan) utilizando una cámara telemétrica Contax II con objetivo Carl Zeiss Jena Sonnar 5 cm f/2 no revestido. 

Robert Capa lleva ya cinco meses en China, trabajando habitualmente en condiciones durísimas, con agotadores viajes diarios en tren de muchas horas a distintas ciudades del país, frecuentemente sometido a un calor asfixiante de más de 40º C, abundante polvo, dificultades para simultanear su trabajo como fotógrafo y como asistente de operador de cámara de cine (misión para la que ha sido contratado por Joris Ivens, que está rodando la película The 400 Million), virtual imposibilidad de obtener fotos exclusivas, ya que la mujer de Chiang-Kai-shek obliga a todos los fotoperiodistas a viajar juntos y muy controlados por espías a su servicio, e intenta por todos los medios evitar el rodaje de escenas que muestren la extrema pobreza imperante en la inmensa mayoría de China, o bien metraje o fotografías en que aparezcan tropas comunistas de Mao Tse-Tung, y por si todo ello fuera poco, un laboratorio fotográfico de Hankou había echado a perder un mes antes, durante la fase de secado, con los carretes ya revelados, uno de sus mejores reportajes sobre los campesinos y pescadores que transportaban tropas chinas sobre el río Amarillo, a bordo de balsas hechas con piel de cabra y pequeñas barcas rudimentarias.

Cuatro de las dieciocho Kodachromes expuestas por Capa dicho 19 de Julio de 1938 -con un carrete que le prestó Walter Bosshard- fueron publicadas por Life en doble página a todo color, dos meses más tarde, en su número del 17 de Octubre de 1938. Evidentemente, la inmensa mayoría de la producción fotográfica de Robert Capa durante su carrera profesional fue realizada con películas de blanco y negro de 35 mm, pero además del componente exótico de estas cuatro diapositivas Kodachrome expuestas por Capa en Hankou (China) el 19 de Julio de 1938, no cabe duda de que estas cuatro fotografías en color constituyen el primer ejemplo de uso de la mítica por excelencia emulsión (considerada la mejor de todos los tiempos, tanto por su calidad de imagen, ausencia de grano, impresionante gama de colores y viveza de los mismos, precisión cromática, extraordinaria definición, aún mejor acutancia, soberbio rango tonal y una enorme longevidad) en el ámbito del reportaje de guerra, 

 Kodachrome captando el bombardeo japonés sobre Hankou (China) el 19 de Julio de 1938.
 Foto: Robert Capa. Life Magazine 

Años cuarenta

En septiembre de 1939, Robert Capa cierra la verja del número 37 de la rue Froidevaux, en el 14º arrondissement de París, y va a la Havre para tomar un barco a Chile. lleva en su bolsillo el preciado visado de entrada a Estados Unidos. Atrás queda, a cargo de su ayudante y amigo Csiki Weiss y de su vecino Émile Muller, la mayor parte de su obra: negativos, impresiones, su máquina de escribir y su correspondencia, incluida la famosa "maleta mexicana". En Estados Unidos se reencuentra con su hermano y su madre, aunque, como tantos exiliados húngaros no es bien recibido al otro lado del Atlántico

A finales de los años cuarenta y principios de los cincuenta, Capa viajó por todo el mundo como corresponsal de Magnum Photos, agencia que fundó en 1947 con Henri Cartier-Bresson, David Seymour, William Vandivert y George Rodger. La exposición también presenta retratos de algunas de sus amistades más famosas de esta época, como Ingrid Bergman, John Huston, Ernest Hemingway y Pablo Picasso.

En mayo de 1941 zarpa para Inglaterra como enviado de la revista Collier's mientras caen sobre Londres las bombas alemanas: es el Blitz, que Capa documenta en un conmovedor libro escrito por la periodista Diana Forbes-Roberston, The Battle of Waterloo Road.

Capa tiene que esperar hasta finales de 1942 para llegar al frente, concretamente el de África del Norte, donde acaban de desembarcar los aliados. acreditado ante el ejército de Estados Unidos, lo sigue durante su ofensiva en Túnez y se mantiene a su lado en el desembarco de Sicilia, trabajando de nuevo para Life. Sus fotos de la población liberada de Nápoles, y sobre todo de la batalla del valle de Liri, cerca de montecassino, son algunos ejemplos.

El momento ansiado por Capa llega el 6 de junio de 1944 con el desembarco de Normandía. Ante la inminencia del día D, Life ha reforzado su equipo de fotógrafos.. Los elegidos para desembarcar son Bob Landry y Robert Capa, el primero en Utah Beach y el segundo en Omaha Beach, un infierno donde los soldados americanos quedan a merced de las ametralladoras alemanas: ese día mueren dos mil quinientos hombres. capa fotografía como puede a los soldados saltando al agua para intentar llegar hasta la playa. a continuación, sube a otro bote para llevarse sus valiosos rollos de película, seguro de haber hecho buenas fotos.  Tardará un mes en poder ver sus imágenes del Día D, aunque nunca dejará de avalar la historia, reconocida actualmente como falsa, de que las películas se quemaron en el armario de secado. solo han salido once fotos, "ligeramente desenfocadas", pero no hacen falta más: es la exclusiva del siglo.
Normandía

Una vez enviadas sus fotos a londres, Capa vuelve de inmediato a Normandía. Su llegada a Bayeux sorprende a sus colegas, que lo daban por muerto. Persistiendo en su búsqueda de los combates, cubre los dos meses de la batalla de Normandía. El 25 de agosto entra en París con la 2º división blindada del general Leclerc. Más adelante, siguiendo a las  fuerzas norteamericanas, llega  Berlín, y el 18 de abril de 1945, en Leipzig, logra hacer una impactante serie de fotografías del último soldado muerto de la guerra, en pleno combate, como siempre, como punto final de la cobertura de cuatro años de guerra.

La Libération de Paris

Unión Soviética

Robert Capa viajó a la Unión Soviética en 1947 con el escritor John Steinbeck, como parte de una colaboración para ilustrar el libro Russian Journal.  Llegaron a Moscú en el verano de 1947. Lejos de encontrarse con la monstruosa sociedad que les habían descrito, Capa y Steinbeck quedaron impresionados por la inquebrantable esperanza y fortaleza de un pueblo que había sobrevivido contra todo pronóstico, emergiendo de los horrores de la guerra. Desde los cansados ​​y adustos habitantes de una Moscú recién construida, hasta el increíble espíritu del pueblo georgiano y la belleza de su región, a través de imágenes y textos, « Un diario ruso» captura el carácter único de los lugares y comunidades que visitaron, así como las innumerables peculiaridades del Estado comunista.

Durante su estancia, recorrieron Moscú, Stalingrado, Georgia y Ucrania, aunque Capa comentó irónicamente su decepción por no encontrar un comportamiento salvaje y espectacular, ya que consideraba a los rusos demasiado "rectos y trabajadores" para un fotógrafo de su tipo. Capa vuelve del viaje con casi cuatro mil negativos. este reportaje, el primero para la agencia magnum, es un éxito: el libro se publica en estados Unidos y francia. a Capa le resulta más inspirador fotografiar Hungría y sobre todo el nacimiento del estado de Israel, adonde viajará tres veces: en 1948, 1949 y 1950.

Capa regresó del viaje con casi cuatro mil negativos, y Steinbeck con varios cientos de páginas de notas. Dedicados a priorizar el retrato individual sobre una narrativa exhaustiva, Steinbeck y Capa compartían el deseo de registrar los detalles cotidianos de la vida soviética y a las personas singulares que conocieron durante sus viajes. Al escribir sobre el fotógrafo tras su prematura muerte en 1954, Steinbeck elogió la capacidad de Capa para lograrlo: «Podía fotografiar el movimiento, la alegría y la tristeza. Podía fotografiar el pensamiento… Observen cómo captura la inmensidad del paisaje ruso y a un solo ser humano. Vean cómo su lente podía mirar a través de los ojos hasta la mente de un hombre».


Últimos reportajes 1947-1954

El empeño de Capa por plasmar la guerra con la mayor inmediatez posible acabó costándole la vida mientras reflejaba la lucha por la independencia de la Indochina francesa en 1954. El paisaje con el que se encontró Capa a su llegada no era el mismo que en tantas otras ocasiones; aquí la selva lo invadía todo. Montado en un vehículo de una unidad francesa, el fotógrafo tomaba instantáneas del paisaje mientras los soldados iban desactivando lentamente las minas que infestaban la carretera. Pero Capa no estaba satisfecho con los encuadres que le ofrecía su cámara y decidió bajar del vehículo. Un error que se demostraría fatal.

24 de Mayo de 1954. Procedente del aeropuerto de Gia Lam en Hanoi (donde había llegado el 9 de mayo de dicho mes), Robert Capa aterriza en la base aérea de Nam Dinh, ubicada a las afueras sur de esta ciudad ( 72 kilómetros al sureste de la capital de Vietnam del Norte), a bordo de un pequeño avión Morane Saulnier MS-500 Criquet de enlace, con motor Argus As 10 de 8 cilindros y 240 caballos de potencia fabricado en Francia, en compañía de John Mecklin (corresponsal de Time) y el general René Cogny, comandante de las fuerzas francesas en Vietnam del Norte. 

Pese a la corta distancia existente entre ambas ciudades, se ha optado por el transporte aéreo de ambos periodistas y del alto oficial para evitar los riesgos que supondría el viaje por tierra, ya que el Vietminh está muy activo en las zonas de Thu´o´ng Tin, Cao Cuán, Phú Xuyén, Hu´ng Yên, Duy Tiên, Kim Báng, Lý Nhân, Hanh Liêm y Binh Luc, que jalonan de norte a ligeramente sureste el espacio que las separa, y los altos mandos franceses desean garantizar al máximo posible la seguridad de los tres ( Donald M. Wilson, corresponsal de Life magazine en Indochina y que había acompañado a Capa en Laos entre el 10 y el 16 de Mayo de 1954 durante la cobertura del traslado de heridos graves franceses en helicópteros procedentes de Diem Bien Phu y que fueron a continuación llevados en aviones a Hanoi para ser tratados, había cedido su asiento a John Mecklin, porque la pequeña aeronave sólo tenía dos plazas disponibles para reporteros y además tenía varias crónicas pendientes de mecanografiar para la oficina de Life en Nueva York). 

Durante este viaje en avión, Capa hace una fotografía muy premonitoria al general francés René Cogny en la que capta por sorpresa al alto oficial francés junto a un mapa de la zona, con expresión facial pensativa y de gran preocupación. La fortaleza francesa de Den Bien Phu (425 km al oeste de Hanoi ) ha sido conquistada muy recientemente, el 7 de mayo de 1954, por las fuerzas del Vietminh dirigidas por Nguyen Giáp. Las tropas francesas han luchado con gran valor y lo seguirán haciendo hasta el final, pero René Cogny sabe que la guerra está perdida, tal y como revela la imagen definitoria creada por Robert Capa. 

El general René Cogny fotografiado por Robert Capa en el interior del avión Morane Saulnier MS-500 Criquet durante el vuelo desde Hanoi a Nam Dinh el Lunes 24 de Mayo de 1954, pocos minutos antes de aterrizar en la base aérea francesa de Nam Dinh  © Robert Capa / ICP New York 

Capa hace la foto desde muy cerca al militar francés disparando su cámara telemétrica Contax IIa acoplada a un objetivo Carl Zeiss Jena Sonnar 5 cm f/2 diseñado por Ludwig Bertele, que había sido junto con el Carl Zeiss Jena Sonnar 5 cm f/1.5 la mejor óptica standard del mundo entre 1932 y 1953, año en que aparecieron los primeros objetivos Leitz Summicron 5 cm f/2 con vidrio óptico LaK9 en montura de rosca LTM39, que fueron a partir de ese momento el referente cualitativo óptico y mecánico para formato 24 x 36 mm.

Nam Dinh, ciudad desde la que Robert Capa iniciaría su marcha hacia Thai Binh un día después, el 25 de mayo de 1954, para hacer un reportaje sobre los fuertes franceses de Doai Than y Thanh Ne, en el distrito de Kien Xuong, Provincia de Thai Binh, que iban a ser volados y abandonados por la columna francesa.  siendo recibidos por Jean Lacapelle, jefe del sector francés, que les sugiere que le acompañen al día siguiente durante una misión de repliegue de fuerzas que consistirá en evacuar y destruir los pequeños fuertes franceses de Doaithan y Thanh Ne, ubicados en el extremo sureste del Distrito de Kien Xuong en la Provincia de Thai Binh, muy cerca ya de la frontera con el Distrito de Tien Han.

Poco después, Capa, que ya había estado en Nam Dinh tres días antes, el 21 de mayo de 1954, haciendo un reconocimiento preliminar previo a un reportaje sobre la situación militar en la desembocadura del río Rojo.

25 de Mayo de 1954

A las 7:00 h de la mañana, Robert Capa, John Mecklin y Jim Lucas suben a un jeep del ejército francés que les espera junto a la puerta del Hotel Moderno, conducido por uno de los hombres del coronel Lacapelle, y se dirigen a las afueras noreste de Nam Dinh dirección Thai Binh. Pocos kilómetros más adelante, aguardan junto a un tramo del río Rojo (Sông Hông) a que la fuerza francesa formada por 2.000 hombres y 200 vehículos a motor (incluyendo camiones, vehículos blindados semioruga, jeeps y carros de combate) sea transbordada en ferry al otro lado de esta gran vía fluvial. Tras cruzar el río, la columna de tropas francesas avanza en dirección a la Provincia de Thai Binh, internándose en su región de Vu Thu, y aproximadamente a las 8:40 h de la mañana  son atacados en el tramo de carretera entre Bong Dien y Nghia Khe por francotiradores del Vietminh que realizan disparos de larga distancia (entre 500 y 800 metros) con fusiles Mosin Nagant M44 rusos calibre 7,62 x 54R y rifles SKS calibre 7,62 x 39 mm (entre 350 y 400 metros) y producen algunas bajas entre los conductores de los camiones que van en cabeza.  La tensión aumenta enormemente. Se teme una operación envolvente por parte de las fuerzas del Vietminh, que se hallan camufladas entre la muy profusa vegetación circundante y les aventajan notablemente en número. 



Además, todos ellos temen la posibilidad de ser atacados también en cualquier momento con potentes minas adosadas, cañones sin retroceso de 57 mm Tipo 36 (copias chinas del rifle sin retroceso M18A1 norteamericano) o los todavía mucho más eficaces rifles sin retroceso SKZ Sung Khong Giat de 75 mm (diseñados por Tran Dai Nghia y fabricados artesanalmente en talleres, con muy bajo coste de producción, mediante el uso de railes de acero transformados en piezas de bazooka con tolerancias inferiores a 0.5 mm) que podrían destruir los tanques de la columna francesa. 

El 25 de mayo sigue a una unidad durante su patrulla por los arrozales. Capa decide salir de la protección del jeep y sigue haciendo fotos a gran velocidad, asumiendo riesgos que su experiencia le permite calcular si la oportunidad de obtener buenas fotos así lo exige, pero siempre con el factor de incertidumbre y azar presentes, que pueden provocar la muerte, de repente y de modo inesperado, en cualquier momento. 

Desde hace varios minutos, las tropas francesas avanzan a través de un gran arrozal ubicado a la izquierda de la carretera que conduce a Thahn Né. Caminan lentamente, con mucha cautela, y algunos de ellos llevan detectores de minas. Y pese al asfixiante calor, todos los soldados están con sus cascos puestos por temor a disparos en la cabeza de los francotiradores del Vietminh.

Están siendo atacados desde diferentes distancias, ya que los francotiradores del Vietminh ubicados a ambos lados de la carretera, les disparan con carabinas SKS y fusiles Mosin Nagant M44 con mira telescópica larga, mientras que por su parte, las dotaciones de mortero del Viet Minh poseen una enorme experiencia y pericia en el manejo de este arma, siendo capaces de determinar el azimut de fuego y sus ajustes de elevación en muy pocos segundos, disparando sus obuses de 60, 81 y 82 mm con gran precisión y efectividad y cambiando rápidamente de posición.

Capa percibe claramente el enorme peligro y que el Viet Minh domina claramente la situación disparando desde los bosques adyacentes, camuflados entre la maleza y sin necesidad de forzar un choque masivo de fuerzas, manteniendo la iniciativa con respecto a donde y cuando atacar, teniendo a la columna francesa en tensión y bajo constante observación desde puntos específicos, moviéndose con gran velocidad y seleccionando los tramos de terreno más propicios para las continuas emboscadas que van minando la moral del enemigo, arreglándoselas a la vez para ocultarse entre la espesa vegetación para evitar ser detectados desde tierra o aire, y llevando la iniciativa táctica en todo momento.

El fotógrafo se mantiene agazapado tras el vehículo, tratando de protegerse de una posible bala de francotirador o de la metralla de un proyectil de mortero, siendo éste último el factor de riesgo más temido, ya que los obuses de morteros de 60 mm Tipo 31 y 63 del Vietminh tienen un radio de acción letal de aproximadamente 22 metros en el momento de su explosión, mientras que sus morteros de 81 y 82 mm lanzan proyectiles con un alcance mortífero de 35 metros en derredor al estallar.


La onda expansiva lanza su Nikon S a varios metros de distancia (el fotoperiodista norteamericano Sal di Marco pudo ver a principios de los años setenta manchas de sangre en esta cámara que estuvo expuesta en la antigua Nikon House de Nueva York, y que es hoy en día propiedad de la Nikon Historical Society), mientras Capa, inconsciente y tumbado de espaldas sobre el suelo, tiene su mano izquierda aferrada a su cámara Contax IIa con la que ha hecho su última foto, en blanco y negro. 

Mecklin y Lucas llegan al lugar de la explosión a las 15:10 h. Capa ha perdido mucha sangre y está agonizando. De repente, llega el coronel Lacapelle, que ha oído la deflagración. Ve a Capa en el suelo y llama rápidamente a una ambulancia que se lleva a Capa al puesto de primeros auxilios más cercano, ubicado en el fuerte de Dong Qui Thon, 5 km atrás, donde un médico vietnamita certifica la muerte de Robert Capa. 

El reportaje de John Mackin, el periodista que lo acompaña, ocupa dos páginas en el número de Life del 7 de junio de 1954: "Capa estaba tumbado boca arriba, con la pierna destrozada,a treinta centímetros de un agujero hecho en el suelo por la explosión. también tenía una herida grave en el pecho. Su mano izquierda estaba crispada en la cámara de fotos. Empecé a llamarlo por su nombre. la segunda o tercera vez se le movieron los labios un poco, cuando se molesta a una persona dormida. Fue su último movimiento."

Sin darse cuenta, el fotógrafo había pisado un mina antipersona. Sin perder un segundo, los militares organizaron una operación de evacuación, pero ya era tarde. La vida de Robert Capa se había desvanecido de la manera más violenta posible, aunque en el ejercicio de la profesión que tanto amaba, como hizo su querida Gerda: buscando el encuadre perfecto. Robert Capa, se convirtió, así, en el primer corresponsal norteamericano muerto en combate.


Con el objetivo como arma
y la verdad como bandera
vuestra cámara disparaba y la verdad capturaba
rompiendo muros y fronteras

testigos de un mundo en guerra y en estado de alarma
testigos y protagonistas de una era
donde la humanidad naufragaba
en un océano de muerte, mentiras y guerras

luz de la verdad frente a la ceguera y oscuridad
de la mentira y la censura de aquellos que intentaron
destruir al mundo y a la humanidad
entre sus armas y trincheras que de sangre regaron

Gerda y Friedmann, dos fotógrafos bajo la misma Capa comprometida
testigos y militantes de la vida y de la verdad
con el objetivo de luchar por un mundo nuevo para la humanidad
con la cámara como arma y reflejo de la historia y nuestra vida

viernes, 5 de mayo de 2017

5 de mayo de 1945 Liberación del Campo de exterminio nazi de Mauthausen

El cinco de mayo se cumple el aniversario de la liberación del antiguo campo de concentración nazi de Mauthausen ubicado en la Alta Austria. Fue en 1945, cuando los soldados americanos llegaron al campo y una imagen apocalíptica se presentó ante sus ojos. Alrededor de esta fecha, tiene lugar anualmente una ceremonia oficial que reúne representantes de la política y lo que es más importante, sobrevivientes del campo y sus familiares y amigos. También visitantes que quieren unirse al recuerdo de lo allí sucedido, se congregan esta en esta fecha en Mauthausen. Es imperante mantener viva la memoria de lo sucedido en el holocausto.

Cuando el Ejército norteamericano entró en Mauthausen, el 5 de mayo de 1945, banderas republicanas habían sustituido a las banderas nazis y la puerta del campo estaba cubierta por una gran pancarta en la que se podía leer: «Los españoles antifascistas saludan a las fuerzas libertadoras
"Los españoles antifascistas saludan a las fuerzas libertadoras"

El estallido de la Segunda Guerra Mundial cambió el curso de los exiliados españoles refugiados en Francia. Muchos fallecieron de desnutrición y enfermedades. Presionados por las autoridades francesas, un contingente numeroso regresó a España, mientras que otros consiguieron emigrar a otros países o encontrar un trabajo. El resto optó por alistarse en la Legión Extranjera francesa, las Compañías de Trabajadores o los Regimientos de Marcha de Voluntarios Extranjeros. Allí fueron unas 60000 personas.

La invasión de Francia provocó que las compañías de trabajadores quedaran  atrapadas en el frente y la mayoría de sus integrantes murieron en los combates o fueron detenidos. Unos 12000 republicanos fueron traslados a los frontstalags, campos de tránsito para prisioneros situados en Francia o los stalags, campos de prisioneros situados en el Tercer Reich. 

Un poco de historia

El 5 de mayo de 1945 el 41º Escuadrón de Reconocimiento de la 11ª División Acorzada de los Estados Unidos, encuadrada en el 3er Ejército Americano, llegaba a las puertas del campo de concentración de Mauthausen. Al día siguiente se hacía la famosa fotografía de la entrada del campo, con la pancarta en la que podía leer: «Los españoles antifascistas saludas a las fuerzas libertadoras».

"Dos tanques americanos, procedentes de la 11ª División Acorazada, entraron majestuosos por el gran arco que presidía Mauthausen. Aunque venían de liberar otros campos de concentración, el pavor que expresaban sus caras, en las que vimos reflejado, como en un espejo, el horror que habíamos vivido, mostraba que jamás habían sido testigos de algo ni remotamente similar. Antes sus ojos desfilaban una sórdida procesión de hombres diezmados por años de sufrimientos que se agolpaban ante ellos, chillando unos, sollozando sin consuelo otros. Algunos paralizados por la emoción del momento, otros abrazados, nadie indiferente" (Alfonso Maeso).

A pesar de que en Mauthausen se ha conservado mucho, en términos comparativos, de las construcciones originales del campo de concentración, el aspecto del Memorial hoy se diferencia en aspectos fundamentales del campo tal y como fue liberado el 5 de mayo de 1945. Tras permanecer bajo administración americana, el campo fue utilizado durante varios meses, a partir del verano de 1945, como alojamiento de soldados por parte del ejército soviético. El 20 de junio de 1947, la autoridad de ocupación soviética entregó el antiguo campo de concentración de Mauthausen a la República de Austria con la condición de erigir un Memorial. Con motivo de las modificaciones con vistas al Memorial fueron desmontadas la mayor parte de las barracas de los presos, las barracas de los SS que todavía permanecían y las instalaciones técnicas para la explotación de la cantera. En la primavera de 1949 tuvo lugar la inauguración del Memorial con el nombre de “Monumento Público de Mauthausen”.

Inaugurado el 8 de agosto de 1938, pocos meses después de la anexión de Austria al Tercer Reich el 12 de marzo del mismo año, a Mauthausen llegaron en los siete años que estuvo abierto unos 200.000 deportados de más de 40 países, entre ellos más de 7.500 españoles.  Mauthausen era un campo reservado a los prisioneros "culpables de acusaciones realmente graves, incorregibles, asociales y convictos por causas criminales, es decir, gente en custodia preventiva, con pocas probabilidades de poder ser reeducada”, según la Enciclopedia del Holocausto.  En él fueron asesinadas más de cien mil personas. Según Martin Gilbert, autor de “holocaust”, había 8.000 republicanos españoles en el campo principal de Mauthausen y sólo 817 de ellos sobrevivieron. La voluntad programada del nazismo de reprimir enemigos comportó la creación de un vasto universo de campos concentracionarios cuyo objetivo era la explotación de prisioneros como mano de obra y el exterminio de los más indeseables.

Situado cerca de la ciudad austriaca de Linz, en una colina sobre el Danubio, el campo de concentración de Mauthausen  fue clasificado por las autoridades alemanas como un campo de tercera categoría, la más dura, destinado a las personas que se consideraba irrecuperables. Los primeros prisioneros del nazismo llegaron allí en el verano de 1938 y el primer convoy de republicanos lo hizo en agosto de 1940. Los traslados se realizaban en tren hacinando a los prisioneros en vagones de ganado. Mauthausen fue un campo de trabajo, pero disponía de cámaras de gas, sala de ejecuciones y hornos crematorios.

En otoño de 1949, Francia levantó en el emplazamiento de las antiguas barracas administrativas de la SS el primer monumento nacional. Posteriormente, numerosas naciones y grupos de víctimas llevaron a cabo más monumentos.

A principios de los años 60 se ubicó en el interior del Memorial de Mauthausen un cementerio al cual se trasladaron posteriormente los restos mortales de las víctimas del campo de concentración que se encontraban en los “cementerios americanos” en Mauthausen y Gusen así como aquellos que yacían en las fosas comunes que habían utilizado los SS. En el llamado campo II y en el recinto de las barracas de los presos 16 a 19 yacen más de 14.000 víctimas.

El antiguo edificio de la enfermería cumple la función de museo desde 1970, para lo cual fue adaptado. Desde mayo de 2013 alberga las dos exposiciones permanentes “El campo de concentración de Mauthausen 1938-1945” y “Mauthausen, lugar del crimen – Una búsqueda de huellas”. En el nuevo “Espacio de los Nombres” están inscritos los 81.000 muertos del campo de concentración de Mauthausen y los respectivos subcampos cuyo nombre se conoce.

Mapa del campo de Mauthausen

Los republicanos españoles, apátridas para los nazis

Los españoles fueron los primeros en entrar en Mauthausen y los últimos en salir. Ningún gobierno se preocupó de si estaban vivos o muertos y tuvieron que lucir el distintivo azul, el de apátrida, porque el gobierno de Franco así lo decidió. Gracias a los muchachos españoles se pudieron sacar del campo las fotos que sirvieron como pruebas en los juicios posteriores...

Siete mil españoles pasaron por Mauthausen. Los que sobrevivieron no llegaron a dos mil...
La lógica haría pensar que los españoles recibirían el triángulo rojo de prisioneros políticos, como de hecho ocurrió, años más tarde, en el resto de los campos. Sin embargo, en Mauthausen, los republicanos españoles recibieron el triángulo azul que les distinguía como apátridas. Un triángulo azul sobre el que aparecía escrita una «S» que les definía como spanier, es decir, como apátridas españoles.

Toda una contradicción solo explicable por el deseo del régimen franquista de ni siquiera reconocerles como compatriotas. En los libros de registro del campo y en la mente de los SS, esa definición era un poco más amplia: todos los recién llegados eran registrados como « rotspanier». La explicación de por qué aquellos hombres nacidos en una nación amiga del Reich, como era España, merecían estar en ese lugar obedecía a una sencilla razón: se trataba de «rojos españoles».

Eran los “Rotspanier” (Rojos españoles), los “triángulos azules”, y para diferenciarlos del resto les colocaron este símbolo con una “S” sobre su harapienta ropa. Eran civiles, refugiados en estado puro. Eran los apátridas, aquellos a los que el régimen del pequeño dictador abandonó a su suerte. Nunca les reconoció como españoles ni aceptó su repatriación. Los documentos encontrados prueban que las autoridades nazis preguntaron a sus homólogos españoles qué debían de hacer con los "dos mil rojos españoles de Angulema". El Gobierno de Franco nunca se molestó en ocuparse de este asunto y ni siquiera contestó, dejándoles expuestos a la maquinaria de exterminio nazi. Entre ellos, muchos menores de edad.

Algunos españoles lograron introducirse en la compleja estructura organizativa de Mauthausen: oficina de administración, intérpretes, fotógrafos... A nivel político se constituyeron organizaciones de resistencias entre las que sobresalían por su solidez la comunista y la anarquista. En 1944 se organizó el llamado Comité Internacional con la activa participación de los republicanos españoles. también se constituyó, por incitativa de los prisioneros españoles, El aparato Militar Internacional (AMI), se crearon grupos de autodefensa y se preparo un plan para ocupar el campo: la desorganización en los días previos a la liberación permitió el robo de armas y que el AMI y el Comité Internacional tomaran el control del campo.
Triángulo azul (que representaba a los apátridas) con la S de Republikanische Spanier (republicano español)


El exterminio mediante el trabajo

Las condiciones de vida en Mauthausen eran extremas con falta de atención médica, desnutrición, escasez de ropa de abrigo y un régimen disciplinario feroz bajo la esclavitud laboral. Los prisioneros trabajan una media de doce horas en la cantera de granito Wiener Graben. miles de deportados fallecieron por accidentes o debido a la violencia de las SS. otros deportados fueron ocupados en las obras efectuadas en el recinto: la construcción de garajes, las viviendas de las SS, la cárcel, la cámara de gas o las cocinas.

Los comandos del trabajo

Mientras la guerra avanzaba otros comandos se instalaron en industrias que fabricaban materiales para el ejército alemán, entre ellas la Steyr_daimler_puch y la Messerchmitt. En Ebensse los prisioneros construyeron túneles para proteger de los bombarderos aliados la fabricación de los cohetes V2 utilizados por la aviación alemana. Por otra parte, en el castillos de Hartheim se realizaron experimentos médicos y se habilitaron cámaras de gas, hornos crematorios para gasear a miles de prisioneros entre ellos medio millar de españoles.

Los experimentos médicos

Además de realizar trabajos forzados, los prisioneros estaban expuestos a experimentos médicos cuyos resultados se destinaban a organismos del ejército y a laboratorios privados. En Mauthausen fueron habituales las inyecciones en zona cardiaca que provocaban dolores y parálisis. también s e experimento sobre una dieta basada en papillas para evitar el consumo de proteínas: el castillo de Hartehim fue usado por las SS para su programa de eutanasia y posteriormente para gasear a los presos más débiles del campo de Mauthausen

La figura de Francesc Boix

Nace en el barrio barcelonés del Poble Sec. Hijo de Bartolomé, barcelonés, y de Ana, natural de Fraga (Huesca). Crece con sus dos hermanas en el mismo barrio, en la sastrería "Boix", que regentaba su padre y en contacto con círculos libertarios. Es con su padre, fotógrafo aficionado, que aprende la técnica fotográfica, y en 1934 entra a trabajar de aprendiz en la casa de fotografía Romagosa.

Cuando comienza la Guerra Civil española, se afilia a las Juventudes Socialistas Unificadas (JSU), organización del PSUC, compartiendo experiencias con Teresa Pàmies y Gregorio López Raimundo. Trabaja en la revista Julio como reportero, hasta que se alista en la 30ª División, como voluntario, fotografiando durante esta época el frente de Aragón desde el Segre.
Empezó en la fotografía gracias a su padre, un sastre de Poble Sec aficionado a la fotografía. Con 17 años fue como voluntario al frente para luchar contra los golpistas. Como colaboraba con el periódico 'Juliol', más que empuñar las armas disparaba con su cámara. Al terminar la guerra civil española se vio obligado a exiliarse y cruzar la frontera francesa, donde lejos de encontrar la paz muchos españoles encontraron la muerte.
Pasa por los campos de refugiados de Vernet y Septfonds, siendo posteriormente capturado por los alemanes, en el norte de Francia y deportado al campo de concentración de Mauthausen, donde llega el 27 de enero de 1941.

En Mauthausen se une al trabajo de Antonio García Alonso, destinado en el Servicio de Identificación del Campo, debido a su oficio de fotógrafo. Y va asumiendo responsabilidades en la tarea de documentación gráfica junto con José Cereceda, a finales de 1943. A partir de 1944, participa en el robo de negativos, desde los círculos de resistencia de los republicanos de Mauthausen, siendo recogidos y custodiados por la austríaca Anna Pointner en su casa particular.

Una vez liberado el campo, el PCE encarga a Boix, la tarea de reagrupar toda la documentación sobre el campo y sus ilustraciones fueron publicadas en varios libros.

Cuando se constituye el Tribunal Internacional de Nuremberg, Boix aporta evidencias con sus fotografías y meses después presenta su documentación gráfica en el Tribunal americano de Dachau. Las fotografías que lograron salvar Boix y sus compañeros fueron determinantes para condenar a altos cargos nazis en los juicios de Nuremberg en 1946. Boix fue el único español que asistió como testigo.

El Partido Comunista le sigue manteniendo en activo, documentando actos políticos hasta su muerte en 1951, causada por las secuelas del internamiento, en el hospital parisino de Rothschild.

Francesc Boix en el campo de Mauthausen


Llegó al campo de concentración de Mauthausen en diciembre de 1941 tras pasar por campos de concentración franceses tras ser capturado por los alemanes en una compañía de trabajadores. Ingresó en el campo el 13 de diciembre de 1940 (mate. 4811) y tuvo unas impresiones muy pesimistas respecto a su futuro más inmediato. Unas semanas más tarde, fue destinado al kommando Steyr y las perspectivas de encontrar una situación más aceptable se desvanecieron al comprobar el trato a que eran sometidos y las condiciones en que debían trabajar para construir las instalaciones en medio de un lodazal en pleno invierno y, posteriormente, a las empresas de material de guerra donde fueron destinados los trasladados del campo central. Eliseu permaneció en Styer, sufriendo aquella extrema experiencia, hasta finales de 1944 en que fue trasladado al campo de Gusen.
En 1948 regresó a España. Participó en 1962 en la fundación de la Amical de Mauthausen formando parte del primer "comité provisional".


Juan Romero, el último superviviente español de los campos de concentración nazis
"La biografía de Juan Romero Romero no es excepcional ni diferente a las de los miles de españoles que sufrieron el infierno nazi. Sin embargo, sí permite conocer, a través de ella, el horror que vivieron los deportados y deportadas en los campos de exterminio. Romero, como tantos otros, batalló en la Guerra de España a favor de la II República y en contra del fascismo. En su caso particular, luchó en la sierra de Guadarrama, en Brunete, en Guadalajara y en Teruel, en la conocida como la batalla de El Ebro. Tras la caída de Catalunya, en febrero de 1939, pasó la frontera francesa por Puigcerdà y vivió su primer exilio", escribe el periodista de Público, Alejandro Torrús, sobre su presencia en la Guerra Civil.
El primer trabajo esclavo que le asignaron los SS fue en la temible cantera de granito donde los españoles pasaban cerca de doce horas picando y trasladando piedras. Le trasladaron a un grupo que trabajaba en el exterior del campo y que estaba dirigido por el kapo español César Orquín. Mejor tratado y con algo más de comida, Juan recuperó fuerzas hasta que, un día, resultó seriamente herido tras sufrir un accidente en el trabajo.  Su siguiente y último destino en Mauthausen fue en el llamado “comando de la desinfección”. Su misión consistía en recoger las ropas de las expediciones de prisioneros que llegaban al campo y, en unas grandes parihuelas, llevarlas al edificio donde las lavaban y desinfectaban.
Juan Romero falleció el 3 de octubre de 2020 siendo el último republicano español superviviente de los campos de concentración nazis.
Juan Romero


Joan de Diego, el secretario de Mauthausen 

Cuando las tropas norteamericanas liberaron el campo, el 5 de mayo de 1945, Juan de Diego era el deportado que portaba el número de prisionero más antiguo. En ese momento su trabajo de secretario dio un giro determinante. Con otros supervivientes españoles se dedicó, en base al material que había sustraído durante años, a elaborar listados con los españoles que habían perecido en el campo de concentración y en el cercano Castillo de Hartheim. Juan trabajó, codo con codo, con las tropas estadounidenses hasta que el 2 de junio fue repatriado a París. su testimonio fue crucial en los juicios contras los jefes nazis, entre ellos el que enjuició al médico responsable de la práctica de la eutanasia en el castillo de Hartheim.
Joan de Diego

José Carlos Grey-Molay
José Carlos Grey Molay, también conocido como Carlos Greykey, nació en Barcelona en 1913. Sus padres eran originarios de Guinea Ecuatorial. A pesar de sus orígenes humildes logró iniciar la carrera de Medicina.

La Guerra Civil impidió que pudiese finalizar sus estudios.
Se unió al bando republicano en la lucha contra el fascismo y tras la victoria de los sublevados se vio obligado a huir a Francia. Allí fue recluido en un "campo de refugiados" y tras ello se alistó como extranjero en el ejército francés para luchar nuevamente contra el fascismo. Sin embargo para su desgracia, fue capturado por los nazis junto a otros tantos españoles que corrieron su mismo destino.

El régimen franquista se había desentendido de ellos y los nazis comenzaron a deportar a todos los "rojos españoles" a los campos de concentración.

Carlos llegó a Mauthausen en junio de 1941 y fue catalogado como "apátrida". Su color de piel llamó la atención de los nazis, pero el hecho de dominar múltiples idiomas (español, catalán y alemán, inglés y francés) y contestar en alemán a un oficial le salvó la vida.

A los nazis les hizo gracia tener a un negro de sirviente y camarero, así que asignaron a Carlos una posición de cierto privilegio. Llegó a servir como camarero al propio Himmler y el propio Ziereis (comandante de Mauthausen) comentó sobre él "que su padre era caníbal". Poco antes de la guerra le relevaron de su puesto, el motivo varía según las fuentes: Pudo ser por una mala contestación o por simplemente hartarse de él.

Gracias a la solidaridad de sus compañeros logró llegar con vida al día de la liberación, el 5 de mayo
Tras la liberación regresó a Francia y obtuvo dicha nacionalidad. Se casó, tuvo dos hijos y vivió una vida tranquila hasta su muerte en 1982.

José Carlos Grey Molay

Anna Pointner
Anna Pointner, una austríaca antifascista que escondió en su casa de Mauthausen las fotografías del horror del campo sacadas por los presos españoles.

Recordemos que una prueba fundamental en los juicios de Nuremberg fueron las espeluznantes fotos (algunas hechas por suboficiales nazis y otras por presos como Francesc Boix y Antonio García) que los españoles encargados de revelarlas lograron sacar a escondidas del campo. En la segunda foto, Francesc Boix testificando en Nuremberg.

Los presos hacían llegar las fotografías a Anna arrojándolas a su paso por su jardín, en su desplazamiento diario hacia su lugar de trabajo forzoso para la empresa Poschacher, que se había quedado sin operarios al estar todos los jóvenes austríacos en el frente.
 
Anna, de sentimiento socialista, estableció cierta simpatía con unos prisioneros españoles del campo de Mauthausen que cada día pasaban por delante de su casa para ir al trabajo en la cantera Poschacher. Esa simpatía llevó a la confianza de hacerle llegar los negativos para guardarlos fuera del campo. Pese al evidente peligro que esto conllevaba para ella y su familia, no dudó en ayudarles. Se arriesgó y primero escondió los negativos en el sótano de casa y después en un muro de la parte trasera de la casa. Este pasado mes de mayo se inauguró un monumento junto a su casa para homenajearla y recordarla. En una placa metálica en la que hay grabadas palabras en alemán y castellano, hay una ventana a través de la cual se ve el muro donde Anna Pointner escondió los negativos.

Anna Pointner, esta brava mujer antifascista, se jugó la vida al esconder durante varios años estas fotografías en un muro de su casa. 

Anna Pointner
La escalera de la muerte
Mauthausen se encuentra en el borde de una cantera de granito en la que fueron enviados prisioneros de los campos a trabajar.  El sitio para el campamento fue elegido debido a la proximidad de la cantera a Linz. Los nazis despertaban a los reclusos de madrugada y, en fila, les obligaban a subir las escaleras de la cantera cargando piedras de granito de hasta 50K. Cargados, los reclusos debían subir los 186 escalones que componían estas escaleras de la muerte. Muchos colapsaban y caían con sus cargas, llevándose a otros reclusos por delante. Los que no morían y quedaban heridos eran rematados por miembros de la SS.
Los que sobrevivían a la prueba, más tarde se colocaría alineadamente en el borde de un acantilado que las SS llamó «The Parachutists Wall» (Muro de paracaidistas). Una vez colocados, los nazis ofrecían 2 opciones: o bien empujaban a los reclusos por el precipicio, o te metían una bala en la cabeza. El proceso se repetía hasta que todos habían muerto o los oficiales de la SS se cansaban o aburrían. Algunos presos, incapaces de soportar las torturas del campo, saltaban voluntariamente y se suicidaban.
Esta práctica se alternaba con otras formas de exterminio, como duchar a los presos con agua helada y dejarlos desnudos a la intemperie a temperaturas de -30°C, ahogarlos en depósitos de agua o lanzarlos a vallas electrificadas.
Hoy en día, la escalera de la muerte forma parte de las visitas guiadas al Memorial de Mauthausen.

Escalera de la muerte de Mauthausen

Historia de una bandera. El KLM (Komando de Liberación de Mauthausen)

Campo de Mauthausen,
tus muros bañados de sangre,
unos matados a palos,
otros murieron de hambre.
Esa es la sangre española
derramada en el combate.



Francisco Ortiz, superviviente de Mauthausen


Al avistar el primer tanque aliado cerca de las puertas del campo el 5 de mayo de 1945 pese a la debilidad, un grupo de españoles republicanos confeccionó ua bandera republicana con la que saludaron a los aliados. Pusieron en letras grandes "República Española", el nombre con el que se conocía a la resistencia seguido de algunos nombres de españoles acompañados del número de identificación en el campo.

La bandera republicana que recibió a los aliados tiene un simbolismo histórico de especial significado, pues se trata de la bandera tejida por los españoles del campo, que formaban el KLM (Komando de Liberación de Mauthausen) clandestino y de carácter internacional, que actuó en el campo desde 1943. En la bandera hay varias inscripciones, que han sido desdibujadas por el tiempo y el dolor de quienes la defendieron, aunque ella misma sigue siendo el mayor signo de viva memoria histórica.

En letras grandes, "República Española", debajo (dos veces) KLM, y en letras más pequeñas, los nombres de los españoles pertenecientes al comando y el número que les habían asignado en el campo:
  • F. Ortiz (4245),
  • F. García (3544),
  • F. Herrero (3301),
  • I. Bonilla (3852),
  • Ramón Bargueño (3183),
  • F. Biarnés (3208) y
  • Francisco Playa (5145).
Los dos sastres encargados de tejerla fueron Falo y Bonaque.

Francisco Ortiz fue testigo de la muerte del principal jefe del campo de Mauthausen, Franz Zireis, tras la liberación por el Ejército norteamericano. Fue él quien abrió las puertas del campo para que salieran los deportados, que posteriormente rompió la puerta de la armería para distribuir armas y ajustar cuentas con los guardianes y que vio cómo el temido Zireis -un despiadado nazi que adiestraba a sus hijos en el uso de las armas disparando sobre los deportados- murió a manos de dos jóvenes cordobeses.

http://www.derechos.org/nizkor/espana/doc/klm51.html


Gusen: El campo de la muerte
A cuatro kilómetros de Mauthausen se habilitó el campo de Gusen. el régimen disciplinario era menos duro pero las condiciones de vida era mucho peores que las sufridas en Mauthausen: allí se explotaba otra cantera y para la mayoría de los deportados el traslado a Gusen representó sus sentencia definitiva de muerte. llegaron extremadamente débiles y las condiciones de traba.jo provocaron su fallecimiento  a lass pocas semanas
Entrada al Campo de Gusen


El proyecto Stolpersteine

El proyecto STOLPERSTEINE es obra del artista alemán Gunter Demnig. Lo inició en Colonia cuando en la ciudad se negó la deportación de gitanos a campos nazis. Posteriormente lo dedicó a todas las víctimas del nacionalsocialismo (judíos, homosexuales, presos político, miembros de las Brigadas Internacionales….) comprendidas entre los años 1933 y 1945. Entre estas víctimas se incluye el colectivo de deportados españoles.

En la actualidad hay más de 75.000 stolpersteine colocadas en más de 20 países.
Las stolpersteine son unos pequeños bloques de cemento de forma cúbica (10 x 10 x 10 cm) en los que una de sus caras está cubierta por una fina lámina de latón donde se han grabado a mano los datos de la víctima (nombre, fecha de nacimiento, datos de la deportación y fecha de fallecimiento o liberación).
En homenaje para cualquier víctima (mortal o no) del nazismo entre 1933 y 1945, incluidos los deportados españoles



Las entidades de la memoria. El papel de la amical de Mauthausen

Meses después de la liberación, supervivientes franceses fundaron la amical de Mauthausen a la que se unieron deportados españoles: ese mismo año se creó en París la Federación Española de Deportados e Internado Políticos (FEDIP) con la finalidad de ayudar a los supervivientes de la deportación. el 6 de mayo de 1962, durante  la ceremonia del 17 aniversario de la liberación del campo, se inauguró un monumento a los republicanos en Mauthausen. ese mismo años se constituyó en Barcelona la Amical de Mauthausen y otros campos cuya andadura inicial fue clandestina pues no se legalizó hasta 1977. la actividad de la asociación persigue difundir la memoria de la deportación republicana, reivindicando los derechos morales y materiales y los valores políticos de las víctimas del nazismo y sus familiares.
Tras la liberación del campo, mientras los supervivientes eran repatriados a sus países de origen, nadie se ocupaba de los 25000 republicanos cuya situación personal había sido la de exiliados en Francia tras huir de la España franquista. Finalmente fueron repatriados a Francia y la mayoría rehízo su vida allí. una pequeña parte decidió regresar a España a pesar de que su porvenir no era fácil por las represalias a las que podían enfrentarse. todos, independientemente el lugar donde se establecieron, tuvieron que rehacer sus vidas y afrontar las secuelas físicas y psíquicas derivadas de la deportación: desde entonces, para la mayoría, el deber de recordar estuvo muy presente en sus vidas y en las de sus familiares.
Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, algunos de los responsables de los crímenes cometidos por el Tercer Reich fueron juzgados en diferentes procesos. En los Juicios de Nuremberg, celebrados entre 1945 y 1946, se incriminó a 22 acusados, la mayoría de los cuales esgrimieron que cumplían órdenes de superiores. Francesc Boix testificó en estos juicios mientras Casimir Climent lo hizo en el proceso de de Clonia donde se enjuició a los responsables de la muerte de mujeres y niños gitanos en el campo de Mauthausen: en el proceso de Dachau se juzgó a los soldados de las SS del campo de Mathausen. Algunos de los que tuvieron un papel fundamental en los campos de concentración recibieron condenas cortas y otros muchos lograron huir de Alemania.
 
Seguimos exigiendo Verdad, Justicia y Reparación

La posguerra fue mucho peor que la guerra para una parte muy importante de españoles, unos tuvieron tiempo de salir hacía otros países, muchos de ellos terminaron en campo de exterminio nazis, ante el abandono por parte de la dictadura franquista, que al ser consultada, por los nazis, sobre que hacían con los españoles residentes en España, el Gobierno del “padrino” de su católica majestad, replicó que no existían españoles allende las fronteras. Otros lograron enrolarse en la resistencia francesa, otros marcharon a México, Argentina, Venezuela, o la Unión Soviética, con distintas suerte según los casos y países. Para ninguno terminó la guerra.

En pleno 2017, tras 40 años de democracia, el estado español continúa incumpliendo los tratados internacionales en materia de derechos humanos que ha firmado y desoyendo las recomendaciones de los organismos internacionales, particularmente de las Naciones Unidas. Para acabar con la impunidad únicamente hay una vía: una ley emanada del Parlamento español, que condene jurídicamente ilegales el régimen franquista, sus leyes represivas y sus tribunales, y que declare nulas de pleno derecho sus sentencias.

Campo de Mauthausen, ciudad de gran familiaridad
ciudad siempre recordada, siempre en la memoria
ciudad donde tengo más muertos que vivos, ¡Recordad!
ciudad donde nunca olvidamos su historia

Cuántos años hemos pasado con el uniforme rayado
el triángulo en el pecho y el número al mismo lado
esperando que nuestro inevitable final ahogará nuestros lamentos
final que para algunos llegaba y acababa con su sufrimiento

doblemente perdedores, doblemente sufridores
de aquellos que vencieron y con la fuerza lo demostraron
a los vencidos, apátridas, al bando de los perdedores
para algunos la guerra y el sufrimiento nunca terminaron

pero el cinco de mayo trajo el final de esta pesadilla vivida
y los muros se doblegaron y salimos corriendo hacía la luz
de la libertad, quitándonos tan pesada cruz
dándonos esperanza, devolviéndonos la vida

pensando que todo había acabado, que la esperanza seguía latente
pero el tiempo pasaba y caíamos en el olvido 
mientras nuestra guerra era algo pasado, no importante en el presente
y nadie se acordaba del bando perdedor, del bando vencido

Placa a los republicanos españoles deportados