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viernes, 3 de noviembre de 2017

MANUEL AZAÑA: UN POCO DE HISTORIA

Manuel Azaña (Alcalá de Henares, 1880- Montauban, 1940), fue Presidente del Gobierno de España (1931-1933, 1936) y presidente de la Segunda República Española (1936-1939). Su valioso legado y su trayectoria política no se puede resumir en unas pocas líneas, hoy es un día para poner en valor su figura y reivindicar su memoria en esta España que condena al olvido a los luchadores por la libertad y la democracia y ensalza y homenajea a los golpistas.

"Seamos hombres, decididos a conquistar el rango de ciudadanos o a perecer en el empeño. Y un día os alzaréis a este grito que resume mi pensamiento: ¡Abajo los tiranos!" Manuel Azaña.

Manuel Azaña

SU VIDA

D.Manuel Azaña Díaz nació en la calle Imagen de Alcalá de Henares el 10 de enero de 1880, en el seno de una familia de larga tradición alcalaína. Su padre Esteban Azaña Catarineu fue alcalde de Alcalá cuando se erigió la estatua a Cervantes y es autor de la Historia de la ciudad de Alcalá de Henares. Su madre, Josefa Díaz-Gallo Muguruza, muere en 1889 y, poco después, su abuelo Gregorio. Al año siguiente muere también su padre. Manuel y sus hermanos: Gregorio, Carlos, que fallecerá de niño, y Josefa quedaron al cuidado de su abuela, Concepción Catarineau. Estudió en el Colegio Complutense, en el Instituto Cisneros y en los Agustinos de el Escorial.

Licenciado en Derecho por la Universidad de Zaragoza en 1897, se doctoró en 1900 con la tesis La responsabilidad de las multitudes.  Con un grupo de amigos funda la revista Brisas del Henares y colabora con la revista Gente vieja bajo el seudónimo de Salvador Rodrigo. Trabaja como pasante en un despacho de abogados de Madrid que abandona para regresar a Alcalá a gestionar el patrimonio familiar. Administra  las tierras familiares, un tejar, una fábrica de jabón y crea, junto a su hermano Gregorio, una empresa dedicada a la electricidad. funda la revista La Avispa, dedicada a la crítica municipal En 1909 ingresó como funcionario en la Dirección General de los Registros y del Notariado y el 4 de febrero de 1911, en la inauguración de la Casa del Pueblo de Alcalá de Henares pronuncia su primera conferencia política "El problema español"

"... no se estudia para saber, sino para aprobar, y no se enseña a discurrir ni se procura formar la inteligencia sino que se obliga a los muchachos a recitar  de coro ridículos manuales, llenos de insensateces(...) En general, a los muchachos de España no se les enseña nada que pueda ir contra el prejuicio religioso, ni contra determinadas instituciones; para ello no se tiene escrúpulos en faltar descaradamente a la verdad, o en presentar las obras, los trabajos y los descubrimientos de los enemigos (...) villanamente adulterados.

(la educación actual)... no se encamina a formar el carácter, poniendo su centro de gravedad en la propia conciencia, adoctrinando a los hombres en los fueros eternos del respeto de sí propios, de su dignidad personal y del respeto que a los otros les es debido, sino que se funda toda entera en el dogmatismo religioso, de donde resulta que cuando la fe se pierde, desaparecen también para la mayoría de los hombres los motivos que antes tuvieron para ser honrados y cabales.

Los hombres de mi generación (...) no queremos ni podemos perder la esperanza en el porvenir (...) De ahí nuestro propósito (...) persuadir a nuestros conciudadanos de que hay una patria que redimir y rehacer por la cultura, por la justicia y por la libertad.

Por la cultura, he dicho y si lo meditáis bien comprenderéis que lo he dicho todo. Dadme esa tarea, que es la más larga y decisiva: dadme la Universidad- decía Renan- y lo demás os lo abandono todo".

El problema español
Conferencia pronunciada en la casa del pueblo de Alcalá de Henares
4 febrero 1911

En 1911 viaja a París. Colabora en los diarios El Imparcial y El Sol. Dirigió las revistas La Pluma y España entre 1920 y 1924. Fue secretario del Ateneo de Madrid (1913-1920) y Presidente en 1930. En 1926 fundó Acción Republicana, perseguido por la Dictadura de Primo de Rivera.

Fue uno de los políticos y oradores más importantes en la política española del siglo XX, además de un notable periodista y escritor, consiguió un premio nacional de literatura en 1926 Su obra La velada en Benicarló sobre la Guerra Civil Española es una interesante reflexión acerca de la década de los años treinta en España. Sus Diarios -dados a conocer al gran público hace unos años- son uno de los documentos más importantes de este momento histórico.



SUS PRIMEROS AÑOS

Entre noviembre de 1911 y octubre de 1912 permanece en París

En 1914 se afilia al Partido Reformista liderado por Melquíades Álvarez, siendo ese mismo año elegido secretario del Ateneo de Madrid, cargo que ejerce hasta 1920. Por ese partido se presentó candidato a Diputado en Cortes por el pueblo toledano de Puente del Arzobispo, sin éxito. Firma el manifiesto de la Liga de Educación Política Española. Durante la Primera Guerra Mundial, Azaña es un firme defensor de la causa aliada. Visita el frente de guerra en tres ocasiones. Publica su primer libro Estudios de la política francesa contemporánea. La política militar en 1919.  En 1920 funda la revista La Pluma junto con el que, pasando el tiempo, sería su cuñado Cipriano Rivas Cherif y en 1922 dirige el semanario España.

Fracasada su candidatura a diputado por Puente del Arzobispo en 1918 y 1923, tras el golpe de estado de Primeo de Rivera manifiesta su rechazo a esta. Muy crítico con la Dictadura de Primo de Rivera, publica en 1924 un enérgico manifiesto Apelación a la República contra el dictador y el rey Alfonso XIII, donde declara incompatible la monarquía con el verdadero liberalismo, que es esencialmente democrático. Al año siguiente funda junto con José Giral el partido Acción Republicana.

En 1926 recibe el Premio Nacional de Literatura por su Vida de don Juan Valera. En 1927 aparece El jardín de los frailes. Durante este periodo, Azaña que domina el francés y el inglés, traduce numerosas obras (la Biblia en España de Borrow, Memorias de Voltaire, La esfera y la cruz de Chesterton o la Antología Negra de Cendrars).

En 1929 se casa con Dolores de Rivas Cheriff, hermana de Cipriano.

En junio de 1930 es elegido Presidente del Ateneo de Madrid  y publica su obra teatral La corona. Formó parte del Comité Revolucionario (1930), que contribuyó a la instauración de la República, en cuyo gobierno provisional ocupó la cartera de Guerra primero y la Presidencia después. Las elecciones a Cortes Constituyentes en Junio de 1931, le confirmaron como Jefe del Ejecutivo, puesto del que dimitirá en Septiembre de 1933.

En diciembre de 1930 tras la sublevación de Jaca, Azaña se oculta y comienza a escribir Fresdeval, que deja inconclusa.

SU ETAPA REPUBLICANA


Nombrado ministro de la Guerra en el Gobierno provisional de la ya Segunda República el 14 de abril de 1931, sustituye pronto a don Niceto Alcalá-Zamora como presidente del Gobierno provisional (en octubre del mismo 1931), debido a la dimisión de éste por el tema de la cuestión religiosa. Como presidente del gobierno de coalición republicano-socialista lleva a cabo las principales reformas previstas en el programa republicano: Reforma del Ejército, para dimensionarlo de acuerdo con la capacidad del país, Reforma Agraria, Reforma de la Enseñanza, suprimiendo la religiosa y potenciando la pública, estatuto de autonomía de Cataluña, etc. Tuvo además tiempo para estrenar su drama La Corona.

Todas estas cuestiones políticas, junto con la agitación social existente en gran parte del país, le acarrearán múltiples problemas con los poderes fácticos, especialmente con la Iglesia y parte del Ejército, en concreto de quienes siguieron al general José Sanjurjo en agosto de 1932. El golpe de 1932 fue casi inmediatamente abortado y el gobierno indultó al general Sanjurjo. La facilidad con que se neutralizó la primera sublevación militar contra la República llevó a pensar que le nuevo régimen estaba definitivamente asentado y las Cortes aceleraron la aprobación del Estatuto de Cataluña y la Ley de Reforma Agraria.

Su Gobierno puso en marcha un ambicioso plan de Obras Públicas: inauguró Nuevos Ministerios y la prolongación del Paseo de la Castellana, comenzó las obras en el cuartel del Goloso y del puerto de Bermeo, y se crearon nuevas líneas de autobuses y ampliaciones del metro de Madrid.

También se desarrolló una intensa actividad cultural: se impulsaron las Misiones Pedagógicas, se inauguró el museo Sorolla y la Escuela Normal de Maestros, se celebró la primera Feria del Libro de Madrid y se reconoció el trabajo de diferentes artistas como Antonia Mercé, La Argentina.

El Gobierno tampoco desatendió las relaciones internacionales: estuvo presente en la Sociedad de Naciones, el principal organismo internacional de la época, se estrecharon lazos con Marruecos, cuyo Jalifa fue recibido en Madrid y, el jefe de gobierno francés, Édouard Herriot, visitó España en noviembre de 1932.

Finalmente, los sucesos de Casas Viejas, Castilblanco y Arnedo motivaron su cese el 8 de septiembre de 1933 por parte del presidente de la República, Niceto Alcalá-Zamora. 

Los sucesos de Casas Viejas

En enero de 1933, los campesinos de un pequeño pueblo de Cádiz se hicieron fuertes en la casa del anarquista apodado "Seisdedos" y se produjo la tragedia. Los Guardias de Asalto rodearon la casa, mataron a los anarquistas y los cadáveres quedaron expuestos para escarmiento general. Los acontecimientos de Casas Viejas fueron utilizados por la oposición para acabar con el gobierno de Azaña.

Aunque las Cortes le eximieron de cualquier responsabilidad directa, la prensa y la posición se cebaron con él. El nacimiento de una nueva coalición de derechas, La Confederación de Derechas Autónomas (CEDA), dirigida por José María Gil Robles, movilizaría al electorado católico que daría la victoria a las derechas en noviembre de 1933, poniendo fin al Bienio Azañista.


En la oposición

En las elecciones de noviembre de 1933 vence la coalición de derechas CEDA. Durante este periodo, la entrada de tres ministros de la CEDA en el cuarto gobierno de Lerroux (4 octubre de 1934 a 3 de abril de 1935) y la desactivación en la práctica de todas las medidas renovadoras que se habían implementado durante el primero, provocaron la proclamación de la republica catalana el 6 de octubre de 1934 y la Revolución de Asturias.

En Abril de 1934, ya en la oposición, consiguió la unidad republicana con los partidos de Marcelino Domingo y Santiago Casares Quiroga, dando lugar a Izquierda Republicana, organización política de la que fue elegido Presidente, fruto de la fusión de Acción Republicana con el Radical-Socialista, y la Organización Republicana Gallega Autónoma (ORGA) . En Octubre del mismo año fue detenido bajo la falsa acusación de estar implicado en los sucesos revolucionarios de Asturias y Cataluña. Permaneció encarcelado a bordo del buque Ciudad de Cádiz, Alcalá Galiano y del destructor Sánchez Barcáiztegui, anclado en el puerto de Barcelona. Publicará su versión de los hechos en Mi rebelión en Barcelona(1935).  Tras su liberación en Enero de 1935 inició una campaña política que dio lugar a la creación del Frente Popular, coalición que obtuvo la victoria en las elecciones de Febrero de 1936. Se revela como como la gran figura de la izquierda republicana en la campaña de " discursos en campo abierto". Los grandes mítines en los campos de Mestalla (Valencia), Lasesarre (Baracaldo) y Comillas (Madrid) están en la base de la victoria del Frente Popular. En Mayo de aquel año fue elegido Presidente de la República, cargo que ocupó durante la guerra civil que sufrió España durante los años 1936-1939.

El Frente Popular

El 16 de febrero de 1936, resulta vencedora la coalición de partidos de izquierda que se denominó Frente Popular, siendo encargado Azaña de formar gobierno, lo que lleva a cabo el 19 del mismo mes. Tras la destitución de Alcalá-Zamora, es nombrado Presidente de la República el 10 de mayo de 1936.

El comienzo de la guerra civil, tras sus inútiles intentos de concienciar a las distintas fuerzas políticas republicanas de los peligros de su desunión, supone un duro golpe para él. A todo esto se unió la soledad en que se encontró en Madrid por parte del Gobierno republicano. El posterior desarrollo de la contienda empeoró su estado de ánimo, como queda fielmente reflejado en sus cuadernos de memorias, donde se relatan sus desencuentros con líderes del gobierno, como Francisco Largo Caballero y especialmente con Juan Negrín.

La Presidencia de la República abandona la capital a mediados de octubre y se instala en Barcelona. Azaña vive los enfrentamientos entre anarquistas y Generalitat, que dan lugar a la obra La velada de Benicarló.

Azaña entregó en 1936 los cuadernos de sus memorias a su cuñado, Cipriano de Rivas Cherif, entonces cónsul de España en Ginebra, pensando que estarían a salvo fuera de España. Tres de ellos fueron robados del consulado de Antonio Espinosa. Correspondían a un periodo cronológico tenso: la sublevación de Sanjurjo,  en agosto de 1932, la represión de Casas Viejas en enero de 1933 y la crisis del verano de ese mismo año que acabó con el gobierno republicano-socialista. habían permanecido en el Pardo hasta que, en 1996, Carmen Polo los entregó al Estado española. Los manuscritos se conservan en el Archivo Histórico Nacional.

Azaña se traslada a Valencia y pronuncia en su ayuntamiento el primero de sus últimos cuatro discursos ( 21 de enero de 1937); los otros tres tendrán lugar en julio de 1937 en la Universidad de Valencia,  en noviembre de 1937 en el ayuntamiento de Madrid y su último discurso Paz, Piedad y Perdón en Barcelona.

El 18 de julio de 1938, ante las Cortes reunidas en Barcelona, pronunció el célebre discurso en el que instaba a la reconciliación entre los dos bandos, bajo el lema Paz, Piedad, Perdón. Este discurso, como tantos otros de los que no se guarda documentos sonoro, pero si están transcritos íntegramente, muestran la figura que fue Azaña para la República, la lucidez de sus palabras que le acompañaron durante toda su carrera política y literaria. Basta escuchar el discurso para darse cuenta que sus palabras están cargadas de una profundidad infinita. Azaña hizo más grande, si cabía, su figura histórica, dejando al margen cualquier interés de índole particular y pensando en el porvenir que aguardaba no sólo a los ciudadanos de su República, sino a todos los ciudadanos ya que Azaña en el año 1938 ya hablaba que este conflicto no era sólo un problema español, pronto el tiempo le dio la razón.

Tomada Barcelona por las tropas de Franco el 26 de enero de 1939 y Gerona el 5 de febrero, este mismo día se retira a Francia y el 27 del mismo mes presenta su dimisión como Presidente de la República, siendo sustituido por Diego Martínez Barrio.



EXILIO Y MUERTE

En enero de 1939, Azaña se traslada a la frontera francesa. En la Vajol (Gerona) se arriará por última vez la bandera republicana.

Sale de España el 5 de febrero de 1939. Refugiado en el Rosellón, con media Francia ocupada por el ejército alemán y otra media bajo administración del gobierno títere de Pétain, es vigilado y hostigado sin cesar por agentes del régimen del General Francisco Franco, que pretenden su captura y deportación a España.  

Finalmente, la Gestapo decide detenerlo. Sin embargo, el embajador de México ante el régimen de Vichy, Luis Rodríguez, prevenido al parecer por un soplo procedente de los propios alemanes, consigue librar al presidente de sus captores y trasladarlo en un difícil viaje en ambulancia a Montauban, en primer lugar al 34 de la rue de Michelet y después al Hôtel du Midi, donde la legación mexicana utiliza varias habitaciones como sede provisional en la que se refugian numerosos españoles exiliados en espera de poder huir de Francia.

Azaña se instalará  en junio de 1940 con su mujer en la habitación número 11 del Hôtel du Midi, la misma que utiliza como vivienda y despacho el embajador (donde hay aún una placa que recuerda ese hecho). y allí, prematuramente envejecido y agotado por las penalidades sufridas, fallece.

Falleció en Montauban en Francia, tras una larga enfermedad, el 3 de Noviembre de 1940, tras haberse exiliado durante las postrimerías de la guerra.

El mariscal Pétain prohibió que fuera enterrado con honores de Jefe de Estado: sólo accedió a cubrir su féretro con la bandera española, a condición de que ésta fuera la bicolor monárquica y del bando nacionalista aliado, y en modo alguno la bandera republicana. El embajador de México decidió entonces que fuera enterrado con la bandera mexicana. Según cuenta en sus memorias, Rodríguez le dijo al prefecto francés:

Lo cubrirá con orgullo la bandera de México- Para nosotros será un privilegio; para los republicanos, una esperanza, y para ustedes, una dolorosa lección.

Sus restos reposan en el cementerio de Montauban (Trapeze Q, Section 7). Dejó escrito que no se moviesen del sitio donde reposaran.

Relevante escritor y periodista, fue premio nacional de literatura en 1926, por su obra Vida de Juan Valera. Autor de novelas como El jardín de los frailes y Fresdeval, también realizó incursiones en el teatro con obras como La Corona. Asimismo fue un relevante traductor y ensayista. Su obra La velada en Benicarló, compuesta por una serie de diálogos sobre la guerra de España, y que puede considerarse como la más importante reflexión acerca de la década de los años treinta en nuestro país. De igual modo dejó escritas unas Memorias que constituyen el más apasionante documento sobre la IIª República Española. La otra gran faceta de su personalidad pertenece a su actividad como orador. Sus discursos eran considerados como acontecimientos nacionales, como en el caso del famoso discurso en campo de Comillas en Madrid, el 20 de octubre de 1935.

lunes, 10 de agosto de 2015

LA REFORMA MILITAR DE AZAÑA Y LA SANJURJADA DE 1932

Durante el siglo XIX los  militares  desempeñaron  un  papel  muy  activo  en  la  implantación  y  el  desarrollo  del  Estado  liberal  español.  Incluso en  varios  momentos  clave  nos  encontramos  con  gobiernos  presididos  por  generales  tanto  de  filiación  progresista como  moderada  (Espartero,  Narváez,  O´Donnell).

Sus  raíces  se  hallan  en  la  incapacidad  de  la  Corona  y  de  los  partidos  políticos  para  establecer  una  alternancia  política pacífica,  es  decir,  por  la  vía  parlamentaria.  Muchos  de  los  cambios  políticos  decisivos  en  la  España  del  siglo  XIX vinieron  precedidos  de  un  pronunciamiento  militar.

La reforma de Azaña dejó honda huella en la mente de la oficialidad española. Para algunos, que aceptan todavía la versión heredada, Azaña sigue siendo el monstruo, sospechoso de invertido, que trituró al Ejército por razones puramente sectarias, dejando a España indefensa, a fin de prepararla para su entrega a la masonería y el bolchevismo. Pero otros reconocen que las tres tareas fundamentales acometidas por Azaña: reducir el exceso de oficiales, adecuar el Ejército a las necesidades y posibilidades de España y despolitizarlo siguen teniendo actualidad. Hoy día es notable el renacimiento del interés por lo que hizo Azaña en 1931-1933. 

La Sanjurjada

LAS REFORMAS DE AZAÑA: MODERNIZANDO EL EJÉRCITO

El Ejército había incrementado su presencia en la vida política española desde el Desastre del 98, habiendo culminado esta intervención con el golpe de 1923 y la consiguiente Dictadura.

Las unidades militares españolas no estaban muy bien preparadas ni organizadas, salvo las que estaban destinadas en África donde se habían curtido en complejos y durísimos combates. El Ejército peninsular se había dedicado a tareas de represión del movimiento obrero y no estaba preparado para las funciones de la guerra moderna, precisamente en momentos en los que la estrategia y la táctica militares comenzaban a cambiar de forma radical. El armamento estaba obsoleto y era de principios de siglo, sin aportaciones modernas sustanciales. A pesar del esfuerzo de algunos pioneros sobresalientes la Aviación española se encontraba casi en su infancia.

Azaña quería un ejército más moderno y eficaz, más republicano también. Por eso uno de sus primeros decretos, de 22 de abril, obligó a los jefes y oficiales a prometer fidelidad a la República, con la fórmula: “prometo por mi honor servir bien y fielmente a la República, obedecer sus leyes y defenderla con las armas”.

Azaña propuso alejar al ejército de la política, reducir el número de oficiales o, al menos, impedir su crecimiento y reducir el tiempo del servicio militar. El ejército en España había sido el protagonista durante el siglo XIX de los golpes de estado y de los diversos gobiernos progresistas y moderados y tenía un gran poder en España.

La Reforma militar de Azaña fue duramente combatida por un sector de la oficialidad, por los medios políticos conservadores y por los órganos de expresión militares La Correspondencia Militar y Ejército y Armada. A Manuel Azaña se le acusó de que querer “triturar” al Ejército. La frase la sacaron de un discurso pronunciado por Azaña el 7 de junio en Valencia en el que, refiriéndose al control municipal por parte de los caciques, dijo que si alguna vez tengo participación en ese género de asuntos, he de triturar, he de arrancar esta organización con la misma energía, con la misma resolución, sin perder la serenidad, que he puesto en deshacer otras cosas no menos amenazadoras para la República”. No nombró al Ejército, pero daba igual.

Para Azaña, el ejército francés era el modelo: se había convertido en una escuela de ciudadanía

Pasar de la teoría a las realidades concretas implicó un sinnúmero de dificultades. El decreto del 25 de abril de 1931 concedía el retiro a los militares que solicitaran con el mismo sueldo de cuando estaban en activo. De esta forma, el número de generales pasó de 190 a 72. El de oficiales, de 14.882 a 9.716.

Este descenso constituía un éxito desde el punto de vista de la racionalidad organizativa. Desde una óptica política, puede discutirse su acierto. Los que optaron por marcharse eran, por lo general, gente joven y con ideas más abiertas. La República perdió la ocasión de favorecer un relevo generacional con el que constituir un Ejército fiel a sus principios. Podía haber oficiales republicanos, pero las fuerzas armadas en su conjunto no se distinguían por su lealtad al régimen.

A pesar de que esta reforma era considerada necesaria incluso por los estamentos militares,la reforma de Azaña ha sido valorada positivamente ya que en conjunto constituía un plan realista y coherente, que hubiera dotado a España de un Ejército acorde con sus necesidades debido al sobredimensionamiento del ejército, además de lo obsoleto de su material, estructura y preparación, la falta de tacto de Azaña con los militares desencadenó la animadversión de un importante sector de los mismos hacia las reformas, y por ende, hacia la República
Las primeras cuajaron en una serie de decretos durante la primavera y el verano de 1931, que serían luego refrendados por las Cortes. Las segundas, mediante leyes promulgadas durante la permanencia de Azaña en la presidencia del Consejo de Ministros. Los decretos más importantes fueron los siguientes:
  •  La promesa de fidelidad a la República. Este Decreto, de 22 de abril, pretendía vincular personalmente a los militares a la defensa del régimen naciente, forzando la baja de los monárquicos recalcitrantes. La práctica totalidad de los profesionales suscribió la promesa, pero es seguro que muchos lo hicieron para no perder su empleo y que ello no les hizo sentirse más obligados hacia el régimen. 
  • El Decreto de retiros extraordinarios de 25 de abril, buscaba aligerar las plantillas del personal sobrante, antes de acometer la reforma orgánica del Ejército. Quienes se acogieran al retiro voluntario en el plazo de un mes -plazo que luego se amplió- conservarían el sueldo íntegro. Si no se alcanzaba el número de retiros necesario, el ministro se reservaba el derecho a destituir, sin beneficio alguno, a cuantos oficiales estimase oportuno. Por conveniencia o por miedo, se acogieron voluntariamente a la medida un total de 84 generales, 8.650 jefes y oficiales -más del 40 por ciento del total- y 1.866 clases de tropa y auxiliares. Abandonaron el Ejército los militares menos profesionales, lo que mejoró la calidad media. La reducción de mandos facilitó, además, la reorganización de las unidades y ofreció mejores expectativas de promoción a los que se quedaron, ya que el mayor porcentaje de abandonos se produjo en los grados superiores. 
  • Reorganización del ejército metropolitano, iniciada por un Decreto de 25 de mayo de 1931 por el que la División era mantenida como unidad básica de combate, pero las 16 existentes eran reducidas a ocho, con sus efectivos al completo, más unidades independientes de ametralladoras, montaña y cazadores. La Aviación, hasta entonces dependiente del Ejército de Tierra, pasó a formar un Cuerpo General independiente, con su propio escalafón de oficiales (Decreto de 27 de junio). Se disolvió el Cuerpo Eclesiástico del Ejército, constituido por los capellanes castrenses, se traspasó el Cuerpo de Carabineros, encargado de la vigilancia fronteriza, al Ministerio de Hacienda y se independizó a la Cruz Roja, hasta entonces dependiente de las Fuerzas Armadas. Las Regiones Militares, divisiones administrativas de la Monarquía, fueron sustituidas por ocho Divisiones Orgánicas y sendas Comandancias Militares en Canarias y Baleares, al tiempo que desaparecían las Capitanías Generales y la categoría de teniente general, con lo que, en adelante, el empleo más alto que podía alcanzar un militar era el de general de división (Decreto de 16 de junio). 
  • Reorganización del ejército de África. En la visión de Azaña, se trataba de un ejército de tipo colonial, que debería tener una estructura diferente del peninsular. Procuró reducir los efectivos militares del Protectorado y crear una administración civil que potenciara la colonización del territorio. El Decreto de 4 de julio disminuyó los efectivos de las tropas coloniales en unos siete mil individuos y poco después se separaron los cargos de Alto Comisario, encomendado a un civil, y de Jefe Superior de las Fuerzas Militares de Marruecos, asumido por un general y subordinado al primero.
  •  Reforma de la Justicia militar, dictada por el principio constitucional de la unidad de jurisdicción. 
Una de las primeras medidas del Gobierno provisional había sido anular, el 17 de abril, la Ley de Jurisdicciones de 1906, que colocaba bajo la Justicia militar a los civiles acusados de delitos contra la Patria o el Ejército. Azaña llegó más lejos al situar la propia jurisdicción castrense bajo la dependencia del Ministerio de Justicia. Suprimió el Consejo Supremo de Guerra y Marina, traspasando sus funciones al Tribunal Supremo, donde se creó una Sala especial con magistrados civiles. Los fiscales militares quedaron bajo la autoridad del Fiscal de la República y se reorganizó el Cuerpo Jurídico militar, que dejó de depender de los mandos territoriales (Decreto de 26 de julio).

Las medidas a largo plazo eran mucho más complejas, ya que suponían un ambicioso programa de modernización material y humana. Buena parte de ellas no alcanzaron sus metas por falta de tiempo o de recursos, pero en conjunto constituían un plan realista y coherente, que hubiera dotado a España de un Ejército acorde con sus necesidades. Las líneas fundamentales de esta actuación fueron las siguientes:
  •  Política de destinos y ascensos. Resuelto el problema de la sobrecarga de plantillas, la reforma del personal se centró en la reglamentación de escalas y en la eliminación de las divisiones clasistas que amparaban. El Decreto sobre destinos de 4 de mayo establecía su provisión mediante criterios de antigüedad y dejaba los de los generales a la discrecionalidad del ministro de la Guerra. las Cortes aprobaron una Ley determinando el pase a la reserva de los generales que no hubiesen tenido destino en seis meses, facultad que permitió a Azaña retirar a algunos de fidelidad dudosa al régimen. Respecto a los ascensos, sendos Decretos de mayo y junio de 1931 posibilitaron la anulación de gran parte de los producidos durante la Dictadura por elección o por méritos de guerra, lo que supuso la pérdida de uno o dos grados para unos 300 militares y un fuerte retroceso en el escalafón para otros que, como los generales Franco y Fanjul, no llegaron a perder el grado. la Ley de Reclutamiento y Ascensos de la Oficialidad, aprobada el 12 de septiembre de 1932, confirmó estas medidas, estableció un baremo para los ascensos en el que primaba la antigüedad y capacitación profesional y unificó en una sola escala a los oficiales de carrera y a los procedentes de la tropa, discriminados hasta entonces. 
  • Se determinaron también nuevas modalidades de reclutamiento. Los soldados de reemplazo permanecerían un año en filas, pero los universitarios y bachilleres sólo deberían pasar un período de instrucción de cuatro semanas. La reforma mantenía el injusto sistema de redención del servicio militar mediante dinero, aunque sólo podría aplicarse a partir de los seis meses de permanencia en filas. 
  • Reforma de la enseñanza militar (Decretos de 1-7-1931). Una de las primeras medidas de largo alcance del ministro, que deseaba oficiales con una cultura ni más fuerte ni más débil que otros funcionarios públicos de su categoría y su responsabilidad, fue cerrar la Academia General Militar de Zaragoza, creada en 1927 y cuyo director era el general Francisco Franco, repartiendo sus alumnos por Armas entre las academias de Toledo (Infantería, Caballería e Intendencia), Segovia (Artillería e Ingenieros) y Madrid (Sanidad Militar). Para los nuevos cursos de promoción de coroneles y generales se creó la Escuela Superior de Guerra y se abrieron otros centros especializados, como la Escuela Central de Tiro, la Escuela de Automovilismo o el Centro de Transmisiones y de Estudios Tácticos de Ingenieros. 
  • Creación del Cuerpo de suboficiales y refuerzo de la Escala de Complemento. La oficialidad de complemento era para Azaña la solución ideal para disponer de mandos sin sobrecargar las plantillas profesionales. Por otra parte, la conversión en suboficiales de determinadas clases de tropa, otorgándoles la propiedad de su empleo y posibilitándoles un posterior ingreso en el Cuerpo de oficiales, no sólo obedecía a criterios técnicos de creación de mandos auxiliares, sino al deseo de mejorar la posición en el Ejército de un sector de profesionales poco favorecido hasta entonces y que era más proclive hacia el régimen democrático que la oficialidad de carrera. La reserva del sesenta por ciento de las plazas en las academias de oficiales para alumnos procedentes de la Escala de suboficiales buscaba, en ese sentido, democratizar la base social e ideológica de los mandos del Ejército. 
  • Modernización del material. Aunque en los primeros meses de la República se redujo bastante el gasto militar, continuó siendo una partida importante del gasto público. En 1932 era de 387 millones, lo que suponía un 8, 6 por ciento del total, y en 1933 ascendió a 433 millones, el 9,5 por ciento. No obstante, el dinero para financiar las reformas militares nunca fue abundante. Frente a lo que a veces se dice, Azaña incrementó los efectivos humanos del Ejército y la retirada de diez mil profesionales no supuso un alivio económico, ya que siguieron cobrando sus sueldos íntegros. En tales condiciones, más que una política de rearme mediante compras en el extranjero, se imponía el incentivo a la producción propia. Para ello, la Ley de 6 de febrero de 1932 creó el Consorcio de Industrias Militares, que agrupaba a las fábricas de armas existentes con el fin de centralizar y aumentar su producción. Pero durante el primer bienio, el Ejército apenas compró material de guerra al Consorcio, que tampoco pudo penetrar en el abarrotado mercado internacional.
En conjunto, la legislación militar del primer bienio constituyó un esfuerzo impresionante de planificación, y de haberse podido aplicar como fue diseñada, habría cambiado la faz de las Fuerzas Armadas. Sin embargo, la reforma y, especialmente, la reducción de plantillas, fue duramente combatida por la derecha y por un sector de la oficialidad que, como el general Mola, veía en ella un propósito político de "trituración" de un Ejército del que desconfiaban los gobernantes republicanos. Azaña, no exento de soberbia política, hizo poco para defender su proyecto ante la opinión pública y sus desahogos verbales, que le llevaron a ser tachado de jacobino, contribuyeron a crear agravios que pesaron luego en la actitud contraria al régimen de muchos militares. El intento de golpe de Estado encabezado por el general Sanjurjo, en agosto de ese año, fue exponente del malestar de una parte del Ejército por causas no estrictamente políticas. La fortísima campaña desatada por los medios conservadores contra la reforma, personalizada en la figura de Azaña, contribuyó, además, a convertir al primer ministro en la auténtica bestia negra de muchos militares.
Azaña con militares
LA SANJURJADA
Al proclamarse la Segunda República (1931), Sanjurjo aceptó el cargo de director de la Guardia Civil, del que fue destituido por sus excesos en la represión contra movimientos obreros como el de Arnedo (Logroño) en 1932. Pasó entonces a dirigir el Cuerpo de Carabineros; pero la derecha instrumentalizó este cambio presentándolo como una discriminación sectaria del gobierno de Manuel Azaña.
Desde allí secundó el golpe de Estado de Miguel Primo de Rivera (1923), con cuya dictadura colaboró estrechamente. Como comandante general de Melilla preparó el desembarco de Alhucemas (1925), que acabó con la insurrección de Abd-el-Krim, consolidó el protectorado español en Marruecos y proporcionó a la dictadura uno de sus mayores éxitos. Su labor al frente del ejército de Marruecos le proporcionó ascensos, condecoraciones, un título nobiliario (marqués del Rif, en 1927) y un prestigio incontestado entre los jóvenes oficiales africanistas.
En la madrugada de este 10 de Agosto de 1932, se produjo la primera intentona golpista contra el gobierno de la República, por parte del ejército. El principal instigador de la sublevación fue el General José Sanjurjo, a la sazón capitán general de Andalucía, liderando la operación desde su sede en Sevilla, desde donde se dirigió a la población con la proclama:
"Queda declarado el estado de guerra en toda la región a andaluza, con las consecuencias que dicho estado lleva consigo. Como capitán general de Andalucía, asumo el mando concentrado en mi autoridad de todos los poderes.
Así como dios me permitió llevar al ejército español a la victoria en los campos africanos ahorrando el derramamiento de sangre moza, confío en que también me será permitido con mi actitud, llevar la tranquilidad a muchos hogares humildes, y la paz a todos los espíritus". ¡Viva España, única e inmortal!"


Tras el fallido intento de golpe de estado, Sanjurjo, a instancias de sus adeptos intentó huir a Portugal, siendo detenido al intentar pasar la frontera en Ayamonte (Huelva), sometido a consejo de guerra, fue condenado en juicio sumarísimo a la pena capital ( que no se hizo efectiva debido a la conmutación de la pena por parte del presidente de la República Niceto Alcalá-Zamora).

Después de algún tiempo en el penal de El Dueso, se exilió a Portugal, a la ciudad de Estoril, desde donde intento volver en 1936 para liderar el nuevo intento de golpe de estado perpetrado por los militares contrarios al gobierno republicano, pero no consiguió su objetivo, ya que el avión que lo trasladaba a España, sufrió un accidente en el que resultó muerto.

Con la muerte de Sanjurjo, Franco se hizo con el liderazgo del alzamiento que desembocó en la fratricida guerra civil española.
José Sanjurjo