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lunes, 28 de noviembre de 2022

PERDIDO

Te busqué tantas veces
Que pasaron las horas
En busca de odas
Sonido de cascanueces

Te busqué por ciudades
Pueblos, montañas
Lagunas, mares
Cordilleras que cuentan hazañas

Se paró el tiempo
Se detuvo el momento
Las nieves cubrieron la tierra
Murieron plantas y animales
En los humedales
De las guerras

Y no te encontré
Y paré de buscarte
Teñí de negro obras de arte
Tu nombre a los vientos clamé

Y lo único que me quedan son los recuerdos del pasado
Miles de historias hechas trizas
Que polvo serán, pero polvo enamorado
Una vida entera convertida en un montón de cenizas

viernes, 18 de noviembre de 2022

MARCEL PROUST

En pocas oportunidades, el lector llega a conocer aspectos de la vida de un autor que admira, pese a que estos conocimientos , le ayudarían a comprender mejor su obra. En el caso de Marcel Proust, a los 21 años, sus biógrafos lo describen como un joven agradable y conocido de sociedad que, a la vez, era excéntrico, frágil de salud, víctima de agobiantes alergias, y que solo apoyado en medicinas y en una voluntad decidida, logró vivir lo suficiente como para escribir "En busca del tiempo perdido", que no es un solo libro, sino un trabajo continuado, formado por 16 libros, sin duda, una de las mejores obras literarias del siglo XX.

Se le ha comparado con Fabre, porque éste analizó las sociedades de los insectos, lo que Marcel hizo con la sociedad humana., pero él no lo hizo como un observador imparcial sino se convirtió en un comentador analítico; también, fue comparado con Bergson que consideraba el tiempo como una fuerza creadora, pero, Proust, más bien calificó al tiempo como una fuerza destructora y en cuanto a la comparación con Joyce, la diferencia radica en que éste es subjetivo, mientras que las asociaciones de Proust no son libres, sino estrechamente ligadas a una cadena de recuerdos. Además, puede decirse que la obra de Marcel Proust, es una autobiografía de inusitada vastedad y, por cierto, una obra maestra de sensibilidad.



BIOGRAFÍA

Proust nació el 10 de julio de 1871 en Auteuil, un elegante suburbio rural de París. Su familia pertenecía a la alta clase media. Su padre, el doctor Adrien Proust, no sólo ejercía la Medicina, sino que era profesor de la Escuela de Medicina de París y figura prominente del cuerpo médico francés. Su madre era Jéanne Weil, una bella y culta judía alsaciana, que adoraba y mimaba a su pobre hijo desvalido. Robert, el más joven, heredó la robusta salud, la profesión y el gran sentido común de su padre; Marcel, dos años mayor, heredó los nervios y la sensibilidad enfermiza de su madre. A los nueve años padeció un ataque, diagnosticado como asma y que sucesos ulteriores contribuyeron a agravar. Proust se convirtió en un asmático crónico, un ser medio inválido que siguió siendo -quiso seguir siendo- un enfermo toda su vida. Se apegaba apasionadamente a su madre. En uno de los momentos más conmovedores de El camino de Swann, la primera parte de En busca del tiempo perdido, es la gran tristeza que experimenta el autor, cuando niño, motivada porque su madre había olvidado darle el acostumbrado beso a la hora de dormir, el cual, sin poder dormir, proyecta enviarle una nota para que se la deslicen en la mano de su madre durante la comida En La Introducción, escribe "Tanto amaba aquella despedida que llegué al extremo que se prolongara el rato de expectación durante el cual aguardaba la aparición de mi madre. A veces, cuando, después de haberme besado, abría la puerta para irse, ansiaba pedirle que volviera a mi lado, para decirle "bésame otra vez". Pero yo sabía que esto le iba a desagradar, ya que el miramiento que tenía con mi desgracia y su inquietud por ella, siempre molestaba a mi padre, quien consideraba absurdas todas aquellas ceremonias y el verla disgustada me robaba la tranquilidad que me infundía un momento antes, al inclinar su adorable cabeza sobre mi cama, y acercármela como una hostia, para el acto de la comunión en que mis labios bebían con deleite la sensación de su presencia real, y con ella la posibilidad del sueño"

Hay poca diferencia entre el Yo de la novela autobiográfica y el "Marcel" de la vida real. Cuando fue hombre, Proust frecuentemente se dirigía a su madre en el mismo tono quejumbroso y angustiado de niño dolorido. Este es un ejemplo: "La verdad -escribía en una carta a su madre, -después que ella le había amonestado por llevar una vida que no sólo era frívola, sino peligrosa que, tan pronto como me siento mejor, mi género de vida, que me ayuda a mejorar, te irrita. No es ésta la primera vez. La otra noche agarré un resfriado -si se convierte en asma, estoy seguro de que serás benigna, nuevamente conmigo. Pero es algo triste no tener salud y cariño al mismo tiempo." El acento de mortificación frecuentemente se une en Proust a una mezcla de histeria reprimida y propia conmiseración.

Marcel fue criado y educado casi exclusivamente por su madre. Ella trató de fortalecer su espíritu incitándole al trabajo -era muy perezoso para sus lecciones-, pero siempre que le regañaba. Si Marcel tenía un prolongado ataque de tos, su madre se veía obligada a abandonar el papel de preceptora trocándolo por el de enfermera. .Él se retiraba a la biblioteca, donde convertía la vida en literatura; se decía que tragaba los libros y leía a la gente. Esperaba con ansiedad las épocas en que su familia veraneaba en Illiers, donde había una gran biblioteca en casa de su padre. Entretanto recibía una instrucción irregular.

A los 21 años, Proust era un joven de sociedad, agradable y muy conocido. Era como su madre, de tez morena aceitunada, de lustroso cabello negro y soñadores ojos negros "embrujadamente expresivos". Una sonrisa continua, agradable y acogedora se dibujaba en sus labios y su risa estallaba al menor pretexto. Daba la impresión de un niño muy crecido, indolente y extremadamente observador. De constitución delicada, por sus modales tímidos y afeminados, se convirtió en favorito de las damas de mayor edad. Hizo su aparición en el exclusivo mundo de la aristocracia en el salón de madame Geneviève Strauss, que había sido esposa del compositor Bizet y madame Arman de Cailavet, provocativa inspiradora de Anatole France.

Proust tenía 25 años cuando publicó su primer volumen Les plaisirs et le tours, que tuvo el prefacio que obtuvo de France madame Caivallet. La dedicatoria, decía: "A mi amigo Willie Heath, muerto en París el 3 de octubre de 1893". Entonces, Proust tenía 22 años, y su dolor fue tan grande que, pasados tres años, describía de la siguiente manera a su compañero, con el que se solía encontrar en el Bois:
"Acostumbrábamos vernos por las mañanas; tú, que me habías visto llegar, esperándome bajo los árboles, permanecías allí, descansando, como uno de los jóvenes señores que Van Dyck gustaba pintar. Parecías participar de su pensativa elegancia…, pero si el aire distinguido de tu porte pertenecía al arte de Van Dyck, tenías más de Vinci, por la intensidad misteriosa de tu vida espiritual. Frecuentemente, con tu dedo levantado, tus impenetrables ojos, y sonriente en la contemplación de algún enigma que no revelabas, me parecías el joven Juan Bautista de Leonardo. En aquella época teníamos el anhelo, casi el proyecto, de vivir cada vez más próximos el uno del otro, en un ambiente de comprensión y de hombres y mujeres magnánimos, protegidos por ellos de los vulgares ataques de la maldad y de la estupidez… Demasiado débil para desear el bien, demasiado respetuoso para disfrutar del mal plenamente, conociendo solo el sufrimiento, he tenido el valor de hablar de ellos con lástima suficiente para publicar estos ligeros esbozos".

Marcel era bondadoso, delicado y agradecía el más insignificante favor y la menor atención, y cuán terrible e insensata tristeza le invadía si se sentía mortificado, o creía que debía sentirse herido. Le gustaba la compañía de las muchachas, así como de los jóvenes -ya que no podía practicar ningún deporte tan agitado como el tenis, gustaba de planear sus excursiones campestres-, pero ninguna muchacha tomó en serio sus atenciones, y sus compañeros únicamente fingían estar celosos de él, para halagarlo.

Cierto es que el constante cariño por su madre, hizo que su vida emocional fuera equívoca, en cambio. no hubo vacilación en su vida intelectual. Sabía que iba a ser escritor, aun antes de ponerse a escribir. Después de cumplir los veinte años, formó parte de un grupo que, cultivado en los salones de madame Strauss, floreció en una pequeña revista: Le Bouquet. Tenía algo del valor y algunas de las pretensiones del The Yellow Book.

Antes de alcanzar los treinta años Proust mostró tendencia a destruirse a sí mismo. Casi derrotado por una desesperada disyuntiva, vacilaba entre la pureza y la necesidad. Por una parte, deseaba hablar y escribir con franqueza, pero se daba cuenta de la exigencia social de recatarse y sufrir la lucha entre lo que quería revelar libremente y lo que debía ocultar al público, a sus padres y hasta a él mismo. Su vida cotidiana, en esta situación era muy difícil. Vivía ocasiones y momentos en que le resultaba literalmente difícil hasta respirar. Con la muerte de su padre, sucedida en 1903, y la de su madre, dos años después se volvió un hipocondríaco y fue muy desgraciado. La muerte de su madre fue un golpe del cual nunca se recobró. Proust se volvió un huérfano desamparado a los 34 años y se sintió hasta el fin de sus días como un niño abandonado.

Durante la producción de su gran obra, Marcel se encerró, aislándose como un neurasténico, cuyos nervios de irritaban por las cosas más nimias, como los ruidos de la calle, el polen de los árboles, incluso, se sentía afectado por la luz del día. Para evitar escuchar los ruidos, amortiguó con corcho la habitación que ocupaba y las ventanas las cubrió de celosías para evitar la entrada de la luz del sol. En el invierno, dormía completamente vestido y aun, en verano se forraba con un jersey, medias, gorro de dormir, guantes y bufanda. Permanecía en cama por más días, los frascos de medicinas y los pomos vacíos estaban esparcidos por todas partes, mezclados con sus manuscritos. Y en un desorden completo, reposaban los veinte grandes cuadernos que contenían las últimas partes de su obra.

Viviendo a costa de analgésicos y falsos estimulantes, su situación empeoró rápidamente. Tenía que tomar narcóticos para descansar; y, después de dormir tres días merced al veronal, se requería la adrenalina y la cafeína para que permaneciera despierto. A los cincuenta y un años contrajo una pulmonía, pero no quiso llamar al médico. Su hermano, el doctor Robert, tuvo que valerse de la fuerza para atenderle. Proust se negaba a hablarle y desechaba los medicamentos, quejándose de que él tenía que trabajar. Su última hora la dedicó a corregir pruebas. Sobre todo, quería hacer unas modificaciones a su descripción del escritor moribundo, Bergotte, "porque -decía- tengo que hacer varios retoques, ahora que me encuentro en el mismo predicamento".

Proust estaba listo para comenzar su gran obra. Había sabido granjearse el favor de la alta sociedad. Su encanto y afabilidad, reforzada por su reputación de autor de agradables trivialidades, despertaron el interés del conde Robert de Montesquiou, el degenerado que era la comidilla del día, ante el cual se humilló, y de la princesa Matilde, sobrina de Napoleón, a cuyos pies se arrodilló literalmente besándoselos. No le importaba ser servil, si con ello conseguía su propósito. Inmoderamente ambicioso y extraordinariamente curioso, Proust lo observaba todo y no olvidaba nada. Sus recuerdos de niño abandonado se convirtieron en una leyenda de decadencia y desintegración universal. Las horas muertas y los momentos magníficos, los maliciosos rumores difamadores y las aventuras francamente escandalosas, lo inocente y virtuoso y lo cínico y vicioso, se mezclaban promiscuamente. 

Imperceptiblemente cambiaban las proporciones, transformada en vasto ejemplo del desmoronamiento de las barreras de clase, la lenta compenetración de la poderosa burgue­sía y la decadente aristocracia. Con un ligero disfraz, Proust incluyó a todas las personas que conoció en su Recuerdo de las cosas de antaño. El infame conde Robert de Montesquiou fue el modelo que tomó para el siniestro barón Palamede de Char­lus; ambos· se jactaban exageradamente de sus tiempos, y eran francamente pervertidos, y no se avergonzaban de su indiscri­minada homosexualidad. Charles Haas, el banquero amigo de la familia, se convertía en el misterioso, estoico y admirable Charles Swann. El ama de llaves de Proust, Céleste Albarret, era el prototipo de la sabia criada campesina, Francoise. Proust negó que éstos, como sus otros personajes, hubieran sido toma­dos de la vida real, y sostenía que todos eran imaginarios; pero no hay casi duda de que estos retratos fueron dibujados, reto­cados y, posiblemente, alterados, sirviéndose de modelos vivos.

Elogiado por la exactitud de sus menores detalles, Proust se negaba a aceptar el cumplido. "Aun aquellos que quedaron impresionados favorablemente -escribía- me felicitarán por la exactitud "microscópica" con que (los detalles) los había mos­trado, cuando, por el contrario, yo había empleado un telesco­pio para revelar cosas que parecían ser tan pequeñas debido sólo a que se encontraban a gran distancia, y eran, en realidad, un mundo, cada una de ellas."

Sólo hay un personaje que no llega a convencer jamás: la joven Albertine, de la que el narrador está perdidamente ena­morado, defrauda al lector por la misma razón que defraudó a su creador. Aunque se pretendió que fuera un enigma, es tan sólo un sustituto sintético. Albertine es descrita como una les­biana típica que acepta los regalos de su amante, su protección y su casa, pero que le traiciona burlando su imperiosidad y engañándole a cada oportunidad que se le brinda. Si uno se imagina a la Albertine real como un homosexual y no como una lesbiana, el fracaso de Proust se comprende, si bien no se justifica del todo. "Está generalmente admitido que esa historia alude -escribe Charlotte Haldane-, en efecto, a un muchacho joven con el que el narrador pudo tener algún enlace sentimental." Como la mayor parte de los personajes de Proust son retratos combinados de varios personajes reales, es posible que hubiera más de un "Albert". Pero si recordamos que la imagi­naria Albertine murió en un accidente automovilístico, cobra gran relieve un ensayo que Proust escribió en 1919. Parte del ensayo se refiere a Agostinelli, chofer de Proust (después su secretario), y contiene esta nota aclaratoria: "No podía prever que siete u ocho años más tarde este joven me pediría que se le permitiese publicar uno de mis libros, y que aprendería a volar bajo el nombre de "Marcel Swann", con lo cual su amis­tad ideó combinar mi nombre de bautismo con el nombre de uno de mis personajes, y que a la edad de veintiséis años encon­traría la muerte en un accidente de aviación."

La obra Recuerdo de las cosas de antaño ha sido caracteriza­da como una novela que fue escrita para explicar por qué había sido escrita. En cierto sentido, esto es verdad, ya que a Proust le preocupó lo que había de ser tanto una confesión personal como una crítica social. El crítico tuvo que alabar al advenedizo; el snob hubo de convertirse en satírico. Proust comenzó su descomunal novela un año después de la muerte de su madre, cuando tenía treinta y cinco años, y trabajó en ella hasta el día de su muerte, acaecida diecisiete años más tar­de. Tardó siete años en acabar las primeras mil quinientas páginas. Ninguna revista quiso publicarla como folletín; por fin, Marcel pagó a un editor de poca importancia, y casi desconocido, para publicar la primera parte, El camino de Swann (1913), que apenas fue tenida en consideración por los críticos. Cinco años más tarde apareció la continuación A`lOmbre de Jeunes filles en Fleurs, que le ganaron el Premio Goncourt, y en los cuatro años siguientes vieron vida Le coté de Guermantes, Sodome et Gomorrhe, Le Prisionniere, Albertine Disparue, el Pasado recuperado.

La memoria subconsciente de Proust fue el medio que le dio la victoria sobre el tiempo destructor. Examinándose a sí mismo, se dio cuenta finalmente de la razón por la cual ya no le preocupaban las contradicciones, "indiferente a las vicisitudes del futuro".

Durante la producción de su gran obra, Proust se encerró en un aislamiento neurasténico. Dormía completamente vestido en Invierno, incluso en Verano se ponía jersey y bufanda y, ya en la cama, agregaba medias, gorro de dormir y guantes.

En cierta ocasión, aventuró a salir de noche, pero a las pocas salidas debió recluirse en su inhóspita habitación. Vivía a base de analgésicos y falsos estimulantes, por lo que su situación empeoró rápidamente. A los 51 años, contrajo una pulmonía, forzándolo, su hermano Robert, médico, lo atendió pero no hizo caso de sus consejos. Por el contrario, sus últimas horas las pasó corrigiendo pruebas, porque quería corregir su descripción del escritor moribundo "ahora que me encuentro en el mismo predicamento." Solo dio término a estas correcciones, hasta que el lápiz se escurrió de su mano. Estaba muerto.

Era el 18 de noviembre de 1922.
Marcel Proust

domingo, 13 de noviembre de 2022

ESTADOS UNIDOS EN EL SIGLO XX. EL NACIMIENTO DE UNA POTENCIA

El siglo XX es, sin duda, el asentamiento de Estados Unidos como actor político internacional. La idea de que el siglo XX debe ser visto como el siglo (norte)americano pertenece a Henry Luce, fundador de la revista Time. En un artículo aparecido en 1941, Luce quiere que su país abandone melancólicas preocupaciones domésticas y asuma que se ha convertido en un poder global, con el derecho y el deber de liderar al mundo. 

Desde finales del siglo XIX, Isla Ellis (Ellis Island en inglés) fue la puerta de entrada para más de 12 millones de inmigrantes entre 1892 y 1954 en su búsqueda de oportunidades económicas en Estados Unidos. esta llegada de inmigrantes propició el desarrollo de las ciudades, convertidas en centros políticos, sociales y culturales.

La United States Steel Corporation resultante de la fusión realizada en 1901 ilustró un proceso que se gestaba desde hacía 30 años: la combinación de empresas industriales independientes para formar compañías federadas o centralizadas. Las corporaciones, que hicieron posible disponer de una amplia reserva de capital y dieron a las empresas comerciales vida permanente y continuidad en su control, favoreciendo el desarrollo y esplendor de las ciudades convertidas en el centro nervioso donde se concentraban todas las fuerzas dinámicas de la economía: cuantiosas acumulaciones de capital, instituciones comerciales y financieras, estaciones ferroviarias en expansión, fábricas humeantes y grandes ejércitos de trabajadores manuales y de oficina.

La Standard Oil Company, fundada por John D. Rockefeller, fue una de las primeras y más vigorosas corporaciones y no tardaron en seguir su ejemplo otras combinaciones (en los rubros de aceite de semilla de algodón, plomo, azúcar, tabaco y caucho).

En 1914, Estados Unidos se había convertido en el primer productor industrial, pero el American Dream no había llegado para todos: el desarrollo industrial no fue parejo y provocó una mayor desigualdad social. la aparición de sindicatos como La Federación Americana del Trabajo (AWF) o Industrial Workers of the World (IWW) asustaron a los capitalistas. A través de la figura de Mitchell Palmer, se utilizó la Ley de Espionaje de 1917 y la Ley de Sedición de 1918 como base para lanzar una campaña sin precedentes contra radicales políticos, presuntos disidentes, organizaciones de izquierda y extranjeros. Casos como la ejecución de Sacco y Vanzetti o la deportación de Emma Goldmann son los más conocidos.



La Era del progresismo (1900-1920)

Durante la década de 1890, la política exterior de EE.UU. se volvió agresivamente activista. A medida que la productividad industrial estadounidense crecía, muchos reformadores instaron a la necesidad de mercados extranjeros. Otros sostenían que Estados Unidos tenía la misión de llevar la cultura anglosajona a toda la humanidad, de difundir la ley y el orden y la civilización estadounidense.

Justificaban así una política intervencionista a favor de sus intereses:  la intervención en la guerra de Cuba en 1898 convirtiéndola en su patio trasero, la ocupación de Filipinas en 1902 o la intervención en Panamá en 1903 construyendo y controlando un canal a través del istmo (el Canal de Panamá) son algunos ejemplos. En 1904, en el Corolario Roosevelt de la Doctrina Monroe, afirmó el derecho de los Estados Unidos a intervenir en los asuntos internos de las naciones del Hemisferio Occidental para prevenir "fechorías crónicas".

A nivel interno, los gobiernos municipales se transformaron; los trabajadores sociales trabajaron para mejorar la vivienda, la salud y la educación de los barrios marginales; y en muchos estados los movimientos de reforma democratizaron, purificaron y humanizaron el gobierno. Bajo el gobierno de Roosevelt el gobierno nacional fortaleció o creó organismos reguladores que ejercieron una creciente influencia sobre las empresas comerciales: 
  • la Ley Hepburn (1906) reforzó la Comisión de Comercio Interestatal
  • el Servicio Forestal, bajo el gobierno de Gifford Pinchot de 1898 a 1910, guio a las empresas madereras en la conservación -y en una explotación más racional y eficiente- de los recursos forestales
  • la Ley de Alimentos y Medicamentos Puros 
  • la Ley Sherman contra los monopolios.
La entrada en la Primera Guerra Mundial marcaría el asentamiento de la hegemonía estadounidense y el declive europeo: Wilson decidió que si los Estados Unidos tenían alguna esperanza de influir en los asuntos mundiales, era imperativo que entraran en la guerra y lucharan para proteger sus intereses.  Wilson falló en gran parte de su programa, ya que los otros Aliados no estaban interesados en una «paz sin victoria». Los británicos no estaban de acuerdo con la libertad de los mares; los aranceles no se derrumbaron; la autodeterminación fue a menudo violada; las negociaciones clave se mantuvieron en secreto; pero al final Wilson obtuvo su mayor objetivo, el establecimiento de la Sociedad de Naciones para proporcionar seguridad colectiva contra futuras agresiones.

Los felices años 20 

La reactivación iniciada en Estados Unidos en 1922 (tras la crisis de 1921) fue algo más tardía en Europa (1924). Abrió las puertas a una etapa expansiva de la economía mundial que propició un clima de euforia y ciega confianza en el sistema capitalista. El sufragio femenino conquistado en 1919, leyes como la Ley Seca y el auge del cine son claves en esta década.

Los Estados Unidos se convirtieron en la locomotora de la economía mundial. El modelo de vida americano fue exportado por todo el mundo. El "American Way of Life" rápidamente sedujo a los europeos, cimentado en el consumo individual de bienes (automóviles, teléfonos, electrodomésticos), impulsado por la publicidad y sostenido por un crédito fácil y las ventas a plazos.

Los espectáculos de masas (cine, deportes, cabarets, teatro), el interés por la alta costura, las nuevas corrientes musicales (jazz, charleston, blues) se convirtieron en objetos de consumo y alimentaron a toda una industria que hasta entonces no había sido significativa (Hollywood, discográficas, moda, etc.)

El "American Way of Life" se convirtió en el escaparate delas ideas capitalistas: Los valores que la impulsaban eran los del éxito, la iniciativa y el esfuerzo individual permitiendo las posibilidades de enriquecimiento y el bienestar mientras que la pobreza y el fracaso fueron considerados signos de pereza, falta de inteligencia, debilidad e incompetencia, identificando la pobreza con defectos humanos.

Esta imagen provocó una fuerte inmigración desde todos los rincones del mundo (Alemania, Polonia, Italia, China) en busca de oportunidades, agolpándose en las ciudades en barrios abarrotados de extranjeros donde reinaban la pobreza y la exclusión. La percepción de la "otra América", la de los que llegaban, se convirtió en un grave problema social, político y moral. La Administración conservadora republicana optó por una política de control de la emigración (Leyes de 1921) y desde postulados racistas prohibió la entrada de individuos de origen asiático restringiendo asimismo la entrada de europeos -especialmente de eslavos y latinos- mediante leyes como la Immigration Act de 1924 (también conocida como "Johnson-Reed Act").

Desde una mentalidad puritana, se difundió la opinión de que el país estaba siendo corrompido por ideas y modos de vida extraños y se identificó a los inmigrantes con la ingesta de alcohol. El gobierno prohibió su consumo, fabricación y venta ("Ley Seca"), fomentando con ello la creación de bandas organizadas que ejercieron el control de un floreciente contrabando y mercado negro, favoreciendo indirectamente el fenómeno de las mafias y el gansterismo (Al Capone y otros).

Felices años 20



La crisis del 29

Esta prosperidad duraría un corto periodo que finalizaría el 24 de Octubre de 1929, conocido como el Jueves Negro, y con la llegada del Crac del 29 que culminaría finalmente con el advenimiento de la Gran Depresión.

Durante "los locos años veinte", industriales y banqueros se convirtieron en héroes de la nación, además de ser admirados por las riquezas que habían creado. Según John Kenneth Galbraith en su libro Breve historia de la euforia financiera  "La especulación y las inversiones en el mercado bursátil tiende a asociar una inteligencia fuera de lo corriente con la dirección de las grandes instituciones financieras. Cuanto mayor es el capital y más elevados los ingresos que se tienen, más profundo es el talento que se atribuye en materia financiera, económica y social. En toda actitud favorable a la libre empresa (otrora llamada capitalista) subyace una acusada tendencia a creer que cuanto más dinero, ingresos o bienes tiene un individuo, más profunda y más exigente es su percepción de los asuntos económicos y sociales, y más agudos y penetrantes sus procesos mentales. El dinero es la medida de toda realización capitalista. A más dinero, mayor es el logro y la inteligencia que lo apoya" John Kenneth Galbraith, Breve historia de la euforia financiera, Capítulo II Los denominadores comunes

La especulación comenzó a dominar los mercados financieros y se mantuvo así hasta 1929, cuando se produjeron rumores sobre una posible caída. Los trabajadores encontraron en el mundo bursátil la forma de sobrevivir frente a un estado que no cubría sus necesidades básicas y obliga a la gente a especular con afán de ganar más dinero para mejorar su precaria situación.

La caída de la bolsa en el crack del 29 provocó un aumento de las bancarrotas, la destrucción de la industria y aumento del desempleo: Seis meses después de los acontecimientos de octubre de 1929, el total de desempleados se había más que duplicado a 3,25 millones.

Después del fracaso de Hoover, el clamor público para que interviniera el gobierno fue ensordecedor: la victoria de Rooselvelt y la aplicación de políticas intervencionistas y keynesianas pusieron freno a un modelo de capitalismo ultraliberal, y establecieron en el país un Estado del Bienestar que acabaría definiendo las Constituciones de muchas democracias occidentales 

24/10/1929-Nueva York, NY: 
 el Jueves Negro, el día en que colapsó la bolsa de valores de Nueva York
y el día que condujo a la Gran Depresión.

Franklin Délano Rooselvelt

Este hombre que hizo famosa su sonrisa, fue el más admirado y el más odiado de los presidentes de Estados Unidos. Alumno de la Universidad de Harvard,  en 1905, casó con una sobrina de Teodoro Roosevelt - el que impuso la denominada política del Big Stick (Gran Garrote). En 1910, Franklin, fue elegido senador de Nueva York y, tres años más tarde, sirvió como subsecretario de Marina. En 1921, a los 39 años, sufrió un ataque de poliomielitis.

En 1932, derrotó al candidato de los republicanos, Herbert Hoover, favorito para ganar la presidencia y desarrolló su programa político llamado New Deal. Roosevelt tuvo un papel preponderante en la Segunda Guerra Mundial apoyando a Gran Bretaña y fue un político trascendente en la creación de la alianza con Gran Bretaña y la Unión Soviética para luchar contra los nazis, los fascistas y los japoneses. Firmó los tratados de Teherán y de Yalta. Cumplió tres períodos presidenciales completos y, por estar muy enfermo, apenas gobernó unos meses de su cuarto período, tras derrotar al gobernador Thomas Dewey;

Roosevelt se sentía predestinado para gobernar su inmenso país.

Era creyente, pero decía que Dios no quería ser consultado en asuntos políticos y solía afirmar que la religión era un asunto privado.

Roosevelt se mostró firme en su posición de mantener a los Estados Unidos en un completo aislacionismo, pero al estallar la Segunda Guerra Mundial cambió su actitud y se mostró inclinado a apoyar a Gran Bretaña. En 1940, derrotó al candidato republicano Wendell Wilkie y en 1941 organizó la industria bélica al tomar partido contra los nazis

El Roosevelt político no confiaba en nadie, con la excepción de su secretaria, Lucy Mercer, su amante por muchos años. Se aprovechaba de la gente y no tenía escrúpulos para cambiar de opinión. Eleanor, su mujer, en sus memorias, dijo: he sido algo así como su socia política. Más tarde, afirmó: Yo fui una que sirvió a sus propósitos.

Estando en el poder favoreció a Lyndon Johnson en sus campañas políticas y en asuntos de impuestos. Sin embargo, por impuestos, persiguió y llevó a la cárcel al millonario Moe Annenberg. Ya en libertad, Annenberg compró el diario The Philadelphia Inquier y desató una dura campaña contra el New Deal, el programa de los demócratas. Roosevelt, entonces, sin inmutarse, aceptó aliarse con el hombre al que había enviado a la cárcel.

Cuando le reprocharon que amparara al dictador de Haití, Francoise Duvalier, y le dijeron que éste era un hijo de puta. Roosevelt, le respondió:

"Sí, pero es nuestro hijo de puta".

Franklin Delano Roosevelt ha sido el único de los presidentes de Estados Unidos elegido, consecutivamente, por cuatro períodos:

- 1932- 1936- 1940, períodos completos y solo unos meses, luego de su triunfo en 1944.

Nació el 30 de enero de 1882, en Hyde Park, N.Y.

Murió el 12 de abril de 1945, en Warm Springs, Ga.

Franklin D. Roosevelt 
El New Deal

Roosevelt creía que si el Estado no intervenía, se corría el riesgo de que la situación empeorase. En concreto, por un lado, tenía miedo de que se dieran episodios deflacionarios (bajadas sostenidas del nivel de precios) debidos a que, la población al ver disminuida su capacidad adquisitiva, no podría comprar todos los bienes disponibles en el mercado, así que habría un exceso de oferta que llevaría a una bajada de precios

Por otro lado, estaba seguro de que si no se hacía frente a la situación desde el Estado habría aumentos de la tasa de desempleo.

Las políticas del New Deal fueron dirigidas a cumplir dos objetivos principales:
  • Reactivar la economía por medio del consumo y de la inversión: Para ello, aumentó el gasto público, principalmente a través de la industria, potenciando las inversiones. Además, pusieron en marcha multitud de proyectos de obras públicas, lo cual dio empleo a millones de trabajadores.
  • Establecer controles bancarios para evitar otra crisis como la del 29: se exigió un aumento de las reservas de los bancos para garantizar su solvencia. También se creó la “Ley de emergencia bancaria” (Emergency Banking Act), por la cual, se clausuraban todos los bancos que manifestasen insolvencia, dejando solo operar a los que pudiesen demostrar que eran solventes. Y por último, se estimuló la concesión de créditos para la inversión empresarial.
Pero además de actuar en el ámbito económico, en el ámbito social, también intervino el Estado aplicando diversas políticas:
  • Por medio de la National Labor Relations Act se regularon las relaciones entre empresarios y empleados, estableciendo un salario mínimo y una jornada horaria máxima. El salario mínimo, junto con la disminución del desempleo, hizo que los trabajadores tuvieran mayor poder adquisitivo, lo cual tuvo un efecto positivo en la demanda de bienes y servicios del país.
  • Se creó el primer sistema federal de seguro de desempleo y de pensiones (Social security act), que tenía como objetivo disminuir las desigualdades sociales, especialmente en beneficio de las personas ancianas, que se habían empobrecido gravemente como resultado de la Gran Depresión.
  • A nivel financiero, hubo un mayor control del Estado sobre los bancos (Banking Act de 1933), y se exigió un aumento de sus reservas a fin de garantizar su solvencia. Se estimuló la concesión de créditos destinados a la inversión empresarial. Se promulgó además la Ley de Obligaciones Federales con el fin de proteger a los inversores de posibles fraudes.
  • La National Industrial Recovery Act de 1933 potenció las subvenciones a la industria con el objetivo de estimular su recuperación. Se pusieron en funcionamiento gigantescos proyectos de obras públicas (carreteras, pantanos, etc) a través de la Publics Works Administration, WPA (1935). Este organismo colaboró con la Tennessee Valley Authority (1933), destinada a la colonización e industrialización del valle del río Tennessee, iniciativa de una serie de empresas públicas por medio de las cuales se construyeron embalses, centrales hidroeléctricas y se reforestaron extensas áreas. Esta actividad dio empleo a más de 3 millones de trabajadores
  • A través de la Agricultural Ajustment Act (AAA de 1933) se buscó la recuperación del campo, siendo objetivo primordial la disminución de la producción, ya que la sobreproducción que se arrastraba desde la década de los 20 había hundido los precios y los beneficios de los agricultores. Esa reducción se consiguió a cambio de una indemnización recibida por los agricultores. El resultado que se obtuvo de la disminución de las cosechas fue la subida de los precios. En tres años se consiguieron duplicar las rentas agrarias.
Sin embargo, la economía estadounidense salió reforzada y experimentó un espectacular auge, especialmente en su sector industrial, con un crecimiento del producto interior bruto en torno al 10% anual gracias a los créditos concedidos a los países europeos, convirtiéndose en el mayor proveedor de productos manufacturados. En 1945 era acreedor de la mayoría de los estados y controlaba dos tercios del total de las reservas mundiales de oro.



jueves, 3 de noviembre de 2022

QUEIPO DE LLANO EL CARNICERO DE ANDALUCÍA

El general franquista Gonzalo Queipo de Llano representó al terror con sus despiadadas consignas desde la radio, en las que anticipaba el asesinato de miles de personas, señalaba a las víctimas, y azuzaba a los asesinos, estas charlas eran muy celebradas y seguidas con gran interés en la zona sublevada y su texto, una vez pulido, era publicado al día siguiente obligatoriamente por todos los periódicos. 

La biografía de Gonzalo Queipo de Llano y Sierra (Tordesillas, 5 de febrero de 1875 – Sevilla, 9 de marzo de 1951) está manchada de sangre. La aplicación de la pedagogía del terror permite hablar de genocidio y del golpista, que llegó a ser conocido como ‘virrey de Andalucía’, como criminal de guerra.

Durante esos dos días se hizo con el control del centro y con los resortes del poder. La toma de Triana no terminó hasta la tarde del día 22 y la del sector Macarena-San Julián, lo que se conocía como el “Moscú sevillano”, no tuvo lugar hasta la mañana del día siguiente, el día 23 de julio.

Lo dirigió desde su destino en Sevilla y lideró una fuerte represión a partir de julio de 1936. Fue responsable del fusilamiento de más de 45.000 personas. El escritor hispano-irlandés Ian Gibson le acusó en su biografía de Federico García Lorca de ordenar además el fusilamiento del poeta granadino.

Como ejecutor de la estrategia golpista en el Sur (Andalucía y Extremadura), fue enterrado en la Basílica porque ayudó a construirla. Durante esa época, fueron famosas sus proclamas a través de la radio como jefe del Ejército del Sur y durante la guerra actuó cuasi como un dictador, con casi total independencia del resto de los golpistas. Era el hombre que avisaba, sin pudor, que las 'rojas' serían violadas por los soldados franquistas.

Matanzas indiscriminadas contra civiles, aniquilación del adversario social y político, violaciones masivas de mujeres, saqueo y robo sistemático a los vencidos, uso de trabajadores esclavos… Todo un ramillete de graves violaciones de los Derechos Humanos cometidas, en gran parte, en ciudades sin guerra: Sevilla, Cádiz, Huelva y Córdoba.

Fue exhumado de la Basílica de la Macarena el 3 de noviembre de 2022. Su legado sangriento en Andalucía todavía perdura y marca la historia reciente con heridas que no cicatrizan.

Lloran los campos andaluces, lágrimas negras y oscuras
recordando lo allí acontecido, las miserias y las vergüenzas vividas
en las ciudades, los pueblos y los campos sumergidas en el terror y la locura
sembrada por aquellos golpistas militares, asesinos y genocidas

La muerte se festeja desde las ondas de radio Sevilla, donde la lectura
diaria del emperador de todos los canallas, borracho y asesino
hiperbólico y estrambótico, marca la hora y la agenda del dolor y la tortura
Muerte festejada en las ondas, borrachos y eufóricos de sangre, jerez y vino

Repartiendo C.A.F.E en los pueblos y en las ciudades
llamando a la violación y asesinato del pueblo andaluz
a aquellos jornaleros, obreros, ciudadanos que se mantuvieron leales
aquellos que perdieron y sufrieron en sus carnes tan pesada cruz

No habrá para vosotros sepultura, arrojados al vertedero de la historia
Queipo de Llano, repartidor de dolor y muerte, militar traidor y genocida 
asesino, violador de mujeres, ¡El pueblo sevillano recuerda, tiene memoria!
en sus carnes sufren todavía la huella sangrienta de su paso por Andalucía