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martes, 28 de abril de 2026

LAS CARTAS PERDIDAS

Los libros se amontonaban en las mesas mientras los estantes, antes impenetrables aparecían desnudos ante los ojos de los bibliotecarios. La antigua librería llevaba más de un siglo en el barrio, pero había sido comprada hace poco y los nuevos propietarios querían deshacerse de los antiguos muebles. Seguro que para crear un bar o un nuevo apartamento turístico: la zona del centro estaba muy solicitada últimamente y, para los turistas, querían evitarse el engorro del metro y de las estacione para moverse libremente por la ciudad. En una época de grandes cambios y globalización, los antiguos negocios desaparecían engullidos por la oferta y la demanda de un sector que proporcionaba más dinero a sus propietarios en un mercado más global.

Los obreros apilaban los libros y los colocaban en cajas. Su destino era incierto: los vendedores no querían saber nada de aquellos viejos volúmenes y los nuevos propietarios estaban más interesados en las tabletas y las pantallas electrónicas para leer e informarse. Era el fin de una era y el nacimiento de la era digital. Los viejos volúmenes se convirtieron en las víctimas involuntarias de esta nueva tendencia, muertos silenciosos que observan desde las estanterías desconociendo su destino.

Columnas y filas de ejemplares se amontonaban esperando ser trasladas a un destino incierto. Los paseos de los obreros eran el único ruido en la antigua librería, que veía cómo sus días de gloria habían pasado y su desnudez era cada vez más evidente.

En uno de los viajes, una de las columnas se derrumbó por el golpe inesperado de uno de los trabajadores y  su estructura se desmoronó ante los ojos de los demás, quienes, con fastidio, se apresuraron a  recoger y ordenar los libros del suelo. Algunos de los volúmenes  estaban abiertos, con las hojas dobladas y algunos ocultaban viejas fotografías y papeles.

Algunas eran fotografías de los autores, recortes de prensa donde había una crítica del libro o del propio autor: nada fuera de lo habitual. Pero algunos de los ejemplares habían dejado caer sobres y papeles demasiado largos y elaborados para ser simplemente una reseña o un recorte de prensa. Uno de los obreros llamó al capataz avisándole del hallazgo, y entonces se dedicaron a recopilar los manuscritos mientras el resto seguía con la faena.

El sobre y los papeles, ajados y amarillentos por el paso del tiempo, aun conservaban una escritura fuerte y legible. Algunos eran antiguos informes militares, partes dirigidos a señores de nombre Líster, Modesto y otros apellidos raros donde se detallaban datos y fechas con algún tipo de operaciones militares o escaramuzas que los obreros desconocían; otras eran cartas escritas a mano, que, a pesar del tiempo eran más o menos legibles.

Algunos de los autores escribían a sus familias “Querida mía. Hoy 22 de septiembre  de 1936. Sin novedad en el frente. El aburrimiento pesa. Hace una semana un grupo de falangistas intentó entrar en nuestra trinchera, pero acabamos repeliéndoles. ¡Salieron con el rabo entre las piernas! Pero los días suelen pasar sin novedad: cavar trincheras, mantenerla limpias, hacer guardia, otear el horizonte… lo único que rompe la monotonía son las clases  que tenemos por la tarde: después de comer un soldado que fue maestro nos enseña a leer y a escribir mientras nos da una lección de historia y nos recita versos de Machado o miguel Hernández. A veces nos enseñan a hacer números. Las cuentas no se me dan tan mal: voy cogiendo experiencia. La monotonía es lo más habitual.”

La carta continuaba.  La dejó a un lado y encontró más misivas. Historias olvidadas de un pasado cercano, silenciado pero a vista de todo aquel que oteara un poco con interés. Otra carta contaba  sobre sus compañeros de trinchera: "Paco, mi compañero en la guardia, es un tío bastante afable con una historia trágica como la mayoría de los que conozco. Ya de pequeño empezó a trabajar en una finca de Extremadura a las órdenes de un señorito (no entendí el nombre que me dijo) y sus calamidades no habían hecho más que empezar.  Su primer recuerdo era el del día que perdió uno de los cerdos que le habían encargado que vigilase y regresó a la finca llorando. El capataz le rebajó la ‘ración’, es decir, el pedacito de tocino que echaban en el potaje los jornaleros y que prácticamente era ‘la única cosa nutritiva que en él había’. Paco había comenzado su aprendizaje”. “Pronto salió a trabajar en los campos. Araba, sembraba y segaba con la hoz en las fincas donde los jornaleros contratados pasaban temporadas fijas, ‘siempre hambrientos a causa de lo poco que nos daban para comer, delgados como esqueletos’, durmiendo sobre paja en el suelo de tierra de los cobertizos, ‘todos juntos como en un cuartel’. La paja era la que las mulas y los bueyes no querían como forraje."

Como luego me confesó: (...) “Odiábamos a la burguesía, que nos trataba como a animales. Los burgueses eran nuestros peores enemigos. Cuando les mirábamos creíamos estar viendo al mismo diablo. Y lo mismo pensaban ellos de nosotros. Había odio entre nosotros, un odio tan grande que no hubiera podido ser peor. Ellos eran burgueses, ellos no tenían que trabajar para ganarse la vida, vivían cómodamente. Nosotros sabíamos que éramos trabajadores y que teníamos que trabajar, pero queríamos que ellos nos pagasen un jornal decente y que nos tratasen como a seres humanos, con respeto. Sólo había una forma de conseguirlo: luchando como ellos...”. En ese momento entiendes que la lucha no es sólo contra aquellos militares y moros que vinieron, sino contra aquellos que quieren que nada cambie para seguir explotando con la infamia como norma…

Las cartas continuaban narrando las desventuras, idas y venidas del autor. Algunas relataban su amargura y aburrimiento en las trincheras infinitas de una guerra pasada, pero otras eran más personales: Cariño, recibí tu paquete y tu carta ¡cómo me ha alegrado el día! Aquí los días se vuelven largos y eternos, pero dentro de poco tendré un permiso y podré irme a verte a Valencia. ¡Qué ganas de coger unas naranjas grandes y hermosas y tomar una buena paella alejado del campo de batalla junto a todos vosotros! Cuento los días esperando ese momento…

Más cartas aparecieron. “Un tipo hablando inglés vino a vernos junto a más compañeros. Ninguno de nosotros entendía qué decía, excepto cuando empezaron a entonar la Internacional. Todos nos pusimos de pie  con los puños en alto y empezamos a cantarla. Fue un buen momento…. Otras eran más trágicas Salí de la trinchera por un momento. De repente un ruido sordo retumbó por toda la estructura y salí disparado. La nube de polvo me entró en los ojos y la garganta. Los oídos me pitaban.  Me arrastré cuando puede y, cuando el polvo se disipó, todos estaban muertos. Muertos, muertos…

Los papeles amarillentos iban acompañados de fotografías del mismo color, donde a pesar del tiempo, las imágenes seguían nítidas. Imágenes de soldados vestidos en un cerro con fusiles, comiendo en tiempo de descanso, hablando entre ellos rodeados de paisajes agrestes, de ciudades y pueblos donde el color amarillo hacía su presencia y lamía lentamente los negativos. Historias de una época pasada. La última carta sonaba a despedida: “todo ha acabado. ¿El mundo? El mundo ha cerrado los ojos ante lo que estaba pasando aquí, dándonos la espalda: ha preferido arrancarse los ojos antes de toparse con la realidad. El mundo no quiere ver: ha mirado hacia otro lado y ha enmudecido. No quiere saber qué ha pasado aquí. Han callado y han cerrado los ojos mientras la gente era masacrada. Nunca quiere ver... no les importamos lo más mínimo.

Guardó las cartas en el viejo sobre.  Historias olvidadas de tiempos pasados, de tiempos cercanos desconocidos por la mayoría, historias desconocidas pero que no caería el olvido. Se encargaría de guardarlas y contra su historia. De difundirla. La gente tiene que conocerlo. Tiene que saber, pues el olvido es la muerte del alma, la maldición del hombre que tropieza con la misma piedra varias veces. En épocas donde los monstruos renacen bajo las sombras del miedo y la incertidumbre, los ejemplos de antiguas generaciones son necesarios para aprender.

El obrero dobló la carta en el sobre y la guardó mientras continuaba con su faena. Todavía quedaban muchas cajas y la jornada iba a ser larga, pero esa historia no caería en el olvido, sería contada sería recordada. Ecos de un pasado cercano, historias anónimas que forman parte de la historia colectiva, vidas anónimas que abren el camino para nuevas generaciones. Historias que merecen ser escuchadas. Cargó en sus manos todas las cajas que pudo y se apresuró a la furgoneta. La hora del bocata estaba cerca y se merecía un descanso. 

lunes, 22 de septiembre de 2025

LA COLUMNA DE LOS OCHO MIL

En septiembre de 1936 los últimos enclaves del suroeste extremeño estaban a punto de ser tomados por tropas del ejército sublevado. Ante esta situación, un grupo formado por miles de personas intenta escapar del terror y la muerte huyendo de manera organizada hacia zona republicana. Muchos huían de sus pueblos por sus ideas políticas. Otros simplemente por miedo. No sabían el terrible final que les esperaba.

La huida de la represión y de la guerra

Las guerras no solo enfrentan a militares en el campo de batalla. La mayoría de las víctimas de los conflictos bélicos no caen con las armas en la mano. Muchas de ellas muere no penan sin poder defenderse. Forman parte de la población civil: ancianos, niños y niñas, mujeres y hombres que intentan sobrevivir a la barbarie escondiéndose o huyendo de los soldados.

Durante la Guerra Civil Española de 1936 a 1939 hubo muchos episodios de huidas masivas. Los pueblos y ciudades quedaban despoblados ante el avance de los militares, ante la ocupación de los enemigos. Los dos desplazamientos de población civil más renombrados fueron el éxodo final de los republicanos hacia la frontera francesa en el norte de Cataluña (febrero de 1939) y la huida de Málaga a Almería de febrero de 1937 tras la entrada de las tropas franquistas en la ciudad andaluza.

Centenares de miles de personas integraron esos éxodos, pero hubo otro más modesto y más temprano: la huida de ocho mil personas desde el suroeste de la provincia de Badajoz hacia el noreste republicano de La Serena a mediados de septiembre de 1936, huyendo del avance de las tropas sublevadas. La llamada Columna de los ocho mil fue diezmada en las inmediaciones de Fuente del Arco (Badajoz) por fuerzas militares franquistas tras dos días de marcha. Aunque muchos pudieron proseguir su huida, al menos dos mil fueron apresados, trasladados a sus localidades de origen y asesinados


Los éxodos desde el sur de Extremadura

La columna de los ocho mil y los refugiados de Barrancos

La ocupación de la provincia de Huelva por los militares sublevados y su avance durante el mes de agosto desde Sevilla a Badajoz, vía Mérida, provocó el acorralamiento a comienzos de septiembre de 1936 de miles de personas en el suroeste de la provincia de Badajoz. Estaban rodeados por territorios al norte y al sur ya en manos franquistas, con la frontera portuguesa al oeste y con las poblaciones situadas en la Vía de la Plata tomadas por los militares.

La única opción era escapar campo a través. Varios centenares lo intentaron hacia occidente, hacia Portugal y acabaron refugiados en fincas cercanas a Barrancos, para luego ser trasladados a Lisboa y en barco regresar a territorio republicano por Tarragona. Y otros tantos miles integraron varias columnas quea mediados de septiembre se atrevieron a atravesar hacia oriente la carretera general Sevilla-Mérida a la altura de Fuente de Cantos buscando los extremos de la Campiña Sur y de La Serena.

Si los primeros son conocidos hoy como los refugiados de Barrancos, los que fueron hacia el este formaron parte de la columna de los ocho mil. 

Las columnas del Ejército de África avanzan por la carretera nacional desde Sevilla en dirección a Mérida y luego a Badajoz, ocupando los pueblo a su paso: Monesterio, Fuentes de Cantos, Zafra,Almendralejo, Lobón, Talavera… Buena parte del vecindario abandona las localidades y va de un lugara otro, buscando refugio. Las operaciones de los sublevados en esta zona, una vez ocupada Badajoz,obligan a los huidos a desplazarse hacia el sur durante la segunda quincena de agosto y la primera de septiembre de 1936

La ocupación militar de los pueblos de la carretera se amplía con otras operaciones secundarias de conquistas de localidades alejadas de las vías principales. El acoso se convierte en acorralamiento.


Los sublevados siguen avanzando y los republicanos retroceden. Miles de personas se concentran en Jerez De los Caballeros y Fregenal de la Sierra. El 14 de septiembre se toma Burguillos del Cerro. La cabeza de puente de la huida republicana se establece en Valencia del Ventoso, donde se concentran dirigentes republicanos y socialistas, que organizan la huida.

Mientras que algunos centenares optan por ir hacia el oeste y se atreven a cruzar la frontera con Portugal, varias columnas de huidos buscan el 16 de septiembre la salida hacia zona republicana a través de la Campiña Sur. Son unas ocho mil personas, agrupadas en varias columnas que se unen y separan al ritmo de la marcha. Sobre todo, mujeres y hombres indefensos, niños y niñas, ancianos y ancianas andando y cargados con algunos enseres en carros y animales. Pocos van armados. Atraviesan la carretera a la altura de Fuente de Cantos hacia Azuaga. 

En el trayecto entre Reina y Fuente del Arco, posiblemente al anochecer del 17 de septiembre de 1936, son interceptados en una emboscada por militares dirigidos por el comandante Gómez Cobián.

Habían apostado ametralladoras en los montes cercanos en la zona de La Arconocosa y dispararon contra la columna de paisanos huidos. Una gran confusión se generó entre los refugiados. Unos lograron pasar, otros retrocedieron y se dispersaron y alrededor de un centenar murió y sus cadáveres quedaron en medio del campo

Al día siguiente, 18 de septiembre, el capitán Tassara le monta una trampa a otro tramo de la columna, que sigue pasando por las inmediaciones de Fuente del Arco. Haciéndose pasar por un miliciano, desarma a los pocos huidos que iban armados con la esperanza de darles mejores armas y los conduce con engaños al pueblo, donde son detenidos. En trenes especiales, seguidos de los animales requisados, son trasladados más de 2.000 prisioneros a Llerena, donde los encierran en locales como La Maltería y la Plaza de Toros

En Llerena los presos son identificados y agrupados por pueblos. Se cursan telegramas a las localidades de origen que han sido ocupadas y van a buscarlos guardias civiles y falangistas que, en camiones, los llevan de vuelta a sus pueblos. Aunque algunos logran salvar la vida por la mediación de amigos y familiares, otros muchos son fusilados nada más llegar. Decenas de personas ni siquiera sufren este último traslado y son acribillados a balazos en el cementerio de Llerena sin ser inscritos en registro alguno.

Mientras otras miles de personas han logrado proseguir su camino y acaban llegando a zona republicana. Algunas participarán en la defensa de Madrid, en noviembre de ese mismo año, integrando unidades militares de extremeños como Los Castúos.

Otros regresan a la región, a la denominada Bolsa de La Serena, o se integran en el ejército republicano.
Además, quienes habían optado por el oeste, tras permanecer un tiempo en campos de refugiados cerca de Barrancos, son trasladados a Lisboa y embarcan en el buque Nyassa rumbo a Tarragona


El avance de las tropas franquistas por la provincia de Badajoz

Nada más celebrarse las elecciones de febrero de 1936, con el triunfo de la coalición de izquierdas del Frente Popular, comenzó la conspiración de las fuerzas reaccionarias, bajo la dirección técnica del general Mola, para derribar la República. En la tarde del 17 de julio de 1936 se inició la sublevación en Melilla. Legionarios y regulares controlaron con facilidad las posesiones españolas del Magreb. El general Franco se trasladó desde Canarias a Marruecos el día 18 de julio para encabezar la insurrección en el sur mientras el general Queipo de Llano sublevaba Sevilla. El golpe triunfó también en algunas capitales españolas, pero la mayoría del territorio nacional se mantuvo fiel a la República. El fracaso del golpe de Estado trajo consigo la Guerra Civil.

La Columna de la Muerte

Con ayuda de la aviación alemana e italiana, varios miles de soldados profesionales que integraban el Ejército de África, el mejor preparado de la milicia española, fueron trasladados a la Península. Gracias a estos legionarios y regulares, muchos de ellos magrebíes, Queipo de Llano dominó Andalucía Occidental y Franco formó una columna, una parte de la cual salió de Sevilla hacia Extremadura el 2 de agosto, al mando del teniente coronel Asensio Cabanillas, y otra al día siguiente, mandada por el comandante Castejón. La Columna Madrid, conocida después como «Columna de la Muerte», a la que unos días después se incorporaron las tropas de Tella y que acabó bajo la dirección del teniente coronel Juan Yagüe Blanco, irá ocupando los pueblos sin más oposición que la batalla de Los Santos de Maimona el 5 de agosto y la efímera resistencia de la capital de la provincia.

La columna fue tomando todas las localidades importantes de la carretera general, como Monesterio (4 de agosto), Fuente de Cantos (5), Zafra, Villafranca de los Barros y Almendralejo (7), Mérida (11), Montijo (13) y Badajoz (14), desviándose solo en alguna ocasión, como cuando fue ocupada Llerena el 5 de agosto.
Juan Yagüe

Fueron centenares los huidos de cada pueblo ocupado, que deambulaban por el campo o buscaban el amparo de localidades cercanas aún no conquistadas por los sublevados. En ocasiones, acosados, iban trasladándose de un pueblo a otro, a medida que el Ejército avanzaba. Hubo concentraciones de huidos en zonas como la Sierra de Monsalud, cerca de Almendral y Torre de Miguel Sesmero

Las columnas de Castejón, Asensio y Tella ascienden por la Vía de la Plata sembrando el terror. Las órdenes eran claras: subvertir la democracia republicana y neutralizar a los responsables de sindicatos, partidos y organizaciones de izquierda. El procedimiento era siempre el mismo tras la ocupación militar de cada pueblo: con ayuda de los falangistas y otros partidarios locales de los sublevados, se destituía a las autoridades republicanas, se nombraba una gestora integrada por personas de extrema derecha, se detenía a los dirigentes de izquierdas y, sin formación de causa judicial alguna, se los fusilaba. El terror era parte de la estrategia militar de ocupación.

Concentración de huidos y organización de las columnas en el suroeste extremeño

Tras la toma de Badajoz, el número de los huidos se incrementó muy notablemente. Durante algunos días se concentraron en Olivenza, pero la ocupación de ésta y de La Albuera el 17 de agosto, de Almendral y Torre de Miguel Sesmero el 19 y de Feria y Fuente del Maestre el 20, provocaron nuevas huidas hacia el sur. Durante la primera quincena de agosto los golpistas se habían hecho, además, con el control de Almendral, Torre de Miguel Sesmero, Feria, Santa Marta de los Barros, Villalba de los Barros, Solana de los Barros, Valverde de Leganés, Cheles, Corte de Peleas, Alconchel, Barcarrota, Higuera de Vargas, Villanueva del Fresno, Salvaleón y Salvatierra de los Barros. Estas conquistas dificultaban más aún los movimientos de los huidos, que tuvieron que buscar como refugio las localidades más meridionales de Burguillos del Cerro, Fregenal de la Sierra y Jerez de los Caballeros


La ocupación de la serranía onubense

Durante la segunda quincena de agosto y primera de septiembre fueron ocupados la mayoría de los pueblos de la serranía de Huelva. Berrocal cayó el 14 de septiembre; al día siguiente, Cañaveral de León; el 19, Hinojales y Cumbres Mayores... La ocupación de estos pueblos tuvo dos consecuencias: se incrementó el número de huidos y se cerró por el sur la bolsa suroeste extremeña

A partir del 14 de septiembre cayeron definitivamente las localidades restantes del sur de Badajoz: Burguillos del Cerro, Valverde de Burguillos, Segura de León, Fuentes de León, Valencia del Ventoso, Bodonal de la Sierra, Fregenal de la Sierra, Higuera la Real, Jerez de los Caballeros, Oliva de la Frontera, Valencia del Mombuey, Zahínos y Cabeza la Vaca.

La ocupación de estos núcleos cerraba la bolsa en la zona occidental de la provincia

Alrededor del 14 de septiembre hubo una reunión en Valencia del Ventoso de algunos dirigentes de izquierdas, como José Sosa Hormigo, diputado socialista natural de Barcarrota y los también socialistas José González Barrero y José Lorenzana, alcaldes de Zafra y Fuente de Cantos, respectivamente. A punto de ser tomada la población, que lo sería el 16 de septiembre, organizaron la huida definitiva de la bolsa donde estaban atrapados. Utilizando los caminos y veredas, cruzarían la Vía de la Plata e intentarían llegar al sureste de la provincia, aún territorio republicano

HUIDOS

Las numerosísimas personas acorraladas en los últimos pueblos republicanos del suroeste de la provincia de Badajoz solo tenían dos opciones de huida y ambas con riesgo: o iban hacia el este, para intentar llegar al territorio republicano de la zona de Azuaga y de La Serena, arriesgándose a pasar por lugares ya tomados por los sublevados y ser capturados, o iban hacia el oeste y atravesaban la frontera portuguesa, arriesgándose también a ser capturados y devueltos a España.

La primera opción fue la primera y la mayoritaria, elegida por siete u ocho mil vecinos a partir del 13 y 14 de septiembre, a medida que eran tomados pueblos como Burguillos del Cerro, Valverde de Burguillos, Fuentes de León y Segura de León. Formaron lo que conocemos como la columna de los ocho mil.

La segunda opción, la de Portugal, más tardía y minoritaria, la eligieron a partir del 20 de septiembre unas mil personas, vecinas de los pueblos pegados a la frontera, como Jerez, Oliva y Villanueva del Fresno, que acabaron siendo conocidos como los refugiados de Barrancos



Hacia el oeste: Portugal

La solidaridad de un carabinero y de un pueblo portugués

El responsable de la acogida de los españoles fue un teniente de carabineros portugués, Augusto de Seixas (1891-1958), que desde el mes de agosto había venido controlando el paso a Portugal de muchos refugiados derechistas,organizando la solidaridad en Barrancos, y que ya en septiembre preparó la estancia de los centenares de huidos izquierdistas e incluso ocultó a sus superiores la existencia de otras doscientas personas para protegerlas. Ayudado por sus hijos evitó cacerías de refugiados por incursiones de fascistas desde España, devoluciones y represalias. Su bondad le costó la apertura de un expediente disciplinario, la prisión durante dos meses en Elvas y el retiro forzoso 

Augusto de Seixas (1891-1958)

Junto al Castillo de Noudar

Nada más cruzar la frontera, en ese cuerno que penetra en el mapa de España desde Portugal está el Castillo De Noudar. Y en sus proximidades,cerca del municipio de Barrancos, en las heredades de Coitadinha y Russianas, se concentraban el 21 de septiembre 340hombres de Jerez de los Caballeros, 294de Oliva de la Frontera y 68 de Villanueva del Fresno, además de 54 mujeres y niños y 32 carabineros españoles. Las autoridades portuguesas, desbordadas,permitieron en un primer momento el paso, pero acabaron cerrando la frontera e impidiendo a disparos la entrada demás refugiado

Castillo de Noudar

El buque Nyassa y regreso por mar a la España republicana

Para resolver el enorme problema de abastecimiento que estaba provocando la presencia de los españoles en la cercanía de Barrancos, Portugal decidió trasladarlos a Lisboa y sacarlos del país. Más de mil personas fueron llevadas a Moura, donde hicieron noche en la plaza de toros, y de ahí al puerto de Lisboa para embarcar en el buque Nyassa. El día 10 de octubre de 1936, tras una travesía que rodeó la península Ibérica por el estrecho de Gibraltar, llegaron a la Tarragona republicana 1435 personas salvadas del horror en que se había convertido Extremadura

buque Nyassa


Hacia el este: la España republicana

Inicio de la marcha hacia Azuaga

La partida hacia el este se produjo desde varios sitios. Por esa razón, aunque hablemos de «la columna de los ocho mil», realmente fueron varias columnas que totalizaron esa cifra de huidos. Desde Fregenal de la Sierra partió el grueso. Unas seis mil personas se agolparon en el pueblo, y la situación llegó a ser caótica. De Bodonal de la Sierra salió otro núcleo importante compuesto por gente de la cuenca minera onubense. En Valencia del Ventoso se formó el tercer núcleo de la marcha.

Seguramente, cada una de estas columnas salió en fechas distintas. Valencia del Ventoso fue ocupada el miércoles 16 de septiembre, mientras que Fregenal y Bodonal no cayeron hasta el 18 y 19. 

De Valencia del Ventoso quizá salieran el día 15 de septiembre. Al principio la columna se dirigió a Llerena, pero al enterarse los dirigentes que ya había sido ocupada, cambiaron la trayectoria hacia Fuente del Arco y Azuaga. Hombres mujeres, niños, ancianos y muchos animales marchaban con los enseres más preciados y esenciales. La columna estaba encabezada por miembros que conocían el terreno. Entre ellos, Peñas, un minero de Río Tinto, y Juan Francisco Gómez Rodríguez, antiguo secretario del Ayuntamiento de Almendralejo. El alcalde de Zafra, José González Barrero, se quedó un día más en Valencia del Ventoso para dejar organizado el pueblo tras la salida

No era una columna militar. Se sabía que contaban con poco armamento. Unos cuantos fusiles, escopetas de caza y bombas de fabricación casera era todo lo que llevaban. Desde la capitanía de la Segunda División sabían  cuánto armamento llevaban. Las armas que tenían eran las que faltaban en los distintos cuarteles de la Guardia Civil. El avance de la columna era conocido en todo momento por los sublevados gracias a los aviones que sobrevolaban la zona. La columna no suponía una amenaza para los militares sublevados, aunque el número de personas que la integraban dificultaban su control

ATACADOS

En el cerro de La Alcornocosa de Fuente del Arco

La marcha de la columna

Aunque la primera intención había sido llegar a Llerena, la columna de huidos supo que esa localidad ya estaba tomada por los sublevados y decidió dirigirse a Azuaga, con la intención de atravesar la vía del tren a la altura de Fuente del Arco. La marcha de la columna era controlada desde su arranque por el Ejército sublevado. Era imposible ocultar a miles de personas caminando por el campo durante dos días. Un avión de reconocimiento hizo varias pasadas durante el trayecto y, además de los avistadores a pie, no hay que descartar que algún espía estuviera mezclado entre los huido


Los atacantes

Los sublevados decidieron atacar a la columna antes de que atravesara la vía férrea. La operación se encomendó al Regimiento Granada, destinado en Llerena al mando del teniente coronel Alfonso Gómez Cobián, reforzado con guardias civiles y falangistas, Los hombres armados movilizados para la operación fueron unos quinientos. Aunque los huidos eran miles, no eran militares, eran civiles, y estaban indefensos, con apenas un centenar de fusiles y escopetas en la vanguardia

La encerrona

Al atardecer del 17 de septiembre de 1936 la columna fue atacada desde lo alto del paraje de la Alcornocosa, cerca de Reina y Fuente del Arco. Habían dejado la Senda y se internaban en la cañada real del Pencón, pasada la sierra de la Jayona. El lugar elegido para acometerlos fue el cerro de La Alcornocosa, a apenas dos kilómetros y medio de la vía férrea de Fuente del Arco a Llerena, tras la cual comenzaba el terreno aún fiel a la República en las inmediaciones de Valverde de Llerena. Los militares habían apostado en los cerros cercanos varias ametralladoras. A una señal, comenzaron a disparar.
Una lluvia de fuego diezmó la comitiva

El jefe de la operación

El teniente coronel Alfonso Gómez Cobián (Sevilla, 1891-1970) había pasado por diversos empleos como militar profesional en África antes de ser destinado al Regimiento Granada. En agosto de 1932, ya comandante de Infantería, se sublevó por primera vez contra la II República. El jefe de la conspiración de Sevilla, general Sanjurjo, le encargó el mando de las fuerzas de Asalto. Fue detenido, procesado y absuelto después de pasar dos años en prisiones militares. El 30 de abril de 1936 fue destinado a la Caja de Reclutas nº 12 y tras el golpe de Estado los sublevados le encargaron el mando del cuarto batallón del Regimiento Granada como teniente coronel

Los cadáveres

Según las cifras oficiales anunciadas en prensa, los muertos en el ataque fueron unos ochenta, pero no hay que descartar que fueran muchos más. Como vestigios de la tragedia quedaron numerosos cadáveres esparcidos por el campo que, durante los días siguientes, fueron devorados por los animales. Los propietarios de tierras cercanas apilaron algunos restos y les dieron fuego o echaron los cuerpos en pozos mineros. Se conservan algunos enterramientos, como uno a los pies de una encina en la que se grabaron dos cruces en su tronco.

La desbandada

La gente huyó en desbandada, La columna se disgregó. Algunos —en solitario o en pequeños grupos— consiguieron pasar, aunque dos kilómetros más adelante, en la vía del tren, también había apostados soldados, que les disparaban. Otros dieron marcha atrás, volvieron a sus pueblos o fueron capturados o abatidos por partidas de guardias civiles y falangistas. Y muchos se ocultaron en las sierras vecinas, donde hubo algunos incendios provocados por la refriega.



APRESADOS

Dos mil prisioneros en Llerena

El apresor

El capitán Gabriel Tassara Buiza (Sevilla, 1901-1992). era uno de los principales ayudantes de Gómez Cobián en Llerena. Era un militar “africanista” que se había posicionado contra la República en el golpe militar.

El 18 de septiembre de 1936 ideó una celada a la “columna de los ocho mil”, por la que consiguió una medalla militar individual. En 1939, conseguiría otra medalla por una acción en Córdoba. Terminó la guerra como comandante y luego fue ascendido a coronel y a general

 Gabriel Tassara Buiza

El engaño

El apresamiento posiblemente ocurriera al día siguiente del ataque. El hambre, el calor y la sed, junto al miedo a volver ser atacados, convirtieron a la columna en una masa de personas sensibles a ser engañadas. Los militares querían neutralizar al mayor número de personas, capturarlas y conducirlas a Fuente del Arco. El 18 de septiembre de 1936 se presentó al paso de la columna vestido como un miliciano y con una bandera de la República.

El capitán convenció a parte de la columna con guiarla en su huida y dotarla de mejores armas en Fuente del Arco, que decía que no había sido ocupada todavía.

La captura

Aunque no todos se fiaban, más de dos mil integrantes de la columna siguieron hasta Fuente del Arco al capitán Tassara. De camino, en el cortijo “La Castora”, desarmó a todos ellos, convenciéndoles de que les iba a facilitar mejores armas. Tassara los condujo hasta Fuente del Arco, donde fueron recibidos con banderas tricolores republicanas. Tras los primeros momentos, las banderas fueron sustituidas por rojigualdas y los gritos de los sublevados llenaron la plaza. La estratagema surtió efecto, y consiguió capturar a unas dos mil personas. Aunque ese mismo día, algunos fueron fusilados en Fuente del Arco, la mayoría fue trasladada en tren a Llerena, al mismo paso que los numerosos animales que iban atados al convoy

El encarcelamiento

En Llerena, La Maltería, la Plaza de Toros y varias casas particulares sirvieron para alojar de manera temporal a todos los prisioneros. El propio Queipo de Llano informó esa noche por radio: Según las últimas noticias se han recogido más de 50 caballos y una gran cantidad de armas y municiones que no pueden detallarse todavía porque se está procediendo a clasificarlas. A los prisioneros se les está alojando en los corrales de las casas y se procede a darles de comer, pues se hayan extenuados y en situación lastimosa. Entre ellos hay diversos heridos, como consecuencia de la confusión que se promovió en sus filas. Hay varias mujeres, algunos maestros de escuela y otros hombres de carrera.

La identificación y el traslado

Los centenares de prisioneros que llegaron a Llerena fueron identificados y clasificados por pueblos. Se solicitó información a cada una de las localidades de origen y de estas llegaron emisarios y autoridades para recogerlos. La mayoría no estuvo encerrada más de dos días en Llerena. O bien eran recogidos por los enviados desde su pueblo o, con la información suministrada, se les fusilaba en el cementerio de Llerena

ASESINADOS

Trasladados a sus poblaciones de origen, muchos de los cautivos son fusilados

Todas las personas que formaron la columna de los ocho mil fueron víctimas, bien porque o acabaron muertas o heridas o bien porque sufrieron las penalidades de la huida o el destierro. Ahora bien, entre las varios centenares, quizá hasta miles, que murieron hubo cinco tipos, según el momento y las circunstancias en que perdieron la vida: quienes abandonaron la columna y regresaron a sus pueblos con la esperanza de que no les pasara nada, quienes fueron acribillados en medio del campo, quienes fueron fusilados en Llerena, quienes fueron trasladados a sus pueblos y allí fusilados y, finalmente, quienes acabaron en el barco-prisión Cabo Carvoeiro de Sevilla

Los que abandonaron

Este grupo lo forman quienes abandonaron la columna y regresaron a sus pueblos antes del 17 de septiembre, cuando aún la columna no había sido atacada, o tras serlo el mismo 17, y fueron fusilados al llegar a sus localidades.

Quizá el caso más famoso de estos fue el de José Modesto Lorenzana Macarro, alcalde de Fuente de Cantos. Dejó su pueblo el 5 de agosto de 1936 y se mantuvo hasta mediados de septiembre en la bolsa del suroeste de la provincia. En la reunión de Valencia del Ventoso de principios de septiembre fue uno de los dirigentes que organizó la columna y se integró en ella. Pero, al enterarse de que su mujer y sus hijos habían sido capturados en su pueblo, decidió regresar y, al entregarse, fue atado a la cola de un caballo, salvajemente torturado y fusilado en una silla en la plaza de Fuente de Canto

Los que fueron acribillados

Quienes murieron bajo el fuego de las ametralladoras o en medio del desbarajuste del ataque del 17 de septiembre al pie del Cerro de la Alcornocosa. Estos son de los únicos que hay una cifra más o menos oficiosa: 80 dicen las fuentes, aunque posiblemente fueran más. Uno de esos casos, aunque al parecer asesinado por sus propios compañeros, fue el de Juan Antonio Flores Gordillo, de Burguillos del Cerro, que según testimonio de su hija fue muerto por los milicianos al negarse a seguir avanzando, por querer buscar a sus hijos, a quienes había perdido en el ataque

Los capturados y fusilados en Llerena

Quienes, una vez capturados tras el engaño del capitán Tassara el 18 de septiembre, fueron fusilados en Fuente del Arco o en Llerena antes de ser devueltos a sus pueblos.

Ya en Fuente del Arco hay testimonios de fusilamientos ejemplificadores, con exposición pública, en la misma plaza.

Después, en Llerena, durante varios días y semanas salieron los camiones todas las noches desde La Maltería o la Plaza de Toros hasta el cementerio, donde eran ametrallados los prisioneros tras ser obligados a cavar sus propias tumbas.

Nunca fueron inscritos en el Registro Civil


Los capturados y trasladados al barco-prisión Cabo Carvoeiro de Sevilla

La oligarquía sevillana puso a disposición de la sublevación un vapor de 80 metros de eslora y 12 de manga llamado Cabo Carvoeiro, fondeado en el muelle de Sevilla y cuyas bodegas albergaron a centenares de detenidos de izquierdas. Era conocido como “el barco de la muerte”. Allí fueron trasladados muchos de los apresados en Llerena. Según el historiador Francisco Espinosa, los destinados al barco fueron especialmente los andaluces y los dirigentes y personalidades relevantes de la izquierda local detenidos. Uno de ellos, aunque no es seguro que perteneciera a la columna, fue el antiguo alcalde de Maguilla, Aurelio Urbano Vera Dávila.

Cabo Carvoeiro

Los capturados y fusilados en sus pueblos

Quienes, a partir del 18 de septiembre y de los días posteriores, tras ser trasladados a sus localidades de origen, fueron asesinados por sus paisanos. A muchos se les llevó en camiones a sus pueblos de origen. Los que cayeron en la trampa de Gabriel Tasara fueron repatriados a sus lugares de origen en camiones. Muchos de ellos tuvieron la mala suerte de ser fusilados en sus propios pueblos. No se conoce el número exacto de víctimas

SUPERVIVIENTES

En Valverde de Llerena

De las miles de personas que habían logrado pasar tras el ataque de La Alcornocosa y la trampa de Tassara, la mayoría ni paró en Valverde de Llerena por miedo a que estuviera en manos fascistas. Solo unos centenares se atrevieron a entrar y descansaron durante unos días en la iglesia. Según algunos testimonios se mataron veinte ovejas para darles de comer. A los tres días, el alcalde de Valverde, Miguel Doñoro, encomendó a un joven, Juan Durán Cerrato, que los llevara por caminos seguros a Azuaga. Debemos suponer que, si llegaron a Valverde el mismo 18 de septiembre, no se fueron a Azuaga hasta el 20 de septiembre, tras descansar un día completo. Tres  días después, el 23 de septiembre, Valverde de Llerena era ocupada por los militares

En Azuaga

Por Azuaga pasaba la vía férrea Fuente del Arco-Peñarroya. Las miles de personas que se concentraron en Azuaga, unas provenientes de Valverde de Llerena y otras directamente de Fuente del Arco, acabaron en trenes fletados especialmente para trasladarlas hacia el centro de la Península, vía Almorchón. A partir del 21 de septiembre saldrían los trenes hasta Peñarroya y de ahí subirían por la línea Córdoba-Almorchón hasta esta última estación, desde donde saldrían hacia el centro. El 24 de septiembre de 1936 Azuaga fue ocupada por los sublevado

En Valdepeñas

A medida que avanzaba la evacuación, la gente iría quedándose en estaciones intermedias, según posibilidades y preferencias, pero sabemos que una buena parte de los huidos llegaron a Valdepeñas, posiblemente a través de Puertollano y Ciudad Real. En muchas localidades de esa provincia hubo numerosos problemas provocados por el hacinamiento de miles de refugiados.
Se conservan fragmentos de dos fotografías propiedad de uno de los huidos de Valencia del Ventoso, Julián Indiano. En ellas se ve a más de un centenar de personas (adultos, ancianos y niños), con los puños en alto delante de un arboleda, alrededor de unos calderos con comida. Algunos llevan armas en la mano y otros enarbolan periódicos, como si su hazaña hubiera sido publicada en alguna prensa

En Madrid

Madrid estaban llegando desde hace más de un mes un goteo de refugiados extremeños que a principios de septiembre habían formado un llamado Batallón de los Castúos Esta unidad militar se engrosó considerablemente con voluntarios salidos de los centenares de personas salidas de las columnas que a mediados de septiembre habían huido de Extremadura. Muchos de ellos participaron en la defensa de Madrid de noviembre de 1936. 



Seguid caminando, corred, seguid adelante, sin mirar atrás, 
huid de la matanza y la muerte que siembran aquellos traidores
que riegan de sangre nuestras tierras, campos y llanuras
dejando tras de si un cementerio eterno de llantos silenciosos

¡Huid, escapad si podéis! Seguid caminando huyendo de tan cruel destino
mientras los cuervos festejan tan reciente banquete de cuerpos en la tierra
regados y esparcidos por doquier mientras los lamentos se enmudecen
y los ojos se quedan secos después de tanto llanto

Ocho mil almas escapamos de tan cruel destino, sin saber que pasará
en busca de esperanza y salvación,huyendo de la muerte y los horrores
que dejan a su paso militares traidores en Extremadura
mientras el pueblo sufre en sus carnes la huella de militares facciosos

¡Huid, escapad! !No miréis atrás! ¡No os desvieis del camino!
ocho mil almas huyendo de los horrores de la guerra
que les persigue en su caballo mientras la tierra agoniza y perece
la vida a su paso, mientras enmudecen las voces y los cantos

domingo, 13 de abril de 2025

RECUERDOS TRICOLORES REPUBLICANOS

¿Qué fue de aquel pueblo revolucionario
Contra la dictadura de Rivera
De la monarquía traicionera
Del Berenguer reaccionario
que trajo la república?

¿Qué ha sido de José Díaz, la Pasionaria
Manuel Azaña, Companys, Caballero
De aquella furia revolucionaria
Del pueblo, del campesino y del obrero?

¿Qué fue de Durruti, Ascaso, García Oliver,
de todos aquellos que lucharon por el pueblo
de los poetas del Veintisiete y de la Barraca
de los maestros que rompieron las cuerdas de la estaca

de la ignorancia donde estábamos atados
y que con sus palabras fuimos liberados
qué fue de aquellos que lucharon
para enseñar al pueblo y con su sangre regaron
los campos de la libertad para un nuevo amanecer?

¿Dónde se fue la furia roja, del martillo y la hoz
Que luchó contra el militar
En nombre de la revolución social
Clamándola a viva voz?

¿dónde están aquellos pendones tricolores
que clamaban Libertad, Igualdad y Fraternidad
en un mundo donde surgían nuevos monstruos y nuevos horrores
que sumergían en el mar de la barbarie a la humanidad?

¿Dónde están, ahora? Enterrados en el olvido
El pueblo muerto, en las cunetas enterrado
El pasado con heridas aún no cicatrizadas
El golpismo triunfante sus ideas ha callado
Pero nada ni nadie ha sido olvidado
Vuestra voz no ha sido silenciada

jueves, 28 de noviembre de 2024

ESTABILIZACIÓN Y DESARROLLO LIBERAL EN EL SIGLO XIX

Las oleadas revolucionarias de 1820, 1830, y 1848 fueron movimientos populares acabaron con el absolutismo y el Antiguo Régimen e instauraron sistemas parlamentarios con igualdad ante la ley y sin privilegios estamentales. En todos los casos las revoluciones estallan justo después de una crisis de subsistencia (años de malas cosechas) y el desencadenante era algún abuso de los gobernantes absolutistas. 

El nuevo orden internacional tras el Congreso de Viena 

El 6 de Abril de 1814 firmó su renuncia Napoleón y en Francia se restauró la Monarquía. La Paz de París se firmó el 30 de mayo con un Tratado que no incluía demasiadas exigencias hacia Francia, favorecido por el apoyo al nuevo régimen monárquico francés; si bien ésta volvía a sus fronteras de 1792, obtenía algunos nuevos enclaves. Pero este Tratado anunció una segunda fase de la paz al comprometerse todas las potencias a enviar emisarios a Viena en el plazo de dos meses para completar los acuerdos del Tratado reunidos en un “Congreso General”; se trataba de configurar un nuevo ordenamiento para Europa. 

En Viena se reunieron 90 soberanos reinantes y 53 plenipotenciarios de príncipes o Estados desposeídos que reclamaban su restitución. En el tratado de paz los aliados decían que había que procurar un equilibrio real y duradero en Europa, lo que se regularía en un Congreso sobre bases convenidas de antemano. Se defendía la tradición, la legalidad y la monarquía, pero ya nunca fue posible volver al pasado porque las fuerzas liberadas por la revolución dominaron para siempre la nueva época. A la par que las nuevas ideas conservadoras, se gestaron las liberales posrevolucionarias que fueron las grandes triunfadoras de la época, las democráticas y las socialistas junto a las nacionalistas. 

Europa tras el Congreso de Viena (1815)

El Congreso fue convocado por Gran Bretaña, Austria, Rusia y Prusia. Entre los personajes más importantes, al lado del ruso Alejandro I y del austriaco Metternich, destacó el francés Talleyrand. Dio comienzo en octubre de 1814, y duró hasta la firma del acta final el 8 de junio de 1815. Prevalecieron las ideas de Metternich, que se resumen en el intento de no cambiar nada en el orden político; Austria además consolidó su posición en el norte de Italia y consiguió una salida al mar a través de las provincias Ilíricas. 

Alejandro I, Metternich y Talleyrand

Pero las fronteras que se aceptaron en Viena, con excepción de las de Polonia, fueron las defendidas por Talleyrand. Gran Bretaña fue la gran beneficiada, reconocida como primera potencia marítima. 

Previamente había quedado acordado que Austria se anexaría el Véneto y la Lombardía; que Cerdeña recibiría Génova y Saboya; que Bélgica quedaría unida a Holanda, bajo un rey holandés y libre de Francia y Gran Bretaña; que la orilla izquierda del Rin formaría parte de la Confederación Germánica, repartida entre Prusia y Baviera. La Confederación Germánica (Deutscher Bund) fue una unión creada por el Congreso de Viena para sustituir a la Confederación del Rin que a su vez había sustituido en 1806 por decisión de Napoleón al Sacro Imperio; se pretendía así asegurar la estabilidad de los múltiples Estados surgidos de aquel Imperio; agrupó a 39 Estados alemanes soberanos bajo la presidencia de la Casa de Austria, siendo los de Austria y Prusia los más poderosos. 

Talleyrand consiguió que Murat fuera sacrificado y el reino de Nápoles devuelto a los Borbones para satisfacer a España. Prusia y Rusia se repartieron Polonia; Rusia además consiguió Besarabia y Finlandia. 

Suecia se anexó Noruega permaneciendo Bernadotte, como recompensa de su traición a Napoleón. Italia quedó repartida en siete Estados: los reinos de Piamonte y de Lombardía-Véneto, los ducados de Parma, Módena y Toscana, los Estados Pontificios y el reino de las Dos Sicilias. 

El epílogo final fue la creación el 26 de septiembre de 1815 de la Santa Alianza; fue el zar Alejandro I quien propuso crearla. Junto con Francisco I de Austria y Federico Guillermo III de Prusia, pretendieron forjar un nuevo régimen de paz y gobierno cristiano en toda la faz de la tierra. El objetivo era conseguir una única nación cristiana con un único soberano, Dios. Era nada menos que el primer proyecto paneuropeo; en este caso sólo destinado a atajar la revolución; de hecho, en cada país se entendía de un modo diferente: en Austria era sinónimo de Constitución; no así en Rusia, donde el zar sintió pánico del contagio revolucionario de 1820. Pero Metternich prefirió una alianza meramente política, y así lo llevó a cabo el 20 de noviembre de 1815, tras los Cien Días y la llamada segunda Paz de París, para evitar cualquier alteración de la Europa de la Restauración: la Cuádruple Alianza entre Austria, Prusia, Rusia e Inglaterra, a la que se incorporó francia en 1818; podría intervenir en cualquier país para detener los movimientos liberales o revolucionarios, dando origen así a la Europa de los Congresos. Pero la diferencia entre Gran Bretaña y las políticas reaccionarias del resto lo vuelve inoperante desde mediados de los veinte, dándose por finalizada la Alianza a la muerte del zar Alejandro en 1825. 

Santa Alianza. Alejandro I de Rusia, Francisco I de Austria y Federico Guillermo III de Prusia

Las Asambleas Generales que se produjeron por el sistema de Congresos impuesto en Viena, suponen el antecedente de la Sociedad de Naciones tras la Primera Guerra Mundial, y de las Naciones Unidas tras la Segunda. Fueron las siguientes: Aquisgrán 1818, que acordó la retirada del ejército aliado de Francia; Troppau, en octubre de 1820, ocasionada por la agitación revolucionaria en el Sur de Europa; éste se continuó en Laybach de enero a mayo de 1821, con la participación de Austria, Rusia y Prusia, porque los ingleses no quisieron intervenir y los franceses se mantuvieron al margen. En Verona, el 20 de octubre de 1822 se decretó la intervención militar extranjera en España para acabar con el Trienio Liberal, encomendada a Francia, iniciándose el 7 de abril del año siguiente. 

La ocasión para materializarse las diferencias entre los miembros de la ya Quíntuple Alianza, y llegar a su final, se produjo por el caso griego, que entre 1821 (alzamiento contra Turquía), y 1829 (Paz de Adrianópolis), fue la primera divergencia de los aliados, manteniéndose Austria y Prusia neutrales mientras que Gran Bretaña y Rusia se comprometieron en 1826 a obtener la independencia griega, a lo que se adhirió Francia en el Tratado de Londres de 1827. A partir de ese inicio de disolución, en Inglaterra se siguió la política de no intervención. En América imperó desde diciembre de 1823 la doctrina “Monroe”, limitando la posible intervención europea en las antiguas colonias americanas a favor de la restauración de la antigua situación, como parecía imponer la época. Fue apoyado por Inglaterra, que declaró que no consentiría el restablecimiento de la soberanía española. 

Finalmente, las revoluciones de 1830-1832 dieron al traste con este sistema internacional, produciéndose un gran impulso del liberalismo y un gran aumento del peso del nacionalismo.
 
La restauración europea y los fundamentos moderados de las nuevas constituciones: los modelos parlamentarios francés y belga 

Tras los avatares del continente en la época de la revolución francesa y Napoleón, se llegó a la conclusión de que no se podían obviar los avances revolucionarios, ni se podía mantener éstos tal y como se presentaron a primera hora. Llegaba el momento de la moderación de la revolución para estabilizarla. 

En 1814, después de la primera abdicación de Bonaparte, los aliados consintieron la restauración de los Borbones en Francia en la persona de Luis XVIII, hermano de Luis XVI. 

Luis XVIII

Los aliados llegaron el 31 de marzo a París, y en dos meses, el 2 de junio, se promulgó la Charte o nueva Constitución, que fue redactada por el Senado napoleónico. Talleyrand obtuvo el voto del Senado para que el hermano del Rey estableciera un gobierno moderado y sensato. Así que la autoridad saliente, el Senado de Napoleón, otorgó legitimidad a la autoridad entrante. 

El futuro Rey aceptó las bases aunque requirió alguna reforma en las mismas, y en Saint Ouen prometió y confirmó algunas conquistas revolucionarias que se incorporaron a la Carta Constitucional. Pero Luis XVIII murió en 1824 y le sucedió su hermano Carlos X (1824-1830), convencido restaurador del absolutismo. Se hizo coronar en la catedral de Reims. Quiso la restauración de los mayorazgos, justificándola desigualdad en la Monarquía; llegó a conspirar contra su primer ministro, Martignac. Era un proceso semejante a la restauración de los Estuardo tras la revolución inglesa. Llegando la revolución tras las Ordenanzas de Julio de 1830 por el peligro que se sentía de liquidación del sistema. 

Carlos X de Borbón

Fueron los políticos más relevantes de la monarquía de Luis Felipe tras la revolución de 1830 quienes abrieron el camino a la aplicación del modelo de gobierno parlamentario en Francia y de ahí al resto de Europa: Thiers introdujo de hecho un principio no escrito pero básico del mismo: la dependencia ante las Cámaras del propio Rey al escoger a sus ministros; propuso restaurar antiguas libertades violadas y para ello buscó al príncipe que ofreciera garantías políticas y constitucionales y más próximo posible al monarca depuesto: Luis Felipe era primo de Carlos X y, por lo tanto, Borbón. Se consiguió así la casi legitimidad para mantener una legitimidad monárquica ajena al voto popular. Dos días de barricada en 1848, acabaron con esta monarquía. 

Si la época revolucionaria se caracterizó por el predominio de la Asamblea, la restauración se caracterizó por el reequilibrio de poderes a favor del Ejecutivo, en manos del Rey y, a partir de ahora, también del Gobierno responsable ante las Cortes y renovable: el “otro Ejecutivo”. En el desarrollo del poder Ejecutivo que sufrieron todos los procesos revolucionarios, fue decisivo el simple conocimiento de la práctica política en Inglaterra y el cambio en el mismo sentido en Francia desde las Cartas de 1814 y 1830, así como la Constitución belga de 1831, que fueron modelo de la Constitución española de 1837; y, desde luego, los nuevos diseños políticos de Constant, la difusión de la interpretación de Burke del sistema inglés, y el predominio del utilitarismo de Bentham y a los tratadistas franceses de La Restauración y de la Monarquía orleanista. 

Luis Felipe de Orleans

Es básico el robustecimiento de los poderes de la Corona, que ahora sí interviene en la vida de las Cortes con la disolución, suspensión y convocatoria, que sigue interviniendo en la legislación con la sanción o incluso el veto. La Asamblea Única se sustituye por un sistema bicameral; el sufragio pasa a ser directo y censitario; los antiguos secretarios del Rey, ahora ministros del Rey, tienen asiento en el Legislativo y pasan a ser ante ella responsables, aunque todavía lo recojan únicamente los reglamentos de las Cámaras. En definitiva, el cambio básico es la parlamentarización de la Monarquía que se introdujo por vía práctica. Ya había pasado la desconfianza hacia el Ejecutivo y había comenzado el temor hacia el excesivo dominio del Legislativo, que se incrementaría cuando tras 1848 parecía imparable el avance hacia la democracia y el socialismo. 

El constitucionalismo europeo evolucionó entonces hacia una ambigüedad exigida por la presencia en el sistema constitucional de una autoridad tradicional, la Monarquía, que representaba el orden y la unidad de acción, en el sistema de avance imparable que significaba el liberalismo. Se empezó a ver en la soberanía nacional el instrumento de todas las revoluciones, y temieron por su permanencia frente a las tendencias sociales y democráticas. Monarquía y Liberalismo no parecían fácilmente conjugables hasta que surgió la nueva teoría durante la revolución. 


La nueva cultura política tras la revolución francesa 

Los “ismos”, tanto políticos como sociales, surgieron por Europa tras 1815. Fue causa relevante de ello el ejército napoleónico que destruyó el viejo orden. Europa se metía en lo que casi no comprendía: industrialización y democracia. Por eso Musset decía que 1793 (fin de lo antiguo) y 1815 (fin de lo nuevo) eran dos heridas en el corazón que ocasionaron las enfermedades del XIX. 

Ante la extraordinaria ola revolucionaria producida desde finales del XVIII, surgieron los críticos de la revolución, y de entre todos ellos quizá el nombre y la crítica más destacada la de Edmund Burke, que acusó al pensamiento político de los filósofos de demasiado imprecisos y doctrinario, es decir, poco realista; a partir de ahí no se hizo esperar una reacción conservadora. 

Edmund Burke

En Inglaterra (Gran Bretaña desde 1707 y Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda desde 1801), la idea del orden natural adoptó la forma del laissez-faire. Su liberalismo se formó en torno a los utilitaristas de Jeremy Bentham, que comenzaron a destacar en 1810. Los utilitaristas eran profundamente racionalistas de tendencia ilustrada y prácticos, como su nombre indica; rechazaban la escuela de los derechos naturales por “metafísica”, ya que sólo confiaban en la ley positiva; contrarios absolutamente a Burke y a la tradición, proponían cambios radicales si era necesario, pero fueron evolucionando hacia los economistas políticos y la moderación.

A su lado, tuvieron gran influencia en el liberalismo inglés los economistas políticos, íntimamente relacionados con los utilitaristas; fue en esta época cuando se desarrolló el pensamiento político que habían iniciado en su momento los fisiócratas franceses y Adam Smith. Ahora fueron los británicos los principales protagonistas: Thomas Malthus, David Ricardo, Say, Sismondi; pero fue David Ricardo quien marcó la cumbre de este pensamiento en 1817 con sus Principios de economía política y tributación (ley de hierro de los salarios, teoría del valor del trabajo en la que se inspiró Marx). 

La izquierda política británica giró en torno a Godwin, Shelley y Mary Wollstonecraft, reivindicadora de los derechos de la mujer. Paralelamente, las dificultades del momento y el temor a una invasión francesa en la época napoleónica difundió una cultura popular exaltada de piedad y predicciones fatales; no dejaba de ser un romanticismo popular. 

David Ricardo

En Francia Joseph de Maistre y De Bonald lideraron la corriente conservadora más radical, los “ultramontanos”; rechazaron la idea de contrato social y creyeron en un régimen inevitable establecido por Dios; apoyaron la monarquía de derecho divino reanudando la tradicional unión del Trono y el Altar. De Maistre quiso acabar con el espíritu del XVIII y tuvo influencia en los socialistas como Saint-Simon, en su visión orgánica de la sociedad, o en Tocqueville. Igual que los ingleses sostuvieron que el orden social natural era el tradicional, el sancionado por la historia. Las Constituciones escritas las vieron como artificiales. 

La Fayette seguía siendo enteramente revolucionario, y en el medio se situaban los monárquicos liberales que defendían una monarquía constitucional; unos según el modelo revolucionario, de primera hora, y otros que ya buscaban una solución moderada. Entre los liberales hubo un pensador decisivo en el diseño de la nueva ideología del liberalismo posrevolucionario y que dio larga vida a la Monarquía; es Constant, y su teoría del Poder Moderador, junto con Madame de Staël, quienes sostuvieron el constitucionalismo y la monarquía de gobierno parlamentario. 

Constant y La Fayette

En Alemania, la humillación sufrida a manos de los ejércitos napoleónicos originó el nacionalismo; los grandes del pensamiento alemán, Herder y Fichte, lo predicaron; además liderando intelectual y culturalmente la nueva época que comenzaba con la Restauración. Fichte sostenía que un pueblo culto debía tener un gran Estado. Herder glorificó el Volk, el pueblo, recuperando la cultura popular. El nacionalismo defendía la nación como persona social, por lo que las naciones tenían derechos también. Tanto conservadores como socialistas en Francia buscaron un nuevo orden, mientras en Gran Bretaña triunfaba un fuerte individualismo liberal. En Alemania Hegel fue el último de los clásicos de la filosofía alemana. Uno de sus discípulos fue Marx. Pero la paz de Viena no contó todavía con los trastornos sociales y económicos propios de la época, y el dominio conservador hasta 1830 llevó a descubrir los defectos de la burguesía, destacándose especialmente su indiferencia al sufrimiento de los pobres, su falta de sentido social. Se iban destacando los defectos del liberalismo, siendo el más evidente el que lo más humildes no tenían protector y cada uno debía resolver su propio problema. 

Fichte, Hegel y Heder

Así fue surgiendo el pensamiento social del siglo XIX, a raíz de la indignación que se producía en los pensadores sociales el que el trabajo fuera considerado como una mercancía, lo que convertía la libertad burguesa en explotación. El pensamiento social en el XIX se diversificó en tres corrientes: la liberal, la conservadora y la socialista; ésta luchaba por la igualdad real, económica y política. El propio socialismo antes de Marx fue una forma de romanticismo. Las revoluciones de barricadas, de 1830 y de 1848, ya fueron románticas.

El desbordamiento liberal en las sucesivas oleadas revolucionarias y el surgimiento de nuevas naciones
 
Trienio Liberal en España 

Fue la revolución española de 1820 que repuso el liberalismo iniciando el Trienio, la que pareció dar la voz de salida a los movimientos liberales en Europa. El 1 de enero triunfó el pronunciamiento de Riego y el 10 de marzo tuvo lugar el manifiesto del Rey a la Nación. 

Las Cortes ordinarias se reunieron en mayo. El 6 de julio juró el Rey, el 9 fue impuesta la obligación de jurar la Constitución y de enseñarla a través del púlpito y la escuela. De julio a septiembre se llevó a cabo la práctica constitucional ya con resistencias del Rey y la división liberal. La precaria situación económica, unida a la crisis internacional de precios, no ayudó nada a la estabilidad y consolidación del nuevo sistema. En el Trienio se produjo la división liberal; por una parte estaban los “doceañistas”, que habían estado exiliados tras la vuelta de Fernando VII en 1814 y habían tenido ocasión de conocer la nueva cultura política posrevolucionaria en Francia e Inglaterra, además del funcionamiento de las instituciones de la Monarquía de gobierno parlamentario (en Francia desde la Restauración de 1814 con la Carta Otorgada de Luis XVIII). 

Por otra parte estaban los “veinteañistas”, los jóvenes que llegaban por primera vez a aplicar la Constitución ya mítica de 1812. Mientras los primeros fueron conscientes de que había que corregir el sistema que había fracasado en la Monarquía francesa de 1791 y en la española de 1812, y llegaron del exilio con un espíritu más moderado; los segundos pensaron que había que aplicar la Constitución sin ambages. La división se materializó en el debate surgido en septiembre de 1820, cuando Riego llegó a Madrid, acerca de la disolución del “Ejército de la Isla”. 

En esta época eclosionó el debate político a través de la prensa, que se convirtió en elemento estructural de la vida política; y de las “sociedades patrióticas” que se reunían en los cafés. Gil Novales las definió como “clubs abiertos a la discusión política” y Artola como “especie de tertulia política de café que llegaron a ser una réplica incontrolada y popular de las Cortes”; hacían peticiones a las Cortes y protagonizaban la defensa constitucional. Se empezaron a ver como amenaza de radicalización, de tal modo que el 21 de octubre de 1820 una ley restringió su existencia y no recuperaron su vida anterior hasta el verano de 1822; en octubre, un decreto restableció la libertad de imprimir y publicar. 

Entre las medidas más relevantes, destacan la ley de desvinculaciones, la ley de reforma de los regulares en octubre y el proceso desamortizador. Fue con estas medidas, especialmente con la última cuando se inicia el enfrentamiento de las Cortes con el Rey. Se repuso la Milicia Nacional. Ese enfrentamiento se materializó en el discurso de la Corona de la segunda legislatura que dio comienzo en marzo de 1821, el llamado discurso de la “coletilla”, que fue lo que añadió el Rey quejándose de sus ministros, manifestando la discrepancia con su Gobierno. 

A partir de octubre de 1821 se produjeron una serie de alzamientos y asonadas de exaltados en Cádiz y La Coruña. Las últimas elecciones del Trienio se produjeron en febrero de 1822 y dieron como resultado unas Cortes exaltadas, lo que provocó una contrarrevolución beligerante. En junio se multiplicaron las partidas guerrilleras. En julio llegó el primer gobierno exaltado con Evaristo San Miguel. 

Los gobiernos exaltados se sucedieron hasta que en abril de 1823 se produjo la intervención europea con la invasión de los 100.000 hijos de San Luis. Antes se había producido una división dentro de los exaltados, entre masones y comuneros, que la prolongaron en el exilio. Los primeros eran los anticipos de los futuros Progresistas que tenían ya una conciencia democrática y republicana.

El 20 de octubre de 1822, en el Congreso de Verona, se decretó la intervención militar extranjera, encomendada a Francia, iniciándose el 7 de abril de 1823 al mando del duque de Angulema. En la huida hacia Cádiz, se declaró loco al Rey y se nombró una Regencia con poder ejecutivo, pero el 29 de septiembre 

Fernando VII fue liberado por los franceses y volvió al absolutismo.

Fernando VII y Rafael de Riego

Las revoluciones de 1820 y 1830. El nuevo ciclo revolucionario 

Hubo muchos descontentos tras la paz posnapoleónica y frente a las políticas reaccionarias de la Santa Alianza: entre ellos los nacionalistas, demócratas y algunos liberales. Existían numerosas sociedades secretas de carácter muy diverso, tanto revolucionarias como ultraconservadoras. Se suponía que los dos centros europeos importantes estaban en París y en Ginebra (el “comité director” y el “Gran Firmamento”); pero fueron los carbonarios los que más se aproximaron a esa “conspiración mundial” que temían los conservadores. Su programa más general (el primer círculo, “la iglesia”) se ceñía a pedir el sufragio universal e instituciones representativas, en otro nivel (el segundo círculo, “el sínodo”), pedían la democracia y la república, y en el círculo más elevado (“el areópago”) ya pretendían una dirección común a todos los movimientos europeos; en este nivel se conocía el comunismo de Babeuf, que era el credo secreto, y quizás a eso se refería el temor de la Santa Alianza. En los estados alemanes de la Confederación surgieron las ideas nacionalistas y el movimiento juvenil alemán.
 
Desde 1815 hubo en Europa una “epidemia de conspiraciones” y entre los gobernantes de la Restauración surgió un miedo extremo a que se reavivara la hoguera de la revolución. A la amenaza revolucionaria española se sumó el progresivo triunfo en Francia de la izquierda. Resultado que ya en 1819 asustó a las todavía dominantes derecha y centro. 

Grecia estaba bajo el dominio otomano desde siglos atrás. En 1821 se levantaron contra los turcos, influidos seguramente por la burguesía comercial culta que iba surgiendo, la sociedad secreta nacionalista que se habida formado y el propio patriarca griego de Constantinopla. En 1822 la Asamblea nacional proclamó la independencia y estableció una Constitución como la española de 1812 A partir de ese año y hasta 1827, la colaboración egipcia con los otomanos fue importante para que los griegos fueran derrotados. El tratado de Londres de ese año, significó la intervención europea a favor de Grecia que consiguió derrotar a la flota egipcia, y en ese año llegó la derrota turca de Navarino; sin embargo, la invasión de la zona por Rusia y Francia, llevó a los ingleses a iniciar negociaciones con el Imperio Otomano para evitar la caída de Constantinopla en manos rusas. En 1829 se firmó el Tratado de Adrianópolis por el que se reconocía la autonomía de Grecia, Serbia y los principados rumanos de Valaquia y Moldavia. Finalmente, en 1830, Grecia obtuvo la independencia. 

Tratado de Adrianópolis (1829). Independencia de Grecia

En los pequeños Estados Italianos, se produjeron levantamientos en los ducados de Parma y Módena contra el poder temporal de los Papas y contra Austria. Pretendieron acabar con el poder absoluto para proceder a la unificación. Pedían Constitución y Mercado Único. En julio de 1820 se produjo la revolución de Nápoles como eco fiel de la española, dirigida por los carbonarios. El rey de las Dos Sicilias, que prometió una Constitución, dejó que los austriacos aplastasen la revolución entre febrero y marzo de 1821, y que se manutuviesen tropas en el territorio. En esta última fecha, se produjo el alzamiento en el Piamonte que llevó a la abdicación del Rey Víctor Manuel, siendo nombrado regente Carlos Alberto, miembro de su familia; juró la Constitución española, pero pocos días después se volvió al viejo orden. 

Fue ésta una preocupación especial de Metternich, que hacia vigilar a los revolucionarios de los distintos Estados; incluso colaboró con la policía papal. En Los Estados Pontificios se crearon las Provincias Unidas Italianas en 1831, pero no recibieron ayuda de Francia y fueron sofocados por Austria. 

Los Estados Germánicos se reordenaron en la Confederación Germánica que agrupaba a 39 Estados, heredera de la Confederación del Rin. Fue iniciativa de Rusia y Austria para garantizar la seguridad en torno a un gobierno reaccionario; la única institución conjunta era la Dieta, un congreso de delegados que tenía su sede en Fráncfort am Main. Se decidió que la Confederación podría obligar a los Estados que habían otorgado cartas constitucionales a derogarlas si se previa peligro para los principios monárquicos. 

En varios estados se movilizaron los estudiantes y formaron sociedades secretas para pedir unidad nacional y Constitución. Consiguieron las abdicaciones de los reyes de Brunswick, Sajonia, Hesse-Kassel y Hannover; pero Metternich consiguió detener el proceso con dura represión; había conseguido que la Dieta Federal aprobase el 23 de septiembre de 1819 los “Derechos de Carlsbad” por lo que se podían investigar las universidades, los profesores y las asociaciones de estudiantes, con severa censura para libros y periódicos. 

Prusia, presionada por Austria, se resistió también a la revolución, pero canalizó las aspiraciones liberales y nacionales de algunos Estados con el Zollverein o unión aduanera de los Estados del Norte de Alemania, que fue fundamental en el desarrollo industrial. Se llevó a cabo en 1834 entre Prusia, Sajonia, Baviera y otros catorce estados menores; quedó fuera Austria, que presidía la Dieta, renunciando así a su posición de jefe de la Confederación. Acabó siendo la base de la unidad nacional En 1835 comenzó la construcción del ferrocarril, favoreciendo el libre tránsito de mercancías entre los Estados, y subsiguientemente el gran desarrollo de la industria aumentaron en Alemania. 


En Portugal también se produjo entre agosto y septiembre de 1820 una revolución liberal, adoptándose las reglas electorales españolas para convocar Cortes Constituyentes; éstas se reunieron en 1821 y originaron la Constitución de 1822, fiel trasunto de la gaditana. Se organizó una monarquía constitucional bajo el rey Joao VI, con una Asamblea única. 

Pero en 1823 fue restablecido el absolutismo, como en España. La Vila-Francada del 27 de mayo, dirigida por Saldanha acabó en Portugal con el régimen de Asamblea. Joao VI disolvió las Cortes y mandó convocar Cortes tradicionales. En 1826 murió el rey, y su primogénito, Pedro IV, emperador del Brasil desde septiembre de 1822, fecha de la independencia, otorgó la Carta Constitucional y abdicó la corona portuguesa en su hija Doña María de la Gloria. Introducía en ambos países, el modelo de Monarquía Constitucional de gobierno parlamentario, la moderación de la revolución, además de la excepción de reconocer por única vez en un texto constitucional del XIX el Poder Moderador del Rey.

Juan Vi Portugal

Esta carta fue suspendida por la vuelta de D. Miguel, hermano de D. Pedro, desde el exilio en 1828 a través de un golpe que restauró el absolutismo, comenzando así, como en España, una guerra civil que duró hasta 1834, entre los absolutistas seguidores de D. Miguel, y los liberales que apoyaron a María Gloria. En 1834 se restauró el liberalismo siguiendo el mismo proceso que en España: en 1836 se retomó la Carta de 1826 para reformarla en sentido avanzado en 1838; pero en 1842 fue restaurada en su forma primera tras la revuelta de Costa Cabral, y ya duró hasta la proclamación de la República en 1910. Polonia había sido dividida en el nuevo mapa europeo de 1815 en tres partes, austriaca, prusiana y rusa, y desde entonces se fue gestando un sentimiento nacional que llevó a la revolución en noviembre de 1830, favorecida por la movilización del Ejército hacia Bélgica. Este movimiento revolucionario dio origen a un gobierno provisional, una Constitución y la anexión de Lituania. Pero no tuvo el apoyo europeo, fue reprimida por Austria y Prusia y en septiembre de 1831 anexionada por Rusia. 

En Rusia, concretamente en San Petersburgo, también se sublevó el 17 de octubre de 1820 una compañía del regimiento de la guardia imperial. Alejandro, partidario de algunas reformas, acabó entregándose a la política de Metternich, y cuando desapareció en 1825, dejó a su hermano menor Nicolás como heredero, lo que produjo revueltas y manifestaciones a favor del mayor, Constantino. Nicolás, durante su reinado, se dedicó a evitar la propagación de las ideas liberales, cerrando por completo las fronteras. 

Los acontecimientos de 1830 en Francia se produjeron ya bajo el nuevo reinado de Carlos X que había sucedió a Luis XVIII en 1824. Desde 1826 en el ámbito económico se sumó una crisis de subsistencias por la incorporación a la revolución industrial. Las cuatro ordenanzas de julio de 1830 (supresión de la libertad de imprenta, modificación de la ley electoral limitando el derecho a voto, disolución de la Cámara y convocatoria de nuevas elecciones) ocasionaron el levantamiento de París. Los diputados que estaban en París nombraron rey a Luis Felipe de Orleáns. Así se inició el nuevo reinado burgués. 

Luis Felipe de Orleans

La revolución del 30 repercutió en Bélgica que aprovechó para separarse de la Holanda protestante, optando por caer bajo la influencia francesa. Se formó así un nuevo reino con las provincias de Flandes y Brabante. Hasta entonces les iba económicamente bien pero políticamente mal, porque el Rey holandés era absolutista y centralizador. 

Los belgas pidieron en agosto, en Bruselas, independencia y Constitución, y optaron por Leopoldo de Sajonia-Coburgo, como Rey constitucional. Se formó un gobierno provisional y una Asamblea Constituyente que lideró esta petición. En junio de 1831, eligió el Congreso Nacional al candidato inglés a Rey, éste aceptó el poder del Parlamento, formándose un gobierno parlamentario. 

Independencia belga de 1831

El mapa de Europa se acabó de diseñar con la explosión del nacionalismo que fue desbaratando los imperios austro-húngaro y otomano. 

En Inglaterra, entre 1780 y 1830 se fue desarrollando el proceso de concentración en fábricas de algunas industrias. En esa época, en el resto del país, la industria siguió realizándose en pequeños talleres. La gran transformación de la economía, de doméstica a fábricas de producción en serie, se produjo después de 1830; eso fue así tanto como por la eficiencia agrícola, como por la mejora de las comunicaciones, con caminos de peaje y canales, la disponibilidad de crédito y la movilidad de la mano de obra. La construcción del ferrocarril se expandió rápidamente tras la apertura de la línea Stockton-Darlington en 1825. La urbanización ocasionaba nuevas tensiones y la sociedad se polarizaba cada vez más por clases sociales. 

Entre 1811 y 1822 se produjeron asaltos luditas contra las máquinas, alborotos originados por el hambre, revueltas campesinas, represiones sangrientas por el temor al ejemplo francés de la revolución. Fue el rápido crecimiento de las ciudades industriales, después de 1800 lo que originó el nacimiento de la clase obrera. Las aspiraciones de esta clase fueron articuladas por el denominado “cartismo”, organizado por las sociedades y sindicatos; pero todavía no era una clase obrera homogénea, pues la mayor agitación política provenía de los artesanos tradicionales y era organizada por ellos, por lo que se puede hablar de una “aristocracia laboral” y la masa obrera de las fábricas. 

Ludismo

La Ley de Unión de 1800 constituyó un momento más crucial en Gran Bretaña que la revolución francesa o la ley de la Reforma de 1832. Anunció el siglo XIX, incorporando Irlanda al Reino Unido y por tanto colocando los problemas irlandeses en primer lugar del programa político británico, ya que los 100 miembros que representaban a la provincia en Westminster estaban decididos a ejercer influencia decisiva. 

Al igual que Inglaterra, el derecho al voto lo determinaba la posesión del dominio absoluto de 40 chelines, que en Irlanda pocos los poseían. Por eso la mayor proporción de los electorados condales lo formaban arrendatarios vitalicios, lo que hacía a los electores más dependientes de los terratenientes de lo que lo eran los votantes ingleses. Casi el 80% de la población irlandesa era católica, pero los católicos no tuvieron derecho a ser candidatos hasta 1829, aunque si electores. De las otras iglesias, la mayor era la presbiteriana en el Ulster. Existían asimismo diferencias económicas, frente a la cada vez más industrializada Inglaterra, Irlanda era predominantemente rural. En la estructura social, los grandes 
terratenientes, a menudo protestantes y ausentes, arrendaban la tierra a arrendatarios, normalmente católicos, lo que agravaba las tensiones entre propietario y arrendatario. Primero porque el derecho a la propiedad lo tenían los terratenientes, en virtud de la ley británica, mientras que por la tradición irlandesa, los arrendatarios consideraban su tenencia convencional como un tipo de propiedad conjunta. En torno a estas tensiones, a las que se sumaban las diferencias étnicas y religiosas, giraba en Irlanda el conflicto social. 

La Ley de reforma de 1832 significó la adaptación del Reino Unido a las exigencias parlamentarias; ésta era la situación: unas 500 personas, casi todos lores, elegían hacia 1820 a la mayor parte de los Comunes; desde 1780 había habido unos 24 proyectos de reformas de los Comunes que no prosperaron; se aprovechó la revolución de París para que la oposición Wihg presentara un nuevo proyecto, que fue aprobada por los Comunes pero rechazada al principio en la Cámara de los Lores que al final cedieron; así surgió la ley de 1832, que adaptaba el sistema inglés a las exigencias parlamentarias; corrigió los distritos electorales para adecuarlos a la verdadera población; y finalmente, duplicó el cuerpo electoral, concediendo el derecho a voto a todo aquel que viviese en burgo o condado y fuera propietario de inmuebles con renta mayor de 10 libras por año. 

A raíz de esta ley se pudieron aprobar muchas otras de carácter social: así la abolición de la esclavitud, la de Educación, las leyes fabriles de 1833, la Nueva Ley de Pobres de 1834, la reforma matrimonial, la supresión del diezmo y desde 1846 el fin del proteccionismo sobre los cereales y el triunfo del liberalismo. 

En 1847 se llegó a la ley de 10 horas por presión del cartismo.
 
En Suiza el ejemplo francés influyó para iniciar la reforma cantonal en sentido liberal. 


Desde la razón al espíritu: el romanticismo
 
Rousseau fue el profeta del romanticismo. Luego, Kant, Fichte y Hegel profundizaron en la relación del espíritu humano y el universo. Con ellos se desecharon los sentidos como único medio del conocimiento, llegando a decir que el mundo exterior era un mero producto de nuestra imaginación, incluso la propia naturaleza sería una creación del alma. Los románticos se excusan en Dios y el destino que los ha hecho así. En ese nuevo culto al espíritu descubrieron las ventajas de la Edad Media frente al Renacimiento, la ventaja de las catedrales y castillos. 

Entre 1810 y 1830 ejerció su máxima influencia el romanticismo: En Inglaterra, Wordsworth, Coleridge, Shelley, Byron, Keats fueron nombres célebres. Madame Stäel popularizó en Francia a los alemanes con su obra Alemania, y entre la María Estuardo de Schiller que llegó a Francia en 1820 y Hernani de Víctor Hugo que la revolucionó en 1830, el romanticismo también allí salió triunfante; se sumaron Lamartine y Alejandro Dumas, que con Hugo fueron los escritores más eminentes de la época; hay que añadir a Musset, Stendhal, Balzac y Sand como mínimo. En pintura, Delacroix y en música Chopin y Liszt que estaban en París, completan un panorama cultural apabullante, lo que no evitó la guerra entablada entre “románticos”  y “clásicos”; no en vano el romanticismo trastocaba todas las reglas. 

Víctor Hugo sostuvo en 1830 en su obra Hernani, que el romanticismo era el liberalismo en literatura y que la libertad literaria era hija de la libertad política. Surgía así también la literatura nacional. Más adelante en su obra Cromwell, seguía diciendo que el romanticismo era el liberalismo frente al despotismo de sistemas creativos. Así que se estaba luchando por el romanticismo en plena era Metternich. 

En Alemania, Goethe, que se convirtió en la figura más grande de la literatura alemana, finalmente denigró el romanticismo. Ya en los años cuarenta y cincuenta la generación más joven comenzó a criticar a los románticos y asimiló un romanticismo depurado. En cualquier caso, el romanticismo no siguió una misma corriente política: abarcó desde Chateaubriand que fue católico y monárquico hasta Víctor Hugo que llegó a ser republicano y liberal, e incluso revolucionario. No en vano se trataba de seguir los sentidos y la intuición frente a la razón y las reglas establecidas, y hacerlo todo apasionadamente. Era llevar a todos los ámbitos la defensa de la libertad frente a la autoridad. 

Surgió el concepto de arte democrático popular. Se acudió también a países exóticos, surgieron personajes orientales, incluso la propia España, como tierra desconocida y casi salvaje sirvió de sustituta a Arabia, mostrando un gran desconocimiento de ella. 

Finalmente, así como en música vivimos todavía de la época romántica: Beethoven, Haydn, Schumann, Schubert, Chopin, en pintura el romanticismo ha sido reemplazado sucesivamente por múltiples movimientos artísticos, como el naturalismo, el impresionismo o la abstracción. Del mismo modo, el romanticismo fue sustituido en la creación literaria por el realismo y el naturalismo; y en el pensamiento por el positivismo.