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martes, 23 de junio de 2026

EL ARTISTA Y EL PODER EN LA EDAD MODERNA

Ya desde el siglo XV los artistas al servicio de las cortes italianas fueron tomando conciencia de que su papel en la sociedad estaba cambiando, una época en la que el genio y la posición social de los más grandes no se discutía. En este siglo las cortes europeas consolidaron ese estatus del artista, quien
por su proximidad al poder gozaba de privilegios inalcanzables para una mayoría de maestros de las distintas artes, que durante mucho tiempo debieron luchar por desembarazarse del control de los gremios sobre su oficio. Los autorretratos son un indicador cuando se inscriben en obras que el mismo autor considera que van a pasar a la posteridad por su excelencia, pero resultan más explícitos de la conciencia de un estatus los retratos que unos artistas hacen de otros, confiriendo así al retratado el estatus de los pocos que en esa sociedad merecían ese reconocimiento.


Todos los retratos que aparecen en la Escuela de Atenas de Rafael, situando a los grandes genios de las artes del Renacimiento como reencarnaciones de los sabios de la Antigüedad son un excelente ejemplo de lo que decimos. El caso de la pintora Sofonisba Anguisciola, que estuvo en la corte española como dama de la reina Isabel de Valois entre 1559 y 1574 es significativo, pinta un retrato de su maestro Bernardino Campi, que a su vez la está pintando a ella, con lo que crea un complejo autorretrato en el más que la exaltación de la pintura, a lo que asistimos es a la confirmación de un estatus, el del artista que es retratado por un pincel ajeno, al igual que cualquier noble.

Sofonisba Anguisciola

En todo el proceso que lleva al artífice perteneciente a un gremio, considerado un artesano, hasta el artista académico del siglo XVIII, que por el mismo hecho de serlo adquiría el más alto reconocimiento social, hubo una reivindicación constante, que giró en torno a las diferentes consideraciones que tenían las artes liberales y las artes mecánicas. Los oficios mecánicos se practicaban con las manos, exigían una técnica, pero no una capacidad intelectual y unos conocimientos científicos, así que un pintor podía tener la misma consideración social que un carpintero que hacía un banco, y todos estos oficios pagaban impuestos a la hora de vender sus obras. Las artes liberales en cambio, el Trivium (gramática, retórica y dialéctica) y el Cuadrivium (aritmética, geometría, música y astronomía), se enseñaban en las universidades y en los centros del saber, y los artistas lucharon para conseguir que su arte fuera considerado un arte liberal. La relación tan explícita entre la arquitectura y el conocimiento de la geometría y la matemática lo hizo más fácil para estos profesionales y los ingenieros militares, claro ejemplo Vitruvio.

Los escultores lo tuvieron en principio más difícil, puesto que se manchaban mucho en la realización de sus obras, pero los pintores tardaron tanto en conseguirlo porque los que practicaban oficios mecánicos no podían acceder a ese honor, reservado a los caballeros, así que debían demostrar entre otras cosas que nunca habían vendido una obra por dinero, haciendo prevalecer su condición de cortesano y criado del rey para conseguirlo. Nos encontramos por lo tanto con una cuestión que no atañe al reconocimiento social como algo intangible, sino como algo que permitía o impedía a un artista lo mismo entrar en una orden de caballería, que formar parte del gobierno de una ciudad, los lugares cambian las circunstancias, y no era lo mismo la corte española que la flamenca, ni las reglas por las que se regía cada modelo de sociedad.

La palabra, la obra escrita, viene como siempre a refrendar lo que la imagen nos cuenta, lo mismo que sucede a la inversa, y así Vasari (1550) fundó una historia del arte que evolucionaba con los artistas y no con los poderosos para los que trabajaron, pese a que se refería a ellos y a que él mismo fuera uno de los artistas que mejor supo reflejar en pinturas y arquitecturas el poder de los Médicis, hasta acabar creando la Academia de las Artes del Diseño, presidida por el Gran Duque de Toscana.


APELES Y ALEJANDROS REDIVIVOS

En ese afán de ascenso social, todos los argumentos fueron pocos, y así, fue recurrente la comparación entre la poesía y la pintura, porque a los poetas no se les negaba su pertenecía al universo de las artes liberales. La máxima del Ut pictura poesis llena los tratados y los escritos de la época moderna, porque se consideraba que la poesía era pintura hablada y la pintura poesía muda. Esta comparación se dio también en la pintura holandesa, si bien, el que la pintura fuera un buen medio para ganarse la vida la hacia superior a la poesía para algunos autores.

Se valieron también los pintores de la referencia evangélica, porque la tradición consideraba a san Lucas pintor de la Virgen y evangelista, y si nada más y nada menos que un evangelista había sido pintor…. quien iba a ser capaz de negarles a los pintores el estatus que merecían. El proceso por el que los artistas llegaron a ser incorporados a las series de hombres ilustres de las ciudades afecta tanto a la
literatura como a la obra de arte.

Hubo un argumento reservado solo a aquellos a quienes los contemporáneos otorgaron el nivel de excelencia, que fue el compararlos con Apeles. Ello llevaba aparejado que el gobernante que amparaba a ese artista fuese a su vez comparado con Alejandro Magno (este había prohibido por decreto que ningún otro pintor lo pintase). Uno de los casos en que más se utilizó esta comparación que engrandecía
tanto al artista como a su mecenas, fue el de Tiziano (aunque trabajó para otros monarcas) que fue llamado nuevo Apeles en relación con el emperador Carlos V el nuevo Alejandro Magno.

Alegoría de la Prudencia, c. 1565-1570 Tiziano Vecelli

Pero no fue sólo la literatura artística la que se encargó de consolidar una historia que equiparaba a los grandes pintores con el mítico Apeles, los mismos pintores lo hicieron. Un artista muy distinto que no trabajó para una corte, sino para una sociedad burguesa, como fue Rembrandt, dejó constancia de su superioridad artística, autorretratándose como Zeuxis, otro de los grandes pintores de la Antigüedad. En este caso no era el reconocimiento del poderoso lo que se ponía en valor, sino la excelencia de su pintura para alcanzar altas cotas de realismo y de engaño visual. El modelo de la Antigüedad les sirvió para buscar reconocimiento social.

Sebastiano Ricci, Apeles retratando a Pancaspe.
Comienzos del siglo XVIII. Parma, Galleria Nazionale.

EL ARTISTA DE CORTE

Botticelli. Palas y el centauro. 1482-83.
 Florencia. Galleria degli Uffiz
La corte de Praga del siglo XVI no hubiese sido tan reconocida sino fuese por Giuseppe Arcimboldo, pintor milanés de Las Cuatro Estaciones y de Los Cuatro Elementos, en estas obras el gusto por lo fantástico se suma a la fascinación por el conocimiento científico de la naturaleza, en un juego de imágenes dobles, que atraparía siglos después a los Surrealistas, los mecenas en este caso fueron Maximiliano II y Rodolfo II.

Uno de los casos en los que podemos comprobar plenamente la eficacia del arte para crear imágenes de
poder es la Florencia de Lorenzo el Magnífico, cuyo esplendor ha sido algo incuestionable en gran medida debido a la producción de artistas como Boticelli.

Aunque la historiografía cuestione la interpretación de sus obras. En 1481, Lorenzo envió a Roma a los mejores pintores florentinos para el papa la capilla que,  por el nombre del pontífice, recibe el nombre de Capilla Sixtina. Años después, Miguel Ángel completaría la decoración de la capilla, pero ya por entonces tenía algunas de las mejores obras del Quatroccento gracias a las dotes diplomáticas del Magnifico, que sabía del poder del arte para facilitar las relaciones entre potencias enemigas. Existían una serie de intelectuales que hacían programas iconográficos, en el caso de Botticelli, fue el humanista Poliziano autor del programa.

Pese a las indudables ventajas que tuvo siempre el ser un artista al servicio del señor, algunos no dejaron de notar la falta de libertad y la dificultad de moverse en un mundo hecho en gran medida de apariencia y engaños. Algunos artistas hicieron obras (grabados) críticas con el poder establecido, aunque para ello debían de ocultar su nombre y el lugar de impresión del grabado. Tanto la propaganda del poder como la contrapropaganda de lo que nos hablan es del poder de la imagen a servicio de los gobernantes, ya fuera para cimentar su fama o socavar la del enemigo.


Los artistas debían de tener una formación que justificara su inclusión como artistas de corte. El conocimiento de la Antigüedad era uno de los requisitos exigidos, formaron parte de los apasionados de las ruinas de la Roma antigua con un verdadero conocimiento arqueológico, admirando su historia, sus leyes y sus héroes; aunque no solo debían de conocer las proporciones que rigieron la arquitectura romana o el tratado de Vitruvio…debían saber también la razón para utilizar un modelo de un arco triunfal en una iglesia, o a Hércules en una historia de exaltación del gobernante. Esta cultura anticuaria hizo de los artistas de corte verdaderos intelectuales de ello dan fe sus casas, círculos, hábitos de vida y bibliotecas.

El sentido simbólico de muchas obras ayuda a entender la valoración que se dio a sus creadores, el Templete de San Pietro in Montorio es circular porque el círculo es símbolo de la divinidad, como la cúpula es símbolo de la esfera celeste. En la Antigüedad los templos circulares se dedicaban entre otros dioses a Vesta, diosa de la tierra, y a Hércules, símbolo de lo viril, de lo masculino. San Pedro era la piedra (la tierra) sobre la que se edificó la Iglesia, y se identificaba también con Hércules por su fuerza espiritual. Palladio en su tratado recordaría como los templos circulares se dedicaban también a la luna y el sol, los astros que regían la vida de los hombres, como San Pedro dirigía la Iglesia. Bruschi(1973) estableció cómo los cuatro nichos del interior, destinado a los evangelistas, y las cuatro capillas que iban en el pórtico circular que no se construyó, introducían el cuadrado, con lo que nos encontramos el círculo y el cuadrado, como en el hombre que dibujó Leonardo, como símbolo de una perfección geométrica que refleja la cósmica.

Templete de San Pietro in Montorio

Las obras de Palladio en Venecia o Vicenza fueron encargadas por una élite culta y exigente que, en el caso de las villas, necesitaba conciliar la representación del poder con la funcionalidad que exigía el cultivo de la tierra, pese a que no fue un arquitecto de corte, fue muy consciente de que a menudo tenía que acomodarse a la voluntad de aquellos que gastan su dinero más que a lo que realmente habría que hacer. Era una contradicción.

Un artista de corte debía de poseer la inteligencia y la capacidad suficientes como para adelantarse incluso a las necesidades de su señor. Quizá uno de los grandes ejemplos fue Leonardo al servicio de la corte milanesa, en la que fue pintor, decorador, escultor, arquitecto militar, inventor de ingenios y máquinas para la guerra y la paz. La nobleza no fue a la zaga de los reyes, también las grandes casas nobles sabían que su linaje debía ser celebrado con la imagen, para construir así la historia de la familia y de sus héroes. La arquitectura, la escultura y las pinturas del palacio del Viso del Marqués, nos hablan de cómo uno de los militares más famosos al servicio de Felipe II aunó el dominio de las armas con el de las letras y las artes. Es un palacio para ser leído como un libro, que nunca olvidara las hazañas y el poder alcanzado por el marqués.

 palacio del Viso del Marqués

Era lógico que nobleza y gobernantes tratasen de atraer a su servicio a los mayores artistas, Rubens supo reflejar la gloria de los grandes monarcas. En el caso de Luca Giordano, quien en la Gloria de la Monarquía Hispánica del Monasterio del Escorial, pone un broche de oro a la decoración de un edificio que desde su primera piedra se concibió como un monumento al poder de la monarquía. En esta obra
muestra a los gobernantes españoles como defensores de la fe.

Si a los artistas se les exigía la excelencia de su capacidad creadora, en sus conocimientos o en su técnica, también es cierto que para atraerlos había que darles unas buenas condiciones de vida y la posibilidad de enriquecerse. Uno de los signos de riqueza y estatus social es la casa, ejemplos como el de la casa de Rubens en Amberes, que fue una de las mejores de la ciudad y en la que guardaba su magnífica colección de pinturas, así como de esculturas de la Antigüedad. Ese afán coleccionista de algunos de los artistas es también un síntoma de que el dinero y el reconocimiento social se mostraban en comportamientos que los alejaban de los artesanos.


Paradigma del artista de corte, ligado también a un solo señor, en este caso el rey Felipe IV de España, lo fue Velázquez. Todo el orgullo y sabiduría del pintor se muestra en las Meninas. Vestido de caballero, con la Cruz de Santiago que tanto le costó conseguir, sostiene la paleta y el pincel mientras reflexiona. La pintura es pensamiento, y la cercanía al poder que demuestra en este cuadro, con los reyes en el espejo de fondo y la infanta en primer plano visitando el taller del pintor.


Vamos a reseñar tan sólo dos formatos, por un lado los tapices, y por otro el palacio real. El rey que se mueve necesita los tapices, el rey que permanece quieto necesita un palacio, pero todo debe ser acorde con su poder. La tradición de los tapices en la exaltación de la fama no desapareció en mucho tiempo, hacía falta un artista que ideara la composición, como lo hizo Vermeyen y un artesano capaz de tejerlo Panemaker, creadores de la famosa serie conquista de Túnez. Tan ligados al poder de la monarquía española estuvieron estos tapices, que se realizaron copias de ellos para no deteriorar los originales en el siglo XVIII. La razón de su importancia histórica radicaba en la conquista de Túnez, en tiempos del emperador Carlos V, había sido una de las mayores gestas de la monarquía en el proceso de expansión y de creación de la frontera africana, indispensable para el control del Mediterráneo Occidental frente al poder turco.

El precio de los tapices, los convertía en algo más valioso que las pinturas por su valor material, quizá por lo laborioso de su ejecución, los ricos materiales que se requerían (oro, plata, seda…), la facilidad en el transporte, etc. Eran verdaderos tesoros en las colecciones regias. El encuentro entre Luis XIV y Felipe IV en la isla de los Faisanes en 1659, fue la apoteosis del tapiz, realizándose uno conmemorativo de treinta y cinco metros cuadrados de manufactura de los Gobelinos.

Luis XIV y Felipe IV en la isla de los Faisanes en 1659

Por lo que se refiere a los palacios, los monarcas dieron a la estampa las grandes obras que construyeron para sus residencias. Estos grabados difundieron por Europa, América y Oriente la imagen del Escorial, Versalles, o Caserta, el carácter escenografito que exaltaba una idea de magnificencia que ya nada tenía que ver con el hombre renacentista y si con la idea del poder absoluto del barroco, una escala arquitectónica que reduce al hombre a súbdito de un monarca que controla el mundo como controla la naturaleza, la arquitectura y el arte. El artista como mero ejecutor de los deseos de su señor, debía dominar su arte y estar al día de lo que se hacia en otras cortes, a la vez que innovar.

Un pintor al servicio directo de un gobernante no sólo pinta, puede llevar regalos de una corte a otra, como hizo Rubens, y debe saber también cómo organizar una galería de pinturas, dando a todas las obras el sitio y la luz convenientes para hacerlas más vistosas. Uno de los viajes más famosos de la historia del arte fue el de Bernini, el gran arquitecto de los papas, llamado por Luis XIV para realizar el nuevo proyecto para el palacio real del Louvre, no lo hizo, pero si un busto del rey, el mejor exponente de la imagen de un poder que convierte al monarca en un ser de formidable espíritu, superior al resto de los mortales, quizá por su impronta del barroco romano, causó admiración a los franceses que pudieron contemplarlo cuando lo acabó.

EL ARTISTA BURGUÉS

Hubo otras maneras de ascender socialmente trabajando para nobles o comerciantes, realizaban no solo retratos u obras históricas o mitológicas, sino también religiosas, para oratorios, capillas o altares de iglesias. Los artistas en estos casos asimilaban las costumbres y la vida acomodada de la pequeña burguesía. La modesta procedencia de pintores como Rembrandt o Vermeer, hijos de pequeños comerciantes, hizo reforzar la idea de que la pintura era una más de los oficios para ganarse la vida.

Existió un mercadeo del arte, con obras ya realizadas, los marchantes se encargaron de difundirlas por toda Europa, y su papel creció al compás de la falta de demanda por los grandes clientes y la fama de caprichoso y problemáticos que tenían los artistas. El gusto artístico en Holanda evolucionó, en función de la demanda de una sociedad en la que predominaba una clase media que gustaba de verse reflejada en las pinturas que compraba para adornar sus casas, cosechando Rembrandt gran éxito.

Rembrandt 

La consolidación del oficio de marchante, de comerciante de pintura, dio lugar a que la producción artística no dependiera en cuanto a temas, formato, etc. del encargo directo de un cliente. Los pintores pintaban sus obras para convertirlas en mercancía, a destacar Vermeer, el cual hizo ambas funciones. Los marchantes transformaron el mercado de la pintura.

Murillo en la Sevilla del siglo XVII, tuvo una numerosa clientela, a los cuales retrató, y para quienes hizo obras que se adaptaran a su gusto, fue un excelente pintor de la vida cotidiana, sintetizando hasta el extremo los elementos con los que definía el espacio, en El sueño de patricio transmite la sensación de hogar sólo con el cesto de costura de la mujer. Su famoso autorretrato donde posa como un profesional orgulloso de su maestría, un burgués bien vestido que nos muestra los instrumentos de los que se vale, sólo un pintor de éxito valorado por los distintos poderes podía autorretratarse así. 

Murillo 

Otro artista que nos da claves del artista cortesano es William Hogarth, porque fue  pintor y grabador, pero también se interesó por cuestiones de estética como muestran sus textos, y se ganó muy bien la vida con su arte, creando una academia (también Murillo lo hizo). Un artista que sin ser beligerante con el poder establecido, que al fin y al cabo lo financiaba, no dejó de reflejar sus críticas en la sociedad en la que vivía. Sus escenas de interiores domésticos de las clases elevadas, concebidas como escenas teatrales, fueron difundidas en grabados, y hay en ellos muchas veces intención moralizante que preludia los intereses ilustrados de reforma de la sociedad mediante la sátira y a caricatura, de las que más tarde Goya En cualquier caso, el poder de la imagen se explica porque la vista fue considerada por mucho tiempo el sentido por el que de manera más inmediata llegaba el hombre al conocimiento, y su exaltación produjo obras como la de Brueghel el Viejo, en su serie dedicada a los cinco sentidos

William Hogarth, “El emperador de las Indias”,

En esta obra vemos representados muchos de los objetos que han ido apareciendo en las páginas de este Thomas Gainsoborough. Robert Andrews y su esposa. h. 1749. The National Gallery. Londres.libro como imágenes del poder: retratos, instrumentos científicos, ciudades, obras de la antigüedad clásica, imágenes religiosas…..

jueves, 18 de junio de 2026

EL CABALLERO

Todo pasa y todo cambia con el tiempo. Es inevitable. Pero la ciudad mantenía ese encanto medieval en su casco viejo, en contraste con las nuevas edificaciones que surgían lentamente. Los paseantes aún pueden disfrutar de las paredes impregnadas de historia, testigos mudos de acontecimientos ya olvidados, algunos escritos en las páginas de libros, otros, sumergidos en el mar del tiempo y las olas de la amnesia.

Los paseantes admiran la belleza de la ciudad, resaltando los contrastes obvios, la mezcla de modernidad y antigüedad, a cualquiera que esté atento al paisaje urbano que integra las modernidades y lo antiguo en un collage que no desentona con el ambiente de la propia ciudad, sino que la hace única, una joya. Los paseantes podrán observar, si prestan atención, el medallón de un caballero preparado para la batalla. A menudo vemos a los caballeros como su armadura. Están adornados con todos los honores, aunque no podamos discernir con facilidad su verdadera moral. Un error que incluso nosotros mismos cometemos respecto a la nuestra. Normalmente no pensamos en ellos como poseedores de una identidad más allá del estandarte que portan, o incluso, literalmente, del yelmo que llevan.

Podrían parecer cualquier ser despreciable bajo la visera y la cota de malla, y por lo tanto, son un ejemplo perfecto de cómo el hombre se convierte en su máscara. Son elevados como modelos a seguir con un alto rango en la vida, pero obtienen tales posiciones tras encuentros cercanos con la Muerte, habiendo perdido el privilegio de la individualidad y, en verdad, la individuación, al ser a menudo desviados por el Destino.

Se funden con la máscara hasta el punto de la autodestrucción en pos de un ideal, para ser recordados por sus hazañas, santas o no, nunca por su ser o su verdadera naturaleza, sino por la armadura que visten, símbolo de corazón y temple.

Y aun así, persisten implacables, casi como si fueran tal como se les percibe: cáscaras de acero —una vez muertas, vacías de voluntades que nunca tuvieron, autómatas sin mente que resuenan con un eco hueco, instrumentos percusivos de la voluntad ajena que se activan al ser golpeadas, ensartadas como miserables adornos o asadas al ser atravesadas— como hombres, o mejor dicho, seres cuya única razón de ser es completar interminables hazañas de caballería y valor, cumpliendo siempre las órdenes de sus amantes o vasallos.

Las historias contaban que, hace ya un tiempo, la ciudad fue invadida por un enemigo feroz.  La armada enemiga había llegado a la costa de la ciudad. La componían ciento treinta galeras, treinta galeotas y diez naves gruesas, llevando a bordo seis mil tropas y ocho mil mercenarios, con municiones y abastecimiento para seis meses. Reunida esta flota con las galeras y hombres, se acercaron a las murallas del castillo e hicieron un puente de antenas para subir cuatro en fila a los muros, al mismo tiempo que cavaban túneles para entrar. El enemigo había conseguido entrar en la ciudad, pero se encontró con una resistencia que no esperaba. 

Los confiados soldados pensaban que sería una presa fácil. Cuando los últimos defensores de la ciudad ya no podían ni sostenerse en pie, el enemigo tomó la ciudad. De los seiscientos hombres que lo habían defendido, no quedó ninguno vivo. El comandante enemigo, furioso por el precio que había tenido que pagar por aquella pequeña fortaleza, ordenó mutilar los cadáveres de los caballeros y arrojarlos al mar en forma de cruces, como mensaje a otras ciudades.

Sin embargo, este suceso no amedrantó a las demás ciudades, que unieron fuerzas contra el enemigo común. Los ecos de la batalla corrieron por todas partes, y los antiguos combatientes se unieron para acabar con el invasor y el enemigo común. Desde las afueras de la ciudad, los ejércitos de esta coalición concentraron todo su poder de fuego sobre el enemigo, que todavía estaba dentro de los muros de la ciudad.. El bombardeo fue tan intenso y continuado que testigos oculares describieron el suelo como literalmente removido por los impactos. Los defensores — que eran ya en su mayoría heridos, enfermos o agotados — combatían con una determinación que dejaba perplejos a los propios atacantes.

Los ejércitos entraron en la fortaleza, caminando libremente por terreno que todavía era campo de batalla. Consiguieron echar al invasor de sus tierras, convirtiéndose en una mera de bestias sedientas de sangre y venganza. La guerra muestra el verdadero rostro de la gente. Las situaciones extremas demuestran el sadismo oculto de los hombres, hombres que se convierten en bestias sedientas de carne y sangre humanas, su verdadero rostro oculto bajo una falsa máscara de moralidad en situaciones normales se rompe y muestran su sed de sangre y sufrimiento ajeno.

La victoria por fin llegó y el enemigo fue derrotado. Los ejércitos victoriosos eran aclamados por la población que alía a su paso. En conmemoración de esta victoria, miles de monumentos fueron erigidos recordando este suceso. Uno de ellos el medallón de este caballero victorioso, una figura anónima que recuerda ecos de un pasado no tan lejano, de una sociedad más complicada, donde yace una épica y un manto de leyenda diluido en el tiempo.

domingo, 31 de mayo de 2026

SUEÑO DE PRIMAVERA

El calor iba haciendo su aparición lentamente. La melancolía por la ausencia, nostalgia) del otoño, de algo casi presente, se diluye lentamente, se desvanece, a punto de desaparecer. Este presentimiento es consciente de un recuerdo y una presencia, y simultáneamente de su desvanecimiento, presenciándolo directamente allí. Últimos destellos de una dulzura agridulce de hojas aferradas al amarillo, bellas y brillantes junto al rojo, pero que dan testimonio de su despedida, dejándonos con la grisura vacía a nuestro alrededor, con el legado de la memoria, ya no de carne viva, sino solo a través de un recuerdo que vive únicamente en la nostalgia de algo que pronto llegará

La mujer caminaba lentamente, sin prisa. Sus pisadas eran suaves, rozando la tierra bajo sus pies mientras un manto verde comenzaba a surgir y las flores empezaban a germinar en los jardines y los rayos de sol entraban en las casas iluminando las habitaciones. De sus labios surgía una leve melodía, un canto que parecía que bajaba del cielo, una voz tan aguda, tan suave, tan celeste y tan rica que no parecía ser emitida por ningún ser vivo de este planeta.  El canto no cesaba y aquellos que estaban atentos a la melodía creyeron ver a una figura femenina desnuda; con largos cabellos que llegaban hasta la cintura, sin nada que la cubriese, con una piel tan blanca que parecía translúcida, su fisionomía parecía tan fina pero a la vez la de una guerrera, sus caderas parecía que se mezclaban con el verde de los bosques y su sonrisa era salvaje, como la de una hiena que primero enamora a su presa y luego la devora.

Su figura femenina desnuda; con largos cabellos que llegaban hasta la cintura, sin nada que la cubriese, con una piel tan blanca que parecía translúcida, pero que, sin embargo, parecía fundirse  con el verde de los bosques y su sonrisa salvaje y su dulce voz recordaba a la melodía de los pájaros. Con cada paso rozaba suavemente la corteza de los árboles, quienes se embutían de un savia renovada, su corteza se cubrían de un manto verde de musgo mientras las ramas crecían vigorosas con una savia nueva que recorría cada parte de su ser. La mujer seguía acariciando suavemente los viejos árboles a su paso , mientras bajo sus pies un gran manto verde aparecía cubriendo la tierra yerta y seca.

Llegó a un pequeño claro donde yacía un viejo árbol seco y mustio. En el centro del tocón había un hueco donde se encontraban resto de frutos, rodeados de musgo y helechos que parecían abrazarlo, angustiosos de su inminente final. La mujer, lentamente, se acercó al árbol. Con suaves caricias intentó realizar su magia, pero el viejo árbol no renacía. Volvió a intentarlo, mientras acariciaba y abrazaba el viejo ejemplar buscando una respuesta. Pero el viejo árbol no respondía. Con un fuerte abrazo, la mujer posó la cabeza sobre el tronco y una lágrimas empezaron a correr por su mejillas. Empezaron a recorrer lentamente su corteza, deshaciéndola hasta que no quedó más que serrín en la tierra. El polvo y el serrín se asentaron donde antes estaba el viejo ejemplar. La mujer lo recogió. Sus lágrimas mezcladas con el serrín crearon una masa y empezó a darle forma suavemente. Sus manos habían moldeado una semilla. La arrojó al mismo hueco donde antes estaba el árbol. La semilla se asentó y, lentamente, las raíces y los brotes empezaron a expandirse por la tierra.

La mujer se alejó con una sonrisa y siguió su camino. Mientras los montes oscuros y los cielos descoloridos se teñían lentamente de verde mientras el lejano viento enviaba, susurrante y distinta, la canción de las nuevas hojas, la mujer continuó su marcha perdiéndose en el horizonte. La primavera por fin había llegado. 

martes, 28 de abril de 2026

LAS CARTAS PERDIDAS

Los libros se amontonaban en las mesas mientras los estantes, antes impenetrables aparecían desnudos ante los ojos de los bibliotecarios. La antigua librería llevaba más de un siglo en el barrio, pero había sido comprada hace poco y los nuevos propietarios querían deshacerse de los antiguos muebles. Seguro que para crear un bar o un nuevo apartamento turístico: la zona del centro estaba muy solicitada últimamente y, para los turistas, querían evitarse el engorro del metro y de las estacione para moverse libremente por la ciudad. En una época de grandes cambios y globalización, los antiguos negocios desaparecían engullidos por la oferta y la demanda de un sector que proporcionaba más dinero a sus propietarios en un mercado más global.

Los obreros apilaban los libros y los colocaban en cajas. Su destino era incierto: los vendedores no querían saber nada de aquellos viejos volúmenes y los nuevos propietarios estaban más interesados en las tabletas y las pantallas electrónicas para leer e informarse. Era el fin de una era y el nacimiento de la era digital. Los viejos volúmenes se convirtieron en las víctimas involuntarias de esta nueva tendencia, muertos silenciosos que observan desde las estanterías desconociendo su destino.

Columnas y filas de ejemplares se amontonaban esperando ser trasladas a un destino incierto. Los paseos de los obreros eran el único ruido en la antigua librería, que veía cómo sus días de gloria habían pasado y su desnudez era cada vez más evidente.

En uno de los viajes, una de las columnas se derrumbó por el golpe inesperado de uno de los trabajadores y  su estructura se desmoronó ante los ojos de los demás, quienes, con fastidio, se apresuraron a  recoger y ordenar los libros del suelo. Algunos de los volúmenes  estaban abiertos, con las hojas dobladas y algunos ocultaban viejas fotografías y papeles.

Algunas eran fotografías de los autores, recortes de prensa donde había una crítica del libro o del propio autor: nada fuera de lo habitual. Pero algunos de los ejemplares habían dejado caer sobres y papeles demasiado largos y elaborados para ser simplemente una reseña o un recorte de prensa. Uno de los obreros llamó al capataz avisándole del hallazgo, y entonces se dedicaron a recopilar los manuscritos mientras el resto seguía con la faena.

El sobre y los papeles, ajados y amarillentos por el paso del tiempo, aun conservaban una escritura fuerte y legible. Algunos eran antiguos informes militares, partes dirigidos a señores de nombre Líster, Modesto y otros apellidos raros donde se detallaban datos y fechas con algún tipo de operaciones militares o escaramuzas que los obreros desconocían; otras eran cartas escritas a mano, que, a pesar del tiempo eran más o menos legibles.

Algunos de los autores escribían a sus familias “Querida mía. Hoy 22 de septiembre  de 1936. Sin novedad en el frente. El aburrimiento pesa. Hace una semana un grupo de falangistas intentó entrar en nuestra trinchera, pero acabamos repeliéndoles. ¡Salieron con el rabo entre las piernas! Pero los días suelen pasar sin novedad: cavar trincheras, mantenerla limpias, hacer guardia, otear el horizonte… lo único que rompe la monotonía son las clases  que tenemos por la tarde: después de comer un soldado que fue maestro nos enseña a leer y a escribir mientras nos da una lección de historia y nos recita versos de Machado o miguel Hernández. A veces nos enseñan a hacer números. Las cuentas no se me dan tan mal: voy cogiendo experiencia. La monotonía es lo más habitual.”

La carta continuaba.  La dejó a un lado y encontró más misivas. Historias olvidadas de un pasado cercano, silenciado pero a vista de todo aquel que oteara un poco con interés. Otra carta contaba  sobre sus compañeros de trinchera: "Paco, mi compañero en la guardia, es un tío bastante afable con una historia trágica como la mayoría de los que conozco. Ya de pequeño empezó a trabajar en una finca de Extremadura a las órdenes de un señorito (no entendí el nombre que me dijo) y sus calamidades no habían hecho más que empezar.  Su primer recuerdo era el del día que perdió uno de los cerdos que le habían encargado que vigilase y regresó a la finca llorando. El capataz le rebajó la ‘ración’, es decir, el pedacito de tocino que echaban en el potaje los jornaleros y que prácticamente era ‘la única cosa nutritiva que en él había’. Paco había comenzado su aprendizaje”. “Pronto salió a trabajar en los campos. Araba, sembraba y segaba con la hoz en las fincas donde los jornaleros contratados pasaban temporadas fijas, ‘siempre hambrientos a causa de lo poco que nos daban para comer, delgados como esqueletos’, durmiendo sobre paja en el suelo de tierra de los cobertizos, ‘todos juntos como en un cuartel’. La paja era la que las mulas y los bueyes no querían como forraje."

Como luego me confesó: (...) “Odiábamos a la burguesía, que nos trataba como a animales. Los burgueses eran nuestros peores enemigos. Cuando les mirábamos creíamos estar viendo al mismo diablo. Y lo mismo pensaban ellos de nosotros. Había odio entre nosotros, un odio tan grande que no hubiera podido ser peor. Ellos eran burgueses, ellos no tenían que trabajar para ganarse la vida, vivían cómodamente. Nosotros sabíamos que éramos trabajadores y que teníamos que trabajar, pero queríamos que ellos nos pagasen un jornal decente y que nos tratasen como a seres humanos, con respeto. Sólo había una forma de conseguirlo: luchando como ellos...”. En ese momento entiendes que la lucha no es sólo contra aquellos militares y moros que vinieron, sino contra aquellos que quieren que nada cambie para seguir explotando con la infamia como norma…

Las cartas continuaban narrando las desventuras, idas y venidas del autor. Algunas relataban su amargura y aburrimiento en las trincheras infinitas de una guerra pasada, pero otras eran más personales: Cariño, recibí tu paquete y tu carta ¡cómo me ha alegrado el día! Aquí los días se vuelven largos y eternos, pero dentro de poco tendré un permiso y podré irme a verte a Valencia. ¡Qué ganas de coger unas naranjas grandes y hermosas y tomar una buena paella alejado del campo de batalla junto a todos vosotros! Cuento los días esperando ese momento…

Más cartas aparecieron. “Un tipo hablando inglés vino a vernos junto a más compañeros. Ninguno de nosotros entendía qué decía, excepto cuando empezaron a entonar la Internacional. Todos nos pusimos de pie  con los puños en alto y empezamos a cantarla. Fue un buen momento…. Otras eran más trágicas Salí de la trinchera por un momento. De repente un ruido sordo retumbó por toda la estructura y salí disparado. La nube de polvo me entró en los ojos y la garganta. Los oídos me pitaban.  Me arrastré cuando puede y, cuando el polvo se disipó, todos estaban muertos. Muertos, muertos…

Los papeles amarillentos iban acompañados de fotografías del mismo color, donde a pesar del tiempo, las imágenes seguían nítidas. Imágenes de soldados vestidos en un cerro con fusiles, comiendo en tiempo de descanso, hablando entre ellos rodeados de paisajes agrestes, de ciudades y pueblos donde el color amarillo hacía su presencia y lamía lentamente los negativos. Historias de una época pasada. La última carta sonaba a despedida: “todo ha acabado. ¿El mundo? El mundo ha cerrado los ojos ante lo que estaba pasando aquí, dándonos la espalda: ha preferido arrancarse los ojos antes de toparse con la realidad. El mundo no quiere ver: ha mirado hacia otro lado y ha enmudecido. No quiere saber qué ha pasado aquí. Han callado y han cerrado los ojos mientras la gente era masacrada. Nunca quiere ver... no les importamos lo más mínimo.

Guardó las cartas en el viejo sobre.  Historias olvidadas de tiempos pasados, de tiempos cercanos desconocidos por la mayoría, historias desconocidas pero que no caería el olvido. Se encargaría de guardarlas y contra su historia. De difundirla. La gente tiene que conocerlo. Tiene que saber, pues el olvido es la muerte del alma, la maldición del hombre que tropieza con la misma piedra varias veces. En épocas donde los monstruos renacen bajo las sombras del miedo y la incertidumbre, los ejemplos de antiguas generaciones son necesarios para aprender.

El obrero dobló la carta en el sobre y la guardó mientras continuaba con su faena. Todavía quedaban muchas cajas y la jornada iba a ser larga, pero esa historia no caería en el olvido, sería contada sería recordada. Ecos de un pasado cercano, historias anónimas que forman parte de la historia colectiva, vidas anónimas que abren el camino para nuevas generaciones. Historias que merecen ser escuchadas. Cargó en sus manos todas las cajas que pudo y se apresuró a la furgoneta. La hora del bocata estaba cerca y se merecía un descanso. 

lunes, 13 de abril de 2026

NUESTRO PAPEL

¿Cuál es nuestro oficio?
¿Cuál es nuestra función?
¿qué podemos aportar nosotros, los comunistas?

Si todo está escrito
Si todo está hecho y no queda nada por hacer
Si las grandes batallas no volverán
Si la derrota parece extenderse por el mundo
Si el pesimismo es imperante
Si las banderas rojas yacen rotas y embarradas

¿Cuál es nuestro oficio?
¿cuál es nuestro papel?

Seguir denunciando la explotación del hombre
Seguir denunciando la acumulación de riqueza
Seguir abriendo los ojos y las mentes
Rompiendo la alienación de la matrix capitalista

¿Cuál es nuestro oficio?
¿cuál es nuestro papel?

Ver, observar la realidad
Oír, escuchar los gritos de los oprimidos
Y no callar ante tanta injusticia

Seguimos escribiendo páginas en la historia
Con tinta roja, papeles que se acumulan
Vidas anónimas, manos anónimas que fabrican y crean

Quieren quitarnos nuestro protagonismo
Que seamos testigos mudos e imparciales de la historia
Pero nosotros tomamos conciencia
Y escribimos nuestro destino

Tomando el papel que nos corresponde
En la eterna lucha contra el imperialismo
Contra la injusticia
En la eterna lucha de clases

martes, 17 de marzo de 2026

NOSTALGIA

Las viejas fotografías recuerdan un pasado cercano que dejó herida y que duele al recordar. Creo que solo las mentes más refinadas, las almas más profundas, pueden comprender que amar es recordar haber amado. Y cuando ya no queda nada más —si es que queda algo— la memoria puede salvar una historia de amor. Con la ayuda de dos fieles compañeras: la confianza y la responsabilidad.

El amarillo lame lentamente las fotografías, dejando su huella. Momentos e instantáneas de recuerdos juntos que pasamos juntos, disfrutando, donde el tiempo no importaba. Los amantes que pasan la vida juntos no pueden expresar con palabras lo que desean el uno del otro. Resulta increíble que, solo por el intercambio de placeres carnales, sientan una pasión tan ardiente por estar juntos. Es evidente, entonces, que el alma de cada uno anhela algo más, algo incapaz de expresar, y por ello lo manifiesta con vagos presentimientos, como si lo adivinara desde una enigmática y oscura profundidad.

No hace mucho, en compañía de un amigo silencioso y un poeta ya famoso a pesar de su juventud, di un paseo por un campo estival en plena floración. El poeta admiraba la belleza de la naturaleza que nos rodeaba, pero la encontraba impasible. Le atormentaba la idea de que toda esa belleza estaba destinada a perecer, que con la llegada del invierno desaparecería: como toda belleza humana, como todo lo bello y noble que los hombres han creado y crearán jamás. Todo lo que de otro modo habría amado y admirado parecía degradado por la transitoriedad a la que estaba destinado.

Eres emocional, frágil, dramática, un resonador para dagas grandes y pequeñas. Lo dijiste con ojos serenos, y no encontré las palabras para responderte. Mi sensibilidad, en el vocabulario de este cúmulo de células cardíacas del universo que te generó, es la sangre que tiembla y adquiere color al fluir como la savia de las hojas, como el río ansioso por regresar a casa, al océano, arrastrando consigo las piedras de la memoria en su largo viaje. La emotividad, la hemoglobina, es sinónimo de vida y de ti, porque yo soy la raíz, pero tú eres la rama, hija mía, y todo el cosmos tiembla conmigo si la vida no te acaricia con la misma mano con la que yo te acaricio. Porque es cierto cuando dices que todos somos una historia escrita por alguien; no sabes quién te escribió, pero con una de las pocas certezas que tienes, dices que me escribí a mí misma. Y si esa daga metafórica, grande o pequeña, ha atravesado repetidamente mi pecho, en su músculo más débil, te asombra que aún la sienta con tanta fuerza.

Tu risa. Arte innato que brota de tu garganta y da significado a todo. Un alegre melodía que se convierten en canción. No basta con sentir todo fluyendo por la sangre para nutrir el cuerpo, el significado y la lección no son suficientes. Se necesita creación, transformar el dolor en algo nuevo, elevarlo de la experiencia de la carne al misterio del alma. Te sorprendes de verdad, tú que, pedías una fuga de Bach, los girasoles y la oreja de Van Gogh, palabras para construir tus propios cuentos de hadas, la mente de un genio matemático para establecer el poder de la razón, los tentáculos de un pulpo en la oscuridad de la noche para asegurarte la libertad en tus manos, que retorcías y girabas en el vacío, feliz de hacer lo que te placía, y con esas mismas manos agarrabas el rostro de aquellos que hablaban pero no te miraban. Lo sé, lo has olvidado, pero yo no puedo olvidar cada momento que te concierne, y no soy una condena ni una sentencia, o peor aún, una afirmación de algo extraordinario; simplemente has arrancado de tu corazón la legítima expectativa de ser nada más que tú mismo..

Vivíamos en el ático de un edificio del siglo XIX en el centro de la ciudad, un viejo loft que acababa de ser ligeramente reformado, y a través de una ventana alta, la tenue luz de una vieja farola se filtraba en la oscuridad. Todo era muy romántico. A veces sentía su mirada sobre mí y me despertaba de repente, con un ataque de ansiedad. Pero en esos ojos azules, tiernamente miopes, leía tal sentimiento de amor que, sin decir palabra, volvía a dormirme con un breve suspiro y una sonrisa en mis labios entreabiertos. Al amanecer, con la farola apagada, las palomas en el tejado comenzaban a revolotear y piar, y yo, a regañadientes, me disponía a ir a trabajar, mientras  preparaba el desayuno. Trabajaba en casa e iba a su oficina a revisar el papeleo cada dos semanas. Al irme, me acariciabas y me perdía en la niebla de la ciudad, acompañada por el recuerdo de aquella noche en que tus ojos me habían velado. 

Lo dijiste con ojos serenos, y no encontré las palabras para responderte. Mi sensibilidad, en el vocabulario de este cúmulo de células cardíacas del universo que te generó, es la sangre que tiembla y adquiere color al fluir como la savia de las hojas, como el río ansioso por regresar a casa, al océano, arrastrando consigo las piedras de la memoria en su largo viaje. No sabría decir qué es el amor, pero sé que fui amado, y a veces sentía que me invadía una misteriosa sensación, transmitida por las miradas y tu breve, a menudo inconsciente, mensaje de quienes se detenían a mirarme, y en su mirada, la luz que siempre pensamos que acompaña al amor, se encendía brevemente

martes, 10 de febrero de 2026

VIDAS ANÓMINAS

La historia está llena de grandes hombres
grandes conquistadores
grandes reyes
grandes emperadores

grandes construcciones
grandes batallas
grandes naciones
grandes imperios

y su legado pervive en la memoria
en canciones, cantares, poemas épicos
en inscripciones en palacios y templos
en libros, crónicas, anales e historias

pero nadie recuerda quienes edificaron esas grandes construcciones
quienes sangraron en esas épicas batallas
quienes defendieron los imperios derrotados
quienes reconstruyeron las ruinas creadas
quienes cayeron y sangraron escribiendo con tinta roja páginas de la historia

Tantos relatos desconocidos
Tantas preguntas que hacerse
vidas anónimas de trabajadores y gente humilde
cimientos que sustentan la memoria de los pueblos y su historia colectiva

sábado, 7 de febrero de 2026

BUENAS RAZONES

Los días se vuelven cada vez más largos y pesados. Un eterno tormento. La monotonía se expande y se apodera de todo. El cansancio, el dolor, el miedo... miles de sentimientos se agolpan en mi pecho convirtiéndose en una carga que me arrastra al fondo de un negro abismo. Sus eslabones se entrelazan creando una cadena que cargo por la calle. Una penitencia autoimpuesta creada una vida monótona.

Los pasos cada vez son más pesados y los pies solo pueden arrastrarse camino a casa. La tierra parece empujarme hacia al abismo mientras miles de manos invisibles reclaman un alma perdida, alejada de su verdadero lugar, exigiendo que vuelva a donde pertenece: la oscuridad eterna, el vacío infinito donde los tormentos no tiene fin y se multiplican. Cada paso se convierte en una odisea, un camino eterno e interminable donde Ítaca parece cada vez más lejana.

Llego a casa por fin y ahí estás tú, mi gracia salvadora, la mano divina. Hay que ser ciego o extremadamente seco si no se siente alegría, un fragmento de encanto infantil, una emoción de asombro goethiano. Me sonríes y mis preocupaciones se disipan mientras te devuelvo el gesto, una leve sonrisa marcada por el cansancio y el agotamiento. Mi cuerpo se siente pesado, los músculos no responden y la ropa de repente se siente incómoda, una carga de la que deshacerse. El cansancio. vuelve con más ímpetu que antes, se apodera de mi ser. Hay mucho dolor grabado en el cuerpo, que es dolor del alma. Sólo las caricias, el movimiento, la música y escuchar la voz de la piel pueden sanarnos. Dicen que la caricia dulce, suave, la que se siente intensamente, tiene inmenso poder: sana el alma. Dicen que sentir la piel es el camino para sentir el alma. Dicen que los poros no filtran, respiran: inhalan y exhalan. La respiración de la piel da vida al alma. Cuando sentimos la brisa fresca o el calor del sol, nuestra alma sonríe y el corazón se expande; cuando el frío es agobiante o la textura de algo que tocamos es dura y gélida, el alma frunce el ceño y el corazón se recoge.

Mi cabeza reposa en tu pecho. Una suave almohada que reconforta mi mente y disipa mis miedos. Los pensamientos se disuelven  en el aire, dejando paso a la calma y la tranquilidad. Los miedos, las preocupaciones, los temores... dejan de ser importantes en este momento y una sensación de alivio inunda mi cuerpo. Ojalá no despertara nunca. Quiero mantener esta sensación lo máximo posible, aferrarme a ella como un clavo ardiente. Hay que ser ciego o extremadamente seco no se siente alegría, un fragmento de encanto infantil, una emoción de asombro goethiano. Claro que hay buenas razones para ello.