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lunes, 13 de abril de 2026

NUESTRO PAPEL

¿Cuál es nuestro oficio?
¿Cuál es nuestra función?
¿qué podemos aportar nosotros, los comunistas?

Si todo está escrito
Si todo está hecho y no queda nada por hacer
Si las grandes batallas no volverán
Si la derrota parece extenderse por el mundo
Si el pesimismo es imperante
Si las banderas rojas yacen rotas y embarradas

¿Cuál es nuestro oficio?
¿cuál es nuestro papel?

Seguir denunciando la explotación del hombre
Seguir denunciando la acumulación de riqueza
Seguir abriendo los ojos y las mentes
Rompiendo la alienación de la matrix capitalista

¿Cuál es nuestro oficio?
¿cuál es nuestro papel?

Ver, observar la realidad
Oír, escuchar los gritos de los oprimidos
Y no callar ante tanta injusticia

Seguimos escribiendo páginas en la historia
Con tinta roja, papeles que se acumulan
Vidas anónimas, manos anónimas que fabrican y crean

Quieren quitarnos nuestro protagonismo
Que seamos testigos mudos e imparciales de la historia
Pero nosotros tomamos conciencia
Y escribimos nuestro destino

Tomando el papel que nos corresponde
En la eterna lucha contra el imperialismo
Contra la injusticia
En la eterna lucha de clases

viernes, 1 de agosto de 2025

LAS DINASTÍAS DE CHINA

Nos debemos remontar a más de 4.000 años de antigüedad para descubrir la primera gran dinastía China de la antigüedad. Se considera que fue la Dinastía Xia la primera que reinó en China, entre el 2100 a.C. y el 1.600 a.C., aunque apenas se tiene información ni detalles. La Dinastía Shang que supuestamente sucedió a la Xia, si pude considerar como la primera gran Dinastía documentada de la historia de China.

Es verdad, que resulta muy difícil determinar quienes son los autores auténticos de muchos inventos, porque, muy a menudo, tanto por modestia como por desinterés, los inventores de otros tiempos no permitían que sus nombres se difundieran entre el pueblo. Pero, según los numerosos testimonios de que se dispone actualmente, no parece dudoso que se deba atribuir estas dos invenciones al pueblo chino.


Dinastía Xia (mito o realidad)

En la historia de China, como en la historia del mundo en general, las guerras o conflictos están muy presentes. Era muy raro que una dinastía se apartase para dejar paso a otra nueva. La segunda dinastía solía establecerse tras la caída de la primera.

Además, la dinastía derrocada seguía existiendo con pretendientes que buscaban reestablecerla. Sin duda, nos remontamos a una historia de hace cerca de 3500 años.

Supuestamente, la cultura china se inauguró con tres emperadores: Fuxi, Shennong y el emperador amarillo Huang, que es considerado el verdadero creador de la cultura china. No obstante, hablamos de «supuestamente», ya que no existen registros históricos que demuestren la existencia real de estas personalidades, que datan según la tradición de en torno al año 3000 a.C.

Para aprender a entender la cronología de la historia de China, quizás te resulte útil conocer las fechas de las dinastías chinas más importantes. Antes de las dinastías reales, China vivió un periodo denominado Periodo de los Tres Augustos y Cinco Emperadores (三皇五帝 sān huáng wǔ dì), que según las fuentes historiográficas dató del año 2070 a.C. hasta el 1600 a.C. (470 años). Como ya hemos dicho, resulta que en este periodo se solaparon múltiples dinastías.

A nivel histórico estamos hablando de la Edad de Bronce. 🥉

La dinastía Xia (夏朝 Xiàcháo (Sia)) va desde 2205 a.C. hasta 1570 a.C. (635 años). Es la primera dinastía china, que se caracteriza por ser la primera dinastía hereditaria en la historia de la cultura china. Según las memorias de Sima Qian, en ella se sucedieron 17 reyes. Esta dinastía desapareció cuando su gobernante fue expulsado de la ciudad por la opresión a su pueblo y el abuso de poder.

Dinastía Shang (1600-1046 a.C.)

La dinastía Shang (商朝 Shāngcháo Chen) se sitúa desde el siglo XVII a.C. hasta los años 1050/1025 a.C., aproximadamente (unos 550 años). Conocida también como «Dinastía Yin», es la primera de la que guardamos documentación histórica. Su extensión territorial abarcaba el valle del río Amarillo y en ella se sucedieron un total de 29 reyes. 🐉


Dinastía Zhou (1046-256 a.C.)

La dinastía de los Zhou occidentales (西周xī zhōu) fue desde 1050/1025 a.C. hasta 771 a.C. aproximadamente (270-280 años).

La dinastía de los Zhou orientales (東周 dōng zhōu)va de 771 a.C. hasta el año 256 a.C. (515 años), que se dividió en dos:

Periodo de las Primaveras y Otoños (春秋 chūn qiū): desde el año 722 a.C. hasta el año 481 a.C. (14 reyes). Su nombre proviene de una crónica cuya autoría se atribuía a Confucio. Durante este período, el poder se descentralizó. Fue un periodo de la historia de China muy convulso al sucederse numerosas batallas y anexiones. Debido al lento progreso de la nobleza, se produjo un aumento en la alfabetización, lo que animó a su vez a la libertad de pensamiento y al avance tecnológico.




Periodo de los Reinos Combatientes (戰國 zhàn guó): desde el año 481 a.C. hasta el 222 a.C. (11 reyes). 

Esta denominación proviene del Registro de los Reinos Combatientes, compilado en los primeros años de la dinastía Han.

La construcción de la Gran Muralla China tal y como la conocemos hoy en día, empezó en el siglo III a. C. (-300 a -201) y continuó hasta el siglo XVII de nuestra era.

Dinastía Qin (221-206 a.C.)

A partir de aquí comienza el periodo de las dinastías chinas imperiales: Edad del Hierro y época feudal.

El mundo chino vivió muchos cambios. Antes de la Revolución Cultural, la llegada del partido comunista e incluso antes de la Segunda Guerra Mundial, varias dinastías fueron sucediéndose en el poder.

La dinastía de los Qin (秦 qín) va de 221 a.C. hasta 206 a.C. (15 años). Esta dinastía llegó con el primer emperador de China, Qin Shi Huangdi. Esta dinastía se caracterizó por una China más reunificada y grande que la gobernada por los Zhou, una China más fuerte, centralizada y unificada. Además, tuvo 4 reyes y 3 emperadores. Liu Bang, que dirigió una rebelión militar contra el ejército Qin, se proclamó emperador, fundando así una nueva dinastía.



Dinastía Han (206 a.C.-220 d.C.)

En la dinastía de los Han hubo 15 reyes. Con esta dinastía, China pudo prosperar con rapidez en la agricultura 🍚, la industria y el comercio 🍵. El general Zhang Qian fue enviado a las regiones del Oeste para buscar caballos que pudieran ayudarles a librar las guerras contra los hunos. A su vuelta, se inauguró la Ruta de la Seda.

Se inventó el papel, promoviendo así la educación y una serie de técnicas nuevas que revolucionaron el país. Los ideales que fundamentaron esta dinastía fueron desapareciendo y consigo aumentó el malestar y las revoluciones en distintos puntos. En esta dinastía, encontramos los siguientes periodos:

La dinastía de los Han occidentales (西漢 xī hàn): 206 a.C. hasta 9 d.C.

La dinastía Xin (新 xīn) – Interregno de Wang Mang: 9 d.C. hasta el año 24 d.C. Este período estuvo caracterizado por el «usurpador» Wang Mang, quien instauró su propia dinastía y trató de instaurar un estado basado en el pensamiento confuciano.

La dinastía de los Han orientales (東漢 dōng hàn): desde el año 25 d.C. hasta el 220 d.C.


Dinastías Jin y otras menores

Aúnas varias dinastías en este apartado porque no tienen tanta relevancia histórica; por lo que junto a la dinastía Jin se suele hablar también de otras dinastías menores que hubo con anterioridad.

Época de los Tres Reinos

Estamos hablando de la época de los Tres Reinos (三國 sān guó) que fue desde el año 220 d.C. hasta el año 280 d.C.

  • El reino de los Wei: 6 emperadores (220 a 265)
  • El reino de los Shu: 4 emperadores (221 a 263)
  • El reino de los Wu: 2 emperadores (222 a 280)

Dinastía Jin

La dinastía de los Jin (西晉 xī jìn) va desde el año 265 d.C. hasta el año 420 d.C. Tras un periodo bastante convulso con la anterior época, la dinastía Jin propició la reunificación a partir de dos etapas: los Jin Occidentales (266-316) y los Jin Orientales (317-420).

Sin embargo, esta reunificación no duraría demasiado, puesto que algunos pueblos nómadas del norte habían formado varios estados y tenían una larga tradición militar. Finalmente, estos estados del norte acabarían conquistando más terreno y el estado Jin desaparecería del norte de China para pasar a dividirse en un total de 16 reinos. Debido a esta conquista del norte, se produjo un importante éxodo de la población desde el norte hacia el sur.


Época de los 16 Reinos de los Cinco Bárbaros

Luego de los Jin, vino la época de los 16 Reinos de los Cinco Bárbaros (十六國 Shíliùguó) en China del Norte: de 304 hasta 439 (11 emperadores). Esta etapa se caracterizó por ser un periodo de fragmentación política y de caos. Estos reinos estaban constituidos por pueblos de etnia que no era de origen chino.

Dinastía de los Wei del Norte

La dinastía de los Wei del Norte (China del Norte) fue desde el año 386 hasta el 535.

Época de las 6 dinastías en China y China del Sur

La época de las 6 dinastías en China y China del Sur (六朝 Liù Cháo): desde el año 420 hasta el 589. Los tuoba, otro pueblo de etnia no china, consiguieron unificar el norte de china al derrotar a todos esos pequeños estados y proclamar la dinastía de los Wei del Norte.

Con la unificación del norte, China quedaría dividida en dos estados: uno al norte en el que se sucederían las dinastías septentrionales (Wei del Norte, Wei del Este, Wei del Oeste, Qi del Norte y Zhou del Norte) y otro al sur, donde se sucedieron las dinastías de los Song, los Qi, los Liang y los Chen.

Dinastía de los Sui

La dinastía de los Sui (隋 suí): desde el año 581 hasta el 618 (5 emperadores). Esta dinastía logró derrotar a la dinastía Chen del Sur por lo que se pordujo una reunificación del Norte y del Sur. Fue en este momento en el que se amplió la Gran Muralla China y se promovió el budismo.

Dinastía Tang

La dinastía Tang (唐 táng): desde el año 618 hasta el año 907 (7 emperadores). Destaca porque una de las concubinas del reinado del segundo emperador de esta época logró alcanzar tal poder que se proclamó como emperatriz: la Emperatriz Wu, la única mujer que gobernaría China en toda su historia, quien a su vez fundó la nueva dinastía Zhou (690-705).



Época de las Cinco dinastías y de los Diez Reinos

La época de las Cinco dinastías y de los Diez Reinos (五代十國 wǔ dài shí guó): desde 907 hasta el año 960 (7 emperadores y 10 reyes).

La inestabilidad ha sido clave en el país a lo largo de su historia, y como no iba a ser distinto, también lo fue en estos años, donde se sucedieron cinco dinastías muy breves en el norte de China, mientras que aparecieron diez reinos independientes en el sur. De ahí el nombre de este período de la historia de China.

Dinastía Liao

La dinastía de los Liao (遼 liáo): desde 907 hasta 1125.

Segunda Dinastía Jin

La segunda dinastía Jin (金 Jīn): desde 1115 hasta 1234.

Dinastía Song

La dinastía de los Song (宋 Sòng). Esta dinastía nació a continuación de las cinco dinastías que se sucedieron en el norte del país.
  • Los Song del Norte (北宋 běi sòng): desde 960 hasta 1126 (9 emperadores). En esta época, la dinastía controlaba la parte principal del territorio histórico de China.
  • Los Song del Sor (南宋 nán sòng): desde el año 1126 hasta el 1279 (9 emperadores). Tuvieron que refugiarse en el sur tras la derrota frente a los Jin, uno de los estados de etnia no china que se sucedieron en el norte.

Dinastía Yuan

Sin embargo, la reunificación de China vino de la mano de los mongoles, un pueblo extranjero que conquistó el territorio chino, proveniente del norte. Este hito marcaría el final de la dinastía Song y el principio de la de los Yuan.

La dinastía de los Yuan (元 yuán) o la dinastía de los mongoles fue desde 1279 hasta 1368 (15 emperadores). Como hemos dicho, este pueblo nómada del norte llegaría para establecer uno de los mayores imperios de la historia de la humanidad. Gracias a sus conquistas, se extendieron hasta Europa Oriental, Irán y China.


Dinastía Ming (1368-1644)

La dinastía de los Ming (明 míng) va desde 1368 hasta 1644 (16 emperadores).

Las dos últimas dinastías de China abarcan un gran periodo histórico: 544 años para ser más exactos. La dinastía de los Ming incluye 16 emperadores, pero también indica la época en la que reinaron. La familia de los Zhu la fundó en 1368. El símbolo chino utilizado para designar esta dinastía significa «luz, claridad».

La dinastía de los Ming sucedió a la dinastía Yuan, una dinastía llegada directamente de Mongolia. Tras más de un siglo dominados por un pueblo extranjero, los chinos rechazaron este reinado y se inclinaron hacia la dinastía Ming. Una revuelta campesina empujó a los Yuan a la frontera de las estepas mongolas y luego permitió a la dinastía Ming establecerse. Estos son los emperadores que se sucedieron a la cabeza de la dinastía Ming:
  • Hongwu (1368-1398)
  • Jianwen (1398-1402)
  • Yongle (1402-1424)
  • Hongxi (1424-1425)
  • Xuande (1425-1435)
  • Zhengtong (1435-1449)
  • Jingtai (1449-1457)
  • Chenghua (1464-1487)
  • Hongzhi (1487-1505)
  • Zhengde (1505-1521)
  • Jiajing (1521-1566)
  • Longqing (1567-1572)
  • Wanli (1572-1620)
  • Taichang (1620)
  • Tianqi (1620-1627)
  • Chongzhen (1627-1644)
La dinastía Ming fue la primera de origen Han. En la época de la dinastía Ming, China era un país más fuerte y avanzado de la tierra: se produjo un renacimiento cultural ✨, las artes se desarrollaron y, también bajo esta dinastía, aparecieron las primeras obras de porcelana. 🏺

Además, el comercio chino se expandió por todo el océano Índico y hasta el continente africano. El ejército chino se amplió y contaba con un millón de hombres por aquel entonces. Cada año se producían más de cien mil toneladas de hierro. Por otra parte, también bajo la dinastía Ming, se imprimieron y comercializaron los primeros libros con caracteres chinos (sinogramas) móviles.



Dinastía Qing (1644-1912)

Última dinastía imperial y desafíos frente a la modernización.

La dinastía de los Qing (清 qīng) o la dinastía manchú fue desde 1644 hasta el año 1912 (12 emperadores).

La dinastía Qing consolidó la expansión territorial de China al incorporar otros terrenos como Taiwán, Tíbet, XInjiang o Mongolia. A pesar de su fortaleza militar, se sucedieron también numerosas rebeliones, destacando la Rebelión Taiping.


La Imprenta en China

Los chinos fueron los primeros en lograr imprimir algunos textos, lo que ocurrió por el siglo II a.C. Pero, para llegar a este logro, ya disponían de papel, cuya técnica de manufactura dominaban muy bien, desde hacía muchas décadas; también, disponían de tinta, otro elemento esencial, que los chinos conocían ya hacía unos 25 siglos y, finalmente, sobresalían en el arte de hacer relieves. Esta técnica la empleaban utilizando mármol para escribir en relieve pensamientos budistas; las superficies se untaban con tinta y, los peregrinos, provistos de una hoja de papel, presionaban sobre el relieve para obtener una copia de lo escrito y de la misma manera y propósito, se hicieron sellos con frases o figuras religiosas. Pero, pronto surgió la necesidad de reemplazar tales materiales. Estos son los primeros pasos del arte de imprimir y hubo de transcurrir tiempo para que los signos de los textos se fabricaran en madera y separados unos de otros; pero el inconveniente surgía por el trabajo que demandaban y también por la dificultad de lograrlos idénticos. Pero fue un avance y hubo que esperar hasta el siglo XI para que el alquimista chino Pi Sheng concibiera la idea de disponer de tipos movibles capaces de soportar ser usados varias veces. Utilizó una amalgama de arcilla y cola, cocida al horno. Componía los textos juntando los tipos en una lámina de hierro, cubierta con una mezcla de resina, cera y cenizas de papel. Calentaba suavemente la lámina y, luego, la dejaba enfriar para que el tipo se solidificara. 

Los chinos necesitaban transmitir el legado de los emperadores y de sus religiones (el budismo y el confucionismo) a su población para justificar la estructura social, el machismo imperante del confucionismo y buscar un sentimiento de unidad de los diferentes reinos que existían en Oriente. Esta unificación política y cultural se cristalizaría con la llegada del emperador Shi Huang-di, el cual establecería una unificación económica y un nuevo sistema de escritura china, basado en un nuevo conjunto de caracteres (los sellos pequeños) desarrollando por Li Si,  que se basaba en el conjunto de caracteres usados en el estado de Qin, convirtiéndolo en la escritura oficial del imperio, eliminando el resto de caligrafías de los reino chinos. Los edictos escritos con los nuevos caracteres fueron tallados en los muros de montañas sagradas por toda China, como propaganda política y también para propagar la nueva escritura entre el pueblo. Los medios de comunicación fueron controlados por el emperador para justificar y mantener la estructura social y las relaciones económicas feudales, por lo que, a diferencia de Europa, el lenguaje se convirtió en una herramienta de dominación cultural, añadiéndose a la dominación política garantizada por el ejército. 

La imprenta era conocida en China desde hacía largo tiempo, aunque la perfección de su técnica solo se alcanzó hacia el siglo VI de nuestra era, cuando los emperadores chinos de esos años, ordenaron imprimir, entre otros, los cuatro libros de Confucio y algunos clásicos para su uso en la educación de jóvenes.

La técnica empleada por los chinos era la xilografía que se imprimía en planchas de maderas. Pero hacia el siglo X, los chinos ya emplearon, también, separadas, letras de cobre para hacer la composición del texto. El uso de estas letras de cobre pasó en 1205 de la China al Japón.

El descubrimiento del imán por los chinos se remonta a épocas muy antiguas. En el diccionario etimológico Tchuwen, compilado por Hiu-kiun. hacia el año 121 d.C., se encuentra ya el término imán y la explicación que lo describe, dice "Nombre de una piedra con la cual se da la dirección a una aguja".
Un pasaje análogo, pero más detallado y preciso, se encuentra en un gran diccionario Pei-wen-yun-fú compuesto en el siglo IX. Se dice allí que ya bajo la dinastía de los Tsin (265-419 d.C.) los marinos habían encontrado la dirección del sur valiéndose del imán.

La brújula utilizada por los chinos estaba constituida por una aguja imantada que reposaba por intermedio de una chapita de cobre sobre una punta situada en el interior de una caja de madera, la cual estaba cerrada por una lámina de mica. La división del limbo de la brújula no estaba unificada. Según se tratase de brújulas náuticas, geográficas, astronómicas o astrológicas, el limbo estaba dividido en 4-8-12-16-24 partes.

Los chinos no solamente sabían que la aguja imantada se dirige aproximadamente según la línea norte-sur, sino que sabían también que no toma exactamente esta dirección, pero que se separa muy poco de ella. Conocían, por lo tanto, la declinación magnética. En la obra de Ken-tsung-chi escrita hacia el siglo XII, se encuentra una descripción de la declinación magnética: (Si se frota la punta de una aguja con la piedra magnética, señala en seguida el sur, pero no muy exactamente, desviándose un poco hacia el este).

La brújula fue empleada por los arquitectos chinos para orientar los edificios. A causa de las condiciones climáticas, las casas de habitación en China están generalmente orientadas hacia el sur; lo mismo ocurre con ciertos monumentos. Así los muros de la ciudad de Pekín, reconstruida en tiempos de los Ming (1368-1644), tienen la forma de un rectángulo cuyos dos lados menores, están dirigidos según la línea norte-sur, no exactamente en el meridiano geográfico, sino desviándose hacia el este 2° 30'. Ahora bien, las medidas de declinación magnética, hechas primeramente por los misioneros europeos del siglo XVIII y después por el observatorio imperial de Pekín, muestran que la declinación magnética de la ciudad no ha experimentado variaciones de más de un cuarto de grado y que la declinación conserva el valor 2° 30' desde hace dos siglos. La concordancia de este valor con el de la orientación de las murallas de la ciudad, nos proporciona una información muy preciosa sobre la constancia de la declinación magnética en la región de Pekín.

La brújula fue también empleada para los viajes terrestres. Las obras históricas escritas en la época de los Han (202 a.C.-220 d. C.) habían mencionado ya coches provistos de brújulas que los emperadores empleaban en sus expediciones a través de su inmenso imperio. Se les llamaban carrozas magnéticas. Estas carrozas magnéticas eran coches de dos ruedas: delante del asiento se encontraba una pequeña estatua móvil alrededor de un pivote y con un brazo extendido en que se encontraba una pequeña barrita imanada, gracias a la cual el brazo indicaba siempre la dirección del sur. Al lado de esta estatua, hay otra que indica la distancia recorrida: cada vez que el vehículo había recorrido una milla china, la segunda estatua hacia sonar una campana. Se puede decir que realmente en aquella época estaba ya inventado el odómetro.

El empleo de la brújula para la navegación probablemente vino después que las carrozas magnéticas. No obstante, se sabe que los chinos habían emprendido ya bajo la dinastía Tang (siglos VI y VII d.C.) viajes muy largos por mar. Partiendo de Cantón, atravesaban el estrecho de Malaca para ir a Ceilán, a la costa de Malabar y aun hasta la desembocadura del Indo y del Eufrates. Tales viajes no podrían haberse hecho sin brújula.

jueves, 24 de abril de 2025

REVOLUCIÓN CIENTÍFICA, CULTURA Y RELIGIÓN EN EL SIGLO XVII

La revolución científica

Se habla de revolución en el sentido de que los cambios del s. XVI y XVII (iniciados ya en el Renacimiento) significaron una forma radicalmente diferente de analizar la realidad material e interpretar el mundo, poniendo las bases para unos conocimientos que eran realmente ciencia, pues eran susceptibles de ser demostrados. Se trataba de cambios irreversibles, que han ido constituyendo la base de la ciencia y los conocimientos técnicos hasta la aparición de los nuevos planteamientos de Einstein en el s. XX. 

El cuestionamiento de la ciencia heredada de la Antigüedad se inició ya en el Renacimiento, e incluso antes, si bien no se trató sino de posturas aisladas, de escasa resonancia, frente a la aceptación general de las explicaciones clásicas en los terrenos de la física, la astronomía, las matemáticas o la medicina, que fueron los 4 en los que habría de iniciarse la nueva ciencia del siglo XVII. 



Los conocimientos heredados en astronomía, física y medicina

La base del conocimiento físico era Aristóteles, y la de la dinámica de los astros, Ptolomeo; complementarias entre sí y complementadas ambas por la teoría de los 4 elementos de Empédocles. 

En la Edad Media se sacralizaron las teorías aristotélicas, al hallar correspondencias en la Biblia. La Tierra era el centro del universo y en torno a ella giraban el sol y los planetas. Había dos mundos: el lunar, constituido por los planetas, que se movían en ondas circulares y compuestos de un elemento incorruptible (quinto elemento, quintaesencia o éter), y el sublunar, la Tierra, cuya característica permanente era el cambio y donde la materia se componía de los 4 elementos, que servían para explicar la física y la química. 

El movimiento del mundo sublunar era rectilíneo y se explicaba por la tendencia natural de cada elemento, según la teoría aristotélica de la causa final. Por ello la tierra, el más pesado, tendía a buscar el estado de reposo hacia el centro del universo, por encima el agua, mientras que la tendencia del aire y el fuego era alcanzar estado de reposo sobre los anteriores, todo ello en busca de un equilibrio en 4 esferas concéntricas. La realidad era una intensa mezcla de los 4 que servía para explicar todo. Esa tendencia natural hacia el reposo hacía que el movimiento sólo se pudiera explicar por una causa que lo provocase; cesada esta, cesaba el movimiento. La aceleración se explicaba porque a medida que se acercaba a su sitio natural el objeto sentía la cercanía de este. Era una explicación sencilla, 
incompatible con el avance científico, por lo que se buscarán explicaciones alternativas para las incongruencias. 

La química nunca formó parte de las disciplinas clásicas, ya que entraba en el campo de la alquimia, muy desarrollada en el mundo árabe y en la Edad Media, y muy mezclada con la astrología. 
En medicina apenas se había avanzado desde Galeno e Hipócrates y se continuaba aplicando la teoría de los humores, cuyo desequilibrio causaba la enfermedad. Así, el diagnóstico se basaba en la inspección de orina, sangre, esputos y excrementos, y los remedios buscaban restablecer el equilibrio de los humores con sangrías, dietas, purgas o el uso de drogas y preparados, indicando la astrología los mejores días y horas para los tratamientos. La cirugía era elemental y estaba separada de la medicina; la practicaba gente que, como los barberos, la había aprendido por la práctica, sin pasar por las universidades. 

En la interpretación del mundo y la naturaleza existían 3 importantes tradiciones intelectuales: 
  • EL ORGANICISMO: explicaba el universo por analogía con el mundo de los seres vivos. 
  • EL MAGICISMO: vinculado a las tradiciones pitagórica, neoplatónica, cabalística o hermética, entendía la naturaleza como una obra de arte cuyas claves misteriosas había que desentrañar a través de las matemáticas, vinculadas a los números claves y al esoterismo. 
  • EL MECANICISMO: consideraba que el universo funciona como un reloj cuya exactitud se regía por leyes matemáticas. 
Esta última sería la predominante entre los protagonistas de la revolución científica, pasando a la Ilustración y al mundo contemporáneo. 


Protagonistas y centros de la renovación científica 

La Revolución científica propició y fue estimulada por la creación de sociedades dedicadas a la ciencia y su divulgación, principalmente en las Provincias Unidas, Inglaterra, Francia e Italia, territorios en su mayoría libres del freno al pensamiento que suponía normalmente la Iglesia católica de la Contrarreforma. El crecimiento económico y la modernización de la estructura social, con el desarrollo de sectores burgueses y clases medias, fueron el mejor caldo de cultivo. Las universidades, ligadas al pensamiento escolástico, fueron también un freno más que un foco de divulgación científica, por lo que muchos de los protagonistas de la renovación científica desarrollaron su actividad fuera de ellas Algunas de las excepciones fueron Galileo, profesor en Pisa y Padua, o Newton, profesor del Trinity College de Cambridge desde 1669 a 1696. Las gentes dedicadas a la ciencia actuaron con menos individualismo que en el Renacimiento: se incrementaron los viajes y contactos entre los científicos, tanto epistolares como por medio de tertulias, entre las que destacó la que reunía el franciscano Marin Mersenne, quien, en su celda de París, realizó entre 1620 y 1648 una extraordinaria labor de relación entre los científicos y difusión de sus doctrinas. El francés o el inglés fueron sustituyendo poco a poco al latín en las publicaciones y en la correspondencia entre las gentes dedicadas a la ciencia.
 
Fueron de capital importancia los mecenas (Federico II de Dinamarca, los emperadores, el duque de Toscana…) y los viajes y contactos entre científicos, especialmente en las mencionadas academias y sociedades científicas. De especial relevancia fue la Royal Society londinense (1660-62), de carácter privado y en la que participaron la mayoría de los científicos ingleses. En Francia, Colbert creó la Académie Royale des Sciences (1666), con financiación asegurada, pero con menor libertad de actuación que la inglesa. 

En la segunda mitad del s. XVII aumentó el número de traducciones de obras científicas (la divulgación era uno de los principales objetivos) y se comenzaron a aplicar las novedades a la técnica. En realidad, la revolución científica se basaba en toda una serie de instrumentos como los diversos telescopios, el barómetro, el microscopio o el termómetro, inventados y perfeccionados en el siglo XVII. Gran importancia tuvieron las mejoras del reloj en las Provincias Unidas o los avances en el trabajo del vidrio en Italia y en las Provincias Unidas. 

Los inicios del empirismo. Galileo y Bacon

Ticho Brahe (1546-1601) 

Danés, uno de los primeros renovadores en astronomía, mejoró los instrumentos de observación (cuadrantes, sextantes, teodolitos, etc.), con ayuda de las matemáticas. El resultado de sus observaciones son las Tabulae Rudolphinae (1627) obra póstuma completada por su discípulo Kepler, a quien permitirían perfeccionar la descripción copernicana del mundo de los astros desde una concepción geométrica. 
Ticho Brahe (1546-1601) 

Johannes Kepler (1571-1630) 

Luterano alemán, desarrolló su actividad en Graz y Praga, donde sustituyó a Brahe, como matemático de Rodolfo II. Buscando la razón del universo basada en los números clave pitagóricos, publicó Astronomia Nova en 1609, el segundo gran libro de astronomía moderna tras el de Copérnico, con conclusiones acertadas a través de la matematización de gran cantidad de datos suyos y de Brahe. Pese a su creencia en la astrología, fue el iniciador de la astronomía moderna. Entre todas sus teorías y modelos destacan sus leyes sobre el movimiento de los planetas (órbitas elípticas), la culminación de la teoría heliocéntrica y la eliminación de la división aristotélica entre mundo lunar y sublunar, demostrando que la física era la misma para la tierra y los cielos. Al afirmar que los planetas eran inertes con movimientos que responden a causas físicas acabó con la creencia en un movimiento natural intrínseco a ellos y puso las bases del que sería el gran objetivo de astrónomos y físicos: la dinámica o estudio del movimiento. 
Johannes Kepler (1571-1630) 

Trató de aportar una base física al heliocentrismo, para lo que perfeccionó el telescopio astronómico, descubriendo los satélites de Júpiter y observando las fases de la Luna, Venus y Marte o las manchas solares. En 1632 publicó su obra principal, Dialogo sopra i due massimi sistema del mondo, en la que trataba los sistemas de Ptolomeo y Copérnico. Mecanicista, aportó leyes explicativas al movimiento de los cuerpos celestes y terrestres, formulando las leyes del péndulo, de caída libre de los cuerpos con un movimiento uniformemente acelerado o de trayectoria de proyectiles. 

Su mayor aportación fue proponer un nuevo método científico. En Il Saggiatore (1623) enunció una naturaleza escrita en lenguaje matemático (aunque alejándose de la tradición magicista y el misterio), identificando la única vía posible para el conocimiento científico. 

Su primera gran aportación metodológica de la nueva ciencia fue la defensa de que en la observación de la naturaleza había que buscar las magnitudes susceptibles de ser cuantificadas (medida, peso, forma, movimiento, etc.), desdeñando percepciones como color, sabor, tacto… Rechazaba así la idea aristotélica de la imposibilidad de tratar de explicar la naturaleza con formulaciones abstractas, defendiendo en cambio el acuerdo entre pensamiento y realidad, afirmando que el resultado cognoscitivo alcanzado por la mente tiene el mismo carácter de necesario que en la naturaleza. Defendía la autonomía de razón y ciencia, sin que la naturaleza pudiera ponerles obstáculos. 

Los dos pasos para llegar al conocimiento son la experiencia sensata, (observación de un fenómeno, extrayendo los elementos cuantitativos que permitan realizar una hipótesis explicativa, correcta o no) y la demostración necesaria (comprobación de dicha hipótesis forzando la naturaleza a través del experimento, que constituye el intermedio entre naturaleza y razón). El método combina inducción y deducción y permite pasar de la observación de la realidad concreta a una explicación expresada en leyes matemáticas, cuya certeza vendrá avalada por la posibilidad de repetir el experimento indefinidamente. Puso así las bases del empirismo; para Galileo el objeto de la ciencia era la materia y no la generalización de la forma aristotélica. 

Galileo tuvo problemas con la Iglesia, que en 1616 ya había condenado el heliocentrismo; pero siguió investigando y finalmente en 1633 fue condenado a confinamiento perpetuo y obligado a retractarse.

Galileo Galilei 

Francis Bacon (1561-1626) 

Más filósofo que científico, aunque contribuyó al método empírico iniciado por Galileo. Se planteó cómo saber que un conocimiento es verdadero y en Novum Organum (1620) señaló la necesidad para ello de eliminar prejuicios y actitudes preconcebidas (ídolos), para, a continuación, llevar a cabo observaciones críticas sobre las que elaborar explicaciones que permitan llegar a conclusiones generales o leyes, mediante la experimentación. Es un método inductivo, de lo particular a lo general, que introduce como prueba la experimentación. Un solo caso negativo bastaría para anular la hipótesis. Bacon preconizaba la creación de una comunidad científica organizada, creándose la Royal Society tras su muerte. Su creencia en el progreso indefinido de las ciencias, cuyo objetivo debe ser el 
dominio de la naturaleza y la mejora de la vida del hombre, lo convierte en un precursor de la Ilustración. 
Francis Bacon

Pierre Gassendi (1592-1655) 

Sacerdote, filósofo, matemático y astrónomo francés, principal pensador materialista. Defensor del atomismo y el sensualismo de Demócrito y Epicuro (a los que supo incorporar los avances científicos), así como del método experimental de Galileo. Sus átomos eran partículas con masa, dotadas de inercia, que se movían en el vacío, aportando una explicación más convincente que el universo de Descartes.

Pierre Gassendi

Descartes y el racionalismo 

Junto a la corriente de renovación científica empirista de Galileo, centrada en la materia y lo cuantitativo, surge la racionalista de Descartes que, usando también las matemáticas, no renuncia a la búsqueda del ser y su esencia a partir de la observación de la naturaleza y conserva la pretensión de construir una ciencia tanto física como metafísica. Para los empiristas la función de las matemáticas es hallar las leyes de la naturaleza a partir de las percepciones sensoriales, mientras para los racionalistas es asegurar la exactitud de los procesos lógicos de su filosofía partiendo de la razón. 


Consiguió construir un sistema científico universal basado en la razón. A mediados del s. XVII el racionalismo mecanicista cartesiano se impuso como la gran aportación de la nueva ciencia. 

En Discurso del método (1637), su gran obra, expresa su duda sobre la realidad del mundo exterior, que podría ser una ilusión de los sentidos → duda metódica, forma de buscar los fundamentos del pensamiento y la ciencia. El punto de partida es una intuición (“cogito, ergo sum”) que le permite llegar a una evidencia clara y distinta desde la que iniciar el conocimiento del mundo exterior, en el que los sucesivos eslabones del conocimiento han de tener siempre el mismo grado de evidencia. Así, introduce la metafísica al basarse en la mente para explicar la realidad, con las matemáticas como modelo, cuya verdad se basa en la razón (autónoma y criterio seguro de verdad) y no en la experiencia. 

Aportó el método analítico, consistente en dividir un todo, descomponiéndolo en el mayor número de partes posibles, para observar causas, naturaleza y efectos y proceder a su comprensión y rearticulación. De lo general a lo particular en dos fases: el análisis y la síntesis. Propone cuatro pasos metodológicos: 
  • No dar como cierta cualquier cosa que no sea evidente. 
  • Dividir cada una de las dificultades a examinar en tantas partes como sea posible.
  • Realizar las reflexiones por orden, comenzando por los objetos más sencillos de comprender para ascender gradualmente a los más complejos. 
  • Hacer recuentos tan completos y revisiones tan amplias como para estar seguros de no omitir nada. 
Las ideas innatas, presentes en el alma, nos hacen ver tres sustancias; una infinita, Dios, y dos finitas, espíritu (cuyo atributo es la conciencia), y materia (cuyo atributo es la extensión). El universo es una máquina perfecta creada por Dios, que dictó sus leyes físicas (necesarias) y le confirió el movimiento, que se conserva eternamente. 

Su mecánica desarrollará el conocimiento del mundo por medio de un método que combina intuición y deducción, dando a la experimentación un simple valor auxiliar; un sistema encadenado que lo explica todo, pero que queda lastrado por su rigidez, ya que el fallo de un eslabón puede arruinar el conjunto. El racionalismo cartesiano logra un sistema explicativo sobre el hombre y el mundo que superó la escolástica medieval, aunque la Iglesia consideró que la mecánica cartesiana se acercaba al ateísmo, y su obra fue incluida en el índice de libros prohibidos en 1663.

Descartes

Blaise Pascal (1632–62)

Seguidor de Descartes, consideró que el universo del racionalismo cartesiano era tan perfecto que podía prescindir de Dios y rechazaba entender a Dios y la religión por la razón, defendiendo la existencia de verdades del corazón. 

El racionalismo se expandió durante la 2ª mitad del XVII, aunque se dieron desviaciones de algunos autores hacia posturas sensualistas, al considerar que las ideas innatas eran producto de las sensaciones. Las tres principales figuras racionalistas de esos años fueron Nicolas Malebranche, Baruch Spinoza y Gottfried Leibniz. 
Pascal


Newton y la consolidación de la nueva ciencia 

Frente a la expansión del racionalismo y su método inductivo, el empirismo resurge a finales del XVII, especialmente con Newton, creador de la física moderna, quien sintetizaría los avances precedentes de la física y la astronomía, tanto de las investigaciones empíricas como de las racionalistas. 


Intentaba conciliar su visión del mundo físico y sus creencias religiosas. Pese al rigor de sus planteamientos científicos, no siempre fue capaz de separarlos de la religión y la metafísica, hacia la que se desliza al afirmar el carácter absoluto del tiempo, el espacio y el movimiento (los tres habrían sido creados por un ser todopoderoso), hipótesis no demostrables, lo que contradecía su método científico. Para Newton las leyes físicas no eran necesarias, como afirmaba Descartes. 

Sus aportaciones son numerosas y en múltiples campos: desarrolló el cálculo infinitesimal, formuló el concepto de masa, enunció con claridad el concepto de inercia, creó instrumentos técnicos como el primer telescopio reflector y consagró el método empírico como el único que permitía llegar a la verdad científica. Pero fue en Philisophae naturalis Principia Mathematica (1686), donde realizó su principal aportación al establecer las leyes fundamentales del movimiento, formulando la ley de gravitación universal: “todos los cuerpos se atraen en razón directa de sus masas y en razón inversa del cuadrado de sus distancias”. 
Newton


John Locke (1632–1704)
 
Influyó en la consolidación del método empírico. En An Essay Concerning Human Understanding (1689), base del empirismo, rechazaba la existencia de las ideas innatas de Descartes, afirmando que todo conocimiento procede de la experiencia derivada de la percepción sensorial. Propuso un sistema inductivo que pasa de ideas simples a generales y rechazó las especulaciones abstractas, tratando así de sumar la filosofía al avance de las ciencias y poniendo las bases de la filosofía pragmática de la Ilustración. 

La física newtoniana acabó por imponerse, estableciendo definitivamente la visión dinámica del universo, en lugar de la estática de los antiguos. Con su aportación, el universo se hacía comprensible y previsible. El racionalismo quedó relegado a la filosofía, de la que la ciencia se va apartando. El método experimental se impone a los sistemas deductivos, el dogmatismo y el principio de autoridad, si bien Newton adopta partes esenciales del método cartesiano, estableciendo las bases del método hipotético-deductivo, que combina experimentación con procedimientos inductivos y deductivos (propios de operaciones mentales). El avance de la ciencia sobre bases seguras iniciaba una progresiva especialización en el conocimiento, ya que los avances continuos hacían cada vez más difícil abarcar más de un campo. 
Locke
Avances en distintos campos del saber 
  • EVANGELISTA TORRICELLI (1608-47): discípulo de Galileo, continúa sus trabajos en la trayectoria de los proyectiles y estudió la mecánica de fluidos. Inventó el barómetro en 1643, gracias a lo cual demostró la existencia del vacío y la presión atmosférica. 
  • CHRISTIAN HUYGENS (1629-95): estudió el cálculo de probabilidades y estableció las bases para el desarrollo del cronómetro. Estudió el anillo de Saturno y la rotación de Marte. 
  • GIOVANI DOMENICO CASSINI (1625-1712): publicó diversos trabajos sobre Venus, Marte y Júpiter, calculó la distancia Tierra-Sol y descubrió varios satélites de Saturno. 
  • ROBERT HOOKE (1635-1703): miembro destacado de la Royal Society. Trabajó sobre la presión de los gases, el vacío o la elasticidad de los cuerpos (ley de Hooke). Planteó una primera versión de la gravitación universal, que Newton desarrollaría.
OTROS EJEMPLOS: 
  • Robert Boyle y Edme Mariotte estudiaron la compresión de los gases, llegando cada uno por su cuenta a la ley que lleva su nombre. 
  • Avances en matemáticas por parte de Napier, Fermat, Pascal, Descartes o Desargues (logaritmos, álgebra, geometría, análisis infinitesimal…).
  • William Harvey completó el análisis de la circulación sanguínea. 
  • Ole Romer midió la velocidad de la luz. 
La cultura del barroco 

El concepto de Barroco 

El término “Barroco” fue acuñado en el s. XVIII para definir de forma un tanto despectiva las tendencias artísticas dominantes del periodo anterior, pasando a definir más adelante en su sentido más amplio la cultura específica de una época que va de 1580 hasta bien entrado el s. XVIII, con su fase culminante entre 1600 y 1680, coincidiendo con la crisis del s. XVII. Ello no excluye que haya ejemplos que trasciendan estos límites, como Calderón en España o Fenelon en Francia, ni que los elementos expresivos barrocos se prolonguen durante buena parte del s. XVIII o incluso que evolucione en otros estilos como el Rococó, pero ya en un contexto histórico muy distinto. 

Surge esencialmente en Italia y se constituye como forma de expresión dominante en Europa y parte de sus colonias. Su mayor intensidad se da en los países de la Europa monárquico-absolutista, eclesiástica, señorial y campesina, especialmente Italia y España; hay posiciones intermedias como los territorios de los Habsburgo o Francia. 

Constituye la respuesta cultural desplegada por un poder que se siente amenazado desde los múltiples frentes de la crisis. No es pues, una cultura espontánea y popular, sino claramente inducida desde el poder. Los caracteres sociales del Barroco serían los de una cultura dirigida, masiva, urbana y conservadora. Se le asocian tres vinculaciones esenciales: 
  • LA CONTRARREFORMA CATÓLICA: Es evidente su origen y máximo esplendor en Roma, así como su desarrollo esencialmente en el ámbito católico frente a la escasa incidencia en terreno protestante. El Concilio de Trento no sólo definió el dogma católico, sino todo el conjunto de la religiosidad, imponiendo cánones artísticos como forma de comunicación ante unos fieles mayoritariamente analfabetos. Para oponerse a la doctrina protestante proliferaron las imágenes de vírgenes, santos y mártires, prohibiéndose las escenas paganas y las imágenes impúdicas. Todo ello explica la sustitución de las formas clásicas y reposadas —humanizadas— del Renacimiento por otras en agitado movimiento; el abandono de la belleza serena de inspiración neoplatónica por la necesidad de representar una religión basada en el esfuerzo del hombre por lograr la salvación; una idea agónica que se plasma artísticamente en la obsesión por el movimiento, la ruptura de las formas en la búsqueda de los contrastes. 
  • AUGE DEL MUNDO CORTESANO: La cultura cortesana imperante también necesitaba transmitir una serie de valores a través del espectáculo: potencia política y social, esplendor, identificación con la Iglesia (recurso a las mismas formas artísticas), necesidad de sumisión de los vasallos y grupos sociales inferiores, etc. 
  • UN PERÍODO DE CRISIS: el Barroco no puede entenderse sin las diversas crisis del s. XVII, como respuesta a una época atormentada. No solo la recesión y las dificultades económicas, sino también las grandes guerras o las revueltas, sublevaciones y guerras civiles.


Características de la cultura barroca 

Frente a la armonía precedente, el mundo está ahora dominado por el pesimismo, la incerteza, la angustia, el desengaño, la contradicción y la tensión entre fuerzas opuestas, aunque complementarias: bien-mal,razón-instinto, materia-espíritu, realidad-apariencia, luz-sombra… Ello se refleja en la temática y forma literaria (moralizante), y en general, en la exaltación de lo excesivo, lo patético y lo irracional. 

Nos encontramos ante una cultura urbana. Ahora se produce por primera vez una cultura vulgar para las masas anónimas, como lo prueban los miles de comedias de consumo o el inicio de la producción en serie de objetos de arte. En este sentido la urbe es el marco privilegiado como gran concentración de artistas y poderosos amantes de la ostentación. 


Hay un Barroco brillante y triunfante, especialmente reflejado en la Iglesia romana: el de los triunfos de la fe, el de Bernini y Borromini. Sin embargo, la barroca no es exclusivamente una cultura eclesiástica o religiosa, sino que continúa y acentúa la secularización iniciada por el Renacimiento. También hay un Barroco negro y pesimista, el de Caravaggio y Ribera, bien como expresión de un poder que busca deliberadamente difundir sentimientos de violencia o infundir tanta admiración como temor entre la masa, bien como una de las escasas manifestaciones de escape o protesta individual. 

La religión, la cultura y la posición social se demostraban en la vida cotidiana de unas ciudades que contaban con un centenar de días feriados; la celebración siempre incluía una ceremonia litúrgica que recordaba el maridaje entre el Trono y el Altar y en el que cada individuo ocupaba el lugar que le correspondía por su categoría. Foco en las ceremonias religiosas (Corpus Christi, autos sacramentales). 

La visión crítica propia del Barroco y el desengaño del mundo provocan y explican reacciones diversas, desde el hedonismo y epicureísmo, al escepticismo de los libertinos, o el refugio religioso o místico. Tal vez la salida más interesante fuera el recurso a la moral estoica iniciado en los años del cambio de siglo y que alcanzó un gran desarrollo entre las élites europeas por su atractivo para sobrellevar tiempos difíciles. Basada en Séneca y en las obras de autores contemporáneos como Justo Lipsio, la ética estoica proponía el repliegue interior y una orgullosa reivindicación del yo frente a la maldad del mundo. Algunos aspectos, como su capacidad para adaptarse a cualquier ambiente religioso, situándose por encima de las diferencias confesionales, o la concepción del poder como una realidad siempre externa y extraña al individuo, hacen del estoicismo uno de los pilares de la modernidad. 


El arte barroco 

Tremendamente teatral, especialmente la arquitectura civil y religiosa, donde prima la apariencia sobre los elementos constructivos: formas en agitado movimiento, abandono de la belleza serena, obsesión por el movimiento, ruptura de formas y la búsqueda de los contrastes. Abunda la decoración fastuosa y detallista, curvas, contracurvas, columnas salomónicas, fachadas ondulantes y salientes, juegos de luces y sombras, trampantojos. 

El mejor ejemplo se halla en los templos, que debían transmitir a los fieles los conocimientos esenciales del dogma y nada mejor para ello que impresionar los sentidos y emocionar con imágenes impactantes, donde transmitir la potencia y el triunfo de la Iglesia sobre la herejía. Grandes ejemplos se hallan en la basílica y la plaza de San Pedro en Roma, donde el papado inicia un urbanismo esplendoroso. También la pintura (retablos, bodegones, Caravaggio) y la escultura (Bernini) se enmarcan en estas características visuales. En el arte civil se plasma la suntuosidad de la sociedad cortesana, encabezada por los monarcas: palacios y villas con parques, jardines, grutas artificiales y fuentes, fastuosas ceremonias y celebraciones. 

Las formas artísticas debían evidenciar la ideología de los grupos de poder, conscientes de la capacidad de la obra artística para impactar y "convencer" mediante imágenes. Las artes plásticas fueron un instrumento de las élites para subyugar a las masas con su impacto visual. No se puede explicar sociológicamente el arte barroco sino a partir de tres elementos esenciales: la lucha confesional entre católicos y reformados, el absolutismo monárquico y la sensibilidad de los distintos y opuestos grupos sociales que producían y recibían los mensajes artísticos. Los Estados se llenaron de construcciones oficiales que mostraban al pueblo su poder. 

Modelos europeos 
  • En la ARQUITECTURA religiosa el modelo específico fue la iglesia jesuítica del Gesú de Vignola. Hay que destacar las obras romanas de Bernini y Borromini, que dan muestra del patronato de la Iglesia, que en España financiaba a Alonso Cano. En Francia, paradigma de la monarquía absoluta, Luis XIV impuso el estilo clasicista, plasmado en los palacios de Versalles y el Louvre, sin el rebuscamiento barroco, aunque en el interior la decoración asumía toda su potencia visual. 
  • En PINTURA, la Monarquía Hispánica dio figuras geniales que reflejaban la religiosidad que impregnaba la vida cotidiana; el tenebrismo de José Ribera, el realismo del mundo monástico pintado por Zurbarán, el colorismo preciosista de las vírgenes de Murillo, hasta la figura de Velázquez, quizá el mejor retratista de la época y pintor de Felipe IV. En Italia Carracci y Caravaggio pintaron fundamentalmente para la Iglesia y los cardenales, mientras que en Flandes destacó Rubens, en Inglaterra Van Dyck, en los Países Bajos Rembrandt, Vermeer y Van Dyck, y en Francia (donde la huella del Barroco fue escasa) Poussin y Claudio de Lorena. 
  • La ESCULTURA hispana está llena de retablos policromados e imágenes de vestir, destacando los talleres de Gregorio Fernández, Martínez Montañés, Pedro de Mena y Alonso Cano. 
  •  La OBRA LITERARIA fue un artificio de las minorías para convencer intelectualmente a otras minorías. La obsesión didáctica en lo político y social de la obra escrita se evidencia en Quevedo, cuya obra refleja el desencanto espiritual, la violencia vital y lo grotesco de la actuación social. La poesía barroca se divide entre el Culteranismo de Luis de Góngora frente al Concepcionismo de Quevedo. La literatura profundizó en la novela picaresca con Mateo Alemán y Quevedo, culminando en el genial Miguel de Cervantes y el Quijote. 
  • El TEATRO se constituyó en el gran instrumento de dicha didaxis político-social. Los ejemplos máximos serían Lope de Vega, quien perfeccionó la "nueva comedia española", y Calderón de la Barca, donde la supeditación total al designio supremo, el honor personal y la sumisión al rey manifiestan una ética social basada en el honor del hacendado labriego. Los autos sacramentales eran dramas religiosos que se utilizaban para inculcar valores espirituales. Una de las grandes aportaciones del Barroco fue la ÓPERA, mezcla de música y teatro que se inicia en Italia con el Orfeo de Monteverdi. 
El arte reformado producía una arquitectura simple y estática, desprovista de ornato y de imágenes, y una pintura interiorista y profesional. La simplicidad de líneas y la ausencia de iconografía de las iglesias reformadas, orientadas a la palabra, la música y el canto, era un poco propicias a las complicaciones artísticas. 

La sociedad barroca 

El s. XVII se presenta como un siglo crítico, lleno de problemas vitales, económicos, políticos, sociales e ideológicos. 

La "Trilogía Moderna" (hambre-peste-guerra) asoló con frecuencia y violencia a la sociedad europea de esta centuria, por lo que se hacía imprescindible contar con alguna esperanza, algo que sólo podía proporcionar la religiosidad, mucho más sentida que pensada. Los distintos estamentos y grupos sociales gestaron formas diferentes para manifestar sus esperanzas, terrores y anhelos. Hay también recursos de tipo pagano (hedonismo, epicureísmo, escepticismo y, especialmente, el estoicismo, muy popular entre las élites). 


La pequeña nobleza y la burguesía ligaron su existencia como grupo social a la política de las monarquías absolutistas, desarrollando nuevos saberes filosóficos y jurídicos. En el Barroco se iba a profundizar en la esencia del pensamiento, en la epistemología y en el método, desligando estos procesos de unos designios divinos. 

La Iglesia católica intentaba desterrar las prácticas más desgarradas de religiosidad popular, dotando a los sacerdotes de un mayor conocimiento dogmático y disciplinario. En cada una de las cúpulas jerárquicas de las dos creencias en lucha (católicos y reformados) se enfrentaban unas concepciones laxistas, basadas en la misericordia de un paternal Dios-amor, contra las opciones que exigían la más rígida observancia fundada en un terrible Dios￾justicia. Y aunque ambos credos sufrían los mismos problemas internos, no se acabaron las luchas confesionales, por lo que cada iglesia se dotó de instituciones y buscó a las personas más idóneas para rebatir los argumentos del contrario. 

La nobleza y el clero tenían un interés común en cimentar su rango y su estatus, al mismo tiempo que luchaban entre ellos por conseguir y mantener la posición más elevada dentro de la pirámide social. Entre estas minorías rectoras se manifestaron dos tendencias opuestas: los que buscaban nuevas respuestas a la insatisfacción intelectual y quienes pensaban que sólo en la tradición y en la seguridad del dogma religioso radicaba la fuerza del sistema social privilegiado. La precariedad de la vida de los grupos populares también se manifestó en dos direcciones distintas. La mayoría de la población asumió con fatalismo sus inciertas condiciones de vida; por otro lado, nunca faltaron los motines y las rebeliones masivas, en general dirigidos por elementos no populares. En ocasiones reaparecieron las ideas milenaristas anarquizantes y utópicamente esperanzadoras. La religiosidad siempre estaba presente en la mentalidad colectiva y en las preocupaciones diarias; de ahí que se produjeran en la misma época las persecuciones más salvajes contra la brujería y las manifestaciones de fervor popular llenas de mortificación y gusto por lo macabro. Un Auto de Fe inquisitorial, la decapitación pública de un criminal o los excesos del carnaval eran actos sociales. 


Respecto al sistema educativo, todo estaba supeditado a las ideas, los intereses y el poder relativo de cada uno de los grupos sociales; los diferentes niveles y grados de conocimiento eran una fuente de prestigio social y de acceso a una determinada cuota de poder. El pueblo se contentaba con unos rudimentos de doctrina cristiana y el conocimiento pragmático de las técnicas artesanales para los varones y las habilidades precisas para el gobierno de la casa en el caso de las niñas. La lectura, escritura y las 4 reglas aritméticas básicas implicaban cierta preeminencia dentro del grupo popular. Este nivel inferior de enseñanza estaba a cargo de los maestros de primeras letras, mientras que las destrezas profesionales las transmitían los maestros gremiales. La pequeña burguesía tenía acceso a un grado de conocimiento bastante superior, impartido por preceptores privados y las cátedras de latinidad. 

Esta "enseñanza media" les suministraba toda la instrucción necesaria para sus negocios y, a veces, de la preparación imprescindible para acceder a los estudios universitarios. Se ha dicho que la Ciencia Moderna nació al margen de y en ocasiones enfrentada a la Universidad. Pero hay que distinguir entre "conocimiento", que sólo podía ser adquirido dentro del ámbito universitario, e "innovación", que se tenía que realizar fuera del entorno académico oficial. 


El Clasicismo y la querella entre antiguos y modernos 

El Clasicismo es el estilo francés que florece entre 1660-85, caracterizado por el culto a la Antigüedad, el imperio de las normas, las líneas rectas y los volúmenes definidos, aunque incorpora también elementos del Barroco. Fue impulsado por Luis XIV y su corte, a cuyo servicio se ponen las artes y la cultura en aras de la afirmación de la Francia de su reinado. El palacio de Versalles o la Iglesia de los Inválidos son sus principales ejemplos, pero su máximo esplendor se alcanza en la literatura, especialmente el teatro (Corneille, Racine, Molière), junto con otros autores como La Fontaine o Perrault. Defiende el ideal del hombre honesto, que opone a la moral caballeresca valores como la mesura, la razón y el autodominio. 

Precisamente la Francia de Luis XIV, especialmente a partir de 1687, fue el epicentro de la llamada querella entre antiguos y modernos, alrededor de las fuentes y modelos culturales, artísticos y humanos. ¿Era superior la Antigüedad redescubierta en el Renacimiento, o el mundo actual con sus avances en todos los campos? El enfrentamiento, que dio lugar a numerosos escritos y tratados, traslucía también posturas contrapuestas en cuanto a la libertad creadora y la búsqueda de la verdad y la belleza. 
  • “ANTIGUOS”: Montaigne, Racine, La Fontaine, Boileau, Boccalini, Tassoni, Swift, Rousseau. 
  • “MODERNOS”: Perrault, Fontenelle, Lancellotti.
En esta época destacaron también algunos autores considerados como precedentes de la Ilustración por su actitud crítica y afán divulgativo: Pierre Bayle, Bernard le Bouyer de Fontenelle, Jean Leclerc, Henri Basnage de Beauval. Y fuera de Francia, Spinoza, Locke, Newton, Leibniz o Pufendorf. 

Versalles
La religión en el Barroco 

El mundo católico avanzará hacia la imposición de la Contrarreforma. Será en este siglo cuando, siguiendo los acuerdos del Concilio de Trento, se comiencen a notar los resultados de las iniciativas destinadas a difundir y consolidar la Reforma católica. La Iglesia cuenta ya con un cuerpo de doctrina definido y articulado que le permite hacer frente a las doctrinas protestantes. Su estructura jurídica e institucional está fuertemente jerarquizada, con el Papa a la cabeza, y lo suficientemente organizada como para garantizar una mejor atención pastoral. 

La religión es motivo de diversos conflictos en este siglo: 
  • Convivencia de las religiones salidas de la reforma, especialmente difícil en Alemania → Guerra de los Treinta Años. En Francia, la solución del relativamente tolerante Edicto de Nantes irá evolucionando a una imposición católica hasta concluir con la expulsión de los Hugonotes en 1685. En España, se expulsa definitivamente a los moriscos en 1609. 
  • Querellas doctrinales entre rigorismo y laxismo. 
  • Se agudizan las tensiones Iglesia-Estado; el regalismo (deseo del príncipe de gobernar la Iglesia de su reino sin injerencias exteriores) había sido ya motivo de la separación de la Iglesia de Inglaterra respecto de Roma y ahora volverá a manifestarse sobre todo en Francia, donde se conocerá como galicanismo. 
  • Disputas teológicas en torno al problema de la Gracia. 

La aplicación de las reformas religiosas 

Los países pioneros en la imposición de la Reforma habían sido España y buena parte de Italia en la segunda mitad del s. XVI. En Francia, Alemania, Países Bajos, Bohemia y Polonia no se realizó hasta el s. XVII, con Francia ahora a la cabeza. 

En el s. XVII continúa la rigidez combativa de la Contrarreforma, que va debilitándose hacia final de siglo, con el inicio, lento y localizado, de la descristianización. Se da una evidente renovación en la Iglesia católica, pero al mismo tiempo se establecen nuevos límites a su influencia. En el protestantismo se inicia un proceso de división interna, sobre todo en el mundo luterano y en Inglaterra. 

Una de las finalidades básicas del Concilio de Trento era la recristianización mediante la fijación del Corpus doctrinal, que una vez elaborado había que desarrollar y explicar, lo que requirió un intenso trabajo en la formación del clero y de los miembros de las órdenes religiosas y la catequización de las masas urbanas y rurales. Tras el concilio y durante todo el siglo se insistió en el primado del Papa, en la mejora del funcionamiento de las autoridades curiales, territoriales y de las órdenes religiosas. Esta acentuación del poder universal del pontífice tenía como finalidad el establecimiento definitivo de su autoridad dentro de la propia Iglesia. Frente al sacerdocio universal protestante, se reforzó el peso de la jerarquía y se configuró la Iglesia con un carácter más clerical. 

El mapa religioso no cambió con respecto al siglo anterior. Las zonas de influencia se mantuvieron estables, a excepción de hechos como la expulsión de los hugonotes de Francia (1685). 

Este siglo fue una época dorada para las ediciones religiosas: vidas de santos, sermones, textos litúrgicos, meditaciones místicas, etc., al tiempo que se revitalizaban en las universidades los estudios de teología y derecho canónico. Aumentó la importancia del sermón a cargo de predicadores populares y el confesionario. 

En el aspecto disciplinario hubo una reorganización claramente jerarquizada de la iglesia y una intensa labor de reforma de los eclesiásticos que encontró resistencias de todo tipo, sobre todo, en las noblezas que tenían algún miembro en los obispados y no querían perder privilegios y eran reacios a vivir en las diócesis y a cumplir sus obligaciones pastorales, y también monarcas y gobernantes temerosos del incremento del poder de Roma. Pero poco a poco había un clero mejor formado, y una actuación muy intensa del clero regular: los jesuitas, la orden más dinámica surgida de la Reforma, con una gran actividad de la enseñanza; o los capuchinos, predicadores muy activos en el cuidado de apestosos e incurables. Entre las órdenes femeninas se extendieron las carmelitas descalzas fundadas por Teresa de Jesús en el siglo anterior y las ursulinas dedicadas a la enseñanza de niñas. La enseñanza y la asistencia fueron los dos capítulos esenciales de las nuevas órdenes, destacando las Escuelas Pías, la Compañía de María, etc. Los fundadores de nuevas órdenes, habitualmente canonizados, se convertirían en el modelo de santidad. Pero el espíritu renovador también afectó a las órdenes antiguas, como los benedictinos.
 

Tanto católicos como las protestantes hicieron un considerable esfuerzo por extender entre las masas la instrucción y la práctica religiosa. Para la Iglesia católica el centro de actuación fue la parroquia, donde entre otras medidas se impuso un gran control en la práctica de confesar y comulgar por Pascua Florida. Las misiones periódicas dirigidas a las clases populares y al mundo rural creaban unos días de exaltación religiosa con sermones, escenificaciones de la Biblia y de vidas de santos, comulgaciones masivas, etc. Destacó el papel de jesuitas y capuchinos y del arte barroco a configurar la piedad barroca (templos, esculturas, retablos, autos sacramentales…). También las cofradías contribuyeron a la intensificación de la vida religiosa católica, destacando en Francia la Compagnie du Saint￾Sacrement, que se convirtió en una poderosa organización política y social. 

Entre los protestantes, la parroquia o iglesia fue también el centro de la vida comunitaria con sermones, salmos, la obligatoriedad de asistir a misa respaldada por sanciones, amonestaciones públicas e incluso tribunales eclesiásticos que castigaban otros comportamientos como la inmoralidad o la herejía. Los más estrictos eran los calvinistas y los puritanos. 

Pese a esta amplia labor adoctrinadora y de control subsistían restos de paganismo: supersticiones, exorcismos, rituales propiciatorios, brujería. Esta última fue muy perseguida entre 1580-1650, especialmente por los protestantes, estimándose más de 60.000 víctimas quemadas en la hoguera, sobre todo en Suiza, Países Bajos, y Francia. 

Divisiones en el protestantismo 

El gran problema del luteranismo era hacer frente a las divisiones internas surgidas ya a la muerte de Lutero. Para evitarlas, los príncipes impulsaron el establecimiento de una línea ortodoxa mediante la Concordia de Wittenberg en 1580, basada en diversos acuerdos en la doctrina. 

 Concordia de Wittenberg 1580

La gran novedad fue el pietismo iniciado por Philip Jacob Spener, defensor de la necesidad de la renovación religiosa tanto en conocimientos como en la práctica de una religión de corazón. Se trataba de sustituir la rigidez del luteranismo ortodoxo por una fe más viva y una práctica más revitalizada. Dentro de su gran difusión en Alemania (pese a los ataques de la ortodoxia) su recepción fue diversa, siendo perseguida en algunos estados y universidades (Wittenberg) y protegida en otros como en el Brandeburgo de Federico III. 

Se desarrollaron también corrientes o sectas que fueron generalmente perseguidas: 
  • Los baptistas en Provincias Unidas y en Inglaterra, partidarios del bautismo adulto por inmersión. 
  • Los husitas provenientes de la predicación del bohemio Jan Huss sobrevivieron en el exilio gracias al moravo Jan Amos Komenski, que recorrió numerosos países difundiendo su creencia en la bondad del hombre y el progreso vinculado a la educación, la ciencia y la caridad. 
  • Los menonitas, seguidores del anabaptista Menno Simons, que defendían la separación de Iglesia y Estado, y que en su huida se establecieron en la Europa Oriental y en Pensilvania. 
  • Más radical fue el socinianismo fundado por Fausto Sozzini que negaba la Trinidad y la divinidad de Cristo al tiempo que revalorizaba el libre arbitrio y las buenas obras con una religión tolerante, razonable y sencilla.  Los socinianistas se extendieron por Provincias Unidas y más tarde por América del Norte, llegando a tener a finales de siglo bastante influencia en algunos sectores cultos, como el propio Newton. 
  • Inglaterra fue el lugar en el que se multiplicaron las sectas también con cambios sociales y políticos. Además de los baptistas destacaron los cuáqueros o Sociedad de Amigos, fundados por George Fox, insistiendo en la luz interior, el Cristo inmediato presente en todo hombre, predicando al mismo tiempo el amor fraterno y las buenas obras. Durante la guerra civil y la época de Cromwell se desarrollaron los independientes o congregacionistas, que rechazaban cualquier control eclesiástico más allá de la congregación local y abogaban por una completa tolerancia; los más radicales, los partidarios de la Quinta Monarquía, consideraban inmediata la segunda venida de Cristo; u otras sectas minoritarias como los seekers o los ranter. 
Los principales problemas religiosos en Inglaterra se derivaron de la lucha entre la Iglesia oficial anglicana y los puritanos de orientación calvinista y contrarios a la existencia de obispos. La represión antipuritana se recrudeció en el reinado de Carlos I. Tras la Revolución Inglesa, el régimen puritano de Cromwell suprimió los obispos y el Prayer Book, adoptando una nueva confesión de fe presbiteriana. El anglicanismo se volvió a imponer en todo el territorio con la Restauración de Guillermo III, que incrementó la tolerancia, excepto para los católicos, considerados enemigos del estado. 

Regalismo y galicanismo
 
El refuerzo del poder real en la línea del absolutismo y del poder papal tras el Concilio de Trento produjo un incremento de los conflictos regalistas. Las Iglesias nacionales, deseosas también de limitar las injerencias de Roma, apoyaron a sus príncipes, como también hicieron otras instituciones. 

El caso paradigmático es el de Francia, donde el galicanismo estaba fuertemente enraizado en los antiguos privilegios de la Galia cristiana. Ya en 1614 los Estados Generales se negaron a ratificar los decretos del Concilio de Trento, pero fue Luis XIV quien en 1673 extendió a todo el reino la regalía temporal de la que gozaba para las sedes episcopales vacantes, además de intentar conseguir para estas el derecho de presentación de candidatos (regalía espiritual), lo que inició un largo conflicto con Inocencio XI, que llevó a la vacancia de múltiples diócesis, e incluso a la ocupación del enclave pontificio de Aviñón por parte de las tropas francesas. La tensión disminuyó con los papas Alejandro VIII e Inocencio XII. Este último confirmó en sus sedes a todos los obispos franceses, conservando Luis XIV la regalía temporal. 

Otros casos de regalismo se dieron en Portugal, tras la rebelión que llevaría a su independencia (el papa se negó a nombrar obispos por temor a la reacción de Felipe IV, y Juan IV los nombró directamente), y durante la Guerra de Sucesión de España, debiendo Clemente XI optar por alguno de los príncipes pretendientes al trono. 

Las querellas sobre la Gracia 

Tanto el catolicismo como las diferentes confesiones protestantes se vieron afectados por las disputas en torno a la Gracia necesaria para la salvación. Frente al pesimismo antropológico que había inspirado la Reforma protestante, la restauración católica estaba más cerca del Humanismo (confianza en la capacidad del hombre para contribuir a su salvación y visión más positiva del mundo). No obstante, en ambos ámbitos hubo tendencias más o menos pesimistas que acercaban su posicionamiento en este tema a la postura general de la otra parte. 

El gran problema de fondo era la dificultad de conciliar la libertad humana con la potencia infinita de Dios y su omnisciencia, que le permitía conocer quién había de salvarse. Es decir, ¿era la Gracia divina una concesión genérica de Dios que el hombre podía aprovechar libremente, o por el contrario una concesión limitada a quienes Dios eligiera para salvarse (predestinación)? La Iglesia Católica defendía que la Gracia era un don gratuito, concedido a todos los bautizados en virtud de los méritos de Cristo. El hombre, con su libre albedrío, podría rechazarla o aceptarla, colaborando a su salvación con las buenas obras y la práctica de los sacramentos. Distinguía así entre una gracia suficiente, que se otorga a todo creyente, y una gracia eficaz, que requiere la colaboración del individuo. Los protestantes creían en la justificación únicamente por los méritos de Cristo, llegando hasta la postura más radical del calvinismo, defensor de la predestinación. 

Las distintas interpretaciones dieron lugar en el seno de la iglesia católica a la polémica De auxilis, que se desarrolló a finales de s. XVI y primeros del s. XVII, enfrentando a los jesuitas, que se inclinaban más a la libertad humana, con los dominicos. En 1607 Paulo V aceptó que tanto unos como otros pudieran defender sus doctrinas sin calificar la contraria como herética. 

Paulo V
El jansenismo 

Años después resurgió la polémica con el jansenismo. Cornelius Jansen (Jansenius) sostenía que Dios quiso salvar a toda la humanidad, pero después del pecado original solo salvó a los predestinados; por lo tanto, Cristo no murió por todos y la práctica religiosa no es más que un camino para descubrir la pertenencia a ese grupo selecto. Se extendió por los Países Bajos del sur y sobre todo por Francia, donde pese a la condena de la jerarquía, tuvo defensores, en especial entre la nobleza de robe y la burguesía de los oficios, con su núcleo en la abadía femenina y los caballeros de Port Royal. 

La postura de la Iglesia y los católicos franceses distó de ser unánime, habiendo diferentes persecuciones y castigos a sus seguidores. En 1668 se firmó la Paz de la Iglesia o Paz Clementina (por el respaldo de Clemente IX), solución de compromiso que dio lugar a una relativa tranquilidad. Lo único cierto es que el jansenismo dividió profundamente la Iglesia y la sociedad francesa del siglo XVII.

Los protestantes también se vieron afectados por el problema de la Gracia, siendo la polémica especialmente viva en el calvinismo. Dos teólogos de la Universidad de Leiden, Jacobus Arminius y Franz Gomar, dieron nombre a cada una de las dos tendencias. Armenius se acercó a la doctrina del catolicismo más optimista sobre la capacidad del hombre de contribuir a su salvación y Gomar defendió el calvinismo estricto. En el trasfondo de la posición doctrinal se mezclaban intereses políticos y sociales, además de rivalidades internas. Alineándose con el gomarismo los orangistas, muchos nobles, la mayoría de pastores y numerosos trabajadores urbanos, mientras que las teorías de Arminius encontraban respaldo entre la burguesía mercantil y los gobiernos municipales de las principales 
ciudades, mayoritariamente republicanos. Los gomaristas trataron de expulsar a sus enemigos de pulpitos y cátedras, siendo condenadas finalmente las doctrinas arminianas en el Sínodo de Dordrecht (1618-19). El enfrentamiento teológico surgido en el seno del calvinismo agudizó en la Inglaterra de la primera mitad del siglo las tensiones entre anglicanos, que se acercaban al arminianismo, y puritanos, que defendían las posturas calvinistas estrictas. 


La mística 

Otra de las reacciones frente a la omnipotencia divina fue la mística, el deseo de lograr una experiencia directa con Dios, puesta de moda en Europa en la segunda mitad del s. XVII. 

En el mundo católico, Miguel de Molinos creó el quietismo, cuyos antecedentes son los alumbrados del s. XVI. Su Guía Espiritual se extendió por Italia y Francia entre una élite de clérigos y laicos deseosos de las formas más elevadas de religiosidad. Se trata de una mística que establecía la contraposición entre la naturaleza (mundo de las criaturas) y el Dios creador, al que solo se podía llegar mediante un camino de aniquilación, incluido el yo personal. 


Hay que abandonarse pasivamente a la voluntad divina en forma de oración contemplativa, para llegar a la unión íntima con Dios, sin necesidad de dogmas ni practicas piadosas. El término quietismo alude a la actitud del dejamiento o abandono que preconiza. En 1687 Inocencio XI condenó 68 proposiciones de Molinos, que fue obligado a abjurar y condenado a reclusión de por vida. 

También en el campo luterano hubo sectores que acudieron a la mística: Johan Arndt, precursor del pietismo, o Johann Valentín Andreae, vinculado al esoterismo. Entre los disidentes ingleses, los cuáqueros, con su búsqueda de la iluminación interior, se acercaban también a las tendencias místicas. 


Las misiones 

Llevadas a cabo principalmente por España y Portugal, que gracias a las concesiones pontificias (Patronato y Padroado), controlaban la organización eclesiástica en sus dominios coloniales, quedando fuera del control de la congregación De Propaganda Fide, creada por Gregorio XV y cuyo objetivo era precisamente controlar la actividad misional en el mundo. 

El método típico de evangelización era la tabula rasa, que prescindía de la cultura previa de los pueblos. 

Frente a ella tuvieron particular importancia los intentos de aculturación desarrollados sobre todo por los jesuitas, que contaban con las iniciativas previas de Francisco Javier en Japón y Matteo Ricci en China. El procedimiento de la aculturación llevó a la adaptación de los ritos cristianos a las culturas de los adoctrinados. Este hecho provocó la llamada querella de los ritos (1645-1744), cuando Inocencio X condenó los ritos chinos practicados por los jesuitas según acusaciones dominicas; en el trasfondo estaba la lucha jesuitas-España contra dominicos-Roma. Finalmente, Benedicto XIV condenaría los ritos chinos en 1742 y los malabares (hindúes) en 1744. 

De especial relevancia fueron las misiones establecidas por los jesuitas con los indios guaraníes, que llegaron a tener condición de territorio separado del resto de las posesiones hispanas, en forma de régimen comunitario y economía de autoabastecimiento. En 1649 Felipe IV reconoció dichas misiones como un territorio separado del resto de sus posesiones, que pagaba tributos al rey, pero dependía exclusivamente de los religiosos, los cuales lo gobernaban asistidos por consejos de notables sin la presencia de representantes del Rey. Los jesuitas instalaron un sistema comunitario, sin dinero ni diferencias sociales, basado en una economía de autoabastecimiento que se extendió también a poblados indígenas del territorio brasileño. 

La actividad misionera protestante fue escasa, dado que la expansión colonial dependía de compañías comerciales, no de los gobiernos. Pero los neerlandeses sí expulsaron a los misioneros católicos de los territorios de Asia que lograron controlar, sustituyéndolos por misioneros protestantes. Los ingleses en Norteamérica no se interesaron por la evangelización de los indígenas y la Society for promotion of Christian Knowledge no se creó en Inglaterra hasta 1699. 

Los comienzos de la descristianización 

En ambos ámbitos del cristianismo aparecieron los movimientos libertinos en el s. XVII, caracterizados por el escepticismo ante la revelación, el rechazo de dogmas cristianos y la adopción de actitudes paganas como el estoicismo y, en especial, el epicureísmo. Son herederos de los críticos racionalistas del siglo anterior como Pomponazzi, Maquiavelo o Montaigne, y defienden la libertad del pensamiento en el ámbito religioso, cultural y científico. Comenzaban asimismo a surgir planteamientos que, aun aceptando el hecho religioso, tratan de sujetarlo a la razón, tendencia que llevaría al deísmo, desarrollado sobre todo en el siglo XVIII. El racionalismo aplicado a la religión anunciaba la Ilustración del s. XVIII.