En 2019 se cumplieron 80 años del fin de la Guerra Civil española y de la huida de republicanas y republicanos españoles hacia Francia, norte de África y el continente americano. Fue La Retirada una diáspora de masas, calculada en unas 480.000 personas, de larga duración y plural porque incluyó personas de todos los estratos sociales, políticos y económicos, desde simples asalariados o amas de casa hasta un muy elevado número de intelectuales, en torno a unos 5.000.
La caída de Barcelona el 26 de enero de 1939 precipitó la Retirada y, entre finales de enero y el mes de febrero de aquel duro y muy gélido invierno, aproximadamente medio millón de españoles republicanos vencidos, de todas las clases sociales y edades (ancianos, mujeres, milicianos y niños), desarmados y ligeros de equipaje, atravesaron con sus maletas y bultos la frontera francesa.
Para la mayoría de nuestros intelectuales exiliados la primera experiencia de su exilio francés fue la de los campos de concentración: Argelès, Saint Cyprien, entre otros. Los artistas, escritores e intelectuales republicanos internos en estos campos de concentración franceses preferían, por razones obvias de lengua y cultura, exiliarse en América, sin olvidar que muchos exiliados republicanos españoles terminaron por convertir Francia en su residencia definitiva y que permanecieron en una Europa abocada a la Segunda Guerra Mundial. Instalados en sus distintos países de acogida y creadas nuevas instituciones como la Junta de Cultura Española, fundada en París en marzo de 1939, los intelectuales republicanos exiliados pudieron publicar durante aquel mismo año sus primeros libros, editar sus primeras revistas, exponer sus primeros cuadros o dar sus primeros cursos en aquellas universidades americanas.
EL INICIO DE LA RETIRADA
A finales de 1938, tras el hundimiento del frente del Ebro, Franco comenzó su ofensiva en Cataluña. la caída de Barcelona precipitó un éxodo anunciado. Entre el 28 de enero y mediados de febrero de 1939, unos 500000 refugiados cruzaron la frontera entre Andorra y el Mediterráneo. las autoridades francesas aprobaron primero el paso de mujeres, niños, ancianos y militares heridos,y, más tarde el de los militares del ejército republicano.
A pie, en burro, a caballo o en camión este éxodo se dirigió hacía los diferentes pasos fronterizos de los pirineos Orientales todavía abiertos. Los fascistas no llegaron al Coll dÁres hasta el 13 de febrero. en las montañas de la Cerdaña, del Vallespir y de la Albera, a menudo cubiertas de un manto de nieve, la mayorías de los republicanos cruzaron la frontera por senderos de cabras y de contrabando. otros probaron suerte por la costa.
A mediados de febrero de 1939, este éxodo masivo, conocido como "La Retirada", llega a su fin, aunque durante meses miles de refugiados siguieron aún pasando clandestinamente a Francia.
El dispositivo policial y militar francés tenía como objetivo desarmar a los soldados republicanos y dirigirlos a campos de concentración provisionales establecidos en las playas de Argelès-sur-Mer y Saint-Cyprien. Los heridos, los enfermos, las mujeres y los niños serían evacuados gradualmente y traslados a refugios repartidos por toda Francia. no obstante, algunos miles de mujeres y niños quedaron atrapados en los campos de los Pirineos Orientales. Poco a poco, se erigió una segunda red de campos de concentración en el suroeste del país, como los de Le Barcarès, Bram, Agde, le Vernet, Septfonds y Gurs.
Prácticamente unos 250 000 de los exiliados republicanos consiguió regresar a España donde recibieron una dolorosa acogida. De la otra mitad, muchos murieron en campos de concentración franceses tanto como en las filas de la resistencia o en los campos de trabajos y en los de exterminio nazis. los supervivientes de integraron en los países que los recibieron, principalmente en Francia. la mayor parte de estos desterrados no pudo regresar a su patria hasta la muerte del dictador.
La figura de Philippe Gaussot
Philippe Gaussot nació el 28 de agosto de 1911 en Belfort, donde su padre, entonces capitán, estaba en la guarnición. El más joven de ocho hermanos, es prácticamente el único que no acepta ni una carrera militar ni una religión. En 1914, los Gaussots tuvieron que huir de Belfort bajo los bombardeos para refugiarse en Bar-le-Duc, luego en Besançon, antes de establecerse en 1920 en Bayona, donde vivieron muy felices durante cuatro años, aunque sin dinero. En 1924, regresó a Besançon, luego la familia se mudó a París en 1929, para que los dos más pequeños pudieran continuar sus estudios. Atraído por las colonias, ingresó en el Lycée Louis-le-Grand para preparar la Escuela Nacional de Ultramar de Francia. Recibido en 1931, eligió la sección de Indochina, con la esperanza de ser nombrado administrador en Camboya o Laos. Los problemas de salud iniciales arruinarán esta ambición. Al mismo tiempo, Philippe aprobó su licenciatura en derecho, investigó un poco y luego participó activamente en el lanzamiento y la caminata de la Juventud Cristiana Estudiantil (JEC); estuvo a cargo de publicaciones, produjo varios diarios y libros de ruta y escribió un libro sobre la rama Cadete, del cual era responsable, después de haber sido secretario general.
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| Philippe Gaussot |
Luego estableció contactos con otros movimientos, como los albergues juveniles (donde conoció a Paul-Émile Victor) y los jóvenes socialistas. Para furia de su padre, reemplazó al jefe de los pioneros rojos del distrito 19 por algunos meses. En 1936 vio el advenimiento del Frente Popular intensamente. A partir de este momento, sus primeros viajes a las montañas datan, principalmente, de Barèges (campamento Bernard-Rollot) y Chamonix, donde a los 18 años hará el Grépon a la cabeza de la cuerda, y luego muchas otras carreras importantes. Se fue a hacer su servicio militar en Sospel, deseando alejarse lo más posible de París y vivir en paz como guardián de la montaña durante un año. Reformado después de un problema pulmonar, tuvo que regresar a París y luego recuperarse en Chamonix.
Tras la Guerra Civil Española, ayudado por varios camaradas catalanes y vascos, cruzó a menudo la frontera para abastecer a los republicanos sumidos en los desastres de la guerra. en febrero de 1939, hace su último viaje clandestino y regresa en un camión cargado de niños y mujeres: "Nuestro último viaje fue a Puigcerdà, donde conduje un camión de siete toneladas, con la ayuda de dos milicianos, por calles minadas".
Ya en Francia, Philippe Gaussot y el Comité abastecen varios campos de concentración y ayudan a fundar asentamientos para acoger a mujeres y niños. Cuando estalla la Segunda Guerra mundial, al no poder ser movilizado por problemas de salud, es nombrado delegado nacional del comité donde se encarga de la reconversión de exiliados.
También participa activamente en la resistencia contra los nazis y se alista en la Fuerzas Francesas del Interior. al acabar la contienda, Philippe Gaussot se establece en los Alpes, en Chamonix, donde trabajo como periodista en septiembre de 1945, finalmente ingresó en
Dauphiné libéré, donde permaneció hasta su muerte. Es parte del equipo fundador del periódico, junto con Louis Richerot y Louis Bonnaure. Cubre los principales eventos deportivos como los Juegos Olímpicos de Invierno y los campeonatos mundiales de esquí, y todos los grandes dramas de la montaña
EL EXILIO Y LA CULTURA
El exilio ha sido una constante en la historia moderna española, pero ninguno tuvo la dimensión trágica del de los republicanos expulsados tras la Guerra Civil. durante los primeros meses de 1939, alrededor de medio millón de españoles cruzaron la frontera francesa en sucesivas oleadas, las últimas causadas tras la caída de Barcelona en febrero de ese mismo año. La mayoría de los exiliados fueron internados en campos de concentración improvisados, algunos de los en las propias playas del Rosellón.

Las primeras manifestaciones de la culturas de los republicanos españoles que traspasaron la frontera a principios de 1939 las encontramos en los «campos de la playa» adonde fueron conducidos. En Argelès, Barcarés, Saint Cyprien y luego en otros campos de concentración del interior, los españoles trataron de mantener la tradición cultural republicana que traían consigo como medio de enfrentarse a la trágica situación del exilio. En los campos fueron encerrados no sólo soldados del ejército republicano derrotado, sino también escritores, médicos, abogados, maestros, profesores, estudiantes... Pronto los responsables españoles de los campos y muchos internados, para hacer más llevadera la vida de miseria y degradación de esa reclusión forzada, empezaron a organizar actividades que retomaban el espíritu de lo que había significado la cultura en los años de la República. Se organizaron barracones de la cultura en donde se desarrollaban diferentes actividades culturales y de ocio (bandas de música, competiciones deportivas...), se impartieron clases y se editaron boletines.
La vida en los campos ha sido recogida en dibujos, grabados, acuarelas... de pintores. Unos realizaron su obra en los campos con medios precarios, otros cuando salieron, algunos con posterioridad ya que eran niños cuando estuvieron en los campos con sus familias. También se celebraron exposiciones. En el campo de Septfonds el español Buenaventura Trepa pintó un vía-crucis en la iglesia del pueblo del mismo nombre. Entre los pintores que recogieron la vida en los campos están los nombres de Antoni Clavé, Josep Franch-Clapers, Bartolí, Nicómedes Gómez, Jesús Martí... En exilio fallecerían
Antonio Machado o
Manuel Azaña entre otros, cuyas tumbas se convertirían en lugares de peregrinación.
Machado se convertiría en una figura de homenaje. Junto a él, se repetían tres nombres más de la literatura:
Uno de los aspectos que constituyen un claro reflejo de la intensa actividad cultural de los refugiados en Francia lo podemos ver en la prensa, prensa militante, comprometida, que en su estructura formal era heredera de la prensa de la República y de la guerra con nuevos contenidos adaptados a la situación de exilio. Geneviève Dreyfus ha rastreado cerca de seiscientos títulos de publicaciones periódicas entre 1939 y 1975 en Francia y África del Norte. La mayor parte de estas publicaciones eran órganos de expresión del gobierno central y autónomos en el exilio y de partidos políticos y organizaciones sindicales. Presentaban un carácter diverso. En gran medida eran publicaciones donde pasmaba la orientación política, pero se editaron también otras importantes revistas de carácter cultural y literario. La riqueza formal y de contenidos, la amplitud o la duración variaron. Los problemas de financiación fueron frecuentes y sufrieron prohibiciones en diferentes momentos. No obstante, su consulta es fundamental para un conocimiento de las prácticas culturales de los exiliados. En ellas escribieron gran parte de los ensayistas, narradores, poetas o dramaturgos. En algunas revistieron gran interés las ilustraciones, además de las noticias sobre actividades culturales o las relaciones de libros que se publicaban.

Los escenarios se convirtieron en espacios de encuentro para numerosos intelectuales y creadores que colaboraron en la puesta en escena de obras de teatro y danza como dramaturgos, coreógrafos, libretistas, compositores, escenógrafos, figuristas e intérpretes. En los nuevos contextos de guerras y desplazamientos forzados, las compañías de teatro y ballet ofrecieron a los exiliados una oportunidad laboral que permitieron, no solo conocer sus propuestas allá por donde pasaron en gira, también ayudaron a crear redes de apoyo que se tejieron y reforzaron entre los exiliados españoles y los creadores locales, favoreciendo el intercambio, la experimentación y el enriquecimiento mutuo.
El mejor teatro español, al menos durante los años cuarenta, se representó en el exilio y tuvo por escenarios los teatros de América, muy particularmente Buenos Aires y México D.F. entre las numerosas compañías en las que se integraron artistas e intérpretes exiliados, destaca la de Margarita Xirgu, quien en el Teatro Avenida de Buenos Aires estrenó obras de Rafael Alberti, Alejandro Casona y Federico García Lorca.
Al no depender de la palabra, la danza del exilio logró una presencia muy amplia, no solo en Iberoamérica, sino también en otros centros de Francia, Reino Unido, Estados Unidos y la Unión Soviética. El lenguaje de la danza española sirvió de aglutinante para una comunidad dispersa, rememorando y evocando la memoria de una tierra perdida, manteniendo vivos los recuerdos y ayudando a resistir a pesar de la distancia.

Un último aspecto que hay que destacar es el que se refiere a las artes plásticas. Así como una gran parte de escritores, científicos y profesionales liberales trataron de reemigrar de Francia a México, los pintores, escultores, ilustradores... permanecieron en su mayoría en Francia y se vincularon al grupo español de la Escuela de París, integrado por artistas llegados a esta ciudad a principios de siglo o en el periodo de entreguerras, siendo ayudados por miembros de este grupo como Picasso. Algunos de estos artistas se quedaron en París, otros se instalaron en diferentes lugares, pero manteniendo siempre un lazo de unión con la capital francesa. Aquí permaneció el escultor Baltasar Lobo, autor del monumento erigido en Annency para conmemorar a los españoles muertos en las filas de la armada francesa y de la Resistencia. En Toulouse la actividad plástica también tuvo gran fuerza auspiciada por los libertarios que impulsaron las Exposiciones de Arte Español en el exilio, la primera de las cuales se celebró en febrero de 1947, en la Cámara de Comercio. Pintores vinculados a la vida de la «ville rose» fueron Hilarión Brugarolas o Juan Jordá. Entre los ilustradores no se pueden olvidar a Call y Argüello, merecedores de una monografía.
Acerca de la pintura «del exilio», la vinculada a la República, también tendríamos mucho que decir, está convenientemente estudiada la carga cultural de los dos contendientes durante la Guerra Civil Española y lo decisivo del Pabellón Español de París en 1937, en el que se expone por primera vez el Guernica de Picasso y en el que participan artistas como Alberto Miró, Alexander Calder, Renau... etc. El grupo de artistas que participa en esta exposición ya nos da las pautas de los diversos elementos que conformarán el exilio artístico español: Representantes de la vanguardia histórica española exiliada en París, algunos que han ido participando en la incipientes exposiciones vanguardistas alentadas en el interior desde 1925, camelistas revolucionarios... etc. Las corrientes artísticas son variadas igualmente, no todo responde a la temática de compromiso desarrollada a raíz de la guerra, sino que se incorporan los nuevos lenguajes que en aquellos momentos se practican en París. Y, como un hecho excepcional, todas estas corrientes son admitidas en París, lo que no ocurre en el interior, ni siquiera en el bando republicano.
A raíz de la derrota, numerosos artistas españoles, conocidos y desconocidos, cartelistas, anónimos artistas, anarquistas, etc. se incorpora a ese exilio anterior que si escasas posibilidades de volver al país antes, menos tiene ahora bajo el régimen franquista. El grueso del exilio que entonces se produce es muy variado y complejo y merece un estudio pormenorizado, pero antes de hacerlo me gustaría dejar patente la diferencia con el exilio literario.
LOS PAÍSES DE ACOGIDA
La Unión Soviética
El primer aspecto diferenciador es el hecho de que el colectivo de españoles numéricamente más importante que, al finalizar la guerra, se encontraba en la Unión Soviética eran los casi 3.000 niños que habían sido evacuados en 1937 y 1938. Junto a los niños había otros colectivos que fueron a ese país durante la guerra: los educadores y personal auxiliar que acompañaron a los menores en las expediciones, los alumnos pilotos que iban a estudiar a las escuelas de aviación soviéticas y los tripulantes de los barcos españoles que se encontraban en ese país o navegando hacia él cuando terminó la guerra.
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| Monumento a Rubén Ibárruri en Volgogrado. |
Nada más llegar los niños a la Unión Soviética se les bañaba, pasaban una revisión médica, los vestían con ropa nueva y los alojaban en unos hoteles durante unos días, después los llevaban a unos campamentos de pioneros para descansar unas semanas, antes de ser distribuidos en las Casas de Niños. El gobierno Soviético prestó una atención especial a estas Casas, en donde los pequeños tenían
cubiertas todas sus necesidades: se les dieron todas las facilidades posibles para poder estudiar, les enseñaban educadores españoles y rusos, se ocupaba de ellos el personal auxiliar que les habían acompañado en las expediciones, aunque progresivamente fue siendo desplazado por personal ruso, se tradujeron al español libros de texto, había los llamados «círculos de interés» en donde podían aprender
música, baile, costura, fotografía, aeromodelismo, carpintería, representar obras de teatro, practicar deportes... Visitaban las Casas escritores, militares, científicos de renombre que las «apadrinaban» y el verano lo pasaban en la playa o en sanatorios reponiéndose del duro invierno
Los exiliados políticos en cuanto tales empezaron a llegar en abril de 1939, en reemigración desde Francia y el norte de África; fueron solamente algo más de un millar de personas: dirigentes, militares de alta graduación, cuadros medios, militantes de base; con sus familias y con una adscripción política clara al Partido Comunista de España (PCE). No solo se trasladaron La dirección del PCE, incluidos José Díaz, su secretario general, y Dolores Ibárruri, La Pasionaria, quien se trasladó a Moscú, sino también escritores como Celso Amieva, César M. Arconada, José Laín o Julio Mateu; periodistas como Eusebio Cimorra o José Luis Salado; escultores, científicos, militares, deportistas,espías, ingenieros, arquitectos y médicos.
Muchos participaron en la Segunda Guerra Mundial en las filas del ejército soviético, muriendo en el frente oriental como Rubén Ibárruri, hijo de Pasionaria. Otros alcanzarían los más altos honores dentro del Ejército soviético. Más tarde, algunos volverían a España en 1954, en el Semímramis, mezclados con miembros de la División Azul capturados por los soviéticos.
Los
"Niños de la guerra" hicieron su vida en la Unión Soviética, estudiando,
trabajando y formando una familia, pero algo los hizo diferentes. Por un lado
la añoranza de un país que apenas tuvieron tiempo de conocer y por otra un
instinto de supervivencia que les impulsó a mantenerse unidos, a agruparse en
sus centros, a practicar el castellano para no olvidarlo, a fijar en las
paredes carteles turísticos de Valencia o el País Vasco, a crear grupos de
baile y a leer a poetas españoles.
En 1990, mediante la Ley 18/1990, se les facilitó la recuperación
de la nacionalidad española. En 1994 se firmó el convenio Hispano-Ruso de
Seguridad Social por el que obtuvieron el derecho a pensiones de jubilación,
invalidez y supervivencia. En diciembre de 2003 se concedió la Medalla de Honor
a la Emigración en su categoría de oro al “colectivo de niños de la Guerra” de
Rusia.
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| Niños de la Guerra |
Inglaterra
Gran Bretaña recibió algo menos de 5 000 refugiados de España durante la Guerra Civil española de 1936-1939, una fracción de casi medio millón que había cruzado la frontera hacia Francia a principios de 1939. La mayor parte del total de refugiados en Gran Bretaña se explica por la llegada el 23 mayo de 1937 del vapor Habana, que había navegado desde Bilbao a Southampton con 3 861 niños que escapaban de la campaña de bombardeos de Franco en el norte de España.
La conmoción provocada por el bombardeo de Guernica el 26 de abril de 1937 dio el impulso para la organización de la evacuación a gran escala de la población civil. Para ello, fue imprescindible el apoyo de Gran Bretaña y de Francia, ya que la armada franquista se oponía a dicho proyecto. Francia se comprometió a acoger a los exiliados en su territorio y la armada británica a escoltar las expediciones. El apoyo de ambas potencias con la implicación activa de la Royal Navy, provocó una reacción colérica de los sublevados que lo consideraron una injerencia extranjera, llegando a amenazar con hundir los barcos que salieran del Puerto de Bilbao (Santurce) con exiliados. La llegada del Habana fue la mayor afluencia de exiliados a Gran Bretaña en un solo día. Los “niños vascos” estaban acompañados por 230 adultos: 120 ayudantes conocidas como “señoritas”, 95 maestras y 15 sacerdotes. Los niños siempre fueron atendidos por voluntarios, con la ayuda de sindicatos, grupos religiosos, organizaciones benéficas, y distintos filántropos bajo la dirección del Comité de Niños Vascos.
El domingo 23 de mayo de 1937 los niños comenzaron a desembarcar, y fueron llevados al campamento de North Stoneham, en Eastleigh, donde se habían instalado 500 tiendas, agua corriente y servicios sanitarios. La alimentación de los 4000 niños ocasionó mucho trabajo, y pronto se fueron distribuyendo en grupos más pequeños a lo largo de Gran Bretaña en 45 colonias. Tres semanas después de la llegada al campamento, ya habían salido 1161 niños hacia distintas colonias.
Por otro lado, también es necesario destacar que varios políticos notables republicanos encontraron refugio en Londres, especialmente durante la Segunda Guerra Mundial. Entre ellos, Santiago Quiroga, primer ministro al comienzo de la Guerra Civil, y el coronel Segismundo Casado, líder del golpe de Estado republicano de marzo de 1939 que abrió el camino para que Franco ingresara a Madrid y declarara la victoria. Y por supuesto no olvidamos al Dr. Juan Negrín, Presidente del Consejo de Ministros de la II República Española desde el 17 de mayo de 1937 hasta el 31 de marzo de 1939. Así como miembros del Partido Nacionalista Vasco, por ejemplo, Manuel de Irujo, Ángel Gondra o Ignacio de Lizaso; y también líderes nacionalistas catalanes, como Carles Pi i Sunyer, Batista i Roca, o el Dr. Josep Trueta, entre otros.

Más de 1.200 excombatientes republicanos españoles se alistaron en el Ejército británico (British Army) para combatir contra el nazismo y el fascismo durante la Segunda Guerra Mundial.
Más de una docena de españoles republicanos sirvieron en comandos del SAS. Todos tenían experiencia de combate en la Guerra Civil española y algunos procedían de grupos reclutados por el ejército francés en campos de refugiados situados en el sur de Francia durante 1939. Otros procedían de la Legión Extranjera Francesa estacionado en Siria o el Líbano. 63 de estos españoles se unieron al ejército británico primero en el Queen's Royal Regiment y luego en el 50th Middle East Commando en 1940, en Egipto. Todos pasaron al batallón D de Layforce en Creta. Tras la toma de Creta por parte de los alemanes en 1941, algunos lograron escapar. Los españoles capturados que sirvieron en los comando se hicieron pasar por gibraltareños, gracias al médico del 50 grupo de comandos. En abril de 1943 cerca de la mitad de los que sirvieron en Creta pasaron al 361 de los Pioneer Corps en Argelia. Dos fueron al 1º Regimiento de Servicios Especiales y de allí pasaron al 2º SAS, en 1943, como otros que terminaron en los 3º y 4º formados principalmente por franceses. Algunos de esos españoles que sirvieron en el SAS fueron Juan Torrents Abadía (John Colman), Francisco Gerónimo (Frank Williams), Ángel Camarena (Alan Cooper) y Rafael Ramos. Tras la caída de la isla de Creta en manos alemanas, algunas fuerzas británicas lograron escapar a Egipto. Allí unos 5 españoles se volvieron a unir al Queen’s Royal Regiment, perteneciente a la 7º División Acorazada Británica, las famosas "Ratas del Desierto" que lucharon con Montgomery.
En el caso de la única unidad formada íntegramente por españoles (aunque mandados por oficiales británicos), la No. 1
Spanish Company of the Auxiliary Military Pionner Corps (AMPC), se procuró que los cabos y sargentos fueran compatriotas de los soldados. Scullion tiene noticia de que hubo al menos 4 españoles en el ejército británico con rango de oficiales. Había por supuesto muchos españoles que habían sido oficiales en el ejército republicano y servían en el británico como simples soldados.
Hubo cierta controversia sobre si esos militares no hubieran podido ser aprovechados mejor con su rango original.
Sean Scullion muestra cómo hubo dos grandes oleadas de alistamientos de españoles en el ejército británico. La primera en 1940, tras la caída de Francia, cuando se formó la Spanish Company, con muchos que habían peleado en el ejército francés en Narvik y Dunkerque, aunque también con españoles residentes en Reino Unido y otros que habían escapado directamente desde España, alguno nadando a Gibraltar como Francesc Dalmau. La Spanish Company estuvo acantonada en Gran Bretaña hasta su despliegue en Normandía en 1944. Llevaban una “S” en la manga y su lema era “1940 hasta la Victoria”. Varios miembros de la compañía fueron reclutados para el SOE de cara a emprender operaciones clandestinas en España y se relacionaron con personajes como Ian Fleming y Kim Philby.

Los cerca de 140 de españoles que pasaron al SOE realizaron diversas operaciones de sabotaje, información o apoyo a los grupos de la Resistencia en Europa, algunos de ellos (ex miembros de la Legión Extranjera Francesa) participando en la Operación Postmaster, en Guinea Ecuatorial. Cuatro de los participantes regresaron a Gran Bretaña para entrenar con el resto de sus compañeros del SOE.
La segunda oleada tuvo lugar a finales de la operación Torch que liberó el Norte de África y posibilitó que los españoles que estaban en los campos de Túnez o Marruecos se enrolaran. Numerosos españoles huidos de Francia tras la caída del país también se enrolaron en el ejército británico.
"Su protagonismo abarca toda la geografía, lucharon en el norte de África, en Creta, estuvieron en la invasión de Italia, en el desembarco de Normandía y algunos hasta llegaron a Berlín en julio de 1945, e incluso tras el final de la guerra dos españoles del SAS (Servicio Aéreo Especial) fueron enviados a Noruega para desarmar a los alemanes que estaban allí", Scullion.
Más de una docena de republicanos españoles sirvieron en el SAS luchando tras las líneas enemigas en Francia, Bélgica, Alemania e Italia. Todos ellos cambiaron sus nombres. Durante la Operación TOMBOLA en Italia en 1945, Rafael Ramos, otro español del SAS, ganó la Medalla Militar por sus acciones durante un ataque a un cuartel general alemán. La mayoría de estos españoles hablaba poco o nada de inglés. Conscientes del riesgo de ser devueltos a España si eran capturados, los miembros de los Comandos de Oriente Medio que fueron capturados fingieron ser gibraltareños. Otros intentaron hacerse pasar por franceses.
Poco antes de la muerte de Franco, en octubre de 1975, miembros de la Asociación de Excombatientes Españoles se reunieron en Whitehall (Londres) para depositar una corona en el cenotafio, el monumento a los caídos, encabezados por Agustín Roa Ventura, Antonio Vargas, Miguel Pino y Luis Portillo, el padre del que luego fue ministro británico Michael Portillo.
Argentina
Argentina fue el gran foco cultural del exilio, si bien toda Iberoamérica recibió a los exiliados siendo significativos diversos países de Centroamérica, México, Colombia y Venezuela. A Buenos Aires arribaron políticos como Niceto Alcalá Zamora o Luis Jiménez de Asúa, presidente de la República en el exilio; un historiador relevante como Claudio Sánchez Albornoz, quien también ostentaría el cargo de presidente en el exilio; escritores como Rafael Alberti, Francisco Ayala, Alejandro Casona, Rafael Dieste, Maria Teresa León, Arturo Serrano Plaja o Lorenzo Varela; relevantes artistas plásticos; o el fotógrafo José Suárez.
El esfuerzo antes dedicado a la militancia pro republicana, viró a la ayuda hacia los exiliados. Se crea, por ejemplo, la Central Gallega de Ayuda a los Refugiados, en el seno de la Federación de Sociedades Gallegas.
Allí se planteaba que las sociedades españolas establecidas en América tenían dos deberes: amparar a los refugiados y trabajar por el futuro de España. La lucha por los valores que defendía la República debía continuar en suelo americano, porque esa era la forma de enfrentar al autoritarismo y alcanzar la libertad a escala mundial.
Así como Crítica había sido un activo impulsor de la ayuda a la República al poco tiempo de iniciada la guerra civil, el diario también adquirió un rol central cuando ésta finalizó y comenzaron a tejerse las redes de ayuda y recepción de refugiados republicanos.
Entre ellos tuvieron fuerte representación los de buena formación intelectual, que habían sido miembros de la elite política, académica o literaria en la España de los años 30. Era por tanto una emigración muy distinta a la de motivación sobre todo económica, que había llegado al país desde la segunda mitad del siglo XIX y formó la enorme colectividad española de Argentina.
Entre los factores que influyeron para que eligieran Argentina estuvo el que tuvieran familiares en el país, y la posesión de avales laborales e institucionales que favorecieran su inserción. También tuvo gravitación la buena imagen que tenía Argentina, como país acogedor, de elevada formación cultural y con posibilidades de progreso.
Fue la elevada preparación intelectual de muchos de ellos, junto al relieve político de algunos, que eran antiguos altos funcionarios, legisladores o diplomáticos de la República, la que confirió a los exiliados, pese a su corto número, un lugar de privilegio en el campo intelectual y literario del país.
Fue importantísima la contribución de los exiliados españoles a la labor editorial argentina gracias a Gonzalo Losada (fundador del sello Losada), Álvaro de las Casas (emecé), Arturo Cuadrado (Botella del Mar), Antoni López Llausás (Sudamericana), Joan Merli (Poseidón) entre otros. obra del exilio fueron también las grandes revistas
Correo literario, Galicia Emigrante, y
De Mar a Mar.
Además de gran número de escritores, y de algunos arquitectos y compositores, Buenos Aires, recibió a un importante plantel de artistas plásticos españoles, entre los que destacan el andaluz Manuel Ángeles Ortiz y los gallegos Manuel Colmeiro, Maruja Mallo y Luis Seaone.

El Caribe y Estados Unidos
El exilio republicano español en el Caribe y los Estados Unidos constituyó un flujo migratorio marcadamente intelectual y profesional que transformó la cultura, la educación superior y las artes de la región tras el fin de la Guerra Civil Española en 1939. Mientras que destinos como México albergaron migraciones masivas y obreras, los países caribeños y el territorio estadounidense actuaron principalmente como refugios selectivos de académicos, científicos y artistas de vanguardia.
Cuba, Santo Domingo, Puerto Rico y Estados Unidos fueron países de acogida para numerosos exiliados. En la Habana, transcurrió el primer exilio de Manuel Alto Aguirre, que, antes de instalarse definitivamente en México, imprimió, con el mimo habitual, numerosas obras poéticas y narrativas, así como la revista Verónica.
Puerto Rico
La isla caribeña se convirtió en uno de los núcleos intelectuales más brillantes de la diáspora gracias a la gestión de Jaime Benítez, rector de la Universidad de Puerto Rico. Al operar bajo leyes estadounidenses pero compartir el idioma español, facilitó una inserción inmediata.
El presidente de la Universidad de Puerto Rico, Jaime Benítez Rexach, extendió una invitación a poco más de medio centenar de exiliados republicanos, en su mayoría profesores, intelectuales, escritores, músicos, artistas y científicos, para dictar cátedras en la Universidad. Los exiliados republicanos fueron piedra angular en el proyecto de fortalecer y jerarquizar las disciplinas académicas universitarias, replanteando la cuestión de nuestra identidad cultural, nuestro idioma y las nuevas exigencias de la educación superior con una visión dirigida a la investigación.
Estos profesores y científicos españoles crearon y estructuraron los departamentos de Estudios Hispánicos, Estudios Generales, Ciencias Sociales, Medicina, Arquitectura y Artes Plásticas. También fundaron revistas y casas editoriales, dejando su huella en el país. Se distinguieron entre ellos Juan Ramón Jiménez – Premio Nobel de Literatura en 1956 - Pedro Salinas, Tomás Navarro, Francisco Ayala, María Zambrano, Zenobia Campubrí, Carlos y Juan Marichal, Javier Malagón, Jorge Guillén, Federico de Onís, Jorge Enjuto, Joaquín y María Rodrigo, Alfredo Matilla, Francisco Vázquez (Compostela).
La llegada de los exiliados a Puerto Rico coincide con una transformación en la vida política y social puertorriqueña. Igualmente, su arribo coincide con la reforma que impulsa Benítez al entrar como rector de la Universidad de Puerto Rico en 1942. Se trata de un momento de rupturas y cambios que el rector y su equipo supieron leer. Estos aprovecharán la coyuntura histórica para reclutar exiliados españoles como profesores de su Casa de Estudios inspirada en Ortega y Gasset (y si estos eran sus discípulos, mucho mejor).
En la Universidad de Puerto Rico, los exiliados ostentaron puestos de poder e influencia en los decanatos (Sebastián González García y Jorge Enjuto), gozaron de cuantiosas ayudantías (María Zambrano, Julián Marías) y participaron en las directivas de las revistas universitarias y culturales (Juan Ramón Jiménez, Francisco Ayala). Sin duda, sus gestiones dejaron huella. Se pudieron integrar en los debates puertorriqueños, como el de la defensa del idioma español (Pedro Salinas), y asistir a las famosas tertulias de Nilita Vientós Gastón, uno de los ejes culturales de los cuarenta y cincuenta en la isla. Estaban presentes en cada renglón cultural. Escribieron columnas en los rotativos locales (Alfredo Matilla), historiaron la historia puertorriqueña (Federico Enjuto). Incluso algunos crearon escuela, como Carlos Marichal o Federico de Onís. También se integraron a programas radiales. De forma que no solamente impactaron la comunidad universitaria, sino también el resto del pueblo, aunque continuaran siendo parte de la élite por su educación, círculos y costumbres.
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Cuba
Debido a los fuertes lazos históricos previos entre ambos países, Cuba recibió a miles de refugiados. Aunque muchos lo utilizaron como un puerto de tránsito temporal hacia México o Estados Unidos debido a la inestabilidad económica de la isla, su huella en las instituciones docentes locales fue profunda.
Ante las dificultades que hallaron para ingresar como docentes en centros oficiales o privados, los españoles del exilio se propusieron fundar, casi siempre con el apoyo solidario de profesores cubanos, nuevos planteles de enseñanza elemental, media e incluso, en algunos casos, superior. El más relevante de estos proyectos fue la Escuela Libre de La Habana, constituida en agosto de 1939 e inspirada en la Institución Libre de Enseñanza que había establecido en España a fines del siglo xix el educador Francisco Giner de los Ríos. El plantel habanero se concibió con cinco secciones, que abarcó desde el Bachillerato hasta el nivel superior, se trazó ambiciosos objetivos y tuvo como director al prestigioso abogado y político cubano José Miguel Irisarri, al que escoltaron los profesores Roa, Entralgo, Alfonso Bernal del Riesgo y Salvador Vilaseca. En una posición más discreta se situaron los exiliados gallegos Rubia Barcia y Luis Tobío, verdaderos iniciadores del proyecto, al que se fueron sumando otros intelectuales de prestigio: Fernando Ortiz, José María Chacón y Calvo, Medardo Vitier y Rafael García Bárcena, así como los integrantes de la diáspora española Herminio Almendros, Alienes Urosa y el jurista Mariano Sánchez Roca.
En Cuba radicó durante años el aparato de dirección de la organización continental de los refugiados españoles, que fue un gran movimiento que abarcó a toda América y brindó una importante ayuda
solidaria a los refugiados y perseguidos por el régimen franquista.
Durante el exilio forzado en Cuba, con el apoyo de los comunistas cubanos que centraron su trabajo, público y clandestino, en el Comité con Vista a España, importantes dirigentes y combatientes republicanos españoles se prepararon para su regreso a España y continuar allá la lucha. Entre otros, Casto García Roza, Vicente Uribe, Pedro Ardíaca, Luis de Laje, Francisco Antón, José Gómez Galloso, Jesús Larrañaga y Julián Grimau. Estos últimos tres traicionados y asesinados en España. Santiago Álvarez Gómez, fue apresado y guardó prisión durante 10 años y Ángel Fernández Valverde apresado en la frontera con Portugal y expulsado a Cuba.
República Dominicana
Bajo la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo, el país abrió las puertas a unos 4,000 republicanos mediante acuerdos migratorios específicos. El régimen buscaba "blanquear" la población y modernizar la agricultura e infraestructura del país. Muchos exiliados llegaron en expediciones organizadas como la del vapor Cuba en 1940. No obstante, el choque ideológico con la tiranía trujillana provocó el éxodo posterior de la mayoría de ellos hacia otros países americanos.
El 6 de julio de 1940, sábado, arribó al puerto del viejo Santo Domingo de Guzmán el trasatlántico francés Cuba, transportando poco más de 600 refugiados de la Guerra Civil Española destinados al país en arreglo a los tratados migratorios establecidos entre el gobierno dominicano y el Servicio de Evacuación de Refugiados Españoles (SERE). Dentro del contingente a bordo del Cuba se hallaban personalidades cuya captura resultaba desde todo punto de vista interesante a las autoridades franquistas, como las de Ramón González Peña (dirigente de la Unión General de Trabajadores y ministro de Justicia durante el segundo gobierno de Negrín), Demófilo De Buen (jurisconsulto del Tribunal Supremo) o Matilde De la Torre (periodista y política), cercana a Negrín y a Julián Zugazagoitia, quien fue fusilado por Franco en 1940 tras su aprehensión en territorio francés. Reclutado mayormente en los campos de concentración franceses de Vernet y Colliure, el nuevo contingente hubiese elevado a cerca de 3,600 el número de los que por ese mecanismo habían llegado al país, cosa que no se produjo dado que, sorpresivamente, el gobierno desautorizó el desembarco, dando lugar a un poco claro incidente que canceló de facto la apertura inmigratoria del régimen de Rafael Leónidas Trujillo hacia los vencidos.
El Exilio en los Estados Unidos
La postura oficial del gobierno de Franklin D. Roosevelt durante la guerra civil fue de estricta neutralidad, manteniendo cuotas de inmigración muy rígidas. Pese a ello, Estados Unidos sirvió de refugio fundamentalmente para la élite científica, universitaria y literaria de la República, acogida por prestigiosas redes académicas norteamericanas.
Por lo que respecta al caso español, hubo diferentes movimientos antifascistas (sobre todo anarquistas y comunistas) que, en 1936, decidieron agruparse y conformar las Sociedades Hispanas Confederadas (SS.HH.CC), que contó con 20.000 afiliados activos y más de ochenta organizaciones afiliadas por todo el país. Esta tenía dos objetivos principales: la recogida de fondos para material sanitario que enviaban a España, y la propaganda de la causa republicana. Para conseguir ambos objetivos se organizaron actos culturales, publicaciones en el Periódico España Libre (1939-1976) y a través de un programa de radio. Esta organización fue tan influyente que incluso el FBI tenía informadores que se infiltraron en la misma. No obstante, hubo organizaciones como Solidaridad Internacional Antifascista, Federación de Grupos Anarquistas en Estados Unidos y el Comité Pro-Unificación Hispana, entre otras, que se organizaron de forma independiente a las SS.HH.CC.
Pablo Casals, el mundialmente famoso cellista, huyendo de la tiranía de Franco, se refugió en Prades, Francia: Al llegar a Prada, en el sur de Francia (primer destino del exilio), Pau Casals inició la organización de ayuda a los refugiados y su habitación del Grand Hotel se convirtió en una oficina desde la que enviaba miles de cartas a personas y organizaciones internacionales para pedir ayuda.Además de la ayuda individual, colaboró con organizaciones benéficas como la Spanish Refugee Aid (SRA), fundada en EEUU por la anarquista Nancy G. McDonald para ayudar a los exiliados en el sur de Francia.
Tras el estallido de la II Guerra Mundial y la ocupación alemana de Francia, después de un intento frustrado de ir a América, Pau Casals retornó a Prada, donde estuvo hasta 1957, cuando marchó a Puerto Rico, tierra natal de su madre y donde murió en 1973 a los 96 años.
Fijó su posición, así:
"Quiero paz, libertad y respeto para mis compatriotas. Mientras no sea así, no tocaré en España, ni en las naciones que han contribuido a la desdicha de España"
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| Pau Casals |
Francia
El gobierno galo recluyó a los exiliados, sometidos al hostigamiento de las tropas encargadas de la vigilancia en campos de internamiento a menudo improvisados e insalubres en playas como Argelès-sur-Mer, Le Bacrès y Saint-Cyprien. Situación que empeoraba con con la llegada del invierno.
Durante el año 1939 las autoridades francesas clasificaron los campos de concentración en varias categorías. Había por ejemplo un campo solo reservado para los catalanes, o campos como Barcarès, en el cual los prisioneros tenían las mejores condiciones, los que se usaba para la propaganda sobre los campos de concentración. El campo de Rieucros era reservado para las mujeres peligrosas, detenidas por sus opiniones políticas, y funcionaba como un campo de concentración desde el año 1939 hasta 1942. Durante estos años también una parte de las mujeres que se oponían al nazismo en Alemania fueron enviadas allí. A pesar de las clasificaciones, en Argelès-sur-Mer (como en otros campos también) había otras minorías que se consideraba peligro o indeseable como judías sefardís y gitanos. “A los refugiados españoles que seguían prisioneros an Argelés-sur-mer, se sumaron un millar de gitanos…más un ciento de croatas…más tarde llegó a engrosar la población un contingente de judíos sefraditas…”
Existe abundante literatura sobre ellos, tanto novelas y poemas, como diarios o memorias. también existen implacables testimonios de fotógrafos internacionales como
Capa, Senn o Gaussot y de prisioneros como Agustí Centelles, así como una abundante obra plástica inspirada en los mismos. el Rosellón sería la tierra de acogida de algunos de los exiliados, como el pintor Balbino Giner, que se haría amigo de Pau Caslas, que eligió Prades como sede de su festival musical; o el artista Manuel Pérez Valiente, "Juan de Pena" en su faceta de poeta. Pero la mayoría tuvo que partir muy lejos.
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Antonio Rodríguez Luna, Españoles en el campo de concentración de Argèles-sur-Mer, 1939. | |
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Campos de concentración franceses como Riveslates, campo rosellonés que vio pasar durante los años de la Ocupación nazi a judíos que después serían deportados y terminarían siendo víctimas del Holocausto, a resistentes, y, mucho más tarde, a
harkis que regresaban de la guerra de Argelia, ha sido convertido en un Memorial, inaugurado en 2015.
Otros campos de concentración franceses fueron:
- Agde
- Amélie-les-Bains
- Argelès-sur-Mer
- Aries-sur-Tech
- Le Barcarès
- Bram
- Brens
- Gurs
- La Récébédou
- Rieucros
- Rivesaltes
- Saint-Cyprien
- Setfonds
- Le Vernet- d'Ariège

Miles de soldados españoles en pésimas condiciones, tras haber luchado en la guerra civil y huir de la represión franquista, se hacinaban en los campos de refugiados, donde a duras penas sobrevivían. A principios de 1939 el gobierno francés estableció la obligacion para los refugiados extranjeros de edades comprendidas entre los 20 y 48 años de proporcionar prestaciones equivalentes al tiempo que los ciudadanos franceses pasaban cumpliendo con el servicio militar y dio origen a las compañías de trabajadores extranjeros, unidades militarizadas integradas por unos 250 hombres y capitaneadas por oficiales franceses de la reserva. Que desempeñaron tareas relacionadas con obras defensivas en las fronteras y de campamentos militares. Alrededor de unos 20.000 republicanos integraron esta fuerza.
Desde los meses de abril y mayo de 1939 se hizo evidente para las autoridades francesas la necesidad de disponer de la mano de obra que representaba el exilio republicano en suelo francés. Durante los meses que precedieron la movilización general de Francia, se multiplicaron las comunicaciones que recordaban y aconsejaban la posibilidad de ocupar a los hombres internados en los campos de concentración, desde un punto de vista laboral, pero también militar. Para su ocupación profesional, como se refleja en la comunicación del Ministerio de Trabajo anteriormente citada, se produjo un estricto control para que esta utilización de mano de obra fuera provisional y solamente en la medida en la que la insuficiencia de la mano de obra lo permitiera; e incluso, en algunos departamentos, una selección de un repertorio de empleos que podrían ocuparse (Bennassar, 2005: 81). Las autoridades se encontraron entonces ante el desafío de controlar estrictamente estas actividades profesionales con la progresiva apertura de sectores como la administración pública y los establecimientos y servicios que funcionan por el interés de la nación:
«A falta de la cantidad suficiente de mano de obra francesa, las administraciones públicas y los establecimientos y servicios que funcionan por el interés de la nación, podrán emplear, en título precario, extranjeros.»
Dentro de los sectores económicos que más emplearon mano de obra exiliada española «civil o exmilicianos» (es decir, dejando la puerta abierta a que estos trabajadores fueran de ambos sexos), fue la agricultura. El «Decreto sobre la situación de los trabajadores de nacionalidad extranjera en caso de guerra» estipulaba que las medidas de control que implicaban la necesidad de una autorización de la oficina departamental de empleo, no se aplicase a las profesiones agrícolas . En efecto, ante «la situación de la mano de obra susceptible de ser puesta a disposición de las explotaciones agrícolas», desde el Ministerio de Trabajo se disponía la «introducción en Francia de Trabajadores Extranjeros». Se contabilizaron «numerosos españoles residentes en Francia que pertenecen a profesiones agrícolas y que, hasta ese momento, han permanecido desempleados». El proceso de selección daba sus frutos al poder contar con «profesionales incontestables cuya moralidad y antecedentes han sido objeto de profundas investigaciones, y cuya contratación eventual tendría todas las garantías deseables, sobre todo desde el punto de vista sanitario».
La puesta en marcha del Comité d’Étude pour l’Etablissement et le Placement des Réfugiés espagnols dans l’agriculture française (REAF) en agosto de 1939, se fijó a partir del acuerdo del presidente del Consejo, Édouard Dalarier, a «la utilización económica de los refugiados» . Este organismo tendría como objetivo la integración de los exiliados y exiliadas españolas en la agricultura francesa, de tal forma que desarrolló un doble estudio, por un lado, de «las capacidades de los refugiados» y, por otro, de «los sectores de la economía agrícola francesa que necesitan actualmente estos trabajadores» . En los Archivos Nacionales de Francia se conservan cerca de 10.000 fichas individuales de hombres y mujeres exiliadas de la guerra de España que podrían ocupar un empleo en el sector de la agricultura , lo cual demuestra el ingente trabajo realizado para la contabilización de la mano de obra disponible.
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| Companía Trabajadores Extranjeros |
También las diversas organizaciones humanitarias que se dedicaron a la asistencia al exilio republicano vieron en su integración laboral no solamente un beneficio económico para Francia, sino también una oportunidad de cambio de paradigma al dejar de estar económicamente a cargo del Estado francés. Es preciso recordar cómo un contrato de trabajo representaba, en primera instancia, la posibilidad de salir de los campos y refugios y, consecuentemente, la reunificación familiar y, sobre todo, la emancipación de la tutela del Estado. El Comité français de coordination pour l’aide aux populations civiles de l’Espagne républicaine fue una de estas organizaciones que organizó, en junio 1939, la Conferencia Francesa de Ayuda a los Refugiados Españoles, titulada «Asilo y trabajo para los Refugiados Españoles. Por la liquidación de los campos de concentración»
El asilo que Francia les ofrecía, construyendo
la Línea Maginot, parecía la mejor solución a la horrible situación que atravesaban. Las expectativas de los milicianos españoles internados en los campos franceses eran muy limitadas, ya que no podían regresar a España.Con la certeza de que Francia entraría en guerra contra la Alemania nazi, más de 12.000 de ellos se alistaron en las Compañías de Trabajadores Extranjeros (CTE). Cada compañía constaba de 250 hombres. Se cobraban 50 céntimos de franco al día como dinero para gastos, buena ración de comida, cama, ropa de trabajo, sellos para escribir a la familia y cigarrillos. Descansaban de día paseando o viendo películas y trabajaban por las noches.
La línea se alargó desde Suiza hasta Luxemburgo, aunque una extensión mucho más simple fue ampliada hasta el Canal después de 1934. La línea original de construcción no cubrió el área elegida por los alemanes para su primer ataque, que fue a través de las Ardenas en 1940, un plan conocido como el Fall Gelb. La ubicación de este ataque, probablemente debido a la línea de Maginot, fue a través de las montañas belgas de las Ardenas.
La línea no evitó la derrota de Francia al comienzo de la Segunda Guerra Mundial en 1940.
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| Línea Maginot |
Grande fue la contribución de los exiliados españoles a la Resistencia, ya la liberación del país de los nazis, especialmente en el Centro y el Sur. Es un hecho muy poco sabido que más de 60.000 exiliados españoles lucharon junto a la resistencia francesa, además de otros millares que desempeñaron toda clase de servicios en las fuerzas regulares del ejército libre francés, y para ellos la lucha armada contra el fascismo no había comenzado el 18 de junio de 1940 sino el 17 de julio de 1936 en España – en realidad, la famosa alocución radiofónica de Charles DE GAULLE era simplemente uno de varios puntos de partida para LA RESISTENCIA -, pero la victoria fascista les había obligado a cruzar la frontera para refugiarse y continuar su lucha contra el fascismo, ya que habiendo quedado a salvo del ejército fascista de Franco, en absoluto significaba aquello que habían conseguido la libertad.
Los españoles integrados en las Compañías de Trabajadores Extranjeros comenzaron a agruparse entre ellos en los lugares de trabajo según su ideología. Les era imposible localizar a sus dirigentes políticos y sindicales ya que algunos habían salido hacia Méjico y la URSS, otros habían muerto, y el contacto con los que continuaban en Francia estaba plagado de dificultades y de peligros. Estos grupos organizados espontáneamente en los lugares de trabajo se limitaron durante 1940, 1941 y casi todo 1942 a acoger y ayudar a esconderse a los compatriotas que llegaban huidos de la zona de ocupación alemana.
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| Resistencia Francesa |
Muchos, antes de enrolarse en el trabajo forzado alemán, huían a esconderse en las montañas y los bosques. Así nació el maquis. Se albergaban en granjas, o en plena naturaleza. Pronto constituyeron grupos de cientos y miles de hombres. Los problemas de alimentación, alojamiento y vestido empezaron a agudizarse a pesar de la ayuda de las poblaciones rurales.
En el invierno de 1942-1943 la Resistencia empezó a organizarles como grupos de combate dotándoles de alimentos y armas. Las relaciones Resistencia-maquis se fueron estrechando con la finalidad de luchar contra los ocupantes.
Los maquisards venían a ser una copia de la «guerrilla» popular inventada por los españoles en 1808 para luchar contra Napoleón tras haber quedado derrotado el Ejército español. Los maquisards actuaban como combatientes militares sin uniforme, organizados con un jefe y sometidos a estricta disciplina.
Más bien todo lo contrario, a juzgar por el trato inhumano recibido a su llegado a tierra francesa, siendo confinados en campos de concentración en las playas de Argeles-sur-mer, St. Cyprien y Barcares, encerrados entre estacas y alambres de púas, donde el abrigo, los suministros y la asistencia médica eran prácticamente inexistentes – otros que se autoproclamaban socialistas se enfrentaban entre ellos para hacerse con los tesoros robados al Patrimonio Español y pegarse la gran vida en sus exilios dorados de México, París o Londres -, amén de la estricta disciplina militar o la prohibición de prensa de izquierda. Claro que, otros tuvieron menos suerte, como los identificados como «rojos peligrosos» – anarquistas, comunistas y socialistas – que fueron llevados a la fortaleza de COLLIOURE y al campo LE VERNET como presos bajo régimen de trabajo forzado. En realidad, aquellos campos de acogida franceses, aunque no eran lugares para el exterminio, en su mayoría no tenían diferencia alguna con los campos de concentración nazis, según testimonio de sus huéspedes supervivientes.
Tampoco se puede olvidar la presencia de los españoles de
la Nueve que, a finales de agosto de 1944, y dentro de la división Leclers, participaron en el hecho de armas más simbólico de la lucha contra el ocupante, la liberación de París.
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| La Nueve en París |
Muchos exiliados, especialmente catalanes, se dispersaron por el Midi. Toulouse fue la segunda capital francesa del exilio español, con una fuerte presencia de la militancia socialista, comunista y anarquista; con la
Librairie des Éditions Espagnoles, de Josep Salvador y Antonio Soriano; y con un gran número de publicaciones populares, muchas de ellas de signo anarquista.
En París es importante la actividad de la Unión de Intelectuales Españoles, que editó un longevo boletín. Francia fue, en algún momento de sus vidas, el destino de no pocos exiliados españoles, destacando escritores como Corpus Barga, Jesús Izacaray,
Victoria Kent, Jose María Quiroga Pla, Jorge Semprún, Arturo Serrano Plaja... una lista en la que hay que incluir políticos como Manuel Azaña, Jose Antonio Aguirre, Julio Álvarez del Vayo, Diego Martínez Barrio, Santiago Carrillo,
Santiago Casares Quiroga, Emilio Herrera, Francisco Largo Caballero,
Juan Negrín, Manuel Portela Valladares, José Maldonado, Fernando Valera, Rodolfo Llopis, Federica Montseny o Josep Tarradellas, entre muchos otros.
Desde comienzos del siglo XX, la escuela de París contó entre sus integrantes con numerosos españoles, entre los que destacaría
Picasso, llegado durante la primera década del mismo. En 1936, la mayoría de los artistas se movilizaron en pro del gobierno legítimo. En el París de posguerra, el núcleo de artistas españoles lo integraron, entre otros, Manuel Ángeles Ortiz, Xavier Badia Vilató, Antoni Calvé, Manuel Colmeiro, Óscar Domínguez, ApeHes Fenosa, J.Fin, Honorio García Condoy, José García Tella, Jacinto Latorre, Baltasar Lobo, Marino Otero,Joaquín Peinado, Eduardo Pisano o Hernando Viñes.
Tras la Liberación, los exiliados redoblaron sus esfuerzos en Francia en la defensa de la causa republicana. algunos de los artistas participaron en actividades colectivas republicanas importantes en París,Toulouse o Burdeos, así como la que tuvo lugar en la Praga de 1946. Dos de los escultores, Fenosa y Lobo, proyectaron sendos monumentos en homenaje a la contribución española a la Resistencia Francesa. El monumento de Lobo se encuentra en Annecy, junto a un poema de José Ángel Valiente dedicado a los resistentes españoles de la Alta Saboya, que jugaron un papel esencial en su liberación.
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BALTASAR LOBO “AUX ESPAGNOLS MORTS POUR LA LIBERTÉ” |
El exilio artístico es una de las facetas de ese universo cultural español que se produjo en Francia después de la guerra civil. Es sabido que París fue el principal lugar de destino de estos creadores, pero es necesario conocer que existió otro importante foco artístico en la zona sur del país: Toulouse, que concentró un buen número de artistas, aún ausentes en la historiografía del arte contemporáneo español, en parte por el desconocimiento y en parte por la carencia de estudios que pongan de manifiesto esta evidencia.
El colectivo de artistas exiliados en Francia presenta enormes diferencias en cuanto a sus posibilidades de formación y reconocimiento, atendiendo a la elección de su lugar de destierro. Es evidente que el panorama cultural y artístico en los años cuarenta no era el mismo en París que en Toulouse y por tanto, la repercusión y el alcance que tendrán los artistas que optaron por París, no tiene paralelo con la trascendencia conseguida por aquellos que se instalaron en la cuidad rosa. Si a ello añadimos que en su mayoría, los artistas que forman el Grupo de Toulouse son gentes de cultura autodidacta, que durante años tuvieron que dedicarse a sobrevivir más que a pintar, esculpir o dibujar y que nunca ha existido un aparato crítico que rescatara su memoria del olvido se pone de manifiesto la descompensación histórica de ambos, y nos animan en la necesidad y urgencia de nuestro trabajo.
Muchos de los artistas que configuraron la llamada Escuela de París y otros de los recién llegados a la capital francesa tras la guerra, formaron parte de la exposición titulada El arte de la España republicana. Artistas españoles de la Escuela de París celebrada en Praga en 1946. La exposición se planteó como un fenómeno artístico y político, además de una especie de manifestación pública y estética de artistas vanguardistas y republicanos. En la exposición de Praga participaron: Picasso, Óscar Domínguez, García Condoy, Luis Fernández, Mateo Hernández, Francisco Bores, Julio González, su hija Roberta González, José Palmeiro, Joaquín Peinado, Hernando Viñes, Ismael González de la Serna, Baltasar Lobo, Pedro Flores, Ginés Parra, Antoni Clavé, Apel·les Fenosa, Manuel Adsuara y Balbino Giner.
Para los artistas españoles exiliados en Francia como para el resto de los republicanos, el fin de la Segunda Guerra Mundial supuso un momento de esperanza y una creencia en que por fin se produciría su deseada vuelta a España, pero la historia se desarrolló de otra manera y sus ilusiones se fueron desvaneciendo antes o después, de manera que en esta situación cada cual optó por seguir su propio camino, unos no volviendo jamás y otros haciéndolo de manera paulatina, a medida que el panorama cultural español iba mostrando signos de apertura hacia el exterior. La década de los cincuenta iba a traer a muchos de los artistas españoles de París la sorpresa de ver cómo, a pesar de la cerrazón política del régimen, una nueva generación de artistas españoles procedentes del interior empezaba a hacerse sentir internacionalmente, tras algunos tanteos figurativos, por lo general estos jóvenes españoles que triunfaban en las Bienales se habían adscrito al informalismo o al expresionismo abstracto. Esto supuso para los españoles de París una sorpresa inesperada pues les demostraba que, contra todo pronóstico, la creación artística era capaz de sortear los obstáculos políticos.
La misma necesidad de difundir y expresar el pensamiento propició la organización de exposiciones de arte dentro de los campos. Se ha constatado la existencia de «un Palacio de exposiciones» inaugurado en Barcarés el 14 de mayo de 1939, un Salón de Bellas Artes en Argelès y una Barraca-Galería en Saint-Cyprien. También en el campo de Gurs se organizó una exposición en julio de 1939 y ese mismo verano se levantaron dos esculturas de barro: España agonizando, sobre la guerra civil y La última bomba, dedicada a las víctimas de Guernica. En Les Milles, donde cómo en Gurs convivían los refugiados españoles con los judíos, se realizaron colectivamente ocho frescos murales representando escenas de fiesta.
Las piezas que se mostraron al público fueron generalmente pinturas al óleo, acuarelas y dibujos de escenas de la vida cotidiana en los campos, retratos, caricaturas, ilustraciones, cartas postales, etc. Las esculturas de formas y técnicas de expresión que recuerdan el Art Brut, realizadas en materiales rudimentarios como jabón, la madera de restos de naufragios y toda clase de objetos de desecho, como latas de conserva, cartones, conchas y el mismo hierro de las alambradas. Confeccionaron también obras de ebanistería, maquetas de aviones o navíos de guerra. Todo un tesoro de arte popular ingenuo, imaginativo y espontáneo, debido tanto a artistas espontáneos como a creadores profesionales.
Pero también se produjeron algunas exposiciones en el exterior como la del 6 de mayo en Perpiñán en la Galerie Vivante que presentó obras de Fernando Callico (apodado el hijo de Ingres o el Holbein de nuestros tiempos) y Antoni Clavé. El Museo del Trabajo de Montpellier acogió del 8 al 15 de julio de 1939 treinta obras de jóvenes pintores catalanes: Roser Bru, Jaume Piques y Alexandre Cirici.
La mayor parte de las obras realizadas para estas exposiciones tenían un marcado carácter naturalista, descriptivo y casi de documento, pues reflejan y dejan constancia de las circunstancias que marcaron la llegada a los campos, el éxodo, la vida cotidiana, los sentimientos de desolación, angustia, tristeza, de esos primeros meses de exilio.
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| Josep Franch Claper, El primer ranxo calent, 1939. | |
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Norte de África
Se calcula que unos 13.000 españoles llegaron a diferentes puertos del norte de África durante marzo de 1939. A ellos se sumarían posteriormente los 4.000 deportados a Argelia desde los campos de concentración de la Francia ocupada. En 1945, sin embargo, la cifra se había reducido a unas 8.000 personas, tras numerosas muertes ocurridas en los campos de detención y castigo, por el regreso de algunos ciudadanos a España, el alistamiento de otros con las fuerzas aliadas durante la II Guerra Mundial, los embarcados a América y los que prefirieron marchar a la Unión Soviética. Hacia 1962, ya finalizados los procesos de independencia en la región, se estima que permanecían allí (en los territorios de Túnez, Argelia y Marruecos) apenas unos 2.000 exiliados.
Asomándose por la borda del famoso barco Stanbrook –en el que huyeron más de 2.000 personas– se ven multitud de cabecitas, e incluso hay algunas sonrisas, en el puerto de Alicante. Tenían toda la vida por delante si conseguían llegar al otro lado del mar. Todavía no imaginaban que aquella era solamente la víspera de un tramo escandaloso de la historia europea contemporánea.
Con la ocupación nazi de Francia, en 1940, “se endurecen las condiciones en los campos y, en algunos casos, se utiliza a muchos hombres exiliados casi como mano de obra esclava, para empezar a construir obras titánicas, como las vías del ferrocarril de un futuro tren trans-sahariano, que uniera los puertos del Mediterráneo con Dakar, en Senegal”, explica Valbuena. La otra opción que se les ofrecía era alistarse.
Existieron tres grandes categorías:
- De acogida y clasificación desde la llegada hasta el comienzo de la IIª Guerra Mundial.
De estos campos de acogida e internamiento se podía salir siempre y cuando el interno pudiera certificar que algún familiar lo tomaba a su cargo, o bien que cualquier comerciante o empresario local lo avalara con un contrato de trabajo. Después estaban las organizaciones internacionales de socorro o filantrópicas, la intervención de personalidades francesas influyentes, o de las propias cúpulas de los grandes partidos para rescatar a sus dirigentes más destacados. Especialmente eficaces fueron las organizaciones comunistas, que consiguieron sacar de los campos a decenas de sus dirigentes seleccionados con destino a la URSS en los primeros meses, en al menos dos expediciones. Las organizaciones republicanas de socorro, como la SERE (negrinista, febrero 1939) y la JARE (prietista, julio 1939) auxiliaron en lo posible a los internados, una tarea delicadísima y muy discutida, tanto por su rivalidad, expresión de la división republicana, como por las suspicacias de favoritismos que despertaban sus decisiones entre los internados. El recelo de las autoridades francesas y pocos meses después el comienzo de la IIª Guerra Mundial, dificultaron sobremanera que los internados escaparan al forzado destino de los campos. De todo ello queda constancia en el apartado de biografías y testimonios.
La vida el campo discurría habitualmente entre tediosas y pesadas rutinas, las penurias de la deficiente alimentación e higiene (especialmente la disentería endémica debido a la contaminación del agua), la ansiedad de noticias y de comunicación con la familia en España, la angustiosa incertidumbre sobre el porvenir, la sensación de desarraigo y -cómo no- las heridas abiertas de la derrota, que podían derivar en frecuentes enfrentamientos entre refugiados de distintas tendencias ideológicas. Y las inclemencias del tiempo, "un calor que hacía arder los barracones" . Por último, pero tal vez lo más importante, había que conseguir "los papeles", los trámites burocráticos para ser clasificado con derecho a emigrar o a salir del campo con permiso de residencia, demostrando tener un trabajo y medios de vida, generalmente porque un familiar o amigo se hacía cargo del mantenimiento. Sólo unas minorías de destacados dirigentes consiguieron salir del campo avalados por sus partidos o por las organizaciones republicanas de ayuda como la JARE y el SERE para formar parte de las expediciones a América o a la metrópoli o la URSS.
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Compañía de trabajadores españoles exiliados en el campo de Bou Arfa. Universidad de Alicante | |
- Campos de trabajo forzosos a partir del Régimen colaboracionista de Vichy.
Las autoridades dieron como opciones a los hombres enrolarse en la Legión Extranjera o regresar a la España, con muy escaso éxito en el caso del territorio colonial norteafricano. Más tarde, por decreto del Gobierno francés, de abril de 1939, se estableció que los refugiados extranjeros comprendidos entre los 20 y 48 años "prestaran" trabajos equivalentes al tiempo que los ciudadanos franceses cumplían en el servicio militar, creándose así las llamadas Compagnies de Travailleurs Étrangers o Compañías de Trabajadores Extranjeros (CTE) . Cuando estalla la IIª Guerra Mundial, en septiembre de 1939, el enrolamiento en estas compañías se considera forzoso, empleándose en trabajos dedicados a la defensa nacional, fortificaciones, infraestructuras, minas y canteras. El marco legal de estas compañías quedó definitivamente establecido por los decretos del gobierno Daladier de enero y abril de 1940 y la Ley del Régimen de Vichy de septiembre del mismo año tras la caída de Francia y la firma del Armisticio, pasando a denominarse Groupements de Travailleurs Étrangers (GTE)
El reclutamiento y encuadramiento en las Compañías de Trabajadores tuvo un impacto brutal en la vida de los refugiados españoles. Junto a trabajadores manuales, se integraron forzosamente en ellas intelectuales, hombres de profesiones liberales, funcionarios, profesores, administrativos, etc. poco o nada acostumbrados a trabajos que exigían un enorme esfuerzo físico, en condiciones climáticas, de disciplina y de subsistencia terribles. Era una prestación forzosa de trabajo, a cambio de una mísera contraprestación económica (de 0´50 francos a 2 francos diarios, dependiendo de trabajos) y permanentemente vigilados por destacamentos coloniales de spahis, de goumiers (tropas de montañeses marroquíes) y mohaznis (una especie de guardia civil marroquí) .
En Túnez los campos que más se acercan a este tipo fueron los que padecieron los marinos de la "7ª Compañía de Trabajadores", anexionados al Primer Batallón de Artillería Ligera, de carácter disciplinario, formado por ex-convictos de la Legión, para la construcción de un ferrocarril de vía estrecha en Gabès cerca de la frontera con Libia. Después del Armisticio, en junio de 1940, fueron enviados a la región de Khenchela, en las montañas de Aurés, en el este de Argelia, para construir una carretera a través de un bosque, padeciendo un durísimo invierno; y finalmente, de allí a las minas de Kénadza y a la construcción del ferrocarril Transahariano [9]. El destino de la mayoría de estas compañías acabaría siendo, en efecto, la construcción del "Ferrocarril Mediterráneo-Níger", un viejo proyecto que se remonta a 1878, pero que no llegó a tener carta de naturaleza oficial hasta que la Guerra de 1939 lo impulsa definitivamente.
Los españoles del Transahariano, encuadrados en las Compañías de Trabajadores, fueron sucesivamente transportados hacia el sur del Oranesado ya en pleno desierto, "en los umbrales de la nada " y distribuidos en tramos de 15 a 20 km en torno al trazado en construcción. De ese modo, los campos de trabajo forzosos que se crearon en torno al Transahariano eran simples campamentos de tiendas de campaña de lona (marabouts) en medio de las arenas del desierto, en parajes desoladores achicharrados por el sol, vigilados por tropas coloniales, en condiciones climáticas y de subsistencia imposibles, como de forma abrumadora nos han dejado tantos testimonios. Tal eran los campos que alojaron a los españoles en torno a Colomb-Bechar, Beni Abbés, Bou Afra, Kénadza. Las Compañías 1, 3, 4, 9 y 12 trabajaron en el sector de Bou Arfa y las 2, 5, 7, 8 y 11 en el sector de Colomb-Bechar, pero con frecuentes trasvases entre un sector y otro. Se calcula que, del total de la mano de obra empleada, unos 5.000 trabajadores, la mitad o más eran españoles y la otra mitad la integraron autóctonos y deportados políticos o apátridas, entre los que destacaban los judíos o antifascistas .

- Campos disciplinarios, de castigo y penitenciarios hasta la liberación de los campos en la primavera de 1943, tras el desembarco aliado de noviembre de 1942
La denominación campos de concentración la utilizaron las víctimas y muchos medios de la época, las mismas autoridades. Posteriormente una buena parte de los estudiosos del tema franceses, han tratado de evitar el término "concentración" por sus connotaciones ominosas después del Holocausto. Tampoco tienen sentido los eufemismos para una realidad en la que privó la improvisación, la precariedad y la dureza básica de las condiciones de vida de unos expatriados, derrotados, separados de su medio familiar y natural, vulnerables e indefensos, en una tierra extraña, a veces indiferente y otras inclemente y hostil. Concentrar en campos, recintos, cerrados y vigilados, era realizar una política de control y exclusión sobre una masa de población considerada políticamente sospechosa, cuando no subversiva para los intereses nacionales, caso de los expatriados antifascistas italianos, polacos, alemanes, los judíos, o los "rojos" españoles.
EL CAMPO DE DJELFA . Construido como lugar militar francés en 1852, Djelfa está situado en el cruce de caminos entre Laghouat, Bou-Saada y Aflou, aproximadamente a 232 kilómetros (134 millas) en el sur de Argel. Bajo el régimen de Vichy, el campo de Djelfa sirvió como campo de trabajos forzados. El 25 de marzo de 1941 es abrió para recibir aproximadamente 1.200 “indeseables” antifascistas franceses que después fueron trasladados a diferentes campos, entre ellos lo de Bossuet. El campo también es utilizó para detener a republicanos españoles (ver listado de alicantinos internados a Djelfa y sus fichas biográficas procedentes del portal de represión franquista del Archivo de la Democracia), ex miembros de la Legión Extranjera Francesa y de los Brigadas Internacionales, judíos y personas otras nacionalidades. El Dr. Wyss-Dunant, representando del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), que visitó el campo el 16 de agosto de 1942, contabilizó 899 prisioneros, que incluían 444 españoles, 189 judíos, 118 apátridas y el resto de nacionalidades de Europa central y del este, muchos de ellos también judíos y miembros de la Brigadas Internacionales.
Max Aub fue encarcelado por primera vez acusado de comunista y judío en el campo penal de Vichy en Le Vernet d'Ariège antes de ser deportado a Djelfa. El 18 de mayo de 1942 (por eso no aparece en el listado) consiguió salir de una forma ciertamente rocambolesca y se escondió en una maternidad judía en Casablanca con la ayuda del Comité de Inmigración Hebrea (HICEM). El 10 de septiembre de 1942 consiguió exiliarse a México en el barco portugués Serpa Pinto. Aub fue uno de los pocos prisioneros de Djelfa que registró recuerdos de la vida en el campo en sus obras y poesía. Inmortalizado literariamente por Max Aub, Djelfa fue uno de los campos más terribles de Argelia, donde reinaba el terror impuesto por el siniestro comandante Jules César Caboche y sus ayudantes (13). (Ver también el libro: De Belalcázar al infierno de Djelfa de Joaquín Chamero Serena).
Los que padecieron el grueso de los refugiados españoles se situaron en torno a la línea de construcción del Transahariano: Djorf Torba, Meridja y Kénadsa, Hadjerat M´Guil en la zona de Colomb-Bechar; Foum Defla y Ain el Ourak en las cercanías de Bou Arfa en Marruecos. Los campos de Djorf Torba y de Meridja en medio del desierto (se sucedieron uno a otro) eran siniestros lugares de castigo, donde los trabajos forzados, generalmente picar piedra, no tenía otro sentido que agotar las energías de los condenados, faltos de alimentos y agua, sometidos por oficiales y suboficiales brutales a las mayores vejaciones. Se trataba de pequeños campos donde los desafortunados internados eran generalmente poco numerosos.
Hadjerat M'Guil fue el más siniestro de estos campos, conocido enseguida el lugar como "Valle de la Muerte" o "Campo de la Muerte". Aquí fueron recluidos castigados de la Legión Extranjera, alemanes, polacos e italianos antifascistas, judíos y republicanos españoles. De los 250 internados, unos 70 eran españoles. Picar piedra y hacer ladrillos de adobe fueron los trabajos más comunes. El agua se recogía de un riachuelo cercano en tinetas metálicas de 80 litros transportadas entre dos hombres medio kilómetro salvando un desnivel de cuarenta grados. El campo está dirigido por el teniente Xavier Santucci, un corso fascista y brutal, al que llamaban Bocanegra, cuya consigna era: ¡Nadie saldrá vivo de aquí!. En esta tarea colaboraron de manera encarnizada sus ayudantes, sobre todos los cabos ex-legionarios, el alemán Otto Riepp y el ruso Dourmenoff. Los insultos, los golpes y las palizas, en algunos casos hasta la muerte, fueron una constante en este campo. Los testimonios de las palizas, torturas y vejaciones públicas hasta morir son abrumadores en los casos del antifascista alemán Lewinstein, los españoles Moreno Ruiz y Poza Olives. En Hadjerat murieron torturados once internos, de los que cinco eran españoles .
Tras el desembarco aliado en el Norte de África, en noviembre de 1942, el calvario de los españoles internados comenzó a mejorar, pero muy lentamente. Todavía en abril de 1943 cuando fue cerrado, existían centenares de internos en el campo de Djelfa. Finalmente, las oprobiosas Compañías de Trabajadores Extranjeros fueron disueltas por el Gobierno Provisional tras la liberación de Francia, en septiembre de 1944. Sólo en 1949 se abandonó definitivamente la construcción del Ferrocarril Transahariano. Sus raíles se perdieron enterrados en las arenas del desierto.
A partir del 8 de noviembre de 1942, fecha del desembarco aliado en el norte de África, en la llamada Operación Torch, los internados en los campos creyeron que serían liberados de inmediato, pero hasta meses después, el 23 de junio de 1943, no se cerraron oficialmente los campos de trabajo y habría que esperar unos meses más, hasta diciembre de 1943, para que se clausuraran los campos disciplinarios y de castigos, como el siniestro Hadjerat-M' Guil, cerrado el 26 de diciembre de 1943. Durante esos meses la situación fue exasperante muchas veces para los internos, al punto, que por su cuenta iniciaron deserciones, que a veces terminaban mal con el reingreso en los campos de castigo o penitenciarios por haber cometido un delito.
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Construcción del ferrocarril Transahariano
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México como país de acogida. La figura de Lázaro Cárdenas
A finales de los años 1930 y principios de los 1940, miles de españoles optaron por huir debido a la violencia y la persecución que se vivía en España durante la Guerra Civil y el franquismo. De estos refugiados se estima que la inmigración de intelectuales o élite español se conformaba de aproximadamente un 25% del total (5,500 aproximadamente). A este fenómeno también se calificó como el exilio republicano español debido a que estaban vinculados al gobierno republicano derrotado.
Los Gobiernos de las Repúblicas mexicana y española habían preparado el asilo para un gran número de españoles, cuyo
desembarco data del 13 de junio de 1939, fecha en que el barco Sinaia tocó tierra en Veracruz. Los barcos Mexique, Ipanema, Orinoco, Flandre o Nyassa también significan para muchos de ellos la salvación en su nuevo país de acogida: México.
Se destaca también que llegaron además obreros, campesinos, así como militares, marinos y pilotos, hombres de Estado, economistas y empresarios, todos ellos vinculados al Gobierno republicano derrotado en la guerra.
Los primeros exiliados españoles que llegaron lo hicieron durante la guerra. El primer planteamiento del gobierno mexicano fue crear la Casa de España, dirigida por Alfonso Reyes, en México para que los filósofos, arquitectos y médicos siguieran pensando y tuvieran trabajo. Los propios exiliados fundaron revistas como
España Peregrina, las Españas, Litorial, Nuestra Música, Romance y Ultramar.
El primer contingente de exiliados a México correspondió a la población infantil, los conocidos como Niños de Morelia. El avance de las tropas franquistas y la asiduidad de los bombardeos, planteó al gobierno republicano la necesidad de proteger a los niños que habitaban las urbes calientes de la guerra. La protección de los niños fue dirigida, en territorio español, por el Departamento de Infancia Evacuada, creado por el ministerio de Sanidad y Asistencia Social. El objetivo era desplazar a los niños de las zonas de guerra a la retaguardia republicana del Levante español. En esta misma línea, el presidente Lázaro Cárdenas, con la colaboración de su esposa, Amalia Solórzano, creó el Comité Mexicano de Ayuda a los Niños del Pueblo Español. La cooperación de ambos organismos fructificó con la llegada a Morelia de 464 niños a bordo del barco Mexique.
El exilio a México, a diferencia de los realizados a otros países, se distingue por el alto nivel cuantitativo y cualitativo de los intelectuales que salieron de España rumbo al país azteca. Pero para buscar las causas del exilio cultural español a México debemos tener en cuenta varios factores anteriores a 1936. La actividad de muchos españoles en el continente y viceversa, se remonta a principios del siglo XX, por lo que las redes de contacto, previas al exilio, ya estaban bien tejidas. La llegada de los exiliados intelectuales españoles se vio como una reanudación del diálogo y la actividad que ya habían emprendido antes de la guerra.
Tras 1942, el desarrollo de la guerra y el avance alemán por suelo europeo redujeron las expediciones hacia México, unas expediciones en donde los republicanos españoles tuvieron una situación privilegiada frente a los que huían de otro fascismo, el del nacionalsocialismo de Adolf Hitler. En esta fecha se paralizaron las expediciones a México, tan sólo se realizan dos viajes del vapor Nyassa en 1942, lo que redujo levemente el número de refugiados españoles en Francia. La ocupación total del país por los alemanes y el desembarco de las tropas aliadas en el norte de África en 1942, hacía casi imposible una expedición transatlántica. La diplomacia mexicana seguía intentando ayudar a los republicanos expatriados que huían del fascismo europeo.
El 21 de Agosto de 1945 en la ciudad de México se constituye el Gobierno español en el exilio, presidido por José Giral tras la disolución de la Junta Española de Liberación (JEL), presidida por Diego Martínez Barrio, que había sido constituida en noviembre de 1943. Desde esa fecha hasta su disolución en 1977, existieron diez gobiernos republicanos hasta que el presidente de la República en el exilio, José Maldonado, aceptó la legalidad de las Elecciones de 1977 (las primeras desde la época de la II República) y acordó la disolución de las instituciones republicanas que seguían activas en el exilio.
Importantísima fue la actividad de los artistas exiliados en México. Entre ellos destacaron pintores como Manuela Ballester, José Bardasano, Josep Bartolí, Enrique Climent, Roberto Fernández Balbuena, Elvira Gascón, Ramón Gaya (que terminaría instalándose en Roma), Mary Martín, José Moreno Villa, Marta Palau, Miguel Prieto (que se convertiría en uno de los grandes renovadores del diseño gráfico mexicano), Josep Renau (que además de continuar con su pintura de caballete y sobre todo con su obra de cartelista, se aventuró en el terreno del mural, colaborando en este campo con Siqueiros), Juana Francisca Rubio, Antonio Rodríguez Luna, Arturo Souto o Maria Teresa Toral y escultores como Tonico Ballester.
En 1951 se celebró en México una muestra conjunta de artistas españoles y mexicanos, anunciada por un cartel de Renau.
A lo largo de cuatro décadas,México sería el país más solidario con los exiliados republicanos españoles. No mantuvo relaciones diplomáticas con la España de Franco,y siguió apoyando a las instituciones republicanas en el exilio.
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La figura de Lázaro Cárdenas
El 21 de mayo de 1895, nace Lázaro Cárdenas del Río, general y estadista mexicano, Presidente de México de 1934 a 1940.
Destacó por la reforma agraria, la creación de los ejidos, por la nacionalización de la industria petrolera, por brindar asilo político a los exiliados españoles durante la guerra civil y aportó también con la educación al crear el Instituto Politécnico Nacional IPN.
El gobierno de Lázaro Cárdenas y el pueblo de México apoyaron incondicionalmente a la II República española y a los pueblos antifascistas contra el ataque golpista de los fascismos europeos. Desde 1936, México envió alimentos,medicinas, ropa...armas y combatientes. 20 mil fusiles, 20 millones de balas y el 'Cuerpo de Voluntarios Benito Juárez García' (XV Brigada Internacional) que peleó en la defensa de Madrid, en el Jarama y hasta el Ebro. Desde 1937 a 1942 encontraron refugio y futuro en México 25.000 republicanos españoles, desde los 'niños de Morelia' (1937) a quienes arribaron en los barcos Sinaia (junio 1939), Ipanema y Mexique. Un profundo vínculo que une dos pueblos combativos, a los que solo separa un océano de agua..Nuestro México, generoso el general Lázaro Cárdenas, acoge a los republicanos antifascistas españoles y sus familias. Iniciaba la historia de quienes contribuyeron al desarrollo de las ciencias, la cultura, la razón y la lucha política a ambos lados del Atlántico. Sería de todo punto imposible entender el apoyo exterior a la lucha antifranquista y la recuperación de derechos democráticos en España, a la muerte de Franco, sin la enorme contribución de los combatientes republicanos españoles antifascistas transterrados, y la invaluable contribución hasta nuestros días a la transformación social de México..
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| Lázaro Cárdenas |
ELOGIO DE LOS REPUBLICANOS VENCIDOS
«Estos que ves ahora deshechos, maltrechos, furiosos, aplanados, sin afeitar, sin lavar, cochinos, sucios, cansados, mordiéndose, hechos un asco, destrozados, son, sin embargo, no lo olvides nunca pase lo que pase, son lo mejor de España, los únicos que, de verdad, se han alzado, sin nada, con sus manos, contra el fascismo, contra los militares, contra los poderosos, por la sola justicia; cada uno a su modo, a su manera, como han podido, sin que les importara su comodidad, su familia, su dinero. Estos que ves, españoles rotos, derrotados, hacinados, heridos, soñolientos, medio muertos, esperanzados todavía en escapar, son, no lo olvides, lo mejor del mundo. No es hermoso. Pero es lo mejor del mundo. No lo olvides nunca, hijo, no lo olvides».
Max Aub Campo de los almendros 1968