El Bienio Conservador
El Bienio de derechas, llamado Bienio Negro por los izquierdistas, supuso la llegada de partidos conservadores al poder y la paralización de todas las reformas.
Para las elecciones de noviembre de 1933, la izquierda no triunfó debido a su desunión y al descontento social. Los partidos más votados fueron la CEDA y el Republicano Radical, que, junto a otros partidos republicanos como el de Alcalá Zamora, que rechazaba a Gil Robles por sus tendencias monárquicas y fascistas, se unieron y formaron Gobierno. Lerroux quedó como presidente, aunque realmente Gil Robles siempre dictaminó lo que Lerroux debía hacer. Este ponía como pretexto a la unión con un partido monárquico la intención de acercarse a las clases más católicas.
Para los radicales de Lerroux, la alianza con la CEDA tan sólo intenta atraer a la derecha católica hacia la causa republicana; para Gil Robles se trata de conseguir el control del Gobierno -aun sin pertenecer a él- a la espera de ser llamado para gobernar. Las coincidencias entre el Partido Radical y la CEDA permiten dar marcha atrás a numerosas reformas emprendidas en el bienio reformista: el clero vuelve a cobrar sueldos del Estado, los colegios religiosos no cierran sus puertas… Además, los golpistas de 1932 son amnistiados. Las diferencias, por su parte, impiden la reforma del sistema político. El mayor varapalo es para el Partido Socialista, cuyo reformismo, lejos de afianzar su proyecto, le relega electoralmente. Temeroso de que el autoritarismo acabe con su supresión, tal y como ha sucedido en Italia o Alemania, el sector más izquierdista, encabezado por Largo Caballero, radicaliza su discurso revolucionario.
Se paralizó la reforma agraria, las expropiaciones de tierras mal cultivadas fueron devueltas a sus propietarios y la congelación de arrendamientos fue anulada, permitiendo la libre contratación. Se suprimió la reforma religiosa: se entabló relaciones con la Santa Sede, restituyeron a los jesuitas y se volvió a establecer la enseñanza religiosa y se propuso un presupuesto para mantener el culto y el clero. Se estipuló la amnistía para todos los encarcelados por el golpe de Sanjurjo. Las medidas educativas no se hicieron por falta de presupuesto, y en cuanto a las reformas del Estado centralista, el estatuto catalán fue aceptado, pero el vasco se frenó.
Gil Robles abogaba por el legalismo, porque confiaba en el triunfo electoral después del aplastamiento de la rev. de Octubre. El Frente Nacional del Trabajo se convirtió en la respuesta cedista al sindicalismo izquierdista, y se transformó en la Confederación Española de Sindicatos Obreros. Si no se suprimieron los sindicatos fue porque Acción Popular tenía que atenerse a lo establecido por la ley, aunque Gil Robles abogó por su disolución y confiscación de sus bienes. G. Robles logró evitar la débil reforma agraria de Jiménez Fernández, eliminando a este del gobierno, provocando la derrota de la pequeña ala católico-social de la CEDA. Lamamié y los ultras cedistas fueron despojando la obra de Jiménez Fernández de sus rasgos progresistas, reduciendo el plazo mínimo para los arrendamientos de 6 a 4 años, suprimiendo el acceso a la propiedad por parte de los arrendatarios y acabando con los tribunales encargados de supervisar las condiciones de los arrendamientos. El 14 de diciembre de 1934 también se suspendió definitivamente el Estatuto Catalán. El Debate pedía una nueva Constitución que reforzase la autoridad, disminuyese el poder del Parlamento e introdujese una sistema corporativo de representación, y G. Robles lo ratificaba en una conferencia, citando a Alemania e Italia como ejemplos. En Marzo de 1935 G. Robles provocó otra crisis de gobierno al no estar de acuerdo con el indulto concedido a Teodomiro Menéndez y Ramón González Peña por su participación en los acontecimientos de Asturias. Lerroux formó nuevo gobierno, pero con 5 miembros cedistas y G. Robles como Ministro de Guerra. G. Robles se reunió con varios generales antirrepublicanos (Fanjul, Goded y Franco), nombrando a Franco Jefe del Estado Mayor Central, contra la opinión de Alcalá Zamora, Goded fue nombrado Inspector General, a pesar de formar parte de la UME (conspiradora contra la República). Alcalá Zamora se escandalizaba por la eliminación de los oficiales liberales y republicanos, y los mismos apologistas de Gil Robles consideran hoy que estas medidas prepararon al Ejército para el futuro levantamiento. G. Robles inicio un rearme del Ejército en secreto, contando con Alemania como suministrador y considerando al Ejército como el único capaz de detener una revolución.
Tras la caída de Gímenez Fernández la ofensiva terrateniente contra los jornaleros y arrendatarios fue total, y un historiador franquista lo considero "no solamente anticristianos (puesto que los terratenientes españoles jamás se comportaron colectivamente como cristianos, ni antes ni después de 1935), sino además de auténtico ensañamiento". "La actuación de las derechas y de los derechistas en el campo, en el segundo semestre de 1935, fue uno de los principales determinantes del odio de la guerra civil y probablemente de la guerra civil misma" (El Debate del 14 de Mayo y 14 de Junio de 1935, en Historia, La cierva, p. 487). La reforma de la reforma agraria trajo consigo que de las 900.000 propiedades inventariadas para reforma, 800.000 desaparecieron de la lista.
A mediados de septiembre dimitió Royo Villarroya que no estaba de acuerdo con la cesión a Cataluña del control de sus carreteras, y el asunto del estraperlo, provocó el ofrecimiento de Alcalá Zamora a Chapaprieta para formar gobierno con apoyo de G. Robles y Lerroux, disminuyendo la participación de la CEDA a tres ministros. Chapaprieta dimitió el 9 de Diciembre de 1935 y Alcalá Zamora no tenía más remedio que llamar a Gil Robles para formar gobierno o convocar elecciones, y G. Robles no dudada que le iba a encargar formar gobierno, pero Alcalá dudada de las convicciones democráticas de la CEDA, ya que la JAP no dejaba de manifestar que las elecciones sólo debían servir para dar el poder a las derechas y acabar con el liberalismo.
Los dos años de gobierno conservador provocó una reacción del pueblo, alentada por la CNT. En el socialismo aparecieron dos vertientes: la de Largo Caballero, que optaba una vía revolucionaria, y la de Indalecio Prieto, que proponía negociaciones con republicanos para formar una coalición contra los conservadores en las próximas elecciones. Las huelgas se sucedieron y fueron reprimidas por la Guardia Civil, el ejército y la Guardia de Asalto.
Principales medidas de paralización y contrarreforma
Reforma agraria
Se frenó el reparto de tierras y se aprobó la Ley para la Reforma de la Reforma Agraria en agosto de 1935, la cual limitó los fondos y paralizó el Registro de la Propiedad Expropiable. Se desmantelaron organizaciones de jornaleros y dejaron de funcionar los jurados mixtos en el campo.
En cuanto a la reforma agraria, se respetó el ritmo previsto de aplicación de la Ley de Reforma Agraria por lo que en 1934 se asentaron más campesinos que durante todo el bienio anterior, expropiándose el cuádruple de propiedades, aunque la Ley de Amnistía aprobada en abril de 1934 le devolvió a la nobleza "grande de España" parte de las tierras confiscadas por el gobierno de Azaña. La derogación de facto del decreto de Términos Municipales y la reforma de los Jurados Mixtos agrarios les permitió a los propietarios volver a gozar de una casi completa libertad de contratación de los jornaleros. En respuesta a estas rectificaciones de las reformas del bienio anterior, los sindicatos convocaron huelgas y hubo enfrentamientos con las fuerzas del orden.
Cuestión religiosa y educativa
Se aprobó un presupuesto para el sostenimiento del culto y el clero, se frenó la laicización y se iniciaron negociaciones con el Vaticano para frenar los recortes a las órdenes religiosas.
Reforma militar
Se revirtió la política de Manuel Azaña, devolviendo protagonismo y reincorporando a mandos militares contrarios o de dudosa lealtad a la República (como los generales Franco o Goded), además de amnistiar a los implicados en la Sanjurjada de 1932. El 20 de abril de 1934 las Cortes aprobaron la Ley de Amnistía, que era uno de las tres exigencias de la CEDA y que también figuraba en el programa electoral del Partido Republicano Radical. Esta ley excarcelaba a todos los implicados en el golpe de Estado de 1932 capitaneado por el general San Jurjo (de ahí el nombre de la “Sanjurjada”). Pero el presidente de la República Niceto Alcalá-Zamora se opuso a esta ley y Lerroux, al constatar que había perdido la confianza del presidente, presentó la dimisión. Asume el Gobierno un nuevo dirigente radical, el valenciano Ricardo Samper.
Cuestión territorial y autonómica
Se paralizó en las Cortes la tramitación y discusión de los estatutos de autonomía, como el Estatuto Vasco. los gobiernos del Partido Republicano Radical neutralizaron el impulso estatutario propio del Estado integral definido en la Constitución de 1931, lo que provocó graves tensiones en Cataluña y en el País Vasco. La tramitación del Estatuto de Autonomía del País Vasco fue paralizada y el 12 de junio los diputados del PNV se retiraron de las Cortes en señal de protesta.
Legislación social y laboral
Se suavizó la legislación protectora de los trabajadores, se suspendió la Ley de Términos Municipales y se incrementó la tensión social que desembocaría en la Revolución de Asturias de octubre de 1934.
«Cuando las derechas llegaron al poder en 1933, los terratenientes y los caciques reafirmaron de nuevo su autoridad: recortaron los salarios (en Córdoba, el de la recogida de las aceitunas bajó de 6,50 a 5,75), se suspendieron las reuniones de los jurados mixtos y las leyes de términos y de laboreo forzoso se infringieron impunemente. Los campesinos que se habían afiliado a un sindicato o se habían distinguido como partidarios de la izquierda sufrieron toda clase de persecuciones, expulsándolos de los lugares en los que trabajaban y negándoles la contratación como jornaleros. Eso sucedió en Andalucía, en Cuenca –donde los trabajadores de Barajas de Melo se lamentaban de que “cuando pedimos trabajo, el alcalde nos dice que ‘comamos zarzas y república”–, en Ciudad Real –donde los de Solana del Pino aseguraban que “para perseguirnos, prefieren dejar la tierra sin cultivar antes que dárnosla a nosotros”–, en Toledo, donde, según explica Arturo Barea, a fines de 1933 los propietarios comenzaban a echar a todos los que se habían afiliado a un sindicato “y a no dar trabajo más que a los que se sometían a lo de antes”. La izquierda aceptó su derrota en las urnas en el 33; la derecha no lo hizo en el 36. Las elecciones de 1933 fueron, en 120 años de historia parlamentaria española, las primeras que perdió un Gobierno que las hubiera convocado. Este aceptó su derrota y cedió el poder a la oposición de derechas. Cuando esto sucedió por segunda vez, en febrero de 1936, las derechas se dispusieron a recuperar el poder por la fuerza, volviendo a una tradición histórica en que las elecciones no eran más que una farsa.» [Josep Fontana]
La labor gubernamental estuvo condicionada por la presión que en las Cortes realizaban los diputados cedistas sobre el Gobierno, necesitado del apoyo de sus votos para sacar adelante su gestión. El objetivo de la CEDA era debilitar el centro republicano, esperando que tarde o temprano fueran llamados a formar parte del Gobierno. Pronto se vio el Gobierno de Lerroux en la necesidad de situar a algunos miembros de la CEDA en puestos de responsabilidad directa. El gran problema que tenía el Partido Radical a la hora de integrar a miembros de la CEDA en el gobierno vino dado por la tibieza con que los cedistas defendían el régimen republicano y por no haberse declarado nunca abiertamente a favor de la República. Cosa explicable dada la procedencia monárquica de una gran parte de sus dirigentes, la indiferencia republicana de sus bases y la oposición dentro del partido a la continuidad de ese tipo de república.
Entrada de la CEDA al gobierno: reacción en Cataluña y Asturias
En el otoño de 1932 se produjeron diversos movimientos en la derecha española aprovechando la crisis política que vivía la coalición gobernante, y que desembocaron en la creación de la formación en los primeros días de marzo del año siguiente. La coalición defendía los principios católicos en la política, la necesidad de una revisión constitucional de acuerdo con estos principios, es decir, planteaba una alternativa al laicismo de la República. La defensa del orden social era otro de sus pilares.
La CEDA supuso la apuesta más clara por una postura posibilista por parte de la derecha española, separándose de la opción golpista y reaccionaria, lo que provocaría que destacados políticos de la derecha española abandonasen al comenzar el proceso de convergencia política auspiciado por Gil Robles, como Esteban Bilbao o Antonio Goicoechea, entre otros, y que desembarcarían en Renovación Española. Gil Robles se había expresado en El Debate por la necesidad de emplear el camino electoral, es decir, de la legalidad. Por su parte, Luís Lucía fue un político muy destacado del ámbito valenciano y que representaba una opción socialcristiana dentro de su partido, posición que le generó algunos enfrentamientos con los sectores más conservadores del mismo. Por fin, el 4 de marzo de 1933 se constituyó oficialmente la CEDA en un acto.
Gil Robles obligó a Lerroux que incluyese a tres miembros de su partido en el equipo de Gobierno, y el Presidente cedió, lo que fue percibido como un golpe bajo a la República por el PSOE. Se produjo un gran movimiento huelguístico para octubre de 1934, especialmente en Asturias y Cataluña, que fue duramente reprimido.
En Asturias, los mineros de Oviedo y alrededores tomaron los medios de comunicación y de transportes, destituyeron a los alcaldes e impusieron el comunismo libertario durante 10 días. La Legión, dirigida por el general Franco, sofocó la situación dando lugar a más de 1000 mineros y 500 militares muertos y más de 5000 detenidos, muchos de ellos fusilados en masa.
En Cataluña, el levantamiento fue respaldado por la Generalitat de Lluis Companys. El 6 de octubre de 1934, Cataluña vuelve a proclamar la República Catalana en protesta de la entrada de las tendencias monárquicas y fascistas de la CEDA en el Gobierno, y se inició una manifestación que terminó con la represión del ejército y el encarcelamiento de Lluis Companys, de toda la Generalitat, de Largo Caballero y de Azaña.
Las consecuencias de esos sucesos fueron:
- La suspensión de la Generalitat y la supresión de los estatutos de autonomía.
- El fortalecimiento de la CEDA y el cumplimiento de la política conservadora.
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| carteles de la CEDA |
Protagonistas
La CEDA
La CEDA o Confederación Española de Derechas Autónomas fue una coalición de partidos resultante de la fusión de varios grupos políticos, y que se puso en marcha en el año 1933. Entre estos grupos destacaron dos: Acción Popular (antes Acción Nacional), dirigida por José María Gil Robles, y la Derecha Regional Valenciana de Luis Lucía. También formaban parte de esta coalición, otras formaciones regionales conservadoras de las Castillas, Andalucía y Galicia. El partido aglutinó a diversos sectores de la derecha: desde elementos de tendencia fascista, muy presentes en las Juventudes de Acción Popular (JAP), hasta democristianos, centralistas y hasta autonomistas, con los representantes de la mencionada Derecha Regional Valenciana.
La Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA), versión española del catolicismo social, tuvo una actitud que osciló entre un prudente distanciamiento y una admiración no siempre disimulada. La fascistización de la CEDA puede entenderse mejor si atendemos a la observación de Jiménez Campo, común por lo demás a todo movimiento, de que «el fascismo no permaneció encapsulado en unos grupos políticos concretos, sino que llegó a impregnar, con mayor o menor intensidad, el conjunto de las prácticas contrarrevolucionarias de la Europa de entreguerras». También si atendemos a las coordenadas del momento republicano: los partidos conservadores percibieron rápidamente la instauración de un proceso revolucionario que potenció su admiración hacia los casos alemán e italiano y justificó, en definitiva, una cierta mímesis respecto de ellos. De un lado, hacía el mensaje conservador más atractivo y renovado; y, de otro, se veía así beneficiario de modo indirecto de los éxitos de aquéllos, en especial por lo que se refiere a la destrucción del movimiento obrero organizado. En realidad no se trataba tanto de una especie de «rapiña política» -inserción de componentes ajenos-, cuanto de una afloración natural de ingredientes propios de su estrategia global contrarrevolucionaria. Consecuentemente, esos elementos no eran discernibles de otros «implícitos», sobre todo del destino final sufrido por la izquierda en Italia, Alemania o Austria.
La radical ambigüedad de sus grandes principios católicos, que compartían otras fuerzas políticas con diferente estrategia y táctica, agravaba todavía más esta circunstancia. En un único partido como la CEDA resultaba posible extraer de la doctrina católica la condena de la democracia, pero también su transformación; la propuesta de Estado Corporativo y los recelos ante él; la simpatía hacia los modelos fascistas y su rechazo. Por eso en marzo de 1933 el líder cedista Gil Robles condenaba el fascismo al hilo de una propuesta política al modo del Zentrum alemán. Lo que no era obstáculo para que en septiembre del mismo año, tras su viaje a Alemania, su juicio se tornara favorable hasta el punto de afirmar que «todo esto traza la directiva de un nuevo orden de cosas, que nosotros estamos en el deber de recoger, para armonizarlo con los postulados de la doctrina católica».
El análisis de la postura de la CEDA ante el fascismo puede ayudarse por las contribuciones de su prensa y de las Juventudes de Acción Popular (JAP), rama juvenil del mismo. En lo que a la prensa se refiere, el juicio sobre los sistemas fascistas reproduce un sabia mezcla de alabanzas y críticas de modo tal que finalmente el lector extraiga un juicio positivo, que deviene entusiástico para el régimen de Dollfuss y sus acciones represivas contra los socialistas vieneses
Gil Robles
José Mª Gil Robles y Quiñones había nacido en 1898. Catedrático de Derecho Político. Hombre entregado en cuerpo y alma a la Iglesia y sus jerarquías. Se inició en la política en las filas del partido social popular de D. Ángel Ossorio y Gallardo (quien, a raíz del golpe de estado del General Primo de Rivera en 1923, se hizo crítico de la monarquía y fue luego una destacada personalidad en la II República). Gil Robles fue diputado del partido agrario por Salamanca en 1931; luego diputado de la CEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas) por Salamanca en 1933 y 1936. Jefe de la «acción popular» que unos han visto como partido democristiano y otros como clerical-fascista. Su línea era la del reaccionarismo posibilista: llevar a la República tan a la derecha como fuera posible no planteando de momento la cuestión de la forma de gobierno; ministro en el «bienio negro» (1934-35) y responsable máximo de la dura represión del levantamiento obrero de Asturias (oct. de 1934). En 1936, con todas las demás fuerzas de la oligarquía española, se unió a la causa de la conspiración antirrepublicana y apoyó la sublevación fascista capitaneada por Francisco Franco, a cuyas órdenes mandó que se colocaran las huestes de la CEDA, que a menudo fueron de las más sanguinarias en el exterminio de los «rojos».
D. Niceto Alcalá-Zamora caracterizó así a la C.E.D.A.: `Fue el más heterogéneo conglomerado, sin más vínculo que la unión personal en Gil Robles, cuyas dotes de caudillaje se mostraron en eso mucho más que las de gobernante. Había en aquélla (en la C.E.D.A.) una buena parte de democracia cristiana, con gentes modestas y devotas, algunos clérigos transigentes y previsores, y núcleos de abolengo paradójicamente tradicionalista, [...] Hubo también otra parte o ala derecha de origen y de simpatías hacia el régimen monárquico, formada por propietarios asustadizos y aristócratas de segunda o tercera fila. En el centro bullía con agitación violenta una hueste de impulsos, métodos y fórmulas fascistas. [...] El tercero era el inadaptable, el peligroso... y lo peor fue que con éste coincidía, más bien que por la ambición por el temperamente, Gil Robles, con decidida y funesta preferencia.' (Memorias, Barcelona: Planeta, 1977; citado por Manuel Rubio Cabeza, Las Voces de la República, Barcelona: Planeta, 1985, p. 164.)
Gil Robles declaraba en 1937 (Aldo Garosci, Los intelectuales y la guerra de España, p. 203): `El ejército ha sido su iniciador [del alzamiento] y es el instrumento eficaz de la victoria. Pero, detrás de él, sin distinciones de regiones ni de clases sociales, están todos los españoles que no se han resignado a caer en las garras del comunismo. Es el levantamiento de una nación entera que, salvándose a sí misma, salvará a toda la civilización occidental'. O sea, a la propiedad privada. Entre los españoles resignados, según Gil Robles, a caer en las garras del comunismo estaban: Portela Valladares, Alcalá Zamora, Azaña, Prieto, Ossorio y Gallardo, Jiménez de Asúa, Martínez Barrio e incluso Juan Ramón Jiménez, Luis Recaséns Siches, el propio Menéndez Pidal, ninguno de los cuales se sumó al Alzamiento Nacional ni estaban «detrás» del ejército.
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| Gil Robles |
Partido Radical
El Partido Republicano Radical, liderado por Alejandro Lerroux, nació en 1908 con un discurso anticlerical y populista que marcaría la política española de entreguerras. Tras participar en el Pacto de San Sebastián y en la proclamación de la Segunda República, pasó de tribuno radical a fuerza centrista de gobierno, hasta hundirse con los escándalos del Straperlo y el caso Nombela. Llegó debilitado a las elecciones de febrero de 1936 y desapareció prácticamente con el inicio de la Guerra Civil.
A partir de 1909, Lerroux gira hacia posiciones más posibilistas y se aviene a “conspirar” para instaurar la República. Su Partido Republicano Radical se hallará, de una forma u otra, en todos los cónclaves organizados en los años sucesivos, hasta el cambio de régimen. Como va desgranando Roberto Villa, Lerroux a pesar de sus claras posiciones respecto al sistema político que prefería, era consciente de los riesgos de una ruptura drástica. Paulatinamente fue empujando a su partido a una posición más centrista y liberal y, por esta razón, cuando se proclamó la Segunda República, en 1931, se convirtió en el partido de oposición a la coalición republicano-socialista liderada por Manuel Azaña. El antiguo Emperador del Paralelo llegó a ser, de un día para otro, la principal opción de la derecha republicana, lo que le permitió presidir el gobierno en varias ocasiones entre 1933 y 1935.
En las elecciones de noviembre de 1933, los radicales presentaron un programa conservador, defendiendo en la campaña lo que denominaron “la voluntad de defensa social”. Se pretendía formar una base electoral amplia entre la clase media urbana y entre los propietarios agrícolas. Al final, la CEDA alcanzó 115 diputados y el Partido Republicano Radical 102, de un total de 570 escaños. Aunque la derecha había vencido, los radicales y otros grupos de centro formaron gobierno.
La Guerra Civil terminó por acabar con el Partido Republicano Radical.
Alejandro Lerroux
Alejandro Lerroux fue un político español republicano(La
Rambla, Córdoba, 1864 - Madrid, 1949). Militó desde joven en las filas
del republicanismo radical, como seguidor de Ruiz Zorrilla. Practicó un
estilo periodístico demagógico y agresivo en las diversas publicaciones
que dirigió (El País, El Progreso, El Intransigente y El Radical). Su
discurso populista y anticlerical, así como la intervención en diversas
campañas contra los gobiernos de la Restauración, le hicieron muy
popular en los medios obreros de Barcelona, que acabaron constituyendo
la base de un electorado fiel.
Fue elegido diputado
por primera vez en 1901; y de nuevo en 1903 y 1905, en las candidaturas
de la Unión Republicana que había contribuido a formar junto con Nicolás
Salmerón. La defección de éste hacia la coalición Solidaridad Catalana
en 1906, llevó a Lerroux a separarse, formando el Partido Republicano
Radical (1908) en Barcelona, al que
rápidamente se adscriben multitud de seguidores gracias al carisma de su
líder, un personaje fogoso y algo demagógico, fustigador de los ricos y
paladín de la clase obrera.
y la primera Casa del
Pueblo, dedicándose a enseñar a los obreros.
Hubo de exiliarse en varias ocasiones,
primero para escapar a la condena dictada por uno de sus artículos
(1907) y más tarde huyendo de la represión gubernamental por la Semana
Trágica de Barcelona (1909). De vuelta a España, aceptó entrar en la
Conjunción Republicano-Socialista, con la que volvió a ser elegido
diputado en 1910. Desde entonces se vio envuelto en una serie de
escándalos que le alejaron de su electorado barcelonés, entre
acusaciones de corrupción (hasta el punto de que hubo de cambiar de
distrito, presentándose por Córdoba en 1914).
Bajo
la dictadura de Primo de Rivera (1923-30) su partido se vio debilitado
por la escisión de los Radical-Socialistas de Marcelino Domingo (1929).
No obstante, continuó en la política activa, participando en el comité
revolucionario que preparó el derrocamiento de Alfonso XIII y la
proclamación de la Segunda República en 1931.
Uno de los políticos más singulares y complejos del siglo XX español,
Alejandro Lerroux, nació en 1864 en el pueblo cordobés de La Rambla, en
el seno de una familia de la clase media baja.
Gran orador y de ideas progresistas, su carrera política se inicia en 1901, cuando es designado diputado a Cortes. Su encendido manejo de la palabra ante nutridos oratorios y sus ataques a la burguesía y a la Iglesia le causan numerosos problemas, siendo varias veces procesado por difamación. Una de las frases más conocidas e incendiarias que se le atribuyen fue "¡Levantemos los velos de las novicias y hagámoslas madres!", pronunciada en un contexto de odio anticlerical que más adelante producirá la quema de iglesias y conventos.
Gran orador y de ideas progresistas, su carrera política se inicia en 1901, cuando es designado diputado a Cortes. Su encendido manejo de la palabra ante nutridos oratorios y sus ataques a la burguesía y a la Iglesia le causan numerosos problemas, siendo varias veces procesado por difamación. Una de las frases más conocidas e incendiarias que se le atribuyen fue "¡Levantemos los velos de las novicias y hagámoslas madres!", pronunciada en un contexto de odio anticlerical que más adelante producirá la quema de iglesias y conventos.
Republicano convencido, en 1908 crea en Barcelona la primera Casa del Pueblo, dedicada a prestar asistencia jurídica, económica y educativa a los obreros. También en Barcelona funda el Partido Radical, al que rápidamente se adscriben multitud de seguidores gracias al carisma de su líder, un personaje fogoso y algo demagógico, fustigador de los ricos y paladín de la clase obrera.
La fama como político le acarrea tantos seguidores como enemigos. Si sus mítines son recibidos con entusiasmo, sus palabras le hacen ser condenado por los tribunales y pasar por la cárcel en varias ocasiones. En estos primeros años de su carrera, a pesar de no haber acabado sus estudios de bachillerato, consigue, mediante un único examen, aprobar de una vez todas las asignaturas de la carrera de Derecho de la Universidad de La Laguna.
Desde el Ayuntamiento de Barcelona, Lerroux promueve una política radical y obrerista, aunque su gestión comienza a estar salpicada por los primeros escándalos de corrupción, unas sombras que, no sin fundamento, no dejarán de acompañar en adelante a Lerroux y al Partido Radical.
En 1909, con motivo de la Semana Trágica de Barcelona, se ve obligado a dejar la ciudad, mientras en las barriadas obreras sus partidarios se enfrentan a tiros a los pistoleros de la patronal. Al mismo tiempo, sus discursos se van haciendo más moderados y conservadores.
Instalado en Madrid y dedicado de lleno a la política nacional, fue diputado en todas las legislaturas. A partir de 1923 se convierte en un feroz opositor a la dictadura de Primo de Rivera, aunque desde posiciones más moderadas que las que representaba en años anteriores. En 1931, forma parte del primer Gobierno provisional de la República, como ministro de Estado, alzándose con el primer plano del protagonismo de la vida pública española. El antiguo líder radical baja el tono de sus discursos, acepta participar en las instituciones y establece lazos de unión con curas y militares, sus viejos enemigos.
Son tiempos revueltos, en los que en la escena política y social española parece haber vientos de confrontación, como así ocurrirá poco más tarde. En 1933, su partido gana las elecciones en coalición con la CEDA del derechista Gil Robles. El nuevo gobierno del que es presidente inaugura un periodo de represión de las izquierdas y del movimiento obrero, el llamado Bienio Negro. Fuertemente presionado por los sectores más reaccionarios, el gobierno Lerroux empieza a revisar la legislación laica, amnistía entre otros a los golpistas Sanjurjo y Calvo Sotelo y paraliza la reforma agraria y el estatuto vasco.
Uno de los mayores problemas que tendrá que afrontar será la revolución de Asturias, en 1934. El rápido deterioro de las condiciones de trabajo y de vida de las minas y el campo asturianos hizo que el salario de un trabajador agrícola pasara de 12 pesetas diarias en 1931 a 4 apenas tres años más tarde. La difícil situación provocó un estallido de violencia revolucionaria que será aplastado a sangre y fuego por las tropas del gobierno.
Un nuevo escándalo de corrupción salpicará, definitivamente, el gobierno de Alejandro Lerroux y la imagen de su líder. La introducción en España de un aparato de juego de azar inventado por Strauss y Perle dio pie a un negocio fraudulento y al enriquecimiento de algunos personajes del entorno de Lerroux. Conocido el asunto y aireado por la prensa con el nombre de "caso del estraperlo", se desató una oleada de críticas hacia su persona y la coalición de gobierno, que quedó definitivamente rota.
En 1936, el estallido de la Guerra Civil le obligó a huir a Portugal, donde vivirá hasta su regreso a España en 1947. Alejado de la vida pública y totalmente desacreditado, muere en junio de 1949 uno de los personajes más controvertidos de la historia política de España en el siglo XX y quizás menos conocido en su faceta periodística, habiendo sido director de los periódicos El Radical, El País y El Progreso.
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| Alejandro Lerroux |
Durante los siguientes años, la CEDA siguió dando su giro conservador al Gobierno Republicano: anuló el matrimonio civil y el divorcio, prohibió las expropiaciones de las tierras de la Iglesia y de los terratenientes y estableció el impuesto que mantenía al clero y el culto. La inclusión de la CEDA en el Gobierno no provoca la involución prevista, pero deja clara su escasa vinculación con el proyecto republicano.
En los meses siguientes a la revolución de Asturias no hay tampoco un plan de Gobierno perceptible más allá de la represión de los revolucionarios o los intentos de inculpar a Azaña en los hechos. Las discusiones en el Parlamento ocultan su infecundidad legislativa. Gil Robles, nombrado ministro de Guerra en mayo de 1935, coloca a algunos de los generales desafectos al régimen (Mola, Franco, Fanjul…) en los puestos más destacados del ejército. A lo largo de 1935 el Partido Radical entra en una profunda crisis afectado por algunos escándalos de corrupción (la concesión de licencia a un tipo de ruleta llamada straperlo -término que se añadiría al castellano, estraperlo, como sinónimo de mercado negro- y el asunto Nombela, sobre los contratos de suministros al ejército). Alcalá-Zamora se resiste a dar el Gobierno a Gil Robles e intenta, en diciembre, una solución personal entregándoselo a Manuel Pórtela Valladares. Las presiones recibidas desde todos los grupos parlamentarios acaban con la disolución de las Cortes y la convocatoria de las elecciones de febrero de 1936.
Pero esta política fue interrumpida por dos sucesos de corrupción:
- El caso Straperlo. En 1935, Strauss y Perel Lowan intentaron introducir en España unas ruletas trucadas, y sobornaron a miembros del partido de Lerroux para que no denunciaran el fraude. El conocimiento del caso supuso un gran escándalo.
- El caso Nombela. Antonio Nombela, el inspector de colonias, destapó la estafa de una compañía colonial española que, colaborando con políticos, exigió una indemnización tras la pérdida fingida de un barco perdido.
Los escándalos de corrupción más las malas relaciones entre cedistas y radicales, llevaron a la dimisión de Lerroux para septiembre de 1935. Hasta que Alcalá Zamora convocase elecciones para febrero de 1936, hubo dos presidentes de partidos republicanos en el poder.
En mayo de 1935 la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA) promueve una crisis gubernamental. Se lleva a cabo una reestructuración ministerial integrando a cinco miembros de la CEDA. El líder de la CEDA; Gil Robles, obtiene la cartera de la Guerra y emprende desde este ministerio una contrarreforma militar, situando en puestos claves a oficiales militares claramente contrarios al gobierno republicano: fue nombrado Subsecretario del Ministro de la Guerra el general Joaquín Fanjul, que en 1936 se sublevó contra la Segunda República Española con el asalto del cuartel de la Montaña de Madrid que él mandaba, siendo luego detenido, juzgado y fusilado; como director del Estado Mayor Central fue nombrado el general Francisco Franco, impulsor, junto a otros altos cargos de la cúpula militar, del golpe de Estado de julio de 1936 contra el gobierno democrático de la Segunda República; como jefe del ejército en Marruecos fue nombrado el general Emilio Mola Vidal, que sería el cabecilla («director») de la sublevación militar de 1936, que —tras su fracaso— dio origen a la Guerra Civil Española; y como director general de Aeronáutica el general Manuel Goded Llopis, que en octubre de 1934 colaboró con Franco por orden del gobierno republicano en la represión de la revuelta de Asturias y el 19 de julio de 1936, al inicio de la guerra civil, aprovechó su puesto para sublevar las plazas de Mallorca e Ibiza y dejarlas en manos de los rebeldes.
La otra posibilidad que barajó el Presidente de la República fue la de conformar un nuevo centro político en torno a su figura, reuniendo algunos elementos del Partido Radical, los republicanos de derechas y y los republicanos de centro-izquierda que rechazaban la alianza con los socialistas. Con este objetivo, Alcalá Zamora encargó la formación de gobierno a un político de su confianza, el liberal Portela Valladares. Pero el gobierno de Portela, constituido el 15 de diciembre de 1935 y formado por republicanos de centro-derecha (dejaba fuera a la CEDA), no obtuvo la confianza de las Cortes.
El presidente de la República todavía tenía la posibilidad de encargar la formación de gobierno al líder de la CEDA, Gil Robles, pero le pareció muy arriesgado y escogió la última posibilidad que le quedaba: disolver las Cortes el 7 de enero de 1936 y convocar nueva consulta electoral para el 16 de febrero de 1936. Las elecciones de febrero serían ganadas por la coalición de izquierdas Frente Popular, lo que puso fin al Bienio restaurador derechista o “bienio negro”.
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| caso Straperlo |


















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