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sábado, 8 de agosto de 2026

EL BIENIO CONSERVADOR O BIENIO NEGRO DE LA SEGUNDA REPÚBLICA ESPAÑOLA

El Bienio Conservador

El Bienio de derechas, llamado Bienio Negro por los izquierdistas, supuso la llegada de partidos conservadores al poder y la paralización de todas las reformas. 

Para las elecciones de noviembre de 1933, la izquierda no triunfó debido a su desunión y al descontento social. Los partidos más votados fueron la CEDA y el Republicano Radical, que, junto a otros partidos republicanos como el de Alcalá Zamora, que rechazaba a Gil Robles por sus tendencias monárquicas y fascistas, se unieron y formaron Gobierno. Lerroux quedó como presidente, aunque realmente Gil Robles siempre dictaminó lo que Lerroux debía hacer. Este ponía como pretexto a la unión con un partido monárquico la intención de acercarse a las clases más católicas.


Para los radicales de Lerroux, la alianza con la CEDA tan sólo intenta atraer a la derecha católica hacia la causa republicana; para Gil Robles se trata de conseguir el control del Gobierno -aun sin pertenecer a él- a la espera de ser llamado para gobernar. Las coincidencias entre el Partido Radical y la CEDA permiten dar marcha atrás a numerosas reformas emprendidas en el bienio reformista: el clero vuelve a cobrar sueldos del Estado, los colegios religiosos no cierran sus puertas… Además, los golpistas de 1932 son amnistiados. Las diferencias, por su parte, impiden la reforma del sistema político. El mayor varapalo es para el Partido Socialista, cuyo reformismo, lejos de afianzar su proyecto, le relega electoralmente. Temeroso de que el autoritarismo acabe con su supresión, tal y como ha sucedido en Italia o Alemania, el sector más izquierdista, encabezado por Largo Caballero, radicaliza su discurso revolucionario.

Se paralizó la reforma agraria, las expropiaciones de tierras mal cultivadas fueron devueltas a sus propietarios y la congelación de arrendamientos fue anulada, permitiendo la libre contratación. Se suprimió la reforma religiosa: se entabló relaciones con la Santa Sede, restituyeron a los jesuitas y se volvió a establecer la enseñanza religiosa y se propuso un presupuesto para mantener el culto y el clero. Se estipuló la amnistía para todos los encarcelados por el golpe de Sanjurjo. Las medidas educativas no se hicieron por falta de presupuesto, y en cuanto a las reformas del Estado centralista, el estatuto catalán fue aceptado, pero el vasco se frenó.

Gil Robles abogaba por el legalismo, porque confiaba en el triunfo electoral después del aplastamiento de la rev. de Octubre.  El Frente Nacional del Trabajo se convirtió en la respuesta cedista al sindicalismo izquierdista, y se transformó en la Confederación Española de Sindicatos Obreros.  Si no se suprimieron los sindicatos fue porque Acción Popular tenía que atenerse a lo establecido por la ley, aunque Gil Robles abogó por su disolución y confiscación de sus bienes.  G. Robles logró evitar la débil reforma agraria de Jiménez Fernández, eliminando a este del gobierno, provocando la derrota de la pequeña ala católico-social de la CEDA.  Lamamié y los ultras cedistas fueron despojando la obra de Jiménez Fernández de sus rasgos progresistas, reduciendo el plazo mínimo para los arrendamientos de 6 a 4 años, suprimiendo el acceso a la propiedad por parte de los arrendatarios y acabando con los tribunales encargados de supervisar las condiciones de los arrendamientos.  El 14 de diciembre de 1934 también se suspendió definitivamente el Estatuto Catalán.  El Debate pedía una nueva Constitución que reforzase la autoridad, disminuyese el poder del Parlamento e introdujese una sistema corporativo de representación, y G. Robles lo ratificaba en una conferencia, citando a Alemania e Italia como ejemplos.  En Marzo de 1935 G. Robles provocó otra crisis de gobierno al no estar de acuerdo con el indulto concedido a Teodomiro Menéndez y Ramón González Peña por su participación en los acontecimientos de Asturias.  Lerroux formó nuevo gobierno, pero con 5 miembros cedistas y G. Robles como Ministro de Guerra.  G. Robles se reunió con varios generales antirrepublicanos (Fanjul, Goded y Franco), nombrando a Franco Jefe del Estado Mayor Central, contra la opinión de Alcalá Zamora, Goded fue nombrado Inspector General, a pesar de formar parte de la UME (conspiradora contra la República).  Alcalá Zamora se escandalizaba por la eliminación de los oficiales liberales y republicanos, y los mismos apologistas de Gil Robles consideran hoy que estas medidas prepararon al Ejército para el futuro levantamiento.  G. Robles inicio un rearme del Ejército en secreto, contando con Alemania como suministrador y considerando al Ejército como el único capaz de detener una revolución.

Tras la caída de Gímenez Fernández la ofensiva terrateniente contra los jornaleros y arrendatarios fue total, y un historiador franquista lo considero "no solamente anticristianos (puesto que los terratenientes españoles jamás se comportaron colectivamente como cristianos, ni antes ni después de 1935), sino además de auténtico ensañamiento". "La actuación de las derechas y de los derechistas en el campo, en el segundo semestre de 1935, fue uno de los principales determinantes del odio de la guerra civil y probablemente de la guerra civil misma" (El Debate del 14 de Mayo y 14 de Junio de 1935, en Historia, La cierva, p. 487).  La reforma de la reforma agraria trajo consigo que de las 900.000 propiedades inventariadas para reforma, 800.000 desaparecieron de la lista.

A mediados de septiembre dimitió Royo Villarroya que no estaba de acuerdo con la cesión a Cataluña del control de sus carreteras, y el asunto del estraperlo, provocó el ofrecimiento de Alcalá Zamora a Chapaprieta para formar gobierno con apoyo de G. Robles y Lerroux, disminuyendo la participación de la CEDA a tres ministros.  Chapaprieta dimitió el 9 de Diciembre de 1935 y Alcalá Zamora no tenía más remedio que llamar a Gil Robles para formar gobierno o convocar elecciones, y G. Robles no dudada que le iba a encargar formar gobierno, pero Alcalá dudada de las convicciones democráticas de la CEDA, ya que la JAP no dejaba de manifestar que las elecciones sólo debían servir para dar el poder a las derechas y acabar con el liberalismo.

Los dos años de gobierno conservador provocó una reacción del pueblo, alentada por la CNT. En el socialismo aparecieron dos vertientes: la de Largo Caballero, que optaba una vía revolucionaria, y la de Indalecio Prieto, que proponía negociaciones con republicanos para formar una coalición contra los conservadores en las próximas elecciones. Las huelgas se sucedieron y fueron reprimidas por la Guardia Civil, el ejército y la Guardia de Asalto.


Principales medidas de paralización y contrarreforma

Reforma agraria 

Se frenó el reparto de tierras y se aprobó la Ley para la Reforma de la Reforma Agraria en agosto de 1935, la cual limitó los fondos y paralizó el Registro de la Propiedad Expropiable. Se desmantelaron organizaciones de jornaleros y dejaron de funcionar los jurados mixtos en el campo.

En cuanto a la reforma agraria, se respetó el ritmo previsto de aplicación de la Ley de Reforma Agraria por lo que en 1934 se asentaron más campesinos que durante todo el bienio anterior, expropiándose el cuádruple de propiedades, aunque la Ley de Amnistía aprobada en abril de 1934 le devolvió a la nobleza "grande de España" parte de las tierras confiscadas por el gobierno de Azaña. La derogación de facto del decreto de Términos Municipales y la reforma de los Jurados Mixtos agrarios les permitió a los propietarios volver a gozar de una casi completa libertad de contratación de los jornaleros. En respuesta a estas rectificaciones de las reformas del bienio anterior, los sindicatos convocaron huelgas y hubo enfrentamientos con las fuerzas del orden.

Cuestión religiosa y educativa

Se aprobó un presupuesto para el sostenimiento del culto y el clero, se frenó la laicización y se iniciaron negociaciones con el Vaticano para frenar los recortes a las órdenes religiosas.

Reforma militar 

Se revirtió la política de Manuel Azaña, devolviendo protagonismo y reincorporando a mandos militares contrarios o de dudosa lealtad a la República (como los generales Franco o Goded), además de amnistiar a los implicados en la Sanjurjada de 1932. El 20 de abril de 1934 las Cortes aprobaron la Ley de Amnistía, que era uno de las tres exigencias de la CEDA y que también figuraba en el programa electoral del Partido Republicano Radical. Esta ley excarcelaba a todos los implicados en el golpe de Estado de 1932 capitaneado por el general San Jurjo (de ahí el nombre de la “Sanjurjada”). Pero el presidente de la República Niceto Alcalá-Zamora se opuso a esta ley y Lerroux, al constatar que había perdido la confianza del presidente, presentó la dimisión. Asume el Gobierno un nuevo dirigente radical, el valenciano Ricardo Samper.

Cuestión territorial y autonómica

Se paralizó en las Cortes la tramitación y discusión de los estatutos de autonomía, como el Estatuto Vasco. los gobiernos del Partido Republicano Radical neutralizaron el impulso estatutario propio del Estado integral definido en la Constitución de 1931, lo que provocó graves tensiones en Cataluña y en el País Vasco. La tramitación del Estatuto de Autonomía del País Vasco fue paralizada y el 12 de junio los diputados del PNV se retiraron de las Cortes en señal de protesta.

Legislación social y laboral 

Se suavizó la legislación protectora de los trabajadores, se suspendió la Ley de Términos Municipales y se incrementó la tensión social que desembocaría en la Revolución de Asturias de octubre de 1934.

«Cuando las derechas llegaron al poder en 1933, los terratenientes y los caciques reafirmaron de nuevo su autoridad: recortaron los salarios (en Córdoba, el de la recogida de las aceitunas bajó de 6,50 a 5,75), se suspendieron las reuniones de los jurados mixtos y las leyes de términos y de laboreo forzoso se infringieron impunemente. Los campesinos que se habían afiliado a un sindicato o se habían distinguido como partidarios de la izquierda sufrieron toda clase de persecuciones, expulsándolos de los lugares en los que trabajaban y negándoles la contratación como jornaleros. Eso sucedió en Andalucía, en Cuenca –donde los trabajadores de Barajas de Melo se lamentaban de que “cuando pedimos trabajo, el alcalde nos dice que ‘comamos zarzas y república”–, en Ciudad Real –donde los de Solana del Pino aseguraban que “para perseguirnos, prefieren dejar la tierra sin cultivar antes que dárnosla a nosotros”–, en Toledo, donde, según explica Arturo Barea, a fines de 1933 los propietarios comenzaban a echar a todos los que se habían afiliado a un sindicato “y a no dar trabajo más que a los que se sometían a lo de antes”. La izquierda aceptó su derrota en las urnas en el 33; la derecha no lo hizo en el 36. Las elecciones de 1933 fueron, en 120 años de historia parlamentaria española, las primeras que perdió un Gobierno que las hubiera convocado. Este aceptó su derrota y cedió el poder a la oposición de derechas. Cuando esto sucedió por segunda vez, en febrero de 1936, las derechas se dispusieron a recuperar el poder por la fuerza, volviendo a una tradición histórica en que las elecciones no eran más que una farsa.» [Josep Fontana]

La labor gubernamental estuvo condicionada por la presión que en las Cortes realizaban los diputados cedistas sobre el Gobierno, necesitado del apoyo de sus votos para sacar adelante su gestión. El objetivo de la CEDA era debilitar el centro republicano, esperando que tarde o temprano fueran llamados a formar parte del Gobierno. Pronto se vio el Gobierno de Lerroux en la necesidad de situar a algunos miembros de la CEDA en puestos de responsabilidad directa. El gran problema que tenía el Partido Radical a la hora de integrar a miembros de la CEDA en el gobierno vino dado por la tibieza con que los cedistas defendían el régimen republicano y por no haberse declarado nunca abiertamente a favor de la República. Cosa explicable dada la procedencia monárquica de una gran parte de sus dirigentes, la indiferencia republicana de sus bases y la oposición dentro del partido a la continuidad de ese tipo de república.

Entrada de la CEDA al gobierno: reacción en Cataluña y Asturias

En el otoño de 1932 se produjeron diversos movimientos en la derecha española aprovechando la crisis política que vivía la coalición gobernante, y que desembocaron en la creación de la formación en los primeros días de marzo del año siguiente. La coalición defendía los principios católicos en la política, la necesidad de una revisión constitucional de acuerdo con estos principios, es decir, planteaba una alternativa al laicismo de la República. La defensa del orden social era otro de sus pilares. 

La CEDA supuso la apuesta más clara por una postura posibilista por parte de la derecha española, separándose de la opción golpista y reaccionaria, lo que provocaría que destacados políticos de la derecha española abandonasen al comenzar el proceso de convergencia política auspiciado por Gil Robles, como Esteban Bilbao o Antonio Goicoechea, entre otros, y que desembarcarían en Renovación Española. Gil Robles se había expresado en El Debate por la necesidad de emplear el camino electoral, es decir, de la legalidad. Por su parte, Luís Lucía fue un político muy destacado del ámbito valenciano y que representaba una opción socialcristiana dentro de su partido, posición que le generó algunos enfrentamientos con los sectores más conservadores del mismo. Por fin, el 4 de marzo de 1933 se constituyó oficialmente la CEDA en un acto.

Gil Robles obligó a Lerroux que incluyese a tres miembros de su partido en el equipo de Gobierno, y el Presidente cedió, lo que fue percibido como un golpe bajo a la República por el PSOE. Se produjo un gran movimiento huelguístico para octubre de 1934, especialmente en Asturias y Cataluña, que fue duramente reprimido.

En Asturias, los mineros de Oviedo y alrededores tomaron los medios de comunicación y de transportes, destituyeron a los alcaldes e impusieron el comunismo libertario durante 10 días. La Legión, dirigida por el general Franco, sofocó la situación dando lugar a más de 1000 mineros y 500 militares muertos y más de 5000 detenidos, muchos de ellos fusilados en masa.

En Cataluña, el levantamiento fue respaldado por la Generalitat de Lluis Companys. El 6 de octubre de 1934, Cataluña vuelve a proclamar la República Catalana en protesta de la entrada de las tendencias monárquicas y fascistas de la CEDA en el Gobierno, y se inició una manifestación que terminó con la represión del ejército y el encarcelamiento de Lluis Companys, de toda la Generalitat, de Largo Caballero y de Azaña.

Las consecuencias de esos sucesos fueron:
  • La suspensión de la Generalitat y la supresión de los estatutos de autonomía.
  • El fortalecimiento de la CEDA y el cumplimiento de la política conservadora.
carteles de la CEDA

Protagonistas

La CEDA

La CEDA o Confederación Española de Derechas Autónomas fue una coalición de partidos resultante de la fusión de varios grupos políticos, y que se puso en marcha en el año 1933. Entre estos grupos destacaron dos: Acción Popular (antes Acción Nacional), dirigida por José María Gil Robles, y la Derecha Regional Valenciana de Luis Lucía. También formaban parte de esta coalición, otras formaciones regionales conservadoras de las Castillas, Andalucía y Galicia. El partido aglutinó a diversos sectores de la derecha: desde elementos de tendencia fascista, muy presentes en las Juventudes de Acción Popular (JAP), hasta democristianos, centralistas y hasta autonomistas, con los representantes de la mencionada Derecha Regional Valenciana.

La Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA), versión española del catolicismo social, tuvo una actitud que osciló entre un prudente distanciamiento y una admiración no siempre disimulada. La fascistización de la CEDA puede entenderse mejor si atendemos a la observación de Jiménez Campo, común por lo demás a todo movimiento, de que «el fascismo no permaneció encapsulado en unos grupos políticos concretos, sino que llegó a impregnar, con mayor o menor intensidad, el conjunto de las prácticas contrarrevolucionarias de la Europa de entreguerras». También si atendemos a las coordenadas del momento republicano: los partidos conservadores percibieron rápidamente la instauración de un proceso revolucionario que potenció su admiración hacia los casos alemán e italiano y justificó, en definitiva, una cierta mímesis respecto de ellos. De un lado, hacía el mensaje conservador más atractivo y renovado; y, de otro, se veía así beneficiario de modo indirecto de los éxitos de aquéllos, en especial por lo que se refiere a la destrucción del movimiento obrero organizado. En realidad no se trataba tanto de una especie de «rapiña política» -inserción de componentes ajenos-, cuanto de una afloración natural de ingredientes propios de su estrategia global contrarrevolucionaria. Consecuentemente, esos elementos no eran discernibles de otros «implícitos», sobre todo del destino final sufrido por la izquierda en Italia, Alemania o Austria.

La radical ambigüedad de sus grandes principios católicos, que compartían otras fuerzas políticas con diferente estrategia y táctica, agravaba todavía más esta circunstancia. En un único partido como la CEDA resultaba posible extraer de la doctrina católica la condena de la democracia, pero también su transformación; la propuesta de Estado Corporativo y los recelos ante él; la simpatía hacia los modelos fascistas y su rechazo. Por eso en marzo de 1933 el líder cedista Gil Robles condenaba el fascismo al hilo de una propuesta política al modo del Zentrum alemán. Lo que no era obstáculo para que en septiembre del mismo año, tras su viaje a Alemania, su juicio se tornara favorable hasta el punto de afirmar que «todo esto traza la directiva de un nuevo orden de cosas, que nosotros estamos en el deber de recoger, para armonizarlo con los postulados de la doctrina católica».

El análisis de la postura de la CEDA ante el fascismo puede ayudarse por las contribuciones de su prensa y de las Juventudes de Acción Popular (JAP), rama juvenil del mismo. En lo que a la prensa se refiere, el juicio sobre los sistemas fascistas reproduce un sabia mezcla de alabanzas y críticas de modo tal que finalmente el lector extraiga un juicio positivo, que deviene entusiástico para el régimen de Dollfuss y sus acciones represivas contra los socialistas vieneses


Gil Robles

José Mª Gil Robles y Quiñones había nacido en 1898. Catedrático de Derecho Político. Hombre entregado en cuerpo y alma a la Iglesia y sus jerarquías. Se inició en la política en las filas del partido social popular de D. Ángel Ossorio y Gallardo (quien, a raíz del golpe de estado del General Primo de Rivera en 1923, se hizo crítico de la monarquía y fue luego una destacada personalidad en la II República). Gil Robles fue diputado del partido agrario por Salamanca en 1931; luego diputado de la CEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas) por Salamanca en 1933 y 1936. Jefe de la «acción popular» que unos han visto como partido democristiano y otros como clerical-fascista. Su línea era la del reaccionarismo posibilista: llevar a la República tan a la derecha como fuera posible no planteando de momento la cuestión de la forma de gobierno; ministro en el «bienio negro» (1934-35) y responsable máximo de la dura represión del levantamiento obrero de Asturias (oct. de 1934). En 1936, con todas las demás fuerzas de la oligarquía española, se unió a la causa de la conspiración antirrepublicana y apoyó la sublevación fascista capitaneada por Francisco Franco, a cuyas órdenes mandó que se colocaran las huestes de la CEDA, que a menudo fueron de las más sanguinarias en el exterminio de los «rojos».

D. Niceto Alcalá-Zamora caracterizó así a la C.E.D.A.: `Fue el más heterogéneo conglomerado, sin más vínculo que la unión personal en Gil Robles, cuyas dotes de caudillaje se mostraron en eso mucho más que las de gobernante. Había en aquélla (en la C.E.D.A.) una buena parte de democracia cristiana, con gentes modestas y devotas, algunos clérigos transigentes y previsores, y núcleos de abolengo paradójicamente tradicionalista, [...] Hubo también otra parte o ala derecha de origen y de simpatías hacia el régimen monárquico, formada por propietarios asustadizos y aristócratas de segunda o tercera fila. En el centro bullía con agitación violenta una hueste de impulsos, métodos y fórmulas fascistas. [...] El tercero era el inadaptable, el peligroso... y lo peor fue que con éste coincidía, más bien que por la ambición por el temperamente, Gil Robles, con decidida y funesta preferencia.' (Memorias, Barcelona: Planeta, 1977; citado por Manuel Rubio Cabeza, Las Voces de la República, Barcelona: Planeta, 1985, p. 164.)

Gil Robles declaraba en 1937 (Aldo Garosci, Los intelectuales y la guerra de España, p. 203): `El ejército ha sido su iniciador [del alzamiento] y es el instrumento eficaz de la victoria. Pero, detrás de él, sin distinciones de regiones ni de clases sociales, están todos los españoles que no se han resignado a caer en las garras del comunismo. Es el levantamiento de una nación entera que, salvándose a sí misma, salvará a toda la civilización occidental'. O sea, a la propiedad privada. Entre los españoles resignados, según Gil Robles, a caer en las garras del comunismo estaban: Portela Valladares, Alcalá Zamora, Azaña, Prieto, Ossorio y Gallardo, Jiménez de Asúa, Martínez Barrio e incluso Juan Ramón Jiménez, Luis Recaséns Siches, el propio Menéndez Pidal, ninguno de los cuales se sumó al Alzamiento Nacional ni estaban «detrás» del ejército.

Gil Robles

Partido Radical

El Partido Republicano Radical, liderado por Alejandro Lerroux, nació en 1908 con un discurso anticlerical y populista que marcaría la política española de entreguerras. Tras participar en el Pacto de San Sebastián y en la proclamación de la Segunda República, pasó de tribuno radical a fuerza centrista de gobierno, hasta hundirse con los escándalos del Straperlo y el caso Nombela. Llegó debilitado a las elecciones de febrero de 1936 y desapareció prácticamente con el inicio de la Guerra Civil.

A partir de 1909, Lerroux gira hacia posiciones más posibilistas y se aviene a “conspirar” para instaurar la República. Su Partido Republicano Radical se hallará, de una forma u otra, en todos los cónclaves organizados en los años sucesivos, hasta el cambio de régimen. Como va desgranando Roberto Villa, Lerroux a pesar de sus claras posiciones respecto al sistema político que prefería, era consciente de los riesgos de una ruptura drástica. Paulatinamente fue empujando a su partido a una posición más centrista y liberal y, por esta razón, cuando se proclamó la Segunda República, en 1931, se convirtió en el partido de oposición a la coalición republicano-socialista liderada por Manuel Azaña. El antiguo Emperador del Paralelo llegó a ser, de un día para otro, la principal opción de la derecha republicana, lo que le permitió presidir el gobierno en varias ocasiones entre 1933 y 1935.

En las elecciones de noviembre de 1933, los radicales presentaron un programa conservador, defendiendo en la campaña lo que denominaron “la voluntad de defensa social”. Se pretendía formar una base electoral amplia entre la clase media urbana y entre los propietarios agrícolas. Al final, la CEDA alcanzó 115 diputados y el Partido Republicano Radical 102, de un total de 570 escaños. Aunque la derecha había vencido, los radicales y otros grupos de centro formaron gobierno.

La Guerra Civil terminó por acabar con el Partido Republicano Radical. 


Alejandro Lerroux

Alejandro Lerroux fue un político español  republicano(La Rambla, Córdoba, 1864 - Madrid, 1949). Militó desde joven en las filas del republicanismo radical, como seguidor de Ruiz Zorrilla. Practicó un estilo periodístico demagógico y agresivo en las diversas publicaciones que dirigió (El País, El Progreso, El Intransigente y El Radical). Su discurso populista y anticlerical, así como la intervención en diversas campañas contra los gobiernos de la Restauración, le hicieron muy popular en los medios obreros de Barcelona, que acabaron constituyendo la base de un electorado fiel. 

Fue elegido diputado por primera vez en 1901; y de nuevo en 1903 y 1905, en las candidaturas de la Unión Republicana que había contribuido a formar junto con Nicolás Salmerón. La defección de éste hacia la coalición Solidaridad Catalana en 1906, llevó a Lerroux a separarse, formando el Partido Republicano Radical (1908) en Barcelona, al que rápidamente se adscriben multitud de seguidores gracias al carisma de su líder, un personaje fogoso y algo demagógico, fustigador de los ricos y paladín de la clase obrera. y la primera Casa del Pueblo, dedicándose a enseñar a los obreros.

Hubo de exiliarse en varias ocasiones, primero para escapar a la condena dictada por uno de sus artículos (1907) y más tarde huyendo de la represión gubernamental por la Semana Trágica de Barcelona (1909). De vuelta a España, aceptó entrar en la Conjunción Republicano-Socialista, con la que volvió a ser elegido diputado en 1910. Desde entonces se vio envuelto en una serie de escándalos que le alejaron de su electorado barcelonés, entre acusaciones de corrupción (hasta el punto de que hubo de cambiar de distrito, presentándose por Córdoba en 1914). 

Bajo la dictadura de Primo de Rivera (1923-30) su partido se vio debilitado por la escisión de los Radical-Socialistas de Marcelino Domingo (1929). No obstante, continuó en la política activa, participando en el comité revolucionario que preparó el derrocamiento de Alfonso XIII y la proclamación de la Segunda República en 1931.

Uno de los políticos más singulares y complejos del siglo XX español, Alejandro Lerroux, nació en 1864 en el pueblo cordobés de La Rambla, en el seno de una familia de la clase media baja.
Gran orador y de ideas progresistas, su carrera política se inicia en 1901, cuando es designado diputado a Cortes. Su encendido manejo de la palabra ante nutridos oratorios y sus ataques a la burguesía y a la Iglesia le causan numerosos problemas, siendo varias veces procesado por difamación. Una de las frases más conocidas e incendiarias que se le atribuyen fue "¡Levantemos los velos de las novicias y hagámoslas madres!", pronunciada en un contexto de odio anticlerical que más adelante producirá la quema de iglesias y conventos.

Republicano convencido, en 1908 crea en Barcelona la primera Casa del Pueblo, dedicada a prestar asistencia jurídica, económica y educativa a los obreros. También en Barcelona funda el Partido Radical, al que rápidamente se adscriben multitud de seguidores gracias al carisma de su líder, un personaje fogoso y algo demagógico, fustigador de los ricos y paladín de la clase obrera.

La fama como político le acarrea tantos seguidores como enemigos. Si sus mítines son recibidos con entusiasmo, sus palabras le hacen ser condenado por los tribunales y pasar por la cárcel en varias ocasiones. En estos primeros años de su carrera, a pesar de no haber acabado sus estudios de bachillerato, consigue, mediante un único examen, aprobar de una vez todas las asignaturas de la carrera de Derecho de la Universidad de La Laguna.

Desde el Ayuntamiento de Barcelona, Lerroux promueve una política radical y obrerista, aunque su gestión comienza a estar salpicada por los primeros escándalos de corrupción, unas sombras que, no sin fundamento, no dejarán de acompañar en adelante a Lerroux y al Partido Radical.
En 1909, con motivo de la Semana Trágica de Barcelona, se ve obligado a dejar la ciudad, mientras en las barriadas obreras sus partidarios se enfrentan a tiros a los pistoleros de la patronal. Al mismo tiempo, sus discursos se van haciendo más moderados y conservadores.

Instalado en Madrid y dedicado de lleno a la política nacional, fue diputado en todas las legislaturas. A partir de 1923 se convierte en un feroz opositor a la dictadura de Primo de Rivera, aunque desde posiciones más moderadas que las que representaba en años anteriores. En 1931, forma parte del primer Gobierno provisional de la República, como ministro de Estado, alzándose con el primer plano del protagonismo de la vida pública española. El antiguo líder radical baja el tono de sus discursos, acepta participar en las instituciones y establece lazos de unión con curas y militares, sus viejos enemigos.

Son tiempos revueltos, en los que en la escena política y social española parece haber vientos de confrontación, como así ocurrirá poco más tarde. En 1933, su partido gana las elecciones en coalición con la CEDA del derechista Gil Robles. El nuevo gobierno del que es presidente inaugura un periodo de represión de las izquierdas y del movimiento obrero, el llamado Bienio Negro. Fuertemente presionado por los sectores más reaccionarios, el gobierno Lerroux empieza a revisar la legislación laica, amnistía entre otros a los golpistas Sanjurjo y Calvo Sotelo y paraliza la reforma agraria y el estatuto vasco.

Uno de los mayores problemas que tendrá que afrontar será la revolución de Asturias, en 1934. El rápido deterioro de las condiciones de trabajo y de vida de las minas y el campo asturianos hizo que el salario de un trabajador agrícola pasara de 12 pesetas diarias en 1931 a 4 apenas tres años más tarde. La difícil situación provocó un estallido de violencia revolucionaria que será aplastado a sangre y fuego por las tropas del gobierno.

Un nuevo escándalo de corrupción salpicará, definitivamente, el gobierno de Alejandro Lerroux y la imagen de su líder. La introducción en España de un aparato de juego de azar inventado por Strauss y Perle dio pie a un negocio fraudulento y al enriquecimiento de algunos personajes del entorno de Lerroux. Conocido el asunto y aireado por la prensa con el nombre de "caso del estraperlo", se desató una oleada de críticas hacia su persona y la coalición de gobierno, que quedó definitivamente rota.

En 1936, el estallido de la Guerra Civil le obligó a huir a Portugal, donde vivirá hasta su regreso a España en 1947. Alejado de la vida pública y totalmente desacreditado, muere en junio de 1949 uno de los personajes más controvertidos de la historia política de España en el siglo XX y quizás menos conocido en su faceta periodística, habiendo sido director de los periódicos El Radical, El País y El Progreso.
Alejandro Lerroux

Crisis del Bienio Conservador

Durante los siguientes años, la CEDA siguió dando su giro conservador al Gobierno Republicano: anuló el matrimonio civil y el divorcio, prohibió las expropiaciones de las tierras de la Iglesia y de los terratenientes y estableció el impuesto que mantenía al clero y el culto. La inclusión de la CEDA en el Gobierno no provoca la involución prevista, pero deja clara su escasa vinculación con el proyecto republicano. 

En los meses siguientes a la revolución de Asturias no hay tampoco un plan de Gobierno perceptible más allá de la represión de los revolucionarios o los intentos de inculpar a Azaña en los hechos. Las discusiones en el Parlamento ocultan su infecundidad legislativa. Gil Robles, nombrado ministro de Guerra en mayo de 1935, coloca a algunos de los generales desafectos al régimen (Mola, Franco, Fanjul…) en los puestos más destacados del ejército. A lo largo de 1935 el Partido Radical entra en una profunda crisis afectado por algunos escándalos de corrupción (la concesión de licencia a un tipo de ruleta llamada straperlo -término que se añadiría al castellano, estraperlo, como sinónimo de mercado negro- y el asunto Nombela, sobre los contratos de suministros al ejército). Alcalá-Zamora se resiste a dar el Gobierno a Gil Robles e intenta, en diciembre, una solución personal entregándoselo a Manuel Pórtela Valladares. Las presiones recibidas desde todos los grupos parlamentarios acaban con la disolución de las Cortes y la convocatoria de las elecciones de febrero de 1936.

Pero esta política fue interrumpida por dos sucesos de corrupción:
  • El caso Straperlo. En 1935, Strauss y Perel Lowan intentaron introducir en España unas ruletas trucadas, y sobornaron a miembros del partido de Lerroux para que no denunciaran el fraude. El conocimiento del caso supuso un gran escándalo.
  • El caso Nombela. Antonio Nombela, el inspector de colonias, destapó la estafa de una compañía colonial española que, colaborando con políticos, exigió una indemnización tras la pérdida fingida de un barco perdido.
Los escándalos de corrupción más las malas relaciones entre cedistas y radicales, llevaron a la dimisión de Lerroux para septiembre de 1935. Hasta que Alcalá Zamora convocase elecciones para febrero de 1936, hubo dos presidentes de partidos republicanos en el poder.

En mayo de 1935 la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA) promueve una crisis gubernamental. Se lleva a cabo una reestructuración ministerial integrando a cinco miembros de la CEDA. El líder de la CEDA; Gil Robles, obtiene la cartera de la Guerra y emprende desde este ministerio una contrarreforma militar, situando en puestos claves a oficiales militares claramente contrarios al gobierno republicano: fue nombrado Subsecretario del Ministro de la Guerra el general Joaquín Fanjul, que en 1936 se sublevó contra la Segunda República Española con el asalto del cuartel de la Montaña de Madrid que él mandaba, siendo luego detenido, juzgado y fusilado; como director del Estado Mayor Central fue nombrado el general Francisco Franco, impulsor, junto a otros altos cargos de la cúpula militar, del golpe de Estado de julio de 1936 contra el gobierno democrático de la Segunda República; como jefe del ejército en Marruecos fue nombrado el general Emilio Mola Vidal, que sería el cabecilla («director») de la sublevación militar de 1936, que —tras su fracaso— dio origen a la Guerra Civil Española; y como director general de Aeronáutica el general Manuel Goded Llopis, que en octubre de 1934 colaboró con Franco por orden del gobierno republicano en la represión de la revuelta de Asturias y el 19 de julio de 1936, al inicio de la guerra civil, aprovechó su puesto para sublevar las plazas de Mallorca e Ibiza y dejarlas en manos de los rebeldes.

La otra posibilidad que barajó el Presidente de la República fue la de conformar un nuevo centro político en torno a su figura, reuniendo algunos elementos del Partido Radical, los republicanos de derechas y y los republicanos de centro-izquierda que rechazaban la alianza con los socialistas. Con este objetivo, Alcalá Zamora encargó la formación de gobierno a un político de su confianza, el liberal Portela Valladares. Pero el gobierno de Portela, constituido el 15 de diciembre de 1935 y formado por republicanos de centro-derecha (dejaba fuera a la CEDA), no obtuvo la confianza de las Cortes.

El presidente de la República todavía tenía la posibilidad de encargar la formación de gobierno al líder de la CEDA, Gil Robles, pero le pareció muy arriesgado y escogió la última posibilidad que le quedaba: disolver las Cortes el 7 de enero de 1936 y convocar nueva consulta electoral para el 16 de febrero de 1936. Las elecciones de febrero serían ganadas por la coalición de izquierdas Frente Popular, lo que puso fin al Bienio restaurador derechista o “bienio negro”.

caso Straperlo

lunes, 22 de septiembre de 2025

LA COLUMNA DE LOS OCHO MIL

En septiembre de 1936 los últimos enclaves del suroeste extremeño estaban a punto de ser tomados por tropas del ejército sublevado. Ante esta situación, un grupo formado por miles de personas intenta escapar del terror y la muerte huyendo de manera organizada hacia zona republicana. Muchos huían de sus pueblos por sus ideas políticas. Otros simplemente por miedo. No sabían el terrible final que les esperaba.

La huida de la represión y de la guerra

Las guerras no solo enfrentan a militares en el campo de batalla. La mayoría de las víctimas de los conflictos bélicos no caen con las armas en la mano. Muchas de ellas muere no penan sin poder defenderse. Forman parte de la población civil: ancianos, niños y niñas, mujeres y hombres que intentan sobrevivir a la barbarie escondiéndose o huyendo de los soldados.

Durante la Guerra Civil Española de 1936 a 1939 hubo muchos episodios de huidas masivas. Los pueblos y ciudades quedaban despoblados ante el avance de los militares, ante la ocupación de los enemigos. Los dos desplazamientos de población civil más renombrados fueron el éxodo final de los republicanos hacia la frontera francesa en el norte de Cataluña (febrero de 1939) y la huida de Málaga a Almería de febrero de 1937 tras la entrada de las tropas franquistas en la ciudad andaluza.

Centenares de miles de personas integraron esos éxodos, pero hubo otro más modesto y más temprano: la huida de ocho mil personas desde el suroeste de la provincia de Badajoz hacia el noreste republicano de La Serena a mediados de septiembre de 1936, huyendo del avance de las tropas sublevadas. La llamada Columna de los ocho mil fue diezmada en las inmediaciones de Fuente del Arco (Badajoz) por fuerzas militares franquistas tras dos días de marcha. Aunque muchos pudieron proseguir su huida, al menos dos mil fueron apresados, trasladados a sus localidades de origen y asesinados


Los éxodos desde el sur de Extremadura

La columna de los ocho mil y los refugiados de Barrancos

La ocupación de la provincia de Huelva por los militares sublevados y su avance durante el mes de agosto desde Sevilla a Badajoz, vía Mérida, provocó el acorralamiento a comienzos de septiembre de 1936 de miles de personas en el suroeste de la provincia de Badajoz. Estaban rodeados por territorios al norte y al sur ya en manos franquistas, con la frontera portuguesa al oeste y con las poblaciones situadas en la Vía de la Plata tomadas por los militares.

La única opción era escapar campo a través. Varios centenares lo intentaron hacia occidente, hacia Portugal y acabaron refugiados en fincas cercanas a Barrancos, para luego ser trasladados a Lisboa y en barco regresar a territorio republicano por Tarragona. Y otros tantos miles integraron varias columnas quea mediados de septiembre se atrevieron a atravesar hacia oriente la carretera general Sevilla-Mérida a la altura de Fuente de Cantos buscando los extremos de la Campiña Sur y de La Serena.

Si los primeros son conocidos hoy como los refugiados de Barrancos, los que fueron hacia el este formaron parte de la columna de los ocho mil. 

Las columnas del Ejército de África avanzan por la carretera nacional desde Sevilla en dirección a Mérida y luego a Badajoz, ocupando los pueblo a su paso: Monesterio, Fuentes de Cantos, Zafra,Almendralejo, Lobón, Talavera… Buena parte del vecindario abandona las localidades y va de un lugara otro, buscando refugio. Las operaciones de los sublevados en esta zona, una vez ocupada Badajoz,obligan a los huidos a desplazarse hacia el sur durante la segunda quincena de agosto y la primera de septiembre de 1936

La ocupación militar de los pueblos de la carretera se amplía con otras operaciones secundarias de conquistas de localidades alejadas de las vías principales. El acoso se convierte en acorralamiento.


Los sublevados siguen avanzando y los republicanos retroceden. Miles de personas se concentran en Jerez De los Caballeros y Fregenal de la Sierra. El 14 de septiembre se toma Burguillos del Cerro. La cabeza de puente de la huida republicana se establece en Valencia del Ventoso, donde se concentran dirigentes republicanos y socialistas, que organizan la huida.

Mientras que algunos centenares optan por ir hacia el oeste y se atreven a cruzar la frontera con Portugal, varias columnas de huidos buscan el 16 de septiembre la salida hacia zona republicana a través de la Campiña Sur. Son unas ocho mil personas, agrupadas en varias columnas que se unen y separan al ritmo de la marcha. Sobre todo, mujeres y hombres indefensos, niños y niñas, ancianos y ancianas andando y cargados con algunos enseres en carros y animales. Pocos van armados. Atraviesan la carretera a la altura de Fuente de Cantos hacia Azuaga. 

En el trayecto entre Reina y Fuente del Arco, posiblemente al anochecer del 17 de septiembre de 1936, son interceptados en una emboscada por militares dirigidos por el comandante Gómez Cobián.

Habían apostado ametralladoras en los montes cercanos en la zona de La Arconocosa y dispararon contra la columna de paisanos huidos. Una gran confusión se generó entre los refugiados. Unos lograron pasar, otros retrocedieron y se dispersaron y alrededor de un centenar murió y sus cadáveres quedaron en medio del campo

Al día siguiente, 18 de septiembre, el capitán Tassara le monta una trampa a otro tramo de la columna, que sigue pasando por las inmediaciones de Fuente del Arco. Haciéndose pasar por un miliciano, desarma a los pocos huidos que iban armados con la esperanza de darles mejores armas y los conduce con engaños al pueblo, donde son detenidos. En trenes especiales, seguidos de los animales requisados, son trasladados más de 2.000 prisioneros a Llerena, donde los encierran en locales como La Maltería y la Plaza de Toros

En Llerena los presos son identificados y agrupados por pueblos. Se cursan telegramas a las localidades de origen que han sido ocupadas y van a buscarlos guardias civiles y falangistas que, en camiones, los llevan de vuelta a sus pueblos. Aunque algunos logran salvar la vida por la mediación de amigos y familiares, otros muchos son fusilados nada más llegar. Decenas de personas ni siquiera sufren este último traslado y son acribillados a balazos en el cementerio de Llerena sin ser inscritos en registro alguno.

Mientras otras miles de personas han logrado proseguir su camino y acaban llegando a zona republicana. Algunas participarán en la defensa de Madrid, en noviembre de ese mismo año, integrando unidades militares de extremeños como Los Castúos.

Otros regresan a la región, a la denominada Bolsa de La Serena, o se integran en el ejército republicano.
Además, quienes habían optado por el oeste, tras permanecer un tiempo en campos de refugiados cerca de Barrancos, son trasladados a Lisboa y embarcan en el buque Nyassa rumbo a Tarragona


El avance de las tropas franquistas por la provincia de Badajoz

Nada más celebrarse las elecciones de febrero de 1936, con el triunfo de la coalición de izquierdas del Frente Popular, comenzó la conspiración de las fuerzas reaccionarias, bajo la dirección técnica del general Mola, para derribar la República. En la tarde del 17 de julio de 1936 se inició la sublevación en Melilla. Legionarios y regulares controlaron con facilidad las posesiones españolas del Magreb. El general Franco se trasladó desde Canarias a Marruecos el día 18 de julio para encabezar la insurrección en el sur mientras el general Queipo de Llano sublevaba Sevilla. El golpe triunfó también en algunas capitales españolas, pero la mayoría del territorio nacional se mantuvo fiel a la República. El fracaso del golpe de Estado trajo consigo la Guerra Civil.

La Columna de la Muerte

Con ayuda de la aviación alemana e italiana, varios miles de soldados profesionales que integraban el Ejército de África, el mejor preparado de la milicia española, fueron trasladados a la Península. Gracias a estos legionarios y regulares, muchos de ellos magrebíes, Queipo de Llano dominó Andalucía Occidental y Franco formó una columna, una parte de la cual salió de Sevilla hacia Extremadura el 2 de agosto, al mando del teniente coronel Asensio Cabanillas, y otra al día siguiente, mandada por el comandante Castejón. La Columna Madrid, conocida después como «Columna de la Muerte», a la que unos días después se incorporaron las tropas de Tella y que acabó bajo la dirección del teniente coronel Juan Yagüe Blanco, irá ocupando los pueblos sin más oposición que la batalla de Los Santos de Maimona el 5 de agosto y la efímera resistencia de la capital de la provincia.

La columna fue tomando todas las localidades importantes de la carretera general, como Monesterio (4 de agosto), Fuente de Cantos (5), Zafra, Villafranca de los Barros y Almendralejo (7), Mérida (11), Montijo (13) y Badajoz (14), desviándose solo en alguna ocasión, como cuando fue ocupada Llerena el 5 de agosto.
Juan Yagüe

Fueron centenares los huidos de cada pueblo ocupado, que deambulaban por el campo o buscaban el amparo de localidades cercanas aún no conquistadas por los sublevados. En ocasiones, acosados, iban trasladándose de un pueblo a otro, a medida que el Ejército avanzaba. Hubo concentraciones de huidos en zonas como la Sierra de Monsalud, cerca de Almendral y Torre de Miguel Sesmero

Las columnas de Castejón, Asensio y Tella ascienden por la Vía de la Plata sembrando el terror. Las órdenes eran claras: subvertir la democracia republicana y neutralizar a los responsables de sindicatos, partidos y organizaciones de izquierda. El procedimiento era siempre el mismo tras la ocupación militar de cada pueblo: con ayuda de los falangistas y otros partidarios locales de los sublevados, se destituía a las autoridades republicanas, se nombraba una gestora integrada por personas de extrema derecha, se detenía a los dirigentes de izquierdas y, sin formación de causa judicial alguna, se los fusilaba. El terror era parte de la estrategia militar de ocupación.

Concentración de huidos y organización de las columnas en el suroeste extremeño

Tras la toma de Badajoz, el número de los huidos se incrementó muy notablemente. Durante algunos días se concentraron en Olivenza, pero la ocupación de ésta y de La Albuera el 17 de agosto, de Almendral y Torre de Miguel Sesmero el 19 y de Feria y Fuente del Maestre el 20, provocaron nuevas huidas hacia el sur. Durante la primera quincena de agosto los golpistas se habían hecho, además, con el control de Almendral, Torre de Miguel Sesmero, Feria, Santa Marta de los Barros, Villalba de los Barros, Solana de los Barros, Valverde de Leganés, Cheles, Corte de Peleas, Alconchel, Barcarrota, Higuera de Vargas, Villanueva del Fresno, Salvaleón y Salvatierra de los Barros. Estas conquistas dificultaban más aún los movimientos de los huidos, que tuvieron que buscar como refugio las localidades más meridionales de Burguillos del Cerro, Fregenal de la Sierra y Jerez de los Caballeros


La ocupación de la serranía onubense

Durante la segunda quincena de agosto y primera de septiembre fueron ocupados la mayoría de los pueblos de la serranía de Huelva. Berrocal cayó el 14 de septiembre; al día siguiente, Cañaveral de León; el 19, Hinojales y Cumbres Mayores... La ocupación de estos pueblos tuvo dos consecuencias: se incrementó el número de huidos y se cerró por el sur la bolsa suroeste extremeña

A partir del 14 de septiembre cayeron definitivamente las localidades restantes del sur de Badajoz: Burguillos del Cerro, Valverde de Burguillos, Segura de León, Fuentes de León, Valencia del Ventoso, Bodonal de la Sierra, Fregenal de la Sierra, Higuera la Real, Jerez de los Caballeros, Oliva de la Frontera, Valencia del Mombuey, Zahínos y Cabeza la Vaca.

La ocupación de estos núcleos cerraba la bolsa en la zona occidental de la provincia

Alrededor del 14 de septiembre hubo una reunión en Valencia del Ventoso de algunos dirigentes de izquierdas, como José Sosa Hormigo, diputado socialista natural de Barcarrota y los también socialistas José González Barrero y José Lorenzana, alcaldes de Zafra y Fuente de Cantos, respectivamente. A punto de ser tomada la población, que lo sería el 16 de septiembre, organizaron la huida definitiva de la bolsa donde estaban atrapados. Utilizando los caminos y veredas, cruzarían la Vía de la Plata e intentarían llegar al sureste de la provincia, aún territorio republicano

HUIDOS

Las numerosísimas personas acorraladas en los últimos pueblos republicanos del suroeste de la provincia de Badajoz solo tenían dos opciones de huida y ambas con riesgo: o iban hacia el este, para intentar llegar al territorio republicano de la zona de Azuaga y de La Serena, arriesgándose a pasar por lugares ya tomados por los sublevados y ser capturados, o iban hacia el oeste y atravesaban la frontera portuguesa, arriesgándose también a ser capturados y devueltos a España.

La primera opción fue la primera y la mayoritaria, elegida por siete u ocho mil vecinos a partir del 13 y 14 de septiembre, a medida que eran tomados pueblos como Burguillos del Cerro, Valverde de Burguillos, Fuentes de León y Segura de León. Formaron lo que conocemos como la columna de los ocho mil.

La segunda opción, la de Portugal, más tardía y minoritaria, la eligieron a partir del 20 de septiembre unas mil personas, vecinas de los pueblos pegados a la frontera, como Jerez, Oliva y Villanueva del Fresno, que acabaron siendo conocidos como los refugiados de Barrancos



Hacia el oeste: Portugal

La solidaridad de un carabinero y de un pueblo portugués

El responsable de la acogida de los españoles fue un teniente de carabineros portugués, Augusto de Seixas (1891-1958), que desde el mes de agosto había venido controlando el paso a Portugal de muchos refugiados derechistas,organizando la solidaridad en Barrancos, y que ya en septiembre preparó la estancia de los centenares de huidos izquierdistas e incluso ocultó a sus superiores la existencia de otras doscientas personas para protegerlas. Ayudado por sus hijos evitó cacerías de refugiados por incursiones de fascistas desde España, devoluciones y represalias. Su bondad le costó la apertura de un expediente disciplinario, la prisión durante dos meses en Elvas y el retiro forzoso 

Augusto de Seixas (1891-1958)

Junto al Castillo de Noudar

Nada más cruzar la frontera, en ese cuerno que penetra en el mapa de España desde Portugal está el Castillo De Noudar. Y en sus proximidades,cerca del municipio de Barrancos, en las heredades de Coitadinha y Russianas, se concentraban el 21 de septiembre 340hombres de Jerez de los Caballeros, 294de Oliva de la Frontera y 68 de Villanueva del Fresno, además de 54 mujeres y niños y 32 carabineros españoles. Las autoridades portuguesas, desbordadas,permitieron en un primer momento el paso, pero acabaron cerrando la frontera e impidiendo a disparos la entrada demás refugiado

Castillo de Noudar

El buque Nyassa y regreso por mar a la España republicana

Para resolver el enorme problema de abastecimiento que estaba provocando la presencia de los españoles en la cercanía de Barrancos, Portugal decidió trasladarlos a Lisboa y sacarlos del país. Más de mil personas fueron llevadas a Moura, donde hicieron noche en la plaza de toros, y de ahí al puerto de Lisboa para embarcar en el buque Nyassa. El día 10 de octubre de 1936, tras una travesía que rodeó la península Ibérica por el estrecho de Gibraltar, llegaron a la Tarragona republicana 1435 personas salvadas del horror en que se había convertido Extremadura

buque Nyassa


Hacia el este: la España republicana

Inicio de la marcha hacia Azuaga

La partida hacia el este se produjo desde varios sitios. Por esa razón, aunque hablemos de «la columna de los ocho mil», realmente fueron varias columnas que totalizaron esa cifra de huidos. Desde Fregenal de la Sierra partió el grueso. Unas seis mil personas se agolparon en el pueblo, y la situación llegó a ser caótica. De Bodonal de la Sierra salió otro núcleo importante compuesto por gente de la cuenca minera onubense. En Valencia del Ventoso se formó el tercer núcleo de la marcha.

Seguramente, cada una de estas columnas salió en fechas distintas. Valencia del Ventoso fue ocupada el miércoles 16 de septiembre, mientras que Fregenal y Bodonal no cayeron hasta el 18 y 19. 

De Valencia del Ventoso quizá salieran el día 15 de septiembre. Al principio la columna se dirigió a Llerena, pero al enterarse los dirigentes que ya había sido ocupada, cambiaron la trayectoria hacia Fuente del Arco y Azuaga. Hombres mujeres, niños, ancianos y muchos animales marchaban con los enseres más preciados y esenciales. La columna estaba encabezada por miembros que conocían el terreno. Entre ellos, Peñas, un minero de Río Tinto, y Juan Francisco Gómez Rodríguez, antiguo secretario del Ayuntamiento de Almendralejo. El alcalde de Zafra, José González Barrero, se quedó un día más en Valencia del Ventoso para dejar organizado el pueblo tras la salida

No era una columna militar. Se sabía que contaban con poco armamento. Unos cuantos fusiles, escopetas de caza y bombas de fabricación casera era todo lo que llevaban. Desde la capitanía de la Segunda División sabían  cuánto armamento llevaban. Las armas que tenían eran las que faltaban en los distintos cuarteles de la Guardia Civil. El avance de la columna era conocido en todo momento por los sublevados gracias a los aviones que sobrevolaban la zona. La columna no suponía una amenaza para los militares sublevados, aunque el número de personas que la integraban dificultaban su control

ATACADOS

En el cerro de La Alcornocosa de Fuente del Arco

La marcha de la columna

Aunque la primera intención había sido llegar a Llerena, la columna de huidos supo que esa localidad ya estaba tomada por los sublevados y decidió dirigirse a Azuaga, con la intención de atravesar la vía del tren a la altura de Fuente del Arco. La marcha de la columna era controlada desde su arranque por el Ejército sublevado. Era imposible ocultar a miles de personas caminando por el campo durante dos días. Un avión de reconocimiento hizo varias pasadas durante el trayecto y, además de los avistadores a pie, no hay que descartar que algún espía estuviera mezclado entre los huido


Los atacantes

Los sublevados decidieron atacar a la columna antes de que atravesara la vía férrea. La operación se encomendó al Regimiento Granada, destinado en Llerena al mando del teniente coronel Alfonso Gómez Cobián, reforzado con guardias civiles y falangistas, Los hombres armados movilizados para la operación fueron unos quinientos. Aunque los huidos eran miles, no eran militares, eran civiles, y estaban indefensos, con apenas un centenar de fusiles y escopetas en la vanguardia

La encerrona

Al atardecer del 17 de septiembre de 1936 la columna fue atacada desde lo alto del paraje de la Alcornocosa, cerca de Reina y Fuente del Arco. Habían dejado la Senda y se internaban en la cañada real del Pencón, pasada la sierra de la Jayona. El lugar elegido para acometerlos fue el cerro de La Alcornocosa, a apenas dos kilómetros y medio de la vía férrea de Fuente del Arco a Llerena, tras la cual comenzaba el terreno aún fiel a la República en las inmediaciones de Valverde de Llerena. Los militares habían apostado en los cerros cercanos varias ametralladoras. A una señal, comenzaron a disparar.
Una lluvia de fuego diezmó la comitiva

El jefe de la operación

El teniente coronel Alfonso Gómez Cobián (Sevilla, 1891-1970) había pasado por diversos empleos como militar profesional en África antes de ser destinado al Regimiento Granada. En agosto de 1932, ya comandante de Infantería, se sublevó por primera vez contra la II República. El jefe de la conspiración de Sevilla, general Sanjurjo, le encargó el mando de las fuerzas de Asalto. Fue detenido, procesado y absuelto después de pasar dos años en prisiones militares. El 30 de abril de 1936 fue destinado a la Caja de Reclutas nº 12 y tras el golpe de Estado los sublevados le encargaron el mando del cuarto batallón del Regimiento Granada como teniente coronel

Alfonso Gómez Cobián

Los cadáveres

Según las cifras oficiales anunciadas en prensa, los muertos en el ataque fueron unos ochenta, pero no hay que descartar que fueran muchos más. Como vestigios de la tragedia quedaron numerosos cadáveres esparcidos por el campo que, durante los días siguientes, fueron devorados por los animales. Los propietarios de tierras cercanas apilaron algunos restos y les dieron fuego o echaron los cuerpos en pozos mineros. Se conservan algunos enterramientos, como uno a los pies de una encina en la que se grabaron dos cruces en su tronco.

La desbandada

La gente huyó en desbandada, La columna se disgregó. Algunos —en solitario o en pequeños grupos— consiguieron pasar, aunque dos kilómetros más adelante, en la vía del tren, también había apostados soldados, que les disparaban. Otros dieron marcha atrás, volvieron a sus pueblos o fueron capturados o abatidos por partidas de guardias civiles y falangistas. Y muchos se ocultaron en las sierras vecinas, donde hubo algunos incendios provocados por la refriega.



APRESADOS

Dos mil prisioneros en Llerena

El apresor

El capitán Gabriel Tassara Buiza (Sevilla, 1901-1992). era uno de los principales ayudantes de Gómez Cobián en Llerena. Era un militar “africanista” que se había posicionado contra la República en el golpe militar.

El 18 de septiembre de 1936 ideó una celada a la “columna de los ocho mil”, por la que consiguió una medalla militar individual. En 1939, conseguiría otra medalla por una acción en Córdoba. Terminó la guerra como comandante y luego fue ascendido a coronel y a general

 Gabriel Tassara Buiza

El engaño

El apresamiento posiblemente ocurriera al día siguiente del ataque. El hambre, el calor y la sed, junto al miedo a volver ser atacados, convirtieron a la columna en una masa de personas sensibles a ser engañadas. Los militares querían neutralizar al mayor número de personas, capturarlas y conducirlas a Fuente del Arco. El 18 de septiembre de 1936 se presentó al paso de la columna vestido como un miliciano y con una bandera de la República.

El capitán convenció a parte de la columna con guiarla en su huida y dotarla de mejores armas en Fuente del Arco, que decía que no había sido ocupada todavía.

La captura

Aunque no todos se fiaban, más de dos mil integrantes de la columna siguieron hasta Fuente del Arco al capitán Tassara. De camino, en el cortijo “La Castora”, desarmó a todos ellos, convenciéndoles de que les iba a facilitar mejores armas. Tassara los condujo hasta Fuente del Arco, donde fueron recibidos con banderas tricolores republicanas. Tras los primeros momentos, las banderas fueron sustituidas por rojigualdas y los gritos de los sublevados llenaron la plaza. La estratagema surtió efecto, y consiguió capturar a unas dos mil personas. Aunque ese mismo día, algunos fueron fusilados en Fuente del Arco, la mayoría fue trasladada en tren a Llerena, al mismo paso que los numerosos animales que iban atados al convoy

El encarcelamiento

En Llerena, La Maltería, la Plaza de Toros y varias casas particulares sirvieron para alojar de manera temporal a todos los prisioneros. El propio Queipo de Llano informó esa noche por radio: Según las últimas noticias se han recogido más de 50 caballos y una gran cantidad de armas y municiones que no pueden detallarse todavía porque se está procediendo a clasificarlas. A los prisioneros se les está alojando en los corrales de las casas y se procede a darles de comer, pues se hayan extenuados y en situación lastimosa. Entre ellos hay diversos heridos, como consecuencia de la confusión que se promovió en sus filas. Hay varias mujeres, algunos maestros de escuela y otros hombres de carrera.

La identificación y el traslado

Los centenares de prisioneros que llegaron a Llerena fueron identificados y clasificados por pueblos. Se solicitó información a cada una de las localidades de origen y de estas llegaron emisarios y autoridades para recogerlos. La mayoría no estuvo encerrada más de dos días en Llerena. O bien eran recogidos por los enviados desde su pueblo o, con la información suministrada, se les fusilaba en el cementerio de Llerena

ASESINADOS

Trasladados a sus poblaciones de origen, muchos de los cautivos son fusilados

Todas las personas que formaron la columna de los ocho mil fueron víctimas, bien porque o acabaron muertas o heridas o bien porque sufrieron las penalidades de la huida o el destierro. Ahora bien, entre las varios centenares, quizá hasta miles, que murieron hubo cinco tipos, según el momento y las circunstancias en que perdieron la vida: quienes abandonaron la columna y regresaron a sus pueblos con la esperanza de que no les pasara nada, quienes fueron acribillados en medio del campo, quienes fueron fusilados en Llerena, quienes fueron trasladados a sus pueblos y allí fusilados y, finalmente, quienes acabaron en el barco-prisión Cabo Carvoeiro de Sevilla

Los que abandonaron

Este grupo lo forman quienes abandonaron la columna y regresaron a sus pueblos antes del 17 de septiembre, cuando aún la columna no había sido atacada, o tras serlo el mismo 17, y fueron fusilados al llegar a sus localidades.

Quizá el caso más famoso de estos fue el de José Modesto Lorenzana Macarro, alcalde de Fuente de Cantos. Dejó su pueblo el 5 de agosto de 1936 y se mantuvo hasta mediados de septiembre en la bolsa del suroeste de la provincia. En la reunión de Valencia del Ventoso de principios de septiembre fue uno de los dirigentes que organizó la columna y se integró en ella. Pero, al enterarse de que su mujer y sus hijos habían sido capturados en su pueblo, decidió regresar y, al entregarse, fue atado a la cola de un caballo, salvajemente torturado y fusilado en una silla en la plaza de Fuente de Canto

Los que fueron acribillados

Quienes murieron bajo el fuego de las ametralladoras o en medio del desbarajuste del ataque del 17 de septiembre al pie del Cerro de la Alcornocosa. Estos son de los únicos que hay una cifra más o menos oficiosa: 80 dicen las fuentes, aunque posiblemente fueran más. Uno de esos casos, aunque al parecer asesinado por sus propios compañeros, fue el de Juan Antonio Flores Gordillo, de Burguillos del Cerro, que según testimonio de su hija fue muerto por los milicianos al negarse a seguir avanzando, por querer buscar a sus hijos, a quienes había perdido en el ataque

Los capturados y fusilados en Llerena

Quienes, una vez capturados tras el engaño del capitán Tassara el 18 de septiembre, fueron fusilados en Fuente del Arco o en Llerena antes de ser devueltos a sus pueblos.

Ya en Fuente del Arco hay testimonios de fusilamientos ejemplificadores, con exposición pública, en la misma plaza.

Después, en Llerena, durante varios días y semanas salieron los camiones todas las noches desde La Maltería o la Plaza de Toros hasta el cementerio, donde eran ametrallados los prisioneros tras ser obligados a cavar sus propias tumbas.

Nunca fueron inscritos en el Registro Civil


Los capturados y trasladados al barco-prisión Cabo Carvoeiro de Sevilla

La oligarquía sevillana puso a disposición de la sublevación un vapor de 80 metros de eslora y 12 de manga llamado Cabo Carvoeiro, fondeado en el muelle de Sevilla y cuyas bodegas albergaron a centenares de detenidos de izquierdas. Era conocido como “el barco de la muerte”. Allí fueron trasladados muchos de los apresados en Llerena. Según el historiador Francisco Espinosa, los destinados al barco fueron especialmente los andaluces y los dirigentes y personalidades relevantes de la izquierda local detenidos. Uno de ellos, aunque no es seguro que perteneciera a la columna, fue el antiguo alcalde de Maguilla, Aurelio Urbano Vera Dávila.

Cabo Carvoeiro

Los capturados y fusilados en sus pueblos

Quienes, a partir del 18 de septiembre y de los días posteriores, tras ser trasladados a sus localidades de origen, fueron asesinados por sus paisanos. A muchos se les llevó en camiones a sus pueblos de origen. Los que cayeron en la trampa de Gabriel Tasara fueron repatriados a sus lugares de origen en camiones. Muchos de ellos tuvieron la mala suerte de ser fusilados en sus propios pueblos. No se conoce el número exacto de víctimas

SUPERVIVIENTES

En Valverde de Llerena

De las miles de personas que habían logrado pasar tras el ataque de La Alcornocosa y la trampa de Tassara, la mayoría ni paró en Valverde de Llerena por miedo a que estuviera en manos fascistas. Solo unos centenares se atrevieron a entrar y descansaron durante unos días en la iglesia. Según algunos testimonios se mataron veinte ovejas para darles de comer. A los tres días, el alcalde de Valverde, Miguel Doñoro, encomendó a un joven, Juan Durán Cerrato, que los llevara por caminos seguros a Azuaga. Debemos suponer que, si llegaron a Valverde el mismo 18 de septiembre, no se fueron a Azuaga hasta el 20 de septiembre, tras descansar un día completo. Tres  días después, el 23 de septiembre, Valverde de Llerena era ocupada por los militares

En Azuaga

Por Azuaga pasaba la vía férrea Fuente del Arco-Peñarroya. Las miles de personas que se concentraron en Azuaga, unas provenientes de Valverde de Llerena y otras directamente de Fuente del Arco, acabaron en trenes fletados especialmente para trasladarlas hacia el centro de la Península, vía Almorchón. A partir del 21 de septiembre saldrían los trenes hasta Peñarroya y de ahí subirían por la línea Córdoba-Almorchón hasta esta última estación, desde donde saldrían hacia el centro. El 24 de septiembre de 1936 Azuaga fue ocupada por los sublevado

En Valdepeñas

A medida que avanzaba la evacuación, la gente iría quedándose en estaciones intermedias, según posibilidades y preferencias, pero sabemos que una buena parte de los huidos llegaron a Valdepeñas, posiblemente a través de Puertollano y Ciudad Real. En muchas localidades de esa provincia hubo numerosos problemas provocados por el hacinamiento de miles de refugiados.
Se conservan fragmentos de dos fotografías propiedad de uno de los huidos de Valencia del Ventoso, Julián Indiano. En ellas se ve a más de un centenar de personas (adultos, ancianos y niños), con los puños en alto delante de un arboleda, alrededor de unos calderos con comida. Algunos llevan armas en la mano y otros enarbolan periódicos, como si su hazaña hubiera sido publicada en alguna prensa

En Madrid

Madrid estaban llegando desde hace más de un mes un goteo de refugiados extremeños que a principios de septiembre habían formado un llamado Batallón de los Castúos Esta unidad militar se engrosó considerablemente con voluntarios salidos de los centenares de personas salidas de las columnas que a mediados de septiembre habían huido de Extremadura. Muchos de ellos participaron en la defensa de Madrid de noviembre de 1936. 



Seguid caminando, corred, seguid adelante, sin mirar atrás, 
huid de la matanza y la muerte que siembran aquellos traidores
que riegan de sangre nuestras tierras, campos y llanuras
dejando tras de si un cementerio eterno de llantos silenciosos

¡Huid, escapad si podéis! Seguid caminando huyendo de tan cruel destino
mientras los cuervos festejan tan reciente banquete de cuerpos en la tierra
regados y esparcidos por doquier mientras los lamentos se enmudecen
y los ojos se quedan secos después de tanto llanto

Ocho mil almas escapamos de tan cruel destino, sin saber que pasará
en busca de esperanza y salvación,huyendo de la muerte y los horrores
que dejan a su paso militares traidores en Extremadura
mientras el pueblo sufre en sus carnes la huella de militares facciosos

¡Huid, escapad! !No miréis atrás! ¡No os desvieis del camino!
ocho mil almas huyendo de los horrores de la guerra
que les persigue en su caballo mientras la tierra agoniza y perece
la vida a su paso, mientras enmudecen las voces y los cantos

lunes, 1 de febrero de 2021

JUANA FRANCISCA RUBIO

El cartelismo político es la vertiente del cartelismo que se enfoca a la propaganda política. El cartel político es un instrumento gráfico y visual eficaz para la transmisión de las ideologías. Ha sido definido como "un grito en la pared" que atrapa la atención y obliga a percibir un mensaje. Durante todo el siglo XX se ha utilizado como herramienta de propaganda política de cualquier régimen político, democrático o autoritario; pero sobre todo destacó su uso en las dos guerras mundiales y durante el periodo de entreguerras, cuando los soviéticos, fascista y nazi lo utilizaron con profusión y eficacia, al igual que ambos bandos de la guerra civil española.

Con el paso del tiempo, los carteles políticos han traspasado su finalidad: de dar un mensaje claro se han convertido en el reflejo de una época y de una historia reciente, convirtiéndose en obras de arte. En el caso español el ejemplo más claro son las composiciones de la Guerra Civil. Montadores como Renau, artistas como Picasso o Miró pusieron su arte al servicio de la república y de la defensa de la democracia. Pero también pintoras e ilustradoras como Juana Francisca Rubio, Paquita.

Cartel realizado por Juana Francisca Rubio García 

Juana Francisca Rubio

Todo el mundo la conocía como “Paquita”, pero su nombre completo era Juana Francisca Rubio, y, a pesar de ser una de las mejores cartelistas de su época, la Dictadura la silenció. Nació en Madrid, el 27 de diciembre de 1911 y murió también en Madrid, el 28 de enero de 2008 a los 96 años, y sin que nadie recordara su labor artística como era debido. Su posicionamiento del lado de la República supuso el borrado de su nombre de libros y museos, hasta hace bien poco.

Descubrió que le gustaba el dibujo cuando era una niña y, a la salida del colegio, se fijaba en los carteles de Federico Ribas, que eran los que anunciaban los productos de Gal. Luego ella trataba de imitarle. También le gustaba Rafael Penagos y Méndez Bringa, que para ella, 'era un plato fuerte', según sus propias palabras.

Juana Francisca Rubio García 


De su taller salió una gran parte importante de los carteles que se pegaron por las calles de España durante la Guerra civil. El taller se llamaba La Gallofa, pertenecía a las Juventudes Socialistas Unificadas (la agrupación que surge de la unión de las juventudes socialistas y comunistas) y al frente de él se encontraba el marido de Paquita, el también pintor José Bardasano. Aunque ni José ni ella eran cartelistas sino pintores, decidieron poner su maestría en el dibujo al servicio de la República y muchos de los carteles que producían eran estrechas colaboraciones de la pareja. En un primer momento, la sede del taller estaba en la Gran Vía. Y la imprenta, en la cuesta de San Vicente. Más tarde, La Gallofa se trasladó al palacio March, un edificio pegado a la actual fundación que lleva ese nombre, en pleno barrio de Salamanca. En aquellos tiempos, se había convertido en la sede del Partido Comunista. 

En 1930 se incorporó a la sección de Archivos y Bibliotecas del Ministerio de Instrucción Pública en calidad de técnico. Paralelamente inició su formación artística, que hasta ese momento había sido autodidacta, con el pintor José Francés. Cinco años después, Paquita inauguraba su primera exposición en el Liceum Femenino de Madrid. Ese mismo año también expuso en el Patronato de Turismo de París.
 
Además de ser de las Juventudes Socialistas Unificadas, Paquita estaba vinculada a la Unión de Muchachas, perteneciente a las Juventudes Socialistas Unificadas, y a la Unión de Mujeres Antifascistas. Muchos de sus carteles iban dirigidos a la mujer, para animarlas frente a la Guerra.

Aquella época de La Gallofa fue muy intensa. Trabajaban sin descanso, produciendo hasta un cartel diario. La Gallofa se trasladó a Valencia junto al Gobierno de la República. Allí fue también el matrimonio Bardasano que ya tenía una niña. En Valencia, Paquita siguió trabajando y encontramos colaboraciones para la Unión de Muchachas de Valencia. Sin embargo el compromiso antifascista de Paquita y José, les llevó a volver a Madrid para seguir trabajando en La Gallofa. Tras dejar a su hija a salvo en Valencia, el matrimonio volvió a su ciudad natal para seguir produciendo carteles. Paquita realizó ilustraciones para ilustraciones para el álbum Mi Patria sangra, el periódico Frente Universitario, organizaciones como Muchachas de Madrid, o publicaciones de guerra, como Espartacus o Companya. Cuando Madrid cayó en manos de los sublevados, La Gallofa se reubicó en Valencia y con ella, Paquito y José, que se reunieron allí con su hija.

Decidieron exiliarse a Francia, cruzando los Pirineos, tras desplazarse a Barcelona en tren. Un camino duro y lleno de amenazas, pero aún así era su única oportunidad. Por desgracia, fueron detenidos mientras intentaban cruzar la frontera. Los datos no están claros y hay quien afirma que Paquita y su hija fueron enviadas a un campo de concentración, otros que lograron escapar hasta llegar a París. Lo que sí se sabe con certeza es que José fue internado en el campo de concentración de Argelès sur Mer. Paquita comenzó a luchar por la liberación de su marido, que finalmente consiguió. Inmediatamente se embarcaron en el buque Sinaia, en una travesía de casi un mes, que les llevaría a México.

En México, Paquita siguió trabajando como cartelista y también como ilustradora para cuentos infantiles así como para diseños de moda y productos de belleza. También se dedicó a la docencia y dio clases de pintura.

En México estuvieron veinte años, hasta que en la década de los 60, y estando José con salud delicada, decidieron volver a Madrid. En la capital, Paquita comenzó a exhibir su obra discretamente hasta que, tras la muerte de José en 1979, decidió no mostrar más sus trabajos públicamente.

En 1964, se le concedió la Cruz al Mérito de Sciences et Letres de Francia y en 1966, la Primera Medalla de Dibujo y Pintura del Salón de Otoño de Madrid.