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lunes, 22 de septiembre de 2025

LA COLUMNA DE LOS OCHO MIL

En septiembre de 1936 los últimos enclaves del suroeste extremeño estaban a punto de ser tomados por tropas del ejército sublevado. Ante esta situación, un grupo formado por miles de personas intenta escapar del terror y la muerte huyendo de manera organizada hacia zona republicana. Muchos huían de sus pueblos por sus ideas políticas. Otros simplemente por miedo. No sabían el terrible final que les esperaba.

La huida de la represión y de la guerra

Las guerras no solo enfrentan a militares en el campo de batalla. La mayoría de las víctimas de los conflictos bélicos no caen con las armas en la mano. Muchas de ellas muere no penan sin poder defenderse. Forman parte de la población civil: ancianos, niños y niñas, mujeres y hombres que intentan sobrevivir a la barbarie escondiéndose o huyendo de los soldados.

Durante la Guerra Civil Española de 1936 a 1939 hubo muchos episodios de huidas masivas. Los pueblos y ciudades quedaban despoblados ante el avance de los militares, ante la ocupación de los enemigos. Los dos desplazamientos de población civil más renombrados fueron el éxodo final de los republicanos hacia la frontera francesa en el norte de Cataluña (febrero de 1939) y la huida de Málaga a Almería de febrero de 1937 tras la entrada de las tropas franquistas en la ciudad andaluza.

Centenares de miles de personas integraron esos éxodos, pero hubo otro más modesto y más temprano: la huida de ocho mil personas desde el suroeste de la provincia de Badajoz hacia el noreste republicano de La Serena a mediados de septiembre de 1936, huyendo del avance de las tropas sublevadas. La llamada Columna de los ocho mil fue diezmada en las inmediaciones de Fuente del Arco (Badajoz) por fuerzas militares franquistas tras dos días de marcha. Aunque muchos pudieron proseguir su huida, al menos dos mil fueron apresados, trasladados a sus localidades de origen y asesinados


Los éxodos desde el sur de Extremadura

La columna de los ocho mil y los refugiados de Barrancos

La ocupación de la provincia de Huelva por los militares sublevados y su avance durante el mes de agosto desde Sevilla a Badajoz, vía Mérida, provocó el acorralamiento a comienzos de septiembre de 1936 de miles de personas en el suroeste de la provincia de Badajoz. Estaban rodeados por territorios al norte y al sur ya en manos franquistas, con la frontera portuguesa al oeste y con las poblaciones situadas en la Vía de la Plata tomadas por los militares.

La única opción era escapar campo a través. Varios centenares lo intentaron hacia occidente, hacia Portugal y acabaron refugiados en fincas cercanas a Barrancos, para luego ser trasladados a Lisboa y en barco regresar a territorio republicano por Tarragona. Y otros tantos miles integraron varias columnas quea mediados de septiembre se atrevieron a atravesar hacia oriente la carretera general Sevilla-Mérida a la altura de Fuente de Cantos buscando los extremos de la Campiña Sur y de La Serena.

Si los primeros son conocidos hoy como los refugiados de Barrancos, los que fueron hacia el este formaron parte de la columna de los ocho mil. 

Las columnas del Ejército de África avanzan por la carretera nacional desde Sevilla en dirección a Mérida y luego a Badajoz, ocupando los pueblo a su paso: Monesterio, Fuentes de Cantos, Zafra,Almendralejo, Lobón, Talavera… Buena parte del vecindario abandona las localidades y va de un lugara otro, buscando refugio. Las operaciones de los sublevados en esta zona, una vez ocupada Badajoz,obligan a los huidos a desplazarse hacia el sur durante la segunda quincena de agosto y la primera de septiembre de 1936

La ocupación militar de los pueblos de la carretera se amplía con otras operaciones secundarias de conquistas de localidades alejadas de las vías principales. El acoso se convierte en acorralamiento.


Los sublevados siguen avanzando y los republicanos retroceden. Miles de personas se concentran en Jerez De los Caballeros y Fregenal de la Sierra. El 14 de septiembre se toma Burguillos del Cerro. La cabeza de puente de la huida republicana se establece en Valencia del Ventoso, donde se concentran dirigentes republicanos y socialistas, que organizan la huida.

Mientras que algunos centenares optan por ir hacia el oeste y se atreven a cruzar la frontera con Portugal, varias columnas de huidos buscan el 16 de septiembre la salida hacia zona republicana a través de la Campiña Sur. Son unas ocho mil personas, agrupadas en varias columnas que se unen y separan al ritmo de la marcha. Sobre todo, mujeres y hombres indefensos, niños y niñas, ancianos y ancianas andando y cargados con algunos enseres en carros y animales. Pocos van armados. Atraviesan la carretera a la altura de Fuente de Cantos hacia Azuaga. 

En el trayecto entre Reina y Fuente del Arco, posiblemente al anochecer del 17 de septiembre de 1936, son interceptados en una emboscada por militares dirigidos por el comandante Gómez Cobián.

Habían apostado ametralladoras en los montes cercanos en la zona de La Arconocosa y dispararon contra la columna de paisanos huidos. Una gran confusión se generó entre los refugiados. Unos lograron pasar, otros retrocedieron y se dispersaron y alrededor de un centenar murió y sus cadáveres quedaron en medio del campo

Al día siguiente, 18 de septiembre, el capitán Tassara le monta una trampa a otro tramo de la columna, que sigue pasando por las inmediaciones de Fuente del Arco. Haciéndose pasar por un miliciano, desarma a los pocos huidos que iban armados con la esperanza de darles mejores armas y los conduce con engaños al pueblo, donde son detenidos. En trenes especiales, seguidos de los animales requisados, son trasladados más de 2.000 prisioneros a Llerena, donde los encierran en locales como La Maltería y la Plaza de Toros

En Llerena los presos son identificados y agrupados por pueblos. Se cursan telegramas a las localidades de origen que han sido ocupadas y van a buscarlos guardias civiles y falangistas que, en camiones, los llevan de vuelta a sus pueblos. Aunque algunos logran salvar la vida por la mediación de amigos y familiares, otros muchos son fusilados nada más llegar. Decenas de personas ni siquiera sufren este último traslado y son acribillados a balazos en el cementerio de Llerena sin ser inscritos en registro alguno.

Mientras otras miles de personas han logrado proseguir su camino y acaban llegando a zona republicana. Algunas participarán en la defensa de Madrid, en noviembre de ese mismo año, integrando unidades militares de extremeños como Los Castúos.

Otros regresan a la región, a la denominada Bolsa de La Serena, o se integran en el ejército republicano.
Además, quienes habían optado por el oeste, tras permanecer un tiempo en campos de refugiados cerca de Barrancos, son trasladados a Lisboa y embarcan en el buque Nyassa rumbo a Tarragona


El avance de las tropas franquistas por la provincia de Badajoz

Nada más celebrarse las elecciones de febrero de 1936, con el triunfo de la coalición de izquierdas del Frente Popular, comenzó la conspiración de las fuerzas reaccionarias, bajo la dirección técnica del general Mola, para derribar la República. En la tarde del 17 de julio de 1936 se inició la sublevación en Melilla. Legionarios y regulares controlaron con facilidad las posesiones españolas del Magreb. El general Franco se trasladó desde Canarias a Marruecos el día 18 de julio para encabezar la insurrección en el sur mientras el general Queipo de Llano sublevaba Sevilla. El golpe triunfó también en algunas capitales españolas, pero la mayoría del territorio nacional se mantuvo fiel a la República. El fracaso del golpe de Estado trajo consigo la Guerra Civil.

La Columna de la Muerte

Con ayuda de la aviación alemana e italiana, varios miles de soldados profesionales que integraban el Ejército de África, el mejor preparado de la milicia española, fueron trasladados a la Península. Gracias a estos legionarios y regulares, muchos de ellos magrebíes, Queipo de Llano dominó Andalucía Occidental y Franco formó una columna, una parte de la cual salió de Sevilla hacia Extremadura el 2 de agosto, al mando del teniente coronel Asensio Cabanillas, y otra al día siguiente, mandada por el comandante Castejón. La Columna Madrid, conocida después como «Columna de la Muerte», a la que unos días después se incorporaron las tropas de Tella y que acabó bajo la dirección del teniente coronel Juan Yagüe Blanco, irá ocupando los pueblos sin más oposición que la batalla de Los Santos de Maimona el 5 de agosto y la efímera resistencia de la capital de la provincia.

La columna fue tomando todas las localidades importantes de la carretera general, como Monesterio (4 de agosto), Fuente de Cantos (5), Zafra, Villafranca de los Barros y Almendralejo (7), Mérida (11), Montijo (13) y Badajoz (14), desviándose solo en alguna ocasión, como cuando fue ocupada Llerena el 5 de agosto.
Juan Yagüe

Fueron centenares los huidos de cada pueblo ocupado, que deambulaban por el campo o buscaban el amparo de localidades cercanas aún no conquistadas por los sublevados. En ocasiones, acosados, iban trasladándose de un pueblo a otro, a medida que el Ejército avanzaba. Hubo concentraciones de huidos en zonas como la Sierra de Monsalud, cerca de Almendral y Torre de Miguel Sesmero

Las columnas de Castejón, Asensio y Tella ascienden por la Vía de la Plata sembrando el terror. Las órdenes eran claras: subvertir la democracia republicana y neutralizar a los responsables de sindicatos, partidos y organizaciones de izquierda. El procedimiento era siempre el mismo tras la ocupación militar de cada pueblo: con ayuda de los falangistas y otros partidarios locales de los sublevados, se destituía a las autoridades republicanas, se nombraba una gestora integrada por personas de extrema derecha, se detenía a los dirigentes de izquierdas y, sin formación de causa judicial alguna, se los fusilaba. El terror era parte de la estrategia militar de ocupación.

Concentración de huidos y organización de las columnas en el suroeste extremeño

Tras la toma de Badajoz, el número de los huidos se incrementó muy notablemente. Durante algunos días se concentraron en Olivenza, pero la ocupación de ésta y de La Albuera el 17 de agosto, de Almendral y Torre de Miguel Sesmero el 19 y de Feria y Fuente del Maestre el 20, provocaron nuevas huidas hacia el sur. Durante la primera quincena de agosto los golpistas se habían hecho, además, con el control de Almendral, Torre de Miguel Sesmero, Feria, Santa Marta de los Barros, Villalba de los Barros, Solana de los Barros, Valverde de Leganés, Cheles, Corte de Peleas, Alconchel, Barcarrota, Higuera de Vargas, Villanueva del Fresno, Salvaleón y Salvatierra de los Barros. Estas conquistas dificultaban más aún los movimientos de los huidos, que tuvieron que buscar como refugio las localidades más meridionales de Burguillos del Cerro, Fregenal de la Sierra y Jerez de los Caballeros


La ocupación de la serranía onubense

Durante la segunda quincena de agosto y primera de septiembre fueron ocupados la mayoría de los pueblos de la serranía de Huelva. Berrocal cayó el 14 de septiembre; al día siguiente, Cañaveral de León; el 19, Hinojales y Cumbres Mayores... La ocupación de estos pueblos tuvo dos consecuencias: se incrementó el número de huidos y se cerró por el sur la bolsa suroeste extremeña

A partir del 14 de septiembre cayeron definitivamente las localidades restantes del sur de Badajoz: Burguillos del Cerro, Valverde de Burguillos, Segura de León, Fuentes de León, Valencia del Ventoso, Bodonal de la Sierra, Fregenal de la Sierra, Higuera la Real, Jerez de los Caballeros, Oliva de la Frontera, Valencia del Mombuey, Zahínos y Cabeza la Vaca.

La ocupación de estos núcleos cerraba la bolsa en la zona occidental de la provincia

Alrededor del 14 de septiembre hubo una reunión en Valencia del Ventoso de algunos dirigentes de izquierdas, como José Sosa Hormigo, diputado socialista natural de Barcarrota y los también socialistas José González Barrero y José Lorenzana, alcaldes de Zafra y Fuente de Cantos, respectivamente. A punto de ser tomada la población, que lo sería el 16 de septiembre, organizaron la huida definitiva de la bolsa donde estaban atrapados. Utilizando los caminos y veredas, cruzarían la Vía de la Plata e intentarían llegar al sureste de la provincia, aún territorio republicano

HUIDOS

Las numerosísimas personas acorraladas en los últimos pueblos republicanos del suroeste de la provincia de Badajoz solo tenían dos opciones de huida y ambas con riesgo: o iban hacia el este, para intentar llegar al territorio republicano de la zona de Azuaga y de La Serena, arriesgándose a pasar por lugares ya tomados por los sublevados y ser capturados, o iban hacia el oeste y atravesaban la frontera portuguesa, arriesgándose también a ser capturados y devueltos a España.

La primera opción fue la primera y la mayoritaria, elegida por siete u ocho mil vecinos a partir del 13 y 14 de septiembre, a medida que eran tomados pueblos como Burguillos del Cerro, Valverde de Burguillos, Fuentes de León y Segura de León. Formaron lo que conocemos como la columna de los ocho mil.

La segunda opción, la de Portugal, más tardía y minoritaria, la eligieron a partir del 20 de septiembre unas mil personas, vecinas de los pueblos pegados a la frontera, como Jerez, Oliva y Villanueva del Fresno, que acabaron siendo conocidos como los refugiados de Barrancos



Hacia el oeste: Portugal

La solidaridad de un carabinero y de un pueblo portugués

El responsable de la acogida de los españoles fue un teniente de carabineros portugués, Augusto de Seixas (1891-1958), que desde el mes de agosto había venido controlando el paso a Portugal de muchos refugiados derechistas,organizando la solidaridad en Barrancos, y que ya en septiembre preparó la estancia de los centenares de huidos izquierdistas e incluso ocultó a sus superiores la existencia de otras doscientas personas para protegerlas. Ayudado por sus hijos evitó cacerías de refugiados por incursiones de fascistas desde España, devoluciones y represalias. Su bondad le costó la apertura de un expediente disciplinario, la prisión durante dos meses en Elvas y el retiro forzoso 

Augusto de Seixas (1891-1958)

Junto al Castillo de Noudar

Nada más cruzar la frontera, en ese cuerno que penetra en el mapa de España desde Portugal está el Castillo De Noudar. Y en sus proximidades,cerca del municipio de Barrancos, en las heredades de Coitadinha y Russianas, se concentraban el 21 de septiembre 340hombres de Jerez de los Caballeros, 294de Oliva de la Frontera y 68 de Villanueva del Fresno, además de 54 mujeres y niños y 32 carabineros españoles. Las autoridades portuguesas, desbordadas,permitieron en un primer momento el paso, pero acabaron cerrando la frontera e impidiendo a disparos la entrada demás refugiado

Castillo de Noudar

El buque Nyassa y regreso por mar a la España republicana

Para resolver el enorme problema de abastecimiento que estaba provocando la presencia de los españoles en la cercanía de Barrancos, Portugal decidió trasladarlos a Lisboa y sacarlos del país. Más de mil personas fueron llevadas a Moura, donde hicieron noche en la plaza de toros, y de ahí al puerto de Lisboa para embarcar en el buque Nyassa. El día 10 de octubre de 1936, tras una travesía que rodeó la península Ibérica por el estrecho de Gibraltar, llegaron a la Tarragona republicana 1435 personas salvadas del horror en que se había convertido Extremadura

buque Nyassa


Hacia el este: la España republicana

Inicio de la marcha hacia Azuaga

La partida hacia el este se produjo desde varios sitios. Por esa razón, aunque hablemos de «la columna de los ocho mil», realmente fueron varias columnas que totalizaron esa cifra de huidos. Desde Fregenal de la Sierra partió el grueso. Unas seis mil personas se agolparon en el pueblo, y la situación llegó a ser caótica. De Bodonal de la Sierra salió otro núcleo importante compuesto por gente de la cuenca minera onubense. En Valencia del Ventoso se formó el tercer núcleo de la marcha.

Seguramente, cada una de estas columnas salió en fechas distintas. Valencia del Ventoso fue ocupada el miércoles 16 de septiembre, mientras que Fregenal y Bodonal no cayeron hasta el 18 y 19. 

De Valencia del Ventoso quizá salieran el día 15 de septiembre. Al principio la columna se dirigió a Llerena, pero al enterarse los dirigentes que ya había sido ocupada, cambiaron la trayectoria hacia Fuente del Arco y Azuaga. Hombres mujeres, niños, ancianos y muchos animales marchaban con los enseres más preciados y esenciales. La columna estaba encabezada por miembros que conocían el terreno. Entre ellos, Peñas, un minero de Río Tinto, y Juan Francisco Gómez Rodríguez, antiguo secretario del Ayuntamiento de Almendralejo. El alcalde de Zafra, José González Barrero, se quedó un día más en Valencia del Ventoso para dejar organizado el pueblo tras la salida

No era una columna militar. Se sabía que contaban con poco armamento. Unos cuantos fusiles, escopetas de caza y bombas de fabricación casera era todo lo que llevaban. Desde la capitanía de la Segunda División sabían  cuánto armamento llevaban. Las armas que tenían eran las que faltaban en los distintos cuarteles de la Guardia Civil. El avance de la columna era conocido en todo momento por los sublevados gracias a los aviones que sobrevolaban la zona. La columna no suponía una amenaza para los militares sublevados, aunque el número de personas que la integraban dificultaban su control

ATACADOS

En el cerro de La Alcornocosa de Fuente del Arco

La marcha de la columna

Aunque la primera intención había sido llegar a Llerena, la columna de huidos supo que esa localidad ya estaba tomada por los sublevados y decidió dirigirse a Azuaga, con la intención de atravesar la vía del tren a la altura de Fuente del Arco. La marcha de la columna era controlada desde su arranque por el Ejército sublevado. Era imposible ocultar a miles de personas caminando por el campo durante dos días. Un avión de reconocimiento hizo varias pasadas durante el trayecto y, además de los avistadores a pie, no hay que descartar que algún espía estuviera mezclado entre los huido


Los atacantes

Los sublevados decidieron atacar a la columna antes de que atravesara la vía férrea. La operación se encomendó al Regimiento Granada, destinado en Llerena al mando del teniente coronel Alfonso Gómez Cobián, reforzado con guardias civiles y falangistas, Los hombres armados movilizados para la operación fueron unos quinientos. Aunque los huidos eran miles, no eran militares, eran civiles, y estaban indefensos, con apenas un centenar de fusiles y escopetas en la vanguardia

La encerrona

Al atardecer del 17 de septiembre de 1936 la columna fue atacada desde lo alto del paraje de la Alcornocosa, cerca de Reina y Fuente del Arco. Habían dejado la Senda y se internaban en la cañada real del Pencón, pasada la sierra de la Jayona. El lugar elegido para acometerlos fue el cerro de La Alcornocosa, a apenas dos kilómetros y medio de la vía férrea de Fuente del Arco a Llerena, tras la cual comenzaba el terreno aún fiel a la República en las inmediaciones de Valverde de Llerena. Los militares habían apostado en los cerros cercanos varias ametralladoras. A una señal, comenzaron a disparar.
Una lluvia de fuego diezmó la comitiva

El jefe de la operación

El teniente coronel Alfonso Gómez Cobián (Sevilla, 1891-1970) había pasado por diversos empleos como militar profesional en África antes de ser destinado al Regimiento Granada. En agosto de 1932, ya comandante de Infantería, se sublevó por primera vez contra la II República. El jefe de la conspiración de Sevilla, general Sanjurjo, le encargó el mando de las fuerzas de Asalto. Fue detenido, procesado y absuelto después de pasar dos años en prisiones militares. El 30 de abril de 1936 fue destinado a la Caja de Reclutas nº 12 y tras el golpe de Estado los sublevados le encargaron el mando del cuarto batallón del Regimiento Granada como teniente coronel

Los cadáveres

Según las cifras oficiales anunciadas en prensa, los muertos en el ataque fueron unos ochenta, pero no hay que descartar que fueran muchos más. Como vestigios de la tragedia quedaron numerosos cadáveres esparcidos por el campo que, durante los días siguientes, fueron devorados por los animales. Los propietarios de tierras cercanas apilaron algunos restos y les dieron fuego o echaron los cuerpos en pozos mineros. Se conservan algunos enterramientos, como uno a los pies de una encina en la que se grabaron dos cruces en su tronco.

La desbandada

La gente huyó en desbandada, La columna se disgregó. Algunos —en solitario o en pequeños grupos— consiguieron pasar, aunque dos kilómetros más adelante, en la vía del tren, también había apostados soldados, que les disparaban. Otros dieron marcha atrás, volvieron a sus pueblos o fueron capturados o abatidos por partidas de guardias civiles y falangistas. Y muchos se ocultaron en las sierras vecinas, donde hubo algunos incendios provocados por la refriega.



APRESADOS

Dos mil prisioneros en Llerena

El apresor

El capitán Gabriel Tassara Buiza (Sevilla, 1901-1992). era uno de los principales ayudantes de Gómez Cobián en Llerena. Era un militar “africanista” que se había posicionado contra la República en el golpe militar.

El 18 de septiembre de 1936 ideó una celada a la “columna de los ocho mil”, por la que consiguió una medalla militar individual. En 1939, conseguiría otra medalla por una acción en Córdoba. Terminó la guerra como comandante y luego fue ascendido a coronel y a general

 Gabriel Tassara Buiza

El engaño

El apresamiento posiblemente ocurriera al día siguiente del ataque. El hambre, el calor y la sed, junto al miedo a volver ser atacados, convirtieron a la columna en una masa de personas sensibles a ser engañadas. Los militares querían neutralizar al mayor número de personas, capturarlas y conducirlas a Fuente del Arco. El 18 de septiembre de 1936 se presentó al paso de la columna vestido como un miliciano y con una bandera de la República.

El capitán convenció a parte de la columna con guiarla en su huida y dotarla de mejores armas en Fuente del Arco, que decía que no había sido ocupada todavía.

La captura

Aunque no todos se fiaban, más de dos mil integrantes de la columna siguieron hasta Fuente del Arco al capitán Tassara. De camino, en el cortijo “La Castora”, desarmó a todos ellos, convenciéndoles de que les iba a facilitar mejores armas. Tassara los condujo hasta Fuente del Arco, donde fueron recibidos con banderas tricolores republicanas. Tras los primeros momentos, las banderas fueron sustituidas por rojigualdas y los gritos de los sublevados llenaron la plaza. La estratagema surtió efecto, y consiguió capturar a unas dos mil personas. Aunque ese mismo día, algunos fueron fusilados en Fuente del Arco, la mayoría fue trasladada en tren a Llerena, al mismo paso que los numerosos animales que iban atados al convoy

El encarcelamiento

En Llerena, La Maltería, la Plaza de Toros y varias casas particulares sirvieron para alojar de manera temporal a todos los prisioneros. El propio Queipo de Llano informó esa noche por radio: Según las últimas noticias se han recogido más de 50 caballos y una gran cantidad de armas y municiones que no pueden detallarse todavía porque se está procediendo a clasificarlas. A los prisioneros se les está alojando en los corrales de las casas y se procede a darles de comer, pues se hayan extenuados y en situación lastimosa. Entre ellos hay diversos heridos, como consecuencia de la confusión que se promovió en sus filas. Hay varias mujeres, algunos maestros de escuela y otros hombres de carrera.

La identificación y el traslado

Los centenares de prisioneros que llegaron a Llerena fueron identificados y clasificados por pueblos. Se solicitó información a cada una de las localidades de origen y de estas llegaron emisarios y autoridades para recogerlos. La mayoría no estuvo encerrada más de dos días en Llerena. O bien eran recogidos por los enviados desde su pueblo o, con la información suministrada, se les fusilaba en el cementerio de Llerena

ASESINADOS

Trasladados a sus poblaciones de origen, muchos de los cautivos son fusilados

Todas las personas que formaron la columna de los ocho mil fueron víctimas, bien porque o acabaron muertas o heridas o bien porque sufrieron las penalidades de la huida o el destierro. Ahora bien, entre las varios centenares, quizá hasta miles, que murieron hubo cinco tipos, según el momento y las circunstancias en que perdieron la vida: quienes abandonaron la columna y regresaron a sus pueblos con la esperanza de que no les pasara nada, quienes fueron acribillados en medio del campo, quienes fueron fusilados en Llerena, quienes fueron trasladados a sus pueblos y allí fusilados y, finalmente, quienes acabaron en el barco-prisión Cabo Carvoeiro de Sevilla

Los que abandonaron

Este grupo lo forman quienes abandonaron la columna y regresaron a sus pueblos antes del 17 de septiembre, cuando aún la columna no había sido atacada, o tras serlo el mismo 17, y fueron fusilados al llegar a sus localidades.

Quizá el caso más famoso de estos fue el de José Modesto Lorenzana Macarro, alcalde de Fuente de Cantos. Dejó su pueblo el 5 de agosto de 1936 y se mantuvo hasta mediados de septiembre en la bolsa del suroeste de la provincia. En la reunión de Valencia del Ventoso de principios de septiembre fue uno de los dirigentes que organizó la columna y se integró en ella. Pero, al enterarse de que su mujer y sus hijos habían sido capturados en su pueblo, decidió regresar y, al entregarse, fue atado a la cola de un caballo, salvajemente torturado y fusilado en una silla en la plaza de Fuente de Canto

Los que fueron acribillados

Quienes murieron bajo el fuego de las ametralladoras o en medio del desbarajuste del ataque del 17 de septiembre al pie del Cerro de la Alcornocosa. Estos son de los únicos que hay una cifra más o menos oficiosa: 80 dicen las fuentes, aunque posiblemente fueran más. Uno de esos casos, aunque al parecer asesinado por sus propios compañeros, fue el de Juan Antonio Flores Gordillo, de Burguillos del Cerro, que según testimonio de su hija fue muerto por los milicianos al negarse a seguir avanzando, por querer buscar a sus hijos, a quienes había perdido en el ataque

Los capturados y fusilados en Llerena

Quienes, una vez capturados tras el engaño del capitán Tassara el 18 de septiembre, fueron fusilados en Fuente del Arco o en Llerena antes de ser devueltos a sus pueblos.

Ya en Fuente del Arco hay testimonios de fusilamientos ejemplificadores, con exposición pública, en la misma plaza.

Después, en Llerena, durante varios días y semanas salieron los camiones todas las noches desde La Maltería o la Plaza de Toros hasta el cementerio, donde eran ametrallados los prisioneros tras ser obligados a cavar sus propias tumbas.

Nunca fueron inscritos en el Registro Civil


Los capturados y trasladados al barco-prisión Cabo Carvoeiro de Sevilla

La oligarquía sevillana puso a disposición de la sublevación un vapor de 80 metros de eslora y 12 de manga llamado Cabo Carvoeiro, fondeado en el muelle de Sevilla y cuyas bodegas albergaron a centenares de detenidos de izquierdas. Era conocido como “el barco de la muerte”. Allí fueron trasladados muchos de los apresados en Llerena. Según el historiador Francisco Espinosa, los destinados al barco fueron especialmente los andaluces y los dirigentes y personalidades relevantes de la izquierda local detenidos. Uno de ellos, aunque no es seguro que perteneciera a la columna, fue el antiguo alcalde de Maguilla, Aurelio Urbano Vera Dávila.

Cabo Carvoeiro

Los capturados y fusilados en sus pueblos

Quienes, a partir del 18 de septiembre y de los días posteriores, tras ser trasladados a sus localidades de origen, fueron asesinados por sus paisanos. A muchos se les llevó en camiones a sus pueblos de origen. Los que cayeron en la trampa de Gabriel Tasara fueron repatriados a sus lugares de origen en camiones. Muchos de ellos tuvieron la mala suerte de ser fusilados en sus propios pueblos. No se conoce el número exacto de víctimas

SUPERVIVIENTES

En Valverde de Llerena

De las miles de personas que habían logrado pasar tras el ataque de La Alcornocosa y la trampa de Tassara, la mayoría ni paró en Valverde de Llerena por miedo a que estuviera en manos fascistas. Solo unos centenares se atrevieron a entrar y descansaron durante unos días en la iglesia. Según algunos testimonios se mataron veinte ovejas para darles de comer. A los tres días, el alcalde de Valverde, Miguel Doñoro, encomendó a un joven, Juan Durán Cerrato, que los llevara por caminos seguros a Azuaga. Debemos suponer que, si llegaron a Valverde el mismo 18 de septiembre, no se fueron a Azuaga hasta el 20 de septiembre, tras descansar un día completo. Tres  días después, el 23 de septiembre, Valverde de Llerena era ocupada por los militares

En Azuaga

Por Azuaga pasaba la vía férrea Fuente del Arco-Peñarroya. Las miles de personas que se concentraron en Azuaga, unas provenientes de Valverde de Llerena y otras directamente de Fuente del Arco, acabaron en trenes fletados especialmente para trasladarlas hacia el centro de la Península, vía Almorchón. A partir del 21 de septiembre saldrían los trenes hasta Peñarroya y de ahí subirían por la línea Córdoba-Almorchón hasta esta última estación, desde donde saldrían hacia el centro. El 24 de septiembre de 1936 Azuaga fue ocupada por los sublevado

En Valdepeñas

A medida que avanzaba la evacuación, la gente iría quedándose en estaciones intermedias, según posibilidades y preferencias, pero sabemos que una buena parte de los huidos llegaron a Valdepeñas, posiblemente a través de Puertollano y Ciudad Real. En muchas localidades de esa provincia hubo numerosos problemas provocados por el hacinamiento de miles de refugiados.
Se conservan fragmentos de dos fotografías propiedad de uno de los huidos de Valencia del Ventoso, Julián Indiano. En ellas se ve a más de un centenar de personas (adultos, ancianos y niños), con los puños en alto delante de un arboleda, alrededor de unos calderos con comida. Algunos llevan armas en la mano y otros enarbolan periódicos, como si su hazaña hubiera sido publicada en alguna prensa

En Madrid

Madrid estaban llegando desde hace más de un mes un goteo de refugiados extremeños que a principios de septiembre habían formado un llamado Batallón de los Castúos Esta unidad militar se engrosó considerablemente con voluntarios salidos de los centenares de personas salidas de las columnas que a mediados de septiembre habían huido de Extremadura. Muchos de ellos participaron en la defensa de Madrid de noviembre de 1936. 



Seguid caminando, corred, seguid adelante, sin mirar atrás, 
huid de la matanza y la muerte que siembran aquellos traidores
que riegan de sangre nuestras tierras, campos y llanuras
dejando tras de si un cementerio eterno de llantos silenciosos

¡Huid, escapad si podéis! Seguid caminando huyendo de tan cruel destino
mientras los cuervos festejan tan reciente banquete de cuerpos en la tierra
regados y esparcidos por doquier mientras los lamentos se enmudecen
y los ojos se quedan secos después de tanto llanto

Ocho mil almas escapamos de tan cruel destino, sin saber que pasará
en busca de esperanza y salvación,huyendo de la muerte y los horrores
que dejan a su paso militares traidores en Extremadura
mientras el pueblo sufre en sus carnes la huella de militares facciosos

¡Huid, escapad! !No miréis atrás! ¡No os desvieis del camino!
ocho mil almas huyendo de los horrores de la guerra
que les persigue en su caballo mientras la tierra agoniza y perece
la vida a su paso, mientras enmudecen las voces y los cantos

lunes, 1 de febrero de 2021

JUANA FRANCISCA RUBIO

El cartelismo político es la vertiente del cartelismo que se enfoca a la propaganda política. El cartel político es un instrumento gráfico y visual eficaz para la transmisión de las ideologías. Ha sido definido como "un grito en la pared" que atrapa la atención y obliga a percibir un mensaje. Durante todo el siglo XX se ha utilizado como herramienta de propaganda política de cualquier régimen político, democrático o autoritario; pero sobre todo destacó su uso en las dos guerras mundiales y durante el periodo de entreguerras, cuando los soviéticos, fascista y nazi lo utilizaron con profusión y eficacia, al igual que ambos bandos de la guerra civil española.

Con el paso del tiempo, los carteles políticos han traspasado su finalidad: de dar un mensaje claro se han convertido en el reflejo de una época y de una historia reciente, convirtiéndose en obras de arte. En el caso español el ejemplo más claro son las composiciones de la Guerra Civil. Montadores como Renau, artistas como Picasso o Miró pusieron su arte al servicio de la república y de la defensa de la democracia. Pero también pintoras e ilustradoras como Juana Francisca Rubio, Paquita.

Cartel realizado por Juana Francisca Rubio García 

Juana Francisca Rubio

Todo el mundo la conocía como “Paquita”, pero su nombre completo era Juana Francisca Rubio, y, a pesar de ser una de las mejores cartelistas de su época, la Dictadura la silenció. Nació en Madrid, el 27 de diciembre de 1911 y murió también en Madrid, el 28 de enero de 2008 a los 96 años, y sin que nadie recordara su labor artística como era debido. Su posicionamiento del lado de la República supuso el borrado de su nombre de libros y museos, hasta hace bien poco.

Descubrió que le gustaba el dibujo cuando era una niña y, a la salida del colegio, se fijaba en los carteles de Federico Ribas, que eran los que anunciaban los productos de Gal. Luego ella trataba de imitarle. También le gustaba Rafael Penagos y Méndez Bringa, que para ella, 'era un plato fuerte', según sus propias palabras.

Juana Francisca Rubio García 


De su taller salió una gran parte importante de los carteles que se pegaron por las calles de España durante la Guerra civil. El taller se llamaba La Gallofa, pertenecía a las Juventudes Socialistas Unificadas (la agrupación que surge de la unión de las juventudes socialistas y comunistas) y al frente de él se encontraba el marido de Paquita, el también pintor José Bardasano. Aunque ni José ni ella eran cartelistas sino pintores, decidieron poner su maestría en el dibujo al servicio de la República y muchos de los carteles que producían eran estrechas colaboraciones de la pareja. En un primer momento, la sede del taller estaba en la Gran Vía. Y la imprenta, en la cuesta de San Vicente. Más tarde, La Gallofa se trasladó al palacio March, un edificio pegado a la actual fundación que lleva ese nombre, en pleno barrio de Salamanca. En aquellos tiempos, se había convertido en la sede del Partido Comunista. 

En 1930 se incorporó a la sección de Archivos y Bibliotecas del Ministerio de Instrucción Pública en calidad de técnico. Paralelamente inició su formación artística, que hasta ese momento había sido autodidacta, con el pintor José Francés. Cinco años después, Paquita inauguraba su primera exposición en el Liceum Femenino de Madrid. Ese mismo año también expuso en el Patronato de Turismo de París.
 
Además de ser de las Juventudes Socialistas Unificadas, Paquita estaba vinculada a la Unión de Muchachas, perteneciente a las Juventudes Socialistas Unificadas, y a la Unión de Mujeres Antifascistas. Muchos de sus carteles iban dirigidos a la mujer, para animarlas frente a la Guerra.

Aquella época de La Gallofa fue muy intensa. Trabajaban sin descanso, produciendo hasta un cartel diario. La Gallofa se trasladó a Valencia junto al Gobierno de la República. Allí fue también el matrimonio Bardasano que ya tenía una niña. En Valencia, Paquita siguió trabajando y encontramos colaboraciones para la Unión de Muchachas de Valencia. Sin embargo el compromiso antifascista de Paquita y José, les llevó a volver a Madrid para seguir trabajando en La Gallofa. Tras dejar a su hija a salvo en Valencia, el matrimonio volvió a su ciudad natal para seguir produciendo carteles. Paquita realizó ilustraciones para ilustraciones para el álbum Mi Patria sangra, el periódico Frente Universitario, organizaciones como Muchachas de Madrid, o publicaciones de guerra, como Espartacus o Companya. Cuando Madrid cayó en manos de los sublevados, La Gallofa se reubicó en Valencia y con ella, Paquito y José, que se reunieron allí con su hija.

Decidieron exiliarse a Francia, cruzando los Pirineos, tras desplazarse a Barcelona en tren. Un camino duro y lleno de amenazas, pero aún así era su única oportunidad. Por desgracia, fueron detenidos mientras intentaban cruzar la frontera. Los datos no están claros y hay quien afirma que Paquita y su hija fueron enviadas a un campo de concentración, otros que lograron escapar hasta llegar a París. Lo que sí se sabe con certeza es que José fue internado en el campo de concentración de Argelès sur Mer. Paquita comenzó a luchar por la liberación de su marido, que finalmente consiguió. Inmediatamente se embarcaron en el buque Sinaia, en una travesía de casi un mes, que les llevaría a México.

En México, Paquita siguió trabajando como cartelista y también como ilustradora para cuentos infantiles así como para diseños de moda y productos de belleza. También se dedicó a la docencia y dio clases de pintura.

En México estuvieron veinte años, hasta que en la década de los 60, y estando José con salud delicada, decidieron volver a Madrid. En la capital, Paquita comenzó a exhibir su obra discretamente hasta que, tras la muerte de José en 1979, decidió no mostrar más sus trabajos públicamente.

En 1964, se le concedió la Cruz al Mérito de Sciences et Letres de Francia y en 1966, la Primera Medalla de Dibujo y Pintura del Salón de Otoño de Madrid.



miércoles, 11 de noviembre de 2020

JUAN NEGRÍN

Recordamos a Juan Negrín, Presidente del Consejo de Ministros de la República, en el aniversario de su muerte en el exilio en París el 12 de noviembre de 1956.

Juan Negrín fue un científico y político español. Nacido en Las Palmas de Gran Canaria el 3 de febrero de 1892, procedente de una familia de comerciantes canarios acomodados, estudió Medicina en la Universidad de Leipzig (Alemania). Desde 1922 fue catedrático de Fisiología en la Universidad de Madrid. Su procedencia de un ambiente conservador y su gran fortuna personal no impidieron que durante la dictadura de Primo de Rivera (1923-30) ingresara en el Partido Socialista (PSOE), en el que se alineó políticamente con Indalecio Prieto.

Juan Negrín
Segunda República

Tras el advenimiento de la Segunda República (1931) sería elegido diputado de sus tres legislaturas, siempre representando a las islas Canarias. El 9 de noviembre de 1931 es nombrado secretario ejecutivo de la Junta Constructora de la Ciudad Universitaria de Madrid y dirigió, "sin percibir retribución alguna", las obras de un campus universitario de los más modernos del mundo. Con ellas quiso materializarla renovación del espíritu universitario ( tan atrasado en múltiples aspectos) y sobre todo en los aspectos científicos de los estudios experimentales modernos para los que se requerían laboratorios e instalaciones especiales, adquiriendo los más modernos equipos y no escatimó en gastos. En 1934 su laboratorio fue trasladado al Instituto de Fisiología, ubicado en la nueva Facultad de Medicina de la Universidad Central, donde ahora se ha reabierto el quirófano restaurado. El laboratorio estaba dotado con los medios más avanzados para su época (todo lo que se muestra en la visita es original y son instrumentos de la máxima calidad para su época, muy similar a los aparatos utilizados en los quirófanos para cirugía en seres humanos).

Negrín creó una brillante Escuela de Fisiología. Formó a 14 catedráticos de Universidad, de los cuales cinco se quedaron en España tras la guerra y nueve marcharon a México y EEUU. Entre sus alumnos figura el Premio Nobel de Medicina Severo Ochoa.

Negrín impulsó la creación del Instituto de Comprobación de los Medicamentos en la Universidad Central de Madrid, que dirigió el canario José Domingo Hernández Guerra hasta su muerte en 1932, y la Escuela de Educación Física y Medicina del Deporte, de la que se hizo cargo Blas Cabrera Sánchez. En 1927 el futuro jefe de gobierno fue designado secretario ejecutivo de la Junta Constructora de la Ciudad Universitaria.

Juan Negrín en el Laboratorio del Instituto de Fisiología de Leipzig

Guerra Civil

Aunque no tenía mucho peso político en el partido, cuando estalló la Guerra Civil (1936-39) fue nombrado ministro de Hacienda en el gobierno presidido por Largo Caballero. Se ocupó de organizar la economía de guerra del bando republicano y de negociar la prestación de ayuda económica y armamentística por parte de la Unión Soviética (para lo cual hubo de depositar en la URSS las reservas de oro del Banco de España). El gobierno lo manejaba y daba las órdenes para que se fuese vendiendo - al precio que ofrecían los Rusos que no era el más alto del mercado pero no había otra alternativa.  los Británicos ya habían embargado lo depositado en Londres y mismo dejaron de transferir los salarios de los embajadores españoles por el mundo que lógicamente, en su mayoría, no tardaron en chaquetearse. Con ese oro, el gobierno republicano compraba su armamento a los Rusos. No hubo muchos regalos, pero por lo menos no cerraron sus fronteras y aceptaron vender su armamento, petróleo, etc… cosa que no hicieron los demás , excepto el gobierno de Blum, a escondidas, y en mini dosis. Los rusos mandaron también unos cuantos pilotos y militares para ayudar a formar el ejército 

Ya entonces destacó por su insistencia en que la República tratara de atraerse el apoyo de las potencias occidentales mostrándose como un régimen liberal-democrático reformista y moderado; para ello se esforzó por poner coto a los asesinatos políticos y a los excesos de la represión en la retaguardia, mostrándose como un escrupuloso defensor del respeto a la legalidad.

En 1937 sustituyó a Largo Caballero como presidente del gobierno, cargo en el que permaneció hasta el fin de la guerra. Empujado por la necesidad de la ayuda soviética, se apoyó en los comunistas del PCE, con los que coincidía en su línea de dar prioridad a la disciplina y la organización para ganar la guerra, postergando las veleidades de revolución social (en contra de las pretensiones de los anarquistas de la CNT y de otros grupos políticos, como el POUM). En 1938, ante el curso desfavorable de la guerra para las armas republicanas, ofreció a los rebeldes entablar una negociación sobre la base de 13 puntos que llevaran a una salida democrática del conflicto; pero la oferta fue rechazada por Franco, que exigió hasta el final una rendición sin condiciones.

"Su algún apóstol de la paz llamara a nuestras puertas con proposiciones de paz o mediación, nuestra respuesta sería un gesto cortés, pero seco y firme, de despedida." (Juan Negrín).


El "oro de Moscú"

El llamado “oro de Moscú” es el argumento de una de las noticias falsas (hoy diríamos ‘fake’) más longevas de cuantas difundió el franquismo acerca del gobierno republicano.

La dictadura acusó al gobierno de la República (con Juan Negrín como ministro de Hacienda primero y como presidente del consejo de ministros después) de robar el oro del Banco de España para entregárselo a la URSS. La realidad es que las reservas del Banco de España se enviaron a la Unión Soviética a cambio de divisas con las que sostener el esfuerzo de guerra. A Franco lo ayudaron Hitler y Mussolini. La República estaba sola y sin recursos. El oro se vendió a precio de mercado y no solo contribuyó al sostenimiento de la España democrática durante la guerra, también los hizo en los primeros años del exilio.

Todo quedó anotado en el libro de la contabilidad del oro o libro de Prá (por el nombre del funcionario que hizo los apuntes). Se trata de uno de los documentos más relevantes del Archivo Negrín. Franco tuvo una copia de esta contabilidad, -le fue entregada en 1956, a la muerte de Negrín, por su hijo Rómulo y por el ex ministro Mariano Ansó -, pero mantuvo la falacia. 

En 1976, el historiador Ángel Viñas desveló la verdad de lo ocurrido en el libro “El oro español en la Guerra Civil”. A este trabajo siguieron otros, pero, aún así, hay quien mantiene la milonga. 

Final

Como estaba anunciado, en la noche del 14 de octubre de 1938, JUAN NEGRÍN, presidente del Consejo de Ministros de la República Española, pronunciaría por la radio un discurso claro, firme y brillante dirigido a los españoles y al mundo entero; y con el que pretendía interpretar tanto el pensamiento como la determinación de todos los españoles. Un discurso que en lo esencial defendería la posición de la República de no admitir ni mediaciones ni componendas ni divisiones de España; reclamando que antes de la partición de España el exterminio. En una advertencia a quienes desde fuera de España maniobraba para forzar la capitulación, una idea borrada del diccionario republicano; aseverando que cualquier español que avalase y propagara semejante proyecto estaba cometiendo el delito de alta traición y se despojaría a sí mismo de su condición de español.

Entretanto, Franco y su Estado Mayor preparaban el ataque sobre Cataluña. La ofensiva comenzó el 23 de diciembre: seis cuerpos de ejército, mandados respectivamente por Valiño, Solchaga, Moscardó, Yagüe, Muñoz Grandes y el italiano Gambara, se lanzaron sobre las tropas republicanas de Cataluña, apoyados por un millar de fuerzas de artillería y con la protección aérea de 500 aviones. La ofensiva reunía la mayor concentración de medios de toda la guerra y en muy pocos días la situación se volvió desesperada para la República.

Negrín hizo todo lo posible para obtener ayuda militar, no solo de la URSS (Unión Soviética), sino también de Francia. Según un Informe del Ministerio francés de Defensa, "el teniente coronel Morel, agregado militar en España, a petición del señor Negrín, se ha entrevistado con él el 6 de enero a las 12:30 horas. El señor Negrín ha pedido al agregado militar exponer personalmente al señor Daladier, presidente del Consejo y ministro de Defensa como él mismo, la situación militar y sus consecuencias. El ejército republicano, agotado por recientes combates, conserva una moral excelente, aunque la penuria de material de infantería hace insegura su resistencia. Para defender Barcelona, necesita con toda urgencia: 2.000 ametralladoras y 100.000 fusiles. A falta de un socorro inmediato, él no podría responder de la resistencia republicana".

Juan Negrín defendería que la República y su Gobierno habían hecho tanto lo posible como lo imposible para evitar que nuestra lucha transcendiera al exterior, creando un configuración general. Así, en los momentos de mayor peligro para Europa, la República había anunciado la retirada espontánea de los verdaderos voluntarios, y a pesar de las farsas que parecían iniciarse con meras retiradas "simbólicas" y "substanciales" de muy pequeña parte de los efectivos de las fuerzas invasoras, saldrían del territorio español los heroicos amigos que generosamente habían venido a ayudar al pueblo español. El gran servicio prestado a la paz había sido y era también defensa de la democracia; con nuestra sangre y con nuestros muertos hemos impedido que Francia tuviera a sus espaldas un ejército de dos millones de hombres dirigidos por Hitler y Mussolini.

Lo que nosotros queremos y por lo que optamos, según las palabras de Juan Negrín, era que las cuestiones de España fueran resueltas por los españoles; además de incidir que la paz no surgiría más que obligando a los extranjeros a que no mezclara en el pleito español. Pues lo que estaba en juego para los países agresores de España no era una lucha entre ideologías enfrentadas, sino una lucha para conseguir el predominio en el mundo.

Ni mediaciones imposibles entre los invasores y nosotros si no es para retirarlos totalmente y devolvernos nuestros derechos, ni mediaciones entre los facciosos y la República fomentados y organizados desde afuera, "PORQUE ESPAÑA NO ES UN PAÍS DE CAPITULACIONES", pues precisamente porque los españoles nos negamos a sacrificar nuestro país seguiremos luchando; advirtiendo, también, que no se llegaría tampoco a la paz pretendiendo estabilizar los frentes y conformar unas fronteras artificiales entre la zona leal y la rebelde. 

Reafirmando, Juan Negrín, que la política de la República estaba basada en el deseo de una amplia colaboración nacional futura y en el contenido del programa de "LOS TRECE PUNTOS".

Un programa conocido como los "Trece puntos del Gobierno de Juan Negrín -publicado el 30 de abril de 1938-, y que era mucho más moderado que el programa del Frente Popular:
  1. La independencia de España.
  2. Liberarla de militares extranjeros invasores.
  3. República democrática con un gobierno de plena autoridad.
  4. Plebiscito para determinar la estructuración jurídica y social de la República española.
  5. Libertades regionales sin menoscabo de la unidad española.
  6.  Conciencia ciudadana garantizada por el Estado.
  7. Garantía de la propiedad legítima y protección al elemento productor.
  8.  Democracia campesina y liquidación de la propiedad semifeudal.
  9. Legislación social que garantice los derechos del trabajador.
  10. Mejoramiento cultural, físico y moral de la raza.
  11. Ejército al servicio de la Nación, estando libre de tendencias y partidos.
  12. Renuncia a la guerra como instrumento de política nacional.
  13. Amplia amnistía para los españoles que quieran reconstruir y engrandecer España.
los trece puntos


Afirmando Juan Negrín que entre los españoles se puede liquidar la guerra y se liquidará, siendo para ello como condición necesaria combatir a los invasores extranjeros; poniendo como ejemplo el Ejército del Ebro daba la razón a quienes habían pensado en los lamentos póstumos que habrían de dedicarnos después de su actuación bélica por nuestra muerte y nuestra desaparición.

Unas enérgicas palabras de Juan Negrín, jefe del Gobierno de Unión Nacional, que venían a significar que era toda la nación española quien la suscribía desde la primera palabras hasta la última. Aludiendo, también, que en el territorio invadido solo los deliberadamente agentes extranjeros o los que aún no comprendan cuál era la verdad dejarán de adherirse a las solemnes palabras y de su Jefe de Gobierno. Mientras en el territorio republicano, únicamente los traidores, los servidores de la invasión, la odiosa minoría de espías y capituladores, podía negar en estos momentos su más decidida y leal concurso al Gobierno que hace frente a los indignos manejos y ratifica su condición de autoridad suprema en la lucha por la soberanía y la independencia de España. Pues al gobernante que capitulara, el pueblo le arrastraría y la posteridad le cubriría de oprobio

Ante tal intransigencia, Negrín ordenó resistir palmo a palmo para prolongar la guerra, con la esperanza de que las tensiones internacionales llevaran al estallido de una guerra general en Europa, en la que la República entrara como aliada de las naciones democráticas contra los regímenes fascistas de Hitler, Mussolini y Franco. Su prioridad como ministro de Hacienda y presidente del consejo de ministros, era financiar y organizar la guerra y posteriormente el exilio.

Pero tales esperanzas de intervención extranjera en defensa de la República se desvanecieron después de la política de apaciguamiento mostrada por Gran Bretaña y Francia frente a Alemania en el Pacto de Múnich (1938).

Final de la guerra y últimos días

El 5 de marzo de 1939, el coronel Casado, un eterno insatisfecho que desde mayo de 1938 era comandante del Ejército Republicano del Centro, lanzó un golpe militar contra el Gobierno de Juan Negrín. Irónicamente, así provocó que el final de la Guerra Civil Española fuese casi idéntico al comienzo. Como habían hecho Mola, Franco y los demás conspiradores de 1936, Casado dirigió una parte del ejército republicano en una revuelta contra su Gobierno. Aseguraba, como habían hecho los anteriores, y también sin fundamento alguno, que el Gobierno de Negrín era una marioneta del Partido Comunista y que se avecinaba un golpe de estado inminente para instaurar una dictadura comunista. Esa misma acusación fue vertida por anarquistas como José García Pradas, quien dijo que Negrín estaba encabezando personalmente un golpe comunista. Nada apunta a que fuera así; merece la pena recordar la valoración que hizo de Negrín el gran corresponsal de guerra estadounidense Herbert Matthews, que lo conocía bien:

"Negrín no era comunista ni revolucionario... No creo que Negrín se planteara una revolución social antes de la Guerra Civil... Durante toda su vida, Negrín mostró una cierta indiferencia y ceguera hacia los problemas sociales. Paradójicamente eso lo alineó con los comunistas en la Guerra Civil. Era igual de ciego en un sentido ideológico. Fue un socialista de preguerra solo de nombre. Rusia fue la única nación que ayudó a la España republicana; los comunistas españoles figuran entre los mejores y más disciplinados soldados; la Brigadas Internacionales, con su cúpula comunista, eran inestimables. Por tanto, el presidente Negrín trabajó con los rusos, pero nunca sucumbió a ellos ni aceptó sus órdenes."
(El final de la guerra. La última puñalada a la República. De Paul Preston)

Cuando el conflicto europeo (la Segunda Guerra Mundial) estalló por fin en 1939, el ejército republicano había sucumbido cinco meses antes. Negrín, opuesto a la rendición incondicional en defensa del principio de legitimidad democrática, fue depuesto poco antes de la definitiva victoria franquista por el golpe de Estado del general Casado (marzo de 1939). Dimitió tras las elecciones en Bellas Artes en México. Representó el gobierno en el exilio desde Londres, exilándose definitivamente en Francia desde 1947

Falleció en París a la edad de sesenta y cuatro años, de una dolencia cardíaca. Está enterrado en el cementerio del Père Lachaise. Dejó dispuesto que su muerte se anunciara dos días después, y que sobre su lápida no se escribieran más que sus iniciales: "J.N.L.". Tras conocerse su defunción, el New York Times le dedicó un editorial el 15 de noviembre de 1956 que terminaba así:

“Pasará bastante tiempo hasta que la figura de Don Juan Negrín sea situada en la Historia en su verdadera luz. Suscitó grandes pasiones durante su vida y se creó enemigos enconados, como también amigos devotos a él. El régimen franquista falsamente le puso la etiqueta de "Rojo". Nunca, ni de lejos, lo fue. Como primer ministro y en circunstancias desesperadas, el doctor Negrín aceptó la ayuda de Rusia, el único país que ayudaba a la República Española y la sostenía en la Sociedad de Naciones; su gobierno nunca fue dominado por los comunistas. Fue un Frente Popular dominado por Juan Negrín. Para muchos dentro y fuera de España el doctor Negrín representaba mucho de lo que era más noble en la República Española y entre los españoles que tan heroicamente lucharon contra el fascismo. Nunca él tuvo nada que temer de la Historia.”

sábado, 24 de octubre de 2020

MARCOS ANA

Fernando Macarro Castillo, conocido como Marcos Ana,  nació en Salamanca un 20 de enero de 1920 en el seno de una familia de jornaleros. A los doce años dejó los estudios y se puso a trabajar y a los dieciséis se afilió a las Juventudes Socialistas. Trabajó como comisario político en la 44 Brigada Mixta (estacionada en El Pardo) y más tarde como instructor político de la juventud en la 8ª División del Ejército del Centro.

Procedente de una familia muy humilde y profundamente católica, con a los dieciséis años se afilió a las Juventudes Socialistas Unificadas (JSU) y abandonó la religión. Cuando estalló la guerra civil, en julio de 1936 marchó al frente con el batallón de milicias «Libertad» de las JSU, pero le devolvieron a casa por ser menor de edad. Se incorporó finalmente en 1938 llegando a ser comisario político del partido comunista. Fue apresado a los 19 años y se convirtió en el preso político que pasó más tiempo en las cárceles, donde sobrevivió a varias condenas de muerte de la dictadura franquista. En la cárcel también realizó una gran labor política: organizado con otros presos comunistas, idearía miles de tretas para conseguir materiales para los presos y recibir y enviar noticias, creando un sentimiento de comunidad y una célula. En la cárcel comenzó a escribir sus primeros poemas bajo el seudónimo de Marcos Ana. Fue liberado, tras la presión internacional, en 1961, tras 23 años de encierro. Ya libre, marchó a Francia y se dedicó a viajar por todo el mundo convertido en un símbolo de la solidaridad internacional y de la lucha antifranquista.

Su expediente es el número 120.976 y en él se pueden leer los motivos de su condena: como secretario de las Juventudes Socialistas Unificadas en Alcalá de Henares y jefe de un grupo de milicianos dentro del Batallón Libertad, “tomó parte directa” en el asesinato de Marcial Plaza Delgado el 23 de julio de 1936 y en el asesinato, el 3 de septiembre de ese año, de Amadeo Martín Acuña y de Agustín Rosado.

Marchó al exilio en Francia, donde el Partido Comunista le invitó a establecer el Centro de Información y Solidaridad con España (CISE) con Pablo Picasso de presidente de honor. Recorrió Europa y Sudamérica, pronunciando conferencias y organizando campañas de apoyo a los exiliados y opositores al franquismo.

En París conoció a Vida Sender, hija de exiliados anarquistas españoles, con quien tuvo un hijo, Marquitos, en 1963. Tras la muerte de Franco regresó a España en 1976.

Durante la Transición continuó sus actividades dentro del Partido Comunista del que fue candidato al Congreso de los Diputados en las elecciones de 1977, por la provincia de Burgos, sin obtener escaño, y en el que ocupó distintas responsabilidades, como la de solidaridad internacional.

En 2007 publicó un libro de memorias, Decidme cómo es un árbol, prologado por José Saramago. Su poesía es una «poesía de trinchera», poesía que tomaba partido a diferencia de aquellos neutrales que la concebían como un lujo cultural, y ha sido atribuida a «la fuerza de la convicción, la sentida sinceridad poética, la angustia, el miedo del hombre en el presidio»

El 4 de diciembre de 2009, el Gobierno de España le otorgó la Medalla de Oro al Mérito en el Trabajo. El 13 de enero de 2010, Ana fue el primer galardonado con el Premio René Cassin de Derechos Humanos, otorgado por el Gobierno Vasco. En abril de 2011, el Consejo de Ministros de España le otorgó la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes. En 2008 el director Pedro Almodóvar adquirió los derechos de su biografía con el objeto de rodar una película sobre su vida.

Murió el día 24 de Noviembre de 2016 en Madrid a los 96 años de edad.

Después de tanto tiempo, lo conseguiste
viste cómo era un árbol sin la cortina fría e insensible
de barrotes que tapaba el horizonte y nublada a la sociedad

y recordaste cómo era el mar que con tus ojos viste
porque el mundo es algo más que el patio y estas losas terribles
donde te ibas desgastando y hundiendo en el mar de la necedad

porque resistir es vencer, porque la vida es un batalla eterna y constante
donde siempre fuiste vanguardia, siempre estuviste en las trincheras
en la guerra, en la dictadura y en la cárcel, partes de tu vida determinantes
que forjaron y templaron tu conciencia de clase, clase obrera

clase que asumiste con orgullo y que llevaste hasta tus últimos días
en tu corazón y en tus escritos, en los versos de las paredes de las prisiones
cuyos ladrillos se desmoronaban cuando tus sueños y utopías
recordaban y llamaban a la resistencia y nuevas revoluciones

dejando huella y poso para nuevas generaciones
que portarán nuevas banderas rojas y nuevas utopías
que podrán avanzar al son de tus versos y canciones
haciendo camino, sembrando semillas de rebeldía

Marcos Ana

domingo, 18 de octubre de 2020

JUANA DOÑA

El 18 de octubre de 2003 murió la militante comunista Juana Doña.

 Juana Doña Jiménez (Madrid,17 de diciembre 1918 - Barcelona, 18 de octubre de 2003) fue una dirigente comunista, feminista, sindicalista y escritora española.

Se afilia a las Unión de Juventudes Comunistas de España en enero de 1933, con sólo 14 años. En septiembre de ese mismo año, es detenida por primera vez mientras actúa de piquete en la huelga general de Madrid. Es nombrada primero secretaria femenina del Sector Sur y luego secretaria femenina del Comité Central de las Juventudes Comunistas, para más tarde pasar a formar parte de la Agrupación de Mujeres Antifascistas.

En 1936, se fue a vivir con Eugenio Mesón, conocido dirigente de la Juventud Socialista Unificada que sería su compañero hasta que fue fusilado en 1941.


Al comienzo de la Guerra Civil, Juana colabora en labores de retaguardia. En enero de 1937 nace Lina, su primera hija. Este nombre se lo puso en memoria de su amiga Lina Odena, militante comunista y miliciana, que se suicidó en 1936 para evitar caer en manos de los falangistas. La niña muere de meningitis a los 7 meses, cuando estaba en Valencia con su abuela. En febrero de 1938 nace Alexis, su segundo hijo, mientras Juana sigue compaginando sus labores en el Comité Provincial de la Agrupación de Mujeres Antifascistas.

Tras el golpe de Casado, su marido Eugenio es detenido y encarcelado en San Miguel de los Reyes. Juana marcha a Alicante con su hijo y su hermana para intentar salir del país, siendo apresados y trasladados al campo de concentración de Los Almendros. A finales de mayo de 1939, son trasladados a Madrid, viajando en un tren de mercancías junto a otras presas en un viaje de 7 días. Durante el trayecto presencian cómo varios niños fallecen en el interior del tren y sus madres han de dejar los cadáveres en el andén de Valencia.

Al llegar a Madrid entra en contacto con la organización clandestina del PCE, permanece escondida en varias casas de amigos y, en junio de 1939, acude con documentación falsificada a la cárcel de Yeserías a visitar a su marido. El 5 de diciembre de 1939 es detenida junto a su madre y hermana, acusadas de pertenecer a la reorganización del PCE y de estar implicadas en el asesinato del Comandante Gabaldón,1 homicidio que ocasionó una terrible represión y que acabó con los fusilamientos, entre otros, de las Trece Rosas. Juana es llevada a Gobernación y torturada con corrientes eléctricas. El 24 de diciembre ingresa en la cárcel de Ventas, donde fue torturada. Su madre, Paca Jiménez, y su hermana, salen en libertad tras haber sido torturadas con corrientes en los oídos y en una bañera con agua.

En la cárcel, Juana se encarga de dar clases a mujeres analfabetas, así como de recibir clases de otras presas que habían sido maestras republicanas. El 28 de mayo de 1941 sale en libertad. Un mes más tarde, el 3 de julio, su marido es fusilado junto a otros compañeros en las tapias del cementerio del Este.

Juana se pone a trabajar sirviendo y vendiendo pan en el mercado de San Miguel. En 1944 vuelve a la lucha clandestina entrando a formar parte de la guerrilla urbana madrileña, dentro de la Agrupación Madrid. Realiza varios viajes a Valdemanco, donde unos compañeros presos que trabajan en un destacamento penal le consiguen sacos de dinamita que ella lleva a Madrid, viajando en coche de línea. Dirige los atentados contra la Brigada Político Social y la embajada argentina, que consiguen gran relevancia sin causar heridos.

Juana Doña


En el año 1947, es detenida junto a su madre y llevada a la Dirección General de Seguridad, donde es nuevamente torturada y obligada a presenciar la muerte de un compañero. En mayo de 1947, es juzgada y condenada a pena de muerte. El PCE inicia una campaña internacional para intentar salvar su vida y la de otros compañeros con igual condena. Evita Perón, de viaje en España, a pedido de su hijo, intercede en favor de Juana y consigue que su pena sea conmutada por 30 años de prisión. Sus compañeros de juicio son fusilados el 28 de agosto en el cementerio de Carabanchel.

Juana ingresa en la cárcel de Ventas, pasando luego por las prisiones de Málaga, Segovia, Guadalajara y Alcalá de Henares durante los 20 años que pasa en prisión. Participa en huelgas de hambre en las cárceles de Málaga y Segovia. En la cárcel de Guadalajara se muestra crítica con la condena de expulsión del partido y separación de cualquier actividad conjunta aplicada a dos compañeras comunistas sospechosas de ser lesbianas.

"Se contaban epopeyas de las cárceles masculinas y las heroicidades de sus protagonista, se rompía el cerco de la censura y en la más negra clandestinidad se divulgaban acciones y sufrimientos protagonizados por los luchadores-hombres. Rara vez se hablaba o escribía sobre las heroicidades de las luchadoras-mujeres.

(...) Se puede contar con los dedos de las manos, lo que fuera y dentro del país se ha impreso para denunciar y poner al desnudo las iniquidades que las mujeres han sufrido y sufren en las cárceles de nuestra biografía. A las mujeres se les ha dedicado una líneas apenas en este río de volúmenes que se ha escrito sobre la guerra civil y la resistencia en nuestro país."

(Juana Doña. "Desde la noche y la niebla (Mujeres en las cárceles franquistas)". Ediciones de la Torre. Madrid, 1978).

En el año 1961 sale en libertad. Marcha a Francia donde entra en contacto con el PCE exterior, y comienza una nueva etapa vinculada al movimiento feminista. Años después, funda el “Movimiento por la Liberación e Igualdad de la Mujer”.

En 1973 acudirá al I Congreso del PCE (m-l) junto a su hijo Alexis, donde participarán desde la mesa presidencial del mismo, aunque sin quedar claro su pertenencia a dicho partido.

Durante la Transición fue candidata al Senado por el PCE. Posteriormente se integró en la Organización Revolucionaria de Trabajadores, y participó en el nacimiento del Partido Comunista de los Pueblos de España en 1984. Escribe varios libros entre los que se encuentran: “Mujer”, “Desde la noche y la niebla”, “Gente de abajo” y “Querido Eugenio”. Continúa su actividad política como miembro de CCOO, colaboradora de Mundo Obrero y miembro del Comité Central del PCE. En el año 1998 recibió el premio Comadre de Oro, otorgado por la Tertulia Feminista Les Comadres, en reconocimiento a su trayectoria feminista.

Fallece el 18 de octubre de 2003 en Barcelona, a los 84 años de edad.

Juana Doña


jueves, 23 de julio de 2020

ASOCIACIÓN DE MUJERES ANTIFASCISTAS

La Asociación de Mujeres Antifascistas fue una entidad asociativa de carácter feminista y unitaria creada en España en 1933 por el Partido Comunista (PCE), en un principio como corresponsal de la "Unión de Mujeres contra la Guerra y el Fascismo" creada por la Internacional Comunista, tras el triunfo de Hitler en Alemania en el mismo año. Su impulsora fue Dolores Ibárruri "La Pasionaria" y en ella se integraron un buen número de las activistas de la izquierda política durante la Segunda República Española. El Comité de Valencia fue fundado por Pilar Soler Miquel, Manuela Ballester y Agustina Sánchez Esteban. Fue la organización feminista más importante de la época. Tras la Guerra Civil sus miembros fueron represaliadas por el franquismo. Por ello, la organización pasó al exilio con el nombre de Asociación de Mujeres Antifascistas Españolas (AMAE) y estuvo activa sobre todo en Francia y México.

Historia

En 1933 Jorge Dimitrov, secretario de la III Internacional, envía una carta a Bernadette Cattaneo, destacada dirigente comunista belga, en la que le propone la creación de una Asociación de carácter internacional que agrupe a las mujeres de forma unitaria, contra el fascismo y los planes de guerra de Alemania e Italia. Esta asociación recibirá el nombre de Mujeres contra la Guerra y el Fascismo, y extenderá su trabajo con agrupaciones de mujeres por gran parte del mundo hasta entrados los años 60 del pasado siglo. En un primer momento María Rabaté, será la secretaria del Comité Nacional de Francia. Gabrielle Duchene presidirá el Comité Mundial y Bernardette Cattaneo se ocupará secretaria del Comité Mundial.

Ese mismo año, Dolores Ibárruri recibirá la visita de la delegación de la Asociación Mujeres contra la Guerra y el Fascismo con el fin de crear la sección española, y la puesta en marcha de la organización no se hará esperar. A lo largo del año se crearán comités de iniciativa por toda la geografía española.

El comienzo de la actividad más significativa de Mujeres Contra la Guerra y el Fascismo se producirá en Madrid en 1934, durante el bienio Negro con motivo de la movilización de reservistas, decretada por Diego Hidalgo para su traslado a Marruecos. Se prepara entonces una manifestación, a finales de agosto, por parte de la Asociación. Se ocupará de la tramitación para legalizarla Catalina Salmerón, hija Nicolás Salmerón quien fuera Presidente de la I ª República. Y a pesar de la negativa del gobierno para conceder las debidas autorizaciones, la manifestación se llevará a cabo con éxito y con la especial participación de las Trabajadoras de Tabacos de Madrid. Poco después se realizaría una manifestación análoga y de igual éxito en Zaragoza.

En Julio de 1934 celebran su Iº Congreso en España, con la presencia de 78 delegadas de los Partidos Republicano, Comunista, Socialista y compañeras sin afiliación política, quedando constituido el Comité Nacional de Mujeres Contra la Guerra y el Fascismo y siendo elegida Presidenta, Dolores Ibárruri y Presidenta de Honor, Doña Catalina Salmerón; en este Comité participarán, mujeres de gran relevancia política como Victoria Kent,
Clara Campoamor, María Martínez, Veneranda Manzano y María Teresa León, Lina Odena… entre otras.

El Congreso se celebrará en Madrid del que saldrán elegidas 8 delegadas para participar en París en el I Congreso Internacional, que se realizará en agosto del mismo año. La composición será heterogénea: Delegadas a la reunión en París de del Comité Mundial de AMA serán, Encarnación Fuyola secretaria del Comité Nacional, Matilde Cantos por el PSOE, Amparo Navarro del Comité Provincial de Valencia, Manuela Ortiz, campesina, Teresa Cabreros del Comité Provincial de Madrid. Por Cataluña: Dolores Bargalló, Emiliana Ruiz, Eloisa R. Malasechevarría y Maria Luisa Algara.

En el congreso se establecerá su línea de pensamiento político y de acción, entendiendo que la guerra es un elemento consustancial al fascismo, como elemento fundamental.

AMA pasará a ser ilegalizada en el mismo año de su creación, por parte del gobierno, tras la revolución de Asturias, ya que al igual que organizaciones políticas y sindicales han apoyado la huelga general de 1934. Con el fin de eludir la vigilancia gubernamental se crea la Asociación Pro Infancia Obrera, el Comité Nacional de AMA para poder actuar en la semi-legalidad, va a utilizar estas siglas para continuar su labor, y al tener PIO un carácter benéfico la asociación va a ser tolerada.

La situación en Asturias, tras la revolución es de suma gravedad para las familias trabajadoras que han participado en ella, y el Comité de AMA bajo el amparo de sus nuevas siglas va a intentar paliar la situación de estas familias: en Asturias han quedado unos seiscientos niños abandonados como consecuencia de la represión. PIO, que cuenta con participación del Socorro Obrero Español, el Socorro Rojo Internacional además de los partidos de izquierda va a trasladarse a Asturias rescatando a los niños del abandono en se encuentran, como resultado de los fusilamientos y encarcelamiento sufridos por sus familias. A partir de este momento, bajo nombre de PIO la asociación actuará en todo lo relacionado con la infancia.

El 15 de febrero de 1936 se edita el primer número del órgano oficial de AMA, la revista: "Mujeres" y en su consejo de redacción figuran Dolores Ibárruri “Pasionaria”, Margarita Nelken, Ilsa Wolf, Encarnación Fuyola, Aurora Arnaiz, Lina Odena, Eveline Kahm y Emilia Pagnon. Su contenido definía con claridad el compromiso con la clase obrera, la liberación de la mujer y lógicamente la lucha antifascista.

La Mujer contra el fascismo

Las mujeres han sido siempre objetivo del fascismo. Por eso tienen una amplia tradición de luchas contra el mismo que sigue hasta nuestros días. El fascismo tiene como meta aplastar a cualquier colectivo organizado de la clase trabajadora, individualizarla y entregarla abatida a la explotación de los capitalistas. Bajo esta lógica, el fascismo predica que las mujeres tienen que ser racialmente “limpias” para cumplir el trío “Niños, Cocina, Iglesia” (Kinder, Küche, Kirche, las tres KKK de los nazis y del Ku-Klux-Klan).

Millones de mujeres fueron martirizadas en el altar de estos objetivos desde el ascenso de Mussolini al poder hasta la derrota del eje fascista en la Segunda Guerra Mundial. Judías, gitanas, sindicalistas, minusválidas, lesbianas, luchadoras de izquierdas y de las resistencias populares sufrieron de todo: violaciones, mutilaciones, mastectomías, esterilizaciones, experimentos salvajes de eugenesia en los campos de concentración, ejecuciones y asesinatos. 

Pero, al mismo tiempo, las mujeres han dado ejemplos fantásticos con su participación en la lucha antifascista. En el Estado español en 1936, en Londres en la batalla de Cable Street, en Grecia, Francia e Italia en las filas de la Resistencia… En Milán, que fue liberada y que ahorcó a Mussolini gracias a la lucha partisana de sus obreros y obreras, las mujeres patrullaban armadas por las calles.

Todas lucharon contra el franquismo y por la emancipación de la mujer, y juntas lograron avances sociales tan significativos como el aborto libre y gratuito. Emprendieron toda una revolución, y para ello no solo tuvieron que enfrentarse al fascismo, sino también, a veces, a sus propios compañeros.