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viernes, 8 de enero de 2021

ARTURO BAREA Y LA FORJA DE UN REBELDE

Sin lugar a dudas, la Guerra Civil Española ha sido el acontecimiento más importante acaecido en este país durante la primera mitad del siglo XX. Mucho se ha escrito sobre este tema: son innumerables las referencias a ella en novelas, libros y el cine español. Pero, sin embargo, en mi humilde opinión lo mejor que se ha escrito sobre este tema viene de la mano de Arturo Barea y su obra La forja de un rebelde. 

¿Quién era Arturo Barea? ¿Por qué la forja de un rebelde sigue siendo un libro de culto para entender la historia de principios de siglo de este país?
Arturo Barea

La figura de Arturo Barea

Arturo Barea nació en Badajoz el 20 de septiembre de 1897. Tras la muerte de su padre a los 34 años, Barea se traslada a Madrid junto a su madre y sus hermanos. Barea tuvo la oportunidad de estudiar y tener una educación gracias a unos tíos acomodados mientras su madre y sus hermanos siguieron con su vida humilde. Tras la muerte de su tío, abandonó los estudios a los trece años y empezó a trabajar de aprendiz en un comercio, donde demostró su talento y su gran inteligencia, terminando en un banco hasta 1914. En 1920 le enrolaron en la Guerra de Marruecos, donde conoció a Millán Astray y a Franco y vivió la derrota de Annual en 1921.

Tras la caída de la dictadura de Primo de Rivera y la proclamación de la Segunda República, Arturo Barea muestra su compromiso con el nuevo régimen y las esperanzas que conlleva: se afilia a la UGT y, durante la Guerra Civil Española, realiza diversas misiones culturales y propagandísticas: fue responsable del servicio de censura de la prensa extranjera en el Ministerio de Estado el cuál operaba desde el edificio de la Telefónica de la Gran Vía madrileña. Fue allí donde vivió el asedio fascista y los bombarderos contra la ciudad republicana. Participó en la radio bajo el pseudónimo de La Voz desconocida de Madrid.

En 1938 se casó con la periodista austriaca Ilse Kulcsar, figura clave para la traducción de sus obras al inglés. Tras la victoria fascista el 1 de abril de 1939, Barea parte al exilio hacía Inglaterra donde continuó su obra literaria hasta su muerte el 24 de diciembre de 1957. La lápida de su tumba fue colocada por Olive Renier tras la muerte de Ilse en Viena en 1972. Renier escribió sobre Barea:

"Yo erigí la lápida, pero fuí incapaz de encontrar palabras que expresaran mis sentimientos por aquellas cuatro personas, cuya causa (aunque ellos decían encontrarse entre los afortunados), era el símbolo de las enormes causas perdidas de nuestra generación- la causa de España, la de los judíos, la de la socialdemocracia en Alemania, en Italia, en fin, en toda Europa."

Allí trabajó para la BBC en español. Desgraciadamente no se conservan los programas pero se puede escuchar su voz en una entrevista en el espacio Ondas del ayer de Radio 5. En noviembre de 2017 una iniciativa popular nombró una plaza con su nombre en Lavapiés.


La obra de Barea: La Forja de un rebelde

Todos sus libros fueron publicados, primero en inglés y después en castellano, a excepción de los 20 cuentos de guerra Valor y Miedo: relatos, publicados en Barcelona en 1938. Posiblemente, su obra más importante es la trilogía La forja de un rebelde, publicada en 1951. Esta obra es una demostración de su control creativo, con una gran veracidad y realismo, como queda demostrado en las descripciones de los personajes, los ambientes y las ideas que rodearon su juventud y su madurez.
  • La Forja
Esta obra autobiográfica fue escrita en Inglaterra entre 1940 y 1945. La primera parte (la Forja) narra la infancia de Barea, donde tuvo la oportunidad de aprender gracias a unos tíos acomodados. Demostró una gran inteligencia y avidez desde pequeño, donde observó también las contradicciones de clases entre sus compañeros, entre aquellos que tenían una vida humilde y aquellos que tenían dinero y poder. La Forja es la toma de conciencia de Arturo Barea, de la observación de la cruda realidad, de la distinción entre clases sociales que le marcaron su compromiso con la búsqueda y la lucha por un mundo más humano y más justo.
  • La Ruta
En la Segunda parte (La Ruta) Barea fue llamado para el servicio militar, donde le aceptaron como dibujante y tuvo la esperanza de aprender una especialidad, pero entonces le mandaron a África como topógrafo: Estuvo en Ceuta, en la construcción de la pista de Hámara, en Tetuán, y en las operaciones de Beni-Arós, al igual que en las de Melilla, donde cayó enfermo de tifus, y tras 2 meses de permiso volvió a África. Después le ofrecieron ir a las líneas de fuego o sustituir al Sargento Cárdenas, tras ser ascendido a suboficial. En la oficina había varios compañeros, el Cabo Surribas, Romero el Sargento de almacén, Oliver el Sargento de caja y Fernández Sargento de Coronela.

“El general que conquistó la kábila estaba en su tienda delante de una mesa: un cabo de vela encendido, una bandeja y dos botellas de vino, rodeadas de varios vasos. Iban entrando los oficiales de cada una de las armas que realizaron la conquista, con su lista de muertos y heridos. Cada oficial traía dos o tres muertos, diez o doce heridos. El ayudante del general apuntaba. El general invitaba a un vasito de vino. Los oficiales se iban soñando con las cruces que aquellos muertos les hincarían sobre la guerrera al lado del corazón. En la noche, luego, se oían los ronquidos del general, ronquidos de viejo borracho que duerme con la boca abierta, los dientes en el fondo de un vaso”.  La ruta. Arturo Barea

En todo el tiempo que Barea está en las oficinas, reflexiona sobre qué hacer cuando acabe el año de servicio militar que le queda, no sabe si seguir en el ejército y así tener algo que comer, o dejar el ejército e irse a Madrid y con lo que tiene ahorrado podría vivir 2 o 3 meses hasta que encontrase trabajo, Barea tenía ya 24 años, así que no le resultaría fácil encontrar trabajo. A Barea le entran las ganas de escribir un libro, ya que era una de sus ilusiones el ser escritor.

En Ceuta se encontró con Chuchin, una mujer guapa, y con ella se le convirtió la vida en una cosa tranquila y pacífica, a quien después tiene que dejar a su regreso a España tras licenciarse. En uno de los bares de Ceuta hace amistad con el pianista Alcalá-Galiano.

Más tarde, el Capitán Sancho era jefe de la comunicación en Morse. Le ofrece a Barea un puesto como telégrafo, pero Barea no acepta. Los reclutas analfabetos estaban condenados a resistir el choque brutal contra los ataques de los moros que aumentaban, fue el periodo de victorias de Abb-el-Krim.

Placa dedicada a Arturo Barea en Oxford

Llegó un nuevo Coronel que procedía del Tercer Regimiento de Zapadores de Valencia, ya que el coronel había alcanzado el límite de edad y paso a la reserva. Barea se presenta ante él como el Sargento de mayoría. Este coronel revoluciona a toda la ciudad, ya que arresta a casi todos los soldados, cabos, sargentos...Tras los diversos hechos ocurridos en la operación contra Raisuni, el General Berenguer dimitió, y el General Burguete le sucedió como alto comisario de Marruecos, Millán Astray fue destituido tras el nombramiento de Franco como jefe de la Legión.

Raisuni se había aliado con Abd-el-Krim, por lo que el General Burguete entablo negociaciones inmediatas con Raisuni. De un día a otro estaba cercado en Tazarut a merced del Gobierno Español. Al Raisuni se le restauraron sus honores principescos, le pagaron una importante indemnización y las tropas se retiraron del yébel Alam. El General Burguete estaba despidiendo gente de acuerdo con la lista que el Raisuni le había ofrecido, Franco al igual que todos los demás estaban furiosos, y por ello la Legión quería levantarse.

Al mismo tiempo tenían negociación con Abd-el-Krim para el rescate de los prisioneros que tenia. Durante la Gran Guerra en Madrid tuvieron grandes problemas, estaban al borde de una revolución, la plebe se las había manejado para hacerle al Rey responsable de lo sucedido en Marruecos. Intentan proclamar la República y hacerles abandonar Marruecos.

A Barea le quedaba poco tiempo de servicio militar, se puso enfermo y le recomienda volver a Madrid. El mismo día que Barea marcha a Madrid, también lo hace el Sargento Manzanares porque le dieron un tiro. A su llegada a Madrid le esperaban en las estación de Atocha su madre y su hermano, su hermana estaba ya casada. Al día siguiente Barea se va a la Puerta del Sol a esperar cruzarse con Don Agustín, quien le da un trabajo. Se encuentra con su amigo Antonio Calzada. Y otro día se encuentra con el Comandante Tabasco, quien le cuenta que en España todo va a cambiar.

Todos esperaban algo grave y violento hasta que en los días del 12 al 13 de Septiembre de 1923 el General Primo de Rivera se proclamó a sí mismo dictador de España tras dar un golpe de Estado. El Gobierno dimitió, algunos miembros huyeron al extranjero, y el Rey dio la aprobación, y España se convirtió en una dictadura. Primo de Rivera quería terminar con la guerra de Marruecos, pero por ello tendría problemas, ya que había gente que opinaba que no podía dejar Marruecos hasta que no estuviera completamente conquistado, ya que Marruecos era un Protectorado Español, y por otro lado estaban los cientos de personas del ejército español que estaban allí, que vivían de aquella guerra.

En 1925 las tropas de Abd-el-Krim y las del Raisuni se habían unido para echar a las tropas españolas de Xauen, quienes después se pelearon por el territorio. Abd-el-Krim hizo prisionero al Raisuni, y este murió. Mientras tanto Mohammed, hermano de Abd-el-Krim, fue a Londres para publicar unas declaraciones en las que prometía la paz en cuanto las naciones europeas reconocieran la República del Rif. Tras este hecho se volvieron más frecuentes las incursiones y emboscadas a la zona francesa, y estos comenzaron una ofensiva en Abril. En Mayo Primo de Rivera negocio un armisticio de 3 meses con Abd-el-Krim.

En verano Barea recibió una carta de Córcoles desde Marruecos, donde le cuenta que Franco ha presentado su dimisión y que todos los oficiales han declarado su solidaridad con él. Días después Barea leyó en un periódico que la guerra en Marruecos había comenzado de nuevo, el desembarco había sido hecho por el Coronel Franco a la cabeza de sus legionarios.
  • La Llama
En la Tercera parte (la Llama) Arturo Barea describe el ambiente de la Guerra Civil española, donde el protagonista residente en el pueblo toledano de Novés observa la impunidad de los caciques frente a los campesinos. Estamos en pleno Bienio Negro: La república está en manos de Lerroux y la CEDA de Gil Robles quienes están destruyendo todas las reformas del gobierno republicano-socialista de Azaña y acaban de reprimir la Revolución Asturiana enviando al ejército. La situación social, política y económica es explosiva. Con la llegada de las elecciones generales del 36, Barea conseguirá organizar un mitin en el pueblo que devolverá por algunos momentos a sus habitantes más humildes la dignidad perdida.

En este último volumen, el lector podrá observar la postura de la derecha, la iglesia, los terratenientes y todos aquellos que veían la República como un "demonio rojo" que venía a abolir sus privilegios y su viraje hacia posiciones golpistas. Las izquierdas empezaron a confluir en el Frente Popular, unión efímera que explosionaría nada más comenzar la Guerra Civil.

“Todo era indicaciones de que cada cosa iba a derrumbarse o a estallar irremediablemente. El país iba de cabeza a una catástrofe. Aunque las derechas habían perdido puestos en el Parlamento, habían ganado en el sentido de que todos sus partidarios estaban ahora dispuestos a batallar contra la República en todos los terrenos posibles. Y estaban en buena posición para hacerlo: las derechas podían contar con la mayor parte del ejército, el clero, el capital interno y extranjero, y el soporte desvergonzado de Alemania. Era una cuestión de tiempo”. la Llama, Arturo Barea

El autor describe muy bien el ambiente de los primeros días de guerra en Madrid: en principio la vida cotidiana continua: hay una verbena en el Paseo del Prado, la gente sale el domingo a comer en el campo... Pero bien pronto los tiroteos callejeros y los bombardeos nocturnos avisan a los madrileños de que la guerra va en serio.

Si bien al principio el protagonista está convencido de querer colaborar con la República desde su puesto de censor de la prensa , los bombardeos indiscriminados, la falta de disciplina de los milicianos, el abandono de los refugiados y las disputas en mismo seno del bando republicano van a ir minando su moral y sus nervios.
 
La crónica de Barea es el fiel reflejo de las crudezas de la Guerra Civil: de la lucha contra la miseria de los que están atrapados en medio de una guerra cruel y amarga. Sus simpatías siempre son para un pueblo que consigue su dignidad luchando y haciéndose matar por quienes les han oprimido durante siglos.

El final de Arturo Barea es el de los perdedores, el de los muchos españoles que salieron del país por la puerta de atrás del exilio, solo que él supo dejarnos estás crónicas sinceras, uno de los mejores testimonios de nuestro desastre colectivo:

"Le hablé de la guerra, repugnante porque enfrentaba a hombres de la misma sangre unos contra otros, en una guerra de dos Caínes. Una guerra en la cual sacerdotes eran fusilados en las afueras de Madrid y sacerdotes daban su bendición al fusilamiento de pobres labradores. (...) Millones como yo, que amaban sus gentes y su pueblo, estaban destruyendo, o ayudando a destruir, aquel pueblo y aquellas gentes tan suyas. Y lo peor es que ninguno de nosotros tenía el derecho de permanecer neutral".

La forja de un rebelde

lunes, 27 de abril de 2020

LA RADIO EN EL EXILIO REPUBLICANO. LA PIRENAICA

La radio es poderosa en tiempos de emergencia y desastre. La radio tiene la habilidad de generar conciencia en el mayor número de personas en el menor tiempo posible. Por sí solos, los medios sociales desempeñan un rol importante, pero cuando están ligados a la institución de un servicio confiable de radio su impacto puede ser mucho más eficaz.

Entre 1920 y 1930, muchos hogares en países occidentales tenían radio. Durante esos años, la radio se convirtió en la principal fuente de información para la población.

Desde el salón de todas las casas, sin necesidad de saber leer o de tener acceso a los diarios escritos, la gente empezó a estar al corriente de lo que ocurría. Los programas difundían información y conocimiento, a la vez que debatían sobre asuntos políticos y sociales.

Las personas podían estar informadas, pero además se enteraban de las noticias con una rapidez que nunca antes se había visto.

La Pirenaica
En España sólo a partir de los años 30 se generalizó la construcción de viviendas con instalación eléctrica incorporada, generalmente en medios urbanos. La prensa llegaba a casi todas partes pero requería de cierto nivel cultural para ser disfrutada. La radio, sin embargo, se desarrolló virtualmente como un medio interclasista, una moderna tecnología de transmisión de la cultura oral, inherente al ser humano.

Su capacidad para llegar de forma simultánea a millones de personas la hacían perfecta como instrumento político de propaganda e información, pero también de entretenimiento y publicidad. El cambio más profundo que introdujo su difusión fue el de estructurar la vida personal y social según un horario riguroso, incluyendo las horas de tiempo libre. Por otra parte, junto al ámbito individual y familiar se añadía una proyección pública del fenómeno. Cada uno en su casa, la mayor parte de la ciudadanía había escuchado lo mismo y podían comentarlo en sociedad.

La radio en el exilio republicano

La radio del exilio republicano fue una prolongación de la guerra de las ondas iniciada en julio de 1936. Aquella «Numancia errante», en palabras del socialista Luis Araquistáin, creía que la derrota definitiva no había llegado todavía y puso sus esperanzas en el poder de la palabra radiofónica, una nueva trinchera contra la iniquidad y a la espera de un mañana sin Franco.

La radio del exilio constituyó una fuente informativa indispensable para la media España republicana que desde el interior escuchaba en la clandestinidad los mensajes procedentes de Radio Moscú, Radio Toulouse, Radio París, la BBC de Londres, Radio España Independiente (La Pirenaica), Radio Euskadi, o las emisiones galleguistas de Radio Carve en Montevideo, Radio Libertad y Radio Rivadavia en Buenos Aires, y la mexicana XEMC-XESC,«la más española del mundo», por citar sólo algunos de los ejemplos más significativos. Las voces de los mejores periodistas, científicos, funcionarios, escritores y poetas del exilio inundaron las emisiones de un marcado acento republicano, contra la propaganda de«Radio mentiras»(RNE). La II Guerra Mundial abrió un nuevo frente para la esperanza. La derrota del nazi-fascismo se convirtió en un objetivo común para las fuerzas aliadas y la España republicana, y ello podía contribuir a la llegada de una Tercera República. Así lo manifestaba Eusebio Cimorra, locutor-periodista de las emisiones en español de Radio Moscú: «La Radio sería la vanguardia en la lucha por las mentes, por las conciencias, por la solidaridad a favor de la causa antifascista, a favor de la liberación y la independencia de los pueblos [...] Y, en el caso de la redacción española, sonaba la hora de denunciar, de atacar al régimen franquista, como criatura de Hitler, como reserva del fascismo en los Pirineos, en la nuca de Francia.

La radio del exilio continuó siendo una radio de propaganda, con la misión de cohesionar la diáspora republicana y fortalecer el espíritu de los vencidos. La palabra ante el micrófono conectaba rápidamente con el sufrimiento por la pérdida de los seres queridos. La radio actuó de altavoz psicoterapéutico, con la función de atenuar los desgarradores efectos del shock postraumático. Tras la victoria aliada en la II Guerra Mundial y el principio de la Guerra Fría en 1947, las presiones diplomáticas redoblaron sus esfuerzos para obligar a la radio del exilio no comunista (Radio París y la BBC, principalmente) a suavizar su mensaje antifranquista. Desde Moscú, Praga o Bucarest, sin embargo, la radio continuó en su apuesta más beligerante, haciendo llegar al interior la denuncia contra la dictadura, animando a la resistencia, dando noticia de lo que los medios españoles ocultaban, y abriendo en sus espacios de Correo del oyente, a través de la comunicación epistolar, una línea directa con la voz de los vencidos. Los episodios de violencia que los oyentes relataban en sus cartas impidieron el triunfo de la desmemoria y de los que querían hacer ver que la República nunca había existido. La radio del exilio contribuyó a que la amnesia colectiva programada por el régimen de Franco no tuviera unos efectos tan devastadores.


Radio España Independiente: La Pirenaica

La Pirenaica nació el 22 de julio de 1941 en Moscú bajo la dirección de Dolores Ibárruri, la Pasionaria. Uno de sus primeros objetivos editoriales fue el ataque sistemático a Franco y Falange. En 1955, dirigida por Ramón Mendezona, trasladó su sede a Bucarest. Finalizó sus emisiones en julio de 1977, tras la constitución del primer parlamento democrático, con Santiago Carrillo y la Pasionaria sentados en el Congreso de los Diputados. Fue una radio de partido y consigna. Pero no fue hasta 1962, con las primeras huelgas de Asturias, cuando La Pirenaica se convirtió en un auténtico medio de comunicación de masas, la voz más eficaz de la España antifranquista. La movilización popular conseguida por la emisora en solidaridad con los mineros asturianos y en protesta también por la ejecución de Julián Grimau en 1963 tuvo tal envergadura que muchos oyentes confiaron en que la 593 La radio del exilio republicano, voz de la resistencia Armand Balsebre emisora del PCE convocaría la huelga general definitiva que derribaría al régimen franquista. Las emisiones de La Pirenaica abordaron la problemática de los dos millones de españoles que emigraron a Europa entre 1960 y 1973 (España fuera de España); las reivindicaciones de los presos de Burgos, con textos enviados clandestinamente por los mismos reclusos (Antena de Burgos); las penurias de los hombres del campo(Almanaque campesino); los asuntos que preocupaban a la mujer, desde una perspectiva feminista (Página de la mujer y Charlas femeninas); la divulgación de las obras de los artistas, escritores, poetas y cineastas comprometidos (Domingos culturales), y la voz de los oyentes, con la lectura de fragmentos de sus cartas (Correo de la Pirenaica).

La emisora convirtió en himno de la resistencia las canciones de Chicho Sánchez Ferlosio («Gallo rojo, gallo negro») y Raimon («Diguem no»). La redacción dirigida por Ramón Mendezona («Pedro Aldámiz»), periodista y locutor de dicción perfecta, estaba compuesta, entre otros muchos, por Luis Galán en la subdirección («Bernardo Ávila»), Josefina López Sanclemente(«Pilar Aragón»), Federico Melchor, Victòria Pujolar («Montserrat Canigó»), Jordi Solé Tura («Alberto Prats», «Mateo Oriol»), Roberto Carrillo, José Antonio Uribes, Pedro Felipe, Gregorio Aparicio, Melquesidez Rodríguez Chaos, Baudelio Sánchez («Jorge del Prado», quien dio la noticia de la muerte de Franco), Esperanza González y María Luisa Moreno (controlando lo que se decía por RNE), Teresa Pàmies («Núria Pla») desde París o Praga, Eusebio Cimorra («Ezequiel Cámara») desde Moscú, y la colaboración de muchos corresponsales que actuaban clandestinamente desde España, como los miembros de las redacción de Madrid: Armando López Salinas, Antonio Ferres, Carlos Álvarez o Andrés Sorel («Manuel Castilla»), dirigidos por Francisco Barrio («Jacinto Mestres»).

Las emisiones bisemanales en catalán tuvieron un apartado preferente en La Pirenaica, junto a las emisiones semanales en euskera («Antena de Euzkadi») y gallego («De Ribadeo a Tui»). La canción de Raimon «Al vent» fue la sintonía que abría en los años sesenta el espacio en lengua catalana, inaugurado unos años antes por Emili Vilaseca. Le sucedieron, hasta 1970, las voces de Victòria Pujolar, Jordi Solé Tura, Marcel Plans («Pere Sabater») y Esther Berenguer. El exseminarista vasco y extrabajador de la empresa Orbegozo José María Juaristi («Mikel Antía»), en las emisiones en euskera, informó en 1970 de muchos detalles del proceso de Burgos, con grabaciones realizadas desde la misma sala del juicio, algo imposible de escuchar en la radio española. Las emisiones en gallego tuvieron como responsable a partir de 1970 al vigués Roxelio Gómez Pousa. Los más veteranos pertenecían al exilio comunista de 1939, como Mendezona, Melchor, Cimorra o Josefina López. Mendezona, antiguo director de Mundo Obrero, fue reclutado para La Pirenaica tras su paso por las emisiones en castellano de Radio Moscú. Algunos, como Melchor y su esposa, Victòria Pujolar, se incorporaron a Bucarest en 1959, tras su exilio en Toulouse y Praga. Pujolar se había fugado de la cárcel de mujeres de Barcelona en 1945.

El éxito de las campañas de REI a favor de los mineros asturianos en 1962 motivó la reestructuración del Servicio de Interferencia Radiada (SIR), dependiente del ministro Luis Carrero Blanco, con el objetivo de que ningún español en el interior pudiera escuchar la emisora. Los equipos de interferencias hicieron más difícil la escucha de la radio del exilio en los grandes centros urbanos, una tarea en la que colaboraron eficazmente las trece antenas de la emisora de la CIA, Radio Liberty, erigidas en la playa de Pals (Gerona)como un muro infranqueable para la señal de la emisora comunista de Bucarest.

En silencio, con las luces apagadas
bajo las miradas vigilantes
los oídos prestos y atentos
para saber lo que realmente ocurre

las ondas trasmiten la verdad silenciada
lo que el régimen calla, realidades distantes
tan cercanas, hechos y momentos
mientras el mundo cambia y la vida transcurre

palabras y melodías que rompen los muros de la censura
mostrando la verdadera realidad, mostrando lo callado
Pirenaica en las ondas, Radio España Independiente

rompiendo los muros, grieta frente al silencio de la dictadura
voz de los perseguidos, de aquellos que perdieron, de los derrotados
pero nunca vencidos, nunca doblegados, resistiendo en el frente