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jueves, 19 de julio de 2018

LA GENERACIÓN DEL 98

La Generación del 98 está formada por un grupo de escritores que, nacidos entre 1864 y 1875, tienen una formación intelectual bastante semejante, un estilo con aspectos comunes que rompe con la literatura anterior, un acontecimiento que los aglutina: el desastre de 1898, y un guía espiritual reconocido por todos, Miguel de Unamuno.

El origen del grupo que conforma la Generación del 98 estuvo constituido principalmente por tres autores: Pío Baroja, Ramiro de Maeztu y Azorín. Además de estos tres destacados escritores, también debemos mencionar a Miguel de Unamuno, Antonio Machado, Ramón María del Valle-Inclán y Ángel Ganivet, entre otros muchos.

CONTEXTO HISTÓRICO

El siglo XIX termina con una grave crisis: el final del imperio colonial español: España pierde Cuba, Puerto Rico y Filipinas. Este acontecimiento provocó una ola de indignación y protesta que se manifestó en literatura a través de los escritores de la Generación del 98, cuyos principales componentes fueron: Miguel de Unamuno, Pío Baroja, Azorín, Antonio Machado y Valle- Inclán. Es Azorín quien propone esta denominación en unos artículos de 1913; aunque la idea fue rechazada inicialmente por algunos miembros de la generación como Baroja, el concepto se impone finalmente. Todos ellos adoptaron una actitud crítica ante la situación política y social del momento. Son precisamente algunos de estos autores los que marcan un cambio en la narrativa, a partir de 1902: Azorín con La voluntad, Baroja con Camino de perfección, Unamuno con Amor y Pedagogía y Valle-Inclán con Sonata de otoño: inician un camino innovador, alejándose del Realismo y buscando la expresión de la realidad personal e interior, bajo la influencia de la filosofía pesimista de Schopenhauer.

 
 Rasgos de esta novela son:
  • La historia, lo que se cuenta, pierde importancia. Las acciones son mínimas y el espacio yel tiempo están poco definidos.
  • Interesa el mundo interior del protagonista, estados anímicos, reflexiones...
  • El protagonista es un inadaptado, antiburgués, rebelde, amoral, fracasado, que a veces llega a la destrucción total
  • Narración fragmentada: selección de momentos significativos mezclados con reflexiones.
  • Reaparición de la novela dramatizada o dialogal (el narrador cede la voz a los personajes:diálogos, monólogos...)

RASGOS GENERALES

La mayor parte de componentes del grupo seguían una ideología de izquierdas, socialista o anarquista. Su rebeldía y espíritu progresista marcaron también muchas de sus obras. La Generación del 98 se consideraba a sí misma regeneracionista, un movimiento intelectual que meditaba sobre las causas de la decadencia en España.

  • Evolución de ideas políticas:  El denominado "grupo de los tres"(Baroja, Azorín y Maeztu) y Unamuno evolucionan desde una juventud revolucionaria radical hasta actitudes plenamente conservadoras o francamente reaccionarias; en cambio, Antonio Machado y Valle-Inclán experimentan un proceso radicalmente inverso: de sus actitudes conservadoras iniciales evolucionaron hasta una madurez comprometida con la Segunda República y el Frente Popular.
  • Intentaron aclimatar en España las corrientes filosóficas del irracionalismo europeo, en particular de Friedrich Nietzsche (Azorín, Maeztu, Baroja, Unamuno), Arthur Schopenhauer (especialmente en Baroja), Sören Kierkegaard (en Unamuno) y Henri Bergson (Antonio Machado).
  • Europeísmo y gusto por lo castizo: En una primera propuesta hubo un intento de elevar España a la altura de Europa (europeizar España). Esto significaba abrirse a las corrientes modernas de pensamiento y vivir en un espacio amplio y sin fronteras.
  • El amor a España llevó a los noventayochistas a profundizar en el conocimiento de lo español. Ven la autenticidad de España en la Castilla medieval, libre, poderosa e invicta.
  • Sobriedad: los noventayochistas huyen de la grandilocuencia retórica y buscan la máxima claridad y llaneza. Su afán de expresividad les lleva a buscar términos poco frecuentes o arcaísmos.
  • Subjetivismo: la evolución del problema de España hacia posturas intimistas los lleva a la subjetividad y a una visión introspectiva de la realidad.
  • Idealización del paisaje: el paisaje castellano se convierte en el símbolo del alma española.
  • La preocupación por los problemas de España les hace subordinar la forma al contenido, por lo que recurren preferentemente al ensayo.
  • Reflexiones filosóficas: al producirse una interiorización de la crisis general del país, los noventayochistas reflexionan sobre el sentido de la vida, la religión, la existencia de Dios, el tiempo, etcétera.
  • Realización de actos públicos: Visita a la tumba de Larra (1901), manifestación contra la concesión del Premio Nobel a Echegaray (1904)

Recordando a Unamuno, Baroja y Azorín
Entre otros destacados de la 98 generación
Destacamos sus novelas sin fin
Recordando sus figuras para la ocasión

Eran un grupo preocupado por España
Influenciados por Castilla
Buscando entre sus villas
La solución a los males de nación

entre Nietzsche y Schopenhauer y su filosofía
entre la moderna Europa y la castiza Castilla en España
en las visitas a la tumba de Larra transcurrían
sus ideas, sus escritos y sus hazañas

Y a pesar de la evolución de sus ideas y pensamientos
y de la persecución que algunos sufrieron
siguen siendo recordados,  nunca murieron
dejaron su huella en la historia, retratando su momento

En la historia y en la literatura dejaron su huella y su legado
Abriendo nuevas arcas para futuras generaciones
recordando una época y tiempo pasado
en las novelas, obras, poesías y canciones

domingo, 27 de julio de 2014

ANTONIO MACHADO

Este poeta sevillano nacido en 1875 dejó un gran legado dentro del Modernismo español y formó parte de la denominada Generación del 98, siendo elegido miembro de número de la Real Academia Española. Algunos de sus libros publicados más importantes fueron "Soledades", "Campos de Castilla" y "La Guerra".

Resumió su infancia como «recuerdos de un patio de Sevilla / y un huerto claro donde madura el limonero». Poco duró aquella primera etapa andaluza. Su familia se trasladó a Madrid cuando Antonio tenía ocho años. Allí estudió en la Institución Libre de Enseñanza junto a su hermano Manuel, un año mayor. Deslumbrados por la vida bohemia de la capital, participaban en tertulias literarias y acudían a cafés y tablaos. Entablaron relación con intelectuales y artistas y comenzaron a escribir, primero en algunas revistas de la época, como Helios o Blanco y Negro, y luego como autores teatrales. Firmaron a cuatro manos obras dramáticas como 'La Lola se va a los puertos', antes de que las diferencias ideológicas abrieran un abismo insalvable entre ambos.

Realizó sus estudios en la Institución Libre de Enseñanza y posteriormente completa sus estudios en los institutos San Isidro y Cardenal Cisneros. En 1893 publicó sus primeros escritos en prosa, mientras que sus primeros poemas aparecieron en 1901. Las penurias económicas familiares por la muerte de su padre, primero, y de su abuela paterna -doña Cipriana Álvarez-, después, lo llevaron a una vida bohemia y disipada de teatro, tertulias de café… no acabó el bachillerato hasta el año 1900. Viajó a París en 1899,donde conoció a Oscar Wilde y descubrió la obra de Verlaine, cuyo influjo simbolista zarandeó sus cimientos como poeta emergente. ciudad que volvió a visitar en 1902, año en el que conoció a Rubén Darío, del que será gran amigo durante toda su vida.

En Madrid participó del mundo literario y teatral, formando parte de la compañía teatral de María Guerrero y Fernando Díaz de Mendoza. En 1907 obtiene la cátedra de Francés en Soria. Tras un viaje a París con una beca de la Junta de Ampliación de Estudios para estudiar filosofía con Bergson y Bédier, fallece su mujer - con la lleva casado tres años - y este hecho le afecta profundamente. Pide el traslado a Baeza, donde continúa impartiendo francés entre 1912 y 1919, y posteriormente se traslada a Segovia buscando la cercanía de Madrid, destino al que llega en 1932. Durante los años que pasa en Segovia colabora en la universidad popular fundada en dicha ciudad.

En 1927 ingresó en la Real Academia y un año después conoció a la poetisa Pilar de Valderrama, la "Guiomar" de sus poemas, con la que mantiene relaciones secretas durante años. Nunca llegó a pronunciar el discurso de ingreso. Durante los años veinte y treinta escribió teatro en compañía de su hermano, también poeta, Manuel, estrenando varias obras entre las que destacan La Lola se va a los puertos, de 1929, y La duquesa de Benamejí, de 1931. En 1932 recibe un homenaje en su querida Soria ). Cuando estalló la Guerra Civil española estaba en Madrid. Posteriormente se trasladó a Valencia, y Barcelona, y en enero de 1939 se exilió al pueblo francés de Colliure, donde murió en febrero

Durante los años veinte y treinta escribió teatro en colaboración con su hermano Manuel.

“Aquellas horas, Dios mío, tejidas todas ellas con el lino más puro de la esperanza, cuando unos pocos viejos republicanos izamos la bandera tricolor en el Ayuntamiento de Segovia!…” A. Machado

Con las primeras hojas de los chopos y las últimas flores de los almendros, la primavera traía a nuestra República de la mano"
A. Machado

Con estas palabra, seis años después y en plena guerra, recordará Antonio Machado lo que para él significo la proclamación de la República.

Afiliado desde el año 1926 a Acción Republicana y posteriormente a Izquierda Republicana en aquella fusión promovida desde el republicanismo por D. Manuel Azaña, D. Antonio dedicó los años que le quedaban de vida a luchar con su pluma y su verso por el desarrollo y mantenimiento de la República.

RECUERDO: EL 14 DE ABRIL EN SEGOVIA 

Era un hermoso día de sol. Con las primeras hojas de los chopos y las últimas de los almendros llegaba, al fin, la segunda y gloriosa República Española. ¿Venía del brazo de la primavera? La canción infantil que yo oía cantar, o soñé que se cantaba en aquellas horas, lo decía de este modo:

La primavera ha venido
y don Alfonso se va.
Muchos duques lo acompañan 
hasta cerca de la mar.
Las cigüeñas de las torres
quisieron verlo embarcar.
Fue un día profundamente alegre, muchos que éramos viejos no recordábamos otro más alegre, un día maravilloso en que la naturaleza y la historia parecían fundirse para vibrar juntas en el alma de los poetas y en los labios de los niños. 

Mi amigo Antonio Ballesteros y yo alzamos juntos la bandera tricolor en el Ayuntamiento. Se cantó la Marsellesa, sonaron los compases del Himno de Riego. La Internacional no había sonado todavía. Era muy legítimo nuestro regocijo. La República había venido por sus cabales, de un modo perfecto, como resultado de unas elecciones. Todo un régimen caía sin sangre, para asombro del mundo. Ni siquiera el crimen profético de un loco, que hubiera eliminado a un traidor, turbó la faz de aquellas horas. 
La República salía de las urnas acabada y perfecta, como Minerva de la cabeza de Júpiter".

Así recuerdo yo el 14 de abril de 1931.

Desde aquel día –no sé si vivido o soñado- hasta el día de hoy, en que vivimos demasiado despiertos y nada soñadores, han transcurrido seis años repletos de realidades que pudieran estar en la memoria de todos. Sobre esos seis años escribirán los historiadores del porvenir muchos miles de páginas, algunas de las cuales, acaso, merecerán leerse. Entre tanto, yo los resumiría con unas pocas palabras.

Unos cuantos hombres honrados, que llegaban al poder sin haberlo deseado, acaso sin haberlo esperado siquiera, pero obedientes a la voluntad progresiva de la nación, tuvieron la insólita y genial ocurrencia de legislar atenidos a normas estrictamente morales, de gobernar en el sentido esencial de la historia, que es del porvenir. Para estos hombres eran sagradas las más justas y legítimas aspiraciones del pueblo; contra ellas no se podía gobernar, porque el satisfacerlas era precisamente la más honda razón de ser de todo gobierno.

Y estos hombres, nada revolucionarios, llenos de respeto, mesura y tolerancia, ni atropellaron ningún derecho ni desertaron de ninguno de sus deberes. Tal fue, a grandes rasgos, la segunda gloriosa República española, que terminó, a mi juicio, con la disolución de las Cortes Constituyentes. Destaquemos este claro nombre representativo: Manuel Azaña..

Extracto de sus escritos en Rocafort en abril de 1937 (ver foto 4) en los que el poeta recuerda la proclamación de la República en Segovia y analiza los seis años de la II República.

Es uno de los impulsores de las Misiones Pedagógicas, iniciativa lanzada en mayo de 1931 por el Gobierno Provisional. El 7 de abril de 1934 encabeza la firma de un manifiesto “Contra el terror nazi” y a favor del excarcelamiento del dirigente comunista alemán Thaelmann, preso e incomunicado por el régimen. “A partir de estos momentos, consciente del peso de su nombre y de la obligación moral de ponerlo al servicio de la democracia, Machado no dudará en firmar todos los manifiestos antifascistas que se le pongan por delante. Quizás ningún intelectual de la República hará tanto en este sentido.”

A principio de 1935 se produce la invasión de Abisinia por la Italia fascista y el 6 de noviembre Machado firma una enérgica protesta contra la acción italiana. Hechos de esta índole se suceden a lo largo de los años hasta febrero de 1939. Nada más comenzar la guerra se funda en Madrid la Alianza de Intelectuales Antifascistas. Machado se adhiere a ella enseguida.

En la Guerra Civil permanece en Madrid participando en las publicaciones republicanas y haciendo campaña literaria. En 1939 es evacuado a Valencia, donde colabora en Hora de España y participa en el Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura, y de allí a Barcelona, desde donde cruza los Pirineos hasta Coillure. Allí fallece al poco tiempo de su llegada.

Fue un 22 de febrero, frío y lluvioso, en Colliure, el pequeño pueblito del sur de Francia, cuando cansado y desgastado por la enfermedad y el dolor de una España asesinada, (como años después, en 1973, le ocurriera a otro poeta viejo y hundido como él por saber a su país traicionado y vendido por otro dictador, el general felón Pinochet), en que muere Antonio Machado tal y como había predicho mucho antes en su poema Retrato:

“Y cuando la hora llegue del último viaje,
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar.”

lunes, 14 de abril de 2014

14 DE ABRIL: FECHA HISTÓRICA DE LOS REPUBLICANOS

El 14 de abril es un día de celebración para todos los republicanos y debería serlo a nivel nacional.
El 14 de abril de 1931 se proclamó la Segunda República española, enviando al exilio a la monarquía de Alfonso XIII, quien había apoyado el golpe de estado de Primo de Rivera, perpetuando el caciquismo y la corrupción mientras el pueblo pasaba hambre y vivía en condiciones de absoluta miseria.

Tras la convocatoria de elecciones del 12 de abril, los republicanos ganaron en las poblaciones urbanas, rompiendo así el sistema de turnismo implantado por Cánovas en el s. XIX y, gracias la impulso del Pacto de San Sebastián, la república española pudo asentarse como un régimen democrático en un momento donde los sistemas democráticos desaparecían y surgían movimientos totalitarios como el fascismo o el nazismo. España se convirtió en una pequeña isla democrática dentro de un mapa europeo lleno de dictaduras militares de carácter fastiszoides o simplemente dictaduras fascistas.


ANTECEDENTES HISTÓRICOS

El ascenso al trono de Alfonso XIII en 1902 coincidió con un periodo de máxima decadencia tras la derrota en Cuba y Filipinas. Los intentos de recuperación económica se vieron frenados por la conflictividad social y por las continuas derrotas del ejército en Marruecos, donde España trató de recuperar el prestigio internacional perdido en la guerra de 1898 por medio de una campaña colonial desesperada en las exiguas posesiones africanas que le habían correspondido en el reparto del continente. 

Varios fueron los problemas que conmocionaron la vida pública española en 1917: 
  • Deterioro de la economía: la prosperidad generada por el comercio con las potencias beligerantes comenzaba a dar muestras de flaqueza a medida que la Gran Guerra llegaba a su fin.
  • Descontento de los militares: estaban insatisfechos por el sistema de promociones y por los continuos fracasos en la campaña de Marruecos.
  • Agotamiento del sistema electoral corrupto impuesto por la Restauración, lo que llevó a protestar a los diputados liberales y a pedir un cambio de la Constitución.
  • Auge de los nacionalismos, sobre todo en Cataluña.
  • Un movimiento obrero cada vez más importante, debido al descontento por la pobreza, el paro y la guerra colonial interminable.
  • Para afrontar la crisis se establecieron, entre 1917 y 1919, varios Gobiernos de concentración nacional, que se mostraron incapaces de solucionar los problemas del país.
  • La España de principios del siglo XX conoció un cierto grado de desarrollo industrial que cambió las estructuras sociales y dividió a la población en dos grupos básicos. 
  • La oligarquía dominante, formada por ricos empresarios y la nobleza, que acaparaba casi todos los recursos del país.
  • El proletariado agrícola e industrial, mayoritario y muy empobrecido. La clase media era reducida y de poca relevancia social.
  • El auge del movimiento obrero, especialmente del anarquismo, condujo a una serie de protestas en defensa de mejoras laborales y sociales que fueron duramente reprimidas por la Policía, el ejército y los pistoleros a sueldo de la patronal. Algunos partidos de izquierda respondieron organizando sus propios grupos armados.
A nivel internacional, los resultados no pudieron ser más desalentadores: 
  • Continuas derrotas del ejército español en el norte de Marruecos, frente a las tribus del Rif, mal equipadas pero conocedoras del terreno y más motivadas para el combate.
  • Sangría permanente de hombres, dinero y recursos en una guerra que no reportaba ningún beneficio para España.
  • Descontentos populares por la gran mortandad de soldados y el despilfarro militar, que actuaba como freno al desarrollo industrial. Especialmente graves resultaron los sucesos de 1909 durante la Semana trágica de Barcelona, protesta contra la movilización de soldados que se saldó con una represión brutal.
Desde el punto de vista militar, la guerra se prolongó desde 1909 a 1927. El acuerdo con Francia en 1904 había dividido el territorio marroquí en dos zonas de influencia, quedando la franja norte bajo la supervisión de España. Las tropas españolas, mal equipadas y desmoralizadas, sufrieron gravísimas derrotas en 1909 (Barranco del Lobo) y 1921 (Annual), ésta frente al líder rifeño Abd el Krim. En 1926, la intervención del ejército francés puso fin a la guerra. Abd el Krim se entregó al mando francés y España consiguió, durante el año siguiente, controlar su parte del protectorado marroquí.


Los años Veinte: Del desastre de Annual a la Dictadura de Primo de Rivera y la caída de la monarquía 

La situación interna tras el desastre de Annual (1921) entró en una espiral de conflictividad caracterizada por: 
  • El fracaso de las reformas democratizadoras.
  • El aumento del desempleo.
  • Las huelgas obreras y campesinas.
  • La impopularidad de la campaña de Marruecos.
El desastre de Annual (1921), marcó el punto crítico en una situación política insostenible. Dos años más tarde, con el apoyo del rey y de los empresarios catalanes, el general Primo de Rivera, que había sido ministro de la Guerra, instauró una dictadura militar con el propósito de restaurar la deteriorada situación del país. Su gobierno se basó en los siguientes puntos: 
  • Suspensión de las garantías constitucionales.
  • Disolución de las Cortes.
  • Prohibición de partidos políticos y sindicatos.
El poder se concentró en el general, que desde 1924 contó con el apoyo de la Unión Patriótica, partido único inspirado en las ideas fascistas que comenzaban a imperar en Italia. El objetivo de la Unión Patriótica era acoger en el Gobierno a elementos civiles conservadores y así equilibrar el predominio de los militares del primer ejecutivo que formó Primo de Rivera. 

La dictadura consiguió pacificar la vida pública del país a costa de una durísima represión, al tiempo que daba por terminada la guerra de Marruecos gracias a la intervención francesa. La industrialización cobró cierto auge y la economía se recuperó. Sin embargo, la mayor parte de los problemas sociales continuaba en plena ebullición. Perdido el apoyo de los catalanes, del ejército y del rey, el general Primo de Rivera fue destituido en 1930.

Una vez destituido el general Primo de Rivera, Alfonso XIII trató de restablecer el sistema electoral fraudulento basado en las ideas de la Restauración . Sin embargo, la pervivencia de una monarquía desprestigiada era ya insostenible. El apoyo que dio Alfonso XIII al dictador Primo de Rivera desprestigió la imagen de la monarquía ante la sociedad española. 

Varios fueron los problemas que precipitaron la abdicación de Alfonso XIII: 
  • Decadencia del sistema tradicional de turno de partidos.
  • Ascenso de las organizaciones de izquierda, en especial los grupos de tendencia republicana.
  • Crisis económica.
  • Grave atraso de las zonas rurales.
  • Conflictos sociales generalizados: terrorismo patronal y sindical; enfrentamientos armados entre grupos extremistas de izquierda y derecha, sobre todo en Madrid y Barcelona.
Miguel Primo de Rivera y Alfonso XIII

El pacto de San Sebastián

El 17 de agosto de 1930 tuvo lugar el Pacto de San Sebastián, un encuentro entre los diferentes partidos políticos para poner fin a la monarquía y acabar con la dictadura militar del general Dámaso Berenguer, que había recibido el apoyo del rey Alfonso XIII, al igual que su predecesor, Miguel Primo de Rivera.

La dimisión de Primo de Rivera vino marcada por la crisis económica provocada por la devaluación de la peseta y el intento de golpe de estado de un grupo de militares contrarios a él. La «dictablanda» de Berenguer presentaba muchas dudas y solo se veía como un plan provisional de Alfonso XIII para intentar continuar en el poder. Pero la república era inminente y las fuerzas políticas que buscaban instaurar un gobierno democrático se reunieron para conseguirlo. El rey Borbón había perdido apoyos importantes en ese periodo, como el de Niceto Alcalá-Zamora, que se unió al resto de partidos en el Pacto de San Sebastián. El casino de la ciudad vasca fue el lugar elegido para la reunión de los precursores de la Segunda república. Entre ese grupo de políticos destacaban figuras tan relevantes como Alejandro Lerroux, Miguel Maura, Manuel Azaña e Indalecio Prieto. Aunque no estuvieron en ese encuentro, unos meses más tarde la UGT y el PSOE también se sumaron al pacto. La única formación que no acudió a San Sebastián fue el Partido Federal Español, que estaba en pleno proceso de reconstrucción interna y había perdido gran parte de su influencia en los últimos años.

Pacto de San Sebastián

La dictablanda de Berenguer

La dictablanda fue el último periodo de la Restauración borbónica de Alfonso XIII, comprendiendo dos gobiernos: primero el del general Dámaso Berenguer (1930-1931), quien intentó restablecer la "normalidad constitucional" tras la dictadura de Primo de Rivera, y luego el del almirante Juan Bautista Aznar, que facilitó el paso a la proclamación de la Segunda República española en 1931. El término "dictablanda" se usaba irónicamente para referirse a un régimen menos riguroso que la dictadura anterior. 

Ante una crisis política de difícil solución, el Almirante Aznar formó un Gobierno de concentración monárquica con la colaboración de los regionalistas, prometió convocar elecciones, empezando por las municipales, y dar a las nuevas Cortes el carácter de Constituyentes. También incluía en su programa de gobierno la revisión de la Constitución y la autonomía de Cataluña. Pero, si el Gobierno Berenguer había sido homogéneo y disciplinado, el presidido por Aznar fue radicalmente contrario. En él estaban representados todos los monárquicos y, dada su heterogeneidad y falta de dirección, ni siquiera parecía un gobierno. No calmó a la opinión pública y los disturbios universitarios continuaron. La convocatoria de elecciones municipales la llevó a cabo rápidamente. Se celebraron el 12 de abril y la jornada electoral fue concebida por los republicanos como un plebiscito a favor o en contra de la Monarquía. Los últimos datos que tuvo el Marqués de los Hoyos antes de la proclamación del nuevo régimen señalaban un total de 22.150 concejales monárquicos y 5.875 antimonárquicos. En ocho provincias, entre ellas las cuatro catalanas, el número de concejales republicanos era superior al de los monárquicos. Las capitales de provincia habían proporcionado una clara victoria a las izquierdas. Las diferencias en votos a favor de los antimonárquicos eran todavía mayores que en concejales. El sistema caciquil había colapsado y por primera vez en España el Gobierno era derrotado en unas elecciones. Habían votado aquellas zonas en las que existía opinión pública y se habían pronunciado en contra de una Monarquía que sólo estaba representada a nivel local por los caciques. En el medio rural no se había votado por la Monarquía, se había continuado sin votar, como demuestra el hecho de que se aceptó de manera pasiva el cambio de régimen.

General Dámaso Berenguer y Almirante Juan Aznar

Los resultados de las elecciones del 12 de abril, dieron el triunfo a las candidaturas republicano-socialistas en 41 de las 50 capitales de provincia. La ciudadanía madrileña, cuando comenzaron a conocerse los resultados, se echó a la calle para proclamar la República. 

El Gobierno provisional, al recibir sus poderes, manifestó que dado el origen democrático de su poder y en razón de la responsabilidad en que deben moverse los órganos del Estado, someterá su actuación colegiada e individual al discernimiento y sanción de las Cortes Constituyentes. Igualmente, el Gobierno, adoptó como norma depuradora de la estructura del Estado, someter, en defensa del interés público, a juicio de responsabilidad, los actos de gestión y autoridad pendientes de examen, desde la disolución del Parlamento en 1923: así como abrir expediente de revisión en los órganos oficiales, civiles y militares, a fin de que no resulte consagrada la prevaricación ni acatada la arbitrariedad habitual en el régimen que termina.


LAS CONQUISTAS REPUBLICANAS

Sin embargo, la época clave de la política española fue la Segunda República. Pongámonos en el contexto histórico: Durante el verano de 1930 los partidos de izquierda firmaron el pacto de San Sebastián, por el que se comprometían a colaborar en el establecimiento de un régimen republicano. 

Apenas un año más tarde, y en medio de un clima particularmente tenso, se celebraron unas elecciones municipales que dieron la victoria en las principales ciudades a las organizaciones republicanas. El Rey, advertido por los resultados, decidió abdicar con el propósito de evitar el derramamiento de sangre. El día 14 de abril de 1931 se proclamó la II República en todo el territorio español. 


En junio de 1931 se celebraron elecciones a las Cortes Constituyentes de la República. El resultado fue de abrumadora mayoría para la coalición de partidos socialistas y republicanos, los cuales elaboraron una nueva Constitución que fue aprobada en el mes de diciembre. 

El nuevo texto constitucional incluía los siguientes puntos:
  • Reconocimiento de las libertades y derechos ciudadanos.
  • Sistema unicameral (Congreso de los Diputados).
  • Sufragio universal igualitario, con derecho de voto para las mujeres.
  • Reconocimiento del derecho a la autonomía de las regiones y carácter cooficial de las lenguas catalana, vascuence y gallega.
  • Libertad de cultos y separación entre el Estado y la Iglesia. España se convertía en un país laico.
  • Creación del concepto de «utilidad social», como base para la expropiación de los grandes latifundios.
El principal objetivo de la nueva ordenación republicana fue hacer de España un país moderno, industrializado e integrado en el concierto internacional. Para ello era necesaria una reforma generalizada de todos los aspectos de la vida del país: 
  • Democratización de la actividad política.
  • Reforma agraria.
  • Industrialización, basada en una relación justa entre patronal y trabajadores.
  • Solución de los problemas regionalistas mediante la concesión de autonomías.
  • Supresión de la influencia de la Iglesia.
  • Modernización del ejército.
La política reformista del gobierno republicano encontró gran resistencia por parte de la derecha, agrupada en la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA), y por la Unión Militar Española (fundada en 1933), que englobaba a los sectores más conservadores del ejército.

¿Qué provocó la llegada de la Segunda República? Principalmente fue el reconocimiento de una serie de derechos y deberes que antes eran exclusivos de las clases dominantes. La Segunda República fue la primera vez en la que el jornalero y el obrero tenían voz y voto y eran tratados humanamente. El movimiento obrero se politizó al pedir mejoras en sus condiciones laborales: era la primera vez en España que se podía hablar de política: La ley electoral es fundamental para el asentamiento de la nueva  democracia. La antigua ley estaba dominada por las oligarquías del país, sobre todo en el campo. La ley electoral se reforma para votar las nuevas Cortes constituyentes, sin las presiones de la coacción caciquil, ni la compra de votos. Lo más importante de la nueva ley es el sufragio universal, que concede el voto a las mujeres y que les permite, por primera vez, acceder a las Cortes, de las que entran a formar parte desde el principio. Además, se extiende a toda la provincia el mismo sistema electoral que se aplicaba a las ciudades, es decir, se votan tantos diputados como se tienen asignados, en contra del voto restringido que dominaba anteriormente.

Estos diputados están representados en el Parlamento, cuya tarea principal es hacer una constitución que sea ley fundamental. Esta es una novedad en el constitucionalismo español, es la primera vez que todas las leyes han de supeditarse a la constitución. 

Quizás lo más llamativo de la república es el cambio social que se produce en España. La derecha tratará de consolidar la revolución liberal con un régimen parlamentario democrático, lejos de la monarquía constitucional, y a la manera del resto del mundo. La izquierda tratará de fomentar las transformaciones sociales hasta conseguir las condiciones propicias para una revolución social. Se trata de seguir el ejemplo de la URSS, y los momentos cumbres son la revolución de Asturias en de 1934 y los sucesos Casa Viejas.

Con la Proclamación de la II República el 14 de abril de 1931 se abría en España una etapa democrática de grandes avances sociales para la población pero tal vez especialmente para las mujeres, un camino hacia la igualdad en una época de reivindicaciones feministas.

El 9 de diciembre de ese mismo año, el Congreso de la II República aprobó su Constitución, un texto legal avanzado que concedía a la ciudadanía un amplio catálogo de derechos civiles inéditos hasta ese momento.

Define al país en su artículo 1 como “una República democrática de trabajadores de toda clase, que se organiza en régimen de Libertad y de Justicia.” En su artículo 2 proclamaba la igualdad de todos los españoles ante la ley y en el tercero la laicidad del Estado: “El Estado español no tiene religión oficial”.

Avanzando en el texto constitucional de 1931, encontramos otro artículo, el 25, que cita expresamente la igualdad de todas las personas independientemente de su sexo “No podrán ser fundamento de privilegio jurídico: la naturaleza, la filiación, el sexo, la clase social, la riqueza, las ideas políticas ni las creencias religiosas. El Estado no reconoce distinciones ni títulos nobiliarios”.


Derechos para las mujeres

A partir de la igualdad proclamada en los artículos 2 y 25, la II República desarrolla una legislación que va a dotar a las mujeres de una posición de igualdad legal que nunca antes había alcanzado y que dará lugar a que la mujer ocupe espacios de poder reservados hasta ese momento exclusivamente a los hombres.

El desarrollo de esta legislación y el reconocimiento de la igualdad legal responden también a las demandas de un activo movimiento feminista que desde la década de los años 20 y a través de distintos colectivos de mujeres (colectivos culturales, políticos, sindicales) reclamaron derechos y un lugar en la sociedad que les había estado vetado hasta ese momento.

También se le reconoció a la mujer igualdad en derechos laborales y el igual acceso a empleos y cargos públicos; concretamente, el artículo 46 de la Constitución del 31 asegura a todo trabajador, hombre o mujer, la regulación de “los casos de seguro de enfermedad, accidentes, paro forzoso, vejez, invalidez y muerte; el trabajo de las mujeres y de los jóvenes y especialmente la protección a la maternidad; la jornada de trabajo y el salario mínimo y familiar; las vacaciones anuales remuneradas;…”; lo que obligó a prohibir las cláusulas de despido por maternidad o matrimonio.

Entre 1931 y 1935, 741.771 trabajadoras tuvieron acceso al Seguro Obligatorio de Maternidad.  Esta voluntad igualitaria de la II República se reflejó en numerosas reformas legales en los ámbitos de la maternidad, la familia, el trabajo y la educación que consolidaron los derechos de las mujeres. Un dato estadístico que habla de esta decidida apuesta de los gobiernos de centro-izquierda de la República es la afiliación de esas trabajadoras al Seguro Obligatorio de Maternidad que introdujo un servicio estatal de atención sanitaria, de descanso maternal y de subsidios a las madres trabajadoras.


Derechos para los Trabajadores 

Las reformas más importantes fueron la ley del Contrato de Trabajo de 1931, que derogó el Código de Trabajo de 1926 y la Ley de Jurados Mixtos.

En 1931 se crearían también el Tribunal Central de Trabajo y la Sala de lo Social del Tribunal Supremo. Y se dotaría a todas las provincias de Inspectores de Trabajo.

Las primeras reformas en este campo fueron acordadas por el Gobierno Provisional a propuesta del Ministro de Trabajo, el socialista Francisco Largo Caballero, a la par líder de la UGT, que continuó con el mismo cargo en el Gobierno de Azaña.

Las dos piezas básicas de su proyecto de regulación de las relaciones laborales, la Ley de Contratos de Trabajo y la de Jurados Mixtos, fueron muy contestadas tanto por la CNT como por los patronos.

El número de huelgas y de incidentes violentos a consecuencia de ellas (que crearon graves problemas de orden público) se fue incrementando a lo largo del primer bienio de la República, a causa fundamentalmente de la negativa de la CNT a utilizar los mecanismos oficiales de conciliación.

Lo que estaba en juego eran dos modelos sindicales: socialista y anarcosindicalista, casi opuestos, que además seguían teniendo una presencia diferente en las diversas regiones, pues si los socialistas eran preponderantes en Madrid, Asturias y el País Vasco, los anarquistas lo eran en Andalucía, Valencia y Cataluña.

Los patronos también se movilizaron contra la reforma socio-laboral de Largo Caballero. Así, a finales de enero de 1933, en plena crisis política por los sucesos de Casas Viejas, la Confederación Patronal Española dirigió una carta abierta a Azaña en la que señalaba la “vertiginosa rapidez” con que iba siendo aprobada la nueva legislación social y se quejaba de los Jurados Mixtos que prácticamente siempre daban la razón a los obreros, gracias al voto del representante del Ministro de Trabajo que deshacía los empates. En parecidos términos se expresó la Unión Económica, que agrupaba a empresarios y economistas, que se quejó de las tendencias “socialistas” del Gobierno. Estas movilizaciones confluyeron en una asamblea económico-social celebrada en Madrid en julio de 1933, en la que se pidió la salida de los socialistas del gobierno, a los que hacían responsables de la «ruina de la economía» por el aumento de los costes (a causa de los incrementos de los salarios) y de la intervención obrera (la «socialización en frío» la llamaban) y por su ineficacia para detener y reducir el número de huelgas y garantizar la paz social.

Así pues, las primeras reformas en este campo fueron acordadas por el Gobierno Provisional a propuesta del ministro de Trabajo, el socialista Francisco Largo Caballero, cuyo proyecto consistía en crear un marco legal que reglamentara las relaciones laborales y afianzará el poder de los sindicatos, especialmente de la UGT, en la negociación de los contratos de trabajo y en la vigilancia de su cumplimiento.

La Ley de Contratos de Trabajo, de 21 de noviembre de 1931, regulaba los convenios colectivos (negociados por los representantes de las patronales y de los sindicatos por períodos mínimos de dos años y que obligaban a ambas partes) Contenía, además, normas sobre los salarios, y dictaminaba las condiciones de suspensión y rescisión de los contratos. Además establecía por primera vez el derecho a vacaciones pagadas (7 días al año) y protegía el derecho de huelga que, bajo ciertas condiciones, no podía ser causa de despido.

La Ley de Jurados Mixtos, de 27 de noviembre de 1931, extendía el sistema de jurados mixtos (aprobado en mayo para el sector agrario) a la industria y a los servicios. En el fondo se trataba de una reforma de la organización corporativa de la Dictadura de Primo de Rivera, en la que se ampliaban las atribuciones de los comités paritarios (en los que había participado la UGT en representación de los trabajadores). Su composición era la misma, representantes de los empresarios elegidos por las asociaciones patronales y representantes de los trabajadores representados por los sindicatos obreros, más un funcionario del Ministerio de Trabajo que era quien presidía el jurado mixto. Su misión era también: mediar en los conflictos laborales estableciendo un dictamen conciliatorio en cada caso, que si era rechazado por una de las partes el Jurado lo podía remitir al Consejo Superior de Trabajo, que era la última instancia mediadora.

En el apartado de los seguros sociales, el equipo de Largo Caballero dio un considerable impulso a su obligatoriedad y universalización, apoyándose en las recomendaciones de la Organización Internacional del Trabajo y en la labor organizativa del Instituto Nacional de Previsión. El Seguro obligatorio de Retiro Obrero pasó de tres millones y medio de trabajadores a cinco millones y medio. Asimismo, un Decreto de 26 de mayo de 1931 estableció el Seguro de Maternidad con carácter obligatorio y garantizó la asistencia sanitaria por maternidad al conjunto de las trabajadoras asalariadas. Y una Ley de octubre de 1932 estableció el seguro de accidentes de trabajo, que fijaba la cuantía de las indemnizaciones.


Reforma Agraria

El Gobierno provisional declaró en mayo de 1931 su voluntad de acometer una reforma agraria integral que facilitara la transformación social, política e industrial de España y la “posibilidad de una democracia aldeana”.

Para solucionar la difícil situación de los jornaleros desde el primer gobierno provisional se tomaron unas medidas en los llamados «Decretos agrarios» de Largo Caballero:

  • Se prohibía a los propietarios de tierras que echaran a los campesinos que arrendaban las tierras.
  • Se aplicaba también a los jornaleros las jornadas de 8 horas ya conseguidas por los obreros industriales.
  • Se obligaba a contratar para el trabajo de las tierras a jornaleros del propio municipio.
  • Se obligaba a los propietarios a cultivar las tierras bajo amenaza de confiscación para evitar que los terratenientes boicotearan a la república dejando las tierras sin cultivar.
Al mismo tiempo que se promulgaban los «decretos agrarios», una Comisión Técnica Agraria creada el 21 de mayo de 1931 había comenzado a preparar un anteproyecto de Ley de Reforma Agraria de acuerdo con la promesa hecha en el punto 5° del Estatuto jurídico del Gobierno Provisional.​

«El Gobierno Provisional declara que la propiedad privada queda garantizada por la ley; en consecuencia, no podrá ser expropiada, sino por causa de utilidad pública y previa la indemnización correspondiente. Mas este Gobierno, sensible al abandono absoluto en que ha vivido la inmensa masa campesina, al desinterés de que ha sido objeto la economía agraria del país y a la incongruencia del derecho que la ordena con los principios que la inspiran y deben inspirar las legislaciones actuales, adopta como norma de su actuación el reconocimiento de que el derecho agrario debe responde a la función social de la tierra»

El 20 de julio de 1931, sólo una semana después de la apertura de las Cortes Constituyentes, la Comisión Técnica Agraria presentó el anteproyecto que le había encargado el Gobierno Provisional. Los puntos fundamentales del mismo era que se preveía la “ocupación temporal” (aunque sin fecha de finalización) de aquellas propiedades que excedieran las 10 hectáreas en regadío y las 300 de secano por familias de jornaleros sin tierras a un ritmo de 60.000 a 75.000 por año, que las explotarían en régimen de cooperativa, a las que el Estado les proporcionaría los medios necesarios. La reforma se financiaría mediante un impuesto especial progresivo sobre los latifundios  y un Instituto de Reforma Agraria sería el encargado de su aplicación.

Rechazada la propuesta de la Comisión Técnica Agraria, una Comisión del Ministerio de Agricultura elaboró un nuevo proyecto que presentó a las Cortes Constituyentes el 25 de agosto de 1931. El principio de la nueva propuesta era la expropiación con indemnización, lo que satisfacía a los propietarios rurales, de las tierras de “origen señorial”, las fincas que superaran la quinta parte del término municipal y de las que estuvieran “notoriamente abandonadas”. El texto de nuevo fue muy criticado por los socialistas, y hubo que rehacerlo. Por fin se presentó en marzo de 1932 un último proyecto elaborado por el equipo del Ministerio de Agricultura de Marcelino Domingo.

Pero el debate de este último proyecto de Ley de Reforma Agraria fue muy lento, a pesar de que el proyecto del ministro Marcelino Domingo era más moderado que el de la Comisión Técnica Agraria,  ya que suprimía el impuesto sobre los latifundios, mantenía las indemnizaciones y renunciaba a la expropiación por Decreto. Y la discusión se habría prolongado aún más de no haberse producido el intento de golpe de Estado encabezado por el general Sanjurjo, el 10 de agosto de 1932,  que al ser derrotado dio al gobierno el impulso definitivo para la aprobación de la Ley.

La Ley de Bases de la Reforma Agraria fue aprobada el 9 de septiembre de 1932. Previamente una Ley de 24 de agosto había expropiado sin indemnización las tierras cultivadas propiedad de los antiguos grandes de España, grandes propietarios de tierras, acusados de haber financiado la Sanjurjada (se trataba de más de medio millón de hectáreas, hasta entonces propiedad de sólo 65 aristócratas).

Como dijo el ministro de Agricultura, el radical socialista Marcelino Domingo, en una intervención en las Cortes a favor del proyecto que él mismo había presentado (el 24 de marzo de 1932), la reforma agraria tenía «tres finalidades principales: primera, evitar el paro obrero en el campo [mediante el asentamiento de jornaleros en las tierras expropiadas]; segunda, distribuir la tierra [expropiando las grandes fincas «señoriales» y los latifundios en manos de propietarios absentistas]; tercera, racionalizar la economía agraria [disminuyendo el crecimiento de la superficie cerealista y devolviendo a los núcleos rurales sus antiguos bienes comunales, perdidos con las desamortizaciones del siglo XIX».

La Ley de Reforma Agraria sólo contemplaba cuatro tipos de tierras expropiables: los señoríos jurisdiccionales, las tierras mal cultivadas, las sistemáticamente arrendadas y las que estaban en zonas de riego y no hubieran sido convertidas en regadío.

A pesar de las grandes expectativas que había levantado, los efectos de la Ley de Reforma Agraria fueron muy limitados: a finales de 1933 sólo se habían ocupado 24.203 ha, repartidas entre 4.339 campesinos, a los que habría que añadir otros tres o cuatro mil en las tierras previamente expropiadas a la Grandeza. Y un año después, cuando se detuvo el proceso (por la llegada de la CEDA al poder), se había asentado a 12.260 nuevos propietarios en 529 fincas, con un total de 116.837 ha.

Las razones de este fracaso en la aplicación de la ley fueron varias, pero básicamente fue debido a una: el Instituto de Reforma Agraria (IRA), que era el organismo encargado de aplicar la ley, fue dotado de unos recursos humanos y económicos claramente insuficientes, debido a la falta de dinero de la Hacienda pública y al boicot que realizó la banca privada (vinculada familiar y económicamente a los terratenientes) al Banco Nacional de Crédito Agrícola, creado por la Ley para financiar la reforma (El IRA contaba con un presupuesto anual de 50 millones de pesetas, claramente insuficiente).

La lentitud en la aplicación de la ley se intentó paliar con una medida complementaria, que fue el Decreto de Intensificación de Cultivos de 22 de octubre de 1932, que permitía la ocupación temporal de fincas de tierras de labranza que hubieran dejado de ser arrendadas a cultivadores y se hubieran dedicado sólo a la ganadería en la mitad sur de España (Extremadura fundamentalmente). La medida afectó a 1.500 fincas en 9 provincias (unas 125.000 hectáreas) y dio trabajo a 40.108 familias, sobre todo extremeñas, cuyos miembros se encontraban en paro.

El fracaso de la reforma agraria fue una de las causas principales de la aguda agitación social del periodo 1933-34, porque el anuncio de la reforma hizo creer a muchos jornaleros en una rápida entrega de tierras, que finalmente no se produjo por lo que pronto se sintieron decepcionados. Esto llevó a la radicalización de la Federación Nacional de Trabajadores de la Tierra (FNTT) de UGT a la que se habían afiliado muchos jornaleros del campo, con la promesa del reparto de la tierra, que experimentó por ello un crecimiento espectacular. Coincidiendo así con la CNT, que desde el principio había combatido una reforma agraria que, según ella, consolidaba el modelo capitalista en el medio rural e imposibilitaba el que se produjera una «verdadera» revolución.

El primer gobierno de la república se formó en julio de 1931 con miembros de todos los partidos republicanos, con el encargo de hacer una constitución. Pero la situación en la que queda la Iglesia dentro de esa constitución, provoca la primera crisis de la república, derribando al gobierno.

Una vez terminada la constitución el primer presidente, Alcalá-Zamora, afronta los asuntos de: la cuestión agraria y del estatuto de autonomía para Cataluña. Estos serán los problemas centrales de la república, y los que produzcan mayores tensiones sociales.

La proclamación de la República no supuso el cambio automático de la estructura social del país, pero la oligarquía burguesa, la aristocracia y los terratenientes, perdieron el control de sus órganos de gobierno, aunque conservaron el poder económico. Se harán esfuerzos para arrebatárselo.

La tenencia de la tierra era un modelo de prestigio social, y el símbolo del control económico. Se prolongan las estructuras del Antiguo Régimen, por lo que se hace necesaria una reforma agraria, política. Aumenta el número de jornaleros y caen las servidumbres de la propiedad.

Durante la república quien toma el poder es la pequeña burguesía democrática y autonomista, impulsada por los intelectuales y los profesionales liberales cuya finalidad es modernizar el país. Pero la pequeña burguesía no fue capaz de crear una sociedad civil apropiada y sucumbió víctima de sus divisiones internas, su heterogeneidad y sus sentimientos y tendencias localistas. 

También se le reconoció a la mujer igualdad en derechos laborales y el igual acceso a empleos y cargos públicos; concretamente, el artículo 46 de la Constitución del 31 asegura a todo trabajador, hombre o mujer, la regulación de “los casos de seguro de enfermedad, accidentes, paro forzoso, vejez, invalidez y muerte; el trabajo de las mujeres y de los jóvenes y especialmente la protección a la maternidad; la jornada de trabajo y el salario mínimo y familiar; las vacaciones anuales remuneradas;…”; lo que obligó a prohibir las cláusulas de despido por maternidad o matrimonio.

La Iglesia, a pesar del anticlericalismo de muchos republicanos, se instala en el poder, durante el bienio radical-cedista. Hay continuas tensiones con la Iglesia, desde el polémico artículo 26 de la constitución, a la quema de conventos e iglesias exagerada por la propaganda de derechas.


Laicidad del Estado

Para ello proponían que se prohibiera la religión confesional en cualquier ámbito escolar (público o privado) y de las instituciones del Estado; que se suprimiera el presupuesto estatal para el culto y el clero; que se aprobara como único matrimonio oficial, el civil; que se legalizara el divorcio; que se secularizaran los cementerios; y que se disolvieran las órdenes religiosas cuyos reglamentos fueran opuestos a las leyes del Estado o no se sometieran al poder civil, como era el caso (en aquella época) de los jesuitas (para ello abogaba por la nacionalización de sus bienes, pasándolos, en su caso, a ser colegios públicos y laicos).

Las cuestiones urgentes más llamativas de intento de secularizar España, se dieron en el ámbito de la Enseñanza: el Gobierno Provisional de la II República, sin esperar a la reunión de las Cortes Constituyentes, el 13 de mayo emitió una circular de la Dirección General de Enseñanza Primaria que concretaba el decreto de 6 de mayo que había declarado como voluntaria, por el alumnado, la asistencia a la enseñanza religiosa y eximía de impartirla a los maestros que no quisieran hacerlo.

El 21 de mayo un decreto declaraba obligatorio el título de maestro oficial para ejercer la enseñanza, esto si afectaba a los colegios religiosos, ya que los frailes y monjas que impartían las clases carecían del mismo. Ello enfadó mucho a la cúpula religiosa. Pero era una medida muy importante, sobre todo, justa.

Con los artículos 26 y 27 de la Constitución, los decretos sobre cementerios, laicidad de la escuela y sobre todo con la Ley de Confesiones y Congregaciones Religiosas de 1933 la Iglesia perdía la gran mayoría de los privilegios que venía disfrutando en nuestro país desde siglos atrás y que en países vecinos ya habían sido suprimidos décadas antes.

Sin embargo, la Iglesia adoptó enseguida una actitud victimista y agresiva, negando cualquier posibilidad de acuerdo que disminuyera sus privilegios lo más mínimo desde el principio y llamando a la movilización popular casi armada. Confundieron privilegios históricos inimaginables en otros Estados europeos con derechos inalienables.

La violencia anticlerical en el quinquenio republicano está ligada a la conflictividad social y resulta, ante todo, una respuesta frente al poder establecido si nos centramos en sus momentos álgidos: los incendios de mayo de 1931 (cuando aún permanecía la privilegiada situación eclesiástica de antaño) y octubre de 1934 (en plena rectificación de la República).Resulta falaz hablar de “persecución religiosa republicana”. No existió un propósito antirreligioso claro y genérico de las autoridades republicanas, pese a la propaganda de la literatura martirial. Lo que hubo entre 1931 y mediados de 1936 fue un choque cultural entre dos modelos identitarios, en pugna por el concepto de ciudadanía, representados, respectivamente, por lo que Rafael Cruz llama “comunidad popular” frente al “pueblo católico”. Se puede admitir la tesis persecutoria en un sentido instrumental, restringida en el tiempo (la guerra civil), en el espacio (unas zonas de la retaguardia republicana más que otras) y en sus promotores (los comités de defensa o de enlace). Es comprensible que quienes sufrieron la ofensiva laicista, no exenta de excesos anticlericales, se consideraran perseguidos desde la proclamación de la República y que la violencia revolucionaria de 1936 viniera a corroborarlo. 

  Quemar la iglesia formó parte del ritual revolucionario en el verano de 1936. Asesinar al religioso, también. Pero ni la tea incendiaria fue uniforme, ni todos los eclesiásticos sufrieron el mismo acoso criminal. Unas órdenes religiosas fueron más atacadas que otras y, desde luego, los frailes y monjes más que los curas y monjas. Si a ello sumamos que las autoridades republicanas se volcaron en la preservación del patrimonio religioso no destruido por la “ira sagrada”, que abundan ejemplos de alcaldes y concejales que arriesgaron su vida por salvar la de algunos curas y religiosos, difícilmente se puede demostrar un supuesto programa persecutorio.



La cultura y educación

Pero a pesar de todos los problemas de la república, este es un período de máximo esplendor cultural, sobre todo en literatura, con las generaciones del 98 y el 27. La ciencia, la filosofía y la cultura son un arma de combate.

La Segunda República fue un faro de esperanza para todos aquellos que querían una regeneración democrática en España: Durante los años de gobierno republicano conquistamos el sufragio universal, hicimos de la cultura un estandarte y de la educación nuestra seña de identidad. Un gobierno que quería transformar un modo de vida intentando llevar a cabo la reforma agraria, que permitía un mejor reparto de la tierra, y construyendo también los cimientos de una sociedad libre para establecer las bases de una democracia justa.

El gran acierto de la República fue la educación. En el primer bienio republicano se construyeron más escuelas y centro de instrucción que en todos los años de la monarquía de Alfonso XIII. La República llevó la educación y la cultura a las áreas rurales, algo que llevaban haciendo los centros obreros anarquistas y socialistas muchos años antes. La alfabetización, fundamental para el movimiento obrero, era la cuenta pendiente de la República. Las Misiones Pedagógicas, la formación de escuelas, la formación de maestros y maestras, de profesores, la creación de institutos de segunda enseñanza, la reforma de la Universidad, etc. Toda una pléyade de derechos educativos que hicieron avanzar la sociedad española. Junto a ella se desarrollaron otros derechos como el de asociación (reprimido durante la dictadura), libertad de prensa, libertad de opinión, etc.

“En ningún momento, bajo ninguna condición, en ningún tiempo, ni mi partido ni yo, en su nombre, suscribiremos una cláusula legislativa en virtud de la cual siga entregado a las órdenes religiosas el servicio de la enseñanza. Eso, jamás. Yo lo siento mucho; pero esta es la verdadera defensa de la República”. Con estas férreas palabras, Manuel Azaña defendió en el Parlamento de la II República la laicidad de la enseñanza.

El 30 de abril se proclamó el decreto de bilingüismo, el 6 de mayo se proclamó el decreto que estableció la no obligatoriedad de la enseñanza de la religión, y el 23 de mayo se proclamó el decreto del Ministerio de Instrucción Pública destinado a crear 23.435 escuelas. Bajo el lema «Sembrar España de escuelas».

Marcelino Domingo sentó las bases del proyecto educativo más ambicioso de toda la historia de España: la creación de 23.435 escuelas y 7.000 plazas de maestros que debían ser la infraestructura material y humana para una escuela pública laica, única, de inspiración pedagógica institucionista y en la que se garantizaba la enseñanza en la lengua materna. Fue el responsable de impulsar la instrucción primaria, para luchar contra el analfabetismo imperante en la España monárquica. Para Marcelino Domingo: “España no será una auténtica democracia mientras la mayoría de sus hijos, por falta de escuelas, se vean condenados a perpetua ignorancia”.


El logro de los partidarios de la República fue el primigenio; la instauración de un sistema parlamentario que garantizaba la libertad de pensamiento y la militancia política y sindical. Tal fue así que en las elecciones de 1933 hasta 26 partidos consiguieron representación parlamentaria, circunstancia que hizo especialmente compleja la gobernabilidad del Estado.

Obras Públicas

La Segunda República Española (1931-1936) impulsó un ambicioso programa de obras públicas para modernizar el país y combatir el paro. Destacaron la construcción de infraestructuras hidráulicas (Plan de 1933), la mejora de accesos ferroviarios bajo la gestión de Indalecio Prieto, y la edificación de escuelas públicas para fomentar la educación. 

La continuación del Plan Gasset se retomó en 1933 con el Plan Nacional de Obras Hidráulicas aprobado bajo el mando de Indalecio Prieto como ministro de Obras Públicas en la II República. En el momento de aprobación de este plan, ya se habían construido 108 canales y pantanos del plan anterior de 1902 y al menos otras 58 obras estaban en ejecución.

En una sociedad como la española, de alta ruralización, donde el analfabetismo funcional estaba generalizado, la República acometió la enseñanza pública con la convicción de que solo la cultura podía conducir a la libertad y el progreso. Se proyectaron 5.000 escuelas por todo el país y se emprendió la mejora de los hospitales, de los institutos de enseñanza media, los mercados y casas de baños municipales. También se abrieron al uso público espacios que habían sido privados, como sucedió con la Casa de Campo madrileña.  

En esos dos primeros años de República se puso en marcha el plan de Indalecio Prieto para Madrid, con la extensión ideada por Secundino Zuazo, que proponía la creación de un nuevo eje de crecimiento hacia el norte prolongando el paseo de la Castellana, lo que implicaba derribar el viejo hipódromo, y el inmediato comienzo de las obras de los Nuevos Ministerios. Un plan tan necesario y acertado que sería mantenido en sus aspectos esenciales tras finalizar la Guerra Civil. 

Visita de Indalecio Prieto, Ministro de Obras Públicas,
a las obras de los Nuevos Ministerios en Madrid en 1933

En 1932 se comienza un inteligente programa de enlaces ferroviarios subterráneos en Madrid impulsado por Prieto desde el ministerio de Obras Públicas. En Cataluña, los componentes del GATCPAC empiezan a trabajar intensamente para la Generalitat. Se acomete un ambicioso plan de construcción de escuelas en todo el Estado y se impulsa la construcción de la Ciudad Universitaria de Madrid, procedente de la etapa anterior, pero plenamente apoyada y modernizada por el nuevo Gobierno. Es cierto que Madrid y Barcelona reunieron la mayor cantidad de obras emblemáticas, pero también Zaragoza, San Sebastián y Canarias contaban con potentes focos de vanguardia, al igual que Andalucía, Galicia o Valencia.

En la apuesta por el desarrollo de la Ciudad Universitaria madrileña destaca el riguroso diseño de Sánchez Arcas para el Pabellón de Gobierno (1931), plenamente moderno, y el de la Facultad de Filosofía y Letras (1931-32) de Agustín Aguirre, realizándose un gran esfuerzo para completar numerosas facultades antes del comienzo de la guerra. Al convertirse en frente de batalla durante la contienda, la mayoría de los edificios sufrieron graves daños. Algunos fueron reconstruidos por los mismos autores, aunque Sánchez Arcas y Luis Lacasa se vieron obligados a exiliarse.

¿Por qué es necesario conocer el legado republicano?

En resumen: se avanzó hacía la laicidad del estado, rompiendo el monopolio cultural que en ese momento tenía la Iglesia. Como bien sentenció Manuel Azaña, España había dejado de ser católica y abrazó la laicidad. La constitución estipulaba la aconfesionabilidad del estado. La libertad de culto y la supresión del presupuesto del culto y clero. Se permitió el matrimonio civil y el divorcio. Ante el temor a las órdenes religiosas por la influencia que éstas tenían en la educación a través de la enseñanza, disolución de los jesuitas y nacionalización de sus bienes. Se prohibió la enseñanza a otras órdenes religiosas. La ley de congregaciones limitó la posesión de bienes las órdenes religiosas y previas la posibilidad de la disolución en caso de peligro para el estado. Buena parte de la jerarquía eclesiástica manifestó su oposición hacia la república.


Desde el primer momento, la república española estuvo amenazada: no solo por la coyuntura europea, donde la democracia moría y surgían dictaduras fascistas y fascistoides sino también por las viejas élites económicas y militares que la veían como una amenaza a sus viejos privilegios. El historiador Ángel Viñas  afirma que los monárquicos declararon la guerra a la República el mismo 14 de abril de 1931. La proclamación de la República ya era para la extrema derecha monárquica sinónimo de Revolución y no estaban dispuestos a permitirlo. Al fin y al cabo, España había sido suya durante siglos y no estaban dispuestos a compartir el poder. Y mucho menos con masas obreras organizadas. Pero una cosa es declarar la guerra y otra cosa es hacerla. Para lo segundo necesitaban armas modernas, especialmente, aviones de guerra. Y los monárquicos se lanzaron en brazos de la Italia fascista. En otoño de 1935 la alianza ya estaba sellada: monárquicos y fascistas se habían conjurado en la tarea de evitar que la izquierda volviera a gobernar en España. El 18 de julio de 1936 se consumó la amenaza. Un golpe de Estado fracasado derivó en una Guerra Civil, que culminó con la victoria de un actor secundario en la rebelión, como era Francisco Franco. 

La dictadura se encargó de la labor de intentar borrar toda huella republicana a través de la represión, la tortura y el exilio. También adueñándose de proyectos republicanos y vendiéndolos como propios: La cantidad de mitos que giran en torno al franquismo y a la figura de Franco son numerosos. Hay cierto sector fascista, comúnmente denominado 'nostálgico', que continúa ensalzando la figura del dictador pese a haberse demostrado todo lo que perjudicó a nuestro país. Para eso, recurren a mitos como que la Seguridad Social la inventó Franco, o que fue él quien creó las vacaciones pagadas. Pero nada de esto es cierto.

El pueblo español fue la verdadera víctima de la dictadura, reprimido y represaliado. Durante los 40 años que vivió Franco, España quedó relegada a un segundo plano en todos los aspectos, aunque el más significativo fuera el desarrollo social y económico. A pesar de que los nostálgicos venden la dictadura como un gran desarrollo económico gracias a la ayuda norteamericana en el contexto de la guerra fría con las bases militares y las migajas del Plan Marshall y el posterior Plan de Estabilización de 1959, los datos están ahí: hasta 1976 la economía española no recuperó el nivel de 1934, siendo la 12ª economía del mudo según el Banco mundial, cuando a principios del siglo XX era la 6ª y si existía paro, pero este no empezó a contabilizarse hasta 1973, sin contara las miles de personas que tuvieron que emigrar a otros países gracias al "milagro económico" de Franco.

Como dijo el poeta Antonio Machado 

sábado, 22 de febrero de 2014

POEMA DEDICADO A ANTONIO MACHADO

Decía el poeta en su poesía relato
Que su infancia eran recuerdos de un patio de Sevilla
Donde madura el limonero
Su juventud, veinte años en tierras de Castilla
Y algunos datos que recordar no quiero

pero nosotros siempre recordaremos la figura del poeta
al que debemos cuanto ha escrito Fiel siempre a sus ideas,
Testigo de los cambios de una generación
Previa a una revolución

Siempre firme a sus convicciones
primavera que llama como ese olmo seco
que intenta entre la tierra hacerse un hueco,
recuerdo de un pasado, entre las nuevas generaciones

regado por gotas de sangre jacobina
y del verso que brota de manantial sereno
del hombre al uso que sabe su doctrina
el hombre que es, en el buen sentido de la palabra, bueno

En el viento y en las ciudades se oye su último recital
Cuando llegó el día del último viaje
Y partió la nave que nunca ha de tornar
se hallaba a bordo, ligero de equipaje
Casi desnudo como los hijos de la mar

Nave que lo llevó a Francia solo, huérfano y exiliado
dejando a su infancia, su juventud y su vejez abandonadas
junto a su corazón que permanecía fiel a la España republicana
Frente a la nueva España creada por el bando sublevado

Hice míos tus versos que muchas veces escribí,
soñando caminos, pintando con spray los muros
de la censura en estos tiempos oscuros
sin perseguir la gloria ,intentando parecerme a ti

Siempre estarás en nuestra memoria
como estelas en la mar Don Antonio Machado
a pesar de tu muerte lejos de tu hogar
enterrado en tierras y en suelo extranjero

A pesar del paso del tiempo y de la historia,
caminante que hace camino, nunca serás olvidado
como estelas en la mar La verdad es la verdad,
dígala Agamenón o su porquero

¡Qué mejor homenaje a este poeta
hacer camino al andar en su funeral
Realizar con sus poesías un recital
A un hombre de proeza!

porque, a pesar de todo lo acontecido
el otoño no ha borrado tu legado
en la España que recuerda lo ocurrido
la que no olvida el pasado

ANTONIO MACHADO,
NADA NI NADIE HA SIDO OLVIDADO
HOY COMO CADA DÍA
SIGUE PRESENTE TU POESÍA


domingo, 13 de octubre de 2013

La cultura española durante la Edad de Plata y el exilio español

Decía el poeta y revolucionario José Martí que ser culto era la única forma de ser libre. La adquisición de conocimientos (es decir, el incremento de la cultura) permite reducir incertidumbres sobre una materia y da mayor margen de maniobra al ser humano para elegir libremente qué hacer, qué conseguir y qué esperar.

La Segunda República Española enarboló en la bandera tricolor la lucha contra el analfabetismo y la incultura: la creación de la Institución Libre de Enseñanza de Giner de los Ríos, la Generación del 27 y del 36, las misiones Pedagógicas son claros ejemplos de esta batalla contra un pueblo ignorante temeroso de dios.

Junto a novedades como la incorporación de la mujer a la vida democrática, en el terreno científico, la República impulsó un programa de política científica renovadora y modernizadora, iniciada en 1907 con la creación de la Junta para Ampliación de Estudios (JAE), de inspiración institucionista. El objetivo fue superar la distancia que separaban al mundo académico y universitario español con respecto a su entorno europeo. Para ello se dio continuidad y se consolidaron iniciativas procedentes de las décadas anteriores, como la propia JAE o la construcción de la Ciudad Universitaria de Madrid, pero también se pusieron en marcha instrumentos de política científica nueva como la Junta de Relaciones Exteriores o la Fundación Nacional para Investigaciones Científicas y Ensayos de Reformas.


En el ámbito de las artes, el rescate de un hito aislado como había sido la constitución de la Sociedad de Artistas Ibéricos en 1925 permitió la proyección del arte español moderno y vanguardista en distintas exposiciones a nivel nacional e internacional en los primeros años treinta. Igualmente, la Dirección General de Bellas Artes, con Ricardo de Orueta al frente, promulgó la Ley del Tesoro Artístico en 1933, la más importante para la protección del patrimonio español y en vigor hasta 1985. También, a lo largo de estos años, surgieron la Junta Nacional de Música y Teatros Líricos, los teatros nacionales y diversas compañías de voluntad renovadora. Paralelamente, en busca de la democratización de la cultura, durante el periodo republicano se fundaron organizaciones como las Misiones Pedagógicas y el teatro universitario La Barraca, que acercaron a las áreas rurales las propuestas de intelectuales y artistas comprometidos con la paliación del analfabetismo.

La Edad de Plata

Al primer tercio del siglo XX se le ha denominado la Edad de Plata de la cultura española por la calidad y el protagonismo de los intelectuales, literatos y artistas del período. Este brillante grupo de intelectuales ha sido tradicionalmente clasificado en generaciones. La del 1898, la de 1914 y, finalmente, la de 1927.

La Institución Libre de Enseñanza y otras instituciones ligadas a ella como la Residencia de Estudiantes y el Instituto-Escuela, tuvieron un gran protagonismo en esta eclosión cultural. Intelectuales como Machado, Juan Ramón Jiménez, Julián Besteiro o Fernando de los Ríos proceden de estas instituciones.

Es sorprendente como en un país con una mayoría de analfabetos y con treinta y ocho mil estudiantes universitarios en 1930 se dieron unas generaciones literarias de tan alta calidad.

Durante la II República, la creatividad de aquellos jóvenes confluyó con la de los grandes veteranos de las generaciones literarias anteriores, como Antonio Machado, Ramón María del Valle-Inclán, Pío Baroja, Miguel de Unamuno o Juan Ramón Jiménez.

En ese renacer de la creatividad, Madrid volvió a ser una referencia cultural para muchos intelectuales latinoamericanos, como Pablo Neruda, César Vallejo o Vicente Huidobro.

Además de rapsodas y literatos, en aquellos años de auge cultural también destacó la filosofía, con José Ortega y Gasset y su aventajada alumna María Zambrano como máximos representantes.

A ellos se añadían los científicos Severo Ochoa (Premio Nobel de Fisiología y Medicina) o Francisco Grande Covián, fundador y primer presidente de la Sociedad Española de Nutrición, así como pintores de la talla de Pablo Picasso, Salvador Dalí y Joan Miró.

Fue en esos años cuando se dieron a conocer los jóvenes arquitectos agrupados en el GATEPAC (Grupo de Artistas y Técnicos Españoles para el Progreso de la Arquitectura Contemporánea), que convivieron con Antonio Palacios, el veterano maestro que proporcionó algunos de los símbolos arquitectónicos del Madrid del primer tercio del siglo XX (el Palacio de Telecomunicaciones, el Hospital de Maudes o el Círculo de Bellas Artes).

En ese período también destacó la mente innovadora del ingeniero Eduardo Torroja, que coincidió durante unos años con el científico Santiago Ramón y Cajal, cuya vida se apagó el 17 de octubre de 1934.

Tras la generación de 1898, que se mantuvo activa durante todo el periodo, con Baroja, Azorín, Unamuno, Machado, Valle-Inclán o Maeztu, vendrá la generación de 1914, con intelectuales como Juan Ramón Jiménez, Ortega y Gasset, Pérez de Ayala, Marañón o Gómez de la Serna. Finalmente, en la segunda mitad de los años veinte, empezará a destacar la tercera generación, la de 1927,que alcanzará su plenitud intelectual durante la Segunda República.

No sólo la literatura brillará en la Edad de Plata. Junto a hombres de letras, encontramos científicos como Santiago Ramón y Cajal, Premio Nobel en 1906, o filósofos como Ortega y Gasset o María Zambrano.



LA INSTITUCIÓN LIBRE DE ENSEÑANZA

La Institución surgió como una entidad paralela a la educación oficial. “La Institución libre de Enseñanza es completamente ajena a todo espíritu e interés de comunión religiosa, escuela filosófica o partido político; proclamando tan sólo el principio de la libertad e inviolabilidad de la ciencia, y de la consiguiente independencia de su indagación y exposición respecto de cualquiera otra autoridad que la de la propia conciencia del Profesor, único responsable de sus doctrinas.”

La ILE fue fundada en 1876 por un grupo de catedráticos –entre los que se encontraban Francisco Giner de los Ríos, Gumersindo de Azcárate y Nicolás Salmerón– que fueron separados de la Universidad por negarse a ajustar sus enseñanzas a las directrices oficiales en política, moral o religión.

Por esa razón, la ILE tuvo que seguir su labor educativa al margen de los centros universitarios del Estado, creando un proyecto educativo privado en el que participaron importantes personalidades de la época, como Joaquín Costa y Hermenegildo Giner.

En el proyecto participaron Joaquín Costa, Augusto González de Linares, Hermenegildo Giner, Federico Rubio y otras personalidades comprometidas en la renovación educativa, cultural y social.

En su origen y esencia encontramos un proyecto de regeneración moral que no cambió a lo largo de sus años de existencia, el intento de crear el hombre nuevo perfilado idealmente en el proyecto de la filosofía krausista, capaz de enfrentarse con la situación moral del país, profundamente degradada; y lo que es más importante, de superarla y potenciar un nuevo modelo individual y colectivo, más racional, más ético y más humano. Es conveniente recordar que en aquella época las tres cuartas partes de la población española era analfabeta, que la educación continuaba siendo un privilegio sólo al alcance de los hijos de las clases acomodadas y que el tipo de enseñanza impartida era de carácter oscurantista y medieval, y con un férreo control de la Iglesia sobre ella.

El krausismo y la Institución Libre de Enseñanza sembraron la semilla de los mejores logros intelectuales de la España del primer tercio del siglo XX y todavía encontramos huellas de su paso en posturas intelectuales contemporáneas como el colegio concertado Siglo XXI, nacido en los años setenta del siglo pasado en Madrid, continuador de su tradición pedagógica. La introducción de estos métodos pedagógicos supuso una magnífica aportación. La mayoría de ellos conservan su validez, más aún teniendo en cuenta el desfase que caracteriza a la actual situación de la enseñanza en España, bastantes de cuyas deficiencias, cuando no aberraciones y demencias pedagógicas, fueron superadas por la práctica docente institucionista hace ya ciento treinta años.

A partir de 1881 empezaron a formar parte del cuerpo docente de la Institución profesores formados en ella (Manuel Bartolomé Cossío, que sucederá a Giner al frente de la ILE, Ricardo Rubio, Pedro Blanco, Ángel do Rego, José Ontañón, Pedro Jiménez-Landi...), cuya labor afianzará el proyecto institucionista y garantizará su continuidad.

Desde 1876 hasta la guerra civil de 1936, la ILE se convirtió en el centro de gravedad de toda una época de la cultura española y en cauce para la introducción en España de las más avanzadas teorías pedagógicas y científicas que se estaban desarrollando fuera de las fronteras españolas.

La propia Generación del 27 fue, en cierta manera, una hija de la Institución Libre de Enseñanza y obra de ésta fue, sin duda alguna, alcanzar la sintonía cultural y científica con Europa poco antes de que todo este esfuerzo de modernización se viniera abajo con la Guerra Civil española, durante la cual se confiscaron todos sus bienes y la mayoría de los institucionistas tuvieron que exiliarse, mientras que los que se quedaron tuvieron que enfrentarse a la censura, la persecución solapada o abierta o el ninguneo de su labor. Los exiliados se dispersaron por Europa y sobre todo Hispanoamérica, donde ejercieron una labor fecundadora de la vida cultural de esos países. Hasta la guerra entre españoles de 1936, la Institución se convirtió en el centro de toda una época de la cultura española y en cauce para la introducción en España de las más avanzadas teorías pedagógicas y científicas extranjeras.

La labor del personal docente durante la II República fue encomiable y en concreto la de los miles de maestros y maestras que desarrollaron su labor en pueblos y ciudades. Su labor de ser, durante todos estos años, la vanguardia de la cultura y los valores republicanos les supuso un gran coste personal. Cientos fueron asesinados por los secuaces del golpe militar de 1936, y decenas de miles fueron expedientados y/o apartados durante décadas de su profesión. Los más afortunados sufrieron el exilio.

La educación emancipadora buscar formar ciudadanos con valores y principios humanistas trata de lograr la transformación del hombre para convertirlo en un hombre nuevo, un hombre con valores de cooperación, solidaridad y respeto desde sus cimientos.

La lucha por la Tercera república es la lucha por una educación que fomente el pensamiento crítico, que permita a los seres humanos desarrollarse intelectualmente, tomando conciencia de lo que son para así luchar por una sociedad más equitativa y humana.

La primera revolución siempre es la intelectual: sin la toma de conciencia, sin el desarrollo de un pensamiento crítico, nunca habrá cambios. Es la base en la que se sustenta nuestra emancipación y liberación.

La vida cultural de la Segunda República

Los intelectuales tuvieron un protagonismo especial durante la Segunda República. Muchos de los dirigentes republicanos y socialistas, como Manuel Azaña, Fernando de los Ríos o Julián Besteiro, pertenecieron al mundo de la cultura,. Otros, como Ortega y Gasset, Antonio Machado o Gregorio Marañón, apoyaron expresamente al nuevo régimen agrupándose en la Agrupación al Servicio de la República.

Intelectuales de la talla de José Ortega y Gasset, Ramón Menéndez Pidal, Antonio Machado, Leopoldo Alas “Clarín”, Santiago Ramón y Cajal o el pintor Joaquín Sorolla, entre otros, apoyaron aquel proyecto innovador.

El apoyo unánime se fue resquebrajando con el paso del tiempo. A partir de 1932, algunos intelectuales, como Ortega o Unamuno, adoptaron una posición crítica con el Gobierno republicano-socialista.

La mayoría, sin embargo, apoyó la política reformista del gobierno de Azaña y colaboró en la acción de extensión cultural del Gobierno republicano-socialista. Algunas compañías teatrales, integradas por actores profesionales y estudiantes, visitaron pueblos apartados del país llevando las principales obras del repertorio teatral español. La más conocida de ellas fue La Barraca, un proyecto personal del poeta García Lorca.

Las Misiones Pedagógicas tuvieron un objetivo similar, la difusión de la cultura entre una población mayoritariamente analfabeta: bibliotecas ambulantes, conferencias, charlas, recitales de poesía, proyecciones de películas, exposiciones con reproducciones de obras del Museo del Prado...

La Generación del 27 pasó al primer plano durante el periodo republicano. El grupo de poetas fue excepcional. Basta simplemente con mencionar a sus integrantes: Dámaso Alonso, Luis Cernuda, Vicente Aleixandre, Rafael Alberti, Pedro Salinas, Jorge Guillén, Gerardo Diego, Miguel Hernández y García Lorca. Ramón J. Sénder fue el más destacado novelista.


Las sinsombrero

Conocidas también como  las artistas e intelectuales de la Generación del 27, se trataba de pintoras, poetas, novelistas, escultoras e ilustradoras que con sus trabajos y activismo trataron de cambiar la concepción y las normas existentes en la España de los años 20 y 30.  Rompedoras, transgresoras, valientes y luchadoras, entraron sin complejos en el mundo artístico de la época, enfrentándose a las normas sociales, aunque tras la Guerra Civil fueron silenciadas y olvidadas. Estas son algunas de esas mujeres Sinsombrero. 

La mayoría de ellas eran nacidas en Madrid o residían en la ciudad. Muchas cursaban estudios superiores (permitidos a las mujeres desde 1910) y se alojaban en la Residencia de Señoritas, dirigido por la pedagoga María de Maeztu.

Era la Residencia y con posterioridad, el Lyceum Club Femenino (fundado en 1926) donde ellas se sentían libres para expresar sus ideales políticos, sus inquietudes artísticas y culturales o compartían sus poemas y ensayos que se publicaban en revistas como La Gaceta Literaria o en la Revista de Occidente.

Maruja Mallo: Como hemos expresado anteriormente, a su performance en la Puerta del Sol, le debemos el nombre del grupo. Artista plástica, esta gallega lleva la excentricidad al límite. Cultivó principalmente el surrealismo con obras como: La verbena, el canto de las espigas o sus naturalezas vivas.

Fue precisamente, su ansia de libertad creativa y su irreverencia ante la encorsetada formación que se ofertaba en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, lo que le hizo abandonarla. Viajó por distintas escuelas de Europa bebiendo de la diversidad plástica que le brindaban las vanguardias.

El estallido de la guerra civil española y su defensa en pro de una España republicana la llevó a marchar a Argentina. Viajó y expuso por gran parte de Latinoamérica durante los treinta años que permaneció en el exilio. En 1962 regresa a España siendo una desconocida en el panorama artístico, cultural y social.

Tras años rehaciendo su obra y volviendo a integrarse en los círculos artísticos y culturales de la capital española, su reconocimiento le llegará a final de su vida.

Marga Gil Roësset: Débil físicamente y extremadamente sensible. Su madre siempre achacó su fragilidad al difícil parto que ella sufrió́ para que viniese al mundo Marga.

Junto a su hermana Consuelo publicó varios libros de cuentos que ella ilustraba. Algunos de estos dibujos inspiraron al escritor francés Antoine de Saint-Exupéry para ilustrar su famosa obra “El Principito”.

Además de escribir y pintar, cultivó la escultura con gran maestría, fusionando el modernismo y el simbolismo. Una de sus esculturas más conocidas en el busto que realizó a Zenobia Camprubí. Fue precisamente mientras realizaba esta obra cuando afloró su amor hacia Juan Ramón Jiménez, esposo de Zenobia.

Su amor no correspondido, su falta de confianza y su fragilidad tanto física como psicológica la llevaron a acaba con su vida disparándose en la sien, con tan solo 24 años.

Antes de suicidarse entregó a Juan Ramón Jiménez una carpeta que portaba su diario. También dejó unas misivas para sus padres, su hermana y su amiga Zenobia.

Concha Méndez: Poetisa y dramaturga. Fue una firme defensora de los derechos de las mujeres y de la libertad de las mismas dentro del matrimonio.

Sus primeras obras emanan luz y optimismo. Ejemplo de ello es su primer Poemario “Inquietudes”, publicado con 28 años.

En 1932 compra una imprenta y junto a su marido, Manuel Altolaguirre editan la revista Héroe donde se recogían poemas de autores y autoras del momento: Pedro Salinas, Rosa Chacel, Federico García Lorca, Rafael Alberti, Ernestina Champourcín...

Además de los poemas, Concha escribió obras teatrales. Destacando “El carbón y la rosa” o “El personaje presentido”.

La guerra, hizo que el optimismo de sus primeros poemas tornara a mostrar la desilusión y desesperanza sentida por muchas personas obligadas a huir del país.

Ella y su marido viajaron en primera instancia a París, y de allí́ marcharán a la Habana y México. Será en este último donde permanece hasta su muerte en 1986.

María Teresa de León: Reivindicó a ultranza el papel de la mujer como entes propios tan válido como el hombre, anteponiendo su labor de mujer independiente al de esposa y madre.

Poetisa desde muy joven, nos ha dejado obras como “La bellas del mal amor” o “Cuentos para sonar”.

Tras divorciarse de su primer marido conoce a Rafael Alberti. Éste la introduce en el círculo cultural de la Generación del 27 y las Sinsombrero, de las que pronto pasa a formar parte.

Cuando estalla la guerra civil española se instalan en Madrid y fundan “El Mono Azul”: una revista en la que colaboran intelectuales republicanos.

Pero su labor, invisibilizada, no se limitó́ a los escritos que hoy conservamos de ella. María Teresa de León tuvo una relevante labor en la conservación del patrimonio español y que muchas personas desconocen: Formó parte de la Junta de Incautación y Protección del Patrimonio Artístico.

Se trata de un organismo creado por el gobierno de la República a principios de la guerra civil y que salvaron de una destrucción segura las obras que se conservaban en el Museo del Prado y en el Monasterio de El Escorial.

Con el inicio de la dictadura ella y Rafael Alberti tuvieron que marchar del país. Primero a Francia y de allí́ a Argentina donde residieron hasta 1977 que vuelven a España.

De este periodo de exilio se conservan obras como “La historia tiene la palabra”.

Josefina de la Torre: Mujer polifacética (poetisa, cantante, escritora, compositora, actriz teatral...). Nacida en Gran Canaria, en el seno de una familia adinerada, recibió una formación exquisita en arte y música.

Comenzó a escribir a edad temprana. Con solo 7 años realiza sus primeros poemas dedicado a los también gran canarios Benito Pérez Galdós y Alonso Quesada.

Viajó a Madrid para perfeccionar su técnica vocal y llegó a actuar en el Lyceum Femenino. Lo que le permitió entablar amistad con algunas de las mujeres que allí́ se reunían y que pronto la hicieron partícipe de este grupo que venimos denominando las Sinsombrero.

De esta etapa son sus poemarios “Versos y estampas” o “Poemas en la isla”.

La guerra civil la hizo volver a su Gran Canaria natal, donde permanecerá́ hasta que concluye el conflicto bélico. Tras el cual vuelve a trabajar como guionista y actriz de teatro.

Ellas son sólo un ejemplo ínfimo de las mujeres que formaron parte de la vida cultural y artística de la generación del 27 y que hoy conocemos como la Sinsombrero: María Zambrano, Elena Fortún, Margarita Manso, Ángeles Santos, Ernestina Champourcín, Carmen Conde, Delhy Tejero, Rosa Chacel, Ruth Velázquez, Margarita Ferreras, Luisa Carnés... son otros de los nombres de mujeres que pertenecieron a este relevante grupo.

Las SinSombrero

La Feria del Libro

El Gobierno de la Segunda República impulsó en 1933 el evento cultural como una herramienta popular para la difusión de la lectura.

La iniciativa más brillante y de más largo recorrido de la industria editorial española, la Feria del Libro, fue creada por Rafael Giménez Siles, el director de Cenit, en 1933. Las ferias nacieron al amparo del proyecto cultural de la Segunda República y en relación con la participación ciudadana en la sociedad de masas. De este modo los editores respondieron a la nueva demanda de lectura, impulsada por la política bibliotecaria, y que había repercutido muy favorablemente en el mercado del libro. Y al mismo tiempo decidieron sacar el libro a la calle y facilitar el contacto directo con los ciudadanos para mejorar sus negocios. De hecho, la feria representó la culminación de la política del libro, donde confluyeron profesionales, autoridades y público en favor de la difusión social del libro y de la lectura en ese periodo.

En este sentido, el editor y vicepresidente de la Cámara del Libro de Madrid, Manuel Aguilar, reconoció en una entrevista realizada por el periódico El Sol, en enero 1933, que el negocio editorial ofrecía grandes posibilidades de éxito debido a las políticas oficiales de fomento de la lectura:

La labor del Gobierno no puede ser más beneficiosa para la industria del libro. El Gobierno está creando miles de bibliotecas. El resultado va a ser que a la vuelta de algunos años el público que concurre a ellas se habrá habituado a leer y encontrará más cómodo poseer una biblioteca en casa, sin las exigencias y determinaciones de horas, lugares, etc. Ya lo verá usted: dentro de cinco o seis años tenemos en España quinientos libreros más y un aumento de veinte o veinticinco mil lectores que comprarán libros[2].

Las ferias del libro y las rutas del camión-stand por distintas localidades del país fueron unas de las iniciativas más exitosas de la etapa republicana y de más largo recorrido en el mundo del libro, ya que las ferias siguen celebrándose anualmente y los camiones librería son el antecedente más inmediato de los bibliobuses[4].. Rafael Giménez Siles, el padre de las ferias, era consciente de las nuevas posibilidades del mercado interior con la extensión de las escuelas y bibliotecas. Pero debido a la débil red de distribución y puntos de venta, consideró que debían fomentar la difusión del libro, acercando las obras al público. Interesado en la búsqueda de nuevos lectores, en la creación de canales de propaganda efectivos, y en la ampliación de los sistemas de comercio optó por llevar el libro a las manos de la gente. Las bibliotecas públicas habían creado la necesidad de leer, y los editores se adaptaron a la situación para vender sus publicaciones a estos nuevos lectores. De este modo contribuyeron a la divulgación del libro en consonancia con el proyecto cultural republicano y mejoraron sus negocios. Giménez Siles fue un editor comprometido con su oficio y con la sociedad que le tocó vivir. Cumplió con la función de agitador de conciencias, dinamizador cultural, y promotor del libro y de la lectura. Siempre consideró que el pensamiento y la reflexión haría más libres y felices a los hombres y mujeres de esta joven República.

La Fiesta del Libro se estableció en España por Real Decreto de 6 de febrero de 1926 el día 7 de octubre, fecha supuesta del nacimiento de Cervantes, para fomentar la difusión del libro durante la Dictadura de Primo de Rivera. En 1928 la Fiesta a efectos comerciales se convirtió en Semana del Libro por acuerdo de las Cámaras del Libro, y aumentaron considerablemente las ventas. Tres años después, en 1931, se trasladó la fiesta al 23 de abril, día en que se conmemoraba la muerte del escritor del Quijote, para alejar la fiesta de las compras de textos escolares de septiembre y colocarla en primavera con un tiempo más favorable[6]. El éxito y la popularidad de la Fiesta del Libro sirvieron de acicate y de experiencia previa a los editores para lanzarse a la aventura de las ferias. De hecho, la I Feria coincidió con el Día del Libro en 1933, pero el conflicto de intereses que desató esta iniciativa entre el gremio de editores y de libreros por la venta directa al público con descuento, provocó la separación temporal de ambas celebraciones en los años posteriores, capitalizando la fiesta los libreros y las ferias los editores, aparte del interés comercial por explotar ambas citas, evitando solapamientos. Además, a partir de la Fiesta del Libro de 1934 se sustituyó el descuento del 10% en las ventas con la entrega de un ejemplar de regalo.

LA BARRACA 🎭

14 de abril de 1936, fue la fecha de la última representación teatral de la agrupación "LA BARRACA" en la Ciudad Condal. Prosiguió su andadura por otros lugares de nuestra geografía hasta su disolución involuntaria tiempo después.

En 1931 tuvo su origen y su primera toma de contacto con ayudas gubernamentales, aunque no fue hasta el verano de 1932 cuando empezó su primera gira por España. Se prolongó su trayectoria hasta la guerra civil. Posteriormente el grupo se disolvió.

Sus primeros directores fueron FEDERICO GARCÍA LORCA y EDUARDO UGARTE, más tarde ya en periodo de contienda le sucedieron MANUEL ALTOLAGUIRRE y MIGUEL HERNÁNDEZ.

El objetivo de este proyecto era acercar a todos los rincones de España, el teatro y dar a conocer obras que promocionaban argumentos clásicos de autores como Tirso de Molina, Cervantes, Calderón de la Barca ...

Los actores que integraban el elenco eran estudiantes universitarios, independientemente pertenecían a carreras de ciencias o letras. Actuaban de manera altruista, totalmente gratuita. El formato era ambulante, llenaban plazas y otras ubicaciones principalmente de pueblos y ciudades pequeñas donde era más complicado llevar la cultura a grandes dosis.

Su éxito fue arrollador, fue una iniciativa propiciada en la Segunda República, en beneficio de la cultura y su divulgación; durante mucho tiempo la prensa y las críticas estuvieron de su lado.

Más tarde se tornaron las opiniones y finalmente esta formación artística fue clausurada. Los vetos a las libertades fue un objetivo de los sublevados. Muchos de sus integrantes fueron ejecutados o encarcelados por la causa franquista y otros marcharon al exilio.

La Barraca

La Generación del 36

La generación de 36 nace como consecuencia de la guerra civil española vivida entre 1936 y 1939. Cada uno de los escritores que forman parte de este grupo compartieron en sus obras su visión sobre lo que estaba pasando en la España de aquella época: la división entre los vencedores y los vencidos, las penurias materiales y sociales y la censura de la posguerra.

Las principales características que se sitúan en esta generación son:
  • Presenta un lirismo tierno. Significa que el autor intenta transmitir sus sentimientos, sensaciones o emociones frente a la persona u objeto que es fuente de su inspiración.'
  • Cierto afán de búsqueda y experimentación. 'Intenta recurrir a cosas nuevas.
  • Se preocupa por el hombre y su realidad.
  •  Es un estilo sencillo también llamado espontáneo o natural y servía para tratar cosas o temas más humildes.
  • Domina el pulcro, es decir, es aseado, ordenado y delicado.
  • Es prosaico. El prosaísmo es el defecto de una obra en verso que se caracteriza por la falta de armonía.
Los principales escritores padecieron las consecuencias de la dura España de la autarquía y la división entre vencedores y vencidos, la censura y las penurias y miserias morales y materiales que imponía la situación. En resumen los años de pujanza del existencialismo.
Los escritores principales de esta generación son:


La Junta de Incautación y Protección del Tesoro Artístico

Seis días después de la sublevación militar, a la vista del peligro que corría el incalculable volumen de obras de arte que había repartido por multitud de instituciones públicas y propiedades privadas de todo el país, la Dirección General de Bellas Artes creó la Junta de Incautación y Protección del Tesoro Artístico, con el objetivo de poner a buen recaudo todo ese patrimonio y evitar que pudiera verse dañado por los combates o acabar siendo víctima del pillaje. Al frente de esta institución fue nombrado el pintor Timoteo Pérez Rubio, una figura que acabaría siendo decisiva en esta historia.

Desde los primeros compases de la guerra, la Junta Delegada de Madrid empezó a depositar en diversos centros cívicos y religiosos, como la iglesia de San Francisco el Grande o el monasterio de las Descalzas, los bienes artísticos que iban incautando las milicias.

El 23 de julio de 1936, cinco días después del inicio de la guerra, la Dirección General de Bellas Artes crea en Madrid la Junta de Incautación y Protección del Tesoro Artístico; germen de las diversas Juntas que se formaron en la España republicana, coordinadas por la Junta Central establecida en Valencia. Integradas por funcionarios y personal voluntario, su labor se centró en la salvaguarda del patrimonio artístico, bibliográfico y documental de los riesgos inherentes a la guerra.

A partir de finales de agosto de 1936, algunas estancias del Museo del Prado también sirvieron de improvisado almacén de socorro, y en sus sótanos comenzaron a apilarse multitud de obras procedentes de colecciones particulares junto a las creaciones más señeras de la pinacoteca, que habían sido descolgadas de sus paredes y cubiertas con mantas y lonas tras el cierre al público del centro.

El traslado de las casi 2000 obras comenzó en el otoño de 1936 y tuvo como destino la ciudad de Valencia, aunque posteriormente una parte de las obras continuaron viaje a Cataluña, hasta que finalizaron en la sede de la Sociedad de Naciones en  Ginebra 
(Suiza).

El decreto de 1 de agosto de 1936,se creó el organismo Junta de Incautación y Protección del Patrimonio Artístico, fijaba entre sus funciones la de proceder a la conservación en nombre del Estado de las obras, muebles o inmuebles de valor artístico/histórico o bibliográfico

Tenía como finalidad la intervención directa en palacios, museos, iglesias y otros edificios con el objetivo de  inventariar y trasladar a depósitos convenientemente acondicionados para su conservación durante la contienda.

En muchos casos las obras que se deseaba rescatar pertenecían bien a la iglesia, bien a colecciones privadas. En ocasiones el anticleralismo y la rabia de la población dificultaban las labores de los restauradores del patrimonio, en contra de las posiciones del gobierno legal.

El Museo del Prado se cerró preventivamente el 30 de agosto de 1936 y la primera orden de evacuación se produjo en el enfrentamiento de Ciudad Universitaria.

Entre el 7 y el 18 de noviembre, con las tropas nacionales asentadas a las afueras de la ciudad y el frente de guerra extendido a lo largo de la Casa de Campo y la Ciudad Universitaria, la capital de España fue duramente asediada por la artillería franquista. En esos días cayeron bombas sobre emblemáticas edificaciones madrileñas, como la Academia de Bellas Artes, la Biblioteca Nacional o los museos Arqueológico y Antropológico, causando importantes daños en sus instalaciones.

Durante ese periodo intenso en las cercanías de Moncloa, se produjeron fuertes bombardeos aéreos y artilleros que causaron estragos en el interior de la ciudad. Esta situación provocó que el gobierno republicano decidiese evacuar el patrimonio artístico inmediatamente.


Bajo un clima de pánico y confusión, a principios de diciembre comenzaron a partir rumbo a Valencia convoyes cargados de cuadros. A mediados de mes ya había 64 lienzos y 181 dibujos trasladados a la capital del Turia. La escritora María Teresa León, que en esos momentos formaba parte de la dirección del Museo, y su pareja, el poeta Rafael Alberti, fueron los encargados de organizar los primeros envíos, que adolecieron de llamativas deficiencias técnicas.

De hecho, la falta de materiales para embalar las obras acabó provocando daños en varios lienzos, como El conde duque de Olivares a caballo, de Velázquez, que quedó desfigurado por efecto de la lluvia que cayó sobre su barniz, o Carlos V en la batalla de Mühlberg, de Tiziano, que se magulló al cruzar el río Jarama a la altura de Arganda ya que, debido a su altura, superior a la del puente, tuvo que ser suspendido sobre los laterales del camión que lo transportaba.

En vista del riesgo que entrañaban aquellos primeros viajes, llevados a cabo de forma precipitada y bajo evidentes limitaciones, la Junta Delegada de Madrid detuvo cautelarmente el operativo para preparar mejor los embalajes. A esta tarea se dedicó un equipo de operarios y restauradores del museo capitaneados por los hermanos Macarrón, expertos en el tratamiento de obras de arte, que elaboraron un meticuloso sistema de envoltorio consistente en varias capas de papel, tela y cartón impermeable. A continuación, cada elemento era acondicionado en una estructura de madera hecha a la medida, que garantizaba su seguridad.

El gobierno de la República concedía la máxima prioridad al plan de salvamento artístico y esta vez no faltaron clavos, tornillos ni tablones para que el tesoro del Prado pudiera viajar sin temor a verse dañado. El protocolo incluía un detallado sistema de seguridad para el transporte: escoltados por varios vehículos militares, los camiones debían viajar a una velocidad máxima de 15 kilómetros por hora para evitar que los baches del camino pudieran causar desperfectos en los cuadros o sus envoltorios. Los automóviles iban provistos de extintores y sus conductores tenían la orden de repostar lejos de los surtidores de gasolina para prevenir cualquier posibilidad de incendio.

Entre finales de año y mediados de febrero de 1937, se realizaron 22 envíos a bordo de 70 camiones en los que viajaron 390 pinturas y 180 dibujos de la colección del Prado, así como el Tesoro del Delfín –conjunto de piezas de orfebrería perteneciente también a la pinacoteca– y diversas obras provenientes del Monasterio del Escorial, la Academia de San Fernando, el Palacio Real y el Palacio de Liria. Era tal la delicadeza con que fue tratado aquel patrimonio artístico, que cada viaje empleó 32 horas en recorrer los 350 kilómetros que separan Madrid de Valencia.

En marzo de 1938, a bordo de siete expediciones, el tesoro del Prado inició un nuevo viaje, en esta ocasión hacia el norte, que estuvo plagado de peligros debido al precario estado en que se encontraban las vías de comunicación y a la cercanía de los combates. De hecho, al pasar por la localidad castellonense de Benicarló, un ataque aéreo provocó el desprendimiento de un balcón de una vivienda justo cuando pasaba debajo de ella la camioneta que portaba La carga de los mamelucos y Los fusilamientos, causando severos desperfectos a los dos lienzos de Goya.

En Cataluña, la operación de salvamento del Prado iba a vivir sus momentos más angustiosos. Tras hacer parada y fonda en el Monasterio de Pedralbes y dos villas de las localidades gerundenses de Viladrau y Sant Hilari de Sacalm, las obras quedaron ubicadas en la fortaleza de Figueres, la mina de talco de La Vajol, situada a pocos kilómetros de la frontera francesa, y el Castillo de Perelada. En la cocina de este edificio monumental, con el sonido de las bombas cayendo cada vez más cerca, el restaurador del Prado, Manuel Arpe, se vio obligado a montar un improvisado taller para reparar los dos Goyas que se habían dañado en el traslado desde Valencia.

Ilustración que recrea el traslado de las obras del Prado a camionetas para su salvaguarda. Foto: Midjourney/J.C

Hora de España


Hora de España fue una revista cultural de carácter mensual editada en Valencia (capital de la Segunda República en el momento) y, posteriormente, en Barcelona, fundada por intelectuales leales a la Segunda República durante la Guerra Civil Española. Se editaron un total de 23 números, entre enero de 1937 y enero de 1939.

Sus fundadores fueron Rafael Dieste, Antonio Sánchez Barbudo, Juan Gil-Albert, Ramón Gaya y Manuel Altolaguirre. El objetivo declarado en el primer número era dar continuación a la "vida intelectual o de creación artística en medio del conflicto".

A los meses de su fundación, se incorporaron dos nombres de gran altura intelectual a la dirección: María Zambrano y Arturo Serrano Plaja. En el último número, la dirección estaba compuesta por Rafael Alberti, María Zambrano, José María Quiroga Plá y Emilio Prados.

El número y calidad de los colaboradores, algunos más habituales que otros, es muy destacable: Antonio Machado (el más activo a través de heterónimos como Juan de Mairena), León Felipe, José Bergamín, Tomás Navarro Tomás, Rafael Alberti, José Gaos, Dámaso Alonso, José Moreno Villa y Alberto y Rodolfo Halffter.

Tras la entrada en Vinaroz de las tropas franquistas, con el consiguiente cierre de comunicaciones en el mediterráneo republicano, la edición se trasladó de Valencia a Barcelona. El último número (el 23) terminó de editarse a finales de enero de 1939, apenas unos días antes de la caída de Barcelona. Oficialmente no fue distribuido, y "su existencia fue desconocida a la mayoría de los estudiosos y de los mismos redactores y colaboradores". Pero se descubrió mucho más tarde, durante el exilio republicano.

Durante su destierro en México, miembros del llamado "Grupo Hora de España" comenzaron la revista Romance.

De la revista Hora de España, dijo en 1939 Waldo Frank en The Nation de Nueva York: "Hora de España [es], a mi entender, el mayor esfuerzo literario que ha salido de cualquier guerra y prueba de que la lucha de España contra la traición del mundo es el nacimiento de una cultura que no debe morir."

Los números 1-22, y posteriormente el 23, fueron reimpresos en Alemania por Kraus Reprint, 1972.4​ De los 23 números existe un CD-ROM, editado en Valencia por Faximil Edicions Digitals en 2005, y se puede comprar números sueltos en forma digital de Digitalia Hispánica.​”

MILICIAS DE LA CULTURA DE LA II REPÚBLICA ESPAÑOLA 

Las Milicias de la Cultura fueron creadas por el Ministerio de Instrucción Pública de la República española al estallar la guerra con la finalidad de alfabetizar a los soldados enviados al frente. Estaban formadas mayoritariamente por docentes pero también por estudiantes y profesionales de los sectores más diversos que se adscribían de manera voluntaria.

En los primeros meses de la guerra la Federación de Trabajadores de la Enseñanza (FETE) de la Unión General de Trabajadores (UGT) creó una unidad de combate para la defensa de Madrid conocido como el Batallón Félix Bárzana,Formado por unos tres mil y encuadrado en el Quinto Regimiento. Los docentes se dieron cuenta de la necesidad que existía dentro del bando republicano de ofrecer una educación y formación a las masas analfabetas antifascistas y para ello el arquitecto Manuel Sánchez Arcas creó la unidad “Cultura del Miliciano” para cumplir esta misión. 

Esos cuerpos formados por docentes fueron conocidos como las Milicias de la Cultura que emprendieron su propia guerra contra el analfabetismo dentro de la Guerra Civil española. La idea convenció al gobierno republicano y el 2 de febrero de 1937 se crearon las Milicias de la Cultura. Estas milicias estaban compuestas por maestros e instructores y tenían el objetivo de: "Dar enseñanza de tipo elemental a combatientes necesitados de ella en la medida en que lo consientan las necesidades de la guerra y en los lugares adecuados para este servicio aprovechando los momentos de descanso de la tropa” 
(Decreto fundacional de las Milicias de la Cultura)

Gracias a las Milicias de la Cultura se redujo el analfabetismo, miles de hombres y mujeres fueron formados a través de la edición de revistas y periódicos en los regimientos y batallones. Un total de más de 75 000 soldados y milicianos aprendieron a leer y a escribir,

Se impartieron más de medio millón de clases colectivas y se superaron las 390 000 individuales.

Respecto a las actividades de enseñanza que desarrollaban, el plan tenía tres niveles: elemental (lectura, escritura y operaciones aritméticas sencillas); cultura mínima (profundización de la aritmética, geometría, caligrafía, ortografía, gramática, ciencias naturales, geografía e historia) y cultura media (taquigrafía, contabilidad, francés y dibujo). También, y a requerimiento de los mandos centrales del ejército, las Milicias de la Cultura se ocuparon de la formación de mandos en cursillos intensivos de quince días o un mes, a fin de completar la escasa formación de muchos oficiales y suboficiales y donde se daban, además, clases de táctica y técnica militar, a cargo de profesionales del ejército.


1937, un año decisivo

En el ámbito cultural, el año 1937, segundo de la Guerra Civil, fue el de dos acontecimientos de gran importancia simbólica. por un parte, la presencia de la República Española en la Exposición Internacional de París. Responsabilidad directa del cartelista y fotomontador Josep Renau, director General de Bellas Artes, el pabellón español en esa muestra fue obra conjunta de Luis Lacasa, arquitecto madrileño, y de su colega catalán Josep Lluis Sert. para él se encargaron obras de Picasso (Guernica), Julio González (Montserrat gritando), joan miró (campesino catalán con una hoz) y del norteamericano Alexander Calder ( fuente de mercurio de Almadén). presidia el exterior del mismo un tótem de Albero, de once metros de alto, titulado El pueblo español tiene un camino que conduce a una estrella.

Tanto dentro como fuera del edificio, Josep Renau colaboró con eficaces foto montajes. En el pabellón se celebraron diversas exposiciones y espectáculos. Su librería vendía un variado conjunto de publicaciones, entre las que destacan los grabados de Picasso Sueño y mentira de Franco; el pochoir de Miró Aidez l'Espagne; y un cuaderno bilingüe en homenaje a Federico García Lorca, el poeta asesinado.

El otro acontecimiento fue el Congreso de Intelectuales Antifascistas de Valencia, Madrid y Barcelona, publicitado por un cartel de Ramón Gaya que representó la solidaridad con la República en lucha de un amplio conjunto de intelectuales, entre otros, Pablo Neruda, Octavio Paz, Antonio Machado, Rafael Alberti, Maria Teresa de León, André Malraux, César Vallejo, Alejo Carpentier, Miguel Hernández y muchos más.

El II Congreso Internacional de Escritores fue uno de los foros donde se expresa esta heterogeneidad en el compromiso en defensa de la república, su carácter internacional está relacionado con la convulsa situación de los años treinta, con el ascenso del fascismo en diversos países y en el importante papel que realiza la Unión Soviética en el campo de la difusión cultural en su país y en la agrupación de escritores en 1934, que promueven la celebración del I Congreso Internacional de Escritores en París en 1935.

Se constituye allí la Asociación Internacional de Escritores en Defensa de la Cultura ya con sección española, decidiendo celebrar el siguiente congreso en Madrid en 1937, la guerra civil precipita la situación, algunos escritores vienen a las Brigadas Internacionales, lo que hace que la convocatoria al realizarse tenga una enorme repercusión internacional. Desde 1936 la dirección es llevada por Bergamín y Alberti.


La figura de Josep Renau

Josep Renau Berenguer nació en Valencia en 1907. Hijo de un pintor y profesor de dibujo de la Escuela de Bellas Artes San Carlos de Valencia ingresó en esta misma escuela con tan sólo doce años, donde estudió Bellas Artes entre 1919 y 1925 y donde trabajaría como profesor entre 1932 y 1936.

En 1930 se afilió al Partido Comunista de España (PCE) y organizó la Unión de Escritores y Artistas Proletarios; pronto se convirtió en un puntal del pensamiento izquierdista valenciano. Dos años más tarde consiguió un premio por el cartel de anuncio de la Exposición Nacional de Bellas Artes. Fue importante en esos años la búsqueda de un lenguaje artístico comprometido ideológicamente cuya plástica implicara mensajes políticos cargados de significado pero a la vez sencillos, de lectura inmediata; en este sentido, el descubrimiento del cartelismo pionero del dadaísta John Heartfield supuso para Renau una revelación.

Entre 1932 y 1936 fue profesor de dibujo y pintura en la Escuela de Bellas Artes de Valencia, y en 1935 fundó la revista Nueva Cultura, una de las publicaciones comprometidas con el comunismo republicano más importantes de toda España. Su popularidad acreció considerablemente tras obtener, también en 1935, sendos primeros premios en el Concurso de Carteles de Ferias y Fiestas de Valencia y en el concurso de la Asociación de la Prensa para la Tradicional Corrida de la Prensa de Madrid.
Josep Renau

En 1936 fue nombrado Director General de Bellas Artes y, mediante la creación de la Juntas de Incautación y Protección del Tesoro Artístico, fue quien decidió el traslado de parte del patrimonio artístico del Museo del Prado a la Torre de Serranos de Valencia para salvarla de los bombardeos de Madrid durante la Guerra Civil.

En 1937 Josep Renau, en nombre del Gobierno de la República, encargó a Picasso la realización de una obra (el “Guernica”) para exponer en el pabellón español de la Exposición Universal de París de 1937 y hacer un llamamiento a la comunidad internacional para romper el aislamiento de la causa republicana.

Sus responsabilidades como Presidente del Consejo Español del Teatro Director de Propaganda Gráfica del Comisariado General del Estado no le impidieron seguir una serie de carteles de compromiso político.

 A lo largo del último año de la Guerra Civil Española realizó una serie de fotomontajes: Los 13 puntos de Negrín, que ilustraban el programa propagandístico del socialista Juan Negrín (basado en buscar apoyos internacionales para la causa republicana) y donde Renau realizó montajes fotográficos con absoluta libertad.

En 1939 el desenlace de la guerra trajo como consecuencia su exilio, primero en México (tras refugiarse en Francia, donde fue internado en el campo de concentración de Argelès-Sur-Mer) y desde 1958 en Berlín Oriental, lugares en donde trabajó como un gran cartelista y publicista.

En México conoció a artistas como David Alfaro Siqueiros y Diego Rivera, con quienes se inició en la realización de pinturas murales.

 En 1976 Renau regresó a España aunque nunca dejó de residir en Berlín.

Su presencia y trabajo empezaron a estar de actualidad, por lo que en 1981 la revista Photovisión lanzó su primer número en España con un fotomontaje de Renau en portada.

Infatigable pintor, cartelista, fotomontador, muralista… Josep Renau fue crucial en la introducción en España del uso de las vanguardias y la conciencia social del cartel.

En 1982 falleció en Berlín dejándonos un inmenso legado artístico donde su concepción del arte y la cultura como medios de agitación le llevaron a convertirse en una figura clave de la resistencia cultural española.

Recordando a Baltasar Lobo

Baltasar Lobo nace el 22 de febrero de 1910 en un pequeño pueblo zamorano, Cerecinos de Campos. Entra como aprendiz en el Taller de Arte de Ramón Núñez y, a partir de 1923, asiste a los cursos de modelado del Museo de Bellas Artes de Valladolid. Con 17 años obtiene una beca para la Academia de Bellas Artes de San Fernando en Madrid, pero abandona a los pocos meses, aunque continúa tomando clases de dibujo en turno de noche en la Escuela de Artes y Oficios. Por esa época, se gana la vida esculpiendo piedras para tumbas.

Durante la Guerra Civil, un bombardeo causa la muerte de su padre y destruye el estudio de Lobo, que se une al bando republicano. En 1939, huye a Francia junto a su compañera, Mercedes Guillén.  Estuvo en el campo de concentración en Argelès-sur-Mer. Después de escapar de allí, puedo rehacer su vida como artista en el barrio de Montparnasseen, París. Entabla amistad con Picasso y Henri Laurens, quien le abre además las puertas de su taller. En una exposición colectiva en la Galería Vendóme de París -junto a artistas como Matisse, Picasso y Leger-, gana el interés del público y la crítica.

Su primera exposición individual se celebra en la Galería Blanche de Estocolmo, en 1951. Gracias al encargo de la escultura "Matemite" para la Universidad Central de Venezuela en Caracas, inicia una estrecha relación con este país que durará toda su vida.

Hasta su fallecimiento en septiembre de 1993, Lobo vive en París. Su obra recorre el mundo entero en numerosas exposiciones. Villand & Galanis de París, Nathan de Zürich, Nichido de Tokio, Freites de Caracas y Daniel Malingue de Paris son algunas de las galerías que acogen su obra. En 1984, su obra regresa por fin a su tierra natal, con la primera exposición individual del artista en Zamora. Se crea el Museo Baltasar Lobo de Zamora, que cuenta con una importante colección de obras donadas por el artista y por sus sucesores. Una exposición itinerante en 1992 con sus esculturas y dibujos llega hasta Austria, Alemania y Japón.

Entre los premios y distinciones concedidos al artista, figuran el Premio André Susse de Escultura (1958), el Premio Jacques Lenchener (1974), el Premio Oficial de las Artes y las Letras (Francia, 1981), el Premio Nacional de Artes Plásticas (España, 1984), el Premio Medalla de Oro Castilla y León (1986), la Orden Andrés Bello del Gobierno de Venezuela (1989) y la Medalla de Oro Susse Fréres Fondeul (1990).

Sus esculturas están en museos de Europa, Japón y América y también en colecciones privadas y públicas de más de medio centenar de países. Aunque el artista es muy conocido en Suecia, Suiza, Alemania o Francia, en España su figura no ha tenido el mismo reconocimiento. De hecho, su muerte en 1993 pasó prácticamente inadvertida para la prensa española.
Baltasar Lobo

La figura de Max Aub

Max Aub  no ha querido ser sólo una víctima de la Historia, aunque efectivamente lo fue, dado que tuvo que aguantar una serie de campos y prisiones entre 1940 y 1942. Desde su nacimiento el 2 de junio de 1903 hasta el término de su vida en México el 22 de julio de 1972, escribe no solamente para exorcizar el trauma resultante de esas pruebas, sino también para reivindicar su papel de testigo que se expresa contra el olvido. La escritura es un medio para comprender –« escribo para entender el mundo » afirma varias veces-, además de una herramienta para dar cuenta y « dejar rastro » en la Historia del destino de innumerables seres desconocidos : la palabra « desconocido » conviene tal vez mejor que « anónimos » ; pues no porque el apellido de un hombre esté ausente del marco histórico significa que no lo tenga. Testimonio en nombre de todos quienes han tenido un papel, han asumido sus ideas y sus compromisos al precio de la libertad o de la vida ; desconocidos a menudo valientes, a veces heroicos, a ratos sobrepasados, triturados por los sobresaltos despiadados de esos años de fuego y sangre.

Max Aub cultivó además una literatura de textos y autores apócrifos, en que lo inventado se presenta como realidad histórica: Antología traducida (1963), Vida y obra de Luis Álvarez Petreña (1943-70), en que expande su obra de 1934, y Josep Torres Campalans (1958), novela que incluye una entrevista al protagonista de la obra, una lista de hechos del momento y un catálogo de los escritos de ese imaginario personaje.

Su pasión por los cuentos abarca desde No son cuentos (1944) hasta Los pies por delante (1975), entre otras muchas colecciones. Como autor teatral, pasó por tres épocas repletas de títulos: la vanguardista de la preguerra; la comprometida (lo que llamó "teatro de circunstancias") de la Guerra Civil, y su fase final mexicana. Algunos de los títulos más célebres de esos tres períodos son Narciso (1928), Espejo de avaricia (1935), San Juan (1943), Morir por cerrar los ojos (1944), Deseada (1950) y Retrato de un general (1969).



Recordando a Josep Bartoli

Bartolí colaboró en diversas publicaciones, como La Humanitat, L’Opinió, L’Esquella de la Torratxa con dibujos de tema político, y trabajó también como escenógrafo.

Discípulo de Salvador Alarma Tastás, entre 1933 y 1934 presentó en Barcelona una exposición de dibujos y fue uno de los organizadores del Sindicato de Dibujantes de Cataluña, de la Unión General de los Trabajadores (UGT), sindicato del que llegó a ser dirigente en 1936.

Después de la Guerra Civil española se exilió a Francia; cruzó la frontera el 14 de febrero de 1939 con otros españoles y miembros de las brigadas internacionales.

Estuvo en los campos de refugiados improvisados en un primer momento en el río Tec y en los campos de concentración que fueron apareciendo (en la Menera, Ribesaltes, Sant Cebrià y Adge). Con la llegada de la Segunda Guerra Mundial tuvo que salir de París; tras ocultarse en varias ciudades, fue llevado al campo de Barm, le arrestó la Gestapo y le enviaron al campo de la muerte de Dachau en Alemania, pero consiguió escaparse. Tras muchas peripecias, finalmente llegó a Veracruz en los últimos meses de la Segunda Guerra Mundial. Allí siguió su exilio, ya sin sobresaltos, en México y Estados Unidos.

En México colaboró con Ediciones Iberia, le publicaron Campos de concentración, testimonio desgarrado de su paso por los Campos, con poesías escritas por el periodista, también exiliado y prisionero en los campos del norte de África, Narcís Molins i Fàbrega. Los dibujos de Bartolí, según sus propias palabras, “no pretenden ser un ensayo más, de literatura o de arte, sino un documento vivo, doloroso y brutal”.

En las láminas de Bartolí hay escenas aisladas que buscan impactar con una sola mirada; dibujos detalle que muestran los utensilios o juegos que los internos construían; retratos de prisioneros, a menudo primeros planos; escenas concretas o panorámicas.
Josep Bartolí i Guiu

Las artes

La arquitectura vive en los inicios del nuevo siglo el período de apogeo del modernismo en Barcelona. Doménech y Montaner construye el Palau de la Música Catalana y Antonio Gaudí marca la trama urbana de la ciudad con obras como la Casa Milá, la Casa Batlló y la Sagrada Familia.

Mientras con un estilo más convencional, en Madrid se construyen buena parte de los edificios que bordean la Gran Vía, el Palacio de Comunicaciones en la Plaza de Cibeles, y muchos de los palacetes que aún sobreviven en la Castellana y en el barrio de Salamanca.

En la pintura y la escultura conviven grandes artistas ligados a la tradición figurativa del escultor Mariano Benlliure o los pintores Zuloaga y Romero de Torres, con figuras clave en el desarrollo del arte mundial del siglo XX. Sobre todas ellas destaca Pablo Picasso, que a lo largo de este primer tercio del siglo evoluciona hasta la creación del cubismo. Junto a Picasso, inician por entonces su carrera pintores geniales como Juan Gris, Joan Miró o Salvador Dalí, y escultores como Pablo Gargallo. Como a menudo ocurre estos artistas de vanguardia eran solo conocidos por una exigua elite social. En el cine, destaca la figura de Luis Buñuel, perteneciente a la Generación de 1927 y ligado al círculo de García Lorca y Dalí. Sus primeras películas se integran en el movimiento surrealista.

Por último, hay que mencionar que este primer tercio del siglo XX es también la época más brillante de la historia de la música española. Figuras como Isaac Albéniz, Enrique Granados y, sobre todo, Manuel de Falla marcan un momento muy brillante de nuestra música.