¿POR QUÉ ESCRIBIMOS?

AL NO PODER ACEPTAR QUE SOMOS LIBRES EN JAULAS, NOS MOVEMOS EN MUNDOS DE PALABRAS QUERIENDO SER LIBRES

TRADÚCEME

COMPAÑEROS DE LUCHA EN PLUMA AFILADA

AVISO TODOS LOS TEXTOS ESTÁN REGISTRADOS

Blog bajo licencia Creative Commons

Licencia de Creative Commons

TODOS LOS TEXTOS ESTÁN REGISTRADOS

POEMAS, CUENTOS Y ESCRITOS REVOLUCIONARIOS DE DANIEL FERNÁNDEZ ABELLA is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License. Para utilizar primero y siempre sin ánimo de lucro ha de consultar al autor. Daniel Fernández Abella todos los derechos reservados.

Mostrando entradas con la etiqueta mujeres revolucionarias. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta mujeres revolucionarias. Mostrar todas las entradas

lunes, 19 de mayo de 2025

KATI HORNA

Fotógrafa nacida en Hungría en 1912. En 1933 comenzó a trabajar como fotógrafa en París y cinco años más tarde viajó a Barcelona donde trabajó como jefa de redacción de la revista Umbral. El mismo año fue comisionada por el gobierno de la República Española para realizar un álbum sobre la guerra civil y fotoreportajes que sirvieron como propaganda exterior.

Kati Horna era una experta estratega de la visión y sabía cómo organizar el material a su disposición para comunicar un mensaje determinado. Lo había aprendido de los mejores artistas de su tiempo como el pintor, escultor y fotomontador László Moholy-Nagy, quien exaltaba la potencialidad creativa de la fotografía e invitaba a la experimentación. Pero también lo aprendió a lo largo de los viajes que emprendió desde Hungría, su país de origen, cuando era tan solo una adolescente. En Budapest se formó como fotógrafa junto a su amigo de infancia Andre Friedman, alias Robert Capa. En Berlín entró en el círculo del Bauhaus y de Bertold Brecht. En París, ciudad en la que había buscado refugio tras las persecuciones raciales sufridas en Alemania, empezó a trabajar de fotógrafa para Agence Photo al tiempo que se iba empapando de los últimos vestigios del movimiento surrealista. Fue en aquel período cuando recibió el encargo del Ministerio de Propaganda Exterior español para realizar un álbum de fotografías sobre el bando republicano.

Katy Horna

Una mirada anarquista sobre la Guerra de España

Kati Horna viajó a España al igual que otros muchos intelectuales, escritores, pintores y fotógrafos. El país llevaba ya un año sumido en una guerra civil que pedía a gritos ser representada. Era necesario dar a conocer al mundo lo que estaba pasando. Cada uno a su manera y con los recursos del que disponía, los artistas se ponían en juego y se comprometían con la causa antifascista. Kati Horna pertenecía a esas personas. Su afinidad ideológica con el bando anarquista hizo que empezara una colaboración con dos revistas gráficas de la época: Libre Studio y Umbral.

Con una "Rolleiflex" que se adecuaba sobre todo a los primeros planos y retratos, Kati Deutsch Blau captó el día a día de las colectividades en Aragón, la resistencia popular en Madrid, la Barcelona revolucionaria, la retaguardia en Valencia o las iglesias y edificios ocupados. Recorrió con su cámara la España en guerra del periodo 1937-1939. Ella se consideró una "obrera de la fotografía", que nunca publicó en las grandes revistas internacionales de la época. No quiso grandes exposiciones, y concedió muy pocas entrevistas. Eligió en cambio, para sus fotos y carteles, las revistas de ideología anarquista como "Umbral", "Libre Studio", "Tierra y Libertad" o "Mujeres Libres".


Horna, que todos los días durante dos años documentó con sus reportajes los horrores de la guerra, entendió que a veces una sola imagen no era suficiente. ¿Cómo contar la destrucción? ¿Cómo mostrar la muerte sin caer en el estereotipo del reportero en busca de fama? ¿Cómo relatar las condiciones infrahumanas que las mujeres vivían en las cárceles franquistas? Y finalmente, ¿cómo explicar que la guerra ya había sobrepasado cualquier límite tanto físico como moral? Recogiendo los trozos de un mundo en pedazos, adjuntándolos visual y temporalmente y disponiéndolos para que de sus divergencias y contrastes nazca el dinamismo que la imagen necesita para enviar su mensaje


En 1939 llegó con su esposo José Horna a México, estableció amistad con el grupo de artistas surrealistas y retrató a las figuras más destacadas de los círculos del arte y la farándula. Colaboró en diversas revistas mexicanas como Nosotros, Mujeres, y Perfumes y modas. En 1962 participó en la formación de la revista S.nob, junto con Leonora Carrington, Jorge Ibargüengoitia y Alberto Gironella, bajo la dirección de Salvador Elizondo y Juan García Ponce. Para esta revista realizó series fotográficas como Fetiches, y cuentos fantásticos en secuencia fotográfica como Oda a la necrofília, Sacramentalia y Vampiro. Horna tuvo una gran labor educativa, impartió clases en la Escuela Nacional de Artes Plásticas y tuvo un taller abierto en la Academia de San Carlos desde 1973; donde dio clases a fotógrafos como Flor Garduño, Elsa Chabaud, Manuel Monroy, Estanislao Ortíz y Sergio Carlos Rey, entre otros. Fue también maestra de fotografía en la Universidad Iberoamericana.

Kati Horna colaboró en diversas revistas anarquistas como ‘Libre Studio’, ‘Mujeres Libres’, ‘Tierra y Libertad’, ‘Tiempos Nuevos’ y ‘Umbral’, de la que fue redactora gráfica y donde conoció a José Horna, su esposo, pintor español que también colaboró en la mencionada publicación.

El hallazgo de más de más de 6.000 negativos de celuloide y más de 200 en placas de cristal en buen estado de conservación, permitirán conocer imágenes y relatos asociados a la vida cotidiana: «El hallazgo abre el encuadre de los años españoles de Horna, considerada hasta el momento como la retratista de retaguardia y de la cotidianidad femenina, cuyo icono es una mujer dando el pecho a su hijo, en la casa de la maternidad de Vélez Rubio (Almería). La foto fue la portada del número 12 de la revista anarquista Umbral e ilustraba un reportaje titulado La maternidad bajo el signo de la Revolución».

Se trata de la localización de «[…] en 48 cajas de madera que contenían los archivos de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT). El sindicato anarquista los sacó de Barcelona en abril de 1939 y tras un largo viaje —con paradas en París y en las ciudades inglesas de Harrogate y Oxford— llegaron en 1947 a su destino: el Instituto Internacional de Historia Social (IIHS), en Ámsterdam. En las cajas reposan más de 500 negativos tomados entre 1937 y 1938 por la fotógrafa, que llegó a España durante la Guerra Civil para ponerse a las órdenes del servicio de propaganda exterior de los anarquistas y anarcosindicalistas de la CNT y de la Federación Anarquista Ibérica (FAI). Se trata de un hallazgo extraordinario que completa la historia que cuentan los 250 negativos que Horna vendió por dos millones de pesetas en 1983 al Estado español y que se conservan en el Centro Documental de la Memoria Histórica de Salamanca».

Se le asocia con la fotografía surrealista, sin embargo, al preguntarle si se consideraba una artista surrealista ella contestó que no, que probablemente la asociaban al movimiento por haber sido amiga de artistas surrealistas mexicanos, pero que en la época ella ni siquiera sabía lo que esa palabra significaba (Horna en Lápiz I, 2001). Muchas de sus fotografías son acercamientos de rostros o ángulos de edificios en ocasiones irreconocibles, a veces notamos que sus imágenes están fuera de foco intencionalmente para producir un efecto de remembranza sin sensación completa de reconocimiento. En sus retratos, el rostro del modelo es el punto central y el resto de la imagen proporciona un ambiente que enfatiza el carácter del personaje. Kati Horna murió en la ciudad de México el año 2000.

viernes, 23 de febrero de 2024

LA GUERRA DE LOS 100 AÑOS

Se da el nombre de Guerra de los Cien Años al largo conflicto que sostuvieron los reyes de Francia e Inglaterra entre 1337 y 1453. En realidad fue una extensa serie de choques militares y diplomáticos, caracterizada por breves campañas bélicas y largas treguas. No fue, por tanto, un estado de guerra permanente, aunque las prolongadas y frecuentes treguas se veían continuamente salpicadas de escaramuzas al estilo de la guerra de guerrillas, y las maniobras diplomáticas más tradicionales estaban al orden del día. Se inició en medio de condiciones feudales y por causa de un litigio típicamente feudal; y terminó en guerra entre dos países que se estaban convirtiendo rápidamente en naciones bajo la administración centralizada de sus respectivas monarquías.

Guerra de los 100 años (1337-1453)

Francia e Inglaterra a principios del siglo XIV. Contexto de crisis general en Occidente en el s.XIV y XV debido a este conflicto. 

Las raíces de la Guerra de los Cien Años se remontan a la conquista del trono inglés por Guillermo el Conquistador en 1066. Como duque de Normandía, Guillermo -y, posteriormente, sus herederos- participaba tan activamente en la política feudal de Francia como en el gobierno de Inglaterra. Tanto económica como culturalmente, Inglaterra se había convertido en colonia de Normandía, y los intereses de los nuevos reyes "ingleses" seguían firmemente asentados en Francia.

Esta situación se acentuó a partir de 1154, al acceder al trono de Inglaterra Enrique de Anjou, fundador de la dinastía angevina o Plantagenet. En su condición de conde de Anjou, duque de Normandía y de Aquitania, y ahora, como Enrique II de Inglaterra, este monarca tenía un pie firmemente plantado a cada lado del Canal. Según los principios feudales, Enrique y, después de él, sus hijos Ricardo y Juan, eran vasallos de la monarquía francesa, que era el poder central; pero el enorme poderío derivado del dominio de las riquezas y de los recursos humanos de Inglaterra, hizo de los primeros Plantagenet todo menos vasallos sumisos del rey de Francia.

Tras la extinción de la dinastía Capeta tras la muerte de de Carlos IV en 1328, entró una nueva dinastía real, los Valois, bajo el reinado de Felipe VI (1328-1350).  Los franceses se negaban a limitar la soberanía de su rey sobre dicha región para dar satisfacción a los ingleses. Estos, por su parte, sostenían los derechos de su rey a la plena soberanía. La siguiente fase de este conflicto se inició en 1337, cuando Felipe VI de Francia decretó una vez más la desposesión del ducado de Eduardo III de Inglaterra y organizó una campaña militar para apoderarse de las tierras por la fuerza. Esta es la fecha que se toma como inicio de la guerra de los Cien Años. La magnitud del conflicto pronto se incrementó cuando Eduardo se proclamó rey legítimo de Francia, en 1340, e invitó a los nobles franceses a reconocer su derecho. De este modo, la disputa sobre Aquitania se convirtió en una guerra por la sucesión de Francia.

Este conflicto entre dos monarcas por la posesión de un reino se complicó aún más por el resentimiento que los nobles franceses venían manifestando desde hacía largo tiempo por la intromisión del gobierno central en su esfera de poder. Y Eduardo III era lo suficientemente astuto para capitalizar ese resentimiento. Les hizo ver que sus esfuerzos eran la lucha de un señor francés que, al mismo tiempo, resultaba ser rey de Inglaterra, frente a la política expansiva de una serie de reyes cada vez más poderosos. Y, efectivamente, logró el reconocimiento de sus derechos en algunos círculos. Por tanto, a partir de 1340, existieron dos reyes de Francia.


Fases de la guerra

Las victorias inglesas

El inicio de la guerra se decantó claramente a favor de las tropas inglesas. Las primeras operaciones militares se desarrollaron en Flandes, muy vinculado a Inglaterra por el comercio de lana, cuando los burgueses flamencos se sublevaron y pidieron la ayuda del rey de Inglaterra. Eduardo III llegó a proclamarse rey de Francia en la ciudad de Gante. En 1340 se produjo la primera gran victoria inglesa en el puerto de La Esclusa, donde la flota francesa sufrió una severa derrota a manos de la armada inglesa. Sin embargo, falto de recursos y de apoyo diplomático, Eduardo III no pudo explotar este primer triunfo y firmó una tregua en Esplechin.(1340).

batalla naval de la Esclusa (1340)

Eduardo III era un rey poderoso y respetado. Coronado en 1327, había restaurado la autoridad real en su país (muy debilitada por el nefasto reinado de su padre Eduardo II), al que había convertido en una potencia europea. En 1345 se reabrieron todos los frentes. Eduardo III estrechó su alianza con Jacobo van Artevelde, pero la crisis económica de Flandes desembocó en su asesinato, la retirada inglesa de la zona y la restauración pro-francesa de la mano del conde Luis de Male (1346-1384). Eduardo III llevó entonces la guerra a la propia Francia: La cabalgada de Lancaster de 1346 fue una serie de incursiones que llevó a cabo Enrique, conde de Lancaster, en la Francia suroccidental durante el otoño de 1346. Marchando en cabalgada, los ingleses saquearon Caen, amenazando Rouen y la propia París, pero, sin fuerzas suficientes, se replegaron hacia el norte perseguidos por el ejército de Felipe VI.

Las famosas batallas de Crécy (1346) y de Poitiers (1356) se produjeron de modo casi fortuito. Crécy rindió escasos frutos a Eduardo, excepto, indirectamente, el puerto de Calais y sus alrededores. Poitiers culminó con la captura del rey Juan II de Francia, aunque, curiosamente, este acontecimiento tuvo escasas consecuencias prácticas. Sin embargo, el efecto de estas dos victorias sobre el prestigio de Eduardo fue tal, que en 1359 se encontraba en una posición extremadamente fuerte.
Miniatura de la batalla de Poitiers (1356)
que ilustra las Crónicas de Froissart
(Biblioteca del Arsenal, París, Francia).



La Grande Jacquerie (1358)

La “Grande Jacquerie” es como se conoce a una de las revueltas sociales más importantes de la historia de Francia que tuvo lugar el 28 de mayo de 1358, en un contexto de grave crisis económica, política, militar y principalmente social; que origina numerosas agitaciones en el país galo.

Las causas de este “levantamiento” no son otras que la indefensión que sufrían los habitantes de la zona, expuestos a saqueos y pillajes, la subida de impuestos y tributos, y la creación del “taille” (un sistema que obligaba a los campesinos a arreglar, mantener y reparar elementos defensivos y construcciones de los nobles, frente a lo que no recibían dinero o contraprestación alguna).

La Grande Jacqueire (1358)

En 1359, Eduardo III había conseguido el apoyo de varias facciones en los ducados de Flandes, Normandía y Bretaña, y estaba negociando la adhesión del duque de Borgoña. Además, seguía teniendo al rey de Francia como prisionero. En ese momento Eduardo III propuso una tregua, bajo cuyos términos le sería cedida toda la mitad occidental de Francia, además de un cuantioso rescate por el rey Juan. Cuando los franceses, en un derroche de valor, rechazaron tales términos, Eduardo III reunió un poderoso ejército y montó una campaña que, según esperaba, iba a resultar decisiva.

Esta ofensiva inglesa fracasó estrepitosamente. Como consecuencia de ello, se firmaron los tratados de Brétigny y Calais (1360), que fueron los primeros acuerdos destinados a poner fin a la guerra. Según estos tratados, Francia reconocía la plena soberanía de Eduardo sobre una Aquitania bastante más extensa que antes. A cambio, Eduardo renunciaba a todo derecho a la corona de Francia. Este fue el primero de dos puntos culminantes del conflicto.

Las hostilidades se reiniciaron debido a que Francia e Inglaterra se involucraron en las guerras civiles que tuvieron lugar en Castilla, uno de los reinos cristianos de la península ibérica. Mientras que los franceses tomaron partido por Enrique de Trastámara, los ingleses apoyaron a Pedro I el Cruel, que fue vencido y asesinado por su hermanastro.

Con posterioridad, los franceses aprovecharon la muerte de Eduardo III de Inglaterra, y de su hijo el Príncipe Negro, para recuperar casi todos los territorios que anteriormente habían cedido a los ingleses.

Eduardo de Woddstock, el Príncipe Negro

Internacionalización del conflicto: la fase ibérica de la guerra con Carlos V (1364-1380)

La monarquía francesa buscó apoyos exteriores, extendiéndose así el conflicto al resto de Europa. Las hostilidades se reiniciaron debido a que Francia e Inglaterra se involucraron en las guerras civiles que tuvieron lugar en Castilla, uno de los reinos cristianos de la península ibérica. Mientras que los franceses tomaron partido por Enrique de Trastámara, los ingleses apoyaron a Pedro I el Cruel, que fue vencido y asesinado por su hermanastro, coronado como Enrique II de Trastámara.

Pedro I recurrió a la alianza inglesa para recuperar su trono y en 1367 volvió a Castilla con un ejército inglés mandado por Eduardo, hijo del rey Eduardo III y gobernador de Guyena. Las tropas inglesas vencieron a las francesas y castellanas en la batalla de Nájera.

Pese a sus victorias iniciales, Pedro I fue perdiendo a sus aliados europeos al no poder hacer frente a las deudas contraídas con los ingleses, lo que llevó a la retirada de las tropas del Príncipe Negro. 

El que más tarde se erigiría como Enrique de Trastámara, financiado firmemente por los franceses, lanzó un duro ataque contra Pedro I y, finalmente, en la batalla de Montiel acabó con su vida en 1369. Enrique II de Castilla fue proclamado rey y la dinastía Trastámara se instauró en Castilla. También como resultado de su derrota, Pedro I pasó a la historia como ''el Cruel'', a pesar de que el pueblo llano lo había apodado como ''el Justiciero''. 

Con posterioridad, los franceses aprovecharon la muerte de Eduardo III de Inglaterra, y de su hijo el Príncipe Negro, para recuperar casi todos los territorios que anteriormente habían cedido a los ingleses.

batalla de Montiel (1369)

Guerra de desgaste y recuperación francesa bajo Carlos V

Eduardo retiró su renuncia a los derechos sobre la corona francesa, y el rey de Francia, en represalia, se negó a declinar su soberanía sobre Aquitania. En consecuencia, la guerra se reanudó. Carlos V de Francia heredó un reino en quiebra, pero, contra todo pronóstico, consiguió revertir la situación. 

Carlos V consiguió imponer a su candidato al trono de Castilla en 1369 y así pudo continuar la guerra: en 1372 la armada castellana derrotó a la inglesa en La Rochela, rompiendo las comunicaciones entre Inglaterra y sus posesiones francesas. Optó por la vía de desgaste, combatiendo al enemigo mediante escaramuzas y golpes de mano, evitando batallas campales. 

El ejército francés, dirigido por el comandante bretón Bertrand du Guesclin, practicó una guerra de desgaste, evitando el enfrentamiento a campo abierto, que causó graves quebrantos a la población pero se mostró muy eficaz. Du Guesclin encadenó diversas victorias y tras el triunfo en la batalla naval de La Rochela (1372), expulsó a los ingleses de casi toda la Bretaña.

batalla naval de La Rochela (1372)

Hacia 1375, Carlos V de Francia había conseguido hacer retroceder a las fuerzas de Eduardo casi hasta el Canal. Todo lo que este rey había conseguido conservar era Calais, una franja costera que incluía Burdeos y Bayona, y unas pocas fortalezas sitiadas en Bretaña y Normandía.

Bertrand du Guesclin, nombrado condestable,
y recibiendo la espada de manos de Carlos V de Francia.

Periodo de treguas: Leulinghen 1389, Ricardo II de Inglaterra y Carlos VI de Francia

Entre el siglo XIV y XV Occidente entró en un periodo de paz. Francia e Inglaterra van acordando periodos de treguas temporales, pero pasan a ser definitivos porque ambos bandos están agotados.

Carlos VI de Francia (1380-1442) y Ricardo II (1377-1399) acordaron una tregua temporal en Leulinghen en 1389 que se fue renovando hasta 1404.

Tregua de Leulinghem 1389 entre Ricardo II y Carlos VI

Inglaterra con los costes de la guerra aumentó al presión fiscal, provocando una rebelión campesina en 1381 y en 1399 triunfa la "revolución Lancaster" donde el rey Ricardo II fue destronado por Enrique de Lancaster, quien se convirtió en Enrique IV de Inglaterra (1399-1413).

A principios del siglo XV, los ingleses tuvieron una nueva oportunidad de apoderarse de gran parte de Francia, por no decir de todo el país. La ocasión fue el estallido de una guerra civil o, más concretamente, un conflicto armado entre los duques de Borgoña y de Orleans. Carlos VI, que había accedido al trono de Francia en 1380 a la edad de once años era un enfermo crónico incapaz de gobernar efectivamente. En el vacío de autoridad así creado sus ducales tíos rivalizaban por el poder personal y por adquirir una influencia dominante sobre la administración central.

Fieles al espíritu de la política feudal francesa, ni el duque de Borgoña ni el de Orleans tuvieron escrúpulo alguno en buscar la ayuda inglesa. Después de haberse asegurado la neutralidad benevolente del primero, Enrique V desembarcó cerca de Harfleur en 1415. Sin embargo, la supuestamente gloriosa victoria que obtuvo en Azincourt poco después resultó ser poco más que una desesperada acción de retaguardia para cubrir su retirada.

batalla de Azincourt (1415)

Enrique V regresó con un nuevo ejército en 1417, encontrando esta vez mejor suerte. Mientras se dedicaba a conquistar Normandía, fortaleza por fortaleza, su reticente aliado, el duque de Borgoña, sitió y se apoderó de París. Cuando el duque fue asesinado en 1419, su sucesor decidió concertar una alianza formal con Enrique. Este acuerdo llevó directamente al tratado de Troyes, de 1420. Fue el segundo punto culminante, al menos aparentemente, de la prolongada guerra.

Con arreglo al tratado de Troyes, Enrique V debía ser reconocido rey legítimo de Francia cuando quedase vacante el trono por la muerte de Carlos. Parecía que todo lo que le quedaba por hacer a Enrique era completar la conquista de aquellas regiones que todavía se resistían al avance de los ejércitos ingleses. Una vez más, los sueños de Eduardo III de crear un imperio que abarcara toda Francia e Inglaterra parecían a punto de realizarse.

Pero Enrique V murió unos meses antes que el incapaz Carlos, por lo que el tratado de Troyes (1420) nunca entró en vigor. El pequeño Enrique VI fue coronado rey tanto de Inglaterra como de Francia, y los ejércitos ingleses prosiguieron la conquista del norte y del sudoeste de Francia. Pronto resultó evidente que, si lograban apoderarse de Orleans y cruzar el Loira, sería militarmente imposible cortar su avance por el resto de Francia.

 tratado de Troyes (1420)

La victoria final francesa de Carlos VII.  Juana de Arco, la doncella de Orleans

Su principal protagonista fue Juana de Arco, una campesina francesa que afirmaba que Dios le había encomendado la misión de derrotar a los ingleses.

Sus victorias elevaron la moral de los franceses y permitieron el acceso al trono de Carlos VII de Valois. Este recuperó la corona que el Tratado de Troyes había cedido a Enrique V de Inglaterra y sus sucesores.

Pero fue precisamente en Orleans, en 1429, donde el signo de la guerra cambió finalmente en favor de Francia. Estando Orleans sometida al tenaz asedio de los ingleses, apareció en escena la enigmática figura de Juana de Arco. A la cabeza de los ejércitos franceses, Juana levantó el asedio y convenció al Delfín, hijo mayor del fallecido Carlos VI, para que se hiciera coronar en Reims como rey Carlos VII de Francia. El país recobró su aliento, porque otra vez tenía un rey, así como un general victorioso. A partir de entonces, las posiciones inglesas fueron deteriorándose continuamente; Borgoña se sometió nuevamente a la casa real francesa en 1435, y París fue por fin reconquistado al año siguiente.

La entrada de Juana de Arco (1412-31)
en Orleans el 8 de mayo de 1429
Luego del ascenso al trono de Carlos VII, Juana de Arco fue traicionada y cayó en manos de los ingleses. En mayo de 1430, Juana y su ejército estaban luchando contra tropas borgoñonas en Compiègne, en el norte de Francia. Cuando intentaban retirarse ante el avance de un escuadrón enemigo, Juana cayó en una emboscada, y fue capturada por los soldados borgoñones. Más tarde, el duque de Borgoña la vendió a los ingleses a cambio de una recompensa de diez mil francos. Esto supuso un triunfo colosal para el enemigo, que odiaba a aquella chica que se creía una embajadora divina y que había humillado a su ejército. Juana fue encarcelada en el castillo de Rouen, en unas condiciones tan duras que intentó escapar varias veces tirándose por la ventana. Esto solo le sirvió para que la castigasen todavía más.

A finales de 1430, los ingleses trasladaron a la prisionera a Ruán, capital de Normandía, ciudad que administraban directamente y donde residían el joven Enrique VI y el duque de Bedford, regente de Francia. Éstos pusieron al frente del proceso a un clérigo francés de su confianza, Pierre Cauchon, obispo de Beauvais; era un antiguo servidor del duque de Borgoña que también había sido miembro del consejo del rey de Inglaterra. Junto a él se puso a un inquisidor, el dominico Jean Le Maître, que, sin embargo, pronto escurrió el bulto.

Después de una pesquisa en el pueblo natal de Juana para recoger «pruebas» de su herejía, el 3 de enero de 1431 se formularon los cargos contra la Doncella. Entre ellos se incluían haber violado la ley divina al vestirse como un hombre e ir armada, haber engañado al «sencillo pueblo» haciéndole creer que Dios la enviaba, creer en supersticiones y «falsos dogmas», y, por último, haber cometido «ofensa divina», o sea, herejía. Unos días más tarde, al abrir el juicio, Cauchon la declaró sospechosa de realizar hechizos e invocar demonios, es decir, añadió una acusación de brujería. Fue acusada de brujería y quemada en la hoguera en 1431.
Quema de Juana de Arco
En la mañana del 30 de mayo, durante una ceremonia pública celebrada en la plaza del Viejo Mercado de Ruán, Juana fue condenada como «hereje relapsa» y de inmediato conducida a la hoguera, donde ardió profiriendo repetidamente, hasta el último aliento, el nombre de Jesús.

Entre el fracaso de Orleans (1429) y 1435 se dieron pasos decisivos hacia la definitiva derrota inglesa. Inglaterra empezó a acusar el enorme esfuerzo bélico que suponía mantener la guerra en el continente y el control sobre territorios cada vez más hostiles. Ni los golpes de efecto de la ejecución de Juana de Arco ni la coronación de Enrique VI (1431) fueron revulsivos suficientes para los anglo-borgoñones. Con todo, el desenlace final del conflicto quedó en manos de Felipe el Bueno, que comenzó a deslizarse hacia un Carlos VII consciente de que sin Borgoña no podría derrotar a Inglaterra. Durante esos años en ambas cortes maduró la posibilidad de un acercamiento franco-borgoñón. En 1435 murió el duque de Bedford, regente inglés, acelerándose unos acontecimientos que harían decisivo ese año. El mutuo acercamiento de armagnacs y borgoñones culminó en el gran Congreso de Arras (agosto-1435), clave en el desenlace del conflicto. Felipe el Bueno rompió su tradicional alianza con Inglaterra a cambio de una fuerte compensación económica y de la práctica independencia política de Borgoña. A cambio de estas duras condiciones Carlos VII destruía el bloque anglo-borgoñón y era reconocido como único rey por el primer noble de Francia. Los tratados de Arras remataron la liquidación de la Doble Monarquía. Consecuencia de la alianza franco-borgoñona fue la entrada de las tropas francesas en París en abril de 1436.

Conférences d'Arras (1435)

En 1435 Carlos VII de Francia logró que el duque de Borgoña rompiera su alianza con Inglaterra a cambio de que su ducado obtuviera una amplia autonomía con Francia (Conférences d'Arras). También realizó importantes reforma administrativas y militares. Como resultado, Francia adquirió una superioridad sobre Inglaterra. 

El poder efectivo de los contendientes quedó patente en 1440 al estallar la revuelta nobiliaria de la "Praguerie" contra el autoritarismo de Carlos VII. El rey aplastó a los nobles levantiscos, demostrando que la monarquía francesa había perdido la debilidad de otros tiempos. Los ingleses, que apoyaron la revuelta, fueron incapaces de obtener ningún beneficio. Para afianzarse en el trono, Carlos VII logró que Inglaterra aceptara las treguas de Tours (1444), en las que su presencia fue reducida a Normandía y Gascuña. Las treguas de Tours (1444-1450) proporcionaron un respiro que franceses e ingleses no aprovecharon de igual forma. 

En 1448 creó los cuerpos de "francs-archers", exentos y reclutados por parroquias y, finalmente, organizó un poderoso parque de artillería. Con ello completó la creación de una poderosa maquina militar de caracteres modernos que daría la victoria definitiva a la monarquía francesa. Las treguas de Tours tampoco fueron duraderas. Inglaterra no quería hacer concesiones y Carlos VII, cada vez más fuerte, tenía la victoria a su alcance. En 1449 se reinició la guerra. Desde esa fecha hasta el final oficioso del conflicto (1453), la Francia de Carlos VII abordó una autentica guerra nacional de liberación del territorio que se desarrolló de triunfo en triunfo. La ofensiva francesa se lanzó primero en Normandía, donde el ejército creado por Carlos VII tomó una a una las ciudades normandas defendidas por pequeñas guarniciones inglesas encastilladas por temor a la población. Enrique VI hizo un último esfuerzo y envió un pequeño ejército a Cherburgo, pero las tropas de Carlos VII derrotaron a los ingleses en la batalla de Formigny (15-abril-1450), poniendo fin a la presencia inglesa en Normandía. A continuación Carlos VII dirigió sus tropas contra Guyena, más difícil de conquistar por la secular presencia inglesa en la región. Inglaterra estaba prevenida, pero el estallido de la revuelta de Jack Cade debilitó aún más sus fuerzas. Entre octubre de 1450 y junio de 1451 la artillería francesa fue rindiendo las principales plazas de la región.

batalla de Formigny (1450)

Cuando lo hizo, reconquistó rápidamente Maine y Normandía. Una alianza de castellanos, aragoneses y escoceses apoyó a los franceses que vencieron a los ingleses en la Batalla de Castillón (1453). Burdeos, la última plaza fuerte inglesa en Aquitania, cayó finalmente a manos de los ejércitos de Carlos en 1453. Eso significó el fin efectivo de la presencia inglesa en Francia, por lo que la fecha es considerada como el final del centenario conflicto.

Batalla de Castillón (1453)

Consecuencias de la guerra

A comienzos de la guerra Francia e Inglaterra eran monarquías feudales, pero después del conflicto se convirtieron en estados modernos. Otra consecuencia fue el surgimiento de un incipiente sentimiento nacional.

Aparte de confirmar a la dinastía Valois como casa reinante de Francia, y de forzar a los Plantagenet a ser más "ingleses" que antes, la guerra produjo otros efectos importantes a largo plazo. La guerra se había desarrollado exclusivamente en Francia, dejándola empobrecida y despoblada. El resurgimiento francés, durante la guerra y después de ella, sólo podría conseguirse bajo una administración central fuerte, y toda Francia reconoció esta realidad.

En Inglaterra, muchos barones se volvieron extremadamente ricos a medida que aumentaba su poder a nivel local y, en consecuencia, el rey se volvió más débil y pobre en tanto que los barones se quedaban con los ingresos locales. El monarca no podía cobrar impuestos a su pueblo sin el permiso del Parlamento y, por lo tanto, este organismo tenía que ser consultado cada vez que el monarca requería más dinero para sus campañas en Francia o en otros lugares. Como resultado de las reuniones frecuentes del Parlamento, no necesariamente ganó nuevos poderes, pero sí creó por sí mismo una identidad y, al participar en discusiones de política diplomática y la ratificación de tratados de paz, la institución empezó a convertirse en parte de la vida política inglesa. El "Parlamento Largo" de 1406 ., por ejemplo, se reunió un tiempo inusualmente largo desde marzo hasta diciembre mientras deliberaba sobre el tema siempre espinoso de las finanzas estatales, y había una gran sensación de que el rey, aunque todavía era un monarca absoluto, era quizás un poco menos absoluto que antes de la guerra.

La pérdida de la guerra para Inglaterra hizo que muchos de los nobles cuestionaran a su monarca y su derecho a gobernar. Esto y la inevitable búsqueda de chivos expiatorios para la debacle en Francia, finalmente llevaron a las disputas dinásticas conocidas hoy como la Guerra de las Rosas (1455-1487).

En Francia, la posición de la monarquía se fortaleció debido al éxito de la guerra, mientras que la nobleza y los Estados Generales (la asamblea legislativa) se debilitaron. Esto se debió a que el rey no necesitaba consultar a nadie sobre las políticas fiscales que podían imponerse a voluntad para pagar la guerra. El conflicto también vio la introducción de impuestos indirectos de larga duración, como el impuesto sobre la sal (gabelle), que no se abolió hasta la Revolución francesa de finales del siglo XVIII. El monarca francés pudo así triplicar sus ingresos a través de impuestos desde el inicio hasta el final de la guerra. Además, dichos impuestos requerían todo un nuevo aparato estatal de recaudadores, encargados de los registros públicos y tasadores para las disputas de pago que asegurarían el enriquecimiento de la Corona.

Los reyes de Francia, en aras de esa necesidad de contar con un gobierno central fuerte, pronto llegaron a adquirir poderes que habrían de desembocar en la monarquía absoluta de tres siglos después. Antes de la guerra, Francia era un mosaico de ducados y condados casi independientes, frecuentemente en conflicto unos con otros o con el rey. Sus duques y condes, así como el pueblo, tenían muy poca conciencia de ser "franceses". Después de la guerra, apareció un embrionario sentido de unidad nacional, bajo la bandera del rey de Francia y de todos los franceses. El viejo estilo feudal había desaparecido para siempre.

  • Saqueos y destrucciones
El territorio más afectado fue Francia, ya que fue el principal campo de batalla. En Inglaterra sufrieron las presión fiscal y el deterior de la economía. Las tierras francesas fueron el escenario del múltiples saqueos donde los mercenarios desmovilizados se dedicaron a a robar y saquear aldeas.
  • Cambios en las técnicas militares
Al principio del conflicto, los esquemas feudales del servicio militar seguían estando vigentes: en el caso de Francia se componía de la caballería pesada, proporcionada por la nobleza cuando era convocada por el rey. Con el transcursos de la guerra, ambos bandos se irán profesionalizando. recurren al uso de soldados profesionales o mercenarios.  Al finales del siglo XV, aparecen los ejércitos permanente compuestos por soldados profesionales pagados por la monarquía. 

El uso de artillería es cada mayor. Militarmente la tecnología se desarrolló durante este período, en particular, el uso de armas de pólvora más eficientes y el fortalecimiento y adaptación de castillos y ciudades fortificadas para hacer frente a las amenaza. Además, al final de la guerra, Carlos VII había creado el primer ejército real permanente de Francia.

También hubo una diplomacia más profesional entre las naciones europeas. También se crearon héroes y se celebraron con canciones, literatura y arte medievales, figuras como Juana de Arco o Enrique V, que todavía hoy se consideran los mejores ejemplos de nacionalidad en sus respectivos países. 
  • Modificaciones administrativas
Hasta el siglo XIV, las guerras se convirtieron en un fenómeno permanente provocó la aparición del impuesto estable.  Al principio era un impuesto directo por cada hogar o familia que debían de ser aprobados por asambleas parlamentarias. En Inglaterra era el parlamento quien les concedía a petición del rey para financiar una determinada empresa militar. En Francia, la reunión de los estados Generales o asambleas de Territorios más reducidos, regional, las conceden.

En un principio se tarta de impuestos de una duración temporal determinada por un cierto número de años y la práctica tarad en consolidarse porque se veía como algo excepcional.

También se desarrolla las contribuciones indirectas por culpa de la guerra. En Inglaterra la principal es la tasa sobre las exportaciones de lana al continente. En Francia con la Guerra de los 100 años, trajo la aparición de la gabela o monopolio por el estado de la venta de sal. este monopolio se mantiene hasta final del Antiguo Régimen.

La guerra va a hacer que la burocracia y el aparato estatal crezcan para poder gestionar tanto por el ejército como la fiscalidad.

Problemas con Borgoña

Los Valois tenían la práctica de conceder " Apanages", grandes señoríos a hijos o hermanos del monarca que no fueran a heredar el trono. Dichos apanages terminaban revirtiendo a la monarquía una vez transcurrido cierto tiempo, pero un caso no sucedió´ así, sino que este apanage se consolidó y desarrolló hasta casi generar  un poderoso y próspero estado entre Francia y el Sacro Imperio Germánico, con los Países Bajos y  sus florecientes ciudades; independiente de facto pero sujeto por vínculos familiares a los  Valois: el ducado de Borgoña.

Dicho ducado surge de una rama menor de los Valois a finales del siglo XIV. el primer duque fue un hermano de Carlos v y tío de Carlos VI de Francia. Poco a poco se expandió por su hábil política matrimonial.

Sus relaciones con la monarquía francesa empeoraron: tras su violento choque con el bando rival de los armagnacs, los borgoñones pasaron a aliarse con el rey inglés. solo rompieron esa alianza a mediados del siglo XV cuando el monarca francés Carlos VII eximió al duque de Borgoña de la prestación de vasallaje.
 Francia durante la segunda mitad del s. XIV
Fechas de interés
  • fin dinastía Capeta tras la muerte de Carlos IV (1328)
  • Felipe VI (1328-1350), primer rey dinastía Valois
  • 1340: Batalla de la Esclusa
  • 1340. tregua en Esplechin eduardo III
  • batallas de Crécy (1346) 
  • batallas de Poitiers (1356) 
  • La Grande Jacquerie (1358)
  • Tratados de Brétigny y Calais (1360)
  • Carlos V (1364-1380)
  • batalla de Montiel (1369)
  • batalla naval de La Rochela (1372)
  • tregua temporal Leulinghen (1389) entre Carlos VI (1380-1442) y Ricardo II (1377-1399)
  • batalla de Azincourt (1415)
  • tratado de Troyes (1420) 
  • Toma Orleáns (1429) por Juan de Arco (muere en 1431)
  • Conférences d'Arras (1435)
  • treguas de Tours (1444-1450)
  • batalla de Formigny (15-abril-1450)
  • Batalla de Castillón (1453)

lunes, 21 de agosto de 2023

LA ROSA BLANCA DE STALINGRADO

Lídiya Vladímirovna Litviak,(18 de agosto de 1921 – 1 de agosto de 1943), también conocida como La Rosa Blanca de Stalingrado, fue una piloto de caza de la Fuerza Aérea Soviética (Voyenno-vozdushnye sily, VVS) durante la Segunda Guerra Mundial.

Lidiya Vladimirovna Litvyak nació en Moscú el 18 de agosto de 1921, cuando la Unión Soviética todavía estaba gobernada por Lenin. No se sabe mucho de su vida antes de que se iniciara la segunda guerra mundial, solo se sabe que ella siempre estuvo fascinada con la aviación, de hecho se sabe que el vuelo del Rodina (Patria) en el que las famosas aviadoras Valentina Grizodubova, Polina Osipenko y Marina Raskova establecieron un récord de larga distancia fue lo que desencadenó en Lidyia una inspiración para convertirse en aviadora.

A los 14 años se matriculo en un aeroclub soviético, comenzando así su carrera, obtuvo su carnet de piloto deportiva dos años más tarde. Su ascenso fue exponencial, y a finales de la década de los años 30 ya se había convertido en instructora de vuelo de Kherson. Para cuando los alemanes invadieron la Unión Soviética en 1941, Lidiya había entrenado por lo menos a cuarenta y cinco pilotos.


Inicios como piloto de Caza

Cuando supo que Marina Raskova estaba reclutando pilotos para su regimiento de mujeres, Lidiya quiso alistarse de inmediato para combatir, pero fue rechazada por falta de experiencia, ya que no había cumplido las 100 horas de vuelo que se exigían como mínimo necesario para instar como piloto de caza, se rumora que sin pensárselo un momento, Lidiya falsificó su documentación y, con las 100 horas de vuelo “cumplidas”. Después de completar un riguroso entrenamiento en la base de Engels fue admitida en el 586º Regimiento de Cazas (IAP 586), una unidad exclusivamente femenina equipado con aviones Yakovlev Yak-1.

Estas son unas memorias en las que se habla de Lidiya por su paso en Engels:

“…Una vez, en Engels, hicieron salir a Lídiya de la formación matutina. Llevábamos el uniforme de invierno, y ella había cortado los bordes superiores de sus botas altas de piel a fin de hacerse un fular para su traje de vuelo. Marina Raskova, nuestra comandante, le preguntó cuándo había hecho eso. Lídiya contestó: “Durante la noche”. Lídiya quería vestir a su manera. Raskova le dijo que durante la noche siguiente, en vez de dormir, volviera a coser la piel en su sitio. Era muy extraño: había una guerra en marcha y esta rubia, esta chiquilla, estaba pensando en adornos para su traje. Me pregunté: ¿qué clase de piloto va a ser esta, si no le preocupa nada más que su fular y su aspecto?…”

Tras unos meses de entrenamiento, realizó sus primeros vuelos de combate en verano de 1942 sobre Sarátov. En septiembre de ese mismo año, fue asignada, junto a otras siete pilotos -entre las que se encontraba Katya Budanova, la única otra mujer en la historia que ha alcanzado el honor de ser considerada as de la aviación-, al IAP 437, un regimiento masculino que estaba en graves apuros en la batalla de Stalingrado. Tres días después, cuando realizaba su segunda misión, derribó sus dos primeros aviones: el primero, un bombardero Junkers Ju 88, fue abatido en colaboración con el comandante del regimiento, el mayor Danilov; pero, minutos más tarde, Lidiya realizaría una proeza que nadie esperaba: en solitario, derribó un caza Messerschmitt Bf 109 que, para su deleite, estaba pilotado por un as de la aviación alemana: el sargento Erwin Maier, con 11 victorias a su cuenta y tres veces condecorado con la Cruz de Hierro.

Tras saltar en paracaídas, Maier fue capturado por los soviéticos y, cuando pidió ver al piloto que le había derribado, pensó que los rusos le estaban gastando una broma desagradable. No fue hasta que Lidiya le describió paso a paso la lucha que habían mantenido, que Maier tuvo que reconocer con amargura que había sido derribado por una mujer.

Sólo tres días, Lidiya Litvyak se había convertido en la primera mujer de la historia militar que derribaba un avión enemigo, la joven piloto no dejaba de impresionar a sus compañeros masculinos por su habilidad en el combate y capacidad individual, además era muy famosa incluso entre los alemanes, la muchacha de 21 años hacía huir a los pilotos alemanes en cuanto distinguían aquella flor mortífera pintada en su fuselaje razón por la cual la bautizaron “La Rosa Blanca de Stalingrado”.



Su carrera brillante por el cielo

“…Cuando Lídiya se aproximaba al aeródromo después de una victoria, era imposible verla: llegaba volando a muy baja altitud y se ponía a hacer acrobacias de repente sobre el campo de aviación. El comandante del regimiento bramaba: “¡La voy a destrozar por esto! ¡Le voy a dar una lección!” Después de aterrizar y corretear hasta nuestra posición, Lídiya preguntaba: “¿Me ha gritado mucho papá?” Y él le gritaba, pero después se admiraba de lo que había hecho. En estas ocasiones volaba tan bajo que las cubiertas de los aviones se sacudían y se las llevaba el viento que Lídiya producía al pasar…”

Con la seguridad que dan las estrellas de mando se permitió alguna de las veleidades propias de los ases y su mecánica Pasportnikova le pintó dos lirios blancos en el fuselaje y pegó una postal con rosas amarillas en el panel de instrumentos.

A finales de año, Lidiya fue trasladada a una unidad de élite, el 9º Regimiento de Cazas de la Guardia; allí permaneció poco tiempo, luego fue trasladada, junto a Katya Budanova, como siempre, a la IAP 296 y luego reagrupada en el 73º Regimiento de Combate. Apenas nueve días después de la victoria final en Stalingrado, Lidiya derribó dos aviones más: un Junkers Ju 87 Stuka, en solitario, y un Focke-Wulf Fw 190, junto a Alexei Solomatin.

Doce días después, el 23 de febrero, Lidiya fue condecorada con la Orden de la Estrella Roja y ascendida al rango de subteniente y como consecuencia, entró en un grupo táctico de élite conocido como okhotniki o “cazadores por libre”, que permitía a pilotos excepcionales realizar misiones a iniciativa propia. Un mes más tarde fue herida por primera vez, viéndose obligada a realizar un aterrizaje de emergencia y siendo hospitalizada durante un mes y medio. A su regreso al frente, el 5 de mayo, derribaría dos cazas Me109 más.

Sin embargo, un duro golpe aguardaba a la joven: el 21 de mayo, mientras entrenaba a un piloto novato, el capitán Alexei Solomatin se estrello frente a todo el regimiento. Lidiya quedó destrozada por la muerte del que había sido su gran amor y decidió volcar toda su furia y desesperación en misiones de combate. Convirtiéndose en ese momento, en el único motor de su vida volcarse en la tarea de derribar un enemigo tras otro, sin importarle el riesgo, con una aptitud temeraria sin límites Lidiya se presentó voluntaria para derribar un globo de observación artillera alemán que ya había resistido a varios de sus compañeros con un potente fuego antiaéreo. En un primer intento, también Lidiya tuvo que desistir, ya que las barreras eran prácticamente infranqueables; sin embargo, pronto trazó un plan diferente: atacar el globo desde atrás, trazando un amplio círculo por encima de las líneas enemigas y atravesándolas por un punto ciego de la defensa alemana. Después, se acercó al globo desde la dirección del sol, con lo que pudo sorprender a los alemanes, que no esperaban que nadie se acercase desde ese punto.

“…Tras elevarse, Lídiya no voló hacia la línea del frente, sino paralela a la misma, hacia el área donde los alemanes no tenían ni tropas ni artillería. Por allí atravesó la línea del frente sin que la vieran, para volar hacia su retaguardia, escogiendo la hora del día en que podría acercarse al globo desde la dirección del sol. Nadie se esperaba que Lídiya apareciese por ese lado. Abrió fuego con munición trazadora, el hidrógeno del dirigible se incendió y cayó a tierra…”

El 13 de junio de 1943, Lidiya fue ascendida a comandante del 3er escuadrón del regimiento, aunque sería herida de nuevo, esta vez de poca gravedad, el 16 de julio. Ese mismo día, había derribado un Messerschmitt que, según algunos, llevaba pintado en el fuselaje un as de picas, símbolo de que era pilotado por algún as de la Luftwaffe. El 19 de julio, estaba volando de nuevo, y para finales de mes había derribado tres Messerschmitt más.



Llega el ocaso de su vida

El 1 de agosto de 1943, Lidiya y su escuadrón se encontraban en el frente de la batalla de Kursk. Aquel día, la joven piloto había salido ya en tres ocasiones, pero decidió realizar una cuarta salida escoltando un grupo de Ilyushin Il-2 Sturmovik; cuando de pronto aparecieron varios Messerschmitt que les atacaron por sorpresa y el avión de Lidiya fue alcanzado por fuego alemán. Sus compañeros la vieron caer envuelta en humo pero, cuando descendieron para tratar de encontrarla, no encontraron paracaídas, ni fuego, ni restos del avión. Sin embargo, Lidiya nunca regresó.

Como no se pudo recuperar su cadáver, las autoridades soviéticas sospecharon que podía haber caído prisionera y de acuerdo a las draconianas directivas de Stalin fue considerada como presunta prisionera y por ende traidora, lo que bloqueaba su reconocimiento como Heroína de la Unión Soviética. Aunque, naturalmente, mantuvo su Orden de la Bandera Roja, la Orden de la Estrella Roja y su doble Orden de la Guerra Patriótica.

Pero la mecánica de Lidiya, Inna Pastportnikova, no quiso que la memoria de la piloto fuese manchada por la sospecha de la traición, y se embarcó en una larga búsqueda de los restos de la joven que le llevaría 36 años. Acompañada por familiares y amigos de Lidiya, Inna peinó la zona donde ésta había sido derribada, hallando restos de casi un centenar de derribos de aviones, pero ninguna pista de la piloto. Finalmente, en 1979 les llegó la noticia de que el cadáver de una aviadora había sido enterrado en una fosa común en la localidad de Dmitrievka (actual Ucrania), diez años atrás, tras ser encontrada junto a los restos de su avión por unos niños. Los restos fueron exhumados y analizados por una comisión forense, que determinó que, efectivamente, aquella era Lidiya Litviak, y que había muerto debido a una herida.

El círculo no se cerraría hasta once años más tarde, el 6 de mayo de 1990. Un año y medio antes de la disolución definitiva de la Unión Soviética, su presidente, Mikhail Gorbachov, concedió finalmente a Lidiya el estatus de Héroe de la Unión Soviética; al mismo tiempo, fue nombrada teniente a título póstumo y se le dedicó una calle en Moscú y un monumento en Krasnyi Luch (sudeste de Ucrania), además de un museo en la capital rusa. Su nombre aparece en el Libro Guinness de los Récords como la mujer con más derribos conseguidos en la historia de la aviación: 12 en solitario, más el derribo del globo de reconocimiento, además de cuatro derribos más compartidos con otros compañeros.




✊ Rango: Teniente Primera
✊ Años de servicio: 1942 – 1943
✊ Apodo: La Rosa Blanca de Stalingrado
✊ Lealtad: Unión Soviética
✊ Servicio/rama: Fuerza Aérea Soviética (SVG)
✊ Unidad: 586 IAP, 437 IAP, 9 GvIAP, 73 GvIAP
✊ Condecoraciones: Orden de la Bandera Roja, Orden de la Estrella Roja, Doble Orden de la Guerra Patriótica, Heroína de la Unión Soviética
✊ Mandos: Comandante: 3er escuadrón, 73ª IAP de la Guardia
Participación: Batalla de Stalingrado, Batalla de Kursk

Mirando al horizonte infinito te busco en la noche estrellada
No hay piloto que en la noche te haga sombra, camarada
Hagamos un vuelo raso, apaguemos motores, seamos libres como las aves
estrella fugaz que desapareces en un instante

aprendimos a volar sin alas, rompiendo cadenas y alambradas
tocando el cielo con nuestros dedos, nuevos caminos a la estepa helada
brujas de la noche, en nuestras escobas de metal, aviones y naves
siempre hacia el horizonte, siempre adelante

La guerra tiene carne de frío, ojos de soledad, labios azulados, 
El enemigo la llevó a nuestros campos como negras tempestades
y frente a ellos, a pesar de todo, resistimos al invasor
y, a un alto precio, a un alto costo, conseguimos la victoria 

florecen ahora flores blancas en las campos de Stalingrado
recordando a los que resistieron en pueblos y ciudades
los que no consiguieron doblegar, los que sufrieron el horror
siempre en el recuerdo los caídos en la gran Guerra Patria ¡Honor y Gloria!

La Rosa Blanca de Stalingrado

sábado, 29 de julio de 2023

TINA MODOTTI

La fotógrafa Assunta Adelaide Luigia conocida como Tina Modotti (Udine, 1896-Ciudad de México, 1942) vivió durante su existencia en el ojo del huracán. Su interesante trayectoria vital y artística discurrió enmarcada por los algunos de los más importantes hechos históricos de los años 20-30 y por su doble y constante dedicación convirtiéndose en una artista-fotógrafa y revolucionaria-militante antifascista.
Tina Modotti

Su vida

Nacida en el seno de una familia obrera en Udine el 16 de agosto de 1896, en el norte de Italia. La pobreza de su infancia la inició en el mundo obrero, a los 12 años comenzó a trabajar en una fábrica textil, y unos años después emigró con su familia a la ciudad de San Francisco, en Estados Unidos.

Lo dedicó a ser voluntaria en el Comité Italiano de Ayuda y, al estallar la Primera Guerra Mundial, realizó trabajos en la Cruz Roja Italiana. Desde entonces se insinuaba su vocación hacia el trabajo comunitario que se intensificaría al combinarse con su futuro activismo político.

Allí trabajó en Hollywood como actriz de cine mudo. Protagonizó el largometraje The Tiger’s Coat (Roy Clements, 1920) y realizó papeles segundones en  Riding with Death (Jacques Jaccard, 1921) y I Can Explain (George D. Baker, 1922). La actuación le aburrió rápidamente pues le estereotiparon de “belleza exótica” y la reducían al estereotipo de la chica italiana: una mezcla bizarra entre apache y vampiresa. En 1921 conoció a Edward Weston y en 1922 llega a México para enterrar a su primer marido.
Sombrero, martillo y hoz (1927).

La aprendiz comenzó a relacionarse con el mundo artístico e intelectual y pronto comenzó el desfile de intelectuales y artistas en la casa que rentaban aquellos extranjeros. Tina había tenido una educación limitada que fue rápida y eficazmente subsanada no solamente por Weston, sino por la élite de la intelectualité mexicana quienes cultivaron la mente de la italiana. En México conoció e hizo íntima amistad con Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros, Blanca Luz Brum, Nahui Ollin,María Tereza Montoya y Frida Kahlo. Se hizo miembro del Partido Comunista Mexicano en 1927. Apoyó activamente la lucha de Augusto C. Sandino y ayudó a fundar el primer comité antifascista italiano. En 1928 conoce a Julio Antonio Mella, dirigente estudiantil cubano, cuando se forma el comité en apoyo a los anarquistas Sacco y Vanzetti. Empezó a ser conocida por sus controversiales fotos de desnudos y por la mirada particular que reflejaba en las fotografías que tomaba de México. Más tarde sería testigo del asesinato de Mella y en febrero de 1930 fue detenida y expulsada del país tras ser falsamente acusada de conspirar para asesinar a Pascual Ortiz Rubio, presidente de México en ese entonces.

Tina Modotti. Hombres leyendo «El Machete» 1929

De sus primeras inquietudes tecnológicas al registro mural, Tina abandona el estudio fotográfico y las azoteas para llevar su cámara a la calle, donde está la gente.

Las inquietudes sociales de la fotógrafa facilitaron un ingreso natural hacia el Partido Comunista Mexicano y se convirtió en una activista inusualmente comprometida con las causas de la izquierda. Colabora con la revista Machete en la traducción de artículos del italiano y el inglés al español pero sobre todo realiza fotografías para esta publicación.

Al poco tiempo Tina entró en contacto con Julio Antonio Mella, un líder estudiantil cubano llegado a México y dispuesto a derrocar al dictador cubano Gerardo Machado.

Mella era deportista y había publicado la revista universitaria Alma Mater (1922-1923). Para enero de 1923 se convierte en el líder de la lucha estudiantil por la reforma universitaria y funda la Federación de Estudiantes Universitarios; organiza y dirige el Primer Congreso Nacional de Estudiantes.  La desgracia total de Tina ocurre cuando caminaba del brazo de Julio Antonio Mella por la calle de Abraham González en la ciudad de México la noche del 10 de enero de 1929. El líder estudiantil y revolucionario cubano recibe dos disparos calibre 38: uno le atraviesa el codo izquierdo y el intestino y el segundo le perfora un pulmón.
 Julio Antonio Mella

Dos meses después de la gran exposición de Tina ocurre que el presidente electo Pascual Ortiz Rubio, a un día de recibir la banda presidencial, sufre un atentado. Es el momento ideal para que el gobierno aproveche la oportunidad y realizar una purga de extranjeros indeseables convertidos en chivos expiatorios. Aunque se identifica claramente al responsable, de cualquier manera se hace una cacería de brujas y Tina es una de las víctimas.

Momentáneamente recala en Róterdam, pero, tras huir de la policía fascista italiana, llega a Berlín. En esta época, el activismo gana en interés a la fotografía. En Berlín se relaciona con algunos fotógrafos y diseñadores de la escuela Bauhaus de diseño y organiza una exposición en el estudio de la fotógrafa Lotte Jacobi con obra fundamentalmente mexicana y una poca de Berlín. Su fotografía mexicana fue bien acogida, la alemana no. Tina consigue trabajo para hacer algunos foto-reportajes en un periódico ilustrado para obreros, pero aquello que se le facilitaba tanto en México se convierte en un reto imposible en Alemania. Mientras tanto su visado de seis meses está por caducar. La flama artística se extingue al mismo tiempo y con la misma velocidad: Tina deja de hacer fotografías paulatinamente.

Cuando Tina no tiene a dónde ir, aparece de entre las sombras Vittorio Vidali quien le ofrece mudarse a Moscú. Sin mejor opción Modotti accede y comienza a realizar trabajos para el Socorro Rojo Internacional, traduce textos, hace labores burocráticas. Con su nueva pareja, se traslada a la URSS en el otoño de 1930 para trabajar en el SRI. Prosigue con su labor política en Francia, Austria y España.
Tina Modotti, Mujer con bandera, 1928.

La fotografía de Tina Modotti era mucho más que imágenes estáticas; era un reflejo de su perspectiva única y de su conexión profunda con las emociones humanas. A través de su lente, capturó la belleza en la cotidianidad, revelando la humanidad y la intensidad de las personas y lugares que retrataba. Sus fotografías eran un testimonio poderoso de su capacidad para sumergirse en la esencia de los sujetos, transmitiendo emociones crudas y sinceras que resonaban en el espectador.

Debido a su entrega a la lucha política, no dejó una obra abundante. Se reduce a 400 imágenes. Al menos esa es la cifra de negativos que hoy se conservan, en su mayoría en el Archivo Museo Fotográfico de Pachuca, en Hidalgo, y en el Archivo Fotográfico de la UNAM. Pero a pesar de que carrera fue breve, Modotti creó una estética de gran fuerza, que es un paradigma por la sorprendente síntesis de la estética vanguardista artística y el contenido revolucionario y social. Eso la convirtió en una de las máximas representantes de la fotografía de esa etapa. Hoy sus obras se encuentran entre las más caras del mercado fotográfico y tiene el récord de que en 1991 su obra Rosas fue vendida en una subasta de Sotheby’s por 165 mil dólares. Al celebrarse en 2010 una exitosa retrospectiva suya en Viena, el periódico Neue Zürcher Zeitung la definió como “la Juana de Arco de la cámara”.

Anónimo. Tina Modotti en su exhibicón de fotografías (1929)

Su etapa en España

Llegó a España en la primavera de 1936, procedente de Moscú, donde habían vivido los últimos cuatro años junto a su pareja Vittorio Vidali, comisario político del Komintern. Nada más estallar la guerra en España viajó hasta el seno del conflicto para atender tareas solidarias de asistencia sanitaria y comunicativas, como periodista y fotógrafa del semanario Ayuda, órgano del Socorro Rojo Internacional en España.  Al comenzar la Guerra Civil se trasladó a España para formar parte del Quinto Regimiento y trabaja en las Brigadas Internacionales con el nombre de María hasta el fin de la guerra. Colaboró en las unidades móviles de transfusión de sangre del médico canadiense Norman Bethune.

Margarita Nelken, en una de las varias alabanzas que se hacen a su actividad, relata como atendía a los niños que llegaron a Almería tras el éxodo de la población malagueña que se vio acosada durante el trayecto a pie por los bombardeos de las fuerzas franquistas. Se le atribuye un artículo publicado en el periódico “Ayuda” en el que recuerda la situación desesperada de la población que llegaba a Almería:

“[...] La mayoría eran huérfanos ya... pero de todos esos niños ninguno tan adorable como aquel grupito que tenía como cabeza de familia a una encantadora chiquilla de once años, Valeria García Vara, de Vélez Málaga. La metralla los había dejado huérfanos en medio del camino. Se hizo cargo de sus tres hermanos menores incluso el niño de pecho que guardaba en sus frágiles brazos hasta que el socorro Rojo fue a recogerla en la cuneta en la que, probablemente se tumbó para morir” . (22) El artículo, fechado en marzo, cuenta esta historia a su llegada a la carretera de la muerte. Quedaría marcada por el dolor de aquellos casi 300.000 refugiados que hicieron la marcha. Aunque aparece como un artículo anónimo fue atribuido a Tina Modotti, quien, al igual que Matilde Landa, fue enviada a Almería para asistir a los huidos de Málaga.



Modotti también estableció relaciones con intelectuales como Pablo Neruda, Rafael Alberti y Miguel Hernández. A este último lo asesoró en la edición del poemario Viento del pueblo, del cual se puede ver un ejemplar en la muestra. También se exhibe una copia de un libro de Alberti abierto en las páginas donde aparece un poema dedicado a ella. Tras la muerte de la fotógrafa, Neruda hizo algo similar.

Puso en marcha el hospital para tuberculosos del gobierno republicano y colaboró con las Brigadas Internacionales de Albacete. También ayudó a muchos soldados a cruzar la frontera francesa y fue enfermera de confianza, junto a otras compañeras, cuando Dolores Ibárruri Gómez, conocida como La Pasionaria, enfermó de hepatitis. 

El 19 de abril de 1939 Tina Modotti regresaba al puerto de Veracruz, México, con pasaporte falso, donde continúa su actividad política, a través de la Alianza Antifascista Giuseppe Garibaldi. En 1940, el presidente Lázaro Cárdenas anula su expulsión.

Tina Modotti murió a los 46 años, en su amado México. El 6 de enero de 1942 falleció de un paro cardíaco cuando viajaba en un taxi. Poco antes, había logrado recuperar su identidad. Fue enterrada envuelta en una bandera adornada con la hoz y el martillo. Su amigo el grabador Leopoldo Méndez esculpió su perfil en la lápida y Pablo Neruda le dedicó un poema que terminó convirtiéndose en un poético epitafio: «Puro es tu dulce nombre, pura es tu vida frágil. De abeja, sombra, fuego, nieve, silencio, espuma. De acero, línea, polen, se construyó tu férrea, tu delgada estructura», en lo que se convirtió en el epitafio de esta mujer guerrera y artista a partes iguales con vida de leyenda.

Fotografía

La dicotomía vida/obra en Modotti la escindía y era su gran contradicción. Le atormentaba el que la vida “se metiera” en su arte, pero sin esa vida no hay arte: si no hubiese sido italiana y pobre no habría admirado a México ni a sus mexicanos y no hubiera hecho fotografías de documentalismo social. Sin las enseñanzas de Weston tal vez no habría sido una fotógrafa de elevada noción estética y habilidad técnica. Sin el penoso incidente de Mella y sus encarcelamientos y su crisis en Berlín no se comprendería por qué dejó de hacer fotografías. Detrás de cada anécdota hay una razón que explica su trabajo fotográfico.

Tina comienza a explorar los temas que le importan más, los que realmente le atraen la mirada y nunca deja totalmente de lado las enseñanzas y rigores de Weston. Ante la obra de Modotti lo que podría decirse es que la fotógrafa tenía un talento que no pudo desarrollar plenamente por su abrupta salida de México y el giro que dio su vida tras el asesinato de Julio Antonio Mella. La obra fotográfica que nos queda nos habla del enorme potencial de Modotti cuyo mérito es grande, pero que pudo madurar y ser aún mayor. Si Tina solamente le dedicó de modo serio e intenso siete años de su vida a la fotografía de los cuales tres (1923-1926) fueron como aprendiz, nos quedamos con escasos tres o cuatro años de trabajo fotográfico en pleno proceso de maduración que necesitaba tiempo para acomodar y armonizar el esteticismo formal de Weston y la lucha revolucionaria de Tina quien requería urgentemente alejarse de voces como la de Xavier Guerrero para escuchar su propia voz, encontrar su propio discurso y hallar su propio tono. Si Tina logró tanto en apenas seis o siete años ¿Qué hubiera sido con una vida fotográfica madura?

Esperan tendidos los negativos en el cuarto oscuro
ver la luz que revelen las imágenes de las fotografías
tus huellas sobre papel fotosensibles toman forman
desvelando la realidad ante los ojos vendados de la sociedad

te encuentro con la mirada que captó tiempos crueles y duros
con el obturador dispuesto a captar la realidad del día a día
de una época y sociedad rota, gentes que crean y deforman
sus vidas en épocas convulsas sumergidas en el caos y la oscuridad

Tengo guardado tu pañuelo verde para cuando vuelvas, Tina querida
luz que guía, faro de esperanza que captura el momento
hermana, no duermas, la nueva rosa es tuya, la nueva tierra es tuya
No dormirás en vano, hermana. Puro es tu nombre, pura es tu frágil vida

La nueva rosa es tuya, la tierra es tuya: te has puesto un nuevo traje de semilla de vida
Son los tuyos, hermana: los que hoy te dicen tu nombre, Tina Modotti, lo proclaman al viento
y a todas partes, al agua y a la tierra, tu suave silencio se llena de raíces haciéndote suya
con tu nombre Tina Modotti el Fuego no muere, eterna llama en tu recuerdo encendida