¿POR QUÉ ESCRIBIMOS?

AL NO PODER ACEPTAR QUE SOMOS LIBRES EN JAULAS, NOS MOVEMOS EN MUNDOS DE PALABRAS QUERIENDO SER LIBRES

TRADÚCEME

COMPAÑEROS DE LUCHA EN PLUMA AFILADA

AVISO TODOS LOS TEXTOS ESTÁN REGISTRADOS

Blog bajo licencia Creative Commons

Licencia de Creative Commons

TODOS LOS TEXTOS ESTÁN REGISTRADOS

POEMAS, CUENTOS Y ESCRITOS REVOLUCIONARIOS DE DANIEL FERNÁNDEZ ABELLA is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License. Para utilizar primero y siempre sin ánimo de lucro ha de consultar al autor. Daniel Fernández Abella todos los derechos reservados.

Mostrando entradas con la etiqueta México. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta México. Mostrar todas las entradas

miércoles, 13 de noviembre de 2024

DE COLONIAS A NACIONES: IBEROAMÉRICA Y LA CONSTRUCCIÓN DE LOS NUEVOS ESTADOS

La mayor parte de las colonias americanas de los dos imperios ibéricos culminaron sus procesos de independencia durante el primer cuarto del siglo XIX. Aunque se desarrollen prácticamente a la par, los procesos de emancipación de Brasil y de las colonias españolas tomaron rumbos diferentes: Brasil acabó por convertirse en una única monarquía parlamentaria, mientras que las colonias españolas se fragmentaron en diversas repúblicas. 

El vacío de poder generado en la metrópolis durante 1808 fue el detonante para iniciar la emancipación iberoamericana. Al constatar la indefensión ante la falta de tutela del Imperio, se inició un largo proceso en el que las élites criollas optaron por la independencia. 

Una serie de procesos externos actuaron como referentes: la emancipación de Estados Unidos, la revolución francesa y la independencia de Haití. A ellos hay que unir otras causas internas que distanciaron a las colonias de sus metrópolis como fueron las reformas administrativas y económicas iniciadas por los Borbones y los Braganza a mediados de 1700. Asimismo hay autores que contemplan las luchas indígenas como movimientos precursores de la independencia. 


Ideas Y Contexto 

A las revoluciones políticas y tecnológicas de finales del siglo XVIII les acompaño una profunda revolución intelectual que se denomina Modernidad. Este proceso se gestó al margen de los círculos estamentales del Antiguo Régimen, sin la vigilancia de la Monarquía y de la Iglesia. A su vez, la imprenta permitió su difusión con gran celeridad. 

Fue en este ambiente donde, de manera individual y voluntaria, burgueses y aristócratas, comerciantes y funcionarios, letrados y clérigos debatieron sobre una serie de principios producto del pensamiento ilustrado. De entre ellos sobresale el de soberanía popular, es decir, que la soberanía reside en el pueblo. 

Alrededor de esta idea se incardinan conceptos como gobierno representativo, estado de derecho, colonialismo y republicanismo, definidos por matices diferentes según el espacio geopolítico en el que germinen. 

El sistema filosófico, político y económico que se expandió en Iberoamérica, estimulado por los principios de la revolución francesa y de las Trece colonias norteamericanas, el impulso de la Ilustración laica y el constitucionalismo gaditano fue el liberalismo y el republicanismo. Los intelectuales latinoamericanos confiaban en que una legislación bien elaborada fuera suficiente para regir una sociedad instaurando la libertad individual. 

Durante la consolidación de los procesos de independencia y la formación del pensamiento político iberoamericano, el liberalismo presentó un amplio abanico formal, desde el más extremista, anticlerical y jacobino, hasta el más conservador y doctrinario apoyado en la actitud reaccionaria de la iglesia Católica. 

En general, sus seguidores, en su mayor parte criollos, tendieron a un modelo intermedio, que pretendía el entendimiento con los sectores más moderados del conservadurismo. 

Por el contrario, el conservadurismo basado en un principio casi intuitivo de defensa del Antiguo Régimen, se afianzó entre los peninsulares, la Iglesia y parte de los criollos. La vuelta al absolutismo monárquico europeo posterior a 1815 reforzó esta tendencia entre las élites latinoamericanas. La necesidad de consolidar los gobiernos autóctonos fortaleció el conservadurismo; el orden resultaba imprescindible para desarrollar la economía y construir los estados-nación independientes. 


El viaje de las ideas ilustradas a América

Las ideas de la Ilustración llegaron a América a través de dos cauces, uno oficial, controlado por la corona y denominado “ilustración católica” y otra extraoficial o civil. El primero se caracterizó por un dirigismo estatal en los planos cultural y educativo, que se manifestó en un impulso laico otorgado a la educación. 

Por esta razón se fundaron diferentes centros de enseñanza superior. Éstos suplieron la docencia impartida por la Iglesia. Por otra parte, estas reformas facilitaron el contacto de las élites criollas con un cierto eclecticismo filosófico, la física moderna y la nueva cosmogonía, alejándose del aristotelismo y de la Escolástica dominante, mientras se formaban para gestionar la administración borbónica. En Brasil, la corona no promovió ningún centro universitario por miedo a crear focos de pensamiento autónomo, lo que resultó contraproducente puesto que las clases acomodadas optaron por enviar a los jóvenes a Coímbra y Salamanca, de donde regresaron con ideas aún más avanzadas. 

Respecto a la “ilustración laica”, hasta 1790 las ideas circularon con total libertad. Pero la Inquisición puso en marcha su maquinaria al arribar algunos conceptos nacidos tras la revolución francesa como, los principios generales sobre la igualdad de todos los hombres y las ideas contrarias a la quietud de los estados y reinos. 

Sin embargo, las ideas que posiblemente tuvieron mayor influencia fueron las de los fisiócratas, quienes defendían la preeminencia de las actividades agrícolas sobre cualquier otro sector económico. Difundidas por los clérigos españoles afincados en América tuvieron una gran acogida entre los criollos al estar la economía colonial sustentada por la agricultura y la minería. Los fisiócratas europeos eran liberales respecto a la economía pero se manifestaban muy autoritarios en cuanto a lo político, defendiendo formas de gobierno despóticas dispuestas a intervenir en lo económico y lo social. Estas tendencias conservadoras y autoritarias, necesarias frente a la falta de consenso entre las elites criollas y las dificultades de los grupos hegemónicos para gobernar, influirán en los futuros sistemas de gobiernos de los estados americanos. 

Las ideas ilustradas fueron penetrando en un grupo de criollos considerados como los “precursores” de la independencia. El primero en concebir “la libertad e independencia de todo el continente americano” fue en 1784 Francisco de Miranda, quien había leído a los filósofos franceses mientras realizaba el servicio militar en España. Miranda redactó en 1790 un plan de gobierno federal para aplicar a Hispanoamérica en el que definía el concepto de ciudadanía al defender el derecho a voto para los mayores de 21 años nacidos de padres libres. Éstos compondrían unas nuevas asambleas que gobernarían en todo el territorio, suprimiendo cabildos y ayuntamientos, así como gran parte de los tributos. Declaraba la libertad religiosa, aunque la religión católica romana seria la nacional. La federación estaría regida por una liga imperial y gobernada por dos ciudadanos, los Inca, nombrados para cinco años. 
Francisco Miranda

También destaca como precursor entre los criollos de ideas liberales Simón Bolívar. Nacido en Caracas, después de viajar por España, Europa y Norteamérica dedicó su vida a la independencia de la Gran Colombia. Inspirándose en la propuesta federalista de Miranda, su pensamiento político evolucionó hacia el conservadurismo. Asimismo el rioplatense Manuel Belgrano fue otro de los grandes lectores de los filósofos ilustrados; comenzó como un liberal pleno de entusiasmo para finalizar su discurso político como un convencido monárquico. 
Simón Bolívar

El contexto económico y social de la emancipación 

La estructura económica en América había permanecido prácticamente inmutable desde la colonización hasta 1750. La función de las colonias era la de producción y envío de materias primas a Europa y la absorción de las manufacturas ultramarinas enviadas a través de las metrópolis. 

A mediados del siglo XVIII los Borbones y los Braganza pusieron en marcha unas medidas liberalizadoras del comercio con el fin de recuperar el dinamismo económico peninsular. En respuesta a los progresos de la revolución industrial era imprescindible aumentar la producción colonial e incorporar al mercado mundial nuevos recursos productivos de zonas tan marginales como Venezuela, Río de la Plata, El Salvador, Ecuador o el Alto Perú y sus planicies costeras que aportaban cacao, añil, cueros, azúcar y algodón. El azúcar y el algodón, explotados según el modelo esclavista, gozaban de una posición destacada. De todas formas, los metales preciosos seguían siendo el elemento esencial de la exportación y gracias a estas reformas económicas, la entrada de metales al tesoro español se duplicó. 

Además, Carlos III reorganizó el sistema impositivo y la recaudación de la alcabala (impuesto indirecto sobre cualquier tipo de compraventa), monopolizó el tabaco, incrementó la extracción de plata y aumento el control sobre el comercio de cacao, el azúcar y el café. Para aplicar sus reformas en las regiones limítrofes del Imperio reordenó el territorio de los dos nuevos virreinatos escindidos del inmenso del Perú: el de Nueva Granada y el de Río de la Plata. Las reformas obtuvieron un resultado espectacular pues durante el primer decenio, de 1778 a 1788, el tráfico de mercancías se multiplicó y supero al comercio ilegal. Desgraciadamente, veinte años después, en 1808, la situación era bastante peor porque la metrópoli no era capaz de absorber la producción indiana ni su escaso desarrollo industrial le permitía abastecer de productos manufacturados al mercado de ultramar, lo que afectaba a la economía colonial. 


Asimismo la Corona se había interesado por la situación de la propiedad de la tierra y de la mano de obra, hasta el punto de iniciar una discreta reforma agraria. Por la Real Instrucción de 1754 se confirmaron las propiedades anteriores a 1700, aunque para las posteriores hubo que presentar títulos y pagos. Respecto a la mano de obra, los indios se beneficiaron con las leyes de las encomiendas al convertirse en propietarios de las tierras por las que pagasen tributos al rey. Las oligarquías terratenientes consideraron como una injerencia intolerable de la Corona tanto en los modos de producción como en la propiedad, manifestándose en contra de las pequeñas propiedades indígenas al perder parte de su mano de obra en régimen de semiesclavitud. Esta situación deterioró tanto el marco político y jurídico entre colonos y metrópoli que hizo inviable la convivencia. 

Peor aún resultó para una gran parte de los criollos la implantación en 1788 del libre comercio que iba destinado a los negociantes y mercaderes peninsulares. Al liquidarse el monopolio de Cádiz y Sevilla, los puertos catalanes introdujeron sus manufacturas en las colonias en detrimento de las americanas. 

Ciertamente se estimuló el comercio con la península al atenuarse el contrabando y se institucionalizó lo que venía sucediendo desde décadas atrás, pero aumentó todavía más el resentimiento de las élites criollas. Como consecuencia de esta política, la producción textil mexicana sufrió unos efectos catastróficos.

Por el contrario, la zona del Río de la Plata recibió un fuerte impulso al convertirse en suministradora de cueros y carne salada para exportar a las regiones esclavistas. De esta forma, las leyes del libre comercio forzaron una redistribución de los flujos comerciales internos en el subcontinente, modificando las relaciones interprovinciales e interregionales de las colonias, tanto entre ellas como con la metrópoli. 

Por otra parte, la mayor demanda agrícola supuso un aumento de la población esclava y un incremento en la explotación de la mano de obra indígena, lo que provocó levantamientos de negros y pardos. Para exacerbar aún más los ánimos, las leyes recogidas en la Constitución de 1812 relativas a las colonias, que impulsaban libertades como la abolición del tributo indígena o de los privilegios jurisdiccionales fueron mal recibidas por los oligarcas locales. Tras la invasión napoleónica, los criollos comenzaron a considerar inútil una metrópoli que no defendía sus intereses económicos ni de clase. 

Tampoco fue tan dramática la injerencia imperial, aunque sí resulto preciso considerar estos agravios para justificar el corte radical con España; agravios construidos a posteriori por las élites criollas contra la Corona. 

De ejecutar las órdenes se encargaban los peninsulares afincados en Hispanoamérica. A principios del siglo XIX suponían una pequeña parte de la población blanca, en su mayoría criollos. Desde esta perspectiva, la independencia fue la victoria de una mayoría, eso sí, minoritaria, frente al conjunto de la población americana. 

Las discrepancias que separaban a criollos y peninsulares resultaban bastantes nimias. Las pugnas eran más que nada ideológicas pues ni todos los peninsulares eran realistas, ni todos los criollos independentistas. El juego de intereses entre los poderes locales y regionales muchas veces era mayor que el enfrentamiento con la Corona o con sus representantes.

La situación varió al iniciarse el proceso emancipador. Los peninsulares fueron desposeídos de sus cargos públicos en las zonas controladas por los rebeldes, que comenzaron a llamarse patriotas. Si reconocían a los nuevos gobiernos revolucionarios, pagaban los impuestos para la revolución y apoyaban la independencia se les consideraba americanos. A los criollos que respaldaban a los realistas se les persiguió y muchos huyeron a España junto a los peninsulares. 

En realidad, el Antiguo Régimen en Hispanoamérica, a principios del XIX, era un modelo anquilosado, un sistema político que no fue capaz de canalizar las tensiones de los diferentes grupos para dar una mínima satisfacción a los distintos intereses sociales y económicos, étnicos y raciales. 


De la emancipación a la revolución y la guerra 

El proceso de las colonias españolas para convertirse en naciones se fraguó en dos etapas. La primera, la de emancipación, abarca desde 1809 hasta la derrota de Napoleón en 1815. Está definida por los análisis provincialistas y reformistas que realizan los intelectuales y políticos locales sobre las futuras naciones. La segunda se explica por la radicalización, al adoptarse la vía revolucionaria que desemboca en una guerra contra la metrópoli. Culmina con la independencia de Iberoamérica en 1825, excepto Cuba y Puerto Rico. 

Los estertores de un Imperio 

Al conocer los sucesos de Bayona y la revuelta del 2 de mayo de 1808 en Madrid, las colonias reaccionaron de manera similar a la metrópoli frente a la invasión francesa. El deterioro de la situación militar obligó a que en todo el Imperio se reconociera como autoridad suprema la Junta Central. Por primera vez una metrópoli convocaba a los representantes de sus colonias. La Junta decretó que las posesiones españolas de América eran reinos y provincias con los mismos derechos que los peninsulares. El Imperio quedaba definido como una federación de provincias cuya unión constituía la nación española a ambos lados del  Atlántico. También era una declaración formal del estatuto político de las colonias y sus habitantes. La Junta dispuso el envío de representantes a Sevilla desde las posesiones americanas para iniciar un proceso constituyente. Fue el acta de nacimiento de los procesos electorales del Imperio. A partir de ese momento, entre 1809 y 1814, se pusieron en marcha cinco procesos electorales distintos, que se convirtieron en un referente de participación ciudadana muy significativo para toda Hispanoamérica. 

La Junta decretó que el número de representantes para la Península fuera de 36 y 11 para las colonias. 

Las discrepancias y sublevaciones en lugares como Chile o Río de la Plata alargó tanto el proceso electoral que, al disolverse la Junta Central para constituir el Consejo de Regencia, y convocar elecciones a Corte Generales en enero de 1810, seguían sin resolverse. 

Pero el desequilibrio en el número de delegados acentuó las protestas de las élites criollas que negaron la legalidad del Consejo de Regencia al considerar el reparto discriminatorio. 

A esto se sumó, en los primeros meses de 1810, lo que parecía un hecho consumado, la derrota ante los franceses. La trágica situación condujo a la formación de juntas en América para convocar cabildos abiertos que reemplazaran a los antiguos gobernantes. Aunque las colonias seguían fieles a Fernando VII, se enfrentaban a la posibilidad de pasar a manos del gobierno francés. El futuro del Imperio era incierto y las élites criollas tenían que improvisar las relaciones con la metrópoli, dotarse de instrumentos de gobierno autónomo para controlar la situación interna de sus regiones y definir las actuaciones respecto a las oligarquías locales, a las castas y a los burócratas peninsulares. 



Un primer paso: el proceso emancipador 

Enseguida emergieron las diferencias entre fidelistas y autonomistas, iniciándose la revolución que llevaría a la independencia. Defendido por las milicias criollas que apostaron por la libertad de comercio y el fin de los privilegios de los peninsulares, el cabildo de Buenos Aires, el 25 de mayo de 1810, decretó la igualdad jurídica de blancos, indios y mestizos y sancionó su autonomía frente a España. 

Por el contrario, el miedo de las oligarquías criollas de Venezuela y Nueva España a los indígenas, mestizos, negros y pardos obligó a las clases altas a alinearse con los fidelistas, intentando evitar una situación como la haitiana. Por eso fracasó la primera revolución. Aun así, en Venezuela, Simón Bolívar se puso a la cabeza del movimiento, intentado conseguir de los ingleses el apoyo para su causa. Los británicos tampoco se resistieron demasiado, después de evaluar los beneficios del comercio directo con las colonias hispanas. En 1813 Bolívar declaró la guerra a muerte a los españoles, y tras huir a Jamaica inició allí la formación de un ejército. 

En Nueva España los intentos del cura Manuel Hidalgo, secundado poco tiempo después por el también sacerdote criollo José María Moleros, para alzar a 25.000 peones y mineros a favor del rey, la virgen de Guadalupe y en contra de los peninsulares, resultaron fallidos. Hidalgo declaró la abolición de la esclavitud por primera vez en América, la supresión del tributo indígena y la nulidad de las castas. Adoptó alguna reforma agraria como el retorno de las tierras comunales a las comunidades indígenas, lo que le alejó de los terratenientes. A las élites mexicanas se les escapó el control de esta insurrección agraria y los resultados fueron dramáticos llegando a masacrar a peninsulares y criollos en varias ciudades. La violencia apartó del movimiento a los segmentos elitistas. La intervención de las tropas imperiales terminó con la revuelta. 

 Manuel Hidalgo y José María Moleros (México)


A partir de diciembre de 1813, con el retorno de Fernando VII del exilio, comenzó un período de lucha, en este caso contrarrevolucionario, definido por el absolutismo y la imposibilidad de negociar con la Corona. 

En un primer momento, al Rey le resultó imposible reunir tropas para enviar contra las provincias sublevadas, pues la Península seguía envuelta en su guerra contra el francés. Pero, tras la caída de Napoleón en 1815, se organizó una expedición que arrasó todo signo evidente de rebeldía en Hispanoamérica, excepto en Buenos Aires. Los reductos revolucionarios insistieron en sus propósitos emancipadores. 

El trienio liberal que se inició en España el 1 de enero de 1820 con el pronunciamiento militar del teniente coronel Rafael Riego jugó a favor de la independencia. El levantamiento impidió que la flota concentrada para intervenir en las colonias se hiciera a la mar. La restauración absolutista de 1823 llegó demasiado tarde para restablecer una unidad imperial excesivamente debilitada. 

Tampoco resultó propicia para el viejo sistema la coyuntura internacional. Los ingleses, tras la derrota de Napoleón, decidieron apoyar abiertamente a los sublevados. Lo mismo ocurrió con Estados Unidos; después de su segunda guerra contra Gran Bretaña (1812-1815), que hizo incuestionable su independencia, resolvió ayudar a sus vecinos del sur. La compra de Florida a España en 1822 y la definición de su política exterior a partir de proclamar la doctrina Monroe (1823), sintetizada en “América para los americanos”, no dejaba ninguna duda sobre su posición frente a los imperialismos europeos. 

Un segundo paso: las independencias 

Como los propios libertadores desconfiaban de la capacidad de sus sociedades para constituir gobiernos republicanos modernos, decidieron organizar ejércitos capaces de vencer a los realistas y así obtener la autonomía. A base de campañas militares en que mestizos, indios y negros constituyeron el grueso del ejército, comenzó la segunda fase del proceso emancipador.

Tras decretar su autogobierno, en mayo de 1810, el cabildo de Buenos Aires pretendió separarse del virreinato de Río de la Plata pero sin conseguirlo: Montevideo continuó bajo el control de la marina española y Paraguay se retiró para proseguir su propio camino al declarar su autonomía. Dentro de la propia Buenos Aires, se desataron fuertes enfrentamientos entre conservadores y radicales, que se prolongaron hasta 1813 cuando se suprimieron los mayorazgos, la Inquisición y los títulos nobiliarios, a la vez que se otorgó la libertad a los hijos de las esclavas. Finalmente, el 9 de julio de 1816 en el Congreso de Tucumán se proclamaba la independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata, actual Argentina. 

Las luchas también se sucedieron en Chile, donde se enfrentaron los reformistas, que defendían una mayor autonomía dentro de la nación española, contra los revolucionarios, que querían la independencia total. En 1812 se refrendó un reglamento constitucional que reconocía la autoridad del rey de España además de establecer un Ejecutivo y un Legislativo unicameral. 

Un año después desembarcaba por el sur de Chile un cuerpo expedicionario peruano independentista que prácticamente tomó el país. Perseguido por el ejército realista al mando del general Osorio, hubo de refugiarse en Mendoza, al otro lado de la cordillera. Allí, José de San Martín, que acababa de llegar de España, organizó un regimiento muy eficaz y disciplinado para invadir Chile. En enero de 1814 San Martín atravesó los Andes, facilitando a Bernardo O’Higgins y a los independentistas chilenos la toma de Santiago.
José San Martín

El 5 de abril tras una encarnizada batalla en Maipú, se proclamó la independencia de Chile. 

Al mando del Ejército libertador de los Andes, San Martín decidió conquistar Perú. Para superar la barrera del desierto de Atacama, pidió apoyo a las flotas norteamericana e inglesa, y en agosto de 1820 desembarcó en Pisco. Allí se enfrentaron a los realistas que apenas opusieron resistencia. En julio de 1821 San Martín era proclamado en Lima protector del Perú independiente. Para ganarse a las oligarquías locales estableció un gobierno muy conservador que, sin embargo, consiguió la animadversión de los limeños. San Martín tuvo que solicitar auxilio a Simón Bolívar para culminar la independencia. En julio de 1822 ambos próceres se entrevistaron en Guayaquil, donde San Martín optó por abandonar Perú, exiliarse en Europa y dejar a Bolívar la tarea de concluir la emancipación. 

Bolívar ya había dominado Venezuela y Colombia. Con la ayuda de partidas del interior, de mercenarios ingleses y de esclavos a quienes había prometido la manumisión, se encaminó hacia Lima. 

Después de la victoria de Junín (Perú) el 6 de agosto de 1824, y la de Ayacucho (Perú) justo seis meses después, el general independentista Antonio José de Sucre derrotaba al virrey José de la Serna. Al año siguiente, el 1 de abril de 1825, en Tumusla (Bolivia), concluía el proceso independentista cuando el coronel Carlos Medinaceli acababa con el último bastión realista. Simón Bolívar, ese mismo verano de 1825, entró en el territorio de Charcas para dar nombre a un nuevo Estado: la república de Bolivia. 

Sucre

La emancipación mexicana 

Impulsada por las protestas india y mestiza, la emancipación mexicana fue distinta a la de América del sur. 

Tras el fracaso de la revolución emprendida por Hidalgo y Moleros, la crueldad del movimiento impidió quela oligarquía escuchara las reclamaciones campesinas. Aun así, Morelos dio a los proyectos independentistas una estructura ideológica con un contenido igualitario, religioso y nacionalista. Los mexicanos Morelos e Hidalgo fueron los únicos independentistas en todo el continente que intentaron una cierta alianza con las poblaciones indias y mestizas. 

Posteriormente, las disposiciones llegadas desde Madrid en 1821, durante el trienio liberal, provocaron una revolución conservadora. Las medidas contra la iglesia y la anulación de los fueros militares sublevaron a la élite criolla contraria a cualquier cambio que modificara el estricto orden impuesto. Un antiguo general criollo y realista, Agustín de Iturbide, pactó con el guerrillero Vicente Guerrero el llamado Plan de Iguala para proclamar la independencia adaptada a una monarquía, garantizar los privilegios de la Iglesia católica y propiciar la unión de las diferentes tendencias políticas: conservadores y liberales, rebeldes y realistas, criollos y españoles. Este compromiso sirvió de nexo para aglutinar a grupos muy heterogéneos hasta el punto de solicitar la independencia al virrey O’Donojú, a quien no le quedó otra opción que aceptarla. 

A las Cortes españolas llegó en febrero de 1822 la propuesta del Congreso Nacional mexicano para que un príncipe español iniciara una nueva monarquía. Pero las Cortes lo rechazaron, así como el Tratado de Córdoba, firmado entre Iturbide y O’Donojú el 24 de agosto de 1821 por el que México se constituía en un imperio con una monarquía constitucional moderada. De este modo se consumó la separación política entre México y España. Iturbide accedió al trono y fue coronado emperador de México como Agustín I en mayo de 1822. Pero al año siguiente México se declaraba república federal, separándose del resto de los países de las Provincias Unidas de América Central. 



La excepción brasileña 

Si bien el proceso emancipador brasileño se produjo a la par que el de las colonias españolas, posee unas características bien diferentes. También en Brasil a lo largo del siglo XVIII se habían articulado una serie de reformas para estimular la producción de azúcar e impulsar la de algodón. 

Sin duda, desde muchos puntos de vista, Brasil es un país peculiar. Desde luego, ha sido el único que, de colonia se transformó en imperio, lo que no es poco decir. Lo curioso es que Napoleón, que estaba tan lejos, fuera el factor más influyente de este acontecimiento y, ello, como consecuencia del bloqueo que decretó contra Inglaterra; entonces, Francia, quiso intentar la conquista de Portugal, la vieja aliada de los ingleses. Rey de Portugal era Juan VI, quien, enterado de los propósitos franceses, comprendió de inmediato la inutilidad de pensar en resistir a las fuerzas napoleónicas. Secretamente, decidió embarcarse con toda su familia hacia Brasil.

Llegó a Bahía, el 22 de enero de 1808. Los brasileños recibieron con gran entusiasmo a la familia real, previendo que era un factor que prometía progreso para el país, como ocurrió en el tiempo siguiente. A poco de llegar, el rey decretó la apertura de los puertos al comercio exterior, poniendo término a las viejas restricciones coloniales. Juan VI concibió convertir a Brasil en un imperio: estableció la corte en Río de Janeiro, creó Ministerios y órganos administrativos y jurídicos; también, el desarrollo del comercio fue muy importante y, por cierto, favoreció a sus amigos ingleses con muy especiales condiciones aduaneras. Incluso, abrió el país a científicos, artistas y viajeros curiosos; en resumen, estas tierras desconocidas en Europa, tomaron dimensión muy diferente e importante En el Congreso de Viena, el embajador francés, que era Talleyrand propuso que Portugal, el Algarve y Brasil, tuvieran la categoría de un reino unido, ponencia que fue aceptada. No obstante, Juan VI decidió permanecer en Río de Janeiro. Mientras tanto, en Portugal habían ocurrido cambios, debido a las ideas liberales que invadían Europa y a que la regencia , había tomado los visos de un tiranía; además, prácticamente, había puesto el país en manos de la diplomacia inglesa. Estos hechos forzaron el regreso de Juan VI a Lisboa, pero dejó en Brasil , como regente al príncipe Pedro, heredero de la corona; éste también debió afrontar los problemas creados por los ánimos nacionalistas, que se exaltaron, todavía más, cuando la Cortes portuguesas quisieron revocar la autonomía y los derechos comerciales, que ostenta Brasil, desde que fue elevado a la categoría de reino unido. Entonces, surgió José Bonifacio, naturalista, poeta y exprofesor de la Universidad de Coimbra, a quién llamaron después patriarca de la independencia, quien recomendó la monarquía constitucional, bajo el mando del regente. Es el momento en el que, las Cortes de Lisboa deciden revocar los poderes que Juan VI había otorgado a su hijo. Los dirigentes brasileños, proponen la ruptura con Portugal y, al mismo tiempo, que Don Pedro sea designado como Defensor perpetuo de Brasil. designación que acepta y nombra Ministro a José Bonifacio. Sin embargo, la ruptura definitiva la sella la Asamblea el 1º de diciembre de 1822 y se corona como Pedro I, emperador.

El 27 de octubre de 1807, Napoleón y Godoy firmaron el tratado de Fontainebelau por el que acordaron invadir Portugal, que se había opuesto al bloqueo continental contra Gran Bretaña. Ante el avance de las tropas napoleónicas, la familia real huyó a Brasil. 

Al convertirse Río en la capital del Imperio, a partir de marzo de 1808, se desarrollaron sus infraestructuras,se agilizó el cobro de impuestos y la administración de justicia, se abrieron el Banco Nacional de Brasil, varias Reales Academias y se creó la Biblioteca Real. Brasil se puso a la altura de cualquier corte europea. 

Un pacto político entre las élites, garante de una transición incruenta y una estabilidad económica y social, llevó a la independencia. Una vez resueltas las guerras napoleónicas, los notables brasileños se negaron a retornar a la situación preimperial y solicitaron en 1820 al príncipe don Pedro, que rompiera con la dinastía de los Braganza y se quedara en Brasil mientras la corte regresaba a Portugal. 

Pedro I, emperador de Brasil

Así se hizo, y al ser nombrado regente, en 1822, destituyó al gobierno establecido y nombró uno probrasileño. A continuación, el 7 de septiembre de 1822 se proclamaba la independencia del Brasil. El 1 de diciembre, Don Pedro fue coronado emperador en Río de Janeiro con el nombre de Pedro I. Apenas sin violencia, y con tan sólo una pequeña oposición de unos cuantos reductos afines a la metrópoli, se alcanzó la independencia. 

Las tensiones entre la élite y el emperador saltaron enseguida debido a la disparidad de intereses. Se acusaba al monarca de estar demasiado cerca del entorno portugués. En diciembre de 1823, el emperador disolvió la Asamblea Constituyente y promulgó una Carta otorgada en 1824, lo que provocó la rebelión armada. El Brasil independiente costó una guerra civil con las regiones que habían permanecido fieles a Portugal (Bahía, Maranhao y Uruguay). Con la ayuda de Lord Cochrane, almirante inglés, Pedro I, dominó la situación, pero en 1828 - tras una guerra con Argentina - Uruguay se declaró independiente. Estados Unidos fue el primero en reconocer el nuevo imperio, luego, lo hicieron Inglaterra, Francia, Austria, el Vaticano y, más tarde, todos los países europeos y, desde luego, los restantes países de las Américas; Portugal lo hizo solo en 1825. El malestar de los federalistas, las pérdidas territoriales fronterizas, la incomunicación con el Parlamento, la crisis económica y las costosas intervenciones en los problemas sucesorios de Portugal, llevaron a Pedro I a abdicar en su hijo de 5 años el 7 de abril de 1831 y regresar a Portugal. 

En 1824 se dictó la Constitución que tuvo vigencia hasta 1891.Pedro I abdicó en 1831 y tras el breve reinado de Pedro II, se proclama la República el 15 de noviembre de 1889.

El territorio de la República Federal alcanza a los 8.511.996 kilómetros cuadrados; su población es de 153.300.000; su capital es Brasilia y algunas ciudades principales son Sao Pablo (más de 15.000-000 de habitantes), Río de Janeiro, Salvador y Belo Horizonte.

Un gobierno conservador se ocupó de la regencia. En 1840 se declaró al régimen imperial como la mejor opción de futuro, al garantizar la integridad territorial del nuevo Estado, un régimen que duró cerca de 60 años. En 1899, una revolución republicana impuso la república federal. 



Tras la independencia, la desilusión: fragmentación política e inestabilidad institucional 

En 1825, tras alcanzar la independencia, los antiguos dominios se repartían en los siguientes estados: México, las Provincias Unidas de América Central, la Gran Colombia, Perú, Bolivia, Chile y las Provincias Unidas del Río de la Plata. Cada uno de ellos tuvo que definir su territorio, su sistema político y delimitar el modo de integración económica en el mercado local, regional e internacional. Pero las diferencias regionales y las disputas frustraron los proyectos panamericanistas. Las grandes potencias, sobre todo Inglaterra, también se ocuparon de que así fuera. 

En 1830 la Gran Colombia se dividió en tres repúblicas enfrentadas en guerras por asuntos territoriales: Nueva Granada (Colombia y Panamá), Venezuela y Quito (Ecuador). Además de la conciencia diferenciada que existía, se unió la falta de una red de transporte entre ellas. En los nuevos países la guerra había arruinado la ha cienda, los empréstitos extranjeros habían conducido a la bancarrota, no existía una mínima estructura estatal eficaz y demasiados militares estaban dispuestos a ocupar puestos relevantes en la vida pública. 

Gran Colombia

Las fuerzas centrípetas también trucaron el federalismo de las Provincias Unidas de América Central. 

Nacidas en 1823 y separadas de México después de la caída de Iturbide, los cinco países: Honduras, Guatemala, El Salvador, Nicaragua y Costa Rica, se rigieron por un gobierno y una constitución federal. 

Guatemala fue designada capital pero sus fuertes tendencias centralistas resultaron opresivas para el resto de las regiones. En 1838 la federación se desmembró cuando el congreso trató de fiscalizar las rentas de los estados. A partir de entonces se convirtieron en repúblicas independientes aunque, a lo largo del siglo XIX, intentaron sucesivas unificaciones, que resultaron inviables por las continuas disputas entre liberales y conservadores, las intrusiones de Estados Unidos e Inglaterra y el limitado desarrollo económico de la región. 



Tampoco fue posible el nacimiento de un estado único entre Bolivia y Perú. Bolivia se encontraba entre dos virreinatos, el de Perú y el del Río de la Plata. En 1828 se convirtió en un país independiente, gobernado por el general Andrés de Santa Cruz a partir de 1829. Partidario de la unión del Alto y Bajo Perú, en 1836 Santa Cruz aprovechó un período de anarquía en Perú para incorporar esta república a una nueva Confederación. Tanto la clase política peruana, chilena y argentina se opusieron y, tres años después, Santa Cruz fue derrotado por una expedición chilena. 

Algo después, en 1828, se separó de Brasil la República Oriental del Uruguay y la colonia española que había quedado dependiendo de Haití, la República Dominicana, en 1844 haría lo propio. 


Planteamientos y logros de los nuevos estados 

Al terminar el siglo XIX, Hispanoamérica se hallaba dividida en diecinueve naciones, gran parte de ellas sumidas en enfrentamientos entre los distintos grupos sociales. Los nuevos Estados nacieron condicionados por una economía de guerra. 

La tarea principal de los gobiernos fue la de obtener fondos para sufragar el coste de los ejércitos. Una vez pacificado el territorio, hubo que financiar el déficit arrastrado por cada conflicto e iniciar la construcción de los aparatos estatales que permitieran la gobernabilidad. También hubo que afrontar aspectos como el latifundismo, el caudillismo, el militarismo o la corrupción. Además de las fronteras y el control territorial,hubo que establecer patrones métricos y monetarios así como crear sistemas legislativos para variar los usos indianos en materia de propiedad y de contratación y las reglas para los intercambios entre las distintas repúblicas. Fue necesario abrir nuevas rutas de intercomunicación regional en las que el ferrocarril y el barco de vapor desempeñaron un papel relevante. Los ingresos aduaneros se convirtieron en la principal fuente de ingresos fiscales. 

Las guerras de independencia también generaron cambios sociales importantes. Aunque, en principio, los nuevos estados se negaron a abolir el sistema esclavista, por lo general se adoptaron soluciones de compromiso, como la prohibición de la trata o la libertad para los hijos de los esclavos. El alistamiento general obligó a los gobiernos a conceder amplias manumisiones hasta casi desaparecer los esclavos domésticos. Al resquebrajarse la disciplina en los emporios negreros y aumentar la dificultad de abastecimiento, a finales de siglo el sistema de producción esclavista prácticamente despareció. Las masas indígenas también se vieron afectadas por la independencia y aumentaron donde antes había grandes núcleos de población. 

La ruralización y la militarización fueron dos fenómenos emergentes en las nuevas sociedades que impulsaron el caudillismo y el fomento del clientelismo, ya existente en la época colonial, pero que amenazaba de manera continua a las democracias. La ineficacia y debilidad de los gobiernos impulsaron el nacimiento del caudillo como único garante de la estabilidad económica y social.

La revolución latinoamericana no fue una revolución económica, puesto que las estructuras productivas y mercantiles siguieron siendo las existentes antes de la emancipación. Tampoco fue la emancipación una revolución social, si bien la ruptura traumática con la metrópoli tuvo efectos no deseados en las relaciones sociales, éstos se debieron, en parte, a la movilización popular de los dos bandos antes de la guerra. 

Pero si fue una verdadera revolución política, basada en el nacimiento del ciudadano y de la ciudadanía y en cuestiones como la soberanía nacional, el gobierno representativo o el Estado de derecho. 

Pese a sus contradicciones, la sociedad colonial hizo posible el avance del proceso emancipador, provocando nuevas formas de representación basadas en el individuo. Por eso se apeló repetidamente a la ciudadanía para elegir autoridades y representantes populares mediante comicios. El nacimiento de la individualidad fue paralelo a la desaparición de los súbditos del rey y a la supresión gradual de las corporaciones del Antiguo Régimen. Las libertades y los derechos resultaron ser sobre todo individuales, afectando a todos los estratos de la sociedad. 

Lo importante de todo este proceso fue el asentamiento de las bases del desarrollo democrático en América Latina. Allí se votaba cuando apenas se hacía en Estados Unidos y en un reducido número de países europeos. Así pues, el origen revolucionario de las repúblicas latinoamericanas provocó en el pensamiento decimonónico una idea mítica: el ideal republicano, que estuvo en la base de las revoluciones del siglo XIX.

viernes, 18 de agosto de 2023

Aníbal Malaparte: "No existe tal cosa como una poesía neutral, se es parte de la solución o se es parte del problema"

Aníbal Malaparte nacido el primero de mayo de 1991 es practicante de artes marciales y licenciado en Historia por la Universidad Veracruzana, titulado con la tesis Banderas de fuego, pechos de luz. Voluntarios mexicanos antifascistas en la Guerra Civil Española.

Es autor de los siguientes poemarios Escribe poesía, construye bombas caseras (2019), Conversaciones de odio (2020), Delirios nihilistas (2023) y La asamblea de los fantasmas (2023), además de fundador de diversas tertulias literarias. Adepto a las causas perdidas desde 2008 es y ha sido militante de diversas organizaciones zapatistas y marxistas-leninistas.
  • ¿Quién es Aníbal Malaparte?
Una pregunta fácil y difícil de responder al mismo tiempo.
La respuesta fácil es que Aníbal Malaparte es un poeta marxistas-leninista en la ciudad de Xalapa, fuertemente influenciado por las vanguardias artísticas del pasado siglo y que soporta el día a día de ser un proletario en un país colonizado en el periodo del capitalismo en descomposición.
La respuesta difícil es algo más larga.
En cierta ocasión escribí un poema sobre la existencia de las máscaras que creamos para darnos a conocer al mundo. En el poema reflexionaba sobre como cada máscara es básicamente una mentira formada a partir de una serie de verdades basándonos en el hecho de que las mejores máscaras se hacen en elementos humanos auténticos como piel y cabello ¿no es lo mismo para todos nosotros? Creamos un personaje basándonos en aquellas partes de nuestra historia, nuestras experiencias y nuestra personalidad que decidimos no solo mostrar al mundo sino como habremos de hacerlo y lo concebimos de esta forma porque al final del día cada máscara deviene en autorretrato.
Entonces, en pocas palabras, Aníbal Malaparte es aquello que cree con los restos de mi viejo yo tras una serie de experiencias que me rompieron en pedazos, soy yo mismo, pero las piezas rotas (afiladas o endurecidas) se reorganizaron de otra manera, por supuesto, al rearmarme encontré que había partes de mi que ya no necesitaba ni requería, así que me deshice de ellas, por otra parte descubrí también que hay vacíos que nada ni nadie podrá sustituir, pero bueno, a esas alturas y tras tantos puentes quemados no es que me importe.
Aníbal Malaparte

  • ¿Cómo llegaste a este mundo adictivo y visceral de la poesía? ¿Quién te dio el gusto por la literatura?
Bueno, como muchos escritores comencé en mi adolescencia en aquel rincón del internet llamado Fanfiction.net donde leía historias escritas por otros fans, todas ellas basadas en mangas y comics populares, recuerdo particularmente como buscaba historias de continuación sobre Ranma ½. Con el tiempo comencé a escribir mis propias historias, escribí algunos fanfics de Bleach, X-Men, Daria o Naruto. De escribir fanfiction pasé a escribir algunas historias originales, incluso gané algún concurso en la preparatoria para un concurso de cuentos por la revolución mexicana.
Tras escribir cuento comencé a escribir poesía, recuerdo que fue también durante la preparatoria, un jueves lluvioso que acudí a una tertulia organizada por el colectivo Adictos a la Poesía que se organizaba en el café Tierra Luna donde leí uno de mis poemas ante el público por primera vez, desde entonces comencé a frecuentar diversas tertulias donde leía con el micrófono en la mano mis primeros versos ante un público cada vez más grande y exigente.
Pero eso solo responde la mitad de la pregunta.
Cuando comencé a escribir fue durante los primeros años de La Otra Campaña, el esfuerzo del EZLN por romper con su cerco político y organizar una respuesta de izquierda por todo el país y si bien ya tenía una formación política e ideológica bastante folclórica en el marxismo debido a mi herencia paterna fue mi primera participación (bastante ingenua, por cierto) en la militancia política, recuerdo particularmente como aquellos años salía de entrenar Tae Kwon Do y me reunía con algunos otros zapatistas urbanitas para escribir consignas revolucionarias por toda Xalapa.
Con el tiempo esta participación en el neozapatismo me llevó a la militancia en el marxismo-leninismo, fueron transcurriendo los años y con ellos varios eventos históricos que me empujaron a profundizar en mi militancia, como la imposición de Peña Nieto y sus reformas estructurales y por supuesto la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa.
Esto me hizo dejar la poesía en un muy lejano cuarto plano, al menos hasta la pandemia y el confinamiento por el COVID-19, cuando encerrado y sin nada más que hacer más allá de golpear mi costal de box, practicar algunos viejos pumses que aun recuerdo y meditar en la nada vacía me puse a revisar viejos poemas, reescribirlos y escribir algunos nuevos, poco después publiqué mi primer poemario Escribe poesía, construye bombas caseras.
  • ¿Cuáles son los modelos o cuáles fueron los modelos de poetas que te dieron ganas de escribir poesía?
Mi primera influencia fueron sin duda dos corrientes: los beatniks, particularmente Allen Ginsberg y los simbolistas, destacando entre ellos Charles Baudelaire y Arthur Rimbaud. Los primeros los comencé a leer cuando investigaba sobre el 68 global, los segundos porque en mi adolescencia era parte de un grupo de amigos en la preparatoria adeptos a la contracultura gótica, recuerdo aún con bastante diversión como cuando jugábamos a la Ouija en el cementerio (no es que yo creyese en la existencia de espíritus) alguna vez invocamos el fantasma de Lenin, por cierto, es menester mencionar que Lenin hablaba en un perfecto español jajaja.
Obviamente internet me ayudó muchísimo a conocer poetas comunistas, en aquellos años no encontré placer alguno al leer por ejemplo a Miguel Hernández (ahora me encanta), pero quedé flechado por Vladimir Maiakovski y Assata Shakur cuyos versos venero incluso hasta el día de hoy, lo mismo podemos decir de la poesía contracultural, son los mismos años donde descubrí a Alejandra Pizarnik o Patti Smith.
Obviamente te hablo de mis primeros días de lectoescritura, ha pasado agua bajo el puente desde entonces y obviamente tengo ahora muchas más lecturas, influencias y modelos, pero, así como nunca superamos realmente un primer enamoramiento de la misma forma mis primeras experiencias van irremediablemente ligadas a las y los autores mencionados. 

https://twitter.com/HamletConfuso
  • ¿Cuáles son los temas más relevantes para un poeta?
No creo que exista tema irrelevante para un poeta, especialmente para un poeta marxista ya que en todo tema hay una oportunidad para emplear las armas de la crítica ya que todo tema de una forma u otra se encuentra atravesado por la lucha de clases.
  • El entorno siempre marca al escritor ¿Cómo y en qué medida influyó la situación de tu ciudad y tu país en tu obra?
Obviamente no me ha sido indiferente. Algo que recuerdo particularmente sobre mis primeros poemas allá por 2007 fue una consigna que pintamos en varias partes de la ciudad 1810, 1910, 2010. Era una especie de profecía que circulaba en varios círculos de izquierda mexicanos, vaticinando una rebelión. Para quienes no son mexicanos 1810 fue el año cuando inició la guerra de independencia contra el dominio colonial y 1910 fue comenzó una revolución agraria. Cual frase cabalística muchos esperaban una revolución proletaria encabezada por el EZLN y el EPR que realmente nunca se concretó.
De la misma forma la situación histórica como las manifestaciones de masas que ya mencioné en el periodo de 2012-2016 durante el sexenio de Peña Nieto me llevaron a consolidarme en mi compromiso revolucionario y a templarme como militante, de la misma forma la manera tan ruin como López Obrador aumento su popularidad robándose banderas, consignas y símbolos de la izquierda mexicana para consolidar su proyecto populista y neoliberal me llenó de un asco y rabia que me impidió resignarme y rendirme a diferencia de muchos de mis antiguos compañeros o rivales de otras izquierdas.
En realidad este punto fue muy importante para mi como militante y como escritor, por un lado ver como AMLO tiene el descaro de citar a Emiliano Zapata, José Revueltas e incluso a Karl Marx para justificar sus proyectos de despojo y sus actos represivos contra los pueblos originarios y la clase obrera mexicana mientras que por otra parte darme cuenta que muchos de quienes se reivindicaban a sí mismos como de la izquierda no marxista (particularmente los anarquistas mexicanos) tras unos pocos años de caricaturesco radicalismo terminaron como policías o funcionarios con el chaleco de MORENA apoyando la reconfiguración del capitalismo mexicano me llevó aceptar que, al menos en mi caso, no hay punto de retorno ni acepto ser como ellos.
  • Celaya maldecía la poesía neutral ¿el poeta debe tomar partido y mojarse?
No existe tal cosa como una poesía neutral, se es parte de la solución o se es parte del problema, lo que sí es posible es argumentar que existe alguna apariencia de neutralidad en la poesía que esconde una toma de posición por los explotadores y opresores.
En ese sentido, no hay poeta que no tome partido, simple y sencillamente algunos saben lo que están haciendo y actúan en consecuencia, la mayoría no lo hace.
  • Otro poeta, Lorca, decía que la poesía era revolucionaria ¿un poeta debe ser revolucionario?
Existen muchos poetas que provienen de la aristocracia o la burguesía a los cuales no podríamos ni deberíamos pedirles que sean revolucionarios ya que su propia condición de clase los empujaría a defender ideas anti-proletarias, incluso su socialismo estaría influido por su posición de clase.
Eso no quiere decir que un poeta de origen burgués no pueda ser revolucionario, pero tendría que reeducarse profundamente a si mismo. Por ejemplo, Lenin era un gran admirador de Gorki, pero al final del día lo consideraba un intelectual pequeño burgués. Para llegar a ser lo que Lenin llamaba un ideólogo de la clase obrera (o en términos gramscianos, un intelectual orgánico del proletariado) una revolución radical de las ideas que no termina de un día para otro.
Sin embargo, esta misma posición no puede mantenerse cuando hablamos con un poeta que provenga del proletariado. La mayoría de los proletarios no hacen más que repetir las ideas de la burguesía, su clase dominante, (aquí no estoy encontrando ningún hilo negro, Marx describió el fenómeno hace ya bastante tiempo) muchos proletarios, incluso cuando intentan rebelarse no lo logran porque no tienen más que las herramientas intelectuales que la burguesía les ha dado. Vuelvo al ejemplo de los anarquistas con los cuales conviví, en 2014, cuando la crisis del Estado por la desaparición de los 43, la mayoría de ellos pasó más tiempo saboteando marchas y reventando asambleas debido a su fanática oposición al marxismo ¿Qué es el anarquismo sino liberalismo para pobres con una fuerte dosis de arbitrario antiautoritarismo? Pero ¿Qué fue de ellos unos años después? Que un subdirector de la policía en mi ciudad sea un ex anarquista regresado de sociología que llamaba a los comunistas explotadores del pueblo es algo bastante indicativo sobre cómo evolucionan ideológicamente este tipo de individuos.
Entonces, más que pedirle a un poeta proletario que sea revolucionario lo que hay que solicitarle es que abra algunos libros de marxismo y se ponga a estudiarlos. Esto aumentará fuertemente las posibilidades de librarse de numerosos vicios ideológicos inculcados por la burguesía tales como el misticismo, el irracionalismo, la misoginia, la transfobia, el pensamiento mágico o el anti-intelectualismo.

  • El escritor del prólogo de Delirios nihilistas dice que la poesía acompaña al guerrillero, ¿tú qué dices al respecto? ¿la poesía es para revolucionarios?
Estoy bastante de acuerdo con él, no por nada le pedí escribiese el prólogo de mi poemario.
Lo primero que debemos recordar es que en El marxismo y los problemas de la lingüística Stalin definió a las palabras como representantes de conceptos y estos conceptos se ven enriquecidos o empobrecidos dependiendo de las relaciones sociales existentes en cada momento histórico, ligada siempre a la actividad productora de cada modelo social y al mismo tiempo en un estado de cambio casi ininterrumpido, entonces ¿Qué es la poesía sino una narrativa destilada hasta sus ultimas consecuencias? ¿Qué es la poesía sino la actividad que hace posible decir en el menor numero de palabras la mayor cantidad de historias? 
¿Cuál es la labor del poeta en este punto si es que quiere ser digno de ser llamado poeta? Pues a partir de su posición de clase, su conciencia de clase y su ideología hacer de este lenguaje no solo una crítica al mundo existente sino también hacer aquello que Sartre llamó la expansión de los límites de lo posible. Es decir, no solo debemos de decir que este mundo es insostenible, sino que además es grotesco y estúpido, pero también que podemos construir uno diferente, uno mejor.
Llegados a este punto, decir que la poesía es para revolucionarios se convierte en algo bastante obvio.

  • La poesía es comunicación ¿Qué buscas comunicar?
Odio, rabia, nihilismo, tristezas violentas. Amor.
Impulso, pasión, desborde. Materialismo dialéctico. 
Ciudades en llamas, manos cubiertas en sangre.
Terror proletario. El beso de una boca humeante.
La caída del viejo mundo, la llegada del nuevo.
  • Cuando los medios no hablan los muros suelen romper esa censura ¿la poesía es necesaria en esa labor? 
Depende del verso en cuestión y la idea en cuestión. Hace poco pasé junto a un muro con una consigna que decía larga vida a la mota y el perreo junto un símbolo libertario. Dudo mucho sea ese una ruptura con el pensamiento que requerimos para romper con el cerco de los medios burgueses. Otro ejemplo, hace unos días pasé junto a una pinta, no recuerdo la consigna exacta pero la idea era abortar a los transfemeninos (forma despectiva en la cual las radfem mexicanas se refieren a las mujeres trans). Esa tampoco es una idea particularmente revolucionaria como tampoco fue una pinta rojiparda que usando la hoz y el martillo encontré en cierta ocasión alertando contra la ideología de género y la agenda 2030…
Entonces sí, la poesía puede romper algunos muros de censura, pero si no es la poesía correcta entonces solo es sustituir una idea falsa por otra.
  • ¿Un verso puede ser más efectivo que una noticia?
Supongo que podemos dar una respuesta análoga a la anterior: depende del verso y su intención.


  • Las redes sociales se han convertido en una ventana en un mundo más global e interconectado ¿te han ayudado en tu labor poética? ¿Qué reacción ha tenido tu poesía en los lectores?
Bueno, en el sentido que me ha facilitado encontrar tanto nuevos autores que leer como lectores interesados en escribirme e intercambiar ideas las redes sociales han servido en ese sentido, como también han sido útiles al permitir que la comunicación sea instantánea. 
Por otra parte, entre mis lectores ha habido todo tipo de reacciones, desde fascistas que me escriben para amenazarme con lanzarme de un helicóptero al mar hasta personas que me piden recomendaciones para iniciarse en el marxismo o mi opinión sobre diversas organizaciones en las cuales planean militar.
  • ¿Hay poemas o poemarios que no quisiste, o no pudiste, publicar, y que permanecen inéditos?
En estos momentos tengo un libro de cuentos que estoy revisando, tengo un poemario concursando para ganar una beca Fonca además de otros dos poemarios esperando respuesta de mi editorial, particularmente uno sobre los próximos 10 años de la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa. Eventualmente me gustaría escribir una novela sobre mis experiencias cuando trabajé como proletario rural en el norte del país.
Nunca me he quedado con ganas de publicar, si me rechazaban en una parte buscaba en otra, mis tres primeros poemarios fueron editoriales pequeñas e independientes que se interesaron en publicarme, aunque muchas otras no para mantenerse alejadas de lo que llamaban pensamientos extremistas.
En La asamblea de los fantasmas, que es mi libro más reciente tengo ya suficiente presencia para aparecer en el mercado internacional, ese tuve que recortar un poco el contenido, pero no por su contenido ideológico sino por la extensión del borrador original.
Sea lo que sea, me niego a aceptar alguna censura o autocensurarme para aumentar mis ventas o hacerme aceptable para los peores reaccionarios.


  • ¿Sigue siendo necesaria la poesía en este mundo?
Este mundo puede vivir perfectamente sin poesía. Eso no significa que vivir en ese mundo sea una vida que valga la pena vivirse.
  • Para terminar ¿Qué le puedes recomendar a tus lectores que quieran iniciarse en la escritura?
Primero y por encima de todo que lean, un escritor sin lecturas previas, sin estudio critico de la literatura del pasado (su contexto histórico o sus técnicas literarias) cualquier cosa que escriban carecerá de la profundidad necesaria para comprender y cambiar el orden actual de las cosas.  

sábado, 29 de julio de 2023

TINA MODOTTI

La fotógrafa Assunta Adelaide Luigia conocida como Tina Modotti (Udine, 1896-Ciudad de México, 1942) vivió durante su existencia en el ojo del huracán. Su interesante trayectoria vital y artística discurrió enmarcada por los algunos de los más importantes hechos históricos de los años 20-30 y por su doble y constante dedicación convirtiéndose en una artista-fotógrafa y revolucionaria-militante antifascista.
Tina Modotti

Su vida

Nacida en el seno de una familia obrera en Udine el 16 de agosto de 1896, en el norte de Italia. La pobreza de su infancia la inició en el mundo obrero, a los 12 años comenzó a trabajar en una fábrica textil, y unos años después emigró con su familia a la ciudad de San Francisco, en Estados Unidos.

Allí trabajó en Hollywood como actriz de cine mudo. En 1921 conoció a Edward Weston y en 1922 llega a México para enterrar a su primer marido Plantilla: Roubaix de L`Abrie Richey. En México conoció e hizo íntima amistad con Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros, Blanca Luz Brum, Nahui Ollin,María Tereza Montoya y Frida Kahlo. Se hizo miembro del Partido Comunista Mexicano en 1927. Apoyó activamente la lucha de Augusto C. Sandino y ayudó a fundar el primer comité antifascista italiano. En 1928 conoce a Julio Antonio Mella, dirigente estudiantil cubano, cuando se forma el comité en apoyo a los anarquistas Sacco y Vanzetti. Empezó a ser conocida por sus controversiales fotos de desnudos y por la mirada particular que reflejaba en las fotografías que tomaba de México. Más tarde sería testigo del asesinato de Mella y en febrero de 1930 fue detenida y expulsada del país tras ser falsamente acusada de conspirar para asesinar a Pascual Ortiz Rubio, presidente de México en ese entonces.
Sombrero, martillo y hoz (1927).

Momentáneamente recala en Róterdam, pero, tras huir de la policía fascista, llega a Berlín. En esta época, el activismo gana en interés a la fotografía. Con su nueva pareja, el comunista italiano Vittorio Vidali, se traslada a la URSS en el otoño de 1930 para trabajar en el SRI. Prosigue con su labor política en Francia, Austria y España.
Tina Modotti, Mujer con bandera, 1928.

Debido a su entrega a la lucha política, no dejó una obra abundante. Se reduce a 400 imágenes. Al menos esa es la cifra de negativos que hoy se conservan, en su mayoría en el Archivo Museo Fotográfico de Pachuca, en Hidalgo, y en el Archivo Fotográfico de la UNAM. Pero a pesar de que carrera fue breve, Modotti creó una estética de gran fuerza, que es un paradigma por la sorprendente síntesis de la estética vanguardista artística y el contenido revolucionario y social. Eso la convirtió en una de las máximas representantes de la fotografía de esa etapa. Hoy sus obras se encuentran entre las más caras del mercado fotográfico y tiene el récord de que en 1991 su obra Rosas fue vendida en una subasta de Sotheby’s por 165 mil dólares. Al celebrarse en 2010 una exitosa retrospectiva suya en Viena, el periódico Neue Zürcher Zeitung la definió como “la Juana de Arco de la cámara”.

Su etapa en España

Llegó a España en la primavera de 1936, procedente de Moscú, donde habían vivido los últimos cuatro años junto a su pareja Vittorio Vidali, comisario político del Komintern. Nada más estallar la guerra en España viajó hasta el seno del conflicto para atender tareas solidarias de asistencia sanitaria y comunicativas, como periodista y fotógrafa del semanario Ayuda, órgano del Socorro Rojo Internacional en España.  Al comenzar la Guerra Civil se trasladó a España para formar parte del Quinto Regimiento y trabaja en las Brigadas Internacionales con el nombre de María hasta el fin de la guerra. Colaboró en las unidades móviles de transfusión de sangre del médico canadiense Norman Bethune.

Margarita Nelken, en una de las varias alabanzas que se hacen a su actividad, relata como atendía a los niños que llegaron a Almería tras el éxodo de la población malagueña que se vio acosada durante el trayecto a pie por los bombardeos de las fuerzas franquistas. Se le atribuye un artículo publicado en el periódico “Ayuda” en el que recuerda la situación desesperada de la población que llegaba a Almería:

“[...] La mayoría eran huérfanos ya... pero de todos esos niños ninguno tan adorable como aquel grupito que tenía como cabeza de familia a una encantadora chiquilla de once años, Valeria García Vara, de Vélez Málaga. La metralla los había dejado huérfanos en medio del camino. Se hizo cargo de sus tres hermanos menores incluso el niño de pecho que guardaba en sus frágiles brazos hasta que el socorro Rojo fue a recogerla en la cuneta en la que, probablemente se tumbó para morir” . (22) El artículo, fechado en marzo, cuenta esta historia a su llegada a la carretera de la muerte. Quedaría marcada por el dolor de aquellos casi 300.000 refugiados que hicieron la marcha. Aunque aparece como un artículo anónimo fue atribuido a Tina Modotti, quien, al igual que Matilde Landa, fue enviada a Almería para asistir a los huidos de Málaga.



Modotti también estableció relaciones con intelectuales como Pablo Neruda, Rafael Alberti y Miguel Hernández. A este último lo asesoró en la edición del poemario Viento del pueblo, del cual se puede ver un ejemplar en la muestra. También se exhibe una copia de un libro de Alberti abierto en las páginas donde aparece un poema dedicado a ella. Tras la muerte de la fotógrafa, Neruda hizo algo similar.

Puso en marcha el hospital para tuberculosos del gobierno republicano y colaboró con las Brigadas Internacionales de Albacete. También ayudó a muchos soldados a cruzar la frontera francesa y fue enfermera de confianza, junto a otras compañeras, cuando Dolores Ibárruri Gómez, conocida como La Pasionaria, enfermó de hepatitis. 

El 19 de abril de 1939 Tina Modotti regresaba al puerto de Veracruz, México, con pasaporte falso, donde continúa su actividad política, a través de la Alianza Antifascista Giuseppe Garibaldi. En 1940, el presidente Lázaro Cárdenas anula su expulsión.

Tina Modotti murió a los 46 años, en su amado México. El 6 de enero de 1942 falleció de un paro cardíaco cuando viajaba en un taxi. Poco antes, había logrado recuperar su identidad. Fue enterrada envuelta en una bandera adornada con la hoz y el martillo. Su amigo el grabador Leopoldo Méndez esculpió su perfil en la lápida y Pablo Neruda le dedicó un poema que terminó convirtiéndose en un poético epitafio: «Puro es tu dulce nombre, pura es tu vida frágil. De abeja, sombra, fuego, nieve, silencio, espuma. De acero, línea, polen, se construyó tu férrea, tu delgada estructura», en lo que se convirtió en el epitafio de esta mujer guerrera y artista a partes iguales con vida de leyenda.

Esperan tendidos los negativos en el cuarto oscuro
ver la luz que revelen las imágenes de las fotografías
tus huellas sobre papel fotosensibles toman forman
desvelando la realidad ante los ojos vendados de la sociedad

te encuentro con la mirada que captó tiempos crueles y duros
con el obturador dispuesto a captar la realidad del día a día
de una época y sociedad rota, gentes que crean y deforman
sus vidas en épocas convulsas sumergidas en el caos y la oscuridad

Tengo guardado tu pañuelo verde para cuando vuelvas, Tina querida
luz que guía, faro de esperanza que captura el momento
hermana, no duermas, la nueva rosa es tuya, la nueva tierra es tuya
No dormirás en vano, hermana. Puro es tu nombre, pura es tu frágil vida

La nueva rosa es tuya, la tierra es tuya: te has puesto un nuevo traje de semilla de vida
Son los tuyos, hermana: los que hoy te dicen tu nombre, Tina Modotti, lo proclaman al viento
y a todas partes, al agua y a la tierra, tu suave silencio se llena de raíces haciéndote suya
con tu nombre Tina Modotti el Fuego no muere, eterna llama en tu recuerdo encendida 

jueves, 23 de julio de 2020

ASOCIACIÓN DE MUJERES ANTIFASCISTAS

La Asociación de Mujeres Antifascistas fue una entidad asociativa de carácter feminista y unitaria creada en España en 1933 por el Partido Comunista (PCE), en un principio como corresponsal de la "Unión de Mujeres contra la Guerra y el Fascismo" creada por la Internacional Comunista, tras el triunfo de Hitler en Alemania en el mismo año. Su impulsora fue Dolores Ibárruri "La Pasionaria" y en ella se integraron un buen número de las activistas de la izquierda política durante la Segunda República Española. El Comité de Valencia fue fundado por Pilar Soler Miquel, Manuela Ballester y Agustina Sánchez Esteban. Fue la organización feminista más importante de la época. Tras la Guerra Civil sus miembros fueron represaliadas por el franquismo. Por ello, la organización pasó al exilio con el nombre de Asociación de Mujeres Antifascistas Españolas (AMAE) y estuvo activa sobre todo en Francia y México.

Historia

En 1933 Jorge Dimitrov, secretario de la III Internacional, envía una carta a Bernadette Cattaneo, destacada dirigente comunista belga, en la que le propone la creación de una Asociación de carácter internacional que agrupe a las mujeres de forma unitaria, contra el fascismo y los planes de guerra de Alemania e Italia. Esta asociación recibirá el nombre de Mujeres contra la Guerra y el Fascismo, y extenderá su trabajo con agrupaciones de mujeres por gran parte del mundo hasta entrados los años 60 del pasado siglo. En un primer momento María Rabaté, será la secretaria del Comité Nacional de Francia. Gabrielle Duchene presidirá el Comité Mundial y Bernardette Cattaneo se ocupará secretaria del Comité Mundial.

Ese mismo año, Dolores Ibárruri recibirá la visita de la delegación de la Asociación Mujeres contra la Guerra y el Fascismo con el fin de crear la sección española, y la puesta en marcha de la organización no se hará esperar. A lo largo del año se crearán comités de iniciativa por toda la geografía española.

El comienzo de la actividad más significativa de Mujeres Contra la Guerra y el Fascismo se producirá en Madrid en 1934, durante el bienio Negro con motivo de la movilización de reservistas, decretada por Diego Hidalgo para su traslado a Marruecos. Se prepara entonces una manifestación, a finales de agosto, por parte de la Asociación. Se ocupará de la tramitación para legalizarla Catalina Salmerón, hija Nicolás Salmerón quien fuera Presidente de la I ª República. Y a pesar de la negativa del gobierno para conceder las debidas autorizaciones, la manifestación se llevará a cabo con éxito y con la especial participación de las Trabajadoras de Tabacos de Madrid. Poco después se realizaría una manifestación análoga y de igual éxito en Zaragoza.

En Julio de 1934 celebran su Iº Congreso en España, con la presencia de 78 delegadas de los Partidos Republicano, Comunista, Socialista y compañeras sin afiliación política, quedando constituido el Comité Nacional de Mujeres Contra la Guerra y el Fascismo y siendo elegida Presidenta, Dolores Ibárruri y Presidenta de Honor, Doña Catalina Salmerón; en este Comité participarán, mujeres de gran relevancia política como Victoria Kent,
Clara Campoamor, María Martínez, Veneranda Manzano y María Teresa León, Lina Odena… entre otras.

El Congreso se celebrará en Madrid del que saldrán elegidas 8 delegadas para participar en París en el I Congreso Internacional, que se realizará en agosto del mismo año. La composición será heterogénea: Delegadas a la reunión en París de del Comité Mundial de AMA serán, Encarnación Fuyola secretaria del Comité Nacional, Matilde Cantos por el PSOE, Amparo Navarro del Comité Provincial de Valencia, Manuela Ortiz, campesina, Teresa Cabreros del Comité Provincial de Madrid. Por Cataluña: Dolores Bargalló, Emiliana Ruiz, Eloisa R. Malasechevarría y Maria Luisa Algara.

En el congreso se establecerá su línea de pensamiento político y de acción, entendiendo que la guerra es un elemento consustancial al fascismo, como elemento fundamental.

AMA pasará a ser ilegalizada en el mismo año de su creación, por parte del gobierno, tras la revolución de Asturias, ya que al igual que organizaciones políticas y sindicales han apoyado la huelga general de 1934. Con el fin de eludir la vigilancia gubernamental se crea la Asociación Pro Infancia Obrera, el Comité Nacional de AMA para poder actuar en la semi-legalidad, va a utilizar estas siglas para continuar su labor, y al tener PIO un carácter benéfico la asociación va a ser tolerada.

La situación en Asturias, tras la revolución es de suma gravedad para las familias trabajadoras que han participado en ella, y el Comité de AMA bajo el amparo de sus nuevas siglas va a intentar paliar la situación de estas familias: en Asturias han quedado unos seiscientos niños abandonados como consecuencia de la represión. PIO, que cuenta con participación del Socorro Obrero Español, el Socorro Rojo Internacional además de los partidos de izquierda va a trasladarse a Asturias rescatando a los niños del abandono en se encuentran, como resultado de los fusilamientos y encarcelamiento sufridos por sus familias. A partir de este momento, bajo nombre de PIO la asociación actuará en todo lo relacionado con la infancia.

El 15 de febrero de 1936 se edita el primer número del órgano oficial de AMA, la revista: "Mujeres" y en su consejo de redacción figuran Dolores Ibárruri “Pasionaria”, Margarita Nelken, Ilsa Wolf, Encarnación Fuyola, Aurora Arnaiz, Lina Odena, Eveline Kahm y Emilia Pagnon. Su contenido definía con claridad el compromiso con la clase obrera, la liberación de la mujer y lógicamente la lucha antifascista.

La Mujer contra el fascismo

Las mujeres han sido siempre objetivo del fascismo. Por eso tienen una amplia tradición de luchas contra el mismo que sigue hasta nuestros días. El fascismo tiene como meta aplastar a cualquier colectivo organizado de la clase trabajadora, individualizarla y entregarla abatida a la explotación de los capitalistas. Bajo esta lógica, el fascismo predica que las mujeres tienen que ser racialmente “limpias” para cumplir el trío “Niños, Cocina, Iglesia” (Kinder, Küche, Kirche, las tres KKK de los nazis y del Ku-Klux-Klan).

Millones de mujeres fueron martirizadas en el altar de estos objetivos desde el ascenso de Mussolini al poder hasta la derrota del eje fascista en la Segunda Guerra Mundial. Judías, gitanas, sindicalistas, minusválidas, lesbianas, luchadoras de izquierdas y de las resistencias populares sufrieron de todo: violaciones, mutilaciones, mastectomías, esterilizaciones, experimentos salvajes de eugenesia en los campos de concentración, ejecuciones y asesinatos. 

Pero, al mismo tiempo, las mujeres han dado ejemplos fantásticos con su participación en la lucha antifascista. En el Estado español en 1936, en Londres en la batalla de Cable Street, en Grecia, Francia e Italia en las filas de la Resistencia… En Milán, que fue liberada y que ahorcó a Mussolini gracias a la lucha partisana de sus obreros y obreras, las mujeres patrullaban armadas por las calles.

Todas lucharon contra el franquismo y por la emancipación de la mujer, y juntas lograron avances sociales tan significativos como el aborto libre y gratuito. Emprendieron toda una revolución, y para ello no solo tuvieron que enfrentarse al fascismo, sino también, a veces, a sus propios compañeros.