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viernes, 3 de febrero de 2012

BARUCH (BENEDICTUS) SPINOZA 1632-1677

Todos cuantos entienden la filosofía como libertad de pensamiento y espíritu crítico, sin duda, consideran a Spinoza como su mejor representante. Declarado impío por todas las Iglesias, incluso su propia comunidad, además, su familia judía, fue expulsada de España y debió emigrar a los Países Bajos. Ahí, no desistió en su obstinada y tranquila búsqueda de la sabiduría, ahí solo cambió su apellido Espinosa por Spinoza. Su lucidez, entendida como su rechazo a ampararse al abrigo de la trascendencia, y el rigor inexorable de su razonamiento, ha sido considerada odiosa por unos y necesaria por todos aquellos que ensalzan su búsqueda de la bienaventuranza.


Spinoza cursó estudios de teología y comercio en la escuela judía, donde aprendió hebreo y conoció el Talmud, pero en la escuela latina de Van don Enden descubrió la filosofía y las investigaciones científicas cartesianas. Testigo de la lucha entre republicanos y partidarios de los Orange, tomó partido por la república de Juan de Witt. En 1656 fue excomulgado por los rabinos de la comunidad judía y rechazado por sus familiares. Entonces, para subsistir, Spinoza aprendió a pulimentar el vidrio de óptica, tarea que no dejó durante el resto de su vida.
El punto de partida de la filosofía de Spinoza es la identificación de Dios con la naturaleza. Dios es un ser que se confunde completamente con la naturaleza, tanto si ésta ha sido creada como si se crea a sí misma. Dios es la sustancia única, de la que Spinoza dice al principio de la Etica que es "aquello cuya esencia implica la existencia, es decir, aquello que no necesita de otra cosa para ser creado", pensamiento que puede ser interpretado como ateísmo, no tanto por la negación especulativa de la existencia de Dios como por su generalización naturalista: si Dios está en todas partes, no está en ninguna. Spinoza concibe a Dios desde una perspectiva materialista que supera el dualismo cartesiano, ya que la sustancia es a la vez pensante y extensa. En el ámbito epistemológico, este planteamiento se corresponde con una concepción del alma según la cual ésta es únicamente la idea del cuerpo. El conocimiento no es, pues, la operación de un sujeto consciente(a la manera del cogito cartesiano), sino la afirmación de una idea en el espíritu. El ser humano sólo percibe efectos o signos e ignora las causas y atribuye a un Dios monarca un poder absoluto y a la conciencia un poder sobre el cuerpo. La razón es la que organiza las relaciones de composición ("nociones comunes) ideas generales que posibilitan la formación de otras ideas capaces acceder al conocimiento de las causas. Y, por el conocimiento, el ser humano accede al amor intelectual de Dios, que hace conocer por medio del entendimiento intuitivo la esencia singular en forma de eternidad, la cual no guarda relación con la noción común de inmortalidad.


Por otra parte, Spinoza trató de liberar el pensamiento político de la tutela de la teología y de la moral. Opuso 1a ética a la moral, y rechazó esta última porque significaba una desvalorización de lo real en nombre de un ideal trascendente. Lo que interesaba al filósofo Spinoza era transmitir un mensaje liberador frente a todas las servidumbres, sociales, intelectuales y morales, para que el ser humano pudiera acceder a lo más alto de sí mismo, a la plenitud de la alegría por el conocimiento, estado a lo que él llamó la bienaventuranza.


La ética es para Spinoza, una ciencia de los afectos del alma humana, que define lo bueno y lo malo, y dice que se considerará bueno aquello que conviene a la naturaleza del ser humano y malo aquello que no le conviene, afirmando que la moral es un refugio para la ignorancia y que la ley no es más que un sustituto de la inteligencia. Y agrega: la esencia del ser humano no es la razón sino el deseo (conatus) o principio de conservación del individuo. "No tendemos hacia una cosa porque la juzguemos buena, sino que la juzgamos buena porque tendemos hacia ella." El deseo precede, pues, a la razón., aunque la ley limita el poder de cada uno, con el objetivo de producir la obediencia, según un sistema de recompensas y castigos, lo que constituye una especie de religión civil; por eso, cree que la política descansa necesariamente en pasiones tristes (temor, seguridad). Es una física de las fuerzas y una química de los afectos.

Además, Spinoza declara que el derecho natural no procede de la voluntad del individuo sino de las leyes que rigen su poder de actuar; la constitución de la ciudad no es la libre creación surgida de un contrato, sino un proceso necesario que escapa a la voluntad de los individuos; el estado manda a los ciudadanos por la fuerza y no por acuerdo contractual. El punto débil de los regímenes políticos es la tiranía, que instituye como religión la muerte y la tristeza. La democracia es, por el contrario, el mejor de los regímenes políticos, porque tiende a sustituir las pasiones tristes por el amor a la libertad. Sin embargo, aunque el régimen democrático es el que más favorece el acceso al estado de razón (segundo género de conocimiento), la salvación y el acceso al tercer género sólo se consiguen por la vía individual y privada.


Las obras de Spinoza
- Breve tratado acerca de Dios, el hombre y su felicidad (1658)
- Tractatus de intellectus emendationes (1661/2)
- Principios de la filosofía de Descartes, (1663)
- Pensamientos metafísicos (1664)
- Tractatus theologico-politicus (1670) - publicado en forma anónima-, en el que abordó la cuestión de la exégesis de la Biblia (sin el Nuevo Testamento), lo cual suscitó el anatema de las Iglesias, sobre todo de los calvinistas, y también de los rabinos, debido a su contenido y enfoque. En 1673 intentó publicar la Ética demostrada según método geométrico, empezada en 1661, pero renunció a terminarla, lo mismo que, entre 1676 1677, se dedicó a escribir el Tractatus políticas que nunca terminó.

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