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sábado, 24 de febrero de 2024

LA IGLESIA, ESPIRITUALIDAD Y CULTURA EN OCCIDENTE SIGLOS XIII Y XIV

El papado había alcanzado el cenit de su poder político en Europa bajo Inocencio III. A su muerte en 1216 le siguió un periodo de eclipse y, finalmente, de catástrofe. Los papas siguieron luchando por la supremacía contra los emperadores del «Sacro» Imperio Romano Germánico. Sin embargo, la larga guerra entre el papado y el imperio había mermado el poder de la corte imperial al socavar la unidad nacional de Alemania. La amenaza a la independencia del papado ya no provenía de Alemania, sino de Francia.

La trascendencia de la figura del Papa en la Iglesia. Las grandes figuras del papado
El I Concilio Ecuménico de Letrán  (1123) consagró la primacía de roma sobre el resto de las Iglesias nacionales y proclamó la sumisión al papa de toda la cristiandad, sin excepción, en cuestiones de religión y moral, desde el emperador hasta el último de los cristianos. con la proclamación de esta doctrina triunfaba la concepción teocrática de Gregorio VII, reivindicada en su famoso Dictatus Papae (1075) y reafirmada en el II concilio Ecuménico de Letrán (1139), según la cual todo debe estar sujeto al Papa

Ante hecho concretos, el papado tenía que acomodarse a la realidad de cada uno de los diversos reinos que integraban la cristiandad occidental. Así se puso de manifiesto con Enrique II de Inglaterra, el cual continuó dominando al clero inglés limitando el poder de la iglesia mediante las Constituciones de Clarendon de 1164: otro tanto podemos decir de Federico I que también controló al clero alemán.

Inocencio III (1198-1216) fue quien llevó a la práctica y ejerció la teocracia de un modo más rotundo, alcanzando dicha teoría su cumplimiento más completo. Inocencio III logrará de este modo el apogeo del papado, aunque el siglo XIII, que se inaugura con su pontificado, se cerrará con el de Bonifacio VIII, que representa el fracaso de dicha teoría. El Papa, como vicario de dios en la tierra, posee la autoritas, es decir, la plena soberanía, mientras que el emperador y los reyes poseen la potestas, es decir, el poder político que reciben directamente de Dios. Aunque admite que, en el campo político los reyes pueden predominar sobre el Papa, éste puede intervenir cuando los príncipes pecan gravemente.

El Papa más poderoso de todos, también fue el más joven de todos. Era un noble romano elegido Papa a los 37 años. Las cruzadas habían transformado al Papa en el jefe de todos los caballeros cristianos, obedientes a la Santa Sede, que se acrecentó, desde 1176, cuando los lombardos, aliados del Papa, derrotaron a Federico Barbarroja y se tuvo la impresión que el Papa era superior al emperador. Inocencio III pronunció frases como estas:

El Papa en la tierra ocupa el lugar de Dios, o El Señor no ha dado a San Pedro la Iglesia, sino el mundo para gobernar. 

El primer objetivo del papa consistió en afirmar su poder en Roma, por lo que destituyó los miembros de Senado, nombrando un único senador y a todos los funcionarios del Campiodoglio, obligando al prefecto de la ciudad a prestarle un juramento de fidelidad.

Inocencio III luchó contra los reyes más poderosos de su tiempo, usando la excomunión como arma política (junto con prácticas dinerarias y sometimiento teórico feudal).. Excomulgó al Rey de Francia, Felipe Augusto, por repudiar a su esposa, la princesa Ingeburga, de Dinamarca; excomulgó a Juan sin Tierra y en Alemania decidió entre dos príncipes que se disputaban el título de rey. 

En el terreno religioso, tres fueron sus objetivos principales:
  • Acabar con los herejes
  • proclamar una cruzada
  • convocar un concilio
Aún cuando apoyo activamente la lucha contra los musulmanes otorgando el carácter de cruzada a la batalla de Navas de Tolosa (1212) no dudó en atribuir tal carácter a la lucha que se emprendió contra los albigenses (1208) y que fue utilizada hábilmente por el rey de Francia para imponer su dominio en el midi francés y reportó al papado el condado de Aviñón. Predicará además la Cuarta Cruzada y admitirá a los franciscanos en la iglesias.

En el 1215, convocó el  IV Concilio Ecuménico de Letrán, la Asamblea más grande la Edad Media, ya que asistieron 412 obispos, 800 abades o priores de conventos, varios patriarcas y obispos de Oriente. El IV Concilio marcó el cénit de la teocracia de Inocencio III: 
  • aprobaron el término de transubstanciación para indicar la transformación sustancial que se producía en la Eucaristía;
  • la confesión y comunión obligatorias al amenos una vez al año; 
  • la predicación de una nueva cruzada 
  • y, sobre todo, condenó como herética la doctrina de Joaquín de Flore.

Inocencio III

  • Bonifacio VIII
El sucesor de Inocencio III fue Honorio III (1216-1227) que, por primera vez, coronó a un emperador de Oriente, Pedro de Courtenay. A este Papa le sucedió Gregorio IX (1227-1241), cuya personalidad y firmeza lo convirtieron en el enemigo declarado de Federico II. Inocencio IV (1243-1254) depuso al emperador en el I Concilio de Lyon (1245) y obligó a elegir un nuevo rey en Alemania. A esta relación de Papas hay que añadir también a Clemente IV (1265-1268) y a Gregorio X (1271-1276), el cual logró la unión de los cristianos ortodoxos en el II concilio de Lyon (1274)

El nuevo papa, el cardenal Caetani, que tomó el nombre de Bonifacio VIII (1294-1303) fue elegido en la primera votación. su primer acto fue trasladar la Curia a Roma, y encarcelar al anterior papa Celestino V donde murió un año y medio después y fue canonizado por Clemente V.

Tras la publicación de su famosa bula Clericis laicos (1296), en la que se resumía la doctrina teocrática del pontificado, el papa excomulgó y depuso a los dos cardenales Colonna y arrasó sus fortalezas, por lo que ambos buscaron refugio en la corte francesa, al tiempo que confiscaba sus bienes y los repartía entre los Caetani y los Orsini, sus parientes y partidarios.

En la cima de su poder, el 22 de febrero de 1300, publicó la bula Antiquorum habet fidem  por la que proclamó el primer Año Santo de la Cristiandad, en la que otorgaba la indulgencia plenaria a todos los que aquel años visitaran las basílicas romanas de san Pedro y san Pablo y se establecía su convocatoria cada cien años. 

A través de la bula Unam Santcam (1302) afirmaba que la salvación únicamente se alcanzaba a través de la iglesia y mantenía la teoría teocrática.

Funda la Universidad de Sapienza en Roma, erige catedrales en Orvieto y Perugia; erige estatuas de sí mismo en mármol y bronce en diversas ciudades y Giotto pintará un fresco suyo en san Juan de Letrán.

Su enfrentamiento con el rey francés y su humillación que supuso la Paz de Anagri (1295), donde revirtió la excomunión de Jaume II de Aragón,  marcarían el trágico final de su pontificado.

Bonifacio VIII

La época de las grandes crisis
  • El papado de Aviñón
La elección de Clemente V (1305-1314) marca el inicio del denominado papado de Aviñón o Cautividad de Aviñón, ya que los sietes Papas que allí residieron estuvieron bajo la tutela del rey de Francia, y fueron todos ellos fieles ejecutores de sus deseos.

Bertrand de Got, arzobispo de Burdeos, había acordado con Felipe IV su elección pontificia. Fue coronado en Lyon y trasladó la Curia a Aviñón, convocó un concilio ecuménico en Vienne (1311), donde disolvió la Orden del Temple (1312), con la bula Vox in excelso, acusando a los templarios de cumplir sus obligaciones y caer en la herejía; repartió sus bienes y condenó a sus dirigentes a la hoguera. elevó a la púrpura a 5 sobrinos, a los que puso al frente de obispados, y a familiares laicos les dio cargos en los Estados Pontificios. a fin de evitar el traslado de la Curia a Roma, elevó el número de cardenales afines a él.
Clemente V (1305-1314)


  • La política centralizadora del papado de Aviñón
El nuevo papa Juan XXII (1316-1334) prosiguió la política de asentamiento definitivo en Aviñón, a pesar de las primeras voces que se alzaron pidiendo el retorno a Roma; clamando contra el nepotismo descarado y contra sus enfrentamiento personal con el emperador Luis IV de Baviera, en lo político, y con los franciscanos en lo espiritual ya que la rama de franciscana de los Espirituales reivindicaba la pobreza de Cristo. El papa promulgó una bula declarando herética tal doctrina, condenado a la hoguera  los frailes. En el campo teológico, Juan XII defendió que sólo tras el juicio final y la resurrección de los muertos, se alcanzaba la visión beatífica de Dios, doctrina de la que tuvo que retractarse ante los cardenales en su lecho de muerte.

Juan XXII (1316-1334)

Este Papa fue el gran impulsor de la burocratización que se llevó a acabo durante el periodo aviñonés. creó el Registro de la Cámara Apostólica, como eficaz mecanismo financiero de la Curia, con un minucioso asiento de entradas y salidas a cuyo frente se encontraba el cardenal camerarius. Reorganizó la cancillería y creó el Tribunal de la Sacra Rota. Otros organismos importantes fueron la Limosnería, encargada del reparto de limosnas a los pobres, y la Penitenciaría, encargada de dilucidar todas las apelaciones y dispensas por defecto que llegaban al Papa.

Los gastos fueron creciendo, por lo que hubo que aumentar las tasas sobre los beneficios eclesiásticos. Todo estaba tasado: nombramientos, defunciones, visitas... todo era poco para cubrir los gastos de construcciones, pagos a funcionarios, etc.

Palacio papal de Aviñón

  • El restablecimiento de la autoridad pontificia en Italia. Gil de Albornoz
La ausencia de los Papas en los estados Pontificios hizo que muchas familias señoriales ejercieran su poder sin ninguna limitación actuando como verdaderos señores de sus dominios. Como ejemplo, Cola de Rienzo en 1347 fue coronado con siete coronas que simbolizan los dones del Espíritu Santo, y con un globo de plata, símbolo del poder. Este hecho y otros parecidos alarmaron tanto al Papa Clemente VI como al emperador Carlos IV, que lo apresó y envió a Aviñón. El nuevo papa Inocencio VI (1352-1362) comprendió que, aunque ausente de Italia, debía poner orden en los Estados Pontificios y en Roma.
Inocencio VI

La presencia en Aviñón del cardenal español Gil de Albornoz, exiliado de Castilla por su enfrentamiento con Pedro I, databa de 1350. Dada su experiencia guerrera, el Papa Inocencio VI lo envió a Italia como su Legado (1353-1357), para poner orden en los Estados Pontificios y hacer volver a la obediencia a las familias rebeldes. En una segunda Legación (1358-1364), Albornoz recuperó Bolonia y puso orden en el Patrimonio de San Pedro, conquistando y construyendo numerosas fortalezas que puso bajo su directo control Gil de Albornoz ha pasado a la historia como el hombre que hizo posible la vuelta de los papas a Roma y como gran legislador.


En un parlamento reunido en Fano (1357), Gil de Albornoz promulgó sus famosas Constitutiones, con objeto de superar el estrecho derecho local y hacer efectiva la territorialización jurídica de dichas leyes.

El primer intento de regreso a Roma lo hizo Urbano V (1362-1370), aunque acabó retornando a Aviñón. La elección del nuevo Papa recayó en Gregorio XI (1370-1378). La inestabilidad que existía en Francia, fruto de la Guerra de los Cien Años, y de los tumultos que empezaban a surgir en los Estados Pontificios, obligó al papa a trasladarse definitivamente a Roma en el años 1376: el Vaticano pasará a ser residencia oficial del Papado.

El cisma de Occidente (1378-1417)

El Papa elegido fue el italiano Bartolomé Prignano, arzobispo de Bari, que tomó el nombre de Urbano VI (1378-1389). Dos meses bastaron para que el Papa mostrara su carácter despótico e insolente, que hizo que los seis cardenales franceses y el aragonés, Pedro de Luna, se retiran a Anagni, donde firmaron un documento en el que declaraban la nulidad de la elección papal, debido a las presiones sufridas, deponían al Papa y anunciaban Sede vacante, anunciando una nueva elección diez días después. El elegido fue el cardenal Roberto de Ginebra, que tomó el nombre de Clemente VII (1378-1394), que fue reconocido inmediatamente por el resto de cardenales. El nuevo Papa se trasladó a Aviñón, con lo que el cisma estaba consumado.

Urbano VI (1378-1389)

La cristiandad se dividió. Por el papa romano Inglaterra, Alemania; Polonia, etc. por el de Aviñón, Francia, Castilla, Aragón, etc. El Papa de Roma apoya su prestigio en su ciudad, el de Aviñón en su eficacia administrativa.
Clemente VII (1378-1394)

El carácter neurótico y prepotente de Urbano VI, hizo que varios de sus cardenales lo abandonaran y se trasladaran a Aviñón. El Papa, sintiéndose inseguro, arrestó a seis cardenales, que murieron asesinados en la cárcel, mientras que a otros cuatro los privó de sus cargos y rentas. a su muerte, los catorce cardenales romanos eligieran a Bonifacio IX (1389-1404), ignorando la presencia del papa francés, por lo que el cisma se confirmó. este Papa practicó el nepotismo de un modo descarado y, ávido de dinero, echó por tierra la obra de albornoz, al reconocer como vicarios pontificios, con derechos hereditario, a los señores que dominaban las principales ciudades de los Estados Pontificios a cambio de un tributo anual. Además convocó dos Años Santos (1390 y 1400) y se dedicó vender indulgencias, gran negocio lucrativo denunciado por sus contemporáneos.

Los intentos de solución fueron:
  • Via Facti: con medidas de fuerza en las que ambos Papas lucharon con sus ejércitos
  • Vía Cessionis: la renuncia de alguna  de ellos, ideada por la Universidad de París en 1394, con la posición de Pedro de Luna, que fue elegido Papa como Benedicto XIII (1394-1423).
  • Vía conventionis: diplomática, dio resultados, se buscaba un encuentro entre ambos.

La superación del Cisma: el Concilio de Constanza

Ante la amenaza de retirar su obediencia, que manifestaron varios príncipes y cardenales, el romano Gregorio XII (1406-1415) y el aviñonés Benedicto XIII (1394-1403), aceptaron un encuentro personal, que no llegó a producirse, ya que ambos Papas consideraron que con tal acto estaban reconociendo la legitimidad del contrario.
Gregorio XII y Benedicto XIII

El monarca francés, Carlos VI, retiró su obediencia a Benedicto XIII y lo asedió en Aviñón, pero el aragonés pudo escapar y se refugió en Perpiñán, al tiempo que proponía celebrar en Pisa un concilio que reuniera cardenales de ambos bandos. El Concilio de Pisa (1409) declaró depuestos y cismáticos a ambos Papas y se eligió por unanimidad al arzobispo de Milán que tomó el nombre de Alejandro V (1409-1410). La súbita muerte de este Papa, al parecer envenenado, hizo que fuera elegido Juan XXII (1410-1415), que se instaló en el Vaticano.

Concilio de Constanza (1414-1418)

El emperador Segismundo tomó la iniciativa de convocar un Concilio en Constanza, al que Juan XXII se adhirió con su propias convocatoria, lo que lo convirtió en Ecuménico. El Concilio fue inaugurado el 5 de noviembre de 1414 bajo la presidencia de Juan XXII.  Se acordó que las votaciones fueran por naciones y se solicitó la dimisión voluntaria de los tres Papas, y así lo hicieron Juan XXII y Gregorio XII. Benedicto XIII no abdicó y murió en 1423.

El 11 de noviembre de 1417 eligieron a Odón Colonna, que se intituló Martín V (1417-1431), dándose por concluido el cisma.

Martín V (1417-1431)

Las Órdenes Mendicantes

Hasta el siglo XII la vida de los monasterios había sido rural y alejado de las ciudades. A partir del desarrollo de las ciudades surge un estilo de vida monástico pero dentro de las ciudades. Aparecen las órdenes mendicantes que establecen conventos dentro de las ciudades y se dedican muchas veces a la enseñanza en las universidades. A diferencia de las órdenes monásticas tradicionales, vivían de la caridad, no admitiendo ningún tipo de propiedad, a excepción de su propio convento, de sus ropas t de los libros para el estudio, llevando así una pobreza casi radical. Vivían en ciudades y ejercen la predicación, además tenían buena formación intelectual, por lo que tanto dominicos como franciscano ejercerán un importante papel en los nuevos centros de enseñanza que van surgiendo por toda Europa: las Universidades.

Las órdenes mendicantes más famosas son los Dominicos y los Franciscanos. Los miembros de estas órdenes no se llaman monjes sino frailes (que viene de la palabra latina frater que significa hermano). Los Dominicos siguen la regla de San Agustín y los Franciscanos la regla de San Francisco.
  • Los dominicos
Esta orden mendicante fue fundada por santo Domingo de Guzmán, natural de Burgos. En 1203 acompañó a su obispo por el sur de Francia, y ala vista de los estragos que estaba causando la herejía albigense, decidió combatirla, mediante la predicación, fundado en Toulose (1215) la Orden de los Predicadores. Pronto fundó una casa en París y otra en Bolonia, sede de las dos principales universidades de la época. Es un nombre muy apropiado, por cuanto Domingo viene del Latín Dominicus, que significa "del Señor". De Dominicus (Domingo) viene Dominicanus (Dominico, que es el nombre de la Orden de Santo Domingo). No obstante, utilizando un juego de palabras, se dice que Dominicanus es un compuesto de Dominus (Señor) y canis (perro), significando "el perro del Señor" o el vigilante de la viña del Señor).

Los frailes dominicos vivían en conventos regidos por un prior, repartidos en provincias, al frente de las cuales había un capítulo provincial. al frente de la Orden había un maestro General, al que aconsejaba el capítulo General, que se reunía todos los años.

Para ellos era importante la pobreza y la formación intelectual. Cada convento tenía un centro de estudio, con su biblioteca. en cada provincia había un centro de estudios teológicos y bíblicos par formar predicadores.

Dada la preparación intelectual de los dominicos, los Papas les encargaron la predicación contra la herejía, pasando a identificarse dominico con inquisidor, ya que a esta orden pertenecieron los inquisidores medievales.



  • Los franciscanos
San Francisco de Asís, de familia acomodada de comerciantes, a los veinte años rompió sus lazos familiares y, junto a un grupo de amigos, emprendió una vida de penitencia, oración y mendicidad, aspirando a los ideales de la pobreza evangélica, pasando a denominarse viri poenitentiales (hombre de penitencia). Pronto adquirieron fama y el Papa Inocencio III aprobó la Fraternidad de la penitencia (1210). dada su escasa preparación intelectual, sólo se les permitió predicar sobre temas de moral.

Francisco redactó una Regla, aprobada por Honorio III en 1223, para su orden de frailes Menores, nombre que adoptaron los franciscanos como signo de humildad. Francisco murió en 1226, reivindicando en su testamento la pobreza, el amor mutuo y la humildad. La Orden tuvo un gran expansión.

La Orden Franciscana nació, desde un principio, con claras señales de división , entre los partidarios de una pobreza extrema, los espirituales (que rechazan la construcción de conventos e iglesias, la posesión de libros y simpatizan con las ideas de Joaquín de Fiore, condenadas en el IV Concilio de Letrán de 1215) y los conventuales, que aceptaban la interpretación que el general de la Orden, Elías de Cortona, daba al testamento de San Francisco sobre la pobreza. A fin de aplacar el disenso, san Buenaventura, ministro general de la Orden, promulgó unas Constituciones (1274, peor el conflicto continuó hasta el siglo XIV, en la que son condenado los más recalcitrantes por Juan XXII en 1317. En 1413, Eugenio IV la dividió en dos ramas, sometidas a un único general, la de los Conventuales y la de los Observantes.
Francisco de Asís

Otras órdenes mendicantes son: 
  • Carmelitas 1209
  • Mercedarios 1218, dedicado al recate de cautivos cristianos en manos de musulmanes
  • Agustinos, 1256, dedicados a la enseñanza y predicación
La vida intelectual y artística
  • Las universidades
El descubrimiento de Aristóteles encauzó el pensamiento filosófico y teológico por unos derroteros diversos a los que, hasta el momentos, le conducía el platonismo y el agustinismo.

La gran obra de San Alberto magno y de Santo Tomás de Aquino, fue la de compatibilizar el pensamiento cristiano con la nueva filosofía recién descubierta, haciendo que la Escolástica y sus métodos triunfasen plenamente.
  1. En el siglo X, la escuela de Reims con Gelberto Aurillac, que cultivó la retórica, lógica, aritmética y astronomía
  2. en el siglo XI, san Anselmo, con lógica y dialéctica pone las bases de la Filosofía
  3. en el siglo XII, se acude a poetas latinos que enseñan gramática, retórica y dialéctica.
Son los denominados Estudios Generales.

Hasta bien entrado el siglo XIII no empezó a generalizarse el término Universitas para designar el lugar donde se impartían estudios superiores o par definir la asociación de profesores y estudiantes.

Dos fueron las principales Universidades durante el siglo XIII: Bolonia y París. La universidad de Bolonia fue la más antigua. se especializó en el estudio del Derecho, tanto civil como canónico: los estudios de Derecho civil comenzaron cuando Irnerio (1088) fundó una escuela par la enseñanza del redescubierto Derecho romano, a través del Corpus Iuris Civilis de Justiniano y fundó la llamada Escuela de los Glosadores para aclarar el significado de algunos conceptos. también brilló la universidad de Bolonia en el campo del derecho canónico, con la figura excepcional de Graciano, siglo XII, que lo sistematizó y fue su primer maestro.

La universidad de París se especializó en la enseñanza de teología: tenía cuatro facultades (Artes, Teología; Medicina y Derecho) al frente de los cuales había un decano. Al ser la más numerosa la de Artes, su decano actuaba como rector.

Los que inician los estudios en la Facultad de Artes, superado el Trivium y el Quadrivium, obtiene el título de Bachiller o Licenciado en artes; el resto de facultades dan el título de Doctor: las órdenes Religiosas tenían sus propios colegios.

Papas, emperadores y reyes comprendieron inmediatamente la utilidad que podían prestarles los Estudios generales que, desde mediados del siglo XIII, empezaron a llamarse Universidades y se aprestaron a crearlos y controlarlos, de tal manera que a finales de la Edad Media, se habían fundado más de setenta.

En España destacan Palencia (1208), Salamanca (1218), Lérida (1297) y Huesca (1354): Bolonia será el origen de la Escuela Municipal y París de la Escuela-Catedral. ambas tenían casas para estudiantes que estaban agrupadas en "nationes".


La difusión del aristotelismo. los grandes intelectuales

La Escuela de Traductores de Toledo y la Escuela de traductores de Palermo eran las dos vías de acceso de Occidente al conocimiento de los autores griegos: la filosofía imperante hasta entonces había basado sus fundamentos en el pensamiento platónico y agustiniano, por lo que, en un primer momento, las nuevas obras de Aristóteles, aunque acogidas con admiración, no dejaron de causar cierto temor, ya que podían entrar en contradicción con la fe cristiana. cuando, tras la labor de Santo Tomás de Aquino y de San Alberto Magno, Aristóteles haya sido incorporado al sistema ideológico imperante, será obligatoria su lectura para todos los estudiantes de la Facultad de Artes.

Dos actitudes se plantearon a los intelectuales del siglo XIII, todos ellos eclesiástico: proseguir con la tradición místico-especulativa, al que se adscribía San Buenaventura, o hacer compatible la filosofía aristotélica con las verdades reveladas, como san Alberto Magno y su discípulo santo Tomás de Aquino.

Para San buenaventura, la filiación platónica-agustiniana, el objeto de conocimiento es dios y a ël accedemos por tres caminos:
  • a través de la naturaleza
  • de nuestra propia alma
  • a través del Misterio de la Trinidad
Fue continuado por el franciscano inglés Roger Bacon, que inicia la Escuela Científica Inglesa.

La filosofía aristotélica se presentaba a los ojos de los estudios como una construcción perfecta y aportaba una serie de conceptos que podían ser útiles para explicar racionalmente al cristianismo y el conocimientos del dios cristiano, ya que tanto el mundo como el dios aristotélico eran de naturaleza y origen distintos.

La labor de adaptación fue iniciada por el dominico San Alberto de Colonia o Magno (1193-1280) que preparó los materiales para la construcción del edificio intelectual , que llevará a cabo su discípulo Santo Tomás de Aquino (1225-1274). Santo Tomás parte de un supuesto para él fundamental, y es que la verdad es una y, por consiguiente, no puede haber contradicción entre la verdad revelada y la racional, entre la fe y la razón, entre lo que nos dice la Filosofía y nos enseña la Teología: sus obras más importantes son Summa Filosófica y Summa Teológica, que representan el apogeo del pensamiento occidental del siglo XIII.
Tomás de Aquino

La crisis del pensamiento medieval y el fin de la escolástica

En el campo del pensamiento filosófico-teológico, durante el siglo XIII, París y Oxford fueron los dos grandes centros del saber y en ambas universidades se asentaron las bases de los defensores y críticos del pensamiento aristotélico-tomista.

Las primeras críticas a las Summa de Santo Tomás vinieron de sus rivales tradicionales, los franciscanos, que tuvieron en Oxford su mejor medio de difusión. Su primer representante fue Robert Bacon, que fue el iniciador de la escuela científica inglesa, y sus obras se apoyan, para el conocimiento de dios, en la experiencia física y en la intuición, que nos proporciona la mística, siguiendo la concepción platónica-agustiniana sobre el tema.

Para el franciscano Juan Duns Scoto (1266-1308) la filosofía tiene su propia entidad y su propio objeto, que es todo lo que la razón puede alcanzar, mientras que la teología debe limitarse únicamente al estudio de las verdades reveladas, sin implicar para nada a la razón. por lo tanto, no tiene que haber una única verdad, como decía Averroes, la verdad puede ser múltiple. Mantiene el principio de san Agustín de la superioridad de la voluntad divina sobre el entendimiento. la esencia de la voluntad es hacer o no hacer, obrar de modo diverso. Los Tomistas decían que le mundo que vemos era el único posible creado por Dios, pero Duns Scoto sostenía que gracias a la libertad de Dios, podría haber existido un mundo contrario al que hizo Él.

Para Guillermo de Ockham, muerto en 1349, dios es Omnipotente y su proceder nos e halla sujeto a ningún tipo de trabas. Fue el inventor del principio de economía del razonamiento (navaja de Ockham). las doctrinas de Ockham y el Averroismo abren la vía moderna del pensamiento que desembocará en los estudios de Física, Matemáticas y Lógica.

El siglo XIV, siglo de grandes crisis, conducirá, en el plano intelectual, a la decadencia de una escolástica que no tiene más que ofrecer, aparte de las discusiones formales entre las distintas escuelas y ajeno a las nuevas cuestiones, que interesan al hombre que surge con el renacimiento y que se plasmarán en el humanismo.

Scotto y Guillermo de Ockham



Si los cluniacenses habían sido los grandes difusores del románico por Europa, ahora serán los monjes cistercienses quienes divulguen por doquier la simplicidad del gótico, que tuvo en sus monasterios sus mejore ejemplos arquitectónicos y en el abad Suger de Saint Denis, uno de sus principales impulsores.

En poco tiempo se construyeron en Europa las nuevas catedrales, más espaciosas, más altas y más luminosas que sus predecesoras románicas; donde no abunda la piedra ya que el ladrillo la sustituye con éxito, erigiéndose importantes edificios destinados a pervivir durante muchos siglos.

La escultura fue una magnífico complemento de las fachadas góticas, dando lugar a los grandiosos pórticos: la verticalidad y la altura serán otra característica de las catedrales.

La escultura y la pintura se vieron influidas por el espíritu franciscano, que predicaba la bondad y el acercamiento de Dios a sus criaturas, por lo que se abandona el hieratismo, típico del románico, por las maneras más suaves del Salvador, que bendice y no juzga, y sobre todo, por la aparición de la Virgen, incluso en las grandes fachadas, ocupando la figura central de las mismas.

También destacó la muisca con su Ars Nova, que busca la sonoridad de la composición musical mediante la viveza del ritmo y la armonía, dando lugar a bellas melodías. La formas musicales de la época son el rondó, la balada, el virelay el motete y el madrigal.


Fechas interés
  • I Concilio Ecuménico de Letrán  (1123)
  • II concilio Ecuménico de Letrán (1139)
  • Inocencio III (1198-1216)
  • Honorio III (1216-1227)
  • Gregorio IX (1227-1241)
  • Inocencio IV (1243-1254)
  • I Concilio de Lyon (1245)
  • Clemente IV (1265-1268)
  • II concilio de Lyon (1274)
  • Bonifacio VIII (1294-1303)
  • Paz de Anagni (1295): Bonifacio VIII revierte la excomunión de Jaime II de Aragón
  • bula Clericis laicos (1296)
  • Bula Antiquorum habet fidem (1300): primer año santo de la cristiandad
  • Bula Unam Santcam (1302) : salvación por medio de la Iglesia
  • Clemente V (1305-1314)
  • Vox in excelso (1312) disolución Caballeros del temple
  • Juan XXII (1316-1334)
  • Inocencio VI (1352-1362)
  • Gil de Albornoz legado de Inocencio VI (1353-1357)
  • Constitutiones de Gil de Albornoz (1357)
  • Urbano V (1362-1370)
  • Gregorio XI (1370-1378)
  • cisma de Occidente (1378-1417)
  • Papa de Roma: Urbano VI (1378-1389) /Papa de Aviñón:Clemente VII (1378-1394)
  • Bonifacio IX (1389-1404)
  • Papa de Roma: Gregorio XII (1406-1459)/ Papa de Aviñón. Benedicto XIII (1394-1403)
  • Concilio de Pisa (1409)
  • Alejandro V (1409-1410)
  • Juan XXII (1410-1415)
  • Concilio de Constanza (1414-1418)
  • Martín V (1417-1431)

viernes, 23 de febrero de 2024

LA GUERRA DE LOS 100 AÑOS

Se da el nombre de Guerra de los Cien Años al largo conflicto que sostuvieron los reyes de Francia e Inglaterra entre 1337 y 1453. En realidad fue una extensa serie de choques militares y diplomáticos, caracterizada por breves campañas bélicas y largas treguas. No fue, por tanto, un estado de guerra permanente, aunque las prolongadas y frecuentes treguas se veían continuamente salpicadas de escaramuzas al estilo de la guerra de guerrillas, y las maniobras diplomáticas más tradicionales estaban al orden del día. Se inició en medio de condiciones feudales y por causa de un litigio típicamente feudal; y terminó en guerra entre dos países que se estaban convirtiendo rápidamente en naciones bajo la administración centralizada de sus respectivas monarquías.

Guerra de los 100 años (1337-1453)

Francia e Inglaterra a principios del siglo XIV. Contexto de crisis general en Occidente en el s.XIV y XV debido a este conflicto. 

Las raíces de la Guerra de los Cien Años se remontan a la conquista del trono inglés por Guillermo el Conquistador en 1066. Como duque de Normandía, Guillermo -y, posteriormente, sus herederos- participaba tan activamente en la política feudal de Francia como en el gobierno de Inglaterra. Tanto económica como culturalmente, Inglaterra se había convertido en colonia de Normandía, y los intereses de los nuevos reyes "ingleses" seguían firmemente asentados en Francia.

Esta situación se acentuó a partir de 1154, al acceder al trono de Inglaterra Enrique de Anjou, fundador de la dinastía angevina o Plantagenet. En su condición de conde de Anjou, duque de Normandía y de Aquitania, y ahora, como Enrique II de Inglaterra, este monarca tenía un pie firmemente plantado a cada lado del Canal. Según los principios feudales, Enrique y, después de él, sus hijos Ricardo y Juan, eran vasallos de la monarquía francesa, que era el poder central; pero el enorme poderío derivado del dominio de las riquezas y de los recursos humanos de Inglaterra, hizo de los primeros Plantagenet todo menos vasallos sumisos del rey de Francia.

Tras la extinción de la dinastía Capeta tras la muerte de de Carlos IV en 1328, entró una nueva dinastía real, los Valois, bajo el reinado de Felipe VI (1328-1350).  Los franceses se negaban a limitar la soberanía de su rey sobre dicha región para dar satisfacción a los ingleses. Estos, por su parte, sostenían los derechos de su rey a la plena soberanía. La siguiente fase de este conflicto se inició en 1337, cuando Felipe VI de Francia decretó una vez más la desposesión del ducado de Eduardo III de Inglaterra y organizó una campaña militar para apoderarse de las tierras por la fuerza. Esta es la fecha que se toma como inicio de la guerra de los Cien Años. La magnitud del conflicto pronto se incrementó cuando Eduardo se proclamó rey legítimo de Francia, en 1340, e invitó a los nobles franceses a reconocer su derecho. De este modo, la disputa sobre Aquitania se convirtió en una guerra por la sucesión de Francia.

Este conflicto entre dos monarcas por la posesión de un reino se complicó aún más por el resentimiento que los nobles franceses venían manifestando desde hacía largo tiempo por la intromisión del gobierno central en su esfera de poder. Y Eduardo III era lo suficientemente astuto para capitalizar ese resentimiento. Les hizo ver que sus esfuerzos eran la lucha de un señor francés que, al mismo tiempo, resultaba ser rey de Inglaterra, frente a la política expansiva de una serie de reyes cada vez más poderosos. Y, efectivamente, logró el reconocimiento de sus derechos en algunos círculos. Por tanto, a partir de 1340, existieron dos reyes de Francia.


Fases de la guerra

Las victorias inglesas

El inicio de la guerra se decantó claramente a favor de las tropas inglesas. Las primeras operaciones militares se desarrollaron en Flandes, muy vinculado a Inglaterra por el comercio de lana, cuando los burgueses flamencos se sublevaron y pidieron la ayuda del rey de Inglaterra. Eduardo III llegó a proclamarse rey de Francia en la ciudad de Gante. En 1340 se produjo la primera gran victoria inglesa en el puerto de La Esclusa, donde la flota francesa sufrió una severa derrota a manos de la armada inglesa. Sin embargo, falto de recursos y de apoyo diplomático, Eduardo III no pudo explotar este primer triunfo y firmó una tregua en Esplechin.(1340).

batalla naval de la Esclusa (1340)

Eduardo III era un rey poderoso y respetado. Coronado en 1327, había restaurado la autoridad real en su país (muy debilitada por el nefasto reinado de su padre Eduardo II), al que había convertido en una potencia europea. En 1345 se reabrieron todos los frentes. Eduardo III estrechó su alianza con Jacobo van Artevelde, pero la crisis económica de Flandes desembocó en su asesinato, la retirada inglesa de la zona y la restauración pro-francesa de la mano del conde Luis de Male (1346-1384). Eduardo III llevó entonces la guerra a la propia Francia: La cabalgada de Lancaster de 1346 fue una serie de incursiones que llevó a cabo Enrique, conde de Lancaster, en la Francia suroccidental durante el otoño de 1346. Marchando en cabalgada, los ingleses saquearon Caen, amenazando Rouen y la propia París, pero, sin fuerzas suficientes, se replegaron hacia el norte perseguidos por el ejército de Felipe VI.

Las famosas batallas de Crécy (1346) y de Poitiers (1356) se produjeron de modo casi fortuito. Crécy rindió escasos frutos a Eduardo, excepto, indirectamente, el puerto de Calais y sus alrededores. Poitiers culminó con la captura del rey Juan II de Francia, aunque, curiosamente, este acontecimiento tuvo escasas consecuencias prácticas. Sin embargo, el efecto de estas dos victorias sobre el prestigio de Eduardo fue tal, que en 1359 se encontraba en una posición extremadamente fuerte.
Miniatura de la batalla de Poitiers (1356)
que ilustra las Crónicas de Froissart
(Biblioteca del Arsenal, París, Francia).



La Grande Jacquerie (1358)

La “Grande Jacquerie” es como se conoce a una de las revueltas sociales más importantes de la historia de Francia que tuvo lugar el 28 de mayo de 1358, en un contexto de grave crisis económica, política, militar y principalmente social; que origina numerosas agitaciones en el país galo.

Las causas de este “levantamiento” no son otras que la indefensión que sufrían los habitantes de la zona, expuestos a saqueos y pillajes, la subida de impuestos y tributos, y la creación del “taille” (un sistema que obligaba a los campesinos a arreglar, mantener y reparar elementos defensivos y construcciones de los nobles, frente a lo que no recibían dinero o contraprestación alguna).

La Grande Jacqueire (1358)

En 1359, Eduardo III había conseguido el apoyo de varias facciones en los ducados de Flandes, Normandía y Bretaña, y estaba negociando la adhesión del duque de Borgoña. Además, seguía teniendo al rey de Francia como prisionero. En ese momento Eduardo III propuso una tregua, bajo cuyos términos le sería cedida toda la mitad occidental de Francia, además de un cuantioso rescate por el rey Juan. Cuando los franceses, en un derroche de valor, rechazaron tales términos, Eduardo III reunió un poderoso ejército y montó una campaña que, según esperaba, iba a resultar decisiva.

Esta ofensiva inglesa fracasó estrepitosamente. Como consecuencia de ello, se firmaron los tratados de Brétigny y Calais (1360), que fueron los primeros acuerdos destinados a poner fin a la guerra. Según estos tratados, Francia reconocía la plena soberanía de Eduardo sobre una Aquitania bastante más extensa que antes. A cambio, Eduardo renunciaba a todo derecho a la corona de Francia. Este fue el primero de dos puntos culminantes del conflicto.

Las hostilidades se reiniciaron debido a que Francia e Inglaterra se involucraron en las guerras civiles que tuvieron lugar en Castilla, uno de los reinos cristianos de la península ibérica. Mientras que los franceses tomaron partido por Enrique de Trastámara, los ingleses apoyaron a Pedro I el Cruel, que fue vencido y asesinado por su hermanastro.

Con posterioridad, los franceses aprovecharon la muerte de Eduardo III de Inglaterra, y de su hijo el Príncipe Negro, para recuperar casi todos los territorios que anteriormente habían cedido a los ingleses.

Eduardo de Woddstock, el Príncipe Negro

Internacionalización del conflicto: la fase ibérica de la guerra con Carlos V (1364-1380)

La monarquía francesa buscó apoyos exteriores, extendiéndose así el conflicto al resto de Europa. Las hostilidades se reiniciaron debido a que Francia e Inglaterra se involucraron en las guerras civiles que tuvieron lugar en Castilla, uno de los reinos cristianos de la península ibérica. Mientras que los franceses tomaron partido por Enrique de Trastámara, los ingleses apoyaron a Pedro I el Cruel, que fue vencido y asesinado por su hermanastro, coronado como Enrique II de Trastámara.

Pedro I recurrió a la alianza inglesa para recuperar su trono y en 1367 volvió a Castilla con un ejército inglés mandado por Eduardo, hijo del rey Eduardo III y gobernador de Guyena. Las tropas inglesas vencieron a las francesas y castellanas en la batalla de Nájera.

Pese a sus victorias iniciales, Pedro I fue perdiendo a sus aliados europeos al no poder hacer frente a las deudas contraídas con los ingleses, lo que llevó a la retirada de las tropas del Príncipe Negro. 

El que más tarde se erigiría como Enrique de Trastámara, financiado firmemente por los franceses, lanzó un duro ataque contra Pedro I y, finalmente, en la batalla de Montiel acabó con su vida en 1369. Enrique II de Castilla fue proclamado rey y la dinastía Trastámara se instauró en Castilla. También como resultado de su derrota, Pedro I pasó a la historia como ''el Cruel'', a pesar de que el pueblo llano lo había apodado como ''el Justiciero''. 

Con posterioridad, los franceses aprovecharon la muerte de Eduardo III de Inglaterra, y de su hijo el Príncipe Negro, para recuperar casi todos los territorios que anteriormente habían cedido a los ingleses.

batalla de Montiel (1369)

Guerra de desgaste y recuperación francesa bajo Carlos V

Eduardo retiró su renuncia a los derechos sobre la corona francesa, y el rey de Francia, en represalia, se negó a declinar su soberanía sobre Aquitania. En consecuencia, la guerra se reanudó. Carlos V de Francia heredó un reino en quiebra, pero, contra todo pronóstico, consiguió revertir la situación. 

Carlos V consiguió imponer a su candidato al trono de Castilla en 1369 y así pudo continuar la guerra: en 1372 la armada castellana derrotó a la inglesa en La Rochela, rompiendo las comunicaciones entre Inglaterra y sus posesiones francesas. Optó por la vía de desgaste, combatiendo al enemigo mediante escaramuzas y golpes de mano, evitando batallas campales. 

El ejército francés, dirigido por el comandante bretón Bertrand du Guesclin, practicó una guerra de desgaste, evitando el enfrentamiento a campo abierto, que causó graves quebrantos a la población pero se mostró muy eficaz. Du Guesclin encadenó diversas victorias y tras el triunfo en la batalla naval de La Rochela (1372), expulsó a los ingleses de casi toda la Bretaña.

batalla naval de La Rochela (1372)

Hacia 1375, Carlos V de Francia había conseguido hacer retroceder a las fuerzas de Eduardo casi hasta el Canal. Todo lo que este rey había conseguido conservar era Calais, una franja costera que incluía Burdeos y Bayona, y unas pocas fortalezas sitiadas en Bretaña y Normandía.

Bertrand du Guesclin, nombrado condestable,
y recibiendo la espada de manos de Carlos V de Francia.

Periodo de treguas: Leulinghen 1389, Ricardo II de Inglaterra y Carlos VI de Francia

Entre el siglo XIV y XV Occidente entró en un periodo de paz. Francia e Inglaterra van acordando periodos de treguas temporales, pero pasan a ser definitivos porque ambos bandos están agotados.

Carlos VI de Francia (1380-1442) y Ricardo II (1377-1399) acordaron una tregua temporal en Leulinghen en 1389 que se fue renovando hasta 1404.

Tregua de Leulinghem 1389 entre Ricardo II y Carlos VI

Inglaterra con los costes de la guerra aumentó al presión fiscal, provocando una rebelión campesina en 1381 y en 1399 triunfa la "revolución Lancaster" donde el rey Ricardo II fue destronado por Enrique de Lancaster, quien se convirtió en Enrique IV de Inglaterra (1399-1413).

A principios del siglo XV, los ingleses tuvieron una nueva oportunidad de apoderarse de gran parte de Francia, por no decir de todo el país. La ocasión fue el estallido de una guerra civil o, más concretamente, un conflicto armado entre los duques de Borgoña y de Orleans. Carlos VI, que había accedido al trono de Francia en 1380 a la edad de once años era un enfermo crónico incapaz de gobernar efectivamente. En el vacío de autoridad así creado sus ducales tíos rivalizaban por el poder personal y por adquirir una influencia dominante sobre la administración central.

Fieles al espíritu de la política feudal francesa, ni el duque de Borgoña ni el de Orleans tuvieron escrúpulo alguno en buscar la ayuda inglesa. Después de haberse asegurado la neutralidad benevolente del primero, Enrique V desembarcó cerca de Harfleur en 1415. Sin embargo, la supuestamente gloriosa victoria que obtuvo en Azincourt poco después resultó ser poco más que una desesperada acción de retaguardia para cubrir su retirada.

batalla de Azincourt (1415)

Enrique V regresó con un nuevo ejército en 1417, encontrando esta vez mejor suerte. Mientras se dedicaba a conquistar Normandía, fortaleza por fortaleza, su reticente aliado, el duque de Borgoña, sitió y se apoderó de París. Cuando el duque fue asesinado en 1419, su sucesor decidió concertar una alianza formal con Enrique. Este acuerdo llevó directamente al tratado de Troyes, de 1420. Fue el segundo punto culminante, al menos aparentemente, de la prolongada guerra.

Con arreglo al tratado de Troyes, Enrique V debía ser reconocido rey legítimo de Francia cuando quedase vacante el trono por la muerte de Carlos. Parecía que todo lo que le quedaba por hacer a Enrique era completar la conquista de aquellas regiones que todavía se resistían al avance de los ejércitos ingleses. Una vez más, los sueños de Eduardo III de crear un imperio que abarcara toda Francia e Inglaterra parecían a punto de realizarse.

Pero Enrique V murió unos meses antes que el incapaz Carlos, por lo que el tratado de Troyes (1420) nunca entró en vigor. El pequeño Enrique VI fue coronado rey tanto de Inglaterra como de Francia, y los ejércitos ingleses prosiguieron la conquista del norte y del sudoeste de Francia. Pronto resultó evidente que, si lograban apoderarse de Orleans y cruzar el Loira, sería militarmente imposible cortar su avance por el resto de Francia.

 tratado de Troyes (1420)

La victoria final francesa de Carlos VII.  Juana de Arco, la doncella de Orleans

Su principal protagonista fue Juana de Arco, una campesina francesa que afirmaba que Dios le había encomendado la misión de derrotar a los ingleses.

Sus victorias elevaron la moral de los franceses y permitieron el acceso al trono de Carlos VII de Valois. Este recuperó la corona que el Tratado de Troyes había cedido a Enrique V de Inglaterra y sus sucesores.

Pero fue precisamente en Orleans, en 1429, donde el signo de la guerra cambió finalmente en favor de Francia. Estando Orleans sometida al tenaz asedio de los ingleses, apareció en escena la enigmática figura de Juana de Arco. A la cabeza de los ejércitos franceses, Juana levantó el asedio y convenció al Delfín, hijo mayor del fallecido Carlos VI, para que se hiciera coronar en Reims como rey Carlos VII de Francia. El país recobró su aliento, porque otra vez tenía un rey, así como un general victorioso. A partir de entonces, las posiciones inglesas fueron deteriorándose continuamente; Borgoña se sometió nuevamente a la casa real francesa en 1435, y París fue por fin reconquistado al año siguiente.

La entrada de Juana de Arco (1412-31)
en Orleans el 8 de mayo de 1429
Luego del ascenso al trono de Carlos VII, Juana de Arco fue traicionada y cayó en manos de los ingleses. En mayo de 1430, Juana y su ejército estaban luchando contra tropas borgoñonas en Compiègne, en el norte de Francia. Cuando intentaban retirarse ante el avance de un escuadrón enemigo, Juana cayó en una emboscada, y fue capturada por los soldados borgoñones. Más tarde, el duque de Borgoña la vendió a los ingleses a cambio de una recompensa de diez mil francos. Esto supuso un triunfo colosal para el enemigo, que odiaba a aquella chica que se creía una embajadora divina y que había humillado a su ejército. Juana fue encarcelada en el castillo de Rouen, en unas condiciones tan duras que intentó escapar varias veces tirándose por la ventana. Esto solo le sirvió para que la castigasen todavía más.

A finales de 1430, los ingleses trasladaron a la prisionera a Ruán, capital de Normandía, ciudad que administraban directamente y donde residían el joven Enrique VI y el duque de Bedford, regente de Francia. Éstos pusieron al frente del proceso a un clérigo francés de su confianza, Pierre Cauchon, obispo de Beauvais; era un antiguo servidor del duque de Borgoña que también había sido miembro del consejo del rey de Inglaterra. Junto a él se puso a un inquisidor, el dominico Jean Le Maître, que, sin embargo, pronto escurrió el bulto.

Después de una pesquisa en el pueblo natal de Juana para recoger «pruebas» de su herejía, el 3 de enero de 1431 se formularon los cargos contra la Doncella. Entre ellos se incluían haber violado la ley divina al vestirse como un hombre e ir armada, haber engañado al «sencillo pueblo» haciéndole creer que Dios la enviaba, creer en supersticiones y «falsos dogmas», y, por último, haber cometido «ofensa divina», o sea, herejía. Unos días más tarde, al abrir el juicio, Cauchon la declaró sospechosa de realizar hechizos e invocar demonios, es decir, añadió una acusación de brujería. Fue acusada de brujería y quemada en la hoguera en 1431.
Quema de Juana de Arco
En la mañana del 30 de mayo, durante una ceremonia pública celebrada en la plaza del Viejo Mercado de Ruán, Juana fue condenada como «hereje relapsa» y de inmediato conducida a la hoguera, donde ardió profiriendo repetidamente, hasta el último aliento, el nombre de Jesús.

Entre el fracaso de Orleans (1429) y 1435 se dieron pasos decisivos hacia la definitiva derrota inglesa. Inglaterra empezó a acusar el enorme esfuerzo bélico que suponía mantener la guerra en el continente y el control sobre territorios cada vez más hostiles. Ni los golpes de efecto de la ejecución de Juana de Arco ni la coronación de Enrique VI (1431) fueron revulsivos suficientes para los anglo-borgoñones. Con todo, el desenlace final del conflicto quedó en manos de Felipe el Bueno, que comenzó a deslizarse hacia un Carlos VII consciente de que sin Borgoña no podría derrotar a Inglaterra. Durante esos años en ambas cortes maduró la posibilidad de un acercamiento franco-borgoñón. En 1435 murió el duque de Bedford, regente inglés, acelerándose unos acontecimientos que harían decisivo ese año. El mutuo acercamiento de armagnacs y borgoñones culminó en el gran Congreso de Arras (agosto-1435), clave en el desenlace del conflicto. Felipe el Bueno rompió su tradicional alianza con Inglaterra a cambio de una fuerte compensación económica y de la práctica independencia política de Borgoña. A cambio de estas duras condiciones Carlos VII destruía el bloque anglo-borgoñón y era reconocido como único rey por el primer noble de Francia. Los tratados de Arras remataron la liquidación de la Doble Monarquía. Consecuencia de la alianza franco-borgoñona fue la entrada de las tropas francesas en París en abril de 1436.

Conférences d'Arras (1435)

En 1435 Carlos VII de Francia logró que el duque de Borgoña rompiera su alianza con Inglaterra a cambio de que su ducado obtuviera una amplia autonomía con Francia (Conférences d'Arras). También realizó importantes reforma administrativas y militares. Como resultado, Francia adquirió una superioridad sobre Inglaterra. 

El poder efectivo de los contendientes quedó patente en 1440 al estallar la revuelta nobiliaria de la "Praguerie" contra el autoritarismo de Carlos VII. El rey aplastó a los nobles levantiscos, demostrando que la monarquía francesa había perdido la debilidad de otros tiempos. Los ingleses, que apoyaron la revuelta, fueron incapaces de obtener ningún beneficio. Para afianzarse en el trono, Carlos VII logró que Inglaterra aceptara las treguas de Tours (1444), en las que su presencia fue reducida a Normandía y Gascuña. Las treguas de Tours (1444-1450) proporcionaron un respiro que franceses e ingleses no aprovecharon de igual forma. 

En 1448 creó los cuerpos de "francs-archers", exentos y reclutados por parroquias y, finalmente, organizó un poderoso parque de artillería. Con ello completó la creación de una poderosa maquina militar de caracteres modernos que daría la victoria definitiva a la monarquía francesa. Las treguas de Tours tampoco fueron duraderas. Inglaterra no quería hacer concesiones y Carlos VII, cada vez más fuerte, tenía la victoria a su alcance. En 1449 se reinició la guerra. Desde esa fecha hasta el final oficioso del conflicto (1453), la Francia de Carlos VII abordó una autentica guerra nacional de liberación del territorio que se desarrolló de triunfo en triunfo. La ofensiva francesa se lanzó primero en Normandía, donde el ejército creado por Carlos VII tomó una a una las ciudades normandas defendidas por pequeñas guarniciones inglesas encastilladas por temor a la población. Enrique VI hizo un último esfuerzo y envió un pequeño ejército a Cherburgo, pero las tropas de Carlos VII derrotaron a los ingleses en la batalla de Formigny (15-abril-1450), poniendo fin a la presencia inglesa en Normandía. A continuación Carlos VII dirigió sus tropas contra Guyena, más difícil de conquistar por la secular presencia inglesa en la región. Inglaterra estaba prevenida, pero el estallido de la revuelta de Jack Cade debilitó aún más sus fuerzas. Entre octubre de 1450 y junio de 1451 la artillería francesa fue rindiendo las principales plazas de la región.

batalla de Formigny (1450)

Cuando lo hizo, reconquistó rápidamente Maine y Normandía. Una alianza de castellanos, aragoneses y escoceses apoyó a los franceses que vencieron a los ingleses en la Batalla de Castillón (1453). Burdeos, la última plaza fuerte inglesa en Aquitania, cayó finalmente a manos de los ejércitos de Carlos en 1453. Eso significó el fin efectivo de la presencia inglesa en Francia, por lo que la fecha es considerada como el final del centenario conflicto.

Batalla de Castillón (1453)

Consecuencias de la guerra

A comienzos de la guerra Francia e Inglaterra eran monarquías feudales, pero después del conflicto se convirtieron en estados modernos. Otra consecuencia fue el surgimiento de un incipiente sentimiento nacional.

Aparte de confirmar a la dinastía Valois como casa reinante de Francia, y de forzar a los Plantagenet a ser más "ingleses" que antes, la guerra produjo otros efectos importantes a largo plazo. La guerra se había desarrollado exclusivamente en Francia, dejándola empobrecida y despoblada. El resurgimiento francés, durante la guerra y después de ella, sólo podría conseguirse bajo una administración central fuerte, y toda Francia reconoció esta realidad.

En Inglaterra, muchos barones se volvieron extremadamente ricos a medida que aumentaba su poder a nivel local y, en consecuencia, el rey se volvió más débil y pobre en tanto que los barones se quedaban con los ingresos locales. El monarca no podía cobrar impuestos a su pueblo sin el permiso del Parlamento y, por lo tanto, este organismo tenía que ser consultado cada vez que el monarca requería más dinero para sus campañas en Francia o en otros lugares. Como resultado de las reuniones frecuentes del Parlamento, no necesariamente ganó nuevos poderes, pero sí creó por sí mismo una identidad y, al participar en discusiones de política diplomática y la ratificación de tratados de paz, la institución empezó a convertirse en parte de la vida política inglesa. El "Parlamento Largo" de 1406 ., por ejemplo, se reunió un tiempo inusualmente largo desde marzo hasta diciembre mientras deliberaba sobre el tema siempre espinoso de las finanzas estatales, y había una gran sensación de que el rey, aunque todavía era un monarca absoluto, era quizás un poco menos absoluto que antes de la guerra.

La pérdida de la guerra para Inglaterra hizo que muchos de los nobles cuestionaran a su monarca y su derecho a gobernar. Esto y la inevitable búsqueda de chivos expiatorios para la debacle en Francia, finalmente llevaron a las disputas dinásticas conocidas hoy como la Guerra de las Rosas (1455-1487).

En Francia, la posición de la monarquía se fortaleció debido al éxito de la guerra, mientras que la nobleza y los Estados Generales (la asamblea legislativa) se debilitaron. Esto se debió a que el rey no necesitaba consultar a nadie sobre las políticas fiscales que podían imponerse a voluntad para pagar la guerra. El conflicto también vio la introducción de impuestos indirectos de larga duración, como el impuesto sobre la sal (gabelle), que no se abolió hasta la Revolución francesa de finales del siglo XVIII. El monarca francés pudo así triplicar sus ingresos a través de impuestos desde el inicio hasta el final de la guerra. Además, dichos impuestos requerían todo un nuevo aparato estatal de recaudadores, encargados de los registros públicos y tasadores para las disputas de pago que asegurarían el enriquecimiento de la Corona.

Los reyes de Francia, en aras de esa necesidad de contar con un gobierno central fuerte, pronto llegaron a adquirir poderes que habrían de desembocar en la monarquía absoluta de tres siglos después. Antes de la guerra, Francia era un mosaico de ducados y condados casi independientes, frecuentemente en conflicto unos con otros o con el rey. Sus duques y condes, así como el pueblo, tenían muy poca conciencia de ser "franceses". Después de la guerra, apareció un embrionario sentido de unidad nacional, bajo la bandera del rey de Francia y de todos los franceses. El viejo estilo feudal había desaparecido para siempre.

  • Saqueos y destrucciones
El territorio más afectado fue Francia, ya que fue el principal campo de batalla. En Inglaterra sufrieron las presión fiscal y el deterior de la economía. Las tierras francesas fueron el escenario del múltiples saqueos donde los mercenarios desmovilizados se dedicaron a a robar y saquear aldeas.
  • Cambios en las técnicas militares
Al principio del conflicto, los esquemas feudales del servicio militar seguían estando vigentes: en el caso de Francia se componía de la caballería pesada, proporcionada por la nobleza cuando era convocada por el rey. Con el transcursos de la guerra, ambos bandos se irán profesionalizando. recurren al uso de soldados profesionales o mercenarios.  Al finales del siglo XV, aparecen los ejércitos permanente compuestos por soldados profesionales pagados por la monarquía. 

El uso de artillería es cada mayor. Militarmente la tecnología se desarrolló durante este período, en particular, el uso de armas de pólvora más eficientes y el fortalecimiento y adaptación de castillos y ciudades fortificadas para hacer frente a las amenaza. Además, al final de la guerra, Carlos VII había creado el primer ejército real permanente de Francia.

También hubo una diplomacia más profesional entre las naciones europeas. También se crearon héroes y se celebraron con canciones, literatura y arte medievales, figuras como Juana de Arco o Enrique V, que todavía hoy se consideran los mejores ejemplos de nacionalidad en sus respectivos países. 
  • Modificaciones administrativas
Hasta el siglo XIV, las guerras se convirtieron en un fenómeno permanente provocó la aparición del impuesto estable.  Al principio era un impuesto directo por cada hogar o familia que debían de ser aprobados por asambleas parlamentarias. En Inglaterra era el parlamento quien les concedía a petición del rey para financiar una determinada empresa militar. En Francia, la reunión de los estados Generales o asambleas de Territorios más reducidos, regional, las conceden.

En un principio se tarta de impuestos de una duración temporal determinada por un cierto número de años y la práctica tarad en consolidarse porque se veía como algo excepcional.

También se desarrolla las contribuciones indirectas por culpa de la guerra. En Inglaterra la principal es la tasa sobre las exportaciones de lana al continente. En Francia con la Guerra de los 100 años, trajo la aparición de la gabela o monopolio por el estado de la venta de sal. este monopolio se mantiene hasta final del Antiguo Régimen.

La guerra va a hacer que la burocracia y el aparato estatal crezcan para poder gestionar tanto por el ejército como la fiscalidad.

Problemas con Borgoña

Los Valois tenían la práctica de conceder " Apanages", grandes señoríos a hijos o hermanos del monarca que no fueran a heredar el trono. Dichos apanages terminaban revirtiendo a la monarquía una vez transcurrido cierto tiempo, pero un caso no sucedió´ así, sino que este apanage se consolidó y desarrolló hasta casi generar  un poderoso y próspero estado entre Francia y el Sacro Imperio Germánico, con los Países Bajos y  sus florecientes ciudades; independiente de facto pero sujeto por vínculos familiares a los  Valois: el ducado de Borgoña.

Dicho ducado surge de una rama menor de los Valois a finales del siglo XIV. el primer duque fue un hermano de Carlos v y tío de Carlos VI de Francia. Poco a poco se expandió por su hábil política matrimonial.

Sus relaciones con la monarquía francesa empeoraron: tras su violento choque con el bando rival de los armagnacs, los borgoñones pasaron a aliarse con el rey inglés. solo rompieron esa alianza a mediados del siglo XV cuando el monarca francés Carlos VII eximió al duque de Borgoña de la prestación de vasallaje.
 Francia durante la segunda mitad del s. XIV
Fechas de interés
  • fin dinastía Capeta tras la muerte de Carlos IV (1328)
  • Felipe VI (1328-1350), primer rey dinastía Valois
  • 1340: Batalla de la Esclusa
  • 1340. tregua en Esplechin eduardo III
  • batallas de Crécy (1346) 
  • batallas de Poitiers (1356) 
  • La Grande Jacquerie (1358)
  • Tratados de Brétigny y Calais (1360)
  • Carlos V (1364-1380)
  • batalla de Montiel (1369)
  • batalla naval de La Rochela (1372)
  • tregua temporal Leulinghen (1389) entre Carlos VI (1380-1442) y Ricardo II (1377-1399)
  • batalla de Azincourt (1415)
  • tratado de Troyes (1420) 
  • Toma Orleáns (1429) por Juan de Arco (muere en 1431)
  • Conférences d'Arras (1435)
  • treguas de Tours (1444-1450)
  • batalla de Formigny (15-abril-1450)
  • Batalla de Castillón (1453)