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POEMAS, CUENTOS Y ESCRITOS REVOLUCIONARIOS DE DANIEL FERNÁNDEZ ABELLA is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License. Para utilizar primero y siempre sin ánimo de lucro ha de consultar al autor. Daniel Fernández Abella todos los derechos reservados.

domingo, 9 de agosto de 2015

ENTREVISTA A ARRAP

·         ¿Cómo surgió la idea?

Surgió como proyecto de amigos a los que nos gustaba el rap y teníamos la ilusión de formar un tipo de grupo que veíamos necesario y que nos hubiese gustado que existiese.
  •    ¿Cómo surgió el nombre del grupo?
Nuestros amigos tienen siempre una importancia grande para el grupo. Surge por un amigo de los miembros de grupo que lo propuso, nos gustó, y entre las propuestas fue finalmente la que pensamos que mejor podía funcionar después de estudiar las opciones.
  • ·         ¿Quiénes componen el grupo?
Ahora mismo ARRAP está compuesto por dos MC's, Antzoki i Winston, y un DJ que es Loren D.
  • ·         ¿Cuándo empezasteis a tocar?

Empezamos en 2011/2012 después de sacar nuestra primera maqueta "Promo 2011".
  • ·         ¿pensabais que vuestro rap estallaría tan rápido dentro del panorama  como lo ha hecho?
La verdad es que no, y de hecho pensamos que aún tenemos mucho trabajo por delante para normalizar, mejorar y  dar a conocer nuestra música.
  • ·         ¿Qué habría que  cambiar para que cada vez más MC se animasen a escribir en catalán o valenciano?
Normalizarlo. No verlo como algo extraño, sino como lo que es. Una cosa normal. Los MCs en el estado español también veían al principio rapear en castellano, por la influencia americana. A nosotros, en nuestro país creemos que necesitamos un tiempo para ir normalizando el valenciano en el género. Poco a poco, van surgiendo grupos y mcs ya que rapean en valenciano.
  • ·         ¿Van necesariamente relacionados los conceptos rap en catalán y reivindicación político- social?

No, para nada. El rap, y la música en general es necesario que hable de sentimientos, de valores, de inquietudes...lo que el músico o compositor quiera transmitir y no necesariamente ha de ser siempre político.
  • ·         A pesar de que se viven otras tendencias en la música hecha en catalán, vosotros seguid apostando por los temas políticos para nutrir las letras. ¿Os " obliga " la situación de nuestra política?
Nos obligamos nosotros mismos, nuestra realidad. Tratamos de no fijarnos demasiado en lo que "se lleva" y hacer la música que queremos hacer, y lo que nos gusta, sobretodo.
  • ·         ¿Qué artistas os han influido en vuestra música?
Siempre decidimos que nuestras influencias son muy diversas. Tanto de nuestra infancia en la que venimos de casas con gran importancia de cantautores (Llach, Raimon, Sabina...) pasando por el punk-rock, el rock radical vasco y por supuesto el rap del que crecimos escuchando desde nuestra adolescencia.  Las influencias van variando y posiblemente ahora mismo tenemos nuevas porque la música (y la vida) es un continuo aprendizaje.
  • ·         Una canción  de vuestro grupo que me recomendarías.
Muchas, es difícil quedarse con una solo. Del último disco el tema "Desperta Ferro" es una buena muestra de nuestra esencia.
  • ·         A pesar de que estamos en crisis, se producen miles de discos de grupos de todas las maneras musicales existentes ¿Cómo definiríais vuestro estilo?
Rap. Sin más.

  • ·         Hay otros grupos de música noveles que están empezando el largo camino del sueño  del arte musical ¿Qué les dirías?
Que hagan lo que les guste, lo que les gustaría oír. Que no tengan prisa. Que no crean en vendedores de humo. Que busquen en la esencia de lo que les lleva a la música, a tocar, a escribir, a componer...
  • ·         ¿Pensáis que la música seguir siendo un arma de protesta?
Siempre lo será, sin duda allá donde exista la injusticia y las ganas de cambiar el mundo a mejor.
  • ·         La música es un buen movimiento reivindicativo. ¿De qué os quejáis o qué reivindicáis?
Tratamos de transmitir un mensaje positivo, agitador, que haga pensar y actuar. Hay que cambiar el mundo, hay que derrocar el capitalismo y construir un futuro para nuestros hijos e hijas. Con el capitalismo como sistema productivo no hay futuro.
  • ·         ¿Cuál creéis que es vuestra mejor canción por el momento?
No sabemos cuál es la mejor, eso lo podrían decir nuestras seguidoras y seguidores. Pero una de las que más cariño le tenemos es "Cor al vent".
  • ·         Seguro que tenéis alguna anécdota acerca del mundo de la música ¿Podrías exponerla   y decirnos si fue buena, si fue mala…?
Nuestra mejor experiencia, curiosa e ilusionante, fue visitar Extremadura en el 2013 para actuar. Fue hasta el momento, el concierto más lejos de casa y fue sin duda una experiencia de las que recuerdas siempre. Nos trataron de maravilla en Piornal.
  • ·         ¿qué pensáis del cierre de Megaupload y de las nuevas leyes como SINDE, SOPA O    CISPA? ¿Creéis que protegen la propiedad intelectual o simplemente benefician a los grandes cantantes y limitan la cultura al pueblo?
Es un debate largo, pero sin duda nosotros estamos posicionados por las nuevas licencias y por compartir. Compartir enriquece. Sin internet nosotros no hubiésemos llegado ni a la mitad de público. Así como muchos otros artistas. Estas leyes responden a intereses de las grandes compañías de las que nos sentimos profundamente alejados.
  • ·         En los primeros pasos del grupo ya optáis por la descarga directa y gratuita para que la gente te conozca. Adaptarse o morir, ¿no?
Es necesario, lógico y justo. El seguidor y el artista deben buscar métodos más justos de intercambio. Asistir a conciertos, comprar formato físico, aportar en Crowdfoundings... son muchas opciones y más que hay que inventar o explorar.
  • ·         ¿Creéis que es necesario crear festivales de música alternativos asequibles a la mayoría de la población para que la música se difunda con más fuerza?
Sin duda. Hay que apoyar la música en directo, hay que acercarla a la gente. Es el oxígeno de los grupos hoy en día y es una experiencia que el oyente valora.

 ·         Finalmente, una frase para todos aquellos que empiezan este camino y disfrutan de la música.

Ànims, força, passió.
Muchas gracias

Daniel fdez abella



miércoles, 5 de agosto de 2015

Federico Engels

El 5 de agosto de 1895 fallece Federico Engels en Inglaterra. Luchador incansable de la causa del proletariado y destacadísimo científico teórico, falleció este día a la edad de 75 años. Engels fue amigo y compañero de lucha de Carlos Marx. Juntos fundaron la Primera Internacional y escribieron varias obras, entre las que se destaca el Manifiesto Comunista, con plena vigencia en la actualidad. Además, Engels completó la teoría de Marx con sus propios trabajos, entre ellos: “El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado”, “Antidiuring” y “Dialéctica de la naturaleza”. También a él se debe la culminación de la obra más importante de Marx: El Capital.

Su vida

Nació en una familia acomodada, conservadora y religiosa, propietaria de fábricas textiles. Sin embargo, desde su paso por la Universidad de Berlín (1841-42) se interesó por los movimientos revolucionarios de la época: se relacionó con los hegelianos de izquierda y con el movimiento de la Joven Alemania.

Enviado a Inglaterra al frente de los negocios familiares, conoció las míseras condiciones de vida de los trabajadores de la primera potencia industrial del mundo; más tarde plasmaría sus observaciones en su libro La situación de la clase obrera en Inglaterra (1845).

En 1844 se adhirió definitivamente al socialismo y entabló una duradera amistad con Karl Marx. En lo sucesivo, ambos pensadores colaborarían estrechamente, publicando juntos obras como La Sagrada Familia (1844), La ideología alemana (1844-46) y el Manifiesto Comunista (1848).

Engels tomó parte en el congreso de la llamada “Liga de los justos” que él transformó en la “Liga de los Comunistas” en junio de 1847 en Londres. Un año más tarde, formó parte en la insurrección alemana que acabó fracasando. El filósofo explicó esta decepción en “Revolución y contrarrevolución en Alemania”, un texto que vio la luz en 1852.

Viendo que la situación en el continente era relativamente adversa, volvió a Manchester y dirigió la manufactura textil de su padre. Los ingresos que obtuvo los utilizó para ayudar económicamente a Marx y a su familia, de forma que pudieran emigrar a Londres y evitar la persecución de la policía continental. Esta experiencia cotidiana con el mundo trabajador le permitió a Engels analizar en profundidad las formas de desarrollo del mundo productor capitalista.

Los resultados de este aprendizaje los compartió con Marx, quien los utilizó en “El capital”. Esta obra maestra la completaría Engels más adelante mediante la publicación del segundo y tercer volumen, en cuyos prólogos explicó de forma histórico-científica la profunda revolución teórica operada por Marx.

Marx creó en 1864 la Asociación Internacional de los Trabajadores, que dirigió durante todo un decenio. También Engels participó activamente en sus tareas. La actividad de esta Asociación Internacional que, de acuerdo con las ideas de Marx, unía a los proletarios de todos los países, tuvo una enorme importancia para el desarrollo del movimiento obrero. Pero, incluso después de haber sido disuelta dicha asociación, en la década de 1870, el papel de Marx y de Engels como unificadores de la clase obrera no cesó. Su importancia como dirigentes espirituales del movimiento obrero seguía creciendo constantemente, porque el propio movimiento continuaba desarrollándose sin cesar.

En el pasado, Engels ya había publicado artículos sobre la situación de los partidos obreros, la situación agrícola y las guerras coloniales. Pero su colaboración en la “New American Cyclopaedia”, en la que trabajó en dichos campos, lo convirtió en continuador de Clausewitz y en precursor de Lenin y de Mao Tse-Tung. Fue por aquella época cuando escribió el “Anti-Dührin” y “Dialéctica de la naturaleza”, una obra que le llevó cerca de diez años y que publicó en 1883. Un año después, salió a la luz “El origen de la familia, la propiedad privada y el estado”, un ensayo donde Engels estudió las modificaciones ejercidas por las relaciones de producción en las formas de parentesco entre los seres humanos.

La muerte de Marx le alzó como el único garante de la socialdemocracia que estaba floreciendo en Alemania y en Francia. Mantuvo este trabajo hasta que, finalmente, falleció el 5 de agosto de 1895 en Londres.

Engels se adelantó a su tiempo, sobre todo en lo que respecta a la ciencia. Vio en los procesos de la naturaleza una confirmación de las leyes de la dialéctica. "No se podía tratar de incorporar las leyes de la dialéctica en la naturaleza", escribió Engels en respuesta a sus contemporáneos idealistas, "sino de descubrirlas en ella y desarrollarlas a partir de ella".

Una de sus obras más importantes, en este sentido, fue una inconclusa: su colección de notas compiladas posteriormente en la Dialéctica de la Naturaleza . Fueron un intento de comprender la ciencia en su conjunto desde el punto de vista materialista.

Claramente, gran parte del análisis de Engels sobre cuestiones científicas estuvo limitado por el conocimiento, los datos y las teorías de la época. Por ejemplo, usa palabras como "fuerza", "movimiento" y "vis viva", mientras que ahora hablaríamos de energía. En otro lugar se refiere a "cuerpos albuminosos", mientras que en estos días se habla de ADN, ARN y moléculas de proteínas.

Sin embargo, lo importante no son tanto las conclusiones o hipótesis concretas a las que llegó Engels, sino el método de análisis dialéctico y materialista que empleó para descartar las teorías científicas irresueltas de su época.

De hecho, lo sorprendente no es que haya errores en el trabajo de Engels, sino que sus ideas hayan resistido ampliamente la prueba del tiempo. Este solo hecho demuestra la corrección de las ideas dialécticas, que Engels resumió como “ nada más que la ciencia de las leyes generales del movimiento y desarrollo de la naturaleza, la sociedad humana y el pensamiento”. (Engels, Anti-Dühring , capítulo XIII)

Engels publicó cientos de artículos, varios prefacios (la mayoría de las obras de Marx) y alrededor de media docena de libros durante su vida. Su primer libro importante, escrito cuando tenía 24 años, fue La condición de la clase trabajadora en Inglaterra en 1844, basado en observaciones hechas cuando vivía en Manchester. Se publicó en alemán en 1845 y en inglés en 1892. Su siguiente publicación fue el Manifiesto del Partido Comunista (Manifiesto Comunista), que escribió en colaboración con Marx entre diciembre de 1847 y enero de 1848, y que se publicó en Londres en alemán. un mes después. En 1850 se publicó en Londres una edición anónima en inglés.

Engels también colaboró ​​con Marx en La Sagrada Familia, un ataque al joven filósofo hegeliano Bruno Bauer, que se publicó en Alemania en 1845. Otra colaboración con Marx, La ideología alemana, se escribió en 1845-1846, pero no se publicó en completo hasta 1932.

En 1870, Engels publicó La guerra campesina en Alemania, que constaba de varios artículos que había escrito en 1850; una traducción al inglés apareció en 1956. En 1878 publicó quizás su libro más importante, Revolution in Science de Herr Eugen Dühring, conocido en una traducción al inglés como Anti-Dühring (1959). Este trabajo se ubica, junto con Das Kapital de Marx, como el estudio más completo de la teoría socialista (marxista). En él, escribió Engels, trataba "todos los temas posibles, desde los conceptos de tiempo y espacio hasta el bimetalismo; desde la eternidad de la materia y el movimiento hasta la naturaleza perecedera de las ideas morales; desde la selección natural de Darwin hasta la educación de la juventud en un futuro".

El desarrollo del socialismo de la utopía a la ciencia de Engels se publicó en alemán en 1882 y en inglés, bajo el título Socialismo, utópico y científico, en 1892. En 1884 publicó Los orígenes de la familia, la propiedad privada y el Estado, obra indispensable para comprender la teoría política marxista. Su último trabajo, publicado en 1888, fue Ludwig Feuerbach and the End of Classical German Philosophy. Estos dos últimos libros están disponibles en inglés. Dos obras de Engels se publicaron póstumamente: Germany: Revolution and Counter-Revolution (alemán, 1896; inglés, 1933) y Dialéctica de la naturaleza, comenzada en 1895 pero nunca terminada, de la cual apareció una traducción al inglés en 1964.

Obras destacadas de Engels

En solitario
  • La situación de la clase obrera en Inglaterra (1845)
  • Anti-Dühring (1878)
  • Del socialismo utópico al socialismo científico (1880)
  • El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado
  • Dialéctica de la naturaleza (1925)
  • Ludwig Feuerbach y el fin de la Filosofía Clásica Alemana
En colaboración con Carl Marx
  • La sagrada familia o crítica de la crítica crítica (1844)
  • Manifiesto del Partido Comunista
  • El capital

El origen de la familia, la propiedad privada y el estado

Este Libro inicia con una discusión extensa sobre Ancient Society, en el que Lewis Henry Morgan establece una secuencia de períodos étnicos para comprender el desarrollo de la civilización humana desde el origen del hombre hasta las sociedades industrializadas de Europa y América del Norte en el siglo XIX. En contraste con otros ensayos contemporáneos sobre el punto de la evolución humana, Engels subraya la importancia de las relaciones sociales de poder y el control de los recursos materiales, hechos relacionados con el desarrollo de nuevas tecnologías; el énfasis de Engels (que es un concepto de Morgan, en realidad) pone a un lado el desarrollo psíquico del ser humano como fenómeno que permitiría explicar la evolución.

 Engels investiga minuciosamente los rasgos fundamentales históricos del régimen social de la Antigüedad, de los períodos llamados de salvajismo y de barbarie. Al principio señala Engels cómo se habían modificado las formas del matrimonio y de la familia en relación con el progreso económico de la sociedad, como consecuencia del crecimiento de la producción; seguidamente analiza el proceso de desintegración del régimen gentilicio primitivo, tomando como ejemplo a tres pueblos: los griegos, los romanos y los germanos, y poniendo de manifiesto las causas económicas de dicha desintegración.

En la época del régimen gentilicio aún no existía la propiedad privada, ni las clases, ni el Estado; pero el aumento de la productividad del trabajo y la división del trabajo condujeron a la aparición del intercambio y de la propiedad privada, a la destrucción del régimen gentilicio y a la formación de las clases. La aparición de las contradicciones entre las clases dio nacimiento al Estado, como instrumento de protección de los intereses de la clase gobernante, como máquina para mantener la sumisión de las clases explotadas y oprimidas. “El Estado, habiendo nacido de la necesidad de refrenar los antagonismos de esas clases, es por regla general, una fuerza de la clase más poderosa, de la que impera económicamente, y que por medio del Estado se hace también preponderante desde el punto de vista político, y crea de ese modo nuevos medios de reprimir y explotar a la clase oprimida” (Engels).

El libro de Engels es formidable por su riqueza teórica y tuvo un enorme valor en la lucha contra las teorías burguesas, a las que asestó un golpe mortal. Esta obra de Engels prueba:

  •  1) que la propiedad privada, las clases y el Estado no han existido siempre, sino que han aparecido en una determinada fase del desarrollo económico;
  • 2) que el Estado de las clases explotadoras es siempre sólo un instrumento de violencia y de opresión contra las grandes masas populares;
  • 3) que “las clases desaparecerán tan inevitablemente como inevitablemente nacieron en el pasado. Con la desaparición de las clases desaparece también inevitablemente el Estado” (Engels).
Esta es la conclusión general, culminante, del libro de Engels.

Federico Engels 

Los llamados socialistas se dividen en tres categorías.

La primera consta de partidarios de la sociedad feudal y patriarcal, que ha sido destruida y sigue siéndolo a diario por la gran industria, el comercio mundial y la sociedad burguesa creada por ambos. Esta categoría saca de los males de la sociedad moderna la conclusión de que hay que restablecer la sociedad feudal y patriarcal, ya que estaba libre de estos males. Todas sus propuestas persiguen, directa o indirectamente, este objetivo. Los comunistas lucharán siempre enérgicamente contra esa categoría de socialistas reaccionarios, pese a su fingida compasión de la miseria del proletariado y las amargas lágrimas que vierten con tal motivo, puesto que estos socialistas:
1) se proponen un objetivo absolutamente imposible;
2) se esfuerzan por restablecer la dominación de la aristocracia, los maestros de gremio y los propietarios de manufacturas, con su séquito de monarcas absolutos o feudales, funcionarios, soldados y curas, una sociedad que, cierto, estaría libre de los vicios de la sociedad actual, pero, en cambio, acarrearía, cuando menos, otros tantos males y, además, no ofrecería la menor perspectiva de liberación, con ayuda de la organización comunista, de los obreros oprimidos;
3) muestran sus verdaderos sentimientos cada vez que el proletariado se hace revolucionario y comunista: se alían inmediatamente a la burguesía contra los proletarios.

La segunda categoría consta de partidarios de la sociedad actual, a los que los males necesariamente provocados por ésta inspiran temores en cuanto a la existencia de la misma. Ellos quieren, por consiguiente, conservar la sociedad actual, pero suprimir los males ligados a ella. A tal objeto, unos proponen medidas de simple beneficencia; otros, grandiosos planes de reformas que, so pretexto de reorganización de la sociedad, se plantean el mantenimiento de las bases de la sociedad actual y, con ello, la propia sociedad actual. Los comunistas deberán igualmente combatir con energía contra estos socialistas burgueses, puesto que éstos trabajan para los enemigos de los comunistas y defienden la sociedad que los comunistas quieren destruir.

Finalmente, la tercera categoría consta de socialistas democráticos. Al seguir el mismo camino que los 
comunistas, se proponen llevar a cabo una parte de las medidas señaladas en la pregunta..., pero no como medidas de transición al comunismo, sino como un medio suficiente para acabar con la miseria y los males de la sociedad actual. Estos socialistas democráticos son proletarios que no ven todavía con bastante claridad las condiciones de su liberación, o representantes de la pequeña burguesía, es decir, de la clase que, hasta la conquista de la democracia y la aplicación de las medidas socialistas dimanantes de ésta, tiene en muchos aspectos los mismos intereses que los proletarios. Por eso, los comunistas se entenderán con esos socialistas democráticos en los momentos de acción y deben, en general, atenerse en esas ocasiones y en lo posible a una política común con ellos, siempre que estos socialistas no se pongan al servicio de la burguesía dominante y no ataquen a los comunistas. Por supuesto, estas acciones comunes no excluyen la discusión de las divergencias que existen entre ellos y los comunistas.


PRINCIPIOS DEL COMUNISMO F. ENGELS

I. ¿Qué es el comunismo?

El comunismo es la doctrina de las condiciones de la liberación del proletariado.

II. ¿Qué es el proletariado?

El proletariado es la clase social que consigue sus medios de subsistencia exclusivamente de la venta de su trabajo, y no del rédito de algún capital; es la clase, cuyas dicha y pena, vida y muerte y toda la existencia dependen de la demanda de trabajo, es decir, de los períodos de crisis y de prosperidad de los negocios, de las fluctuaciones de una competencia desenfrenada. Dicho en pocas palabras, el proletariado, o la clase de los proletarios, es la clase trabajadora del siglo XIX.

III. ¿Quiere decir que los proletarios no han existido siempre?

No. Las clases pobres y trabajadoras han existido siempre, siendo pobres en la mayoría de los casos. Ahora bien, los pobres, los obreros que viviesen en las condiciones que acabamos de señalar, o sea los proletarios, no han existido siempre, del mismo modo que la competencia no ha sido siempre libre y desenfrenada.

IV. ¿Cómo apareció el proletariado?

El proletariado nació a raíz de la revolución industrial, que se produjo en Inglaterra en la segunda mitad del siglo pasado y se repitió luego en todos los países civilizados del mundo. Dicha revolución se debió al invento de la máquina de vapor, de las diversas máquinas de hilar, del telar mecánico y de toda una serie de otros dispositivos mecánicos. Estas máquinas, que costaban muy caras y, por eso, sólo estaban al alcance de los grandes capitalistas, transformaron completamente el antiguo modo de producción y desplazaron a los obreros anteriores, puesto que las máquinas producían mercancías más baratas y mejores que las que podían hacer éstos con ayuda de sus ruecas y telares imperfectos. Las máquinas pusieron la industria enteramente en manos de los grandes capitalistas y redujeron a la nada el valor de la pequeña propiedad de los obreros (instrumentos, telares, etc.), de modo que los capitalistas pronto se apoderaron de todo, y los obreros se quedaron con nada. Así se instauró en la producción de tejidos el sistema fabril. En cuanto se dio el primer impulso a la introducción de máquinas y al sistema fabril; este último se propagó rápidamente en las demás ramas de la industria, sobre todo en el estampado de tejidos, la impresión de libros, la alfarería y la metalurgia. El trabajo comenzó a dividirse más y más entre los obreros individuales de tal manera que el que antes efectuaba todo el trabajo pasó a realizar nada más que una parte del mismo. Esta división del trabajo permitió fabricar los productos más rápidamente y, por consecuencia, de modo más barato. Ello redujo la actividad de cada obrero a un procedimiento mecánico, muy sencillo, constantemente repetido, que la máquina podía realizar con el mismo éxito o incluso mucho mejor. Por tanto, todas estas ramas de la producción cayeron, una tras otra, bajo la dominación del vapor, de las máquinas y del sistema fabril, exactamente del mismo modo que la producción de hilados y de tejidos. En consecuencia, ellas se vieron enteramente en manos de los grandes capitalistas, y los obreros quedaron privados de los úItimos restos de su independencia. Poco a poco, el sistema fabril extendió su dominación no ya sólo a la manufactura, en el sentido estricto de la palabra, sino que comenzó a apoderarse más y más de las actividades artesanas, ya que también en esta esfera los grandes capitalistas desplazaban cada vez más a los pequeños maestros, montando grandes talleres, en los que era posible ahorrar muchos gastos e implantar una detallada división del trabajo. Así llegamos a que, en los países civilizados, casi en todas las ramas del trabajo se afianza la producción fabril y, casi en todas estas ramas, la gran industria desplaza a la artesanía y la manufactura. Como resultado de ello, se arruina más y más la antigua clase media, sobre todo los pequeños artesanos, cambia completamente la anterior situación de los trabajadores y surgen dos clases nuevas, que absorben paulatinamente a todas las demás, a saber:

I. La clase de los grandes capitalistas, que son ya en todos los países civilizados casi los únicos poseedores de todos los medios de existencia, como igualmente de las materias primas y de los instrumentos (máquinas, fábricas, etc.) necesarios para la producción de los medios de existencia. Es la clase de los burgueses, o sea, burguesía.

II. La clase de los completamente desposeídos, de los que en virtud de ello se ven forzados a vender su trabajo a los burgueses, al fin de recibir en cambio los medios de subsistencia necesarios para vivir. Esta clase se denomina la clase de los proletarios, o sea, proletariado.

V. ¿En qué condiciones se realiza esta venta del trabajo de los proletarios a los burgueses?

El trabajo es una mercancía como otra cualquiera, y su precio depende, por consiguiente, de las mismas leyes que el de cualquier otra mercancía. Pero, el precio de una mercancía, bajo el dominio de la gran industria o de la libre competencia, que es lo mismo, como lo veremos más adelante, es, por término medio, siempre igual a los gastos de producción de dicha mercancía. Por tanto, el precio del trabajo es también igual al costo de producción del trabajo. Ahora bien, el costo de producción del trabajo consta precisamente de la cantidad de medios de subsistencia indispensables para que el obrero esté en condiciones de mantener su capacidad de trabajo y para que la clase obrera no se extinga. El obrero no percibirá por su trabajo más que lo indispensable para ese fin; el precio del trabajo o el salario será, por consiguiente, el más bajo, constituirá el mínimo de lo indispensable para mantener la vida. Pero, por cuanto en los negocios existen períodos mejores y peores, el obrero percibirá unas veces más, otras menos, exactamente de la misma manera que el fabricante cobra unas veces más, otras menos, por sus mercancías. Y, al igual que el fabricante, que, por término medio, contando los tiempos buenos y los malos, no percibe por sus mercancías ni más ni menos que su costo de producción, el obrero percibirá, por término medio, ni más ni menos que ese mínimo. Esta ley económica del salario se aplicará más rigurosamente en la medida en que la gran industria vaya penetrando en todas las ramas de la producción.

VI. ¿Qué clases trabajadores existían antes de la revolución industrial?

Las clases trabajadoras han vivido en distintas condiciones, según las diferentes fases de desarrollo de la sociedad, y han ocupado posiciones distintas respecto de las clases poseedoras y dominantes. En la antigüedad, los trabajadores eran esclavos de sus amos, como lo son todavía en un gran número de países atrasados e incluso en la parte meridional de los Estados Unidos. En la Edad Media eran siervos de los nobles propietarios de tierras, como lo son todavía en Hungría, Polonia y Rusia. Además, en la Edad Media, hasta la revolución industrial, existían en las ciudades oficiales artesanos que trabajaban al servicio de la pequeña burguesía y, poco a poco, en la medida del progreso de la manufactura, comenzaron a aparecer obreros de manufactura que iban a trabajar contratados por grandes capitalistas.

VII. ¿Qué diferencia hay entre el proletario y el esclavo?

El esclavo está vendido de una vez y para siempre, en cambio, el proletario tiene que venderse él mismo cada día y cada hora. Todo esclavo individual, propiedad de un señor determinado, tiene ya asegurada su existencia por miserable que sea, por interés de éste. En cambio el proletario individual es, valga la expresión, propiedad de toda la clase de la burguesía. Su trabajo no se compra más que cuando alguien lo necesita, por cuya razón no tiene la existencia asegurada. Esta existencia está asegurada únicamente a toda la clase de los proletarios. El esclavo está fuera de la competencia. El proletario se halla sometido a ello y siente todas sus fluctuaciones. El esclavo es considerado como una cosa, y no miembro de la sociedad civil. El proletario es reconocido como persona, como miembro de la sociedad civil. Por consiguiente, el esclavo puede tener una existencia mejor que el proletario, pero este último pertenece a una etapa superior de desarrollo de la sociedad y se encuentra a un nivel más alto que el esclavo. Este se libera cuando de todas las relaciones de la propiedad privada no suprime más que una, la relación de esclavitud, gracias a lo cual sólo entonces se convierte en proletario; en cambio, el proletario sólo puede liberarse suprimiendo toda la propiedad privada en general.

VIII. ¿Qué diferencia hay entre el proletario y el siervo?

El siervo posee en propiedad y usufructo un instrumento de producción y una porción de tierra, a cambio de lo cual entrega una parte de su producto o cumple ciertos trabajos. El proletario trabaja con instrumentos de producción pertenecientes a otra persona, por cuenta de ésta, a cambio de una parte del producto. El siervo da, al proletario le dan. El siervo tiene la existencia asegurada, el proletario no. El siervo está fuera de la competencia, el proletario se halla sujeto a ella. El siervo se libera ya refugiándose en la ciudad y haciéndose artesano, ya dando a su amo dinero en lugar de trabajo o productos, transformandose en libre arrendatario, ya expulsando a su señor feudal y haciéndose él mismo propietario. Dicho en breves palabras, se libera entrando de una manera u otra en la clase poseedora y en la esfera de la competencia. El proletario se libera suprimiendo la competencia, la propiedad privada y todas las diferencias de clase.

IX. ¿Qué diferencia hay entre el proletario y el artesano? 1

X. ¿Qué diferencia hay entre el proletario y el obrero de manufactura?

El obrero de manufactura de los siglos XVI-XVIII poseía casi en todas partes instrumentos de producción: su telar, su rueca para la familia y un pequeño terreno que cultivaba en las horas libres. El proletario no tiene nada de eso. El obrero de manufactura vive casi siempre en el campo y se halla en relaciones más o menos patriarcales con su señor o su patrono. El proletario suele vivir en grandes ciudades y no lo unen a su patrono más que relaciones de dinero. La gran industria arranca al obrero de manufactura de sus condiciones patriarcales; éste pierde la propiedad que todavía poseía y sólo entonces se convierte en proletario.

XI. ¿Cuáles fueron las consecuencias directas de la revolución industrial y de la división de la sociedad en burgueses y proletarios?

En primer lugar, en virtud de que el trabajo de las máquinas reducía más y más los precios de los artículos industriales, en casi todos los países del mundo el viejo sistema de la manufactura o de la industria basada en el trabajo manual fue destruido enteramente. Todos los países semibárbaros que todavía quedaban más o menos al margen del desarrollo histórico y cuya industria se basaba todavía en la manufactura, fueron arrancados violentamente de su aislamiento. Comenzaron a comprar mercancías más baratas a los ingleses, dejando que se muriesen de hambre sus propios obreros de manufactura. Así, países que durante milenios no conocieron el menor progreso, como, por ejemplo, la India, pasaron por una completa revolución, e incluso la China marcha ahora de cara a la revolución. Las cosas han llegado a tal punto que una nueva máquina que se invente ahora en Inglaterra podrá, en el espacio de un año, condenar al hambre a millones de obreros de China. De este modo, la gran industria ha ligado los unos a los otros a todos los pueblos de la tierra, ha unido en un solo mercado mundial todos los pequeños mercados locales, ha preparado por doquier el terreno para la civilización y el progreso y ha hecho las cosas de tal manera que todo lo que se realiza en los países civilizados debe necesariamente repercutir en todos los demás, por tanto, si los obreros de Inglaterra o de Francia se liberan ahora, ello debe suscitar revoluciones en todos los demás países, revoluciones que tarde o temprano culminarán también allí en la liberación de los obreros.

En segundo lugar, en todas las partes en que la gran industria ocupó el lugar de la manufactura, la burguesía aumentó extraordinariamente su riqueza y poder y se erigió en primera clase del país. En consecuencia, en todas las partes en las que se produjo ese proceso, la burguesía tomó en sus manos el poder político y desalojó las clases que dominaban antes: la aristocracia, los maestros de gremio y la monarquía absoluta, que representaba a la una y a los otros. La burguesía acabó con el poderío de la aristocracia y de la nobleza, suprimiendo el mayorazgo o la inalienabilidad de la posesión de tierras, como también todos los privilegios de la nobleza. Destruyó el poderío de los maestros de gremio, eliminando todos los gremios y los privilegios gremiales. En el lugar de unos y otros puso la libre competencia, es decir, un estado de la sociedad en la que cada cual tenía derecho a dedicarse a la rama de la industria que le gustase y nadie podía impedírselo a no ser la falta de capital necesario para tal actividad. Por consiguiente, la implantación de la libre competencia es la proclamación pública de que, de ahora en adelante, los miembros de la sociedad no son iguales entre sí únicamente en la medida en que no lo son sus capitales, que el capital se convierte en la fuerza decisiva y que los capitalistas, o sea, los burgueses, se erigen así en la primera clase de la sociedad. Ahora bien, la libre competencia es indispensable en el período inicial del desarrollo de la gran industria, porque es el único régimen social con el que la gran industria puede progresar. Tras de aniquilar de este modo el poderío social de la nobleza y de los maestros de gremio, puso fin también al poder político de la una y los otros. Llegada a ser la primera clase de la sociedad, la burguesía se proclamó también la primera clase en la esfera política. Lo hizo implantando el sistema representativo, basado en la igualdad burguesa ante la ley y en el reconocimiento legislativo de la libre competencia. Este sistema fue instaurado en los países europeos bajo la forma de la monarquía constitucional. En dicha monarquía sálo tienen derecho de voto los poseedores de cierto capital, es decir, únicamente los burgueses. Estos electores burgueses eligen a los diputados, y estos diputados burgueses, valiéndose del derecho a negar los impuestos, eligen un gobierno burgués.

En tercer lugar, la revolución indistrial ha creado en todas partes el proletariado en la misma medida que la burguesía. Cuanto más ricos se hacían los burgueses, más numerosos eran los proletarios. Visto que sólo el capital puede dar ocupación a los proletarios y que el capital sólo aumenta cuando emplea trabajo, el crecimiento del proletariado se produce en exacta correspondencia con el del capital. Al propio tiempo, la revolución industrial agrupa a los burgueses y a los proletarios en grandes ciudades, en las que es más ventajoso fomentar la industria, y can esa concentración de grandes masas en un mismo lugar le inculca a los proletarios la conciencia de su fuerza. Luego, en la medida del progreso de la revolución industrial, en la medida en que se inventan nuevas máquinas, que eliminan el trabajo manual, la gran industria ejerce una presión creciente sobre los salarios y los reduce, como hemos dicho, al mínimo, haciendo la situación del proletariado cada vez más insoportable. Así, por una parte, como consecuencia del descontento creciente del proletariado y, por la otra, del crecimiento del poderío de éste, la revolución industrial prepara la revolución social que ha de realizar el proletariado.

XII. ¿Cuáles han sido las consecuencias siguientes de la revolución industrial?

La gran industria creó, con la máquina de vapor y otras máquinas, los medios de aumentar la producción industrial rápidamente, a bajo costo y hasta el infinito. Merced a esta facilidad de ampliar la producción, la libre competencia, consecuencia necesaria de esta gran industria, adquirió pronto un carácter extraordinariamente violento; un gran número de capitalistas se lanzó a la industria, en breve plazo se produjo más de lo que se podía consumir. Como consecuencia, no se podían vender las mercancías fabricadas y sobrevino la llamada crisis comercial; las fábricas tuvieron que parar, los fabricantes quebraron y los obreros se quedaron sin pan. Y en todas partes se extendió la mayor miseria. Al cabo de cierto tiempo se vendieron los productos sobrantes, las fábricas volvieron a funcionar, los salarios subieron y, poco a poco, los negocios marcharon mejor que nunca. Pero no por mucho tiempo, ya que pronto volvieron a producirse demasiadas mercancías y sobrevino una nueva crisis que transcurrió exactamente de la misma manera que la anterior. Así, desde comienzos del presente siglo, en la situación de la industria se han producido continuamente oscilaciones entre períodos de prosperidad y períodos de crisis, y casi regularmente, cada cinco o siete años se ha producido tal crisis, con la particularidad de que cada vez acarreaba las mayores calamidades para los obreros, una agitación revolucionaria general y un peligro colosal para todo el régimen existente.

XIII. ¿Cuáles son las consecuencias de estas crisis comerciales que se repiten regularmente?

En primer lugar, la de que la gran industria, que en el primer período de su desarrollo creó la libre competencia, la ha rebasado ya; que la competencia y, hablando en términos generales, la producción industrial en manos de unos u otros particulares se ha convertido para ella en una traba a la que debe y ha de romper; que la gran industria, mientras siga sobre la base actual, no puede existir sin conducir cada siete años a un caos general que supone cada vez un peligro para toda la civilización y no sólo sume en la miseria a los proletarios, sino que arruina a muchos burgueses; que, por consiguiente, la gran industria debe destruirse ella misma, lo que es absolutamente imposible, o reconocer que hace imprescindible una organización completamente nueva de la sociedad, en la que la producción industrial no será más dirigida por unos u otros fabricantes en competencia entre sí, sino por toda la sociedad con arreglo a un plan determinado y de conformidad con las necesidades de todos los miembros de la sociedad.

En segundo lugar, que la gran industria y la posibilidad, condicionada por ésta, de ampliar hasta el infinito la producción permiten crear un régimen social en el que se producirán tantos medios de subsistencia que cada miembro de la sociedad estará en condiciones de desarrollar y emplear libremente todas sus fuerzas y facultades; de modo que, precisamente la peculiaridad de la gran industria que en la sociedad moderna engendra toda la miseria y todas las crisis comerciales será en la otra organización social justamente la que ha de acabar con esa miseria y esas fluctuaciones preñadas de tantas desgracias.

Por tanto, está probado claramente:

1) que en la actualidad todos estos males se deben únicamente al régimen social, el cual ya no responde más a las condiciones existentes;

2) que ya existen los medios de supresión definitiva de estas calamidades por vía de la construcción de un nuevo orden social.

XIV. ¿Cómo debe ser ese nuevo orden social?

Ante todo, la administración de la industria y de todas las ramas de la producción en general dejará de pertenecer a unos u otros individuos en competencia. En lugar de esto, las ramas de la producción pasarán a manos de toda la sociedad, es decir, serán administradas en beneficio de toda la sociedad, con arreglo a un plan general y con la participación de todos los miembros de la sociedad. Por tanto, el nuevo orden social suprimirá la competencia y la sustituirá con la asociación. En vista de que la dirección de la industria, al hallarse en manos de particulares, implica necesariamente la existencia de la propiedad privada y por cuanto la competencia no es otra cosa que ese modo de dirigir la industria, en el que la gobiernan propietarios privados, la propiedad privada va unida inseparablemente a la dirección individual de la industria y a la competencia. Así, la propiedad privada debe también ser suprimida y ocuparán su lugar el usufructo colectivo de todos los instrumentos de producción y el reparto de los productos de común acuerdo, lo que se llama la comunidad de bienes.

La supresión de la propiedad privada es incluso la expresión más breve y mas característica de esta transformación de todo el régimen social, que se ha hecho posible merced al progreso de la industria. Por eso los comunistas la planteen can razón como su principal reivindicación.

XV. ¿Eso quiere decir que la supresión de la propiedad privada no era posible antes?

No, no era posible. Toda transformación del orden social, todo cambio de las relaciones de propiedad es consecuencia necesaria de la aparición de nuevas fuerzas productivas que han dejado de corresponder a las viejas relaciones de propiedad. Así ha surgido la misma propiedad privada. La propiedad privada no ha existido siempre; cuando a fines de la Edad Media surgió el nuevo modo de producción bajo la forma de la manufactura, que no encuadraba en el marco de la propiedad feudal y gremial, esta manufactura, que no correspondía ya a las viejas relaciones de propiedad, dio vida a una nueva forma de propiedad: la propiedad privada. En efecto, para la manufactura y para el primer período de desarrollo de la gran industria no era posible ninguna otra forma de propiedad además de la propiedad privada, no era posible ningún orden social además del basado en esta propiedad. Mientras no se pueda conseguir una cantidad de productos que no sólo baste para todos, sino que se quede cierto excedente para aumentar el capital social y seguir fomentando las fuerzas productivas, deben existir necesariamente una clase dominante que disponga de las fuerzas productivas de la sociedad y una clase pobre y oprimida. La constitución y el carácter de estas clases dependen del grado de desarrollo de la producción. La sociedad de la Edad Media, que tiene por base el cultivo de la tierra, nos da el señor feudal y el siervo; las ciudades de las postrimerías de la Edad Media nos dan el maestro artesano, el oficial y el jornalero; en el siglo XVII, el propietario de manufactura y el obrero de ésta; en el siglo XIX, el gran fabricante y el proletario. Es claro que, hasta el presente, las fuerzas productivas no se han desarrollado aún al punto de proporcionar una cantidad de bienes suficiente para todos y para que la propiedad privada sea ya una traba, un obstáculo para su progreso. Pero hoy, cuando, merced al desarrollo de la gran industria, en primer lugar, se han constituido capitales y fuerzas productivas en proporciones sin precedentes y existen medios para aumentar en breve plazo hasta el infinito estas fuerzas productivas; cuando, en segundo lugar, estas fuerzas productivas se concentran en manos de un reducido número de burgueses, mientras la gran masa del pueblo se va convirtiendo cada vez más en proletarios, con la particularidad de que su situación se hace más precaria e insoportable en la medida en que aumenta la riqueza de los burgueses; cuando, en tercer lugar, estas poderosas fuerzas productivas, que se multiplican con tanta facilidad hasta rebasar el marco de la propiedad privada y del burgués, provocan continuamente las mayores conmociones del orden social, sólo ahora la supresión de la propiedad privada se ha hecho posible e incluso absolutamente necesaria.

XVI. ¿Será posible suprimir por vía pacífica la propiedad privada?

Sería de desear que fuese así, y los comunistas, como es lógico, serían los últimos en oponerse a ello. Los comunistas saben muy bien que todas las conspiraciones, además de inútiles, son incluso perjudiciales. Están perfectamente al corriente de que no se pueden hacer las revoluciones premeditada y arbitrariamente y que éstas han sido siempre y en todas partes una consecuencia necesaria de circunstancias que no dependían en absoluto de la voluntad y la dirección de unos u otros partidos o clases enteras. Pero, al propio tiempo, ven que se viene aplastando por la violencia el desarrollo del proletariado en casi todos los países civilizados y que, con ello, los enemigos mismos de los comunistas trabajan con todas sus energías para la revolución. Si todo ello termina, en fin de cuentas, empujando al proletariado subyugado a la revolución, nosotros, los comunistas, defenderemos con hechos, no menos que como ahora lo hacemos de palabra, la causa del proletariado.

XVII. ¿Será posible suprimir de golpe la propiedad privada?

No, no será posible, del mismo modo que no se puede aumentar de golpe las fuerzas productivas existentes en la medida necesaria para crear una economía colectiva. Por eso, la revolución del proletariado, que se avecina según todos los indicios, sólo podrá transformar paulatinamente la sociedad actual, y acabará con la propiedad privada únicamente cuando haya creado la necesaria cantidad de medios de producción.

XVIII. ¿Qué vía de desarrollo tomará esa revolución?

Establecerá, ante todo, un régimen democrático y, por tanto, directa o indirectamente, la dominación política del proletariado. Directamente en Inglaterra, donde los proletarios constituyen ya la mayoría del pueblo. Indirectamente en Francia y en Alemania, donde la mayoría del pueblo no consta únicamente de proletarios, sino, además, de pequeños campesinos y pequeños burgueses de la ciudad, que se encuentran sólo en la fase de transformación en proletariado y que, en lo tocante a la satisfacción de sus intereses políticos, dependen cada vez más del proletariado, por cuya razón han de adherirse pronto a las reivindicaciones de éste. Para ello, quizá, se necesite una nueva lucha que, sin embargo, no puede tener otro desenlace que la victoria del proletariado.

La democracia sería absolutamente inútil para el proletariado si no la utilizara inmediatamente como medio para llevar a cabo amplias medidas que atentasen directamente contra la propiedad privada y asegurasen la existencia del proletariado. Las medidas más importantes, que dimanan necesariamente de las condiciones actuales, son:

1) Restricción de la propiedad privada mediante el impuesto progresivo, el alto impuesto sobre las herencias, la abolición del derecho de herencia en las líneas laterales (hermanos, sobrinos, etc.), préstamos forzosos, etc.

2) Expropiación gradual de los propietarios agrarios, fabricantes, propietarios de ferrocarriles y buques, parcialmente con ayuda de la competencia por parte de la industria estatal y, parcialmente de modo directo, con indemnización en asignados.

3) Confiscación de los bienes de todos los emigrados y de los rebeldes contra la mayoría del pueblo.

4) Organización del trabajo y ocupación de los proletarios en fincas, fábricas y talleres nacionales, con lo cual se eliminará la competencia entre los obreros, y los fabricantes que queden, tendrán que pagar salarios tan altos como el Estado.

5) Igual deber obligatorio de trabajo para todos los miembros de la sociedad hasta la supresión completa de la propiedad privada. Formación de ejércitos industriales, sobre todo para la agricultura.

6) Centralización de los créditos y la banca en las manos del Estado a través del Banco Nacional, con capital del Estado. Cierre de todos los bancos privados.

7) Aumento del número de fábricas, talleres, ferrocarriles y buques nacionales, cultivo de todas las tierras que están sin labrar y mejoramiento del cultivo de las demás tierras en consonancia con el aumento de los capitales y del número de obreros de que dispone la nación.

8) Educación de todos los niños en establecimientos estatales y a cargo del Estado, desde el momento en que puedan prescindir del cuidado de la madre. Conjugar la educación con el trabajo fabril.

9) Construcción de grandes palacios en las fincas del Estado para que sirvan de vivienda a las comunas de ciudadanos que trabajen en la industria y la agricultura y unan las ventajas de la vida en la ciudad y en el campo, evitando así el carácter unilateral y los defectos de la una y la otra.

10) Destrucción de todas las casas y barrios insalubres y mal construidos.

11) Igualdad de derecho de herencia para los hijos legítimos y los naturales.

12) Concentración de todos los medios de transporte en manos de la nación.

Por supuesto, todas estas medidas no podrán ser llevadas a la práctica de golpe. Pero cada una entraña necesariamente la siguiente. Una vez emprendido el primer ataque radical contra la propiedad privada, el proletariado se verá obligado a seguir siempre adelante y a concentrar más y más en las manos del Estado todo el capital, toda la agricultura, toda la industria, todo el transporte y todo el cambio. Este es el objetivo a que conducen las medidas mencionadas. Ellas serán aplicables y surtirán su efecto centralizador exactamente en el mismo grado en que el trabajo del proletariado multiplique las fuerzas productivas del país. Finalmente, cuando todo el capital, toda la producción y todo el cambio estén concentrados en las manos de la nación, la propiedad privada dejará de existir de por sí, el dinero se hará superfluo, la producción aumentará y los hombres cambiarán tanto que se podrán suprimir también las últimas formas de relaciones de la vieja sociedad.

XIX. ¿Es posible esta revolución en un solo país?

No. La gran industria, al crear el mercado mundial, ha unido ya tan estrechamente todos los pueblos del globo terrestre, sobre todo los pueblos civilizados, que cada uno depende de lo que ocurre en la tierra del otro. Además, ha nivelado en todos los países civilizados el desarrollo social a tal punto que en todos estos países la burguesía y el proletariado se han erigido en las dos clases decisivas de la sociedad, y la lucha entre ellas se ha convertido en la principal lucha de nuestros días. Por consecuencia, la revolución comunista no será una revolución puramente nacional, sino que se producirá simultáneamente en todos los países civilizados, es decir, al menos en Inglaterra, en América, en Francia y en Alemania. Ella se desarrollará en cada uno de estos países más rápidamente o más lentamente, dependiendo del grado en que esté en cada uno de ellos más desarrollada la industria, en que se hayan acumulado más riquezas y se disponga de mayores fuerzas productivas. Por eso será más lenta y difícil en Alemania y más rápida y fácil en Inglaterra. Ejercerá igualmente una influencia considerable en los demás países del mundo, modificará de raíz y acelerará extraordinariamente su anterior marcha del desarrollo. Es una revolución universal y tendrá, por eso, un ámbito universal.

XX. ¿Cuáles serán las consecuencias de la supresión definitiva de la propiedad privada?

Al quitar a los capitalistas privados el usufructo de todas las fuerzas productivas y medios de comunicación, así como el cambio y el reparto de los productos, al administrar todo eso con arreglo a un plan basado en los recursos disponibles y las necesidades de toda la sociedad, ésta suprimirá, primeramente, todas las consecuencias nefastas ligadas al actual sistema de dirección de la gran industria. Las crisis desaparecerán; la producción ampliada, que es, en la sociedad actual, una superproducción y una causa tan poderosa de la miseria, será entonces muy insuficiente y deberá adquirir proporciones mucho mayores. En lugar de engendrar la miseria, la producción superior a las necesidades perentorias de la sociedad permitirá satisfacer las demandas de todos los miembros de ésta, engendrará nuevas demandas y creará, a la vez, los medios de satisfacerlas. Será la condición y la causa de un mayor progreso y lo llevará a cabo, sin suscitar, como antes, el trastorno periódico de todo el orden social. La gran industria, liberada de las trabas de la propiedad privada, se desarrollará en tales proporciones que, comparado con ellas, su estado actual parecerá tan mezquino como la manufactura al lado de la gran industria moderna. Este avance de la industria brindara a la sociedad suficiente cantidad de productos para satisfacer las necesidades de todos. Del mismo modo, la agricultura, en la que, debido al yugo de la propiedad privada y al fraccionamiento de las parcelas, resulta difícil el empleo de los perfeccionamientos ya existentes y de los adelantos de la ciencia experimentará un nuevo auge y ofrecerá a disposición de la sociedad una cantidad suficiente de productos. Así, la sociedad producirá lo bastante para organizar la distribución con vistas a cubrir las necesidades de todos sus miembros. Con ello quedará superflua la división de la sociedad en clases distintas y antagónicas. Dicha división, además de superflua, será incluso incompatible con el nuevo régimen social. La existencia de clases se debe a la división del trabajo, y esta última, bajo su forma actual desaparecerá enteramente, ya que, para elevar la producción industrial y agrícola al mencionado nivel no bastan sólo los medios auxiliares mecánicos y químicos. Es preciso desarrollar correlativamente las aptitudes de los hombres que emplean estos medios. Al igual que en el siglo pasado, cuando los campesinos y los obreros de las manufacturas, tras de ser incorporados a la gran industria, modificaron todo su régimen de vida y se volvieron completamente otros, la dirección colectiva de la producción por toda la sociedad y el nuevo progreso de dicha producción que resultara de ello necesitarán hombres nuevos y los formarán. La gestión colectiva de la producción no puede correr a cargo de los hombres tales como lo son hoy, hombres que dependen cada cual de una rama determinada de la producción, están aferrados a ella, son explotados por ella, desarrollan nada más que un aspecto de sus aptitudes a cuenta de todos los otros y sólo conocen una rama o parte de alguna rama de toda la producción. La industria de nuestros días está ya cada vez menos en condiciones de emplear tales hombres. La industria que funciona de modo planificado merced al esfuerzo común de toda la sociedad presupone con más motivo hombres con aptitudes desarrolladas universalmente, hombres capaces de orientarse en todo el sistema de la producción. Por consiguiente, desaparecerá del todo la división del trabajo, minada ya en la actualidad por la máquina, la división que hace que uno sea campesino, otro, zapatero, un tercero, obrero fabril, y un cuarto, especulador de la bolsa. La educación dará a los jóvenes la posibilidad de asimilar rápidamente en la práctica todo el sistema de producción y les permitirá pasar sucesivamente de una rama de la producción a otra, según sean las necesidades de la sociedad o sus propias inclinaciones. Por consiguiente, la educación los liberará de ese carácter unilateral que la división actual del trabajo impone a cada individuo. Así, la sociedad organizada sobre bases comunistas dará a sus miembros la posibilidad de emplear en todos los aspectos sus facultades desarrolladas universalmente. Pero, con ello desaparecerán inevitablemente las diversas clases. Por tanto, de una parte, la sociedad organizada sobre bases comunistas es incompatible con la existencia de clases y, de la otra, la propia construcción de esa sociedad brinda los medios para suprimir las diferencias de clase.

De ahí se desprende que ha de desaparecer igualmente la oposición entre la ciudad y el campo. Unos mismos hombres se dedicarán al trabajo agrícola y al industrial, en lugar de dejar que lo hagan dos clases diferentes. Esto es una condición necesaria de la asociación comunista y por razones muy materiales. La dispersión de la población rural dedicada a la agricultura, a la par con la concentración de la población industrial en las grandes ciudades, corresponde sólo a una etapa todavía inferior de desarrollo de la agricultura y la industria y es un obstáculo para el progreso, cosa que se hace ya sentir con mucha fuerza.

La asociación general de todos los miembros de la sociedad al objeto de utilizar colectiva y racionalmente las fuerzas productivas; el fomento de la producción en proporciones suficientes para cubrir las necesidades de todos; la liquidación del estado de cosas en el que las necesidades de unos se satisfacen a costa de otros; la supresión completa de las clases y del antagonismo entre ellas; el desarrollo universal de las facultades de todos los miembros de la sociedad merced a la eliminación de la anterior división del trabajo, mediante la educación industrial, merced al cambio de actividad, a la participación de todos en el usufructo de los bienes creados por todos y, finalmente, mediante la fusión de la ciudad con el campo serán los principales resultados de la supresión de la propiedad privada.

XXI. ¿Qué influencia ejercerá el régimen social comunista en la familia?

Las relaciones entre los sexos tendrán un carácter puramente privado, perteneciente sólo a las personas que toman parte en ellas, sin el menor motivo para la ingerencia de la sociedad. Eso es posible merced a la supresión de la propiedad privada y a la educación de los niños por la sociedad, con lo cual se destruyen las dos bases del matrimonio actual ligadas a la propiedad privada: la dependencia de la mujer respecto del hombre y la dependencia de los hijos respecto de los padres. En ello reside, precisamente, la respuesta a los alaridos altamente moralistas de los burguesotes con motivo de la comunidad de las mujeres, que, según éstos, quieren implantar los comunistas. La comunidad de las mujeres es un fenómeno que pertenece enteramente a la sociedad burguesa y existe hoy plenamente bajo la forma de prostitución. Pero, la prostitución descansa en la propiedad privada y desaparecerá junto con ella. Por consiguiente, la organización comunista, en lugar de implantar la comunidad de las mujeres, la suprimirá.

XXII. ¿Cuál será la actitud de la organización comunista hacia las nacionalidades existentes?

- Queda 2.

XXIII. ¿Cuál será su actitud hacia las religiones existentes?

- Queda.

XXIV. ¿Cuál es la diferencia entre los comunistas y los socialistas?

Los llamados socialistas se dividen en tres categorías.

La primera consta de partidarios de la sociedad feudal y patriarcal, que ha sido destruida y sigue siéndolo a diario por la gran industria, el comercio mundial y la sociedad burguesa creada por ambos. Esta categoría saca de los males de la sociedad moderna la conclusión de que hay que restablecer la sociedad feudal y patriarcal, ya que estaba libre de estos males. Todas sus propuestas persiguen, directa o indirectamente, este objetivo. Los comunistas lucharán siempre enérgicamente contra esa categoría de socialistas reaccionarios, pese a su fingida compasión de la miseria del proletariado y las amargas lágrimas que vierten con tal motivo, puesto que estos socialistas:

1) se proponen un objetivo absolutamente imposible;

2) se esfuerzan por restablecer la dominación de la aristocracia, los maestros de gremio y los propietarios de manufacturas, con su séquito de monarcas absolutos o feudales, funcionarios, soldados y curas, una sociedad que, cierto, estaría libre de los vicios de la sociedad actual, pero, en cambio, acarrearía, cuando menos, otros tantos males y, además, no ofrecería la menor perspectiva de liberación, con ayuda de la organización comunista, de los obreros oprimidos;

3) muestran sus verdaderos sentimientos cada vez que el proletariado se hace revolucionario y comunista: se alían inmediatamente a la burguesía contra los proletarios.

La segunda categoría consta de partidarios de la sociedad actual, a los que los males necesariamente provocados por ésta inspiran temores en cuanto a la existencia de la misma. Ellos quieren, por consiguiente, conservar la sociedad actual, pero suprimir los males ligados a ella. A tal objeto, unos proponen medidas de simple beneficencia; otros, grandiosos planes de reformas que, so pretexto de reorganización de la sociedad, se plantean el mantenimiento de las bases de la sociedad actual y, con ello, la propia sociedad actual. Los comunistas deberán igualmente combatir con energía contra estos socialistas burgueses, puesto que éstos trabajan para los enemigos de los comunistas y defienden la sociedad que los comunistas quieren destruir.

Finalmente, la tercera categoría consta de socialistas democráticos. Al seguir el mismo camino que los comunistas, se proponen llevar a cabo una parte de las medidas señaladas en la pregunta... 3, pero no como medidas de transición al comunismo, sino como un medio suficiente para acabar con la miseria y los males de la sociedad actual. Estos socialistas democráticos son proletarios que no ven todavía con bastante claridad las condiciones de su liberación, o representantes de la pequeña burguesía, es decir, de la clase que, hasta la conquista de la democracia y la aplicación de las medidas socialistas dimanantes de ésta, tiene en muchos aspectos los mismos intereses que los proletarios. Por eso, los comunistas se entenderán con esos socialistas democráticos en los momentos de acción y deben, en general, atenerse en esas ocasiones y en lo posible a una política común con ellos, siempre que estos socialistas no se pongan al servicio de la burguesía dominante y no ataquen a los comunistas. Por supuesto, estas acciones comunes no excluyen la discusión de las divergencias que existen entre ellos y los comunistas.

XXV. ¿Cuál es la actitud de los comunistas hacia los demás partidos políticos de nuestra época?

Esta actitud es distinta en los diferentes países. En Inglaterra, Francia y Bélgica, en las que domina la burguesía, los comunistas todavía tienen intereses comunes con diversos partidos democráticos, con la particularidad de que esta comunidad de intereses es tanto mayor cuanto más los demócratas se acercan a los objetivos de los comunistas en las medidas socialistas que los demócratas defienden ahora en todas partes, es decir, cuanto más clara y explícitamente defienden los intereses del proletariado y cuanto más se apoyan en el proletariado. En Inglaterra, por ejemplo, los cartistas 4, que constan de obreros, se aproximan inconmensurablemente más a los comunistas que los pequeñoburgueses democráticos o los llamados radicales.

En Norteamérica, donde ha sido proclamada la Constitución democrática, los comunistas deberán apoyar al partido que quiere encaminar esta Constitución contra la burguesía y utilizarla en beneficio del proletariado, es decir, al partido de la reforma agraria nacional.

En Suiza, los radicales, aunque constituyen todavía un partido de composición muy heterogénea, son, no obstante, los únicos con los que los comunistas pueden concertar acuerdos, y entre estos radicales los más progresistas son los de Vand y los de Ginebra.

Finalmente, en Alemania está todavía por delante la lucha decisiva entre la burguesía y la monarquía absoluta. Pero, como los comunistas no pueden contar con una lucha decisiva con la burguesía antes de que ésta llegue al poder, les conviene a los comunistas ayudarle a que conquiste lo más pronto posible la dominación, a fin de derrocarla, a su vez, lo más pronto posible. Por tanto, en la lucha de la burguesía liberal contra los gobiernos, los comunistas deben estar siempre del lado de la primera, precaviéndose, no obstante, contra el autoengaño en que incurre la burguesía y sin fiarse en las aseveraciones seductoras de ésta acerca de las benéficas consecuencias que, según ella, traerá al proletariado la victoria de la burguesía. Las únicas ventajas que la victoria de la burguesía brindará a los comunistas serán: 1) diversas concesiones que aliviarán a los comunistas la defensa, la discusión y la propagación de sus principios y, por tanto, aliviarán la cohesión del proletariado en una clase organizada, estrechamente unida y dispuesta a la lucha, y 2) la seguridad de que el día en que caigan los gobiernos absolutistas, llegará la hora de la lucha entre los burgueses y los proletarios. A partir de ese día, la política del partido de los comunistas será aquí la misma que en los países donde domina ya la burguesía.

Escrito en alemán por F. Engels a fines de octubre y en noviembre de 1847. Se publica de acuerdo con el manuscrito. Publicado por vez primera como edición aparte en 1914.

domingo, 2 de agosto de 2015

REFLEXIONES NOCTURNAS

Mientras que un caracol recorre la mitad de un cuarto de papel el mundo congela todas las miradas en un momento. Es muy simple observar, es temeroso solamente observar, ya que el imaginar es un temible juego cuando un demonio audaz se ha hecho contigo... Inquietud es solamente el principio. Tocar la pequeña burbuja y creer que se puede romper es catastrófico, al igual que los murmullos ilógicos del tiempo, como sus deseos incomprendidos e inesperados... Tan solo espero una señal que expire un susurro de buen tiempo, señal de un buen astro fugaz e inquebrantable, que me diga que todo va bien, que refuerce cuyo armazón de titáneo en post me hallo, que me diga desde el mausoleo que la hermosura de una flor es solo una ilusión, que espera ser descubierta en lo más profundo de nuestro corazón....

Estoy en una habitación oscura y sucia de asqueroso hotel de un asqueroso barrio. Mi única compañía es la botella. Un trago largo, luego otro más lento, luego un descanso. La escritura y la bebida se han convertido en mi único consuelo. Las noches se vuelven más oscuras y las horas se alargan y languidecen al son de los vasos vacíos que deposito por el suelo. La bebida mitiga el dolor pero no desaparece. La escritura también ayuda: es el único remedio al dolor y al sufrimiento.

No hay nada que pueda hacer. No puedo para el tiempo y arreglar las costuras. El dolor ya está hecho. La bebida es mi única compañera ahora. El silencio se hace eco mis pensamientos y los dispersa por el aire. Mis sentimientos pasan del corazón a mi cabeza, pero no consigo llevarlos de mi cabeza a este débil papel. Se pierden en el abismo del tiempo y se precipitan en un mar de dudas y confusión.

Me recuesto en la cama, borracho perdido y veo por la ventana la amenazante ciudad que me reta en esta mañana a caminar otro día más por su mojado asfalto. Una ciudad sin ley y sin moral, sustentada en el horror, el miedo y la corrupción. No hay cabida para hombres como yo: aquí o vives o mueres.

Reconozco que nunca creí en dios alguno. A Dios le gusta observar, es un bromista. Dota al hombre de instintos, nos da esta extraordinaria virtud, ¿y que hace luego? Nos utiliza para pasárselo en grande, para reírse de nosotros al ver como quebrantamos las reglas.Él dispone las reglas y el tablero, y es un auténtico tramposo. Mira, pero no toques. Toca, pero no pruebes, prueba pero no saborees. Y mientras nos lleva como marionetas de un lado a otro, ¿qué hace él? ¡Se descojona, se parte el culo de risa, es un payaso! ¡Es un sádico! ¡Es el peor casero del mundo!…¡¿adorar eso?! Nunca.

La muerte es la continuación de la vida. Unos creen en un paraíso, un mundo mejor que el nuestro donde habitamos, donde encontrarán delicias y placeres; otros, en un mundo oscuro, tenebroso, lleno de recuerdos fugaces; otros creen en la vuelta de sus cuerpos a la naturaleza de la diosa Tierra…para mí, sin embargo, lo considero un camino de reencuentros con uno mismo: la verdadera sabiduría sobre el por qué de la vida es la muerte, pues todo tiene un anverso y un reverso que tenemos que realizar.

Nunca pensé que mis pasos me llevarían a esta encrucijada, caminos cruzados e inesperados, vidas entrelazadas en esta confusa decisión.No existe dios alguno y no creo exista ningún paraíso. Solo creo en el infierno porque vivo en él, en un infierno terrenal.  El Infierno es vivir cada día sin saber la razón de tu existencia.

miércoles, 29 de julio de 2015

LA TIERRA ESTÁ SORDA

Las tierras de España están ciegas, mudas y sordas
España es una tierra con miles de cadáveres desaparecidos
donde la libertad, el progreso y la cultura fueron torturados y perseguidos
por el silencio, el olvido, el dolor y del fascismo internacional las hordas (de monstruos, sangre y dolor)

Por todos aquellos que siguen en las cunetas, soldados, obreros y trabajadores
defender la valentía de creer en utopías, de luchar por un mundo más humano
porque con alegrías no podemos perder

Por todos aquellos que enarbolaron la libertad en los pendones tricolores
porque fue un golpe de estado contra la democracia, no solamente una guerra entre hermanos
porque la única lucha que se pierde es la que se abandona y sabemos que resistir es vencer

Por todos aquellos que estuvieron presos
y que por su ideología les negaron la libertad
pero no hay muros ni barrotes gruesos
que los ecos de sus voces puedan silenciar

por todos aquellos que buscan a sus familias que bajo el suelo están
donde reposan sus huesos mutilados bajo las losas de la necedad
todos aquellos que fueron ellos presos y fusilados al alba gritando NO PASARÁN

y recordad siempre la triste verdad
que los herederos de esos asesinos hoy gobiernan el estado
a pesar de que ganaron la guerra ellos nos dirán
y humanamente quizá nosotros hayamos ganado


viernes, 24 de julio de 2015

SIMÓN BOLÍVAR. EL LIBERTADOR DE LA GRAN COLOMBIA

La independencia americana se vio favorecida por la coyuntura política, bélica e ideológica por la que atravesó España. La supresión de la dinastía de Borbón y la invasión de la península Ibérica por las tropas de Napoleón I Bonaparte, que dieron origen a la guerra de la Independencia española (1808-1814), posibilitaron la aparición de juntas que se constituyeron en las principales ciudades americanas. Las juntas empezaron, en general, reconociendo la autoridad real en la persona de Fernando VII, pero propiciaron el comienzo del proceso independentista. Las Cortes de Cádiz y la Constitución liberal de 1812 dieron paso al restablecimiento de la autoridad española en la mayoría de las regiones peninsulares (creación de la Junta Central, en septiembre de 1808) y a la moderación en las actuaciones de los independentistas más radicales, al abrirse camino las posibilidades de un nuevo régimen en España que conllevara una nueva organización política, social y económica de los territorios americanos. 

Pero la reacción absolutista de 1814, producida por el retorno al trono español de Fernando VII, produjo un cambio radical en la dirección de los acontecimientos y significó la reanudación de las confrontaciones y la guerra abierta. El éxito del pronunciamiento liberal de Rafael del Riego en Cabezas de San Juan en 1820, impidió el embarque de las tropas españolas destinadas a América y, con ello, facilitó a los patriotas americanos la realización de las últimas campañas militares, que les llevarían al triunfo final y a la independencia.

La Declaración de Independencia estadounidense y la Revolución Francesa, cuya influencia en la historia mundial es evidente, actuaron más como modelos que como causas directas del proceso. Mayor importancia tuvieron las ideas enciclopedistas y liberales procedentes de Francia, así como las relaciones de convivencia de muchos de los máximos dirigentes independentistas, como Francisco de Miranda, José de San Martín, Simón Bolívar, Mariano Moreno, Carlos de Alvear, Bernardo O'Higgins, José Miguel Carrera Verdugo, Juan Pío de Montúfar y Vicente Rocafuerte, que se encontraron con frecuencia en Londres, así como los contactos que mantuvieron con los centros políticos de Estados Unidos y Gran Bretaña.

Cuando la Independencia de América comenzaba a pensarse con otros nombres y a iniciar su recorrido autónomo, nació en Caracas, el 24 de julio de 1783, Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar y Palacios. Venezuela era entonces una Capitanía General del Reino de España, en cuya población se respiraban resquemores por las diferencias de derechos existentes entre la oligarquía española dueña del poder, la clase mantuana o criolla, terratenientes en su mayoría, y los estratos bajos de pardos y esclavos.



LA HISTORIA DE SIMÓN BOLÍVAR

Simón Bolívar fue el caudillo de la independencia hispanoamericana. Nacido en Caracas en 1783 en el seno de una familia de origen vasco de la hidalguía criolla venezolana, Simón Bolívar se formó leyendo a los pensadores de la Ilustración (Locke, Rousseau, Voltaire, Montesquieu) y viajando por Europa. En París tomó contacto con las ideas de la Revolución y conoció personalmente a Napoleón y Humboldt.

Afiliado a la masonería e imbuido de las ideas liberales, ya en 1805 se juró en Roma que no descansaría hasta liberar a su país de la dominación española. Y, aunque carecía de formación militar, Simón Bolívar llegó a convertirse en el principal dirigente de la guerra por la independencia de las colonias hispanoamericanas; además, suministró al movimiento una base ideológica mediante sus propios escritos y discursos.

Bolívar regresó a Caracas a mediados de 1807, tras una corta estancia en Estados Unidos, para retornar a su antigua vida de hacendado. José Antonio Briceño, un vecino de tierras y fincas, le esperaba con un cerco en sus tierras; tal asunto debía resolverse cuanto antes. Las incursiones de Miranda habían incorporado entre algunos caraqueños el concepto de la emancipación; sin embargo, la gran mayoría de los criollos se conformaba con rebelarse pasivamente violando las normas que se dictaban desde España.

En 1810, aprovechando que la metrópoli se hallaba ocupada por el ejército francés, se unió a la revolución independentista que estalló en Venezuela, dirigida por Francisco de Miranda. El fracaso de aquella intentona obligó a Bolívar a huir del país en 1812; tomó entonces las riendas del movimiento, lanzando desde Cartagena de Indias un manifiesto que incitaba de nuevo a la rebelión, corrigiendo los errores cometidos en el pasado (1812).

En 1813 lanzó una segunda revolución, que entró triunfante en Caracas (de ese momento data la concesión por el Ayuntamiento del título de Libertador). Aún hubo una nueva reacción realista, bajo la dirección de Morillo y Bobes, que reconquistaron el país para la Corona española, expulsando a Bolívar a Jamaica (1814-15); pero éste realizó una tercera revolución entre 1816 y 1819, que le daría el control del país.

Bolívar soñaba con formar una gran confederación que uniera a todas las antiguas colonias españolas de América, inspirada en el modelo de Estados Unidos. Por ello, no satisfecho con la liberación de Venezuela, cruzó los Andes y venció a las tropas realistas españolas en la batalla de Boyacá (1819), que dio la independencia al Virreinato de Nueva Granada (la actual Colombia). Reunió entonces un Congreso en Angostura (1819), que elaboró una Constitución para la nueva República de Colombia, que englobaba lo que hoy son Colombia, Venezuela, Ecuador y Panamá; el mismo Simón Bolívar fue elegido presidente de esta «Gran Colombia». Luego liberó el territorio de la Audiencia de Quito (actual Ecuador) en unión de Antonio José de Sucre, tras imponerse en la batalla de Pichincha (1822).

En aquel mismo año Simón Bolívar se reunió en Guayaquil con el otro gran caudillo del movimiento independentista, José de San Martín, que había liberado Argentina y Chile, para ver la forma de cooperar en la liberación del Perú. Ambos dirigentes chocaron en sus ambiciones y en sus apreciaciones políticas (pues San Martín se inclinaba por crear regímenes monárquicos encabezados por príncipes europeos), desistiendo San Martín de entablar una lucha por el poder (poco después se marcharía a Europa) y dejando el campo libre a Bolívar.
Bolívar pudo entonces ponerse al frente de la insurrección del Perú, último bastión del continente en el que resistían los españoles, aprovechando las disensiones internas de los rebeldes del país (1823). En 1824 obtuvo la más decisiva de sus victorias en la batalla de Ayacucho, que determinó el fin de la presencia española en Perú y en toda Sudamérica. Los últimos focos realistas del Alto Perú fueron liquidados en 1825, creándose allí la República de Bolívar (actual Bolivia).
Los meses que precedieron la muerte del Libertador en Santa Marta, en 1830, le significaron a Bolívar la evocación de la memoria de su amarga derrota política. La trayectoria desde lo alto de la cima del Chimborazo cuando Bolívar deliraba y se confundía con el "Dios de Colombia" hasta su renuncia a la presidencia de Colombia en abril de 1830, significó para Bolívar la lucha por la verdadera construcción de las naciones. Abogó en todo momento por la edificación de un Estado centralista que lograra cohesionar aquello que en virtud de la heterogeneidad racial, cultural y geográfica no resistía la perfección de una federación.

Todo fue inútil. Las pugnas caudillistas y nacionalistas vencieron y procedieron a la separación de Venezuela y Ecuador de la Gran Colombia. Recordaba a Manuelita Sáenz, su último amor y la "Libertadora" de su vida en el atentado del 25 de septiembre de 1828, en Bogotá; también evocaba otros amores y otros atentados. Lloraba la muerte de Sucre, recordaba y deliraba, y así murió, solo y defenestrado de los territorios que había libertado, por causa de una hemoptisis, en la Quinta San Pedro Alejandrino, el 17 de diciembre de 1830. En 1842 el gobierno de Venezuela decidió trasladar los restos de Bolívar, según su último deseo. Desde entonces, su legado ha devenido mito y veneración como "fundador de la patria".
EL LEGADO DE BOLÍVAR

El pensamiento liberal del Libertador, formado en las ideas de la revolución Francesa, lo inclinaba a favorecer los derechos de y la igualdad social. Desde los primeros años de la independencia, el Libertador comprendió claramente que el problema de las desigualdades e injusticias sociales heredadas del período colonial debían ser resueltas para atraer a las grandes masas populares a la causa de la independencia.
La experiencia de la primera y segunda República había demostrado que la mayoría de los esclavos, pardos e indígenas se habían sumado a las tropas realistas de Monteverde y Boves, gracias al mensaje demagógico que estos caudillos transmitían a un pueblo sencillo. Además, las clases populares no se sentían identificadas con el proyecto independentista de lo mantuanos, pues para el pueblo, los mantuanos, dueños de tierras y de esclavos, eran sus opresores. Ante esa situación, Bolívar tomó una serie de medidas para favorecer a los esclavos, a los indígenas y a los soldados patriotas: En diferentes ocasiones, el Libertador expresó la necesidad de liberar a los esclavos y darles un tratamiento justo, como lo revelan los decretos de Carúpano y Ocumare en 1816, el discurso ante el Congreso de Angostura de 1819 y el mensaje al Congreso constituyente de Cúcuta en 1821. Bolívar expresaba:

"Legisladores, la infracción de todas las leyes es la esclavitud. La ley sería la más sacrílega".

En relación con la población indígena, el Libertador legisló a favor de su protección y el respeto a sus propiedades y formas de vida, como se refleja en su decreto sobre la protección a los naturales firmado en Cundinamarca:

Articulo1.- Se devolverá a los naturales, como propietarios legítimos, todas las tierras que conformaban los resguardos según sus títulos...

En cuanto a los soldados que formaban parte del ejército patriota, Bolívar decreto en 1817 el reparto a los oficiales y soldados de acuerdo con sus méritos en la guerra.

Como Gobernante y estadista Bolívar demostró una gran preocupación sobre las clases populares y tomo medidas destinadas a eliminar privilegios e injusticias mediante la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley.


El liberalismo de Bolívar no es el liberalismo idealista y romántico de muchos de sus contemporáneos, sino el mitigado por un realismo político y el contextuado histórico y sociológicamente en nuestras endebles e incipientes repúblicas. Por ello, propone reformas sociales (eliminación de los títulos nobiliarios y sus privilegios, abolición de la esclavitud negra y de la servidumbre indígena); reivindicaciones económicas (como la reforma agraria con la entrega de tierras a los indígenas y a los integrantes del ejército libertador); regeneración cultural y moral (estimulando la educación popular e impulsando la vigilancia de la moralidad pública y ciudadana); y las transformaciones políticas, con un adecuado mecanismo electoral y sistema de representación. Todo ello lo lleva a formular su permanente reclamo por "unidad-solidez-energía" (Cartagena 1812), como criterio para gobernar los nacientes sistemas políticos.
Un gobierno republicano lo entiende Bolívar como un gobierno constitucional, legítimo, justo y liberal (Jamaica 1815), pero no "perfectamente representativo". Debería ser un "gobierno paternal", de tendencia humanitaria y de contenido social. Hoy diríamos, un Estado social de derecho con un Ejecutivo fuerte y efectiva justicia social. Esta ideología política le acarreó a Bolívar muchas incomprensiones y enemistades, que provenían aun de independentistas que también se llamaban republicanos.
Bolívar en su Discurso de Congreso de Angostura, establece que un gobierno Republicano debe tener sus bases en "la soberanía del pueblo, la división de los poderes, la libertad civil, la proscripción de la esclavitud, la abolición de la monarquía y de los privilegios".

La visión de Bolívar sobre la educación como medio de alcanzar la igualdad democrática de los ciudadanos, se proyecto en el tiempo e influyo en el decreto de instrucción pública de Guzmán Blanco en 1870.

El decreto de ilustración pública de Guzmán Blanco constituyó un importante paso hacia un sistema democrático de la enseñanza, que fue evolucionando con las posteriores reformas educativas de octubre de 1945, de 1960 y de 1980.

Los logros educativos alcanzados en países como Colombia, Perú, Ecuador, Bolivia, Panamá y Venezuela, en su lucha contra el analfabetismo y el atraso, se han apoyado en gran parte en las ideas y proyectos del Libertador, aunque todavía persisten, en buena medida, muchos de esos problemas.

Bolívar al igual que en sus ideario Político, y Social , anhelaba una educación de espíritu progresista y revolucionaria, la importancia de la educación para el ejercicio de la vida ciudadana , llama que mantenía viva con gran fulgor , ya que sostenía la educación como la base fundamental de toda sociedad , de allí su máximo pensamiento expresado en el Congreso de Angostura en el que pronunció con profundo sentir"MORAL Y LUCES SON NUESTRAS PRIMERAS NECESIDADES" Sus ideas fueron inspiradas de su más noble pasión, apoyadas de los escritos de Rousseau quien afirmaba que la educación es un proceso que se inicia con el nacimiento y termina con la muerte del individuo.

Sus principales ideas educativas fueron:
  • El proceso educativo debe ir dirigido hacia la formación de ciudadanos amantes de la libertad y del respeto por las leyes y sus instituciones.
  • La enseñanza debe adaptarse a la edad, al carácter, y a las inclinaciones de los niños y niñas.

El pensamiento económico del libertador se nutrió principalmente de la observación y el análisis de la realidad completa que le toco vivir. También se apoyó en el conocimiento de las experiencias ocurridas en otras naciones.

En 1812, en el manifiesto de Cartagena, criticó con fuerza la burocracia y el despilfarro de dinero público como una de las causas de la pérdida de la primera república:

La Disipación de las rentas públicas en objetos frívolos y perjudiciales; y particularmente en sueldos de infinidad de oficinista, secretarios, jueces, magistrados, legisladores provinciales y federales, dio un golpe mortal a la república.

En Venezuela y en el resto de los países Bolivarianos, el libertador impulsó un apolítica económica dirigida a recuperar la agricultura de los efectos devastadores que tuvo la lucha emancipadora sobre los campos.

Entre las medidas propuestas por Bolívar para rescatar la agricultura se encuentran:
  • La repartición de tierras baldías entre los soldados patriotas para incrementar la mano de obra en el campo.
  • Fomento y desarrollo de la producción mediante la introducción de nuevas técnicas de cultivo.
En la agricultura fue único e innovador con una Ley de Tierras que distribuía las tierras entre los nativos, para acabar con el latifundio… y además promulgó leyes para incentivar la producción nacional.

En cuanto a la ganadería, Bolívar emitió varios decretos destinados a proteger la cría de caballos, vacas y vicuñas, mediante medidas como estas:
  • La prohibición de exportar ganado hacia otras naciones.
  • La organización de rebaños para concretar las reses dispersas o salvajes.

Con respecto a la minería, Bolívar decretó la propiedad del Estado sobre todas las minas, lo que constituyo la base legal para el proceso de nacionalización reciente de los recursos minerales y el subsuelo, como el hierro y el petróleo.

En cuanto a la industria y el comercio, Bolívar legisló en función de romper las viejas y atrasadas estructuras coloniales, promoviendo a la instalación de talleres de manufacturas y abriendo el comercio exterior a todas las naciones del mundo.

Bolívar crea un precedente histórico al regular el trabajo con normas rigurosas y protectivas del Estado, estableciendo el pago del salario en dinero: Decreto la estabilidad de los trabajadores

Bolívar fue el precursor de la Ley de Carrera Administrativa, que garantiza la estabilidad de los empleados públicos. Además estableció la Contratación Colectiva como mecanismo de protección de los empleados, incitando a su vez a la creación de los Sindicatos.



Vigencia de los Ideales de Bolívar

El Bolivarianismo, como ideología, une el republicanismo cívico-humanista y, según varios sectores izquierdistas, el socialismo. Hoy en día los líderes políticos basan sus propios proyectos en interpretaciones de los ideales de Bolívar. Véase, por ejemplo, el más conocido y actual, iniciado por el ex-presidente de Venezuela Hugo Chávez, y ahora promovido por su sucesor, el presidente Nicolás Maduro, llamado también el primer presidente chavista de Venezuela, el presidente de Ecuador, Rafael Correa y el presidente de Bolivia, Evo Morales, quienes se basan en las ideas de Simón Bolívar y que se enmarcan en el denominado socialismo del siglo XXI, surgido a raíz de la revolución bolivariana en Venezuela. 

La vigencia del pensamiento Bolivariano es indudable, Bolívar llenó su tiempo porque en la teoría y en la práctica supo interpretar los anhelos de los pueblos de nuestra América, y supo conducirlos en una heroica guerra de liberación que transformó esclavos y siervos en hombres y fijó los cimientos de nuevas naciones republicanas y democráticas, donde antes imperaba el colonialismo más oscuro y degradante.

Venezuela es un ejemplo para nuestros pueblos que claman para que el pensamiento democrático que nos legó El Libertador, tenga cabal cumpliendo ahora, tanto en el ámbito nacional como en el internacional. Nuestros países han sufrido después de la gesta de la primera independencia, el azote de régimen plutocrático, teocrático, cacográficos y despóticos: feroces y sanguinarios frente a las justas reivindicaciones populares y arrodilladas y corruptas frente a la voracidad del imperialismo.

La institución de la igualdad social y la educación universal y republicana del pueblo para formar ciudadanos que participen en las altas decisiones del Estado, son, como nos enseña El Libertador, la base sólida en que se funda una nación verdaderamente democrática y prospera, libre y soberana.

El carácter democrático de la república bolivariana se edifica en la naturaleza interdisciplinaria y de mutua cooperación de las ramas ejecutivas, legislativa y judicial, y en la creación de un Poder Electoral. Independiente de las anteriores y formado por el pueblo, para impedir los fraudes y vicios tan habituales en esos grotescos remedos de democracia sufridos por nuestro continente.

La soberanía del pueblo requiere de un poder moral autónomo que dependa directamente del voto popular, para que se pueda ejercitar una verdadera labor de procuraduría, contraloría, fiscalía y defensoría del pueblo para cuidar de la honradez y eficacia de todo el aparato de la administración pública y colocar en la picota pública a los ladrones del Estado y a los que abusen del poder. Este poder moral ideado por Bolívar es, en realidad, el Poder Ético, o sea el instrumento que estimule el ejercicio de la política como quería Bolívar, poniendo en movimiento grandes virtudes.