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domingo, 2 de agosto de 2015

REFLEXIONES NOCTURNAS

Mientras que un caracol recorre la mitad de un cuarto de papel el mundo congela todas las miradas en un momento. Es muy simple observar, es temeroso solamente observar, ya que el imaginar es un temible juego cuando un demonio audaz se ha hecho contigo... Inquietud es solamente el principio. Tocar la pequeña burbuja y creer que se puede romper es catastrófico, al igual que los murmullos ilógicos del tiempo, como sus deseos incomprendidos e inesperados... Tan solo espero una señal que expire un susurro de buen tiempo, señal de un buen astro fugaz e inquebrantable, que me diga que todo va bien, que refuerce cuyo armazón de titáneo en post me hallo, que me diga desde el mausoleo que la hermosura de una flor es solo una ilusión, que espera ser descubierta en lo más profundo de nuestro corazón....

Estoy en una habitación oscura y sucia de asqueroso hotel de un asqueroso barrio. Mi única compañía es la botella. Un trago largo, luego otro más lento, luego un descanso. La escritura y la bebida se han convertido en mi único consuelo. Las noches se vuelven más oscuras y las horas se alargan y languidecen al son de los vasos vacíos que deposito por el suelo. La bebida mitiga el dolor pero no desaparece. La escritura también ayuda: es el único remedio al dolor y al sufrimiento.

No hay nada que pueda hacer. No puedo para el tiempo y arreglar las costuras. El dolor ya está hecho. La bebida es mi única compañera ahora. El silencio se hace eco mis pensamientos y los dispersa por el aire. Mis sentimientos pasan del corazón a mi cabeza, pero no consigo llevarlos de mi cabeza a este débil papel. Se pierden en el abismo del tiempo y se precipitan en un mar de dudas y confusión.

Me recuesto en la cama, borracho perdido y veo por la ventana la amenazante ciudad que me reta en esta mañana a caminar otro día más por su mojado asfalto. Una ciudad sin ley y sin moral, sustentada en el horror, el miedo y la corrupción. No hay cabida para hombres como yo: aquí o vives o mueres.

Reconozco que nunca creí en dios alguno. A Dios le gusta observar, es un bromista. Dota al hombre de instintos, nos da esta extraordinaria virtud, ¿y que hace luego? Nos utiliza para pasárselo en grande, para reírse de nosotros al ver como quebrantamos las reglas.Él dispone las reglas y el tablero, y es un auténtico tramposo. Mira, pero no toques. Toca, pero no pruebes, prueba pero no saborees. Y mientras nos lleva como marionetas de un lado a otro, ¿qué hace él? ¡Se descojona, se parte el culo de risa, es un payaso! ¡Es un sádico! ¡Es el peor casero del mundo!…¡¿adorar eso?! Nunca.

La muerte es la continuación de la vida. Unos creen en un paraíso, un mundo mejor que el nuestro donde habitamos, donde encontrarán delicias y placeres; otros, en un mundo oscuro, tenebroso, lleno de recuerdos fugaces; otros creen en la vuelta de sus cuerpos a la naturaleza de la diosa Tierra…para mí, sin embargo, lo considero un camino de reencuentros con uno mismo: la verdadera sabiduría sobre el por qué de la vida es la muerte, pues todo tiene un anverso y un reverso que tenemos que realizar.

Nunca pensé que mis pasos me llevarían a esta encrucijada, caminos cruzados e inesperados, vidas entrelazadas en esta confusa decisión.No existe dios alguno y no creo exista ningún paraíso. Solo creo en el infierno porque vivo en él, en un infierno terrenal.  El Infierno es vivir cada día sin saber la razón de tu existencia.

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