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martes, 3 de diciembre de 2013

EL ARTE DEL LUTHIER

UNA VISITA AL BARRIO MUSICAL DE LA CAPITAL ESPAÑOLA

¿Por qué un visitante de Málaga y otro de Estados Unidos recorren miles de kilómetros para adquirir un luthier en Madrid? La respuesta es muy simple: porque en la capital española se fabrican los mejores instrumentos de cuerda.

Carlos Moreno es luthier desde los veintiún años, una profesión en vías de extinción y a la que ha dedicado los siguientes veinte años de su vida. Por sus manos han pasado millares de violines que, en su momento, interpretaron un sinfín de melodías que ahora acallan su voz para precipitarse al fondo del pozo del silencio.

Desde su taller en Madrid, Carlos se encarga de fabricar los instrumentos de cuerda que hacen posible la ejecución de millones de obras musicales: nada más entrar en la tienda, el visitante es recibido por una gran orquesta de cuarenta instrumentos: violines, contrabajos, violonchelos y otros instrumentos de cuerda ansiosos de unas manos que hagan sonar su melodía, para que el músico de rienda suelta a su creatividad y permita a los oyentes crear miles de fantasías a través del sonido de estas obras de arte.

“Siempre me ha encantado la música” confiesa Carlos Moreno “yo era estudiante de economía pero descubrí mi vocación de luthier y, desde entonces, me he dedicado a esto”.

Convertirse en luthier lleva tiempo: la mayoría de las escuelas están en Italia, principalmente porque en España no hay tantas escuelas de música y, por tanto, la demanda es menor. Por eso, si no tienes la oportunidad de desplazarte hasta la península itálica  es menester trabajar junto a un artesano que te enseñe el oficio.

Las manos de Carlos han reparado millares de violines. Es un trabajo constante y monótono, ya que el luthier solamente fabrica instrumentos de cuerda.

El perfil del cliente es muy variado, no hay un patrón fijo: el luthier abarca desde niños que empiezan a tocar música hasta los artistas más veteranos y más curtidos en el campo musical.

“La desgracia de este oficio es que el violín no ha evolucionado desde el siglo XVI y lo perfecto ya existe”, reconoce.

El proceso de fabricación de un luthier es una obra de arte y, como todo arte, necesita una dedicación especial: en el caso de los luthieres, tras haber construido la caja del futuro utensilio y hacer un tallado a mano, el artesano va colocando las diversas piezas del instrumento, como el filete, que une las diversas piezas de este utensilio musical, la banda armónica, que genera los sonidos graves y el alma, la pieza que permite crear los sonidos agudos. Todo este proceso tarda unas doscientas horas.

Además de la dedicación y el trabajo, es necesario contar con los mejores ingredientes: la madera de arce y de abeto, el ébano… son fundamentales para crear una pieza musical irrepetible.

“El instrumento tiene un fin en sí mismo: crear música. Por eso, los luthieres somos artesanos y no artistas”, afirma.

Sin embargo, a pesar de haber intentado miles de veces explicar el por qué de la magia de este oficio, esta incógnita permanece, y todavía nadie se ha atrevido a desvelar este secreto.

A pesar de ser un oficio artesanal, la vida de un luthier se asemeja más a la de un artista que a la de un artesano, que va creando instrumentos con un sonido único e irrepetible, el cuál perdura con el paso del tiempo, creando en el luthier una marca personal que lo diferencia del resto de artesanos.

La creatividad del luthier depende de su imaginación. En opinión de Carlos, “el luthier tiene que construir los instrumentos en función de lo que uno quiere oír. Los músicos son las personas más conservadoras del planeta, ya que solamente buscan los instrumentos que, a su juicio, suenan mejor”.

Como todas las piezas de arte, la calidad mejora con el paso del tiempo: siempre hay mejoras tecnológicas en las cuerdas, pero la estructura de los violines permanece intacta. Únicamente, el sonido de los instrumentos mejora si el músico lo utiliza con frecuencia.
Por supuesto, la calidad tiene su precio. Como admite el propio Carlos, “los grandes violinistas tiene instrumentos valiosos”. El precio de un luthier artesanal oscila entre los nueve mil y doce mil euros.
 A pesar de que el arte y la música no se miden en función del precio de los instrumentos que permiten a los músicos desarrollar su arte, es imposible negar que el talento de un buen artista se complemente si tiene un buen instrumento para difundirlo.




Puede ser que el luthier deje una parte de su alma en cada pieza. Esto convierte cada instrumento en una obra de arte irrepetible, imposible de recrear, como una melodía perfecta para un instante único e inolvidable.

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