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miércoles, 18 de diciembre de 2013

LO QUE ESCONDE MADRID

Decía Mariano José de Larra que "Escribir en Madrid es llorar, es buscar voz sin encontrarla, como en una pesadilla abrumadora y violenta." En parte Larra tenía razón: Madrid es una gran villa que tiene muchos rincones ocultos a simple vista, muy próximos a los propios madrileños  y  que éstos desconocen a pesar de que muchas veces pasan delante de ellos sin darse cuenta.

Uno de los rincones más profundos de la ciudad comienza su trayecto en uno de los lugares más conocidos de la ciudad: A los pies de la Cuesta de los Ciegos, el viajero encuentra un lugar que ni la Guerra Civil Española y la dictadura franquista pudieron hacer desaparecer. Es la Fuente de la Cuesta de los Ciegos, la única fuente que mantiene el escudo de la República grabado en la piedra, que recuerda  una época donde se combatió para crear una nueva sociedad, una nueva España que saliera de la oscuridad provocada por la ignorancia de siglos anteriores: una época donde las utopías eran realidades y donde la cultura española renació con fuerza de sus propias cenizas.


Un grupo de personas están delante de la fuente. Todos ellos llevan banderas republicanas. El viajero observa con curiosidad y se acerca al homenaje.  Uno de los presentes alza la voz. Se llama David Cobos, es secretario general de Alternativa Republicana. Con acento gaditano, empieza a entonar el canto a la libertad de José Antonio Labordeta. Todo el grupo corea al unísono la última estrofa:

Habrá un día en que todos/Al levantar la vista/Veremos una tierra/Que ponga libertad.

Al terminar de cantar, todo el grupo corea vivas a la república. Entre ellos, hay un chaval joven. Se llama Alberto Iglesias, es nuevo en el movimiento republicano; sin embargo, ha tenido una vida política intensa yendo y viniendo de distintos movimientos sociales.

-          Me he metido en política porque estamos viviendo una época muy difícil y necesitamos cambiar las cosas de manera pacífica. Para mí, la segunda república significó un movimiento de cambio social: eso es lo que yo estoy buscando.
Para mí, la política es un deber: es necesario participar en ella para impedir que otra gente se aproveche de los derechos de los ciudadanos. Hay que volver a reivindicar la política para llegar a cambiar las cosas.

Como admite el propio David:

-          Reivindicamos la república porque es el método más democrático y más eficaz para España. ¿cómo puede ser que una familia acapare toda la soberanía nacional española y no haya aportado nada a la clase trabajadora?

Otro lugar oculto pero  histórico es la Fontana de Oro, uno de esos sitios que el viajero descubre por casualidad. Y no es difícil encontrarlo, ya que el visitante solamente tiene que recorrer el centro de Madrid, subir por la Carrera de San Jerónimo y llegar a la calle Victoria.

Madrid, aunque tu valor/Reyes le están aumentando,/nunca fue mayor que cuando /tuviste tu labrador. (Calderón de la Barca)

Allí le recibe este bar que debe su nombre a la novela de Pérez Galdós y cuyos muros rezuman interminables tertulias literarias y políticas: desde la aparición de los primeros clubes liberales que luchaban contra el absolutismo de Fernando VII, las acaloradas discusiones que muchas veces llevaban a pronunciamientos militares del siglo XIX, el siglo de los espadones hasta la voz profunda, calmada pero firme de don Manuel Azaña, la figura más conocida del republicanismo español, no solo a nivel político sino también por la gran labor intelectual a favor de un régimen que trató de crear una nueva España, que se convirtiera en un faro de esperanza después de tantos años sumergida en la oscuridad.

Guillermo Arenzana Galiano es madrileño de toda la vida. Gran amante de la literatura, especialmente las novelas de Blasco Ibáñez, Benito Pérez Galdós y Pío Baroja, es un habitual de la fontana de Oro.

-          Yo suelo venir con compañeros y amigos. Es un sitio entrañable y cercano, tranquilo y solitario donde se puede probar una buena cerveza o tomar un café.

Guillermo hace una pausa para encender su pipa. Entre bocanadas de humo, toma un sorbo de café y continúa su conversación con el viajero.

-          A pesar de que se ha convertido en bar de copas los fines de semana, la fontana sigue guardando esa esencia mágica de compromiso progresista y liberal.


Después de visitar la Fontana de Oro y haber hecho una pausa para coger fuerzas, el viajero se dirigió a la Plaza Mayor, corazón de la ciudad de Madrid y que representa el antiguo esplendor del imperio de los Austrias.

En el medio de la plaza la estatua de Felipe III recibe al visitante. Allí también el viajero se encuentra a Daniel González Pérez, profesor y madrileño de toda la vida: estudió el bachillerato y la carrera de Filosofía y Letras en la antigua universidad central, la actual Complutense.

-          Te has dirigido a un sitio estupendo para conocer Madrid y merece la pena que te detengas en la entrada de la plaza Mayor. Aquí hay una historia muy curiosa sobre el caballo del rey Felipe III.
Nos sentamos en un café para charlar un poco. Daniel, con su conversación, consigue sacar a la luz curiosidades del casco viejo de Madrid, que solamente un madrileño conoce.

-          ¿Ves la estatua?- dijo señalando al caballo- Durante la II República colocaron una bomba en la boca del animal. Pero, al explotar la bomba, en vez de saltar trozos de metal de la propia estatua, salieron pequeños huesecillos de ave. ¿Sabes por qué? Los gorriones se cobijaban en la boca del caballo para anidar y buscar protección ya que no hay ningún árbol en los alrededores. Sin embargo, la boca del caballo acaba convirtiéndose en una jaula porque, debido a su estrechez, los gorriones no podían salir. Por este motivo, cuando acabó la Guerra Civil Española sellaron la boca definitivamente.



Daniel señaló al viajero la boca del caballo, perfectamente sellada tal como podemos verla actualmente. El caballo de Felipe III desde entonces no ha vuelto a relinchar.

Alargaron el café y la conversación. Después de una intensa pero agradable “lección ilustrativa” el viajero se despide y continúa sus andanzas por la capital.

Madrid es la improvisación y la tenacidad. Madrid es quedarse alegre sin dinero y no saber cómo se pudo comprar lo que se tiene en casa. (Ramón Gómez de la Serna)

Callejeando por el Madrid antiguo, el viajero llega hasta el famoso Rastro de Madrid, un acontecimiento que llena la calle Toledo y sus aledaños  todos los domingos. Entre los miles de puestos que venden desde camisetas hasta antiguas cámaras de fotos, pasando por multitud de objetos tan variados y distintos como muebles de salón o antiguas armas como espolones o arcabuces e incluso antiguos LPs para las ya desaparecidas gramolas, el viajero puede encontrar en su vaivén la estatua de un soldado.

Manolo siempre está los domingos en el rastro. En su puesto, se pueden encontrar desde distintos bustos de líderes revolucionarios como el Che Guevara o Lenin, todo tipo de pulseras, pines, insignias y camisetas reivindicativas en defensa de la sanidad y educación pública, hasta las distintas banderas  como la morada comunera castellana, la estelada catalana, la arbonaida andaluza o la ikurriña vasca.

Tras sentarse a tomar un café, el viajero puede disfrutar de una agradable conversación. Manolo con sus ojos azules claros, su barba cana y su voz calmada y paciente es un gran conversador: no solo por su gran cultura sino por la facilidad a la hora de expresarla, haciéndola atractiva y fácilmente compresible a cualquier visitante.

-          ¿Ves aquella estatua del soldado que vigila y preside la Plaza de Cascorro? No muchos madrileños conocen su historia: es una estatua dedicada a un héroe anónimo de la Guerra de Cuba: Eloy Gonzalo.

“Cuenta la leyenda que armado con su fusil y con una lata de petróleo, y atado con una cuerda se deslizó hacía las tropas de José Martí, prendió a sus posiciones y regresó sano y salvo a su posición, permitiendo a las tropas españolas recuperar terreno frente a las guerrillas cubanas.
A pesar de que su vida siempre estaba al pie del cañón, no murió en batalla o herido por un enemigo. Fue la fiebre quien acabó con la vida de Eloy Gonzalo en el hospital de Matanzas”

No es una estatua oculta al visitante. Como bien señala Manolo, la estatua preside la plaza de Cascorro y marca el comienzo de la calle Ribera de Curtidores, una antigua judería que guarda silencio durante toda la semana para alzar la voz con fuerza los domingos.


Al llegar a la Latina, el viajero gira a la derecha para dirigirse a la plaza de Tirso de Molina, un lugar que los domingos se transforma en un ágora donde los diversos grupos de izquierdas hacen política y propaganda. Nada más entrar la recibe un gran puesto de libros que dirige Santiago, un antiguo militante del FRAP. A su lado, hay un pequeño puesto de solidaridad con los presos del GRAPO y un puesto anarquista que anima la plaza con canciones de música punk que animan el ambiente. Suena entonces una canción de Rosendo Mercado, artista madrileño de la movida Es una mierda este Madrid /que ni las ratas pueden vivir.

Félix  Rodríguez Sanz está todos los domingos puntualmente en Tirso de Molina. Desde su puesto de Izquierda Republicana, alberga la ilusión de la llegada de una tercera república española que pueda ver con sus propios ojos y con sus lentes.

Lope de Vega ya dedicó unos versos a la capital: Madrid; que no hay ninguna villa, / en cuanto el sol dora y el mar baña / más agradable, hermosa y oportuna

La plaza tiene interés por sí misma. Como reconoce el propio Félix:
-          Tirso de Molina es una zona muy transitada porque se encuentra en pleno centro histórico de Madrid, a escasos minutos de la Puerta del Sol y de la plaza Mayor, así como del Rastro, donde se pueden encontrar todo tipo de gangas en plena calle- explica Félix-Además, la plaza de Tirso de Molina, se convierte en otro Rastro en miniatura cuando se llena de puestos que venden todo tipo de material relacionado con la simbología de un amplio abanico de partidos de izquierda o sociales, como los animalistas, donde se pueden encontrar libros, banderas, pins, chapas y todo tipo de souvenirs de signo republicano, comunista o anarquista.

El viajero termina ya sus andanzas por Madrid, tarareando la ya vieja pero actual canción de Sabina sobre la villa Allá donde se cruzan los caminos, donde el mar no se puede concebir, donde regresa siempre el fugitivo, pongamos que hablo de Madrid.

EL MADRID CULTURAL OCULTO: LAS NUEVAS GENERACIONES DE POETAS


Para las nuevas generaciones de poetas recitar en Madrid es un lujo que resulta complicado definir con palabras. Un lujo que se convierte en un privilegio al recitar en el barrio de Malasaña, barrio mítico de putas, camellos, droga y mucha poesía, la meca de cualquier bohemio al poder rendir un homenaje a Enrique Urquijo, en la calle Espíritu Santo donde apareció sin vida el fundador de los Secretos. Allí el viajero puede encontrarse con unos versos garabateados en la pared: Quiero morir como murió Urquijo/que me encuentren tirado en Malasaña,/que en lugar de portar un crucifijo/ la muerte me atraviese su guadaña/Y así hablen de mi como de aquel hijo/cuya turbia historia a su arte no empaña.

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