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jueves, 12 de diciembre de 2013

LA SUBLEVACIÓN DE JACA


La pequeña ciudad de Jaca, burguesa, comercial y turística iba a saltar a la actualidad nacional en 1930 gracias a un hecho que a la postre cambiaría la historia de España.

El 12 de diciembre, los capitanes Fermín Galán y Ángel García Hernández encabezaron una sublevación cívico militar, coordinada con la que había de producirse en todo el país, que se adelantó por una fatalidad y desembocó en un estrepitoso fracaso; el fusilamiento de los dos capitanes y el encarcelamiento de todos los protagonistas, incluidos los que cinco meses después iban a formar el Consejo de Ministros de la II República, y verdaderos artífices del movimiento republicano.

El episodio aceleró la proclamación del nuevo régimen y convirtió a los dos capitanes en mártires reconocibles en todo el país. A los ojos de los españoles, Jaca adquirió un halo romántico de cuna de la República que quedó grabada en su memoria colectiva. La republica naciente mimó a la ciudad pionera, y tras el 18 de julio del 36, la dictadura se afanó en hacer todo lo contrario.

Mucho ha cambiado la ciudad desde entonces, pero algunos escenarios siguen evocando los hechos que desembocaron en la creación del mito. Les invitamos a recorrer las calles de la Jaca sublevada y los principales escenarios del episodio.

La sublevación de Jaca fue la respuesta al profundo malestar existente entre amplios sectores del pueblo después de seis años de Dictadura , y el intento de impedir la restauración del caduco sistema canovista, ya no representativo, dado que muchos de sus prohombres habían declarado su fe en la causa republicana (Maura, Casares, Ortega, etc.).

No fue un episodio histórico aislado, nostálgico de los pronunciamientos militares decimonónicos; por el contrario, la evolución política y el incremento de las organizaciones de masas (sindicatos y partidos de clase) experimentado en Occidente a raíz de la revolución rusa fueron determinantes que confluyeron en los sucesos iniciados en Jaca el 12-XII-1930.

El movimiento revolucionario comenzó embrionariamente a ponerse en funcionamiento poco después del Pacto de San Sebastián (agosto de 1930), cuando los políticos republicanos, amalgamados en torno a un mismo objetivo (el destronamiento de Alfonso XIII y la proclamación de la II República ), crearon a comienzos del otoño el Comité Revolucionario Nacional (CRN) y el futuro Gobierno Provisional de la República. Los socialistas quedaron incluidos en ambas instituciones tras breves negociaciones. Los trabajadores organizados en U.G.T. irían a la huelga general, secundando a los militares allí donde se sublevasen. Con la C.N.T.  los contactos organizativos fueron paralelos. Militares encartados (el mismo Galán) y civiles del C.R.N. trataron de que los sectores del anarcosindicalismo  apoyasen los próximos acontecimientos.

Pospuesta repetidas veces la fecha del pronunciamiento republicano, Galán comunicó al C.R.N. que ésta quedaba fijada para el día doce de diciembre. La respuesta que recibió de Madrid fue positiva. A media mañana se proclamaba la República en Jaca desde los balcones del Ayuntamiento. Pío Díaz se puso al frente de la alcaldía republicana, como símbolo de que el nuevo poder tendría un carácter estrictamente civil. Al mismo tiempo se organizaban dos columnas, dirigidas por Galán y Sediles, que por carretera y tren respectivamente partirían hacia Huesca. La lentitud de las requisas (dirigidas por Antonio Beltrán) retrasaron la salida de Jaca hasta las tres de la tarde.

A la altura de Anzánigo, sobre las cinco de la tarde, salió al encuentro de la columna de Galán el general Manuel de las Heras, acompañado de algunos números de la Guardia Civil; pretendía, sorprendentemente, disuadir con métodos violentos a una columna de 500 hombres; tras un breve tiroteo, la columna siguió su lenta marcha. En Ayerbe , tras tomar teléfonos y telégrafos y neutralizar a la Guardia Civil, los sublevados proclamaron la República, leyéndose un bando de características similares al de Galán en Jaca. Los republicanos históricos permanecieron al margen de los acontecimientos. En cambio, personajes como Nicolás Ferrer (médico), Alagón (zapatero) y los industriales Ruiz y Fontana participaron activamente, entre otros.

Al amanecer, la columna unificada se detuvo bruscamente a la altura de las Coronas de Cillas, al encontrarse la carretera cortada. Fuerzas gubernamentales procedentes de Zaragoza y Huesca les hacían frente. Se impuso entre los sublevados el criterio de Galán: parlamentar con los oficiales artilleros e invitarles a que se sumaran, como se había convenido. Vanos fueron los intentos de García Hernández  y Salinas. Después de un breve tiroteo, se produjo la desbandada entre los sublevados.

Galán se entregaba en Biscarrués a las ocho de la tarde del sábado trece. Ese mismo día, y desde primeras horas de la mañana (con un día de retraso), se iba declarando la huelga en Zaragoza y las Cinco Villas. El lunes quince se extendía a toda España, excepto en Madrid. La sublevación fue sofocada; no así sus efectos, plasmados en las elecciones del 12-IV-1931.

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