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domingo, 10 de noviembre de 2013

LAS BRIGADAS INTERNACIONALES


Decía el Che Guevara que la solidaridad era la ternura de los pueblos. Esa ternura y ese altruismo fue el que animó a los 67000 voluntarios de las brigadas Internacionales a luchar contra el fascismo y defender la democracia durante la guerra Civil española.

Las Brigadas Internacionales no fueron, al contrario de lo que se suele creer, ni los primeros ni los únicos voluntarios extranjeros que partieron a luchar a España en favor de la República. Ya antes de su formación (en octubre de 1936) había en la Península un número, aunque no muy alto, de soldados extranjeros, que desde prácticamente el día de la sublevación de los nacionales estaban participando en la contienda. Algunos de ellos ya residían en España antes del golpe del 18 de julio y procedían mayoritariamente de países con gobiernos fascistas, de donde se habían visto obligados a exiliarse por su militancia progresista, socialista, comunista o anarquista. Por esta razón, los dos principales países de origen de estos primeros voluntarios extranjeros fueron Alemania e Italia.

También, hubo otro grupo de extranjeros que a partir del 18 de julio fue llegando a España por sus propios medios y se incorporó al bando republicano por simple simpatía política hacia el Frente Popular.

Muchos de los soldados que conformaban estas unidades voluntarias espontáneas se integraron luego en las Brigadas Internacionales, pero otros muchos, por diversas circunstancias, permanecieron al margen de ellas y combatieron en otras unidades del Ejército Popular de la República. Numerosos extranjeros no se integraron en las brigadas debido, principalmente, a discrepancias políticas debido a que las Brigadas empezaron organizadas y promovidas por el Partido Comunista Francés (de donde salieron los primeros oficiales brigadistas), lo cual causaba que extranjeros de filiación socialistas, anarquistas, o marxistas ajenos al comunismo, prefirieran enrolarse en otras unidades.

El 28 de octubre de 1938 Barcelona da el adiós del pueblo español a las Brigadas Internacionales, las cuales --según lo dice la Pasionaria en su discurso de despedida-- salen de nuestro suelo por «razones de estado» --alusión nada amable, sino más bien irónica (y hasta cargada de una connotación fuerte que tal vez no le fuera desconocida, a saber: el significado de razones maquiavélicas, de la alta política opaca y a menudo inconfesable).

No les fue fácil regresar a sus países, o a otros. El reaccionario gobierno francés les prohibió a muchos el cruce de la frontera (a los refugiados antifascistas alemanes, italianos, polacos, húngaros, austríacos, a menos que justificaran un domicilio en Francia).
Tres meses después las fuerzas sublevadas asaltan Barcelona. La guerra se prolongaría hasta el 31 de marzo de 1939.

¿DE DÓNDE VENÍAN LOS BRIGADISTAS?

Hubo brigadistas de más de cincuenta países del mundo y de distintas clases sociales (desde intelectuales, obreros, militares retirados, sindicalistas, escritores).
Personajes como Orwell, Hemingway, Willy Brandt, el pintor mexicano David Alfaro, Joseph Briov (tito) o Enver Hoxha entre otros vinieron desde las distintas partes del mundo con el único fin de frenar al fascismo internacional y defender la democracia no sólo en España, sino en el resto de Europa.

El origen social de los brigadistas era diverso, si bien predominaban los trabajadores manuales; también hubo militares en activo o retirados, veteranos de la primera guerra mundial, campesinos, estudiantes y profesionales. Había numerosos sindicalistas, mineros de Europa Central o del Reino Unido, estibadores y cargadores de los principales puertos europeos, médicos y enfermeras. En general, constituyeron una fuerza voluntaria fuertemente comprometida con sus ideales, diferentes en cada caso, pero que en España se concretaron en el objetivo de frenar el ascenso del fascismo. Vinieron a España a luchar en una guerra que no era suya, pero que ellos pensaron que sí.

La mayoría de los voluntarios procedían de organizaciones políticas o sociales de izquierda si bien prevalecieron los de afiliación comunista. Esto dependía también del país de origen; mientras que en el caso de los alemanes cerca del 80 % eran comunistas, en el contingente francés la proporción era menor: entre el 49 y el 58%, según Skoutelsky. Este mismo autor duda del porcentaje oficial que se da para el colectivo polaco, 54%, y cree que es superior. Peter Carroll afirma que el 73% de los voluntarios norteamericanos era comunista. Probablemente el dato es válido para el final del servicio, pero no para el comienzo, ya que muchos voluntarios que llegaban sin una militancia política definida acabaron adscribiéndose al partido comunista.

SIEMPRE ESTARÁN EN EL RECUERDO

A pesar de que la historia la escriben los vencedores, el ejemplo de los brigadistas nunca caerá en el olvido. y así se puso de manifiesto en el homenaje celebrado en Madrid frente al monolito que los recuerda y que nunca los ha olvidado.

El internacionalismo proletario tiene dos elementos importantes: la solidaridad con los procesos revolucionarios de todos los pueblos del mundo, que se expresa a través de la prestación de ayuda a éstos para que alcancen éxito; y el aprendizaje de lo que ellos tengan de positivo para alcanzar los comunes objetivos de la causa revolucionaria de los trabajadores.

En este marco, la tesis que está detrás del internacionalismo proletario es que la “solidaridad de clase” rebasa los linderos estatales y que los miembros de una clase social —burguesía, capas medias, proletariado—, a pesar de habitar territorios diferentes y hablar lenguas distintas, tienden a aproximarse entre sí en función de los intereses económicos y sociales que representan y a promover conjuntamente su defensa.

La lucha contra el fascismo en España terminó con una derrota temporal, pero abrió el camino a la victoria en 1945.  Las palabras de la Pasionaria en 1938, "¡Volved!, cuando el olivo de la paz florezca...", resonaron en los oídos de estos voluntarios cuando en noviembre de 1996 volvieron a España a recibir el encendido y merecido homenaje del pueblo español. Habían transcurrido 60 años, pero su gesta quedó finalmente reconocida:


GRACIAS POR VENIR, COMPAÑEROS.



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