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lunes, 17 de junio de 2013

CÓMO ERA RUSIA ANTES DE LA REVOLUCIÓN SOVIÉTICA Y LA URSS




El imperio ruso tiene su origen en el principado (rus) de Kiev en el año 988 tras la fusión de la cultura bizantina y eslava. Tras varias guerras civiles y disputas internas fueron subyugados bajo el mandato del creciente imperio mongol de Genghis Khan en el siglo XIII. La dominación mongola destruyó y saqueó las ciudades de los principales principados, pero permitió el crecimiento y la prosperación de nuevas ciudades como Nóvgorod que establecerían las bases para la Rusia moderna.

Tras la caída del imperio mongol, Rusia fue gobernada por los reyes de Moscovia, que a partir del siglo XIV adquirieron nuevos territorios y desde el siglo XV, gracias a Iván el Terrible, sus gobernantes serían conocidos como zares.

La dinastía que gobernaba la Rusia previa a la revolución era la dinastía Romanov, dinastía que gobernaría Rusia desde 1613 hasta la muerte de Nicolás II a principios del siglo XX.

Rusia empezó a sufrir una gran expansión durante los siglos XVII-XIX hacía el este de Eurasia y el oeste de Europa donde combatió a la Francia napoleónica y creando una serie de alianzas tras la caída de Napoleón en 1815 como la Cuádruple Alianza (junto a Inglaterra, el Imperio Austro-húngaro y Prusia) o la Santa Alianza (junto a Austria-Hungría y Prusia) que servirían para reprimir cualquier intento de revolución liberal en Europa ( La intervención en España de los cien Mil Hijos de San Luis para derrocar el régimen liberal de Rafael de riego es un claro ejemplo).


Sin embargo, el imperio ruso empezaba a dar muestras de debilidad: militares liberales ya habían intentado dar un golpe de estado y el auge del movimiento obrero suponía una amenaza para la seguridad del imperio. La aparición de la I Internacional en 1864 y las ideas revolucionarias de Marx, que abogaba por la implantación de un modelo socialista dirigido por una dictadura del proletariado que previamente habría tomado el poder mediante una revolución sangrienta o la aparición de ideólogos anarquistas rusos, como Mijail Bakunin o Piort Kropotkin, que propugnaba la desaparición del  Estado, la Religión y la Propiedad, como resumía Bakunin en esta frase "Y mientras más bello se nos prometía el reino de los cielos, más espantosa se tornaba la realidad sobre la tierra “suponían una amenaza para el imperio ruso, que se encargó de reprimir estas ideas con dureza.

Todas estas ideas revolucionarias habían calado en las bases de campesinos esclavos en las que sustentaban los cimientos del imperio ruso. Con el fin de evitar una oleada revolucionaria, el zar Alejandro II en 1861 abolió la servidumbre. Sin embargo, las condiciones de los nuevos siervos liberados siguieron siendo extremas provocando propiedad campesinas colectivas, creando kulaks (campesinos propietarios) y mujiks (campesinos sin tierra).

El auge de las ideas revolucionarias vino acompañado de una situación económica desastrosa. Poco a poco, la industrialización iba abriéndose paso entre la sociedad rural, aunque sus resultados económicos distaban mucho de otras potencias como Estados Unidos o el II Reich Alemán de Guillermo I y Von Bismarck. Los mayores ingresos del imperio dependían de la agricultura, un sector deficiente debido a la sobrexplotación de las tierras y la falta de infraestructuras de transporte que facilitara el comercio interior en el imperio ruso.
Los posteriores reinados de Alejandro III y su hijo Nicolás II  acabaron con la tibia política reformista de Alejandro II al apostar por la vuelta a la autocracia.  Era la época del principio de la industrialización en el imperio ruso que se limitó a zonas muy exclusivas como Petrogrado en el Norte, Moscú en el centro del imperio y Volgogrado en el sur. La industrialización de estas zonas son claves para comprender el desarrollo de la Revolución Rusa, al aumentar el número de obreros industriales y la difusión de ideas revolucionarias con mayor rapidez.

Durante el reinado del último zar, Nicolás II, se empezaron a desarrollar grupos opositores al régimen autárquico de los zares. El movimiento liberal dio lugar a la creación del KDT (Demócratas Constitucionales) y el movimiento marxista se cristalizó con la creación del Partido Socialdemócrata, apoyado por estudiantes, intelectuales y grupos urbanos. Dentro de lo socialdemócratas convivían dos facciones: Una llamada menchevique (o minoritaria) y la bolchevique (o mayoritaria). Por otro lado existían grupos anarquistas que recurrieron a técnicas terroristas con el fin de desestabilizar el imperio, provocando atentados, secuestros y una gran represión por parte de las tropas imperiales, especialmente, los cosacos.
La llegada de Nicolás II dejó al descubierto las carencias del gran imperio ruso. La derrota contra Japón, una potencia industrial en crecimiento y con afán expansionista, en la llamada guerra ruso-japonesa (1904-1905) provocó una oleada de pesimismo que caló en la población rusa.  Miles de manifestantes se concentraron en el palacio de Invierno de San Petersburgo. La reacción de Nicolás II utilizando las tropas cosacas para reprimir a los manifestantes provocó una oleada de solidaridad de los trabajadores de las demás partes del imperio ruso que convocaron una huelga donde los trabajadores y los campesinos empezaron a crear sus propias asociaciones y órganos de poder independientes: Los sóviets (o agrupaciones) que se convertirían en una pieza clave para la futura revolución. Tras la represión zarista al pueblo ruso, Nicolás II se vio obligado a crear un parlamento (La Duma) cuya finalidad sería regular las decisiones del zar, pero que acabó convirtiéndose en un órgano meramente consultivo.



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