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domingo, 25 de junio de 2017

LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN NOS DICEN EN QUÉ PENSAR


Bernard Cohen venía a decir que los medios no tienen mucho éxito a la hora de decirle a la gente que pensar, pero en cambio tenían una gran capacidad de decir a la audiencia sobre que pensar (primer nivel de la agenda). El segundo nivel, por su parte, es aquel en el que los medios no solo influyen estableciendo su agenda, sino que además afectan al modo en que la gente piensa sobre estos temas.

Los medios son contextualizadores de la realidad, y al presentárnosla seleccionan y dan énfasis a atributos concretos de los temas u objetos de los que tratan, confirmando lo que se denomina como agenda de atributos.

Esta agenda de atributos es el conjunto de calificativos que acompañan a un objetos. De estos calificativos algunos tienen más posibilidades que otros de ser percibidos y recordados por la audiencia al margen de su repetición o posición dominante. Determinadas características de un objeto pueden alcanzar una resonancia tan grande que se conviertan en argumentos especialmente convincentes para la relevancia del objeto.

Por eso determinadas maneras de escribir un objeto son más convincentes que otras a la hora de que ese objeto o tema tenga relevancia para el público. Del éxito de cómo se presente ese objeto por medio de los atributos, puede llegar incluso a que sea un atributo el que le de el impacto y relevancia necesaria para llevar el tema a la agenda del público.

Creación de opinión en temas nuevos según Klapper

Klapper dice que es más fácil influir en la opinión de la gente en los temas que desconoce. Cuando encontramos un tema nuevo que produce incertidumbre social, nos volcamos en los medios, y por lo tanto la influencia es más directa.

De un modo muy general, el problema de la efi­cacia comunicativa puede formularse señalando que los signos-estímulo transmitidos provocan unas mu­taciones psíquicas en el destinatario, que se manifiestan en forma de signos-respuesta. Este fenómeno constituye una de las preocupaciones centrales de los pedagogos, de los moralistas, de los políticos que buscan los votos o la adhesión de las masas, de los profesionales de la publicidad y en general de todos aquellos cuyas profesiones están en mayor o menor  grado basadas en la formación o mutación de los estados de opinión pública y de las conductas consiguientes a tales estados de opinión. Tan importante es este fenómeno en la vida social contemporánea, que en una conferencia de profesionales norteamericanos de publicidad, uno de los ponentes, con énfasis pragmático, pudo declarar que el objetivo principal de la comunicación es el de formar o cam­biar las opiniones de otras personas.


martes, 6 de junio de 2017

VELÁZQUEZ

Nacido en Sevilla, en 1599, ingresó a los 11 años en el taller de Pacheco, con cuya hija contraería matrimonio años más tarde y del que aprendió el arte de la pintura.


Durante su etapa sevillana mantiene un estilo tenebrista y un gusto especial por los temas realistas, de escenas de la vida cotidiana, como El aguador de Sevilla, interpretado como una alegoría de las tres edades del hombre, o La vieja friendo huevos. En ambas obras muestra un gran dominio de la luz, con un primer plano iluminado y el fondo en penumbra y una composición muy cuidada.


Con el apoyo de su suegro, el aval de las obras sevillanas y credenciales de los nobles locales consiguió trasladarse a la Corte y ser nombrado en 1623 pintor de cámara del rey, gozando del favor del Conde Duque de Olivares. En esa época pinta fundamentalmente retratos y temas mitológicos (Los borrachos o el Triunfo de Baco), influenciado en estos últimos por la estancia de Rubens en Madrid en 1628, quien además le aconseja que viaje a Italia. Con ayuda del rey realiza este viaje y como consecuencia de él cambiará sus preferencias cromáticas, abandonando el tenebrismo, al tiempo que se interesa por el desnudo y la perspectiva aérea. Obras de este periodo son La túnica de José y La fragua de Vulcano. En esta última obra, de tema mitológico, los personajes se representan de forma totalmente humana y con una cierta ironía.



A su regreso de Italia se afianza como el retratista de la Corte: retratos ecuestres del Príncipe Baltasar Carlos, del Conde-Duque de Olivares y una larga serie dedicada al rey Felipe IV, a quien retrata desde la juventud a la vejez, con una mirada profundamente melancólica. En estos retratos omite todo recurso escenográfico, salvo los fondos de la sierra que resaltan la importancia de las figuras, y acentúa los símbolos (la caza es uno de ellos) y la hondura psicológica de la expresión, lo que le acerca a Rembrandt, a quien no conoció. Al mismo tiempo realiza retratos de tipos curiosos, como la serie de bufones: el niño de Vallecas, a los que trata con dignidad, humanizando a personajes generalmente despreciados en la época.

La obra cumbre de este periodo es La rendición de Breda, en el que destaca su composición y la creación de profundidad mediante la técnica de la perspectiva aérea, con fondos brumosos de un tono azulado, la superposición de elementos, como las lanzas de los soldados españoles, y los escorzos de algunas figuras, como el caballo del primer plano. Al mismo tiempo, integra al espectador en la escena al representar figuras que continúan fuera del cuadro y situar a un personaje que mira directamente al observador.


En 1649 realiza un segundo viaje a Italia, con el encargo de comprar obras de arte pura para las galerías reales españolas, ya que Felipe IV era el mayor coleccionista de la época. Durante su estancia en aquel país pintó los retratos del Papa Inocencio X, y el de su propio criado Juan de Pareja.

También en Italia pinta dos pequeños paisajes: Los jardines de la villa Médicis, en los que capta la vibración lumínica mediante pequeños toques de color y las formas no son dibujadas sino que las crea la retina del espectador al mezclar las diferentes manchas de color. Su técnica se anticipa en estas obras en más de doscientos años al Impresionismo del siglo XIX.

En 1651 vuelve a la Corte, donde pintará sus obras más importantes: La Venus del espejo, Las Meninas y Las Hilanderas. Estas pinturas constituyen la plenitud del arte barroco. En ellas consigue plasmar la profundidad mediante la alternancia de zonas de diferente intensidad luminosa, creando incluso la sensación óptica que la luz circula por dentro de la tela (polvillo que flota en las habitaciones)

Velázquez

domingo, 28 de mayo de 2017

LA COMUNA DE PARÍS DE 1871

La Comuna de París fue un gran movimiento revolucionario en que los trabajadores de París lucharon, en una situación difícil y ardua, por romper la explotación y la opresión que sufrían, y reemplazaron al Estado capitalista por sus propios órganos, para reorganizar la sociedad con bases completamente nuevas, manteniéndose en el poder durante más de dos meses antes de ser derrotados.

Por aquellos años más de 200.000 parisinos formaban la Guardia Nacional, milicia de ciudadanos dedicada a mantener el orden público, pero desde septiembre de 1870 se rearmó, pasando de tener 60 batallones a 254 y además a poseer cañones y ametralladoras fabricados en París y abonados por suscripción pública.

Antecedentes

La catástrofe de los ejércitos de Luis Bonaparte en Sedán, en septiembre de 1870, había significado el derrumbe del Segundo Imperio francés y la simultánea proclamación de la República. El proletariado así como los sectores más avanzados del pueblo manifestaban una abierta desconfianza hacia la nueva Asamblea Nacional –dominada por monárquicos y republicanos moderados– y hacia el Gabinete que presidía Adolphe Thiers, a cuyos integrantes consideraban no solo dispuestos a aceptar las más humillantes y onerosas condiciones de paz impuestas por Alemania, sino también a traicionar la recién fundada Tercera República en pro de una nueva monarquía borbónica.


Ante la cercanía del Ejército prusiano. El 28 de febrero de 1871 el comité de la Guardia Nacional ordenó pegar por todas las calles parisinas el "Cartel Negro", en señal de luto, recomendando a los ciudadanos que no saliesen de sus hogares y evitasen todo altercado y manifestación. La misma Guardia Nacional, ayudada por civiles, puso a salvo su armamento, ocultándolo. Al día siguiente el ejército prusiano desfiló por una ciudad desierta, abandonándola al día siguiente y sin incidente alguno.

Primeros pasos

Las inquietudes de la población se confirmaron cuando la nueva Asamblea aprobó las medidas aprobadas por Thiers: el 10 de marzo se suprime la moratoria de letras, alquileres y deudas que deben ser abonadas inmediatamente, lo que causa la quiebra de 300.000 obreros, pequeños talleres y tiendas; y suprime el salario de las guardias nacionales, dejando sin recursos a miles de familias. El recién nombrado jefe de Ejército en París, prohíbe la salida de seis periódicos republicanos y ordena condenar a muerte a G. Flourens y A. Blanqui por sus participación en la revuelta de octubre de 1870.

Cuando París estaba dormida, en la madrugada de 18 de marzo de 1871, Thiers ordenó a sus tropas ocupar los puntos estratégicos, recuperar el armamento de la Guardia Nacional y arrestar a los revolucionarios más conocidos. Enseguida las mujeres se despertaron, dieron la voz de alarma y se enfrentaron a los soldados, que pronto se vieron superados en número. Los enfrentamientos sangrientos dieron un giro radical cuando el general Lecomte ordenó disparar a las masas desarmadas y sus soldados le desobedecen y le arrestan. A la tarde Thiers ordena abandonar la capital a sus tropas, su policía y sus funcionarios; en una retirada caótica y apresurada dejando olvidados varios regimientos (unos 20.000 soldados), los oficiales fueron apresados, mientras uno 1.500 hombres sin orden alguna se sentaron a esperar el periodo de la Comuna.


El Gobierno había abandonado la ciudad. En un movimiento que al principio fue heterogéneo y un tanto confuso, el poder pasó a manos del pueblo, a manos del proletariado.

La Comuna adoptó algunas medidas que caracterizaron su sentido revolucionario y sus objetivos verdaderos:

  • Sustituyó el ejército regular, instrumento ciego en manos de las clases dominantes, y armó a todo el pueblo.
  • Proclamó la separación de la Iglesia del Estado.
  • Suprimió la subvención del culto, dejando de pagar al clero por parte del Estado.
  • Dio un carácter estrictamente laico a la instrucción pública, asestando un duro golpe a los gendarmes de la sotana; además de ser la educación gratuita y obligatoria.
  • Se creó una Formación Profesional en donde los obreros daban gratis la prácticas a los alumnos.
  • Se crearon guarderías para cuidar a los hijos de los trabajadores.
  • Se controló por parte de la municipalidad los alquileres, fijándose un tope máximo de precio.
  • Se prohibió el trabajo nocturno en las panaderías
  • Se abolió el sistema de multas.
  • Se promulgó un decreto por el que las fábricas y todos los talleres abandonados o paralizados por sus dueños serían entregados a las cooperativas obreras, con el fin de reanudar la producción.
  • Se dispuso que la remuneración de todos los funcionarios no fuera superior al salario normal de un obrero.
Una de las principales características de la Comuna fue la LIBERTAD, de la que se podían beneficiar todos, incluso los partidarios del gobierno de Versalles, proclamándose la libertad de prensa, de reunión y asociación.

Todas las medidas tomadas por la Comuna suponía una amenaza para el viejo mundo, basado en la opresión y la explotación. Por primera vez el proletariado derrocaba al poder establecido y establecía sus propios órganos de gobierno y reemplazaba al estado monárquico- burgués capitalista, que veía como la Comuna les hacia perder todos sus privilegios económicos y sociales. Lo que explica también la fuerte represión que se ejercería sobre los "communards" y que gran parte del mundo viera a la Comuna como una revuelta de "vagos" proletarios.

Final

Ante el temor de Bismark a que el fenómeno de la Comuna se contagiara al resto de Europa, devolvió a Thiers todas las tropas que mantenían aún retenidas, para que pudiera eliminar a los comuneros. Así cuando el gobierno de Thiers reorganizó sus fuerzas y pudo dominar a la mal organizada revolución, los generales bonapartistas se dispusieron a realizar una verdadera matanza en París jamás vista antes.
Así el 21 de mayo de 1871, el ejército del gobierno de Versalles se lanzó a la conquista, calle por calle, de París. La lucha fue desigual ante el poderío militar del ejército regular. Durando la sangrienta batalla una semana, hasta el 28 de mayo, cuando cae la última barricada. Como era de esperar la represión ulterior fue brutal.

Cerca de 30.000 parisienses fueron asesinados por una soldadesca llena de odio, unos 45.000 fueron detenidos y posteriormente muchos de ellos fusilados, miles y miles fueron desterrados o enviados a las colonias a trabajos forzados, en donde muchos de ellos murieron por enfermedades. Esta represión consiguió eliminar el movimiento obrero francés, llegando Thiers a proclamar, disfrutando de su victoria, que: "El socialismo ha sido eliminado por un largo tiempo".

Una represión tan grande que hizo que este acontecimiento tan importante de la Historia fuera olvidado intencionadamente, pasando a ser como una anécdota de la Guerra Franco-Prusiana que derrocó a Luis Napoleón III, que trajo la III República a Francia y la unión de Alemania.


El tiempo de cerezas

Le temps des cerises es una antigua canción de amor que se convirtió en un himno de la Comuna de París (1871). El tiempo de las cerezas en una buena alegoría del eterno renacer de la vida y, por ende, de las ideas, de la esperanza. Los tiempos revolucionarios podrán ser intensos y breves, y aunque aparentemente sean vencidos, siempre volverá a darse otra nueva oportunidad.

Es una canción romántica sobre el triste recuerdo de un amor perdido: la primavera, los pajaritos, las cerezas y las locuras amorosas. Llevaba un par de años sonando cuando la cruel venganza gubernamental y los fusilamientos en masa convirtieron el rojo de las cerezas en las gotas de sangre de los comuneros.

Las cerezas evocan cosas diferentes: recuerdan, por su color, la sangre y la bandera roja, ligadas a la Comuna, lo que hace que la canción permanezca asociada a la idea de libertad, solidaridad y resistencia a la opresión. Y por otra parte, las cerezas evocan la dulzura y el verano, en un medio festivo.

La canción, amada por el pueblo francés, dice que la época de las cerezas dura muy poco, pero que siempre habrá un tiempo de cerezas, ese tiempo fugaz que todos añoramos vivir algún día.

Las revoluciones pueden ser traicionadas, aplastadas, pero siempre habrá quien luche por la libertad, por el bienestar de los demás, por la alegría de todos.

La Internacional

En 1871, un obrero francés que participó en la Revolución de 1848 y fue miembro del consejo de uno de los municipios y las barricadas de la Comuna de París, Eugène Pottier, escribió la letra de la que sería "La Internacional", el himno de los trabajadores de todo el mundo. Pottier había organizado a los diseñadores de telas (éste era su oficio, además de escritor) incorporando su gremio a la AIT (Primera Internacional) desde 1864. Luego de la derrota de la Comuna se exilió en Inglaterra y EEUU, pero volvió a Francia en 1880. En 1886 compuso una canción en honor a la Comuna.

Las estrofas de aquel poema se convirtieron en la letra de "La Internacional", la cual fue usada como el himno de la Primera Internacional en sus últimos años de actividad (1871-1876) y fue luego adoptada por las Internacionales que le siguieron y por el movimiento socialista en general.

Murió en 1887, sin escuchar cantar "La Internacional". A su entierro acudió una manifestación obrera encabezada por la bandera roja. En 1908 se le levantó un monumento en el cementerio Père-Lachaise de París, donde fueron fusilados muchos comuneros.

“La Lira de los Trabajadores” le encargó la musicalización de la poesía de Pottier a P. Degeyter en 1888. Durante algunos años sólo fue conocida por los obreros franceses. En 1892 fue aprobada por la II Internacional como el himno oficial de los trabajadores. Luego la letra fue modificada según el país y la corriente política que la cantara (anarquistas, socialistas, comunistas).

Eugène Pottier

Gustave Coubert

Gustave Coubert fue un pintor revolucionario, activo participante de La Comuna de París, en la que fue designado "ministro" de cultura. Luchó en las barricadas para instaurar una sociedad fraternal y un gobierno obrero. Fue condenado a prisión por los reaccionarios tras la derrota de la Comuna como principal responsable de la decisión del derribo de la columna Vendome, símbolo de la tiranía y del imperialismo napoleónico.

Desde su nacimiento en 1819, en el seno de una familia de propietarios rurales en el antiguo Franco Condado y la incidencia que en su formación como persona y artista, tuvieron las revoluciones de 1830 y 1848. Experiencias intensas que flanquearon la trayectoria que en el arte le llevó a liderar el movimiento realista y en política, a desempeñar una actividad comprometida y relevante en 1871 durante la insurrección revolucionaria de la Comuna.

Tras la caída del Segundo Imperio, Courbet es elegido Presidente de la Federación de artistas. Mientras que París sufre el sitio de los ejércitos prusianos y que muchos huyen de la capital, Courbet permanece en la ciudad. Él, que ya había seguido con interés los acontecimientos de 1848, guarda sin duda en la mente el recuerdo de su abuelo, revolucionario "sans-culotte" en 1789.

En febrero de 1871, su compromiso se confirma: se presenta a las elecciones legislativas, sin éxito. En abril de 1871, la comisión ejecutiva de la Comuna de París le encarga reabrir los museos parisinos y organizar el Salón.

Electo del Consejo de la Comuna, Gustave Courbet, sin embargo, no es guardia nacional y no participa pues en los combates. Detenido por los versalleses el 7 de junio, en septiembre el pintor fue condenado a seis meses de cárcel y a una multa de 500 francos, a los que se añadieron 6 850 francos de gastos procesales. La sentencia es más bien clemente, comparada con las penas de muerte y de deportación que afectan a otros partidarios de la Comuna... pero tan solo es el comienzo de sus problemas judiciales.

Gustave Courbet
Jules Vallès

Jules Vallès nace en Le Puy-en-Velay (Alto Loira), el 5 de junio de 1832, en Francia reina Luis Felipe. En 1840 marcha a vivir a Saint Etienne; su padre que es maestro ha sido trasladado al Colegio Real de esta ciudad, aquel mismo año en París Thiers forma gobierno. En 1848 se instala en París para estudiar y es testigo de la revolución de mayo y de la proclamación de la República. Luis Napoleón es elegido presidente por sufragio universal. Carlos Marx y Federico Engels redactan en Londres el Manifiesto Comunista.

Su primer libro, El dinero, publicado anónimamente en 1857, es un virulento ataque contra el financiero Jules Mirès. Sus artículos, publicados con el seudónimo de Max en Le Figaro y otros periódicos, le proporcionaron notoriedad.

En 1869 se presentará a las elecciones legislativas como socialista revolucionario, pero no será elegido. En el año siguiente toma parte en los disturbios políticos y revolucionarios de la Comuna, con 30 insurrectos ocupa durante unas horas la alcaldía de la Villette y forma parte del comité revolucionario de los 20 “arrondissements· de París.

Encarcelado nuevamente en 1870, fundó el periódico Le Cri du Peuple, desde el que apoyó activamente la Comuna, de cuyo Comité Central era miembro. Tras la semana sangrienta huyó a Gran Bretaña, fue condenado a muerte en rebeldía y no volvió a su país hasta 1883.

En 1885 se agrava su diabetes. Redacta su testamento y se lo entrega a su fiel amigo Héctor Mâllot. El 25 de enero, a la temprana edad de 52 años, muere en París. Su entierro provoca una verdadera manifestación popular. Un año antes de su muerte en su periódico Le Cri du Peuple, escribe un trabajo que alcanzará gran resonancia: L’Aficche rouge (El cartel rojo), en este texto nostálgico, Vallès nos recordará un cartel que en forma de proclama fue pegado en los muros de París, el 6 de enero de 1871, y que pasó a la historia con este nombre. El manifiesto fue redactado por cuatro militantes representantes de diversas tendencias agrupadas en la coordinadora de los veinte distritos de París, entre los cuales se encontraba Jules Vallès.

Además de sus artículos, reunidos en Los refractarios (1866) y La calle (1867), lo más importante de su obra es el ciclo inconcluso de novelas autobiográficas (Jacques Vingtras, 1879; El niño, 1881; El bachiller, 1881 y El insurrecto, 1886), así como las obras póstumas: Recuerdos de un estudiante pobre (1930), El cuadro de París (1932) y Un hidalgo (1932).
Jules Vallès 
Louise Michel

De ideas anticlericales, anarquistas, republicanas e internacionalistas, la poeta y escritora Louise Michel estuvo siempre comprometida con la reivindicación de los derechos de las mujeres y con la revolución social. 

Fue una pedagoga innovadora, practicaba una enseñanza basada en los ideales republicanos y ese estilo libre no siempre gustó a las familias: impartía clases fuera de las aulas, prohibía los castigos físicos, escribía pequeñas obras teatrales para que los alumnos las interpretaran, daba clases de ciencias naturales.

Fue en París donde empezó a asistir a reuniones republicanas y a debates sociales y políticos, donde se relacionó con revolucionarios, aunque ella no se sentía vinculada a  un color político determinado.

Su nombre está vinculado a la Comuna de París de 1871, en la que mantuvo un papel destacado: conduce ambulancias, impulsa la creación de comedores infantiles, organiza guarderías y recluta mujeres para formar un batallón femenino. formó parte del Comité de Mujeres y participó cuando las mujeres impidieron que los soldados de Versalles bse llevaran los cañones de la Guardia Nacional, que habían sido pagados por el pueblo para defender París de la invasión prusiana, un episodio que acabó con el amotinamiento de los soldados contra sus oficiales. Louise Michel presidió el Comité de Vigilancia femenino y participó en el de hombres, ambos destinados a proporcionar techo y comida a los necesitados.

Su madre es secuestrada y Louise Michel se entrega para lograr su liberación. En consejo de guerra la condenan al destierro en Nueva Caledonia, un archipiélago de Oceanía bajo dominación francesa.

En julio de 1880 fue amnistiada junto con otros revolucionarios; regresó a Francia con la idea inicial de volver a crear una escuela para los canacos. El 9 de noviembre entró en París después de casi diez años de ausencia. Se dedicó entonces a pronunciar conferencias en clubes revolucionarios por todo el país, en aliento del espíritu de la Comuna, con importante asistencia de público, y estudió las teorías económicas anarquistas de Piotr Kropotkin.

Su legado social es incuestionable. En sus últimos años vivió entre Londres y París, impartió conferencias y continúo publicando: poemas, artículos, obras de teatro, memorias… Como curiosidad, en la Guerra Civil Española, dos batallones de brigadistas  llevaban su nombre, en reconocimiento a su lucha y a toda una vida dedicada a la justicia social. Una feminista que luchó por la igualdad de género, social y política. 
Louis Michel

MARX Y LA COMUNA DE PARÍS

Cuando estalla la contienda, Marx redacta el primer llamamiento de la Internacional a los obreros de ambos países. Caracterizando el conflicto como dinástico, es decir, la guerra sólo beneficia a los intereses egoístas de las clases dominantes de Francia y Alemania, predijo la caída de Bonaparte y saludó la actitud internacionalista demostrada por los trabajadores de los dos bandos. En un segundo manifiesto después de la rendición del ejército francés en Sedan y de la restauración de la república en Francia, señaló que los alemanes habían convertido la rapiña en su objetivo, y a la vez advirtió a los obreros franceses que no se sublevaran sin haberse preparado. Pero al recibir la noticia del estallido de la revolución obrera del 18 de marzo de 1871 en París, exhortó a la Internacional para que todos los trabajadores la apoyaran. Saludó emocionado a la gesta del "asalto al cielo", como llamó a la Comuna de París.

“Maravilloso en verdad fue el cambio operado por la Comuna de París. De aquel París prostituido del Segundo Imperio no quedaba ni rastro. París ya no era el lugar de cita de terratenientes ingleses, absentistas irlandeses , ex esclavistas y rastacueros norteamericanos, ex propietarios rusos de siervos y boyardos de Valaquia. Ya no había cadáveres en el depósito, ni 101 asaltos nocturnos, ni apenas hurtos; por primera vez desde los días de febrero de 1848, se podía transitar seguro por las calles de París, y eso que no había policía de ninguna clase.”

“Y, sin embargo, era ésta la primera revolución en que la clase obrera fue abiertamente reconocida como la única clase capaz de iniciativa social incluso por la gran masa de la clase media parisina —tenderos, artesanos, comerciantes—, con la sola excepción de los capitalistas ricos.”

“El París de los obreros, con su Comuna, será eternamente ensalzado como heraldo glorioso de una nueva sociedad. Sus mártires tienen su santuario en el gran corazón de la clase obrera. Y a sus exterminadores la historia los ha clavado ya en una picota eterna, de la que no lograrán redimirlos todas las preces de su clerigalla.”
La guerra civil en Francia” de Marx


Para Marx y Engels, que siempre admiraron la valentía de los comuneros, no se habían dado todavía las condiciones históricas y económicas para desarrollar la revolución socialista. Y también criticaron la debilidad organizativa, por causa de la diversidad ideológica existente en la Comuna, lo que hizo que en los momentos decisivos no se tomaran las decisiones más rápida y correctamente.

En otoño de 1870, Marx ya había prevenido a los obreros de París, de que la tentativa de derribar al gobierno sería un disparate dictado por la desesperación; pero cuando el 18 de marzo de 1871 se impuso a los obreros el combate decisivo y aceptaron, y la insurrección fue un hecho, Marx saludó la revolución proletaria con grandísimo entusiasmo, a pesar de sus malos augurios.

Y no se contentó con entusiasmarse con el heroísmo de los comuneros, que, que según sus palabras, "tomaban el cielo por asalto". Marx veía en aquel movimiento revolucionario de mases una experiencia histórica grandiosa, un cierto paso adelante de la revolución proletaria mundial y un paso práctico más importante que cientos de programas y raciocinios. Analizar esta experiencia, sacar de ella las enseñanzas tácticas, revisar a la luz de ella su teoría: he aquí como concebía su misión Marx.

Francia, cuna de revoluciones
de ciudades que luchan contra reyes y tiranos
de gorros frigios y escarapelas tricolores
de batallones marchando al son de la marsellesa

Vuelven a surgir las barricadas y ciudadanos forman batallones 
en ciudades y pueblos ¡A las armas, ciudadanos!
Marchad con la esperanza por bandera frente al dolor y los horrores
de aquellos que os oprimen, hijos de la revolución francesa

Parisinos, herederos de Robespierre y los sans-cullottes jacobinos
de la Asamblea Nacional, de la Marianne y su llama de revolución 
que nos guía hacía un futuro mejor y marca nuestro camino,
camino glorioso para nuestra clase: su emancipación

París en pie, Paris, ciudad que vale más de mil misas, París levantada
París que resiste al ejército opresor, París que alza la roja bandera de la revolución
tomando el cielo por asalto, dejando una estela brillante en la noche estrellada
mientras florecen los cerezos, recuerdos guardados en el corazón
 
¡Ciudadanos! ¡Era el sombrío pasado que se hundía, que rugía cuando la torre tomamos!
Nos sentimos ebrios de terribles esperanzas... ahogadas en plomo, barro y sangre
ahora ya olvidadas, ahora ya sepultadas, ahora tan distantes
tiempos pasados ya olvidados, de esperanza borrada, de ciudadanos, camaradas y hermanos


lunes, 22 de mayo de 2017

LA FUGA DE SAN CRISTÓBAL

El 22 de mayo de 1938 es el aniversario de la fuga del Fuerte de San Cristóbal. En la historia mundial de las evasiones es una de las más destacadas, tanto por el número de fugados como por sus consecuencias.

En 1938 había 2487 personas detenidas, en su mayoría dirigentes políticos y sindicales y militantes revolucionarios y republicanos. Estos sufrían de maltratos y vejaciones como palizas, hambre extrema y piojos, habiendo constancia de la muerte por esas condiciones de 305 presos, contabilizadas del 1 de enero de 1937 al 6 de julio de 1945, fecha del cierre como penal, como se ha relatado con anterioridad.

Fuerte de San Cristóbal

La Fuga

La fuga fue preparada por unos treinta presos que utilizaron la lengua esperanto para poder comunicarse sin ser entendidos por los demás. La operación se inició a la hora de la cena, momento en que había más dispersión de los guardianes. En distintos grupos fueron desarmando a varios de ellos y tras coger su armamento, se dirigieron a donde estaba cenando la compañía de soldados de guardia. Un soldado que opuso resistencia y murió como consecuencia de un golpe con una barra. Posteriormente se rindieron los soldados de las garitas. En una media hora el fuerte fue tomado por los reclusos, que luego salieron de las instalaciones de la prisión.

Un total de 795 presos se fugaron aprovechando la oscuridad de la noche, corrieron desorientados y trataron de esconderse en el monte antes del amanecer para recorrer a pie la distancia de unos 60 kilómetros hasta la frontera francesa.

Desgraciadamente, hubo dos hechos que truncaron su huida: el primero fue que un soldado en su día libre que regresaba de Iruñea se percató de lo que ocurría y dio la voz de alarma, y en segundo lugar también alertó de la fuga un preso falangista llamado Ángel Alcázar de Velasco, encerrado por su apoyo en abril de 1937 en Salamanca a la facción hedillista de la Falange derrotada en su unificación con los carlistas. De esta manera, rápidamente refuerzos militares, pero sobre todo falangistas y guardias civiles de la capital navarra acuden a reprimir la fuga de presos, que podría haber sido mayor de no ser porque muchos desistieron fugarse al ver rápidamente las luces de los vehículos militares que estaban a punto de llegar a las inmediaciones de la prisión. Según el preso Ernesto Carratalá, que en año 2007 cuando se le entrevistó tenía 89 años, afirmaba que cada uno tiró por su lado; y algunos, que incluso pensaron que se había terminado la guerra, fueron directos a la estación de tren de Pamplona y trataron inocentemente de comprar un billete con los vales de la prisión.


La persecución

Las fuerzas represoras iniciaron inmediatamente una persecución y una macabra caza de huidos, que vagaban en desbandada por el monte, muchos de ellos descalzos, desnutridos y con escasos fusiles para defenderse. Entre esa misma madrugada y los tres días siguientes fueron detenidos un total de 585 fugados, abatiendo en el mismo monte a 206 reclusos que no tenían capacidad alguna de resistir. Solamente tres reclusos alcanzaron su objetivo de cruzar la frontera francesa y sentir que ponían fin a su persecución. El último de los fugados vivió escondido en los montes navarros hasta el 14 de agosto de ese mismo año, no logrando encontrar ninguna partida guerrillera o apoyo que le ayudase a lograr su objetivo.

De los 795 fugados, fueron detenidos 585, pasando sólo tres de ellos la frontera francesa. Se identificaron 187 cadáveres, a los que hay que añadir 20 muertos más sin identificar. Esto da, según la contabilidad del fuerte, cuatro más, que pudieran ser huidos de la represión en la retaguardia encontrados tras las pesquisas desarrolladas para capturar a los fugados del fuerte. Aunque la mayor parte pereció en Ezcabarte, que es la cara norte del monte, en Oláibar y en Baztán, la mayoría está registrada en Ansoáin en la falda sur del monte. 

Una inmensa mayoría de los asesinados fueron abatidos en las cercanías del municipio de Ezcabarte, también en la parte norte del monte, en las localidades de Oláibar y en Baztán, y otros tantos en Ansoáin, en la falda sur del monte. Por lo tanto, el Fuerte de San Cristóbal, así como todo el área a su alrededor es un espacio de la memoria histórica antifascista que debemos conocer y proteger. De aquellos huidos que capturaron los militares, un total de diecisiete fueron sometidos a un juicio bajo la acusación de haber liderado la fuga. Un preso fue internado en un manicomio de Iruñea, descrito en el juicio militar como ‘psicópata inadaptado a la sociedad civil’, y catorce fueron condenados a muerte, siendo fusilados el 8 de septiembre de 1938 en los muros de la ciudadela pamplonesa:  Gerardo Aguado Gómez, Teodoro Aguado Gómez, Bautista Álvarez Blanco, Calixto Carbonero Nieto, Antonio Casas Mateo, Daniel Elorza Ormaetxea, Antonio Escudero Alconero, Ricardo Fernández Cabal, Francisco Herrero Casado, Francisco Hervas Salome, Primitivo Miguel Frechilla, Miguel Nieto Gallego, Rafael Pérez García y Baltasar Rabanillo Rodríguez.


La historia del Fuerte

Esta edificación fue construida sobre una antigua ermita rural y un obsoleto castillo navarro en el siglo XIX, concretamente se inició en 1878 nada más acabar la última Guerra Carlista (1872-1876), y como línea de defensa militar preventiva a lo largo de los Pirineos frente a otros posibles alzamientos carlistas. Sin embargo, la edificación del fuerte se prolongó hasta 1919, y para su construcción se dinamitó parte del monte con la finalidad de construir la fortaleza militar en tres niveles distintos excavados en el interior de la montaña. Largos fosos, imponentes murallas, garitas, celdas y galerías subterráneas ocupan varias miles de hectáreas, convertidas actualmente en ruinas que ocultan a su alrededor una inmensa tumba de presos asesinados en aquél lugar

El Fuerte de Alfonso XII o de San Cristóbal se construyó para defender Pamplona, pero la aparición de la aviación de guerra hizo que esta instalación quedara obsoleta. Tras el movimiento revolucionario de 1934, el Estado habilitó el Fuerte de San Cristóbal como espacio de encarcelamiento hasta la amnistía de 1936. Con el golpe militar de julio de 1936 el Fuerte se volvió a utilizar como penal. La violencia desatada por los sublevados provocó miles de asesinatos, detenciones, depuraciones, incautaciones de bienes y otras vulneraciones de derechos humanos. Cientos de navarros fueron encarcelados en él como detenidos gubernativos, sin haber sido sometidos a procedimiento judicial. El Fuerte se llenó con miles de prisioneros de toda España, especialmente castellanos y gallegos, sobre todo tras la caída de los territorios del frente Norte en manos de los sublevados.

Fuerte de San Cristóbal

Desde sus comienzos tuvo una incesante denuncia por la falta de higiene y salubridad, tratando de que fuese cerrada, sobre todo a raíz de la muerte de un militante de CNT en septiembre de 1935. Esto provocó un motín en el fuerte protagonizado por los cerca de 750 presos entonces, y protestas en la ciudad de Iruñea que finalizaron con una huelga. El gobierno republicano comenzó a trasladar en el mes de noviembre a varias decenas de presos a otras cárceles, y fue vaciada completamente en febrero de 1936 tras la amnistía general decretada a presos políticos tras la victoria del Frente Popular. Sin embargo, ese mismo verano fue nuevamente utilizada como penal tras mantener bajo su control el territorio de Nafarroa las fuerzas militares sublevadas el 18 de julio de 1936. En pocos meses estaban recluidos unos dos mil presos en esta fortaleza, se desconoce el número indeterminado de presos que al comienzo del conflicto bélico fueron fusilados en sus muros o en el camino de descenso a la ciudad de un tiro en la espalda tras haberles dejado en libertad. Además, un total de 305 presidiarios murieron en el periodo de funcionamiento del fuerte como prisión hasta 1945 por desnutrición y enfermedades.

Redes de solidaridad

La represión desatada tras el golpe de 1936 nos ha dejado historias de sufrimiento y dolor de las personas represaliadas y sus familias. Pero en torno a aquellos trágicos acontecimientos hay también hermosas historias de solidaridad y compromiso. Mujeres de diferentes ideologías se organizaron en ayuda de los presos a lavarles las ropas, llevarles paquetes con comida y, sobre todo, para transmitirles afecto y cercanía. Mujeres a las que no conocían, que no eran familiares ni amigas hasta entonces, y que decidieron arriesgar su seguridad para que los prisioneros pudieran mantener la esperanza. Historias desconocidas, de mujeres valientes y solidarias.

El cementerio de las botellas

En la ladera del monte Ezkaba (Navarra), a la sombra del penal franquista de San Cristóbal, los presos asesinados o que morían por enfermedades derivadas de su cautiverio eran enterrados con una botella entre las piernas. Dentro, un simple papel recogía su nombre y las causas de su condena y muerte. A ese pedazo de tierra se le conoce como "El cementerio de las botellas".

Muchos presos de San Cristóbal no sobrevivieron a su encarcelamiento. Un número importante de presos gubernativos, tras ser “puestos en libertad”, eran asesinados por grupos paramilitares, previamente informados, que les esperaban a la salida. Otro grupo significativo de presos murió tras intentar fugarse. El primer intento importante ocurrió en octubre de 1936, tras el que fueron ejecutados 25 presos. Pero la gran fuga del penal de Ezkaba ocurrió el 22 de mayo de 1938, tras la que las autoridades pusieron en marcha una verdadera cacería que finalizó con el asesinato de 220 personas.

Además, cientos de presos murieron a consecuencia de las insalubres condiciones de vida en el penal, por la falta de atención médica y por la escasa alimentación; entre ellos, 46 de los fugados capturados tras el 22 de mayo de 1938. En un primer momento los presos que fallecían eran enterrados en los cementerios de las localidades cercanas. Cuando estos lugares llegaron al límite de su capacidad, las autoridades militares decidieron crear un cementerio en las proximidades del Fuerte: el Cementerio de las Botellas.

El capellán de la prisión de San Cristóbal en Pamplona, José María Pascual, enterró a cada uno de los 131 presos republicanos junto con sus datos personales encerrados en una botella.

Las botellas de Ceregumil o Digestonico protegen el mensaje con lo necesario para identificar al muerto. Nombre, profesión, fecha y causa de muerte y origen. A diferencia de otros represaliados, estos presos fueron enterrados en un féretro de pino, boca arriba e incluso se les añadió una medalla de la Virgen de las Angustias.


cementerio de las botellas en Navarra

La represión en Navarra

El golpe militar de julio de 1936 triunfó rápidamente en Navarra, uno de los lugares clave en que se organizó bajo la dirección del general Mola. Aunque en Navarra no hubo frente de guerra, los sublevados desataron una enorme ola de violencia que aterrorizó a quienes fueron señalados como enemigos: republicanos, socialistas, comunistas, anarquistas y nacionalistas vascos, causando más de 3.000 muertes y desapariciones forzadas. A las miles de personas asesinadas y represaliadas, y a sus familias, se les negó consciente y planificadamente el derecho a un enterramiento digno. Se las enterró en fosas clandestinas, simas y cunetas, sin ningún elemento que las recordara. El largo silencio y el miedo que impuso la dictadura han hecho que la memoria de algunas ubicaciones se haya perdido y sea realmente difícil poderlas localizar.

En Navarra los golpistas implantaron una dinámica implacable, asentada sobre la disyuntiva amigo/enemigo, propia de ejércitos de ocupación. Recuerda Peter Anderson –¿Amigo o enemigo? Ocupación, colaboración y violencia selectiva en la guerra civil española, Granada, Comares, 2017–, que dividir la población ocupada entre amigos o enemigos fue el principal proceso de los golpistas para controlar y dominar a la sociedad, facilitando "el castigo o la recompensa de forma meticulosamente calculada", siendo "necesario contar con información pormenorizada del pasado de gran parte de la población" que "solo pudo ser recabada gracias a la crucial colaboración de miembros de la sociedad". La distinción entre amigo o enemigo se hizo gracias a "una ingente cantidad de información biográfica que sólo pueden proporcionar los vecinos de los sujetos investigados".

Los golpistas diseñaron una "política de la muerte" cuya finalidad era beneficiarse de la circunstancia de la pérdida de vidas en el frente, rentabilizando emociones y sentimientos a que daba lugar. El viaje hasta el pueblo del fallecido, el velatorio con banderas, la presencia de requetés y falangistas en cuerpo de guardia, el transporte a hombros del ataúd a la iglesia por milicianos conformando procesiones con profusión de banderas y símbolos, la homilía laudatoria, los discursos de las autoridades, la foto y la necrológica en la prensa, el agradecimiento a los familiares situados en primera fila, la ceremonia del entierro, todo se utilizaba para reforzar la lealtad del grupo en esos rituales. Completándose con llamamientos para la movilización de voluntarios y para la coacción y el castigo a los desafectos.

La Guerra no habría tenido lugar si la Iglesia se hubiese plantado desde el primer momento. Lo tenía que haber hecho el Cardenal Gomá desde un principio y luego sus subalternos, pero se pusieron de lado de los golpistas contra un gobierno democrático.

Los dirigentes carlistas y falangistas, junto con el poder eclesiástico, crearon el clima social necesario gracias a un discurso permanente que hablaba de muertos por la patria, los nuestros; de funerales colectivos en cuanto había un muerto por el Movimiento Glorioso Nacional; de entrega de medallas a los mutilados que regresaban del frente y elevados a la categoría de héroes; de erección de monolitos, de monumentos, de cruces, de cambio de nombres de calles, de manifestaciones continuas por los motivos más nimios, de actos religiosos, misas y rosarios, de desagravios, de entronizaciones, de procesiones, de colectas y de recolección de cualquier cosa, de adhesiones a los líderes…

No hubo día en que no se celebrara una efeméride religiosa donde no apareciera este discurso, en el que los propios republicanos eran considerados rebeldes al Movimiento Glorioso por no adherirse a su causa y por tanto dignos de ser fusilados.

La única ocupación de los golpistas fue asesinar a quienes ya tenían previamente in mente. No hubo ninguna improvisación. Ya se sabía de antemano a quiénes se iba a asesinar. Tenían, además, todo el tiempo del mundo, pues no había frente de guerra. Se lo tomaron con calma y alevosía

Más que una guerra tradicional, hubo una guerra de exterminio, que, para colmo, se aprovechó de que no hubiese frente. Por eso, más que presentar estas circunstancias bélicas como atenuante de los crímenes perpetrados, habría que tenerlas como circunstancias agravantes. Porque se exterminó al otro en una situación desigual. No se asesinó en defensa propia como sucede en una guerra con dos frentes, sino que se mató por la espalda y a traición, con premeditación, nocturnidad y alevosía. Algo que suelen hacer los criminales y los asesinos. Así asesinaron a 3500 navarros.

Hoy se sabe que se saldó con más de 3.000 muertos. Al término de la guerra, el régimen franquista impuso el silencio sobre estos hechos que adquirieron en la opinión pública la consideración de tabú, mientras los escasos estudios realizados tendieron a minimizar su dimensión. Tras la instauración de la democracia, diversas investigaciones han conseguido reconstruir con detalle el fenómeno represivo gracias al impulso de las asociaciones de familiares de las víctimas. Este proceso culminó con la publicación de la extensa obra Navarra 1936. De la Esperanza al Terror que se fue ampliando a lo largo de los años hasta llegar a su última edición en 2008. Fruto del conocimiento de estos estudios se realizaron diversos homenajes, cuya manifestación más importante tuvo lugar en 2003 con una Declaración oficial del Parlamento de Navarra en favor del reconocimiento y reparación moral de todos los navarros fusilados.

Más de 3.400 víctimas mortales, de las cuales más de 3.000 fueron fusiladas o hechas desaparecer. Nosotros también contabilizamos otro tipo de muertes, aunque no sean por fusilamiento. Hubo prisión para los que sobrevivieron, campos de concentración, batallones disciplinarios, exilio, expulsiones de familias y, sobre todo, hambruna. Tanto en las cárceles de Tudela, Pamplona, Fuerte de san Cristóbal estuvieron presos una centena de socialistas, y en las Comendadoras en Madrid, Nicolás Jiménez, maestro, que en 1939 era Director General de Educación de Madrid, con el gobierno de Azaña.

En el campo de concentración de Mauthasen estuvo preso el maestro Carlos Alonso y en GURS Luis Martínez Joaquit (CNT); Cristóbal Adrián Murugarren (UGT); Casimiro Pérez Nanclares (Izquierda Republicana) y Santiago Velasco Marcilla (UGT).

Hubo multas, requisas, confiscaciones de bienes, casas, comercios, tiendas, estancos, bares, ganado, cosechas, joyas, enseres domésticos, haciéndolos pasar después como donativos voluntarios para la Cruzada. No sorprenderá, por tanto, ver en esas listas como voluntarios donantes a familias de republicanos asesinados. Pretendían librarse de una muerte o prisión segura.

Hubo cortes de pelo a mujeres, haciéndolas desfilar públicamente entre insultos, obligándoles ir a misa con la calva descubierta. Hubo bautizos de niños no bautizados durante la República, casados obligados a contraer matrimonio canónico, obligación de ir a misa y comulgar. Huérfanos hundidos en la miseria y obligados a rezar y cantar el Cara al Sol como condición para recibir el rancho en Auxilio Social. En cuanto, al cuadro representado por viudas y ancianos fue atroz.




Pasa el tiempo y el fuerte sigue ahí resistiendo los golpes y embistes
mientras los viandantes desconocen lo que sucedió e ignoran
la triste historia que guarda la fortaleza que mira al horizonte
ignorada por viajeros y paisanos, historias pasadas nunca olvidadas

Historias sangrientas con un final triste 
donde ya no hay lamentos y lágrimas que lloran
a aquellos que huyendo de su suerte escaparon hacia el monte
buscando la libertad y la dignidad que les fueron arrebatadas

Historias escondidas en el fondo de una botella
que cuentan lo que allí pasó, evitando que caigan en el olvido
historias pasadas, historias violentas que dejan su huella
en la memoria de aquellos que perdieron, del bando vencido

Historias bañadas en sangre que da nueva vida a la tierra
que los acoge recordándonos lo que pasó en la guerra 
semillas que florecen cada 22 de mayo con nuestros recuerdos y nuestra memoria
recordando lo allí acontecido, evitando que se olvide su historia





lunes, 8 de mayo de 2017

SANTIAGO CASARES QUIROGA

Nacido en 1884, desde muy joven se inclinará por el ideal republicano, teniendo en cuenta que su padre, Santiago Casares Paz, militaba en las filas del Partido Republicano Federal, vinculado al Casino Republicano de La Coruña desde su fundación en 1886, y alcalde republicano de esta ciudad el año 1917, dada la mayoría de concejales republicanos. Ciudad, por otro lado, donde el republicanismo tiene una fuerte presencia desde mediados del s. XIX.

De su padre hereda también su inclinación masónica, iniciándose como aprendiz masón en Madrid el año 1917, en la Logia Hipano-Americana número 379 del Gran Oriente Español, llegando a ocupar más tarde el puesto de Venerable en la Logia Galleacia número 408 de La Coruña, en cuya creación tiene una participación decisiva. Posteriormente decaerá este inicial interés, que sólo recuperará en los años republicanos cuando se intenta utilizar la Masonería, como arma contra el fortalecimiento político de Lerroux. Si bien su participación en la Masonería fue confusa y giró siempre alrededor de la negligencia.
 

 
Casares hubo de acostumbrarse desde muy joven a vivir con la enfermedad, pues ya desde los cinco años se encontraba tuberculoso, ello va a influir en su personalidad de un modo decisivo. De ahí el desdén hacia la muerte que mostró muchas veces a lo largo de su trayectoria humana y política. De ahí también esa fina ironía con que todo lo revestía, y que ha sido criticada por tantos colaboradores y adversarios políticos al calificarlo de persona frívola y un tanto desdeñosa.

"Casaritos", como se le llega a conocer popularmente en La Coruña, había comenzado su formación en esta ciudad, cursando sus estudios universitarios en Madrid, doctorándose en Derecho con una tesis dedicada a la figura del humanista gallego Ramón de la Sagra. De aquellos años en la capital, regresa con una hija que será entregada a la custodia de su padre. También será por aquellos años cuando comience a moverse en los ambientes republicanos de su ciudad natal.

En torno al año 1907, se convierte en uno de los personajes más destacados de la "Solidaridad Gallega", asociación creada para la defensa y modernización del agro gallego, a imitación de la creada en Cataluña por los solidarios catalanes; lo que le llevará políticamente a una ruptura con su padre, viejo republicano federal que no entiende estas alianzas. Pues en "Solidaridad Gallega" convergen una serie de grupos ideológicamente alejados, como republicanos, tradicionalistas, galeguistas, que pronto comienzan a mostrar sus diferencias. Los solidarios gallegos, con el beneplácito del propio Salmerón, recorren Galicia luchando para conquistar el campo gallego, organizando mítines y asambleas agrarias de tanta importancia como la de Monforte de Lemos (Lugo) de 1909.

El prestigio de Casares, logrado en los años que duró la experiencia solidaria, contribuye a su afianzamiento en el seno del republicanismo coruñés. Ligado al Partido Republicano Autónomo de La Coruña, grupo que llega a liderar con 24 años y que habían fundado Martínez Fontenla y el médico Rodríguez, teniendo a Gerardo Abad Conde como Secretario de su Junta Directiva, quien se convertirá en el futuro líder del Partido de Lerroux en la ciudad Herculina, y que el tiempo irá convirtiendo en su rival político.

En 1914, Casares asume la dirección del periódico Tierra Gallega, diario republicano fundado en 1903 que defiende el autonomismo gallego, renegando del viejo federalismo por creerlo caduco. Manteniendo también una línea neutral ante el conflicto de la I Guerra Mundial; lo que va a generar un enfrentamiento con los que están a favor de que el periódico esté con los aliados. No obstante, esta actitud le proporciona ventajas. Un año después participa en la creación de la prestigiosa revista España.
 
A consecuencia de su implicación en una campaña anticlerical en 1917 en la que resulta agredido, Casares será destituido como concejal del Ayuntamiento de La Coruña, cargo que desempeñaba desde 1907. Y en 1919 figura como candidato a Diputado a Cortes por La Coruña en una coalición republicano-socialista, siendo derrotado, lo que le llevará a orientar el republicanismo coruñés a una posición independiente de las directrices centrales que predominaban. A partir de entonces se convierte en la principal figura antimonárquica de su ciudad.

Por aquellos años mantiene un largo noviazgo con Gloria Pérez Corrales, hija de una cigarrera coruñesa, por lo que será muy criticado en algunos círculos sociales, casándose en 1920, con la que llegará a tener una hija, la futura actriz María Casares. Sirva como anécdota que en el año 1918 ya conoce a Manuel Azaña, quien en 1924 llegará a editar en la ciudad herculina, su manifiesto contra la Monarquía. Por aquellos años también defiende como abogado a gentes humildes y a numerosos militantes anarquistas.

La toma del poder por el general Primo de Rivera hace que su actividad política decaiga, y luego de permanecer un corto periodo de tiempo en la cárcel, pasa a dedicarse al mundo de los negocios y a administrar su considerable fortuna. La Dictadura será el detonante que facilitará la convergencia de todas las fuerzas políticas opuestas al nuevo régimen, olvidando las diferencias anteriores. Así, cuando el 11 de febrero de 1926 se crea por parte de un grupo de intelectuales de izquierda la llamada Alianza Republicana, en ella se van a integrar los representantes del Casino Republicano Coruñés, entre ellos Gerardo Abad Conde y Santiago Casares Quiroga.

El fracaso del pronunciamiento llevado a cabo por Sánchez Guerra, a principios de 1929, será el causante de una desintegración progresiva de la Alianza, consumada el 14 de julio de 1929, fruto de la cual nace el Partido Republicano Radical Socialista. En ese momento Casares abandona dicha alianza por considerar perdida toda posibilidad de éxito, principalmente tras la salida de los radical socialistas.

El 5 de septiembre de 1929 Casares se reúne en el Casino de Santiago de Compostela con Emilio González López, Antón Villar Ponte y otros intelectuales gallegos al objeto de crear un nuevo partido político republicano de carácter autonomista, que llevará por nombre ORGA (Organización Republicana Gallega Autónoma), confluyendo en él los republicanos de Casares y las Irmandades da Fala de Antón Villar Ponte, ésta poco predominante. Partido que se implicará junto a otras fuerzas republicanas como el Partido Radical, los federales, los radical-socialistas, etc., el día 26 de marzo de 1930 en la localidad coruñesa de Lestrove (Pacto de Lestrove) en la creación de una Federación Republicana Gallega, conformando así una amplia plataforma de cara a una eventual consulta electoral. En este Pacto se acuerda también la designación de Gerardo Abad Conde, dadas sus cualidades oratorias, para asistir al Mitin de afirmación republicana a celebrar en Madrid en septiembre de ese año, y a Santiago Casares como representante de dicha Federación, para asistir a una próxima reunión republicana a celebrar el 17 de agosto en San Sebastián, con el objetivo de reivindicar un Estatuto de Autonomía para Galicia. Entre otros acuerdos también se le ofrece el liderazgo de esta recién constituida Federación republicana al político liberal Manuel Portela Valladares, quien no lo acepta, aun cuando pone a disposición de ésta el influyente periódico de su propiedad El Pueblo Gallego.

En octubre de 1929 la prensa regional publica el Manifiesto programático de la ORGA, que después de proclamar su liberalismo, fija sus objetivos de transformar Galicia en un emporio de riqueza y de cultura, y finalizaba diciendo su razón de republicanos federales, y de no separar lo unido sino el de estrechar vínculos fraternos con otras nacionalidades, colaborando con todos los correligionarios de España para conseguir una Iberia dentro de los futuros Estados Unidos de Europa.

Líder y fundador de la Organización Republicana Gallega Autónoma (ORGA), participó en el Pacto de San Sebastián (1930), una plataforma integrada por los principales partidos de la oposición a la dictadura de Primo de Rivera para propiciar la caída de la monarquía de Alfonso XIII mediante un movimiento insurreccional que proclamaría la República, en representación de la Federación Republicana Gallega. Esta era una plataforma republicana formada por la ORGA junto con otras fuerzas republicanas gallegas como el Partido Radical, los federales, los radical-socialistas. En diciembre de ese año, fue enviado a Jaca como delegado del Comité Revolucionario Nacional (CRN) en la clandestinidad para evitar que el capitán Fermín Galán Rodríguez -encargado de sublevar la guarnición de la localidad pirenaica dentro del plan general- se anticipase a la fecha acordada por el CRN dando con ello al traste con el plan del Comité. Casares Quiroga llegó de madrugada a Jaca, pero adujo estar cansado para no informar a Galán hasta el día siguiente, con lo que la sublevación tuvo lugar en Jaca al alba, con éxito efímero. A consecuencia de ello, Casares Quiroga fue encarcelado.

Con la proclamación de la República fue nombrado Ministro de Marina en el gobierno provisional y más tarde de Gobernación. Elegido diputado en las Cortes Constituyentes por la ORGA, siguió siendo Ministro de Gobernación durante el bienio socialista-republicano (1931-1933) presidido por Manuel Azaña, del que Casares era amigo personal.

Elegido diputado de nuevo en 1933, en 1934 une su partido (renombrado Partido Republicano Gallego en 1932) con el de Azaña y otras fuerzas para crear Izquierda Republicana, partido que se integraría en el Frente Popular. Casares Quiroga renovó su acta de diputado en las elecciones de febrero de 1936 y fue nombrado Ministro de Obras Públicas. Tras el acceso de Azaña a la presidencia de la República, Casares Quiroga fue nombrado Presidente del Consejo de Ministros y Ministro de la Guerra (mayo de 1936). Como presidente, organizó el referéndum sobre el Estatuto de Autonomía de Galicia (el tercero propuesto durante la República tras los de Cataluña y el País Vasco), el cual fue aprobado el 28 de junio de 1936.

Tras el triunfo del Frente Popular en las elecciones de 1936 fue nombrado ministro de Obras Públicas y, después, jefe de Gobierno y ministro de la Guerra, durante la presidencia de Manuel Azaña. En junio de 1936 protagonizó un crudo debate parlamentario con el monárquico José Calvo Sotelo en el que se declaró "beligerante contra el fascismo" y responsabilizó a Calvo Sotelo "de cualquier cosa que pudiera suceder". Seguía siendo Presidente del Consejo de Ministros al producirse el alzamiento en julio de 1936 se opuso a la distribución de armas al pueblo, y al día siguiente dimitió para dar paso al "ministerio relámpago" de intención conciliatoria formado por Martínez Barrio. Durante la contienda no ocupó ningún cargo político. Al finalizar la guerra se exilió a Francia, donde permaneció el resto de su vida. Murió en el exilio en 1950.

No ocupó ningún cargo público durante la guerra civil, quedando en un segundo plano. Muy desacreditado ante los republicanos, en la zona sublevada la situación no fue mejor. El gobernador civil de La Coruña, el navarro José María Arellano, llegó al extremo de ordenar que se retirara su «odiado nombre» de todos los documentos públicos. Tras la caída de Cataluña marchó a Francia junto con Azaña y Martínez Barrio. En la capital gala sufrió un incidente en el despacho de este último; al presentarse ante el secretario particular de Martínez Barrio, el profesor Juan Rueda Ortiz (hijo del anarquista Juan Rueda Jaime) le replicó: "Pues tome usted en nombre de los republicanos españoles", lanzando un puñetazo acto seguido a la cara de Casares, el cual cayó de inmediato al suelo.

En la primavera de 1940, ante la invasión de Francia por parte de los nazis, huye a Inglaterra ayudado por el doctor Juan Negrín, quien lo encuentra vagando en los muelles de Burdeos y espontáneamente lo invita a ir en un barco preparado por él; incluso lo alojó en su casa en Londres. Esto da una idea de la generosidad del entonces presidente del Gobierno de la República en el exilio, máxime cuando, según el historiador Juan Marichal, Casares era el político más opuesto, si cabe decirlo así de Negrín.

Murió exiliado en París, en febrero de 1950.

Santiago Casares Quiroga