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sábado, 8 de septiembre de 2012

CONFUCIO Y EL CONFUCIONISMO




Confucio fue el iniciador de una corriente de pensamiento que cabe considerar más como una ética social que como una religión: el confucionismo. Esta doctrina dejó una huella profunda y perdurable en el marco cultural e institucional de China y de otros países de Asia oriental.

Vida de Confucio
Su biografía, en cierto modo distorsionada por la leyenda, está expuesta en las Memorias históricas de Su-ma Ch'ien, primera de las historias dinásticas de China. Aunque los datos sobre la vida de Confucio son inseguros, se establece su nacimiento el día 28 de septiembre, fecha que, con el nombre de "Día del Maestro", continúa siendo fiesta oficial en Taiwan. El padre de Confucio murió cuando éste contaba tres años, momento en que pasó a ser instruido por su madre, para más tarde convertirse en un infatigable autodidacta. La familiaridad que llegó a adquirir con las tradiciones clásicas, sobre todo con la poesía y con la historia, propició que Confucio iniciase, a los treinta años, una brillante carrera como maestro. Se le considera el primer pedagogo chino, puesto que defendía una educación al alcance de todos y un ejercicio vocacional del magisterio.
Confucio dedicó toda su vida a aprender y a enseñar con el propósito de transformar y mejorar la sociedad, inaugurando de esta manera un programa humanístico que define el aprendizaje como la construcción del carácter, no sólo como la adquisición de conocimientos. Durante décadas Confucio estuvo involucrado en la vida política con el deseo de poner en práctica sus ideas, algo que más tarde sería llevado a cabo por sus discípulos, quienes lograrían ocupar puestos administrativos de cierta importancia. Se cree que, hacia el final de su vida, Confucio ocupó un alto cargo en el gobierno de Lu pero que, al darse cuenta de la falta de interés de sus superiores respecto de sus ¡deas, dimitió. Abandonó el reino y peregrinó de un estado a otro con la esperanza de convencer a los diferentes soberanos con su teoría sobre las relaciones sociales justas y armoniosas. En este empeño, Confucio, junto a un extenso círculo de discípulos, vivió errante durante trece años. A la edad de 67 años regresó al país de Lu, donde permaneció hasta su muerte enseñando y preservando las tradiciones mediante la escritura y la recopilación de textos antiguos.

A pesar de que el interés de Confucio se centraba más en la reforma social que en los libros, se le atribuye la autoría, sistematización y comentario de varios textos clásicos, entre los que la tradición destaca el Libro de las odas, el Libro de la historia, el Libro de los cambios y el libro Memorias de los ritos. También se le atribuye Los Anales primavera-otoño, y una crónica de los hechos del estado de Lu entre el 722 y el 472 a.C. Sin embargo, al hablar de Confucio resulta difícil distinguir entre el personaje histórico y el personaje legendario, de tal forma que suele tomarse la obra Analectas, como la única fuente de información fidedigna. Esta recopilación de sentencias y máximas, llevada a cabo por la segunda generación de sus discípulos, custodia tanto las transmisiones orales del maestro como las escritas, algo comparables a la encarnación que los diálogos platónicos hacen de la pedagogía socrática. En Analecta puede leerse la sentencia que resume el proyecto de Confucio: "Yo transmito, no creo", pero Confucio no se limitó a transmitir los valores del pasado, sino que los interpretó desde sus propios principios éticos. Los del confucianismo constituyeron durante más de dos mil años la base de la educación china, razón por la que a Confucio se le considera entre los hombres más influyentes de todos los tiempos.

Los principios éticos del confucionismo, los que han de conducir a la perfección son: la piedad filial, ligada al respeto a los antepasados y a la tradición, la fidelidad y la deferencia para con los superiores (zhongh):la equidad que lleva al respeto de los bienes ajenos y de la posición social de cada cual (yi); la forma decorosa de conducta, muy ligada a las ceremonias y al modo de gobernar y de restablecer el orden social (li ); y pasión o simpatía que conduce a socorrer a los semejantes (ren) Esta última, la "regla de oro" del confucianismo, es la expresión de un sentimiento de benevolencia y de confianza similar al que existe en el seno de la familia. Se es humano en tanto que se mantienen con el prójimo, relaciones que son de naturaleza ritual. Pero Confucio sitúa el ren en un nivel tan elevado que no reconoce a casi nadie la capacidad de alcanzarlo. Sólo se puede conseguir gracias al esfuerzo hecho "sobre uno mismo para regresar al espíritu universal", tratando de entender ese sentimiento de benevolencia en la jerarquía de un país después de haberlo hecho en la totalidad de la humanidad. Por lo tanto, el primer deber del ser humano es practicar la rectitud y la benevolencia o humanitarismo, virtudes sociales que no pueden darse sin una participación en la vida pública.
En el confucianismo, la sabiduría deriva del estudio, la reflexión y el esfuerzo. De esta manera se llega al ideal individual de ser humano superior (junzi), sereno y virtuoso, sabio, recto, confiado, que conoce la voluntad del cielo y puede hacer lo que le plazca" sin transgredirla. El individuo ideal no está determinado por el nacimiento o por su posición social, sino por su valor moral. Este ideal de ser humano deben perseguirlo sobre todo los que gobiernan si quieren que el orden se implante en sus reinos. Para el confucianismo la familia es la base de la sociedad, y el Estado es considerado como una gran familia en la que el emperador ejerce de "padre y madre" de sus súbditos. El emperador, como mediador entre el orden natural y el orden social, influye con su ejemplo, en todo.

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