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jueves, 2 de febrero de 2012

EL ACCIDENTE

Se ha parado el mundo. No sé donde estoy. Solamente veo una luz que me ciega la mirada y me hace entrecerrar los ojos.
- parece que ya se despierta.
Es una voz suave, dulce, casi melódica. La reconozco enseguida. Es mi madre. Intento despegar los labios para hablar, pero, en vez de palabras, surge un sonido ronco.
- no hables, cariño- me dice, posando una mano en mi hombro inerte- tranquilo.
Abro, por fin, los ojos. Me ciega una luz brillante después de un largo periodo de oscuridad, que antaño imperaba en mi mente.
- es un milagro que hay sobrevivido al accidente.
Entonces, empiezo a recordar.
Iba en el coche por la calle. Llevaba a mis hijos de vuelta a casa. Los niños empezaron a discutir entre ellos, elevando el tono de la discusión hasta ser irritables.
Me volví para hacerles callar.
El coche que iba delante de mí frenó en seco. No llegué a tiempo para frenarlo. El impacto, según me contaron después, fue brutal. Salé despedida del coche, pesare de llevar puesto el cinturón de seguridad.
Volviendo a la realidad, pensé en mis hijos ¿ estarían bien’ pregunté con una mirada.
Me tranquilizaron:
-Están bien- me dijo mi madre.
Vino el médico:
- tengo malas noticias que transmitirle- tiene parálisis cerebral crónica. No podrá volver a hacer una vida normal.
Lágrimas plateadas empañaron mis ojos, y al ver el aparato que me mantenía con vida, lo señalé con la cabeza.
- creo que quiere algo- dijo mi madre- ¿qué quieres cariño?
Señalé otra vez al aparato. Mi madre comprendió entonces.
- quiere suicidarse

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