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martes, 31 de enero de 2012

La época de Erasmo, Lutero y Calvino

Los grandes humanistas vacilaron ante la Reforma, tal vez porque eran, sobre todo, europeos universalistas. Entre ellos estaba Erasmo, quien estudió en Francia, en Inglaterra y en Italia, fue pensionado por Carlos V en los Países Bajos, en 1521, y finalmente, decidió instalarse en Basilea.
Simbólica trayectoria de un espíritu que busca un centro donde fijarse y que lo halla en el cruce de los caminos europeos, Basilea. Su espíritu conciliador, pero sobre todo su creencia en el libre albedrío del hombre, que es condenado por la teoría de predestinación de los reformadores, le impiden romper con Roma. Sin embargo, para conseguir transformar no solamente las almas, sino el sentido de la época, hubiera sido necesario un temperamento más apasionado y más vivo que el suyo.


Juan Calvino, de Noyon era un eclesiástico tibio a quien las nuevas ideas religiosas inflamaron bruscamente. Siguiendo el ejemplo de Erasmo, él también se refugió en Basilea para publicar allí libremente sus obras, algo que era imposible en otro sitio de Europa. En 1536 publicó La institución cristiana, editada primero en latín y posteriormente en francés. Poco tiempo después es invitado por Ginebra, ciudad que había pertenecido anteriormente a Saboya y que buscaba la manera de defender su independencia contra sus duques y contra los reyes de Francia, que eran católicos. Calvino reformó por completo la ciudad por medio de sus ordenanzas eclesiásticas; creó una Universidad que debía convertirse en el centro de una especie de internacional evangélica, orientada hacia Francia. Hombre de partido, eliminó a sus adversarios, hasta con la hoguera cuando fue necesario; rígido moralista, gobernó las costumbres valiéndose de la prisión para conseguirlo.


Autor de una obra escrita de cuarenta mil páginas, a la que se añade una colosal correspondencia, infatigable, invulnerable, de una lucidez fulgurante en todo momento, dando hasta doscientas ochenta conferencias por año, Calvino se convirtió de hecho en dictador de la ciudad de Ginebra, que pudo ser considerada la Roma protestante.


Materialmente galvanizados, los ginebrinos se lanzaron a todos los caminos de Europa,. Los calvinistas destruyeron las estatuas y las pinturas de las iglesias porque, para ellos, eran manifiestas prueba de idolatría. La agitación provocada por Calvino estaba en sus comienzos. El calvinismo, en realidad, constituía tanto una forma política como una forma mística, muy diversa de la de Lutero, quien defendía el acuerdo con los príncipes, si es que no defendía la sumisión completa a ellos.


Calvino - aunque en Ginebra ahogara materialmente la democracia - proclamó el derecho de oposición de los individuos. La idea ya había sido estimada por algunos pensadores de la Edad Media y ella llevó al espíritu de los ciudadanos el concepto moderno de la democracia.

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