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martes, 31 de enero de 2012

CONTRA LA AGRESIÓN, CASTRACIÓN

Las lágrimas perlaban su pálido rostro mientras intentaba sostener su maltratada cabeza con sus manos magulladas y llenas de cortes, moratones y arañazos.

La oscuridad sobre ella se cernió, sin poder siquiera respirar. Era como una droga que le aturdía, y, al mismo tiempo, la llena de algo en su vacío ser.

Empezó a respirar violentamente. Notaba una sensación de falta de aire que la aturdía y la mareaba.
Intentó ponerse en pie, pero los golpes que había recibido a consecuencia del párroco del pueblo, la obligaron a estar quieta.

Recordaba que la familia del alcalde del pueblo la había invitado a comer. Pero esa reunión era una trampa.
Una vez allí, conoció a su hijo, un joven de complexión fuerte, de estatura mediana y pelo oscuro. Tras la comida y cuando el alcalde y su esposa habían abandonado su casa, el hijo del alcalde cerró el pestillo, quedándose solos los dos.

Ella intentó deshacerse de él, pero el joven tenía más fuerza y la golpeaba, provocándole magulladuras.
Le hizo el amor encima de la mesa de la cocina. Los jadeos del joven se entremezclaban con los gritos de desesperación de la mujer, resonando por toda la casa mientras los objetos caían al suelo con un ruido sordo.

El joven la obligó a practicar sexo oral. La mujer vomitó al recordar el repugnante sabor a semen que le recorría la boca.

Una voz empezó a gritar en su interior:
MATA A ESE CABRÓN

Esa voz retumbó en el interior de todo sus ser y sembró en su mente una idea.

Se reincorporó y cogió una cruz.

Era una gran cruz de madero de pino, con un Cristo crucificado, el cual mostraba en su rostro, el horror y el dolor que había sufrido.

La voz seguía gritando en su cuerpo, pero resonaba diez mil veces más fuerte en su cabeza.

Se dirigió al piso superior de la casa, donde estaban los aposentos del joven. Esperaba encontrarlo dentro.

Y lo encontró.

Dentro de aquella habitación, estaba ÉL, el violador, aquel que le había destrozado todo su cuerpo y alma, distraído, completamente ajeno a lo que iba a sucederle.

La joven cogió un busto de bronce que se encontraba en una estantería y, con él, golpeó violentamente al joven en la cabeza. Todo su cuerpo se precipitó al vacío, mientras la mujer no dejaba de golpearle una y otra vez.

Una voz empezó a sonar en su cabeza, gritando:

MATA A ESE CERDO.SE LO MERECE NO TENGAS PIEDAD.

Después de haberle golpeado durante un rato, la mujer bajó a la cocina y cogió un cuchillo largo para terminar su acción.

Dio fe del principio más importante que había aprendido de su madre.

CONTRA LA AGRESIÓN, CASTRACIÓN.

Con los testículos del agresor en su mano, le clavó el cuchillo en la garganta y le dejó morir desangrado como un animal. Después, le introdujo sus genitales en la boca.

Una vez satisfecha ya su venganza, la mujer huyó de la casa, perdiéndose en el horizonte.

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