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POEMAS, CUENTOS Y ESCRITOS REVOLUCIONARIOS DE DANIEL FERNÁNDEZ ABELLA is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License. Para utilizar primero y siempre sin ánimo de lucro ha de consultar al autor. Daniel Fernández Abella todos los derechos reservados.

martes, 23 de diciembre de 2025

CALLE VACÍA

Las ciudades y los pueblos se desarrollan alrededor de los edificios y monumentos erguidos por los hombres. La vida fluye en torno a estos, convirtiéndose en los órganos principales de este ente inerte surcado por arterias y venas, calles y avenidas que recorren cada parte de ese cuerpo inerte e inmóvil que es la ciudad. Miles de historias y personas recorren cada día  sus caminos, miles de historias anónimas que ha visto pasar inmutable. Los edificios se erigen a su alrededor, casa antiguas y modernas que marcan el sendero y los pasos de los habitante y turista que recorren su camino.  En julio, bajo el largo sol del atardecer, las casas cuelgan en un silencio de colmena tras su huida. Los chicos caminan erguidos y ligeros por la calle. Las mariposas revolotean entre las chicas. A la sombra de las cortinas azulamarillas, los ancianos observan. Se sientan, observando el tránsito a su alrededor: dócilmente, en su castillo de huesos, se consuela de seguir formando parte de ella. Pero su alma... está aparte.

Paseo por las calles vacías y desiertas. Las calles sin gente son las arterias que nos conducen a lo verdaderamente importante. El pálpito transcurre escondido en otros tantos lugares donde se combate por la vida, que permanece enchufada a respiradores. Centros neurálgicos donde hoy reside la esperanza. Escenarios en los que se valora lo importante y donde no tiene hueco lo mediocre. En los que personas íntegras, envueltas en trajes, despiden, dando la mano con sus guantes de nitrilo a los que nos van dejando. Es la solidaridad que se materializa en el cuerpo a cuerpo, minuto a minuto, caricia a caricia. 

Camino por las largas avenidas de piedra de la calle principal mientras mis pasos se pierden en el vacío, el silencio roto por mi caminar. Estoy solo. Un alma solitaria en en la inmensidad de la calle, envuelta en la oscuridad. Pero noto miles de ojos que me observan en silencio. ¿Qué miran?¿Quiénes son? ¿Es una suposición infundada que esté mirando pero no quiera que lo vean? Podría estar mirando hacia abajo esperando a que los paseantes se vayan. Podría tener la intención de escapar y echar a correr. O tal vez nada de esto sea cierto. Podría ser solo mi desconfianza. La oscuridad esconde horrores. Las leyendas nos cuentan que los monstruos se esconden en su manto, al acecho, que los espíritus se ocultan en su abrigo, esperando que los incautos se aventuren en su reino.

Acelero el paso. Las sombras lentamente me envuelven su abrazo. La oscuridad penetra en mi cuerpo y una sensación de ahogo comienza. Me falta el aire. Me ahogo. Las sombras me rodean y me arrastran al abismo. Intento zafarme de su abrazo sin éxito. Una de ellas se aproxima. Noto su presencia cerca de mi rostro. ¡No dejaré que me lleves! ¡No podrás conmigo! desesperado saco el revólver. El disparo atraviesa la oscuridad como una daga brillante. Un ruido seco rompe el silencio imperante. De nuevo silencio. El arma quemaba en mis manos. Un golpe seco se oyó mientras el cuerpo se desplomaba inerte en el suelo. no hubo miedo, no hubo gritos, no hubo alaridos, solo sorpresa en un rostro silencioso que no acaba de entender qué había pasado. El cuerpo se desplomó en el suelo, mientras yo me quedé inmóvil con el arma aún humeante en la mano. Paralizado, sin saber qué hacer, quedé en shock. Empecé a correr lo más rápido que pude, ocultándome en las sombras mientras las luces de las casas se encendían, alertados por el sonido del disparo. Tenía que escapar. Huir de allí. Ocultarme en las sombras.
...

La policía acordonó la calle mientras intentaba evitar que curiosos y transeúntes se acercaran. Habían encontrado el cadáver de un hombre. Un disparo le atravesó el corazón y murió desangrado. La sangre salpicaba los adoquines de la calle y el reguero aún no se había secado. Los forenses vendrían a levantar el cadáver lo antes posible. A pesar del ruido, no había ningún testigo, ni cámaras, ni nadie que pudiera dar una imagen clara de lo qué había pasado. No sabían si fue un robo, un ajuste de cuentas o algo que se torció. El oficial suspiró. Iba a ser un largo día.

jueves, 11 de diciembre de 2025

LA TORMENTA

El mar, ese dios indómito y caprichoso. Tan generoso y a veces tan cruel. Los hombres siguen subestimando su naturaleza, sus cambios y piensan inocentemente que pueden dominarlo y controlarlo. La tripulación del pesquero disfrutaba ese día de un mar en calma, un sol radiante y temperatura tropical. Utilizaban enormes binoculares instalados en las zona mas altas del barco para detectar los bancos de pescado, bien localizando los pájaros, los objetos y también la “serguera”, espuma blanca que formaban los cientos o miles de atunes atacando en superficie a los bancos de pequeños peces de los cuales se alimentan. 

El mar es tan impredecible y aún así es posible contar los momentos de tempestad. Dominio de Poseidón, Anfítirite, y Tritón, imperio de Océano y Tetis, su vasta superficie ha atraído a miles de pueblos y culturas a lo largo de la historia. Miles de embarcaciones cruzaron sus aguas: minoicos, griegos, aqueos, filisteos, licios... recorrieron sus dominios en busca de un futuro mejor, siendo su vía d escape y huida de la destrucción y la muerte. El mar es desafío y abandono, aprensión y temor. Una representación de lo más grandioso e indomable. Aquello que sitúa al hombre abruptamente en su lugar, como la mera criatura impotente e indefensa que es. Un lugar en el que «navegando en las lúgubres tinieblas, bajo el ronco huracán y la nevada», el hombre se debate y lucha contra la naturaleza desnuda.

La tripulación había tenido un buen día. La captura había sido buena. La mayoría de los marinos eran mayores, curtidos en la mar, veteranos de tormentas y mareas, maestros en el arte de la pesca, especialistas a la hora de coser un aparejo roto, abrir las capturas más grandes con cuchillo, veteranos saladores que calculan, en una fracción de segundo, la cantidad de sal que hay que añadir necesaria para su conservación.

Aquí el tiempo cambia en cuestión de pocas horas, el sol que nunca calienta se esconde entre las nubes. Al navegar en el mar, es fundamental comprender el tiempo para tomar decisiones informadas y evitar situaciones peligrosas. El leve cambio del viento, la dirección de las olas, las mareas... puden ser la diferencia entre la vida y la muerte. No pueden bajar la guardia ni confiarse.

Un vendaval otoñal arreció con fuerza y, sin previo aviso, se convirtió en una lluvia torrencial. Caía la noche, las pesadas gotas golpeaban la proa y se derramaban a torrentes por la superficie del barco brillando con el brillo apagado del metal. El ruido al estallar sobre la cubierta era ensordecedor. El barco por completo se cubría continuamente con la fría y abundante espuma del mar.  Los winches, los cabos,  la bañera, el barco entero era engullido por uno de los mares más ariscos y salvajes que los marinos habían conocido. El viento, potente y recio, rugía sus 35 nudos en medio de la noche  La situación era peor de lo que habían previsto. Llovía a cántaros, acompañado de un vendaval muy fuerte. El rugido de los truenos anunciaba el comienzo de una tormenta.

El fondo del barco ya estaba inundado unos quince centímetros y su nivel subía con la lluvia. El capitán hizo sonar rápidamente la sirena para pedir ayuda y agarró unos cubos. Unos hombres con los ojos adormilados salieron de sus camarotes para ayudar y él los dirigió hacia la zona inundada, donde repartió cubos y gritó instrucciones. Su voz era apenas audible por encima de la fuerte lluvia y los truenos, pero parecieron entender. Se pusieron manos a la obra de inmediato, llenando cubos con agua de lluvia y vertiéndolos al mar. El trabajo era extremadamente duro y el clima lo dificultaba aún más. Los hombres solo llevaban la ropa de dormir y quedaron completamente empapados en los primeros minutos. La repentina alarma de emergencia no les había dado tiempo a abrigarse.

Fue una lucha entre los hombres y las poderosas fuerzas de la naturaleza. La lluvia torrencial, el viento fuerte y las violentas olas parecían destinadas a hundir el barco. Lo único que los hombres podían hacer era tener esperanza y seguir trabajando. El marinero trabajaba con ellos, rezando desesperadamente a Dios pidiendo ayuda, llenando cubo tras cubo de agua y vertiéndola en el mar. Cada estruendo producido por los relámpagos rajaba el cielo de arriba abajo. 

En cada chispazo de luz, se apreciaban las caras desencajadas Las olas habían empezado a pasar sobre la cubierta calándonos por completo y destrozando todas las maniobras. En medio de la inquietud desatada por los reventones del cielo, los marineros empezaron a convencerse de que no les pasaría nada.

El viento rasguñaba el casco, los herrajes crujían. Todos los materiales, empujados a su máximo punto de resistencia, chillaban. El esqueleto entero gemía, esforzándose para pasar bajo el viento que lo trituraba contra el agua. Sumido en el torbellino, el barco era como el gato que soporta la caricia arqueando la columna vertebral para esquivar el peso de la mano que lo aplasta.  El barco se contraía, flanqueado por fuerzas que le imponían torsiones, forzándolo a una resistencia que acaso ningún ingeniero hubiera previsto.

Sonaron las alarmas. un hombre había sido arrastrado por una ola. El mar era un espejo y el hombre no paraba de agitar los brazos en demanda de nuestra atención. Los gritos de los marineros avisando del incidente se mezclaron con los truenos y la mar embravecida. Se desató una lucha entre los hombres y las poderosas fuerzas de la naturaleza. La lluvia torrencial, el viento fuerte y las violentas olas parecían destinadas a hundir el barco. Lo único que los hombres podían hacer era tener esperanza y seguir trabajando. Los marineros trabajaba, rezando desesperadamente los dioses pidiendo ayuda, llenando cubo tras cubo de agua y vertiéndola en el mar.

La tormenta continuaba. La superficie del mar se encrespó, comenzó a soplar un fuerte viento. Bajo los truenos de las profundidades superiores; muy, muy abajo en el mar abismal, la tormenta duerme su sueño ancestral, sin sueños, invadido: las tenues luces del sol huyen sobre sus lados sombríos; sobre ella se hinchan enormes esponjas de crecimiento y altura milenarios; y a lo lejos, en la luz enfermiza, desde muchas grutas maravillosas y celdas secretas, innumerables y enormes pólipos avientan con brazos gigantescos el verde adormecido. Allí ha yacido durante siglos y yacerá, alimentándose de enormes gusanos marinos en su sueño, hasta que el fuego postrero caliente las profundidades; entonces, una vez vista por hombres y ángeles, rugiendo se elevará y morirá en la superficie.

miércoles, 3 de diciembre de 2025

UN MAL SUEÑO

Una noche más. Un día que se acaba. Me acuesto por fin después de una jornada eterna, pero no consigo descansar. Miles de pensamientos se agolpan en mi mente: miedos, temores, dolor, penas... hoy se han confabulado para evitar que puede descansar. 

Miles de pensamientos golpean mi mente. Reflexiono sobre mi vida. Mis decisiones, esas marcas invisibles que marcan mi camino y trazan surcos en el sendero. Sé que la vida no consiste en ser siempre feliz, en doradas puestas de sol y tonterías parecidas. La vida es trabajo. La vida es sufrimiento. la Vida es dolor: sin todo eso no sabríamos que estamos vivos. No valemos tanto en realidad y puede que no merezcamos todo el amor que recibimos. Nunca es correspondido. Las ilusiones que tenemos en los demás se convierten en decepciones y esas decepciones lastran nuestra confianza en el ser humano, hundiéndonos en una un agujero de soledad y misantropía que se acrecientan con el paso del tiempo. Las personas que amamos rara vez se merece todo el amor que le damos, porque nadie vale tanto en realidad, y quizá tampoco merezca tener que cargar con ello. Uno acaba por sufrir una decepción. Se desilusiona, deja de confiar y tiene que aguantar muchos días malos. Pierde más de lo que gana, y acaba por odiar a la persona que ama en la misma medida que la ama. Sin embargo, uno se arremanga y se pone a trabajar, en todos los aspectos, porque eso forma parte del proceso de hacerse mayor.

Intentamos escapar del dolor y de la decepción, pero ellos siempre consiguen el modo de volver a aparecer y golpear con más fuerza. En lugar de salir de nuestro caparazón evitamos la verdad. Descubrir que conocer a la persona que tememos conocer, leyendo sus expresiones y observando sus actos, dando a la vida la oportunidad de impactar, dándonos cuenta de que la realidad es golpe cruel que destruye la imagen idílica creada por nuestra imaginación. Imaginar es mucho más terrible que la realidad, porque tiene lugar en el vacío y no tiene reencuentro. No hay manos para defenderse en esa cámara interior de tortura espectral. Pero en vivir la realidad del acto requiere reunir energía, coraje, brazos y piernas para luchar, para que la guerra casi se convierta en una alegría. Luchar contra un dolor, una pérdida, un insulto, una decepción, una traición real, es infinitamente menos difícil que pasar una noche sin dormir luchando contra fantasmas. La imaginación sabe mejor que la vida inventar la tortura, porque la imaginación es un demonio dentro de nosotros y sabe dónde golpear y dónde lastimar. Ese demonio conoce el punto vulnerable, mientras que la vida no, nuestros amigos y amantes no, porque su imaginación rara vez es igual a la tarea.

Desarrollamos malos hábitos. Creemos que nos lo deben. Creemos que un amor similar existe en otro lugar y se puede encontrar. Confiamos en él. Buscamos, esperamos, esperamos. Con amor maternal, la vida nos hace una promesa al amanecer que nunca cumplirá. Después, nos vemos obligados a comer las sobras hasta el final. Cada vez que una mujer nos toma en sus brazos y nos estrecha contra su corazón, son solo condolencias. Siempre volvemos a llorar sobre la tumba de nuestra madre como un perro abandonado. Nunca más, nunca más, nunca más. Brazos adorables se cierran alrededor de nuestro cuello y los labios más dulces nos hablan de amor, pero ya lo sabemos todo. Hemos ido a la fuente demasiado pronto y lo hemos bebido todo. Cuando volvemos a sentir sed, podemos buscar por todas partes en vano: ya no hay pozos, solo espejismos. Hemos hecho, con las primeras luces del alba, un estudio profundo del amor y nos hemos documentado demasiado bien. A dondequiera que vayamos, llevaremos con nosotros el veneno de las comparaciones y pasaremos el tiempo esperando lo que ya tenemos. Mucha gente concibe el amor de forma posesiva. Mi esposa, mi esposo... eliminemos esos términos posesivos. Nada es tuyo; el otro es otra persona. Incluso los matrimonios sólo son posibles si parten del concepto de que él o ella es otra persona.

Estos pensamientos me agitan,me incomodan. Me revuelvo contra ellos mientras las sábanas me ahogan y me hunden en un mar sin fondo. Pensamientos, temores, dudas, miedos... golpean mi mente como un martillo que moldea un hierro al rojo vivo. El dolor es insoportable. Escucho gritos. Voces que me persiguen, sus voces afluyen nítidas. Su sonido ya no es un eco lejano, me alcanzarán, debo ocultarme. Pero, ¿dónde? Intento esconderme en vano. ¿Estaré a salvo de mis secuestradores? 

Despierto sobresaltado. Todo parecía tan real. Todo había sido un mal sueño. Noto una suave caricia. Tu mano, gracia salvadora. Aquí estás , a mi lado, evitando que me precipite al abismo. Tus ojos soñolientos me miran con preocupación. Sé que no soy digno pero una caricia tuya ha servido para salvarme de mi propio infierno. La vida funciona si alguien nos ama. El amor es todo lo que aumenta, amplía y enriquece nuestra vida, hacia todas las alturas y todas las profundidades. Vivimos mientras haya alguien que nos ame: estoy convencido de que muchas personas mayores «fallecen» porque ya nadie las ama.

Me salvaste. Te miro. Te sonrío y me devuelves la sonrisa. Sin prisa, notó cómo me abrazas y el calor se extiende por mi cuerpo devolviéndome a la vida. Despacio, me guías hasta tu pecho donde mis preocupaciones desaparecen, mientras la oscuridad que nos rodea nos envuelven un abrazo invisible protegiéndonos de la realidad y limitando nuestra visión y oído, disfrutando del tacto de tu piel, el olor de tu pelo y el roce de tus labios mientras acostados nos miramos una vez más.

Tomas lentamente mi cara y la acercas a la tuya. Con suavidad, nuestras bocas se abren y las lenguas se mezclan. Las precauciones desaparecen. Los miedo se disipan. Una vez más, tu abrazo me ha salvado de mi propio ser.

martes, 2 de diciembre de 2025

EL RETRATO

A veces te extraño. A veces me quedo en la cama pensando en ti, preguntándome dónde te has ido. Me pregunto si te has ido para siempre, y a veces me pregunto si alguna vez estuviste aquí de verdad, o si eras un mito que creé en mi mente. Una ilusión. A veces te siento a un suspiro de distancia, y entonces algo sucede y desapareces. Me pregunto si alguna vez volverás.

Observo tu retrato y te extraño. Te extraño, te echo de menos. la lejanía y la distancia se hacen más palpables cada vez que observo la pintura.Tu retrato es bellísimo, uno de tus mejores retratos, de tu comprensión de las personalidades humanas, basada en la discreción y la capacidad de comprender los tipos más diversos, ese gran don tuyo, tan ampliamente demostrado en tus semejantes. Es el mismo don que, llevado al extremo del amor, te hace decir cosas tan perspicaces y sorprendentes cuando me hablas de mí. Te escucho con la boca abierta, mi alma deslumbrada por una mezcla de admiración por tu inteligencia, o narcisismo irreprimible, y amorosa gratitud. Necesito estar en tus brazos más que nunca. Y este capricho coqueto tuyo que ahora estás retomando no me agrada en absoluto; lo considero la intrusión de un impulso psicológico completamente ajeno a la atmósfera que debe surgir entre nosotros. Mi más querido gozo, anhelo una temporada en la que no hubiera nada para mí más que tú, una pizarra en blanco y el deseo de escribir cosas claras y felices. ¿Una temporada, no la vida? Basta ya, porque así es como empecé esta carta: quiero escribir sobre nuestro amor, quiero amarte escribiendo, cautivarte escribiendo, nada más. ¿Será acaso el miedo al sufrimiento lo que me domina también? Querida, querida, me conoces demasiado bien, pero no, demasiado poco. Aún tengo que dejar que me conozcas, aún tengo que descubrirme ante ti, sorprenderte, necesito dejar que me admires como yo te admiro continuamente.

Te extraño porque ya no puedo sentirte, y esa falta de optimismo es increíblemente aterradora. Te extraño porque sé que existías, pero no sé cómo encontrarte de nuevo. Peor aún, tengo miedo de no querer encontrarte lo suficiente como para buscarte. ¿Qué hace que los retratos hermosos sean tan atractivos que siguen apareciendo en los libros y en la historia? Quizás el tiempo que dedica el artista transmite el mensaje de que lo vales. Y la incomodidad de estar sentado en un mismo sitio durante tanto tiempo puede convertirse en el sacrificio personal del sujeto, lo que aumenta el valor de la obra terminada. He conocido a gente que se inquieta y se queja incluso cuando se les pide que posen para una foto rápida, por no hablar de un retrato formal.

Nada se compara a Ti ni al Ser del principio que me afirma y no puede negarte, porque yo soy si tú eres pero tú también existías sin mí y una vez que superaste el esfuerzo de presentarte a la luz con el gorgoteo de un grito, no permaneciste mucho tiempo como un pensamiento.

En la cima de una colina, mirando la ciudad que se extiende a nuestros pies, observando cómo el atardecer se transforma en las luces centelleantes de la animada vida nocturna. Me rodeas con tus brazos, protegiéndome de la brisa fría mientras me das besos en la mejilla y el cuello. Nos quedamos allí, meciéndonos con el viento. Te llevé a mi boca y a mis dedos para hacerte un camino, el camino del ciego para no perderme y llegar al fondo de todo trazándote en el papel.

Te extraño por cosas, por experiencias, por sentimientos, por años perdidos. Te extraño porque una vez fuiste una parte fundamental de mí, y no sé si alguna vez te recuperaré. Y eso me da miedo, porque nunca volveré a ser el mismo. Mis relaciones nunca volverán a ser las mismas. Y no sé si eso es bueno o malo.Una vez sentí contigo la emoción primitiva e infantil cuando el cuerpo indefenso temblaba hasta el borde de la piel en su más delgada frontera con el mundo con una alegría tonta e inocente.Observamos los pequeños coches pasar por la ciudad y nos preguntamos adónde irán. Quizás alguien vaya a una primera cita. O quizás alguien necesite ir a la tienda a alimentar a su familia. Alguien acaba de conseguir un ascenso. Y alguien intenta resolver sus problemas con las drogas. Pasan tantas cosas, pero nos quedamos aquí en silencio bajo el viento, abrazados sin darnos por vencidos. Acercas tu cara a mi oído y susurras suavemente: «Qué noche tan bonita, cariño, el romance en su máxima expresión». Solo entonces giro la cabeza para mirarte y te susurro: «El romance ha muerto, cariño». Te quedas en silencio. Me das un beso en la sien, pones los ojos en blanco y sigues viendo cómo la ciudad sigue viva.

Descuelgo tu retrato con delicadeza mientras paso mis dedos por la delicada superficie, sintiendo la pintura, intentando sentir el roce de tu piel escondida entre los pigmentos y el lienzo, recordando un amor ya pasado mientras las lágrimas intentan no salir. Lo tapo una manta que cubre tu bello rostro y acab depositado en una esquina a merced del tiempo y del olvido, hasta que carnivoro y hambriento las marcas del tiempo surquen la pintura dejando cicatrices que recuerdan lo que fue y pasó, mientras se sumerge en el mar del olvido.