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jueves, 26 de septiembre de 2013

EL OFICIO DEL POETA


Cuando los escritores, poetas o dramaturgos escriben, tratan de expresar realidades de la vida cotidiana: imágenes de un mundo que nos rodea, cuadros de miles de paisajes donde impera el silencio, donde confluyen miles de emociones que están escondidas en nuestras entrañas, esperando a florecer con la llegada del sol de la primavera tras los meses del gélido invierno.

Sin embargo, el oficio de escritor es duro, cansado y ofrece un futuro incierto.

Los proyectos de poetas, por ejemplo, realizan alabanzas a personajes concretos, a un amor inalcanzable, a una persona determinada, a un compromiso social  como fue la Generación de los 50) o, simplemente expresan de forma lírica sus sentimientos, esas balas que disparan sus entrañas a corazones furtivos, a mentes dormidas o, simplemente, al vacío imperante en el espacio: la nada.

Es común el dicho Las palabras se las lleva el viento: todos los que nos dedicamos a la escritura debemos reconocer que somos los primeros que publicitamos nuestro arte o afición: desde aquel que escribe como afición hasta el preso que escribe versos a través de los barrotes de una cárcel.

La escritura, al igual que la cultura, es un vehículo de expresión libre aunque luego existan instituciones, personas que ladran y escupen bilis y heces descalificando y despreciando nuestro trabajo.

Pablo Neruda lo expresó de esta manera: Podrán cortar las flores pero nunca acabarán con la primavera… a pesar de que seamos repudiados por la gente, descalificados, menospreciados o elevados a los altares y divinizados, considerados creadores de opinión. 

Algunos escritores han ( y hemos) marcado nuestro compromiso social: Desde el verso de Gabriel Celaya : la poesía es un arma cargada de futuro, pasando por autores como Blas de Otero o José Martí, el revolucionario cubano y también poeta:

Mi verso es como un puñal
que por el puño, echa flor.
Mi verso es un surtidor
que da un agua de coral.
Mi verso es de un verde claro
y de un carmín encendido.
Mi verso es un ciervo herido
que busca en el monte amparo.
¡Penas! ¿Quién osa decir
que tengo yo penas? Luego,
después del rayo, y del fuego,
tendré tiempo de sufrir.
Yo sé de un pesar profundo
entre las penas sin nombres:
¡la esclavitud de los hombres
es la gran pena del mundo!
¡Hay montes, y hay que subir
los montes altos: ¡después
veremos, alma, quién es
quién te me ha puesto al morir
Marcamos nuestro compromiso con intentar cambiar el mundo a mejor, transfórmalo desde las entrañas, clamar a los cielos por el amor esquivo, prohibido, atractivo, inalcanzable maldito como escribió José Zorrilla en Don Juan Tenorio:
Cuán gritan esos malditos
Pero mal rayo me parta
Si al acabar esta carta
No pagan caro sus gritos.

La poesía es y seguirá siendo el vehículo de los amantes prohibidos, de los bohemios, de los tímidos, de los viejos románticos, de los revolucionarios, de los sin voz… de todos aquellos que intentamos cambiar el mundo a mejor.

La poesía es comunicación

La poesía es una búsqueda confidencial de identificación sentimental con los lectores y los oyentes. El texto poético es un fundamentalmente un diálogo: Busca una comunicación con el otro. El poeta ha de salir de su prisión para transformar su texto subjetivo en un texto objetivo que transmita por si mismo la veracidad y autenticidad de esa vivencia personal para que pueda ser experimentada en los receptores.

El poeta actúa como mediador al transmitir su experiencia personal mediante palabras, ritmos, imágenes, tonos y estados emocionales.

La poesía establece más lazos comunicativos y más variados con el lector que ningún otro género literario: es sintomático y prueba de ello es el uso del tú como desdoblamiento del yo lírico (autodiálogo) o como referente personal ( lector explícito) con el que se establece una relación de implicación directa. Lo mismo ocurre con el "os" y el "vosotros" al igual que el "nos" y el "nosotros" mediante los cuales el yo del poeta se desindividualiza.

El poeta quiere llevar a los otros una vivencia lo más semejante a la suya; por lo teno, el lector y los oyentes deben "dejarse llevar": deben implicarse íntimamente, romper su aislamiento para poder sentir nuevas vivencias y nuevas emociones.
Como bien dijo Gabriel Celaya, La poesía es un arma cargada de futuro.

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