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lunes, 5 de agosto de 2013

LAS TRECE ROSAS ROJAS

LAS TRECE ROSAS ROJAS

Trece rosas rojas
trece rosas rojas
siempre revolucionarias
siempre hermosas

pétalos que recorren el tiempo
pétalos que no cayeron en el olvido
pétalos de un pasado perdido
pétalos que vuelan con el viento

Marchitadas por la dictadura
florecen en mi recuerdo
y en mi corazón albergo
un espacio para su hermosura

Trece rosas rojas
nunca olvidadas
y en el recuerdo
miradas de ternura y tinta con sangre
entremezcladas

sólo se escuchaban voces entremezcladas
y el caminar marcial de quienes las custodiaban
Sólo se escuchaban respiraciones aceleradas
Ruido metálico de fusiles y correajes
y el corazón desbocado desde el pecho hasta las sienes
Orden de detenerse y de repente darse cuenta
que ya no hay abrazo de despedida
Morirán solas, a escasa distancia de las fosas que las van a cobijar

Carmen, Blanca, Martina
Julia, Avelina, Pilar
Elena, Virtudes,Ana
Luisa, Victoria, Dionisia y Joaquina

Vuestros nombres no caerán en el olvido
Vuestros ideales y vuestro ejemplo
perdurdarán en la memoria y en el tiempo
recordando que no todo está perdido

1 comentario:

  1. LAS TRECE ROSAS ROJAS

    En calle de Coloreros,
    a espaldas de San Ginés,
    la tragedia se gestaba
    y las Rosas no la ven.

    Las jóvenes comunistas
    (y Blanca Brisac no lo es),
    agosto del treintainueve,
    aherrojadas se ven.

    Van cayendo escalonadas
    cuando las van delatando,
    cediendo ante las torturas,
    hombres en frentes bregados.

    Martina y Carmen Barrero,
    Pilar y Julia Conesa,
    Ana López, y Virtudes
    y Elena Gil y Adelina.

    Dionisia las acompaña,
    Joaquina entra en la lista,
    Victoria forma en el grupo,
    y Luisa cierra la fila.

    Trece son las Trece Rosas
    del agostado jardín,
    de un Madrid de cárcel pútrido
    y un Gólgota por venir.

    Gritos en comisarías,
    siempre en ristre los vergajos,
    la capital de la gloria
    ahora es la del espanto.

    Cuerpos en sangre bañados,
    miembros rotos y tullidos,
    dientes fuera de su base
    y horrores entre suplicios.

    Las Rosas son deshojadas,
    ¡temblad, almas de vencidos!,
    que esta tierra de Caín
    no ha de daros un respiro.

    Silencios espeluznantes,
    insultos, carreras, gritos,
    gemidos, voces de infamia,
    ¿Tú dónde estás? ¡oh, Dios mío!

    Pasan a todas a Ventas,
    a la cárcel de mujeres,
    viviendo un mundo dantesco
    en hacinamiento envuelto.

    Las acusan de la trama
    y muerte de Gabaldón,
    de formar una conjura
    o un entramado mayor.

    Sin fundamento y sin base,
    sin garante o defensor,
    sin testimonios ni pruebas,
    todos condenados son.

    Los culpables son hallados,
    fusilados con fruición,
    días después del suceso
    que el crimen se perpetró.

    ¿Eran cuatro o eran tres
    los funestos asaltantes,
    que al cometer un atraco
    un infierno desataron?

    Se abrió la cárcel de Ventas
    y su cancela gimió,
    cuando traspasó la verja
    la muerte en un camión.

    Subieron las Trece Rosas
    y ahora el camión lloró,
    al contactar con su suelo
    de la inocencia el dolor.

    Las Trece Rosas marchitas,
    un cinco de agosto vio
    Madrid cuando despertaba
    sumido en el estupor.

    Osario de la Almudena,
    antesala del horror,
    ten ya dispuesta tu tapia
    y dales tu bendición.

    Alba de un cinco de agosto,
    preludio de un gran calor,
    nimba a las rosas las frentes
    que hoy acceden ante Dios.

    Puestas las Rosas en fila,
    dando cara al pelotón,
    "¡apunten, disparen, fuego",
    y el crimen se consumó.

    Trece Rosas de Madrid
    soñando un Madrid mejor,
    vuestra entrega no fue vana
    pues el rosal floreció.

    Saturnino Caraballo Díaz
    El Poeta Corucho

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