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miércoles, 8 de abril de 2015

RECORDANDO A JOSÉ COUSO

José Couso Permuy (El Ferrol, La Coruña, 5 de octubre de 1965-Bagdad, Irak, 8 de abril de 2003) fue un cámara y reportero gráfico español que murió durante la invasión de Irak de 2003 a causa de fuego del ejército estadounidense cuando disparaban con un carro de combate contra el Hotel Palestine de la capital iraquí en el que se encontraba. 12 años después su famlia todavía exige justicia.

Forma parte del llamado “periodismo militante”; periodismo que a través de la subjetividad y la primera persona acercan el tema a los lectores y lo dotan de verosimilitud; y permiten informar verazmente sobre una guerra o un conflicto. También Couso fue testigo  de la hostilidad de algunos soldados con los corresponsales de guerra y con la prensa: En ese momento, los periódicos de Estados Unidos se habían volcado a favor de la intervención en Irak, convenciendo a una gran parte de la opinión pública de la necesidad de combatir en Irak para frenar la amenaza del terrorismo islámico. Sin embargo, los testimonios de Couso  mostraron la realidad de los soldados, la realidad de la guerra: aquello que el gobierno estadounidense no quería que la opinión pública supiese.

La labor de los periodistas, a diferencia de los Mass Media, es humanizar un conflicto, transmitiendo las verdades de los soldados, la situación en el frente de batalla, dotando a la obra de verosimilitud, verosimilitud que ha desaparecido con la cobertura mediática de las actuales guerras, en las que se observa la doble moral del lenguaje bautizando como “guerras humanitarias” a invasiones de la OTAN o Estados Unidos o utilizando la palabra “pacificación de los conflictos”, palabra que siempre ha sido la máscara de las guerras imperialistas.

LA GUERRA COMO ESPECTÁCULO


El montaje de la guerra del Golfo fue un claro ejemplo de lo que los situacionistas llaman el espectáculo — el desarrollo de la sociedad moderna hasta el punto en el que las imágenes dominan la vida. La campaña de relaciones públicas fue tan importante como la militar. La manera en que la táctica escogida fuese presentada en los medios de comunicación tenía un importante valor estratégico. No importaba tanto el valor “quirúrgico” del bombardeo como su cobertura por los medios de comunicación; si las víctimas no aparecían era como si no existieran. El efecto “Nintendo” funcionó tan bien que los eufóricos generales tuvieron que tomar precauciones contra el exceso de euforia general, por miedo a que cualquier fallo en su estrategia pudiera provocar una desilusión posterior. Las entrevistas con los soldados en el desierto revelaron que ellos, como los demás, dependían casi totalmente de los medios de comunicación para conocer lo que supuestamente estaba ocurriendo. El dominio de la imagen sobre la realidad fue percibido por todo el mundo. Una parte importante de la cobertura se dedicó a la “cobertura de la cobertura”. Dentro del espectáculo mismo se presentaron debates superficiales sobre el nuevo grado obtenido por la espectacularización universal instantánea y sus efectos sobre el espectador.

Esto hizo reflexionar al país y a sus líderes de pensamiento (think - tanks). Se elaboraron los primeros estudios sobre cuál era el número de muertos que podía soportar la opinión pública. Las potencias occidentales reflexionaron y llegaron a la conclusión de que los partes oficiales de guerra no pueden contradecir el espectáculo televisivo. Surge por tanto el llamado «frente mediático» de la guerra. Así, si un gobierno quiere continuar con una guerra, debe asegurarse que sus ciudadanos perciban ésta como justa. Es ahí donde encaja la importancia creciente de los medios de comunicación.

Así la guerra se convierte en un escenario exclusivo para el ámbito del espectáculo en directo. La inmediatez con que se transmite la información, relajándose los controles de verificación, y la competencia entre los medios, hacen todavía de la cobertura de guerra un escenario propicio para la mentira y la manipulación con que se envuelve un escenario bélico que creemos imposible pero cierto. Eso parece inevitable, como la muerte. Y es la muerte para el periodismo.

LA LABOR DE LOS PERIODISTAS: POR QUÉ PERIODISMO

Quizá la verdadera pregunta sería ¿por qué no?. La necesidad de saber y saciar nuestra sed de conocimientos es algo inherente al ser humano: somos seres curiosos, inquietos, imperfectos, que anisamos entender el mundo que nos rodea y darle una explicación. Queremos saber qué pasa en cierto lugar del mundo, por qué surge un conflicto armado, por qué llora una mujer que huye con sus hijos del país donde nació y creció, queremos poner voz y rostros a las guerras, a los deshaucios, a la pobreza, a todos aquellos que son perseguidos, que son silenciados, que son olvidados. Hemos sido vilipendiados, reducidos a la mínima expresión, mercantilizados... peroseguimos avanzando con la idea de mostrar la verdadera cara del mundo donde vivimos. Estamos convencidos de que nuestra profesión es tan necesaria como la de un médico, un profesor o un ingeniero porque somos capaces de transformar lo abstracto en algo comprensible y concreto; en dar la voz a los protagonistas de los sucesos, de transmitir a través de la palabra y de las imágenes la realidad de los seres humanos.

La situación de nuestra profesión es vilipendiada y muchos ya han escrito nuestro obituario, satisfechos y preparan con ahínco y deseo nuestro funeral. Pero la voz y la palabra no pueden ser nunca calladas por muchas mordazas y muros que intenten ponerla. La libertad de expresión y de comunicación no la acallarán los gobiernos ni los poderosos porque está en nuestra naturaleza. Los periodistas debemos reivindicar su labor social actuando como un contrapoder, realizando una labor de campo muy activa y continua, buscando la manera de conseguir influir en la política para transmitir a la sociedad valores democráticos informándoles de los abusos del poder político y económico, defendiendo la paz y los Derechos Humanos a través de la información y la formación de la población.

El periodismo debe cumplir las cuatro ces: conocer, preguntarse qué quiero saber y abrirse a la gente y a nuevas experiencias; confirmar, dar una noticia de forma objetiva diferenciando los datos de las opiniones propias; comprender, pues si no se entiende la noticia no se puede transmitir: el periodista debe incluir sus conocimientos en la información que transmite; y contar: saber informar a la gente en un código que lo entiendan.

Los elementos en los que sustenta el periodismo y el derecho a informar siempre serán los mismos:

  • Un compromiso con la sociedad: el periodista es un administrador del derecho a la información, independientemente de sus ideas políticas.
  • Una necesidad de saber qué le pasa a la gente, pues es un elemento esencial para sustentar la democracia. 
  • Una necesidad de tener acceso a una información libre que permite tener un conocimiento más amplio del mundo.
  • Una necesidad de viajar con los ojos abiertos para ampliar la mente del propio periodista para conocer realidades ajenas a las suyas.
  • Una necesidad de reconocer nuestra propia ignorancia para poder ampliar nuestros conocimientos.

Nuestros periodismo es un periodismo militante, que no se calla, que toma partido ante las injusticias de los distintos poderes y que defiende su función de "perro guardián”. Como dijo Kapuzcinski, el verdadero periodismo es intencional, es decir, se fija un objetivo e intenta provocar algún cambio. No hay otro periodismo posible. Hablo, obviamente, del buen periodismo: aquel que lucha por algo, narra para conseguir algo. Es algo importante en nuestra profesión, ya que nos ayuda a ser mejores personas y desarrollar nuestra empatía.


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