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viernes, 4 de abril de 2025

LA TRANSICIÓN DE LOS CINCUENTA

La década de los años 1950, que abarca desde el 1 de enero de 1950 hasta el 31 de diciembre de 1959, fue un periodo de cambios profundos y transformaciones radicales en la historia mundial. Marcada por la Guerra Fría, la descolonización, el auge económico y la revolución cultural, esta década sentó las bases para el entorno que conocemos hoy.

Durante esta década, las dos superpotencias vencedoras de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos y la Unión Soviética, rompieron su alianza durante la guerra y se enemistaron convirtiéndose en líderes de dos bloques: el bloque Occidental (occidental-capitalista) liderado por Estados Unidos, y el bloque del Este (oriental-comunista) liderado por la Unión Soviética y el mundo vio formarse lo que se conoció como Guerra Fría.

La globalización de la Guerra Fría: la primera crisis periférica en Corea

La proclamación de la República Popular China obligó a Truman a extender a Asia la política de contención del comunismo. La percepción de amenaza para EE.UU. se reflejó en el NSC-68, documento sobre seguridad redactado en 1950 en el Consejo de Seguridad Nacional que asumía que la URSS tenía aspiraciones de dominio mundial y trataría de fomentar conflictos en cualquier parte. EE.UU., para neutralizar ese peligro, afrontó un costoso programa e interpretó la Guerra Fría como guerra real en la que estaba en juego la civilización occidental.

En este clima estalló el conflicto de Corea (1950-1953). Liberada en 1945 por los aliados, quedó dividida en dos zonas (soviética y norteamericana) por el paralelo 38º. EE.UU. llevó la cuestión a la ONU y se decidió celebrar elecciones en ambas, aunque sólo se realizaron en el Sur. En 1948, retiradas las fuerzas de ocupación, había al norte un estado comunista apoyado por Moscú, muy militarizado, con Kim Il Sung y, en el sur, un régimen poco democrático de Sygman Rhee protegido por EEUU. Kim Il Sung, en junio de 1950, con conocimiento de China y URSS, trató de unificar. Ocupó buena parte del territorio surcoreano. Washington promovió la intervención de la ONU y pudo enviar tropas bajo su cobertura con otros 19 países. Stalin no quiso ejercer su veto porque deseaba que EE.UU. se enredara en una guerra con China para debilitar su prestigio y distraer su atención de otros frentes. Desde septiembre de 1950, el general MacArthur dirigió una contraofensiva que logró traspasar la frontera,pero hubo una rápida respuesta militar de China y los contingentes de EE.UU.-ONU retrocedieron. El frente se estabilizó en noviembre de 1951 cerca de la frontera, sin embargo la guerra siguió y el número de bajas no cesó. En julio de 1953, tras 2 millones de muertos, se cerró un acuerdo que no alteraba la frontera de 1950.

La crisis de Corea intensificó la atmósfera de miedo originando una radicalización ideológica. En la URSS se vivió de nuevo la cara dura del estalinismo. Stalin aceleró desde 1952 el programa de construcción del socialismo en Alemania Oriental buscando una especie de baluarte para la guerra con Occidente. En EE.UU., el comunismo se convirtió en el enemigo. El ambiente de temor y sospecha dio lugar al llamado McCartismo, por el nombre del senador que lo promovió. Entre 1950 y 1954, a partir de casos reales de espionaje se desató una verdadera persecución judicial contra los sospechosos de militancia comunista.

La vertiente cultural y propagandística de la Guerra Fría cobró más importancia porque las cuestiones de seguridad eran inseparables del conflicto ideológico. Dos estilos de vida: capitalismo democrático y comunismo combatían, sobre todo en Europa occidental. URSS tenía ventaja al disponer de aparatos de propaganda más eficaces que venían trabajando desde hacía décadas. Además, contaba con la simpatía de la intelectualidad y la nueva clase política europea. La propaganda anticomunista estaba desprestigiada por su uso por los fascismos y autoritarismos de preguerra. De ahí el éxito de iniciativas soviéticas como el Movimiento por la Paz Internacional, creado en 1948, que difundió una imagen positiva de las posiciones soviéticas, pacifistas, frente al militarismo e imperialismo norteamericanos. El Llamamiento de Estocolmo (1950) contra las armas nucleares fue su campaña más exitosa y tras la muerte de Stalin, la URSS pudo aprovechar las declaraciones de sus sucesores a favor de la distensión. La respuesta anticomunista tomó cuerpo con el Congreso para la Libertad Cultural (Berlín 1950), financiado por la Fundación Ford y la CIA. EE.UU. puso en marcha programas y organismos para mejorar su imagen y la de sus objetivos de política exterior: el programa Fulbright, la USIA (Agencia de Información de EE.UU.), las Casas de América, Radio Europa Libre… A su favor tuvo la influencia de la cultura norteamericana y la creciente americanización de Europa Occidental; en contra, las suspicacias en torno a las bases militares estadounidenses en muchos países, más el antiamericanismo tradicional contra una cultura estimada mediocre y de masas y un nacionalismo que los percibía como amenaza.

La Guerra de Corea también repercutió en la planificación militar de EE.UU. Las polémicas directrices del NSC-68 fueron aceptadas en 1951 como doctrina oficial por Truman. Al marcar como objetivo el freno a la expansión comunista indujeron la definitiva militarización de la estrategia de contención: expansión de la red de bases y alianzas militares alrededor del perímetro de la URSS y gran incremento de presupuestos de Defensa. Otra lección de Corea fue la ineficacia de tener armas atómicas en un conflicto limitado: era difícil señalar objetivos apropiados, se temía la reacción de la opinión pública mundial, pero sobre todo podía provocar una intervención nuclear soviética. Para neutralizar esta debilidad, Eisenhower advirtió (enero 1954) de que, en caso de agresión comunista, respondería de forma global, inmediata y con todos los medios, incluidos nucleares, en lugar de una respuesta gradual como en Corea. Esgrimía la amenaza de una destrucción mutua y optaba por estrategia de represalia nuclear que resultaba más barata y sencilla, dada la superioridad norteamericana en número de armas y bases. Además, EE.UU. dispuso de la bomba de hidrógeno a fines de 1952 y en 1954 la bomba de 15 megatones. Pasó de 300 a 800 armas nucleares, frente a unas 50 de la URSS, país que no tenía capacidad aérea para proyectarlas sobre Estados Unidos.

La Guerra de Corea abrió 2 décadas de hostilidad entre EEUU y China. EE.UU. se convirtió en el guardián de la estabilidad de la zona oeste del Pacífico. Se aceleró la independencia de Japón, lugar estratégico de EE.UU. en la región, y su rehabilitación internacional. En 1954 se creaba la SEATO (Organización del Tratado del Sureste Asiático), con EE.UU., Francia, GB, Australia, Nueva Zelanda, Filipinas, Tailandia y Pakistán. Además EEUU se comprometió a apoyar a Francia en su guerra de Vietnam y a respaldar a Chiang Kaishek en Taiwán y mandó ayuda militar a Birmania y Tailandia.

Corea contribuyó a convertir a la OTAN en una verdadera alianza militar. El miedo a que el siguiente golpe comunista fuera en Europa hizo que los aliados exigieran mayor compromiso de EE.UU. Truman aceptó y desde 1950 se enviaron más tropas de combate a Europa. El Plan Marshall, cancelado en 1951, fue sustituido por ayuda militar. En 1952 la OTAN se dotaba de estructuras civiles y militares y EE.UU. empezaba a transferir armas nucleares a Europa, aunque bajo su control. Para reforzar el flanco mediterráneo, Francia cedió a EE.UU. bases militares en Marruecos y se integraron Grecia y Turquía, lo que rebajó los estándares democráticos de la OTAN. También se firmó un acuerdo bilateral con España en 1953 que ayudó a la rehabilitación de la dictadura y su aceptación en la ONU en 1955. Incluso Tito recibió ayuda militar norteamericana.

Desaparecieron las reticencias europeas contra el rearme alemán. Hasta ese momento la solución propugnada por EE.UU. había sido auspiciar la iniciativa francesa de crear un ejército europeo, con unidades de los seis países de la CECA, donde integrar al alemán (Plan Pleven 1950), formando así la Comunidad Europea de Defensa (CED) aprobada en 1952, sin EE.UU., pero vinculada a la OTAN. Finalmente, el parlamento francés no ratificó el tratado de la CED en 1954 y, como alternativa de urgencia, el Tratado de Bruselas de 1948 se amplió a Italia y a la RFA: nacía la Unión Europea Occidental y Alemania ingresaba en la OTAN con el visto bueno francés. Además concluía el régimen de ocupación en la RFA. 

La respuesta soviética en 1955 fue el Pacto de Varsovia, alianza con Albania, Bulgaria, Checoslovaquia, Hungría, Polonia, Rumania, la RDA y la URSS como socios. Dicha organización no sólo protegía de cualquier agresión exterior, sino también de los peligros de subversión o revolución interna; por eso pudo ser invocado por Moscú para intervenir en Hungría en 1956. Además, la RDA fue dotada también de plena soberanía.


El primer deshielo frustrado: la desestalinización y la presidencia de Eisenhower

En 1953, Dwight D. Eisenhower, militar prestigioso, diplomático hábil y pragmático, se convirtió en Presidente y buscó potenciar la seguridad nacional al menor coste, sin descartar negociar con URSS para rebajar tensión. En marzo moría Stalin, su sucesión no se resolvió de inmediato, en principio se impuso una dirección colegiada (Malenkov, Beria y Kruschev como hombres fuertes), pero desde su inicio provocó cambios en las vertientes de la política soviética. Se abrió una oportunidad para rebajar la tensión entre las superpotencias.

Eisenhower

Los nuevos líderes soviéticos necesitaban concentrarse en la problemática interna y preferían menor tensión exterior.

Indujeron a Corea del Norte y China a negociar para zanjar la guerra coreana y se mostraron dispuestos a frenar la carrera armamentística. Eisenhower se mostró cauto al inicio: no reaccionó cuando tanques soviéticos aplastaron las revueltas obreras en Berlín Oriental en junio de 1953. Eisenhower también estaba interesado en conciliar seguridad con ahorro fiscal y el mejor camino era la distensión.

La confluencia de intereses de las dos hizo que se pudiera celebrar una primera conferencia de cancilleres en Berlín a principios de 1954, pero no fructificó por la incompatibilidad en las soluciones propuestas para Alemania. Los líderes soviéticos (sobre todo tras la detención de Beria y la sublevación de la zona oriental) no tenían intención de capitular ante las exigencias occidentales de elecciones libres y temían las intenciones de una Alemania occidental remilitarizada. Las condiciones soviéticas de disolver la OTAN y de mantener un estado alemán unificado pero neutralizado hubieran roto el equilibrio de poder en Europa. Eran incompatibles con el objetivo norteamericano de una RFA independiente y reconciliada con Francia, clave para lograr la integración económica y la estabilidad política de Europa occidental. Sin embargo, zanjado el tema del rearme alemán en la OTAN, Kruschev, nuevo líder desde febrero de 1955, propició la solución al problema de Trieste (entre Yugoslavia e Italia) y la firma del tratado de paz con Austria, independiente y neutral desde entonces. También por acuerdo entre las superpotencias, 20 estados entraron en la ONU entre 1955 y 1956 y tuvo lugar una reunión sobre desarme en Ginebra (julio de 1955). Aunque sus resultados sobre el control de armas fueron desalentadores, sirvió para dar confianza a Kruschev y para que la URSS reconociese a la RFA.Además, en febrero de 1956 Kruschev declaraba en el XX Congreso del PCUS la necesidad de “coexistencia pacífica” entre los dos sistemas como única alternativa a una guerra mundial. En abril Kominform se disolvía.

Este clima conciliador, llamado “espíritu de Ginebra”, apenas tuvo continuidad: se esfumó porque las crisis de 1956 (Hungría y Suez) acabaron con él. Ambas superpotencias habían seguido trabajando para incrementar su influencia en el Tercer Mundo. En la parte soviética, Kruschev confiaba en la expansión mundial del comunismo y buscó reafirmar la posición de la URSS con alianzas con otros líderes y grupos revolucionarios-nacionalistas. Creía en la superioridad del comunismo para llevar el bienestar a las masas trabajadoras y en la obligación de la URSS de apoyar a los pueblos colonizados. Además la dinámica de política interior había favorecido el discurso revolucionario-imperialista porque los líderes postestalinistas habían ofrecido a las élites soviéticas estrategias encaminadas a reforzar la influencia soviética en el mundo. Por eso la URSS multiplicó sus ayudas a los países en desarrollo, a los movimientos nacionalistas africanos y, sobre todo, árabes. En 1955 Moscú proclamó su decisión de no aceptar en adelante el monopolio de la influencia de los países occidentales en Oriente Medio, como demostró con su acercamiento a Nasser. El objetivo añadido era provocar una crisis del petróleo que generase problemas en Europa. Moscú buscó también desde entonces atraer al bloque de los países noalineados: Kruschev cerró el enfrentamiento abierto desde 1948 con la Yugoslavia de Tito y visitó India, Birmania y Afganistán en 1955.

El proyecto norteamericano quería bloquear la influencia soviética en esas áreas o hacerla retroceder. Además, no percibió el cambio soviético y su nueva flexibilidad diplomática como una oportunidad, sino como una amenaza. EE.UU. utilizó operaciones encubiertas de la CIA, que resultaban baratas y libres de control parlamentario con las que se derribaron algunos gobiernos en países que poseían materias primas o situados en puntos estratégicos y que, por sus políticas reformistas y nacionalistas, podían ser infiltrados y utilizados por el comunismo. La mayoría no constituían una amenaza directa para EE.UU., pero sí para sus aliados europeos o Japón, que podían perder fuentes de materias primas o mercados. Ejemplo fue el apoyo al golpe de estado en Guatemala que derribó a Jacobo Arbenz y abrió una larga etapa de dictaduras. Más evidente fue la operación en Irán desde 1953 contra el gobierno de Mosaddeq, que acabó con la instauración del régimen autoritario y prooccidental del sha Reza Pahlavi.

Como barrera contra el comunismo en Próximo Oriente, patrocinó en 1955 el Pacto de Bagdad, con Turquía, Irán, Pakistán y GB: una alianza militar a la que solo se adhirió Irak (hasta 1958). Además la administración Eisenhower se mostró más neutral en el conflicto árabe-israelí y, en principio, adoptó una actitud favorable a Nasser que creían podía dar más estabilidad al mundo árabe. Pero la era del nacionalismo revolucionario no había hecho más que empezar y no iba a resultar fácil de manejar desde Washington ni desde Moscú, como se vio tras la crisis de Suez.

En Asia Oriental no se había aplacado el temor a la expansión comunista. Se mantuvo el presupuesto de que, si caía Vietnam caerían otros. Cuando Francia abandonó Vietnam, EE.UU. no reconoció la división del territorio en el paralelo 17º acordada en la Conferencia de Ginebra de 1954. En el norte comunista se instauró la República Democrática de Vietnam, con capital en Hanoi. Al sur, el emperador Bo Di, marioneta francesa, siguió al mando desde Saigón. Los norteamericanos se convirtieron en sus protectores militares, con ayuda económica y militar, mientras la recién creada SEATO extendía su defensa a Vietnam del Sur, Laos y Camboya. EE.UU. apoyó un golpe de estado en Vietnam del Sur con el que comenzó la dictadura de Ngo Dinh Diem. La oposición a su régimen, el Vietcong, inició acciones para derribarlo y unificar el país.

Hacia 1958 ya había una guerra civil en la que EE.UU. estaba muy implicado.

Además la tensa relación con la China comunista se tradujo en dos crisis graves: en 1954-1955, cuando tras la ocupación de 2 islas por China, EEUU amenazó con usar armas nucleares en defensa de Taiwán, y en 1958, tras un nuevo bombardeo chino a dichas islas, cuando la amenaza nuclear fue usada por Moscú.

Por otra parte, necesidades presupuestarias y avances tecnológicos alimentaron la carrera nuclear y la retórica extremista sobre su uso. En la parte soviética, las urgencias económicas internas contribuyeron de forma indirecta a acelerar el programa nuclear. Apostó por desarrollar misiles balísticos para armas atómicas en vez de costosos bombarderos de gran autonomía. En 1955, cuando EE.UU. inicio la producción del misil intercontinental (ICBM) Atlas y del Thor, de alcance medio (IRBM), en la URSS probaron la bomba de 1,6 megatones; un año después, el primer misil balístico de alcance medio y en agosto de 1957 un misil intercontinental. En octubre, mostraron al mundo sus avances con el lanzamiento del satélite Sputnik, cuya órbita llegó a EE.UU donde cundió la alarma y durante los años siguientes se temió una superioridad tecnológica soviética acelerándose la carrera espacial (se creó la NASA) y el programa de misiles, que tranquilizó a la opinión pública. Kruschev había intentado crear la apariencia de un empate nuclear para debilitar a la OTAN y las otras alianzas militares anticomunistas y no se amedrentó por la inferioridad atómica soviética. Pensó que el miedo a una guerra nuclear en EE.UU. permitía a la URSS promocionar el comunismo en el Tercer Mundo y mantener su control sobre Europa Central sin temor a represalias. De ahí que desde 1956 (Suez) comenzase también a utilizar los misiles atómicos como argumento en las crisis internacionales.

En consecuencia, aunque en 1957 se creaba en la ONU la Agencia Internacional de Energía Atómica para controlar información y materiales nucleares y facilitar el uso pacífico de esa energía, la suspensión de experimentos nucleares, negociada en 1958 entre las dos superpotencias, no duró ni tres años. Ninguno podía prescindir de la estrategia nuclear. El único logro fue la firma en diciembre de 1959 del tratado de la Antártica, que desmilitarizaba la región y prohibía verter desechos radiactivos allí. Mientras, la opinión pública, dirigentes políticos y científicos empezaron a reaccionar ante un conflicto nuclear que podía acabar con la Humanidad: Oppenheimer, Einstein o Russell fueron pioneros en su denuncia y a finales de los 50 surgieron movimientos pacifistas en Europa y EEUU.

La década terminó con un repunte de tensión en otoño de 1958 que tuvo como escenarios Taiwán y Berlín. La crisis con China se cerró pronto, porque EE.UU. no deseaba una escalada bélica y Pekín no recibió el apoyo nuclear soviético que esperaba. Meses antes, la URSS, temiendo que la RFA consiguiera el arma atómica, había propuesto una zona desnuclearizada en Europa Central, que no fue aceptada. Kruschev reaccionó presionando en Berlín. La ciudad, en territorio de la RDA, servía como vía de escape para los que abandonaban el comunismo y refugiarse en Occidente. El creciente número de deserciones desprestigiaba la RDA y la URSS. En noviembre de 1958, Kruschev conminó a las potencias occidentales a acordar un modus vivendi sobre la ciudad antes de seis meses: o convertían

Berlín en "ciudad libre” o cedería el control de sus accesos occidentales a la RDA. Con este ultimátum pretendía una retirada militar occidental para minar la credibilidad del compromiso norteamericano con la defensa de Europa, alimentar las oposiciones neutralistas y antinucleares que le beneficiaban y obligar a EE.UU. a negociar de igual a igual. No hubo respuesta occidental y el tema se atascó.

Kruschev dio marcha atrás y anuló el ultimátum y pudo viajar en visita oficial a EE.UU. en verano de 1959. Incluso se preparó una cumbre en París en 1960 para tratar la prohibición definitiva de pruebas nucleares. Pero el derribo de un avión espía norteamericano en territorio soviético, alteró el clima, la conferencia se anuló y quedó sin resolver el tema de las pruebas nucleares y la cuestión de Berlín.

En conclusión, ni en EE.UU. ni en la URSS estuvieron dispuestos a correr riesgos para alcanzar la paz en los 50. Las visiones acerca de las amenazas y oportunidades del sistema internacional siguieron prisioneras de ideologías antagónicas y de percepciones sobre seguridad nacional incompatibles. Al equipo de Eisenhower le preocupaba sobre todo la situación de Alemania y que los nacionalistas revolucionarios se pudieran alinear con el comunismo.

Eso los llevó a multiplicar sus obligaciones de seguridad externas y proseguir la carrera armamentística. Por su parte los nuevos líderes soviéticos necesitaban ganar tiempo y esfuerzo para mejorar el nivel de vida de su población, pero no podían pasar por alto la hostilidad del mundo capitalista. Kruschev creía en la obligación soviética de ayudar a expandir la revolución comunista en el mundo y además, desde 1957, se vio obligado a restaurar el prestigio de la URSS en el exterior, dañado tras los sucesos de 1956. Así que la guerra fría continuó.

Desestalinación y disidencias en el bloque comunista

En 1953 la URSS era una potencia industrial, pero a precio muy alto: el mundo rural sacrificado, bajo nivel de vida, duras condiciones laborales y represión. Cuando Stalin murió, sus sucesores trataron de restablecer el orden “constitucional” devolviendo atribuciones al estado en detrimento del partido. Diseñaron un gobierno colegiado y colectivo: Malenkov, presidente del Consejo de Ministros, con 4 vicepresidentes, de los cuales Beria era el hombre fuerte. La sucesión no terminó de resolverse hasta 1955, cuando Nikita Kruschev, que había venido desempeñando las funciones de secretario general del partido único, se hizo con el poder.

El proyecto era humanizar el comunismo. Un primer paso fue limitar la represión; decretaron la amnistía para delitos de hasta 5 años y prohibieron el uso rutinario de la tortura. Esta línea reformista promovida por Malenkov se confirmó tras la eliminación de Beria y las revueltas en los campos de trabajo siberianos. En 1955 el control de la policía política pasó al Comité Central, aunque la definitiva ruptura llegó con la denuncia de los crímenes del estalinismo que hizo Kruschev en su informe secreto al XX Congreso de febrero de 1956. Unos cinco millones de prisioneros del gulag fueron liberados desde 1953 tras la revisión de sus causas. 

El otro objetivo interno fue mejorar el nivel de vida de la población. Para ello se reequilibró el V Plan Quinquenal (1951-1955) dando impulso a la industria de bienes de consumo, vivienda y más facilidades para los agricultores de los koljoses. También se flexibilizó la legislación laboral. Para disponer de recursos se previó limitar el incremento de gastos militares, lo que obligaba a mejorar o estabilizar las relaciones con Occidente, aunque temieran que EE.UU. pudiera aprovechar su debilidad.

Desde 1956, Kruschev, una vez se deshizo de sus adversarios y asumió el cargo de comandante en jefe de la URSS, profundizó las reformas. No obstante, nunca prescindió de cierto culto a la personalidad, ni rompió con la visión ortodoxa del antagonismo entre comunismo y capitalismo. Alcanzó su máximo poder entre 1958-1960, con gran popularidad por las ventajas para la población de sus cambios económicos y sus reformas sociales. Incluso permitió mayor libertad cultural, con muchas limitaciones, cierta democratización de la enseñanza superior y la rotación de los cuadros del partido. Sin embargo, al final de década el rápido ascenso del nivel de vida experimentado desde 1953 se estancó. Su programa agrícola de poner en explotación “tierras vírgenes” no dio resultado y tuvo que tomar medidas para frenar el desarrollo de explotaciones agrícolas privadas, lo que provocó escasez de algunos productos.

Por otra parte, el programa armamentístico terminó resultando más oneroso de lo previsto. La ayuda masiva a China, los subsidios a Polonia y Hungría desde 1956 y la generosidad con Egipto también incidieron negativamente, de modo que hubo que anular los tres últimos años del plan quinquenal y anunciar uno nuevo de siete años.

En el resto de países del bloque comunista europeo a principios de los 50 continuaba el proceso de homologación de sus sistemas políticos y económicos con el soviético. Se había conseguido cierto desarrollo económico y progresos en escolarización, pero a costa de graves desequilibrios que quebraron el consenso político. Las disfunciones de la modernización comunista suscitaron la crítica en las ciudades, en la nueva clase obrera, la universidad y los intelectuales. Los primeros síntomas fueron las revueltas obreras de 1953 en Berlín, en la checa de Pilsen y en Bulgaria, todas reprimidas. Tras cierta confusión inicial, los dirigentes soviéticos postestalinistas buscaron extender a los países satélites sus reformas en la planificación para mejorar el nivel de vida y relajar la represión.

En los primeros años se hicieron algunas rectificaciones económicas, se impusieron direcciones colegiadas, fueron relevados señalados estalinistas y rehabilitados algunos dirigentes víctimas de los procesos de 1948-1952. En todos los países surgieron corrientes opuestas de renovadores e inmovilistas, pero, sobre todo, se generó un clima de esperanzas de evolución, que se intensificó a raíz de la rehabilitación del Partido Comunista polaco y tras la denuncia del culto a la personalidad y los excesos de estalinistas por Kruschev en 1956. Además, la reconciliación de la URSS con la Yugoslavia de Tito en 1955 y la disolución de la Cominform (abril de 1956) parecían mostrar que Moscú permitiría a sus satélites “distintos caminos hacia el socialismo”, haciendo compatibles comunismo y libertad nacional.

Las consecuencias de la desestalinización se manifestaron en pocos meses: al descontento por el bajo nivel de vida se sumaron pulsiones nacionalistas, intelectuales críticos y un sistema con crisis de liderazgo político desde la muerte de Stalin. Los problemas comenzaron en Polonia, primero con movilizaciones obreras por conflictos laborales, que fueron reprimidas. Les siguió una oleada de protestas que pedían “paz y libertad”, la salida de los rusos y la liberación del cardenal Wyszinski. Para contener el descontento fue rehabilitado Wladyslav Gomulka, prestigioso líder comunista disidente, en la cárcel entre 1951-1954, que pronto inició un programa reformista. Cuando Moscú trató d reemplazarlo en octubre de 1956, Gomulka garantizó que mantendría el orden y no rompería con la URSS. Kruschev, ante la alternativa de una llamada a la resistencia popular, cedió y no ordenó la intervención militar soviética prevista.

En Hungría, entre 1953-1955 había gobernado el reformista Imre Nagy, con programa de liberalizaciones. Fue vetado por Moscú, relevado primero por Matias Rákosi y finalmente por el prosoviético Erno Gero. La situación se complicó desde octubre de 1956, a raíz de una conmemoración histórica que derivó en homenaje a Laszlo Rajk y otras víctimas stalinistas. Con lo que sucedía en Polonia, comenzaron manifestaciones de estudiantes organizados al margen del partido único, con programa de reformas económicas y liberalización política. Moscú accedió a rehabilitar a Nagy como presidente del consejo, pero las protestas adquirieron carácter de insurrección. Las tropas soviéticas se retiraron tras el nombramiento de Janos Kadar como secretario del partido. Pero Nagy declaró el 30 de octubre su voluntad de restaurar un sistema de partidos y salir del Pacto de Varsovia. Además existía alto riesgo de contagio: el movimiento húngaro estaba prendiendo entre estudiantes rumanos, intelectuales búlgaros y había revueltas en el Báltico y Ucrania Occidental, o manifestaciones y huelgas de hambre de estudiantes en Moscú y otras ciudades.

Kruschev tenía encima a los sectores duros del partido y a la burocracia nada proclives a la distensión. El 4 de noviembre tropas soviéticas intervinieron y aplastaron a los resistentes, que no recibieron ayuda de los países occidentales, paralizados por la crisis de Suez y la campaña presidencial norteamericana. Nagy acabó fusilado en 1958; János Kádár, su sustituto en el gobierno hasta 1989, retomó la senda reformista, sobre todo en lo económico.

La revuelta húngara tuvo importantes consecuencias dentro y fuera del bloque soviético. En la URSS el proceso de liberalización se frenó de golpe y hubo oleada de arrestos; también un intento fallido de relevar a Kruschev en 1957 promovido por sus antiguos aliados al considerar que estaba debilitando el dominio soviético en Europa Oriental. El líder salió fortalecido, pero desde ese momento introdujo cambios en política exterior para demostrar al partido y los militares su capacidad para mantener y expandir el poder internacional.

En Europa, procuró equilibrar su control de la zona con ayuda económica y cierto grado de permisividad hacia políticas de liberalización nacionales. Se abrieron las “vías nacionales hacia el socialismo”, que permitieron mayor autonomía, sobre todo en política económica. El modelo general de planificación se flexibilizó. En algunos países los criterios de elección de cargos comunistas empezaron a depender más de competencias profesionales que de la fiabilidad política y también hubo más libertad para establecer relaciones comerciales con Occidente. Sin embargo, excepto Checoslovaquia, donde la intelectualidad tuvo algo de margen, siguió el férreo control sobre la vida cultural.

Pese a las lentas mejoras del nivel de vida el sistema del “socialismo real” fue perdiendo legitimidad y surgió una disidencia de jóvenes intelectuales. En paralelo, Yugoslavia volvió a enfriar sus relaciones y optó por una orientación autónoma no alineada y por acercarse a Occidente.

Occidente también defraudó. En 1956 quedó claro que EE.UU. no intervendría para liberar a la Europa del Este: una cosa era propaganda y acciones secretas y otra, la guerra. Comienza a funcionar una especie de pacto tácito que dejaba a cada una libertad en su zona de influencia. La afiliación a partidos comunistas cayó en Europa Occidental y el aura que la URSS había tenido entre la intelectualidad de izquierda se desvaneció.

El nuevo régimen comunista de China se enfrentaba a la necesidad de desarrollar un país de más de 600 millones de personas. Para lograrlo, una de las primeras medidas fue socavar la estructura familiar patriarcal y las prácticas sociales que sostenían el mundo campesino tradicional: con la ley matrimonial de 1950 se prohibieron el matrimonio concertado y entre menores de edad, la bigamia, el concubinato y el infanticidio, se estableció el divorcio y se dio impulso a la escolarización infantil. Se aprobó una amplia reforma agraria que redistribuyó las tierras de grandes propietarios y comunidades religiosas. Como complemento se aprobó en 1953 el Primer Plan Quinquenal para una industrialización acelerada, dándose prioridad a la industria pesada sobre las necesidades del sector agrario. Estos procesos no se hicieron sin violencia.

El régimen de la República Popular de China, bajo absoluto control del partido Comunista, sancionó en 1954 una constitución centralista. Diferencias con el modelo soviético fueron la no aceptación de minorías étnicas y la inexistencia de una policía política independiente del estado. El grueso de la afiliación del partido procedía del campesinado, 69%, y funcionaba con una disciplina casi militar. La peculiar política china tenía que ver con la personalidad de Mao, comunista ortodoxo pero a la vez influenciado por el pensamiento tradicional chino, quien ejerció de árbitro entre las dos tendencias del partido: una más radical, de Mao, confiada en la capacidad China de resolver sus problemas con el trabajo y la movilización de las masas y recelosa de occidente; otra más realista y tecnocrática (Deng Xiaoping), que apostaba por una modernización gradual y equilibrada, el control de la natalidad y una mayor apertura hacia el mundo exterior.

Muchos estados y la ONU seguían reconociendo al gobierno nacionalista refugiado en Taiwán. La desestalinización tuvo su reflejo en China con el movimiento de las “cien flores”, que supuso una efímera liberalización. Sin embargo, ante las críticas al régimen, la campaña se cerró. Dada la lentitud de logros económicos, en lugar de buscar un desarrollo más equilibrado, Mao optó por criticar la desestalinización y endurecer la revolución. Se puso en marcha el “Gran salto hacia delante”, que impuso brutal colectivización rural y lanzó una irracional campaña para acelerar la industrialización en detrimento de la producción agrícola.

China puso en marcha un ejército moderno y buscó expandir su influencia exterior, sobre todo en Asia, donde se implicó en los conflictos de Corea y Vietnam. Se erigió en defensora de todos los pueblos oprimidos por el imperialismo y se opuso a la distensión con Occidente defendida por los líderes soviéticos postestalinistas. Sus relaciones con la URSS se deterioraron, sobre todo a raíz de la limitada ayuda soviética en la crisis de Taiwán con EE.UU. y de la estrategia nuclear de Kruschev, que relegaba a China a una posición secundaria en la jerarquía de las grandes potencias. También mantuvieron relaciones tensas con Japón y, al final de la década, con India. Para  entonces, mientras el Gobierno desarrollaba su propio programa nuclear (sin ayuda soviética desde 1959), el país se sumía en una profunda crisis.

Las democracias occidentales y la Comunidad Europea

En EE.UU., la Guerra de Corea y el programa de rearme por la Guerra Fría fueron dos estímulos para la economía. A principios de los 50 era la primera potencia. La amplitud de su mercado interno tuvo como resultado una sociedad de consumo de masas, en la que sólo indios, negros e inmigrantes permanecían como desfavorecidos. Truman había presentado la Guerra Fría como un conflicto ideológico entre dos formas de vida para contrarrestar las tesis nacionalistas y aislacionistas republicanas. No deseaba lanzar una cruzada ideológica, pero por presión de éstos, aceptó crear los comités de lealtad, para investigar el pasado de los funcionarios federales y apoyó la legislación para crear la CIA y el Consejo de Seguridad Nacional. Su principal consecuencia fue el MacCarthismo, reacción conservadora que explica, en parte, el triunfo republicano en noviembre de 1952. El nuevo presidente Eisenhower puso en marcha su programa de “Republicanismo moderno”, que implicó reducción de impuestos y menor control sobre la economía. Sin embargo, no rompió con las políticas sociales heredadas de los demócratas. En 1954-55 el Tribunal Supremo había declarado ilegal la segregación racial en enseñanza y transportes, en 1957 se abrió la lucha contra la discriminación electoral.

MacCartismo

En Europa Occidental, gracias a las políticas puestas en marcha desde 1945 y al Plan Marshall, las economías recuperaron en 1953 las reservas de oro y divisas de 1938. Hacia 1950 habían estabilizado precios y mejorado su balanza exterior. La demanda por la Guerra de Corea ayudó y se entró en un crecimiento económico sostenido. La característica común fue la estabilidad. La tensión de la Guerra Fría influyó de forma positiva. Funcionó un particular consenso para evitar polarización política y enfrentamiento que pudiera tener el efecto de convulsionar el equilibrio que tanto había costado. En poco tiempo los partidos comunistas perdieron apoyos y el rebrote de la derecha fascista dejó de ser un peligro potencial. La intensa movilización política de los años siguientes al 1945 descendió y con ella el entusiasmo idealista y reformista. La izquierda socialdemócrata y los partidos democristianos reformistas siguieron monopolizando el poder, pero sus programas se moderaron y despolitizaron.

En GB los conservadores acapararon el poder entre 1951 y 1964. Tuvieron que abordar el final del imperio y mantuvieron los programas sociales laboristas. El coste de éstos sumado a un gravoso gasto militar constituyeron una pesada carga presupuestaria, que unida a unos salarios elevados determinó menor competitividad y un crecimiento económico más moderado que el resto de Europa Occidental.

 En Italia, la Democracia Cristiana se mantuvo por encima del 40% de votos y gobernó en coalición con pequeños partidos de centro hasta 1963. Su principal proyecto fue la campaña para desarrollar el sur del país —reforma agraria incluida— a través de la Cassa per il Mezzogiorno, que consiguió cierto éxito, pese a la trama de clientelismo y corrupción a que dio lugar y que terminó penetrando toda la política italiana. En Bélgica y Holanda los partidos católicos reformistas también controlaron el gobierno durante dos décadas y lograron la cooperación entre las comunidades culturales que dividían históricamente ambos países. En Austria, los dos partidos mayoritarios, católicos y socialistas, optaron por gobernar en coalición hasta 1966.

La RFA, bajo Konrad Adenauer, restauró su plena soberanía, la integración político-defensiva en el occidente democrático y el resurgir de su economía con el “milagro alemán”. Las instituciones federales, con gobiernos estables y cancilleres competentes, resultaron eficaces para fomentar la paz social. En contraste con los países vecinos, mantuvo una única central sindical, que facilitó las relaciones sociales. La CDU gobernó hasta 1966, con socio minoritario, la conservadora Unión Social Cristiana (CSU). El país también se benefició de la abundante mano de obra barata procedente, primero, de los refugiados de la zona oriental y luego de los inmigrantes de Europa del Sur.

Konrad Adenauer

La otra cara de su éxito fue el olvido selectivo del pasado nazi. El proyecto europeísta y la prosperidad económica se convirtieron en los nuevos estímulos de la sociedad alemana.

La estabilidad de la IV República francesa fue dificultosa, en parte por los costes de las guerras coloniales (Indochina, Argelia) que determinaron alta inflación y déficit pese a una alta tasa de crecimiento económico. Hasta 1947 se dio el Tripartidismo: comunistas (PCF), socialistas (SFIO) y católicos (MRP), que se repartían el electorado. Desde la salida del gobierno de los comunistas, hasta 1951, gobernó la llamada Tercera Fuerza, una frágil coalición de partidos (SFIO, Radicales, MRP y moderados) dispuestos a defender La IV República de la presión de comunistas y gaullistas del nuevo RPF (Rassemblement du Peuple Français), defensores de un cambio constitucional. Se sucedieron inestables gobiernos de coalición, casi todos de centro que no se ponían de acuerdo, con la consiguiente parálisis gubernativa. La conflictividad laboral se mantuvo alta, en parte por la ascendencia del sindicato comunista de la CGT.

En 1956 ganó las elecciones una coalición de centro-izquierda que culminó la descolonización de Túnez y Argelia, preparó la de África Negra y firmó el Tratado de Roma, pero no pudo encarar la grave situación argelina. En mayo de 1958, ante la actitud rebelde de los militares en Argelia, el presidente Coty encargó gobierno a De Gaulle, quien consiguió de la Asamblea Nacional poderes para preparar una constitución. Tras ganar referéndum, puso en marcha la V República, con poder Ejecutivo reforzado en manos del Presidente y un sistema electoral mayoritario en dos vueltas que sustituía al proporcional.

Las dictaduras ibéricas vivieron estabilidad política y relativo estancamiento económico. En España, con la oposición muy debilitada en el exilio, Franco reforzó su liderazgo entre familias políticas del Régimen y logró sus primeros éxitos internacionales (Pactos con EE.UU., Concordato de 1953 e ingreso en la ONU en 1955). Aparecieron signos de intranquilidad a partir de 1956, crisis estudiantiles y guerra de Ifni; aunque el mayor problema era el económico, por el fracaso del modelo autárquico. En Portugal, para el Estado Novo los 50 fueron tranquilos, con la oposición muy dividida, la integración en la ONU (1955) y un atlantismo que garantizaba su estatus internacional. Los problemas afloraron al final de década: fractura en el interior del régimen entre reformistas y ortodoxos, reorganización de oposición e inicio del problema colonial en la ONU frente a la política negacionista (provincialista) de Portugal.

En los 50 se dieron pasos decisivos en el proyecto de integración continental. La primera institución europeísta, el Consejo de Europa, se creó en mayo de 1949, a partir del congreso organizado por el “Movimiento para la Unidad Europea”. Su primer logro fue la “Convención Europea de Derechos Humanos” (1950).

El Plan Marshall no había acabado con aranceles y legislaciones proteccionistas europeos y, menos, crear un área de libre cambio continental. Sólo se había formado una pequeña Unión Aduanera, el Benelux (1948). El proyecto de extenderla a Francia e Italia no fructificó. Los grandes estados solo visualizaban proyectos económicos a escala nacional. En 1950 otro obstáculo para avanzar en la integración europea era la desconfianza que aún suscitaba Alemania. El “Plan Schumann” (ideado por Jean Monnet), puso en marcha el proceso de integración de la RFA desde la creación de la CECA en abril de 1951(Tratado de París). Sólo era una especie de cártel internacional (Francia, Italia, RFA y Benelux) para carbón y acero, pero era una revolución diplomática en Europa, porque suponía la superación de la hostilidad franco alemana. Por primera vez seis países europeos aceptaban ceder una parte mínima de soberanía a favor de un organismo supranacional, la Alta Autoridad de la CECA.

Tras los avances en materia militar (estructuras europeas de la OTAN y la UEO), el siguiente paso en la integración europea fue resultado de la Conferencia de la CECA en Mesina (1955), donde se empezó a negociar lo que fue el Tratado de Roma de 1957. Nacía la Comunidad Económica Europea, un proyecto para un mercado único sin barreras aduaneras (excepción de productos agrícolas), un arancel externo único, libre circulación de mano de obra y capitales, armonización de legislación social y una institución para la investigación nuclear, EURATOM, para minimizar la dependencia del petróleo árabe tras la crisis de Suez. Además, se previó un parlamento con una función de control sobre las decisiones de la Comisión y un Tribunal de Justicia.

GB y los países escandinavos quedaron al margen. Los británicos recelaban de cualquier proyecto federal y tenían objeciones comerciales por la importancia de sus relaciones con los países de la Commonwealth. Además, estaba su nexo con EE.UU. y su desconfianza del nuevo eje continental francoalemán. Autoexcluirse del proyecto convirtió a Francia en el puntal de la Europa de los Seis. Desde Londres se auspició en 1959 un bloque comercial paralelo, aunque sólo con desarme arancelario de productos industriales y sin tarifa exterior común: la Asociación Europea de Libre Comercio (EFTA), con Irlanda, Austria, Dinamarca, Portugal, Noruega, Suecia, Suiza y Finlandia. Gracias a estas organizaciones económicas se incrementó el comercio intra/extracontinental europeo y se resolvió el problema del Sarre, con su integración a Alemania.

En Japón, la demanda por la Guerra de Corea sirvió para reactivar su industria. Su posterior desarrollo fue espectacular. Las exportaciones se multiplicaron en cantidad y calidad (máquinas, motos, navíos...) y EE.UU. se convirtió en su principal mercado. Las razones fueron escaso gasto militar, sistema educativo eficiente y selectivo, más la inversión de los bancos en el sector industrial, tipos de interés bajos y el papel dirigista del estado, con un sistema de aranceles que aseguró a la industria nacional el control del mercado interno. Además, la mano de obra era abundante y barata. La economía también se benefició de la estabilidad política, con dominio del partido Liberal-demócrata desde 1955. Al final de década se había recuperado y había logrado respeto internacional: en 1955 entró en GATT, en 1956 en la ONU y en 1964 organizó los Juegos Olímpicos.

El segundo impulso descolonizador: África del Norte y Oriente Medio. La crisis de Suez. El no-alineamiento y la emergencia del Tercer Mundo

En los años centrales de los 50 tuvo lugar un segundo impulso descolonizador que afectó a los territorios asiáticos de Francia (independencia de Vietnam y Camboya en 1954) y al Norte de África. En el Magreb, las reivindicaciones nacionalistas contra el dominio francés arreciaron, dirigidas por el Istiqlal (Partido de la Independencia, 1937) en Marruecos, el tunecino Neo-Destur (Partido de la Constitución, 1934) de Bourguiba, más las organizaciones de Messali Hadj y Ferhat Abbas en Argelia. Desde 1945 la única respuesta francesa fue represión y nuevas medidas asimilacionistas. El derrocamiento del sultán de Marruecos por el Residente General francés y su deportación en 1953 provocó una oleada de actos terroristas antifranceses y se inició una guerra en Argelia sostenida por el Frente de Liberación Nacional (FLN). Esos factores aceleraron la decisión de otorgar la independencia a Túnez y Marruecos en marzo de 1956. La España de Franco se vio forzada a seguir la misma política en su parte norte del Protectorado marroquí inmediatamente después y, en 1957, afrontar un conflicto militar en Ifni.

Marruecos

Desembarazarse de Argelia fue más complejo porque estaba considerada parte del territorio francés.

Desde el Estatuto de Argelia, de 1947, contaban con una Asamblea que garantizaba su preeminencia,

reforzada por la manipulación electoral ejercida contra el nacionalismo argelino. Un sector de éste optó por la lucha armada y logró el apoyo del resto: la insurrección argelina, que estalló en 1954, se prolongó durante 8 años de guerra civil. En 1958 la situación provocó la crisis definitiva de la IV República. Pero una vez al frente del Ejecutivo, en contra de lo esperado por los colonos europeos, De Gaulle propuso en 1959 la autodeterminación de Argelia, aprobada en referéndum por el 75% de los franceses metropolitanos. Los oficiales del Ejército y los colonos en Argelia se opusieron y organizaron las OAS (Organisation de l'Armée Secrète), que intentó sin éxito un golpe de Estado militar en 1961. Se cerró a partir de los Acuerdos de Évian (1962), un alto el fuego y un referéndum que permitió la independencia de Argelia en julio de este año.

Argelia

Libia había conseguido su independencia bajo patrocinio de la ONU en 1951, con Idris I al frente de una monarquía constitucional ultraconservadora y prooccidental. Como el resto de países árabes, formalmente independientes, no tenía control de sus recursos minerales (petróleo), en manos de compañías occidentales que, además, apoyaban al sionismo. El único intento de nacionalizar el sector petrolífero, en Irán, había sido abortado en 1953. Egipto tomó el relevo. Protectorado británico entre 1914 y 1922, había mantenido desde entonces una relación de dependencia con GB que siguió interfiriendo en la política interna de la deslegitimada monarquía egipcia. La derrota en Palestina, que conmocionó al mundo árabe, tuvo pronto consecuencias en Egipto. En 1952, el rey Faruk fue derrocado por oficiales nacionalistas contrarios a la presencia militar británica. Londres retiró sus tropas, pero ocupó el canal de Suez ante el temor de perder el acceso. En dos años el coronel Gamal Abdul Nasser se convirtió en el hombre fuerte de un nuevo régimen. Sus objetivos fueron una reforma agraria, la definitiva salida de Egipto de GB y que esta concediera la autonomía a Sudán (independiente en 1956). Londres accedió en 1954 ante el temor de perder el petróleo a través del canal. En junio de 1956 acabó la evacuación británica, pero para entonces Nasser se había erigido en líder del movimiento de países no alineados y del panarabismo. Condenaba el colonialismo y se negó a entrar en el Pacto de

Bagdad, se acercó al bloque soviético y firmó un acuerdo para el suministro de armas checoslovacas (1955), aparte de reconocer a la China Comunista. Rubricó una alianza militar antiisraelí con Arabia Saudí, Siria y Yemen y facilitó los ataques palestinos desde su territorio. Con París y Londres en contra, se enemistó con EE.UU. por su acercamiento al bloque comunista, congelando Washington la aportación para la presa de Aswan. La respuesta de Nasser fue la nacionalización de la franco-británica Suez Canal Company el 26 de julio de 1956.

Nasser

Mientras se celebraba una conferencia internacional en Londres para la solución pacífica del problema, Francia, GB e Israel organizaron en secreto una invasión conjunta de Egipto. Inició el ataque Israel en octubre, con la ocupación del Sinaí que sirvió de excusa para la intervención anglo-francesa. Pero sólo ocuparon la parte norte del Canal y Nasser reaccionó hundiendo barcos en el Canal, que quedó fuera de servicio y cerró el oleoducto Irak-Siria Líbano, con grave daño para el suministro petrolífero de Europa Occidental. La torpeza de sus aliados enfadó a Eisenhower, quien promovió una resolución de la ONU a favor de un alto el fuego. Ante la presión de EE.UU. y la URSS, británicos y franceses se retiraron; Israel lo hizo cuando recibió la garantía norteamericana de que sus barcos tendrían paso libre en el estrecho de Tirán, su salida marítima al Índico.

La crisis ratificó la decadencia francesa, se resintió la economía británica, su influencia en Oriente Medio y sus relaciones con EEUU. La crisis incrementó la popularidad de Nasser y estimuló sus ambiciones como líder regional.

El reforzamiento de lazos económicos y militares con el bloque soviético convirtió la región en escenario de confrontación entre superpotencias. Eisenhower logró que el Legislativo norteamericano autorizara el uso de fuerza en el área y un costoso programa de ayuda económica y militar a los países que resistieran los avances soviéticos.

Esta estrategia para llenar el vacío dejado por la influencia franco-británica se conoció como la “Doctrina Eisenhower” e incluyó el apoyo a las monarquías árabes conservadoras y a Israel. Sin embargo, no funcionó para mantener la estabilidad en la región: el sentimiento nacionalista revolucionario se expandió entre los pueblos árabes. En febrero de 1958 se creaba la República Unida, que incluía Egipto, Siria y Yemen, y en respuesta a la efímera Unión Árabe entre Irak y Jordania. La amenaza nasserista sobre Líbano y Jordania pudo neutralizarse gracias a la intervención militar angloamericana. A la larga el sueño panarabistas resultó irrealizable por la división de los países de la zona.

Doctrina Eisenhower

En 1963 dos golpes militares instauraron el partido Baas en Irak y Siria, sin embargo, ambos regímenes no llegaron a entenderse y, entretanto, el nuevo socialismo islámico, tanto en su versión egipcia como baasista, fue siempre rechazado por las monarquías árabes conservadoras.

La crisis de Suez contribuyó a dar más visibilidad a lo que se llamó Tercer Mundo, bloque de países recién emergido.

Jóvenes estados que echaban a andar tras luchar por su independencia y que, a pesar de fragilidad política y graves problemas de subdesarrollo, demostraron voluntad de hacerse oír y cierta reticencia a participar en la dinámica de la Guerra Fría. Se fue creando entre ellos solidaridad basada en problemas compartidos de desarrollo, defensa del principio de la autodeterminación de los pueblos y rechazo al intervencionismo. En abril de 1955, se organizó una conferencia afroasiática en Bandung bajo lema de la no alineación y la condena del colonialismo quedando definidos los principios básicos de la coexistencia pacífica. También se hacía un llamamiento al desarme. Nació una potente solidaridad política entre países afroasiáticos, que significó la "muerte del complejo de inferioridad del Tercer Mundo".

En principio las divisiones ideológicas, institucionales y culturales impidieron avanzar más al grupo. Pero la India de Nehru, la Yugoslavia de Tito, el Egipto de Nasser y la Indonesia de Sukarno, decidieron profundizar sus lazos y concertar su acción política para tratar de influir en las relaciones internacionales usando la equidistancia entre bloques con el objetivo de presionar a ambas partes y acelerar el proceso de descolonización. Ellos fueron el núcleo del movimiento de países no alineados, que bajo su liderazgo adquirió un tono antioccidental, con una organización  permanente que surgió de la conferencia de Belgrado para la paz y la seguridad internacional en 1961.

Los años 50

1950

 Comienza la guerra en Corea, la del Norte, apoyada por la URSS y China, y Corea Corea del Sur apoyada por los Estados Unidos. Entonces, se crea el famoso paralelo 38.

Se internacionaliza la guerra en Indochina. Ayuda chino-soviética a Ho Chi Minh y apoyo norteamericano a los franceses.

Violenta campaña anticomunista en USA, encabezada por el senador McCarthy

1951

Formación de un gobierno autónomo en Ghama

Independencia de Libia

Creación del Consejo del Pacífico -ANZUS - formado por Australia, Estados Unidos y Nueva Zelanda.

En San Francisco se firma el tratado de paz entre Japón y los aliados, que le devuelve la soberanía. No firma este documento la Unión Soviética.

El Tratado de París forma la Comunidad europea del carbón y el acero.

Balduino, rey de los belgas.

Mussaddaq, primer ministro de Irán, nacionaliza el petróleo.

1952

La revuelta triunfante proclama la República Árabe de Egipto.

Rebelión Mau Mau, en Kenia.

Eritrea es incorporada como Estado Federal a Etiopía

Batista regresa al poder, en Cuba

Puerto Rico, estado libre asociado a Estados Unidos.

Primera explosión de Bomba de Hidrógeno en las islas Marshall.

Isabel II, reina de Gran Bretaña.

El ejército se hace con el poder en Egipto.

Hussein es proclamado rey de Jordania.

Turquía ingresa a la OTAN.

Inicio de la revuelta Mau-mau en Kenya, que se prologará hasta 1956.

1953

Muerte de Stalin.

Francia depone a Muhammad V, sultán de Marruecos

Establecen el sufragio universal en la Guayana británica.

Einsenhower, elegido Presidente de Estados Unidos.

1954

Laos, Cambodia y Vietnam se declaran independientes.

Revueltas nacionalistas en Argelia.

Autonomía interna de Tunisia.

Autonomía de Surinam.

Botan el primer submarino de propulsión nuclear, el Nautilus, en USA.

Caída de Dien Bien Phu. El acuerdo de Ginebra divide en dos a Vietnam, manteniéndose el paralelo 17. También confirma la independencia de Camboya.

El coronel Nasser se hace con el poder en Egipto.

1955

Los países del Este firman el Pacto de Varsovia.

En Argentina, Perón es derrocado por una Junta Militar.

Deponen al emperador Bao Dai en Vietnam del Sur.

En Bandug, Conferencia afroasiática en la que se condena el colonialismo

Locomotoras eléctricas francesas sobrepasan los 300 kilómetros de velocidad.

1956

Segunda guerra árabe-israelí.

Revuelta en Polonia. Gomulka asume el poder.

Revuelta en Hungría, repelida por la URSS.

Invasión franco-inglesa del Canal de Suez.

1957

El Sputnik soviético, primer satélite artificial.

Se firma el Tratado de Roma formando la Comunidad Económica Europea.

Estalla guerra civil en Vietman.

Independencia de Ghana en el marco de la Commonwealth

Burguiba proclama la república de Tunisia y asume la presidencia

Duvalier instaura su dictadura en Hatí.

Independencia de Malasia.

1958

Francia inicia con V República y De Gaulle es elegido Presidente.

Guinea rompe sus vínculos con Francia y pasa a ser independiente bajo el mando de Sékou Touré.

Madagascar se convierte en república autónoma.

También pasa a ser república autonómica Nyasalandia.

Mao Zedong lanza la campaña el salto hacia adelante.

1959

Triunfo de la Revolución Cubana.

Se ratifica el Tratado de Libre Comercio Europeo

Estados Unidos rompe relaciones con Cuba.

Las Naciones Unidas condenan el apartheid.

Dag Hammarskjöld asesinado en accidente de aviación.

El soviético Yuri Gagarin es el primer astronauta.

Sudáfrica se independiza.

Se construye el muro de Berlín.

martes, 1 de abril de 2025

DESARROLLO Y DEMOCRACIA SOCIAL EN LOS SESENTA

La década de los 60 es, sin duda, una de las épocas más recordadas del pasado siglo XX. Años de gran convulsión política: empieza la guerra de Vietnam, triunfa la Revolución cubana, empieza la descolonización del África negra, surgen las guerrillas en Latinoamérica, En Europa la juventud se alza en lo que posteriormente se conoció como el "Mayo Francés". Los movimientos sociales adquieren cada vez mayor importancia en América Latina, particularmente en Chile, donde en 1970 un gobierno socialista llegaría al poder por la vía democrática. La China de Mao vivió en esta década la llamada "Revolución cultural", que supuso una transformación de la milenaria sociedad de este país. Mientras tanto, Japón continuó desarrollando su reputación de potencia tecnológica y los productos provenientes de este país empezaron a alcanzar prestigio en todo el mundo, impulsando la economía del país, mientras la sociedad era reestructurada radicalmente pero conservando sus raíces culturales.La guerra de Vietnam, el racismo, la opresión de la educación, el avance del comunismo y otros factores, marcaron el nacimiento de un sinnúmero de movimientos contraculturales,  entre ellos, el más importante fue el movimiento hippie, el cual se extendió por todo el mundo con su originalidad e ideas progresistas. El “Mayo Francés” había mostrado las ambiciones de libertad de la juventud europea, pero también las de Latinoamérica, especialmente en países como  Chile, que, en 1970, alumbró un gobierno socialista llegado al poder por la vía democrática. Nuevo tiempo en Europa y en Latinoamérica. Aires de cambio, que asignaban nuevos roles sociales en colectivos como el de las mujeres.



Años de reivindicaciones de libertad

Derechos de la mujer y Derechos raciales 

Y es que, fue en los 60, cuando el feminismo adquirió carta de naturaleza. Surgió el Movimiento de Liberación de la Mujer. Tal y como señala Echols, si bien todas  las feministas estaban de acuerdo en la necesidad de separarse de los varones, disentían respecto a la naturaleza y el fin de la segregación. El feminismo radical dividió a las mujeres en "políticas" y "feministas" y, aunque todas ellas formaban inicialmente parte del movimiento  radical por su posición antisistema y por su afán de distanciarse del feminismo liberal, sus diferencias eran claras y son una referencia fundamental para entender la lucha de las mujeres.

Aquella década fue también un tiempo para  retomar  con fuerza el conflicto racial en Estados Unidos, que había estado silenciado por el Comité Creel. Una segregación racial que  fue practicada hasta mediados del siglo XX.

Crecimiento y desarrollo en el mundo capitalista: cambios sociales y políticos 

En los 60 se vivió una coyuntura económica mundial de crecimiento sostenido, con incremento anual de PIB en torno al 5% en Europa Occidental y 11% en Japón. El milagro alemán (6,5%) y el milagro italiano (5,3%) son los más conocidos, pero en países como España, por ejemplo, el PIB pasó de 2.397 a 8.739 dólares entre 1950 y 1973. 

América Latina y Asia experimentaron porcentajes de crecimiento en torno al 8%. Pero sólo en Occidente se consiguió desarrollo sostenido con una rápida industrialización y el consumo de energía se cuadruplicó, sobre todo la derivada de hidrocarburos, con un precio por barril estable hasta 1973. Los sectores con papel motor fueron el siderúrgico (acero) y el petroquímico (plástico, textiles sintéticos…); a los que se unieron las industrias electrónica, aeroespacial y nuclear. También fue el momento de expansión de la circulación por carretera y la industria automovilística, que dinamizó otros sectores. Estos progresos industriales estuvieron ligados a los científico-técnicos (cibernética), que se aplicaron con rapidez a las comunicaciones y a la automatización de la industria. Además con estos avances las empresas no solo mejoraron su aparato de producción, sino también sus métodos de gestión. 

Creció la importancia de la distribución, el marketing y la publicidad para estimular la demanda. 
Las industrias crecieron y se concentraron, aparecieron las grandes multinacionales que aplicaron el principio de la división internacional del trabajo. Los países occidentales industriales acapararon el 72,7% de las exportaciones mundiales. La interdependencia de las economías se vio favorecida por el mejor funcionamiento de los mecanismos creados en 1944 en Bretton Woods y el compromiso de los estados de mantener la convertibilidad de monedas, equilibrar balanza de pagos y liberalizar intercambios. En Europa, el proceso de integración reforzó estas tendencias. 

En algunos países se mantuvo un potente sector público. En la mayoría proporcionó a las empresas financiación privilegiada y pedidos. Además, lanzó programas de modernización, se preocupó por reducir los desequilibrios regionales, desarrolló infraestructuras, promovió la escolarización y la investigación y también fomentó el empleo público. En la RFA y los países escandinavos prestaron mucha atención a mitigar los conflictos sociales. El modelo consensuado desde 1945 de gasto público elevado, servicios sociales, fiscalidad progresiva y aumentos salariales moderados se manifestó exitoso y alcanzó su apogeo en los sesenta. 



El sector agropecuario experimentó una revolución por mecanización, aplicación científica, mejores abonos, fertilizantes, técnicas de regadío, más especialización, más formación y mejora de redes comerciales. Se incrementó mucho la productividad. Este progreso terminó alcanzando áreas del Tercer Mundo (México, Filipinas, India, Pakistán), ayudadas por el programa de 'revolución verde' de la FAO.
Se habla de una segunda revolución agrícola. 

Estos avances provocaron enormes transformaciones sociales. El crecimiento demográfico, el baby boom se tradujo en incremento de población por la combinación de seguridad social, empleo y paz.
También creció la esperanza de vida, pero, sobre todo, la pirámide poblacional rejuveneció. Este elemento, junto con la mayor escolarización, favoreció el espíritu de empresa, de innovación y una mayor cualificación laboral. La mujer se incorporó con más intensidad al mercado de trabajo. Hubo una disminución de la mano de obra agrícola y el consiguiente éxodo hacia las ciudades. Los emigrantes de la Europa meridional, junto con los procedentes de excolonias, constituyeron un formidable caudal de mano de obra barata para los países más industrializados. 


En el mundo laboral, fue el apogeo del sector obrero industrial y la generalización del taylorismo y fordismo (especialización de tareas, trabajo en cadena, varios turnos). En muchos países el crecimiento económico garantizó casi el pleno empleo y amplias posibilidades de promoción, las condiciones laborales mejoraron y la jornada laboral disminuyó. También se afirmó el sector terciario o servicios. En cambio el primario retrocedió de manera imparable. 

Los salarios se multiplicaron, lo que sumado a las prestaciones sociales del estado y a los sistemas impositivos redistributivos, permiten explicar el crecimiento de las clases medias y la mejora de la situación de las clases populares. Al crecer el poder adquisitivo, los hábitos de consumo cambiaron: menos gasto en alimentación y vestido y más en bienes duraderos como coches y electrodomésticos. La sociedad de consumo se generalizó en Occidente: publicidad, mecanismos de crédito, nuevas fórmulas comerciales (supermercados), turismo de masas y otras actividades ligadas a las vacaciones y al ocio. No todo fueron bondades: hubo sectores que perdieron pie o tardaron en recoger los frutos de la nueva economía; zonas con industrias anticuadas (carbón, textil), pequeños comerciantes, trabajadores inmigrantes no cualificados y minorías raciales en EEUU. Otros inconvenientes fueron la contaminación y otros daños al medio ambiente, la urbanización descontrolada. A final de década se percibe descontento por la bajada de salarios por la disminución del crecimiento. 

La venta masiva de radios y televisores permitió una rápida difusión de la información revolucionando las formas de movilizar y hacer política. Los jóvenes dispusieron por primera vez de poder adquisitivo y utilizaron la moda para marcar inconformismo. Se produjo una ruptura cultural que afectó a toda la sociedad. Un cambio de valores, rechazo a los convencionalismos y secularización que afectaron a toda Europa: los estilos aceptados de autoridad, disciplina y urbanidad quedaron en entredicho. Nació la "contracultura" con su impulso iconoclasta, que tuvo su reflejo en todas las artes. En el mundo laboral los trabajadores dejaron de demandar sólo salarios mejores y jornadas más cortas, para pedir cambios en sus relaciones con los jefes, una mayor autonomía profesional, incluso la autogestión. 


En política, su plasmación más conocida fueron los movimientos de protesta de 1968, los más famosos en Francia, pero también en Italia, Alemania, Checoslovaquia, Yugoslavia, Japón, México o EE.UU. En Europa, los jóvenes universitarios más radicales, cansados del reformismo de la izquierda tradicional, atraídos por corrientes marxistas heterodoxas (Herbert Marcus), que se identificaban con prácticas revolucionarias del Tercer Mundo, con la guerra de Vietnam como catalizador de las movilizaciones, dieron vida a una nueva izquierda, con un espíritu en esencia libertario, que en algunos países empezó a coquetear con la violencia. Los movimientos estudiantiles comenzaron protestando atención por problemas educativos, adquirieron importancia pública con los medios de comunicación y terminaron atrayendo sectores sociales más amplios, porque permitieron expresar un cierto malestar social escondido tras el bienestar económico. Su influencia política fue efímera, pero sus efectos culturales, sobre las conciencias, valores y costumbres, fueron mucho más duraderos. 



El demócrata John F. Kennedy se impuso en las elecciones de 1960 a Nixon, con un programa optimista e idealista, la Nueva Frontera: proyecto en consonancia con la fase de crecimiento económico. Fijaba nuevas metas nacionales, desde la conquista del espacio y los avances científicos a la resolución de problemas sociales pendientes. Sus primeros pasos no fueron rompedores ni en política interior ni exterior. Buscó impulsar la economía norteamericana con una bajada de impuestos, para favorecer inversiones y consumo, acompañada de un incremento del gasto público. No consiguió sacar adelante un seguro de salud universal, ni crear un Departamento de Asuntos Urbanos, ni ayuda federal para educación, pero planteó el programa social que su sucesor cumpliría. En integración racial, supo 
atraer el voto negro al identificarse con la lucha de Martin Luther King, pero inicialmente no legisló sobre ello porque no quería perder el apoyo de los demócratas del Sur. Fue la lucha de los activistas contra la segregación en espacios públicos y la falta de derechos electorales en muchos estados lo que obligó a los hermanos Kennedy a tomar conciencia de las implicaciones morales y su contradicción con los principios de libertad y democracia del sistema político. El asesinato en Dallas, en noviembre de 1963, supuso tremenda sacudida psicológica para la sociedad. 

La clase media mayoritaria seguía disfrutando de una vida confortable y de la nueva cultura de masas que difundía los valores nacionales y cierto conformismo. Pero desde los 50 se estaban produciendo transformaciones sociales por los movimientos migratorios desde zonas rurales y regiones pobres hacia zonas prosperas. Desde las universidades, los jóvenes hippies rechazaban los valores capitalistas y se manifestaban a favor del retorno a la naturaleza, la vida en comunidad, la liberación sexual y uso de drogas. El feminismo fue otro movimiento relevante. Mayor trascendencia tuvieron las movilizaciones antisegregacionistas, con apoyo de iglesias y asociaciones religiosas de base que utilizaron métodos de resistencia pacífica. Su impacto popular hizo que, a los pocos meses de llegar, Jonhson hiciera aprobar la Civil Rights Act, el fin de toda discriminación racial en lugares públicos. Un año después la Voting Rights Act eliminaba la desigualdad electoral. 

Kennedy

Tras ganar las elecciones de noviembre de 1964, Lyndon B. Johnson se volcó en cumplir su programa que buscaba igualdad de derechos para todos y acabar con la pobreza. Pero su fructífera política social se vio empañada por la guerra de Vietnam: por el peso del gasto militar y por su impopularidad. En este clima surgieron los movimientos Black Power y Panteras Negras, inspirados en Malcolm X (asesinado en 1965), que defendía la independencia del movimiento negro y se oponía a las políticas de integración y a la línea moderada de Luther King. En 1968 Johnson renunció a presentarse a la reelección y en plena campaña electoral fue asesinado M. L. King. Al poco mataron a Robert Kennedy, que se perfilaba como candidato demócrata. En noviembre ganaba el republicano Nixon en un país noqueado por los magnicidios, la crisis económica, la agitación social y una guerra inacabable en Vietnam que provocó un colapso moral duradero en la sociedad norteamericana. 

Las democracias de Europa Occidental siguieron administrando sus estados de bienestar sin muchos problemas hasta final de década. El proceso de integración económica abierto con el Tratado de Roma de 1957 prosiguió con la entrada en vigor en 1962 de la PAC (Política Agraria Común), sistema de subvenciones y precios comunes para determinados productos agropecuarios que suponía una protección al sector frente a las importaciones más baratas de fuera de la CEE. En julio de 1968 se cerró la Unión Aduanera cuando todas las tarifas comerciales entre miembros fueron eliminadas. No se avanzó en aspectos políticos. La aceptación de la atribución de recursos para la PAC, que beneficiaba sobre todo a Francia, fue posible gracias a la colaboración de RFA. El entendimiento entre ambos fue el 
motor de la CEE en esta etapa. Pero De Gaulle se opuso a cualquier avance hacia mayor supranacionalidad o federalismo y optó por boicotear las decisiones retirándose del Consejo (crisis de la “silla vacía” en 1965). Su proyecto alternativo era una Europa de la Patrias, una confederación política homogénea. Al final, aunque llevó a la CEE al borde de la quiebra, logró mantener el voto por unanimidad en todas las decisiones de la Comunidad y bloquear dos veces el ingreso de GB y, por tanto, de otros países de la EFTA. El único avance institucional fue la fusión (1967) de los ejecutivos de las tres instituciones CECA, CEE y EURATOM y el compromiso para una cierta división de poderes entre la Comisión y el Consejo de Ministros de la CEE. 

CECA

En la RFA tras la retirada de Adenauer en 1963, la CDU siguió gobernando, con Erhard como canciller y desde 1966 con Kiesinger, quien optó por un gobierno de coalición con el SPD e incorporó a Willy Brandt, el líder socialdemócrata, como ministro de Exteriores. Este gabinete obtuvo grandes éxitos económicos, aprobó leyes trascendentes y promovió la normalización de relaciones con países del Este.
En Austria desde 1964 a 1970 gobernaron conservadores, empeñados en mantener el dinamismo económico y dar mayor impulso al sector privado. 

En Francia, De Gaulle gobernó hasta 1969 con un parlamento dominado por su partido UDR (Unión de demócratas por la República desde 1967). Se dedicó, primero, a estabilizar la economía francesa. Acentuó el aspecto presidencialista del régimen republicano, con matices autoritarios (control de los medios de comunicación, policías paralelas…): en 1962 ganó un referéndum para la elección directa del presidente por sufragio universal directo, convirtiendo la V República en lo que la oposición llamó una 'monarquía republicana' al actuar el primer ministro como mero ejecutor de la política del presidente. Una vez que se desembarazó del problema argelino, se dispuso a frenar la decadencia de Francia y recuperar la condición de potencia económica y política. Para ello puso en marcha una política exterior ambiciosa que complementó la industrialización y la modernización económica del país.
 
De Gaulle

Su control sobre la política francesa comenzó a resquebrajarse desde las legislativas de 1967. La oposición se reorganizó, el clima social se deterioró, se incrementaron las huelgas y la agitación universitaria, hasta desembocar en la crisis de mayo de 1968. La represión contra protestas de universitarios de Nanterre provocó una huelga estudiantil general respaldada por parte de la intelectualidad. Además sirvió de detonante de más huelgas y encierros que generaron un movimiento de protesta social masiva. Gobierno, partidos y sindicatos se vieron desbordados ante la explosión de resentimiento social que un movimiento universitario de fils a papá (jóvenes de la clase media), más bien frívolo y apolítico, había catalizado. Tras la disolución de la Asamblea y una inmensa manifestación de los gaullistas en París, en las elecciones de junio venció la UDR por mayoría absoluta. Pero a los pocos meses, De Gaulle perdió un referéndum planteado para revalidar su confianza. Dimitió en abril de 1969, relevado por George Pompidou, y murió poco después. 

Mayo del 68

En Italia se consolidó el crecimiento económico de años anteriores, con un proyecto industrializador muy dirigido por el estado, que provocó profundas transformaciones sociales. La emigración desde el sur pudo ser aprovechada en las regiones industriales del norte y también otros países europeos. El marco político no fue muy estable teniendo en cuenta las frecuentes crisis de gobierno y la alta conflictividad laboral por el bajo nivel de los salarios y el protagonismo político de los sindicatos, inspiradores de los programas reformistas de los gobiernos. Desde 1963  terminó la hegemonía de la DC y se sucedieron gobiernos de centroizquierda. Aldo Moro inició gobiernos de coalición con los socialistas del PSI, partido que había roto el pacto de unidad de acción con el PCI a raíz de la crisis de Hungría de 1956. Se abrió un nuevo ciclo político caracterizado por el reformismo social. 

Aldo Moro

GB siguió con problemas económicos, por deudas arrastradas de la guerra más el costoso programa de rearme de posguerra y, sobre todo, por la pérdida de competitividad, entre otras razones por la rigidez de las relaciones laborales y la falta de planificación industrial. Los gobiernos, conservadores hasta 1964 y laboristas después, siguieron alternando políticas restrictivas, de control de inflación y devaluación, con otras para promover el consumo y mejorar la situación de las clases más desfavorecidas. El intento de Macmillan en 1961 de negociar la adhesión a la CEE como remedio no dio resultado. En 1970 los conservadores volvieron al poder con Edgard Heath. Sólo en los  países escandinavos se consolidó en esa década el monopolio de los socialdemócratas, con un consenso basado en la bonanza económica, un sólido estado de bienestar y la concertación entre gobierno, sindicatos y empresarios. 



Las excepciones autoritarias fueron España, Portugal y Grecia. En España, siguió la dictadura de Franco, cuyos gobiernos tecnócratas pusieron en marcha desde 1959 una política de racionalización y liberalización económica e industrialización dirigida, que permitió un espectacular crecimiento económico. El proceso de modernización social se aceleró. El régimen impulsó una mínima apertura, pero hubo una creciente demanda de cambios políticos entre sectores jóvenes y más concienciados. La oposición antifranquista se renovó y a los grupos tradicionales se unieron parte de los católicos socialmente comprometidos, estudiantes, movimiento obrero, más los grupos regionalistas y nacionalistas. La elección en 1969 de Juan Carlos de Borbón como príncipe y heredero de Franco no terminó de zanjar las incertidumbres de la sucesión, agudizada con el asesinato de Carrero Blanco en 1973. Se había abierto la crisis final de la dictadura. 



En Portugal los 60 estuvieron marcados por el problema colonial. El fracaso del golpe de Estado de Botelho Moniz al frente de la cúpula militar en abril de 1961 decantó la dictadura hacia el inmovilismo interno y la resistencia colonial. 

Ese año había comenzado la guerra en Angola, seguida en 1963 por Guinea y el año siguiente en Mozambique. El esfuerzo militar conllevó cierta liberalización económica, sin embargo, el aislamiento internacional y los acelerados cambios sociales generaron una creciente contestación interna. 

Guerra de Angola


En Grecia, las esperanzas reformistas que suscitó en 1964 el triunfo de Papandreu se vinieron abajo con el conflicto civil de Chipre. El arreglo de independencia acordado con GB en 1960 se rompió al estallar una guerra civil entre la mayoría griega y la minoría turca, que enfrentó a los gobiernos de Atenas y Ankara. El clima de tensión dio pie a un golpe de estado militar en Grecia: la dictadura de los Coroneles, hasta 1974. 
Chipre


La “segunda NEP” en la URSS y el bloque del Este

Las reformas de Kruschev no supusieron cambios esenciales en el centralismo democrático y el control de la economía por el estado. Hubo mejoras salariales y del índice general del consumo. La jornada laboral y la edad de jubilación se recortaron y los habitantes rurales recibieron pasaporte interior, lo que permitió legalizar el éxodo a las ciudades. Estos logros, sumados al programa espacial y nuclear, expansión de la red de gas natural y el programa de construcción de viviendas no compensaron los fracasos de Kruschev. Sus iniciativas agrarias no dieron resultado. El bienestar alcanzado fue inferior al prometido. Kruschev también perdió credibilidad con los intelectuales que querían más libertad y terminó de perderla con sus fracasos exteriores. En octubre de 1964 era defenestrado por el Comité 
Central del partido comunista mientras estaba en Crimea. 

Kruschev

Le sucedió Leonidas Brezhnev, burócrata del partido. Con él la élite del partido, la administración y el ejército siguió adquiriendo más poder. URSS se convirtió en una dictadura colectiva ejercida por un aparato del estado envejecido y privilegiado. La hipertrofia burocrática, la corrupción y el anquilosamiento ideológico paralizaron el sistema. Se abandonó cualquier proyecto reformista. La producción agrícola e industrial siguió en ascenso, pero se mantuvo el ineficaz modelo económico de la planificación centralizada, que convivía con una creciente economía sumergida, tolerada por el estado comunista. El creciente descontento se manifestó con la resistencia pasiva de la mayoría, pero también con la multiplicación de organizaciones de base y la difusión literaria clandestina de los disidentes. 
Breznev

En los países satélites, después de 1956 fue más fácil proseguir en la vía revisionista buscando alternativas, sobre todo económicas, dentro del comunismo y aportando soluciones “nacionales” en el camino de construcción del socialismo. El grado de reformismo aplicado varió según el país. En RDA, a principios de década se relajó un poco la represión y se aprobaron en 1963 reformas económicas descentralizadoras y liberalizadoras que permitieron un significativo crecimiento económico. En Polonia Wladislaw Gomulka volvió en los años 60 a la represión contra intelectuales y clero católico disidente y retomó el proceso de colectivización agrícola. La mala situación económica, el descontento católico e intelectual llevó al país a una fuerte crisis en 1968. La respuesta fue una reacción antisemita 
y la alineación con la URSS en el tema checo. Se procedió a mejorar las relaciones políticas con la RFA para alentar las comerciales: en 1970 se reconocían por fin las fronteras de Postdam. 

En Hungría, János Kádár procedió a una liberalización desde 1959. Permitió viajes al extranjero y mayor autonomía a los católicos. En economía favoreció la industria de consumo y autorizó la venta libre de productos agrícolas privados. 

En 1968 aprobó el Nuevo Mecanismo Económico, que permitía establecer pequeñas empresas privadas. Con él se abrió una etapa de crecimiento económico en un clima de libertad no igualado en otras repúblicas comunistas. En Checoslovaquia hubo un proceso paralelo, pero con distinto final. Hasta 1960 siguió el proceso de colectivización de los medios de producción, pero desde 1961 se abrió una segunda desestalinización, que permitió la rehabilitación de líderes depurados en la era anterior, mejores relaciones con la Iglesia católica, la práctica del turismo y una amplia libertad de pensamiento, aunque continuase la censura. La difícil situación económica, sobre todo en la región eslovaca, obligó a reformas profundas desde 1965 para estimular la competencia en el mercado. En 1967 el Congreso de Escritores se convirtió en un foro de debate político muy crítico con el sistema. Pocos meses después el máximo dirigente Novotný fue relevado por el reformista Alexander Dubcek, que en abril del 68 presentó un avanzado programa. Dubcek creía en una tercera vía, un socialismo compatible con la libertad individual. Las presiones para rectificar que llegaron de Moscú fueron inútiles. El 20 de agosto el sueño de la Primavera de Praga terminó en unas horas cuando soldados y tanques, soviéticos y de países vecinos, ocuparon el país. Los dirigentes checoslovacos tuvieron que abandonar el programa reformista. La desesperanza cundió entre la izquierda y los partidos comunistas de Francia, Italia y España acentuaron su autonomía respecto a Moscú: nacía el eurocomunismo. 

El modelo yugoslavo siguió su camino. En 1965 Tito introducía la “economía socialista de mercado”, con liberalización del comercio y las inversiones extranjeras, convertibilidad monetaria y mayor autonomía de las empresas, que facilitaron el crecimiento económico hasta 1973. También se consolidó el sistema autogestionario de las empresas y el proceso de federación, aunque las tensiones nacionalistas persistieron, como se puso de manifiesto en Croacia en 1971. El contrapunto fueron dos países que optaron por el nacionalestalinismo. 



Albania, país bajo el poder de Enver Hoxha hasta 1985, optó en 1961 por el aislamiento al salirse del CAME y del Pacto de Varsovia para alinearse con China. En Rumania tampoco hubo desestalinización: G. Gheorghiu-Dej hasta 1965 y Nicolaw Ceauçescu hasta 1989 mantuvieron una de las dictaduras comunistas más duras, con la Milicia y la securitate como instrumentos de control. En economía siguieron la vía ortodoxa: colectivización agrícola e industrialización acelerada. 


En China el fracaso del “Gran Salto hacia adelante” y la ruptura con la URSS, provocaron descontento entre los dirigentes del partido. Mao se vio obligado a ceder la presidencia a Liu Shaoqi, aunque conservó el control sobre el partido. El cambio se tradujo en una política económica más racional desde 1961-1962, que dio prioridad a la agricultura, con una reestructuración profunda de las comunas para dar más facilidades a los campesinos. El gran líder se había retirado del primer plano tras el fracaso del Gran Salto, pero desde 1962, cuando vio que el poder se le escapaba, Mao denunció la deriva derechista de la revolución y lanzó un “movimiento de educación social”: la “Revolución cultural proletaria”. Esta campaña de movilización se inició en 1966, con apoyo de una parte del ejército y de la dirección del partido. Lo que se inició como una purga masiva, que debía afectar sobre todo al ámbito urbano, se descontroló y llevó en 1967 al borde de la guerra civil y al colapso de la autoridad gubernamental. Para frenar el movimiento, en septiembre de 1967 hubo que recurrir al ejército en defensa del orden y aplastar las resistencias. En principio Mao se había deshecho de los “derechistas”, pero en los años siguientes siguió la lucha entre facciones: los radicales fieles al maoísmo y los pragmáticos de Deng Xiaoping. En 1970 los principales partidarios de la revolución cultural habían perdido posiciones. No obstante, hasta la muerte de Mao en 1976 no se produjo el triunfo definitivo de la línea moderada concentrada en la modernización económica al estilo occidental y la apertura hacia el exterior. 



Rebrote y deshielo de la Guerra Fría 

Kruschev dejó patente en la Asamblea General de la ONU de 1960 que estaba decidido a convertirse en el azote del colonialismo. En enero de 1961 declaraba que su país apoyaría las “guerras de liberación nacional” para que, de esta manera, se decantaran hacia el socialismo y el Tercer Mundo se alinease con la URSS.

Tampoco las declaraciones iniciales de Kennedy fueron alentadoras. Tenía un discurso anticomunista duro, que contemplaba la Guerra Fría como lucha entre el Bien y el Mal. No quería mostrar debilidad ante las amenazas de Kruschev, máxime tras el fracaso de Bahía de Cochinos (abril 1961): una acción militar encubierta contra el nuevo régimen revolucionario de Castro, que supuso una humillación para el Presidente y minó las relaciones cubano￾norteamericanas. Estaba dispuesto a detener a la URSS dónde y cómo hiciera falta, sin prescindir de operaciones encubiertas de la CIA o la contrainsurgencia. 
En consecuencia, la primera cumbre entre ambos líderes (Viena, junio de 1961) no produjo resultados.
Como Kennedy se negó a acceder a las peticiones soviéticas sobre la retirada occidental de Berlín, Kruschev optó por volver a presionar en esa ciudad. Ante la avalancha de emigrantes de la parte oriental autorizó a la RDA a construir el muro (agosto 1961) para separar las dos zonas de Berlín. Y relanzó la carrera nuclear, anunciando que ponía fin a la moratoria de suspensión de pruebas nucleares acordada en 1958, aprobó más de 50 ensayos, algunos aterradores, y logró enviar al primer hombre al espació en 1961. 


La administración Kennedy alteró su doctrina nuclear. Se diseñó una estrategia que permitiera responder a cada agresión comunista adaptando los medios a la naturaleza de la agresión, sin comprometerse a un enfrentamiento directo y nuclear con URSS desde el principio. Así nació la doctrina de la respuesta flexible, del general Maxwell Taylor, más eficaz en la reacción contra cualquier intento comunista de expandir su influencia por el Tercer Mundo, con la posibilidad de llegar hasta las armas atómicas si la escalada de tensión obligaba. Este cambio conllevó un incremento de fuerzas convencionales y nucleares. Por tanto, hubo un aumento del presupuesto militar y del programa espacial: en 1962 John Glenn orbitó sobre la tierra. 

Kennedy se atuvo a la contención y siguió actuando contra cualquier posible ampliación de la esfera de influencia mundial soviética. El lanzamiento de un programa anticomunista preventivo que ayudase al desarrollo de América Latina y sus tentativas de derrocar a Castro después de 1961 se enmarcan en esa línea. En cambio, su apoyo inicial a los procesos de descolonización y su respeto al neutralismo de los nuevos países africanos se quedaron más bien en nada, como se demostró en la crisis del Congo y en la escasa presión ejercida sobre el régimen racista de Sudáfrica y sobre Portugal para poner bases en la Azores. También hubo continuidad en la política asiática; creía en un efecto dominó de cualquier avance comunista: así que impidió el avance del Pathet Lao izquierdista en Laos, ordenó un compromiso militar más decidido en Vietnam y apoyó a India contra China en 1962. 

En 1962 Kruschev estimó compensar la inferioridad nuclear soviética para contrarrestar la posición de fuerza de EE.UU. y obligarle a ceder en problemas pendientes, como Berlín. También se sintió obligado a sostener el régimen de Castro en Cuba, único foco revolucionario de América Latina. Kruschev decidió instalar rampas de lanzamiento de misiles nucleares en Cuba. En septiembre empezaron a llegar los misiles de alcance medio e intermedio. Cuando los aviones espía norteamericanos descubrieron las instalaciones en construcción, Kennedy lo denunció públicamente y decretó un bloqueo naval para impedir la llegada de buques soviéticos, movilizó tropas para preparar una invasión y puso en alerta misiles y bombarderos atómicos. La crisis de los misiles fue uno de los momentos en que la guerra nuclear estuvo más cerca. Pero ambas partes vieron el riesgo y se esforzaron por resolver la cuestión negociando. 


Se cerró un acuerdo entre Robert Kennedy y el embajador soviético en EE.UU. La URSS no instalaría los misiles a cambio de que EE.UU. no invadiese Cuba, Washington se comprometía a retirar los misiles Júpiter de Turquía. 

La crisis tuvo consecuencias relevantes en URSS y en la evolución de la Guerra Fría. Kennedy salió reforzado. Kruschev perdió prestigio ante Cuba y China y su imagen interna también quedo dañada. Su relevo en octubre de 1964 no puede desligarse de la crisis de los misiles. 

La conciencia general del riesgo corrido creó el clima para retomar negociaciones sobre el control de armamentos. En junio de 1963 se instaló una línea directa entre el Kremlin y la Casa Blanca para evitar malentendidos en momentos de crisis. En agosto, ambos países y Gran Bretaña firmaban un acuerdo para poner fin a los experimentos nucleares atmosféricos; no hubo acuerdo para paralizar el programa nuclear chino, pero sí se inició el desarrollo de relaciones comerciales este-oeste: la URSS pudo importar cereales de Occidente, los países del COMECON incrementaron sus relaciones comerciales con el bloque enemigo. Comenzaba la coexistencia pacífica. 



Los problemas de las superpotencias con sus aliados desde 1964 

Con Johnson de presidente, aunque mantuvo a los asesores de Kennedy, su prioridad no era la distensión, sino sus programas sociales domésticos. Se proponía frustrar los triunfos revolucionarios en el Tercer Mundo e impedir una derrota en Vietnam que pudiera destrozar la credibilidad de EEUU, erosionar la posición del país en la Guerra Fría y reforzar la versión china del comunismo. Johnson y su equipo creyeron que EE.UU. tenía capacidad para afrontar semejantes tareas: pero la guerra en Indochina demostró lo contrario y terminó convirtiéndose en su pesadilla. 

Kruschev fue relevado en octubre de 1964 por una troika del Politburó que dejó paso a la hegemonía de Brezhnev, que optó por volver a la ortodoxia ideológica y la represión de disidencia. Poco preparado en temas internacionales y rodeado de consejeros hostiles a Occidente, no se mostró en principio partidario de mejorar las relaciones con EE.UU, menos aun cuando en 1965 se produjo la escalada de la guerra en Vietnam. Aumentó las ayudas a Vietnam del Norte para mejorar relaciones con China aunque las empeoró con EEUU. 


Pasado un tiempo, tanto Brezhnev como Johnson se mostraron interesados en recortar la tensión: el norteamericano por las dificultades de Vietnam; el soviético por su deseo de evitar una guerra y para ganar tiempo a fin de cerrar la brecha armamentística y tecnológica. Había un incentivo común, el peligro nuclear chino agravado desde 1966 por la Revolución Cultural. 

Por último, ambas superpotencias se vieron afectadas a la vez por problemas de cohesión y liderazgo en el seno de sus respectivos bloques. 

Las relaciones de EE.UU. con sus aliados europeos se habían ido tensando. Las metas norteamericanas eran tratar de equilibrar la balanza comercial y de pagos con la región, cada vez más deficitaria para EE.UU., abriendo una ronda de negociaciones comerciales en busca de una mayor libertad en los intercambios en el marco del GATT, pero sin obtener resultados. Los europeos se negaron a revisar su proteccionismo agrícola con De Gaule a la cabeza. Otro objetivo de EEUU consistía en incrementar la contribución de los socios europeos a la defensa del continente, la idea del equal partnership con Europa. La doctrina de respuesta flexible podía dañar la seguridad europea si no había una reacción 
nuclear desde el principio. Las suspicacias aumentaron tras la crisis de los misiles. Desde Washington habían intentado tranquilizar a sus aliados. 

De Gaulle fue tajante. Empeñado en recuperar la potencia francesa, se negó a renunciar a su autonomía nuclear y vetó a los británicos en la CEE, sobre todo por su relación con Washington. Para compensar, buscó un acuerdo con Alemania que contrarrestase la influencia de Washington sobre la RFA. Los problemas con Japón fueron similares. El dinamismo de su economía y su proteccionismo perjudicaban los intereses económicos de EE.UU., que deseaba mayor contribución japonesa para financiar la defensa del Pacífico. Además, desde 1965 se forjó gran consenso nacional a favor de la devolución por parte de EE.UU. de la soberanía sobre la base militar de Okinawa. Se llegó a un acuerdo en 1969 y en mayo de 1972 la isla era restituida a Japón. Finalmente la posición anticolonialista de Estados 
Unidos enfrió las relaciones con Portugal durante la década de los 60 y el conflicto de Chipre, que enfrentó a dos aliados de la OTAN (Grecia y Turquía), también creo dificultades a la diplomacia norteamericana. 

En la Europa bajo su influencia Kruschev trató de compensar desde 1956 la obediencia política exigida con unas relaciones económicas algo más favorables a los intereses nacionales de sus satélites, aunque el de la URSS siguiera primando por encima. Sin embargo, aparte del tradicional no alineamiento yugoslavo, tuvo que consentir el viraje de Albania hacia Pekín y la actitud nada dócil de Rumania. La reacción nacionalista de los dirigentes rumanos a las directrices económicas soviéticas se tradujo en la negativa a autorizar maniobras del Pacto de Varsovia en su territorio; tampoco participaron en la intervención militar en Checoslovaquia. Se acercaron a la Yugoslavia de Tito y mejoraron sus relaciones con el bloque capitalista en busca de financiación para su proyecto de industrialización. 

Ceaucescu también incumplió las reglas del bloque comunista al reconocer a la RFA en 1967. Con su alejamiento de Moscú mejoró automáticamente su imagen en Occidente. Nixon visitó el país en 1969 y Rumanía se convirtió en el primer país comunista en entrar en las organizaciones de Bretton Woods (1971-1972) y firmar un acuerdo comercial preferente con la CEE en 1973. En cambio, la disidencia de Checoslovaquia no fue permitida por Moscú. Su situación estratégica, su avanzada industria armamentística y sus minas de uranio hacían de él un elemento relevante del Pacto de Varsovia. La soberanía de sus satélites tenía un límite, si la hegemonía comunista se resquebrajaba, la intervención militar soviética sería la respuesta. 


También hubo tensión en las relaciones con Cuba tras la crisis de los misiles por el apoyo que Castro dio a los movimientos guerrilleros latinoamericanos. Pero el gran problema de Moscú en los 60 fue China. Mao quería desafiar la supremacía soviética en el mundo comunista y abogaba por la confrontación con el imperialismo norteamericano como alternativa revolucionaria a la diplomacia de distensión. Las raíces del enfrentamiento con la URSS venían de lejos. La neutralidad de Moscú en el primer choque con India (1959) fue el último incidente antes de la ruptura oficial en 1960. Kruschev retiró sus técnicos de China y en 1961 condenó a Mao por sostener la línea estalinista. 


Desde ese momento los chinos desautorizaron la actitud soviética en las crisis de Berlín y Cuba, su neutralidad en el conflicto chino-indio de 1962 y las iniciativas de coexistencia pacífica. Comenzó la rivalidad en el Tercer Mundo. China se presentaba como nuevo líder ideológico del Tercer Mundo, como tercera vía, y sostuvo movimientos revolucionarios de todo tipo. Desde Moscú se reprendió el dogmatismo de China. Esta tensión ideológica explica que en marzo de 1969 un litigio fronterizo en torno al río Ussuri y en el Sing Kiang llevara al borde de la guerra. El inesperado apoyo de Nixon a China abrió el camino para un diálogo chino-norteamericano que fructificó cuando en 1971 China era reconocida miembro permanente del Consejo de Seguridad en lugar de Taiwán, pero la rivalidad con Moscú por el liderazgo del comunismo no se cerró. 

Enfrentamientos en el Tercer Mundo 

Aunque desde 1964 funcionaron las reglas de la coexistencia pacífica, la competencia siguió en los países en desarrollo, convertidos en teatros de guerras convencionales muy sangrientas: unas, producto directo de la Guerra Fría (Vietnam), otras, resultado de conflictos ajenos a la misma pero de repercusiones globales, como la crisis árabeisraelí de 1967. La ONU no pudo hacer casi nada,paralizada por la regla del veto de su Consejo de Seguridad. 

En Oriente Medio, tras Suez, EE.UU. había amarrado mejor su influencia estrechando lazos con Israel y los países árabes moderados (Jordania, Arabia Saudí y Líbano) y había afianzado sus intereses petrolíferos. URSS aflojó sus relaciones con Israel, utilizó a regímenes socialistas y nacionalistas árabes y apoyó el nacionalismo palestino encauzado por la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), creada en 1964. Pero ni la influencia de la URSS ni la de EE.UU. fueron decisivas en el equilibrio de Oriente Medio. En junio de 1967, las tensiones regionales estallaron en la “Guerra de los seis días”. Nasser, que quería conseguir la unidad política árabe utilizando la causa antisionista, había multiplicado sus provocaciones en 1966. Pidió en mayo la retirada de los cascos azules de la 
frontera del Sinaí, firmó un acuerdo militar con Jordania y cerró el golfo de Áqaba, vital para la economía israelí. Israel bombardeó por sorpresa la aviación egipcia el 5 de junio del 67, se apoderó de los territorios egipcios del Sinaí y Gaza más la Cisjordania jordana, ocupó todo Jerusalén y los Altos del Golán sirios. Además había provocado un inmenso flujo de refugiados palestinos que primero huyeron a Jordania y luego al Líbano. A partir de ese momento la OLP bajo el liderazgo de Yaser Arafat empezó a cobrar autonomía. La resolución 242 de la ONU determinó la retirada israelí de los territorios ocupados a cambio de garantías de seguridad, pero fue rechazada por las dos partes. 



El potencial desestabilizador de este conflicto en la zona y fuera de ella se puso muy pronto de manifiesto. EE.UU., que había apoyado a Israel en la guerra, anudó aún más su alianza con este país. Moscú optó por romper relaciones diplomáticas con Israel, que no restableció hasta 1991. 

La guerra de Vietnam implicó a los tres países de la península de Indochina y terminó con derrota de EE.UU. y el triunfo revolucionario en 1975. Desde finales de los 50 la situación en Vietnam del sur fue cada vez más difícil con la dictadura represiva de N.D. Diem, protegida por Estados Unidos. En su contra luchaba el Frente Nacional de Liberación de Vietnam del Sur, brazo político de la guerrilla del Vietcong, con el apoyo de Vietnam del Norte. En Vietnam del Sur, el éxito de las acciones armadas del Vietcong, su control de amplias zonas rurales gracias a la reforma agraria que impulsaba, frente al malestar ocasionado por la estrategia del gobierno de Saigón de reagrupamiento forzados de población en aldeas estratégicas para evitar el contacto con el Vietcong fueron los factores clave del golpe de estado con apoyo de EE.UU. La nueva dictadura militar no consiguió dominar la situación. 

Así que, tras el supuesto ataque a un buque estadounidense en el golfo de Tonkín (agosto de 1964), se inició una intervención militar masiva de EE.UU. Johnson consiguió un cheque en blanco del Legislativo. De inmediato, ordenó una campaña de bombardeo masivo sobre Vietnam del Norte y la ruta por la que le llegaban los suministros a través de Laos, decretó el reclutamiento obligatorio y el envío masivo de tropas regulares norteamericanas. 

Guerra de Vietnam

Sin embargo, ni estas medidas, ni la recurrente estrategia de search and destroy (aniquilación de cualquier vietnamita que permaneciera en las áreas consideradas limpias fuera de las aldeas estratégicas) con el uso de bombas antipersona, bombas de napalm y herbicidas (agente naranja), utilizada desde los tiempos de Kennedy, se tradujeron en una victoria decisiva. Al contrario, el 31 de enero de 1968, una centena de poblaciones del Sur e instalaciones norteamericanas sufrieron graves ataques del Vietcong y los norvietnamitas. Fueron repelidos, pero supusieron una derrota psicológica para EE.UU. Se desvaneció la esperanza de una victoria militar a lo que se sumaron los problemas de financiación del conflicto, el creciente rechazo a la guerra de la opinión pública internacional e interna y la caída de la popularidad del presidente. En marzo de 1968 Johnson prometió no enviar más soldados, renunció a presentarse a la reelección y anunció su disposición a negociar. Pero las conversaciones de París no fructificaron y desde 1969 la guerra se extendió además contra las guerrillas camboyanas y laosianas aliadas del Vietnam del Norte lo que supuso la expansión del conflicto a toda la península indochina. La llegada de Nixon a la presidencia en 1969 abrió la etapa de repliegue militar norteamericano, que acabó en 1973. 


El camino hacia la distensión 

Entre 1967 y 1972 se conjugaron diversos procesos internos y externos a las superpotencias que abrieron la senda de la llamada distensión. En primer lugar, la desesperación de Johnson por acabar con la guerra de Vietnam. En plena guerra árabe-israelí (junio de 1967), para conseguir la mediación soviética en dicho conflicto ofreció negociar una reducción del armamento estratégico. La hostilidad china, la represión anticomunista en Indonesia y la derrota de sus aliados árabes flexibilizaron la posición soviética. Ya en junio de 1968 la URSS, preocupada por las aspiraciones atómicas de la RFA y la carrera nuclear china, secundaba en la ONU el Tratado de No Proliferación de Armas Atómicas, para evitar que más estados dispusieran de éstas. 

Otros procesos siguieron allanando más el diálogo. Brezhnev consiguió dominar el aparato del partido y se rodeó de consejeros de mentalidad más abierta. El final de la crisis de Checoslovaquia, sin la temida intervención de la OTAN, dio a Brezhnev confianza en su capacidad para resolver crisis internacionales. 

Las iniciativas de los líderes occidentales vinieron a converger con la evolución soviética. Por un lado, la firma del Tratado de Moscú, un pacto de no agresión entre la RFA y la URSS, tras convertirse Willy Brand en Canciller en 1969. El nombramiento de Erich Honecker al frente de la RDA abrió el camino a la normalización de relaciones entre las dos Alemanias. 

Del lado norteamericano, la obsesión del equipo del nuevo presidente Nixon seguía siendo Vietnam. Moscú se desentendió hasta 1971. El nuevo apoyo de la URSS a EE.UU. en Vietnam y los contactos personales BrezhnevKissinger, abrieron el camino para la visita de Nixon a Moscú en 1972, quecambió por completo el clima de las  relaciones bilaterales y sirvió de base para varios acuerdos políticos y económicos. Empezaba la era de la Distensión

Otros sucesos reivindicativos de los 60

En otros lugares, también afloraban aires de cambio. La China de Mao vivió la llamada "Revolución cultural", que supuso una transformación de la milenaria sociedad de este país. Mientras tanto, Japón continuó desarrollando su reputación de potencia tecnológica y sus productos  empezaron a alcanzar prestigio en todo el mundo, impulsando la economía del país, mientras la sociedad era reestructurada radicalmente, aunque conservaba sus raíces culturales.

Otros acontecimientos destacados de la historia universal que repercutieron en México del 68, trascurrieron entre 1960 y 1970. Entre 1962 y 1968 se produjeron los asesinatos de cuatro personalidades mundiales: el del Presidente Kennedy, en 1962; el de Malcolm X, en 1965; el del “Che” Guevara, dirigente de la revolución cubana,  en 1967 y el de Martin Luther King, en 1968.

En esos años, también se gestaron los movimientos de independencia de los países africanos, como el golpe militar de Bokssa en la República Centroafricana; la  toma  de poder  en el Congo-Kinshassa, por parte de Mobutu; la Independencia de la Guinea Española, que pasó  a llamarse Guinea Ecuatorial o la Independencia de Lesotho y Botswana. Mientras tanto, en Estados Unidos, el presidente Johnson, sucesor de Kennedy, organizaba la campaña por los Derechos Civiles y contra la Pobreza (1964)  e impulsaba la posterior intervención en Vietnam.  En 1966, en China, Mao Zedong lanzaba la revolución cultural.

En Europa también se sucedían los acontecimientos. En 1967 había muerto  Konrad Adenauer, primer Canciller de la República Federal de Alemania. En 1968, Francia acogía una revuelta juvenil, que conmovió al gobierno y a los países democráticos de todo el mundo. Rusia intervino en la "primavera" checoeslovaca y en la capital de Francia se  iniciaba la  Conferencia de París para poner fin a la guerra de Vietnam, mientras Portugal veía la caída de  la dictadura de Salazar. Hechos que fueron el  preludio de lo que vino luego.

Un año después de los JJOO de México, en 1969, se produjo el abandono de Vietnam por parte de  las primeras tropas norteamericanas. Gadaffi dio un golpe de estado en Libia. Nixon fue elegido Presidente de Estados Unidos y  See proclamó el gobierno provisional revolucionario en Vietnam del Sur. En definitiva, una  década (la de los 60), que situó en primer plano a los jóvenes y a las mujeres; que proclamó los derechos de los negros en los Estados Unidos, la independencia de África, la guerrilla de liberación en América Latina y la puesta al día de la Iglesia Católica.

En los 70 y en años posteriores se  rebajó el impulso revolucionario. La irrupción del neoliberalismo, defendido por Margaret Tatcher y Ronald Reagan, la caída de las últimas dictaduras en Portugal, España y Grecia, la aparición de grupos terroristas en diversos países ( ETA y FRAP en España; Brigadas Rojas en Italia; RAF en Alemania e IRA en Irlanda del Norte) son ejemplo y reminiscencias de una década agitada. Sin embargo, no hay que olvidar que, en el sur de Europa y debido las condiciones socio-políticas, la revolución de los 60 se manifestó con retraso, generando sus propios movimientos culturales rupturistas y reivindicativos. En España, hay dos ejemplos claros: la “Movida Madrileña” y el “Rock Radical Vasco”.

Estos son algunos datos de Interés.

1960
  • Leopold Senegor, es elegido Presidente de Senegal.
  • Ghana se convierte en República. Su primer presidente es Nkrumah.
  • Independencia de Nigeria.
  • Se constituye la República de Somalia.
  • Independencia del Congo-Kinshasa, antiguo Congo belga.
  • Se crea la OPEP, países exportadores de petróleo.
  • El ejército toma el poder en Turquía.
1961
  • Se proclama la República independiente de Sudáfrica.
  • Insurrección nacionalista en Angola.
  • Hasan II, rey de Marruecos.
  • Independencia de Sierra Leona.
  • Cuba y Estados Unidos rompen sus relaciones diplomáticas
  • Kennedy es elegido Presidente de Estados Unidos.
  • Yuri Gagarin realiza el primer viaje al espacio
1962
  • Argelia se proclama independiente.
  • Se produce la crisis de los misiles en Cuba.
  • Guerra entre la India y China.
  • U Thant elegido secretario general de las Naciones Unidas.
  • Uganda y Tanganyika se declaran independientes.
  • Linus Pauling - premio Nobel de Química en 1954 - recibe el Premio Nobel de la Paz.
1963
  • El Presidente Kennedy es asesinado. Lee Harvey Oswald, a quien se acusó del asesinato, al salir del juzgado rodeado de policías, es baleado por Jack Ruby. Las cámaras de televisión, que estaban presentes, transmitieron ambos asesinatos a todo el país y al mundo.
  • Rodesia se declara independiente.
  • En Addis Abeba se funda la OUA (Organización para la Unidad Africana)
  • Autonomía de Gambia
  • En Guinea-Bissau se inicia la lucha armada contra los portugueses
  • Independencia de Kenya, en el marco de la Commonwelth
  • Nigeria se convierte en República
  • Ben Bella es elegido Presidente de Argelia
  • Indonesia se anexa la parte oeste de Nueva Guinea en poder de Holanda
  • En Vietnam del Sur deponen a Ngo Dinh Diem
  • En Siria, el partido Baaz toma el poder
1964
  • Johnson organiza la campaña por los Derechos Civiles y contra la Pobreza en Estados Unidos.
  • Estados Unidos alega que ha sido atacado uno de sus destroyers en el Norte de Vietnam y lanza un ataque aéreo contra bases vietnamitas, como represalia. Y se recrudecen las acciones de guerra.
  • Kenyatta es el Presidente de la República de Kenya
  • Independencia de Malawi, antigua Nyasalandia.
  • Rhodesia del Norte, se independiza con el nombre de Zambia
  • Zanzíbar se une a Tanganyika y forman Tanzania.
  • Johnson decide intervenir directamente en Vietnam.
  • Independencia de Malta
  • Se funda la Organización para la Liberación de Palestina (OLP)
1965
  • Estalla la guerra entre India y Pakistán.
  • Malcolm X, dirigente negro musulmán, es asesinado.
  • Golpe militar de Bokssa en la República Centroafricana
  • Mobutu toma el pode en el Congo-Kinshassa
  • Independencia de Singapur
  • Leonov es el primer cosmonauta en salir al espacio
1966
  • Indira Gandhi, hija de Nehru, gana las elecciones y es elegida Primera Ministra de la India.
  • Día Internacional de Protesta por las acciones de Estados Unidos en Vietnam.
  • Independencia de Lesotho y Botswana
  • La antigua Guayana británica se independiza como República de Guyana
  • Mao Zedong lanza la revolución cultural
1967
  • Tercera guerra árabe-israelí, llamada de Los 6 días.
  • Muere Konrad Adenauer, primer Canciller de la República Federal de Alemania (1949-1963) que propulsó la comunidad del Carbón y Acero, la Comunidad de la Defensa Europea, la OTAN y Comunidad Económica Europea. Desde 1958 estableció una verdadera alianza con De Gaulle, temiendo una entente Anglo- norteamericana-soviética.
  • Guerra civil en Nigeria.
  • Muere en Bolivia, asesinado, el "Che" Guevara, dirigente de la Revolución Cubana a los 39 años.
  • Golpe militar en Grecia
  • En Rumanía, Ceausescu es nombrado Jefe de Estado
  • Tercera guerra árabe-israelí, la llamada de los seis días.
  • Israel ocupa el Sinaí, Cisjordania y Gaza
  • Estalla la guerra de Biafra por secesión de la parte oriental de Nigeria
1968
1969
  • Un ingenio norteamericano aluniza y el primer hombre da un paseo por la superficie de la Luna.
  • Golda Meir, Primera Ministra de Israel.
  • Se produce el abandono de Vietnam de las primeras tropas norteamericanas, mientras miles de ciudadanos en diversos puntos del país aumentan sus manifestaciones de protesta por la guerra de Vietnam.
  • Gadaffi da un golpe de estado en Libia.
  • Nixon es elegido Presidente de Estados Unidos.
  • See proclama el gobierno provisional revolucionario en Vietnam del Sur
  • El IRA comienza su acción terrorista en el Ulster
  • En Francia dimite el general De Gaulle
En los 70 y en años posteriores se  rebajó el impulso revolucionario. La irrupción del neoliberalismo, defendido por Margaret Tatcher y Ronald Reagan, la caída de las últimas dictaduras en Portugal, España y Grecia, la aparición de grupos terroristas en diversos países ( ETA y FRAP en España; Brigadas Rojas en Italia; RAF en Alemania e IRA en Irlanda del Norte) son ejemplo y reminiscencias de una década agitada. Sin embargo, no hay que olvidar que, en el sur de Europa y debido las condiciones socio-políticas, la revolución de los 60 se manifestó con retraso, generando sus propios movimientos culturales rupturistas y reivindicativos. En España, hay dos ejemplos claros: la “Movida Madrileña” y el “Rock Radical Vasco”.

Y es que, como decía Karl Marx, la historia se repite, primero como tragedia y luego como comedia. La sociedad  fluye y el mundo está en constante cambio.  Basta con volver la mirada a algunos hechos recientes como el repunte de los asesinatos racistas en Ferguson, en 2014, con la muerte de Michael Brown a manos de un policía y numerosas protestas y manifestaciones Misuri, que  se han equiparado con casos como el de Trayvon Martin, en Florida, y que  también evoca los disturbios raciales de los años 60 en Estados Unidos. A ello, hay que sumar las intervenciones militares en Libia y Siria, el recorte del Estado de Bienestar, el aumento del gasto militar, tanto en Europa como Estados Unidos, la creación de un mundo multipolar frente la dicotomía Estados Unidos-Unión Soviética, el resurgimiento de la Rusia de Putin y la creación de un bloque que rompe la hegemonía estadounidense o  la aparición de los BRICS, el banco que integra a Brasil, Rusia, China, India y Sudáfrica.